El Creyente y
La Ley Moral de Dios

Porque por gracia sois salvos

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EL QUINTO MANDAMIENTO

"Honra á tu padre y á tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da." (Éxodo 20:12)

Introducción:

Con este quinto mandamiento comenzamos el estudio de la última parte del decálogo la cual trata con la relación del hombre y su prójimo. Debemos guardar en mente que el amor es el elemento esencial para poner en práctica estos mandamientos. Estos preceptos morales no son simplemente prohibiciones, sino que nos conducen a la manifestación práctica del amor. Cristo dijo en Mateo 22, "amarás a tu prójimo como a ti mismo", y en estos seis mandamientos encontramos el significado de este precepto.

El amor verdadero no es algo teórico o sentimental. No es simplemente una emoción sino que es algo muy práctico que nos conduce a dar de nosotros mismos. El amor bíblico no busca lo suyo sino el bienestar de otros y nos conduce a lo que Cristo dijo en Mateo 7:12, "Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas."

La gran mayoría de problemas en nuestro mundo moderno se centran en las dificultades que surgen de las relaciones entre los seres humanos. Y aunque estos se manifiestan en los asuntos políticos, sociales, económicos y familiares, el fondo de todos estos problemas es la relación entre el hombre y su prójimo. Muchas veces tenemos la tendencia de pensar que los problemas en nuestro mundo son debidos a ciertas circunstancias políticas o económicas. Aún muchos echan la culpa al gobierno, a otros países y a la desigualdad de clases sociales. Cualquier análisis que eche la culpa a tales factores es un análisis superficial y erróneo, un análisis equivocado que trata solo con los síntomas. La raíz de los problemas no está en el gobierno ni en la situación económica, sino en lo que cada uno desea. Una persona desea algo y otra persona desea lo mismo y la mayoría de los choques, problemas y conflictos se deben a esto. Entonces, deberíamos preguntarnos ¿Por qué son así los hombres? ¿Por qué están deseando unos las cosas de los otros? Es porque en su condición caída no solo no pueden amar a Dios sino que son incapaces de amar a su prójimo, y son dominados por su egoísmo, por su "Yo" que quiere todo para sí. Entonces, ya podemos ver que la solución de los problemas comienza con el amor. En Rom.13:7-10 el apóstol Pablo dice que el amor al prójimo se cumple en la obediencia a la segunda parte del decálogo: "Pagad á todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que pecho, pecho; al que temor, temor; al que honra, honra. No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley. Porque: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; no codiciarás: y si hay algún otro mandamiento, en esta sentencia se comprende sumariamente: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo: así que, el cumplimiento de la ley es la caridad". A fin de cuentas, los únicos que pueden manifestar esta clase de amor, este amor que no busca lo suyo, son los creyentes.

Entonces, para solucionar los problemas entre los seres humanos tenemos que comenzar con Dios. La solución está en nuestra relación con Dios. Mientras que el hombre no sea reconciliado con Dios y hasta que tenga una relación correcta con Dios, no puede haber ningún cambio en las relaciones con su prójimo.

 

El significado del quinto mandamiento:

Es importante señalar que la segunda parte del decálogo comienza con la relación familiar. Comienza con la relación entre los hijos y sus padres. Aunque aquí tenemos solo la relación familiar, más adelante veremos que este mandamiento abarca todas nuestras relaciones y aún la sumisión a todas las autoridades humanas que Dios ha puesto sobre nosotros.

La palabra "honrar" quiere decir respetar, reverenciar y obedecer. La palabra hebrea incluye la idea de valorar, apreciar, estimar, etcétera. Entonces, este mandamiento significa en primer lugar que los hijos deben obedecer a sus padres. Porque los padres representan la autoridad de Dios para ellos. Por supuesto los padres no son Dios pero funcionan como mayordomos de Dios desde el nacimiento hasta que los hijos se convierten en adultos. Los padres ejercen para con los hijos funciones semejantes a las de Dios, por ejemplo: amándolos, cuidándolos, dándoles leyes, normas y aún castigándoles cuando no obedecen. La obediencia de los hijos mientras permanecen en el hogar:

Los hijos deben obedecer a sus padres porque los padres tienen en mente lo que más conviene a ellos. Salvo pocas excepciones, nadie se preocupa más por nosotros que nuestros padres. La obediencia a nuestros padres nos protege de muchos peligros y errores. Los hijos deben obedecer a los padres, porque muy pronto dejarán de ser jóvenes. Deberían obedecer a sus padres tal como Jesús lo hizo, sujetándose a ellos (Luc.2:51). Aunque era Dios encarnado, honró a sus padres terrenales obedeciéndoles. Los hijos deberían obedecer a sus padres porque como más adelante señalaremos, su obediencia puede abrir la puerta para la gracia de Dios en sus vidas.

