|
Capitulo XIX
El amor de Dios
Henry Drummond dice que el
amor es lo más grande del mundo. Y desde nuestro punto de vista, el amor
es lo más grande en Dios. Sin amor Su justicia nos cortaría; Su
santidad nos echaría fuera de su vista; y Su poder nos destruiría. El
amor es la única esperanza de los pecadores, y nuestra mayor
preocupación debería ser descubrir el amor de Dios hacia nosotros.
Con respecto a Su naturaleza
moral, Dios dice ser dos cosas: Luz y amor. "Dios es luz" (1Jn. 1:5). En
las Escrituras, "las tinieblas" representan una posición de pecado e
ignorancia, y "la luz" es un símbolo de santidad y entendimiento. "Dios
es amor" (1Jn. 4:8). La luz y el amor están perfectamente balanceadas en
la naturaleza divina. Debido a que Dios es luz, Su amor no es una
simpática debilidad o una bondadosa naturaleza indulgente. Debido a que
Dios es luz, Su amor es un amor santo, y no un mero sentimentalismo
enfermizo. El amor de Dios nunca está en conflicto con Su santidad.
Debido a que Dios es luz, El nunca pasa por alto el pecado, aún en su
propio pueblo, "Porque el Señor al que ama castiga, Y azota á cualquiera
que recibe por hijo" (Hebreos 12:6).
El amor de Dios puede ser
definido como; aquel eterno principio de su naturaleza por el cual es
movido a otorgar bendiciones espirituales y eternas. El amor es la causa
móvil de todos Sus actos de misericordia y gracia. El amor es la
garantía de que todas las cosas obran conjuntamente para el bien último
de Su pueblo; Su amor es la base de todas sus actividades redentoras.
Características del amor
de Dios
-
El amor de Dios es eterno.
"Jehová me ha
aparecido desde hace mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he
amado; por tanto, te he prolongado mi misericordia"
(Jeremías 31:3, RVA). Aquí
tenemos explicada la atracción secreta del pecador hacia Dios. El los
atrae porque El los ama. "Bienaventurado el hombre que tú escoges y
haces que se acerque a ti" (Salmos 65:4, RVA). El amor que nos
compró, también nos buscó y nos trajo hacia el lugar seguro, hacia el
propiciatorio, Jesucristo. Nunca hubo un tiempo en el que Dios no amó
a su pueblo, y nunca habrá un tiempo cuando El no los amará. El nos
amaba igualmente, tanto antes de que fuéramos salvados, como desde que
fuimos salvos; "porque siendo aún pecadores, Cristo murió por
nosotros" (Romanos 5:8).
-
El amor de Dios es
inmutable. Dios
no cambia y por lo tanto, no puede haber cambio en su amor. "Como
había amado á los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin"
(Juan 13:1). El amor de Dios por su pueblo no tiene principio, y
bendito sea Dios, tampoco tendrá final. Su amor es como El mismo,
desde la eternidad y hasta la eternidad. El gran argumento de Pablo
acerca de la seguridad de los creyentes se basa en el hecho de que,
nada puede separarnos del amor de Dios. Ninguna cosa de la tumba de
nuestro pasado, ninguno de los peligros presentes, ni del futuro o lo
porvenir. El amor de Dios no está sujeto a vicisitudes. "Su amor no
termina ni conocemos su medida, ningún cambio puede volver su curso,
eternamente siempre fluye desde una fuente eternal".
-
El amor de Dios es
soberano. Esto
es evidente de por sí. Dios en sí mismo es un soberano, que consulta
su propio placer imperial, y que obra todas las cosas de acuerdo al
consejo de su propia voluntad. De esto necesariamente se sigue que su
amor es soberano. El solo selecciona los objetos de Su amor. Si El ama
a Jacob y aborrece a Esaú, ¿Quién le criticará? Si El ama a criaturas
caídas de la raza humana y aborrece a los ángeles caídos, ¿Quién puede
disputar Su derecho de hacerlo así? Si es cierto que "del que quiere
tiene misericordia; y al que quiere, endurece" (Romanos 9:18),
"¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al
que le labró ¿Por qué me has hecho tal?" (Romanos 9:20).
