El Santo Evangelio según
San Juan

Porque por gracia sois salvos

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Jesús es ungido en Betania

Juan 12.1-8

1  Seis días antes de la pascua,  vino Jesús a Betania,  donde estaba Lázaro,  el que había estado muerto,  y a quien había resucitado de los muertos.

2  Y le hicieron allí una cena;  Marta servía,  y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.

3  Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro,  de mucho precio,  y ungió los pies de Jesús,  y los enjugó con sus cabellos; (Lc. 7.37-38) y la casa se llenó del olor del perfume.

4  Y dijo uno de sus discípulos,  Judas Iscariote hijo de Simón,  el que le había de entregar:

5  ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios,  y dado a los pobres?

6  Pero dijo esto,  no porque se cuidara de los pobres,  sino porque era ladrón,  y teniendo la bolsa,  sustraía de lo que se echaba en ella.

7  Entonces Jesús dijo: Déjala;  para el día de mi sepultura ha guardado esto.

Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, (Dt. 15.11) más a mí no siempre me tendréis.

Jesús es ungido en Betania

Juan 12.1-8 Mt. 26.6-13; Mr. 14.3-9

Mt. 26.6-13 6  Y estando Jesús en Betania,  en casa de Simón el leproso, 7  vino a él una mujer,  con un vaso de alabastro de perfume de gran precio,  y lo derramó sobre la cabeza de él,  estando sentado a la mesa. 8  Al ver esto,  los discípulos se enojaron,  diciendo: ¿Para qué este desperdicio? 9  Porque esto podía haberse vendido a gran precio,  y haberse dado a los pobres. 10  Y entendiéndolo Jesús,  les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer?  Pues ha hecho conmigo una buena obra. 11  Porque siempre tendréis pobres con vosotros,  pero a mí no siempre me tendréis. 12  Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo,  lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 13  De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio,  en todo el mundo,  también se contará lo que ésta ha hecho,  para memoria de ella.

Mr. 14.3-9 3  Pero estando él en Betania,  en casa de Simón el leproso,  y sentado a la mesa,  vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio;  y quebrando el vaso de alabastro,  se lo derramó sobre su cabeza.  4  Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí,  y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? 5  Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios,  y haberse dado a los pobres.  Y murmuraban contra ella. 6  Pero Jesús dijo: Dejadla,  ¿por qué la molestáis?  Buena obra me ha hecho. 7  Siempre tendréis a los pobres con vosotros, (Dt. 15.11) y cuando queráis les podréis hacer bien;  pero a mí no siempre me tendréis. 8  Esta ha hecho lo que podía;  porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio,  en todo el mundo,  también se contará lo que ésta ha hecho,  para memoria de ella.

Juan 12.3 Lc. 7.37-38 37  Entonces una mujer de la ciudad,  que era pecadora,  al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo,  trajo un frasco de alabastro con perfume; 38  y estando detrás de él a sus pies,  llorando,  comenzó a regar con lágrimas sus pies,  y los enjugaba con sus cabellos;  y besaba sus pies,  y los ungía con el perfume.

Juan 12.8 Dt. 15.11 Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra;  por eso yo te mando,  diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano,  al pobre y al menesteroso en tu tierra.

Texto Bíblico
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El complot contra Lázaro

Juan 12.9.11

9  Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí,  y vinieron,  no solamente por causa de Jesús,  sino también para ver a Lázaro,  a quien había resucitado de los muertos.

10  Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro,

11  porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Juan   12:1-11.

En el capítulo de que empezamos á tratar termina una parte muy importante del Evangelio de San Juan: los discursos que nuestro Señor dirigió á los judíos incrédulos. Después de este capítulo solo se registra lo que Él dijo privadamente á sus discípulos.

Advertimos primeramente, en este pasaje, cuan abundantes son las pruebas que existen de la verdad de los más célebres milagros de nuestro Señor,

Se nos cuenta que hubo en Betania una cena, y que Lázaro estaba sentado á la mesa entre los convidados. Lázaro que había sido levantado públicamente de entre los muertos después de haber yacido cuatro días en el sepulcro. Nadie podía decir que su resurrección era un engaño de los ojos, y que lo que los circunstantes habían visto era simplemente un fantasma. Ahí, después de trascurridas varias semanas, estaba el mismo Lázaro, sentado en compañía de otros hombres, y comiendo y bebiendo alimento real. Es difícil concebir que prueba más evidente puede exigirse acerca de un hecho cualquiera. El que no se convence con pruebas como esta debiera confesar de una vez que está resuelto á no creer nada.

Es consolador el saber que las mismas pruebas que existen acerca de la resurrección de Lázaro son las que confirman ese acontecimiento todavía más grande-la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. ¿Vio la gente de Betania ir y venir á Lázaro por varias semanas? A nuestro Señor también lo vieron sus discípulos. ¿Tomó Lázaro alimento material en presencia de sus amigos? Nuestro Señor Jesucristo también comió y bebió antes de ascender á los cielos. Ninguna persona en sus cinco sentidos que viera á Jesús tomar y comer pescado y miel silvestre delante de varios testigos, dudaría que tuviera un cuerpo real. Lucas 24:42.

Bueno es tener esto presente en una edad como la presente en que abundan la incredulidad y el escepticismo. Así como Jesucristo puso fuera de toda duda razonable la resurrección de un amado discípulo, así también, unas pocas semanas más tarde, puso fuera de toda duda su triunfo sobre el sepulcro. Si creemos que Lázaro resucitó, no tenemos por qué dudar que Jesús resucitara también; y si creemos que Jesús resucitó, no tenemos por qué dudar que Él fuera el Mesías, el Mediador entre Dios y el hombre, y que nosotros también resucitaremos.

Notemos, en seguida, con cuánta tosquedad y desabrimiento son tratados por los hombres los discípulos de Jesucristo.

Durante la cena de Betania María, la hermana de Lázaro, ungió los pies de Jesús con ungüento muy fino, y los limpió con sus cabellos. Ni derramó ella el ungüento con usura, más tan pródigamente que "la casa se llenó del olor." Lo hizo impulsada por el amor y la gratitud, creyendo que ninguna cosa era demasiado valiosa para presentarla á su Salvador. Sentada en otros tiempos á sus pies y oyendo sus palabras, había encontrado paz de conciencia y había alcanzado el perdón por sus pecados. En el momento citado vio á Lázaro, gozando de vida y de salud, sentado al lado de su Maestro, su propio hermano Lázaro, á quién Él había levantado del sepulcro. Amada en alto grado, ella creyó que no podía manifestar en retorno un amor demasiado intenso. Según la expresión bíblica, habiendo recibido gratuitamente, dio gratuitamente.

Pero algunos de los que estaban presentes censuraron la conducta de María y la acusaron de pródiga y derrochadora. Uno especialmente, un apóstol, un hombre de quien se habría esperado una conducta más noble, declaró abiertamente que mejor uso se habría hecho del ungüento si se hubiera vendido y se hubiera regalado el valor á los pobres. El hombre en cuya cabeza podían tener cabida tales pensamientos, debió de tener, á la verdad, ideas menguadas de Cristo. Por lo general se encuentran juntos el corazón frió y la mano avara.

En nuestros días hay muchos cristianos que están animados del mismo espíritu, cristianos que no alcanzan á comprender por qué se ha de tener celo por la causa de Cristo. Decidles que hay necesidad de hacer un fuerte desembolso para promover el comercio ó la ciencia, y lo aprueban como medida acertada y prudente. Decid que es preciso hacer un gasto para predicar el Evangelio en el interior ó en el exterior, para difundir la palabra de Dios, para esparcir en el mundo el conocimiento de Cristo, y os dirán claramente que ese es un derroche. Nunca dan un centavo para tales fines, y llaman insensatos á los que dan. Y lo que es todavía peor, a menudo excusan su parsimonia en ese respecto diciendo que tienen que socorrer á los pobres, olvidándose, á drede, del hecho bien conocido, que los que más hacen por la causa de Cristo son los que más hacen por los pobres.

En este pasaje percibimos, finalmente, cuan grandes son el endurecimiento y la incredulidad del corazón humano.

Incredulidad revelaron los príncipes de los sacerdotes, quienes conferenciaron para dar muerte á Lázaro. No podían negar el hecho de que había sido resucitado. Viviendo, comiendo y bebiendo á dos millas de Jerusalén, después de estar cuatro días en el sepulcro, Lázaro era un testigo acerca del carácter divino de Cristo, á quien ellos no podían contestar ó reducir al silencio. Y sin embargo, esos hombres no cejaban. Preferían más bien cometer un homicidio que abandonar toda oposición y confesar que estaban errados.

Endurecimiento fue el de Judas Iscariote, quién después de haber sido escogido apóstol y predicador de las santas doctrinas del Evangelio, resultó ser ladrón y traidor. Mientras dure el mundo ese hombre desgraciado servirá de prueba concluyente de lo profunda que es la corrupción humana. Que persona alguna acompañase á Cristo como discípulo por el espacio de tres años, viese todos sus milagros, oyese todos sus preceptos, recibiese de sus manos repetidos favores, fuese contado en el número de los apóstoles, y sin embargo resultase al fin tener un corazón depravado, es cosa que á primera vista parece increíble é imposible. Sin embargo, la historia de Judas demuestra á las claras que sí cabe en lo posible.

Rindamos gracias á Dios si sabemos por experiencia lo que es la fe, y si, sintiendo nuestra debilidad y flaqueza, podemos decir, "Creemos." Pidamos al Eterno que nuestra fe sea real, sincera y no una impresión fugaz, como el rocío y la neblina de la mañana. Más, ante todo, velemos y oremos para ser preservados de sentir un afecto excesivo hacia el mundo. Ese afecto perdió á un hombre que estaba rodeado de privilegios y que oía hablar á Cristo todos los días. "Así el que se piensa estar firme mire no caiga." 1 Cor. 10:12.

NOTAS.   JUAN 12:1-11.