 

La honra que como hijos adultos debemos a nuestros padres:

Los hijos que ya son adultos independientes no deben confundir la responsabilidad que tienen de honrar a sus padres, con la obediencia. Es decir, los hijos adultos ya no están bajo la obligación de obedecerles; sin embargo, siguen siendo responsables de honrarlos. Cuando hablamos de hijos adultos nos referimos a los hijos mayores que se han casado formando otra familia, o hijos mayores que han emprendido una vida independiente dejando el hogar paterno. Aquellos hijos que continúan en una dependencia económica de sus padres no se pueden considerar como independientes, antes bien tienen el riesgo de convertirse en parásitos familiares. Las responsabilidades de los hijos adultos independientes pueden ser resumidas en tres puntos:

 

Primero, respeto. Podemos honrar a nuestros padres asegurándoles que no nos hemos olvidado de ellos y esto puede manifestarse de muchas maneras. Por ejemplo: Debemos hacerles ver que estamos agradecidos por todo lo que hicieron por nosotros. Podemos buscar sus consejos y sus opiniones acerca de asuntos en los cuales ellos tienen conocimientos y experiencia que nosotros no poseemos. Esto no significa que tenemos que hacer lo que ellos digan o que debemos contar necesariamente con su aprobación, sino sólo que respetamos su opinión y su punto de vista. Siempre debemos asegurar a nuestros padres que les estimamos y les amamos.

Segundo, provisión. Aquí tenemos en mente la responsabilidad de cuidar a nuestros padres cuando ya son ancianos. Debemos acordarnos de sus necesidades cuando sufren en sentido físico o económico o cuando ya no pueden cuidarse a sí mismos. Cristo regañó a los fariseos porque estos no querían ayudar a sus padres necesitados y trataron de escudarse en la religión para no hacerlo (Vea Mar.7:9-13.)

Tercero, consideración. Esto significa que debemos tomar tiempo para estar con nuestros padres especialmente en los días festivos, cumpleaños, aniversarios, etcétera. Esto incluye la necesidad de mostrarles ternura y afecto y no olvidarnos de ellos. La mejor forma de honrar a nuestros padres es buscando su salvación, buscando su bienestar espiritual, orando por ellos y tratando de serles un ejemplo de la verdad del evangelio.

 

Cómo explica el Nuevo Testamento este mandamiento:

"Hijos, obedeced en el Señor á vuestros padres; porque esto es justo. Honra á tu padre y á tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra" (Efesios 6:1-3).

La promesa en Ex.20:12 tiene que ver principalmente con la vida en la tierra prometida. Los hijos en aquel entonces que no obedecían a sus padres, morían apedreados. (Vea Deut.27:16, 21:18-21, Ex.21:15-17.) Evidentemente no vivieron una larga vida sino que murieron cortados. El apóstol Pablo repite el mismo mandamiento bajo la inspiración el Espíritu Santo y dice que es un precepto moral que permanece vigente para los creyentes bajo el Nuevo Testamento. En Ef.6:1 nos dice que debemos obedecer el quinto mandamiento porque "esto es justo", dando a entender que los diez mandamientos son todavía las normas de justicia vigentes para los creyentes neo testamentarios. En el versículo tres, hace una distinción entre la promesa de una larga vida en la tierra prometida y la promesa para los creyentes bajo el Nuevo Testamento.

 

¿Qué quiere decir esta promesa?

Primero, la promesa nos protege del error de menospreciar este quinto mandamiento. Después de haber visto la grandeza e importancia de los primeros cuatro mandamientos, pudiéramos caer en el error de tomar a la ligera éste como si no fuera tan importante como los demás.

Segundo, el apóstol nos dice que Dios honra y bendice en forma especial a los creyentes que guardan este precepto. La promesa tiene que ver con las bendiciones de Dios y su cuidado de nosotros en esta vida. El apóstol dice a los creyentes en Efeso que si quieren vivir una larga vida, una vida de bendición, entonces deben de cumplir con este mandamiento.

