El Creyente y
La Ley Moral de Dios

Porque por gracia sois salvos

Búsqueda personalizada
Página principal

Página Principal
Regresar al listado de La Ley Moral de Dios
Regresar al listado El Creyente y la Ley Moral de Dios
Locations of visitors to this page

TERCER MANDAMIENTO

"No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano." (Éxodo 20:7)

Ya hemos visto que en los primeros dos mandamientos Dios prohíbe la adoración de dioses ajenos y también prohíbe que le adoremos a través de imágenes o ídolos. En este tercer mandamiento nos enseña que no le podemos adorar en forma insincera o hipócrita. Es tan inútil adorar al Dios verdadero con insinceridad como adorar a un Dios falso. El propósito principal del tercer mandamiento es el de enseñarnos cómo adorar a Dios en forma verdadera, inteligente, viva y real. Los diez mandamientos son como un manual de adoración y conducta para los creyentes. Sin lugar a dudas este mandamiento prohíbe el uso del nombre de Dios en forma profana, pero va más allá de prohibir la blasfemia. Este mandamiento tiene mucho que ver con el cómo debemos adorar a Dios. Nos enseña cómo mantener una conciencia de la presencia de Dios en nuestras vidas y en nuestra adoración.

No tomarás:

La palabra traducida como tomar (no tomarás), significa levantar, pronunciar o exaltar, y se refiere al uso del nombre de Dios en forma religiosa en la adoración privada o en el culto público. (Aún en la lectura de la Biblia o al cantar un himno). Entonces, en forma directa este precepto se refiere a nuestros actos de adoración. No obstante, incluye el mal uso de su nombre en la vida diaria o cotidiana, y no solo en nuestras oraciones privadas sino también en nuestro hablar cotidiano.

 

En vano:

La palabra hebrea traducido como vano, quiere decir en forma vacía, en forma falsa o sin propósito. Nuestras palabras son "en vano" cuando no tienen ningún significado, ningún sentido real o ningún propósito. Nuestras palabras son vacías cuando hablamos sin sinceridad o sin verdad.

¿Acaso no hemos usado alguna vez el nombre de Dios de esta manera, "en vano", sin sinceridad, sin una conciencia real en nuestros corazones del significado de su nombre? ¿Acaso no hemos cantado o platicando usando su nombre en forma superficial o vacía, sin percatarnos del sentido verdadero de lo que estábamos diciendo?

Hay más que una sola manera para profanar el nombre de Dios. Siempre debemos acercarnos al Señor con sinceridad y con verdad. Nuestras mentes y nuestros corazones deben estar activos e involucrados en lo que hacemos, o lo hacemos en vano.

 

El nombre de Dios:

¿Qué quiere decir el nombre de Dios, qué significa el nombre de Dios? Primero, debemos recordar el hecho de que Dios, especialmente en el Antiguo Testamento, se manifestaba a sí mismo bajo nombres distintos. Por ejemplo en Éxodo 20 tenemos el nombre Jehová, el nombre que significa su auto existencia, su existencia eterna, el Dios verdadero, el Dios del pacto, etc. "YO SOY EL QUE SOY" es el nombre bajo el cual se reveló Dios a Moisés en Éxodo 3. Tenemos otro ejemplo en el capítulo 3 de Génesis donde aparece el nombre "ELHOIM", el nombre del Dios omnipotente, el Creador, el que sostiene todas las cosas. El nombre que en el hebreo indica una pluralidad de personas, porque siempre ocurre en forma plural, aunque casi siempre va acompañado por verbos y adjetivos en singular, lo cual apunta hacia su existencia trinitaria.

"El nombre de Dios" a fin de cuentas significa Dios mismo. El nombre de Dios significa todo lo que es cierto acerca de Dios, toda la verdad de Dios, todo lo que ha sido revelado acerca de Dios. El "nombre de Dios" significa, Dios en todos sus atributos, Dios en toda su gloria, todo lo que Dios es, y todo lo que Dios hace. Por ejemplo, encontramos varias formas del nombre Jehová en el Antiguo Testamento:

 

Jehová Jireh que significa el Señor proveerá.

