Capitulo IV
Los decretos de dios
El decreto de Dios significa Su propósito o determinación en relación
con los eventos futuros. Esto significa que las cosas llegan a ocurrir
de acuerdo a un propósito divino, más que por una mezcla de leyes
naturales, el destino ciego, la suerte o circunstancias caprichosas.
Rechazar los decretos o la preordenación de Dios significa
prácticamente quitarlo o destituirlo de su trono. Significa ponerlo en
un lugar secundario, como una persona interesada, pero un espectador
incapaz de hacer algo respecto a lo que está ocurriendo.
"Un universo sin decretos sería tan irracional y espantoso como lo
sería un tren rápido viajando por la oscuridad, sin luces, sin
conductor, y con ninguna certeza de que en el siguiente momento no
pudiera caer en el abismo" (A. J. Gordon).
"No importa cuántos planes y propósitos pudiéramos hacer, a fin de
cuentas, todo tomará el rumbo hacia la meta final que Dios ha
predeterminado" (Henry).
"Agradecemos a Dios por cada una de las bendiciones que vienen a
nosotros a través de las acciones libres de otros; pero si Dios no se
ha propuesto estas bendiciones, entonces deberíamos agradecer a otros
y no a Dios" (A. H. Strong).
Las Escrituras mencionan los decretos de Dios en muchos pasajes, y
usando varios términos. La palabra "decreto" se encuentra en el Salmo
2:7. En Efesios 3:11 leemos acerca de su "determinación eterna"; en
Hechos 2:23 de su "determinado consejo y providencia"; en Efesios 1:9
de su "beneplácito". Los decretos de Dios son llamados "sus consejos"
para significar que son consumadamente sabios. Son llamados "su
voluntad" para mostrar que Dios no está bajo ninguna sujeción, sino
que actúa según su propio deseo. Cuando la regla de conducta de una
persona es su propia voluntad, esta voluntad es generalmente
caprichosa e irrazonable; pero en el proceder divino la sabiduría
siempre está asociada con la voluntad, y por lo tanto, se dice que los
decretos de Dios son "el consejo de su voluntad" (A. W. Pink).
"Victor Hugo, reconociendo el alcance determinante de la mano divina
dijo: 'Waterloo fue por Dios'. Dios en el ejercicio de su infinita
sabiduría y poder, así personalmente dirigió y controló las acciones
libres de los hombres, a fin de que todas las cosas ocurrieran de
acuerdo con Su propósito eterno" (E. H. Bancroft).
Decretos positivos y permisivos
No todas las cosas fueron decretadas en el mismo sentido. Los actos
pecaminosos de los hombres no fueron decretados en la misma manera
como lo fueron los actos justos. Dios es la causa eficiente de todo
aquello que es bueno, mientras que el mal solo es permitido, dirigido
y gobernado para Su gloria. Los actos pecaminosos de los hombres, los
cuales Dios decretó permisivamente, serán con toda certidumbre
realizados; no obstante, al efectuarlos los hombres estarán expresando
su propia e inherente depravación. "Ciertamente la ira del hombre te
acarreará alabanza: Tú reprimirás el resto de las iras" (Salmos
76:10). Las buenas obras de los hombres son decretadas positiva y
eficientemente, lo cual significa que Dios está obrando en ellas:
"Porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer,
por su buena voluntad" (Filipenses 2:13).
La voluntad secreta y revelada de Dios
Los decretos de Dios pertenecen a su voluntad secreta; mientras que
sus mandamientos son parte de su voluntad revelada. "Las cosas
secretas pertenecen á Jehová nuestro Dios: mas las reveladas son para
nosotros y para nuestros hijos por siempre, para que cumplamos todas
las palabras de esta ley" (Deuteronomio 29:29). La voluntad secreta de
Dios es la norma para Sus acciones; pero Su voluntad revelada es la
norma para nuestras acciones. Mientras que la voluntad secreta de Dios
abarca todas las cosas; Su voluntad revelada abarca todas aquellas
cosas que nosotros deberíamos hacer. La voluntad secreta de Dios es Su
programa, Su plan de acuerdo al cual todas las cosas ocurrirán; Su
voluntad revelada nos da nuestro programa de acuerdo con el cual
nosotros debemos obrar. Los decretos de Dios no están dirigidos a los
hombres, y no tienen nada que ver con la responsabilidad humana. Puede
ser que Dios haya decretado un año pobre en cultivos, pero ésta no es
razón para fallar en no plantar y no cultivar. Dios puede haber
decretado una hambruna, pero ésta no es ninguna justificación para la
ociosidad. Dios puede haber decretado la muerte del escritor en este
año, pero esto no es ningún impedimento para que él deje de considerar
las normas de seguridad y de salud. Dios decretó la muerte de Su Hijo;
pero esto no hizo que fuera el deber de los
hombres el crucificarle.
