Confesión de Fe
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Capítulo I

Las Santas Escrituras

 

1.        Las Santas Escrituras son la única toda suficiente, segura e infalible regla de conocimiento, fe y obediencia salvadoras (2 Ti. 3.15-17; Is. 8.20; Lc. 16.29, 31; Ef. 2.20). Aunque la luz de la naturaleza y las obras de creación y de providencia manifiestan la bondad, sabiduría y poder de Dios, de tal manera que los hombres quedan sin excusa, sin embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación; (Ro. 1.19-21; Ro. 2.14-15; Sal. 19.1-3) por lo que le agradó al Señor, en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia, (He. 1.1) y además para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito, por todo lo cual las Santas Escrituras son muy necesarias, y tanto más cuanto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su iglesia (Pr. 22.19-21; Ro. 15.4; 2 P 1.19-20)
 

2 Ti. 3.15-17 15  y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras,  las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16  Toda la Escritura es inspirada por Dios,  y útil para enseñar,  para redargüir,  para corregir,  para instruir en justicia, 17  a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,  enteramente preparado para toda buena obra.
Is. 8.20
¡A la ley y al testimonio!  Si no dijeren conforme a esto,  es porque no les ha amanecido.
Lc. 16.29
Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen;  óiganlos, 31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas,  tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos
Ef. 2.20
edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas,  siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

Ro. 1.19-21 19  porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto,  pues Dios se lo manifestó. 20  Porque las cosas invisibles de él,  su eterno poder y deidad,  se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,  siendo entendidas por medio de las cosas hechas,  de modo que no tienen excusa. 21  Pues habiendo conocido a Dios,  no le glorificaron como a Dios,  ni le dieron gracias,  sino que se envanecieron en sus razonamientos,  y su necio corazón fue entenebrecido.
Ro. 2.14-15
14  Porque cuando los gentiles que no tienen ley,  hacen por naturaleza lo que es de la ley,  éstos,  aunque no tengan ley,  son ley para sí mismos, 15  mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones,  dando testimonio su conciencia,  y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,
Sal. 19.1-3
1  Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. 2  Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. 3  No hay lenguaje,  ni palabras, Ni es oída su voz.

He. 1.1 En el primer tratado,  oh Teófilo,  hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,

Pr. 22.19-21 19  Para que tu confianza sea en Jehová, Te las he hecho saber hoy a ti también. 20   ¿No te he escrito tres veces En consejos y en ciencia, 21  Para hacerte saber la certidumbre de las palabras de verdad, A fin de que vuelvas a llevar palabras de verdad a los que te enviaron?
Ro. 15.4
Porque las cosas que se escribieron antes,  para nuestra enseñanza se escribieron,  a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras,  tengamos esperanza.
2 P 1.19-20
19  Tenemos también la palabra profética más segura,  a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro,  hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 20  entendiendo primero esto,  que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada

2.        Bajo el título de las Santas Escrituras o la palabra de Dios escrita, se contienen todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, y los cuales son como sigue:

Antiguo Testamento:

Génesis
Éxodo
Levítico
Números
Deuteronomio
Josué
Jueces
Rut
1 Samuel
2 Samuel

1 Reyes
2 Reyes
1 Crónicas
2 Crónicas
Esdras
Nehemías
Ester
Job
Salmos
Proverbios
Eclesiastés
Cantares
Isaías
Jeremías
Lamentaciones
Ezequiel
Daniel
Oses
Joel
Amos
Abdías
Jonás
Miqueas
Nahúm
Habacuc
Sofonías
Hageo
Zacarías
Malaquías

Nuevo Testamento
Mateo
Marcos
Lucas
Juan
Hechos
Romanos
1 Corintios
2 Corintios
Gálatas

Efesios
Filipenses
Colosenses
1 Tesalonicenses

2 Tesalonicenses
1 Timoteo
2 Timoteo
Tito
Filemón

Hebreos
Santiago
1 Pedro
2 Pedro
1 Juan
2 Juan
3 Juan
Judas
Apocalipsis

Todos estos fueron dados por inspiración de Dios para que sean la regla de fe y vida (2 Ti. 3.16)

2 Ti. 3.16 Toda la Escritura es inspirada por Dios,  y útil para enseñar,  para redargüir,  para corregir,  para instruir en justicia,

  1. Los libros comúnmente titulados Apócrifos, por no ser de inspiración divina, no deben formar parte del canon de las Santas Escrituras, y por lo tanto no son de autoridad para la Iglesia de Dios, ni deben aceptarse ni usarse sino de la misma manera que otros escritos humanos (Lc. 24.27, 44; Ro. 3.2).
     

Lc. 24.27,  Y comenzando desde Moisés,  y siguiendo por todos los profetas,  les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. 44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé,  estando aún con vosotros:  que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés,  en los profetas y en los salmos.
Ro. 3.2
Mucho,  en todas maneras.  Primero,  ciertamente,  que les ha sido confiada la palabra de Dios.

