La Doctrina de Dios

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Capitulo XXIII

La santidad de Dios

 

"¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, Terrible en loores, hacedor de maravillas?" (Exodo 15:11). Estamos viviendo en días de indolencia mental, moral y espiritual; por lo tanto, en un tiempo cuando se tienen pensamientos superficiales acerca de Dios y de los asuntos eternos. Los atributos de Dios han sido descartados, aún de las escuelas teológicas, como una materia muy árida, poco interesante y no rentable. El sentimiento que mayormente ha prevalecido es que el estudio idóneo para la raza humana es el hombre. En la mente popular el Dios que hace maravillas ha sido eclipsado por el hombre a quien dio aliento de vida. Esta es una época de inquietud, ansiedad y nerviosismo; y toda la atmósfera parece recargada con enemigos de la quietud, la meditación y el espíritu de estudio.

 

El atributo basico o fundamental

 

La santidad de Dios es la pureza y rectitud de Su naturaleza. El es necesaria y esencialmente santo. Su propio ser es la única fuente y estándar de rectitud; por lo tanto, lo que El determine es éticamente recto. No hay estándares para Dios, El mismo es el estándar de santidad. Dios no está bajo ninguna ley de santidad; El mismo es la ley de santidad.

El atributo de santidad da gloria y armonía a todos los demás atributos de Dios. Sin santidad, la sabiduría y el conocimiento serían solo ciencia y astucia. Sin santidad, su poder sería tiranía, opresión y crueldad.

Hay un énfasis dado a esta perfección por encima de los demás atributos. Hay ciertos atributos los cuales preferimos debido a algún beneficio personal que se deriva de ellos. Apreciamos el amor de Dios, la misericordia y la gracia antes que Su justicia, Su ira y Su furor. Pero en la Biblia, la santidad de Dios tiene preeminencia sobre los demás.

Ningún otro atributo es declarado con tal solemnidad y frecuencia por los ángeles (Isa. 6:3; Apo. 4:8). (2) Dios jura por este atributo. "Una vez he jurado por mi santidad, Que no mentiré á David" (Salmos 89:35). Aquí tenemos un  gran argumento para la seguridad del creyente: Dios dice, en efecto, "Yo pondré Mí santidad empeñada por tu seguridad. Si Yo fallo en guardarte a salvo, entonces dejaré de ser santo". La santidad de Dios es la belleza y la gloria de Su ser. El es "glorioso en santidad". Y también leemos acerca de "la hermosura de la santidad". Cuando tomamos la fotografía de una persona, tomamos la parte más hermosa, su cara, la cual es la parte más excelente, y la cual distingue su personalidad. Así cuando Dios es revelado en la Biblia, El es presentado en este atributo como siendo la más hermosa de sus perfecciones. El poder está en Su mano; la omnisciencia en sus ojos; la misericordia en sus entrañas, la eternidad en su duración; así la santidad es Su belleza. Una distancia moral de la santidad divina es pecado. Su santidad está en perspectiva cuando se dice que todos los que han pecado, quedan cortos de la gloria de Dios. Al pecar, el hombre fue privado de la gloria o santidad de Dios.

 

La santa trinidad

 

La santidad pertenece por igual a las tres personas de la divinidad; ellas participan de la misma común e indivisible naturaleza. El Espíritu es generalmente llamado el Espíritu Santo. Nuestro Señor Jesucristo se dirige al Padre bajo el atractivo título de "Santo Padre" (Jn. 17:11). El Señor Jesucristo es llamado tan solo en el libro de Isaías por más de 30 veces como "el Santo de Israel". El demonio mismo le dijo: "Sé quién eres, el Santo de Dios" (Marcos 1:24). El Espíritu Santo es el autor de la santidad en los hombres. El hombre, en su estado natural y caído, está moralmente en un estado caótico; su entendimiento está entenebrecido y él está espiritualmente deformado y feo. El Espíritu Santo es la Persona Divina que restaura al hombre caído, trayendo orden y belleza donde había caos; El disipa las tinieblas y difunde luz espiritual por medio del evangelio. El hombre salvo debe estar agradecido al bendito Espíritu Santo por toda la luz que tiene acerca de las cosas espirituales.

 

LA MANIFESTACION DE LA SANTIDAD DIVINA

 

  1. La santidad de Dios aparece en la creación. No había ni un solo defecto en la creación cuando esta vino de la mano de Dios. Todas las cosas eran hermosas y gloriosas. "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera" (Génesis 1:31). Y otra vez: "Justo es Jehová en todos sus caminos, y santo en todas sus obras" (Salmos 145:17, VKJ). Hasta ahora es sabido que hay solo dos clases de seres morales: ángeles y hombres, y ambos fueron creados moralmente santos. Pero el pecado ha corrompido y desfigurado la obra de Dios, así que nada es como era cuando fue creado, excepto quizás los ángeles santos. El hombre está arruinado y caído, siendo por naturaleza un hijo de ira. Y toda la creación gime y está con dolores de parto, esperando la liberación de la maldición del pecado. (Vea Rom. 8:22).

  2. Dios manifiesta su santidad como el Dador de la ley. El Dios santo dio una ley que era justa, santa y buena. Cualquier otro estándar para sus criaturas sería inconsistente con su santidad. No somos mandados a ser sabios o poderosos como El es, sino que somos mandados a ser santos como El es santo. (1Pe. 1:15).

