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Capitulo XX
La voluntad de Dios
En todos los seres
inteligentes hay una voluntad; los hombres, los ángeles y Dios tienen
voluntad. En los hombres la voluntad es la facultad de la mente por la
cual es hecha una elección sobre una determinada acción futura. En forma
espontánea (en el ejercicio de su voluntad) un hombre tiene el propósito
de la acción en perspectiva, de lo contrario él sería una mera máquina o
un autómata. Si yo tomo una pistola y disparo a otro hombre, la voluntad
trabajó antes de que la mano disparara; el propósito fue antes que el
acto. Pero si yo fuera sujetado por otro hombre, y se me pusiera una
pistola en mi mano, y otro hombre moviera mi dedo para jalar el gatillo;
este no sería mi acto debido a que no lo hice voluntariamente o no elegí
hacer esto. En tal acción yo no actué como ser responsable, sino como
una mera máquina o instrumento de otro.
En Dios, la voluntad es el
atributo por el cual El determina y ejecuta eventos futuros. Su voluntad
incluye todo lo que pasa, por lo tanto, todo lo que ocurre es
providencial y no accidental y alejado en lo que a Dios concierne. El
hace todas las cosas según el consejo de su propia voluntad (Ef. 1:11).
El pajarillo no cae a tierra sin la voluntad de Dios (vea Mat. 10:29).
El diccionario Webster define
Providencia como un evento divinamente ordenado. Ahora, es bien conocido
que los eventos ocurren en secuencia, esto es, que se relacionan en
orden de tiempo y que un evento es la causa de otro suceso. Así que
resulta evidente que, si algunos eventos están ordenados, entonces todos
los eventos están ordenados. Es usual entre los hombres hacer distinción
entre los eventos, como providenciales y accidentales. Aún los creyentes
son propensos a clasificar sus experiencias en cualquiera de estas dos
maneras, unas como providenciales y otras como accidentales. Algunos
asocian la providencia con las cosas buenas, y lo accidental con las
cosas malas; por lo tanto, a veces ellos hablan de haber tenido un
accidente. El grupo Rickenbacker consideró su rescate del mar como algo
providencial, pero el escritor considera el total de la experiencia como
algo providencial y no solo el rescate.
La caída del avión en el mar
fue tan providencial como lo fue su rescate. Así nosotros, necesitamos
ver la voluntad de Dios en nuestras aflicciones tanto como en nuestras
bendiciones. Job se refirió a ambas cosas cuando dijo: "Desnudo salí
del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dio, y Jehová
quitó: sea el nombre de Jehová bendito" (Job 1:21). Y cuando su
esposa le pidió que maldijera a Dios y se muriera a causa de sus
circunstancias, Job replicó: "Como suele hablar cualquiera de las
mujeres fatuas, has hablado. También recibimos el bien de Dios, ¿y el
mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios" (Job
2:10). Y cuando hubo perdido todas las comodidades terrenales; viendo la
mano de Dios en todo ello, Job dijo: "He aquí, aunque me matare, en
él esperaré" (Job 13:15).
La voluntad de Dios incluye
las acciones perversas de los hombres impíos, pero esto no les quita su
culpa y responsabilidad ante Dios. Nosotros no podemos ver claramente
este asunto, pero las Escrituras lo declaran y nosotros debemos creerlo.
La Biblia no fue escrita para confirmar nuestros razonamientos, sino
para corregirlos. En el día de Pentecostés Pedro dijo respecto a Jesús:
"A éste, entregado por el determinado consejo (voluntad) y
providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos,
crucificándole" (Hechos 2:23). Y más tarde en otra ocasión, él dijo
que Herodes y Pilato, los gentiles y el pueblo de Israel se habían
unido, "Para hacer lo que tu mano y tu consejo (voluntad) habían
antes determinado (el griego: predestinado) que había de ser hecho"
(Hechos 4:27-28). Nosotros no somos capaces de ver claramente como Dios
puede ejercer su voluntad o determinar un pecado sin convertirse en el
autor del mismo, no obstante permanece el hecho de que, el más grande de
los pecados, la muerte del Hijo de Dios, fue un acto divinamente
ordenado.
Distinciones en la
voluntad De Dios
Los teólogos han hecho muchas
distinciones en la voluntad de Dios; algunas de ellas son falsas, otras
son vanas e inútiles; pero hay una distinción que es necesaria, y la
cual nos proveerá ayuda para dividir correctamente la palabra de verdad.
Me refiero a la voluntad decretiva de Dios y Su voluntad
preceptiva; o podemos señalarla como Su voluntad de propósito
y su voluntad de mandamiento. La voluntad decretiva o de
propósito siempre es hecha; la voluntad preceptiva o lo mandado
frecuentemente no es hecho y es dejada de lado. La voluntad decretiva o
el propósito de Dios no puede ser frustrada, porque esto significaría
quitar a Dios de Su trono; Su voluntad preceptiva o lo mandado a menudo
es violentado, porque los hombres están en rebelión contra Dios. Si la
voluntad humana es mayor en poder que la voluntad divina entonces, por
supuesto, esta rebelión de la voluntad humana triunfará y Dios será
destronado. Si la rebelión humana puede derrocar el gobierno de Dios, en
realidad no tenemos un Ser Supremo del todo. Con el fin de amplificar la
distinción entre la voluntad decretiva y la voluntad preceptiva de Dios,
las consideraremos separadamente.
