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El rastro de la sangre

El Rastro de la Sangre

J.M. Carroll

 

El propósito de este librito es dar a conocer la historia de los TESTIGOS FIELES del Señor Jesús, quienes como miembros de la IGLESIA QUE JESÚS EDIFICÓ "...han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte". (Apocalipsis 12.11)

 

Obra original en inglés: "The Trail of Blood"

Publicado en 1931 por Dr. J. W. Porter

Traducido por José M. Rodríguez

Publicado en 1976 en español por: Editorial Challenge, Little Rock, Arkansas, E.U.A. Pastor M. L. Moser, Jr.

Edición Revisada realizada por: Julio J. Argüelles y Theodore L. Tweet, San Pedro Sula, Honduras, C.A.

Publicado en 2002 por: Bryan Station Baptist Church, 3175 Briar Hill Road, Lexington, Kentucky 40516, E.U.A. Pastor Al Gormley (859) 299-1430

 

INTRODUCCION

Por Theodore Tweet

El Rastro de la Sangre relata la historia buatista, preservada a veces aún por autores protestantes y católicos, al ver que los bautistas fieles preferían morir antes de negar la Biblia para acomodarse a la moda. A través de los siglos, la afirmación bautista era: "La Biblia es la única regla de fe y práctica".

 

Antes de imprimir esta edición de El Rastro de la Sangre hemos realizado una revisión, no para cambiar el contenido, sino para clarificar y facilitar la lectura. lo que originalmente era la "Introducción" por el Pastor Clarence Walter ya aparece al fin del librito como "Resumen."

Además, anotamos una explicación en las páginas 6, 30 y 71 donde el autor escribió: "... sólo el Nuevo Testamento había de ser la regla y guía en asuntos de fe y de conducta, no sólo para la iglesia como organismo, sino para cada miembro de ella".

(Nota del traductor: Los bautistas verdaderos siempre han dicho que toda la Escritura es la Palabra de Dios y es la única regla de fe y práctica, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo, 2 Timoteo 3:16-17. {La Confesión de Fe de Londres de 1689, Una Confesión Bautista, Capítulo 1, "Las Santas Escrituras") Sin embargo, la iglesia de Cristo es una institución que no empezó sino hasta el Nuevo Testamento. Entonces, sólo allí se encuentra el origen, reglas y prácticas de las iglesias del Señor. Es un error, pues, por parte de los católicos o protestantes referirse a la nación de Israel como patrón para una iglesia, por lo cual se les confunde a ellos con respecto a la ordenanza del bautismo, etc. y les induce a anhelar y justificar la unión de Iglesia y Estado, pero los bautistas siempre se oponían a tal unión.)

La unión de la Iglesia y Estado quería decir que:

  1. El gobierno sólo reconocía un tipo de iglesia. Los que no estaban de acuerdo sufrían la persecución y muchas veces, la pena de muerte.

  2. El sueldo de los pastores, así como de los políticos, fue pagado por el gobierno con los impuestos del Estado.

 

Al iprimer El Rastro de la Sangre en español, por primera vez en 1976, el pastor M.L. Moser, Jr. Ofreció el siguiente comentario:

"El mundo tiene una gran deuda con los bautistas; una deuda que nunca se puede pagar. Los bautistas siempre han sido los campeones de la libertad religiosa y política. El precio que los bautistas han pagado durante los años desde el tiempo que Jesucristo instituyó la primera Iglesia Bautista en Jerusalén hasta ahora, no puede ser contado en términos terrenales.

 

Aún sacados de sus casas, vendidos en los mercados de esclavos, ahogados en los ríos, hervidos en aceite, quemados vivos en estacas y muy perseguidos, los bautistas han permanecido leales y fieles al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia habla con autoridad final a los bautistas."

 


 

El Rastro de la Sangre

ó

La pista de los cristianos a través de los siglos desde el tiempo de Cristo hasta nuestros días

0 para expresarle de otra manera, pero muy expresivamente: "Historia de las doctrinas enseñadas por Cristo y sus apóstoles y los que les fueron leales."
 

PRIMERA DISERTACIÓN

 

"Recuerda los días de la antigüedad; pensad en los años de muchas generaciones: pregunta a tu padre, que él te anunciará, a tus ancianos, y ellos te dirán" (Deuteronomio 32:7).

 

1.         Lo que hoy conocemos como "cristianismo" o religión cristiana, comenzó con Cristo, el año 30 de nuestra era, en tiempo del imperio romano y dentro de sus límites, uno de los mayores imperios que el mundo haya conocido en el curso de toda su historia.

 

2.         Ese imperio, en aquella época, comprendía casi todo el mundo entonces conocido y habitado.  El emperador reinante a la sazón era Tiberio César.

 

3.         En cuanto a religión, el imperio romano era en ese entonces pagano.  Sus numerosos dioses eran, unos reales, otros imaginarios.  Había asimismo muchos creyentes y devotos.  Esa religión era no sólo la religión del pueblo, sino la del imperio, y como tal estaba sostenida y protegida por El Estado. (Mosheim, tomo 1, cap. l)

 

4.         El pueblo judío, que en ese período ya no constituía una nación aparte, se hallaba desparramado por el imperio romano.
Sin embargo, ese pueblo todavía tenía el templo de Jerusalén, donde todavía podía rendir culto a Dios; pues todavía se mostraba celoso por su religión; pero, a semejanza de los paganos, hacía largo tiempo que había caído en el formulismo y perdido su influencia. (Mosheim, tomo 1, cap. II)

 

5.         Como la religión de Cristo no es una religión de este mundo, su fundador no le dio ninguna cabeza o fe terrenal, ni poder temporal. Y así, ella no buscó ni el sostén ni el apoyo del Estado; tampoco trató de destronar al César.  Y así tenía que ser, como quiera que su autor había dicho: "Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios." (Mateo 22:19-22); Marcos 12:17; Lucas 20:20) Desde que el cristianismo es una religión espiritual, mal podía ser el rival de ningún gobierno terrenal.  Y a mayor abundamiento, hasta se les enseñó a sus adherentes a respetar a las autoridades y a observar las leyes. (Romanos 13:1-7; Tito 3: l; la de Pedro 2:13-16)

 

6.         Deseo llamar ahora vuestra atención a algunas de las notas o marcas de esta religión.

 

Si queremos remontarnos hasta su origen, a través de sus largos veinte siglos, y especialmente a lo largo de los mil doscientos años de la lóbrega Edad Media, anegada por ríos de sangre de mártires, nos será preciso conocer bien las marcas, a fin de orientarnos.  A medida que avancemos, hallaremos que esas marcas han sido muchas veces horriblemente desfiguradas; pero siempre daremos con alguna que haya resultado indeleble.  Estemos, pues, sobre aviso, con cuidado y oración.  Desde luego, hallaremos muchas impostoras y simulaciones, de tal manera que a ser posible, "aún los mismos escogidos se extraviarían."

Pero así y todo, necesitamos seguir, a ser posible, su pista, valiéndonos de los datos históricos dignos de fe, y, con especialidad, de los aportados por las palabras y las marcas de la divina verdad.

 

Algunas Marcas Infalibles E Indefectibles

 

Si al descender a través de los siglos, damos con un grupo o grupos que no posean las marcas distintivas que van a continuación y que enseñan otras cosas como doctrinas fundamentales, ¡cuidado!

1.      Cristo, el autor de esta religión, constituyó a sus secuaces o discípulos en Iglesia.  Los discípulos a su vez habían de constituir otras Iglesias a medida que esta religión se extendiese y se "hiciesen" otros discípulos. (Sucesiones Bautistas, Ray, edición revisada, cap.  I)

 

2.      Este organismo o Iglesia tenía de acuerdo con las Escrituras y la práctica de los apóstoles y de las primeras Iglesias, dos clases de ministros o funcionarios, y sólo dos: pastores y diáconos.  El pastor era llamado obispo.
Tanto el pastor como los diáconos habían de ser elegidos por la Iglesia para desempeñarse como servidores de la misma.

 

3.      Las Iglesias, en su gobierno y disciplina, habían de ser enteramente independientes unas de otras.  Y así la Iglesia de Jerusalén no había de tener autoridad alguna sobre la de Antioquia; ni la de Antioquia sobre la de Éfeso, ni ésta sobre la de Corinto, y así sucesivamente.
Su gobierno había de ser congregacional y democrático; es decir, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

 

4.      Cristo dio a la Iglesia dos ordenamientos y nada más que dos, a saber el Bautismo y la Cena del Señor.  Estos dos ordenamientos habían de ser perpetuos y de carácter memorial.

 

5.      Esta Iglesia no había de recibir otros miembros en su seno que los que fuesen "salvos." (Hechos 2:47) Estos habían de ser salvos únicamente por la pura gracia de Dios, y no por virtud de obras de la ley (Efesios 2:5, S-9).  Estos salvados, y sólo éstos, habían de ser sumergidos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. (Mateo 28:19) Y sólo éstos, así recibidos y bautizados, habían de participar de la Cena del Señor; la Cena había de celebrarse únicamente por la Iglesia, en su carácter de tal.

