LA EPÍSTOLA A LOS
HEBREOS

Porque por gracia sois salvos

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Texto Bíblico
Referencias

La Fe

Hebreos 11.1-40

1  Es,  pues,  la fe la certeza de lo que se espera,  la convicción de lo que no se ve.

2  Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.

3  Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, (Gn. 1.1) de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

4  Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín,  por lo cual alcanzó testimonio de que era justo,  dando Dios testimonio de sus ofrendas;  y muerto,  aún habla por ella. (Gn. 4.3-10)

5  Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte,  y no fue hallado,  porque lo traspuso Dios;  y antes que fuese traspuesto,  tuvo testimonio de haber agradado a Dios. (Gn. 5.21-24)

6  Pero sin fe es imposible agradar a Dios;  porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay,  y que es galardonador de los que le buscan.

7  Por la fe Noé,  cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían,  con temor preparó el arca en que su casa se salvase; (Gn. 6.13-22) y por esa fe condenó al mundo,  y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.

8  Por la fe Abraham,  siendo llamado,  obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia;  y salió sin saber a dónde iba. (Gn. 12.1-5)

9  Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena,  morando en tiendas con Isaac y Jacob,  coherederos de la misma promesa; (Gn. 35.27)

10  porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos,  cuyo arquitecto y constructor es Dios.

11  Por la fe también la misma Sara,  siendo estéril,  recibió fuerza para concebir;  y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, (Gn. 18.11-14; 21.2) porque creyó que era fiel quien lo había prometido.

12  Por lo cual también,  de uno,  y ése ya casi muerto,  salieron como las estrellas del cielo en multitud, (Gn. 15.5) y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. (Gn. 22.17)

13  Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido,  sino mirándolo de lejos,  y creyéndolo,  y saludándolo,  y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. (Gn. 23.4)

14  Porque los que esto dicen,  claramente dan a entender que buscan una patria;

15  pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron,  ciertamente tenían tiempo de volver.

16  Pero anhelaban una mejor,  esto es,  celestial;  por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos;  porque les ha preparado una ciudad.

17  Por la fe Abraham,  cuando fue probado,  ofreció a Isaac;  y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, (Gn. 22.1-14)

18  habiéndosele dicho:  En Isaac te será llamada descendencia; (Gn. 21.12)

19  pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos,  de donde,  en sentido figurado,  también le volvió a recibir.

20  Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. (Gn. 27.27-29, 39-40)

21  Por la fe Jacob,  al morir,  bendijo a cada uno de los hijos de José,  y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. (Gn. 47.31-48.20)

22  Por la fe José,  al morir,  mencionó la salida de los hijos de Israel,  y dio mandamiento acerca de sus huesos. (Gn. 50.24-25; Ex. 13.19)

23  Por la fe Moisés,  cuando nació,  fue escondido por sus padres por tres meses, (Ex. 2.2) porque le vieron niño hermoso,  y no temieron el decreto del rey. (Ex. 1.22)

24  Por la fe Moisés,  hecho ya grande,  rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, (Ex. 2.10-12)

25  escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios,  que gozar de los deleites temporales del pecado,

26  teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios;  porque tenía puesta la mirada en el galardón.

27  Por la fe dejó a Egipto, (Ex. 2.15) no temiendo la ira del rey;  porque se sostuvo como viendo al Invisible.

28  Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre,  para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. (Ex. 12.21-30)

29  Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca;  e intentando los egipcios hacer lo mismo,  fueron ahogados. (Ex. 14.21-31)

30  Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. (Jos. 6.12-21)

31  Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, (Jos. 6.22-25) habiendo recibido a los espías en paz. (Jos. 2.1-21)

32  ¿Y qué más digo?  Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, (Jue. 6.11-8.32) de Barac, (Jue. 4.6-5.31) de Sansón, (Jue 13.2-16.31)  de Jefté, (Jue. 11.1-12.7) de David, (1 S. 16.1-1 R 2.11) así como de Samuel  (1 S.1.1-25.1)y de los profetas;

33  que por fe conquistaron reinos,  hicieron justicia,  alcanzaron promesas,  taparon bocas de leones, (Dn. 6.1-27)

34  apagaron fuegos impetuosos, (Dn. 3.1-30) evitaron filo de espada,  sacaron fuerzas de debilidad,  se hicieron fuertes en batallas,  pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

35  Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; (1 R. 17.17-24; 2 R. 4.25-37)  mas otros fueron atormentados,  no aceptando el rescate,  a fin de obtener mejor resurrección.

36  Otros experimentaron vituperios y azotes,  y a más de esto prisiones y cárceles. (1 R. 22.26-27; 2 Cro. 18.25-26; Jer. 20.2; 37.15; 38.6)

37  Fueron apedreados, (2 Cro. 24.21) aserrados,  puestos a prueba,  muertos a filo de espada;  anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras,  pobres,  angustiados,  maltratados;

38  de los cuales el mundo no era digno;  errando por los desiertos,  por los montes,  por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

39  Y todos éstos,  aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe,  no recibieron lo prometido;

40  proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros,  para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.

Hebreos 11.3 Gn. 1.1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Hebreos 11.4 Gn. 4.3-10 3  Y aconteció andando el tiempo,  que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. 4  Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas,  de lo más gordo de ellas.  Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; 5  pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya.  Y se ensañó Caín en gran manera,  y decayó su semblante. 6  Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado,  y por qué ha decaído tu semblante? 7  Si bien hicieres,  ¿no serás enaltecido?  y si no hicieres bien,  el pecado está a la puerta;  con todo esto,  a ti será su deseo,  y tú te enseñorearás de él. 8  Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo.  Y aconteció que estando ellos en el campo,  Caín se levantó contra su hermano Abel,  y lo mató. 9  Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano?  Y él respondió: No sé.  ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? 10  Y él le dijo: ¿Qué has hecho?  La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

Hebreos 11.5 Gn. 5.21-24 21  Vivió Enoc sesenta y cinco años,  y engendró a Matusalén. 22  Y caminó Enoc con Dios,  después que engendró a Matusalén,  trescientos años,  y engendró hijos e hijas. 23  Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. 24  Caminó,  pues,  Enoc con Dios,  y desapareció,  porque le llevó Dios.

Hebreos 11.7 Gn. 6.13-22 13  Dijo,  pues,  Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser,  porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos;  y he aquí que yo los destruiré con la tierra. 14  Hazte un arca de madera de gofer;  harás aposentos en el arca,  y la calafatearás con brea por dentro y por fuera. 15  Y de esta manera la harás:  de trescientos codos   la longitud del arca,  de cincuenta codos su anchura,  y de treinta codos su altura. 16  Una ventana harás al arca,  y la acabarás a un codo   de elevación por la parte de arriba;  y pondrás la puerta del arca a su lado;  y le harás piso bajo,  segundo y tercero. 17  Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra,  para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo;  todo lo que hay en la tierra morirá. 18  Mas estableceré mi pacto contigo,  y entrarás en el arca tú,  tus hijos,  tu mujer,  y las mujeres de tus hijos contigo. 19  Y de todo lo que vive,  de toda carne,  dos de cada especie meterás en el arca,  para que tengan vida contigo;  macho y hembra serán. 20  De las aves según su especie,  y de las bestias según su especie,  de todo reptil de la tierra según su especie,  dos de cada especie entrarán contigo,  para que tengan vida.

Hebreos 11.8 Gn. 12.1-5 1  Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela,  y de la casa de tu padre,  a la tierra que te mostraré. 2  Y haré de ti una nación grande,  y te bendeciré,  y engrandeceré tu nombre,  y serás bendición. 3  Bendeciré a los que te bendijeren,  y a los que te maldijeren maldeciré;  y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 4  Y se fue Abram,  como Jehová le dijo;  y Lot fue con él.  Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. 5  Tomó,  pues,  Abram a Sarai su mujer,  y a Lot hijo de su hermano,  y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán,  y salieron para ir a tierra de Canaán;  y a tierra de Canaán llegaron.

Hebreos 11.9 Gn. 35.27 Después vino Jacob a Isaac su padre a Mamre,  a la ciudad de Arba,  que es Hebrón,  donde habitaron Abraham e Isaac.

Hebreos 11.11 Gn. 18.11-14 11  Y Abraham y Sara eran viejos,  de edad avanzada;  y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. 12  Se rió,  pues,  Sara entre sí,  diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite,  siendo también mi señor  ya viejo? 13  Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara dieciendo:  ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? 14  ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?  Al tiempo señalado volveré a ti,  y según el tiempo de la vida,  Sara tendrá un hijo.; 21.2 Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez,  en el tiempo que Dios le había dicho.

Hebreos 11.12 Gn. 15.5 Y lo llevó fuera,  y le dijo: Mira ahora los cielos,  y cuenta las estrellas,  si las puedes contar.  Y le dijo: Así será tu descendencia.

Hebreos 11.12 Gn. 22.17 de cierto te bendeciré,  y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar;  y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

Hebreos 11.13 Gn. 23.4 Extranjero y forastero soy entre vosotros;  dadme propiedad para sepultura entre vosotros,  y sepultaré mi muerta de delante de mí.