Jehová Rapha que significa el Señor cura.

Jehová Nissi que significa el Señor nuestro estandarte.

Jehová Shalom que significa el Señor es nuestra paz.

Jehová Ra-ah que significa el Señor es nuestro pastor.

Jehová Tsidkenu que significa el Señor es nuestra justicia.

Jehová Shammah que significa el Señor está presente.

 

Además podríamos añadir a estos nombres: El Dios todopoderoso o el Shaddai, el Dios altísimo o El Elyon, el Señor o Adonai, el Dios eterno o El Olam, el Señor de los ejércitos o Jehová Saboath. Cabe señalar también que encontramos en el Nuevo Testamento algo semejante en los títulos que el Señor Jesucristo usaba para hablar de sí mismo: La puerta, el buen pastor, la luz del mundo, el pan de vida, el camino, la vida, la verdad, etc.

Al autonombrarse por estos diferentes nombres, Dios revelaba a los hombres algo respecto a su propia naturaleza o a algún aspecto de su carácter. Vemos en Éxodo 33 que "el nombre de Dios" en toda la extensión de la palabra significa su gloria, toda la gloria de su ser. (Vea por favor Ex.33:18-19 y 34:5-8). Cuando Moisés quería ver la gloria de Dios, Dios le respondió dándole una lista resumida de sus atributos y la cual describió como su propio nombre. En el Nuevo Testamento cuando Cristo dice que ha dado a conocer a los creyentes el nombre de Dios por ejemplo en Jn.17:6, significa exactamente lo mismo. Es decir, Cristo vino a dar una manifestación más amplia de toda la gloria y todos los atributos de Dios en una forma visible, es a saber en su encarnación y en su propia persona. Es por lo tanto que Cristo podía decir "el que me ha visto a mí ha visto al Padre" y por lo mismo que Pablo dijo que los creyentes ven la gloria de Dios en la faz (persona) de Jesucristo. (Vea 2 Cor.4:4-6.)

Entonces, "el nombre de Dios" quiere decir toda la verdad acerca de Dios, todos sus atributos (su amor, su gracia, su justicia, su santidad, su ira, su soberanía, etc.). El nombre de Dios representa la persona misma de Dios, todo lo que Dios ha manifestado acerca de sí mismo en su palabra y la persona de Cristo. Entonces, podemos resumir su significado diciendo que su nombre es su gloria, su identidad y su persona.

Observaciones que se derivan del "nombre de Dios" y de nuestro conocimiento personal de El:

 

1.    La primera observación es lo siguiente: Al manifestarse bajo distintos nombres y por medio de su palabra y la persona de Cristo Jesús, Dios ha hecho posible que le conozcamos en forma personal e íntima. Por lo tanto, no tenemos que fabricar una imagen material o mental de El. No debemos creer ideas y enseñanzas falsas acerca de El. No debemos inventar conceptos erróneos de su naturaleza o su carácter. ¿Porqué no? Porque Dios se ha identificado a sí mismo y nos ha dado una revelación muy amplia de sus atributos (o sea de su carácter y su naturaleza). Entonces, tomamos su nombre en vano, en forma falsa o equivocada, si negamos en el aspecto más mínimo algo que Dios ha revelado acerca de su nombre, es decir acerca de sí mismo.