 

6.      Las Divinas Escrituras y nada más que ellas (de hecho, el Nuevo Testamento y sólo el Nuevo Testamento), habían de ser la regla y guía en materias de fe y de conducta, no sólo para la Iglesia, como organismo, sino para cada miembro individual de la misma.

 

7.      Cristo Jesús, el fundador de ese organismo y el salvador de sus miembros, había de ser su único sacerdote y rey, su único Señor y legislador, así como la única cabeza de las Iglesias.
Las Iglesias habían de ser ejecutivas tan sólo para llevar a cabo la voluntad de su Señor y sus perfectas leyes; jamás habían de ser legislativas para reformar o abrogar sus antiguas leyes o hacer otras nuevas.

 

8.      Esta religión de Cristo había de ser asunto puramente personal, individual y voluntario, que se abrazase mediante la persuasión, y no por compulsión - física o gubernativa; sino que había de ser asunto de categórica elección personal.  "Escoged a quien sirváis," es el requerimiento escrituras.  No podría, por tanto, ser aceptada, ni rechazada, ni observada por sustituto ni por compulsión.

 

9.      Nótese bien, que ni Cristo ni sus apóstoles dieron jamás a sus secuaces ningún nombre denominacional, como los que hoy se acostumbran, como los de "católico," "luterano," "presbiteriano," "episcopal," etc., etc., (salvo el nombre dado por Cristo a Juan, que estaba destinado a ser llamado el "Bautista" o "Juan el Bautista," Mateo 1 l: 11 y diez o doce veces más), Cristo llamó al individuo que se seguía "discípulo." Dos o tres veces más fueron llamados "discípulos." Al conjunto de discípulos, sea en Jerusalén, o en Antioquia o en otras partes, se le llamó Iglesia.  Y siempre que se aludía a más de uno de estos distintos organismos, se los llamaba Iglesias; pues la palabra Iglesia usada en singular nunca se la empleaba para referirse a más de uno de estos organismos, ni siquiera se hacía eso al referirse a todos ellos.

 

10.    Me permito señalar otra nota o marca distintiva, a saber, la completa separación de la Iglesia y el Estado.  Ninguna combinación o mezcla tiene que hacerse entre esta religión espiritual, y el gobierno temporal.  A esto hay que añadir la "completa libertad religiosa" para todo el mundo.

PRIMER PERIODO

(Desde al año 30 al 500)

1.      Debido al extraño, bien que maravilloso, impulso y dirección de Juan el Bautista, el elocuente pregonero del desierto, y al amoroso contacto y la milagrosa eficacia del poder de Cristo, así corno a la admirable predicación de los apóstoles y de sus inmediatos sucesores, la religión cristiana se propagó por modo extraordinario durante los primeros quinientos años de su existencia, dejando, eso sí, un horrible rastro de sangre tras sí.
El judaísmo y el paganismo se opusieron con fiereza a todo movimiento de avance.  El primero de los grandes adalides cuya vida fue inmolada fue Juan el Bautista, siendo decapitado.  Poco después, le siguió el mismo Salvador, fundador de esta religión, muriendo de cruel muerte de Cruz.

 

2.      A continuación del Salvador, y en rápida sucesión, fueron martirizados muchos otros héroes.  Esteban fue lapidado; Mateo, muerto en Etiopía; Marcos, arrastrado por las calles, hasta que murió; Lucas, ahorcado; Pedro y Simeón, crucificados; Andrés, atado a una cruz; Santiago, decapitado; Felipe, crucificado y apedreado; Bartolomé, desollado vivo; Tomás alanceado; Santiago el Menor, arrojado de lo alto del templo al pavimento, causándole la muerte; Judas fue asaeteado; Matías, apedreado, y Pablo, decapitado.

 

3.      Habían transcurrido ya más de cien años cuando estas cosas sucedieron.  Esta fiera persecución del judaísmo y el paganismo prosiguió durante dos o tres siglos más.  Con todo, la religión cristiana se propagó de una manera extraordinaria, por todo el imperio romano: Europa, Asia, Afrecha, Inglaterra, Gales y muchas otras partes donde había alguna civilización.  Las Iglesias se multiplicaban sobremanera, los discípulos acrecían continuamente; pero algunas Iglesias prosiguieron el error.

 

4.      La primera desviación de las enseñanzas del Nuevo Testamento comprendió el sistema de gobierno y la doctrina.
Durante los dos primeros siglos, las Iglesias locales se multiplicaron rápidamente; y algunas de las más antiguas, como la de Jerusalén, la de Antioquia, Efeso, Corinto, etcétera, crecieron tanto, que llegaron a ser muy grandes; Jerusalén, por ejemplo, llegó a tener muchos millares de miembros (véase los Hechos 2:41; 4:4; 5:14); es probable que su número oscilase entre 25,000 y 50,000, o más.  Una persona que estudie atentamente el libro de los Hechos y las Epístolas verá que Pablo tuvo una formidable tarea en su tiempo para hacer que algunas Iglesias marchasen bien.  Véanse las profecías de Pedro y de Pablo tocante al futuro (2a de Pedro 2:12; Hechos 20:29-31.  Véase asimismo el Apocalipsis, cap. 2 y 3.)
Estas grandes Iglesias tenían, por necesidad, muchos predicadores y presbíteros (Hechos 20:17).  Ello dio lugar a que algunos de los obispos o pastores comenzasen a asumir una autoridad que no les concedía el Nuevo Testamento, como la de ejercer autoridad sobre otras Iglesias más pequeñas.  Los tales obispos, con sus numerosos ancianos o presbíteros, comenzaron a enseñorearse de la heredades del Señor (Véase la 3ª ep. de Juan, 9). He aquí el comienzo de un error que ha tomado cuerpo y multiplicado muchos otros errores graves y peligrosos.  Aquí tenemos también el comienzo de las varias órdenes en el ministerio, las que fueron' multiplicándose hasta alcanzar al número existente actualmente en el catolicismo y otros cuerpos religiosos.  Esto fue el punto de partida que acabó con la forma democrática de gobierno de la Iglesia, existente en las Iglesias primitivas.  Esta irregularidad, aunque en pequeña escala, comenzó a fines del siglo segundo.  Es probable que ésta haya sido la más grave desviación del orden eclesiástico del Nuevo Testamento.

 

5.      Otro cambio vital que, según se desprende de la historia, ha tenido lugar a fines del siglo segundo, es el relacionado con la gran doctrina de la salvación.  Los judíos, lo mismo que los paganos, habían sido enseñados, por muchas generaciones, a dar gran importancia a las ceremonias.  Habían llegado a mirar los tipos como anticipos, las sombras como sustancias reales; y las ceremonias como verdaderos agentes o medios de salvación.  Es lo que sucedió con el bautismo.  Sin duda, se dijeron: La Biblia habla mucho del bautismo.  En ella se hace mucho hincapié sobre ese ordenamiento y el deber de obedecerlo.  Seguramente que ello se debe a que ese ordenamiento tiene algo que ver con la salvación.  El resultado fue que en ese período la idea de la regeneración bautismal llegó a predominar en algunas Iglesias. (Shackelford Pág. 57; Camp, Pág. 47; Benedict, Pág. 286; Mosheiín, tomo 1 Pág. 134; Christian, Pág. 28).

 

6.      Otro grave error que comenzó a infiltrarse y que, según algunos historiadores, comenzó en este mismo siglo, y del que es dable decir fue una inevitable consecuencia de la idea de 1 regeneración bautismal, fue el del cambio de los sujetos de bautismo.  Y así, no bien se consideró a ese ordenamiento como agente o medio de salvación, se juzgó que cuanto más pronto se lo recibiese, tanto mejor.  Tal fue el origen del "bautismo infantil." Antes de eso, los "creyentes," y sólo los "creyentes," eran considerados como los únicos sujetos propios de ese ordenamiento.
Referente a la "aspersión" y la "afusión," ninguna referencia se hace a ellas todavía, y ello en razón de que esas formas de bautizar fueron adoptadas mucho más tarde; pues los infantes eran sumergidos, al igual que los adultos, durante varios siglos.  Esa costumbre todavía prevalece entre los griegos ortodoxos (rama grandísima de la Iglesia Católica) hasta nuestros días, sin que jamás hayan cambiado la forma original de bautizar.  Verdad es que los griegos practican el bautismo infantil, pero también lo es el que nunca los han bautizado de otra manera que sumergiéndolos.
Como algunos historiadores colocan el comienzo del bautismo infantil dentro de este siglo, citaré, como refutación, un corto párrafo de la obra "Investigaciones Eclesiásticas," por Robinson: "Durante los tres primeros siglos, las congregaciones de todo el Oriente se mantuvieron como cuerpos independientes, sin recibir ayuda pecuniaria alguna del gobierno, y sin ejercer ningún poder o autoridad secular una sobre otra.  Durante todo este tiempo, esas Iglesias sólo bautizaban adultos, como lo denota el que aunque todos los padres de la Iglesia de los primeros cuatro siglos, hasta Jerónimo (3 1 O) eran griegos, sirios y africanos, y nos dejaron gran número de relatos del bautismo de adultos, con todo, no se halla ni uno siquiera del bautismo de un niño hasta el año de 370." (Shackelford.  Compendio de la Historia de los Bautistas, p. 43; Vedder, p. 50; Christian, p. 31 -l Orchard, p. 50, etc.)

