El Santo Evangelio según
San Juan

Porque por gracia sois salvos

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Jesús se aparece a siete de sus discípulos

Juan 21.1-14

1  Después de esto,  Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias;  y se manifestó de esta manera:

2  Estaban juntos Simón Pedro,  Tomás llamado el Dídimo,  Natanael el de Caná de Galilea,  los hijos de Zebedeo,  y otros dos de sus discípulos.

3  Simón Pedro les dijo: Voy a pescar.  Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo.  Fueron,  y entraron en una barca;  y aquella noche no pescaron nada. (Lc. 5.5)

4  Cuando ya iba amaneciendo,  se presentó Jesús en la playa;  mas los discípulos no sabían que era Jesús.

5  Y les dijo: Hijitos,  ¿tenéis algo de comer?  Le respondieron: No.

6  El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca,  y hallaréis.  Entonces la echaron,  y ya no la podían sacar,  por la gran cantidad de peces. (Lc. 5.6)

7  Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor!  Simón Pedro,  cuando oyó que era el Señor,  se ciñó la ropa  (porque se había despojado de ella),  y se echó al mar.

8  Y los otros discípulos vinieron con la barca,  arrastrando la red de peces,  pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.

9  Al descender a tierra,  vieron brasas puestas,  y un pez encima de ellas,  y pan.

10  Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar.

11  Subió Simón Pedro,  y sacó la red a tierra,  llena de grandes peces,  ciento cincuenta y tres;  y aun siendo tantos,  la red no se rompió.

12  Les dijo Jesús: Venid,  comed.  Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú,  quién eres?  Sabiendo que era el Señor.

13  Vino,  pues,  Jesús,  y tomó el pan y les dio,  y asimismo del pescado.

14  Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos,  después de haber resucitado de los muertos.

Juan 21.3 Lc. 5.5 Respondiendo Simón,  le dijo:  Maestro,  toda la noche hemos estado trabajando,  y nada hemos pescado;  mas en tu palabra echaré la red

Juan 21.6 Lc. 5.6 Y habiéndolo hecho,  encerraron gran cantidad de peces,  y su red se rompía

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 21.1-4

EL aparecimiento de nuestro Señor descrito en estos versículos es una parte muy interesante de la historia evangélica. Las circunstancias á que dio lugar se han considerado altamente alegóricas en todos los siglos de la iglesia; mas en ese respecto muchos de los comentadores han adoptado tal vez un extremo pernicioso. Nosotros nos ceñiremos al examen de las lecciones importantísimas á la vez que sencillas que el pasaje contiene.

Notemos, primeramente, hasta donde llegaba la pobreza de los discípulos. Según lo que se nos refiere, tenían que trabajar con sus propias manos para atender á sus necesidades temporales, y eso en uno de los oficios más humildes-el de pescador. No tenían ni oro ni plata, no poseían tierras ni recibían rentas, y por lo tanto no vacilaron en volver á ejercer el oficio de que habían vivido los más de ellos. Es bien notable el hecho de que algunos de los siete discípulos que se mencionan en este pasaje estaban pescando cuando nuestro Señor los llamó para que se hiciesen apóstoles suyos, y también cuando se les apareció casi por la postrera vez. Esa coincidencia debió de hacer una impresión profunda en los ánimos de Pedro, Santiago y Juan.

El hecho de que los apóstoles eran pobres suministra una prueba sólida del origen divino del Cristianismo. Los mismos hombres que trabajaron toda la noche en un bote arrojando aquí y allí una red pesada sin coger nada; los mismos hombres que tuvieron que trabajar afanosamente para ganar un pan-esos mismos hombres, decimos, fueron los fundadores de la poderosa iglesia de Cristo que se ha extendido ya por una tercera parte del globo. Ellos fueron los que, saliendo de un humilde rincón del mundo, trasformaron las naciones. Ellos fueron los hombres iliteratos que osadamente lanzaron el reto á los ingeniosos sistemas de la filosofía antigua y redujeron al silencio á sus defensores por medio de la predicación da la religión de la cruz. Ellos fueron quienes en Efeso, Atenas y Roma hicieron que los templos paganos fuesen abandonados de sus adoradores, y convirtieron á las muchedumbres á una fe nueva y mejor. Quien pueda explicar estos hechos sin admitir que el Cristianismo emanó de Dios debe ser muy incrédulo á la verdad. Tanto la razón como el sentido común nos obligan á deducir una sola consecuencia, es á saber: que únicamente el hecho de que Dios interviniese directamente puede explicar el origen y los progresos del Cristianismo.

Notemos también cuánto difieren en índole los discípulos de Jesucristo. Pedro y Juan estuvieron otra vez juntos, y otra vez, como al lado del sepulcro, se portaron de distinto modo. Cuando Jesús estaba de pié en la orilla, á la escasa luz del crepúsculo matutino, Juan fue el primero que percibió quien era, y dijo: "El Señor es;" mas Pedro fue el primero que se arrojó al agua y que se afanó por acercarse á su Maestro. En una palabra, Juan fue quien vio primero; mas Pedro fue quien obró primero. Y sin embargo, ambos eran creyentes, ambos amaron al Señor en vida y le fueron fieles en la muerte. Más tenían distinto genio.