1. Jesús pues seis días, etc. Quienquiera que leyere la Biblia con cuidado observará que San Juan omite intencionalmente ciertos acontecimientos referidos por Mateo, Marcos y Lucas. Del retiro de nuestro Señor en Efraín pasa á describir por la última vez su regreso á Betania. En ese intervalo debe darse cabida á lo que se refiere en Mat. 10:17-34; Marcos 10:32-52; Lucas 18:31 hasta 19:28. Cualquiera que fuera el lugar donde Efraín estaba situada, es casi cierto que durante el viaje entre esa población y Betania, Jesús pasó por Jericó, sanó á dos ciegos, convirtió al publicano Zaqueo, y pronunció la parábola del noble que se fue á un país distante después de dar diez monedas á sus diez criados.

Lightfoot arregló un interesante plan de la manera como nuestro Señor pasó los seis días que precedieron al de su crucifixión. Helo aquí: (1.) El sábado comió con Lázaro. (2.) El domingo entró á Jerusalén montado en un pollino. Ese era el día en que los judíos acostumbraban tomar un cordero del rebaño para cada familia y guardarlo aparte para la pascua. En ese día el Cordero de Dios se presentó públicamente en Zión. (3.) El lunes fue otra vez á Jerusalén y en el camino maldijo a la higuera estéril. (4.) El Martes fue otra vez á Jerusalén y habló por última vez al pueblo. De regreso se sentó en el Monte de las Olivas y pronunció la célebre profecía de Mat. 24 y 25, y cenó esa noche con Simón el leproso. (5.) El miércoles permaneció en Betania. (6.) El jueves subió á Jerusalén, comió la pascua, instituyó la Cena del Señor, y esa misma noche fue aprendido y conducido ante los sacerdotes. (7.) El viernes fue crucificado.

3. Entonces María tomó, etc. Esta acción notable, que, según el dicho de nuestro Señor mismo, es anunciada en todo el mundo, merece particular atención.

La costumbre de ungir con ungüento no era rara en los países orientales, donde el calor es fuerte, y los pies, que las sandalias dejan expuestos, se resecan y tuestan con el sol. Nada había tampoco de impropio en que una mujer lo hiciera. San Pablo enumera el lavar los pies de los santos entre las buenas obras de una viuda cristiana. 1 Tim. 5:10.

Lo que movió á María á hacer lo que hizo fue evidentemente el ferviente amor y la gratitud que profesaba hacia su Maestro y su Señor.

No se sabe con certeza que clase de ungüento fuera ese que la versión española llama "de nardo puro," pues es dudoso el significado de la palabra griega. Este, sin embargo, no es punto en manera alguna importante.

Permítasenos repetir que la unción descrita en el pasaje de que nos ocupamos no fue la misma que se nos refiere en Lucas 7, y probablemente tampoco fue la que se nos refiere en Marcos 14.

Es difícil determinar el significado que tuviera el acto de María de limpiar los pies del Señor con sus cabellos. Á causa de ignorar las costumbres orientales que prevalecían en tiempo de nuestro Señor no somos en nuestros días competentes para expresar una opinión definitiva.

4. Judas Iscariote, hijo de Simón. No sabemos quién fuera ese Simón, ó por qué se le menciona en este pasaje. Es digno de notarse que hay pocos nombres que ocurran con más frecuencia en el Nuevo Testamento. Hay los siguientes:

1. El apóstol Simón, llamado también Pedro.

2. El apóstol Simón, llamado también Celotes ó el cananeo.

3. Simón el hermano de nuestro Señor.    Mat. 13:53.

4.  Simón el leproso, en cuya casa tuvo lugar la unción. Mat. 26:6.

5.  Simón el Cirineo, que llevó la cruz. Mat. 27:32.

6. Simón el fariseo. Lucas 7:40.

7. Simón el Mágico de Samaría. Actos 8:9.

8. Simón el Curtidor. Actos 9:43.

Seria curioso saber si Judas Iscariote era hijo de uno de éstos, mas no hay modo de averiguarlo.

5. Por que no se ha vendido este ungüento por trescientos denarios. Se calcula que el valor del ungüento era de doscientos veinticinco á doscientos cincuenta francos. Mas debe tomarse en consideración que Judas tal vez exageró el precio.

6. Esto dijo, no por el cuidado que le tenía de los pobres. El evangelista nos hace saber cuál era el verdadero carácter de Judas y la razón por la cual se expresó del modo que queda referido.

Más porque era ladrón. Estos son términos fuertes y la acusación es grave. Parece indicar que Judas había sido y siempre era hombre de muy mala fe.

7. Para el día de mi sepultura ha guardado esto En nuestro concepto no debemos suponer, al interpretar estas palabras, que María sabia realmente que el entierro de nuestro Señor estaba próximo. Creemos que su significado es como sigue: "Este acto que ha ejecutado María en señal de veneración, es muy propio y oportuno, pues mi muerte y mi entierro están cercanos. Ella no sabia esto al hacer lo que hizo, pero la unción ha tenido lugar á buen tiempo."

8. Más á mí no siempre me tenéis. Estas palabras manifiestan, por una parte, que la presencia corporal de nuestro Señor en la tierra era un acontecimiento grande y milagroso, y que como tal merecía especial atención; y por otra, que su partida de este mundo se acercaba, y así las oportunidades de tributarle gloria iban disminuyendo. Además, esa expresión echa por tierra la teoría de que el cuerpo de Cristo está presente, bajo la forma de pan y vino, en la cena del Señor. Es imposible conciliar la doctrina romanista con las palabras: "A mí no siempre me tenéis."

10. Empero consultaron, etc. Tal vez "resolvieron" ó "determinaron" expresaría con más fidelidad el sentido de la palabra traducida "consultaron."

11. Porque muchos de los judíos iban. A pesar de todas las medidas que los sacerdotes tomaron para impedirlo, la resurrección de Lázaro debió de haber hecho una impresión profunda en el ánimo del público. En todos los siglos ha sucedido que, cuando la verdad divina penetra en algún país, el pueblo quiere pensar y juzgar por sí mismo. Los aprisionamientos, las amenazas, los castigos de toda clase, no pueden impedir á los hombres que piensen. La mente y el pensamiento no pueden ser encadenados. Cuando los tiranos eclesiásticos queman á los mártires y destruyen Biblias, y reducen al silencio á los predicadores, se olvidan de que hay algo que no pueden hacer-detener la actividad del entendimiento humano.

Y creían en Jesús. No nos aventuramos á opinar que esa creencia fuese otra cosa que una convicción mental de que Jesús era el Mesías. No hay pruebas de que fuese la fe del corazón.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

La entrada triunfal en Jerusalén

Juan 12.12-19

12  El siguiente día,  grandes multitudes que habían venido a la fiesta,  al oír que Jesús venía a Jerusalén,

13  tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle,  y clamaban: ¡Hosanna! (Sal. 118.25) ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, (Sal. 118.26) el Rey de Israel!

14  Y halló Jesús un asnillo,  y montó sobre él,  como está escrito:

15  No temas,  hija de Sión;

 He aquí tu Rey viene,

 Montado sobre un pollino de asna. (Zac. 9.9)

16  Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio;  pero cuando Jesús fue glorificado,  entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él,  y de que se las habían hecho.

17  Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro,  y le resucitó de los muertos.

18  Por lo cual también había venido la gente a recibirle,  porque había oído que él había hecho esta señal.

19  Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada.  Mirad,  el mundo se va tras él.

La entrada triunfal en Jerusalén

Juan 12.12-19 Mt. 21.1-11; Mr. 11.1-11; Lc. 19.28-40

Mt. 21.1-11 1  Cuando se acercaron a Jerusalén,  y vinieron a Betfagé,  al monte de los Olivos,  Jesús envió dos discípulos, 2  diciéndoles:  Id a la aldea que está enfrente de vosotros,  y luego hallaréis una asna atada,  y un pollino con ella;  desatadla,  y traédmelos. 3  Y si alguien os dijere algo,  decid: El Señor los necesita;  y luego los enviará. 4  Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta,  cuando dijo: 5  Decid a la hija de Sion:   He aquí,  tu Rey viene a ti,   Manso,  y sentado sobre una asna,   Sobre un pollino,  hijo de animal de carga. 6  Y los discípulos fueron,  e hicieron como Jesús les mandó; 7  y trajeron el asna y el pollino,  y pusieron sobre ellos sus mantos;  y él se sentó encima. 8  Y la multitud,  que era muy numerosa,  tendía sus mantos en el camino;  y otros cortaban ramas de los árboles,  y las tendían en el camino. 9  Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba,  diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David!  ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!  ¡Hosanna en las alturas! 10  Cuando entró él en Jerusalén,  toda la ciudad se conmovió,  diciendo: ¿Quién es éste? 11  Y la gente decía: Este es Jesús el profeta,  de Nazaret de Galilea.

Mr. 11.1-11 1  Cuando se acercaban a Jerusalén,  junto a Betfagé y a Betania,  frente al monte de los Olivos,  Jesús envió dos de sus discípulos, 2  y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros,  y luego que entréis en ella,  hallaréis un pollino atado,  en el cual ningún hombre ha montado;  desatadlo y traedlo. 3  Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso?  Decid que el Señor lo necesita,  y que luego lo devolverá. 4  Fueron,  y hallaron el pollino atado afuera a la puerta,  en el recodo del camino,  y lo desataron. 5  Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? 6  Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado;  y los dejaron. 7  Y trajeron el pollino a Jesús,  y echaron sobre él sus mantos,  y se sentó sobre él. 8  También muchos tendían sus mantos por el camino,  y otros cortaban ramas de los árboles,  y las tendían por el camino. 9  Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces,  diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!  10  ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!  ¡Hosanna en las alturas! 11  Y entró Jesús en Jerusalén,  y en el templo;  y habiendo mirado alrededor todas las cosas,  como ya anochecía,  se fue a Betania con los doce.