 

7.      Recuérdese que cambios semejantes a los mencionados aquí, no se hicieron en un día ni en un año, sino que se fueron realizando paulatinamente, y nunca en todas las Iglesias.  Algunas de ellas los repudiaron enérgicamente.  Tanto es así que el año 251  las Iglesias que se mantuvieron fieles rompieron la comunión con las que aceptaron v practicaron tales errores.  Esa fue la primera separación oficial efectiva entre las Iglesias.

 

8.      Debe advertirse que durante los tres primeros siglos tuvieron lugar tres importantes cambios vitales, en las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles.  También tuvieron lugar algunos significativos sucesos.

Nótese esta sumaria recapitulación:
 

(1) El cambio de la idea neotestamentaria del obispo y del gobierno eclesiástico.  Este cambio fue rápido, oficial, definitivo y dañoso.

(2) El cambio de las enseñanzas del Nuevo Testamento tocante a la regeneración, por la "regeneración bautismal."

(3) El cambio del "bautismo de creyentes" por el "bautismo infantil." (Este último, sin embargo, no se hizo general ni muy frecuente por más de un siglo.)
 

9.      La "regeneración bautismal" y el "bautismo infantil." Estos dos errores, según el categórico testimonio de la historia, causaron más derramamiento de sangre de cristianos en el transcurso de los siglos que todos los otros errores combinados, o probablemente que todas las guerras (no relacionadas con las persecuciones), si se exceptúa la reciente guerra mundial (1914-1918).  Sí; más de cincuenta millones de cristianos sufrieron el martirio, principalmente por haber rechazado estos dos errores durante el sombrío período de la Edad Media, esto es, en el lapso de doce o trece siglos.
 

10.    La historia nos refiere que durante estos tres primeros siglos existían en la gran mayoría de las Iglesias estos tres significativos hechos:
 

(1)      La separación e independencia de las Iglesias.

(2)      La subordinación de los obispos o pastores a la Iglesia.

(3)      El bautismo de creyentes únicamente.
 

Citaré a Mosheim, el más grande de todos los historiadores luteranos, tomo 1, Págs. 71 y 72: "Quien quiera que suponga que los obispos del Siglo de Oro de la Iglesia eran semejantes a los de los siglos posteriores, no hará sino una mezcla y confusión de caracteres muy diferentes, porque en este y el siguiente siglo, un obispo tenía a su cargo una sola Iglesia, que ordinariamente podía reunirse en una casa particular; tampoco era su amo o señor, sino sólo su ministro o servidor.  En estos tiempos primitivos, todas las Iglesias eran independientes, es decir, que ninguna estaba sujeta a la jurisdicción de otra.  Pues aunque las Iglesias que habían sido fundadas por los apóstoles habían honrado a éstos, consultándolos en casos dudosos, sin embargo, no tenían ni autoridad judicial, ni dominio sobre ellas, ni facultad para dictarles leyes.  Por el contrario, tan evidente es que las Iglesias tenían iguales derechos, como la luz de mediodía, desde que se encontraban en el mismo pie de igualdad."
 

11.    Sin embargo, hasta este período, el cristianismo, no obstante sus muchas y graves persecuciones, se había propagado maravillosamente, hasta el punto de extenderse hasta más allá del imperio romano, con el resultado de que casi todo el mundo habitado había oído el Evangelio.  Es más; según algunos historiadores eclesiásticos, muchas de las iglesias fundadas por los apóstoles se hallaban en esta época todavía intactas, y fielmente adheridas a las enseñanzas apostólicas.  Sin embargo, como ya se ha dicho, un número de grandes y dañosos errores habían penetrado y perpetuándose en no pocas iglesias, lo que hizo qué el estado de algunas fuese muy irregular.
 

12.    En este período, las persecuciones fueron cada vez más fieras.  A principios del siglo cuarto, es quizá cuando aparece el primer edicto gubernamental contra los cristianos.  Este se dio a la publicidad el 24 de febrero de 303, D. de C. Hasta ese entonces, el paganismo, a lo que parece, había perseguido a los cristianos sin que ninguna ley lo ordenara.
 

13.    Pero ese edicto fracasó de tal manera en su propósito de detener el progreso del cristianismo, que el mismo emperador, Galerio, que lo había promulgado, publicó otro, ocho años más tarde, en 31 1, revocando el primero, y concediendo a los cristianos la debida tolerancia para practicar su religión.  Es probable que este edicto haya sido el primero en favorecerlos.
 

14.    A principios del año de 313, el cristianismo alcanzó una señalada      victoria sobre el paganismo, con motivo de haber ascendido  al solio imperial de los Césares un nuevo emperador.
Este, que no era otro que Constantino, no tardó en caer en la cuenta de que el cristianismo poseía un misterioso poder, al continuar propasándose, a despecho de las persecuciones.
Cuenta la historia que ese monarca tuvo una maravillosa visión.  Se dice que vio en el cielo una cruz de fuego, y sobre ella estas ígneas palabras: "Con ésta vencerás." El las interpretó en el sentido de que debía hacerse cristiano.  Vio asimismo que de hacer eso y renunciando al paganismo, y uniendo al poder temporal del imperio romano el poder espiritual de la religión cristiana, el mundo sería fácilmente conquistado.  De ese modo la religión cristiana llegaría a ser de hecho la religión del mundo entero, y el imperio romano, un imperio universal.
 

15.    Todo esto dio lugar a una tregua, a un cortejo y a un maridaje entre el imperio romano y la religión cristiana, mediante la intervención del emperador.  Las palabras de este contrato matrimonial fueron éstas: "Dadnos vuestro poder espiritual, y nosotros os daremos nuestro poder temporal."
 

16.    Para efectuar y consumar esa impía unión, se convocó a un concilio.  Esa convocatoria tuvo lugar el año 313; por ella se invitaba a las iglesias cristianas o a sus representantes a esa asamblea.  Muchas fueron las que acudieron, aunque no todas, al llamado.
 Resultado: que no sólo se consumó la alianza entre la Iglesia y el Estado, sino que se creó una Jerarquía, la cual, al organizarse, destronó a Cristo como cabeza de las Iglesias, y entronizó al emperador Constantino (aunque sólo temporalmente) en lugar de Cristo, como cabeza de la Iglesia.
 

17.    La Jerarquía fue el principio exacto de un proceso que trajo como resultado final lo que ahora se conoce como la Iglesia católica o universal.  Cabría decir de ella que su exacto comienzo tuvo lugar a fines del siglo segundo y comienzos del tercero, cuando las nuevas ideas acerca de los obispos y el gobierno prelaticio de la Iglesia comenzaron a perfilarse.
 

18.    Téngase muy presente que cuando Constantino convocó el concilio, hubo muchos cristianos (bautistas) y muchas Iglesias que rehusaron acudir, por ser contrarios a todo maridaje entre la Iglesia y el Estado, al gobierno religioso centralizado y al gobierno jerárquico o de prelados, por ser eso opuesto al gobierno congregacional.  Ni esos cristianos (bautistas) ni esas Iglesias se embanderaron ni entonces ni más tarde en la jerarquía de la denominación católica.
 

19.    Cuando se creó esa jerarquía, Constantino, que fue reconocido como cabeza de ella, aun no era cristiano.  Había convenido en serlo, sí, pero como las extraviadas e irregulares Iglesias que habían entrado con él en esa organización habían adoptado el error de la generación bautismal, surgió en el ánimo del emperador una tremenda duda: "Si yo soy salvo - se dijo de mis pecados mediante el bautismo, ¿cómo me salvaré de los que pueda cometer después de bautizarme?  "Es decir, que suscitó una cuestión que ha confundido a todas las generaciones subsiguientes: ¿Puede el bautismo lavar los pecados aún no cometidos? 0, ¿se lavan los pecados cometidos antes del bautismo mediante un procedimiento, a saber, el bautismo, y los cometidos después, mediante otro?
 

20.    No pudiendo resolver satisfactoriamente las muchas cuestiones que surgieron de su mente, Constantino decidió, finalmente, unirse a los cristianos, pero aplazando su bautismo hasta el momento de su muerte, a fin de que todos sus pecados pudieran ser lavados de una vez.  Tal fue la directiva que siguió; de ahí que no fuese bautizado sino hasta poco antes de morir.
 