No tildemos á los demás de irreligiosos ó no convertidos solo porque no sientan lo que nosotros sentimos, ó porque no perciban las verdades del Cristianismo como nosotros las percibimos. Hay diferencia de dones; mas el mismo Espíritu. 1 Cor. 12: 4. Dios no otorga á cada persona sus dones en el mismo grado ni en la misma cantidad. Algunos poseen ciertas dotes en alto grado, otros otras distintas; algunos poseen prendas que lucen más en público, otros que lucen más en privado; algunos se distinguen más en una vida activa, otros en una vida pasiva. Y sin embargo, todos los hijos de Dios le dan gloria, ya sea de un modo, ya de otro. Lo que es esencial es tener la gracia del Espíritu y amar á Jesucristo. Amemos á los que posean esa gracia y á los que amen así al Salvador, aunque no vean todo del mismo color que nosotros lo vemos. Sírvanos de guía esta máxima: " Gracia sea con todos los que aman al Señor Jesucristo en incorrupción." Efes. 6:24.

Advirtamos, finalmente, cuan abundantes son las pruebas que, la Escritura suministra respecto de la resurrección de nuestro Señor. En este pasaje se nos presenta otra prueba de que nuestro Señor resucitó con un cuerpo real y material. Á orillas del mar de Galilea se sienta y come y bebe en presencia de siete hombres. El sol de una mañana de primavera resplandece sobre el pequeño grupo que así se reúne lejos del bullicio de Jerusalén. El Maestro está sentado en medio con las manos marcadas con las cicatrices de los clavos-el mismo Maestro á quien todos habían seguido por el espacio de tres años, y á quién uno de ellos, á lo menos, había visto suspendido de la cruz. No era posible que sus ojos los engañasen. ¿Puede exigirse prueba más evidente de la verificación de un acontecimiento?

La resurrección de Jesucristo es una de las mejores pruebas de que su misión era divina. El mismo había dicho á los Judíos que no estaban obligados á creer que Él era el Mesías sí no resucitaba de entre los muertos. La resurrección es, por decirlo así, la cúpula del gran edificio de la redención, pues probó que el Señor había acabado la obra que había venido á ejecutar, y que, como Sustituto nuestro, había triunfado sobro el sepulcro. Rindamos gracias á Dios de que hay pruebas tan incontestables de que dicho acontecimiento tuvo lugar.

NOTAS.   JUAN 21:1-14.

1. Después. La expresión es indefinida. Solo significa que el aparecimiento que se va á describir tuvo lugar después del que el Señor verificó al octavo día de su resurrección. Este nuevo aparecimiento tuvo lugar, por tanto, entre el día octavo y el cuadragésimo, que fue el de la resurrección.

Se manifestó Jesús otra vez á sus discípulos. De estas palabras surge naturalmente una cuestión muy profunda. Es esta: ¿en dónde estaba nuestro Señor durante los días que no se manifestaba á sus discípulos? Es evidente que no estaba con ellos constantemente, sino que se manifestaba á intervalos. ¿En dónde estaba entre tanto? No estaba en el cielo, pues todavía no había ascendido. ¿En que parte de la tierra estaba? Hacemos esta pregunta por lo que respecta á su naturaleza humana, pues como Dios sabido es que siempre está en todas partes. ¿En dónde estaba como hombre? No lo sabemos, y es inútil hacer conjeturas sobre el asunto.

Junto  á la mar de Tiberías. Ya se ha hablado en otra parte de esta obra acerca de ese notable lago.

2. Estaban juntos Simón Pedro, etc. Véase Mat. 28:7 y 10. Según el contenido de esos versículos era de esperarse que los apóstoles estuviesen en Galilea.

4. Jesús se puso en la ribera. Según parece ese aparecimiento fue repentino é instantáneo, como cuando el Señor apareció por primera vez en medio de sus discípulos.

Mas los discípulos no sabían que era Jesús. En nuestro concepto los discípulos no reconocieron á nuestro Señor porque se les apareció en una forma distinta, como sucedió cuando se presentó á los dos discípulos que iban á Emmaús. Creemos que es evidente que, por alguna razón misteriosa, el cuerpo de nuestro Señor no tenía el mismo parecer después de la resurrección que antes de la crucifixión.

5. Entonces les dice Jesús, etc. No es de suponerse por un solo instante que nuestro Señor no supiera si sus discípulos tenían algo que comer ó no. Es bien claro que hizo la pregunta para atraer la atención de ellos y empezar una conversación. Según el contexto dicha pregunta se refería principalmente al éxito que los discípulos hubieran tenido en la pesca.

6. Y Él les dice: Echad la red, etc. Nuestro Señor dio un paso más para darse á conocer á sus discípulos mandándoles que arrojasen las redes hacia la derecha.

Es muy probable que, cuando el Señor apareció, los discípulos habiendo ya terminado las faenas de la noche, habían recogido la red en el bote y se preparaban para encaminarse á sus casas.

