Capítulo XXVII
De la comunión de
los santos
1.
Todos los
santos que están unidos a Jesucristo,
(Ef.
1:4; Jn. 17:2, 6; 2Co.5:21; Ro. 6:8; 8:17; 8:2; 1 Co. 6:17; 2P. 1:4)
su cabeza, por su Espíritu y por la fe
(Ef.
3:16, 17; Gá. 2:20; 2 Co. 3:17, 18)
(aunque no por ello vengan a ser una persona
con El
(1
Co. 8:6; Col. 1:18, 19; 1 Ti. 6:15, 16; Is. 42:8; Sal. 45:7; He. 1:8,
9)), participan en sus virtudes,
padecimientos, muerte resurrección y gloria;
(1
Jn. 1:3; Jn. 1:16; 15:1-6; Ef. 2:4-6; Ro. 4:25; 6:1-6; Fil. 3:10; Col.
3:3, 4)
y, estando unidos unos a otros en amor, participan
mutuamente de sus dones y virtudes,
(Jn. 13:34,35;
14:15; Ef. 4:15; 1 P. 4:10; Ro. 14:7,8; 1 Co. 3:21-23; 12:7,25-27)
y están obligados al cumplimiento de tales
deberes, públicos y privados, de manera ordenada, que conduzcan a su
mutuo bien, tanto en el hombre interior como en el exterior.
(Ro. 1:12; 12:10-13; 1 Ts. 5:11,14; 1
P. 3:8; 1 Jn. 3:17,18; Gá. 6:10)
Ef. 1:4
según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que
fuésemos santos y sin mancha delante de él
Jn. 17:2
como le has
dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los
que le diste,
6
He
manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos
eran, y me los diste, y han guardado tu palabra
2Co.5:21
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que
nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él
Ro. 6:8 Y
si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;
8:17 Y si
hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con
Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente
con él seamos glorificados;
8:2
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la
ley del pecado y de la muerte
1 Co. 6:17
Pero el que se une al
Señor, un espíritu es con él
2P. 1:4
por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas,
para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza
divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa
de la concupiscencia
Ef. 3:16
para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser
fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu,
17 para
que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que,
arraigados y cimentados en amor
Gá. 2:20
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive
Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del
Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí
2 Co. 3:17
Porque el Señor es el
Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad,
18 Por
tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo
la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la
misma imagen, como por el Espíritu del Señor
1 Co. 8:6
para nosotros, sin
embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las
cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio
del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él
Col. 1:18
y él es la cabeza del
cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de
entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia,
19 por
cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud
1 Ti. 6:15
la cual a su tiempo
mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de
señores,
16 el
único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien
ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y
el imperio sempiterno. Amén
Is. 42:8
Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi
alabanza a esculturas
Sal. 45:7
Has amado la justicia y
aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con
óleo de alegría más que a tus compañeros.
He. 1:8
Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;
Cetro de equidad es el cetro de tu reino,
9 Has
amado la justicia, y aborrecido la maldad Por lo cual te ungió Dios,
el Dios tuyo Con óleo de alegría más que a tus compañeros
1 Jn. 1:3
lo que hemos visto y oído,
eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con
nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con
su Hijo Jesucristo
Jn. 1:16
Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia;
15:1-6
1
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es
el labrador. 2
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo
quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve
más fruto. 3
Ya vosotros estáis limpios por la palabra
que os he hablado. 4
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como
el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la
vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los
pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho
fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
6 El que en mí no permanece,
será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los
echan en el fuego, y arden
Ef. 2:4-6
4
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos
amó, 5 aun estando nosotros
muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia
sois salvos), 6 y juntamente con
él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares
celestiales con Cristo Jesús
Ro. 4:25
el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para
nuestra justificación;
6:1-6
1
¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la
gracia abunde? 2 En ninguna
manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún
en él? 3 ¿O no sabéis que todos
los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados
en su muerte? 4 Porque somos
sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de
que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así
también nosotros andemos en vida nueva. 5
Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su
muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;
6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado
juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a
fin de que no sirvamos más al pecado
Fil. 3:10
a fin de conocerle, y el
poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos,
llegando a ser semejante a él en su muerte
Col. 3:3
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en
Dios,
4 Cuando
Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también
seréis manifestados con él en gloria
Jn. 13:34
Un
mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he
amado, que también os améis unos a otros,
35
En esto
conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos
con los otros;
14:15
Si me
amáis, guardad mis mandamientos
Ef. 4:15
sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que
es la cabeza, esto es, Cristo
1 P. 4:10
Cada uno según el don que
ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de
la multiforme gracia de Dios
Ro. 14:7
Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí,
8 Pues si
vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor
morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos
1 Co. 3:21-23
21
Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro:
22 sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la
vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es
vuestro, 23 y vosotros de Cristo,
y Cristo de Dios;
12:7 Pero
a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho,
25-27
25
para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros
todos se preocupen los unos por los otros.
26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se
duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con
él se gozan. 27 Vosotros, pues,
sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular
Ro. 1:12
esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a
vosotros y a mí;
12:10-13
10
Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra,
prefiriéndoos los unos a los otros. 11
En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en
espíritu, sirviendo al Señor; 12
gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en
la oración; 13 compartiendo para
las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad
1 Ts. 5:11
Por lo cual, animaos unos
a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis,
14
También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que
alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que
seáis pacientes para con todos
1 P. 3:8
Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos
fraternalmente, misericordiosos, amigables
1 Jn. 3:17
Pero el que tiene bienes de
este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su
corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?,
18
Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en
verdad
Gá. 6:10
Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y
mayormente a los de la familia de la fe
2.
