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Capitulo XV
La gracia de Dios
(Conclusión)
Prácticamente todos los
cristianos profesantes dicen creer que la salvación es por gracia.
Difícilmente uno puede encontrar un miembro de alguna denominación que
negara sin reservas que la salvación es por gracia. La Biblia declara en
forma positiva y tan frecuentemente que salvación es por gracia, que
pocos hombres se atreverían audazmente a negarlo. Pero el problema
estriba en que muchos piensan y hablan de la gracia en una manera tal,
que acaban frustrándola. La gracia en que ellos piensan y de la cual
hablan no es gracia del todo. Ella está tan mezclada con las obras y
méritos humanos, que ya no es más gracia. "Y si por gracia, luego no
por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las
obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra"
(Romanos 11:6). Hay bastante de esto tanto en la literatura del
Catolicismo Romano acerca de la gracia, como en la literatura Bautista,
no obstante hay una gran diferencia entre lo que ambos grupos quieren
significar por gracia. En los capítulos precedentes hemos visto lo que
es la gracia, donde la gracia reina, así como lo que la gracia provee; y
en este capítulo nos esforzaremos en mostrar:
Como la Gracia salva
Antes de enfocar esta
cuestión estableceremos algunos principios para razonar:
-
La salvación por gracia
destruye toda posibilidad de jactancia.
Ningún hombre sostiene la
verdadera gracia cuando se jacta de alguna cosa que hizo, o alguna
cosa que puede hacer, como la base de su salvación. Si su idea de la
salvación le permite alguna jactancia, entonces usted puede estar
seguro que es una idea errónea. Ningún hombre puede jamás jactarse de
su arrepentimiento o de su fe; porque estos son dones de la gracia de
Dios. Vea Hech. 5:31; 11:38; 11:17; 1Cor. 3:5; Ef. 1:19; 1Jn. 5:4
Todos nuestros dones son fruto del Espíritu (Gál. 5:22-23).
-
Salvación por gracia
significa que Dios es quien recibe toda la alabanza por nuestra
salvación. El
Padre es digno de toda la alabanza por proveer un Salvador; el
Hijo es digno de toda la alabanza por realizar la obra de
salvación; y el Espíritu es digno de toda la alabanza por impulsar
y aplicar la salvación en nosotros, a través de convencernos de
pecado y trayéndonos a la fe en el Señor Jesucristo.
-
La salvación por gracia no
concede una licencia para pecar.
Hay dos peligros
concernientes a la gracia: Uno es el peligro de frustrarla; el otro es
el peligro de abusar de ella. Por un lado, frustramos la gracia cuando
enseñamos que la justificación nos viene por guardar la ley. "No
desecho la gracia de Dios: porque si por la ley fuese la justicia,
entonces por demás murió Cristo" (Gálatas 2:21). Y por otro,
abusamos de la gracia cuando la usamos para justificar una vida de
pecado. Uno es el peligro del Arminianismo y el otro es el peligro del
antinomianismo. Uno pone la gracia fuera del camino, el otro usa la
gracia equivocadamente.
Aquel que justifica sus pecados en base a la idea de que no está bajo
la ley, sino bajo de la gracia, no tiene la gracia de Dios en él. Los
hijos de la gracia aborrecen el pecado y se esfuerzan en contra de él,
y cuando fallan en ello, confiesan su falta y le dan la espalda. El
pecado no es el hábito ni la práctica de sus vidas. No hay pecado que
él abrace en su pecho y lleve a la gloria juntamente con él. No hay un
pecado que le parezca como un dulce bocado debajo de su lengua. Los
hijos de la gracia tampoco se jactan de mantenerse apartados del
pecado, ni se justifican a sí mismos cuando caen en el pecado.