Lc. 19.28-40 28  Dicho esto,  iba delante subiendo a Jerusalén. 29  Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania,  al monte que se llama de los Olivos,  envió dos de sus discípulos, 30  diciendo: Id a la aldea de enfrente,  y al entrar en ella hallaréis un pollino atado,  en el cual ningún hombre ha montado jamás;  desatadlo,  y traedlo. 31  Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis?  Le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. 32  Fueron los que habían sido enviados,  y hallaron como les dijo. 33  Y cuando desataban el pollino,  sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? 34  Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita. 35  Y lo trajeron a Jesús;  y habiendo echado sus mantos sobre el pollino,  subieron a Jesús encima. 36  Y a su paso tendían sus mantos por el camino. 37  Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos,  toda la multitud de los discípulos,  gozándose,  comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, 38  diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor;  paz en el cielo,  y gloria en las alturas! 39  Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro,  reprende a tus discípulos. 40  El,  respondiendo,  les dijo: Os digo que si éstos callaran,  las piedras clamarían.

Juan 12.13 Sal. 118.25 Oh Jehová,  sálvanos  ahora,  te ruego;

 Te ruego,  Oh Jehová,  que nos hagas prosperar ahora.

Juan 12. 13 Sal. 118.26 Bendito el que viene en el nombre de Jehová;

 Desde la casa de Jehová os bendecimos.

Juan 12.15 Zac. 9.9 Alégrate mucho,  hija de Sion;  da voces de júbilo,  hija de Jerusalén;  he aquí tu rey vendrá a ti,  justo y salvador,  humilde,  y cabalgando sobre un asno,  sobre un pollino hijo de asna.

Comentarios de J. C. Ryle

Juan   12:12-19.

Leyendo con cuidado los Evangelios no puede menos que observarse que la conducta de nuestro Señor, en la época de que nos ocupamos de su vida, es muy peculiar. Es diferente de su conducta en otros tiempos. Antes lo veíamos que se substraía lo más que era posible de la atención del público, ya retirándose al desierto, ya calmando el entusiasmo de los que querían presentarlo ante el pueblo y hacerlo rey. "No contendía, ni voceaba, ni hacia oír su voz en las calles." Mat. 12:19. Después, por el contrario, lo vemos entrar públicamente en Jerusalén, rodeado por un inmenso gentío y haciendo decir aun á los fariseos: "He aquí que el mundo se va en pos de él."

No es difícil explicar esta aparente inconsecuencia. Al fin había llegado el tiempo en que Cristo iba á morir por los pecados del mundo; en que el Verdadero Cordero pascual iba á ser inmolado; en que la verdadera sangre de la expiación iba á ser derramada; en que el Mesías iba á ser muerto de acuerdo con las profecías (Dan. 9:26) y el camino del santo de los santos iba á ser abierto á toda la humanidad por el verdadero Sumo Sacerdote. Sabiendo todo esto nuestro Señor llamó intencionalmente la atención hacia sí, presentándose de una manera conspicua ante la nación judía. Propio era y corriente que esto no se hiciese en un rincón. Act. 26:26. De ningún episodio de la historia de nuestro Señor puede decirse con mayor razón que tuviera lugar en público como de la luctuosa escena del Calvario. Fue crucificado precisamente á tiempo que todas las tribus estaban congregadas en Jerusalén para celebrar la pascua. Ni fue esto todo; murió en la semana que, por su singular entrada á Jerusalén hizo que los ojos de todos los israelitas se fijasen en Él.

Enséñasenos en estos versículos cuan voluntarios fueron los sufrimientos de Jesucristo.

Es imposible no percibir al leer el pasaje de que tratamos que nuestro Señor ejercía un influjo misterioso en la mente y la voluntad de todos los que lo rodeaban, siempre que tenía á bien servirse de él. Ninguna otra cosa puede explicar el efecto que su proximidad á Jerusalén produjo en la muchedumbre que lo acompañaba. Parece esta haber sido movida por un poder secreto al cual se veía obligada á obedecer, á despecho del desagrado de los caudillos de la nación. En una palabra, así como se podía nuestro Señor hacer obedecer de los vientos, las olas, las enfermedades y los poseídos del demonio, así mismo podía dominar las mentes de los hombres de acuerdo con su voluntad.

Porque el caso de que venimos hablando no es único en su clase. Los habitantes de Nazaret no pudieron detenerlo cuando él quiso pasar por en medio de ellos y seguir su camino. Lucas 4:30. Los enfurecidos moradores de Jerusalén no pudieron detenerlo cuando intentaron usar de la violencia con él en el templo; mas, pasando por en medio de ellos, se alejó de su vista. Juan 8:59. Aun más, los mismos soldados que fueron á aprehenderlo en el jardín retrocedieron la primera vez y cayeron en el suelo Juan 8.6 En todos estos casos solo puede darse una explicación: Jesús usó de su poder divino. Durante su vida en la tierra ocultaba misteriosamente su poder, más podía hacer uso de él cuando quería.

¿Por qué, pues, no resistió a sus enemigos posteriormente? ¿Por qué no esparció como aristas por el viento la cuadrilla de solados que vinieron a capturarlo? Solo puede aducirse una razón: fue que se hizo mártir voluntariamente para obtener la redención de almas perdidas. Se había propuesto entregar su propia vida como rescate, para que nosotros consiguiéramos eterna bienaventuranza, y la entregó sobre la cruz de todo corazón. No sufrió y derramó su sangre porque no pudiera evitarlo, porque hubiera sido vencido por fuerzas superiores, sino porque nos amó y se complació en entregarse por nosotros como sustituto nuestro.

Tranquilicemos nuestros corazones con esta idea consoladora. Fue la delicia de nuestro Salvador hacer la voluntad de su Padre, y abrir el camino para que el hombre culpable se pueda acercar hacia Dios sin temor. Se complació en la obra que vino a llevar a efecto, y amó al mundo pecador que había venido a salvar. Jamás, pues, lleguemos a imaginarnos que el Salvador no ama ni se complace en salvar a los pecadores que vienen hacia él. Aquel que voluntariamente se ofreció como sacrificio en la cruz, voluntariamente se ofrece como Salvador a la diestra de Dios.

En estos versículos se nos enseña, por otra parte, con cuenta minuciosidad se cumplieron todas las profecías que se referían al Salvador.

La entrada a Jerusalén en un pollino podría parecer al principio un acto insignificante. Más si examinamos el Antiguo Testamento, veremos que ese acto había sido predicho por el profeta Zacarías quinientos años antes, y que la venida del Redentor no fue el único suceso que el Espíritu Santo había revelador a los padres, sino que aún los más pequeños detalles de su vida terrenal fueron previstos y registrados con exactitud.

Acontecimientos como este en cumplimiento de la profecías merecen especial atención de los que tienen afición a la Biblia y la leen con reverencia, pues demuestran que todas las Escrituras fueran escritas bajo inspiración de Dios, y nos enseñan que debemos guardarnos de la perniciosa práctica de espiritualizar el lenguaje de la Biblia y evadir o disimular las dificultades que algunos pasajes presentan. Debemos convencernos de que el significado llano y literal de la Biblia es por lo general el más correcto y verdadero. A la vista tenemos la prueba de cómo se cumplió al pie de la letra una profecía de Zacarías, sino que real y verdaderamente entró a Jerusalén en un pollino.

NOTAS. JUAN 12.12-19

12. El siguiente día. Es decir el domingo, antes del de Pascua Florida, o sea el comúnmente llamado Domingo de Ramos.

Una gran multitud de gente que había venido a la fiesta. En esa multitud deben de haber estado incluidos muchos de los judíos que habían venido de Galilea a la pascual, y que sin duda había oído muchas de las palabras y presenciado muchos de los hechos de nuestro Señor. Es bien probable que algunos de ellos hubieran formado parte de la multitud que Él había alimentado con unos pocos panes en el desierto.

Como oyeron que Jesús venía a Jerusalén. Es preciso suponer que de algún modo se supo que nuestro Señor venía a Jerusalén, ya porque él mismo lo dijese, ya porque los discípulos lo supiesen y lo contasen a otros.

13. Tomaron ramos de palmas y salieron a recibirle. Solo podemos conjeturar cual fuera la razón que moviese a la multitud a ejecutar ese acto. Se sabe que los séquitos que acompañaban en funciones solemnes a los reyes o a los generales victoriosos solían llevar palmas, y que el ejército triunfante del cielo que Juan vio en una visión se componía de personas que llevaban palmas en las manos. Rev. 7.9. Tal vez algunos de los que salieron a recibir a Jesús creían en realidad que Él era el Mesías. Otros seguramente hicieron lo que hicieron sin otra razón que la de imitar a los demás, o porque tenían una idea vaga de que Jesús era alguna persona muy notable o algún profeta, y en calidad de tal le rindieron homenaje.

Bendito el que viene, etc. Estas palabras han sido tomadas en parte del Salmo 118.26; pero ahí no se encuentran las palabras "el rey."

14. Y halló Jesús un asnillo, etc. Sabemos que no fue por casualidad que Jesús lo halló, por lo que nos dice en Mat. 21.7

Es menester que tengamos presente que el hecho de montar en un asno no era tan ignominioso como a primera vista pudiera parecernos a nosotros. Los asnos orientales eran grandes, fuertes y de muchísimo valor. Unos asnos formaban parte de los bienes de Abraham, Jacob y Job, y el montar en asnos blancos era índice de grandeza en los días de los Jueces.

Por otra parte, es innegable que ningún rey o gobernante ha hecho uso del asno para montar en ocasiones solemnes. Siempre se ha dado la preferencia al caballo. Sin duda nuestro Señor montó en un asno para mostrar que su reino era del todo distinto de los reinos de este mundo. Ningún soldador romano de la guarnición de Jerusalén, que estando de centinela o sentado a una de las ventanas del cuartel, hubiese visto a nuestro Señor montado en un asno, podía informar a su centurión de que había fuertes sospechas de que iba a arrebatar el reino de Israel del poder de los romanos, a arrojar a Poncio Pilato y a sus legiones del fuerte de Antonia y a conquistar con la espada la independencia de los judíos.