No hay nada en los pecadores que mueva a Dios a amarles; nadie puede
reclamar el derecho al amor de Dios; Su amor es libre y soberano. ¿Qué
hubo en este miserable pecador para atraer el corazón de Dios?
¡Absolutamente nada! Por otro lado, había todo para merecer su
rechazo; mucho por lo cual El pudiera haberme aborrecido.
"¿Qué hubo en mí para merecer estima, o para que El creador se
deleitara en mí? Así pues Padre, Yo siempre debo cantar, porque así
agrado a tus ojos".
-
El amor de Dios es eficaz.
Esto resulta
obvio, porque es el amor del Todopoderoso. Esto significa algo, sí,
significa todo, el ser amado por Dios. Frecuentemente somos amados por
aquellos que son incapaces de ayudarnos. Ellos carecen de poder para
hacer por nosotros, lo que les gustaría hacer. Su amor es incapaz
debido a que carecen de poder para hacer que su amor sea eficaz. Darío
amaba a Daniel pero fue incapaz de salvarlo (Dan. 6). Pero nosotros
somos amados por el Todopoderoso, para quien nada es difícil o
imposible. Los objetos del amor de Dios están seguros eternamente.
Aquel que puede estar seguro de que Dios le ama, también tiene
asegurado un hogar en el cielo.
Veamos ahora una pregunta muy importante: ¿Cómo puedo yo saber que
Dios me ama? ¿Cómo puedo estar seguro de que todas las cosas obran
para mi bien? Asegurándome de que yo amo a Dios. Mi amor por Dios es
una evidencia interna de Su amor por mí. "Nosotros le amamos á él,
porque él nos amó primero" (1 Juan 4:19). Su amor por nosotros
creó nuestro amor hacia El. "El amor es de Dios. Cualquiera que
ama, es nacido (el griego: ha nacido) de Dios, y conoce á Dios" (1
Juan 4:7).
Manifestaciones del amor
de Dios
Dios es amor y El manifiesta
lo que El es. No hay atributos ociosos en Dios. No hay tal cosa como un
amor secreto. El amor brotará, si es el amor de Dios o es el amor de
hombre. El amor es activo, es un principio de vida que está obrando.
-
El amor de Dios a los
pecadores fue manifestado en el don de Su Hijo. El amor da. El
amor da lo mejor. Dios nos amó tanto que dio Su Hijo unigénito. Cristo
amó tanto a la iglesia, que se entregó a sí mismo por ella (Ef. 5:25).
El buen pastor da su vida por las ovejas (Jn. 10:11). Como un judío
típico, Nicodemo pensó que Dios no amaba a nadie excepto a los judíos,
pero nuestro Señor le dijo que; Dios ama a todo el mundo (es decir, a
gentiles tanto como a judíos), de tal manera que dio a Su Hijo
unigénito, para que todo aquel (judío o gentil) que crea en El, no
perezca, más tenga vida eterna. Hasta que fueron mejor enseñados, los
propios apóstoles pensaron que todas las ovejas estaban entre los
judíos, pero el Salvador les corrigió diciéndoles: "Como el Padre
me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también
me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor"
(Juan 10:15-16). Las ovejas entre los judíos estaban en un redil, una
cerca ceremonial que les distinguía de los gentiles. La oveja entre
los gentiles no estaba sujeta a leyes ceremoniales. En la salvación,
las ovejas de entre los judíos, Cristo las condujo fuera del redil
(Judaísmo), y las hizo uno con las ovejas gentiles, para que oyeran su
voz, así que ahora hay un solo rebaño y un Pastor. Todo el pueblo de
Dios son uno en Cristo, porque: "No hay Judío, ni Griego; no hay
siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois
uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28). Esto no enseña que no existan
distintas esferas de servicio, sino significa que todos los salvos
tienen una salvación común.
-
El amor de Dios es
manifestado en el nuevo nacimiento.
Por naturaleza nosotros
somos hijos de ira, por un nacimiento sobrenatural llegamos a ser
hijos de Dios. "No los que son hijos de la carne, éstos son los
hijos de Dios" (Romanos 9:8). Juan dice: "Mirad cuál amor nos
ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios" (1 Juan 3:1).