21.    La conducta de Constantino de repudiar la religión pagana, que era la de todo el imperio, para aceptar la cristiana, le granjeó el desagrado del Senado romano, el cual repudió su proceder, o, cuando menos, se opuso a él.  Esa oposición del Senado indujo a Constantino a trasladar la capital del imperio de Roma a Bizancio, una antigua ciudad, que él reedificó, y a la que llamó Constantinopla, en honor suyo.  El resultado fue que hubo dos capitales del imperio: Roma y Constantinopla.  Estas dos ciudades, que fueron rivales por muchos siglos, llegaron a ser más tarde el asiento de la autoridad religiosa de la Iglesia católica, dividida en dos ramas: la griega y la romana.
 

22.    Hasta el establecimiento de la jerarquía y la unión de la Iglesia y el Estado, todas las persecuciones fueron realizadas, ya por el judaísmo, ya por el paganismo.  Ahora se produce un tremendo cambio: los cristianos (de nombre) comienzan a perseguir a los cristianos que disienten de ellos.
Constantino, que desea que todos los cristianos compartan con él su idea de una religión del Estado, comienza a echar mano de su poder imperial para compeler a los muchos creyentes que, por razones de conciencia, se oponen a esta grave desviación de las enseñanzas del Nuevo Testamento.
Tal fue el comienzo de los días y años, y aun siglos, de dura y fiera persecución contra todos los cristianos que se mantuvieron leales a las enseñanzas originales de Cristo y sus apóstoles.
 

23.    Téngase presente que estamos refiriendo sucesos que ocurrieron entre los años 300 y 500 D. de C.
La jerarquía, establecida bajo la dirección de Constantino, se transformó rápidamente en lo que ahora se conoce como la Iglesia católica.  Esta recién transformada Iglesia, unida al poder temporal, ya no es sencillamente un elemento ejecutivo para cumplir las perfectas leyes del Nuevo Testamento, sino que comenzó a asumir un carácter legislativo, que corrige o anula las antiguas leyes o promulga otras nuevas completamente desconocidas para el Nuevo Testamento.
 

24.    Una de sus primeras disposiciones legislativas, y de las que más subversivos resultados produjeron, fue el establecimiento por ley del bautismo infantil.
En virtud de esta nueva ley, "el bautismo infantil" se hizo obligatorio.  Esto ocurrió el año 416.  Un siglo antes de esto, no era frecuente el bautismo de niños.  Pero no bien esta nueva ley fue hecha efectiva, fueron abrogadas dos leyes vitales del Nuevo Testamento, a saber: "el bautismo de creyentes" y la "obediencia voluntaria del candidato al mismo."
 

25.    Como consecuencia inevitable de esta nueva doctrina y esta nueva ley, estas extraviadas Iglesias pronto se llenaron de miembros inconversos.  El resultado fue que no pasaron muchos años antes de que la mayoría de los miembros se compusiese de inconversos.  Este estado de cosas hizo que los grandes intereses del gran reino espiritual de Dios estuviesen en manos de elementos no regenerados. ¿Qué podía esperarse de esta situación?
 

26.    Desde luego, los creyentes y las Iglesias leales rechazaron esta nueva ley; pues para ellos, la única ley válida era la del bautismo de creyentes, por ser el único bautismo neotestamentario. Y así, no sólo rehusaron bautizar a sus hijos, sino que, creyendo, como creían, en el bautismo de creyentes, rehusaron el bautismo administrado por las Iglesias de esta anti-escritural organización.  Por manera que si uno de los miembros de esas Iglesias extraviadas deseaba unirse a alguna de las que habían rehusado plegarse a la nueva organización, se le exigía que diese pruebas de genuina conversión, y se rebautizase.
 

27.    Esta conducta de parte de las Iglesias leales pronto incurrió en el furibundo desagrado de los devotos de la religión del Estado, muchos de los cuales, si no los más de ellos, no eran genuinos cristianos.
Sin embargo, a partir de ese momento, se les negó el nombre de "cristianos" a los que integraban las Iglesias leales que rehusaban aceptar los nuevos errores.  Es más: no sólo fueron despojados de ese nombre, sino que se les puso muchos otros nombres, de manera que unas veces eran llamados por uno, y otras por otro; y así se les llamó ": montañistas," "tertulianistas," "novacianos," "petrobrusianos," etc.; y algunos, al menos, a causa de su práctica de rebautizar a los que habían sido bautizados en la infancia, fueron denominados "anabaptistas."
 

28.    El año 426, exactamente diez años después de haberse establecido con fuerza de ley el Bautismo infantil, comenzó el horrible período conocido como la Edad Media. ¡Qué horrible período fue ese! ¡Cuán tenebroso y sangriento fue!  Durante diez siglos, a partir de ese entonces, el rastro del cristianismo leal se halla regado por su misma sangre.  Hay muchos nombres llevados por los perseguidos.  A veces esos nombres les fueron dados debido a algún jefe heroico que los acaudillaba; y otras debido a otras causas.  Ocurría a veces que el mismo pueblo era designado en cada país con distinto nombre.
 

29.    Fue a principios de la Edad Media cuando comenzó el papado, en la persona de León 11, 440-46 1. No fue, sin embargo, entonces cuando se usó por primera vez el título de papa.  Ese título, lo mismo que el de Iglesia católica, fue ampliado.  El nombre aparece por primera vez aplicado al obispo de Roma, entre 296 y 304.  El primero en adoptarlo formalmente fue Siricio, obispo de Roma de 384 'k 408.  Luego fue adoptado oficialmente por León II, 440-461.  Después fue universalmente reivindicado por todos los obispos, 707, hasta que Gregorio VII, unos siglos más tarde, declaró que ese título era exclusivo del papa.
 

30.    Recapitulemos ahora los sucesos más significativos de este primer período de quinientos años:

(1)     El cambio gradual del gobierno democrático por uno de carácter prelaticio.

(2)     El cambio de la salvación por gracia por la salvación bautismal.

(3)     El cambio del bautismo de creyentes por el bautismo infantil.

(4)     La Jerarquía.  Maridaje de la Iglesia y el Estado.

(5)     La capital del imperio trasladada a Constantinopla.

(6)     El bautismo infantil establecido por ley, y declarado obligatorio.

(7)     Los cristianos comienzan a perseguir a los cristianos.

(8)     La Edad del oscurantismo comenzó en 426.

(9)     La espada y la tea, más bien que el Evangelio, llegan a ser el poder de Dios (? ) para salvación ...

(10)   Todo resto de "libertad religiosa" acaba por morir; se la entierra, y enterrada queda por varios siglos.

(11)   Las Iglesias leales al Nuevo Testamento, conocidas por muchos nombres, son perseguidas sin tregua ni descanso por el poder temporal de la nueva Iglesia católica.

Restos de creyentes que se hallan dispersos por todo el mundo, buscan refugio (poco seguro) en los lugares más ocultos de los bosques, las montañas, los valles, los escondrijos y cavernas de la tierra.
 

DISERTACIÓN SEGUNDA
 

1.   Hemos terminado la primera disertación en el siglo quinto.
Sin embargo, un buen número de sucesos que no se mencionaron el la primera disertación tuvieron su principio en las primeras centurias de nuestra era.

Hemos llegado al hórrido período, designado por la historia universal como la Edad Media o del oscurantismo.  Porque fue de veras una época tenebrosa, sangrienta y hórrida en extremo.

Las persecuciones de la Iglesia Católica Romana fueron crueles y continuas.  La guerra de exterminio que prosiguió sin interrupción y de una manera implacable en muchos países, hizo que muchos creyentes huyesen a otras tierras, no dejando tras sí más que un reguero de sangre, por doquiera que iban.  Esto se vio especialmente en Inglaterra, Gales, Afrecha, Armenia y Bulgaria, y donde quiera que había cristianos que se mostraban sincera y rigurosamente leales al Nuevo Testamento.
 

2.   Volvamos ahora nuestra atención a los concilios llamados "Ecuménicos" o imperiales.
Conviene tener presente que todos esos sínodos se celebraron a semejanza del de Jerusalén (véase Hechos 1 S: l), celebrado por los apóstoles y otros; pero es probable que no haya habido nada más diferente que éstos de aquél, a pesar de llamarse concilios.

Fijaremos nuestra atención ahora tan sólo en ocho de ellos, los que fueron convocados por los emperadores; no por los papas.

Todos estos concilios fueron celebrados en Oriente, es decir, por Iglesias del rito griego, si bien asistieron a ellos representantes de la rama occidental o romana de la Iglesia.
 

3.   El primero de esos concilios se celebró en Nicea, en 325, convocado por Constantino el Grande, al que asistieron 318 obispos.

El segundo fue el de Constantinopla, celebrado en 381, convocado por el emperador Teodosio el Grande.  A éste asistieron 150 obispos. (Téngase presente que en los primeros siglos del cristianismo, los obispos no eran otra cosa que los pastores de las iglesias locales.)

El tercero fue convocado por Teodosio II y, Valentiniano III. A éste concurrieron 250 obispos, siendo celebrado en Efeso, en 43l.