Hebreos 11.17 Gn. 22.1-14 1  Aconteció después de estas cosas,  que probó Dios a Abraham,  y le dijo: Abraham.  Y él respondió: Heme aquí. 2  Y dijo: Toma ahora tu hijo,  tu único,  Isaac,  a quien amas,  y vete a tierra de Moriah,  y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 3  Y Abraham se levantó muy de mañana,  y enalbardó su asno,  y tomó consigo dos siervos suyos,  y a Isaac su hijo;  y cortó leña para el holocausto,  y se levantó,  y fue al lugar que Dios le dijo. 4  Al tercer día alzó Abraham sus ojos,  y vio el lugar de lejos. 5  Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno,  y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos,  y volveremos a vosotros. 6  Y tomó Abraham la leña del holocausto,  y la puso sobre Isaac su hijo,  y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo;  y fueron ambos juntos. 7  Entonces habló Isaac a Abraham su padre,  y dijo: Padre mío.  Y él respondió: Heme aquí,  mi hijo.  Y él dijo: He aquí el fuego y la leña;  mas  ¿dónde está el cordero para el holocausto?

8  Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto,  hijo mío.  E iban juntos. 9  Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho,  edificó allí Abraham un altar,  y compuso la leña,  y ató a Isaac su hijo,  y lo puso en el altar sobre la leña. 10  Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11  Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo,  y dijo: Abraham,  Abraham.  Y él respondió: Heme aquí. 12  Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho,  ni le hagas nada;  porque ya conozco que temes a Dios,  por cuanto no me rehusaste tu hijo,  tu único. 13  Entonces alzó Abraham sus ojos y miró,  y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos;  y fue Abraham y tomó el carnero,  y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14  Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar,  Jehová proveerá.  Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

Hebreos 11.18 Gn. 21.12 Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva;  en todo lo que te dijere Sara,  oye su voz,  porque en Isaac te será llamada descendencia.

Hebreos 11.20 Gn. 27.27-29 27 Y Jacob se acercó,  y le besó;  y olió Isaac el olor de sus vestidos,  y le bendijo,  diciendo:  Mira,  el olor de mi hijo,  Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; 28  Dios,  pues,  te dé del rocío del cielo,  Y de las grosuras de la tierra,  Y abundancia de trigo y de mosto. 29  Sírvante pueblos,  Y naciones se inclinen a ti;  Sé señor de tus hermanos,  Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre.  Malditos los que te maldijeren,  Y benditos los que te bendijeren., 39-40 39  Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí,  será tu habitación en grosuras de la tierra,  Y del rocío de los cielos de arriba; 40  Y por tu espada vivirás,  y a tu hermano servirás;  Y sucederá cuando te fortalezcas,  Que descargarás su yugo de tu cerviz.

Hebreos 11.21 Gn. 47.31-48.20

Hebreos 11.22 Gn. 50.24-25; Ex. 13.19

Gn. 50.24-25 24  Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir;  mas Dios ciertamente os visitará,  y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham,  a Isaac y a Jacob. 25  E hizo jurar José a los hijos de Israel,  diciendo: Dios ciertamente os visitará,  y haréis llevar de aquí mis huesos.

Ex. 13.19 Tomó también consigo Moisés los huesos de José,  el cual había juramentado a los hijos de Israel,  diciendo: Dios ciertamente os visitará,  y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros.

Hebreos 11.23 Ex. 2.2 la que concibió,  y dio a luz un hijo;  y viéndole que era hermoso,  le tuvo escondido tres meses.

Hebreos 11.23 Ex. 1.22 Entonces Faraón mandó a todo su pueblo,  diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca,  y a toda hija preservad la vida.

Hebreos 11.24 Ex. 2.10-12 10  Y cuando el niño creció,  ella lo trajo a la hija de Faraón,  la cual lo prohijó,  y le puso por nombre Moisés,  diciendo: Porque de las aguas lo saqué. 11  En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés,  salió a sus hermanos,  y los vio en sus duras tareas,  y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos,  sus hermanos. 12  Entonces miró a todas partes,  y viendo que no parecía nadie,  mató al egipcio y lo escondió en la arena.

Hebreos 11.27 Ex. 2.15 Oyendo Faraón acerca de este hecho,  procuró matar a Moisés;  pero Moisés huyó de delante de Faraón,  y habitó en la tierra de Madián.

Hebreos 11.28 Ex. 12.21-30 21  Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel,  y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias,  y sacrificad la pascua. 22  Y tomad un manojo de hisopo,  y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo,  y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo;  y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. 23  Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios;  y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes,  pasará Jehová aquella puerta,  y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. 24  Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25  Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará,  como prometió,  guardaréis este rito. 26  Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27  vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová,  el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto,  cuando hirió a los egipcios,  y libró nuestras casas.  Entonces el pueblo se inclinó y adoró. 28  Y los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así,  como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón. 29  Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto,  desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel,  y todo primogénito de los animales. 30  Y se levantó aquella noche Faraón,  él y todos sus siervos,  y todos los egipcios;  y hubo un gran clamor en Egipto,  porque no había casa donde no hubiese un muerto.

Hebreos 11.29 Ex. 14.21-31 21  Y extendió Moisés su mano sobre el mar,  e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche;  y volvió el mar en seco,  y las aguas quedaron divididas. 22  Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar,  en seco,  teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. 23  Y siguiéndolos los egipcios,  entraron tras ellos hasta la mitad del mar,  toda la caballería de Faraón,  sus carros y su gente de a caballo. 24  Aconteció a la vigilia de la mañana,  que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube,  y trastornó el campamento de los egipcios, 25  y quitó las ruedas de sus carros,  y los trastornó gravemente.  Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel,  porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios. 26  Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar,  para que las aguas vuelvan sobre los egipcios,  sobre sus carros,  y sobre su caballería. 27  Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar,  y cuando amanecía,  el mar se volvió en toda su fuerza,  y los egipcios al huir se encontraban con el mar;  y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar. 28  Y volvieron las aguas,  y cubrieron los carros y la caballería,  y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar;  no quedó de ellos ni uno. 29  Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar,  en seco,  teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda. 30  Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios;  e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. 31  Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios;  y el pueblo temió a Jehová,  y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.

Hebreos 11.30 Jos. 6.12-21 12  Y Josué se levantó de mañana,  y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová. 13  Y los siete sacerdotes,  llevando las siete bocinas de cuerno de carnero,  fueron delante del arca de Jehová,  andando siempre y tocando las bocinas;  y los hombres armados iban delante de ellos,  y la retaguardia iba tras el arca de Jehová,  mientras las bocinas tocaban continuamente. 14  Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día,  y volvieron al campamento;  y de esta manera hicieron durante seis días. 15  Al séptimo día se levantaron al despuntar el alba,  y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces;  solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces. 16  Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez,  Josué dijo al pueblo: Gritad,  porque Jehová os ha entregado la ciudad. 17  Y será la ciudad anatema a Jehová,  con todas las cosas que están en ella;  solamente Rahab la ramera vivirá,  con todos los que estén en casa con ella,  por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos. 18  Pero vosotros guardaos del anatema;  ni toquéis,  ni toméis alguna cosa del anatema,  no sea que hagáis anatema el campamento de Israel,  y lo turbéis. 19  Más toda la plata y el oro,  y los utensilios de bronce y de hierro,  sean consagrados a Jehová,  y entren en el tesoro de Jehová. 20  Entonces el pueblo gritó,  y los sacerdotes tocaron las bocinas;  y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina,  gritó con gran vocerío,  y el muro se derrumbó.  El pueblo subió luego a la ciudad,  cada uno derecho hacia adelante,  y la tomaron. 21  Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había;  hombres y mujeres,  jóvenes y viejos,  hasta los bueyes,  las ovejas,  y los asnos.

Hebreos 11.31 Jos. 6.22-25 22  Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera,  y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo,  como lo jurasteis. 23  Y los espías entraron y sacaron a Rahab,  a su padre,  a su madre,  a sus hermanos y todo lo que era suyo;  y también sacaron a toda su parentela,  y los pusieron fuera del campamento de Israel. 24  Y consumieron con fuego la ciudad,  y todo lo que en ella había;  solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata y el oro,  y los utensilios de bronce y de hierro. 25  Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera,  y a la casa de su padre,  y a todo lo que ella tenía;  y habitó ella entre los israelitas hasta hoy,  por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó.

Hebreos 11.31 Jos. 2.1-21 1  Josué hijo de Nun envió desde Sitim dos espías secretamente,  diciéndoles: Andad,  reconoced la tierra,  y a Jericó.  Y ellos fueron,  y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab,  y posaron allí. 2  Y fue dado aviso al rey de Jericó,  diciendo: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche para espiar la tierra. 3  Entonces el rey de Jericó envió a decir a Rahab:  Saca a los hombres que han venido a ti,  y han entrado a tu casa;  porque han venido para espiar toda la tierra. 4  Pero la mujer había tomado a los dos hombres y los había escondido;  y dijo: Es verdad que unos hombres vinieron a mí,  pero no supe de dónde eran. 5  Y cuando se iba a cerrar la puerta,  siendo ya oscuro,  esos hombres se salieron,  y no sé a dónde han ido;  seguidlos aprisa,  y los alcanzaréis. 6  Más ella los había hecho subir al terrado,  y los había escondido entre los manojos de lino que tenía puestos en el terrado. 7  Y los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán,  hasta los vados;  y la puerta fue cerrada después que salieron los perseguidores. 8  Antes que ellos se durmiesen,  ella subió al terrado,  y les dijo: 9  Sé que Jehová os ha dado esta tierra;  porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros,  y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. 10  Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto,  y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán,  a Sehón y a Og,  a los cuales habéis destruido. 11  Oyendo esto,  ha desmayado nuestro corazón;  ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros,  porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. 12  Os ruego pues,  ahora,  que me juréis por Jehová,  que como he hecho misericordia con vosotros,  así la haréis vosotros con la casa de mi padre,  de lo cual me daréis una señal segura; 13  y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre,  a mis hermanos y hermanas,  y a todo lo que es suyo;  y que libraréis nuestras vidas de la muerte. 14  Ellos le respondieron: Nuestra vida responderá por la vuestra,  si no denunciareis este asunto nuestro;  y cuando Jehová nos haya dado la tierra,  nosotros haremos contigo misericordia y verdad. 15  Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana;  porque su casa estaba en el muro de la ciudad,  y ella vivía en el muro.

