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El verbo hecho carne Juan 1.1-18 1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. 6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. 9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. 14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. |
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Comentarios de J.C. Ryle Juan 1.1-5 El Evangelio de S. Juan, que empieza con los versículos que quedan citados, es diferente en muchos respectos de los otros tres Evangelios, pues contiene gran número de pasajes que no se hallan en estos, al mismo tiempo que no da cabida a muchos que se encuentran en los otros. Sería fácil aducir buenas razones que justificasen esa desemejanza; pero basta hacer presente que Mateo, Marcos, Lucas y Juan escribieron todos bajo la directa inspiración de Dios. Respecto de estos puntos sobre los cuales solo Juan escribió, es suficiente que hagamos una sola observación, es a saber: que los pasajes que sobre ellos versan son unas de las reliquias más valiosas que posee la iglesia de Cristo. Ninguno de los otros tres evangelistas han presentado exposiciones tan completas de la divinidad de Jesucristo, de la justificación por medio de la fe, de las distintas funciones del Hijo, de las operaciones del Espíritu Santo, y de las prerrogativas de los creyentes. Por de contado, Mateo, Marcos y Lucas no guardan silencio sobre ninguno de estos particulares, pero Juan los pone ante los ojos del lector de una manera más prominente. Los cinco versículos de que nos ocupamos contienen una exposición de sublimidad sin igual respecto a la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Es a Él evidentemente que S. Juan se refiere al tratar de "la palabra" No puede negarse que el pasaje en cuestión encierra verdades tan profundas que el entendimiento humano no alcanza a sondearlas; más también es cierto que en él se descubren otras claras y sencillas, que el cristiano haría bien en atesorar en la mente. Nuestro Señor Jesucristo es eterno. "En el principio ya era la Palabra" No comenzó a existir cuando la tierra y los cielos fueron creados; mucho menos cuando se anunció por vez primera el Evangelio al mundo. Poseyó Gloria en unión del Padre "antes de que el mundo fuese." Juan 17.5 Existió antes de que se crease la materia y empezase el tiempo. Existió desde la eternidad. Nuestro Señor Jesucristo es una Persona distinta de Dios Padre, y sin embargo forma con Él un solo ser. El Padre y la palabra, aunque dos personas distintas, están aunados por medio de una unión inefable. Donde quiera que estuviese Dios Padre por toda la eternidad, allí estuvo también la Palabra o sea Dios Hijo: iguales en Gloria, co-eternos en majestad, uno en esencia divina. ¡Este es, a la verdad, un gran misterio! ¡Feliz el que pueda recibirlo como un niño sin pretender explicarlo! Nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios: "Dios era la Palabra" No es meramente un ángel creado, o un ser inferior a Dios Padre, y que ha recibido de Él poder para redimir a los pecadores. No es nada menos que Dios perfecto -igual al Padre en cuanto a la divinidad -Hijo co eterno y de la misma sustancia del Padre antes de que los mundos existiesen. Nuestro Señor Jesucristo es el Creador de todas las cosas. Véase el versículo 3. Lejos de ser criatura de Dios, como afirman alguno herejes, es el Ser que hizo todos los mundos y todo lo que estos contienen. "El mandó, y fueron creados" Salmo 148.5 Finalmente, nuestro Señor Jesucristo, es la fuente de la vida y la luz espirituales: "En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres." Toda la vida y la luz espirituales que Adán y Eva poseían antes de la caída, habían emanado de Cristo. La emancipación del pecado y de la muerte, y la iluminación de la conciencia han provenido también de Cristo. Cierto es que la mayor parte del género humano, en todos los siglos, en todas las edades, se ha olvidado de la caída y se ha negado a reconocer la necesidad que el hombre tiene de un Salvador; la luz ha estado resplandeciendo en la tinieblas; y los más de los hombres no la han comprendido. Más si algunos individuos de los millones innumerables de la humanidad han gozado de vida y luz en lo espiritual, es el Hijo de Dios quien así los ha bendecido. Lo que precede es una ligera reseña de las principales lecciones que se desprenden de estos admirables versículos. No hay duda de que muchas de las verdades que contienen están fuera del alcance de la razón; pero no hay una sola que se oponga a ella. Además, es preciso tener presente, que del pasaje pueden hacerse deducciones prácticas y sencillas que debemos examinar con cuidado y retener con firmeza. ¿Queremos apercibirnos de la excesiva gravedad del pecado? Leamos con frecuencia los cinco primeros versículos del Evangelio de S. Juan, y notemos de qué naturaleza ha de ser el Redentor de los pecadores. Si el que nos libre del pecado tiene que ser nada menos que el Dios eterno, el Creador y Preservador de todo lo que existe, entonces el pecado debe ser más execrable a los ojos de Dios de lo que generalmente se cree. ¿O es que queremos saber cuan sólido es el cimiento sobre que estriban las esperanzas del cristiano? Examinemos una y otra vez los cinco primeros versículos del Evangelio de S. Juan, y reparemos que el Salvador en quien el creyente ha de confiar es nada menos que el Dios eterno, el Ser que puede salvar para siempre a los que acudan al Padre mediante su intercesión. El Ser que estaba con Dios y era Dios, es también Emmanuel, o sea Dios con nosotros "El que creyere en Jesucristo no será confundido" 1 Pedro 2.6
NOTAS. JUAN 1.1-5 El Evangelio según S. Juan. Haremos acerca de este Evangelio algunas observaciones preliminares que creemos no carecerán de interés para algunos lectores. I. No hay duda de que este Evangelio fue escrito por S. Juan apóstol, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago, quien ejerció en su mocedad la profesión de pescador y después vino a ser discípulo de Jesús, y como tal, testigo ocular de los hechos de su Señor y columna de la iglesia. Era conocido particularmente como "el discípulo a quien Jesús amaba". Fue uno de los tres discípulos privilegiados que solos presenciaron la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración y la agonía en el jardín. También fue el discípulo que se reclinó en el seno del Señor durante la última cena y que recibió de los labios de su Maestro, que colgaba agonizante de la cruz, la comisión de cuidar a María. II. Se sabe de una manera casi segura que el Evangelio de que tratamos fue escrito mucho tiempo después de los otros tres; pero no se sabe exactamente cuantos años. III. Con excepción de la crucifixión y otros pocos sucesos y pasajes, lo que S. Juan escribió acerca del Señor, se encuentra tan solo en su Evangelio. Nada dice del nacimiento e infancia de nuestro Señor, de la tentación, del Sermón del Monte, de la profecía acerca de Jerusalén, ni de la institución de la Cena del Señor. Mas, en cambio, los capítulos que versan sobre Nicodemo, la mujer de Samaria, la resurrección de Lázaro y la aparición de nuestro Señor a Pedro en el mar de Galilea; los discursos públicos contenidos en los capítulos quinto, sexto, séptimo, octavo y décimo; los discursos hechos privadamente y contenidos en los capítulos trece, catorce, quince y dieciséis; y ante todo la oración inserta en el capítulo diecisiete -todo esto es lo más valioso que la Biblia contiene. IV. El estilo de este Evangelio no es menos peculiar que las materias de que trata. La dicción es extraordinariamente sencilla, y sin embargo la profundidad del pensamiento es a veces insondable. Muchas de las expresiones que contiene están empleadas en un sentido profundo y místico, tales son "luz", "tinieblas", "mundo", "vida", "verdad", "permanecer", etc. V. El preámbulo de este Evangelio, es decir, los primeros dieciocho versículos, es una de las partes más singulares de toda la obra. Contiene, por decirlo así, su esencia más delicada. 1 En el principio. Es decir al principio de toda la creación. Está empleada esta expresión en el mismo sentido que en el Génesis: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" Gen. 1.1 "La Palabra" es una expresión de difícil interpretación, usada solo por S. Juan. Que en el pasaje de que tratamos significa una persona, y no una palabra o voz hablada, y que esa persona es nuestro Señor Jesucristo, lo prueba la cláusula que sigue más abajo. "Y la Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros" Que la expresión era conocida de los judíos es innegable; pero por que razón Juan designase al Salvador con ese nombre, es cuestión sobre la cual no están de acuerdo los comentadores. La opinión más sencilla y satisfactoria es la de Melanchton y otros, a saber: que se llama a Cristo la Palabra, porque Él es el vocero e intérprete de la voluntad divina. En el mismo capítulo primero, se encuentran estas palabras: "El unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él nos lo declaró" Muchos creen que también en el Antiguo Testamento "la Palabra" se refiere en varios lugares (como en el Salmo 33.6; 107.20 y 2 Sam 7.21, cotejados con 1 Cron. 17.19) a la segunda persona de la Trinidad. Es de dudarse, sin embargo, que así sea.