El cuarto se celebró en Calcedonia, en 451, convocado por el emperador Marciano; concurrieron a él entre 500 y 600 obispos o metropolitanos (éstos eran pastores de ciudades principales o pastores de las principales Iglesias.) En este concilio fue promulgada la doctrina de lo que ahora se conoce como mariolatría, es decir, el culto de María, la madre del Señor.  Al principio, esta doctrina causó mucha agitación; pues muchos opusieron a ella serios reparos.  Con todo, acaba por imponerse como doctrina o dogma permanente de la Iglesia católica.

El quinto de estos ocho concilios se realizó en Constantinopla.  Este fue el segundo celebrado en aquella ciudad.  Lo convocó Justiniano, el año 553, al que asistieron 165 obispos.  A lo que parece, fue celebrado principalmente para condenar ciertos escritos.

El sexto concilio fue convocado en 680 por Constantino Pogonato, y celebrado, como el anterior, en Constantinopla, para condenar la herejía.  Este concilio condenó también al papa Honorio, al que depuso y excomulgó.  Desde luego, la infalibilidad aún no había sido declarada.

El séptimo concilio se reunió en Nicea, el año 787.  Fue éste el segundo celebrado en esa ciudad.  Fue convocado por la emperatriz Irene.  Al parecer, fue en este concilio donde se originó el "culto de las imágenes:?' y de los "santos." Como podéis verlo, esos "padres" se hicieron más paganos que cristianos.

El último de los llamados "concilios orientales" convocados por los emperadores, tuvo lugar en Constantinopla, el año 869.  Fue convocado por el emperador Basilio I, el Macedonio.

La Iglesia católica pasaba a la sazón por una seria dificultad, causada por la controversia suscitada entre las dos cabezas de una y otra rama del catolicismo (la oriental y la occidental, o sea la griega y la latina), a saber, Focio, de Constantinopla y Nicolás 1, de Roma.  Tan grave fue la contienda que los dos se excomulgaron mutuamente, de suerte que, durante un corto tiempo, el catolicismo estuvo sin cabeza.

El objeto del concilio fue, de consiguiente, el de arreglar ese asunto, a ser posible.  Pero tan definitiva fue esa ruptura entre las dos-ramas de catolicismo, que hasta la hora presente no ha sido posible restablecer la armonía entre ambas Iglesias.  Todos los intentos hechos en ese sentido han fracasado completamente.

Desde ese entonces, el poder de la curia romana ha ido en aumento.  Desde esa época en adelante, ya no son los emperadores los que convocan los concilios, sino los pontífices romanos.

Tocante a los concilios posteriores, nos ocuparemos de ellos más tarde, en el curso de estas disertaciones.
 

4.   Hay una nueva doctrina a la cual hemos dejado de llamar la atención.  Sin duda que también hay otras que se hallan en el mismo caso, pero hay una especialmente, a la que quiero llamar vuestra atención, y esa es la de la "Comunión infantil." En efecto, a los niñitos no sólo se les bautizaba y recibía en la Iglesia, sino que se los suponía capaces de participar de la Cena del Señor.

Pero el problema que se planteaba era de cómo se la podría administrar.  Al fin, se lo resolvió mojando el pan en el vino.  Tal fue la forma que se observó por mucho tiempo.

Algo más tarde, se añadió otra nueva doctrina a la anterior, cual era la de que había otro medio de salvación.  Pero como posteriormente apareció otra nueva enseñanza, volveremos a referirnos a esta última, algo más tarde.
 

5.   En el concilio de Calcedonia, celebrado en 451, se añadió otra doctrina enteramente nueva, que acrecentó rápidamente la "a, a saber, la doctrina, llamada mariolatría o culto a María, la Madre de Jesús.

Parece que se sintió la necesidad de un nuevo mediador, a causa de estimarse demasiado grande la distancia entre Dios y los hombres para que bastase un solo mediador, aun cuando ése lo fuese Cristo, Hijo de Dios y Dios hombre.  Y así se consideró que se necesitaba de María, como otra mediadora; con lo cual se le dirigieron oraciones y ruegos, a fin de que ella, a su vez, se los dirigiera a Cristo.
 

6.    En el siglo octavo, se añadieron a la fe católica otras dos nuevas doctrinas, las que fueron promulgadas en el segundo concilio celebrado en Nicea, el que tuvo lugar el año 787.

El primero que allí se celebró se le designó como el concilio del "culto de las imágenes," una abierta violación de uno de los mandamientos divinos, que dice: "No harás para ti ninguna imagen o semejanza" . . . (Éxodo 20:3-5).  Fue esa otra añadidura del paganismo, a la que luego siguió la del "culto de las santos." Esta doctrina no tiene base bíblica alguna.  El único ejemplo de súplica dirigida a un santo que hallamos en la Biblia, dado sin duda para mostrar lo necio de semejante pedido, es la que el rico dirigió a Abraham (Lucas 16:24-3 l).  Estos son algunos (no todos) de los numerosos cambios revolucionarios que se hicieron tocante a las enseñanzas del Nuevo Testamento en ese período de la Historia Eclesiástica.
 

7.   Durante el período que acabamos de recorrer, los perseguidos fueron llamados por muchos y variados nombres, como donatistas, petrobrusianos, cátaros, paulicianos y anabaptistas.  Algo más tarde, fueron llamados amoldistas, enriqueños, albigenses y valdenses.  A veces uno de estos grupos sobresalía sobre los demás, y otras, otro.  Pero algunos de ellos casi siempre se destacaron a causa de lo persistente y terrible de la persecución.
 

8.   Pero no se vaya a pensar, sin embargo, que todos estos perseguidos hayan sido siempre leales en todo sentido a las enseñanzas de¡ Nuevo Testamento.  En lo esencial, sí lo fueron.  Y algunos, si se tienen en cuenta las circunstancias que los rodeaban, fueron sorprendentemente fieles.  Téngase presente que muchos de ellos sólo poseían en aquellos lejanos tiempos partes del Nuevo o del Viejo Testamento; pues como los sagrados libros no estaban ¡impresos, sino manuscritos en pergamino o algo por el estilo, eran grandes y voluminosos.  Ello hacía que fuesen pocas - si es que había alguna - las familias y hasta las simples Iglesias que tenían ejemplares completos de la Biblia.  Antes de la formal terminación del canon, lo cual ocurrió a fines del siglo cuarto, había muy pocos manuscritos de todo el Nuevo Testamento.  De los mil de ellos de que tenemos noticia, sólo unos treinta contienen todos los libros de que consta el Nuevo Testamento.
 

9.    Además, durante toda la Edad Media y el período en que arreciaron las persecuciones, se hicieron grandes esfuerzos por destruir las Sagradas Escrituras, sin excluir los ejemplares que poseían los propios perseguidos.  De ahí que esas víctimas de la persecución tuviesen, en muchos casos, únicamente algunos fragmentos de la Biblia.
 

10. Conviene también advertir que en aras de impedir la difusión de opiniones contrarías a las de los católicos, se hicieron planes y se tomaron medidas en ese sentido.  Como primera providencia, se dispuso que todos los escritos sin distinción fuesen recogidos y quemados.  Esta medida se aplicó especialmente a los libros, lo que se hizo con todo rigor y persistencia, por espacio de varios siglos.  Tal fue, según la historia, la causa principal de que sea tan difícil lograr datos históricos exactos.  Además, todos los escritores y predicadores que se mostraron inflexibles sufrieron el martirio.  Ese período fue sobremanera sanguinario; tanto, que todos los grupos heréticos (así eran llamados) que persistían en sus opiniones, no importa cuál fuese su nombre ni dónde viviesen, eran perseguidos.

Los donatistas y los paulicianos se distinguieron entre los primeros grupos.

Los católicos, por extraño que parezca, a todos los que se negaban a hacer causa común con ellos en su desviación de la fe y a creer en sus errores, los denunciaban como herejes y como a tales los condenaban.

Esos católicos llegaron al extremo de llegar a ser más paganos y judíos que cristianos, mostrándose más sumisos al poder civil que al religioso; es más: en vez de observar las antiguas leyes, crearon otras nuevas.
 

11. He aquí algunas de las nuevas variaciones que se produjeron acerca de las enseñanzas del Nuevo Testamento durante todos esos siglos.  Es probable que no siempre se den en el orden del tiempo de su promulgación.  En efecto, ocurriría a veces que sería casi imposible lograr la fecha exacta del comienzo de estos cambios.  Ha ocurrido con ellos, sin duda, algo semejante a todo el sistema católico; desde que son efectos de un desarrollo gradual.  Sus doctrinas o enseñanzas estuvieron sujetas, en los primeros años, a un constante cambio, mediante adiciones, sustracciones, o sustituciones o anulaciones.  El resultado fue que la Iglesia católica ya no era, dado que alguna vez lo fuese, una Iglesia neotestamentaria.  Tampoco era ya un cuerpo meramente ejecutivo, para cumplir las leyes de Dios, sino que se había convertido en uno de carácter legislativo, que hace otras nuevas, y que cambia o abroga las antiguas a su gusto y paladar.
 

