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El Rastro de la Sangre J.M. Carroll
El propósito de este librito es dar a conocer la historia de los TESTIGOS FIELES del Señor Jesús, quienes como miembros de la IGLESIA QUE JESÚS EDIFICÓ "...han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte". (Apocalipsis 12.11)
Obra original en inglés: "The Trail of Blood" Publicado en 1931 por Dr. J. W. Porter Traducido por José M. Rodríguez Publicado en 1976 en español por: Editorial Challenge, Little Rock, Arkansas, E.U.A. Pastor M. L. Moser, Jr. Edición Revisada realizada por: Julio J. Argüelles y Theodore L. Tweet, San Pedro Sula, Honduras, C.A. Publicado en 2002 por: Bryan Station Baptist Church, 3175 Briar Hill Road, Lexington, Kentucky 40516, E.U.A. Pastor Al Gormley (859) 299-1430
INTRODUCCION Por Theodore Tweet El Rastro de la Sangre relata la historia buatista, preservada a veces aún por autores protestantes y católicos, al ver que los bautistas fieles preferían morir antes de negar la Biblia para acomodarse a la moda. A través de los siglos, la afirmación bautista era: "La Biblia es la única regla de fe y práctica".
Antes de imprimir esta edición de El Rastro de la Sangre hemos realizado una revisión, no para cambiar el contenido, sino para clarificar y facilitar la lectura. lo que originalmente era la "Introducción" por el Pastor Clarence Walter ya aparece al fin del librito como "Resumen." Además, anotamos una explicación en las páginas 6, 30 y 71 donde el autor escribió: "... sólo el Nuevo Testamento había de ser la regla y guía en asuntos de fe y de conducta, no sólo para la iglesia como organismo, sino para cada miembro de ella". (Nota del traductor: Los bautistas verdaderos siempre han dicho que toda la Escritura es la Palabra de Dios y es la única regla de fe y práctica, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo, 2 Timoteo 3:16-17. {La Confesión de Fe de Londres de 1689, Una Confesión Bautista, Capítulo 1, "Las Santas Escrituras") Sin embargo, la iglesia de Cristo es una institución que no empezó sino hasta el Nuevo Testamento. Entonces, sólo allí se encuentra el origen, reglas y prácticas de las iglesias del Señor. Es un error, pues, por parte de los católicos o protestantes referirse a la nación de Israel como patrón para una iglesia, por lo cual se les confunde a ellos con respecto a la ordenanza del bautismo, etc. y les induce a anhelar y justificar la unión de Iglesia y Estado, pero los bautistas siempre se oponían a tal unión.) La unión de la Iglesia y Estado quería decir que:
Al iprimer El Rastro de la Sangre en español, por primera vez en 1976, el pastor M.L. Moser, Jr. Ofreció el siguiente comentario: "El mundo tiene una gran deuda con los bautistas; una deuda que nunca se puede pagar. Los bautistas siempre han sido los campeones de la libertad religiosa y política. El precio que los bautistas han pagado durante los años desde el tiempo que Jesucristo instituyó la primera Iglesia Bautista en Jerusalén hasta ahora, no puede ser contado en términos terrenales.
Aún sacados de sus casas, vendidos en los mercados de esclavos, ahogados en los ríos, hervidos en aceite, quemados vivos en estacas y muy perseguidos, los bautistas han permanecido leales y fieles al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia habla con autoridad final a los bautistas."
El Rastro de la Sangre ó La pista de los cristianos a través de los siglos desde el tiempo de Cristo hasta nuestros días
0 para expresarle de otra manera, pero muy
expresivamente: "Historia de las doctrinas enseñadas por Cristo y sus
apóstoles y los que les fueron leales." PRIMERA DISERTACIÓN
"Recuerda los días de la antigüedad; pensad en los años de muchas generaciones: pregunta a tu padre, que él te anunciará, a tus ancianos, y ellos te dirán" (Deuteronomio 32:7).
1. Lo que hoy conocemos como "cristianismo" o religión cristiana, comenzó con Cristo, el año 30 de nuestra era, en tiempo del imperio romano y dentro de sus límites, uno de los mayores imperios que el mundo haya conocido en el curso de toda su historia.
2. Ese imperio, en aquella época, comprendía casi todo el mundo entonces conocido y habitado. El emperador reinante a la sazón era Tiberio César.
3. En cuanto a religión, el imperio romano era en ese entonces pagano. Sus numerosos dioses eran, unos reales, otros imaginarios. Había asimismo muchos creyentes y devotos. Esa religión era no sólo la religión del pueblo, sino la del imperio, y como tal estaba sostenida y protegida por El Estado. (Mosheim, tomo 1, cap. l)
4. El pueblo judío, que en ese período ya no constituía una nación
aparte, se hallaba desparramado por el imperio romano.
5. Como la religión de Cristo no es una religión de este mundo, su fundador no le dio ninguna cabeza o fe terrenal, ni poder temporal. Y así, ella no buscó ni el sostén ni el apoyo del Estado; tampoco trató de destronar al César. Y así tenía que ser, como quiera que su autor había dicho: "Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios." (Mateo 22:19-22); Marcos 12:17; Lucas 20:20) Desde que el cristianismo es una religión espiritual, mal podía ser el rival de ningún gobierno terrenal. Y a mayor abundamiento, hasta se les enseñó a sus adherentes a respetar a las autoridades y a observar las leyes. (Romanos 13:1-7; Tito 3: l; la de Pedro 2:13-16)
6. Deseo llamar ahora vuestra atención a algunas de las notas o marcas de esta religión.
Si queremos remontarnos hasta su origen, a través de sus largos veinte siglos, y especialmente a lo largo de los mil doscientos años de la lóbrega Edad Media, anegada por ríos de sangre de mártires, nos será preciso conocer bien las marcas, a fin de orientarnos. A medida que avancemos, hallaremos que esas marcas han sido muchas veces horriblemente desfiguradas; pero siempre daremos con alguna que haya resultado indeleble. Estemos, pues, sobre aviso, con cuidado y oración. Desde luego, hallaremos muchas impostoras y simulaciones, de tal manera que a ser posible, "aún los mismos escogidos se extraviarían." Pero así y todo, necesitamos seguir, a ser posible, su pista, valiéndonos de los datos históricos dignos de fe, y, con especialidad, de los aportados por las palabras y las marcas de la divina verdad.