Comentarios de J.C. Ryle Juan 1.6-13 S. Juan, después de hacer una exposición de la naturaleza divina nuestro Señor, trata de su precursor, Juan Bautista. No debe pasar desapercibido el contraste que forman los términos que se refieren al Salvador con los que se refieren al precursor. De Cristo se nos dice que era el Dios eterno, el Creador de todas las cosas, la fuente de la vida y de la luz. De Juan Bautista se nos dice simplemente que "fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan." Estos versículos nos enseñan, en primer lugar, la verdadera naturaleza de las funciones del ministro cristiano. Se desprende esto de lo dicho acerca de Juan Bautista en el versículo séptimo. Los ministros cristianos no son sacerdotes ni mediadores entre Dios y los hombres. Tampoco son una especie de agentes en cuyas manos los fieles encomienden sus almas y que estén revestidos del poder delegado de practicar la religión por lo demás. No son sino testigos. Su misión es rendir testimonio a la verdad de Dios, y especialmente a la de que Cristo es el único Salvador, la única luz del mundo. Esto fue lo que hizo S. Pedro el día de Pentecostés. "Y con otras muchas palabras testificaba" Hechos 2.40. En esto también consistió la obra de S. Pablo, "Testificando a los judíos y también a los griegos el arrepentimiento hacia Dios, y la fe hacia nuestro Señor Jesucristo". Hechos 20.21. Si el ministro cristiano no da un testimonio pleno y completo acerca del Salvador, es infiel en el cumplimiento de sus sagrados deberes. En tanto que rinda este testimonio, cumple con la misión que le ha sido encomendada y recibirá su galardón, aunque sus oyentes no crean las verdades que proclame. Pero es solo cuando creen que los oyentes reciben provecho de los trabajos del ministro. El gran fin que debe proponerse el ministro es que por su medio crean los hombres. Estos versículos nos dan a conocer, en segundo lugar, lo que es nuestro Señor Jesucristo respecto a la humanidad. "Aquella palabra era la luz verdadera," etc. Cristo es para las almas de los hombres lo que el sol para el mundo. Es el centro y la fuente de toda luz espiritual, de la vida, de la animación, del crecimiento, de la hermosura, de la fecundidad. A semejanza del sol, alumbra para bien de toda la humanidad -del noble y del plebeyo, del rico y del pobre, del judío y del griego. A semejanza del sol, todos pueden tornar hacia Él los ojos para contemplarlo. Si hubiera millones de hombres que fueran tan necios que quisieran habitar en subterráneos o vendarse los ojos, tendrían que culparse a sí mismos por la oscuridad que los rodeara y no atribuirla a defecto del sol. Del mismo modo, si millones de hombres prefieren las tinieblas a la luz espiritual, ellos son los que tienen la culpa de su ceguedad, y no Cristo. "El necio corazón de ellos fue entenebrecido". Rom 1.21 Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, cuan malo es por naturaleza el corazón del hombre. Véase los versículos 10 y 11. Jesucristo estuvo en el mundo de una manera invisible, mucho antes de haber nacido de la Virgen María. Si, estuvo desde el principio ordenando y gobernando toda la creación. "Todas las cosas subsisten en Él" Col. 1.17. A todo comunicaba vida y animación, y por mandato suyo gobernaban los reyes, y crecía y menguaban las naciones. Sin embargo, los mortales no lo conocían ni le rendía homenaje, más "honraban y servían a la criatura antes que al Creador" Rom 1.25 ¡Malo por naturaleza es, a la verdad, el corazón del hombre! Más tarde el Verbo se hizo carne y apareció en el mundo de una manera visible, más no tuvo mejor acogida. Se presentó ante el mismo pueblo que había sacado de Egipto, y había rescatado para si, esto es, ante los judíos, que había separado de las otras naciones y a quienes se había revelado por medio de los pasajes del Antiguo Testamento que lo anunciaban, que habían visto en su templo los tipos y símbolos que lo prefiguraban, que habían, en fin, manifestado que aguardaban su venida. ¡Y sin embargo, esos mismos hijos de Israel lo rechazaron, lo escarnecieron y lo inmolaron! ¡Perverso es, a la verdad, el corazón del hombre! Estos versículos nos enseñan, por último cuales y cuan grandes son los privilegios que se conceden a los que aceptan a Cristo y creen en Él. "A todos los que le recibieron les dio poder de ser hechos hijos de Dios, esto es, a los que creen en su nombre." Jesucristo siempre tiene quien lo siga. Si la mayoría de los judíos no lo reconoció como Mesías, hubo, por lo menos, unos pocos que si lo reconocieron. A estos otorgó la gracia de ser hechos hijos de Dios, adoptándolos como miembros de la familia de su Padre y reconociéndolos como hermanos de la misma carne y de la misma sangre. Así fueron abundantemente recompensados por lo que habían tenido que sufrir por su amor. Téngase presente que semejantes bendiciones son concedidas en todo tiempo a todos lo que acepten a Jesucristo por medio de la fe y lo sigan como a su Salvador. "Son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús". Gal. 3.26. Pocos como son, y despreciados como se ven por el mundo, su Padre celestial vela sobre ellos con misericordia infinita, y les manifiesta su complacencia por amor a u Hijo. ¡Con el tiempo les suministra todo lo que pueda contribuir a su bien, y en la eternidad les dará una corona inmarcesible de Gloria! ¿Somos nosotros hijos de Dios? ¿Hemos nacido de nuevo espiritualmente? ¿Se descubre en nosotros las señales del renacimiento -tales como la conciencia de haber pecado, la fe en Jesucristo, el amor hacia el prójimo, la enmienda de vida, la separación del mundo? No nos tranquilicemos hasta no haber contestado satisfactoriamente estas preguntas. ¿Anhelamos ser hijos de Dios? Recibamos entonces a Cristo como a nuestro Salvador, y creamos en Él de todo corazón.
NOTAS. JUAN 1.6-13 6. Fue un hombre enviado de Dios. Juan. Juan era el mensajero que Dios había prometido enviar delante de la faz del Mesías. Nació por intervención milagrosa de Dios cuando sus padres eran ya de edad avanzada; y después el vientre de su madre había estado lleno del Espíritu Santo. De Dios recibió la misión especial de predicar el bautismo del arrepentimiento y de anunciar la verdad del Salvador. En una palabra, Dios lo trajo al mundo, con el fin especial de que preparase el camino para el Mesías. He aquí, pues, porque se le llamó "hombre enviado de Dios". Hasta cierto punto ese es el distintivo de los verdaderos ministros del Evangelio. Ministros ignorantes e hipócritas son a veces enviados por el hombre, pero no por Dios. 7. Todos. No quiere decir "todo el género humano" sino todos lo que oyeron el testimonio de Juan, y los judíos que realmente esperaban al Redentor. 9. Que alumbra a todo hombre, que viene a este mundo. Estas palabras han dado lugar a opiniones de diverso género. La discusión versa sobre dos puntos. I. En primer lugar los comentadores difieren en cuanto a la aplicación de las palabras "que viene a este mundo" algunos refieren dicha proposición a "la verdadera luz" y construyen así todo el período: "Aquella Palabra era la luz que, viniendo a este mundo, alumbra a todo hombre" A favor de esta opinión son dignas de notarse las expresiones siguientes: "La Luz vino al mundo " (Juan 3.19) y "Yo, la luz, he venido al mundo" Juan 12.46. Opinan otros que las palabras citadas explican el complemento "todo hombre" y aluden de una manera general a todos los hijos de Adán. Afortunadamente este es un punto sobre el cual bien puede haber opiniones divergentes, pues cualquiera de las dos interpretaciones está de acuerdo con la sana doctrina. II. El otro punto de discusión es respecto a la interpretación de las palabras "alumbra a todo hombre" Todos los comentadores ortodoxos convienen en que no significan que todos se han de convertir y que, al fin, toda la humanidad se salvará. La mejor interpretación es esta: Cristo es realmente la luz que alumbrará a toda la humanidad. Su resplandor es suficiente para iluminar y salvar a todos los hombres, tanto a judíos como a gentiles (a la manera que el sol alumbra toda la tierra), mas la mayor parte tienen los ojos tan vendados por el pecado que no lo pueden ver. 11. A lo suyo vino;. no le recibieron. Este versículo describe la incredulidad de los judíos cuando Jesús habitó en medio de ellos. 12. Les dio poder, et. La palabra "poder" significa, en el original griego, facultad, derecho o privilegio y no fuerza moral o espiritual. A los que creen en su nombre. La palabra "nombre" en la Escritura equivale en muchos casos a la palabra "persona". De los que reciben a Cristo dice que creen en su nombre, porque el objeto directo de su fe es la persona de Cristo. 13. Los cuales no son engendrados de sangre, etc.. sino de Dios. Estas palabras se refieren a la regeneración, al renacimiento, a ese cambio completo de corazón y de naturaleza que se verifica en el hombre cuando se convierte al cristianismo. Es un cambio tan grande que no puede expresarse debidamente bajo otra figura que la del nacimiento. Es como si apareciera en el mundo un nuevo ser con nuevos apetitos, necesidades y deseos.