12. Una de sus nuevas doctrinas o declaraciones dadas a conocer por ese entonces, fue ésta: "Fuera de la Iglesia no hay salvación." Como, según ellos decían, no había otra Iglesia que la católica, se seguía que había que ser católico, o de lo contrario, perderse.
 

13. La doctrina de las indulgencias y la venta de las mismas constituyó otra nueva y grave desviación de las enseñanzas del Nuevo Testamento.  Pero con la mira de que esa nueva enseñanza fuese hecha efectiva, fue preciso introducir todavía, con carácter imperativo, otra nueva doctrina, a saber, la de abrir un gran crédito en el cielo, pero accesible a la tierra.  Y así se enseñó que las "obras buenas" poseían mérito para el logro de la salvación.  Que ese crédito o depósito se podía acrecentar depositando algo a cuenta en él, del que también algo se podría sacar o extraer.

La primera y más importante suma que figuraba en ese crédito de los cielos era, desde luego, la obra de Jesús.  Como él nunca hizo mal alguno, no necesitó ninguna de sus obras buenas para sí mismo, con el resultado de que todas ellas fueron a acrecentar el aludido depósito.  Luego, en adición a eso, se agregaron todos los sobrantes de las buenas obras que cada uno de los apóstoles pudo necesitar para sí mismo, así como el exceso de las hechas por la gente piadosa de las futuras generaciones, con lo cual se formó un enorme depósito.

Formado ese enorme fondo de "buenas obras," y puesto a la orden de la Iglesia, ésta pudo disponer de él según lo requirieran las necesidades de algún pobre y mortal pecador, echando mano de aquel crédito, tanto cuanto la prudencia lo aconsejase, en beneficio del que lo necesitara.  Tal es el origen de la venta de las indulgencias.

La gente las podía comprar, ya para sí misma, ya para sus amigos y hasta para los deudos difuntos.  Los precios variaban en proporción a la falta cometida, o que hubiese de someterse.  Esos precios llegaron a veces a extremos increíbles, como lo admiten los mismos católicos.  Algunas historias o enciclopedias dan una lista de los precios fijados según los diversos pecados para la remisión de los cuales se vendían las indulgencias.
 

14. Todavía fue necesaria otra nueva doctrina, sí, imperativa, para hacer las dos últimas completamente efectivas.  Esa nueva doctrina es la del llamado purgatorio, un lugar de estado intermedio entre el cielo y el infierno, al cual todos deben de ir para purificarse de todo pecado que no sea mortal.  Aun los "santos" deben pasar por el purgatorio y permanecer en él hasta ser enteramente purificados por el fuego, excepto que logren ayuda procedente del ante dicho crédito, cosa que sólo pueden lograr mediante las, oraciones y el lucro de indulgencias que hagan y lucren los vivos en favor de ellos.  De ahí la venta de indulgencias.  Es inútil; una desviación de las enseñanzas del Nuevo Testamento siempre conduce inevitablemente a otras.
 

15.  Detengámonos ahora un momento para mostrar cuales sean las principales diferencias entre los católicos romanos y los griegos:

(1)    En cuanto a nacionalidad, los griegos son principalmente esclavos, los que comprenden Grecia, Rusia, Bulgaria, Serbia, etc.  Los romanos son principalmente latinos; esta Iglesia domina en Italia, Francia, España, y la América del Sur, la Central, México, etc.

(2)    Los católicos griegos rechazan el bautismo por aspersión  o afusión; los romanos, en cambio, practican la aspersión únicamente, pretendiendo que tienen derecho a cambiar la forma original bíblica, que era la inmersión.

(3)     Los griegos continúan practicando la comunión infantil; los romanos la han abandonado, aunque la enseñaron en otro tiempo, como medio de salvación.

(4)    Los griegos administran la comunión en ambas especies a los laicos, dándoles no sólo el pan, sino también el vino; los romanos solos les dan el pan; el vino sólo lo toman lo sacerdotes.

(5)    Los griegos tienen sacerdotes casados; los romanos prohíben a sus sacerdotes contraer matrimonio.

(6)    Los griegos rechazan el dogma de la infalibilidad papas; los romanos no sólo la aceptan, sino que insisten e defenderla.
 

Tales son los principales puntos en que difieren esas dos Iglesias; fuera de eso, podrían marchar unidas.  Otras diferencias entre ambas Iglesias, son: (1) Los griegos celebran sus oficios EN LENGUA VULGAR; (2) No creen en la existencia del PURGATORIO; (3) Emplean en la comunión PAN LEUDADO; y (4) No tienen en sus templos IMAGENES DE TALLA, sino cuadros o pinturas.
 

16. Hemos llegado, en nuestras disertaciones, al siglo noveno.

Principiaremos ahora con el décimo.  Es precisamente en ese siglo cuando tuvo lugar la separación entre las Iglesias griega y romana.  Pronto veréis, a través de los siglos, otras nuevas leyes y doctrinas, así como nuevas y encarnizadas persecuciones. (Véase Schaff-Hersogg, tomo II, página 901) 
 

17. Llamo de nuevo vuestra atención a aquellos a quienes atrapó la mano de hierro de la persecución.

Si, como parece aseverar la historia, perecieron cincuenta millones, víctimas de las persecuciones, durante los mil doscientos años de la Edad del Oscurantismo, entonces murieron a razón cuatro millones cada cien años.  Tal cifra casi sobrepasa los límites de lo concebible.  Como ya se ha dicho, esa mano de hierro, chorreando sangre de mártires, cayó implacable sobre lo paulicianos, los arnoldistas, los enriqueños, los petrobrusianos, lo albigenses, los valdenses y los anabaptistas; y desde luego, sobre algunos otros, se mostró mucho más dura.  Pero pasaremos rápidamente por esta horrorosa parte de nuestra historia.
 

18. Hemos llegado a otro período bastante largo d concilios ecuménicos, pero éstos no fueron ni continuos consecutivos.

Con el correr de los años, hubo muchos concilios que n fueron ecuménicos ni siquiera imperiales o de todo el imperio.

Esos concilios fueron en gran parte cuerpos legislativos, para dictar alguna ley civil o religiosa (? ), o reformarla.  Pero ya se trata de la legislación o de las mismas leyes, una y otras están en abierta oposición al Nuevo Testamento.

Recuérdese que tales actos fueron realizados por una Iglesia sostenida por el Estado, la que vive en conturbenio con un gobierno pagano, con el resultado de que se ha paganizado más allá de lo que el gobierno se ha cristianizado.
 

19. Cuando un pueblo desecha el Nuevo Testamento, que contiene todas las normas necesarias para dirigir la vida cristiana del individuo y de la Iglesia, ese pueblo se ha suicidado, arrojándose a un piélago sin límites.

Toda ley errónea - y una ley añadida a la Biblia siempre es errónea - muy presto (sin que sea posible evitarlo') exigirá que se añada otra, luego otra, después otra, sin solución de continuidad.  Por eso fue que Cristo no dio a sus Iglesias ni a sus predicadores poderes legislativos.  Es más: es por eso que el Nuevo Testamento termina con estas significativas palabras: "Yo protesto a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Que si alguno añadiere a ellas cualquier cosa, Dios descargará sobre él las plagas escritas en este libro.  Y si alguno quitare cualquier cosa de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en el libro." (Apocalipsis, 22:18-19)

Nota: Insertamos aquí, como entre paréntesis, esta cláusula, a manera de admonición: Que las Iglesias bautistas tengan cuidado con las resoluciones disciplinarias o de otra naturaleza que suelen aprobarse a veces en sus conferencias, por el peligro que se corre de que a esas resoluciones se las considere como normas para el gobierno de la Iglesia.
 

20. Los extremados límites de este librito excluyen la posibilidad de extendemos acerca de estos concilios o asambleas legislativas; con todo, fuerza será que digamos algunas cosas acerca de ellos.
 

21. El primero de los concilios lateranenses u occidentales, convocados por los papas, fue convocada por Calixto II, en 11 23.  Estuvieron presentes alrededor de 300 obispos.  En esta asamblea se decretó el celibato de los sacerdotes católicos romanos.  Desde luego, no intentaremos exponer todo lo tratado en estas asambleas.
 

22. Años más tarde, en 1139, bajo el pontificado de Inocencio II, se convocó otro de estos concilios, especialmente para condenar a dos grupos de devotísimos cristianos, conocidos como petrobrusianos y amoldistas.
 

23. Alejandro III convocó todavía otro, en 1179, cuarenta años después del anterior.  En él fueron condenados lo que ellos llamaron los "errores e impiedades" de los valdenses y de los albigenses. 
 