  1. La autoridad de las Santas Escrituras, por la que ellas deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino enteramente del de Dios (quien en sí mismo es la verdad), el autor de ellas; y deben ser creídas porque son la palabra de Dios (2 P. 1.19-21; 2 Ti.3.16; 1 Ts. 2.13; 1Jn. 5.9).

 

2 P. 1.19-21 19  Tenemos también la palabra profética más segura,  a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro,  hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;  20  entendiendo primero esto,  que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21  porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana,  sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
2 Ti.3.16
Toda la Escritura es inspirada por Dios,  y útil para enseñar,  para redargüir,  para corregir,  para instruir en justicia,
1 Ts. 2.13
Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios,  de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros,  la recibisteis no como palabra de hombres,  sino según es en verdad,  la palabra de Dios,  la cual actúa en vosotros los creyentes.
1Jn. 5.9
Y al instante aquel hombre fue sanado,  y tomó su lecho,  y anduvo.  Y era día de reposo aquel día.

  1. El testimonio de la Iglesia puede movernos a inducirnos a tener para las Santas Escrituras una estimación alta y reverencial; a la vez el carácter celestial del contenido de la Biblia, la eficacia de su doctrina, la majestad de su estilo, la armonía de todas sus partes, el fin que se propone alcanzar en todo el libro (que es el de dar toda gloria a Dios), el claro descubrimiento que hace del único modo por el cual puede alcanzar la salvación el hombre, la multitud incomparable de otras de sus excelencias y su entera perfección, son todos argumentos por los cuales la Biblia demuestra abundantemente que es la palabra de Dios. Sin embargo, nuestra persuasión y completa seguridad de que su verdad es infalible y su autoridad divina, provienen de la obra del Espíritu Santo, quien da testimonio a nuestro corazón con la palabra divina y por medio de ella. (Jn. 16.13-14; 1 Co. 2.10-12; 1Jn 2.20;27).

 

Jn. 16.13-14 13  Pero cuando venga el Espíritu de verdad,  él os guiará a toda la verdad;  porque no hablará por su propia cuenta,  sino que hablará todo lo que oyere,  y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14  El me glorificará;  porque tomará de lo mío,  y os lo hará saber.
1 Co. 2.10-12
10  Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu;  porque el Espíritu todo lo escudriña,  aun lo profundo de Dios. 11  Porque  ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre,  sino el espíritu del hombre que está en él?  Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios,  sino el Espíritu de Dios.  12  Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo,  sino el Espíritu que proviene de Dios,  para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,
1Jn 2.20;27
20  Pero vosotros tenéis la unción del Santo,  y conocéis todas las cosas. 27  Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros,  y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe;  así como la unción misma os enseña todas las cosas,

  1. Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación, la fe y la vida del hombre, está expresamente expuesto o implícitamente revelado en las Escrituras y, a esta revelación de su voluntad, nada será añadido, ni por nuevas revelaciones del Espíritu, ni por las tradiciones de los hombres (2 Ti. 3.15-17; Ga. 1.8-9)
    Sin embargo, confesamos que la iluminación interna del Espíritu de Dios es necesaria para que las cosas reveladas en la palabra se entiendan de una manera salvadora, (Jn.6.45; 1 Co. 2.9-12) y que hay algunas circunstancias tocante al culto de Dios y al gobierno de la iglesia, comunes a las acciones y sociedades humanas, que deben arreglarse conforme a la luz de la naturaleza y de la prudencia cristiana, pero guardándose siempre las reglas generales de la palabra
    (1 Co. 11.13-14; 1 Co. 14.26,40).

 

2 Ti. 3.15-17 15  y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras,  las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16  Toda la Escritura es inspirada por Dios,  y útil para enseñar,  para redargüir,  para corregir,  para instruir en justicia, 17  a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,  enteramente preparado para toda buena obra.
Ga. 1.8-9
8  Mas si aun nosotros,  o un ángel del cielo,  os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado,  sea anatema. 9  Como antes hemos dicho,  también ahora lo repito:  Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido,  sea anatema.
Jn.6.45
Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios.  Así que,  todo aquel que oyó al Padre,  y aprendió de él,  viene a mí.
1 Co. 2.9-12
Si otros participan de este derecho sobre vosotros,  ¿cuánto más nosotros?  Pero no hemos usado de este derecho,  sino que lo soportamos todo,  por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.
1 Co. 11.13-14
13  Juzgad vosotros mismos:  ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? 14  La naturaleza misma  ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?
1 Co. 14.26,40
26  ¿Qué hay,  pues,  hermanos?  Cuando os reunís,  cada uno de vosotros tiene salmo,  tiene doctrina,  tiene lengua,  tiene revelación,  tiene interpretación.  Hágase todo para edificación. 40  pero hágase todo decentemente y con orden.

