La Doctrina de Dios

Porque por gracia sois salvos

Búsqueda personalizada
Diccionario bíblico

Página Principal
Doctrina de Dios
Regresar al Listado de la Doctrina de Dios
Locations of visitors to this page


Capitulo XVI

La misericordia de Dios

 

"De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece"(Romanos 9:18). No es la meta del autor hacer un tratamiento exhaustivo de este texto, sino más bien, describir de una manera muy general el atributo divino de la misericordia. El texto hace evidente sin embargo, que la misericordia de Dios no es universal; el texto declara que Dios es soberano en otorgar su misericordia; el texto afirma que Dios considera su propio beneplácito para con respecto a los objetos de su misericordia. Esto no significa sin embargo, que la misericordia será negada a cualquier pecador que venga a Cristo Jesús. Esto no puede ser porque Cristo ha dicho: "y al que á mí viene, no le hecho fuera" (Juan 6:37). Todo pecador que crea en el Señor Jesucristo encontrará misericordia con Dios, y "quienquiera" podrá venir.

Debemos observar que el texto pone el ejercicio de la misericordia en oposición al endurecimiento, como actos divinos. Nos ayudará por lo tanto en la comprensión de una acción, si podemos comprender la acción opuesta. Sea lo que fuere que Dios haga endureciendo a un pecador; El hace lo opuesto al ejercer su misericordia. Observe también que el contexto habla de "vasos de ira" y "vasos de misericordia".

 

El endurecimiento de los pecadores

 

En el endurecimiento de los pecadores, Dios no pone ningún principio pecaminoso en ellos; esto le haría a El, el autor del pecado. El principio pecaminoso ya está allí; nosotros somos hijos de ira por naturaleza (vea Ef. 2:3). Entonces, en el endurecimiento de los pecadores, Dios les deja actuar de acuerdo con sus propios deseos pecaminosos, tan solo controlándoles para que sus deseos pecaminosos no produzcan aquellas acciones particulares, que pudieran afectar el propósito de Dios. Veamos una ilustración: En la muerte de Cristo, sus asesinos actuaron de acuerdo a sus propios deseos pecaminosos, no obstante estaban controlados por Dios, para que sus actos fueran el cumplimiento de Su palabra profética y la realización de Su eterno propósito. Esto explica porque ellos repartieron sus vestidos y echaron suertes sobre su ropa, y el que le hayan dado a beber vinagre mezclado con hiel. Esto también explica porque no fueron rotos sus huesos, y porque su costado fue penetrado. Dios estaba en control de todos aquellos que llevaron a Su Hijo a la muerte, así que ellos hicieron las cosas específicas que los profetas habían predicho. (Lea Jn. 19:33-36; Sal. 22:18; 69:21; Mat. 27:35).

En Hechos 14:16 leemos que Dios soportó (permitió) que todas las naciones caminaran en sus propios caminos, lo cual significa que El les dejó a sus propias voluntades depravadas. Entonces, mostrar misericordia es totalmente lo opuesto a dejar que los pecadores actúen bajo sus propias naturalezas pecaminosas. Significa poner algo bueno en ellos, una disposición santa y un principio bondadoso, por cual ellos se arrepientan de sus pecados y crean en Cristo. Mostrar misericordia a todos aquellos que vienen a Cristo y suplican por Su sangre es misericordia objetiva; obrar en nosotros tanto el querer como el hacer (Fil. 2:13) es misericordia subjetiva. Y este es el sentido en el cual se usa en nuestro texto en Romanos 9:18.

En Efesios 2:3-5 se nos dice que: "Eramos por naturaleza hijos de ira, ... Empero Dios, que es rico en misericordia,... nos dio vida juntamente con Cristo". Y en Tito 3:5 leemos que: "No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo". Fue en su misericordia que Cristo murió por nosotros, y fue también por misericordia que el Espíritu Santo iluminó nuestro entenebrecido y pecaminoso entendimiento.

 

La humildad contra el orgullo

 

La contemplación de la misericordia de Dios llena las almas de los redimidos con humildad y alabanza, dos virtudes de gran valor ante los ojos de Dios. Y cualquier cosa que Dios valora, esto debería ser buscado por nosotros. Si Dios odia el orgullo, Entonces, yo debería buscar ser humilde. Si Dios se agrada con un espíritu de gratitud, entonces yo debería buscar ser de un espíritu agradecido. Es natural buscar todas aquellas cosas que son apreciadas por los hombres; pero es sobrenatural buscar aquellas cosas que Dios aprueba. El mundo admira el orgullo y el espíritu autosuficiente, y por lo tanto, es por ello que a los hombres les gusta Napoleón y otros hombres de guerra, quienes son héroes del mundo. Pero es el espíritu manso y apacible lo que es de gran estimación a los ojos de Dios (vea 1Pe. 3:4). Y no hay nada que nos hará más humildes y agradecidos que la contemplación de la misericordia divina. La misericordia nos recuerda acerca de nuestra condición miserable como hijos de ira. La misericordia explica nuestra salvación: Sin la misericordia seríamos consumidos por la ira de la justicia divina.

