El Santo Evangelio según
San Juan

Porque por gracia sois salvos

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La mujer adúltera

Juan 8.1-11

1  y Jesús se fue al monte de los Olivos.

2  Y por la mañana volvió al templo,  y todo el pueblo vino a él;  y sentado él,  les enseñaba.

3  Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio;  y poniéndola en medio,

4  le dijeron: Maestro,  esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.

5  Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. (Dt. 22.22-24) Tú,  pues,  ¿qué dices?

6  Más esto decían tentándole,  para poder acusarle.  Pero Jesús,  inclinado hacia el suelo,  escribía en tierra con el dedo.

7  Y como insistieran en preguntarle,  se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

8  E inclinándose de nuevo hacia el suelo,  siguió escribiendo en tierra.

9  Pero ellos,  al oír esto,  acusados por su conciencia,  salían uno a uno,  comenzando desde los más viejos hasta los postreros;  y quedó solo Jesús,  y la mujer que estaba en medio.

10  Enderezándose Jesús,  y no viendo a nadie sino a la mujer,  le dijo: Mujer,  ¿dónde están los que te acusaban?  ¿Ninguno te condenó?

11  Ella dijo: Ninguno,  Señor.  Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno;  vete,  y no peques más.

Juan 8.5 Lv. 20.10; Dt. 22.22-24 22  Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido,  ambos morirán,  el hombre que se acostó con la mujer,  y la mujer también;  así quitarás el mal de Israel. 23  Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno,  y alguno la hallare en la ciudad,  y se acostare con ella; 24  entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad,  y los apedrearéis,  y morirán;  la joven porque no dio voces en la ciudad,  y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo;  así quitarás el mal de en medio de ti.

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 8.1-11

La narración con la cual empieza el capítulo octavo del Evangelio de San Juan es algo peculiar. En algunos respectos es única en su clase. No hay otra, en todos los cuatro Evangelios, que le sea exactamente análoga. En todos los siglos ha habido personas de ánimo escrupuloso que se han detenido en este pasaje y han dudado de que hubiera sido escrito por San Juan. Mas no puedo probarse con facilidad qué justicia haya habido para tales escrúpulos.

Suponer, como lo han hecho algunos, que en la historia de que nos ocupamos se disimula ó encubre el adulterio y se presenta á. nuestro Señor como teniendo en poco el séptimo mandamiento, es ciertamente padecer una grave equivocación. No hay nada en el pasaje que justifique semejante aserción. No hay ni una frase en que pueda apoyarse. Consideremos con calma el asunto, y examinemos el contenido del pasaje.

Los judíos trajeron ante nuestro Señor una mujer que había cometido adulterio, y le pidieron que manifestase que castigo merecía. Se nos dice explícitamente que le hicieron la pregunta por tentarlo. Su esperanza era poderlo inducir á decir algo por lo cual pudiesen después acusarlo. Tal vez se imaginaron que al que predicaba el perdón y la salvación á los publícanos y á las rameras podría escapársele algo que contradijera ó bien la ley de Moisés ó bien sus propias palabras.

Nuestro Señor conocía á sus mal intencionados interrogadores, y se condujo para con ellos de la manera más discreta, como lo había hecho cuando se trataba del dinero del tributo. Mat. 22:17. Rehusó servirles de juez y de legislador, con tanta mayor razón cuanto que el caso que tenían delante había sido decidido ya por su propia ley. Al principio no les dio respuesta alguna.

Mas cuando ellos hubieron reiterado sus preguntas nuestro Señor los redujo al silencio con una respuesta que, además de confundirlos, los obligó á examinar su propio corazón. "El que de vosotros es sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero."El no dijo que la mujer no hubiese pecado, ó que su trasgresión era pequeña ó ligera: lo que hizo fue recordar á sus acusadores que no eran ellos quiénes podían formular contra ella cargo alguno. Sus móviles no eran rectos y sus vidas estaban distantes de ser puras. No venían á la demanda con las frentes limpias. Lo que ellos deseaban en realidad no era vindicar la pureza de la ley de Dios, y castigar una pecadora, sino lanzar contra Jesús los dardos de su malevolencia.

Finalmente, cuando los hombres que habían conducido la desdichada mujer se alejaron de la presencia de nuestro Señor con remordimientos de conciencia, El despidió la culpable pecadora con estas palabras solemnes: "Ni yo te condeno: vete, y no peques más." No quiso decir con esas palabras que ella no merecía castigo, sino que Él no había venido á ser juez. Además, habiéndose ausentado todos los delatores y testigos, no había lugar á juicio ninguno. Por esa razón, dejó ir á la acusada, como si su crimen no hubiera sido comprobado, y le mandó que no pecase más.

Decir en vista de estos hechos sencillos que nuestro Señor desconoció la gravedad del adulterio, no es obrar con justicia. Nada hay en el pasaje que lo pruebe. No hay en toda la Biblia palabras tan enérgicas contra la contravención del séptimo mandamiento como las que pronunció nuestro Señor. Fue Él quien enseñó que dicho mandamiento puede ser quebrantado con una mirada ó con un pensamiento así como también con un acto. Mat. 5:28. Fue Él quien habló de una manera más decidida acerca de la santidad del matrimonio. Mat. 19:5. Ahora bien, ninguna de las palabras contenidas en el pasaje de que nos ocupamos está en disonancia con el resto de sus preceptos: lo que el hizo fue simplemente rehusar ser juez y complacer á sus enemigos condenando á una mujer culpable.

Al terminar la consideración de este pasaje es preciso no olvidar que contiene dos lecciones de muy alta importancia.

Se nos enseña, en primer lugar, cuan grande es el poder de la conciencia. Cuando los delatores de la mujer hubieron oído la exhortación de nuestro Señor, "redargüidos de la conciencia, se salieron uno á uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros."Malvados como eran y endurecidos como estaban, sintieron dentro de sí algo que los llenó de pavor. Aunque la naturaleza humana ha caído de su antigua pureza, Dios se ha dignado dejar en la mente de cada hombre una voz admonitiva.

La conciencia es una facultad muy importante de nuestro espíritu, y está íntimamente relacionada con nuestra vida religiosa. Cierto es que no puede conducirnos á la salvación eterna, que jamás ha encaminado á nadie hacia el Salvador, y que es ciega y puede extraviarse. Sin embargo, no debemos mirarla con desprecio. Es el mejor auxiliar del ministro cuando este clama contra el pecado desde el pulpito. Es el mejor auxiliar de la madre cuando ésta procura contener sus niños de la senda del mal y hacerlos seguir por la del bien. Es el mejor auxiliar del maestro, cuando encarece á sus discípulos los deberes morales. ¡Feliz el que nunca procura acallar la conciencia, mas escucha el sonido de su voz! Más feliz lo es aun el que ora á Dios que la suya sea iluminada por el Espíritu Santo y trasformada por la virtud santificadora de Cristo.

Se nos enseña, en segundo lugar, cuál es la naturaleza del verdadero arrepentimiento. Cuando nuestro Señor dijo á la mujer que Él tampoco la condenaba, agregó estas significativas palabras: "Vete, y no peques más." No le dijo meramente que se fuese y se arrepintiese, sino le llamó la atención hacia lo que principalmente debía hacer, es á saber: abandonar su pecado.

No olvidemos esta lección. Abandonar el pecado es la esencia misma del verdadero arrepentimiento. Nada vale ante los ojos de Dios ese arrepentimiento que consiste apenas en hablar, desear hacer resoluciones, protestar y alimentar esperanzas. Los hechos son el distintivo principal del "arrepentimiento para la salvación del cual nadie se arrepiente." Hasta que un hombre no deje de hacer mal y abandone sus pecados no puede decirse que se haya arrepentido verdaderamente.

NOTAS.   JUAN 8:1-11.

