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EL SEXTO MANDAMIENTO "No matarás." (Éxodo 20:13) Ya hemos señalado en los primeros capítulos de este libro como cada uno de estos mandamientos trata con un grupo de pecados. Cada pecado específico mencionado en los mandamientos encabeza a otros pecados de la misma clase o familia, pecados relacionados. También hemos señalado que los preceptos morales señalados en los diez mandamientos están dirigidos a tratar con el corazón, es decir con los motivos, pensamientos y deseos del corazón. Este sexto mandamiento prohíbe el homicidio en tres sentidos; primero, prohíbe el homicidio en sentido físico, segundo en sentido personal y tercero en sentido espiritual.
El homicidio físico: En primer lugar, cualquier persona puede entender que este mandamiento significa que uno no puede matar a su prójimo. La prohibición respecto al homicidio queda bien clara para todos. Pero al mismo tiempo, es necesario reconocer y contestar algunas preguntas que inevitablemente surgen en relación con esta prohibición.
1.
La primera pregunta tiene que ver con la cuestión de si Dios nos
prohíbe matar y comer a los animales. Los vegetarianos creen que sí,
pero la respuesta bíblica es que no. En Génesis 9:3 Dios dijo a Noé
cuando salió del arca: "Todo lo que se mueve y vive, os será para
mantenimiento: así como las legumbres y hierbas, os lo he dado todo".
La única prohibición mencionada es la de no comer la sangre. (Vea Gén.9:4.)
El Nuevo Testamento afirma que es lícito comer la carne de los
animales y aún quita las leyes (restricciones) alimenticias que Dios
había puesto bajo el Antiguo Pacto. El apóstol Pablo habla en 1 Tim.4
de algunos que "...mandarán abstenerse de las viandas que Dios crió
para que con hacimiento de gracias participasen de ellas los fieles, y
los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios crió es bueno,
y nada hay que desechar, tomándose con hacimiento de gracias: Porque
por la palabra de Dios y por la oración es santificado." (1 Timoteo
4:3-5) Vea también Rom.14:20-21, 1 Cor.8:8, 1 Cor.10:25.
2.
La segunda pregunta tiene que ver con la cuestión de la pena de muerte
(la pena capital). Aquí tenemos la cuestión de si es lícito o no, la
pena de muerte llevada a cabo por el Estado en los países donde existe
tal práctica. En Génesis 9:5-6 Dios dijo a Noé: "Porque ciertamente
demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la
demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano
demandaré la vida del hombre. El que derramare sangre del hombre, por
el hombre su sangre será derramada; porque á imagen de Dios es hecho
el hombre".
3.
La tercera pregunta trata con la cuestión del homicidio involuntario o
accidental. "El que hiriere á alguno, haciéndole así morir, él morirá.
Mas el que no armó asechanzas, sino que Dios lo puso en sus manos,
entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir." (Éxodo 21:12-13)
4.
La cuarta pregunta tiene que ver con la cuestión del homicidio
cometido en defensa propia. "Si el ladrón fuere hallado forzando una
casa, y fuere herido y muriere, el que le hirió no será culpado de su
muerte." (Éxodo 22:2). Aquí vemos que si el ladrón es muerto durante
el robo, entonces no se consideraba homicidio. La regla general en
este asunto es que el ladrón debe ser aprehendido para ser juzgado por
las autoridades. Sin embargo, hay casos excepcionales cuando para
defenderse, uno mata al ladrón o al asesino en defensa propia. En tal
caso, no será considerado como culpable del homicidio.
5.
La quinta pregunta es la cuestión de si es lícito matar o no en
tiempos de guerra. No es necesario ocuparnos mucho con esta pregunta
puesto que ya la hemos contestado en parte en el punto anterior y en
el comentario sobre Romanos capítulo 13. El gobierno es el vengador de
sangre con la autoridad divina para castigar con la pena de muerte a
los mal hacedores. No importa si los mal hacedores sean homicidas
comunes, o los soldados de un ejército enemigo que invaden para dañar
y matar a los ciudadanos del país. En ambos casos, el gobierno está
obligado a proteger a los ciudadanos de su país. En otras palabras,
aquí tenemos la famosa distinción entre una guerra justa (es decir en
defensa propia), y una guerra de agresión. En el primer caso, el
homicidio cometido es lícito y en la segunda situación no.