No solamente somos llamados hijos de Dios, sino que por el nuevo
nacimiento somos hechos hijos de Dios. Somos hechos hijos por un
llamamiento divino; el nuevo nacimiento está conectado con este
llamamiento eficaz.
-
El amor de Dios es
manifestado en la disciplina.
La disciplina es una
expresión y una prueba del amor. "Porque el Señor al que ama
castiga, Y azota á cualquiera que recibe por hijo" (Hebreos 12:6).
Aquí está la evidencia de que ninguno de los hijos de Dios es
perfecto. Todos ellos necesitan la vara de castigo del Padre. La
palabra usada para "castigo" significa entrenar como a un niño, y la
palabra usada para "azotar" significa un castigo, azote o tunda. Los
niños necesitan entrenamiento y castigo, y el amor de Dios nos dará lo
que necesitemos. La corrección proviene de la mano amorosa de un Padre
sabio; la condenación proviene de los labios verdaderos de un Juez
justo. Cuando los santos son tratados por sus pecados, ellos son
castigados por el Señor, para que ellos no sean condenados con el
mundo (1Cor. 11:32). El castigo no es placentero, pero es provechoso;
produce fruto de justicia y nos hace participar de Su santidad (Heb.
12:10-11).
Aspectos varios del amor
de Dios
Algunos teólogos hablan de
varias clases del amor divino, sin embargo, nosotros preferimos pensar
de un principio divino con emociones variables, de acuerdo con el objeto
sobre el cual el amor es otorgado. Nosotros como el Dr. Kerfoot tenemos
que decir sobre este punto:
"Si el objeto amado es
adorable, entonces la emoción es de complacencia. Si el objeto amado es
uno necesitado de bondad o beneficencia, la emoción es de benevolencia.
Si el objeto está en angustia o aflicción, entonces la emoción es de
compasión o piedad. Tal como el principio activo del fuego es el mismo,
cualquiera que pueda ser el carácter del material que sea alcanzado, así
también el principio del amor es el mismo'.
-
Cuando el amor de Dios se
posa sobre sí mismo o sobre criaturas inocentes, este es el amor de
complacencia. Este es el aspecto del amor por Su Hijo, en Quien El
siempre se complace, y en Quien siempre toma deleite. Su amor por los
ángeles santos es igualmente un amor de complacencia y deleite.
-
Cuando el amor de Dios es
hacia los pecadores como objetos de miseria, entonces este es el amor
de compasión o piedad. Los creyentes fuimos por naturaleza hijos de
ira, pero Dios quien es rico en misericordia, debido a su grande amor
por nosotros, nos dio vida juntamente con Cristo (Ef. 2:3-5). En
misericordia Dios vivificó a los muertos espirituales, y esta
maravillosa misericordia es a cuenta de Su grande amor. Su grande amor
por los pecadores fructifica en "abundante misericordia" y "riquezas
de gracia".
Una sucia, borracha y andrajosa ramera aullaba y llenaba el aire con
lenguaje obsceno, estaba siendo arrastrada calle abajo por un policía.
Una mujer refinada y elegantemente vestida bajó de la banqueta a la
calle y besó a esta miserable mujer. Asustada y sobria por el momento,
la vil criatura preguntó sorprendida "¿Porqué hiciste esto?". "Porque
te amo", fue la pronta respuesta. ¿Está usted sorprendido de este
ejemplo de amor? Entonces recuerde que la distancia moral entre Dios y
el pecador, y me refiero a cualquier pecador, es mucho mayor que la
existente entre estas dos mujeres; y aún así Dios se inclina para
darnos el beso de la reconciliación.
"He encontrado un amigo; ¡Oh qué amigo! El me amó antes de
conocerle;
El me atrajo con cuerdas de amor y de este modo me asió a El.
Y alrededor de mi corazón aún cercanamente se enrollan
estas ataduras las cuales nunca puedo cortar;
Porque yo soy Suyo, y El es mío,
por siempre y para siempre".
|