Sobre estos once versículos y el último del capítulo anterior versa una dificultad acerca de la legitimidad del texto, dificultad que es quizá la más grave en el Nuevo Testamento. Muchos escritores cristianos y eruditos, que sin duda merecen la atención del lector, arguyen que el pasaje en cuestión no fue escrito por San Juan, sino por un escritor no inspirado, y eso en una fecha posterior á la fecha en que se escribió el Evangelio, y que por lo tanto no debe, en justicia, formar parte del canon de la Escritura. Otros, que por lo menos merecen igual atención, dicen que el pasaje es parte auténtica del Evangelio de San Juan, y que los argumentos que en su contra se aducen, por fuertes que parezcan, no son incontrovertibles.

(A)       Los argumentos que se hacen en contra del pasaje son los que siguen :

(1)       Que no se encuentra en los más antiguos y mejores manuscritos que existen hoy del Nuevo Testamento.

(2)       Que no se encuentra en las primeras versiones que de las Escrituras se hicieron.

(3)       Que nada hay que sobre él verse en los comentarios de los Padres griegos, como Orígenes, Crisóstomo y       Theophilacto; y que ni Tertuliano ni Cipriano lo citan.

(4)       Que, en cuanto á estilo, difiere del resto del Evangelio de San Juan, y contiene varias palabras y expresiones   que no ocurren en ninguno de sus escritos.

(5)       Que la moral del pasaje es de dudosa pureza, y que en él nuestro Señor parece disimular un pecado atroz.

(B)       Los siguientes son los argumentos que se aducen á favor del pasaje.

(1)       Que se encuentra en muchos manuscritos antiguos, ya que no en los más antiguos y los mejores.

(2)       Que se encuentra en la Vulgata Latina y en la versión arábiga, en la cóptica, la persa, y la etiópica.

(3)       Que Agustín trata de él en su comentario del Evangelio de San Juan, y en otro escrito suyo se refiere   expresamente á su omisión de algunos manuscritos; que Ambrosio lo cita, Jerónimo alude á él, y en los   reglamentos apostólicos se considera genuino.

(4)       Que no puede probarse que el pasaje sea inmoral.

En nuestro concepto, hay menos riesgo de incurrir en el error si se considera el pasaje como auténtico.

1. Y Jesús se fue al monte de las Olivas. Es de sentirse que se empezara con estas palabras un nuevo capítulo, pues es bien claro que él último versículo del capítulo anterior y este primer versículo no debieran estar separados. Cuando los fariseos y los miembros del concilio se volvieron á sus respectivos hogares, nuestro Señor, no teniendo casa, se fue al monte de los Olivos, y pasó allí la noche al raso. Véase Lucas 21:37.

2. Volvió al templo. Es decir, al atrio exterior del templo, donde los judíos acostumbraban reunirse para escuchar á los maestros de la religión. En los países orientales, y cuando la imprenta no había sido inventada, se instruía al pueblo por medio de arengas ó diálogos pronunciados al raso. Sócrates, por ejemplo, enseñaba así en Atenas.

Y sentado él los enseñaba. Por otros textos sabemos que se acostumbraba que los maestros hablaran sentados y los oyentes permanecieran de pié. Véase Mat. 26:55; Lucas 4:20; 5:3; Actos 16:3.

3. Los escribas y los fariseos. Esta es la única vez que San Juan menciona a los escribas en su Evangelio.

Traen á él una mujer. Es probable que los fariseos y escribas tendieron este lazo á nuestro Señor en revancha de que no habían logrado aprehenderlo durante la fiesta.

5. En la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales. Véase Lev. 20:10; Deut. 22:22.

6. Esto decían tentándole, para poderle acusar. ¿En qué consistió esa tentación? ¿Cómo esperaban los judíos tener de que acusar á Jesús? La contestación es fácil. Si nuestro Señor contestaba que la mujer NO debía ser apedreada, lo habrían acusado ante el pueblo de que menospreciaba la ley. Si contestaba, por el contrario, que sí debía ser apedreada, lo habrían acusado ante los romanos de que se usurpaba la facultad de mandar dar muerte á los criminales. Véase Juan 18:31. Además, habrían proclamado dondequiera que nuestro Señor era inconsecuente en ofrecer la salvación á los publícanos y á las rameras, y condenar á muerte á una adúltera por una sola trasgresión.

Jesús bajada, etc. No es fácil comprender la significación de este acto. Se dan varias explicaciones.

(1) Algunos creen que nuestro Señor escribió en la tierra los textos de la Escritura que decidían la cuestión que se le había propuesto, tales como el sétimo mandamiento y Lev. 20:10 y Deut. 22:22.

En ese caso quiso decir: "¿Por qué me preguntáis qué está escrito en la ley, esa ley que Dios escribió con su propio dedo como yo la estoy escribiendo ahora?"

(2) Otros creen que ese acto fue una alusión práctica al siguiente texto: "Los que de mí se apartan, serán escritos en el polvo."

(3) Piensan otros que nuestro Señor no quiso decir nada con el acto de escribir, y que solo se propuso manifestar que no daría contestación alguna, y que no quería tener ingerencia alguna en el asunto que habían sometido á su decisión.

De estas interpretaciones el lector puede escoger la que le parezca más de acuerdo con la razón. Por lo que á nosotros hace, tal vez aceptaríamos la última como más sencilla.

10 Y enderezándose Jesús, etc. No sabemos cuan largo fuera el intervalo durante el cual nuestro Señor se inclinó hacia abajo por segunda vez y escribió sobre la tierra; mas debieron de pasar varios minutos.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús la luz del mundo

Juan 8.12-20

12  Otra vez Jesús les habló,  diciendo: (Mt. 5.14; Jn. 9.5) Yo soy la luz del mundo;  el que me sigue,  no andará en tinieblas,  sino que tendrá la luz de la vida.

13  Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo;  tu testimonio no es verdadero. (Jn. 5.31)

14  Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo,  mi testimonio es verdadero,  porque sé de dónde he venido y a dónde voy;  pero vosotros no sabéis de dónde vengo,  ni a dónde voy.

15  Vosotros juzgáis según la carne;  yo no juzgo a nadie.

16  Y si yo juzgo,  mi juicio es verdadero;  porque no soy yo solo,  sino yo y el que me envió,  el Padre.

17  Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.

18  Yo soy el que doy testimonio de mí mismo,  y el Padre que me envió da testimonio de mí.

19  Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre?  Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis,  ni a mi Padre;  si a mí me conocieseis,  también a mi Padre conoceríais.

20  Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas,  enseñando en el templo;  y nadie le prendió,  porque aún no había llegado su hora.

Juan 8.12 Mt. 5.14; Jn. 9.5

Mt. 5.14 Vosotros sois la luz del mundo;  una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Jn. 9.5 Entre tanto que estoy en el mundo,  luz soy del mundo.

Juan 8.13 Jn. 5.31 Si yo doy testimonio acerca de mí mismo,  mi testimonio no es verdadero.

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 8.12-20

La conversación que tuvo lugar entre nuestro Señor y los judíos y que empieza con los versículos que quedan transcritos, presenta muchas dificultades para su interpretación. Es difícil comprender el enlace que tienen las diferentes partes de que se compone y el significado que debe darse a varias expresiones que salieron de los labios de nuestro Señor. Al leer pasajes como éste la prudencia nos aconseja que reconozcamos cuan imperfecta es nuestra percepción espiritual, y que sintamos gratitud hacia Dios si podemos recoger aquí y allí algunas verdades.

Notemos, primeramente, lo que nuestro Señor dijo de Sí mismo. He aquí: "Yo soy la luz del mundo".

Estas palabras implican que el mundo necesita de luz y que está sumido en las tinieblas. Este estado de cosas, esta obscuridad moral y espiritual, ha durado por cerca de seis mil años. Así sucedió con las naciones antiguas, como Egipto, Grecia y Roma y así sucede con las modernas como Francia y Alemania. La gran mayoría de los hombres son de un espíritu tan mundano que no alcanzan a percibir el valor inmenso de sus almas, ni a comprender la verdadera naturaleza de Dios, ni a formarse una idea de las realidades que existen más allá de la tumba. A pesar de todos los descubrimientos del arte y de la ciencia, "tinieblas cubren la tierra y obscuridad los pueblos." Isa. 60.2

Nuestro Señor Jesucristo manifestó que Él era el único que podría mejorar la situación. A semejanza del sol, ha aparecido para difundir la luz, la vida, la paz, la salvación en medio de un mundo tenebroso; e invita a todos los que necesiten iluminación y socorros espirituales para que se acojan a Él y lo acepten como su adalid. Él ha venido al mundo para ser respecto de los pecadores lo que el sol es respecto de todo el sistema solar: un centro de luz, de calor, de vida, de fertilidad.

