El Santo Evangelio según
San Juan

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Referencias

La bodas de Caná

Juan 2.1-12

1  Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea;  y estaba allí la madre de Jesús.

2  Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.

3  Y faltando el vino,  la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.

4  Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo,  mujer?  Aún no ha venido mi hora.

5  Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. (Gn 41.55)

6  Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua,  conforme al rito de la purificación de los judíos,  en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.

7  Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua.  Y las llenaron hasta arriba.

8  Entonces les dijo: Sacad ahora,  y llevadlo al maestresala.  Y se lo llevaron.

9  Cuando el maestresala probó el agua hecha vino,  sin saber él de dónde era,  aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua,  llamó al esposo,

10  y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino,  y cuando ya han bebido mucho,  entonces el inferior;  más tú has reservado el buen vino hasta ahora.

11  Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea,  y manifestó su gloria;  y sus discípulos creyeron en él.

12  Después de esto descendieron a Capernaúm, (Mt. 4.13) él,  su madre,  sus hermanos y sus discípulos;  y estuvieron allí no muchos días.

Juan 2.5 Gn 41.55 Cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto,  el pueblo clamó a Faraón por pan.  Y dijo Faraón a todos los egipcios: Id a José,  y haced lo que él os dijere.

Juan 2.12 Mt. 4.13 y dejando a Nazaret,  vino y habitó en Capernaúm,  ciudad marítima,  en la región de Zabulón y de Neftalí,

Comentarios de J.C. Ryle

Juan 2.1-11

En estos versículos se describe un milagro que siempre debiera ser de importancia especial para todo verdadero cristiano; fue el primero que Jesús obró cuando estuvo en la tierra. Como todos los que S. Juan registró, se encuentra referido como minuciosidad; y contiene muchas y muy importantes lecciones espirituales.

Nos enseña, primeramente, cuan honroso es a los ojos de Cristo el estado conyugal. Casi el primer acto de Jesús, después de aparecer en público, fue concurrir a unas bodas.

El matrimonio no es un sacramento, como lo afirma la iglesia de Roma. Es simplemente un estado ordenado por Dios para beneficio del hombre. Empero no debemos tratar de él con ligereza o considerarlo con menosprecio, habiendo sido instituido, como lo fue, cuando el hombre era inocente, y significando, como significa, la unión mística de Cristo y la iglesia.

Allí donde se tiene un poco de vínculo conyugal, la sociedad se desmoraliza y la causa de la religión pierde terreno. Los que desprecian el matrimonio no tienen el espíritu de Jesucristo. Aquel que enalteció el matrimonio y lo sancionó y honró con su presencia, cuando obró su primer milagro, no cambia jamás de parecer. "Honorable," dice el Espíritu Santo por conducto de S. Pablo, "es en todo el matrimonio." Heb. 13.4

Sin embargo, relativamente a este punto hay una verdad que no debe perderse de vista. El matrimonio es un acto que afecta tan seriamente la felicidad temporal y espiritual de dos almas inmortales, que es preciso no realizarlo atropellada, ligera o caprichosamente y sin debida deliberación. Para que conduzca a la verdadera felicidad es necesario ejercerlo reverente, discreta, acertadamente, y en el temor del Señor. La presencia y la bendición de Cristo son indispensables para la felicidad de un enlace.

 En estos versículos se nos enseña, además, que hay épocas en que es lícito divertirse y regocijarse. Nuestro Señor mismo sancionó con su presencia una fiesta nupcial. No rehusó ser contado en el número de los convidados que concurrieron a Caná de Galilea.

La verdadera religión no debe jamás dar origen a la melancolía. Por el contrario ha de tender a fomentar la felicidad y la alegría en el seno de la familia humana. El cristiano que se aísla completamente de la sociedad de sus semejantes, y pone siempre una cara tan triste como si estuviera concurriendo a un funeral, perjudica la causa del Evangelio. El contento y la afabilidad son cualidades que honran al creyente. Ser jovial y estar dispuesto a tomar parte en toda diversión inocente, son prendas de una valor inestimable, pues contribuyen en mucho a vencer las preocupaciones, a allanar obstáculos y a prepara el camino para presentar a Cristo y el Evangelio.