Algunas Marcas Infalibles E Indefectibles
Si al descender a través de los siglos, damos con un grupo o grupos que no posean las marcas distintivas que van a continuación y que enseñan otras cosas como doctrinas fundamentales, ¡cuidado! 1. Cristo, el autor de esta religión, constituyó a sus secuaces o discípulos en Iglesia. Los discípulos a su vez habían de constituir otras Iglesias a medida que esta religión se extendiese y se "hiciesen" otros discípulos. (Sucesiones Bautistas, Ray, edición revisada, cap. I)
2. Este organismo o Iglesia tenía de acuerdo con las Escrituras y la
práctica de los apóstoles y de las primeras Iglesias, dos clases de
ministros o funcionarios, y sólo dos: pastores y diáconos. El pastor
era llamado obispo.
3. Las Iglesias, en su gobierno y disciplina, habían de ser
enteramente independientes unas de otras. Y así la Iglesia de Jerusalén
no había de tener autoridad alguna sobre la de Antioquia; ni la de
Antioquia sobre la de Éfeso, ni ésta sobre la de Corinto, y así
sucesivamente.
4. Cristo dio a la Iglesia dos ordenamientos y nada más que dos, a saber el Bautismo y la Cena del Señor. Estos dos ordenamientos habían de ser perpetuos y de carácter memorial.
5. Esta Iglesia no había de recibir otros miembros en su seno que los que fuesen "salvos." (Hechos 2:47) Estos habían de ser salvos únicamente por la pura gracia de Dios, y no por virtud de obras de la ley (Efesios 2:5, S-9). Estos salvados, y sólo éstos, habían de ser sumergidos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. (Mateo 28:19) Y sólo éstos, así recibidos y bautizados, habían de participar de la Cena del Señor; la Cena había de celebrarse únicamente por la Iglesia, en su carácter de tal.
6. Las Divinas Escrituras y nada más que ellas (de hecho, el Nuevo Testamento y sólo el Nuevo Testamento), habían de ser la regla y guía en materias de fe y de conducta, no sólo para la Iglesia, como organismo, sino para cada miembro individual de la misma.
7. Cristo Jesús, el fundador de ese organismo y el salvador de sus
miembros, había de ser su único sacerdote y rey, su único Señor y
legislador, así como la única cabeza de las Iglesias.
8. Esta religión de Cristo había de ser asunto puramente personal, individual y voluntario, que se abrazase mediante la persuasión, y no por compulsión - física o gubernativa; sino que había de ser asunto de categórica elección personal. "Escoged a quien sirváis," es el requerimiento escrituras. No podría, por tanto, ser aceptada, ni rechazada, ni observada por sustituto ni por compulsión.
9. Nótese bien, que ni Cristo ni sus apóstoles dieron jamás a sus secuaces ningún nombre denominacional, como los que hoy se acostumbran, como los de "católico," "luterano," "presbiteriano," "episcopal," etc., etc., (salvo el nombre dado por Cristo a Juan, que estaba destinado a ser llamado el "Bautista" o "Juan el Bautista," Mateo 1 l: 11 y diez o doce veces más), Cristo llamó al individuo que se seguía "discípulo." Dos o tres veces más fueron llamados "discípulos." Al conjunto de discípulos, sea en Jerusalén, o en Antioquia o en otras partes, se le llamó Iglesia. Y siempre que se aludía a más de uno de estos distintos organismos, se los llamaba Iglesias; pues la palabra Iglesia usada en singular nunca se la empleaba para referirse a más de uno de estos organismos, ni siquiera se hacía eso al referirse a todos ellos.
10. Me permito señalar otra nota o marca distintiva, a saber, la completa separación de la Iglesia y el Estado. Ninguna combinación o mezcla tiene que hacerse entre esta religión espiritual, y el gobierno temporal. A esto hay que añadir la "completa libertad religiosa" para todo el mundo. PRIMER PERIODO (Desde al año 30 al 500)
1.
Debido al extraño, bien que maravilloso, impulso y dirección de
Juan el Bautista, el elocuente pregonero del desierto, y al amoroso
contacto y la milagrosa eficacia del poder de Cristo, así corno a la
admirable predicación de los apóstoles y de sus inmediatos sucesores, la
religión cristiana se propagó por modo extraordinario durante los
primeros quinientos años de su existencia, dejando, eso sí, un horrible
rastro de sangre tras sí.
2. A continuación del Salvador, y en rápida sucesión, fueron martirizados muchos otros héroes. Esteban fue lapidado; Mateo, muerto en Etiopía; Marcos, arrastrado por las calles, hasta que murió; Lucas, ahorcado; Pedro y Simeón, crucificados; Andrés, atado a una cruz; Santiago, decapitado; Felipe, crucificado y apedreado; Bartolomé, desollado vivo; Tomás alanceado; Santiago el Menor, arrojado de lo alto del templo al pavimento, causándole la muerte; Judas fue asaeteado; Matías, apedreado, y Pablo, decapitado.
3. Habían transcurrido ya más de cien años cuando estas cosas sucedieron. Esta fiera persecución del judaísmo y el paganismo prosiguió durante dos o tres siglos más. Con todo, la religión cristiana se propagó de una manera extraordinaria, por todo el imperio romano: Europa, Asia, Afrecha, Inglaterra, Gales y muchas otras partes donde había alguna civilización. Las Iglesias se multiplicaban sobremanera, los discípulos acrecían continuamente; pero algunas Iglesias prosiguieron el error.
4. La primera desviación de las enseñanzas
del Nuevo Testamento comprendió el sistema de gobierno y la doctrina.