6.
Otra cuestión que surge es si este mandamiento trata con el suicidio y
el infanticidio. Primero, no hay duda alguna de que el suicidio es un
acto de homicidio cometido en contra de uno mismo. Segundo, tampoco
hay duda de que el bebe que vive en la matriz de su madre es un ser
humano vivo aún antes de nacer. Vea por ejemplo el Salmo 139:13-16 en
donde David se está refiriendo a cómo Dios forma no solo el cuerpo,
sino la personalidad y las características de la persona desde el
momento mismo de la concepción. De esto resulta evidente que la
Escritura considera el aborto como un homicidio. (Vea Ex.21:22-23).
7. La última cuestión trata con el alcance de este mandamiento. La pregunta de si este mandamiento alcanza a terceros, es decir los que no son culpables directos sino que tienen una responsabilidad indirecta. Por ejemplo, los accidentes nucleares, los aspectos de la salud pública, productos dañinos, el descuido del medio ambiente, etcétera. No hay duda de que en algunos casos extremos, este mandamiento puede alcanzar tales aspectos. Aquellos que fabrican productos nocivos, los cuales son puestos a la venta del público a sabiendas de que su uso provocará la muerte pueden considerarse como culpables del homicidio. Un ejemplo obvio de este asunto sería el caso de aquellos que venden drogas y estupefacientes. También pueden considerarse como infractores de este mandamiento las autoridades humanas que intencionalmente descuidan la salud pública (el aire, el agua, los alimentos, etcétera). En la actualidad muchas de estas cuestiones siguen siendo materia de debate. Entonces, respecto al homicidio físico podemos concluir lo siguiente: 1. Este mandamiento prohíbe que matemos a menos que sea en defensa propia. 2. Cuando el gobierno ejecuta la pena de muerte, no comete el homicidio; antes bien cumple con la justicia divina. 3. Si el gobierno no ejecuta a los criminales dignos de muerte, entonces se hace culpable de los crímenes subsiguientes que sean cometidos por éstos.
El homicidio en sentido "personal": La distinción entre el homicidio físico y el homicidio personal es que el uno trata con la muerte del cuerpo físico, y el otro con el intento de matar o terminar con el valor, la reputación, el nombre y la estimación de otra persona. "Oísteis que fue dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio. Más yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego." (Mateo 5:21-22) Los fariseos habían convertido el sexto mandamiento en algo puramente legal y físico. Se fijaban sólo en la letra y enseñaban que a condición de que uno no matara físicamente a otro, no era culpable de transgredir este mandamiento. Sin embargo, aquí Cristo dice que el mandamiento "no matarás" significa también "no aborrecerás" o "no odiarás". En 1 Jn.3:15 el apóstol Juan dice: "Cualquiera que aborrece á su hermano, es homicida". Entonces, este mandamiento prohíbe no solo el homicidio físico, sino también todos los pensamientos y las emociones que conducen a ello. El mandamiento incluye todo enojo excesivo, el desprecio, el odio y aún las palabras que manifiestan deseos semejantes. Es posible desear la muerte de alguien y en tal caso somos tan culpables como si lo hubiéramos matado en sentido físico. En Mateo 5 Cristo habla de diferentes grados del enojo, que tienen en sí mismos la semilla del homicidio. A continuación vamos a analizar este asunto.