La echaron, pues, etc. Bajo cierto punto de vista nada de extraordinario tiene el hecho de que los discípulos encontraran una multitud de peces tan pronto como siguieron el consejo de nuestro Señor. Muchos peces nadan en bandadas, y á los pescadores les sucede con frecuencia que en tanto que los de un bote no cogen nada, otros á corta distancia son más afortunados. El milagro consistió en el conocimiento perfecto que nuestro Señor tenía del lugar donde precisamente estaban los peces.

Muy extraño parece que siete pescadores, después de trabajar en vano toda la noche y de haber recogido la red, se detuvieran y arrojaran ésta de nuevo en obediencia al consejo de un desconocido. En nuestra opinión las palabras de nuestro Señor fueron seguidas de tal poder, que sin sabérselo explicar se sintieron impulsados á obedecerlas.

7. Dijo entonces aquel discípulo, etc. El primero que reconoció á Jesús fue el primero que creyó en su resurrección-Juan, el discípulo amado.

Entonces Simón Pedro, etc. Aunque se dice en este, versículo que Pedro estaba desnudo, no creemos que deba entenderse que estaba absolutamente descubierto. Lo que en nuestro concepto significa es que estaba comparativamente desnudo, habiéndose quitado la ropa exterior, como es natural que un pescador lo hiciera en ese clima.

En cuanto á lo que se nos dice de haberse echado en el mar, creemos que no hay por qué suponer que se arrojara á nadar, pues que en tal caso no se hubiera puesto más ropa. Es de creerse que dónde él y sus compañeros se hallaban el agua estaba somera, y que Pedro pasó á vado.

8. Y los otros discípulos vinieron con la nave, etc. Es decir en un esquife de los que ordinariamente se tienen con los botes grandes de pesca.

11. Llena de grandes peces, etc. Dos son los milagros que en este versículo se refieren: el primero fue la grande cantidad de peces que contenía la red; el segundo el hecho de que ésta no se rompiese con su peso.

El comentador Scott hace la observación de que esa redada de peces podía venderse por una suma considerable de dinero, de la cual necesitarían los discípulos en Jerusalén antes de Pentecostés.

12. Les dijo Jesús venid y comed. Nuestro Señor hizo esa invitación tal vez con dos fines: el primero, para manifestar su compasión hacia sus discípulos; y el segundo, para darles á comprender á estos que aunque había resucitado con un cuerpo glorificado, no por eso dejaría de tratarlos con la misma familiaridad que antes.

14. Esta era ya la tercera vez que Jesús, etc. Las discusiones que ha habido acerca de la expresión "tercera vez," han sido, en nuestro concepto superfluas. Sin duda que esa no fue, literal y estrictamente hablando, la tercera vez que nuestro Señor se dio á conocer después de la resurrección. Bien al contrario, es bien sabido que antes del aparecimiento que en este pasaje se refiere había efectuado seis, por lo menos. Mas también es cierto que esta fue, literal y estrictamente hablando, la tercera vez que Jesús se apareció á algunos de los discípulos reunidos; y que ese fue el tercer día que se dio á conocer.

Réstanos solo considerar una cuestión: ¿Tiene la narración contenida en estos diez y ocho versículos un significado profundamente místico y alegórico, ó se debe interpretar meramente como la descripción sencilla de uno de los aparecimientos de nuestro Señor y de uno de sus milagros?

(a) Por una parte, no puede negarse que hay riesgo do incurrir en errores si se adquiere el prurito de descubrir alusiones alegóricas en las huellas históricos de la Biblia, se puede llevar ese prurito hasta el extremo de perder de vista el sentido primario de cada pasaje de que se trate, y convertir la Biblia en un libro de enigmas y acertijos, que seria inútil para la mayor parte de los hombres y útil solo para los que tienen una imaginación fértil y fantástica.

(b) Por otra parte, no puede negarse que Jesucristo  quiso enseñar con sus milagros grandes verdades espirituales. Además de esto, es preciso recordar que la ocasión en que se obró el milagro de los peces era señaladamente solemne; y que era preciso grabar ciertas verdades en la mente de los apóstoles por medio do hechos así como también por medio de palabras.

Por lo tanto, no podemos menos que inferir que en los versículos citados se nos enseñan, por medio de símbolos, grandes verdades espirituales. Creemos por tanto:

(1.) Que el aparecimiento de Jesús á sus discípulos á tiempo que estaban pescando tuvo por objeto recordar á la iglesia cuál es el deber primario de los ministros: estos deben ser pescadores de hombres;

(2.) Que con el mal éxito que los discípulos tuvieron hasta que apareció el Señor se quiso enseñar que los ministros no pueden hacer nada de bueno sin la presencia de Cristo;

(3.) Que por medio del buen éxito que los apóstoles tuvieron cuando siguieron el consejo de su Maestro se nos quiso enseñar que cuando Jesucristo tiene á bien conceder buen éxito á los ministros de la Palabra, nada es parte á impedir que muchos hombres sean cogidos en la red del Evangelio y que obtengan la salvación;

(4.) Que por medio del acto de tirar la red á la playa se simbolizó lo que tendrá lugar en el segundo advenimiento del Señor. Entonces la obra de la iglesia se habrá cumplido, y se dará principio al examen de los resultados.