16  Y les dijo: Marchaos al monte,  para que los que fueron tras vosotros no os encuentren;  y estad escondidos allí tres días,  hasta que los que os siguen hayan vuelto;  y después os iréis por vuestro camino. 17  Y ellos le dijeron: Nosotros quedaremos libres de este juramento con que nos has juramentado. 18  He aquí,  cuando nosotros entremos en la tierra,  tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste;  y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre,  a tus hermanos y a toda la familia de tu padre. 19  Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa,  su sangre será sobre su cabeza,  y nosotros sin culpa.  Más cualquiera que se estuviere en casa contigo,  su sangre será sobre nuestra cabeza,  si mano le tocare. 20  Y si tú denunciares este nuestro asunto,  nosotros quedaremos libres de este tu juramento con que nos has juramentado. 21  Ella respondió: Sea así como habéis dicho.  Luego los despidió,  y se fueron;  y ella ató el cordón de grana a la ventana.

Hebreos 11.32 Jue. 6.11-8.32

Jue 6 11  Y vino el ángel de Jehová,  y se sentó debajo de la encina que está en Ofra,  la cual era de Joás abiezerita;  y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar,  para esconderlo de los madianitas. 12  Y el ángel de Jehová se le apareció,  y le dijo: Jehová está contigo,  varón esforzado y valiente. 13  Y Gedeón le respondió: Ah,  señor mío,  si Jehová está con nosotros,  ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?  ¿Y dónde están todas sus maravillas,  que nuestros padres nos han contado,  diciendo:  ¿No nos sacó Jehová de Egipto?  Y ahora Jehová nos ha desamparado,  y nos ha entregado en mano de los madianitas. 14  Y mirándole Jehová,  le dijo: Ve con esta tu fuerza,  y salvarás a Israel de la mano de los madianitas.  ¿No te envío yo? 15  Entonces le respondió: Ah,  señor mío,  ¿con qué salvaré yo a Israel?  He aquí que mi familia es pobre en Manasés,  y yo el menor en la casa de mi padre. 16  Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo,  y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.

17  Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti,  me des señal de que tú has hablado conmigo. 18  Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti,  y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti.  Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas. 19  Y entrando Gedeón,  preparó un cabrito,  y panes sin levadura de un efa   de harina;  y puso la carne en un canastillo,  y el caldo en una olla,  y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina. 20  Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura,  y ponlos sobre esta peña,  y vierte el caldo.  Y él lo hizo así. 21  Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano,  tocó con la punta la carne y los panes sin levadura;  y subió fuego de la peña,  el cual consumió la carne y los panes sin levadura.  Y el ángel de Jehová desapareció de su vista. 22  Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová,  dijo: Ah,  Señor Jehová,  que he visto al ángel de Jehová cara a cara. 23  Pero Jehová le dijo: Paz a ti;  no tengas temor,  no morirás. 24  Y edificó allí Gedeón altar a Jehová,  y lo llamó Jehová-salom;  el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas. 25  Aconteció que la misma noche le dijo Jehová:  Toma un toro del hato de tu padre,  el segundo toro de siete años,  y  derriba el altar de Baal que tu padre tiene,  y corta también la imagen de Asera que está junto a él; 26  y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente;  y tomando el segundo toro,  sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado. 27  Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos,  e hizo como Jehová le dijo.  Mas temiendo hacerlo de día,  por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad,  lo hizo de noche. 28  Por la mañana,  cuando los de la ciudad se levantaron,  he aquí que el altar de Baal estaba derribado,  y cortada la imagen de Asera que estaba junto a él,  y el segundo toro había sido ofrecido en holocausto sobre el altar edificado. 29  Y se dijeron unos a otros: ¿Quién ha hecho esto?  Y buscando e inquiriendo,  les dijeron:  Gedeón hijo de Joás lo ha hecho.  Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Joás: 30  Saca a tu hijo para que muera,  porque ha derribado el altar de Baal y ha cortado la imagen de Asera que estaba junto a él. 31  Y Joás respondió a todos los que estaban junto a él: ¿Contenderéis vosotros por Baal?  ¿Defenderéis su causa?  Cualquiera que contienda por él,  que muera esta mañana.  Si es un dios,  contienda por sí mismo con el que derribó su altar. 32  Aquel día Gedeón fue llamado Jerobaal,  esto es: Contienda Baal contra él,  por cuanto derribó su altar. 33  Pero todos los madianitas y amalecitas y los del oriente se juntaron a una,  y pasando acamparon en el valle de Jezreel. 34  Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón,  y cuando éste tocó el cuerno,  los abiezeritas se reunieron con él. 35  Y envió mensajeros por todo Manasés,  y ellos también se juntaron con él;  asimismo envió mensajeros a Aser,  a Zabulón y a Neftalí,  los cuales salieron a encontrarles. 36  Y Gedeón dijo a Dios:  Si has de salvar a Israel por mi mano,  como has dicho, 37  he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era;  y si el rocío estuviere en el vellón solamente,  quedando seca toda la otra tierra,  entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano,  como lo has dicho. 38  Y aconteció así,  pues cuando se levantó de mañana,  exprimió el vellón y sacó de él el rocío,  un tazón lleno de agua. 39  Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí,  si aún hablare esta vez;  solamente probaré ahora otra vez con el vellón.  Te ruego que solamente el vellón quede seco,  y el rocío sobre la tierra. 40  Y aquella noche lo hizo Dios así;  sólo el vellón quedó seco,  y en toda la tierra hubo rocío.

Jue 7:1  Levantándose,  pues,  de mañana Jerobaal,  el cual es Gedeón,  y todo el pueblo que estaba con él,  acamparon junto a la fuente de Harod;  y tenía el campamento de los madianitas al norte,  más allá del collado de More,  en el valle. 2  Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano,  no sea que se alabe Israel contra mí,  diciendo: Mi mano me ha salvado. 3  Ahora,  pues,  haz pregonar en oídos del pueblo,  diciendo: Quien tema y se estremezca,  madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad.  Y se devolvieron de los del pueblo veintidós mil,  y quedaron diez mil. 4  Y Jehová dijo a Gedeón:  Aún es mucho el pueblo;  llévalos a las aguas,  y allí te los probaré;  y del que yo te diga:  Vaya éste contigo,  irá contigo;  mas de cualquiera que yo te diga:  Este no vaya contigo,  el tal no irá. 5  Entonces llevó el pueblo a las aguas;  y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro,  a aquél pondrás aparte;  asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber. 6  Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su boca,  trescientos hombres;  y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas. 7  Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré,  y entregaré a los madianitas en tus manos;  y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar. 8  Y habiendo tomado provisiones para el pueblo,  y sus trompetas,  envió a todos los israelitas cada uno a su tienda,  y retuvo a aquellos trescientos hombres;  y tenía el campamento de Madián abajo en el valle. 9  Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate,  y desciende al campamento;  porque yo lo he entregado en tus manos. 10  Y si tienes temor de descender,  baja tú con Fura tu criado al campamento, 11  y oirás lo que hablan;  y entonces tus manos se esforzarán,  y descenderás al campamento.  Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento. 12  Y los madianitas,  los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas en multitud,  y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud. 13  Cuando llegó Gedeón,  he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño,  diciendo: He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián,  y llegó a la tienda,  y la golpeó de tal manera que cayó,  y la trastornó de arriba abajo,  y la tienda cayó. 14  Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás,  varón de Israel.  Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento. 15  Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación,  adoró;  y vuelto al campamento de Israel,  dijo: Levantaos,  porque Jehová ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos. 16  Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones,  dio a todos ellos trompetas en sus manos,  y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros. 17  Y les dijo: Miradme a mí,  y haced como hago yo;  he aquí que cuando yo llegue al extremo del campamento,  haréis vosotros como hago yo. 18  Yo tocaré la trompeta,  y todos los que estarán conmigo;  y vosotros tocaréis entonces las trompetas alrededor de todo el campamento,  y diréis: ¡Por Jehová y por Gedeón! 19  Llegaron,  pues,  Gedeón y los cien hombres que llevaba consigo,  al extremo del campamento,  al principio de la guardia de la medianoche,  cuando acababan de renovar los centinelas;  y tocaron las trompetas,  y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos. 20  Y los tres escuadrones tocaron las trompetas,  y quebrando los cántaros tomaron en la mano izquierda las teas,  y en la derecha las trompetas con que tocaban,  y gritaron: ¡Por la espada de Jehová y de Gedeón! 21  Y se estuvieron firmes cada uno en su puesto en derredor del campamento;  entonces todo el ejército echó a correr dando gritos y huyendo. 22  Y los trescientos tocaban las trompetas;  y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento.  Y el ejército huyó hasta Bet-sita,  en dirección de Zerera,  y hasta la frontera de Abel-mehola en Tabat. 23  Y juntándose los de Israel,  de Neftalí,  de Aser y de todo Manasés,  siguieron a los madianitas. 24  Gedeón también envió mensajeros por todo el monte de Efraín,  diciendo: Descended al encuentro de los madianitas,  y tomad los vados de Bet-bara y del Jordán antes que ellos lleguen.  Y juntos todos los hombres de Efraín,  tomaron los vados de Bet-bara y del Jordán. 25  Y tomaron a dos príncipes de los madianitas,  Oreb y Zeeb;  y mataron a Oreb en la peña de Oreb,  y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb;  y después que siguieron a los madianitas,  trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Gedeón al otro lado del Jordán.