5. Otro cambio vital que, según se desprende de la historia, ha tenido lugar a fines del siglo segundo, es el relacionado con la gran doctrina de la salvación. Los judíos, lo mismo que los paganos, habían sido enseñados, por muchas generaciones, a dar gran importancia a las ceremonias. Habían llegado a mirar los tipos como anticipos, las sombras como sustancias reales; y las ceremonias como verdaderos agentes o medios de salvación. Es lo que sucedió con el bautismo. Sin duda, se dijeron: La Biblia habla mucho del bautismo. En ella se hace mucho hincapié sobre ese ordenamiento y el deber de obedecerlo. Seguramente que ello se debe a que ese ordenamiento tiene algo que ver con la salvación. El resultado fue que en ese período la idea de la regeneración bautismal llegó a predominar en algunas Iglesias. (Shackelford Pág. 57; Camp, Pág. 47; Benedict, Pág. 286; Mosheiín, tomo 1 Pág. 134; Christian, Pág. 28).
6. Otro grave error que comenzó a infiltrarse y que, según algunos
historiadores, comenzó en este mismo siglo, y del que es dable decir fue
una inevitable consecuencia de la idea de 1 regeneración bautismal, fue
el del cambio de los sujetos de bautismo. Y así, no bien se consideró a
ese ordenamiento como agente o medio de salvación, se juzgó que cuanto
más pronto se lo recibiese, tanto mejor. Tal fue el origen del
"bautismo infantil." Antes de eso, los "creyentes," y sólo los
"creyentes," eran considerados como los únicos sujetos propios de ese
ordenamiento.
7. Recuérdese que cambios semejantes a los mencionados aquí, no se hicieron en un día ni en un año, sino que se fueron realizando paulatinamente, y nunca en todas las Iglesias. Algunas de ellas los repudiaron enérgicamente. Tanto es así que el año 251 las Iglesias que se mantuvieron fieles rompieron la comunión con las que aceptaron v practicaron tales errores. Esa fue la primera separación oficial efectiva entre las Iglesias.
8. Debe advertirse que durante los tres primeros siglos tuvieron lugar tres importantes cambios vitales, en las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles. También tuvieron lugar algunos significativos sucesos.
Nótese esta sumaria recapitulación: (1) El cambio de la idea neotestamentaria del obispo y del gobierno eclesiástico. Este cambio fue rápido, oficial, definitivo y dañoso. (2) El cambio de las enseñanzas del Nuevo Testamento tocante a la regeneración, por la "regeneración bautismal."
(3) El cambio del "bautismo de creyentes" por el
"bautismo infantil." (Este último, sin embargo, no se hizo general ni
muy frecuente por más de un siglo.)
9.
La "regeneración bautismal" y el "bautismo infantil." Estos dos
errores, según el categórico testimonio de la historia, causaron más
derramamiento de sangre de cristianos en el transcurso de los siglos que
todos los otros errores combinados, o probablemente que todas las
guerras (no relacionadas con las persecuciones), si se exceptúa la
reciente guerra mundial (1914-1918). Sí; más de cincuenta millones de
cristianos sufrieron el martirio, principalmente por haber rechazado
estos dos errores durante el sombrío período de la Edad Media, esto es,
en el lapso de doce o trece siglos.
10.
La historia nos refiere que durante estos tres primeros siglos
existían en la gran mayoría de las Iglesias estos tres significativos
hechos: (1) La separación e independencia de las Iglesias. (2) La subordinación de los obispos o pastores a la Iglesia.
(3)
El bautismo de creyentes únicamente.
Citaré a Mosheim, el más grande de todos los
historiadores luteranos, tomo 1, Págs. 71 y 72: "Quien quiera que
suponga que los obispos del Siglo de Oro de la Iglesia eran semejantes a
los de los siglos posteriores, no hará sino una mezcla y confusión de
caracteres muy diferentes, porque en este y el siguiente siglo, un
obispo tenía a su cargo una sola Iglesia, que ordinariamente podía
reunirse en una casa particular; tampoco era su amo o señor, sino sólo
su ministro o servidor. En estos tiempos primitivos, todas las Iglesias
eran independientes, es decir, que ninguna estaba sujeta a la
jurisdicción de otra. Pues aunque las Iglesias que habían sido fundadas
por los apóstoles habían honrado a éstos, consultándolos en casos
dudosos, sin embargo, no tenían ni autoridad judicial, ni dominio sobre
ellas, ni facultad para dictarles leyes. Por el contrario, tan evidente
es que las Iglesias tenían iguales derechos, como la luz de mediodía,
desde que se encontraban en el mismo pie de igualdad."
11.
Sin embargo, hasta este período, el cristianismo, no obstante sus
muchas y graves persecuciones, se había propagado maravillosamente,
hasta el punto de extenderse hasta más allá del imperio romano, con el
resultado de que casi todo el mundo habitado había oído el Evangelio.
Es más; según algunos historiadores eclesiásticos, muchas de las
iglesias fundadas por los apóstoles se hallaban en esta época todavía
intactas, y fielmente adheridas a las enseñanzas apostólicas. Sin
embargo, como ya se ha dicho, un número de grandes y dañosos errores
habían penetrado y perpetuándose en no pocas iglesias, lo que hizo qué
el estado de algunas fuese muy irregular.
12.
En este período, las persecuciones fueron cada vez más fieras. A
principios del siglo cuarto, es quizá cuando aparece el primer edicto
gubernamental contra los cristianos. Este se dio a la publicidad el 24
de febrero de 303, D. de C. Hasta ese entonces, el paganismo, a lo que
parece, había perseguido a los cristianos sin que ninguna ley lo
ordenara.
13.
Pero ese edicto fracasó de tal manera en su propósito de detener
el progreso del cristianismo, que el mismo emperador, Galerio, que lo
había promulgado, publicó otro, ocho años más tarde, en 31 1, revocando
el primero, y concediendo a los cristianos la debida tolerancia para
practicar su religión. Es probable que este edicto haya sido el primero
en favorecerlos.
14.
A principios del año de 313, el cristianismo alcanzó una
señalada victoria sobre el paganismo, con motivo de haber
ascendido al solio imperial de los Césares un nuevo emperador.
15.