15. no temas, o hija de Sion, etc. Como se observará, Juan no cita al pie de la letra todo lo que Zacarías dijo, pues omite varias palabras. La explicación es sencilla: intencionalmente él citó solo la parte de la predicción que versaba sobre el punto de que se trataba.

Empero cuando Jesús fue glorificado. Estas palabras deben de referirse a su ascensión.

Entonces se acordaron, etc. La facultad de la mente de percibir o discernir las cosas bajo otro aspecto, largo tiempo después de que hayan tenido lugar, es muy singular. En ningún caso quizá se manifiesta de una manera tan curiosa como cuando recordamos textos y sermones que habíamos oído mucho tiempo antes, y que, cuando los oímos, no dejaron aparentemente ninguna impresión en nuestro ánimo.

Y que le hicieron estas cosas. Los discípulos se apercibieron, largo tiempo después de su entrada triunfante en Jerusalén, que sin saberlo habían tomado parte en el cumplimiento de las Escrituras.

18. Por lo cual también había venido la gente a recibirle. En este versículo se nos deja comprender cuales eran los sentimientos que animaban a la mayor parte de la muchedumbre que rodeaba a nuestro Señor a su entrada a Jerusalén.

19. Mas los fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? Palabras son estas de hombres llenos de enojo y de disgusto de ver sus esperanzas burladas. Por supuesto no les era dado impedir que se tributasen honores a nuestro Señor. El menor acto de violencia que ellos hubiesen ejecutado contra nuestro Señor habría creado un tumulto y puesto en peligro sus vidas.

He aquí, que el mundo se va en pos de él. Debe tenerse en cuenta que hombres airados y chaqueados estarían inclinados a exagerar. Más, esto no obstante, la palabra mundo no es tan hiperbólica como  a la primea vista pudiera parecer, si consideramos cuan grande era el número de judíos que concurrían a la pascua. Según el cálculo de Josefo solían reunirse tres millones de personas. Al terminar este pasaje le queda a uno la convicción de que cierta majestad real de parte de Jesús influyó misteriosamente en el ánimo del pueblo para que le recibieran como a Rey.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Unos griegos buscan a Jesús

Juan 12.20-26

20  Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta.

21  Estos,  pues,  se acercaron a Felipe,  que era de Betsaida de Galilea,  y le rogaron,  diciendo: Señor,  quisiéramos ver a Jesús.

22  Felipe fue y se lo dijo a Andrés;  entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.

23  Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.

24  De cierto,  de cierto os digo,  que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere,  queda solo;  pero si muere,  lleva mucho fruto.

25  El que ama su vida,  la perderá;  y el que aborrece su vida en este mundo,  para vida eterna la guardará (Mt. 10.39; 16.25; Mr. 8.35; Lc. 9.24; 17.33).

26  Si alguno me sirve,  sígame;  y donde yo estuviere,  allí también estará mi servidor.  Si alguno me sirviere,  mi Padre le honrará.

Juan 12.25 Mt. 10.39; 16.25; Mr. 8.35; Lc. 9.24; 17.33

Mt. 10.39 El que halla su vida,  la perderá;  y el que pierde su vida por causa de mí,  la hallará; 16.25 Porque todo el que quiera salvar su vida,  la perderá;  y todo el que pierda su vida por causa de mí,  la hallará

Mr. 8.35 Porque todo el que quiera salvar su vida,  la perderá;  y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio,  la salvará

Lc. 9.24 Porque todo el que quiera salvar su vida,  la perderá;  y todo el que pierda su vida por causa de mí,  éste la salvará; 17.33 Todo el que procure salvar su vida,  la perderá;  y todo el que la pierda,  la salvará

Comentarios de J. C. Ryle

Juan   12:20-26.

Mayor número de emociones de lo que generalmente se piensa, agitan al espíritu humano. El caso que tenemos á la vista prueba esto de una manera notable. ¿Quién se hubiera imaginado que, cuando Cristo estuvo sobro la tierra, unos extranjeros se hubieran presentado en Jerusalén diciendo: "Señor, queremos ver á Jesús '"? ¿Quiénes fueran esos Griegos, qué intenciones tenían, por qué querían ver á Jesús? -todas estas son preguntas que no podemos contestar satisfactoriamente. Como á Zaqueo, puede haberlos movido la curiosidad; o como los magos del Oriente, quizá tenían sus sospechas de que Jesús era el rey prometido de los Judíos á quien esperaba todo el mundo oriental. Bástenos saber que manifestaron mayor aprecio por Jesús que Caifás y todos sus compañeros. Bástenos saber que, por causa de ellos, nuestro Señor pronunció palabras que hoy día se leen en más de ciento cincuenta idiomas desde uno á otro confín del mundo.

Según esas palabras la muerte, es la vía que conduce á la vida y la gloria espirituales. "Si el grano de trigo," etc.

El objeto primordial de esta sentencia fue enseñar á los asombrados griegos cuál era la verdadera naturaleza del reino del Mesías. Si ellos esperaban ver á un rey semejante á los soberanos de este mundo, se habían engañado grandemente. Nuestro Señor quería que supiesen que había venido á llevar una cruz, no á ceñir una corona ; que había venido á sufrir una muerte degradante é ignominiosa; no á vivir en la holganza, rodeado de honores y esplendor; que el reinado que había venido á iniciar había de empezar con una crucifixión, no con una coronación; y que la gloria de ese reinado no tendría su origen en victorias conquistadas á filo de espada ó en tesoros do oro y plata acumulados por la avaricia, sino en la muerte del rey.

Empero, esta sentencia nos enseña también una verdad de más lata aplicación, á saber: que la muerte de, Jesucristo era la fuente de la vida espiritual del mundo. Del madero al cual el Redentor seria clavado y de los padecimientos que experimentaría, dimanarían bienes para toda la humanidad. Su muerte, como una semilla, había de ser germen de bendiciones para millones innumerables de almas.

Esta verdad profunda y poderosa fue seguida de una aplicación práctica que nos concierne á nosotros: "El que ama su vida, la perderá."    Es menester que el que quiera ser salvo esté pronto á entregar hasta su misma vida, si fuere necesario, para obtener la salvación.    Es menester que renuncie al inundo con sus riquezas, sus glorias, sus placeres, sus recompensas, en la persuasión de que, haciéndolo así, recogerá una cosecha más valiosa tanto en esta vida como en la venidera.     El que le tiene á la vida presente tanto apego que no puede abandonar nada en obsequio del bien de su alma, tendrá al fin amargos desengaños.    Mas el que, por el contrario, está dispuesto á abandonar aun   aquello que le sea más querido en esta vida, si le sirviere de estorbo en el camino del bien, y á "crucificar " la carne con todos sus afectos y apetitos, se apercibirá al cabo que no ha perdido nada.

Las palabras de que nos ocupamos nos enseñan también que si pensamos servir á Cristo, preciso es que lo sigamos. "Si alguno me sirve," dijo él, " sígame."

El verbo "seguir" tiene un sentido muy lato y presenta á la imaginación ideas familiares. Como el soldado sigue á su general, como el criado sigue á su amo, como el discípulo sigue á su maestro, como las ovejas siguen á su pastor, así debe el cristiano seguir á Cristo. La fe y la obediencia son distintivos de los leales servidores, y los verdaderos creyentes siempre ejercerán la una y rendirán la otra. Acaso sus conocimientos sean muy limitados, y sus debilidades y flaquezas sean muchas, acaso sea poca su gracia y vagas sus esperanzas; mas creen lo que Jesucristo dice, y procuran hacer lo que El manda.

Un cristianismo de este tipo recibe poco encomio de los hombres. Es demasiado profundo, definido, fuerte y real para que puedan apreciarlo. Servir á Jesucristo en el nombre y la apariencia es muy fácil, y muchos hombres se contentan solo con eso, pero tener pura fe en Él y arreglar la vida á sus sublimes preceptos exige más abnegación do la que la generalidad de los hombres quiere ejercer en bien de sus almas. La irrisión, el ridículo, la oposición y la persecución: he aquí el único galardón que el mundo concede á los discípulos de Jesucristo. De la religión de estos puede en verdad decirse: "La alabanza de la cual no es de los hombres, sino de Dios." Rom. 2: 29.

Sin embargo, no olvidemos que nuestro Señor ofrece suficientes incentivos á los que lo siguen: "Donde yo estuviere," dice, "allí también estará mi servidor. '' Recordemos constantemente estas promesas, y sigamos sin temor en el camino angosto. Que el mundo lance baldón sobre nuestro nombre y nos arroje de su sociedad: cuando vivamos con Cristo tendremos una morada de la cual no se nos arrojará jamás. Que el mundo mire nuestra religión con desprecio, y haga escarnio de nosotros: cuando el Padre nos honre en la presencia de los ángeles y de los hombres, sabremos que su alabanza lo compensa todo.

NOTAS.    JUAN 12:20-20.

20. Y había ciertos griegos, etc. Los comentadores han hecho ingeniosas suposiciones acerca de estos griegos. Que no eran paganos declarados es evidente, puesto que habían venido á la fiesta á tomar parte en el culto, y no se admitía en la pascua á ningún pagano. Ni eran tampoco judíos que habían vivido tan largo tiempo entre los griegos que habían adquirido todos sus hábitos y costumbres: la palabra "Griegos" que se encuentra en el pasaje hace esa suposición injustificable. En nuestro concepto, eran hombres que en su origen habían sido paganos, pero que se habían hecho prosélitos del judaísmo, y como tales concurrían con regularidad á las fiestas de los judíos.

21. Estos, pues, se llegaron á Felipe......Betsaida.... Galilea.    No se sabe por qué motivo los griegos ocurrieron á Felipe en preferencia á otro discípulo. Se conjetura que siendo Felipe vecino de un pueblo en el norte de Galilea, tenía mejores oportunidades que los otros discípulos de conocer á los griegos, puesto que estaba cerca de Tiro y de Sidón. Pero otro tanto podría decirse de Andrés, Pedro, Santiago y Juan que también eran galileos. ¿No es digno de notarse que el nombre de Felipe es más estrictamente griego que los de los otros apóstoles? ¿No indica esto que quizá el tenía parientes griegos?