Notemos, en seguida, lo que nuestro Señor dijo de los que le siguen. "El que me sigue no andará en tinieblas, más tendrá luz de vida."

Seguir a Jesucristo es acogernos a Él de una manera absoluta, aceptándolo como nuestro Adalid y nuestro Salvador y sometiéndonos a Él en toda materia, ya sea de doctrina, ya de práctica. "Seguir," en este caso, es solo otra voz para expresar el verbo "creer." Es el mismo acto del espíritu, pero considerado bajo distinto aspecto. A la manera que el pueblo de Israel siguió en toda su peregrinación la columna de nube (poniéndose en marcha cuando ésta se movía, haciendo alto cuando se detenía, y todo sin pedir explicaciones, más usando de su fe), así debemos nosotros seguir a Cristo. Hemos de "seguir al Cordero por dondequiera que fuere." Rev. 14.4

El que de esa manera sigue á Cristo no "andará en tinieblas," ni quedará abandonado en la ignorancia, como muchos de sus semejantes. No tendrá que seguir la tortuosa senda de la duda y de la incertidumbre, mas verá despejado su horizonte y seguirá el camino que conduce al cielo. El reflejo del resplandor divino alumbrará sus pasos, y la conciencia y la inteligencia serán para él una luz brillante que nada podrá extinguir del todo. La luz con que los demás se alumbran se apagará al atravesar el valle de la muerte, y será más que inútil, perjudicial. Mas la luz que Jesús concede á todo el que le sigue, nunca dejará de alumbrar.

Notemos, por último, lo que nuestro Señor dijo á sus adversarios. Les dijo á los fariseos que, á pesar de su decantada sabiduría, no conocían á Dios.

Esa especie de ignorancia es demasiado común. Millares de personas hay que saben á fondo muchos ramos del saber humano, y pueden aun discutir materias religiosas, y que, sin embargo, no saben en realidad nada acerca de Dios. Convienen en que existe un Ser que se llama Dios; pero saben muy poco acerca de sus atributos, según han sido revelados en las Sagradas Escrituras, tales como su santidad, su pureza, su justicia, su sabiduría infinita, su inmutabilidad. Ese asunto, á la verdad, les infunde ciertos recelos y temores, y por eso no les gusta discutirlo ó examinarlo.

El mejor modo de conocer á Dios es acercándose á El mediante la intercesión del Hijo, pues así no hay nada que pueda atemorizarnos. Dios, sin Cristo, debe con razón llenarnos de alarma, pues, ¿cómo nos atreveremos á contemplar un Ser tan elevado y tan Santo? Más Dios en Cristo está lleno de misericordia, gracia y paz. Los requisitos de su ley han sido cumplidos: su santidad no puede ya infundirnos pavor. Jesucristo es, en una palabra, "la puerta " por la cual podemos acercarnos al Padre. Si conocemos á Cristo conoceremos al Padre. El mismo lo ha dicho: "Nadie viene al Padre, sino por mí."

Ahora bien, ¿en qué situación nos encontramos nosotros? Muchos hay que viven y mueren como envueltos por espesa bruma. ¿Á dónde nos encaminamos? No debemos permanecer en la incertidumbre en lo que concierne á la salvación eterna. Cristo, la luz del mundo, ha aparecido para nuestro bien así como para el bien de nuestros semejantes.

NOTAS.   JUAN 8:12-20.

Antes de empezar las notas sobre este pasaje, suplicamos á los que duden de la autenticidad de los primeros once versículos del capítulo, que consideren la incoherencia que resultaría si el versículo doce se siguiese inmediatamente al cincuenta y dos del capítulo anterior.

12. No andará en tinieblas. La voz " tinieblas " denota en el Nuevo Testamento unas veces el pecado, como en 1 Juan 1:6, y otras veces ignorancia é incredulidad, como en 1 Tes. 5:4. En el versículo de que tratamos es más probable que nuestro Señor se refiriera á la oscuridad intelectual que Él había venido á disipar. El sentido del versículo es, pues, como sigue: " El que me signe en calidad de discípulo no permanecerá ignorante por más tiempo acerca de la naturaleza y el porvenir de su alma.

13. Entonces los fariseos le dijeren. Estos fariseos formaban parte, sin duda, de la multitud que había venido á oír la predicación de nuestro Señor, y no eran los que habían traído la mujer adúltera.

Tu testimonio no es verdadero. Es claro que los fariseos no quisieron decir con esas palabras que el testimonio de nuestro Señor era falso. Lo que sí quisieron decir fue que era un principio bien reconocido que el testimonio que un hombre rinde á favor de sí mismo vale muy poco.

14. Porque sé de dónde he venido, etc. Nuestro Señor expresó así una razón poderosa para que su testimonio fuese recibido por los judíos. Era esa razón que tanto su naturaleza como su misión eran divinas.

16. Más si yo juzgo, etc. El sentido de este versículo es como sigue: "No Vayáis á suponer, porque he dicho que no juzgo á nadie, que no soy idóneo para juzgar. Bien al contrario, si pronunciare juicio acerca de los conceptos ú opiniones de alguna persona, ese juicio es acertado y digno de confianza, pues yo no soy solo, habiendo como hay íntima unión entre yo y el Padre que me envió. Cuando yo juzgo, no lo hago solo, mas el Padre me acompaña en ese acto."

18. Yo soy el que, etc. El sentido de este versículo es como sigue: " Concediendo que el testimonio de dos testigos es digno de crédito, os llamo la atención al hecho de que hay dos testigos que declaran acerca de la divinidad de mi naturaleza y de mi misión: Yo mismo, el Eterno Hijo, soy uno de esos testigos; El Padre que me envió es el otro.

20. Estas palabras habló Jesús en el tesoro, etc. Esta cláusula tiene dos objetos: primero, denotar que hubo una interrupción en el hilo del discurso; y segundo, manifestar cuán públicamente hablaba Jesús acerca de su misión.

Y nadie le prendió.    Véase la nota acerca de Juan 7:30.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

A donde yo voy, vosotros no podéis venir

Juan 8.21-30

21  Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy,  y me buscaréis,  pero en vuestro pecado moriréis;  a donde yo voy,  vosotros no podéis venir.

22  Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo,  que dice: A donde yo voy,  vosotros no podéis venir?

23  Y les dijo: Vosotros sois de abajo,  yo soy de arriba;  vosotros sois de este mundo,  yo no soy de este mundo.

24  Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados;  porque si no creéis que yo soy,  en vuestros pecados moriréis.

25  Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres?  Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho.

26  Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros;  pero el que me envió es verdadero;  y yo,  lo que he oído de él,  esto hablo al mundo.

27  Pero no entendieron que les hablaba del Padre.

28  Les dijo,  pues,  Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre,  entonces conoceréis que yo soy,  y que nada hago por mí mismo,  sino que según me enseñó el Padre,  así hablo.

29  Porque el que me envió,  conmigo está;  no me ha dejado solo el Padre,  porque yo hago siempre lo que le agrada.

30  Hablando él estas cosas,  muchos creyeron en él.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 8.21-30

Este pasaje contiene muchas verdades profundas, tan profundas que no podemos sondearlas. Al leerlo debiéramos recordar aquellas palabras del Salmista: "Muy profundos son tus pensamientos." Pero en los primeros versículos contiene también otras que son claras y sencillas.    Es de éstas que proponemos ocuparnos.

