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Capitulo IX
La inmutabilidad de Dios
"¡Porque yo, Jehovah, no
cambio!" (Malaquías
3:6, RVA). La mutabilidad pertenece a toda la creación, la inmutabilidad
pertenece exclusivamente a Dios. Los cielos visibles a menudo cambian su
apariencia; a veces están despejados y en otras ocasiones se llenan de
nubes y de oscuridad. La faz de la tierra cambia su apariencia en las
distintas temporadas del año. La tierra también ha experimentado un gran
cambio desde la época del diluvio y experimentará otro gran cambio que
será realizado a través del fuego (2Pe. 3:5-10). Los ángeles en su
primer estado estaban sujetos a cambio, tal como la apostasía de muchos
de ellos lo demostró. Los ángeles elegidos no han cambiado, han sido
confirmados en santidad. Pero esto no es debido a su naturaleza, sino a
la gracia electiva de Dios en Cristo, quien es la cabeza de todo
principado y potestad (1Tim. 5:21; Col. 2:10). Y cuando consideramos al
hombre, la cúspide de la creación, su mutabilidad es tan evidente que no
se necesita ninguna prueba de ello. ¿Cuál persona no ha sido afligida
frente a la realidad de la mutabilidad humana? Muchos de nosotros
sabemos lo que significa ser alabado hoy y calumniado mañana, por los
mismos labios.
Cambio y deterioro veo en
derredor;
¡Oh, que Aquel que nunca
cambia, permanezca conmigo!
La
base de la esperanza de estas palabras es la inmutabilidad del Dios que
es el mismo ayer, y hoy y para siempre.
Dios es inmutable en su
naturaleza
Dios es llamado:
"...Padre de las luces, en
quien no hay cambio ni sombra de variación"
(Santiago 1:17). Dios no
puede cambiar para mal porque es eternamente santo. Dios no puede
cambiar para bien, porque El ya es perfecto. El tiempo no efectúa ningún
cambio en Aquel que es eterno. El Dios auto existente y autosuficiente
no es afectado por el paso del tiempo, ni por el envejecimiento.
"¿No lo has sabido? ¿No
has oído que Jehová es el Dios eterno que creó los confines de la
tierra? No se cansa ni se fatiga, y su entendimiento es insondable"
(Isaías 40:28).
Dios es inmutable en sus
atributos
El poder de Dios siempre es
el mismo porque las Escrituras hablan de su poder eterno (Rom. 1:20). No
hay ningún incremento en su conocimiento porque "conocidas a Dios son
todas sus obras, desde el principio del mundo" (Hech.15:18). Su amor es
inmutable (Jn.13:1; Rom. 8:35-39; Jer. 31:3) y su misericordia permanece
para siempre (Sal.136). Su veracidad es inmutable porque El no puede
mentir (Ti. 1:2). Su santidad no puede ser manchada y su fidelidad nunca
falla. Aunque Dios ha derramado una abundancia de bendiciones sobre sus
criaturas, y ha dado tantas buenas dádivas a los hombres, su bondad es
todavía la misma que no ha disminuido en nada.
Dios es inmutable en sus
decretos
Los propósitos de Dios son
eternos. Dios nunca toma nuevas resoluciones ni tampoco hace nuevos
decretos, porque sus consejos son eternos. Dios nunca pasa un "próspero
año nuevo" porque El siempre es bendito y feliz. Sus propósitos no
pueden ser frustrados porque,
"el consejo de Jehová
permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las
generaciones"
(Sal. 33:11).
"Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; Mas el consejo de
Jehová permanecerá"
(Proverbios 19:21).
"Jehová de los ejércitos
juró, diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y
será confirmado como lo he determinado"
(Isaías 14:24).
"Empero si él se determina en
una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, é hizo"
(Job 23:13).
Objeciones consideradas y
contestadas
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Algunos han objetado que la
creación del mundo significó un cambio en la inmutabilidad de Dios.
Pero esta objeción confunde un cambio en Dios con las obras de Dios.
Mientras que yo escribo el sol está entrando por la ventana de mi
estudio; pero dentro de poco, se habrá ido. Sin embargo, esto no
significa un cambio en el sol. El sol permanece igual, solamente hay
un cambio en su manifestación. Es necesario señalar también que un
cambio en su actividad, no implica un cambio en el carácter o en la
naturaleza de Dios. La Biblia no nos dice nada acerca de las
actividades divinas antes de la creación. Nos dice que cuando Dios
terminó la obra de la creación, se dedicó a la obra de la
administración y la salvación y que en el futuro tomará en sus manos
la obra del juicio.
Hoy es el día de la salvación (2Cor. 6:2), pero se está acercando el
día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios (Rom.
2:5); "Por cuanto
ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia,
por aquel varón al cual determinó; dando fe á todos con haberle
levantado de los muertos"
(Hechos 17:31). Hoy es el
día de la paciencia de Dios, el día en el cual El está tolerando los
vasos de ira preparados para muerte (Rom. 9:22). Hoy es el día cuando
los hombres desafían a Dios y tal parece que han escapado de su
juicio. Según las apariencias externas, los hombres no están sujetos
al juicio de Dios, pero se está acercando el día cuando Dios tratará
personalmente con todos los rebeldes. Pero estos cambios en la
actividad divina, no significan ningún cambio en el carácter y los
propósitos divinos.
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Algunos han objetado que la
encarnación de Cristo significó un cambio en la naturaleza divina.