Comentarios de J.C. Ryle Juan 1.14 El pasaje que tenemos a la vista es muy corto, si consideramos las palabras en que está concebido; pero muy largo, si consideramos todo lo que expresa. Este solo versículo contiene materia más que suficiente para un capítulo aparte. La principal verdad que en él se nos enseña es la de que el Hijo de Dios realmente se encarnó, o se hizo hombre. "La Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros" Lo que estas palabras claramente significan es que nuestro divino Salvador se revistió realmente de la naturaleza humana a fin de salvar a los pecadores. Fue un hecho que Él se hizo hombre con nosotros en todo, menos en el pecado. A semejanza nuestra, nació de una mujer, aunque de una manera milagrosa. A semejanza nuestra, pasó de la infancia a la adolescencia, y de ésta a la edad viril, creciendo en estatura y en sabiduría. Lucas. 2.52. A semejanza nuestra sentía hambre y sed, comía, bebía, lloraba y sentía cansancio, dolor, admiración, regocijo, indignación y lástima. También oraba, leía las Escrituras, se dejaba tentar y sometía su voluntad humana a la voluntad de su Padre celestial. Y, finalmente, en el mismo cuerpo sufrió y derramó su sangre, y murió, y fue enterrado, y resucitó, y ascendió a los cielos. Y nunca dejó de ser Dios así como también era hombre. La unión de estas dos naturalezas en la persona de Cristo es sin duda uno de los más grandes misterios de la religión cristiana. Es preciso definirla con cuidado. Quizá en ningún lugar se encuentra una definición tan exacta y acertada como la del artículo segundo de la iglesia Anglicana: "El Hijo, que es el Verbo del Padre, y fue desde toda eternidad engendrado del Padre, tomó la naturaleza del hombre de la sustancia de la bendita Virgen María, en el vientre de ésta; de manera que dos naturalezas completas y perfectas, es decir, la Divinidad y la humanidad, fueron unidas en una misma persona, para jamás ser divididas: de ahí resulta un Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre." Empero, jamás debemos olvidar que aunque nuestro Señor fue Dios, y hombre al mismo tiempo, las dos naturalezas nunca se confundieron. La una no absorbió a la otra. Ambas permanecieron perfectas y distintas. Cristo jamás se despojó de la divinidad, aunque a veces la mantuvo oculta. Y en cuanto a su humanidad, jamás dejó esta de ser como la nuestra, aunque adquirió una dignidad excelsa por su unión con la divinidad. Cristo es Dios perfecto, más nunca ha dejado de ser hombre perfecto desde el momento de su encarnación. El Ser que ha ascendido a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre, es un hombre así como también Dios. Cristo es hombre perfecto, más nunca ha dejado de ser Dios perfecto. El Ser que sufrió en la cruz para nuestro rescate, fue "Dios manifiesto en la carne." Aunque se hizo carne en el sentido más completo cuando nació de la Virgen María, en ningún tiempo dejó de ser el Verbo Eterno. Esta unión constante e inseparable de las dos perfectas naturalezas, es lo que pone a Cristo en aptitud de obrar como Mediador de los pecadores, y lo que da realce a su mediación. Nuestro Medianero es un Ser que puede compadecerse de nosotros, porque es verdadero hombre; y sin embargo, también puede interceder con el Padre, como igual, porque es verdadero Dios. Esta es la unión que da realce a su justicia, a la justicia que es imputada a los creyentes; puesto que es la de un Ser que era Dios así como también hombre. Esta es la unión que da realce a la sangre expiatoria que derramó por los cristianos en la cruz; por que esa sangre fue la de un Ser que era Dios así como también hombre. Esta es, en fin, la unión que da realce a su resurrección. Cuando se levantó de entre los muertos como Adalid de los creyentes, lo hizo no solo como hombre sino como Dios. Terminemos este tema con sentimientos de gratitud y agradecimiento muy profundos. El pasaje tiene mucho de consolador para todos los que creen en Cristo y confían en Él. ¿Se encarnó el Verbo? Entonces puede enternecerse ante las debilidades y flaquezas de su pueblo, puesto que Él mismo sufrió fue tentado. Es Todopoderosos, porque es Dios; y sin embargo, puede tomar parte en nuestro dolor, porque es hombre. ¿Se encarnó el Verbo? Entonces tenemos en Él un modelo, un ejemplo según el cual podemos arreglar nuestra conducta diaria. Si hubiera vivido con nosotros como ángel o espíritu jamás podríamos imitarlo. Pero habiendo habitado en nuestro globo como hombre, sabemos que la verdadera santidad consiste en "andar como Él anduvo" Por último, ¿Se encarnó el Verbo? Entonces de ahí se infiere que nuestros cuerpos mortales tienen cierta dignidad real, y que no debemos mancharlos con el pecado. Por vil y debil que nos parezca la carne humana, debemos recordar que el Hijo eterno no desdeñó revestirse de ella y ascender así a los cielos. NOTAS. JUAN 1.14 14. y LA Palabra fue hecha carne. Esta cláusula significa que la Palabra eterna (o Verbo de Dios), la segunda persona de la Trinidad, se hizo hombre, semejante a cualquiera de nosotros en todo, salvo en el pecado. Carne: Sobre la encarnación de Cristo hay varios puntos que debemos fijar bien en la mente: I. "La Palabra fue hecha carne," por medio de la unión de dos naturalezas perfectas y distintas en una sola persona. Cómo se efectuó esta unión es cosa que no podemos explicar. II. Cuando "la Palabra fue hecha carne", no cesó por un instante de ser Dios. Dios no puede dejar de ser Dios. III. "La Palabra fue hecha carne" revistiéndose de la humana naturaleza, y desde aquel momento no ha dejado de ser hombre, aunque su humanidad ha sido glorificada. IV. Al encarnarse la Palabra no se revistió de un cuerpo capaz de pecar. Cristo "fue hecho pecado por nosotros" 2 Cor. 5.21; más Él no conoció el pecado, siendo como fue santo, inocente, puro. Gloria como del unigénito del Padre. Es decir. La Gloria que conviene al unigénito Hijo del Padre. Dichas palabras no pueden referirse a los milagros de Jesús. Parecen más bien indicar la Gloria que Juan y sus dos compañeros contemplaron cuando Cristo se transfiguró y oyeron la voz del Padre que decía: "Este es mi Hijo amado" Unigénito del Padre: Este epíteto denota la eterna generación o filiación de nuestro Señor. El fue engendrado del Padre por toda la eternidad y por toda la eternidad ha sido su Hijo amado. Tengamos presente, sin embargo, cuando meditemos en Jesucristo como el unigénito del Padre, que la circunstancia de su filiación no implica inferioridad alguna, pues, como dice el credo de Atanasio, la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es una misma, la Gloria es igual y la majestad co-eterna. Lleno de gracia y de verdad. Estas palabras hacen alusión especialmente a los tesoros espirituales que Cristo trajo al mundo cuando se revistió de la naturaleza humana. Trajo el Evangelio de la gracia como opuesto a los onerosos requisitos de la ley ceremonial; y vino acompañado de la verdad y del verdadero consuelo del afligido como distintos de los tipos, figuras y símbolos de la ley de Moisés. En una palabra, hasta que el Verbo se hizo carne no se vio en su plenitud la gracia de Dios ni se percibió claramente el camino de la salvación.