Se nos enseña, en primer lugar, que puede acontecer que se busque á Cristo en vano. Nuestro Señor dijo á los judíos incrédulos: " Me buscareis y en vuestro pecado moriréis." Con estas palabras quiso decir que los judíos lo buscarían algún día en vano.

Que un Salvador como Jesús, tan amoroso y tan deseoso de salvar, sea alguna vez buscado en vano, es una idea que causa dolor. Y sin embargo esa es la realidad. Se puede abrigar sentimientos religiosos acerca de Cristo, y no obstante no poseer la religión que salva. Una enfermedad, un duelo repentino, el temor de la muerte, la falta de anteriores comodidades-todo esto puede despertar en un hombre mucha religiosidad. Conmovido por esas desgracias tal vez hinque la rodilla y ore con fervor; tal vez manifieste fuertes emociones espirituales y profese por algunos días servir -á Cristo y cambiar de vida. Y, a pesar de todo, quizá no experimente una verdadera contrición. Si las circunstancias que han influido en su ánimo desaparecen, es posible que vuelva á llevar la misma vida de antes. Es que buscó á Cristo en vano, porque lo buscó por ilícitos motivos, y no de todo corazón.

Desgraciadamente esto no es todo. Puede acontecer también que se rechace tan repetidas veces la luz del Espíritu, el conocimiento de todo lo que concierne á la vida futura, que después, cuando se busque á Cristo, sea en vano. Tanto la Escritura como la experiencia nos enseñan que sucede a veces que los hombres rechazan tantas veces á Dios que Dios al fin los desecha. Con tanta obstinación se empeñan en mantener latentes sus convicciones y en apagar la luz de la conciencia, que Dios al fin se aira y los abandona á sí mismos. No es sin objeto que han sido escritas las siguientes palabras: "Entonces me llamarán y no responderé: buscarme han de mañana y no me hallarán: por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová." Prov. 1:28, 29. El único medio seguro es buscar á Cristo cuando se le puede hallar, y eso con sinceridad y de todo corazón.

También se nos enseña cuan grande es la diferencia que existe entre Jesucristo y los impíos. Nuestro Señor dijo á los judíos incrédulos: "Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo."

No hay duda que estas palabras se refieren de una manera especial á nuestro Señor Jesucristo. En el sentido más elevado y literal no ha habido sino un Ser que haya podido decir con verdad: "Yo soy de arriba-yo no soy de este mundo." Ese Ser es el Hijo de Dios.

Pero hay otro sentido según el cual pueden aplicarse estas palabras á todos los miembros de la iglesia cristiana. Comparados con la multitud indiferente que los rodea, son "de arriba," á semejanza de su Maestro, y no de "este mundo." Los impíos fijan sus pensamientos en las cosas de abajo; el verdadero cristiano cifra sus afectos en las cosas de arriba. Los impíos se ocupan exclusivamente de las cosas de este mundo, de sus quehaceres, ventajas y placeres. El verdadero cristiano, aunque está en el mundo, no pertenece á él: y espera gozar de su mayor felicidad más allá de la tumba.

Bueno es que el verdadero discípulo de Jesucristo tenga presente esa línea divisoria. Si desea el bien de su alma y anhela servir á Dios, tiene que resignarse á estar separado de gran número de sus semejantes por una valla intransitable. Talvez no le agrade parecer diferente de los demás; pero esa es una consecuencia necesaria de la gracia que reina en su corazón. Acaso se haga objeto del odio, del ridículo y de la calumnia; mas ese fue el cáliz que apuró su Maestro y del cual Él advirtió y sus discípulos que tendrían que tomar. "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que es suyo; mas porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo." Juan 15:19.

Se nos enseña, últimamente, o qué fin tan terrible arrastra la incredulidad al hombre. Nuestro Señor dijo á sus enemigos: " Si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis."

¿Quién fue el que pronunció esas palabras? ¿Quién fue el que dijo que ciertos hombres "morirían en sus pecados," es decir, morirían sin ser perdonados, sin estar preparados para comparecer ante Dios? El que dijo eso no fue otro que el Salvador del género humano, el que entregó su vida por sus ovejas-el amoroso, benigno, misericordioso y compasivo Protector de los pecadores. Es este un hecho que no debe pasarse por alto.

Incurren en un error los que imaginan que es propio solo de gente brusca y malévola hablar del infierno y de las penas futuras. ¿Cómo pueden tales personas desentenderse del versículo de que nos ocupamos? ¿Cómo explican muchas expresiones análogas que empleó nuestro Señor, y especialmente tales pasajes como aquel en el cual alude al "gusano que no muere, y al fuego que nunca se apaga."? Marcos 9:46. No pueden contestar estas preguntas. Extraviados por una caridad mal entendida y una dulzura exagerada, condenan las enseñanzas claras de la Escritura, pretendiendo poseer conocimientos superiores á los revelados en ese libro.

En conclusión, no olvidemos que la incredulidad es el pecado particular que causa la pérdida eterna de las almas. Si los judíos hubieran creído en nuestro Señor, toda blasfemia y todo pecado les habrían sido perdonados. Pero la incredulidad cierra la puerta de la misericordia y disipa toda esperanza. Unas de las palabras de más terrible solemnidad que jamás pronunciara nuestro Señor fueron éstas: "El que no creyere será condenado." Mar. 16:16.

NOTAS.    JUAN 8:21-30.

21. Y les dijo otra vez Jesús. Después de una pausa nuestro Señor reasumió su discurso con un tema algún tanto distinto.

Yo voy. El sentido debe de ser: "Yo parto pronto de este mundo. Mi misión se acerca á su fin. El tiempo de mi sacrificio y muerte se acerca, y yo tendré que ascender otra vez al trono del Padre."

A donde yo voy, vosotros no podéis venir. Es decir, ni cielo, la gloriosa y eterna morada del Hijo.

23. Y les decía: Vosotros sois de abajo, etc. Podría amplificarse el razonamiento de nuestro Señor en los términos siguientes: "No existe unión, armonía ó comunidad de intereses entre vosotros y yo. Vosotros estáis engolfados en asuntos terrenales. Vosotros sois de abajo, de esto mundo. Yo, por el contrario, descendí de lo alto y me ocupo exclusivamente de lo que tiene relación al cielo y al Padre que me envió. No debéis, pues, sorprenderos de que os haya dicho que no podéis ir á donde yo voy y que moriréis en vuestros pecados.

24. Por eso os dije, etc. Nótese que era á causa de la incredulidad que los judíos eran tan mundanos. Si hubieran creído en Cristo habrían sido librados de este mundo corrompido. El arma con la cual se vence al mundo es la fe.

25. Y le decían: ¿Tú, quién eres? Es bien probable que los judíos esperaran de ese modo obtener de nuestro Señor una respuesta de la cual pudiesen asirse para incriminarlo después.

Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho. No es fácil de percibir cuál ata el sentido de estas palabras. Se han dado varias explicaciones :

(1) Algunos creen que con el vocablo "principio " nuestro Señor se refirió al comienzo de su ministerio ó predicación.

(2) Otros creen que la palabra que en el original corresponde á "principio" es un adverbio, y que las palabras en cuestión deben traducirse: "Primeramente (es decir, como principio de su respuesta), replico que soy el que os he dicho siempre que soy."

(3) Otros creen que la voz traducida "principio " es sustantivo y significa el gran Principio de todas las cosas. El sentido en ese caso seria como sigue: "Yo Soy el gran Principio de todas las cosas, el eterno Dios."

26. Muchas cosas tengo que decir, etc. Este versículo está también concebido en términos muy lacónicos. Podría explanarse así: "Vosotros os maravilláis y enojáis porque os he dicho que sois de abajo, que moriréis en vuestro pecado, que á donde yo voy no podéis ir; y preguntáis quién soy yo que así hablo y así os juzgo. Sabed que yo podría decir mucho más y pronunciar otros juicios acerca de vosotros. No obstante, por ahora me abstengo de hacerlo, mas os digo que el que me envió es el único y el verdadero Dios, y yo solo anuncio al mundo lo que de Él ha oído ó lo que Él me ha encargado que anuncie."