Este asunto es, sin duda, delicado de suyo, pues no es fácil trazar la línea divisoria de lo que es lícito y de lo que no lo es, de lo que es bueno y lo que es malo. Difícil a la verdad es ser alegre y prudente al mismo tiempo. El bueno humor degenera a menudo en ligereza, y la frecuente concurrencia a banquetes, festines y tertulias debilita la fuerza espiritual. Sobre este particular, más que sobre ningún otro, los discípulos de Jesucristo tienen que estar alerta para no caer en tentación. Cada uno debe examinar hasta que punto alcanzan sus propias fuerzas y obrar en armonía con sus facultades. Un creyente puede concurrir sin riesgo alguno donde otro estaría expuesto a extraviarse. ¡Dichoso el que puede hacer uso de la libertad sin abusar! Puede, es cierto, establecerse una regla que nos evitará muchas desazones: cuidemos, al concurrir a cualquiera convite, de ir animados del mismo espíritu que animó a nuestro Maestro en iguales circunstancias, y guardémonos de asistir a un lugar a donde Él no hubiera consentido asistir.

En estos versículos se deja comprender, por último, el poder infinito de Jesucristo. Ese poder fue manifestado en el milagro de convertir el agua en vino para festejar a los convidados.

La manera como el milagro fue ejecutado merece particular atención. No hubo acto o signo externo que lo precediera o acompañara. Jesús no tocó las vasijas que contenían el agua. Ni tampoco, según lo refiere el evangelista, mandó el agua que cambiase sus calidades u oró a su Padre celestial. Solamente quiso y fue hecho. La Biblia no nos enseña que ningún profeta o apóstol obrase milagros de este modo.

Dichosos los que, como los discípulos, creen en Aquel que hizo ese milagro. Algún día habrá una fiesta nupcial más espléndida que la de Caná en la que el Redentor mismo será el esposo, y el conjunto de creyentes la esposa. Bienaventurados serán en ese día los que fueren llamados a la cena de las bodas del Cordero. Hechos 19.9

NOTAS. JUAN 2.1-11

1. y AL TERCER DÍA. ¿Qué día era este? Era probablemente el tercer día contado desde aquel en que Natanel fue presentado a Jesús.

Unas bodas en Caná. En otro pasaje se nos dice que Natanael habitaba en Caná. Juan 21.2 Es muy verosímil que, después de hacerse discípulo, Natanael invitase a nuestro ser a que fuese al lugar de su residencia.

Y estaba allí la madre de Jesús. Preciso es suponer que María tenía relaciones de parentesco con la novia o con el novio. De otra manera no se puede explicar que hablase a los criados como si fuese persona de la casa.

Como no se hace mención de José ni en este lugar ni en otros en que se hace alusión a María, muchos comentadores han supuesto que José había ya muerto cuando nuestro Señor empezó su vida pública. Nada puede decirse de cierto sobre este punto; pero si es digno de notarse que en un capítulo posterior se nos cuenta que los judíos de Capernaúm dijeron que Jesús era hijo de José y que conocían tanto a éste como a su mujer.

2. Y fue también llamado Jesús y sus discípulos, etc. Nuestro Señor fuera invitado sin duda en su carácter de hijo de María y los discípulos como compañeros suyos. No es de suponerse que en aquella época se le reconociese ya como Maestro de una nueva religión.

A las bodas. No se sabe quienes fueron los novios. Los escritores romanistas refieren una leyenda según la cual el novio era Juan, que después abandonó esposa y hogar para seguir a Jesús. Nada hay en las Escrituras que pueda aducirse en apoyo de este cuento inverosímil.