Jue 8:1  Pero los hombres de Efraín le dijeron:  ¿Qué es esto que has hecho con nosotros,  no llamándonos cuando ibas a la guerra contra Madián?  Y le reconvinieron fuertemente. 2  A los cuales él respondió: ¿Qué he hecho yo ahora comparado con vosotros?  ¿No es el rebusco de Efraín mejor que la vendimia de Abiezer? 3  Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeeb,  príncipes de Madián;  ¿y qué he podido yo hacer comparado con vosotros?  Entonces el enojo de ellos contra él se aplacó,  luego que él habló esta palabra. 4  Y vino Gedeón al Jordán,  y pasó él y los trescientos hombres que traía consigo,  cansados,  mas todavía persiguiendo. 5  Y dijo a los de Sucot: Yo os ruego que deis a la gente que me sigue algunos bocados de pan;  porque están cansados,  y yo persigo a Zeba y Zalmuna,  reyes de Madián. 6  Y los principales de Sucot respondieron: ¿Están ya Zeba y Zalmuna en tu mano,  para que demos pan a tu ejército? 7  Y Gedeón dijo: Cuando Jehová haya entregado en mi mano a Zeba y a Zalmuna,  yo trillaré vuestra carne con espinos y abrojos del desierto. 8  De allí subió a Peniel,  y les dijo las mismas palabras.  Y los de Peniel le respondieron como habían respondido los de Sucot. 9  Y él habló también a los de Peniel,  diciendo: Cuando yo vuelva en paz,  derribaré esta torre. 10  Y Zeba y Zalmuna estaban en Carcor,  y con ellos su ejército como de quince mil hombres,  todos los que habían quedado de todo el ejército de los hijos del oriente;  pues habían caído ciento veinte mil hombres que sacaban espada. 11  Subiendo,  pues,  Gedeón por el camino de los que habitaban en tiendas al oriente de Noba y de Jogbeha,  atacó el campamento,  porque el ejército no estaba en guardia. 12  Y huyendo Zeba y Zalmuna,  él los siguió;  y prendió a los dos reyes de Madián,  Zeba y Zalmuna,  y llenó de espanto a todo el ejército. 13  Entonces Gedeón hijo de Joás volvió de la batalla antes que el sol subiese, 14  y tomó a un joven de los hombres de Sucot,  y le preguntó;  y él le dio por escrito los nombres de los principales y de los ancianos de Sucot,  setenta y siete varones. 15  Y entrando a los hombres de Sucot,  dijo: He aquí a Zeba y a Zalmuna,  acerca de los cuales me zaheristeis,  diciendo: ¿Están ya en tu mano Zeba y Zalmuna,  para que demos nosotros pan a tus hombres cansados? 16  Y tomó a los ancianos de la ciudad,  y espinos y abrojos del desierto,  y castigó con ellos a los de Sucot. 17  Asimismo derribó la torre de Peniel,  y mató a los de la ciudad. 18  Luego dijo a Zeba y a Zalmuna: ¿Qué aspecto tenían aquellos hombres que matasteis en Tabor?  Y ellos respondieron: Como tú,  así eran ellos;  cada uno parecía hijo de rey. 19  Y él dijo: Mis hermanos eran,  hijos de mi madre.  ¡Vive Jehová,  que si les hubierais conservado la vida,  yo no os mataría! 20  Y dijo a Jeter su primogénito: Levántate,  y mátalos.  Pero el joven no desenvainó su espada,  porque tenía temor,  pues era aún muchacho. 21  Entonces dijeron Zeba y Zalmuna: Levántate tú,  y mátanos;  porque como es el varón,  tal es su valentía.  Y Gedeón se levantó,  y mató a Zeba y a Zalmuna;  y tomó los adornos de lunetas que sus camellos traían al cuello. 22  Y los israelitas dijeron a Gedeón: Sé nuestro señor,  tú,  y tu hijo,  y tu nieto;  pues que nos has librado de mano de Madián. 23  Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros,  ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros. 24  Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición;  que cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro,  porque eran ismaelitas). 25  Ellos respondieron: De buena gana te los daremos.  Y tendiendo un manto,  echó allí cada uno los zarcillos de su botín. 26  Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió,  mil setecientos siclos de oro,  sin las planchas y joyeles y vestidos de púrpura que traían los reyes de Madián,  y sin los collares que traían sus camellos al cuello. 27  Y Gedeón hizo de ellos un efod,  el cual hizo guardar en su ciudad de Ofra;  y todo Israel se prostituyó tras de ese efod en aquel lugar;  y fue tropezadero a Gedeón y a su casa. 28  Así fue subyugado Madián delante de los hijos de Israel,  y nunca más volvió a levantar cabeza.  Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón. 29  Luego Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa. 30  Y tuvo Gedeón setenta hijos que constituyeron su descendencia,  porque tuvo muchas mujeres. 31  También su concubina que estaba en Siquem le dio un hijo,  y le puso por nombre Abimelec. 32  Y murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez,  y fue sepultado en el sepulcro de su padre Joás,  en Ofra de los abiezeritas.

Hebreos 11.32 Jue. 4.6-5.31 Jue 4:6  Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam,  de Cedes de Neftalí,  y le dijo:  ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel,  diciendo:  Ve,  junta a tu gente en el monte de Tabor,  y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón; 7  y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara,  capitán del ejército de Jabín,  con sus carros y su ejército,  y lo entregaré en tus manos? 8  Barac le respondió: Si tú fueres conmigo,  yo iré;  pero si no fueres conmigo,  no iré. 9  Ella dijo: Iré contigo;  mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes,  porque en mano de mujer venderá Jehová a Sísara.  Y levantándose Débora,  fue con Barac a Cedes. 10  Y juntó Barac a Zabulón y a Neftalí en Cedes,  y subió con diez mil hombres a su mando;  y Débora subió con él. 11  Y Heber ceneo,  de los hijos de Hobab suegro de Moisés,  se había apartado de los ceneos,  y había plantado sus tiendas en el valle de Zaanaim,  que está junto a Cedes. 12  Vinieron,  pues,  a Sísara las nuevas de que Barac hijo de Abinoam había subido al monte de Tabor. 13  Y reunió Sísara todos sus carros,  novecientos carros herrados,  con todo el pueblo que con él estaba,  desde Haroset- goim hasta el arroyo de Cisón. 14  Entonces Débora dijo a Barac: Levántate,  porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos.  ¿No ha salido Jehová delante de ti?  Y Barac descendió del monte de Tabor,  y diez mil hombres en pos de él. 15  Y Jehová quebrantó a Sísara,  a todos sus carros y a todo su ejército,  a filo de espada delante de Barac;  y Sísara descendió del carro,  y huyó a pie. 16  Mas Barac siguió los carros y el ejército hasta Haroset- goim,  y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada,  hasta no quedar ni uno. 17  Y Sísara huyó a pie a la tienda de Jael mujer de Heber ceneo;  porque había paz entre Jabín rey de Hazor y la casa de Heber ceneo. 18  Y saliendo Jael a recibir a Sísara,  le dijo: Ven,  señor mío,  ven a mí,  no tengas temor.  Y él vino a ella a la tienda,  y ella le cubrió con una manta. 19  Y él le dijo: Te ruego me des de beber un poco de agua,  pues tengo sed.  Y ella abrió un odre de leche y le dio de beber,  y le volvió a cubrir. 20  Y él le dijo: Estate a la puerta de la tienda;  y si alguien viniere,  y te preguntare,  diciendo: ¿Hay aquí alguno?  tú responderás que no. 21  Pero Jael mujer de Heber tomó una estaca de la tienda,  y poniendo un mazo en su mano,  se le acercó calladamente y le metió la estaca por las sienes,  y la enclavó en la tierra,  pues él estaba cargado de sueño y cansado;  y así murió. 22  Y siguiendo Barac a Sísara,  Jael salió a recibirlo,  y le dijo: Ven,  y te mostraré al varón que tú buscas.  Y él entró donde ella estaba,  y he aquí Sísara yacía muerto con la estaca por la sien. 23  Así abatió Dios aquel día a Jabín,  rey de Canaán,  delante de los hijos de Israel. 24  Y la mano de los hijos de Israel fue endureciéndose más y más contra Jabín rey de Canaán,  hasta que lo destruyeron.