Texto Bíblico

Textos Paralelos
Referencias

Apacienta mis ovejas

Juan 21.15-19

15  Cuando hubieron comido,  Jesús dijo a Simón Pedro: Simón,  hijo de Jonás,  ¿me amas más que éstos?  Le respondió: Sí,  Señor;  tú sabes que te amo.  El le dijo: Apacienta mis corderos.

16  Volvió a decirle la segunda vez: Simón,  hijo de Jonás,  ¿me amas?  Pedro le respondió: Sí,  Señor;  tú sabes que te amo.  Le dijo: Pastorea mis ovejas.

17  Le dijo la tercera vez: Simón,  hijo de Jonás,  ¿me amas?  Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas?  Y le respondió: Señor,  tú lo sabes todo;  tú sabes que te amo.  Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

18  De cierto,  de cierto te digo: Cuando eras más joven,  te ceñías,  e ibas a donde querías;  mas cuando ya seas viejo,  extenderás tus manos,  y te ceñirá otro,  y te llevará a donde no quieras.

19  Esto dijo,  dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios.  Y dicho esto,  añadió: Sígueme.

   

Comentarios de J. C. Ryle

JUAN  21:15-17.

Se describe en estos versículos una conversación singular que tuvo nuestro Señor Jesucristo con el apóstol Pedro. Para todo el que haya leído la Biblia con cuidado, y recuerde la negación de Pedro, tres veces repetidas, el presente pasaje tendrá profundo interés.

Examinemos primeramente la pregunta que Jesucristo hizo á Pedro, á saber: "¿Simón, hijo de Jonás, me amas?" Por tres veces le hizo esta misma pregunta, probablemente con el objeto de recordar á Pedro que por tres veces lo había negado. Y una de esas veces agregó las palabras "más que estos" con el objeto, sin duda, de recordar al apóstol aquella aserción que había hecho: "Aunque todos sean escandalizados, mas no yo." Es como si el Salvador hubiera dicho: "¿Te consideras superior á los demás? ó ¿sabéis ya por experiencia cuan flaco eres?"

Á primera vista puede parecer que "¿me amas?" es una pregunta muy sencilla. En cierto sentido lo es: aun un niño es capaz de comprender lo que es amor, y de decir si ama á otro ó no. Sin embargo, en otro sentido, es una pregunta que da mucho que pensar. Puede acontecer que seamos diligentes en nuestra conducta; que poseamos profundos conocimientos; que hagamos entusiastas protestas; que demos muchas limosnas, y hagamos, en una palabra, mucho alarde de nuestra religión; y que sin embargo, por falta de amor, nuestro corazón esté para con Dios tan frió y tan duro como el mármol. ¿Amamos á Jesucristo? He aquí la gran cuestión. Sin ese amor nuestras convicciones religiosas carecerán de vitalidad, y nosotros seremos, en cuanto á la vida espiritual, tan insensibles como las imágenes de cera ó las momias de un museo. Donde no existe amor no hay vida.

Cuidemos de que la afectuosidad forme parte de nuestra vida religiosa. Los conocimientos, la ortodoxia, las opiniones acertadas, el escrupuloso cumplimiento de los ritos no bastan: es preciso que experimentemos algún amor hacia Jesucristo. Cierto es que la afectuosidad por sí sola es de poco valor, mayormente si es pasajera, mas la carencia completa de afectos es un síntoma muy malo. Las personas á quienes Pablo dirigió sus Epístolas experimentaban tiernas emociones, y no vacilaban en confesarlo. Amaban á un Ser celestial, á Jesús el Hijo de Dios. Procuremos imitarlos.

Notemos, en segundo lugar, qué fue lo que Pedro contestó á la pregunta de nuestro Señor. Por tres veces repuso el apóstol: "Tú sabes que te amo" y una de ellas dijo además: "Tú sabes todas las cosas." Cuéntasenos también que, cuando nuestro Señor le hizo la tercera pregunta, él se entristeció. Es bien de creerse que nuestro Señor, como hábil médico, creó intencionalmente ese pesar. Su objeto sin duda era despertarle la conciencia al apóstol y enseñarle una lección solemne. ¡Si era doloroso para el discípulo que se le interrogase, cuanto más doloroso no debió de haber sido para el Maestro que se le negase!

Lo que el humillado apóstol repuso es precisamente lo que el cristiano en todos los siglos puede declarar en testimonio de su fe. Acaso suceda que sea débil, ignorante, tímido, vacilante, y que cometa muchas faltas; mas, á pesar de todo, es franco y sincero. Preguntadle si se ha convertido, si pertenece al número de los creyentes, si posee la gracia divina, si ha sido justificado, si ha sido santificado, si es hijo de Dios-hacedle cualquiera de estas preguntas, y tal vez os contestará que no sabe. Mas preguntadle si ama á Jesucristo, y al punto os replicará que sí, aunque puede suceder que agregue que no lo ama tanto como debiera. Salvo unas pocas excepciones esta regla os universal.

¿En qué consiste, en resumidas cuentas, el secreto del amor hacia Jesucristo? Consiste en la convicción íntima de haber recibido de él el perdón por los pecados. Cuanto más firme y profunda sea esa convicción, tanto más profundo será el amor. Quien, gravado con la enorme carga de sus pecados, haya acudido á Jesucristo, y haya experimentado la dicha de recibir una absolución, completa, sentirá rebosar su corazón de gratitud hacia el Salvador. Cuánto más meditemos en el hecho de que Jesucristo sufrió por nuestras culpas, tanto más lo amaremos y veneraremos.