28. Les dijo pues Jesús. Este versículo es profético.

29. Conmigo está, no me ha dejado solo el Padre. No es posible explicar por completo el sentido de estas palabras. Contentémonos con creer que el Padre "estuvo con" el Hijo de una manera inescrutable durante todo el período de su encarnación.

30. Hablando de estas cosas, muchos creyeron en ti. No cabe duda que "estas cosas" se refieren á todo el discurso y no al versículo 29 solamente. En cuanto á la fe que se dice muchos experimentaron, no existe razón para creer que pasara de ser un acto meramente intelectual.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

La verdad os hará libres

Juan 8.31-38

31  Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él:  Si vosotros permaneciereis en mi palabra,  seréis verdaderamente mis discípulos;

32  y conoceréis la verdad,  y la verdad os hará libres.

33  Le respondieron: Linaje de Abraham somos, (Mt. 3.9; Lc.3.8) y jamás hemos sido esclavos de nadie.  ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34  Jesús les respondió:  De cierto,  de cierto os digo,  que todo aquel que hace pecado,  esclavo es del pecado.

35  Y el esclavo no queda en la casa para siempre;  el hijo sí queda para siempre.

36  Así que,  si el Hijo os libertare,  seréis verdaderamente libres.

37  Sé que sois descendientes de Abraham;  pero procuráis matarme,  porque mi palabra no halla cabida en vosotros.

38  Yo hablo lo que he visto cerca del Padre;  y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.

Juan 8.33 Mt. 3.9; Lc.38

Mt. 3.9 y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre;  porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

Lc.3.8 Haced,  pues,  frutos dignos de arrepentimiento,  y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre;  porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Sois de vuestro padre el diablo

Juan 8.39-47

39  Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham.  Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham,  las obras de Abraham haríais.

40  Pero ahora procuráis matarme a mí,  hombre que os he hablado la verdad,  la cual he oído de Dios;  no hizo esto Abraham.

41  Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.  Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación;  un padre tenemos,  que es Dios.

42  Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios,  ciertamente me amaríais;  porque yo de Dios he salido,  y he venido;  pues no he venido de mí mismo,  sino que él me envió.

43  ¿Por qué no entendéis mi lenguaje?  Porque no podéis escuchar mi palabra.

44  Vosotros sois de vuestro padre el diablo,  y los deseos de vuestro padre queréis hacer.  El ha sido homicida desde el principio,  y no ha permanecido en la verdad,  porque no hay verdad en él.  Cuando habla mentira,  de suyo habla;  porque es mentiroso,  y padre de mentira.

45  Y a mí,  porque digo la verdad,  no me creéis.

46  ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?  Pues si digo la verdad,  ¿por qué vosotros no me creéis?

47  El que es de Dios,  las palabras de Dios oye;  por esto no las oís vosotros,  porque no sois de Dios.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 8.31-36

En estos versículos se nos demuestra, en primer lugar, cuan importante es ser perseverantes en servir á Cristo. Según parece, en la época de que nos ocupamos hubo muchos que profesaron creer en nuestro Señor y expresaron deseos de hacerse discípulos suyos. No existe prueba alguna de que tenían una fe verdadera. Lo más probable es que obraron impulsados por el acaloramiento del momento, sin pensar bien en lo que hacían. Por eso nuestro Señor les hizo la siguiente advertencia: "Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos."

Estas palabras contienen un tesoro de sabiduría. Comparativamente hablando es cosa fácil comenzar una vida religiosa. A ello nos mueven no pocos incentivos de naturaleza compleja. La afición á todo lo nuevo, la alabanza de cristianos bien intencionados, pero indiscretos, la satisfacción secreta que se siente en empezar otra vida mejor, el natural placer que resulta de un cambio de costumbres-todo esto contribuye á alentar al neófito. Animado de ese modo, empieza á caminar en la senda que conduce al cielo, abandonando algunos vicios y practicando algunas virtudes. Por algún tiempo experimenta sensaciones muy agradables, y todo sigue bien; pero cuando empiezan á envejecerse esas emociones y á disiparse la novedad, cuando el mundo y el demonio empiezan á tentarlo con obstinación, cuando se comienza á revelar la debilidad de su propio corazón, entonces es que descubre las espinas que obstruyen su paso, y entonces es que descubre también cuánta sabiduría encierran las palabras citadas. La prueba de que se posee la verdadera gracia no es el empezar, sino el continuar en la práctica de la verdadera religión. En estos versículos se nos hace saber, en seguida, cuál es la naturaleza de la verdadera esclavitud. Los judíos gustaban de hacer alarde, aunque sin razón, de que no estaban bajo el yugo de ningún poder extranjero. Nuestro Señor les recordó que había otro tirano de quien ellos no se habían apercibido, aunque los tenía oprimidos. "Todo aquel que hace pecado, es siervo del pecado."

¡Cuan cierto es eso! Cuántos hay que están completamente esclavizados, aunque ellos no lo reconocen así. Sus culpas y pecados dominantes los llevan cautivos, y ellos no tienen la facultad de libertarse. La ambición, la avaricia, la embriaguez, la glotonería, la afición á las diversiones y á las malas compañías-todos estos vicios y prácticas desordenadas son otros tantos déspotas que oprimen á los hombres. Los desdichados prisioneros no confiesan que lo son. Á veces llegan á preciarse de ser completamente libres. Mas muchos de ellos saben bien que esto no es así. Hay ocasiones en que las cadenas les oprimen hasta el corazón, y entonces se convencen con dolor de que son esclavos.

Á esta esclavitud no hay ninguna que pueda comparársele. El pecado es, á la verdad, el peor de todos los amos. Padecimientos y chascos en esta vida y continuo desesperar en la venidera-he aquí los únicos gajes que el pecado concede á sus siervos. Librar á los hombres de esa esclavitud es el gran fin del Evangelio. Jesucristo envió á sus apóstoles para que hiciesen que los hombres, apercibiéndose de lo degradado de su situación, se levantasen y luchasen por su libertad. ¡Felices los que abren los ojos y descubren el peligro! Saber que somos cautivos es el primer paso dado hacia la libertad.

En estos versículos se nos deja comprender, finalmente, cuál es la naturaleza de la verdadera libertad. Nuestro Señor dijo: "Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres."

La libertad es considerada, y con razón, como una de las mayores bendiciones terrenales. Emancipación política, leyes liberales, libertad de comercio, libertad de imprenta, libertad civil y religiosa: ¡cuánto no encierran estas palabras! ¡Cuántos no sacrificarían su fortuna y hasta su vida por conservar lo que ellas expresan! Y, no obstante, a pesar de tanto alarde, hay muchos que no conocen la libertad más pura y elevada. La libertad más preciosa es la que cae en lote al verdadero cristiano. Solo son perfectamente libres aquellos á quienes el Hijo de Dios hace libres. Todos los demás tarde ó temprano resultarán ser esclavos.

¿De qué elementos se compone, ó en qué consiste la libertad de los verdaderos cristianos? Consiste en que han sido exonerados de las consecuencias del pecado por medio de la sangre de Cristo. Justificados y perdonados como están, pueden sin temor esperar el día del juicio y decir: ¿Quién podrá acriminarnos? ¡Quién podrá condenarnos! Consiste en que han sido librados del poder del pecado por la gracia del Espíritu de Cristo. El pecado deja de tener dominio sobre ellos. Habiendo sido renovados, convertidos y santificados, vencen el pecado y dejan de ser sus esclavos.

NOTAS.    JUAN 8:31-36.

32. Y conoceréis la verdad. Es decir, la verdad respecto de Jesucristo, de su naturaleza, su misión y su Evangelio. Es una expresión análoga á la siguiente: "El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina." Juan 5:19.

33. Y jamás servimos á nadie. ¡Cómo les cegaba el orgullo! Los descendientes de Abrahán habían estado bajo el yugo de los Egipcios y Babilonios por muchos años, y fueron invadidos y subyugados frecuentemente por los filisteos y por otros pueblos, según se nos refleje en el libro de los Jueces. Aun en la época de que nos ocupamos estaban bajo el poder de los romanos.