Jue 5:1  Aquel día cantó Débora con Barac hijo de Abinoam,  diciendo: 2  Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel,  Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo,  Load a Jehová. 3  Oíd,  reyes;  escuchad,  oh príncipes;  Yo cantaré a Jehová,  Cantaré salmos a Jehová,  el Dios de Israel. 4  Cuando saliste de Seir,  oh Jehová,  Cuando te marchaste de los campos de Edom,  La tierra tembló,  y los cielos destilaron,  Y las nubes gotearon aguas. 5  Los montes temblaron delante de Jehová,  Aquel Sinaí,  delante de Jehová Dios de Israel. 6  En los días de Samgar hijo de Anat,  En los días de Jael,  quedaron abandonados los caminos,  Y los que andaban por las sendas se apartaban por senderos torcidos. 7  aldeas quedaron abandonadas en Israel,  habían decaído,  Hasta que yo Débora me levanté,   Me levanté como madre en Israel. 8  do escogían nuevos dioses,  La guerra estaba a las puertas;  ¿Se veía escudo o lanza   Entre cuarenta mil en Israel? 9  orazón es para vosotros,  jefes de Israel,  Para los que voluntariamente os ofrecisteis entre el pueblo.  Load a Jehová. 10  tros los que cabalgáis en asnas blancas,  Los que presidís en juicio,  Y vosotros los que viajáis,  hablad. 11   del ruido de los arqueros,  en los abrevaderos,  Allí repetirán los triunfos de Jehová,  Los triunfos de sus aldeas en Israel;  Entonces marchará hacia las puertas el pueblo de Jehová. 12  Despierta,  despierta,  Débora;  Despierta,  despierta,  entona cántico.  Levántate,  Barac,  y lleva tus cautivos,  hijo de Abinoam. 13  Entonces marchó el resto de los nobles;  El pueblo de Jehová marchó por él en contra de los poderosos. 14  De Efraín vinieron los radicados en Amalec,  En pos de ti,  Benjamín,  entre tus pueblos;  De Maquir descendieron príncipes,  Y de Zabulón los que tenían vara de mando. 15  Caudillos también de Isacar fueron con Débora;  Y como Barac,  también Isacar   Se precipitó a pie en el valle.  Entre las familias de Rubén  Hubo grandes resoluciones del corazón. 16  ¿Por qué te quedaste entre los rediles,  Para oír los balidos de los rebaños?  Entre las familias de Rubén  Hubo grandes propósitos del corazón. 17  Galaad se quedó al otro lado del Jordán;  Y Dan,  ¿por qué se estuvo junto a las naves?  Se mantuvo Aser a la ribera del mar,  Y se quedó en sus puertos. 18  El pueblo de Zabulón expuso su vida a la muerte,  Y Neftalí en las alturas del campo. 19  Vinieron reyes y pelearon;  Entonces pelearon los reyes de Canaán,  En Taanac,  junto a las aguas de Meguido,  Mas no llevaron ganancia alguna de dinero. 20  Desde los cielos pelearon las estrellas;  Desde sus órbitas pelearon contra Sísara. 21  Los barrió el torrente de Cisón,  El antiguo torrente,  el torrente de Cisón.  Marcha,  oh alma mía,  con poder. 22  Entonces resonaron los cascos de los caballos  Por el galopar,  por el galopar de sus valientes. 23  Maldecid a Meroz,  dijo el ángel de Jehová;  Maldecid severamente a sus moradores,  Porque no vinieron al socorro de Jehová,  Al socorro de Jehová contra los fuertes. 24  Bendita sea entre las mujeres Jael,  Mujer de Heber ceneo;  Sobre las mujeres bendita sea en la tienda. 25  El pidió agua,  y ella le dio leche;  En tazón de nobles le presentó crema. 26  Tendió su mano a la estaca,  Y su diestra al mazo de trabajadores,  Y golpeó a Sísara;  hirió su cabeza,  Y le horadó,  y atravesó sus sienes. 27  Cayó encorvado entre sus pies,  quedó tendido;

 Entre sus pies cayó encorvado;  Donde se encorvó,  allí cayó muerto. 28  La madre de Sísara se asoma a la ventana,  Y por entre las celosías a voces dice:  ¿Por qué tarda su carro en venir?   ¿Por qué las ruedas de sus carros se detienen? 29  Las más avisadas de sus damas le respondían,  Y aun ella se respondía a sí misma: 30  ¿No han hallado botín,  y lo están repartiendo?  A cada uno una doncella,  o dos;  Las vestiduras de colores para Sísara,  Las vestiduras bordadas de colores;  La ropa de color bordada de ambos lados,  para los jefes de los que tomaron el botín. 31  Así perezcan todos tus enemigos,  oh Jehová;  Mas los que te aman,  sean como el sol cuando sale en su fuerza.  Y la tierra reposó cuarenta años.

Hebreos 11.32 Jue 13.2-16.31 Jue 13:2  Y había un hombre de Zora,  de la tribu de Dan,  el cual se llamaba Manoa;  y su mujer era estéril,  y nunca había tenido hijos. 3  A esta mujer apareció el ángel de Jehová,  y le dijo: He aquí que tú eres estéril,  y nunca has tenido hijos;  pero concebirás y darás a luz un hijo. 4  Ahora,  pues,  no bebas vino ni sidra,  ni comas cosa inmunda. 5  Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo;  y navaja no pasará sobre su cabeza,  porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento,  y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos. 6  Y la mujer vino y se lo contó a su marido,  diciendo: Un varón de Dios vino a mí,  cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios,  temible en gran manera;  y no le pregunté de dónde ni quién era,  ni tampoco él me dijo su nombre. 7  Y me dijo: He aquí que tú concebirás,  y darás a luz un hijo;  por tanto,  ahora no bebas vino,  ni sidra,  ni comas cosa inmunda,  porque este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte. 8  Entonces oró Manoa a Jehová,  y dijo: Ah,  Señor mío,  yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste,  vuelva ahora a venir a nosotros,  y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer. 9  Y Dios oyó la voz de Manoa;  y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer,  estando ella en el campo;  mas su marido Manoa no estaba con ella. 10  Y la mujer corrió prontamente a avisarle a su marido,  diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino a mí el otro día. 11  Y se levantó Manoa,  y siguió a su mujer;  y vino al varón y le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a la mujer?  Y él dijo: Yo soy. 12  Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan,  ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño,  y qué debemos hacer con él? 13  Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije. 14  No tomará nada que proceda de la vid;  no beberá vino ni sidra,  y no comerá cosa inmunda;  guardará todo lo que le mandé. 15  Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos permitas detenerte,  y te prepararemos un cabrito. 16  Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas,  no comeré de tu pan;  mas si quieres hacer holocausto,  ofrécelo a Jehová.  Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová. 17  Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre,  para que cuando se cumpla tu palabra te honremos? 18  Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre,  que es admirable? 19  Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda,  y los ofreció sobre una peña a Jehová;  y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer. 20  Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo,  el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer,  los cuales se postraron en tierra. 21  Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer.  Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. 22  Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos,  porque a Dios hemos visto. 23  Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar,  no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda,  ni nos hubiera mostrado todas estas cosas,  ni ahora nos habría anunciado esto. 24  Y la mujer dio a luz un hijo,  y le puso por nombre Sansón.  Y el niño creció,  y Jehová lo bendijo. 25  Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él en los campamentos de Dan,  entre Zora y Estaol.

Jue 14:1  Descendió Sansón a Timnat,  y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. 2  Y subió,  y lo declaró a su padre y a su madre,  diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos;  os ruego que me la toméis por mujer. 3  Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos,  ni en todo nuestro pueblo,  para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos?  Y Sansón respondió a su padre: Tómame ésta por mujer,  porque ella me agrada. 4  Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová,  porque él buscaba ocasión contra los filisteos;  pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel. 5  Y Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat;  y cuando llegaron a las viñas de Timnat,  he aquí un león joven que venía rugiendo hacia él. 6  Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón,  quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito,  sin tener nada en su mano;  y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7  Descendió,  pues,  y habló a la mujer;  y ella agradó a Sansón. 8  Y volviendo después de algunos días para tomarla,  se apartó del camino para ver el cuerpo muerto del león;  y he aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de abejas,  y un panal de miel. 9  Y tomándolo en sus manos,  se fue comiéndolo por el camino;  y cuando alcanzó a su padre y a su madre,  les dio también a ellos que comiesen;  mas no les descubrió que había tomado aquella miel del cuerpo del león. 10  Vino,  pues,  su padre adonde estaba la mujer,  y Sansón hizo allí banquete;  porque así solían hacer los jóvenes. 11  Y aconteció que cuando ellos le vieron,  tomaron treinta compañeros para que estuviesen con él. 12  Y Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un enigma,  y si en los siete días del banquete me lo declaráis y descifráis,  yo os daré treinta vestidos de lino y treinta vestidos de fiesta. 13  Más si no me lo podéis declarar,  entonces vosotros me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de fiesta.  Y ellos respondieron: Propón tu enigma,  y lo oiremos. 14  Entonces les dijo: Del devorador salió comida,   Y del fuerte salió dulzura.  Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días. 15  Al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: Induce a tu marido a que nos declare este enigma,  para que no te quememos a ti y a la casa de tu padre.  ¿Nos habéis llamado aquí para despojarnos? 16  Y lloró la mujer de Sansón en presencia de él,  y dijo:  Solamente me aborreces,  y no me amas,  pues no me declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo.  Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado,  ¿y te lo había de declarar a ti? 17  Y ella lloró en presencia de él los siete días que ellos tuvieron banquete;  mas al séptimo día él se lo declaró,  porque le presionaba;  y ella lo declaró a los hijos de su pueblo. 18  Al séptimo día,  antes que el sol se pusiese,  los de la ciudad le dijeron:   ¿Qué cosa más dulce que la miel?   ¿Y qué cosa más fuerte que el león?   Y él les respondió: Si no araseis con mi novilla,  Nunca hubierais descubierto mi enigma.19  Y el Espíritu de Jehová vino sobre él,  y descendió a Ascalón y mató a treinta hombres de ellos;  y tomando sus despojos,  dio las mudas de vestidos a los que habían explicado el enigma;  y encendido en enojo se volvió a la casa de su padre.