1. Primero Cristo habla de "enojarse locamente" (vers.22). La idea aquí se refiere a todo enojo excesivo, la ira y el coraje que son en sí mismas emociones explosivas, emociones sin control que ponen de manifiesto la falta de dominio propio. La persona que se enoja locamente está fuera de control y está siendo dominado por sus emociones. Es importante señalar aquí que la Biblia no prohíbe todo enojo. Cristo mismo se enojó y Pablo nos dice que es posible enojarse sin pecar. (Vea Ef.4:26.) El enojo es lícito y justificable cuando es dirigido en contra del pecado. En Rom.12:9 dice "aborreced lo malo". Entonces el enojo prohibido por el sexto mandamiento es el que desea el mal para nuestro prójimo. 2. En segundo lugar habla del uso de palabras abusivas. La palabra "raca" quiere decir; vacío, sin valor, basura, estúpido. Esta palabra fue usada en aquel entonces para mostrar desprecio e incluye la idea de que la persona no vale nada. La palabra "fatuo" es una palabra más fuerte que quiere decir rebelde, apóstata, reprobado. Esta palabra era usada para maldecir a alguien y condenarle al infierno. Es semejante a la palabra anatema o maldito. Es importante señalar que estas mismas palabras o por lo menos palabras similares a éstas son usadas en la Biblia para hablar de la condición espiritual de muchas personas. Tanto Cristo como los escritores del Nuevo Testamento las usaron. En el Salmo 14 se menciona que el necio dijo en su corazón que no hay Dios. En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo habló de los judaizantes como perros. Tanto Cristo como el apóstol Pedro se refirieron a ciertas personas como puercos y perros. Entonces, el punto es que estas palabras son apropiadas para describir la condición espiritual de ciertas personas. El problema es que los hombres usan palabras semejantes para mostrar su rencor, su amargura, su odio y su resentimiento. Cuando son usadas así, dichas palabras constituyen una forma verbal de matar a otros. Frecuentemente detrás de estas palabras está un corazón lleno de homicidio puesto que "de la abundancia del corazón habla la boca". (Mat.12:34)
La "familia" de pecados relacionados con el homicidio: Está muy claro que este mandamiento trata con un grupo de pecados que están relacionados. Podemos resumir este grupo de pecados diciendo que son pecados de odio. Todos los pecados bajo esta categoría tienen en común el aborrecimiento, el deseo de hacer daño, de perjudicar, de quitar el bienestar o el valor de otras personas. Levítico 19:18 dice: "No te vengarás, ni guardarás rencor á los hijos de tu pueblo: mas amarás á tu prójimo como á ti mismo: Yo Jehová". Entonces, el hecho de guardar rencor era prohibido por la misma ley. Y el lado positivo del mandamiento fue enfatizado como una obligación moral para el pueblo de Israel desde el principio. Entonces, somos culpables de quebrantar este mandamiento cuando guardamos rencor, malicia y amargura en contra de otros, y igualmente cuando despreciamos, chismeamos y calumniamos. En Gálatas 5 la palabra de Dios dice que aquellos que son culpables de enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones y envidias son tan culpables como los homicidas. (Vea Gál.5:19-21.) Esta clase de homicidio consiste del intento de "matar" el respeto, el afecto, el carácter y aún la felicidad de otros. Antes de ser salvos, la mayor parte del tiempo era dedicada a actividades como éstas, tal como lo expresa Tito 3:3: "Vivíamos en malicia y en envidia, aborrecibles y aborreciéndonos los unos a los otros". El arrepentimiento verdadero incluye un cambio de actitud respecto a estos pecados. El proceso de santificación en los creyentes también incluye un esfuerzo continuo para mortificar estos pecados. Aún más, con la ayuda del Espíritu Santo los creyentes pueden manifestar las virtudes espirituales opuestas a estos pecados. En 2 Corintios 12:20 el apóstol Pablo señala el efecto de este pecado en la asamblea local: "Porque temo que cuando llegare, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias (celos), iras (enojos), disensiones, detracciones (calumnias), murmuraciones, insolencias (soberbios) y desórdenes". Aquí el apóstol nos da una lista de pecados que "matan" la armonía, la paz y la unidad de la iglesia local. Estos pecados tienen su raíz en el orgullo. La persona