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Capitulo XII
La omnipotencia de Dios
"He aquí, estas cosas son
solo los bordes de sus caminos; ¡Y cuán leve es el susurro que hemos
oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo podrá comprender?"
(Job26:14)
En este capítulo Job da solo
unas pocas ilustraciones del poder de Dios, y luego dice que estas son
solo parte de sus caminos; y a pesar de su grandeza manifiesta, en
realidad es solo un poco lo que hemos oído acerca de El. En los días de
Job los hombres daban muy poca atención a Dios; El no estaba en sus
pensamientos, ni en su lenguaje. Y existe mucho de lo mismo en la
actualidad, porque la naturaleza humana nunca cambia en sí misma. El
hombre siempre es la misma rebelde, orgullosa y aborrecible criatura,
apartada de la forja de la gracia de Dios. Hoy en día, aún en el púlpito
promedio, no se escucha mucho acerca de Dios. Y es casi un acuerdo
social que el mero nombre de Dios es un tabú. Hoy en día el hombre es el
tema de los discursos populares; son las virtudes humanas las que son
alabadas y sus logros los que son celebrados. Dios está en su mundo a
través de su providencia, pero el mundo no le conoce.
El poder de Dios toma dos
direcciones y tiene dos objetivos: salvación y juicio. El poder de Dios
en la salvación es gracia; su poder en el juicio es justicia.
El poder de Dios en la salvación es la expresión de su amor; su
poder en el juicio es la expresión de su ira santa. Y el poder de
Dios en la gracia es igual al poder de Dios en la ira,
porque "Uno es el dador de la ley, que puede salvar y perder..."
(Santiago 4:12).
Si Dios es incapaz de salvar
(convertir) "los vasos de misericordia", también podría ser incapaz de
juzgar (castigar) "los vasos de ira". Todos aquellos que niegan la
gracia irresistible de Dios, no pueden lógica o consistentemente, pedir
a Dios que salve (convierta) a los pecadores; ellos pueden pedir tan
solo que El trate de convertirles, o que perdone a aquellos pecadores
que se conviertan por sí mismos. Ellos no pueden pedirle a El que traiga
a los pecadores hacia el Salvador; ellos pueden pedirle que trate de
atraerles o que libre del castigo a todos aquellos que, por sí mismos,
vengan al Salvador.
En conformidad con el estilo
mencionado, un escritor nos presenta el punto de vista popular del poder
de Dios en la gracia, en los siguientes términos: "Las banderas del
ejército de Dios están paradas afuera de la pequeña fortaleza de nuestro
corazón invitándonos a rendirnos; y Su poderoso amor y gracia y todo
poder están aguardando por nuestra decisión". Esta postura ignora la
verdad bíblica de la depravación de la naturaleza humana, niega la
necesidad de cualquier obra interior de la gracia, y pasa por alto la
verdad del poder del Espíritu Santo. Es inconsistente al hablar de "la
pequeña fortaleza de nuestros corazones", y al mismo tiempo hablar de
"Su poderoso amor y gracia y todo poder". Por el mismo sentido van las
palabras de otro popular predicador que dijo: "Recibimos una oferta para
hacer una elección.
Ningún hombre puede escoger
por nosotros. El Dios todopoderoso no puede escoger por usted, ni por
mí. Yo puedo extender mi brazo y decir a Aquel que me hizo, que me dio
el aliento y la respiración, que 'yo no quiero'; o yo puedo volverme a
El, a través de la obra de gracia del Espíritu Santo, y recibir su
salvación". ¡Oh que mezcla tan extraña de verdad y error! Se nos hace un
ofrecimiento para escoger y nosotros deberíamos escoger a Cristo como
nuestro Señor y Salvador; pero debido a la depravación inherente, nadie
hace tal elección sin la operación de gracia del Espíritu Santo dándole
convicción de pecado y convirtiéndole.