20  Y la mujer de Sansón fue dada a su compañero,  al cual él había tratado como su amigo.

Jue 15:1  Aconteció después de algún tiempo,  que en los días de la siega del trigo Sansón visitó a su mujer con un cabrito,  diciendo: Entraré a mi mujer en el aposento.  Mas el padre de ella no lo dejó entrar. 2  Y dijo el padre de ella: Me persuadí de que la aborrecías,  y la di a tu compañero.  Mas su hermana menor,  ¿no es más hermosa que ella?  Tómala,  pues,  en su lugar. 3  Entonces le dijo Sansón: Sin culpa seré esta vez respecto de los filisteos,  si mal les hiciere. 4  Y fue Sansón y cazó trescientas zorras,  y tomó teas,  y juntó cola con cola,  y puso una tea entre cada dos colas. 5  Después,  encendiendo las teas,  soltó las zorras en los sembrados de los filisteos,  y quemó las mieses amontonadas y en pie,  viñas y olivares. 6  Y dijeron los filisteos: ¿Quién hizo esto?  Y les contestaron: Sansón,  el yerno del timnateo,  porque le quitó su mujer y la dio a su compañero.  Y vinieron los filisteos y la quemaron a ella y a su padre. 7  Entonces Sansón les dijo: Ya que así habéis hecho,  juro que me vengaré de vosotros,  y después desistiré. 8  Y los hirió cadera y muslo con gran mortandad;  y descendió y habitó en la cueva de la peña de Etam. 9  Entonces los filisteos subieron y acamparon en Judá,  y se extendieron por Lehi. 10  Y los varones de Judá les dijeron: ¿Por qué habéis subido contra nosotros?  Y ellos respondieron: A prender a Sansón hemos subido,  para hacerle como él nos ha hecho. 11  Y vinieron tres mil hombres de Judá a la cueva de la peña de Etam,  y dijeron a Sansón: ¿No sabes tú que los filisteos dominan sobre nosotros?  ¿Por qué nos has hecho esto?  Y él les respondió: Yo les he hecho como ellos me hicieron. 12  Ellos entonces le dijeron: Nosotros hemos venido para prenderte y entregarte en mano de los filisteos.  Y Sansón les respondió: Juradme que vosotros no me mataréis. 13  Y ellos le respondieron,  diciendo: No;  solamente te prenderemos,  y te entregaremos en sus manos;  más no te mataremos.  Entonces le ataron con dos cuerdas nuevas,  y le hicieron venir de la peña. 14  Y así que vino hasta Lehi,  los filisteos salieron gritando a su encuentro;  pero el Espíritu de Jehová vino sobre él,  y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego,  y las ataduras se cayeron de sus manos. 15  Y hallando una quijada de asno fresca aún,  extendió la mano y la tomó,  y mató con ella a mil hombres. 16  Entonces Sansón dijo:   Con la quijada de un asno,  un montón,  dos montones;  Con la quijada de un asno maté a mil hombres. 17  Y acabando de hablar,  arrojó de su mano la quijada,  y llamó a aquel lugar Ramat-lehi. 18  Y teniendo gran sed,  clamó luego a Jehová,  y dijo: Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo;  ¿y moriré yo ahora de sed,  y caeré en mano de los incircuncisos? 19  Entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi;  y salió de allí agua,  y él bebió,  y recobró su espíritu,  y se reanimó.  Por esto llamó el nombre de aquel lugar,  En-hacore,  el cual está en Lehi,  hasta hoy. 20  Y juzgó a Israel en los días de los filisteos veinte años.

Jue 16:1  Fue Sansón a Gaza,  y vio allí a una mujer ramera,  y se llegó a ella. 2  Y fue dicho a los de Gaza: Sansón ha venido acá.  Y lo rodearon,  y acecharon toda aquella noche a la puerta de la ciudad;  y estuvieron callados toda aquella noche,  diciendo: Hasta la luz de la mañana;  entonces lo mataremos. 3  Más Sansón durmió hasta la medianoche;  y a la medianoche se levantó,  y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo,  se las echó al hombro,  y se fue y las subió a la cumbre del monte que está delante de Hebrón. 4  Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec,  la cual se llamaba Dalila. 5  Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos,  y le dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste su gran fuerza,  y cómo lo podríamos vencer,  para que lo atemos y lo dominemos;  y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata. 6  Y Dalila dijo a Sansón: Yo te ruego que me declares en qué consiste tu gran fuerza,  y cómo podrás ser atado para ser dominado. 7  Y le respondió Sansón: Si me ataren con siete mimbres verdes que aún no estén enjutos,  entonces me debilitaré y seré como cualquiera de los hombres. 8  Y los príncipes de los filisteos le trajeron siete mimbres verdes que aún no estaban enjutos,  y ella le ató con ellos. 9  Y ella tenía hombres en acecho en el aposento.  Entonces ella le dijo: ¡Sansón,  los filisteos contra ti!  Y él rompió los mimbres,  como se rompe una cuerda de estopa cuando toca el fuego;  y no se supo el secreto de su fuerza. 10  Entonces Dalila dijo a Sansón: He aquí tú me has engañado,  y me has dicho mentiras;  descúbreme,  pues,  ahora,  te ruego,  cómo podrás ser atado. 11  Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas que no se hayan usado,  yo me debilitaré,  y seré como cualquiera de los hombres. 12  Y Dalila tomó cuerdas nuevas,  y le ató con ellas,  y le dijo: ¡Sansón,  los filisteos sobre ti!  Y los espías estaban en el aposento.  Más él las rompió de sus brazos como un hilo. 13  Y Dalila dijo a Sansón: Hasta ahora me engañas,  y tratas conmigo con mentiras.  Descúbreme,  pues,  ahora,  cómo podrás ser atado.  El entonces le dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela y las asegurares con la estaca. 14  Y ella las aseguró con la estaca,  y le dijo: ¡Sansón,  los filisteos sobre ti!  Mas despertando él de su sueño,  arrancó la estaca del telar con la tela. 15  Y ella le dijo: ¿Cómo dices: Yo te amo,  cuando tu corazón no está conmigo?  Ya me has engañado tres veces,  y no me has descubierto aún en qué consiste tu gran fuerza. 16  Y aconteció que,  presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole,  su alma fue reducida a mortal angustia. 17  Le descubrió,  pues,  todo su corazón,  y le djio: Nunca a mi cabeza llegó navaja;  porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre.  Si fuere rapado,  mi fuerza se apartará de mí,  y me debilitaré y seré como todos los hombres. 18  Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón,  envió a llamar a los principales de los filisteos,  diciendo: Venid esta vez,  porque él me ha descubierto todo su corazón.  Y los principales de los filisteos vinieron a ella,  trayendo en su mano el dinero. 19  Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas,  y llamó a un hombre,  quien le rapó las siete guedejas de su cabeza;  y ella comenzó a afligirlo,  pues su fuerza se apartó de él. 20  Y le dijo: ¡Sansón,  los filisteos sobre ti!  Y luego que despertó él de su sueño,  se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé.  Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él. 21  Más los filisteos le echaron mano,  y le sacaron los ojos,  y le llevaron a Gaza;  y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel. 22  Y el cabello de su cabeza comenzó a crecer,  después que fue rapado. 23  Entonces los principales de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón su dios y para alegrarse;  y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos a Sansón nuestro enemigo. 24  Y viéndolo el pueblo,  alabaron a su dios,  diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a nuestro enemigo,  y al destruidor de nuestra tierra,  el cual había dado muerte a muchos de nosotros. 25  Y aconteció que cuando sintieron alegría en su corazón,  dijeron: Llamad a Sansón,  para que nos divierta.  Y llamaron a Sansón de la cárcel,  y sirvió de juguete delante de ellos;  y lo pusieron entre las columnas. 26  Entonces Sansón dijo al joven que le guiaba de la mano: Acércame,  y hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa,  para que me apoye sobre ellas. 27  Y la casa estaba llena de hombres y mujeres,  y todos los principales de los filisteos estaban allí;  y en el piso alto había como tres mil hombres y mujeres,  que estaban mirando el escarnio de Sansón. 28  Entonces clamó Sansón a Jehová,  y dijo: Señor Jehová,  acuérdate ahora de mí,  y fortaléceme,  te ruego,  solamente esta vez,  oh Dios,  para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. 29  Asió luego Sansón las dos columnas de en medio,  sobre las que descansaba la casa,  y echó todo su peso sobre ellas,  su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra. 30  Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos.  Entonces se inclinó con toda su fuerza,  y cayó la casa sobre los principales,  y sobre todo el pueblo que estaba en ella.  Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida. 31  Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre,  y le tomaron,  y le llevaron,  y le sepultaron entre Zora y Estaol,  en el sepulcro de su padre Manoa.  Y él juzgó a Israel veinte años.