Comentarios de J.C. Ryle Juan 1.15-18 Este pasaje contiene tres aseveraciones acerca de nuestro Señor Jesucristo que pueden considerarse como otros tantos principios fundamentales del Cristianismo. La primera es que solo Jesucristo provee á las necesidades de los creyentes. Ver. 16. En Jesucristo se halla una plenitud infinita. Según dice S. Pablo "plugo al Padre que en él habitase toda plenitud." En Él están escondidos todos los tesoros de sabiduría y de conocimiento." Col. 1:19; 2:3. En Él está depositado todo lo que el pecador puede necesitar, ya sea en el tiempo, ya en la eternidad. Su Espíritu de Vida es el don especial concedido á la iglesia, y á los ramos de ésta, es decir á los fieles, se comunica de Él, como de una gran raíz, la savia y el vigor. En Él abundan la misericordia, la gracia, la sabiduría, la santificación y la redención. De la plenitud de Cristo se han nutrido los creyentes de todos los siglos. En la época del Antiguo Testamento no se comprendía con claridad cuál era la fuente de los bienes que se recibían: los justos de aquella época solo columbraban á Cristo en la distancia. Más desde los días de Abel hasta el presente las almas de los que se han salvado han recibido todos sus bienes del Señor. Es la segunda aseveración que Cristo es infinitamente superior á Moisés, y el Evangelio á la Ley. Ver. 17. Moisés fue empleado por Dios, "en calidad de siervo," para que transmitiese á Israel la ley moral y ceremonial. Heb. 3:5. Como tal fue fiel á quien lo nombró, pero no pasó de ser siervo. La ley moral, que llevó del Sinaí era santa, justa y buena; mas no podía justificar á hombre alguno. No tenía virtud curativa. Podía herir, pero no cerrar la herida. "Obraba ira," Rom. 4:15; por cuanto lanzaba una maldición contra toda obediencia imperfecta. La ley ceremonial que se le mandó imponer al pueblo de Israel encerraba una significación profunda y contenía muchas cosas que, como símbolos, eran instructivas. Por sus estatutos y ritos era un buen ayo para conducir los hombres á Cristo. Gal. 3:24. Más no era más que ayo. No podía hacer perfecto, respecto á la conciencia, al que la guardase. Heb. 9:9. Jesucristo, por otra parte, vino al mundo "en calidad de Hijo," y traía en las manos las llaves del tesoro de la gracia de Dios. Heb. 3:6. El hizo descender la gracia cuando dio á conocer el plan divino de salvación y abrió para todo el mundo la fuente de la misericordia. El reveló la verdad cuando cumplió en su propia persona las profecías simbólicas del Antiguo Testamento y se dio á conocer como el verdadero Sacrificio, el verdadero propiciatorio, el verdadero Sacerdote. La tercera aserción es que solo Cristo ha revelado á Dios Padre al hombre. A Dios nadie lo vio jamás: el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, El nos le declaró. Ningún mortal ha contemplado jamás á Dios Padre. Aun á Moisés le fue dicho: "No podrás ver mi faz; porque no me verá hombre y vivirá." Exod. 33:20. Mas, no obstante, todo lo que al hombre lo es dado saber acerca de Dios Padre, le ha sido revelado por Dios Hijo. Aquel que estuvo en el seno del Padre por la eternidad se ha dignado asumir nuestra naturaleza y manifestarnos en figura de hombre todo lo que nuestra mente alcanza á comprender de los atributos perfectos del Padre. Sus palabras y sus hechos, su vida y su muerte nos han dado á conocer la naturaleza de Dios en cuanto á nuestro débil entendimiento le es dado percibir: su perfecta sabiduría, su poder infinito, su indecible amor hacia los pecadores, su santidad incomparable, su odio al pecado. Á la verdad, Dios fue manifestado en la carne cuando el Verbo se hizo hombre. El era el resplandor de la gloria del Padre, y la imagen expresa de su sustancia." Heb. 1:3. El mismo dijo: "Yo y mi Padre somos uno," y " El que me ha visto, ha visto á mi Padre." Juan 10: 30; 14:9. Después de haber leído el pasaje citado ensalcemos más á Jesucristo, y encomendémosle con mayor confianza nuestras almas. Es fácil incurrir en error en cuanto á las personas de la Trinidad si no nos ceñimos escrupulosamente á lo que enseña la Sagrada Escritura; mas no hay riesgo de tributar al Hijo más gloria de la que le es debida. Muy al contrario, "el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió." Juan 5:23. NOTAS. JUAN 1:15-18. 15. Juan dio testimonio de él, y clamó. Estas palabras no se refieren á un día u hora señalados, sino al testimonio que Juan acostumbraba dar acerca de Jesús. El que viene en pos de mí, es mayor que yo, porque es primero que yo. Sobre la interpretación de estas palabras la opinión de los comentadores difiere mucho. La traducción literal del griego es: "El que viene en pos de mí ha venido á ser delante de mí, porque era primero que yo." Lo cual puede explicarse así: "Mi sucesor (en cuanto al tiempo) ha venido á ser mi predecesor (en rango); porque él es antes que yo (hasta en tiempo) siendo primero." N. T. 16. Y de su plenitud tomamos todos. Todos los que creen en Jesús reciben abundantes bendiciones emanadas del tesoro de gracia que El posee. Gracia por gracia. Acerca de esta expresión hay varias opiniones. I. Algunos creen que significa gracia dada en retorno de la fe que poseemos. II. Otros creen que quiere decir gracia para la propagación de la gracia. III. Otras que implica gracia acumulada, ó gracia tras gracia. Esta es, tal vez, la mejor interpretación. 17. Porque la ley por Moisés fue dada, etc. En este versículo se hace comprender cuan inferior es la ley al Evangelio. 18. A Dios nadie le vio jamás, etc. En este versículo se demuestra la superioridad de Jesucristo respecto de Moisés ó de cualquiera otro santo. La expresión "en el seno d«l Padre" es figurada. La palabra traducida "declarado" significa "explicado," "revelado." Al terminar la consideración de este pasaje no estará por demás decir cuatro palabras relativamente á la procedencia de las contenidas en los versículos 16, 17, 18. ¿Fueron pronunciadas por Juan Bautista y forman parte de su testimonio con respecto al Salvador, ó son palabras originales que el evangelista agregó por vía de comentario? Unos creen lo primero, otros lo segundo. Los argumentos que de ambos lados se hacen son de fuerza casi igual. Sin embargo, nosotros nos inclinamos á creer que las palabras de que tratamos no pueden atribuirse primariamente á Juan Bautista sino al evangelista. |
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Testimonio de Juan el Bautista Juan 1.19-28 19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? 20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. 21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? (Dt. 18.15,18) Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. 22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? Para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. (Is. 40.3) 24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos. 25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? 26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; más en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. 27 Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado. 28 Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando. |
Testimonio de Juan el Bautista Juan 1.19-28 Mt. 3.11-12; Mr. 1.7-8; Lc. 3.15-17 Mt. 3.11-12 11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo, es os bautizará en el Espíritu Santo y fuego. 12 Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apaga. Mr. 1.7-8 7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. 8 Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo. Lc. 3.15-17 15 Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, 16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 17 Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. |
Juan 1.21 Dt. 18.15 Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis,18 Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Juan 1.23 Is. 40.3 Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. |