Todo esto dio lugar a una tregua, a un cortejo y a un maridaje
entre el imperio romano y la religión cristiana, mediante la
intervención del emperador. Las palabras de este contrato matrimonial
fueron éstas: "Dadnos vuestro poder espiritual, y nosotros os daremos
nuestro poder temporal."
16.
Para efectuar y consumar esa impía unión, se convocó a un
concilio. Esa convocatoria tuvo lugar el año 313; por ella se invitaba
a las iglesias cristianas o a sus representantes a esa asamblea. Muchas
fueron las que acudieron, aunque no todas, al llamado.
17.
La Jerarquía fue el principio exacto de un proceso que trajo como
resultado final lo que ahora se conoce como la Iglesia católica o
universal. Cabría decir de ella que su exacto comienzo tuvo lugar a
fines del siglo segundo y comienzos del tercero, cuando las nuevas ideas
acerca de los obispos y el gobierno prelaticio de la Iglesia comenzaron
a perfilarse.
18.
Téngase muy presente que cuando Constantino convocó el concilio,
hubo muchos cristianos (bautistas) y muchas Iglesias que rehusaron
acudir, por ser contrarios a todo maridaje entre la Iglesia y el Estado,
al gobierno religioso centralizado y al gobierno jerárquico o de
prelados, por ser eso opuesto al gobierno congregacional. Ni esos
cristianos (bautistas) ni esas Iglesias se embanderaron ni entonces ni
más tarde en la jerarquía de la denominación católica.
19.
Cuando se creó esa jerarquía, Constantino, que fue reconocido
como cabeza de ella, aun no era cristiano. Había convenido en serlo,
sí, pero como las extraviadas e irregulares Iglesias que habían entrado
con él en esa organización habían adoptado el error de la generación
bautismal, surgió en el ánimo del emperador una tremenda duda: "Si yo
soy salvo - se dijo de mis pecados mediante el bautismo, ¿cómo me
salvaré de los que pueda cometer después de bautizarme? "Es decir, que
suscitó una cuestión que ha confundido a todas las generaciones
subsiguientes: ¿Puede el bautismo lavar los pecados aún no cometidos? 0,
¿se lavan los pecados cometidos antes del bautismo mediante un
procedimiento, a saber, el bautismo, y los cometidos después, mediante
otro?
20.
No pudiendo resolver satisfactoriamente las muchas cuestiones que
surgieron de su mente, Constantino decidió, finalmente, unirse a los
cristianos, pero aplazando su bautismo hasta el momento de su muerte, a
fin de que todos sus pecados pudieran ser lavados de una vez. Tal fue
la directiva que siguió; de ahí que no fuese bautizado sino hasta poco
antes de morir.
21.
La conducta de Constantino de repudiar la religión pagana, que
era la de todo el imperio, para aceptar la cristiana, le granjeó el
desagrado del Senado romano, el cual repudió su proceder, o, cuando
menos, se opuso a él. Esa oposición del Senado indujo a Constantino a
trasladar la capital del imperio de Roma a Bizancio, una antigua ciudad,
que él reedificó, y a la que llamó Constantinopla, en honor suyo. El
resultado fue que hubo dos capitales del imperio: Roma y
Constantinopla. Estas dos ciudades, que fueron rivales por muchos
siglos, llegaron a ser más tarde el asiento de la autoridad religiosa de
la Iglesia católica, dividida en dos ramas: la griega y la romana.
22.
Hasta el establecimiento de la jerarquía y la unión de la Iglesia
y el Estado, todas las persecuciones fueron realizadas, ya por el
judaísmo, ya por el paganismo. Ahora se produce un tremendo cambio: los
cristianos (de nombre) comienzan a perseguir a los cristianos que
disienten de ellos.
23.
Téngase presente que estamos refiriendo sucesos que ocurrieron
entre los años 300 y 500 D. de C.
24.
Una de sus primeras disposiciones legislativas, y de las que más
subversivos resultados produjeron, fue el establecimiento por ley del
bautismo infantil.
25.
Como consecuencia inevitable de esta nueva doctrina y esta nueva
ley, estas extraviadas Iglesias pronto se llenaron de miembros
inconversos. El resultado fue que no pasaron muchos años antes de que
la mayoría de los miembros se compusiese de inconversos. Este estado de
cosas hizo que los grandes intereses del gran reino espiritual de Dios
estuviesen en manos de elementos no regenerados. ¿Qué podía esperarse de
esta situación?
26.
Desde luego, los creyentes y las Iglesias leales rechazaron esta
nueva ley; pues para ellos, la única ley válida era la del bautismo de
creyentes, por ser el único bautismo neotestamentario. Y así, no sólo
rehusaron bautizar a sus hijos, sino que, creyendo, como creían, en el
bautismo de creyentes, rehusaron el bautismo administrado por las
Iglesias de esta anti-escritural organización. Por manera que si uno de
los miembros de esas Iglesias extraviadas deseaba unirse a alguna de las
que habían rehusado plegarse a la nueva organización, se le exigía que
diese pruebas de genuina conversión, y se rebautizase.
27.
Esta conducta de parte de las Iglesias leales pronto incurrió en
el furibundo desagrado de los devotos de la religión del Estado, muchos
de los cuales, si no los más de ellos, no eran genuinos cristianos.
28.
El año 426, exactamente diez años después de haberse establecido
con fuerza de ley el Bautismo infantil, comenzó el horrible período
conocido como la Edad Media. ¡Qué horrible período fue ese! ¡Cuán
tenebroso y sangriento fue! Durante diez siglos, a partir de ese
entonces, el rastro del cristianismo leal se halla regado por su misma
sangre. Hay muchos nombres llevados por los perseguidos. A veces esos
nombres les fueron dados debido a algún jefe heroico que los
acaudillaba; y otras debido a otras causas. Ocurría a veces que el
mismo pueblo era designado en cada país con distinto nombre.
29.