2.    La segunda observación es que el elemento más importante en la vida cristiana es nuestro conocimiento de Dios. La forma en que pensamos acerca de Dios es el elemento principal. A fin de cuentas, la vida del hombre es un reflejo de la naturaleza y el carácter del Dios que adora. Por ejemplo, si una persona adora a un "dios falso", su vida será un reflejo de ese dios falso. Si está adorando a un dios indulgente y permisivo del pecado, su vida será pecaminosa.
Este principio tiene aplicación en cuanto a nuestro uso del nombre de Dios. Por ejemplo, la forma en que uno adora a Dios es un reflejo de la naturaleza y el carácter de "su Dios". También, la manera en que uno ora es un reflejo de su forma de pensar acerca de Dios. También es un reflejo de su conocimiento de Dios y de su teología y aún más, en realidad es un reflejo de su relación con Dios. En forma inevitable nuestra teología (nuestro conocimiento de Dios) se refleja en nuestra manera de vivir. Obviamente también se refleja en la manera en que usamos el nombre de Dios. Nuestro conocimiento de Dios tiene mucho que ver con la cuestión de si usamos su nombre en vano o no. Quienes toman el nombre de Dios en vano usan su nombre sin propósito, en forma vacía, sin sinceridad y lo más importante, también sin verdad.
La salvación verdadera siempre conducirá al conocimiento del Dios verdadero en toda su gloria (Vea Jn.17:3). Este conocimiento de Dios no es simplemente intelectual o teórico, sino que es un conocimiento personal y experimental de El. No es simplemente conocer acerca de El, sino conocerle personalmente. Es conocerle en su palabra y en la persona y la obra de Cristo incluso conocer su nombre, su persona y sus atributos. Siempre debemos recordar que a fin de cuentas, todo conocimiento bíblico es en realidad el conocimiento de una persona. El conocimiento correcto de la verdad revelada en la Biblia es a fin de cuentas el conocimiento del Dios verdadero y de su Hijo Jesucristo. Es un conocimiento personal de un Dios infinito y personal.

3.    La tercera observación es que el conocimiento del Dios verdadero es esencial en toda verdadera experiencia espiritual. No es posible adorarle a menos que sea en espíritu y en verdad. En Juan 4, Cristo dijo a la mujer samaritana que los samaritanos adoraban lo que no sabían. En otras palabras, puesto que no tenían un conocimiento de la verdad, no podían adorar al Dios verdadero. La mujer pensaba que la adoración verdadera tenía que ver con "en dónde" se hiciera. Pero Cristo le dijo que lo más importante era a Quién y cómo debemos adorar. Dios como espíritu es omnisciente y omnipresente y sin un conocimiento básico acerca de El, no es posible adorarle.

4.    La cuarta observación es que Dios mismo es el autor y la fuente de todo nuestro conocimiento de El. Solamente Dios puede darnos un conocimiento correcto y verdadero de sí mismo. Solo Dios es un testigo fiel de sí mismo. Solamente Dios puede revelarnos la verdad acerca de El. "Y les daré corazón para que me conozcan..." (Jeremías 24:7). Aquí el Señor declara que es El quien da a los hombres la capacidad para conocerle verdaderamente. Solamente el Espíritu Santo de Dios puede abrir nuestros ojos y nuestros oídos para que veamos y entendamos el testimonio que Dios ha dado de sí mismo en su palabra. Esto significa que el conocimiento del Dios verdadero es el privilegio más grande que un ser humano puede tener. El conocimiento de Dios es el tesoro más grande que podemos poseer. El profeta Jeremías dijo: "No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero, dice Jehová." (Jeremías 9:23-24)

5.    La quinta observación es que el conocimiento personal de Dios siempre nos conducirá a tener conciencia de su presencia. Dios siempre está presente, sea que nos percatemos de ello o no. Nuestra conciencia de su presencia es algo muy variable. Por ejemplo en los cultos, en nuestras oraciones o en nuestra vida cotidiana, nuestra conciencia de su presencia no es siempre la misma. Aquellos que tienen la tendencia o costumbre de usar el nombre de Dios a la ligera manifiestan su insensibilidad a la presencia de Dios. Dios se fija cuando se hace un uso irreverente de su nombre, aunque tales personas ni siquiera lo noten.