Pero en la encarnación la segunda persona de la divinidad tomó una
naturaleza humana. Esto no afectó en forma alguna la naturaleza
divina. La naturaleza divina no fue convertida en una naturaleza
humana, ni la naturaleza humana en divina; ni tampoco fueron mezcladas
las dos naturalezas. En la encarnación Cristo tomó una naturaleza
humana, pero no dejó de ser la persona divina que siempre había sido.
Su encarnación fue necesaria para Su obra de propiciación. La
naturaleza divina como tal, no puede sufrir, entonces Cristo tomó una
naturaleza humana para poder ser capaz de sufrir. Pero en sus
sufrimientos, no sucedió ningún cambio en la naturaleza divina.
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Algunos han objetado que
las Escrituras presentan un cambio en Dios cuando se refieren a que El
se arrepiente.
(Vea Gén. 6:6;
1Sam. 15:35; Sal.
106:45; Am. 7:3; Jonás 3:10). Pero hay otras Escrituras que dicen en
forma clara y positiva que Dios no se arrepiente (Vea Núm. 23:19;
1Sam. 15:19). Pudiéramos tratar de resolver esta aparente
contradicción, tratando de lograr que algunos de estos textos
silencien a los otros, pero, analizando ambos grupos de pasajes,
concluimos que el arrepentimiento de Dios no es igual al
arrepentimiento de los hombres. El arrepentimiento de los hombres es a
causa del pecado e incluye un cambio de mente y propósito, pero el
arrepentimiento de parte de Dios, no puede ser en relación con el
pecado y por lo tanto no incluye un cambio de mente y voluntad. El
arrepentimiento de parte de Dios significa un cambio de manifestación
y actividad; pero este cambio siempre está de acuerdo con su carácter
y sus propósitos inmutables. La inmutabilidad de la santidad divina
requiere un cambio en su actitud y su forma de tratar con los justos
que hacen maldad. El sol no cambia cuando derrite la cera y cuando
endurece la arcilla. La diferencia no está en el sol sino en los
objetos sobre los cuales recae.
"La inmutabilidad de Dios en relación con sus promesas y sus amenazas,
no es afectada cuando dichas promesas y amenazas no siempre son
llevadas a cabo. Porque debemos tomar en cuenta el hecho de que estas
promesas y amenazas o son absolutas o son condicionadas. Todas las
cosas prometidas o advertidas en forma absoluta e incondicional,
tienen que ser realizadas. En todos los casos cuando Dios no cumple lo
que El dijo que haría, entonces una condición está presente en forma
expresa o implícita (vea Jer.18:8-10). Por ejemplo, Dios prometió que
el moraría en Sión, en Jerusalén, en el templo (vea Sal. 132:13-14) y
también que el pueblo de Israel moraría en su tierra y comería de ella
para siempre. Pero todo esto fue a condición de que los judíos fuesen
obedientes a Dios, permanecieran en su adoración y servicio y
guardaran sus leyes y ordenanzas (Isa. 1:19). Entonces, cuando los
judíos fallaron Dios se apartó de ellos y permitió que fuesen llevados
cautivos. Hubo un cambio en sus dispensaciones, pero no un cambio en
su voluntad. Por ejemplo: Dios advirtió a los ninivitas con la
destrucción de su ciudad en un lapso de cuarenta días, a menos que
ellos se arrepintieran. Ellos se arrepintieron y fueron salvados de la
ruina, esto fue un cambio en su comportamiento externo hacia ellos,
pero no fue ningún cambio en su voluntad; puesto que tanto el
arrepentimiento como la libera- ción de los ninivitas, fue en
conformidad con su voluntad inmutable (Jonás 3:4 y 10). En el caso de
Ezequías la declaración externa que le fue entregada decía que él
moriría y no viviría, debido a que su enfermedad era mortal. Pero, la
voluntad secreta de Dios era que Ezequías viviera quince años más y
así sucedió. Lo anterior no indica ningún cambio, ni contradicción en
Dios. La declaración externa fue hecha para humillar a Ezequías, para
inducirlo a orar y hacer uso de los medios; de esta manera la voluntad
de Dios fue realizada" (Dr. John Gill).
La inmutabilidad de Dios no es como la de una piedra, que no tiene
ninguna experiencia interior, sino como la del mercurio, que sube y
baja con cada cambio de temperatura (el mercurio no cambia, sino que
solo refleja el cambio del clima). Cuando un hombre maneja una
bicicleta en contra del viento y luego cambia yendo a favor del
viento; pareciera que el viento cambió, pero en realidad está soplando
igual como antes.
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A veces algunos objetan que
la oración cambia a Dios. Nosotros con gozo afirmamos la verdad
bendita de que Dios escucha y contesta la oración, pero negamos
enfáticamente que la oración cambie a Dios. Tal cosa haría que el
hombre fuese soberano en lugar de Dios. También convertiría la oración
en un tipo de mandato en lugar de ser una súplica. La oración es un
medio de gracia y sus resultados siempre estarán en armonía con la
voluntad de Dios. Si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, El
nos oye (1Jn. 5:14). En la oración parece que nosotros conquistamos a
Dios, pero en realidad es El quien nos conquista a nosotros. Nosotros
no sabemos pedir como conviene (Rom. 8:26) y por ello, el Espíritu
Santo intercede por nosotros conforme a la voluntad de Dios. Aún en
nuestras oraciones pedimos; "Sea hecha tu/ voluntad".
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