 

La misericordia definida

 

El diccionario Webster define misericordia como el trato compasivo hacia un enemigo. Robert Haldane dice que misericordia es aquella adorable perfección en Dios por la cual El se compadece y socorre al miserable. Los hombres se encuentran en una condición miserable debido a que están en rebelión contra Dios y merecen ser castigados. La misericordia implica que el pecador no tiene nada que decir en su propia defensa. Comprendemos el significado de misericordia cuando el acusado mismo se entrega a la misericordia de la corte. Esto significa que él es culpable y que no tiene ningún mérito que anteponer en su defensa delante de la corte. Y esta es exactamente la condición de todo hombre, de cada uno de nosotros, delante del tribunal de la justicia divina. La misericordia es nuestra única esperanza. Podemos pedir justicia delante de nuestros semejantes, pero pedir justicia ante Dios (es decir, La misericordia de Dios es descrita de diversas maneras. Se dice que su misericordia es muy grande. Y Salomón dijo: "Tú hiciste gran misericordia á tu siervo David mi padre, según que él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo: y tú le has guardado esta tu grande misericordia, que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día" (1 Reyes 3:6). Se dice que es abundante y copiosa; "porque tú, oh Señor, eres bueno y perdonador, y grande (abundante en la versión en inglés VKJ) en misericordia para con todos los que te invocan" (Sal. 86:5 y 1Pe. 1:3)). Y se afirma que es tierna y cariñosa, "Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó de lo alto el Oriente" (Lucas 1:78) y también que es muy rica y eterna. "Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó" (Efesios 2:4). "Mas la misericordia de Jehová desde el siglo y hasta el siglo sobre los que le temen, Y su justicia sobre los hijos de los hijos" (Salmos 103:17). Es muy confortable para nosotros pobres pecadores, saber que Dios es muy rico y abundante, en todas aquellas cosas que nosotros necesitamos grandemente como pecadores. No es extraño que el salmista diga: "Yo empero cantaré tu fortaleza, Y loaré de mañana tu misericordia" (Salmos 59:16).

 

Distinciones en la misericordia

 

1.      La misericordia y la gracia tienen mucho en común, sin embargo hay unas pequeñas diferencias entre ellas. La gracia contempla al hombre sin merecimientos. La misericordia le contempla como un miserable. La gracia puede ser ejercida donde no hay pecado; pero la misericordia puede ser mostrada solo a los pecadores. Esta distinción se ve en el trato divino con los ángeles que no cayeron. Es decir, Dios nunca ha ejercido ninguna misericordia hacia ellos, porque ellos nunca han pecado, y no están por lo tanto, en una condición miserable. No obstante, ellos han sido los objetos de su gracia. Fue por su gracia que Dios escogió a algunos de ellos de entre toda la raza angélica (1Tim. 5:21). Fue por gracia que Dios hizo a Cristo la cabeza de ellos (Col. 2:10; 1Pe. 3:22). Y fue por Su gracia que El les dio una honorable comisión (Heb. 1:14). Dios ha tratado con los ángeles santos de acuerdo a Su gracia, porque ellos no han merecido Sus favores. Y si los ángeles santos no pueden merecer sus favores, ¿Qué esperanza hay de que los hombres pecaminosos puedan merecerlo?

2.      La misericordia y el amor son distinguidas en las Escrituras. El amor puede ser por un igual; la misericordia solo puede existir para un inferior. La misericordia no va más allá de dar socorro de la miseria; el amor electivo llega hasta la adopción de hijos. La misericordia puede causar que un rey perdone a un traidor; pero se requeriría amor para que el rey hiciera del traidor su hijo adoptivo.

3.      Hay también una distinción que debe ser hecha entre la misericordia y la paciencia. Hay una misericordia general de Dios la cual es muy cercana o casi como paciencia. Esta misericordia es temporal y está sobre todas sus obras (vea Sal. 145:9). Esta misericordia general pertenece a Su naturaleza esencial, por la cual El suple las necesidades de toda Su creación; haciendo que el sol salga sobre buenos y malos, y enviando lluvias sobre los justos y sobre los injustos (vea Mat. 5:45). En contraste, Su pacto de misericordia es ejercido soberanamente a través de Cristo y es para siempre.