Notemos, por último, cual fue el precepto que nuestro Señor dio á Pedro. Por tres veces le mandó que apacentara su rebaño, designando este una vez bajo el nombre de "corderos" y dos bajo el nombre de "ovejas." ¿Puede dudarse que ese precepto, tres veces repetido, tuviera una significación profunda? Por una parte, quería decir que el Señor comisionaba á Pedro de nuevo para que predicase el Evangelio, á pesar de su caída entonces reciente. Pero tenía mayor significación: quería decir, para provecho de Pedro y de toda la iglesia, que ser útil hacia nuestros semejantes y trabajar por la causa del Evangelio es la verdadera prueba de nuestro amor hacia Jesucristo. Lo que distingue al verdadero discípulo no son las protestas ruidosas, ni siquiera el celo impetuoso y convulsivo, el deseo de desenvainar la espada para pelear por la fe; es el esfuerzo continuado, paciente, é incansable por hacer bien á las ovejas de Jesucristo que están, esparcidas por este mundo pecador. En otro lugar está escrito: "El que entre vosotros quisiere hacerse grande, será vuestro servidor; y el que entre vosotros quisiere ser el primero será vuestro siervo." Mat. 20: 26 y 27.

Practiquemos, pues, esa religión que ama, que es útil, que hace buenas obras, que no es egoísta ni hace ostentación. Que nuestro deseo diario sea servir á nuestros semejantes y hacerles bien; y disminuir así el infortunio y aumentar la dicha de este mundo de maldad. Si así viviéremos, si así arregláremos nuestra conducta, veremos que es muy cierto que "más bienaventurado es dar que recibir." Actos 20: 35.

NOTAS.   JUAN 21:15-17.

15. Pues como hubieron comido. En estos versículos pasamos del campo de la parábola, la alegoría, los símbolos y los milagros, á una conversación, en lenguaje llano, que tuvo nuestro Señor con el apóstol Pedro.

Jesús dijo á Simón Pedro. Menester es que se tenga siempre presente cuál fue el verdadero objeto con que nuestro Señor se dirigió á Simón Pedro. De este asunto se ha tratado ya en la parte principal del capítulo; mas séanos permitido añadir aquí, que ni en este pasaje, ni en ninguno otro, existe prueba alguna de que se quisiese conceder la primacía á Pedro. Bien al contrario, el hecho de que nuestro Señor se apareció una vez á Santiago solo, y que después Santiago fue el que presidió en el Concilio de Jerusalén, parece indicar que, si nuestro Señor confirió la primacía á uno de los apóstoles, ese apóstol fue Santiago.

Simón, hijo de Jonás. Solo en otra ocasión se dirigió nuestro Señor á Pedro de esa manera, y esa fue la primera vez que lo vio. Juan 1:42. Ningún comentador da una explicación satisfactoria de esa circunstancia. Á nuestro  ver el Señor quiso trasportar los pensamientos de Pedro al día en que se había hecho su discípulo, y á los acontecimientos de los tres años que desde entonces se habían trascurrido.

Más que estos.  Algunos comentadores creen que debió haberse vertido: "Más á estos." Existen, sin embargo, suficientes razones para creer que, "Más que estos "es la traducción correcta.

Le dice: Sí, Señor: tú sabes que te amo. La contestación de Pedro presenta un bello ejemplo de sinceridad y de humildad. El apóstol se remitió al conocimiento que el Señor tenía del corazón humano, y no osó decir una palabra respecto de los demás, ni comparar su amor con el de sus hermanos.

Le dice: Apacienta mis corderos. Habiendo recibido de parte de Pedro una expresión pública de su amor hacia él, nuestro Señor procedió á decirle al apóstol de qué manera había de manifestar ese amor, y le prescribió sus deberes para el porvenir.

"Corderos," en distinción á ovejas quiere decir, en nuestro concepto, los que son jóvenes y débiles en cuánto á las cosas espirituales.

16. Le vuelve a decir la segunda vez, etc. Este versículo es una repetición del anterior con tres excepciones: primera, que la expresión "más que estos" ha sido omitida; segunda, que la palabra traducida "apacienta" tiene en el Griego un significado más lato y más profundo que la empleada en el versículo anterior; tercera, que el Señor dijo "mis ovejas" en vez de "mis corderos." Con la palabra "ovejas" nuestro Señor se refirió á aquellos miembros de su rebaño que tienen más experiencia en la vida espiritual y en las operaciones de la gracia. Tanto los "corderos "como las "ovejas" exigen la atención de un fiel pastor.

17. Le dice la tercera vez, etc. Este versículo es una repetición de los dos que le preceden, pero difiere de ellos en dos respectos: primero, que se nos dice que Pedro se entristeció cuando nuestro Señor le hizo la pregunta; y segundo, que aquel hizo uso de una expresión más enérgica al referirse á la omnisciencia de nuestro Señor, y dijo qué Él sabia todas las cosas.