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Comentarios de J.C. Ryle Juan 1.19-28 Con estos versículos empieza la parte histórica del Evangelio de S. Juan. Hasta aquí no hemos encontrado sino aseveraciones profundas acerca de la divinidad, encarnación y majestad de Cristo. Mas ahora pasamos ya á leer la narración sencilla de lo que el Señor hizo y dijo en presencia de los hombres. Juan, á semejanza de los otros evangelistas hace alusión al principio al testimonio del Bautista. Véase Mateo 3:1; Marcos 1:2; Lucas 3:2. En estos versículos se nos presenta, en primer lugar, un ejemplo de verdadera humildad. Juan Bautista era un hombre de Dios santo y eminente. Nuestro Señor mismo dijo que, "no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista," y que "él era antorcha que ardía y alumbraba." Mat. 11:11; Juan 5:36. Y sin embargo, según vemos en el pasaje arriba transcrito, ese santo se abate y se humilla. Rechaza los honores que los Judíos de Jerusalén estaban prontos á darle, y rehúsa todo título lisonjero. Al dar cuenta de sí mismo dice simplemente que es "voz del que clama en el desierto " y que su bautismo es solo de agua. Anuncia en alta voz que en medio de los judíos está uno que es más grande que él, uno á quien él no es digno de desatar la correa del zapato. No exige honor para sí, sino para Cristo; su misión es ensalzar y enaltecer al Señor, y de esa misión no se aparta. Los hombres más justos que ha poseído la iglesia en todas las edades han estado animados del mismo espíritu que animó al Bautista. En dotes naturales y en conocimientos han diferido mucho, pero en un respecto se han parecido siempre-en estar "revestidos de humildad." 1 Pedro 5: 4. Jamás han trabajado por adquirir fama. Poco se han preocupado de su propia conveniencia. Siempre han estado prontos á "decrecer" para que Cristo pueda "crecer," á ser menospreciados para que Cristo sea ensalzado. Y esa es la razón por que Dios los ha honrado. "El que se humilla será ensalzado." Lucas 14:11. Si profesamos ser cristianos verdaderos, procuremos imitar á Juan el Bautista. Practiquemos la humildad, pues esta es la virtud por la que han de empezar su enmienda los que deseen salvarse. No es sino cuando nos despojamos del orgullo y nos sentimos compungidos por nuestros pecados, que comenzamos de veras nuestra carrera religiosa. Esta es una de aquellas virtudes que todos los cristianos pueden practicar: ningún pretexto puede justificar al que la abandona. Más, ante todo, es la humildad la virtud que brillará más al fin de nuestros días. Jamás apreciaremos tan altamente su valor como cuando estemos en nuestro lecho de muerte y prontos á comparecer ante el tribunal de Cristo. Toda nuestra vida nos parecerá como una serie de defectos, nuestros méritos no tendrán para nosotros ninguna importancia, y en Cristo fincaremos todas nuestras esperanzas. Los versículos de que tratamos nos presentan, por otra parte, un ejemplo de la ceguedad de los hombres no convertidos. Los Judíos que acudieron á interrogar á Juan hacían alarde de que estaban esperando al Mesías. Como todos los demás fariseos, se gloriaban de ser hijos de Abrahán, y de poseer el pacto divino. Confiaban en la ley, y profesaban conocer la voluntad de Dios, y creer en sus promesas. Se jactaban de que ellos mismos eran guías do los ciegos y luz de los que estaban en tinieblas. Rom. 2:17-19. Y sin embargo, en aquel momento, sus almas estaban sumergidas en la oscuridad. En medio de ellos estaba, como Juan el Bautista lo dijo, uno á quien no conocían. El mismo Jesucristo, el Mesías prometido, estaba ya en medio de ellos; empero ni lo vieron, ni lo recibieron, ni lo conocieron, ni le creyeron. Y lo que es todavía peor, la mayor parte no querían conocerlo. Abisma el pensarlo, pero las palabras del predicador del desierto son aplicables á millares de personas de la época actual. Jesucristo está aún en medio de muchos que ni ven, ni conocen, ni creen. Parece como si una especie de letargo se hubiese apoderado de ellos. El dinero, el placer, el mundo les son conocidos; pero no conocen á Cristo. El reino de Dios está cerca de ellos; poro no se mueven. La salvación está á su alcance; pero siguen inmóviles. La misericordia, la gracia, la paz, el cielo, la vida eterna están casi á sus puertas; pero permanecen tan fríos é indiferentes corno antes. ¿Y qué línea de conducta seguimos nosotros? ¿Olvidamos que el tiempo pasa con rapidez y que pronto se cerrará para siempre la puerta de la misericordia? ¿Nos olvidamos que el Cristo á quien rehusamos hoy no se nos ofrecerá mañana? En el último día muchos exclamarán: " Mejor hubiera sido no haber nacido que haber rechazado á Cristo." NOTAS. JUAN 1:19-25. 19. Cuando. Esta palabra sugiere la pregunta siguiente: ¿En qué tiempo dio Juan el testimonio de que tratan estos versículos? Según lo que podemos juzgar, fue después del bautismo de nuestro Señor Jesucristo, y cuando hubieron terminado los cuarenta dios de la tentación. Enviaron sacerdotes y levitas. Según esto, los que interrogaron á Juan formaban una diputación debidamente nombrada cuyas facultades emanaban del Sanedrín, ó sea el concilio eclesiástico de los judíos. Que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? De aquí se deducen dos cosas: primera, la profunda sensación que había creado en Palestina la predicación de Juan el Bautista, puesto que había llamado tanto la atención que el Sanedrín había creído de su deber hacer indagaciones sobre el particular; y segunda, la expectativa en que estaban los Judíos, en parte á causa de haberse cumplido las setenta semanas á que se refería Daniel, y en parte también porque el cetro había sido arrebatado de sus manos. 20. Y confesó, y no negó; mas confesó. Este es un modismo por medio del cual se indica una aseveración decidida é inequívoca. 21. ¿Eres tú Elías? Esta pregunta no es tan absurda como se ha creído por algunos comentadores. Se apoyaba en aquel pasaje de la profecía de Malaquías en que se anunciaba que Dios enviaría al profeta Elías antes de que viniese el terrible día de Jehová. Mal. 4:5. Dijo: No soy. ¿Cómo es que Juan dice que no es Elías, cuando Jesús afirma en otro lugar que sí es? Juan estaba animado del espíritu de Elías, pero no era ese profeta en cuerpo y alma. ¿Eres tú el profeta? Algunos creen, sin suficientes razones, que debiera traducirse "un profeta." ¿A qué profeta aludían? Probablemente al que fue predicho por Moisés. 23. Dijo: Yo soy la voz, etc. La declaración que así hizo S. Juan de su misión consiste en una cita de las Escrituras. Véase Isaías 40:3. Desierto. Por lo común se cree que el profeta dijo esto porque Juan había de empezar á cumplir su misión en el desierto de Judea. Nosotros creemos que el lenguaje de la cita es figurado, y que Isaías comparó al precursor de nuestro Señor con un subalterno que prepara el camino del rey al través de una comarca desierta. 24. Y los que habían sido enviados eran de los fariseos. Estas palabras significan que los que hicieron las preguntas contenidas en los versículos que preceden habían sido movidos por la malevolencia, y no por el deseo de conocer la verdad divina, pues eran fariseos. 25. ¿Porqué pues bautizas, si tú no eres el Cristo? Los que le interpelaban esperaban, evidentemente, que el Mesías ó su precursor bautizasen cuando apareciesen. 26. Yo bautizo con agua; mas, etc. Es decir, "Yo no bautizo por autoridad propia, sino por la que me ha sido delegada por un Ser más elevado que vosotros ó que yo. Yo bautizo solo con agua; y los discípulos que me siguen no son míos sino de mi Maestro. Yo soy apenas siervo de un Ser infinitamente superior á mí. El puede bautizar los corazones, y cumplir esas promesas del Mesías á las cuales habéis aludido con tanta vaguedad. 27. El que ha de venir en pos de mí,......mayor que yo. Véanse las observaciones hechas acerca del ver. 15. |
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Texto Bíblico
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Textos
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Referencias
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El cordero de Dios Juan 1. 29-34 29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. 31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. 32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. 33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. 34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios. |