  1. Las cosas contenidas en las escrituras, no son todas igualmente claras ni se entienden con la misma facilidad por todos; (2 Pe.3.16) sin embargo, las cosas que necesariamente deben saberse, creerse y guardarse para conseguir la salvación, se proponen y se declaran en uno y otro lugar de las Escrituras, de tal manera que no sólo los eruditos, sino aún los que no lo son, pueden adquirir un conocimiento suficiente de tales cosas por el debido uso de los medios ordinarios (Sal. 19.7; Sal. 119.130)

 

2 Pe.3.16 casi en todas sus epístolas,  hablando en ellas de estas cosas;  entre las cuales hay algunas difíciles de entender,  las cuales los indoctos e inconstantes tuercen,  como también las otras Escrituras,  para su propia perdición.
Sal. 19.7
La ley de Jehová es perfecta,  que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel,  que hace sabio al sencillo.
Sal. 119.130
La exposición de tus palabras alumbra; Hace entender a los simples.

  1. El Antiguo Testamento se escribió en hebreo (que era el idioma común del pueblo de Dios antiguamente) (Ro. 3.2) y el Nuevo Testamento lo es en griego (que en el tiempo en que fue escrito era el idioma más conocido entre las naciones), porque en aquellas lenguas fueron inspirados directamente por Dios, y guardados puros en todos los siglos por su cuidado y providencia especiales. Por esta razón debe apelarse finalmente a los originales en estos idiomas en toda controversia (Is. 8.20) Como estos idiomas originales no se conocen por todo el pueblo de Dios, el cual tiene el derecho de poseer las Escrituras y tiene gran interés en ellas, a las que según el mandamiento debe leer (Hech. 15.15) y escudriñar (Jn.5.39) en el temor de Dios, se sigue que la Biblia debe traducirse a la lengua vulgar de toda nación a donde sea llevada, (1Co.14.6,9,11,12,24,28) para que morando abundantemente la palabra de Dios en todos, puedan adorarle de una manera aceptable y para que por la paciencia y consolación de las Escrituras tengan esperanza. (Col. 3.16; Ro.15.4)

 

Ro. 3.2 Mucho,  en todas maneras.  Primero,  ciertamente,  que les ha sido confiada la palabra de Dios.
Is. 8.20
¡A la ley y al testimonio!  Si no dijeren conforme a esto,  es porque no les ha amanecido.
Hech. 15.15
Y con esto concuerdan las palabras de los profetas,  como está escrito:
Jn.5.39
Escudriñad las Escrituras;  porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna;  y ellas son las que dan testimonio de mí;
1Co.14.6
Ahora pues,  hermanos,  si yo voy a vosotros hablando en lenguas,  ¿qué os aprovechará,  si no os hablare con revelación,  o con ciencia,  o con profecía,  o con doctrina?, 9 Así también vosotros,  si por la lengua no diereis palabra bien comprensible,  ¿cómo se entenderá lo que decís?  Porque hablaréis al aire., 11 Pero si yo ignoro el valor de las palabras,  seré como extranjero para el que habla,  y el que habla será como extranjero para mí., 12 Así también vosotros;  pues que anheláis dones espirituales,  procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia, 24 Pero si todos profetizan,  y entra algún incrédulo o indocto,  por todos es convencido,  por todos es juzgado, 28 Y si no hay intérprete,  calle en la iglesia,  y hable para sí mismo y para Dios.
Col. 3.16
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros,  enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría,  cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
Ro.15.4
Porque las cosas que se escribieron antes,  para nuestra enseñanza se escribieron,  a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras,  tengamos esperanza.

  1. La regla infalible para interpretar la Biblia, es la Biblia misma, y por tanto, cuando hay dificultad respecto al sentido verdadero y pleno de un pasaje cualquiera (cuyo significado no es múltiple, sino uno solo), éste se puede buscar y establecer por otros pasajes que hablan con más claridad del asunto (2 P. 1.20-21; Hch. 15.15-16)

 

2 P. 1.20-21 20  entendiendo primero esto,  que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21  porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana,  sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
Hch. 15.15-16
15  Y con esto concuerdan las palabras de los profetas,  como está escrito: 16  Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David,  que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar,

  1. El Juez Supremo por el cual deben decidirse todas las controversias religiosas, todos los decretos de los concilios, las opiniones de los hombres antiguos, las doctrinas de hombres y de espíritus privados, y en cuya sentencia debemos descansar, no es ningún otro más que el veredicto bíblico dado por el Espíritu Santo. En tal veredicto descansa la fe. (Mt. 22.29-32; Ef. 2.20; Hech. 28.23)

 

Mt. 22.29-32 29  Entonces respondiendo Jesús,  les dijo: Erráis,  ignorando las Escrituras y el poder de Dios. 30  Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento,  sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. 31  Pero respecto a la resurrección de los muertos,  ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios,  cuando dijo: 32  Yo soy el Dios de Abraham,  el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?  Dios no es Dios de muertos,  sino de vivos.
Ef. 2.20
edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas,  siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,
Hech. 28.23
Y habiéndole señalado un día,  vinieron a él muchos a la posada,  a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde,  persuadiéndoles acerca de Jesús,  tanto por la ley de Moisés como por los profetas.

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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