En cuanto á las palabras contenidas en estos tres versículos es de observarse que en los sinónimos empleados en el griego existen ciertas distinciones de acepción que no es posible verter fielmente al castellano. Dos palabras diferentes han sido traducidas por el verbo "amar." Una de ellas denota un amor más tranquilo, puro y elevado que la otra. Esa es la palabra que nuestro Señor empleó en las preguntas contenidas en los versículos 15 y 16. La otra expresa un amor más ferviente, pero menos elevado. Esa fue la que Pedro usó en su contestación, y la que el Señor mismo repitió en la pregunta contenida en el versículo 17. Asimismo, dos vocablos distintos han sido traducidos por la voz española "apacienta." El uno, que es el empleado en los versículos 15 y 17, significa proveer alimento y pastaje; el otro significa "guiar," "dirigir," y en general desempeñar todos los deberes de un pastor.

Para concluir, apuntaremos á continuación algunas de las profundas lecciones que en este pasaje se nos enseñan.

1°. Que el amor hacia Jesucristo es una de las mayores virtudes que pueden adornar al cristiano, y especialmente á los ministros del Evangelio.

2°. Que ese amor se manifiesta en hacer bien á nuestro prójimo, siguiendo así las huellas del Salvador.

3°. Que mucho de lo que se apellida religión no tiene valor alguno á los ojos de Dios.

4°. Que la verdadera prueba de que nuestra fe y nuestras convicciones religiosas son reales, consiste en poder apelar al conocimiento que Dios tiene de nuestros corazones. Poco importa lo que nuestros parientes o cofrades piensen de nosotros. Acaso nos alaben cuando no lo merecemos, ó nos condenen cuando somos inocentes. Lo que importa es que podamos decir con la conciencia tranquila: "Tú, que sabes todas las cosas, sabes que te amamos."

Texto Bíblico

Textos Paralelos
Referencias

El discípulo amado

Juan 21.20-25

20  Volviéndose Pedro,  vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús,  el mismo que en la cena se había recostado al lado de él,  y le había dicho: Señor,  ¿quién es el que te ha de entregar?

21  Cuando Pedro le vio,  dijo a Jesús: Señor,  ¿y qué de éste?

22  Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga,  ¿qué a ti?  Sígueme tú.

23  Este dicho se extendió entonces entre los hermanos,  que aquel discípulo no moriría.  Pero Jesús no le dijo que no moriría,  sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga,  ¿qué a ti?

24  Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas,  y escribió estas cosas;  y sabemos que su testimonio es verdadero.

25  Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús,  las cuales si se escribieran una por una,  pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir.  Amén.

   

Comentarios de J. C. Ryle

Juan  21:18-25.

Con estos versículos termina el libro más valioso de la Biblia. El que pueda leerlos sin experimentar profundas emociones, es digno de lástima, á la verdad. Examinemos las lecciones que contienen.

Enséñasenos que Jesucristo sabe cuál será el porvenir de los cristianos, tanto en vida como en muerte. A Pedro le dijo: "Cuando ya fueres viejo extenderás tus manos, y ceñirte ha otro, y te llevara donde no querrías." No hay duda de que estas palabras fueron una predicción del modo como había de morir el apóstol, y tuvieron su cumplimiento cuando, según se supone, Pedro fue crucificado y hecho mártir por la causa de Cristo.

Esta verdad tiene mucho de consolador para todo creyente verdadero. En la mayor parte de los casos nos seria triste poseer un conocimiento anticipado de lo que estuviera por verificarse. Saber las desgracias que habían de sucedemos, y no poderlas prevenir, nos haría muy desdichados en verdad. Mas es un gran consuelo el saber que Jesucristo ha previsto y preordenado todo nuestro porvenir. En el viaje de la vida no suceden casualidades ó accidentes. Todo ha sido desde el principio previsto y ordenado por un Ser que es demasiado sabio para errar y demasiado bueno para hacernos mal.

Se nos enseña, en seguida, que con su muerte el creyente glorifica á Dios. El Espíritu Santo, interpretando benignamente las palabras que salieron de los labios de Jesús acerca del fin de Pedro, nos comunica esta verdad en lenguaje muy claro. Nos dice por medio de la pluma del Evangelista que así dio á entender el Señor con qué muerte había de glorificar á Dios el apóstol.

Por lo regular no se medita en este asunto como se debiera. Estamos tan inclinados á considerar la vida como el único estado en que podemos glorificar á Jesucristo, y las buenas acciones como el único medio de dar á conocer nuestra religión, que consideramos la muerte solo como el doloroso término de nuestra actividad. Empero, esto no debiera suceder así. Así como podemos vivir para el Señor, podemos también morir para el Señor: nos es tan posible sufrir con paciencia como trabajar con energía. Es muy probable que la muerte resignada de los reformadores de Inglaterra ejerciera más influjo en los de su nación que todos los sermones que predicaron, ó todos los libros que escribieron. Esto, á lo menos, es cierto, que la sangre de los mártires ingleses fue la semilla de la iglesia de Inglaterra.