24. Treinta y seis años exactamente después del último, se convocó a otro, por el papa Inocencio III.  Este se celebró en 1215, siendo, según parece, el más concurrido de estos grandes concilios.  Según la historia de esta asamblea, "estuvieron presentes en ella 412 obispos, 800 abades y priores, embajadores de la corte bizantina, y un gran número de príncipes y nobles." Por lo abigarrado de esta asamblea, ya podéis comprender que no fueron asuntos espirituales únicamente los que en ella se trataron.

En aquel entonces se promulgó la nueva doctrina de la "transustanciación" que pretende convertir el pan y el vino de la cena del Señor en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo, después que el sacerdote pronuncia las llamadas palabras sacramentales.  Fue esta doctrina, entre otras, la que, siglos más tarde, sacudió a los adalides de la Reforma.  Según ese dogma, todos los que participan de la comunión, comen realmente el cuerpo de Cristo, y beben su sangre.

 En esta asamblea parece que se originó un nuevo dogma, el de la confesión auricular, consistente en la obligación de confesar los pecados de uno al oído del sacerdote.

Pero es probable que la más cruel y sanguinaria institución que registra la historia de la humanidad, impuesta jamás a un pueblo, sea la conocida como la "Inquisición," así como otros tribunales destinados a averiguar y juzgar los casos de "herejía."

El mundo está lleno de libros que condenan esa extrema crueldad.  Sin embargo, esa institución se originó y perpetuó por gente que pretende ser guiada por el Señor.

Por lo que respecta a su barbarie, parece que no hay nada, absolutamente nada, en toda la historia, que la sobrepase.  Tan bárbara ha sido, que yo no me atrevería a describirla.  Me limitaré, pues, a remitir a mis lectores a algunos de los numerosos libros que tratan de la "Inquisición," a fin de que se enteren por sí mismos.

 Pero como si no fuese ya bastante con la anterior, esta asamblea o concilio decretó expresamente la extirpación de toda "herejía." ¡Cuántas páginas luctuosas contiene la historia del mundo, escritas a causa de esos horribles decretos!
 

25.  En 1229, catorce años justos después de esa terrible asamblea, tuvo lugar otra más.  Esta parece que no fue ecuménico.  Se la conoce como el concilio de Tolosa.  Probablemente, uno de los asuntos más vitales de toda la historia del catolicismo fue promulgado en esta reunión.  En efecto, se decretó que la lectura de la Biblia, el libro de Dios, se prohibiese a todos los laicos, excepto a los sacerdotes o altos signatarios de la Iglesia. ¡Qué decreto tan extraño en vista de la clara enseñanza de la Palabra Divina, que dice: "Escudriñad las Escrituras, porque en ellas creéis tener la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí." (Juan 5:39)
 

26. Todavía se convocó a otro concilio que habría de reunirse en la ciudad de Lión.  Lo convocó el papa Inocencio IV, en 1245.  El objeto por el cual fue convocado parece que fue principalmente para excomulgar al emperador Federico I de Alemania.

La Iglesia, la esposa infiel, que aceptó vivir en contubernio con el Estado en 313, en días de Constantino el Grande, se halla convertida ahora en ama de casa, y como tal dicta normas políticas a los gobiernos, a la vez que pone reyes y reinas, o bien los depone, a su voluntad.
 

27. En 1274, fue convocado otro concilio, con la mira de reunir de  nuevo las dos ramas, griega y romana, de la gran Iglesia católica. Pero fracasó completamente en lograr su propósito.
 

TERCERA DISERTACION
1400-1600
 

1.    Los tres siglos: quince, dieciséis y diecisiete, figuran entre los más memorables de la historia de la humanidad, y muy especialmente, de la historia del cristianismo.  Dentro de la Iglesia católica, tanto en la rama latina como en la griega, hubo una continua revolución, cuyo objeto era el de lograr una reforma.  Este despertar de la conciencia religiosa, después de haber dormido por tanto tiempo, y el anhelo de una genuina reforma, comenzó, en realidad, en el siglo trece, y hasta es posible que comenzase un poco antes.  La historia parece realmente insinuarlo así.

 

2.    Retrocedamos un poco.  La Iglesia católica, con sus innumerables desviaciones de las enseñanzas del Nuevo Testamento, sus muchas extrañas y crueles leyes, su estado moral, desesperadamente bajo, así como sus manos y ropas bañadas con la sangre de millones de mártires, se había vuelto odiosa y sumamente repulsiva aún para muchos de sus mismos adherentes, los cuales eran mucho mejores que su propio sistema de leyes, doctrinas y prácticas.

Varios de los mejores y más valientes y espirituales sacerdotes y dirigentes procuraron, uno tras otro, con el mayor ardor, reformar las leyes y doctrinas más objetables y retomar, hasta donde fuese posible, a las sencillas enseñanzas del Nuevo Testamento.  Daremos de ello algunos Ejemplos notables.

Repárese entre tanto no sólo en los lugares donde se produjeron los primeros chispazos, anunciadores de la reforma, y cuánto distaron unos de otros, sino también en los adalides de ese movimiento.  Todos esos adalides eran o habían sido sacerdotes o signatarios católicos.  Es que todavía subsistía algo de bueno en medio de tanto mal.  Es probable, sin embargo, que por ese tiempo no quedase indemne ni una sola doctrina neotestamentaria, esto es, que retuviese su pureza original.

Fijémonos ahora en algunos de los reformadores y en los lugares donde trabajaron.
 

3.    Conviene tener presente, sin embargo, que por espacio de muchos siglos antes de este gran período reformista, hubo una crecida cantidad de personas notables que se rebelaron contra los horribles extremismos de los católicos, y que procuraron sinceramente mantenerse leales a las enseñanzas de la Biblia.  Pero todo lo que éstos dejaron tras sí fue un reguero de sangre.
Vamos, ahora a dedicar unos momentos al estudio de ese notable período de la Reforma. 
 

4.    Entre 1320 y 1384, hubo en Inglaterra un hombre que atrajo la atención del mundo entero.  Se llamaba Juan Wiclef.  Este fue el primero de los valientes que tuvieron la osadía de emprender una verdadera reforma dentro de la Iglesia católica.  En la historia se le alude muchas veces con el nombre de el "Lucero del Alba" de la Reforma.  Se caracterizaba por una vida fervorosa y útil.  Fue tal su vida, que se requerirían varios tomos para escribir su historia.  De ahí que fuese odiado (odiado y temido a la vez) por los jerarcas católicos, quienes hicieron cuanto pudieron por atraparlo y acabar con él.  Pero felizmente no lograron su siniestro propósito, sino que murió de parálisis.  Pero el odio que los católicos le tenían era tan profundo, que, años más tarde, desenterraron sus huesos los quemaron y arrojaron sus cenizas al agua.
 

5.    Siguiendo más o menos de cerca las huellas de Wiclef, apareció en escena Juan Huss, 1373-1415, ilustre hijo de la lejana Bohemia.  La brillante luz del "Lucero del Alba" de Inglaterra había penetrado en su alma, y respondido alegremente a ella.  Fue la suya una vida denodada y memorable, pero lamentablemente corta.  Huss, lejos de excitar la cuerda sensible de sus correligionarios católicos, excitó el miedo, el odio y la oposición, de resultas de lo cual fue quemado en la pira pública cual mártir de su propio pueblo, no obstante buscar el bien de éste.  Cierto que amaba a Su Señor, pero también lo es que amaba a su pueblo.  Sin embargo, él fue uno de entre los muchos millones que hubieron de morir de la misma manera que él.
 

6.    A continuación de Juan Huss, de Bohemia, aparece en escena un portentoso hijo de Italia, el soberanamente elocuente Savonarola, 1452-1498, nacido treinta y siete años después que Juan Huss hubo sido quemado.  Savonarola, a semejanza de Huss, aunque era católico devoto, descubrió que los gobernantes de su patria, Italia, lo mismo que los de Bohemia, eran contrarios a la reforma.  Pero con su poderosa elocuencia consiguió despertar algunas conciencias y atraerse considerable número de partidarios.  Pero una verdadera reforma de la Jerarquía significaba la ruina absoluta de las altas esferas de la Iglesia.  Y así, Savonarola, a semejanza de Huss, hubo de morir, quemado en la pira pública.

Es posible que Savonarola haya aventajado sobremanera a los hombres más elocuentes de aquel período; pero a pesar de su elocuencia, como atacaba a una poderosa organización; y como la existencia de esa institución exigía que se opusiese a la reforma, Savonarola hubo de morir.
 

7.    Desde luego, al dar los nombres de los reformadores de este período, de necesidad es que se excluyan algunos; y así sólo menciono aquellos a quienes se refiere la historia con más frecuencia.

A continuación del pico de oro italiano, surgió el suizo Ulrico Zuinglio, nacido antes de que Savonarola muriese.  Zuinglio floreció entre los años de 1484 y 153 l.

La idea de reforma se propaga ahora por todas partes.  Los incendios que esta idea origina, se producen al presente con más rapidez que nunca y se extienden con gran celeridad, de tal manera que resulta difícil extinguirlos; como que aun no había sido sofocado sino en parte el provocado por Zuinglio, cuando otro más voraz que todos los restantes estalló en Alemania. Zuinglio murió en el campo   de batalla.
 