Es cierto que el pecador
resiste a Dios hasta que su resistencia es vencida por la operación de
gracia del Espíritu Santo. Esta operación hace que el pecador
voluntariamente tome a Cristo como Señor y Salvador; esta operación
imparte al pecador una mente nueva y un corazón nuevo. Como otros han
dicho: "Es sencillamente absurdo hablar de un Dios Todopoderoso, y luego
decir con el mismo aliento, que 'Yo puedo marcarle a Dios el alto con mi
brazo extendido'". Pero, indudablemente otro escritor se lleva el premio
por su descripción de un Dios incapaz al decir: "La omnipotencia
en sí misma es incapacidad ante el endurecimiento del corazón
(esto es una nueva definición de omnipotencia, Claude Duval Cole). Aún
un niño pudiera levantar su mano y agitar su pequeño puño frente al
rostro del Todopoderoso Dios, y el Dios Todopoderoso nada podría hacer".
En el libro de Proverbios nosotros leemos que: "Como los
repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de
Jehová: A todo lo que quiere lo inclina" (Proverbios 21:1), pero la
afirmación anterior presenta a Dios como incapaz ante el rostro de un
niño. El poder de Dios es una verdad que debería dar paz y gozo en el
corazón de los creyentes, y traer terror al corazón de los incrédulos.
Sea como Salvador o como
Juez, El es Todopoderoso.
Ambos, el juicio y la salvación requieren un Dios poderoso.
La naturaleza del poder de
Dios
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El poder de Dios es
absoluto. No hay
nada imposible para El, quien es la fuente del poder. El es capaz de
hacer más de lo que El ha hecho. El ejercicio de su poder es limitado
solo por su propio deseo. Job dice: "Empero si él se determina en
una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, é hizo" (Job 23:13).
Juan el bautista nos dijo que El era capaz de levantar hijos a
Abraham, aún de las piedras (Luc. 3:8). El podría haber dejado a
Satanás fuera del jardín del Edén y de este modo guardar a nuestros
padres de la tentación que resultó en la terrible ruina de la raza
humana; pero Su deseo no fue así. Pablo dice que: "El es poderoso
para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos
ó entendemos," (Efesios 3:20). Y Cristo nos asegura que: "para
con Dios todo es posible" (Mateo 19:26).
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El poder de Dios es
original y esencial.
Es decir, el poder del
hombre es un poder derivado, pero el poder pertenece inherentemente a
Dios. El poder de los gobiernos humanos descansa en sus armamentos y
en los recursos naturales del país. Es por naturaleza que Dios es
todopoderoso. Su poder no es derivado, sino esencial y original en El.
El da poder a todas sus criaturas, pero no recibe nada de parte de
ellas.
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El poder de Dios es la vida
y la actividad de todos sus otros atributos.
Todos sus otros atributos
serían indignos sin Su poder. Sin su poder, Su misericordia sería como
débil compasión; Su justicia sería como una debilidad espantosa; sus
promesas no serían más que sonidos vacíos; y Su amor sería un amor
incapaz, tan incapaz como el de Darío por Daniel cuando éste estaba en
el foso de los leones. Todo Su eterno consejo sería vano, si su poder
no estuviera allí ejecutándolo paso a paso.
Las manifestaciones del
poder de Dios
Todas las perfecciones o
características inherentes en la naturaleza divina serán manifestadas o
ejercidas tarde o temprano, porque no existe en Dios una disposición
ociosa. Su poder ha sido maravillosamente ejemplificado en el pasado y
lo será en el futuro.
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El poder divino aparece en
la creación.
"¡Oh Señor Jehová! He aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu
gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para
ti" (Jeremías
32:17). A la palabra de Dios la nada comenzó a ser algo. El habló y
fue hecho. El deseó y todo pasó. "Señor, digno eres de recibir
gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu
voluntad tienen ser y fueron criadas" (Apocalipsis 4:11). La
palabra crear significa hacer algo de la nada. "Por la fe
entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios,
siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía" (Hebreos 11:3).
"Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los
cielos, y que están en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos,
sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fué criado por
él y para él" (Colosenses 1:16). Y a pesar de todo el trabajo
desplegado en la obra de la creación Dios no se cansó, porque El es
todopoderoso. "¿No lo has sabido? ¿No has oído que Jehová es el
Dios eterno que creó los confines de la tierra? No se cansa ni se
fatiga, y su entendimiento es insondable" (Isaías 40:28, RVA).
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El poder de Dios puede ser
visto en el sustento de toda la creación.
El sustenta todas las cosas
con la palabra de su poder (vea Heb. 1:3). "Y él es antes de todas
las cosas, y por él todas las cosas subsisten" (Colosenses 1:17).
En El vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser (vea Hech. 17:28).
El da la lluvia desde el cielo y los tiempos fructíferos (vea Hech.
14:17). Nosotros tenemos que buscarle a El para nuestro diario
sustento, para nuestro pan cotidiano (vea Mat 6:11). No obstante,
algunos dicen que todas las cosas ocurren de acuerdo a las leyes
naturales. Pero, Dios creó las leyes de la naturaleza y El puede
usarlas u obrar por encima de ellas o sin ellas. Sus manos no están
atadas por ninguna cuerda de la naturaleza.
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El poder de Dios puede ser
visto en la redención humana.
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En el nacimiento del
Redentor (Luc. 1:35). ¡Qué grandioso poder requiere tomar lo impuro
para dar a luz algo puro! No obstante, el Espíritu Santo estuvo a la
altura requerida en la obra de encarnación de la Segunda Persona de
la Trinidad, quien vino a ser "Dios con nosotros". Sí, Dios
manifestado en carne (vea 1Tim. 3:16).
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En los milagros de
Cristo. Todos ellos fueron una manifestación del poder divino. Los
ciegos vieron, los cojos caminaron y los muertos vivieron debido a
que El lo deseo así.
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En la muerte de Cristo.
Aquí tenemos el más grande de todos los milagros; el más estupendo y
más sorprendente acto de poder jamás ejercido: El poder de morir.
Nuestras mentes vacilan ante este pensamiento ¡El poder de morir!
Entre los hombres la muerte es un emblema reconocido de incapacidad
e impotencia. Las vidas de los hombres les son quitadas
constantemente, pero Cristo tuvo poder para entregar su propia vida.
El dijo: "Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo
poder para ponerla, y tengo poder para volverla á tomar" (Juan
10:18). El Señor Jesucristo fue el principal actor en el drama de
los siglos, cuando efectuó el deshacimiento del pecado a través del
sacrificio de sí mismo ( vea Heb. 9:26). Que nadie piense de El como
una impotente y desamparada víctima del odio humano. En su muerte
Cristo estaba cumpliendo la tarea que le fue asignada por su Padre
celestial, como El dijo: "Este mandamiento recibí de mi Padre"
(Juan 10:18).
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En la resurrección de
Cristo. Aquel que tuvo poder para entregar su propia vida, tuvo
poder para volverla a tomar. El triunfó sobre la muerte, sobre los
hombres y sobre los demonios (Col. 2:15). Aquel que es la vida no
podría ser sujeto por la muerte. Su alma no fue dejada en el Hades;
ni su cuerpo vio corrupción (Sal. 16:10, Hech. 2:27).
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En su ascensión. Nuestro
Salvador tuvo el poder para vencer la ley de gravedad y ascender
corporalmente al Padre. ¡Aleluya! ¡Poderoso Salvador!
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Su gran poder se manifiesta
en la regeneración de los pecadores.
En la regeneración los
hombres reciben un nuevo corazón y son creados en ellos nuevos deseos;
les son impartidos nuevos principios e inclinaciones. Los pecadores se
vuelven de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a la sumisión
a Dios, llegando a ser voluntariamente el pueblo de Dios, en el día de
Su poder (Sal. 110:3). Es cuando consideramos la ceguera natural y la
oposición del pecador, la debilidad de los agentes humanos (los
predicadores) y los medios usados (la locura de la predicación); que
podemos atribuir la obra de la conversión solamente al efecto del
poder de Dios. (Vea 2Cor. 4:7; Ef. 1:9).