Ni tiene valor alguno de argumento de los mismos escritores, a saber: que Jesucristo por medio de su presencia convirtió el matrimonio en sacramento. Por la misma razón pudieran decir que los entierros son sacramentos, porque a ellos también concurrió nuestro Señor. Además, todo sacramento tiene que ser instituido por medio de palabras especiales. ¿Se encuentran esas palabras en la narración de que venimos tratando?

3. Y fallando el vino. Acaso los novios eran pobres y de humilde condición, como lo eran, por lo general, los conocidos de Jesús y María.

La madre de Jesús le dijo: No tiene vino. Muchas y diversas son las interpretaciones que se dan a esta expresión. Lo más probable, sin embargo, es que María supiese que nuestro Señor podría suplir la falta de vino de algún modo. Cierto es que no hay motivo alguno para suponer que Jesús hubiera hecho antes algún milagro. Pero, por otra parte, debemos tener presente que María no pudo haber olvidado su nacimiento milagroso y las palabras que Gabriel había dicho acerca de Él.

Del hecho arriba citado los romanistas deducen, a favor de la intercesión de María, un argumento que es bien débil en verdad. Por una parte, de que en la tierra se atiendan las peticiones de los santos que viven, no se sigue que las súplicas de los que hayan muerto sean eficaces en el cielo. Por otra parte, por mucho que haya de lamentarse, es un hecho que esa súplica, que fue la única que María hizo al Señor, dio lugar a que Él la censurase.

4. Y le dice Jesús: ¿Qué tengo yo. mujer.? Como es de suponerse, este versículo ha ocupado mucho la atención de los comentadores. Al interpretarlo es preciso evitar los extremos. No debemos acentuar demasiado la palabra "mujer." Es un error suponer que nuestro Señor la usó como término de reproche, o de una manera que indicase falta de veneración o de respecto. Véase Juan 19.26. Más tampoco se puede negar que las palabras citadas, tomadas en conjunto, expresan una especie de censura. Quizá en esta ocasión, como en otras, el deseo de que su hijo diese a conocer su poder, hizo extraviar a María. Nuestro Señor quiso darle a entender que, desde aquella época en adelante, era preciso que lo dejara obrar cuando y como quisiese. El período de tutelaje había terminado, y ya había dado principio a su gran misión.

Aún no ha venido mi hora. Es decir la "hora" o "tiempo" de hacer un milagro.

5. Su madre dice: Haced, et. Hay en este versículo dos cosas dignas de notarse. La primera es la mansedumbre con que María se sometió a la suave censura que le dirigió nuestro Señor. La otra es la fe firme que manifestó en que Jesús tenía poder para obrar un milagro a fin de suplir la falta de vino.

8. Y les dice: Sacad ahora. Fue, sin duda, en ese momento que tuvo lugar el milagro.

10. Cuando ya están hartos. "Hartos" en este lugar no quiere decir necesariamente "beodos" sino satisfecho.

Has guardado el buen vino hasta ahora. El mundo da lo mejor primero y lo peor después. Cuanto más tiempo vivamos de conformidad con el mundo tanto más engañosos, insípidos y mezquinos nos parecerán sus dones. Jesucristo, por el contrario, concede lo mejor a lo último. Sus siervos tienen que sufrir y luchar primero, mas después obtienen descanso y Gloria.

11. este principio de milagros, etc. Es claro que estas palabras significan que este fue el primer milagro que obró Jesús. La Escritura no contiene nada acerca de los milagros que se dice hizo en su infancia.

Manifestó su Gloria. Jesús reveló por medio de este milagro su poder como Dios y su misión como Mesías.