¿Cómo dices tú: Seréis hechos libres? Hicieron los judíos esta pregunta en parte movidos por el enojo y en parte por la curiosidad. Aunque los había exasperado la idea de que fuesen siervos, no se desapercibieron de la expresión "seréis hechos libres." Sin duda los hizo pensar en el glorioso reino del Mesías predicho por los profetas. La pregunta, pues, implicaba: "¿Vas á devolver el reino á Israel? ¿Vas á emanciparnos de los romanos?"

34. Jesús les respondió, etc. Por medio de las palabras contenidas en este versículo nuestro Señor dio á entender á sus oyentes á que especie de libertad se había referido, manifestando qué clase de esclavitud era de la que quería que fuesen libertados.

35. Y el siervo no queda en casa, etc. Este versículo es de difícil interpretación porque es muy lacónico y hay que suplir algunas frases. Parece que el objeto principal que nuestro Señor se propuso fue manifestar á los Judíos cuan servil era el estado en que se encontrarían en tanto que lo rechazasen á Él y con cuánta libertad y dignidad vivirían si creían en Él y se hacían sus discípulos. Podría explanarse así el versículo citado : "Al presente, viviendo bajo el yugo de la ley ceremonial, y estando satisfechos con ésta y las tradiciones de los fariseos, no pasáis de ser meros siervos y esclavos, y estáis expuestos á ser arrojados en cualquier momento del favor y de la presencia de Dios; Si me recibieseis que el siervo no tiene título permanente al techo que le da abrigo, y puede ser despedido á cualquiera hora, en tanto que el hijo es heredero del padre y sus títulos son sempiternos."

36. Si el Hijo os libertare, etc.    Nuestro Señor explicó así qué era lo que Él llamaba libertad. Era la exención del dominio y de las consecuencias del pecado.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Juan  8:37-47.

En esté pasaje se nos enseña cuan grande es la ignorancia de los que se creen justos por virtud propia. Los judíos se jactaban de ser hijos de Abrahán, como si con esa circunstancia quedasen disimulados todos sus defectos. Pero no se contentaron con eso, mas alegaron ser favoritos de Dios y pertenecer á su gran familia: "Un solo padre tenemos, que es Dios." Se olvidaron que de nada les valía el parentesco con Abrahán si no participaban de esa gracia divina que él había poseído. Se olvidaron que la elección que Dios había hecho de su padre, para ser cabeza de una nación favorecida, no podía en manera alguna acarrear la salvación á los descendientes, á menos que éstos siguiesen las huellas de su progenitor. Es que la presunción les vendó los ojos. "Somos hijos de Dios; pertenecemos á la iglesia verdadera; estamos incluidos en el pacto; todo está bien:" He aquí como razonaban consigo mismos.

Convenzámonos de que ser miembros de una iglesia buena y haber tenido piadosos ascendientes no son pruebas, en manera alguna, de que nosotros estemos en el camino que conduce á la salvación. Necesitamos algo más que esto: menester es que estemos unidos á Cristo por medio de una fe viva, y que experimentemos en nuestros corazones el influjo regenerador del Espíritu Santo. "Los principios de la iglesia" y "la legitimidad del gremio" son hermosas expresiones y sientan bien en los labios de un sectario; mas no pueden librar á nuestras almas de la ira venidera ni infundirnos valor el día del juicio.

También aprendemos en estos versículos cuáles  son las señales que distinguen la filiación espiritual. Nuestro Señor aclaró este punto por medio de dos sentencias admirables. ¿Dicen los judíos que tienen por padre á Abrahán? El les contesta: "Si fuerais hijos de Abrahán, las obras de Abrahán haríais." ¿Dicen los judíos que tienen un solo padre, que es Dios? El les contesta: "Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais á mí."

Grabemos firmemente en nuestra memoria estas dos respuestas, pues con ellas puede replicarse á dos errores del los que son de los más perniciosos, y sin embargo más comunes. ¿Qué puede ser más común, por una parte, que oír pláticas vagas acerca de la paternidad de Dios? "Todos los hombres," se dice, "son hijos de Dios, cualquiera que sea su credo ó religión; y todos serán al fin albergados en la casa del Padre, donde hay muchas moradas." ¿Qué puede ser más común, por otra, que oír frases altisonantes acerca de los efectos del bautismo y los privilegios que se conceden á los miembros de la iglesia? "Por medio del bautismo," dicen muchos, " nos hacemos hijos de Dios;" y deben considerarse á todos los miembros de la iglesia como hijos del Todopoderoso.

Es imposible hacer que tales aserciones se avengan con las palabras de nuestro Señor que quedan citadas. Según ellas, el que no ame á nuestro Señor Jesucristo, sea él quien fuere, no puede ser considerado hijo de Dios. En la fórmula de la ceremonia de bautismo, concebida en suaves y benignas frases, ó en alguna pregunta del catecismo, en que se tiene en mira más bien el porvenir que el presente, tal vez se le llame hijo de Dios. Pero, como queda dicho, ninguno puede serlo en realidad si sinceramente no ama á nuestro Señor Jesucristo.

Enséñasenos en estos versículos, finalmente, algo sobre la existencia y el carácter del diablo. Nuestro Señor aludió á él como á un ser cuya personalidad y existencia están fuera de toda duda. En solemnes y rígidas palabras de reproche dijo á sus incrédulos adversarios: "Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir." Y luego pintó á Satanás en negros colores, describiéndolo como "homicida," "mentiroso," y "padre de la mentira."

¡Sí, existe el diablo! Tenemos siempre cerca de nosotros un enemigo invisible, pero poderoso, un enemigo que jamás se descuida ó se duerme, un enemigo que nos acecha al andar ó al descansar, que espía todos nuestros movimientos y no se apartará de nosotros hasta que muramos. ¡Es homicida! Su propósito más firme es lanzarnos en el camino de la destrucción y perder para siempre nuestras almas. "Anda en derredor buscando á quién devorar." ¡Es mentiroso! Continuamente está procurando engañarnos con embustes de la misma manera que engañó á Eva en el paraíso. Nunca cesa de decirnos que el bien es el mal y el mal el bien, que la verdad es la mentira y la mentira la verdad, que el camino ancho es el bueno y el angosto el malo. Millones de hombres hay que caen en sus lazos, tanto ricos como pobres, nobles como plebeyos, ilustrados como ignorantes. La mentira es su arma favorita. Con ella da la muerte á muchos.

Creyendo, pues, firmemente que el diablo existe, velemos, oremos y luchemos á fin de ser librados de sus tentaciones. Aunque es fuerte, hay un Ser más fuerte que él: el Ser que dijo á Pedro que había orado por él para que no le faltara la fe, y que intercede constantemente á la diestra de Dios. Encomendémosle á Él nuestras almas. Existiendo como existe el diablo, no es de sorprendernos que abunde el mal en el mundo; mas teniendo á Cristo de nuestra parte no hay por qué temer. Escrito está: "Resistid al diablo, y huirá de vosotros." "El Dios de paz quebrantará presto á Satanás debajo de vuestros pies." Santiago 4:7; Rom. 16:20.

NOTAS.   JUAN 8:37-47.

37. Porque mi palabra no cabe en vosotros. Esto es: "Porque el Evangelio que yo predico, el mensaje que mi Padre me ha comisionado para que trasmita, lo ha recibido en vuestros corazones buena acogida.

38. Yo, lo que he visto, etc. Podría amplificarse este versículo del modo siguiente: La verdad es que entre vosotros y yo hay un profundo abismo. Yo hablo, y he hablado acerca de las grandes verdades que he contemplado con mi Padre desde toda eternidad, y que Él me ha enviado al mundo á proclamar. Vosotros, por otra parte, hacéis lo que vuestro padre el diablo os aconseja, el mal de que él ha saturado vuestras mentes.