Acercándonos a nuestra
cuestión de: ¿Cómo la gracia salva? Lo veremos primero en un
sentido negativo:
-
La gracia de Dios no nos
salva a través de capacitarnos para guardar en forma perfecta la ley
de Dios. A
juicio de muchos, ésta es la manera en que ellos piensan que la gracia
salva. Ellos confiesan que ningún hombre por sí mismo es capaz de
guardar la ley de Dios, pero que la gracia le capacita para guardarla
y de este modo la gracia le salva. Para ser lógicos y consistentes, y
tener algún lugar para la gracia en su plan de salvación, éste debe
ser el pensamiento de todos que creen en la salvación a través de
guardar la ley. Ahora, tenemos que admitir que si Dios erradicara todo
vestigio de pecado de nuestra naturaleza pecaminosa, y causara que
viviéramos sin pecado, esto sería gracia, puesto que sería un favor
inmerecido de parte de Dios. Sería gracia porque sería hecho por
nosotros algo que nosotros no merecemos. Pero, esta no es la manera en
que la gracia salva, y debemos expresar nuestras objeciones a esto:
1)
Esto no sería gracia en realidad pues no satisface la justicia
por los pecados ya cometidos. Dios es justo tanto como lleno de gracia,
pero la gracia nunca actúa en contra de la justicia. Entonces, aunque el
pecador abandonara el pecado, la justicia le condenaría por los pecados
cometidos en el pasado.
2) Esto
no sería gracia pues robaría a Cristo una parte en nuestra salvación. Si
la gracia salva a través de hacernos impecables en carácter y conducta,
entonces la salvación sería por gracia, pero separada de nuestro Señor
Jesucristo, porque "...si por la ley fuese la justicia, entonces por
demás murió Cristo" (Gálatas 2:21). (Nota del Traductor: El
autor no está negando que la gracia de Dios transforme el carácter y la
conducta de los creyentes, más bien se refiere al hecho de que; no son
las obras y frutos de la gracia en nuestra vida lo que nos salva, sino
la obra de Cristo).
3) Si
la gracia salvara a través de capacitarnos para guardar la ley de Dios,
entonces el Espíritu Santo sería nuestro salvador, más que Cristo. El
Espíritu Santo es el administrador de la gracia interna; es por Su poder
que nosotros adoramos y servimos a Dios. El Espíritu Santo a través de
la Palabra, nos muestra al Salvador y lo hace precioso para nosotros; no
obstante lo anterior, el Espíritu Santo no es el Salvador. En el anuncio
del nacimiento del Salvador, el ángel dijo: "...y llamarás su nombre
Jesús, porque él salvará á su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21).
4) En
el nuevo nacimiento la naturaleza pecaminosa no es erradicada, sino que
es implantada una naturaleza nueva. En la salvación el hombre
experimenta una guerra entre dos naturalezas en conflicto; "Porque la
carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas
cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisieres"
(Gálatas 5:17). Y Pablo dice: "Porque no hago el bien que quiero; mas el
mal que no quiero, éste hago" (Romanos 7:19). Y este es el testimonio de
cada verdadero hijo de Dios, que: "Si dijéremos que no tenemos
pecado, nos engañamos á nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros"
(1 Juan 1:8).
-
La gracia no salva a través
de pasar por alto nuestros pecados.
Si Dios no tomara en cuenta
nuestros pecados, eso sería en realidad gracia, pero sería un tipo de
gracia que le haría abdicar de su trono en favor de Sus enemigos.
Nuestros pecados merecen un castigo, pero si Dios los pasa por alto y
nunca los castiga, esto sería ciertamente gracia, puesto que sería un
favor inmerecido de Dios. Pero, por las siguientes razones, ésta no es
la manera en que la gracia salva:
1) Esta
no es la manera en que la gracia salva debido a que sería a expensas de
la justicia. No puede haber un sacrificio de la justicia en la
salvación. El pecado debe y será castigado. Si Dios pasara por alto el
pecado, El mostraría gracia, pero al mismo tiempo sería injusto.