La voluntad decretiva de
Dios
(voluntad de proposito)
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La voluntad decretiva de
Dios es eterna.
Dios no está formulando ningún nuevo propósito, porque Su consejo es
desde la antigüedad. "Jehová, tú eres mi Dios: te ensalzaré,
alabaré tu nombre; porque has hecho maravillas, los consejos antiguos,
la verdad firme" (Isaías 25:1). En Ef. 3:11 se nos dice que su
propósito en Cristo es eterno. Lo que tiene que ser será, porque
"Conocidas son á Dios desde el siglo todas sus obras (Hechos 15:18).
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La voluntad decretiva es
eficaz. La
voluntad de propósito siempre es consumada. Dios no es hombre para que
pudiera fallar en los deseos de su pensamiento (es decir, desear cosas
que nunca se conviertan en realidades). Porque no hay meros deseos los
cuales no pueda llevar a cabo. "Jehová de los ejércitos juró,
diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será
confirmado como lo he determinado: Que quebrantaré al Asirio en mi
tierra, y en mis montes lo hollaré; y su yugo será apartado de ellos,
y su carga será quitada de su hombro. Este es el consejo que está
acordado sobre toda la tierra; y ésta, la mano extendida sobre todas
las gentes. Porque Jehová de los ejércitos ha determinado: ¿y quién
invalidará? Y su mano extendida, ¿quién la hará tornar?" (Isaías
14:24-27). Por ejemplo, en la eternidad pasada Dios determinó la
muerte de Su Hijo, y siglos después el tiempo comenzó y le vemos
controlando y dirigiendo las acciones libres de los hombres pecadores,
para que este evento fuera consumado. Además, El predestinó y predijo
los detalles; cuando, donde y como Su Hijo debería morir. Y así en los
cuatro evangelios, se nos dice que estas y aquellas cosas fueron
hechas para que la Escritura se cumpliese.
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El propósito decretivo de
Dios es inmutable.
Dios nunca cambia su
voluntad de propósito. Hay solo dos posibles razones por las cuales
alguien cambiaría su voluntad; debe ser porque vea que lo que se
propuso no sea sabio, o porque vea que tal cosa no pueda ser
realizada. Pero ninguna de estas razones puede aplicarse a Dios. El
fue Sabio en la planeación de sus decretos y es Todopoderoso para
llevarlos a cabo.
La oración no cambia la voluntad de Dios, pero hace cambiar cosas. Los
cambios logrados a través de la oración están todos dentro del círculo
de la voluntad de propósito de Dios. Para este fin el Espíritu de Dios
hace intercesión por los santos, en conformidad a la voluntad de Dios
(Rom. 8:27). La oración que recibe una respuesta positiva es hecha en
la energía del Espíritu Santo. Un hombre puede orar sin el Espíritu y
obtener lo que pidió, pero esto no sería en respuesta a la oración.
Dos generales desde sus respectivas posiciones opuestas, pueden orar
por la victoria en la siguiente batalla, pero ambos pudieran no estar
orando en el Espíritu Santo, y es posible que ninguno de ellos sea
victorioso. En toda oración verdadera este pensamiento debe estar
implícito o expresado: No sea hecha mí voluntad, sino la Tuya.
"A Tu manera, no a la mía, Oh Señor,
por muy obscura que ésta sea;
Oh condúceme por Tu propia mano derecha,
escoge la senda para mí.
"No me atreveré a escoger mi suerte;
No lo haría si yo pudiera;
Pero escoge Tú por mí, Oh mi Dios,
así yo andaré rectamente."Toma Tú mi copa, y sea
con gozo o tristeza llena;
Como mejor a Tí pueda parecer,
escoge Tú mi bien y mi mal.
"No mía, no mía sea la elección,
en cosas grandes o pequeñas;
Se Tú mi guía, mi guarda, mi fortaleza,
mi sabiduría y mi todo".
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La voluntad de propósito de
Dios fue la causa de nuestra conversión.
Soy un hombre convertido o
salvado, he nacido de nuevo. ¿Cuál es la explicación de este tremendo
cambio? Detrás de cada uno de estos hechos o acciones debe haber una
voluntad. ¿Me convertí por mí propia voluntad en un nuevo hombre? ¿Me
hizo algún otro hombre por su voluntad eficaz nacer de nuevo? En Juan
1:12 se nos dice que a los creyentes se les da la potestad de ser
hechos hijos de Dios, y el siguiente versículo explica su fe en las
siguientes palabras: "Los cuales no son engendrados de sangre, ni
de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios" (Juan
1:13). La fe salvadora no se origina de nuestros padres, ni de
nosotros mismos, ni de ningún otro hombre; es el don y la obra de
Dios. Santiago 1:18 dice: "El, de su voluntad nos ha engendrado por
la palabra de verdad".