22. Vino Felipe, y le dijo a Andrés. Esto parece indicar que el suceso de los Griegos no tuvo lugar el mismo día que Jesús entró á Jerusalén. En ese día no había habido oportunidad de que un discípulo se acercara sosegadamente á otro y le hablara. Felipe lo dijo á Andrés y no á otro, porque aquel era su paisano.

La hora viene, etc. Esto es: Ha llegado ciertamente la hora en que he de ser glorificado. Estoy para dejar el mundo, ascendiendo al lugar donde está mi Padre; estoy para acabar la obra que vine á ejecutar y ser grandemente ensalzado. Mi vida terrenal y mi humillación están al llegar á su fin, y la época de mi gloria se acerca. Mas todo esto va á suceder de un modo muy distinto de lo que vosotros pensáis. Voy á ascender primero á una cruz, y no á un trono. Voy á ser primeramente condenado, crucificado é inmolado.

24. Si el grano de trigo que cae en la tierra, etc. Nuestro Señor aclara así una gran verdad por medio de un hecho de la naturaleza bien conocido de todo mundo. Ese hecho es que en las plantas y las semillas se produce la vida por medio de la muerte. Es preciso que la semilla sea puesta en la tierra, y que se pudra, decaiga y muera para que germine, y crezca, y produzca fruto.

25. Él que ama su vida, etc. Pocos dichos de nuestro Señor se encuentran tan repetidos en el Nuevo Testamento como estas dos paradojas. Esa repetición es la medida de su importancia. Se encuentran en Mat. 10:39; 16:25; Marcos 8:35; Lucas 9:21; 17:33; y en el pasaje de que tratamos.

El sentido es claro: ''El que ama su vida, ó piensa más en la vida presente que en la venidera, perderá lo más importante de su ser-su alma. El que aborrece su vida, ó piensa poco en ella en comparación con lo que piensa en la venidera, preservará para la vida eterna lo más precioso de su ser-su alma.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús anuncia su muerte

Juan 12.27-36

27  Ahora está turbada mi alma;  ¿y qué diré?  ¿Padre,  sálvame de esta hora?  Mas para esto he llegado a esta hora.

28  Padre,  glorifica tu nombre.  Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado,  y lo glorificaré otra vez.

29  Y la multitud que estaba allí,  y había oído la voz,  decía que había sido un trueno.  Otros decían: Un ángel le ha hablado.

30  Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía,  sino por causa de vosotros.

31  Ahora es el juicio de este mundo;  ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

32  Y yo,  si fuere levantado de la tierra,  a todos atraeré a mí mismo.

33  Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.

34  Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley,  que el Cristo permanece para siempre. (Sal. 110.4; Is. 9.7; Ex. 37.25; Dn. 7.14) ¿Cómo,  pues,  dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado?  ¿Quién es este Hijo del Hombre?

35  Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros;  andad entre tanto que tenéis luz,  para que no os sorprendan las tinieblas;  porque el que anda en tinieblas,  no sabe a dónde va.

36  Entre tanto que tenéis la luz,  creed en la luz,  para que seáis hijos de luz.

Juan 12.34 Sal. 110.4; Is. 9.7; Ez. 37.25; Dn. 7.14

Sal. 110.4 Juró Jehová,  y no se arrepentirá:

 Tú eres sacerdote para siempre

 Según el orden de Melquisedec.

Is. 9.7 Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite,  sobre el trono de David y sobre su reino,  disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.  El celo de Jehová de los ejércitos hará esto

Ez. 37.25 Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob,  en la cual habitaron vuestros padres;  en ella habitarán ellos,  sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre;  y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre

Dn. 7.14 Y le fue dado dominio,  gloria y reino,  para que todos los pueblos,  naciones y lenguas le sirvieran;  su dominio es dominio eterno,  que nunca pasará,  y su reino uno que no será destruido

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 12:27-33.

Estos versículos nos dejan comprender qué fue lo que quiso dar á entender San Pedro cuando dijo: "Hay algunas cosas" (en las Escrituras) " difíciles de entender." Hay en ellos profundidades para medir las cuales ninguna sonda alcanza. Esto no debe causarnos sorpresa ni hacernos perder nuestra fe. La Biblia no seria un libro dado por inspiración de Dios si en sus páginas no se encontraran depositadas muchas verdades que están fuera del alcance del entendimiento finito. Por otra parte, á la par con esas verdades contiene millares de pasajes que el más iliterato puede comprender fácilmente. Aun en el que tenemos á la vista, si lo examinamos con cuidado, no dejaremos de aprender verdades de no pequeña importancia.

En estos versículos se nos presenta, primeramente, una prueba indirecta de una gran doctrina. Esa doctrina es la de la imputación hecha á Cristo del pecado del hombre.

El Salvador del mundo, el Hijo eterno de Dios estaba turbado. El que podía sanar las enfermedades al contacto de sus manos y arrojar los demonios con una palabra, el que podía mandar á las olas y á los vientos que le obedecieran, se hallaba lleno de angustia y de agonía. ¿Cómo se explica esto?

Decir, como lo hacen algunos, que la única causa de la turbación de nuestro Señor era la perspectiva de la dolorosa muerte que iba á sufrir, es una explicación que satisface muy poco. Si esa hubiera sido la causa, podría decirse con justicia que muchos mártires han manifestado más calma y más valor que el Hijo de Dios, lo cual seria una aserción que repugnaría á todo espíritu devoto.

Lo único que puede dar razón de la angustia de nuestro Señor, tanto en el caso de que nos ocupamos como en él de Getsemaní, es la antigua explicación, á saber: que en tales momentos El sentía sobre sus hombros el peso del pecado del hombre. Aceptemos y acojamos para siempre esa doctrina, no solo porque ella desata el nudo de la dificultad en este pasaje, sino porque es la única que ofrece al cristiano verdadero consuelo. Que nuestro divino Sustituto ha cargado realmente con nuestros pecados, y que su justicia nos ha sido realmente imputada-he aquí la única garantía de paz espiritual que tiene el cristiano. Y si alguno nos preguntare como sabemos que Jesucristo ha tomado sobre sí nuestros pecados, le suplicamos que lea el pasaje que tenemos a la vista y otros del mismo linaje, y los explique de otra manera si puede.

En este pasaje también se nos revela un gran misterio. Ese misterio es la posibilidad de que un hombre sin pecado padezca luchas interiores.

Al leer los versículos de que nos ocupamos no puede menos que notarse que nuestro Señor tuvo una grande agonía mental. De lo profundo e intenso de esa agonía no podemos quizá formarnos sino una idea muy pequeña. Pero el grito gemebundo, "Ahora es turbada mi alma;" la solemne pregunta, "¿Qué diré?;" la oración llena de dolor, "Padre, sálvame de esta hora;" la humilde confesión, "Por esto he venido a esta hora;" La petición del Espíritu resignado, "Padre, glorifica tu nombre" -¿Qué significa todo esto? Qué, sino que dentro del pecho del Salvador tenía lugar una lucha, una lucha producida por la agitación de los sentimientos que naturalmente abrigaba como perfecto hombre, una lucha que también como perfecto hombre lo hacía sufrir intensamente. Y sin embargo el que así sufría era el Santo Hijo de Dios, Aquel en quien no hay pecado. De este pensamiento dimana para todo cristiano verdadero un manantial perenne de consuelo. Nuestro Señor nos enseñó con su ejemplo que la agonía del espíritu no es de suyo un acto pecaminoso. Es de temerse que muchos, a consecuencia de no entender bien este punto, atraviesan el valle de la vida llenos de temores y zozobras. Se imaginan que no poseen la gracia divina, porque en su corazón se agitan encontrados sentimientos; y rehúsan los consuelos del Evangelio, porque hallan que la carne y el espíritu están en pugna. Que estudien con cuidado la vida de su Maestro y su Señor, y han a un lado todo temor. Que estudien las vidas de sus discípulos de todos los siglos, desde Pablo para abajo, para que comprendan que así como Jesucristo sufrió conflictos internos, los cristianos tienen también que pasar por la misma prueba. El que se deja arrastrar de las dudas y de la incredulidad hace, sin duda, mal, y está en riesgo de perder su sosiego. Hay un desaliento sin fe que es culpable y que debe por lo tanto evitarse hasta donde fuere posible. El que se dejare vencer de ese desaliento debe arrepentirse como de todo otro pecado, pidiendo a Dios le perdone su debilidad. Más el mero hecho de sufrir combates mentales no es de suyo pecaminoso. El creyente puede ser conocido por su turbación así como por su serenidad.

En estos versículos se nos refiere, en seguida, un gran milagro. El milagro consistió en una Voz celestial que se oyó con tanta claridad que el pueblo creyó que había sido un trueno. Esta Voz decía: "Ya he glorificado mi nombre, y lo glorificaré otra vez."

Esa Voz maravillosa se dejó oír tres veces durante la vida de nuestro Señor. La primera vez que se dejó oír fue durante su bautismo, cuando los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió sobre Él. La segunda fue en su transfiguración, cuando Moisés y Elías aparecieron ante Él en presencia de Pedro, Santiago y Juan. La tercera fue en Jerusalén en medio de una muchedumbre heterogénea de discípulos y de judíos incrédulos más no sabemos por qué razón la Voz se oyera solo esas tres veces. Es ese un misterio que no nos es dado penetrar.

Bástenos saber que con ese milagro se tuvo en mira el dar á conocer la unión íntima y no interrumpida de Dios Padre y Dios Hijo durante la vida de Jesús en la tierra; y la aprobación que el Padre prestaba á todos los retos del Hijo como Mesías, como Redentor, y como Salvador del hombre.