 

LA MISERICORDIA DEMOSTRADA

 

  1. La misericordia de Dios se demuestra en el don de Su Hijo para morir por los pecadores. Fue por la misericordia de Dios que la aurora desde lo alto nos ha visitado (vea Luc. 1:78). No fue justicia sino por misericordia que envió a Cristo para redimirnos de la maldición de la ley. Cristo no nos trajo la misericordia de Dios; fue la misericordia de Dios la que nos trajo a Cristo. Cristo es el canal de la misericordia, pero no la causa de ella. La muerte de Cristo hizo posible para Dios otorgar justamente las misericordias del pacto a su pueblo, habiendo sido satisfecha completamente su justicia por Cristo, el Fiador. La misericordia proviene de Dios, pero nos viene solamente a través de Cristo Jesús.

  2. La misericordia de Dios es también vista en la regeneración de los pecadores. Hacernos vivir cuando estábamos muertos en pecados fue verdaderamente un acto de misericordia, como lo fue el don de Cristo para morir por nosotros. En Ef. 2:1-3 el apóstol Pablo describe al pecador como caminando de acuerdo a la corriente de este mundo, de acuerdo al príncipe de la potestad del aire, dirigido por el espíritu que obra en los hijos de desobediencia, siendo por naturaleza hijos de ira. Y entonces dice: "Empero Dios, que es rico en misericordia, por (debido a) su mucho amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo" (Ef. 2:4-5). Esto no describe al pecador haciendo algo para causar que Dios le regenerara, sino que es una descripción de la misericordia triunfando sobre la depravación humana. Y en Tito 3:5 se nos dice que no fue por obras de justicia que nosotros hayamos hecho, sino de acuerdo a su misericordia El nos salvó, por el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo. Y Pedro nos dice que fue de acuerdo a su abundante misericordia que nos engendró de nuevo para una esperanza viva (vea 1Pe. 1:3). Como pecadores, nosotros no hemos hecho más para merecer el nuevo nacimiento de lo que hicimos para merecer la muerte de Cristo (es decir, el don de Cristo como nuestro sustituto).
    Tenemos un ejemplo concreto de la misericordia de Dios en la regeneración de Saulo de Tarso. El atribuyó su conversión a la misericordia de Dios. El nos dice que fue blasfemo, perseguidor e injuriador; "mas fui recibido a misericordia", dice que "debido a que lo hice por ignorancia, en incredulidad" (1Tim. 1:13). Esto no significa que la ignorancia y la incredulidad fueran la base de la misericordia, sino la evidencia de que su salvación fue un acto de misericordia. La ignorancia y la incredulidad no pueden merecer la salvación, por lo tanto, la conversión de Saulo fue un acto de misericordia. Pablo era "el primero" de los pecadores, sin embargo él obtuvo misericordia. No hay un pecador demasiado malo que la misericordia no pueda salvar.
    Aquí está la obligación de los santos: En el hecho de que debemos la salvación a la misericordia de Dios en Cristo. Ningún hombre puede apreciar verdaderamente la misericordia de Dios cuando siente que él merece la salvación. Merecer misericordia es una contradicción de términos. ¡En humildad y alabanza atribuyamos nuestra salvación a la misericordia de Dios!
    La misericordia de Dios es una base adecuada para una apelación del pastor a su pueblo. "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, que es vuestro racional culto" (Romanos 12:1). El orden de la epístola de romanos es pecado, miseria, misericordia, y servicio agradecido. Los primeros capítulos son una fiel descripción de la pecaminosa y miserable condición de los pecadores; la siguiente sección está dedicada a las grandes doctrinas de la gracia, las cuales Pablo llama "las misericordias de Dios", y los capítulos finales nos dan una exhortación a la vida cristiana práctica, basada en la misericordia de Dios. El pastor no es un hombre con una gran vara, él es un hombre de Dios con un gran libro y por ello con una poderosa exhortación.
    El Salmo 136 es una triple exhortación al agradecimiento por la misericordia de Dios. Desde la perspectiva de Dios, el castigo de los malvados es un acto de justicia. Desde la perspectiva de los pecadores es un acto de equidad; ellos reciben lo que merecen. Pero desde el punto de vista de los redimidos, el castigo de los malvados es un acto de misericordia. Les fue dicho a los redimidos israelitas que dieran gracias, "Al que hirió á Egipto en sus primogénitos, porque para siempre es su misericordia" (Salmos 136:10).