La voluntad preceptiva de
Dios
(voluntad de mandamiento)
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La voluntad preceptiva de
Dios se refiere a lo que El ha prescrito como nuestra norma de
pensamiento y conducta.
La voluntad de Dios es
expresada en toda ley divina. En el Edén fue la voluntad de Dios la
que determinó, qué clase de ley sería dada a Adán y Eva. En el Sinaí
Dios no consultó a Moisés o los hijos de Israel, acerca de bajo cuáles
leyes ellos estarían. En una democracia, el pueblo hace sus propias
leyes a través escoger representantes que sirven para ese propósito en
las salas legislativas. Estas leyes surgen de la presión de grupos y
de legislación basada en la voluntad de las clases sociales, todo
debido a que los hombres son egoístas; ellos no aman a su prójimo como
a sí mismos. Pero en nuestra relación hacia Dios, no estamos tratando
con una democracia, sino con una teocracia. En la voluntad mandada de
Dios tenemos la soberanía de Su autoridad; mientras que en la voluntad
de propósito tenemos la soberanía de Su poder.
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Es la voluntad de
mandamiento y no la voluntad de propósito, lo que los hombres son
responsables de obedecer.
Fue Su voluntad de
propósito que Cristo debería ser crucificado, pero ésta no fue su
voluntad mandada. Al llevar a Cristo a morir en la cruz, los hombres
cumplieron el propósito de Dios; pero al hacerlo no obedecieron a
ninguno de sus mandamientos. No puede haber pecado en hacer lo que
Dios ha mandado. Pedro nos dice que ellos llevaron a Cristo a la
muerte con manos impías; por lo tanto, ellos no obedecieron a lo
mandado por Dios. Lo que Dios se propone es el factor determinante; lo
que El nos manda es nuestro deber.
Parece fácil a los hombres observar esta distinción en todo, excepto
en religión. Un hombre que puede ver solo un lado de la verdad dirá:
"Si es la voluntad o el propósito de Dios salvarme, El me salvará; por
lo tanto, yo me sentaré y no haré nada con respecto a ello". Ahora,
este mismo hombre no desafiaría la razón de esta manera acerca de
otras cosas. Acerca del cultivo de este año, la voluntad divina de
propósito determinó la cosecha, pero su mandamiento es arar y sembrar,
cultiva y cosechar. La voluntad decretiva determina si viviremos o
moriremos (Stg. 4:15), pero es su voluntad de mandamiento la que
considera las leyes de salud. Nadie deja de comer debido a que crea
que la voluntad de propósito de Dios determinó si el vivirá o morirá.
La voluntad de propósito de Dios determinará la conclusión de esta
guerra, pero sería tonto y necio sentarse y decir: "Si es la voluntad
de Dios, nosotros ganaremos, y si no perderemos; por lo tanto, dejemos
de esforzarnos, paremos las minas de carbón y la producción de acero".
La voluntad divina de propósito determina el resultado de nuestro
testimonio por Cristo. "Por la mañana siembra tu simiente, y á la
tarde no dejes reposar tu mano: porque tú no sabes cuál es lo mejor,
si esto ó lo otro, ó si ambas á dos cosas son buenas" (Eclesiastés
11:6). "Porque como desciende de los cielos la lluvia, y la nieve,
y no vuelve allá, sino que harta la tierra, y la hace germinar y
producir, y da simiente al que siembra, y pan al que come, así será mi
palabra que sale de mi boca: no volverá á mí vacía, antes hará lo que
yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié" (Isaías
55:10-11).
Es la voluntad preceptiva de Dios que sembremos junto con el tiempo de
aguas, y en este sentido, que prediquemos el evangelio a toda
criatura; y Su voluntad de propósito tomará cuidado de los resultados
y hará que su cumpla lo que a El le place.
Es la voluntad de propósito
de Dios la que determina si yo soy salvo o no, pero es tonto sentarse y
decir; si yo soy uno de los elegidos de Dios, yo seré salvo; por lo
tanto, no necesito tomar ningún interés por el asunto. Debemos entender
que la voluntad preceptiva de Dios es arrepentirse y creer, y que ésta
es la responsabilidad de toda persona. En la Segunda de Pedro 1:10 se
nos manda hacer firme nuestra elección y llamamiento. En el evangelio de
Lucas 13:24 se nos manda esforzarnos en entrar por la puerta estrecha.
Así que, el hombre que no toma interés en su alma y no se preocupa de su
salvación; si persiste en esta actitud, ciertamente que tendrá su parte
en el lago de fuego; pero el que cree no será condenado. Mucho de la
voluntad de propósito de Dios pertenece a su voluntad secreta, y las
cosas secretas pertenecen a Dios; pero lo que El ha revelado y mandado
pertenece a nosotros (Deut. 29:29). |