En estos versículos, finalmente, se nos trasmite una importante profecía. Nuestro Señor afirmó: "Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos atraeré á mí mismo."

Con relación al significado de estas palabras no puede haber entre hombres ingenuos sino una sola opinión. No significan, como á menudo se supone, que si la doctrina de Cristo crucificado fuere ensalzada por los ministros y maestros, ejercerá un influjo atrayente en los ánimos de los oyentes. Esto es sin duda cierto, pero no es la verdad que el texto enseña. Lo que simplemente significa es que la muerte de Cristo en la cruz ejercería un influjo benéfico é irresistible en toda la humanidad. Su muerte como Sustituto nuestro, y como ofrenda por nuestros pecados, atraería de todas las naciones muchedumbres que declararían su fe en El y la recibirían como su Salvador. Era por medio de su pasión y crucifixión, y no por medio de su ascensión á un trono temporal, que establecería su reino y reuniría sus súbditos.

Hasta qué punto se ha estado cumpliendo esta profecía durante diez y ocho siglos, la historia eclesiástica puede decírnoslo. En donde quiera que se ha predicado á Cristo crucificado y se ha referido con fidelidad la historia de la cruz, las almas se han convertido y se han sentido atraídas hacia el Redentor á la manera que los menudos pedazos de hierro son atraídos hacia la piedra magnética. No hay verdad que se adapte tanto á las necesidades de todos los hijos de Adán, cualquiera que sea su idioma, su raza ó el país donde vivan, como la gran verdad del Evangelio.

Y esa profecía tendrá todavía un cumplimiento más perfecto. Se llegará el día en que toda rodilla se hinque ante el Cordero que fue inmolado, y en que todo labio confiese, para gloria del Padre, que Él es el Señor. Aquel que fue levantado en la cruz se sentará en el trono de la gloria, y ante Él se congregarán todas las naciones. Amigos y enemigos, cada clase á su turno, tendrán que salir de sus sepulcros y aparecer ante el tribunal de Jesucristo. ¡Esforcémonos para que en ese día nos encontremos á su diestra!

NOTAS.   JUAN 12:37-33.

27. Ahora es turbada mi alma. Este notable versículo parece introducido de una manera abrupta. Sin embargo, no es difícil determinar la conexión que tiene con lo demás. Nuestro Señor acababa de hablar de su muerte expiatoria. La perspectiva de esa muerte lo hizo emitir las expresiones contenidas en este versículo, las cuales examinaremos en su orden.

Ahora es turbada mi alma. Esta expresión denota que nuestro Señor experimentó una fuerte agonía mental que lo agitó e hizo sufrir.

¿Y qué diré? Esta expresión nos deja conocer cuan intensa era la agonía que nuestro Señor sentía en aquellos momentos. Es como si hubiera dicho: "¿Que diré bajo el peso de esta angustia que me abate y que me oprime? Mi naturaleza humana obrando por sí sola me impele A decir una cosa- el conocimiento que tengo del objeto para el cual he venido al mundo me impele á decir oír. Y ¿Qué diré entonces?

Padre, sálveme de esta hora. Esa fue una petición para que el Padre lo salvara de la agonía y los sufrimientos de esa hora. Fue el grito de un ser humano que, aunque sin pecado, no era indiferente al sufrimiento é instintivamente quería evitarlo.   Si así no hubiera sucedido, la naturaleza de nuestro Señor no habría sido realmente humana.

Más por esto he venido á esta hora. En estas palabras nuestro Señor expresó su completa sumisión á la voluntad de su Padre en lo que le había pedido. He aquí el sentido: "Pero yo sé que por esta causa he venido al mundo y he vivido hasta esta hora, es decir, para sufrir como ahora sufro y para experimentar la agonía que ahora experimento. No rehúso libar el cáliz. Si es tu voluntad, estoy pronto á apurarlo. Lo único que deseo es manifestar mis sentimientos con entera sumisión á tu voluntad."

28. Padre, glorifica tu nombre. Según parece, nuestro Señor expresó estas palabras cuando terminaba su lucha y su agonía mental. Es como si hubiese dicho: "En tus manos lo encomiendo todo, ¡oh Padre! Haz lo que tú quieras. Glorifica en mí tu nombre y tus atributos. Haz lo que sea más propio para manifestar tu gloria al mundo. Si fuere mejor para tu gloria que yo sufra, estoy pronto á sufrir y á tomar sobre mí los pecados del mundo."

Se deja ver que este episodio fue una especie de sumario de la escena de Getsemaní. El paralelismo se nota á cada paso.

(1.) En Jerusalén nuestro Señor dijo: "Es turbada mi alma." De la misma manera en Getsemaní exclamó: "Mi alma está muy triste hasta la muerte." Mat. 26:38.

(2.) En la ciudad dijo: "Padre, sálvame de esta hora." Animismo rogó en el jardín: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa." Mat. 26:39.

(3.) Manifestó en la ciudad: "Por esto he venido á esta hora." En el jardín también dijo: "Si no puede esta copa pasar de mí sin que yo la beba, hágase tu voluntad."

(4.) Terminó el Señor la primera lucha diciendo: "Glorifica tu nombre." Cuando iba á sur aprendido dijo á Pedro: "La copa que mi Padre me ha dado, ¿no la tengo que beber?"

Menester es recordar que lo que nuestro Señor pidió al Padre al término de su agonía es lo más que nosotros podemos pedir á Dios. Lo más que el creyente, renovada como ha sido su voluntad, puede decir es: "Padre, glorifica en mi tu nombre. Haz de mí lo que tú quieras." La gloria de Dios es el gran fin para el cual todo fue creado. La esperanza que regocijaba á San Pablo, cuando estuvo preso en Roma era, según dijo á los Filipenses, que "fuera engrandecido Cristo en su cuerpo, ó por vida, ó por muerte." Filip. 1:20.

Ya lo he glorificado, y lo glorificaría otra vez. Estas solemnes palabras son susceptibles, como dice San Agustín, de dos interpretaciones.

(a) Pueden referirse sola y exclusivamente á nuestro Señor Jesucristo, en cuyo caso el sentido seria: "He glorificado mi nombre en tu encarnación, tus milagros, tus palabras, tus obras; y volveré á glorificarlo en tus sufrimientos por la humanidad, en tu muerte, tu resurrección, tu ascensión."

(b) Pueden referirse á las relaciones de Dios para con la creación entera, desde el principio del mundo. El sentido seria entonces: "He glorificado mi nombre bajo todos los regímenes-antes del diluvio, en los días de los patriarcas, en los días de Moisés, bajo el reinado de la ley, en el tiempo de los jueces y en la época de los reyes. Lo glorificaré una vez más al fin de este régimen, cumpliendo todo lo que había sido prefigurado y llevando á cabo la redención del hombre."

29. El pueblo, pues, etc. Es de suponerse que algunos de ellos estaban parados á alguna distancia y no escucharon con mucha atención, y que por lo tanto dijeron que tronaba. Otros que seguramente estaban cerca y pusieron mucha atención, dijeron que un ser invisible, un ángel, debió de haber hablado.

39. Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta -voz, etc. Nuestro Señor manifestó así á los judíos cual era el objeto de esa voz milagrosa. No era por su causa-para consolarlo y animarlo; sino por causa de ellos -para que les sirviese de señal y testimonio.

31. Ahora es el juicio de este mundo. Estas palabras son indisputablemente de difícil interpretación. La dificultad consiste principalmente en determinar el sentido de la palabra "juicio." Algunos, como Barnes, creen que el sentido es: "Esta es la crisis ó el tiempo más importante en la historia del mundo."Por nuestra parte, dudamos que la palabra griega tenga el significado de "crisis."

Nos parece que la palabra traducida "inicio" solo puede significar condenación, y que el sentido de las palabras citadas es como sigue: "Se ha llegado el tiempo en que por medio de mi muerte se pronunciará una sentencia condenatoria contra todo el orden de cosas que ha prevalecido en el mundo desde la creación. El mundo no quedará por más tiempo abandonado al diablo y al poder de las tinieblas. Voy á despojarlos del dominio por medio de mi obra redentora. Ha llegado la hora en que no se tolerará, más ese dominio. En esta misma semana por medio de mi crucifixión, los sistemas religiosos de la tierra recibirán una sentencia condenatoria.

Ahora el príncipe de este mundo será echado fuera No hay duda que " el príncipe de este mundo" significa Satanás. Hasta ese entonces, el mundo entero estaba en cierto sentido bajo su dominio. Cuando Jesucristo vino v murió por los pecadores el poder de Satanás recibió un golpe mortal.

Por supuesto que nuestro Señor no quiso decir que Satanás sería completamente arrojado de este mundo y no lo tentaría más. Solo quiso decir que seria echado fuera de gran parte de sus dominios, y que perdería mucho de ese poder y autoridad casi absoluta de que había gozado.

32. Y yo, si fuere levantado de la tierra, etc. Nuestro Señor se refirió, es claro, á su crucifixión. Es la misma expresión que usó cuando habló con Nicodemo. Véase Juan 3:15.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Incredulidad de los judíos

Juan 12.37-43

Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.

37  Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos,  no creían en él;

38  para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías,  que dijo:

 Señor,  ¿quién ha creído a nuestro anuncio?

 ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? (Is. 53.1)

39  Por esto no podían creer,  porque también dijo Isaías:

40  Cegó los ojos de ellos,  y endureció su corazón;  Para que no vean con los

 ojos,  y entiendan con el corazón,

 Y se conviertan y yo los sane. (Is. 6.10)

41  Isaías dijo esto cuando vio su gloria,  y habló acerca de él.

42  Con todo eso,  aun de los gobernantes,  muchos creyeron en él;  pero a causa de los fariseos no lo confesaban,  para no ser expulsados de la sinagoga.

43  Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

Juan 12.38 Is. 53.1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio?   ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?