Fue a principios de la Edad Media cuando comenzó el papado, en la
persona de León 11, 440-46 1. No fue, sin embargo, entonces cuando se
usó por primera vez el título de papa. Ese título, lo mismo que el de
Iglesia católica, fue ampliado. El nombre aparece por primera vez
aplicado al obispo de Roma, entre 296 y 304. El primero en adoptarlo
formalmente fue Siricio, obispo de Roma de 384 'k 408. Luego fue
adoptado oficialmente por León II, 440-461. Después fue universalmente
reivindicado por todos los obispos, 707, hasta que Gregorio VII, unos
siglos más tarde, declaró que ese título era exclusivo del papa. 30. Recapitulemos ahora los sucesos más significativos de este primer período de quinientos años: (1) El cambio gradual del gobierno democrático por uno de carácter prelaticio. (2) El cambio de la salvación por gracia por la salvación bautismal. (3) El cambio del bautismo de creyentes por el bautismo infantil. (4) La Jerarquía. Maridaje de la Iglesia y el Estado. (5) La capital del imperio trasladada a Constantinopla. (6) El bautismo infantil establecido por ley, y declarado obligatorio. (7) Los cristianos comienzan a perseguir a los cristianos. (8) La Edad del oscurantismo comenzó en 426. (9) La espada y la tea, más bien que el Evangelio, llegan a ser el poder de Dios (? ) para salvación ... (10) Todo resto de "libertad religiosa" acaba por morir; se la entierra, y enterrada queda por varios siglos. (11) Las Iglesias leales al Nuevo Testamento, conocidas por muchos nombres, son perseguidas sin tregua ni descanso por el poder temporal de la nueva Iglesia católica.
Restos de creyentes que se hallan dispersos por todo
el mundo, buscan refugio (poco seguro) en los lugares más ocultos de los
bosques, las montañas, los valles, los escondrijos y cavernas de la
tierra.
DISERTACIÓN SEGUNDA
1. Hemos terminado la primera disertación en el siglo quinto.
2. Volvamos ahora nuestra atención a los concilios llamados
"Ecuménicos" o imperiales.
3. El primero de esos concilios se celebró en Nicea, en 325,
convocado por Constantino el Grande, al que asistieron 318 obispos.
4. Hay una nueva doctrina a la cual hemos dejado de llamar la
atención. Sin duda que también hay otras que se hallan en el mismo
caso, pero hay una especialmente, a la que quiero llamar vuestra
atención, y esa es la de la "Comunión infantil." En efecto, a los
niñitos no sólo se les bautizaba y recibía en la Iglesia, sino que se
los suponía capaces de participar de la Cena del Señor.
5. En el concilio de Calcedonia, celebrado en 451, se añadió otra
doctrina enteramente nueva, que acrecentó rápidamente la "a, a saber, la
doctrina, llamada mariolatría o culto a María, la Madre de Jesús.
6.
En el siglo octavo, se añadieron a la fe católica otras dos
nuevas doctrinas, las que fueron promulgadas en el segundo concilio
celebrado en Nicea, el que tuvo lugar el año 787.
7. Durante el período que acabamos de recorrer, los perseguidos
fueron llamados por muchos y variados nombres, como donatistas,
petrobrusianos, cátaros, paulicianos y anabaptistas. Algo más tarde,
fueron llamados amoldistas, enriqueños, albigenses y valdenses. A veces
uno de estos grupos sobresalía sobre los demás, y otras, otro. Pero
algunos de ellos casi siempre se destacaron a causa de lo persistente y
terrible de la persecución.
8. Pero no se vaya a pensar, sin embargo, que todos estos
perseguidos hayan sido siempre leales en todo sentido a las enseñanzas
de¡ Nuevo Testamento. En lo esencial, sí lo fueron. Y algunos, si se
tienen en cuenta las circunstancias que los rodeaban, fueron
sorprendentemente fieles. Téngase presente que muchos de ellos sólo
poseían en aquellos lejanos tiempos partes del Nuevo o del Viejo
Testamento; pues como los sagrados libros no estaban ¡impresos, sino
manuscritos en pergamino o algo por el estilo, eran grandes y
voluminosos. Ello hacía que fuesen pocas - si es que había alguna - las
familias y hasta las simples Iglesias que tenían ejemplares completos de
la Biblia. Antes de la formal terminación del canon, lo cual ocurrió a
fines del siglo cuarto, había muy pocos manuscritos de todo el Nuevo
Testamento. De los mil de ellos de que tenemos noticia, sólo unos
treinta contienen todos los libros de que consta el Nuevo Testamento.
9.
Además, durante toda la Edad Media y el período en que arreciaron
las persecuciones, se hicieron grandes esfuerzos por destruir las
Sagradas Escrituras, sin excluir los ejemplares que poseían los propios
perseguidos. De ahí que esas víctimas de la persecución tuviesen, en
muchos casos, únicamente algunos fragmentos de la Biblia.
10. Conviene también advertir que en aras de impedir la difusión de
opiniones contrarías a las de los católicos, se hicieron planes y se
tomaron medidas en ese sentido. Como primera providencia, se dispuso
que todos los escritos sin distinción fuesen recogidos y quemados. Esta
medida se aplicó especialmente a los libros, lo que se hizo con todo
rigor y persistencia, por espacio de varios siglos. Tal fue, según la
historia, la causa principal de que sea tan difícil lograr datos
históricos exactos. Además, todos los escritores y predicadores que se
mostraron inflexibles sufrieron el martirio. Ese período fue
sobremanera sanguinario; tanto, que todos los grupos heréticos (así eran
llamados) que persistían en sus opiniones, no importa cuál fuese su
nombre ni dónde viviesen, eran perseguidos.
11. He aquí algunas de las nuevas variaciones que se produjeron
acerca de las enseñanzas del Nuevo Testamento durante todos esos
siglos. Es probable que no siempre se den en el orden del tiempo de su
promulgación. En efecto, ocurriría a veces que sería casi imposible
lograr la fecha exacta del comienzo de estos cambios. Ha ocurrido con
ellos, sin duda, algo semejante a todo el sistema católico; desde que
son efectos de un desarrollo gradual. Sus doctrinas o enseñanzas
estuvieron sujetas, en los primeros años, a un constante cambio,
mediante adiciones, sustracciones, o sustituciones o anulaciones. El
resultado fue que la Iglesia católica ya no era, dado que alguna vez lo
fuese, una Iglesia neotestamentaria. Tampoco era ya un cuerpo meramente
ejecutivo, para cumplir las leyes de Dios, sino que se había convertido
en uno de carácter legislativo, que hace otras nuevas, y que cambia o
abroga las antiguas a su gusto y paladar.