Los santos, por
su profesión, están obligados a mantener entre sí un compañerismo y
comunión santos en la adoración a Dios y en el cumplimiento de los
otros servicios espirituales que tiendan a su edificación mutua,
(He.
10:24, 25; 3:12, 13)
así como a socorrerse los unos a los otros
en las cosas externas según sus posibilidades y necesidades.
(Hch.
11:29, 30; 2 Co. 8, 9; Gá. 2; Ro. 15)
Según la norma del evangelio, aunque esta
comunión deba ejercerse especialmente en las relaciones en que se
encuentren, ya sea en las familias o en las iglesias,
(1 Ti. 5:8,16; Ef. 6:4; 1 Co.
12:27)
no obstante, debe extenderse, según Dios dé la
oportunidad, a toda la familia de la fe, es decir, a todos los que en
todas partes invocan el nombre del Señor Jesús. Sin embargo, su
comunión mutua como santos no quita ni infringe el derecho o la
propiedad que cada hombre tiene sobre sus bienes y posesiones.
(Hch. 5.4; Ef. 4.28)
He. 10:24
Y considerémonos unos a
otros para estimularnos al amor y a las buenas obras,
25 no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino
exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca;
3:12
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de
incredulidad para apartarse del Dios vivo,
13 antes
exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice:
Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del
pecado
Hch. 11:29
Entonces los discípulos,
cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los
hermanos que habitaban en Judea,
30 lo
cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de
Bernabé y de Saulo
2 Co. 8
No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la
diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro,
9 Porque
ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a
vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su
pobreza fueseis enriquecidos
Gá. 2
1
Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con
Bernabé, llevando también conmigo a Tito.
2 Pero subí según una revelación, y para no correr o haber
corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación
el evangelio que predico entre los gentiles.
3 Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser
griego, fue obligado a circuncidarse; 4
y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que
entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús,
para reducirnos a esclavitud, 5 a
los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la
verdad del evangelio permaneciese con vosotros.
6 Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan
sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de
personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron.
7 Antes por el contrario, como vieron que me había sido
encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la
circuncisión 8 (pues el que actuó
en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí
para con los gentiles), 9 y
reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y
Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a
Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros
fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión.
10 Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres;
lo cual también procuré con diligencia hacer.
11 Pero cuando Pedro vino a Antioquia, le resistí cara a
cara, porque era de condenar. 12
Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los
gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba,
porque tenía miedo de los de la circuncisión.
13 Y en su simulación participaban también los otros judíos,
de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía
de ellos. 14 Pero cuando vi que no
andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro
delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no
como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?
15 Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre
los gentiles, 16 sabiendo que el
hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de
Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser
justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por
cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.
17 Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros
somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En
ninguna manera. 18 Porque si las
cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, trasgresor me hago.
19 Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de
vivir para Dios. 20 Con Cristo
estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en
mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de
Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la
justicia, entonces por demás murió Cristo
Ro. 15
1
Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los
débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.
2 Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es
bueno, para edificación. 3
Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está
escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.
4 Porque las cosas que se
escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de
que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos
esperanza. 5 Pero el Dios de la
paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir
según Cristo Jesús, 6 para que
unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo. 7 Por tanto, recibíos
los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria
de Dios. 8 Pues os digo, que
Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la
verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,
9 y para que los gentiles
glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por
tanto, yo te confesaré entre los gentiles, Y cantaré a tu nombre.
10 Y otra vez dice:
Alegraos, gentiles, con su pueblo.
11 Y otra vez: Alabad al
Señor todos los gentiles, Y magnificadle todos los pueblos.
12 Y otra vez dice Isaías: Estará
la raíz de Isaí, Y el que se levantará a regir los gentiles; Los
gentiles esperarán en él. 13 Y
el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para
que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
14 Pero estoy seguro de vosotros,
hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad,
llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los
unos a los otros. 15 Mas os he
escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros
recordar, por la gracia que de Dios me es dada
16 para ser ministro de Jesucristo
a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los
gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu
Santo. 17 Tengo, pues, de qué
gloriarme en Cristo Jesús en lo que a Dios se refiere.
18 Porque no osaría hablar sino de
lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los
gentiles, con la palabra y con las obras,
19 con potencia de señales y prodigios, en el poder del
Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los
alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de
Cristo. 20 Y de esta manera me
esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido
nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno,
21 sino, como está escrito: Aquellos
a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que
nunca han oído de él, entenderán. 22
Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros.
23 Pero ahora, no teniendo más
campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a
vosotros, 24 cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros
al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya
gozado con vosotros. 25 Mas ahora
voy a Jerusalén para ministrar a los santos.
26 Porque Macedonia y Acaya
tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los
santos que están en Jerusalén. 27
Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los
gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales,
deben también ellos ministrarles de los materiales.
28 Así que, cuando haya concluido
esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a
España. 29 Y sé que cuando vaya a
vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de
Cristo. 30 Pero os ruego,
hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu,
que me ayudéis orando por mí a Dios, 31
para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la
ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta;
32 para que con gozo llegue a
vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con
vosotros. 33 Y el Dios de paz sea
con todos vosotros. Amén
1 Ti. 5:8
porque si alguno no provee
para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe,
y es peor que un incrédulo,
16 Si
algún creyente o alguna creyente tiene viudas, que las mantenga, y
no sea gravada la iglesia, a fin de que haya lo suficiente para las
que en verdad son viudas
Ef. 6:4 Y
vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino
criadlos en disciplina y amonestación del Señor
1 Co. 12:27
Vosotros, pues, sois el
cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular
Hch. 5.4
Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu
poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los
hombres, sino a Dios
Ef. 4.28
El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos
lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece
necesidad