37. Nuestro padre es Abrahán. Así repitieron los Judíos lo que ya habían dicho. Sorprendidos de lo que nuestro Señor dijo acerca de su padre, afirmaron de nuevo ser descendientes de Abrahán.

Díseles Jesús: Si fuerais hijos de Abrahán, etc. Es decir: "Si, espiritualmente hablando, fuerais hijos de Abrahán, lo demostraríais observando la conducta que Abrahán observó. Dimanando de la misma fuente vuestras obras serian análogas á las suyas.

40. Empero ahora procuráis de matarme, etc. Nuestro Señor reiteró la acusación contenida en el versículo precedente, á saber: que sus adversarios no descendían de Abrahán según el espíritu, aunque sí según la carne. "Ahora mismo estáis conspirando contra mi vida, no porque se haya cometido crimen alguno, sino porque os he anunciado el Evangelio. Muy distinta es esa conducta de la que vuestro abuelo Abrahán hubiera seguido. El se regocijó en la perspectiva de mi venida.

Al llamarse nuestro Señor "hombre," hizo uso de una expresión que no empleó en ninguna otra ocasión. Por lo general, cuando quería referirse á su naturaleza humana, se daba la denominación de "Hijo del hombre." Parece que en el pasaje de que tratamos se propuso hablar de sí mismo bajo el aspecto en que lo consideraban sus adversarios, siendo así que no podían todavía reconocer su divinidad.

41. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Esto es: "Vosotros estáis haciendo lo que vuestro padre el diablo os sugiere."

Le dijeron pues: Nosotros no somos nacidos de fornicación. No es posible interpretar estas palabras en un sentido literal. Nuestro Señor se dirigió á los judíos no como individuos sino en su calidad de nación, y aludió á su linaje en el sentido religioso de la palabra. La cuestión era: "¿Quién era su padre? ¿De quién habían heredado su carácter espiritual? ¿A quién debían trazarse sus inclinaciones?" Los oyentes de nuestro Señor lo entendieron así, y por lo tanto dijeron: "No somos nacidos de fornicación. Aunque no seamos tan buenos como Abrahán, no por eso somos paganos ó idólatras."Que a la idolatría llamaban "fornicación" puede probarse con varios pasajes de la Biblia, tales como Jeremías 2:1-20; 3:1-3.

Un solo padre tenemos, que es Dios.    Que en varios pasajes del Antiguo Testamentó se llama á Dios Padre de Israel es innegable. Véase, por ejemplo, Deut. 82:6; 1 Cron. 29:10; Isa. 63:16, etc. Mas es bien claro que esos textos se refieren á la relación de Dios para con Israel como nación, no á los miembros de esa colectividad como individuos.

43. ¿Por qué no entendéis? etc. Nótese que nuestro Señor distinguió entre "lenguaje" y "palabra." Con la voz "lenguaje" denotó la manera de expresarse; con la voz "palabra" se refirió á su doctrina. El sentido del versículo es, pues, como sigue: ¿Por que es que no entendéis mi modo de expresarme cuando os hablo de la "libertad" y de vuestro "padre"? Es porque no recibís ni acatáis la palabra que mi Padre os ha enviado conmigo."

44. Vosotros de vuestro padre el diablo sois, etc. El sentido de este versículo es como sigue: " Tan lejos estáis de ser hijos espirituales de Abrahán ó verdaderos hijos de Dios, que, por el contrario, bien podríais denominaros hijos del diablo; y lo dejáis conocer por el hecho de que os empeñáis en hacer lo que vuestro padre os sugiere. El, desde el principio del mundo, dirigió todos sus esfuerzos á causar la ruina del hombre, y se aparte de tal manera de la verdad y la rectitud en que fue creado originalmente, que ahora es ajeno á la verdad. Cuando sugiere una mentira lo hace de acuerdo con su naturaleza, porque es mentiroso y padre de la mentira."

Nótese como se mencionan especialmente el homicidio y la mentira como particularidades del diablo. Pecados son estos que se oponen diariamente á la naturaleza divina, especialmente el de la mentira.

46. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Nuestro Señor hizo dos preguntas á las cuales no les era dable á sus oyentes contestar. "¿Cuál de vosotros puede probarme la comisión de algún pecado? Vosotros sabéis muy bien que no podéis acusarme de ninguna ofensa. Ahora bien, si estoy libre de toda mancha y solo os hablo lo que está en armonía con la verdad y con la sana razón, ¿por qué motivo no creéis en mí?"

47. El que es de Dios, etc. Nuestro Señor contestó así las preguntas que El mismo había hecho, y probó de una manera concluyente que sus oyentes eran malos é irreligiosos.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

La preexistencia de Cristo

Juan 8.48-59

48  Respondieron entonces los judíos,  y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros,  que tú eres samaritano,  y que tienes demonio?

49  Respondió Jesús: Yo no tengo demonio,  antes honro a mi Padre;  y vosotros me deshonráis.

50  Pero yo no busco mi gloria;  hay quien la busca,  y juzga.

51 De cierto,  de cierto os digo,  que el que guarda mi palabra,  nunca verá muerte.

52  Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio.  Abraham murió,  y los profetas;  y tú dices: El que guarda mi palabra,  nunca sufrirá muerte.

53  ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham,  el cual murió?  ¡Y los profetas murieron!  ¿Quién te haces a ti mismo?

54  Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo,  mi gloria nada es;  mi Padre es el que me glorifica,  el que vosotros decís que es vuestro Dios.

55  Pero vosotros no le conocéis;  mas yo le conozco,  y si dijere que no le conozco,  sería mentiroso como vosotros;  pero le conozco,  y guardo su palabra.

56  Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día;  y lo vio,  y se gozó.

57  Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años,  ¿y has visto a Abraham?

58  Jesús les dijo: De cierto,  de cierto os digo: Antes que Abraham fuese,  yo soy.

59  Tomaron entonces piedras para arrojárselas;  pero Jesús se escondió y salió del templo;  y atravesando por en medio de ellos,  se fue.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Juan 8.48-59

En este pasaje debemos observar, primeramente, qué de injurias y de blasfemias lanzaron á nuestro Señor sus adversarios. He aquí un ejemplo: "¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano y que tienes demonio?" Reducidos al silencio en el campo de la discusión, esos hombres perversos apelaron á los insultos. El enojo y el estilo difamante son señales seguras de derrota.

La diatriba, los insultos, los dicterios son armas favoritas del diablo. Cuando otros medios de hacer la guerra encallan, excita á sus siervos para que zahieran de palabra. Mucho a la verdad es lo que, en todo tiempo, los siervos de Dios han tenido que sufrir de boca de sus gratuitos enemigos. Estos han circulado calumnias acerca de ellos, han inventado cuentos acerca de su conducta y los han trasmitido con rapidez. No debemos, pues, sorprendernos de que David dijera: " Jehová, escapa mi alma del labio mentiroso, de la lengua engañosa." Sal. 122: 2.

El día de hoy el cristiano no debe sorprenderse de que se le haga víctima de la calumnia. La naturaleza humana jamás cambia. Mientras siga él en el camino ancho, sirviendo al mundo, poco se dirá en contra suya. Mas luego que tome la cruz y siga á Jesucristo, no hay mentira que peque de monstruosa para que unos la digan contra él y otros la crean. Tócale á él sobrellevar todo con paciencia, y no quejarse ó enojarse. Cuando Jesucristo fue maldecido "no tornaba á maldecir." 1 Pedro 2: 23. Que el cristiano haga lo mismo.

Debemos observar, en segundo lugar, con qué palabras tan misericordiosas infunde ánimo nuestro Señor á su pueblo creyente. Helas aquí: "De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra no verá muerte para siempre."

Por supuesto que estas palabras no significan que los verdaderos cristianos no han de morir jamás. Bien al contrario, todos sabemos que tienen que descender al sepulcro y atravesar el río de la muerte lo mismo que los demás hombres. Lo que sí significan las palabras citadas es que no tendrán que pasar por la segunda muerte-esa condenación eterna en el infierno de la cual la primera muerte es un débil emblema. Rev. 21:8. Y también significan que para el verdadero cristiano la primera muerte será despojada de su aguijón. Acaso sus carnes se sequen y en sus huesos sufra dolores agudos; pero no será abatido por el triste convencimiento de que sus pecados no han sido perdonados. Ese es el más terrible sufrimiento de los moribundos, pero el cristiano triunfará sobre él "por el Señor nuestro Jesucristo." 1 Cor. 15:57.