Y sus discípulos creyeron en él. Esto no quiere decir, por supuesto, que Andrés, y Juan y Pedro y Felipe y Natanael creyeron entonces en Jesús pro primera vez, sino que desde ahora en adelante creyeron con mayor confianza, de una manera más explícita, mas decidida.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús purifica el templo

Juan 2.13-25

13  Estaba cerca la pascua (Ex. 12.1-27)

 de los judíos;  y subió Jesús a Jerusalén,

14  y halló en el templo a los que vendían bueyes,  ovejas y palomas,  y a los cambistas allí sentados.

15  Y haciendo un azote de cuerdas,  echó fuera del templo a todos,  y las ovejas y los bueyes;  y esparció las monedas de los cambistas,  y volcó las mesas;

16  y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto,  y no hagáis de la casa de mí Padre casa de mercado.

17  Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume. (Sal. 69.9)

18  Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras,  ya que haces esto?

19  Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo,  y en tres días lo levantaré. (Mt. 26.61; 27.40; Mr. 14.58; 15.29)

20  Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo,  ¿y tú en tres días lo levantarás?

21  Más él hablaba del templo de su cuerpo.

22  Por tanto,  cuando resucitó de entre los muertos,  sus discípulos se acordaron que había dicho esto;  y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.

23  Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua,  muchos creyeron en su nombre,  viendo las señales que hacía.

24  Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos,  porque conocía a todos,

25  y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre,  pues él sabía lo que había en el hombre.

Jesús purifica el templo

Juan 2.13-25 Mt. 21.12-13; Mr. 11.15-18; Lc. 19.45-46

Mt. 21.12-13 12  Y entró Jesús en el templo de Dios,  y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo,  y volcó las mesas de los cambistas,  y las sillas de los que vendían palomas; 13  y les dijo: Escrito está: Mi casa,  casa de oración será llamada;  mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

Mr. 11.15-18 15  Vinieron,  pues,  a Jerusalén;  y entrando Jesús en el templo,  comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo;  y volcó las mesas de los cambistas,  y las sillas de los que vendían palomas;

16  y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno.

17  Y les enseñaba,  diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

18  Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes,  y buscaban cómo matarle;  porque le tenían miedo,  por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.

Lc. 19.45-46 45  Y entrando en el templo,  comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él, 46  diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración;  mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

Juan 2.13 Ex. 12.1-27 1  Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto,  diciendo: 2  Este mes os será principio de los meses;  para vosotros será éste el primero en los meses del año. 3  Hablad a toda la congregación de Israel,  diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres,  un cordero por familia.   Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero,  entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas;  conforme al comer de cada hombre,  haréis la cuenta sobre el cordero. 5  El animal será sin defecto,  macho de un año;  lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. 6  Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes,  y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7  Y tomarán de la sangre,  y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. 8  Y aquella noche comerán la carne asada al fuego,  y panes sin levadura;  con hierbas amargas lo comerán. 9  Ninguna cosa comeréis de él cruda,  ni cocida en agua,  sino asada al fuego;  su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10  Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana;  y lo que quedare hasta la mañana,  lo quemaréis en el fuego.  11  Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos,  vuestro calzado en vuestros pies,  y vuestro bordón en vuestra mano;  y lo comeréis apresuradamente;  es la Pascua de Jehová. 12  Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto,  y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto,  así de los hombres como de las bestias;  y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto.  Yo Jehová. 13  Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis;  y veré la sangre y pasaré de vosotros,  y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. 14  Y este día os será en memoria,  y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones;  por estatuto perpetuo lo celebraréis. 15  Siete días comeréis panes sin levadura;  y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas;  porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo,  será cortado de Israel. 16  El primer día habrá santa convocación,  y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación;  ninguna obra se hará en ellos,  excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. 17  Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura,  porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto;  por tanto,  guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18  En el mes primero comeréis los panes sin levadura,  desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. 19  Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas;  porque cualquiera que comiere leudado,  así extranjero como natural del país,  será cortado de la congregación de Israel. 20  Ninguna cosa leudada comeréis;  en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura. 21  Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel,  y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias,  y sacrificad la pascua. 22  Y tomad un manojo de hisopo,  y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo,  y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo;  y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. 23  Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios;  y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes,  pasará Jehová aquella puerta,  y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. 24  Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25  Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará,  como prometió,  guardaréis este rito. 26  Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27  vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová,  el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto,  cuando hirió a los egipcios,  y libró nuestras casas.  Entonces el pueblo se inclinó y adoró.