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La perseverancia final de
cada creyente es prueba del poder de Dios.
El es capaz de salvar
eternamente (Heb. 7:25). Somos guardados por el poder de Dios:
"Para nosotros que somos guardados en la virtud de Dios por fe, para
alcanzar la salud que está aparejada para ser manifestada en el
postrimero tiempo" (1 Pedro 1:5). Nadie es capaz de arrebatarnos
de la mano de Dios. "Y yo les doy vida eterna y no perecerán para
siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Juan 10:28).
"Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es
la victoria que vence al mundo, nuestra fe" (1 Juan 5:4).
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Su poder divino será
exhibido en la resurrección.
¿Qué, sino la voz del
todopoderoso será capaz de despertarnos de la muerte? ¿Qué, sino su
grandioso poder puede cambiar este cuerpo perverso, vil, humillante y
enfermizo en uno glorioso, hermoso e inmortal? ¿Qué es lo que puede
darnos esperanza cuando estamos parados a un lado del sepulcro abierto
y vemos consumirse uno de nuestros seres queridos, sino el pensamiento
de que hay un Dios Todopoderoso que puede resucitarnos y nos
resucitará de la muerte por la palabra de Su poder?
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El poder de Dios será
manifestado en el día del juicio.
En aquel día aparecerá cuán
lastimosamente débil es el hombre y cuán grande es el poder de un Dios
airado. ¡Piense en el poder que se requiere para someter la rebelión
de innumerables hombres y demonios! Pero para Dios la tarea será igual
"cuando Jehová se levante para hacer temblar (para herir) la tierra"
(Isaías 2:21, RVA). Vea también el Salmo 2: "¿Por qué se amotinan
las naciones y los pueblos traman cosas vanas? Se presentan los reyes
de la tierra, y los gobernantes consultan unidos contra Jehová y su
ungido, diciendo: ¡Rompamos sus ataduras! ¡Echemos de nosotros sus
cuerdas! El que habita en los cielos se reirá; el Señor se burlará de
ellos. Entonces les hablará en su ira y los turbará en su furor: ¡Yo
he instalado a mi rey en Sion, mi monte santo! Yo declararé el
decreto: Jehová me ha dicho: Tú eres mi hijo; yo te engendré hoy.
Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y por posesión tuya los
confines de la tierra. Tú los quebrantarás con vara de hierro; como a
vasija de alfarero los desmenuzarás. Y ahora, oh reyes, sed sabios;
aceptad la corrección, oh gobernantes de la tierra. Servid a Jehová
con temor y alegraos con temblor. Besad al hijo, no sea que se enoje y
perdáis el camino; pues se enciende de pronto su ira. ¡Bienaventurados
todos los que en él se refugian!" (Salmos 2:1-12, RVA).
"Gran Dios, ¿qué es lo que
veo y oigo? ¡El fin de las cosas creadas!
El juez de todos los hombres ha aparecido sentado sobre nubes de gloria:
La trompeta suena; los sepulcros devuelven los muertos que antes
contenían;
Prepárate alma mía para encontrarte con El.
"Los muertos en Cristo resucitarán primero al sonar la última trompeta;
Se encontrarán con El en el cielo, con gran gozo su Señor les cubrirá;
No habrá tristeza ni temor en sus consternadas almas,
Su presencia traerá un día eterno de gozo en todos aquellos preparados
para recibirle.
"Pero los pecadores serán llenos con una gran temor de culpa, mirarán
prevalecer su ira;
Porque ellos resucitarán, y encontrarán que sus lágrimas y suspiros son
inútiles;
El día de gracia ha terminado, se ha ido; temblando también comparecerán
ante su
trono, todos los no preparados para encontrarse con El". |