Tercero, este quinto mandamiento en sí tiende a producir ciertas bendiciones como por ejemplo las siguientes:

1.    La obediencia a los padres tiende a preservar la vida de los hijos. Los hijos que honran y respetan a sus padres aprenden de su enseñanza, de su experiencia y de su madurez. Esto resulta en que evitan muchos de los errores y fracasos más comunes en la vida. La mejor manera de evitar los errores de la niñez y de la juventud es obedeciendo a este mandamiento. (Vea Prov.4:1013 y Prov.6:20-23.)

2.    La obediencia a este mandamiento tiende a preservar la vida de la familia, la sociedad y las naciones en general. La rebelión y la desobediencia por parte de los hijos produce efectos desastrosos en la familia, la sociedad y en el país en general. Produce hijos irresponsables, negligentes y desobedientes a toda clase de autoridad.

3.    La obediencia a este mandamiento tiende a preservar la vida de las iglesias. Los creyentes que no enseñan a sus hijos a obedecer tienen muy poca probabilidad de que sus hijos sean convertidos. Si los hijos no aprenden a obedecer a sus padres, se puede decir que tampoco aprenden a obedecer a Dios. No estamos diciendo que la obediencia a los padres sea garantía de que nuestros hijos serán salvos. La realidad es que los hijos cuya rebeldía no es frenada por sus padres en la niñez permanecen en ella como adolescentes y después como adultos. Hay muchas iglesias que han perdido casi toda su nueva generación debido a la desobediencia a este mandamiento. Por ejemplo, hay iglesias en algunos países cuyos miembros son puros ancianos y no hay creyentes jóvenes. Cuando se investiga la causa de esta triste situación, resulta en que los padres descuidaron este mandamiento y toda la iglesia sufrió las trágicas consecuencias.

4.    Dios se ha comprometido a bendecir a quienes guardan este mandamiento. La frase "para que te vaya bien", significa que Dios dará bendiciones a todos los creyentes que guardan este precepto. Por otra parte, implica que no les hará bien a aquellos que lo desobedecen.

 

¿Por qué es tan importante este precepto?

Primero, tiene que ver en forma directa con la obediencia y la sumisión a la autoridad de Dios. Existe un paralelo en las relaciones entre padre e hijo y entre Dios y el creyente. Es decir, la relación entre el hijo y su padre es un reflejo de la relación entre el creyente y Dios. El versículo uno dice que debemos obedecer a nuestros padres en el Señor, que quiere decir "como al Señor". Entonces, nuestro motivo supremo en este asunto debería ser el de agradarle a El. La obediencia a nuestros padres es parte de la obediencia al Señor. Obedeciendo a nuestros padres mostramos nuestra obediencia al Señor. Los hijos que desobedecen a sus padres desobedecen al Señor.

Segundo, este mandamiento nos obliga a honrar toda autoridad humana establecida por Dios. "Toda alma se someta á las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las que son, de Dios son ordenadas. Así que, el que se opone á la potestad, á la ordenación de Dios resiste: y los que resisten, ellos mismos ganan condenación para sí. Porque los magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo. ¿Quieres pues no temer la potestad? haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; Porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme: porque no en vano lleva el cuchillo; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo. Por lo cual es necesario que le estéis sujetos, no solamente por la ira, más aun por la conciencia. Porque por esto pagáis también los tributos; porque son ministros de Dios que sirven á esto mismo. Pagad á todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que pecho, pecho; al que temor, temor; al que honra, honra" (Romanos 13:1-7).

 

Este texto nos enseña que la autoridad divina es la base de toda autoridad humana. A fin de cuentas toda autoridad pertenece a Dios. El tiene el derecho de gobernar su creación como a El le place.

En su soberanía Dios ha establecido tres instituciones humanas, tres autoridades humanas a las cuales los hombres están sujetos. Primero, la familia; segundo, el gobierno civil y tercero la iglesia (la asamblea neo testamentaria). Estas instituciones han sido ordenadas por Dios y colocadas en cierta posición de autoridad con el fin de lograr propósitos específicos, es decir, para la protección, el bienestar y la bendición de los seres humanos. También, la palabra de Dios establece ciertos límites para la autoridad y poder de cada una de estas instituciones.