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Comentarios de J.C. Ryle Juan 1.29-34 ESTE pasaje contiene un versículo que debiera grabarse en la memoria de todos los lectores con caracteres indelebles. Todas las estrellas del cielo son bellas y rutilantes, y sin embargo unas "escinden a las otras en gloria." Asimismo, todos los textos de la Escritura son importantes y fueron escritos por inspiración divina, y sin embargo hay textos que tienen mayor valor que otros. De esa clase el primero de los versículos arriba transcritos puede citarse como ejemplo. Persona alguna jamás rindió un testimonio tan completo acerca de Cristo. Notemos, primeramente, la singular denominación que el Bautista dio á Cristo. Le llamó "el Cordero de Dios." Ese nombre no significaba solamente, como han supuesto algunos, que Jesús era tan manso y humilde como un cordero. Esto os, sin duda, verdad; pero solo una fracción de la verdad. Significaba también que Cristo era la gran víctima que iba á ser ofrecida en un leño por expiación del pecado; el gran Cordero que habían prefigurado los que se ofrecían diariamente en el templo y con relación al cual había predicho Isaías que seria llevado al matadero, Isaías 53:7; el gran Cordero de que había sido tipo el de la pascua en Egipto. Era ciertamente "el Cordero de Dios." Cuando meditemos en Cristo cuidemos de considerarlo primeramente como el Cordero de Dios. Como Maestro, sirvámosle fielmente; como Rey, obedezcámosle; como Profeta, estudiemos sus preceptos; como Redentor, anhelemos su advenimiento. Pero, sobre todo, como víctima del sacrificio ensalcémoslo, y arrojemos sobre Él la carga del pecado. Que cada día de nuestra vida su sangre sea para nosotros más valiosa. Notemos en seguida cuál es la obra particular que S. Juan dijo que Cristo ejecutaba. "Quita," dijo, "el pecado del mundo." Jesucristo es un Salvador. No vino á la tierra para hacerse conquistador, ó filósofo, ó un mero maestro de moral. Vino á salvar á los pecadores. Vino á hacer por el hombre algo que este no podía hacer por sí mismo-algo que no se puede obtener con el dinero ó con la ciencia-algo que es esencial, indispensable para la felicidad del hombre: vino á "quitar el pecado." Jesucristo salva completamente: "Quita el pecado." No hizo meros anuncios vagos de perdón y misericordia; mas tomó sobre sí nuestros pecados y nos libró de ellos. "El llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero." 1 Pedro 2:24. Jesucristo es un Salvador poderoso y salva á toda la humanidad: quita el pecado del mundo. No murió solo por los judíos sino también por los gentiles. No sufrió solo por unas pocas personas, sino por toda la humanidad. El pago que hizo en la cruz fue más que suficiente para cubrir las deudas de todos. La sangre que derramó tenia virtud para lavar los pecados de todos. Su expiación fue suficiente para toda la humanidad, aunque solo es efectiva para los que creen. Jesucristo es, finalmente, un Salvador perpetuo é infatigable: quita el pecado. Cada día lo quita de todo el que cree en El-cada día purga, limpia, lava las almas de sus discípulos, y les concede nuevas bendiciones. No dejó de trabajar por el bien de su pueblo cuando murió en la cruz. Mora en el cielo como Sacerdote, para presentar constantemente ante Dios su sacrificio. Tanto en la esfera de la gracia como en la de la providencia, Jesucristo obra todavía. Notemos, por último, las funciones especiales que S. Juan atribuyó á Jesucristo. "Este es el que bautiza," dijo repitiendo las palabras del Padre, "con el Espíritu Santo." Ese bautismo no es el del agua; y por lo tanto, no se celebra por medio de una inmersión ó aspersión, ni se limita exclusivamente á los párvulos ó á los adultos. No puede ser administrado por hombre alguno, ya sea episcopal ó presbiteriano, independiente ó metodista, ministro ó lego. Solo el verdadero Jefe de la iglesia puede concederlo. Es la inoculación de la gracia en el corazón humano, y es lo mismo que se llama el renacimiento. No consiste, pues, en ritos exteriores, sino en el cambio de corazón. Es, en una palabra, el bautismo que recibió el ladrón penitente, aunque nadie se lo administró con agua. Según esto, el bautismo del Espíritu es el necesario para la salvación. Bueno es recibir ese bautismo por el cual somos admitidos en la iglesia visible; pero mucho mejor es recibir el que nos hace miembros de la iglesia de los verdaderos creyentes. El hombre que muere sin este último no puede ser salvo. Desgraciadamente, hay millares de personas que gastan el tiempo en reñidas discusiones acerca de la manera como debe administrarse el primero, y se olvidan del segundo. Otros muchos hay que saben teóricamente de qué naturaleza es el Cordero de Dios, pero que jamás han acudido á él para que sus pecados sean perdonados. Examinémonos interiormente á fin de cerciorarnos de que nuestros corazones han sido renovados, y de que poseemos la fe que salva. NOTAS. JUAN 1: 29-34 29. El siguiente día. Es decir, el día siguiente a aquel en que tuvo lugar la entrevista de Juan y la diputación de sacerdotes y levitas. Y dice: he aquí. Esa manifestación, según parece, fue hecha por Juan públicamente á sus discípulos y á la muchedumbre que le rodeaba. El pecado. Nótese que se ha hecho uso del singular. Dice "el pecado" no "los pecados." Creemos que se empleó á drede el singular para manifestar que lo que Jesucristo quitó no fue un pecado determinado, sino el conjunto de las culpas de todos los creyentes. Melanchthon dice: "El quita el pecado de la raza humana, es decir, la condenación universal." 32. Vi. Es decir, cuando nuestro Señor recibió el bautismo. Es de dudarse que otras personas, además de Juan, viesen esa visión y oyesen la voz del Padre. Al Espíritu que descendía, etc. Estas palabras significan que Juan vio algo que descendía del cielo á manera de paloma, y que ese algo era el Espíritu Santo que se revelaba de una manera visible. No podemos convencernos de que la frase "como paloma" quiera decir que Juan viera realmente una paloma cuando nuestro Señor fue bautizado. Que alguna cosa visible parecida á una paloma volando se presentó á los ojos de Juan, es bien claro, pero no creemos que el Espíritu Santo tomara la forma de una paloma. Es preciso no imaginarse, ni por un solo momento, que la visión descrita así por S. Juan implica ó da á entender que nuestro Señor recibió entonces el Espíritu Santo por primera vez, y que no lo había recibido antes en el mismo grado. El Espíritu Santo reposó en Jesucristo, "sin medida," desde el momento en que tuvo lugar la encarnación. El objeto de dicha visión era, por una parte, hacer ante la humanidad, al empezar Jesús su misión divina, una revelación más completa de las tres personas de la Trinidad; y por otra, demostrar al Bautista que el Mesías estaba delante, de él-que ese era el Salvador prometido á quien Dios había ungido con el Espíritu Santo y enviado al mundo-que la misión de Jesucristo había empezado, y quo de ello daba testimonio la presencia del Padre y del Espíritu Santo. 33. Y yo no lo conocía. Hay algo en estas palabras que es preciso explicar. S. Mateo nos refiere que cuando nuestro Señor se presentó ante Juan para que lo bautizase, este le dijo: "Yo he menester de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes á mí?" Estas palabras dejan conocer que si sabia que Jesús era antes que él. ¿Porqué pues dijo: "Yo no lo conocía "? Evidentemente lo que quiso decir fue: "Yo no lo conocía perfectamente, aunque sí tenia alguna idea de que era un Ser más grande que yo, y, movido por esa idea, rehusé bautizarlo. Después que lo hube bautizado percibí claramente quien era." 34. Y yo vi. y he dado testimonio. Esto es, "Yo percibí perfectamente, y desde aquel entonces no he vacilado en declarar explícitamente que la persona que ahora contempláis es Cristo, el Hijo del Dios vivo." |
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Texto Bíblico
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Textos
Paralelos
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Referencias
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Los primeros discípulos Juan 1.35-42 35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. 37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. 38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? 39 Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. 40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. 41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). 42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro). |