Juan 12.40 Is. 6.10 Engruesa el corazón de este pueblo,  y agrava sus oídos,  y ciega sus ojos,  para que no vea con sus ojos,  ni oiga con sus oídos,  ni su corazón entienda,  ni se convierta,  y haya para él sanidad.

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 12.34-43

En estos versículos se nos inculca el deber de hacer diligente, uso de las oportunidades que se nos presenten de bien obrar. Nuestro Señor dijo: "Aún por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis la luz," etc. Y no vayamos á imaginarnos que esto fué escrito solo para provecho de los judíos. La lección que estas palabras enseñan es aplicable á toda la iglesia de Cristo. El tiempo en el cual los creyentes pueden hacer bien en el mundo es corto y limitado. El trono de la gracia no permanecerá para siempre: algún día será quitado y el trono del juicio será puesto en su lugar. La puerta de la salvación por la fe en Cristo no estará siempre abierta: algún día se cerrará para siempre y el número de los electos de Dios estará completo. La fuente del pecado y de la inmundicia no será siempre accesible: algún día será obstruido el camino que á ella conduce, y no quedará otra cosa que el lago de fuego y de azufre.

Estos pensamientos son solemnes pero ciertos. Apelan al sentimiento religioso de cristianos indiferentes y congregaciones soñolientas, y debieran promover un profundo examen de conciencia. "¿No pueden emplearse medios más eficaces para difundir el Evangelio en el interior y en el exterior? ¿Se han experimentado todos los medios para propagar el conocimiento de Cristo crucificado? Con las manos en nuestros corazones ¿podemos decir que las iglesias no han omitido ningún esfuerzo en materia de misiones?" Esas preguntas deben hacernos ruborizar cuando contemplamos por una parte el estado de la cristiandad, y por otra el estado del mundo pagano.

Pero la lección de que tratamos tiene referencia especial a nosotros como individuos. El tiempo de que podemos disponer para adquirir lo bueno es muy limitado: cuidemos de usarlo diligentemente. Caminemos en tanto que tengamos la luz. ¿Poseemos Biblia? No olvidemos leerla. ¿Se nos predica el evangelio? No nos detengamos por más tiempo vacilando entre dos opiniones más creamos para que nuestras almas sean salvas. ¿Tenemos libres los domingos? No los gastemos en el ocio, la holgazanería y la indiferencia, más dediquémoslos de todo corazón a ocupaciones sagradas y saquemos de ellos todo el provecho espiritual que podamos. La claridad nos circunda por todas partes. Resolvámonos a caminar en la luz en tanto que la poseamos, no sea que más tarde seamos arrojados en las tinieblas exteriores por toda una eternidad. Cierto es lo que dijo un antiguo teólogo, que el recuerdo de oportunidades perdidas formará la esencia misma del infierno.

En estos versículos se nos enseña, en segundo lugar, cuán grande es el endurecimiento del corazón humano. Se nos dice de los oyentes de nuestro Señor que aunque había hecho tantos milagros todavía no creían en Él.

Incurren en un grave error los que suponen que el presenciar hechos portentosos convierte las almas, y que si viesen alguna manifestación sobrenatural de la gracia divina harían a un lado toda duda, y profesarían inmediatamente el Cristianismo de una manera decidida. Solo un corazón nuevo y una nueva naturaleza inoculada en nuestro ser por el Espíritu Santo, pueden hacernos verdaderos discípulos de Jesucristo.

Ni debemos sorprendernos de que la indiferencia y la incredulidad prevalezcan en tanto grado. Esa es solo una de tantas pruebas de una doctrina fundamental: la de la corrupción total y el estado caído del hombre. Que nos quejamos del escepticismo de nuestros semejantes es prueba de que no acogemos esa doctrina como debiéramos. Apenas creemos de una manera vaga que el corazón humano es engañoso. Leamos la Biblia con más atención y escudriñemos su contenido con más cuidado. Aún cuando Cristo mismo predicó la religión y obró milagros, hubo centenares de los que lo oyeron que permanecieron totalmente indiferentes. ¿Por qué pues admirarnos de que los que hoy oyen sermones permanezcan indiferentes? "El discípulo no es mayor que su maestro."

En estos versículos se nos enseña, en tercer lugar, cuán asombroso es el influjo que el amor del mundo ejerce sobre los hombres. Se nos dice que aún muchos de los príncipes creyeron en Él; pero que a causa de los fariseos no le confesaron, por no ser echados de la sinagoga. "Porque amaban más la gloria (que se recibe) de los hombres que la gloria (que se recibe) de Dios."

Esos hombres desgraciados estaban convencidos, evidentemente, de que Jesús era el verdadero Mesías. La razón, la inteligencia, la conciencia los obligaba a convenir secretamente en que ninguno podía hacer los milagros que Él hacía a menos de que Dios estuviese de su parte, y que el predicador de Nazaret era realmente el Ungido de Dios. Más no tenían valor para confesarlo. No se atrevían a afrontar el torbellino del ridículo, si no de persecución, que esa confesión les acarrearía. Y así, a manera de cobardes, se mantuvieron en la inacción y no comunicaron a otros sus convicciones.

Y esa cobardía moral, doloroso es decirlo, está harto generalizada. Hay millares de personas que, en materias de religión, no obran según sus convicciones. Saben que deben presentarse ante el mundo como cristianos decididos; saben que su conducta no se ajusta a los privilegios de que gozan. Más el temor al hombre los hace retroceder; y así siguen de año en año descontentos en secreto consigo mismos, sabiendo demasiado en materias religiosas para vivir felices en medio de los goces efímeros del mundo, y aferrándose demasiado al mundo para sentir placer en la práctica de la religión.

El remedio para estos males espirituales es la fe. La creencia en un Dios, en un Cristo, en un cielo, en un juicio que no hemos visto, en un medio eficaz de vencer la timidez. Se necesita de la virtud desalojante, expulsiva, de un nuevo principio para sanar la enfermedad. "Y esta es la victoria que vence al mundo, es a saber, nuestra fe." 1 Juan 5.4

NOTAS JUAN 12.34-43

34. Le respondió la gente, etc. Los judíos fingían no poder conciliar lo que nuestro Señor decía de ser levantado, con las profecías del Antiguo Testamento que decían que el Mesías sería eterno. Según parece, si comprendieren que el ser levantado se refería a la crucifixión, y que nuestro Señor, o el Hijo del hombre, se titulaba a sí mismo el Cristo. Lo que no cabía en su mente era que al eterno Mesías se le diese muerte.

Ley en este versículo significaba, sin duda, todo el Antiguo Testamento.

Es digno de notarse que los judíos acusaron a nuestro Señor de haber dicho que el Hijo del hombre había de ser levantado; y sin embargo, lo que nuestro Señor acaba de decir era: "Y yo, si fuere levantado," etc. También es digno de observarse que nuestro Señor no hizo uso de esa expresión en ningún otro lugar, exceptuando su conversación con Nicodemo, en Juan 3.14. Tenemos por tanto que suponer que los judíos se refirieron a dicha conversación (lo cual es muy improbable); o que nuestro Señor hizo uso tan frecuente de la expresión citada que los judíos ya la sabían de memoria.

El título de Hijo del hombre, aplicado al Mesías, se encuentra por primera vez en Dan. 7.13. es bien seguro que los judíos habían entendido el pasaje y se acordaban de él.

35. Entonces Jesús les dijo: aún por poco. etc. Es digno de notarse que nuestro Señor no contestó directamente la pregunta de los judíos, sino les avisó del peligro en que se encontraban al dejar pasar el día de gracia sin aprovecharse de él. Con la palabra "luz" se refirió a si mismo. Es como si hubiese dicho. "Yo, la Luz del mundo, no permaneceré con vosotros sino corto tiempo más. Mis días se acercan a su término. Pronto se podrá el sol." Véase Jer. 13.15

Andad entre tanto que tenéis la luz. Con esta exhortación somete nuestro Señor excitó a los judíos que hiciesen por la seguridad de su alma, lo que un viajero prudente haría por la seguridad de su cuerpo.

Porque el que anda en tinieblas no sabe done va. Esta es una figura tomada de las costumbres de los viajeros. El que emprende un viaje difícil en una noche oscura no puede ver por donde anda, pasa muchos trabajos y tal vez hasta pierde la vida. Este fue exactamente lo que les sucedió a los judíos después que nuestro Señor dejó este mundo.

36. Entre tanto que tenéis luz. Se habría traducido mejor esta cláusula, "Entre tanto que tenéis LA LUZ." Es decir, "Entre tanto que me tenéis a mi."

Estas cosas habló Jesús, y se fue, etc. No sabemos en que día de la última semana pronunció nuestro Señor las palabras que hemos venido considerando. La cláusula que acabamos de citar parece marcar una pausa, y no es de suponerse que el corto discurso que empieza en el versículo cuarenta y cuatro y termina con el capítulo, fuera pronunciado en el mismo día.

37. Tantos milagros. Se trasluce de estas palabras que los milagros que San Juan refiere no fueron todos los que nuestro Señor hizo en Jerusalén o sus alrededores. Además de la purificación del templo, San Juan solo refiere tres: la curación del inválido, la del ciego y la resurrección de Lázaro. Juan 5, 9,11. Sin embargo, Juan hace especial mención de milagros (tanto en este lugar como en cap. 2.23), y los fariseos dijeron: "Este hombre hace muchos milagros."

38. Para que se cumpliese el dicho, etc. No vayamos a suponer que se quiso dar a entender que los judíos no creyeron a fin de que se cumpliese la profecía de Isaías. Eso sería enseñar sin máscara el fatalismo y anonadar la responsabilidad del hombre. El verdadero significado es: "De manera que por esta incredulidad se cumplió, etc."

Señor, ¿quién ha creído a nuestro dicho? Con esta pregunta empieza el capítulo cincuenta y tres de Isaías de celebridad profética. Es ciertamente un hecho singular que el capítulo que con más obstinación se han empeñado los judíos en descreer, empiece con esta pregunta. "¿Y el brazo del Señor, a quien ha sido revelado?" San agustín cree que la expresión "brazo del Señor" denota a Jesucristo mismo. Si así no fuere, el sentido debe ser como sigue: "¿A quien ha sido revelado el poder del Señor por el cual envió al mundo un Redentor y un sacrificio por los pecados del hombre?"