Juan 2.17 Sal. 69.9 Porque me consumió el celo de tu casa;

 Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí.

Juan 2.19 Mt. 26.61; 27.40; Mr. 14.58; 15.29

Mt. 26.61 que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios,  y en tres días reedificarlo.

Mt. 27.40 y diciendo: Tú que derribas el templo,  y en tres días lo reedificas,  sálvate a ti mismo;  si eres Hijo de Dios,  desciende de la cruz.

Mr. 14.58 Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano,  y en tres días edificaré otro hecho sin mano.

Mr. 15.29 Y los que pasaban le injuriaban,  meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah!  tú que derribas el templo de Dios,  y en tres días lo reedificas,

Comentarios de J.C. Ryle

Juan 2.12-25

En estos versículos el evangelista narra el segundo milagro que hizo nuestro Señor.

Es de advertirse en este pasaje, en primer lugar, cuanto reprueba Jesucristo toda conducta irreverente en el recinto de la casa de Dios.

Durante el tiempo que vivió sobre la tierra jamás obró de una manera tan enérgica y manifestó tanta indignación como en la ocasión de que tratamos. Nótese que en el corto período de tres años descubrió la misma profanación dos veces -la primera al principio, la segunda al fin de su ministerio. Dos veces, pues, expresó su indignación en los términos más enérgicos. El suceso fue repetido a fin de imprimir más fuertemente en nuestra mente la lección que de él se desprende.

Este pasaje debe despertar muchos remordimientos de conciencia. ¿No hay acaso hombres que aunque se llaman cristianos, se conducen todos los domingos de una manera tan indigna como los judíos? ¿No hay acaso hombres que en la casa de Dios no piensan en otra cosa que en su dinero, sus tierras, sus ganados y todos sus negocios? ¿No hay acaso hombres que "caen en todo mal en medio de la compañía y de la congregación"? Prov. 5.14. La iglesia y las capillas cristinas son indudablemente muy distintas de un templo judaico. No están construidas de acuerdo con un modelo recibido de Dios; no tienen altares ni lugares santos; sus paramentos no son simbólicos. Mas son lugares donde se lee la Palabra de Dios y donde Jesucristo está presente de una manera especial. Quienquiera que desee rendir en ellos culto a Dios debe conducirse con comedimiento y con reverencia.

Este pasaje deja comprender, en segundo lugar, como se pueden recordar las verdades de la religión largo tiempo después de haber sido enunciadas; y como a la larga, se puede percibir en ellas un significado que al principio estaba oculto.

Nuestro Señor dijo a los judíos: "Destruid este templo y en tres días yo lo levantaré." El aludía al templo de su cuerpo, más sus discípulos no le comprendieron entonces. No fue sino dos o tres años después, cuando hubo resucitado de entre los muertos, que el significado de estas palabras vino, de repente, a iluminar su mente. Por dos años fueron confusas y para ellos sin sentido: por dos años permanecieron en su memoria como la semilla encerrada en una urna, sin producir fruto. Pero al fin de ese período las tinieblas desaparecieron, y fueron confirmados en la fe.

Y lo mismo que aconteció en aquel tiempo a los discípulos sucede el día de hoy. No son arrojados al viento los sermones que se predican en las iglesias, aunque los oyentes no parezcan prestar atención; la instrucción que se da en las escuelas dominicales y durante las visitas del párroco no deja de producir frutos; los textos de la Escritura que los padres de familia enseñan a sus hijos no son perdidos. Que los predicadores, los maestros y los padres de familia continúen en su buena obra, que siembren con constancia y fe la semilla de la verdad. Sus palabras producen una impresión más duradera de lo que creen.