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Comentarios de J.C. Ryle Juan 1.35-42 Estos versículos poseerán siempre grande interés para el verdadero cristiano, puesto que describen la manera como principió la iglesia de Cristo. Grande como es esta hoy, hubo un tiempo en que solo se componía de dos miembros no muy firmes en la fe. El llamamiento de esos dos miembros es lo que se describe en el pasaje de que nos ocupamos. Enséñasenos primeramente cuáles son los bienes que resultan de declarar con constancia quién es Jesucristo. Cuando S. Juan dijo por primera vez: " He aquí el Cordero de Dios," parece que no se siguió resultado alguno. No se nos dice que persona alguna oyera, preguntara ó creyera. Mas sí se nos cuanta que, cuando al día siguiente dijo las mismas palabras, dos de sus discípulos lo oyeron hablar y siguieron á Jesús, que los recibió graciosamente. "Vinieron y vieron donde moraba, y se quedaron aquel día." Fue aquel á la verdad día feliz y memorable para esos dos prosélitos. Desde entonces empezó su amor y adhesión al Mesías. Tomaron sobre sí la cruz;' le acompañaron en sus tentaciones; le siguieron por donde quiera que dirigió sus pasos; y uno de ellos á lo menos, si no ambos, vino á ser uno de los apóstoles, y por lo tanto, uno de los principales obreros del Cristianismo. Y todo fue debido al testimonio del Bautista: " He aquí el Cordero de Dios." Esta sencilla narración presenta un ejemplo del modo como ha progresado en todos los siglos la iglesia cristiana. Es por medio do un testimonio como el de Juan, y no por medio de ninguno otro quo se convierten los hombres y se salvan. Es ensalzando á Cristo, no la iglesia, ni los sacramentos, ni al clero, que los corazones se conmueven y los pecadores son encaminados hacia Dios. Se nos enseña, además, cuántos beneficios puede el creyente hacer a los demás si les habla acerca de Jesucristo. Apenas acaba Andrés de hacerse discípulo cuando le da á su hermano Simón las nuevas de su hallazgo. Como el que oye inesperadamente buenas noticias, se apresura á comunicarlas al que le es más querido. Dísele: " Hemos hallado al Mesías," y lo lleva al lugar donde estaba Jesús. Y ¿qué habría sucedido si Andrés hubiera sido tan retraído y reservado como lo son muchos cristianos del día? Acaso su hermano hubiera sido siempre un simple pescador del mar de Galilea. Pero, felizmente para Simón, Andrés no era hombre de esa clase. Era uno de aquellos cuyo corazón rebosa tanto de gozo que no pueden menos que hablar. Pedro, pues, fue atraído hacia Jesús por medio de las palabras de un pariente, pronunciadas en privado. No había visto ningún milagro maravilloso. La sencilla manifestación de un hermano de corazón fervoroso fue el primer eslabón de la cadena por medio de la cual Pedro fue sacado del mundo y conducido ante Jesús. ¡Bueno seria para la iglesia de Cristo que todos los creyentes se asemejaran más á Andrés! Bueno seria para las almas que todos los que se fueran convirtiendo hablaran á sus parientes y amigos sobre asuntos espirituales y les dijesen qué han hallado. ¡Cuánto bien no resultaría de ello! Cuántos que al presente mueren en la incredulidad podrían hacerse discípulos de Jesús. La obra de dar á conocer el Evangelio y la gracia de Dios no debe dejarse solo en manos de los ministros. Todos los que han sido libertados del poder del demonio "deben ir á su casa á los suyos, y contarles cuan grandes cosas ha hecho el Señor por ellos." Marcos 5:19. Muchas personas que no quieren oír sermones, escuchan con atención las palabras de exhortación de un amigo. Cada creyente debe ser una especie da misionero en medio de sus parientes y amigos. Ciertamente que si no encontramos nada que decir á los demás acerca de Jesús, hay motivo para dudar si somos verdaderos discípulos suyos. Para ser contados en ese número no es suficiente que oigamos atentos la exposición del Evangelio, y que leamos las vidas que de Él se han escrito. Es menester que lo sigamos realmente, que le abramos nuestros corazones y que tengamos comunión con Él. Entonces, y solo entonces nos sentiremos constreñidos á dar á conocer á otros la fe que en Él tenemos. NOTAS. JUAN 1:35-42. 35. El siguiente día. Obsérvese cómo S. Juan particulariza los días en los primeros capítulos de su Evangelio. Otra vez estaba Juan. Estas palabras indican que había un paraje determinado, cerca de Betábara, donde Juan el Bautista acostumbraba detenerse á predicar y á bautizar á los que venían á El. 3fi. Mirando á Jesús que andaba. Lo que esto significa es probablemente que Juan vio á Jesús solo y no siendo reconocido todavía como el Mesías, que caminaba en medio del gentío que había concurrido á Betábara. 37. Le oyeron......hablar......siguieron. Los tres actos descritos en este versículo son bien dignos de atención. Juan el Bautista habla; los discípulos lo oyen; y luego siguen á Jesús. Este es un sumario muy sucinto del procedimiento por medio del cual Dios salva millares de almas. 38. ¿Qué buscáis? Es imposible dudar por un solo momento que nuestro Señor conociera bien los corazones y los móviles de los dos discípulos. Les dirigió, pues, la pregunta citada por una parte para alentarlos, y por otra para inducirlos á examinarse á sí mismos. "¿Qué buscáis? ¿Puedo socorreros de algún modo? ¿Queréis que os enseñe alguna verdad ó que os quite alguna carga? "Si así fuere, hablad sin temor." "¿Qué buscáis? ¿Son vuestros móviles rectos y justos? ¿Ó creéis acaso que soy un príncipe que ejerce poder temporal, y que puedo otorgaros honores y riquezas terrenales? Examinaos, no sea que vuestros incentivos sean malos." Que, interpretado, quiere decir. Esta es una de aquellas expresiones que demuestran que S. Juan escribió para los gentiles, más bien que para los judíos. Los judíos no necesitaban de semejante explicación. ¿Dónde moras? Los que hicieron esta pregunta querían, sin duda, conversar a solas con Jesús. 39. Venid y ved. La afabilidad y condescendencia que manifestó nuestro Señor después de darse á conocer como el Mesías son dignas de notarse. Las primeras palabras que pronunció luego que hubo sido llamado "el Cordero de Dios," fueron: "Venid y ved." Donde moraba. Es de suponerse que nuestro Señor había fijado provisionalmente su residencia en Betábara, en alguna humilde habitación. 40. Era Andrés,......uno de los dos. No se nos dice quien fuera el otro discípulo. Tal vez era S. Juan Evangelista, quien omitió su nombre en otros siete pasajes del Evangelio de que fue autor. Véase Juan 13:23; 10:26, 35; 20:2; 21: 7, 20, 24. 41. Hemos hallado. Con estas palabras daba á entender Andrés que había tenido un hallazgo tan feliz como inesperado. Mesías......interpretado......Cristo. Por demás estaría decir que estos dos nombren significan "el Ungido." El primero es hebreo y el segundo griego. Los Antiguos reyes, profetas y sacerdotes de la iglesia eran ungidos, y nuestro Señor, en su calidad de Rey, Profeta y Sacerdote cíe la iglesia recibió el nombre de "el Ungido," no porque realmente fuera ungido con aceite, sino porque fue ungido en el Espíritu Santo. Hechos 10:38. 42. Cefas. Esta es una palabra Siríaca y equivale á la voz Griega Petros de la cual se deriva el nombre Pedro. Ambas significan "piedra " ó sea la parte de una roca. Petra es roca, y Petros parte ó fracción de una roca. Obsérvese también que la costumbre de dar dos nombres era bastante común en tiempo de Jesucristo. Que hombres tan humildes y tan iliteratos fueran elegidos para ser los primeros apóstoles y predicadores del Evangelio, es una prueba muy sólida de la verdad del Cristianismo. Una religión que fue difundida por agentes tan débiles, á despecho de la persecución y oposición de hombres de alta posición é ilustrados, debe á la verdad haber emanado de Dios. |
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Jesús llama a Felipe y a Natanael Juan 1.43-51 43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. 44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. 46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. 47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. 51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre. |