Las personas que no aprenden a obedecer a sus padres luego tienen problemas con toda clase de autoridad; es decir, tanto con el gobierno como con la iglesia y especialmente para con Dios. Vivimos en un mundo lleno de anarquía y rebelión, a nivel gubernamental, a nivel eclesiástico y aún a nivel familiar vemos el caos y la falta de sumisión a las autoridades establecidas por Dios. Detrás de este caos está la falta de sumisión a Dios.

"Esto también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos: Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad, Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno, Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de Dios" (2 Timoteo 3:1-4).

Esta descripción de los tiempos peligrosos destaca la falta de sumisión a todo tipo de autoridad. El versículo dos dice "desobedientes a los padres" y describe a tales personas como ingratas. Deben una deuda de gratitud a sus padres pero no la quieren pagar. No dan las gracias a sus padres por los años de sacrificio que recibieron de ellos. El versículo tres dice que son personas "sin afecto natural". La descripción aquí es de un tipo de personas que no quieren someterse a nada ni a nadie. Son "amadores de sí mismos, avaros y vanagloriosos", en otras palabras, personas controladas por su egoísmo y su orgullo.

Aquellos que no se someten a las autoridades humanas tampoco se someten a Dios. El creyente no tiene que estar de acuerdo con las autoridades humanas porque éstas no son infalibles. No obstante, debe someterse a ellas a condición de que no le obliguen a desobedecer al Señor. Hay muchas personas que dicen tener sus motivos y razones para desobedecer al gobierno, o sus padres o a la iglesia neo testamentaria. Pero en la mayoría de los casos el supuesto motivo no es un principio bíblico sino más bien su orgullo, su egoísmo y su pecado.

 

Los límites de esta obediencia:

Un problema que surge frecuentemente es el caso de los hijos que han sido convertidos a Cristo pero sus padres continúan en incredulidad. Esto produce inevitablemente cierta tensión y una división espiritual entre ellos. ¿Qué deben hacer tales hijos? ¿Hasta cuál punto están obligados a obedecer a sus padres incrédulos?

La respuesta es que deben obedecer a sus padres en todo, tal como lo dice Pablo en Col.3:20: "Hijos, obedeced á vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor". La única limitación para no obedecer a sus padres es si ellos tratan de impedirles que adoren y obedezcan a Dios. En tal caso, no están obligados a obedecer. Por supuesto, si sus padres tratan de obligarles a pecar, los hijos tampoco están obligados a obedecerles. En tales circunstancias como dijo el apóstol Pedro, "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hech.5:29).

La siguiente pregunta que surge es ¿Cuál debe ser la actitud del hijo creyente que se ve obligado a desobedecer a sus padres? En primer lugar debemos tomar en cuenta que el hijo creyente está en una posición de ventaja en relación a este asunto porque puede comprender las dificultades de sus padres. En otras palabras, el hijo creyente puede ver las cosas con una perspectiva espiritual.

La mayoría de los problemas entre los hijos y sus padres son choques de personalidades y choques de voluntades. El uno se pone en contra del otro, o uno desafía la autoridad del otro. Las dos partes se mantienen en sus puntos de vista y ninguno de los dos se entiende. El hijo creyente tiene una ventaja en este tipo de problema porque entiende que la causa del problema es el pecado y que la oposición de parte de sus padres se debe a la incredulidad de ellos.

Por lo tanto, el hijo que se ve obligado a desobedecer a sus padres "para obedecer a Dios", no debe hacerlo en forma arrogante y altanera sino más bien con tristeza, con dolor, con mansedumbre y humildad. En otras palabras, debe dejar claro que si no fuera por su deseo de obedecer a Dios, no desobedecería a sus padres. Esta es la única actitud correcta y es la única manera de poder mantener el testimonio delante de sus padres.

En algunas iglesias enseñan a los creyentes nuevos a ponerse en contra de sus padres. Dicen a los recién convertidos que la primera cosa que deben hacer es volverse en contra de sus padres incrédulos. En otras palabras, que originen una división entre ellos y sus padres a propósito. La única división que debe existir es la separación ordenada por Cristo. (Vea Mat.10:34-38.) Esta división es inevitable y es espiritual.

Esta es la única actitud que el creyente verdadero puede tener, porque se preocupa por las almas y por la salvación de sus padres. La mejor forma para honrar a nuestros padres es buscando su salvación, orando por ellos y tratando de darles un ejemplo de la verdad del evangelio. Los hijos que verdaderamente honran a sus padres son aquellos que desean y buscan su salvación.

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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