  3. Hay un despliegue de la santidad divina en la redención. Su naturaleza santa no le permitirá mirar hacia el pecado con el menor grado de disculpa. La salvación no es a expensas de Su santidad. El Redentor debió soportar la ira debida al pecador, pero la ira es el ejercicio de Su santidad. El odio del pecado fue grandemente manifestado en la redención, tal como lo será en el día del juicio. La única diferencia es que en la redención, la culpa del pecador es transferida al Salvador. La ira que cayó sobre El Salvador en el calvario tuvo su fuente en la santidad de Dios.

  4. La santidad de Dios aparece en la conversión de los hombres. Se nos indica en Efesios 4:24, que el nuevo hombre es creado en la justicia y santidad de la verdad.

  5. La santidad será manifestada en la glorificación de los creyentes. Cuando nuestra salvación sea consumada seremos restaurados en la santidad de Dios. Nosotros no tendremos Su poder, ni Su sabiduría, pero tendremos Su santidad. El Salmo dice: "Yo en justicia veré tu rostro: Seré saciado cuando despertare á tu semejanza" (Salmos 17:15). Esta semejanza será tanto moral como física, y la semejanza moral de Dios será santidad. El creyente mientras está aquí en la tierra, luchando contra el pecado, se regocija en la esperanza de la gloria de Dios (Rom. 5:2). El pecado es una horrorosa carga para el creyente; la salvación significa la restauración a su santidad original en la creación.

  6. La santidad de Dios aparecerá en toda su pureza en el día del juicio. Debido a que Dios es santo, Su ira será muy ardiente. Su rostro santo será demasiado intenso para que los pecadores puedan mirar hacia El. Ellos clamarán a las piedras y  a las montañas, que caigan sobre ellos y les oculten del rostro de Aquel que está sentado en el trono, y de la ira del Cordero (Apo. 6:16).

 

Exhortaciones a la santidad

 

Las Escrituras abundan en exhortaciones a la santidad. "Sed santos, porque yo soy santo" (1Pe. 1:16). Somos exhortados a levantar manos santas en la oración (1Tim. 2:8). Somos también llamados a seguir la santidad sin la cual ningún hombre verá al Señor (Heb. 12:14). Y otra vez dice la Escritura: "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados" (Ef. 5:1). Todas estas exhortaciones a la santidad son dirigidas a los creyentes, y demuestran que nosotros no somos personalmente santos. Somos santos en Cristo ahora, seremos personalmente santos cuando seamos glorificados, porque nuestra glorificación será nuestra completa santificación personal. Es un principio reconocido universalmente que toda imitación de otros, procede de un intenso amor y admiración por sus personas. Venimos a parecernos a todos aquellos con quienes nos asociamos. Los paganos son muy lascivos y malvados debido a que sus dioses son representados como vulgares y viciosos. Se dice que Platón buscaba lograr que todos los poetas fuera desterrados, debido a que en sus poemas, ellos vestían a los dioses con vestimenta de apariencia viciosa y malvada, de este modo animaban a la gente a cometer crímenes.

 

Ser santo toma tiempo

 

Creyentes, en el propósito de la santidad deben tomar tiempo para meditar en la santidad de Dios. Toma tiempo ser santo. El pecado no puede ser mortificado por un solo gesto o una mirada ocasional a la bondad y la santidad. La meditación sobre la santidad de Dios desarrollará un espíritu de mansedumbre y humildad, lo cual es de gran precio a los ojos de Dios. Compararnos nosotros mismos con nosotros mismos puede conducirnos al orgullo y la jactancia, pero cuando estamos ocupados con pensamientos de la santidad de nuestro Salvador, seremos llenos con reverencia y temor piadoso. "¿Qué linterna puede estar orgullosa de su propia luz cuando se compara con la luz del sol?"

El templo de los incas en El Cuzco, Perú, consistía de tres paredes, al norte, al sur y al oeste. El lado este de la estructura estaba abierto. Las paredes fueron pulidas con yeso, y cubiertas finamente con oro forjado. Estas personas fueron adoradoras del sol, y esta era la manera en que ellos adoraban: Ellos acudían al templo justo antes del amanecer y se paraban en la apertura al este, frente a la pared oeste. En frente de ellos y a ambos lados era un espejo de oro. El sol se levantaba a sus espaldas, y mucho antes de que ellos pudieran ver directamente al sol, ellos podían ver su reflejo en la pared oeste, y ser cubiertos con su luz dorada. Sus rostros eran completamente iluminados, y sus cuerpos eran literalmente bañados en luz. Ahora, el evangelio del pacto es un espejo donde el creyente mira con el rostro descubierto la gloria del Señor Jesucristo, y al final será totalmente conformado a Su imagen. "Por tanto, nosotros todos, mirando á cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor" (2

Corintios 3:18). Ocuparnos en la santidad del Señor nos transformará de un grado de santidad a otro grado de santidad.
 

"¡Santo Dios alabamos tu nombre!
Señor de todo, nos postramos ante Tí;
Todos sobre la tierra claman a Tu cetro,
todos arriba en el cielo te adoran;
El infinito es Tu vasto dominio,
para siempre es Tu reino.
"¡Escuchad! El fuerte himno celestial,
se levanta el coro angelical arriba:
Querubines y Serafines
alaban en incesante coro,
llenando el cielo con un dulce coro:
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo es el Señor!
"Padre Santo, Hijo Santo,
Espíritu Santo, te nombramos tres,
mientras que en esencia, solo uno,
Dios indivisible clamamos a Tí;
Y adorando, doblamos la rodilla,
mientras confesamos el misterio".

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Martha Iñiguez Moreno
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