 

El mal uso del nombre de Dios:

Debemos guardar en mente que la palabra "vano" se refiere al uso del nombre de Dios sin propósito, en forma vacía o en forma falsa. También debemos recordar que esta prohibición se refiere al mal uso del nombre de Dios en cualquier forma, no solo en nuestros actos de adoración, sino también en nuestro vocabulario cotidiano. Ha de ser obvio que este mandamiento prohíbe el uso del nombre de Dios para blasfemar o para maldecir. También incluye cualquier uso del nombre de Dios sin el respeto y la reverencia que le debemos a El. Por ejemplo, muchas personas usan el nombre de Dios en su hablar cotidiano en las siguientes formas: "Dios mío", "¡Ay Dios!", "Ay diosito", "Jesús de la vida", "Jesús de los cielos y de la tierra", "Por Dios", "Dios santo", etc. Todas las expresiones semejantes a estas quedan prohibidas por este mandamiento.

Con esta forma de hablar profanamos el nombre de Dios porque hablamos sin un sentido real en nuestros corazones del significado de su nombre. Las personas que mal usan el nombre de Dios en esta forma manifiestan abiertamente que no le conocen y que no tienen una relación correcta con El. Aquellos que conocen al Dios verdadero no pueden hablar en forma blasfema de El. Las personas que consideran el conocimiento de Dios y una relación personal con El como el privilegio más grande, no pueden usar el nombre de Dios en esta manera pecaminosa. Todos aquellos que tienen la costumbre de mal usar el nombre de Dios en su hablar cotidiano, en realidad manifiestan que no tienen ninguna conciencia de su presencia.

Solo aquellos que tienen ideas y conceptos erróneos de Dios pueden tomar su nombre a la ligera o en vano. Aquellos que conocen al Dios verdadero, el Dios vivo, el Soberano del universo, el Juez justo de toda la tierra, no tomarán su nombre en vano. El nombre de Dios representa toda la verdad acerca de El, su propia naturaleza, su carácter, su identidad y su persona. Las personas que toman el nombre de Dios a la ligera, manifiestan lo que piensan de El. Declaran en forma abierta que tienen una opinión muy baja de El; manifiestan que no le aman.

Muchas personas que quebrantan este tercer mandamiento tratan de excusarse y justificarse. Algunos dicen que no es su intención blasfemar a Dios y otros dicen que todo el mundo lo hace. Santiago 1:26 dice: "Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana". La persona que dice que adora al Dios verdadero en espíritu y en verdad y sin embargo toma su nombre en vano, se engaña a sí misma. Santiago dice que su religión es vana, vacía, sin propósito y falsa.

 

El lado positivo del mandamiento:

Aquellos que profanan el nombre de Dios con sus palabras no son los únicos culpables de quebrantar el tercer mandamiento. Todos los que profesan el nombre del Señor, pero no viven una vida santa también profanan su nombre. El apóstol Pablo dijo a los judíos: "Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los Gentiles..." (Romanos 2:24). Y también escribió a Timoteo respecto a muchos que: "profesanse conocer á Dios; mas con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados para toda buena obra" (Tito 1:16). Todos los que profesan conocer al Dios verdadero pero continúan viviendo en pecado, están tomando su nombre en vano. En el Sermón del Monte, Cristo nos enseñó a orar: "Santificado (honrado, glorificado) sea tu nombre". Sin lugar a dudas, nuestra forma de vivir trae honra o deshonra a su nombre. No sólo nuestras palabras, sino también nuestro comportamiento en cada esfera de la vida está involucrado en este asunto. Entonces, el lado positivo del mandamiento es que el nombre de Dios sea glorificado en nuestras vidas, que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina. (Vea 1 Tim.6:1.)

 

El uso del nombre de Dios en la adoración pública:

El nombre de Dios significa su autoridad, su señorío, su soberanía y su gloria; entonces, cuando usamos el nombre de Dios es muy importante que lo hagamos con inteligencia, con entendimiento, con reverencia, con respeto y sinceridad. Este punto es especialmente importante en la adoración pública de Dios que hacemos en el culto. Todos aquellos que asisten a los cultos supuestamente para adorar a Dios pero no lo hacen, están profanando su nombre y tomándolo en vano.