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Comentarios de J.C. Ryle Juan 1.43-51 Observemos cuan diversos son los senderos por los cuales las almas son llevadas al camino estrecho que conduce á la vida eterna. Felipe, según parece, no fue inducido á afiliarse con los discípulos de Jesús por el testimonio de Juan, ni fue atraído como Pedro, por la conversación franca de un hermano: fue llamado inmediata y directamente por Jesús. Y sin embargo en convicciones y en conducta vino á ser como los discípulos que le precedieron. Aunque fueron encaminados por distintas sendas, todos llegaron al mismo camino, acogieron unas mismas verdades, sirvieron á un mismo Maestro, y llegaron á un mismo término. Si tenemos presente este hecho evitaremos muchos errores. Guardémonos, por una parte, de juzgar de nuestros sentimientos religiosos por los de los demás, y por otra, de negar que otros posean la verdadera fe porque no se hayan convertido de la misma manera que nosotros. ¿Poseen verdaderamente la gracia de Dios? He aquí la única pregunta que hemos de hacer. ¿Están compungidos? ¿Son creyentes? ¿Viven santamente? Si así fuere, debemos estar satisfechos y tranquilos. Observemos, también, cuántos pasajes hay en el Antiguo Testamento que se refieren á Jesucristo. Jesucristo es la figura céntrica del Antiguo Testamento. Á Él tenían referencia las promesas hechas en los días de Adán, de Enoc, de Noé, de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Todos los sacrificios establecidos por la ley ceremonial del Sinaí prefiguraban sí sacrificio. El era el profeta "semejante á Moisés," que Dios había prometido enviar; y el Rey de la casa de David, que vino á ser Señor a la vez que hijo del Profeta-Rey. El era el Hijo de la virgen, y el Cordero, que Isaías había anunciado; el Renuevo de justicia mencionado por Jeremías; el verdadero Pastor que Ezequiel contempló en visión profética; el Mensajero de la Alianza prometido por Malaquías; y el Mesías que, según dijo Daniel, "seria muerto aunque no por sí." A medida que se acerca el lector al fin del Antiguo Testamento va encontrando profecías más claras acerca de Cristo. La luz espiritual de que gozaron sus diversos autores fue escasa comparada con la que rodea el Evangelio. Pero todos vieron en lontananza á Aquel que había de venir, y todos tenían sus ojos fijos en el mismo Ser. Notemos, en seguida, el buen consejo que Felipe dio á Natanael. Natanael abrigaba muchas dudas acerca de ese Salvador de quien le hablaba Felipe, y le dijo á éste: " ¿De Nazaret puede haber algo de bueno?" ¿Y que repuso Felipe? "Ven y ve." Imposible seria imaginar un consejo más acertado que este. Si Felipe hubiera reprendido á Natanael por su incredulidad, tal vez hubiera empeorado su situación y enojado con él, talvez no hubiera logrado convencerlo, ó hubiera confirmado sus dudas. Pero excitándolo á que se cerciorase por sí mismo, dio á entender que estaba bien seguro de la verdad de su aserción y que tenia entera voluntad de someterla á cualquier prueba. El resultado justificó las palabras de Felipe. Si pretendemos ser verdaderos cristianos, no vacilemos en imitar la conducta que Felipe observó para Natanael. Excitemos á los demás hombres á que examinen y sometan á prueba nuestra religión. Digámosles sin temor que no pueden conocer el verdadero valor de ésta hasta que no la hayan experimentado por sí mismos. Asegurémosles que el Cristianismo favorece la investigación, puesto que no tiene secretos ni cosa alguna que ocultar. Si sus adversarios dicen algo contra sus doctrinas ó contra las prácticas que preceptúa, es porque no conocen ni las unas ni las otras. La observancia de una conducta como la de Felipe es, sin duda, uno de los medios más adecuados de hacer bien á los demás. Aquel hace más por la felicidad de las almas que dice á sus amigos: "He hallado al Salvador; venid y vedle." Si finalmente, los términos altamente honrosos en que Jesús habló de Natanael. Le llamó un verdadero Israelita en el cual no había engaño. Natanael era indudablemente un verdadero hijo de Dios, y eso en circunstancias difíciles. Pertenecía á un reducido rebaño. Como Simeón y Ana, y otros judíos piadosos, cuando nuestro Señor apareció en público, estaban viviendo en la fe y orando aguardaba la venida del Redentor. Poseía lo que solo la gracia divina puede dar: un corazón sencillo, un corazón sin engaño. Quizá sus conocimientos eran limitados y su luz espiritual escasa; mas había tenido cuidado de aprovechar lo que le había sido concedido. A despecho de fariseos y saduceos, y de las prácticas religiosas que entonces estaban de moda, creía firmemente en las verdades que había alcanzado á percibir en las Escrituras. Por esa razón el Señor lo encomió diciendo que era un verdadero hijo de Abrahán, que era Judío interiormente, é Israelita de corazón, á la vez que descendiente de Jacob. Oremos á Dios que nos de un espíritu semejante al que animo á Natanael. Quienquiera que posea semejante espíritu puede tal vez tener que vivir en medio de la más grande oscuridad espiritual y estar rodeado de muchos obstáculos é inconvenientes; mas nuestro Señor Jesucristo cuidará de que no se extravíe para siempre del camino que conduce al cielo., "Encaminará á los humildes por el juicio; y enseñará á los mansos su carrera." Salmos 25:9. NOTAS. JUAN 1:43-51. 43. El día siguiente. Este es el cuarto día que S. Juan menciona con especialidad. 44. Felipe......Betsaida......Andrés......Pedro. Según este versículo, es probable que la conversión y el llamamiento de Felipe tuvieran lugar en Betsaida. Como Andrés y Pedro se convirtieron y se hicieron compañeros de Jesús cuando El estaba en camino para Galilea, seguramente lo llevaron á su lugar natal, Betsaida. 45. Hemos hallado. Felipe, según eso, aguardaba también al Mesías. 46. ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Esta pregunta demuestra la baja opinión que se tenia de Nazaret, lugar donde pasó su niñez nuestro Señor. Era esta una ciudad humilde situada en un rincón de Galilea, no lejos de la frontera. 48. Debajo de la higuera, te vi. Algunos opinan que estas palabras dejan comprender que Natanael estaba orando A Dios debajo de la higuera. Puede haber sido así, pero es mera conjetura. Otros creen que la conversación de Felipe y Natanael tuvo lugar debajo de la higuera. 49. Tú eres el Hijo de Dios. .....Rey de Israel. Estas palabras expresan la convicción súbita de que Jesús era el Mesías. Es de dudarse, sin embargo, que Natanael entendiera entonces cual era la verdadera naturaleza del reino de Jesucristo 51. De, cierto, de cierto os digo. Esta notable expresión solo se encuentra en el Evangelio de S. Juan. Es en el original la bien conocida palabra "Amen" repetida dos veces. Se encuentran en el Evangelio veinte veces, al principio del período, y pronunciada siempre por Cristo. De aquí adelante veréis el cielo abierto...... ángeles...... Hijo del hombre. Estas palabras son notabilísimas. Obsérvese que no fueron dirigidas tan solo á Natanael. En el versículo anterior se dice, "verás," en el presente "veréis." En cuanto á su significado hay diferentes opiniones. Todos los comentadores convienen en que hacen alusión á la escala de Jacob (Gen. 27:12), pero no están de acuerdo respecto del cumplimiento de la predicción que contienen. Algunos piensan que el lenguaje es figurado, y que la predicción se cumplió cuando el Señor estuvo sobre la tierra. Otros convienen en esto último pero creen que deben tomarse las palabras en sentido llano. Según otros, se refieren a la segunda venida del Señor. Al terminar este pasaje naturalmente ocurrirá al lector preguntar quien era Natanael, y porqué es que después no se dice nada de un hombre tan bueno y un creyente tan perspicaz. En nuestro concepto, Natanael era el mismo apóstol de quien se hace mención en otros pasajes bajo el nombre de Bartolomé. Á favor de esta opinión pueden citarse tres hechos que merecen atención. El primero es qua en tres de las cuatro listas de los doce apóstoles, los nombres de Felipe y Bartolomé se encuentran juntos. Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14. El segundo es que en la narración de la ascensión se menciona á Natanael como compañero de Pedro, Tomás, Santiago, Juan y otros discípulos. El tercero es que S. Juan jamás emplea en su Evangelio el nombre de Bartolomé. |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
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de La Liga bíblicaLos Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:
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Reina-Valera (1960)
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)
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