Hebreos 11.32 Jue. 11.1-12.7 Jue 11:1  Jefté galaadita era esforzado y valeroso;  era hijo de una mujer ramera,  y el padre de Jefté era Galaad. 2  Pero la mujer de Galaad le dio hijos,  los cuales,  cuando crecieron,  echaron fuera a Jefté,  diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre,  porque eres hijo de otra mujer. 3  Huyó,  pues,  Jefté de sus hermanos,  y habitó en tierra de Tob;  y se juntaron con él hombres ociosos,  los cuales salían con él. 4  Aconteció andando el tiempo,  que los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel. 5  Y cuando los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel,  los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob; 6  y dijeron a Jefté: Ven,  y serás nuestro jefe,  para que peleemos contra los hijos de Amón. 7  Jefté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me aborrecisteis vosotros,  y me echasteis de la casa de mi padre?  ¿Por qué,  pues,  venís ahora a mí cuando estáis en aflicción? 8  Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Por esta misma causa volvemos ahora a ti,  para que vengas con nosotros y pelees contra los hijos de Amón,  y seas caudillo de todos los que moramos en Galaad. 9  Jefté entonces dijo a los ancianos de Galaad: Si me hacéis volver para que pelee contra los hijos de Amón,  y Jehová los entregare delante de mí,  ¿seré yo vuestro caudillo? 10  Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Jehová sea testigo entre nosotros,  si no hiciéremos como tú dices. 11  Entonces Jefté vino con los ancianos de Galaad,  y el pueblo lo eligió por su caudillo y jefe;  y Jefté habló todas sus palabras delante de Jehová en Mizpa. 12  Y envió Jefté mensajeros al rey de los amonitas,  diciendo: ¿Qué tienes tú conmigo,  que has venido a mí para hacer guerra contra mi tierra? 13  El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté: Por cuanto Israel tomó mi tierra,  cuando subió de Egipto,  desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán;  ahora,  pues,  devuélvela en paz. 14  Y Jefté volvió a enviar otros mensajeros al rey de los amonitas, 15  para decirle: Jefté ha dicho así: Israel no tomó tierra de Moab,  ni tierra de los hijos de Amón. 16  Porque cuando Israel subió de Egipto,  anduvo por el desierto hasta el Mar Rojo,  y llegó a Cades. 17  Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom,  diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra;  pero el rey de Edom no los escuchó.  Envió también al rey de Moab,  el cual tampoco quiso;  se quedó,  por tanto,  Israel en Cades.

18  Después,  yendo por el desierto,  rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab,  y viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab,  acampó al otro lado de Arnón,  y no entró en territorio de Moab;  porque Arnón es territorio de Moab. 19  Y envió Israel mensajeros a Sehón rey de los amorreos,  rey de Hesbón,  diciéndole: Te ruego que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar. 20  Mas Sehón no se fio de Israel para darle paso por su territorio,  sino que reuniendo Sehón toda su gente,  acampó en Jahaza,  y peleó contra Israel. 21  Pero Jehová Dios de Israel entregó a Sehón y a todo su pueblo en mano de Israel,  y los derrotó;  y se apoderó Israel de toda la tierra de los amorreos que habitaban en aquel país. 22  Se apoderaron también de todo el territorio del amorreo desde Arnón hasta Jaboc,  y desde el desierto hasta el Jordán. 23  Así que,  lo que Jehová Dios de Israel desposeyó al amorreo delante de su pueblo Israel,  ¿pretendes tú apoderarte de él? 24  Lo que te hiciere poseer Quemos tu dios,  ¿no lo poseerías tú?  Así,  todo lo que desposeyó Jehová nuestro Dios delante de nosotros,  nosotros lo poseeremos. 25  ¿Eres tú ahora mejor en algo que Balac hijo de Zipor,  rey de Moab?  ¿Tuvo él cuestión contra Israel,  o hizo guerra contra ellos? 26  Cuando Israel ha estado habitando por trescientos años a Hesbón y sus aldeas,  a Aroer y sus aldeas,  y todas las ciudades que están en el territorio de Arnón,  ¿por qué no las habéis recobrado en ese tiempo? 27  Así que,  yo nada he pecado contra ti,  mas tú haces mal conmigo peleando contra mí.  Jehová,  que es el juez,  juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón. 28  Mas el rey de los hijos de Amón no atendió a las razones que Jefté le envió. 29  Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté;  y pasó por Galaad y Manasés,  y de allí pasó a Mizpa de Galaad,  y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón. 30  Y Jefté hizo voto a Jehová,  diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos, 31  cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme,  cuando regrese victorioso de los amonitas,  será de Jehová,  y lo ofreceré en holocausto. 32  Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra ellos;  y Jehová los entregó en su mano. 33  Y desde Aroer hasta llegar a Minit,  veinte ciudades,  y hasta la vega de las viñas,  los derrotó con muy grande estrago.  Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel. 34  Entonces volvió Jefté a Mizpa,  a su casa;  y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas,  y ella era sola,  su hija única;  no tenía fuera de ella hijo ni hija. 35  Y cuando él la vio,  rompió sus vestidos,  diciendo: ¡Ay,  hija mía!  en verdad me has abatido,  y tú misma has venido a ser causa de mi dolor;  porque le he dado palabra a Jehová,  y no podré retractarme. 36  Ella entonces le respondió: Padre mío,  si le has dado palabra a Jehová,  haz de mí conforme a lo que prometiste,  ya que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Amón. 37  Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes,  y llore mi virginidad,  yo y mis compañeras. 38  El entonces dijo: Ve.  Y la dejó por dos meses.  Y ella fue con sus compañeras,  y lloró su virginidad por los montes. 39  Pasados los dos meses volvió a su padre,  quien hizo de ella conforme al voto que había hecho.  Y ella nunca conoció varón. 40  Y se hizo costumbre en Israel,  que de año en año fueran las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jefté galaadita,  cuatro días en el año.

Jue 12:1  Entonces se reunieron los varones de Efraín,  y pasaron hacia el norte,  y dijeron a Jefté: ¿Por qué fuiste a hacer guerra contra los hijos de Amón,  y no nos llamaste para que fuéramos contigo?  Nosotros quemaremos tu casa contigo. 2  Y Jefté les respondió: Yo y mi pueblo teníamos una gran contienda con los hijos de Amón,  y os llamé,  y no me defendisteis de su mano. 3  Viendo,  pues,  que no me defendíais,  arriesgué mi vida,  y pasé contra los hijos de Amón,  y Jehová me los entregó;  ¿por qué,  pues,  habéis subido hoy contra mí para pelear conmigo? 4  Entonces reunió Jefté a todos los varones de Galaad,  y peleó contra Efraín;  y los de Galaad derrotaron a Efraín,  porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Efraín,  vosotros los galaaditas,  en medio de Efraín y de Manasés. 5  Y los galaaditas tomaron los vados del Jordán a los de Efraín;  y aconteció que cuando decían los fugitivos de Efraín: Quiero pasar,  los de Galaad les preguntaban: ¿Eres tú efrateo?  Si él respondía: No, 6  entonces le decían: Ahora,  pues,  di Shibolet.  Y él decía Sibolet;  porque no podía pronunciarlo correctamente.  Entonces le echaban mano,  y le degollaban junto a los vados del Jordán.  Y murieron entonces de los de Efraín cuarenta y dos mil. 7  Y Jefté juzgó a Israel seis años;  y murió Jefté galaadita,  y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad.

Hebreos 11.32 1 S. 16.1-1 R 2.11 Favor de referirse a estos libros directamente en la Biblia

Hebreos 11.32 1 S.1.1-25.1 Favor de referirse a estos libros directamente en la Biblia

Hebreos 11.33 Dn. 6.1-27 1  Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas,  que gobernasen en todo el reino. 2  Y sobre ellos tres gobernadores,  de los cuales Daniel era uno,  a quienes estos sátrapas diesen cuenta,  para que el rey no fuese perjudicado. 3  Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores,  porque había en él un espíritu superior;  y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino. 4  Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino;  mas no podían hallar ocasión alguna o falta,  porque él era fiel,  y ningún vicio ni falta fue hallado en él. 5  Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle,  si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios. 6  Entonces estos gobernadores y sátrapas se juntaron delante del rey,  y le dijeron así:   ¡Rey Darío,  para siempre vive! 7  Todos los gobernadores del reino,  magistrados,  sátrapas,  príncipes y capitanes han acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes,  que cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti,  oh rey,  sea echado en el foso de los leones. 8  Ahora,  oh rey,  confirma el edicto y fírmalo,  para que no pueda ser revocado,  conforme a la ley de Media y de Persia,  la cual no puede ser abrogada. 9  Firmó,  pues,  el rey Darío el edicto y la prohibición. 10  Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado,  entró en su casa,  y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén,  se arrodillaba tres veces al día,  y oraba y daba gracias delante de su Dios,  como lo solía hacer antes. 11  Entonces se juntaron aquellos hombres,  y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios. 12  Fueron luego ante el rey y le hablaron del edicto real:   ¿No has confirmado edicto que cualquiera que en el espacio de treinta días pida a cualquier dios u hombre fuera de ti,  oh rey,  sea echado en el foso de los leones?  Respondió el rey diciendo: Verdad es,  conforme a la ley de Media y de Persia,  la cual no puede ser abrogada. 13  Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel,  que es de los hijos de los cautivos de Judá,  no te respeta a ti,  oh rey,  ni acata el edicto que confirmaste,  sino que tres veces al día hace su petición. 14  Cuando el rey oyó el asunto,  le pesó en gran manera,  y resolvió librar a Daniel;  y hasta la puesta del sol trabajó para librarle. 15  Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas,  oh rey,  que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado. 16  Entonces el rey mandó,  y trajeron a Daniel,  y le echaron en el foso de los leones.  Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo,  a quien tú continuamente sirves,  él te libre. 17  Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso,  la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes,  para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase. 18  Luego el rey se fue a su palacio,  y se acostó ayuno;  ni instrumentos de música fueron traídos delante de él,  y se le fue el sueño. 19  El rey,  pues,  se levantó muy de mañana,  y fue apresuradamente al foso de los leones. 20  Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste,  y le dijo: Daniel,  siervo del Dios viviente,  el Dios tuyo,  a quien tú continuamente sirves,   ¿te ha podido librar de los leones? 21  Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey,  vive para siempre. 22  Mi Dios envió su ángel,  el cual cerró la boca de los leones,  para que no me hiciesen daño,  porque ante él fui hallado inocente;  y aun delante de ti,  oh rey,  yo no he hecho nada malo. 23  Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él,  y mandó sacar a Daniel del foso;  y fue Daniel sacado del foso,  y ninguna lesión se halló en él,  porque había confiado en su Dios. 24  Y dio orden el rey,  y fueron traídos aquellos hombres que habían acusado a Daniel,  y fueron echados en el foso de los leones ellos,  sus hijos y sus mujeres;  y aún no habían llegado al fondo del foso,  cuando los leones se apoderaron de ellos y quebraron todos sus huesos. 25  Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos,  naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. 26  De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel;  porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos,  y su reino no será jamás destruido,  y su dominio perdurará hasta el fin. 27  El salva y libra,  y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra;  él ha librado a Daniel del poder de los leones.