En este pasaje se nos da a conocer, por último, cuan perfecto es el conocimiento que nuestro Señor Jesucristo tiene del corazón humano.

Estando por primera vez en Jerusalén no se confiaba en los que decían que creían en Él. Que estaban asombrados de los milagros que le habían visto hacer, es cierto; que tenían una especie de convicción moral de que Él era el Mesías, parece innegable. Más no eran verdaderos discípulos (Juan 8.31), ni se habían convertido. Aunque sus emociones habían sido excitadas hasta cierto punto, su corazón no era recto a los ojos Dios. Nuestro Señor sabía bien que la palabra había caído en sus corazones como la semilla de la parábola, en terreno pedregoso. Tan pronto como les sobreviniesen persecuciones o tribulaciones, su pretendida fe se marchitaría y llegaría a su fin. Tal vez a Andrés, Pedro, Juan, Felipe y Natanael les pareció extraño que su Maestro no recibiese con brazos abiertos a esos creyentes. Pero ellos solo podían juzgar por las apariencias, en tanto que su Maestro podía leer los corazones. "El sabía lo que había en el hombre."

La verdad de que venimos tratando debiera hacer temblar a los hipócritas y a los mentidos creyentes. Acaso logren ellos engañar a los hombres; más no pueden engañar a Cristo. Acaso puedan cubrirse con el manto de la religión y parecer, como sepulcros blanqueados, puros ante los ojos de los hombres. Pero los ojos de Cristo penetran más allá de la superficie y ven la corrupción interior. Esos hombres son bien conocidos en el cielo ya que no lo son sobre la tierra, y su verdadero carácter será descubierto ante la congregación de las naciones, si murieren sin arrepentirse. Escrito está: "Yo conozco tus obras: que tienes nombre que vives y estás muerte." Apo.3.1

Pero la verdad tiene dos fases, como la columna de nube que era oscura del lado de los egipcios y luminosa del lado de los hebreos. Éxodo 14.20. Si es tenebrosa para los hipócritas, es resplandeciente para los verdaderos creyentes. El verdadero cristiano es débil muchas veces, pero sincero. Hay, por lo menos, algo que puede decir cuando esté agobiado con sus culpas o apesarado por causa de las calumnias de un mundo falaz: "Señor, yo soy un miserable pecador; pero pienso seriamente sobre la religión y son sincero. Tu sabes todas las cosas: tu sabes que te amo. Tu conoces todos los corazones y sabes que aunque el mío es débil, se adhiere a ti." El falso cristiano quisiera ocultarse de los ojos de un Salvador omnisciente; el verdadero cristiano desea que los ojos de Dios sigan todos sus pasos.

NOTAS. JUAN 2.12.25

12. Descendió a Capernaúm. Caná, estaba situada en las montañas. Capernaúm era un pueblo a inmediaciones del algo de Galilea y estaba a un nivel mucho más bajo que Caná. Por eso dice el evangelista que Jesús "descendió".

Según parece, fue en Capernaúm que nuestro Señor residió principalmente durante su ministerio. "Dejando a Nazaret vino y habitó en Capernaúm." Mat. 4.13. En ese lugar hizo más milagros que en ningún otro; y contra ese lugar también pronunció el juicio más severo, a causa de la impenitencia e indiferencia de sus habitantes.

Su madre. En este pasaje tampoco se hace mención de José. Es de dudarse que María acompañase constantemente a nuestro Señor durante su ministerio. Estuvo presente en la ocasión de que nos ocupamos; también lo estuvo durante la crucifixión; pero en otra ocasión se nos dice que estaba afuera y deseaba hablar con Jesús, cuando éste se dirigía al pueblo y pronunciaba aquellas memorables palabras: "¿Quién es mi madre?" A la verdad, no existe prueba alguna de que María percibiese con más claridad que los demás discípulos la gran misión que nuestro Señor había venido a cumplir.