Se glorifica á Dios con la muerte, estando pronto para aguardarla. El cristiano que siempre está en su puesto como centinela, ó como siervo con los lomos ceñidos y listo para partir, el hombre para quien, en la opinión de todos sus relacionados, la muerte repentina es una gloria también repentina-ese cristiano, ese hombre glorifica á Dios con su muerte. Se glorifica á Dios con la muerte sufriendo con paciencia los dolores que trae consigo. El cristiano que hace que el espíritu domine la carne, y que deja escapar el aliento de vida sin quejarse, ni murmurar, glorifica de ese modo á Dios. También se glorifica á Dios con la muerte participando á los demás cuánto consuelo se halla en la gracia de Jesucristo. Es para un mortal muy satisfactorio poder decir como David: "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré algún mal." Salmo 23:4. Muertes como estas hacen una impresión profunda en la mente de los vivos y no se olvidan fácilmente.

Pidamos, pues, mientras vivamos en el goce de nuestra salud, que en el postrer momento nos sea permitido glorificar á Dios, y dejemos á su cuidado la elección del tiempo, el lugar, y las circunstancias.

También se nos enseña en estos versículos que cualquiera que sea nuestra opinión acerca de la condición de los demás, es de nuestro deber pensar primero de la nuestra. Cuando Pedro hizo una ansiosa pregunta acerca del porvenir del apóstol Juan, nuestro Señor le dio una respuesta de una significación profunda: "Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué se te da á ti? Sígueme tú." Aunque no se pueda comprender todo el significado de esa réplica, no es posible perder la lección que contiene. Impone á cada cristiano el deber de examinar su corazón ante todas cosas.

Por supuesto que nuestro Señor no desea que nos desentendamos completamente de las almas de los demás, ó que nos mantengamos indiferentes respecto del estado en que so encuentren. Tal conducta seria egoísta y cruel, y manifestaría claramente que no poseamos la gracia de Dios. El siervo de Cristo debe tener un corazón compasivo y tierno como el de su Maestro, y desear que todos los que le rodean sean felices tanto en esta vida como en la venidera. Y de acuerdo con esos deseos hará esfuerzos por disminuir los pesares y aumentar los goces de sus semejantes, aprovechando con tal fin todas las oportunidades que se le presenten. Mas, a pesar de esos esfuerzos, el siervo de Cristo no debe olvidar su propia alma. La caridad y la verdadera religión han siempre de empezar con el "Yo."

Inútil seria negar que la admonición que nuestro Señor dirigió á su precipitado discípulo es aplicable en nuestros días. La debilidad de la naturaleza humana es tal, que aun los verdaderos cristianos están inclinados á irse á los extremos. Algunos están tan engolfados en sus propias emociones y luchas interiores que se olvidan del mundo exterior. Otros están tan ocupados en hacer bien á los demás, que se olvidan del estado de sus propias almas. Tanto los unos como los otros van extraviados y necesitan enmendarse; mas quizá ningunos perjudican más la causa de la religión como los que siempre están pensando é interviniendo en la de los demás en tanto que se descuidan de la suya propia.

Enséñasenos, finalmente, en estos versículos, cuan numerosas y prodigiosas fueron las obras de Jesucristo durante su ministerio acá en la tierra. San Juan termina su Evangelio con estas notables palabras: "Hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de escribir." Por supuesto que no hemos de entender estas palabras en un sentido literal. Seria absurdo suponer que el Evangelista quiso decir que el mundo no podría contener, materialmente hablando, los volúmenes que se escribiesen. Es preciso tomar la expresión en un sentido figurado y místico.

Se han registrado todos aquellos dichos y hechos de Jesucristo que á la mente del hombre es dado abarcar. No seria bueno que existieran más. La mente, á semejanza del cuerpo, solo puede digerir una cantidad determinada. Se han registrado tantas parábolas y sermones, tantas conversiones y palabras de cariño, tantas obras de misericordia y viajes, tantas oraciones y promesas como el mundo ha menester saber. Si se hubieran registrado más, serian superfluas. Lo escrito basta para dejar á los incrédulos sin disculpa, para mostrar á los penitentes el camino del cielo, para glorificar el nombre de Dios.

Ahora bien, terminemos el Evangelio de San Juan con emociones de gratitud mezcladas con profunda humildad. Es de humillarnos al pensar cuan ignorantes somos y cuan poco comprendemos los tesoros que dicho Evangelio encierra. Mas, preciso es que sintamos gratitud al pensar de qué manera tan clara y tan sencilla se nos señala en él el camino de la salvación. Aquel lo ha leído con provecho que cree que Jesús es el Cristo, y creyendo obtiene la vida eterna por medio de su precioso nombre. ¿Creemos? No estemos tranquilos hasta que podamos dar á esta pregunta una respuesta satisfactoria.

NOTAS.   JUAN 21:18-25.

18. De cierto, de cierto te digo, etc. Nuestro Señor previno así á Pedro respecto de la manera como había de terminar su ministerio. Muchos de los historiadores eclesiásticos dicen que, en una de las primeras persecuciones, el apóstol fue crucificado en Roma con la cabeza hacia abajo.

La expresión "cuando ya fueres viejo" no favorece la idea de que Pedro era ya anciano cuando nuestro Señor ascendió á los cielos.

La expresión "te ceñías e ibas donde querías" denota la libertad de que Pedro gozaba cuando seguía el oficio de pescador.