12.
Una de sus nuevas doctrinas o declaraciones dadas a conocer por
ese entonces, fue ésta: "Fuera de la Iglesia no hay salvación." Como,
según ellos decían, no había otra Iglesia que la católica, se seguía que
había que ser católico, o de lo contrario, perderse.
13.
La doctrina de las indulgencias y la venta de las mismas
constituyó otra nueva y grave desviación de las enseñanzas del Nuevo
Testamento. Pero con la mira de que esa nueva enseñanza fuese hecha
efectiva, fue preciso introducir todavía, con carácter imperativo, otra
nueva doctrina, a saber, la de abrir un gran crédito en el cielo, pero
accesible a la tierra. Y así se enseñó que las "obras buenas" poseían
mérito para el logro de la salvación. Que ese crédito o depósito se
podía acrecentar depositando algo a cuenta en él, del que también algo
se podría sacar o extraer.
14.
Todavía fue necesaria otra nueva doctrina, sí, imperativa, para
hacer las dos últimas completamente efectivas. Esa nueva doctrina es la
del llamado purgatorio, un lugar de estado intermedio entre el cielo y
el infierno, al cual todos deben de ir para purificarse de todo pecado
que no sea mortal. Aun los "santos" deben pasar por el purgatorio y
permanecer en él hasta ser enteramente purificados por el fuego, excepto
que logren ayuda procedente del ante dicho crédito, cosa que sólo pueden
lograr mediante las, oraciones y el lucro de indulgencias que hagan y
lucren los vivos en favor de ellos. De ahí la venta de indulgencias.
Es inútil; una desviación de las enseñanzas del Nuevo Testamento siempre
conduce inevitablemente a otras. 15. Detengámonos ahora un momento para mostrar cuales sean las principales diferencias entre los católicos romanos y los griegos: (1) En cuanto a nacionalidad, los griegos son principalmente esclavos, los que comprenden Grecia, Rusia, Bulgaria, Serbia, etc. Los romanos son principalmente latinos; esta Iglesia domina en Italia, Francia, España, y la América del Sur, la Central, México, etc. (2) Los católicos griegos rechazan el bautismo por aspersión o afusión; los romanos, en cambio, practican la aspersión únicamente, pretendiendo que tienen derecho a cambiar la forma original bíblica, que era la inmersión. (3) Los griegos continúan practicando la comunión infantil; los romanos la han abandonado, aunque la enseñaron en otro tiempo, como medio de salvación. (4) Los griegos administran la comunión en ambas especies a los laicos, dándoles no sólo el pan, sino también el vino; los romanos solos les dan el pan; el vino sólo lo toman lo sacerdotes. (5) Los griegos tienen sacerdotes casados; los romanos prohíben a sus sacerdotes contraer matrimonio.
(6) Los griegos rechazan el dogma de la
infalibilidad papas; los romanos no sólo la aceptan, sino que insisten e
defenderla.
Tales son los principales puntos en que difieren esas
dos Iglesias; fuera de eso, podrían marchar unidas. Otras diferencias
entre ambas Iglesias, son: (1) Los griegos celebran sus oficios EN
LENGUA VULGAR; (2) No creen en la existencia del PURGATORIO; (3) Emplean
en la comunión PAN LEUDADO; y (4) No tienen en sus templos IMAGENES DE
TALLA, sino cuadros o pinturas.
16.
Hemos llegado, en nuestras disertaciones, al siglo noveno.
17.
Llamo de nuevo vuestra atención a aquellos a quienes atrapó la
mano de hierro de la persecución.
18.
Hemos llegado a otro período bastante largo d concilios
ecuménicos, pero éstos no fueron ni continuos consecutivos.
19.
Cuando un pueblo desecha el Nuevo Testamento, que contiene todas
las normas necesarias para dirigir la vida cristiana del individuo y de
la Iglesia, ese pueblo se ha suicidado, arrojándose a un piélago sin
límites.
20.
Los extremados límites de este librito excluyen la posibilidad de
extendemos acerca de estos concilios o asambleas legislativas; con todo,
fuerza será que digamos algunas cosas acerca de ellos.
21.
El primero de los concilios lateranenses u occidentales,
convocados por los papas, fue convocada por Calixto II, en 11 23.
Estuvieron presentes alrededor de 300 obispos. En esta asamblea se
decretó el celibato de los sacerdotes católicos romanos. Desde luego,
no intentaremos exponer todo lo tratado en estas asambleas.
22.
Años más tarde, en 1139, bajo el pontificado de Inocencio II, se
convocó otro de estos concilios, especialmente para condenar a dos
grupos de devotísimos cristianos, conocidos como petrobrusianos y
amoldistas.
23.
Alejandro III convocó todavía otro, en 1179, cuarenta años
después del anterior. En él fueron condenados lo que ellos llamaron los
"errores e impiedades" de los valdenses y de los albigenses. 24. Treinta y seis años exactamente después del último, se convocó a otro, por el papa Inocencio III. Este se celebró en 1215, siendo, según parece, el más concurrido de estos grandes concilios. Según la historia de esta asamblea, "estuvieron presentes en ella 412 obispos, 800 abades y priores, embajadores de la corte bizantina, y un gran número de príncipes y nobles." Por lo abigarrado de esta asamblea, ya podéis comprender que no fueron asuntos espirituales únicamente los que en ella se trataron. En aquel entonces se promulgó la nueva doctrina de la "transustanciación" que pretende convertir el pan y el vino de la cena del Señor en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo, después que el sacerdote pronuncia las llamadas palabras sacramentales. Fue esta doctrina, entre otras, la que, siglos más tarde, sacudió a los adalides de la Reforma. Según ese dogma, todos los que participan de la comunión, comen realmente el cuerpo de Cristo, y beben su sangre. En esta asamblea parece que se originó un nuevo dogma, el de la confesión auricular, consistente en la obligación de confesar los pecados de uno al oído del sacerdote. Pero es probable que la más cruel y sanguinaria institución que registra la historia de la humanidad, impuesta jamás a un pueblo, sea la conocida como la "Inquisición," así como otros tribunales destinados a averiguar y juzgar los casos de "herejía." El mundo está lleno de libros que condenan esa extrema crueldad. Sin embargo, esa institución se originó y perpetuó por gente que pretende ser guiada por el Señor. Por lo que respecta a su barbarie, parece que no hay nada, absolutamente nada, en toda la historia, que la sobrepase. Tan bárbara ha sido, que yo no me atrevería a describirla. Me limitaré, pues, a remitir a mis lectores a algunos de los numerosos libros que tratan de la "Inquisición," a fin de que se enteren por sí mismos.