Primera de Pedro 3:15 dice que debemos santificar a Dios el Señor en nuestros corazones. Esto no significa que hagamos que El sea santo, sino más bien quiere decir que siempre debemos tomar en cuenta su santidad, su majestad y su gloria. Cada creyente debe reverenciar a Dios en su propio corazón; en otras palabras, debemos tratar de mantener en forma constante una conciencia de la presencia de Dios y de su gloria. Este punto es especialmente importante respecto a la adoración pública de Dios, porque solamente así podemos evitar la hipocresía en nuestra adoración. Entonces, a continuación mencionaremos algunas formas en que el nombre de Dios es tomado en vano en la adoración pública:

1.    La primera forma en que muchos cometen este pecado es cuando permiten el ser distraídos por cualquier motivo. Es decir, asisten a los cultos para adorar a Dios, pero no mantienen la atención en su palabra, ni en su presencia. Muchas personas participan en forma externa en los cultos; es decir, cantan, oran, leen la Biblia pero todo el tiempo sus pensamientos están ocupados en otras cosas. Se acercan a Dios solamente de labios, pero sus corazones están lejos de El. Estas personas están preocupadas en sus quehaceres, sus temores, sus ansiedades, sus asuntos mundanos. El afán de este mundo ahoga la palabra conduciéndoles a tomar el nombre de Dios en vano.

2.    Muchos que asisten a la adoración pública toman el nombre de Dios en vano porque no se arrepienten de sus pecados. Tales personas no mantienen una conciencia sensitiva respecto a la santidad de Dios. No pueden esforzarse a pensar seriamente en el Señor porque están viviendo en pecados. Dan la apariencia externa de que están adorando a Dios, pero en realidad están fingiendo. Su supuesta adoración es un show vano y nada más. 2 Timoteo 2:19 dice: "Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo". Hay muchas personas que asisten a los cultos supuestamente para exaltar el nombre de Dios pero no tienen la menor intención de hacerlo con sinceridad y verdad. No se acercan a El como un Dios santo, sino que actúan como si a El no le importara si sus hijos viven en santidad o no.

3.    Existe otra clase de personas semejantes a éstas, son aquellos que vienen a los cultos para dormirse. Sin lugar a dudas están tomando el nombre de Dios en vano, porque apenas comienzan a escuchar la palabra de Dios y ¡se duermen!

4.    La próxima forma en que muchos toman el nombre de Dios en vano es cuando rehúsan obedecer. Cristo preguntó: "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?" (Lucas 6:46) Muchos le llaman Señor pero no están dispuestos a obedecerle. Para ellos la palabra Señor no tiene ningún significado puesto que no reconocen el señorío de Cristo sobre la totalidad de sus vidas. No están dispuestas a someterse sin reservas al Señor. Se contentan con ser solamente oidores, pero no hacedores de la palabra. Tomamos el nombre de Dios en vano cuando lo que aprendemos de su palabra no nos afecta, cuando no hacemos un esfuerzo para ponerlo en práctica.

 

El castigo de aquellos que toman el nombre de Dios en vano:

No dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. Dios no puede ser burlado. Cristo dijo en Mat.12:36-37, "Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio; Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado." En Mat.12:34 Cristo también dijo: "porque de la abundancia del corazón habla la boca." Nuestras palabras son un reflejo del estado espiritual de nuestro corazón. Por lo tanto, debemos de tener mucho cuidado de no caer bajo la maldición de este mandamiento. Debemos amar y reverenciar a Dios en nuestros corazones, porque es la única manera de evitar este pecado.

Ministerio 100% bíblico
Hacemos traducciones cristianas del Inglés - Español - Inglés
Consulta nuestro índice de libros que podemos traducir para tí.
Tenemos obras cristianas desde el siglo XV en formato electrónico.

"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

Este sitio está siendo desarrollado por:
Martha Iñiguez Moreno
Por favor, haga llegar cualquier comentario sobre el mismo a:

lady59cat@yahoo.com.mx


Ladycat