2) Esta
no es la manera en que la gracia salva pues no habría sido necesario que
Cristo viniera a la tierra y muriera en la cruz. Hay perdón en Dios,
pero este perdón se basa en la satisfacción de su justicia. Es decir, la
gracia salva a través de satisfacer la justicia. "En el cual tenemos
redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su
gracia" (Efesios 1:7).
3) Esta
no es la manera en que la gracia salva porque causaría que los hombres
admiraran un atributo de Dios en menosprecio de otra de sus
perfecciones. Si la gracia salvara aparte de la satisfacción de la
justicia Divina, el pecador naturalmente admiraría la gracia de Dios, y
al mismo tiempo menospreciaría Su justicia. Al tratar con los pecadores
en una manera tal, Dios estaría poniendo un premio sobre el pecado. No
pensaríamos bien de un juez humano que pasara por alto los crímenes de
los hombres y los dejara en libertad. Tal tipo de juez sería
menospreciado y depuesto de su lugar. Tal forma de proceder sería una
invitación para que todo mundo cometiera todos los crímenes que le
agradaran, puesto que estos serían pasados por alto y ningún daño le
vendría al criminal. ¿Cómo podría gustarle, estimado lector, vivir en un
país donde se hiciera esto?
-
La gracia no salva a través
de darnos ordenanzas para guardar.
Las ordenanzas o ceremonias
del Señor son para todos aquellos que ya han sido salvos. Estas
ordenanzas son declarativas y simbólicas; no meritorias y
sacramentales. Estas ordenanzas son para los creyentes, no para el
mundo. Las más terribles herejías han surgido debido a un falso
concepto de las ordenanzas. Millones de hombres perdieron sus vidas
debido a que no estuvieron de acuerdo con estos falsos conceptos. A
continuación cito de un artículo sobre "Los sacramentos" tomado de The
Roman Catholic Mass Book ("El Libro Católico Romano Sobre La Misa"),
publicado por The Paulist Press, New York City:
"Los sacramentos son los medios ordinarios por los cuales la gracia de
Dios es traída a un alma. Dependemos de la gracia de Dios no solo para
alcanzar el cielo después de la muerte, sino para guiarnos a una vida
que agrade a Dios aquí en la tierra. Lo que los vientos son para un
velero, así es la gracia para nuestras almas". "Los sacramentos son
siete diferentes maneras por las cuales gracias especiales son
aplicadas a nuestras almas. Ellos son todos instituidos por Cristo.
Por su muerte en la cruz, nuestro Bendito Señor creó una gran reserva
de gracia. De este depósito fluyen siete canales, cada uno lleva
gracia de una calidad especial, y cuando necesitamos una clase
particular de ayuda divina, entonces acudimos al sacramento que nos la
provee. El Bautismo regenera el alma y nos hace hijos de Dios. El
Bautismo tiene el efecto de lavar el pecado con el cual nacimos, así
como cualquier otro pecado que hayamos cometido. La Confirmación
fortalece el alma y también la capacita para pelear valientemente. La
Santa Eucaristía, siendo Cristo mismo, el pan de vida, es la comida y
el nutrimento de nuestras almas. La Penitencia nos trae el perdón de
Dios. La Extrema Unción nos concede la gracia para morir bien. Las
Ordenes Santas colocan a los hombres en el digno servicio de Dios y le
dan fortaleza para perseverar. El matrimonio concede la gracia al
esposo y a la esposa para amarse entre ellos, y para traer a sus hijos
a la gracia y al conocimiento de Dios. Durante toda nuestra vida en
esta tierra, los sacramentos proveen nutrimento espiritual sin el cual
es imposible para nosotros, merecer la felicidad y la gloria que Dios
ha preparado para nosotros en el cielo".