La expresión "extenderás las manos y ceñirte ha otro," se refiere, según la opinión de los más hábiles comentadores, á la muerte de Pedro.

19. Le dice: Sígueme. No es fácil determinar lo que aquí significa la palabra "sígneme."

Algunos creen que debe tomarse en sentido literal, y que nuestro Señor solo quiso decir: "Sígueme al lugar á donde ahora me encamino. Hemos permanecido aquí mucho tiempo. Vámonos."

Otros opinan que debe entenderse esa palabra en un sentido místico, y que nuestro Señor la empleó como una especie de mote para guía de Pedro. "Sigue mis huellas. Haz lo que yo he Lecho. Sígueme á donde quiera que te conduzca, aunque sea á la prisión ó la muerte."

En nuestro concepto ambas opiniones son admisibles. Los dichos de nuestro Señor eran muy profundos.

20. Entonces volviéndose Pedro, ve, etc. Las palabras "volviéndose" y "seguía," parecen indicar claramente que nuestro Señor empezó á alejarse del sitio donde habían almorzado cuando dijo: "Sígueme." Al alejarse Él, Pedro seguramente lo siguió, y al volver á' mirar éste, vio que Juan los seguía. Después de Juan los otros cinco discípulos caminaron también.

21. Como Pedro vio á éste, dice, etc. Mucho se ha discutido acerca del verdadero significado de la pregunta de Pedro.

(1.) Algunos creen que la hizo impulsado solo por el amor, el cariño, el afecto; que era que quería saber lo que vendría á ser de su amado hermano y amigo.

(2.) Otros opinan que la hizo impulsado por una curiosidad indebida.

Á nuestro ver, ambas opiniones son hasta cierto punto correctas. La respuesta que nuestro Señor dio á Pedro envuelve una reconvención. Por otra parte, nos repugnaría decir que el apóstol preguntó por mera, curiosidad, pues no olvidamos cuan íntima y fraternal era la amistad entre él y Juan.

22. Le dice Jesús: Si quiero que se quede hasta que yo venga. Estas palabras son muy profundas, y han sido interpretadas de diversas maneras.

(1.) Algunos creen que nuestro Señor se refirió con su venida, no a su segundo advenimiento al fin del mundo, sino a su advenimiento espiritual en juicio, cuando los Hebreos fueron castigados, su templo destruido y todas sus instituciones holladas por las huestes romanas.

(2.) Otros creen que el Señor no se propuso predecir nada en particular acerca del porvenir de Juan, mas solo empleó una hipótesis. De acuerdo con esta interpretación El quiso decir: "Suponiendo que sea mi voluntad que él quede hasta que yo venga, ¿qué se te da á ti?"

Esta cuestión jamás se ha decidido, y las palabras de nuestro Señor están en cubiertas con el velo del misterio. Nosotros preferimos la última opinión.

23. Salió pues este dicho, etc. En este versículo San Juan describe cuidadosamente el origen de la más antigua tradición eclesiástica. Debe notarse cuidadosamente con cuánta facilidad empiezan las tradiciones; y cuan pronto, aun con buenas intenciones, rumores desautorizados se originan entre los hombres religiosos. Nada hay más incierto y sin fundamento que esa masa de materiales que la iglesia romana ha hacinado y que denomina "la tradición."

25. Y hay también otras muchas cosas, etc. En este versículo Juan termina su libro prorrumpiendo en una ferviente exclamación acerca de los portentos que había hecho su Señor y Maestro.

 

He concluido mis Notas al Evangelio de San Juan. Acabo de hacer la última explicación. Acabo de hacer la última comparación de las opiniones de los comentadores. Acabo de presentar por última vez mi parecer acerca de puntos dudosos ó controvertidos. Suelto la pluma con emociones de humildad, agradecimiento y veneración. Acaso no será fuera de propósito terminar este libro con las palabras que forman la conclusión del Comentario de Bullinger sobre los Evangelios.

"Lector, os he presentado á vuestro Salvador, el Señor Jesucristo, ese Hijo de Dios que fue engendrado por el Padre por un acto eterno é inefable, y que es de la misma sustancia que Él é igual á Él en todo: pero que en estos últimos siglos, en cumplimiento de las sagradas profecías, se encarnó para redimirnos, sufrió, murió y resucitó de entre los muertos y fue hecho Rey y Señor de todas las cosas. Es á Él á quien el Padre nos ha dado como la plenitud de la gracia y de la verdad, como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, como la serpiente que ha sido elevada para curar la ponzoña del pecado, como el agua que refresca al sediento, como el pan de la vida, como la luz del mundo, como el pastor de las ovejas, como la resurrección y la vida, como el vencedor del príncipe de este mundo, como el Salvador, el Redentor, el Mediador y el Justificador del mundo en todos los siglos. Boguemos, por lo tanto, á Dios Padre, que habiendo examinado su Evangelio, creamos en Aquel que es verdadero y en quien solo se encuentra la salvación; y que creyendo, sintamos en nuestros corazones, mientras vivamos en este mundo, el influjo de la luz divina, y en el mundo venidero gocemos eternamente de su gloriosa presencia. Amen."

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Juan
J.C. C Ryle
Libros CLIE
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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