No olvidemos que esa valiosa promesa ha sido hecha solo al que guardare la palabra de Jesucristo. Los términos en que está concebida no pueden, en manera alguna, aplicarse al que es cristiano solo en el nombre, y que ni sabe por experiencia ni quiere saber lo que es el Evangelio. Escrito está: "El que venciere no será dañado de la segunda muerte." Rev. 2:11.

Debemos observar en este pasaje, en tercer lugar, cuan caros conocimientos poseía Abrahán acerca de Cristo. Nuestro Señor dijo á los judíos: "Abrahán vuestro padre se regocijó por ver mi día; y lo vio, y se regocijó."

Cuando nuestro Señor pronunció estas palabras hacia ya 1850 años que Abrahán había muerto. ¡Y sin embargo, se nos dice que él vio el día del Mesías! ¡He aquí, á la verdad, una maravilla! No obstante, así sucedió. No solo es cierto que vio Abrahán á nuestro Señor y habló con Él cuando apareció en la llanura de Mamré la víspera de la destrucción de Sodoma (Gen. 18:1), sino que por medio de la fe dirigió hacia el porvenir sus miradas y vio la encarnación del Salvador, y al contemplarla se regocijó. Que mucho do lo que vio fue confusamente, como al través de oscuro prisma, no hay que dudarlo. Ni es necesario suponer que hubiera podido explicar las distintas fases de la sublime escena del Calvario. Pero no tenemos razón para vacilar en creer que viera al través de los siglos un Redentor, cuyo advenimiento llenaría, al fin, de alegría á toda la tierra.

Debemos observar, por último, da qué manera tan clara afirmó nuestro Señor su propia preexistencia. Á los Judíos dijo: "Antes que Abrahán fuese, yo soy.'"'

Es innegable que estas palabras expresan una verdad profundísima. Más si el lenguaje humano tiene significación alguna, ellas nos enseñan que nuestro Señor Jesucristo existió largo tiempo antes de venir al mundo. Fue antes de Abrahán; existió antes de que el hombre fuese creado.

Profundas como son dichas palabras, son al propio tiempo muy consoladoras, pues dejan comprender cual es la longitud, el ancho y el espesor de ese gran cimiento en que se manda á los pecadores estribar sus esperanzas. Aquel á quien el Evangelio nos exhorta á acudir para que obtengamos el perdón de nuestros pecados no es mero hombre. No es nada menos que el mismo Dios, y puede por lo tanto salvar á todos los que ocurren á ÉL Nuestro Señor Jesucristo es el verdadero Dios, y nuestra vida eterna está segura.

NOTAS.   JUAN 8:48-59.

49. Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, etc. La contestación de nuestro Señor á la grosera invectiva de sus enemigos equivale á las siguientes palabras: "Al decir que tengo demonio, decís lo que no es cierto. Yo estoy dando gloria, á mi Padre celestial por medio de mi predicación y de mis hechos, y vosotros por medio de insultos y dicterios me deshonráis á mí, y en realidad también á mi Padre."

50. Y yo no busco mi gloria. Esta cláusula es como una ilación del versículo anterior.

Hay quien la busque y juzgue. Estas palabras contienen una admonición solemne. He aquí su significado: "Existe, sin embargo, un Ser, es decir, mi Padre celestial, que desea y promueve mi gloria, y que juzga con desplacer á los que me deshonran, y los castigará en el último día."

51. De cierto......el que guardare mi palabra no verá muerte para siempre.

"Aunque no queráis oírme ni conocerme, os digo solemnemente que cualquier hombre que reciba, crea y cumpla mis preceptos, jamás verá la muerte. Despreciado como he sido por vosotros, la vida ó la muerte, el cielo ó el infierno, dependen de la acogida que deis á las doctrinas que os proclamo. Yo soy el camino, la verdad y la vida."

52. Entonces los Judíos, etc. He aquí, en palabras algo diferentes, el argumento de los judíos: "Por vuestras propias palabras conocemos ahora que estás loco y que tienes demonio. Nuestro venerable padre Abrahán y los profetas, aunque eran santos y buenos, han muerto, y no obstante Tú osas decir que el que guardare tu palabra no morirá jamás. En una palabra, Tú te haces más grande que Abrahán, porque Abrahán no pudo librarse de la muerte. Que así te expresas es prueba evidente de que estás loco."

53. ¿Eres tú mayor? etc. Esa pregunta demuestra que nuestro Señor logró despertar de nuevo la curiosidad de los judíos é incitarlos á hacer preguntas acerca de la naturaleza de su ser.

54. Si ya me glorifico á mí mismo, etc. Esto es: " Si yo mismo pidiera y asumiera gloria, esa gloria no valdría nada. El Ser que me da gloria y que me ha encargado que diga que el que guarde mi palabra no verá la muerte, es mi Padre celestial, el mismo Ser á quien vosotros llamáis vuestro Dios."

55. Mas no le conocéis, etc. En otros términos: "Aunque afirmáis que mi Padre celestial es vuestro Dios, no le conocéis en realidad, puesto que bien se deja ver que ignoráis cuáles son sus atributos, cuál su voluntad, cuáles sus designios. Más yo, por el contrario, lo conozco perfectamente; pues yo he sido uno con Él desde toda la eternidad, y procedí de El. Le conozco con tanta perfección que yo seria mentiroso é hijo del diablo, como vosotros, si dijese que no lo conozco. Pero, os lo repito, lo conozco perfectamente, y en todas mis palabras y mis acciones acá en la tierra, me conformo á su palabra y tengo en mira el cumplimiento de la misión que me ha encomendado."

El lenguaje de este versículo es, no puede negarse, harto singular. Es probablemente un giro hebraico para expresar el contraste entre la ignorancia completa en que yacían los judíos acerca de Dios, á pesar de que pretendían ser su pueblo, y el conocimiento perfecto que de Él tenia nuestro Señor, aunque le decían que tenia demonio, etc.

56. Abrahán vuestro padre, etc. Es difícil percibir el significado preciso de este versículo, aunque no lo es comprender en general la idea que entraña. Es claro que nuestro Señor quiso dar á entender que Él era el Mesías prometido-la simiente de Abrahán en quien serian benditas todas las naciones. Mas ¿qué significa lo de que Abrahán "se regocijó," etc.? Muchos teólogos eminentes creen que significa: "Abrahán se regocijó en la perspectiva de ver en lo porvenir mi día, el día del Mesías; y por medio de la fe la vio en lontananza."

58. Les dijo Jesús:......Antes que Abrahán fuese yo soy.    Crisóstomo observa :

"No dijo antes que Abrahán fuese yo fui, sino YO SOY." Así como el Padre hace uso de la expresión yo soy, Cristo también la emplea, porque denota una existencia continua que el tiempo no puede medir. Por esa razón la expresión les pareció á los judíos una blasfemia.

59. Tomaron entonces piedras para arrojarle. Es evidente que á los judíos no les quedó duda de lo que nuestro Señor quiso decir. Ellos percibieron al punto que el que les habló pretendía osadamente ser Jehová, un Ser más grande que Abrahán, el mismo Dios; y no pudiendo creerlo, lo consideraron como blasfemo. Impulsados por la cólera, recogieron, para arrojarle, piedras, de las que sin duda había allí á causa de estarse refaccionando el templo.

Mas Jesús se encubrió, etc. Fuerza es que consideremos ese acto como milagroso. Parece inverosímil que Jesús pudiese, sin ser visto y detenido, salir y pasar por medio de esa muchedumbre enfurecida que había tenido por largo rato las miradas fijas en él, á menos que hubiese una intervención milagrosa.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Juan
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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