¡Qué extraña mezcla de verdad y error! ¡Qué frustración de la
verdadera gracia de Dios! ¡Qué horrorosa deformación de la gracia de
Dios! ¡Qué parodia de la verdad! El artículo habla de una gracia que
le permite a uno "merecer la felicidad y la gloria" del cielo. Ser
digno de algo es lo mismo que ser merecedor de ello, significa que
algo se nos debe; y lo que es reconocido como una deuda, entonces ya
no es gracia. "Empero al que obra, no se le cuenta el salario por
merced, sino por deuda" (Romanos 4:4). La Biblia dice que la
salvación es por fe para que sea por gracia (vea Rom. 4:16). Y también
dice que "por gracia sois salvos por la fe" (Efesios 2:8), y este
artículo ni siquiera tiene en su contenido la palabra fe.
Ahora intentaremos dar una
respuesta positiva a nuestra cuestión: ¿Cómo la gracia salva?
¿Cuál es el "modus operandi" de la gracia? ¿Qué es lo que la gracia hace
en la salvación?
1. La
gracia nos salva de la culpa y el castigo del pecado colocándolos en
Cristo. La gracia
salva a través de castigar a Cristo en lugar del pecador. Cristo quitó
la culpa de nuestros pecados a través del sacrificio de sí mismo (Heb.
9:26). El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero
(1Pe. 2:24). El murió como el Justo por los injustos, para así traerlos
a Dios, esto es , a Su favor. (1Pe. 3:18).
La justicia dice que mis pecados deben ser castigados, y que han sido
castigados en mi Fiador, el Señor Jesucristo, el Fiador de un mejor
pacto (Heb. 9:22). Fue en su gracia incomparable que el Señor Jesucristo
liquidó la deuda de nuestros pecados, y solo El tendrá toda la alabanza.
"Nuestros pecados, nuestra culpa, en divino amor
confesados y llevados por tí;
La amargura, la maldición, la ira fueron tuyas,
para librar a los tuyos".
"Gracia", clamaba C.H. Spurgeon, "es todo por nada; Cristo
gratuitamente, el perdón
gratuito, el cielo gratuito".
La gracia
nos salva del amor del pecado y de un entendimiento entenebrecido.
Esta puede
ser llamada salvación interna, y es la obra del Espíritu Santo en
nosotros. En esta obra, el Espíritu Santo abre los ojos ciegos del alma
para que vean la verdad del evangelio. Pablo dijo que su evangelio
estaba oculto para los que se pierden, debido a que sus mentes estaban
cegadas (2Cor. 4:4). La muerte de Cristo no aprovecha al hombre que vive
y muere sin fe en El. Y todos los hombres viviríamos así, si el Espíritu
Santo no nos hubiera dado, por su obra, la luz y la vida espiritual. Las
verdades espirituales le parecen locura al hombre natural, aunque la
persona sea un profesor universitario, y nadie, solo el Espíritu Santo
puede hacer a un hombre espiritual.
Por naturaleza y por adiestramiento, Saulo de Tarso era un
perseguidor de la iglesia, un fariseo orgulloso de su propia justicia,
pero la gracia forjó en él, el don del arrepentimiento y la fe. Fue la
gracia quien le hizo enfermarse de sí mismo y enamorarse de Cristo. El
había estado dependiendo para su salvación de sus ancestros hebreos, del
rito de la circuncisión, de su ortodoxia como fariseo, de su celo como
un patriota perseguidor y de su propia justicia según la ley; pero
cuando la gracia le reveló a Cristo en toda su dignidad, entonces el
tuvo todas estas cosas como estiércol, regocijándose tan solo en la
justicia que es por la fe en Cristo (vea Fil. 3:1-9).
La conversión es la obra del Espíritu Santo, y su obra en nosotros
significa tanta gracia, como lo fue la obra de Cristo por nosotros en la
cruz. Cristo forjó para nosotros en la cruz la liquidación de la deuda
de nuestros pecados; el Espíritu Santo forjó en nosotros la convicción
de pecado, y la fe en la sangre de Cristo como el solo y único remedio
contra el pecado. "Gracia", citando nuevamente a C. H. Spurgeon, "es la
estrella matutina y vespertina de nuestra experiencia. La gracia nos
puso en el camino, nos ayuda en el camino, y nos lleva durante todo el
camino". |