 

El Propiciatorio

 

El propiciatorio del Antiguo Pacto y el propiciatorio del Nuevo Testamento son completamente distintos, y no debemos estar confundidos al respecto. El uno es un tipo, el otro es el anti-tipo. Bajo la ley ceremonial el propiciatorio estaba tapando o cubriendo el arca del pacto (vea Heb. 9:5). Este propiciatorio era el lugar de reunión entre Dios e Israel. Sin esta provisión de misericordia, Su presencia entre ellos habría sido su condenación; ellos habrían sido consumidos por Su ira santa. En el propiciatorio, Dios les mostraba misericordia y les dejaba vivir debido a que Su justicia había encontrado satisfacción en la muerte de su ofrenda por el pecado; a saber, el cordero sobre cuya cabeza sus pecados habían sido confesados y de este modo transferidos del pecador al cordero. De este modo el cordero hecho responsable por sus pecados tenía que morir. La sangre del cordero sobre el propiciatorio, era la base para la paz entre un pueblo pecador y un Dios santo. Ahora, esta sangre de toros y de machos cabríos no podía quitar el pecado excepto en un sentido típico y ceremonial, y tan solo por un año. Su valor estaba apuntando hacia un mejor sacrificio, hacia el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29).

El propiciatorio del Nuevo Testamento no es un lugar sino una persona, el Señor Jesucristo. No hay un lugar hacia el cual el pecador pueda huir para escaparse de la justicia de Dios. Los hombres pueden huir hacia otros países para escapar del juicio de los tribunales humanos, pero no hay fugitivos de la justicia divina. Dios tiene jurisdicción en todos los países, porque El es el Juez de toda la tierra. No hay lugares sagrados de misericordia sobre esta tierra. La salvación no es un asunto de geografía. Si alguien pudiera encontrar la misma tumba donde Jesús fue sepultado, y se ocultara en ella con la esperanza de misericordia, aún allí la persecución de la justicia divina le encontraría y le castigaría. Un pecador pudiera arrodillarse a los pies de la misma cruz de madera donde Jesús murió, y aún así no encontrar misericordia para con Dios.

El Señor Jesucristo es el verdadero propiciatorio y los pecadores deben huir hacia El para hallar misericordia. La misma palabra que describe el propiciatorio en el Antiguo Testamento, es aplicada a Cristo en Rom. 3:25: "Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre" (Romanos 3:25). La palabra significa aquello que satisfizo o apaciguó la ira de Dios. Cristo hizo satisfacción a través de sufrir la ira de Dios en la cruz. La ira que nosotros debíamos haber recibido cayó sobre El. Por lo tanto, el propiciatorio es Cristo en Su muerte expiatoria. Es decir, El no podría permanecer en la gloria y ser nuestra propiciación; El no podría ser nuestra propiciación en su infancia o como un hombre que anduvo haciendo bienes. Su muerte vicaria era  una necesidad absoluta. El estaba hablando de sí mismo cuando dijo: "De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva" (Juan 12:24).

No hay un acercamiento físico a Cristo, la verdadera propiciación. Es un acercamiento del alma, del corazón y de la mente. Si el propiciatorio fuera un objeto material como un sillón de madera, o de piedra o de oro, entonces el acercamiento sería físico. Venimos a Cristo, el verdadero propiciatorio, cuando miramos a El y confiamos en El para ser aceptados por Dios.

Me temo que muchas personas estén esperando en la misericordia general de Dios aparte de Cristo. Ellos piensan que un Dios misericordioso no enviará a nadie al infierno. Esta fue una vez la mejor esperanza que el propio autor tenía, pero llegué a darme cuenta que era un esperanza vana. Una vez un ministro visitó a un hombre enfermo y buscó interesarle en Cristo. Pero el hombre permanecía indiferente, diciéndole al ministro que él no tenía temor, que él estaba dependiendo de la misericordia de Dios y no creía que un Dios así le enviaría al infierno. Con el corazón entristecido el predicador le dejó. Pero unos pocos días más tarde el mismo hombre enfermo envió por el ministro quien, cuando vino, encontró al hombre grandemente perturbado. El hombre enfermo dijo: "He estado dependiendo de la misericordia de Dios, pero he pensado que Dios es tanto justo como misericordioso, y si El debe tratar conmigo en justicia en lugar de mostrarme misericordia, seguramente que yo sería condenado por mis pecados. ¡Oh por favor dígame! ¿Cómo puedo estar seguro de que El tratará conmigo en misericordia?" Entonces el ministro le habló de Cristo como el único y solo propiciatorio, el único y solo camino de misericordia. Todos los que fallan en confiar en el Señor Jesucristo serán tratados en conformidad a la justicia divina; ellos recibirán lo que merecen como rebeldes en contra de Dios; porque Dios fuera de Cristo, es un fuego consumidor.

"Repetidos crímenes despiertan nuestros temores
y la justicia armada con un gesto ceñudo, aparece;
Pero en el adorable rostro del Salvador
la dulce misericordia sonríe, y todo es paz".

Este sitio está siendo desarrollado por:

Martha Iñiguez Moreno
Por favor, haga llegar cualquier comentario sobre el mismo a:

lady59cat@yahoo.com.mx


Ladycat