Pero como si no fuese ya bastante con la anterior,
esta asamblea o concilio decretó expresamente la extirpación de toda
"herejía." ¡Cuántas páginas luctuosas contiene la historia del mundo,
escritas a causa de esos horribles decretos!
25.
En 1229, catorce años justos después de esa terrible asamblea,
tuvo lugar otra más. Esta parece que no fue ecuménico. Se la conoce
como el concilio de Tolosa. Probablemente, uno de los asuntos más
vitales de toda la historia del catolicismo fue promulgado en esta
reunión. En efecto, se decretó que la lectura de la Biblia, el libro de
Dios, se prohibiese a todos los laicos, excepto a los sacerdotes o altos
signatarios de la Iglesia. ¡Qué decreto tan extraño en vista de la clara
enseñanza de la Palabra Divina, que dice: "Escudriñad las Escrituras,
porque en ellas creéis tener la vida eterna, y ellas son las que dan
testimonio de mí." (Juan 5:39)
26.
Todavía se convocó a otro concilio que habría de reunirse en la
ciudad de Lión. Lo convocó el papa Inocencio IV, en 1245. El objeto
por el cual fue convocado parece que fue principalmente para excomulgar
al emperador Federico I de Alemania.
27.
En 1274, fue convocado otro concilio, con la mira de reunir de nuevo las dos ramas, griega y romana, de la gran Iglesia
católica. Pero fracasó completamente en lograr su propósito.
TERCERA DISERTACION
1.
Los tres siglos: quince, dieciséis y diecisiete, figuran entre
los más memorables de la historia de la humanidad, y muy especialmente,
de la historia del cristianismo. Dentro de la Iglesia católica, tanto
en la rama latina como en la griega, hubo una continua revolución, cuyo
objeto era el de lograr una reforma. Este despertar de la conciencia
religiosa, después de haber dormido por tanto tiempo, y el anhelo de una
genuina reforma, comenzó, en realidad, en el siglo trece, y hasta es
posible que comenzase un poco antes. La historia parece realmente
insinuarlo así.
2.
Retrocedamos un poco. La Iglesia católica, con sus innumerables
desviaciones de las enseñanzas del Nuevo Testamento, sus muchas extrañas
y crueles leyes, su estado moral, desesperadamente bajo, así como sus
manos y ropas bañadas con la sangre de millones de mártires, se había
vuelto odiosa y sumamente repulsiva aún para muchos de sus mismos
adherentes, los cuales eran mucho mejores que su propio sistema de
leyes, doctrinas y prácticas.
3.
Conviene tener presente, sin embargo, que por espacio de muchos
siglos antes de este gran período reformista, hubo una crecida cantidad
de personas notables que se rebelaron contra los horribles extremismos
de los católicos, y que procuraron sinceramente mantenerse leales a las
enseñanzas de la Biblia. Pero todo lo que éstos dejaron tras sí fue un
reguero de sangre.
4.
Entre 1320 y 1384, hubo en Inglaterra un hombre que atrajo la
atención del mundo entero. Se llamaba Juan Wiclef. Este fue el primero
de los valientes que tuvieron la osadía de emprender una verdadera
reforma dentro de la Iglesia católica. En la historia se le alude
muchas veces con el nombre de el "Lucero del Alba" de la Reforma. Se
caracterizaba por una vida fervorosa y útil. Fue tal su vida, que se
requerirían varios tomos para escribir su historia. De ahí que fuese
odiado (odiado y temido a la vez) por los jerarcas católicos, quienes
hicieron cuanto pudieron por atraparlo y acabar con él. Pero felizmente
no lograron su siniestro propósito, sino que murió de parálisis. Pero
el odio que los católicos le tenían era tan profundo, que, años más
tarde, desenterraron sus huesos los quemaron y arrojaron sus cenizas al
agua.
5.
Siguiendo más o menos de cerca las huellas de Wiclef, apareció en
escena Juan Huss, 1373-1415, ilustre hijo de la lejana Bohemia. La
brillante luz del "Lucero del Alba" de Inglaterra había penetrado en su
alma, y respondido alegremente a ella. Fue la suya una vida denodada y
memorable, pero lamentablemente corta. Huss, lejos de excitar la cuerda
sensible de sus correligionarios católicos, excitó el miedo, el odio y
la oposición, de resultas de lo cual fue quemado en la pira pública cual
mártir de su propio pueblo, no obstante buscar el bien de éste. Cierto
que amaba a Su Señor, pero también lo es que amaba a su pueblo. Sin
embargo, él fue uno de entre los muchos millones que hubieron de morir
de la misma manera que él.
6.
A continuación de Juan Huss, de Bohemia, aparece en escena un
portentoso hijo de Italia, el soberanamente elocuente Savonarola,
1452-1498, nacido treinta y siete años después que Juan Huss hubo sido
quemado. Savonarola, a semejanza de Huss, aunque era católico devoto,
descubrió que los gobernantes de su patria, Italia, lo mismo que los de
Bohemia, eran contrarios a la reforma. Pero con su poderosa elocuencia
consiguió despertar algunas conciencias y atraerse considerable número
de partidarios. Pero una verdadera reforma de la Jerarquía significaba
la ruina absoluta de las altas esferas de la Iglesia. Y así, Savonarola,
a semejanza de Huss, hubo de morir, quemado en la pira pública.