Los decretos de Dios y la libre agencia
Los decretos de Dios determinan las
acciones libres de los hombres, esto es, el decreto hace sus acciones
ciertas y seguras pero no una necesidad. Los decretos de Dios no son
ejecutados a través de forzar la voluntad de los hombres, por lo
tanto, no son inconsistentes con la libertad humana. "Porque
verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús,
al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los Gentiles y los
pueblos de Israel, Para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes
determinado que había de ser hecho" (Hechos 4:27-28). El decreto de
Dios hizo de la muerte de Cristo un evento seguro, pero no impuso
necesidad sobre ninguno de los hombres involucrados. Ninguno de los
hombres mencionados fue obligado a realizar tal acto impío. En la
crucifixión del Señor de gloria, cada uno de ellos dio libre expresión
a los sentimientos y pensamientos que tenían hacia El. Ellos
cumplieron la Escritura y ejecutaron el eterno propósito de Dios (su
decreto) sin conocerlo; "porque si la hubieran conocido, nunca
hubieran crucificado al Señor de gloria" (1 Corintios 2:8).
Los decretos de Dios son eternos
Si Dios tiene algún propósito respecto a lo que pasa en el universo,
éste debe, por necesidad, ser eterno. Rechazar esto supondría que
algún evento imprevisto hiciera necesario que Dios cambiara su
propósito. Todos los propósitos de Dios fueron realizados con
sabiduría, y puesto que El tiene el poder para ejecutar tales
propósitos, entonces no hay razón para cambio alguno. "Conocidas son á
Dios desde el siglo (eternamente) todas sus obras" (Hechos 15:18).
"Acordaos de las cosas pasadas desde el siglo; porque yo soy Dios, y
no hay más Dios, y nada hay á mí semejante; Que anuncio lo por venir
desde el principio, y desde antiguo lo que aun no era hecho; que digo:
Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere" (Isaías 46:9-10).
El valor practico de esta doctrina
Esta doctrina magnifica a Dios en su sabiduría, su poder y su
soberanía. Pone a Dios sobre su trono donde El debería estar y está,
por siempre jamás. No hay crisis con Dios, no hay problemas perplejos
qué meditar, ni fuerzas que estén más allá de su control. El se mueve
con paso majestuoso ante la consumación de Su eterno propósito en
Cristo, para la alabanza de Su gloria.
El creyente es humillado ante la visión de tan grandioso Dios, y su
alma se inclina maravillada en reverente comunión y adoración. Tal
visión librará al creyente de una excesiva familiaridad para con Dios
en sus oraciones y otros actos de devoción. Algunos hombres oran como
si Dios estuviera a su nivel; para ellos El no es el Augusto Ser que
las Escrituras revelan. Mucha de la poesía y otra literatura que ha
sido producida en esta época de guerra (Nota: se refiere a la segunda
guerra mundial) representa a Dios en una forma demasiado irreverente,
como si fuera un simple camarada o compañero. Pero las Escrituras
dicen que: "Dios (es) terrible en la grande congregación de los
santos, Y formidable sobre todos cuantos están alrededor suyo" (Salmos
89:7).
"Esta doctrina es una de las enseñanzas más avanzadas de las
Escrituras, la cual requiere para su comprensión una mente madura y
una profunda experiencia espiritual. El principiante de la vida
cristiana pudiera no ver su valor o aún su verdad, pero con los años
de crecimiento esta doctrina llegará a ser de gran apoyo. En tiempos
de aflicción, difamación y persecución, la iglesia ha encontrado en
los decretos de Dios, y en las profecías en las cuales estos decretos
son anunciados, una fuerte consolación. Es solamente sobre la base de
los decretos que podemos creer que "á los que á Dios aman, todas las
cosas les ayudan á bien" (Romanos 8:28) y es en base a ellos que
podemos orar "Sea hecha tu voluntad" (Mateo 6:10)" A. H. Strong.
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