13. Estaba cerca la pascua de los judíos. Cuantas pascuas celebró nuestro Señor y cual fue, por consiguiente, la duración de su ministerio, son cuestiones sobre las cuales se han emitido gran diversidad de pareceres. Por lo que hace a nosotros, creemos que el ministerio de nuestro Señor duró tres años. Que empezó poco antes de una pascua y terminó con otra, no cabe duda. Pero si incluyó solo tres pascuas, y duró de dos a tres años; o si incluyó cuatro, y duró de tres a cuatro años, es cuestión que no puede decidirse de una manera definitiva.

Y subió Jesús a Jerusalén. Nótese que solo Juan menciona ese viaje y los incidentes que durante él tuvieron lugar.

14. Halló en el templo los que vendían, etc. Que hubiese bueyes, ovejas, palomas y cambiadores en el templo se explica fácilmente. Se tenían animales de venta para comodidad de los judíos que venían desde lejos y querían ofrecer sacrificios; y como muchos de los compradores no tenían sino monedas extranjeras, era preciso que hubiera cambiadores de dinero. Esa costumbre, que tenía tendencias muy profanas, había sido sin duda instituida por los sacerdotes, con el fin de henchir sus arcas.

Cuando se nos dice que nuestro Señor halló todo esto en el templo, se quiere decir que en el atrio de ese edificio, dentro de su recinto.

15. Hecho un azote de cuerdas. En ese suceso es denotarse la circunstancia de que nuestro Señor usó de más fuerza física que en ningún otro milagro. Por lo general, todo lo que hacía era pronunciar una palabra, o tocar suavemente, o extender la mano.

16. A los que vendían las palomas: Quitad de aquí estas cosas. Nótese que con cada cosa nuestro Señor procedió de distinto modo. Echó los bueyes y las ovejas, pues no había riesgo de que se perdieran; derramó el dinero y fácilmente podrían alzarlo. En cuanto a las palomas solo mandó que las quitasen; si las hubiere soltado quizá habrían tomado el vuelo y sus dueños las habría perdido.

La casa de mi Padre. Jesús afirmó así que era el Hijo de Dios; pero quizá los judíos no se fijaron en sus palabras.

Casa de mercadería. Si Jesucristo estuviera en la tierra ¿qué diría de las iglesias católicas romanas donde se venden misas, indulgencias, etc.?

17. El celo de tu casa me comió. Del Salmo 69, del cual fueron tomadas estas palabras, hay siete citas en el Nuevo Testamento.

18. ¿Qué señal nos muestras? Etc. Por esta pregunta se deja ver que los judíos convenían en que era lícito lo que hizo nuestro Señor, si el que lo hacía había sido enviado de Dios.

19. Destruid este templo. Este no es un mandato sino una hipótesis o bien una profecía. "Suponiendo que destruyáis este templo"

En tres días yo levantaré. Nuestro Señor profetizó así su propia resurrección. Véase Juan 10.18

20. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años, etc. Los judíos no pudieron referirse al templo de Salomón, porque ese fue totalmente destruido por Nabucodonosor; ni tampoco al que edificaron Zorobabel y sus compañeros, puesto que no puede probarse que su construcción durara cuarenta y seis años. Lo más probable es que se referían al templo según fue mejorando, o más bien reedificado por Herodes.

23. Muchos creyeron: Según parece, su fe era más bien del entendimiento que del corazón. Es bueno notar bien la diferencia entre una y otra fe. Hay una fe que hasta los demonios tienen, y otra que emana de Dios.

Viendo los milagros. De aquí se colige que nuestro Señor hizo muchos milagros que no se nos refieren en los Evangelios.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Marcos
J.C. C Ryle
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