8.    Martín Lutero, acaso el más notable de todos los reformadores de los siglos quince y dieciséis, floreció entre los años de 1483 y 1546.  Como puede verse por estas fechas, Lutero fue realmente contemporáneo de Zuinglio; como que nació un año antes que éste, y murió quince años después.  Es probable, sin embargo, que sus grandes predecesores le hayan facilitado el cumplimiento de su nación, y ello en una medida mucho mayor que la señalada por la historia.  Es más; mediante la dura experiencia de aquéllos y luego más tarde en forma más acabada, mediante la suya propia, comprendió que una reforma en regla dentro de la Iglesia romana sería completamente imposible, ya que se hubieran necesitado demasiados expedientes.  El empleo de uno exigiría otro, y éste, otro; y así, sucesivamente, hasta lo infinito.
 

9.    De consiguiente, después de librar grandes batallas con los grandes jerarcas del catolicismo, Lutero, auxiliado por Melancton y otros alemanes prominentes, fundó en 1530, más o menos, una institución cristiana, enteramente nueva, conocida actualmente            como la Iglesia luterana, la que pronto se convirtió en la Iglesia de Alemania.  Fue esa la primera de las nuevas fundaciones salidas directamente de Roma, que rompieron con todo compromiso de fidelidad y obediencia a la Iglesia madre (como la llaman), y a continuar viviendo en esa relación.
 

10. Pasando por alto, por ahora, a la Iglesia de Inglaterra, que es la que sigue en orden a la luterana en cuanto a sus comienzos, continuaremos ocupándonos por un rato de la Reforma en el continente.

Otro de los más grandes reformadores fue Juan Calvino, 1509-1564.  Aunque era francés, el teatro de sus operaciones fue más bien Suiza.  Fue éste un hombre muy capaz y dotado.  Fue asimismo contemporáneo de Lutero durante 30 años; y cuando Zuinglio murió, tenía 22 años de edad.

Calvino es el fundador de la Iglesia presbiteriano; aunque hay historiadores que afirman que el que la fundó fue Zuinglio.  Pero hay más fuertes evidencias en favor de Calvino que de Zuinglio.  Pero es incuestionable que los trabajos de Zuinglio y de Lutero hicieron que la tarea de Calvino le resultara mucho más fácil.  De consiguiente, en 1541 (pues, según parece, fue esa la fecha), a los once años justos de haber fundado Lutero la Iglesia luterana, comenzó a existir la presbiteriano.

En este caso, como en el de Lutero, el fundador fue un sacerdote católico reformado, o que estuvo a punto de serio.

Wiclef, Huss, Savonarola, Zuínglio, Lutero y Calvino son los seis grandes adalides que acaudillaron las fuerzas de la Reforma en las batallas contra el catolicismo, al que golpearon hasta hacerlo trastabillar.
 

11.  En 1560, diecinueve años después que Calvino fundó la Iglesia de Ginebra, Juan Knox, discípulo de Calvino, estableció la primera Iglesia presbiteriano en Escocia; y treinta y dos más tarde, in 1592, esa misma Iglesia presbiteriano se transformó en Iglesia del Estado escocés.
 

12. Durante estas recias luchas en favor de la Reforma, muchos anabaptistas prestaron su ayuda a los reformadores.  Aquéllos, creyendo y esperando hallar algún alivio a su dura suerte, salieron de sus escondites y lucharon denodadamente al lado de los reformadores; pero pronto sufrieron un terrible desengaño.  En adelante, tuvieron que habérselas con otros dos enemigos: los luteranos y los presbiterianos, que al salir del catolicismo, llevaron consigo muchos de los males que caracterizaban a éste, entre otros, su idea de una Iglesia del Estado.  De ahí que muy pronto se convirtiesen una y otra denominación en Iglesias del Estado.  Ello hizo que las dos pronto se embarcasen en la empresa de perseguir a otros, aunque sin llegar a los extremos de su católica madre.

Triste y horrible fue la suerte de estos pacientísimos anabaptistas.  Ahora el mundo ya no les ofrece ningún lugar seguro donde puedan ocultarse.  Ahora cuatro implacables Perseguidores siguen furiosos, su rastro.  Seguramente que fue el suyo un "Rastro de Sangre.
 

13. Durante este mismo período, surgió otra denominación, no en el continente, sino en Inglaterra, la cual precedió en varios años al presbiteriano.  Su origen no se debió tanto a la idea de Reforma (aunque ésta facilitó su aparición) cuanto a una ruptura o división en las filas católicas.  Fue ésta más semejante a la división o cisma que se produjo en 869, cuando los católicos orientales se separaron de los occidentales, distinguiéndose ambas Iglesias desde entonces en la historia con los nombres de Iglesia católica griega e Iglesia católica romana.

La división a que nos referimos ahora ocurrió más o menos de esta manera:

El rey Enrique VIII de Inglaterra se había casado con Catalina de Aragón; pero desgraciadamente, poco tiempo después, su inquieto corazón se prendó de Ana Bolena; por esta causa, quiso divorciarse de Catalina, para casarse con Ana.  Pero en aquel entonces no era nada fácil lograr divorciarse; sólo el papa podía conceder el divorcio; y como él, por especiales motivos, rehusó otorgarlo, Enrique se sintió profundamente apenado.  Pero considerando que era rey, se creyó autorizado para hacer lo que le viniese en gana. 

Su primer ministro (que a la sazón lo era Tomas Cromwell) se burló del rey, diciéndole: ¿Por qué os sometéis a la autoridad papal a ese respecto?  Enrique aceptó la sugestión, y se constituyó a sí mismo cabeza de la Iglesia de Inglaterra.  Tal fue el origen de esa nueva Iglesia.  Ese paso se dio en 1534 6 1535.  Por el momento, ningún cambio de doctrina se hizo; todo se redujo a desconocer y sacudir la autoridad del papa.  La verdad es que Enrique nunca llegó a ser realmente un protestante sincero, como lo demuestra el que murió en la fe católica.
 

14. Pero esta división trajo como resultado un notable cambio, o reforma.  En efecto, si bien fue imposible reformar la Iglesia Católica bajo la autoridad papel, sin salir de ella, como ocurrió en el caso de Lutero y de otros, ello fue posible después de la antedicha división; y así, Cramer, Latimer, Ridley y, otros introdujeron algunos cambios notables; pero esos cambios los pagaron más tarde muy caros, cuando María la sanguinaria, hija de la repudiada Catalina, ascendió al trono de Inglaterra y restableció el catolicismo, con el papa a la cabeza.  Esa temible y espantosa reacción terminó al fin de los cinco azarosos y sangrientos años que duró el reinado de María.  Muchas fueron las cabezas que cayeron bajo la sangrienta hacha de esa soberana, pero, al final, también cayó la suya.

Como el pueblo inglés le había tomado gusto a la-libertad, cuando Isabel, hija de Ana Bolena (por causa de la cual se había Enrique divorciado de Catalina) ascendió al trono, la Iglesia de Inglaterra sacudió una vez más el yugo papal, y fue restablecida de nuevo. 
 

15. De esta manera, antes de fines del siglo dieciséis, había cinco Iglesias sostenidas por el Estado: la ortodoxa griega, la católica romana, la anglicana, la luterana y la de Escocia, conocida como presbiteriano.  Todas ellas se mostraron implacables en su odio y persecución de los llamados anabaptistas, valdenses y demás iglesias disidentes que no habían tenido jamás relación alguna con los católicos.  La gran ayuda que habían prestado durante las luchas de la Reforma había sido echada en olvido o se ignoraba enteramente a la sazón, con el resultado de que muchos millares más de disidentes, incluso mujeres y niños, perecían cada día a consecuencia de las interminables persecuciones.  De esa forma, la gran esperanza despertado por la Reforma resultó una sangrienta desilusión.  Los que quedaron hallaron refugio no muy seguro en los amigables Alpes y otros ocultos lugares del mundo.
 

16. Estas tres nuevas Iglesias separadas de Roma o salidas de ella, retuvieron muchos de sus dañosos errores.  He aquí algunos de ellos:
 

(1)    Gobierno prelaticio; pues sólo difiere en la forma.

(2)    Iglesia sostenida por el Estado.

(3)    Bautismo infantil.

(4)    Bautismo por aspersión o afusión.

(5)    Creencia en la regeneración bautismal (unos más, otros menos), si ha de creerse a muchos de sus historiadores.

(6)    La persecución de otros (al menos durante algunos siglos).
 

17. Al principio, todas estas Iglesias del Estado se perseguían unas a otras, lo mismo que a cualquier otra; pero en un concilio celebrado en Augsburgo en 1555, se firmó un tratado de paz, conocido como la Paz de Augsburgo, entre los "católicos," por un lado, y los "luteranos," por el otro, en virtud del cual se comprometían a no perseguirse un