Hebreos 11.34 Dn. 3.1-30 1  El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos,  y su anchura de seis codos;  la levantó en el campo de Dura,  en la provincia de Babilonia. 2  Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas,  los magistrados y capitanes,  oidores,  tesoreros,  consejeros,  jueces,  y todos los gobernadores de las provincias,  para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. 3  Fueron,  pues,  reunidos los sátrapas,  magistrados,  capitanes,  oidores,  tesoreros,  consejeros,  jueces,  y todos los gobernadores de las provincias,  a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado;  y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor. 4  Y el pregonero anunciaba en alta voz:  Mándase a vosotros,  oh pueblos,  naciones y lenguas, 5  que al oír el son de la bocina,  de la flauta,  del tamboril,  del arpa,  del salterio,  de la zampoña y de todo instrumento de música,  os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; 6  y cualquiera que no se postre y adore,  inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo. 7  Por lo cual,  al oír todos los pueblos el son de la bocina,  de la flauta,  del tamboril,  del arpa,  del salterio,  de la zampoña y de todo instrumento de música,  todos los pueblos,  naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado. 8  Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos. 9  Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey,  para siempre vive. 10  Tú,  oh rey,  has dado una ley que todo hombre,  al oír el son de la bocina,  de la flauta,  del tamboril,  del arpa,  del salterio,  de la zampoña y de todo instrumento de música,  se postre y adore la estatua de oro; 11  y el que no se postre y adore,  sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo. 12  Hay unos varones judíos,  los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac,  Mesac y Abed-nego;  estos varones,  oh rey,  no te han respetado;  no adoran tus dioses,  ni adoran la estatua de oro que has levantado. 13  Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac,  Mesac y Abed-nego.  Al instante fueron traídos estos varones delante del rey. 14  Habló Nabucodonosor y les dijo:   ¿Es verdad,  Sadrac,  Mesac y Abed-nego,  que vosotros no honráis a mi dios,  ni adoráis la estatua de oro que he levantado? 15  Ahora,  pues,   ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina,  de la flauta,  del tamboril,  del arpa,  del salterio,  de la zampoña y de todo instrumento de música,  os postréis y adoréis la estatua que he hecho?  Porque si no la adorareis,  en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo;   ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? 16  Sadrac,  Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor,  diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. 17  He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo;  y de tu mano,  oh rey,  nos librará. 18  Y si no,  sepas,  oh rey,  que no serviremos a tus dioses,  ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. 19  Entonces Nabucodonosor se llenó de ira,  y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac,  Mesac y Abed-nego,  y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. 20  Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército,  que atasen a Sadrac,  Mesac y Abed-nego,  para echarlos en el horno de fuego ardiendo. 21  Entonces estos varones fueron atados con sus mantos,  sus calzas,  sus turbantes y sus vestidos,  y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. 22  Y como la orden del rey era apremiante,  y lo habían calentado mucho,  la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac,  Mesac y Abed-nego. 23  Y estos tres varones,  Sadrac,  Mesac y Abed-nego,  cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. 24  Entonces el rey Nabucodonosor se espantó,  y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo:   ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego?  Ellos respondieron al rey: Es verdad,  oh rey. 25  Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos,  que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño;  y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. 26  Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo,  y dijo: Sadrac,  Mesac y Abed-nego,  siervos del Dios Altísimo,  salid y venid.  Entonces Sadrac,  Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. 27  Y se juntaron los sátrapas,  los gobernadores,  los capitanes y los consejeros del rey,  para mirar a estos varones,  cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos,  ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado;  sus ropas estaban intactas,  y ni siquiera olor de fuego tenían. 28  Entonces Nabucodonosor dijo:  Bendito sea el Dios de ellos,  de Sadrac,  Mesac y Abed-nego,  que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él,  y que no cumplieron el edicto del rey,  y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. 29  Por lo tanto,  decreto que todo pueblo,  nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac,  Mesac y Abed-nego,  sea descuartizado,  y su casa convertida en muladar;  por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. 30  Entonces el rey engrandeció a Sadrac,  Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.

Hebreos 11.35 1 R. 17.17-24; 2 R. 4.25-37

1 R. 17.17-24 17  Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa;  y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento. 18  Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo,  varón de Dios?  ¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades,  y para hacer morir a mi hijo? 19  El le dijo: Dame acá tu hijo.  Entonces él lo tomó de su regazo,  y lo llevó al aposento donde él estaba,  y lo puso sobre su cama. 20  Y clamando a Jehová,  dijo: Jehová Dios mío,  ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido,  haciéndole morir su hijo? 21  Y se tendió sobre el niño tres veces,  y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío,  te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. 22  Y Jehová oyó la voz de Elías,  y el alma del niño volvió a él,  y revivió. 23  Tomando luego Elías al niño,  lo trajo del aposento a la casa,  y lo dio a su madre,  y le dijo Elías: Mira,  tu hijo vive. 24  Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios,  y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.

2 R. 4.25-37 25  Partió,  pues,  y vino al varón de Dios,  al monte Carmelo.  Y cuando el varón de Dios la vio de lejos,  dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita. 26  Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla,  y le digas: ¿Te va bien a ti?  ¿Le va bien a tu marido,  y a tu hijo?  Y ella dijo: Bien. 27  Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte,  se asió de sus pies.  Y se acercó Giezi para quitarla;  pero el varón de Dios le dijo: Déjala,  porque su alma está en amargura,  y Jehová me ha encubierto el motivo,  y no me lo ha revelado. 28  Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor?  ¿No dije yo que no te burlases de mí? 29  Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos,  y toma mi báculo en tu mano,  y ve;  si alguno te encontrare,  no lo saludes,  y si alguno te saludare,  no le respondas;  y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño. 30  Y dijo la madre del niño: Vive Jehová,  y vive tu alma,  que no te dejaré. 31  El entonces se levantó y la siguió.  Y Giezi había ido delante de ellos,  y había puesto el báculo sobre el rostro del niño;  pero no tenía voz ni sentido,  y así se había vuelto para encontrar a Eliseo,  y se lo declaró,  diciendo: El niño no despierta. 32  Y venido Eliseo a la casa,  he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama. 33  Entrando él entonces,  cerró la puerta tras ambos,  y oró a Jehová. 34  Después subió y se tendió sobre el niño,  poniendo su boca sobre la boca de él,  y sus ojos sobre sus ojos,  y sus manos sobre las manos suyas;  así se tendió sobre él,  y el cuerpo del niño entró en calor. 35  Volviéndose luego,  se paseó por la casa a una y otra parte,  y después subió,  y se tendió sobre él nuevamente,  y el niño estornudó siete veces,  y abrió sus ojos. 36  Entonces llamó él a Giezi,  y le dijo: Llama a esta sunamita.  Y él la llamó.  Y entrando ella,  él le dijo: Toma tu hijo. 37  Y así que ella entró,  se echó a sus pies,  y se inclinó a tierra;  y después tomó a su hijo,  y salió.

Hebreos 11.36 1 R. 22.26-27; 2 Cro. 18.25-26; Jer. 20.2; 37.15; 38.6

1 R. 22.26-27 26  Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías,  y llévalo a Amón gobernador de la ciudad,  y a Joás hijo del rey; 27  y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel,  y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción,  hasta que yo vuelva en paz.

2 Cro. 18.25-26 25  Entonces el rey de Israel dijo: Tomad a Micaías,  y llevadlo a Amón gobernador de la ciudad,  y a Joás hijo del rey. 26  Y decidles: El rey ha dicho así: Poned a éste en la cárcel,  y sustentadle con pan de afliccion y agua de angustia,  hasta que yo vuelva en paz.

Jer. 20.2 Y azotó Pasur al profeta Jeremías,  y lo puso en el cepo que estaba en la puerta superior de Benjamín,  la cual conducía a la casa de Jehová; 37.15 Y los príncipes se airaron contra Jeremías,  y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán,  porque la habían convertido en cárcel.; 38.6 Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de Hamelec,  que estaba en el patio de la cárcel;  y metieron a Jeremías con sogas.  Y en la cisterna no había agua,  sino cieno,  y se hundió Jeremías en el cieno.

Hebreos 11.37 2 Cro. 24.21 Pero ellos hicieron conspiración contra él,  y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo,  en el patio de la casa de Jehová.

    El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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