7.
Desde luego, al dar los nombres de los reformadores de este
período, de necesidad es que se excluyan algunos; y así sólo menciono
aquellos a quienes se refiere la historia con más frecuencia.
8.
Martín Lutero, acaso el más notable de todos los reformadores de
los siglos quince y dieciséis, floreció entre los años de 1483 y 1546.
Como puede verse por estas fechas, Lutero fue realmente contemporáneo de
Zuinglio; como que nació un año antes que éste, y murió quince años
después. Es probable, sin embargo, que sus grandes predecesores le
hayan facilitado el cumplimiento de su nación, y ello en una medida
mucho mayor que la señalada por la historia. Es más; mediante la dura
experiencia de aquéllos y luego más tarde en forma más acabada, mediante
la suya propia, comprendió que una reforma en regla dentro de la Iglesia
romana sería completamente imposible, ya que se hubieran necesitado
demasiados expedientes. El empleo de uno exigiría otro, y éste, otro; y
así, sucesivamente, hasta lo infinito.
9.
De consiguiente, después de librar grandes batallas con los
grandes jerarcas del catolicismo, Lutero, auxiliado por Melancton y
otros alemanes prominentes, fundó en 1530, más o menos, una institución
cristiana, enteramente nueva, conocida actualmente como la
Iglesia luterana, la que pronto se convirtió en la Iglesia de Alemania.
Fue esa la primera de las nuevas fundaciones salidas directamente de
Roma, que rompieron con todo compromiso de fidelidad y obediencia a la
Iglesia madre (como la llaman), y a continuar viviendo en esa relación.
10.
Pasando por alto, por ahora, a la Iglesia de Inglaterra, que es
la que sigue en orden a la luterana en cuanto a sus comienzos,
continuaremos ocupándonos por un rato de la Reforma en el continente.
11.
En 1560, diecinueve años después que Calvino fundó la Iglesia de
Ginebra, Juan Knox, discípulo de Calvino, estableció la primera Iglesia
presbiteriano en Escocia; y treinta y dos más tarde, in 1592, esa misma
Iglesia presbiteriano se transformó en Iglesia del Estado escocés.
12.
Durante estas recias luchas en favor de la Reforma, muchos
anabaptistas prestaron su ayuda a los reformadores. Aquéllos, creyendo
y esperando hallar algún alivio a su dura suerte, salieron de sus
escondites y lucharon denodadamente al lado de los reformadores; pero
pronto sufrieron un terrible desengaño. En adelante, tuvieron que
habérselas con otros dos enemigos: los luteranos y los presbiterianos,
que al salir del catolicismo, llevaron consigo muchos de los males que
caracterizaban a éste, entre otros, su idea de una Iglesia del Estado.
De ahí que muy pronto se convirtiesen una y otra denominación en
Iglesias del Estado. Ello hizo que las dos pronto se embarcasen en la
empresa de perseguir a otros, aunque sin llegar a los extremos de su
católica madre.
13.
Durante este mismo período, surgió otra denominación, no en el
continente, sino en Inglaterra, la cual precedió en varios años al
presbiteriano. Su origen no se debió tanto a la idea de Reforma (aunque
ésta facilitó su aparición) cuanto a una ruptura o división en las filas
católicas. Fue ésta más semejante a la división o cisma que se produjo
en 869, cuando los católicos orientales se separaron de los
occidentales, distinguiéndose ambas Iglesias desde entonces en la
historia con los nombres de Iglesia católica griega e Iglesia católica
romana.
14.
Pero esta división trajo como resultado un notable cambio, o
reforma. En efecto, si bien fue imposible reformar la Iglesia Católica
bajo la autoridad papel, sin salir de ella, como ocurrió en el caso de
Lutero y de otros, ello fue posible después de la antedicha división; y
así, Cramer, Latimer, Ridley y, otros introdujeron algunos cambios
notables; pero esos cambios los pagaron más tarde muy caros, cuando
María la sanguinaria, hija de la repudiada Catalina, ascendió al trono
de Inglaterra y restableció el catolicismo, con el papa a la cabeza.
Esa temible y espantosa reacción terminó al fin de los cinco azarosos y
sangrientos años que duró el reinado de María. Muchas fueron las
cabezas que cayeron bajo la sangrienta hacha de esa soberana, pero, al
final, también cayó la suya.
15.
De esta manera, antes de fines del siglo dieciséis, había cinco
Iglesias sostenidas por el Estado: la ortodoxa griega, la católica
romana, la anglicana, la luterana y la de Escocia, conocida como
presbiteriano. Todas ellas se mostraron implacables en su odio y
persecución de los llamados anabaptistas, valdenses y demás iglesias
disidentes que no habían tenido jamás relación alguna con los
católicos. La gran ayuda que habían prestado durante las luchas de la
Reforma había sido echada en olvido o se ignoraba enteramente a la
sazón, con el resultado de que muchos millares más de disidentes,
incluso mujeres y niños, perecían cada día a consecuencia de las
interminables persecuciones. De esa forma, la gran esperanza despertado
por la Reforma resultó una sangrienta desilusión. Los que quedaron
hallaron refugio no muy seguro en los amigables Alpes y otros ocultos
lugares del mundo.
16.
Estas tres nuevas Iglesias separadas de Roma o salidas de ella,
retuvieron muchos de sus dañosos errores. He aquí algunos de ellos:
(1) Gobierno prelaticio; pues sólo difiere en la forma. (2) Iglesia sostenida por el Estado. (3) Bautismo infantil. (4) Bautismo por aspersión o afusión. (5) Creencia en la regeneración bautismal (unos más, otros menos), si ha de creerse a muchos de sus historiadores.
(6) La persecución de otros (al menos durante
algunos siglos). 17. Al principio, todas estas Iglesias del Estado se perseguían unas a otras, lo mismo que a cualquier otra; pero en un concilio celebrado en Augsburgo en 1555, se firmó un tratado de paz, conocido como la Paz de Augsburgo, entre los "católicos," por un lado, y los "luteranos," por el otro, en virtud del cual se comprometían a no perseguirse un |