39 Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías. Es difícil explicar este versículo. No es posible que signifique que los judíos no estaban en aptitud de creer aunque estaban muy deseosos de hacerlo, y que la profecía de Isaías había servido de impedimento. ¿Qué significa entonces? Presentamos la siguiente paráfrasis: "Este fue el motivo por el cual no podían creer: que estaban en el estado de ceguedad y endurecimiento descrito por el profeta Isaías. Fueron abandonados a esta situación por causa de sus muchos pecados, y por eso no podían creer."

Agustín dice: "Si se me preguntase por que no podían creer, contestaré brevemente que porque no querían."

40. Cegó los ojos de ellos, etc. Esta cita es una paráfrasis de la idea general contenida en Isaías 6.9, 10. Esta Creemos que solo puede tener un significado, es a saber: que Dios había abandonado a los judíos a una ceguedad espiritual, en castigo por haber desoído sus amonestaciones.

Este es asunto muy delicado. A primera vista parece como si se considerarse así a Dios como autor de la destrucción del hombre. Pero si reflexionamos por un momento, percibiremos que Dios es soberano en la designación de las penas y puede castigar de la manera que esté de acuerdo con su voluntad.

La solución de la dificultad depende de la respuesta que demos a esta pregunta: "¿Es Dios justo en castigar al pecador?" El que lea escrupulosamente la Biblia no vacilará en contestar en la afirmativa. Y una vez que se conceda que Dios es justo en castigar a los impíos, el problema queda resuelto, pues Él puede castigar al hombre tan eficazmente de un modo como de otro.

41. Estas cosas dijo Isaías, etc. Para comprender todo el significado de este versículo es preciso leer todo el capítulo sexto de Isaías.

42. Por no ser echados de la sinagoga. Lo que temían eran ser excomulgados. No podemos nosotros formarnos siquiera una idea aproximada del horror que los judíos tenían a la expulsión de la iglesia. No teniendo conocimiento de ninguna otra iglesia en el mundo, les parecía que ser arrojados de su iglesia equivalía a ser arrojados del cielo.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Las palabras de Jesús juzgarán a los hombres

Juan 12.44-50

44  Jesús clamó y dijo:  El que cree en mí,  no cree en mí,  sino en el que me envió;

45  y el que me ve,  ve al que me envió.

46  Yo,  la luz,  he venido al mundo,  para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.

47  Al que oye mis palabras,  y no las guarda,  yo no le juzgo;  porque no he venido a juzgar al mundo,  sino a salvar al mundo.

48  El que me rechaza,  y no recibe mis palabras,  tiene quien le juzgue;  la palabra que he hablado,  ella le juzgará en el día postrero.

49  Porque yo no he hablado por mi propia cuenta;  el Padre que me envió,  él me dio mandamiento de lo que he de decir,  y de lo que he de hablar.

50  Y sé que su mandamiento es vida eterna.  Así pues,  lo que yo hablo,  lo hablo como el Padre me lo ha dicho.

   

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 12.44-50

En estos versículos se nos da primeramente una idea de la majestad de nuestro Señor Jesucristo. "El que me ve, ve al que me envió; yo la luz he venido al mundo, " etc. Estas palabras tratan de la unidad de Cristo con el Padre, y del oficio del Redentor.

Relativamente al primero de estos temas, debemos contentarnos con creer reverentemente lo que no alcanzamos a abarcar con nuestro entendimiento o a explicarnos con claridad. Bástenos saber que el Salvador no era como los profetas o los patriarcas, un mero hombre enviado de Dios Padre. El era algo más grande y encumbrado: en cuanto a su naturaleza divina era esencialmente uno con el Padre; y al verlo a Él se veía al Padre que lo envió. Este es, a la verdad, un profundo misterio; pero la verdad que encierra es de grande importancia para nuestras almas. El que, por medio de la fe, se encomienda a Cristo, edifica sobre una roca; puesto que creer en Cristo es creer en Aquel lo envió.

En cuanto a su oficia, no hay duda que en las palabras citadas Jesús se comparó al sol. Como el sol, ha salido en este mundo oscurecido por el pecado y resplandece para bien de todo el género humano. Como el so, Él es la fuente y centro de la vida, del consuelo y de la abundancia. Como el sol, ilumina toda la tierra y nadie puede errar en el camino del cielo si hace uso de la luz que Él lo suministra.

Que sea, pues, Cristo la figura central de nuestras meditaciones religiosas. Si tornamos a Él los ojos, la luz penetrará en nuestro entendimiento entenebrecido, iluminará la senda de nuestra vida y reanimará en fin nuestros corazones de tal manera, que en el día de la desgracia no nos abatirá ya el dolor.

En estos versículos se nos da á conocer la indefectibilidad del juicio venidero. Nuestro Señor dijo: "El que me desecha y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero."

Hay un juicio venidero. En este mundo los hombres tienen días señalados para arreglar sus cuentas; Dios también tendrá el Suyo. La trompeta sonará; los muertos resucitarán revestidos de incorruptibilidad; todos los mortales, cualesquiera que sean sus nombres, sus razas, sus idiomas, comparecerán ante el supremo tribunal; los libros serán abiertos y las pruebas serán presentadas; el mundo conocerá cuál es nuestro verdadero carácter; allí el disimulo, la evasión, el engaño no servirán de nada; cada uno dará cuenta de sí ante Dios, y será juzgado de acuerdo con sus obras; los malos serán arrojados al fuego eterno, y los justos irán á disfrutar de la gloria perdurable.

Estas son verdades terribles; pero son verdades, y es menester enunciarlas. ¡Qué mucho que el gobernador Félix temblara cuando el prisionero Pablo hablaba de la justicia, la templanza y el juicio venidero! Actos 24: 25. Empero, el que cree en nuestro Señor Jesucristo no tiene por qué temer. Para él, á lo menos, no hay condenación, y el juicio final no debe arredrarlo. El curso general de su vida hablará á su favor, en tanto que sus deslices no lo condenarán. El que rechaza á Jesucristo y desoye su exhortación ni arrepentimiento-ese es el hombre que debe abatirse y llenarse do temor el día del juicio.

Que la idea del juicio venidero ejerza un influjo poderoso en nuestras convicciones religiosas y en nuestra conducta. Juzguémonos todos los días con escrupulosidad, para que no seamos juzgados y condenados por el Señor. Obremos y hablemos como los que esperan ser juzgados por la ley de la libertad. Sometamos á cada hora nuestra conducta al tribunal de nuestra conciencia, y no olvidemos jamás que por toda palabra ociosa tendremos que dar cuenta en el último día. En una palabra, demostremos por medio de nuestras vidas que sí creemos en el juicio, en el cielo y en el infierno. Si así lo hiciéremos, seremos en realidad cristianos y tendremos valor cuando el Hijo de Dios aparezca otra vez.

Que la expectativa del día del juicio sea, pues, la apología del cristiano cuando se le ridiculice como rígido, estricto, escrupuloso en materias religiosas.

NOTAS.   JUAN 12:44-50.

44. Jesús clamó y dijo. No es fácil comprender de qué manera está enlazado el discurso que empieza en este versículo con el contenido del versículo anterior.

Algunos creen que dicho discurso es una continuación del que termina en el versículo treinta y seis; y que las palabras de San Juan en los vers. 37-43 deben ser consideradas como una digresión. Esta suposición es extraña, puesto que en el vers. 36 se nos dice: "Estas cosas habló Jesús, y se fue, y se escondió de ellos."

Otros, con más razón, opinan que el discurso de que nos ocupamos es distinto, y fue pronunciado en un día diferente.

El que cree en mi, no cree en mí, etc. Por supuesto que estas palabras no deben entenderse literalmente. Son un modismo, bastante común en el Nuevo Testamento, por el cual nuestro Señor enseñó que los que creyeran en Él no creerían en Él solamente, sino también en el Padre.

45 Y el que me ve, ve al que me envió. No quiere decir que el que vio á Jesucristo con los ojos, vio al mismo tiempo y de la misma manera la primera persona de la Trinidad- La Escritura nos enseña claramente que eso es imposible. "A Dios ninguno de los hombres vio jamás ni puede ver." 1 Tim. 6:16. En nuestro concepto lo que nuestro Señor quiso decir fue esto: "El que me ve, no ve solamente á un hombre ordinario como los profetas ó Juan el Bautista. Al verme contempla un Ser que está unido al Padre, y que es "el resplandor de su gloria y la imagen expresa de su sustancia." Heb. 1:3.

47. Y no le juzgo- Es decir " yo no le juzgo al presente." Si le diéramos a la frase un significado absoluto, la haríamos contradecir otros pasajes en que se dice que Jesucristo será el Juez de todo y de todos en el último día.

Porque no he venido A juzgar al mundo, sino á salvar al mundo. Estas palabras son una explanación de las anteriores. Con ellas el Salvador seguramente tuvo en mira disipar la impresión que tenían los Judíos de que el Mesías había de venir solo á juzgar y á poner en juego la venganza, castigando á sus adversarios.

Nuestro Señor vino al mundo no á ser juez, sino Salvador; no á imponer castigos, sino á conceder misericordia. Vino á proveer salvación al mundo, y cualquiera hombre puede ser salvo. Más solo se salvan los que creen.

48. La palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Nuestro Señor manifestó así que las verdades que había predicado á los judíos durante su permanencia en la tierra acusarían y condenarían en el último día á los que no creyesen.

49. Porque yo no he hablado de mi mismo. Es decir, porque yo no he hablado con prescindencia del Padre, sino de consuno con él. De mi mismo no quiere decir relativamente á mí mismo, sino por mi mismo.

50.  Y sé que su mandamiento es vida eterna.    Véase Juan 5:68; 6:63.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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