soberbia siempre busca como exaltarse a sí misma y como criticar a otros. Esto le conduce siempre a buscar las debilidades, fallas, errores y los fracasos de los demás. La mayoría de los problemas que surgen en las iglesias, es decir los chismes, las discusiones y las divisiones son debidos al orgullo. Santiago atribuye estos pecados a los celos y a la envidia: "¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís". (Santiago 4:1-2) Cuando dice "matáis y ardéis de envidia", se está refiriendo al hecho de que se mataban unos a los otros con sus palabras y pensamientos. Se está refiriendo al homicidio en sentido personal que tiene su causa en la envidia y la codicia, o sea el deseo de tener lo que otros tienen. El ladrón está dispuesto a matar para obtener las posesiones de otras personas. La persona orgullosa, envidiosa y soberbia también está dispuesta a cometer el homicidio personal, es decir está dispuesta a "matar" la reputación, el nombre o el carácter de otras personas a fin de obtener la estima y el aprecio de los demás hacia ella. Este tipo de homicidio es llevado a cabo por la lengua, es decir a través de las palabras. Como dice Santiago 3:8, "la lengua... [está] llena de veneno mortal". Entonces, cuando hablamos mal de otros guardando rencor, resentimiento, amarguras o envidiándoles, etcétera, debemos reconocer nuestro pecado tal como es, un homicidio. Dios lo toma así y por lo tanto no deberíamos tratar de excusarnos, justificarnos o disculparnos sino arrepentirnos.
El homicidio espiritual: Ahora hemos llegado a una consideración del homicidio en sentido espiritual. No debemos matar en sentido físico, ni en sentido personal y tampoco en sentido espiritual. Juan 8:44 se refiere a Satanás como él que ha sido homicida desde el principio. En la caída Adán y Eva murieron espiritualmente y el diablo fue culpable de su homicidio. El homicidio espiritual resulta en la perdición eterna; es la forma más grave de violar el sexto mandamiento. La vida del hombre es sagrada porque el hombre posee un alma eterna que vivirá para siempre en el cielo o en el infierno. Por lo tanto, no hay nada que podamos comparar con el valor del alma. Cristo dijo que poseer el mundo entero no podría recompensar al hombre por la pérdida de su alma (Vea Mar.8:36-37.) En Marcos 9 Cristo dijo que sería mejor sufrir cualquier pérdida temporal o cualquier daño en el cuerpo si de este modo pudiéramos evitar el sufrimiento eterno en el infierno. La muerte espiritual, es decir la separación eterna de Dios, es una pérdida infinita. Por lo tanto, la Biblia habla más sobre este peligro que sobre ningún otro, el peligro del homicidio espiritual. Ahora surge la pregunta ¿Quiénes son los que cometen este pecado? ¿Quién es culpable del homicidio espiritual?
1.
En primer lugar, el homicidio espiritual es cometido por todos
aquellos que enseñan doctrinas falsas respecto al camino de la
salvación. "Pero hubo también falsos profetas en el pueblo, como habrá
entre vosotros falsos doctores, que introducirán encubiertamente
herejías de perdición, y negarán al Señor que los rescató, atrayendo
sobre sí mismos perdición acelerada. Y muchos seguirán sus
disoluciones, por los cuales el camino de la verdad será blasfemado."
(2 Pe.2:1-2) La frase "herejías de perdición" se refiere a sus
doctrinas falsas. "De perdición" significa que son doctrinas
relacionadas con el camino de la salvación, es decir doctrinas falsas
acerca de la salvación. Hay un solo camino de salvación y todos
aquellos que enseñan doctrinas falsas respecto a este camino son
culpables del homicidio espiritual. "Estoy maravillado de que tan
pronto os hayáis traspasado del que os llamó á la gracia de Cristo, á
otro evangelio: No que hay otro, sino que hay algunos que os
inquietan, y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Más aun si
nosotros ó un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os
hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora
decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro evangelio del que habéis
recibido, sea anatema." (Gálatas 1:6-9) ¿Por qué habló tan fuertemente
el apóstol en este pasaje? Porque aquellos que enseñan otro evangelio
aseguran la muerte espiritual y eterna de sus oidores. Otro texto
importante es Hechos 20:26-27 cuando el apóstol Pablo dijo en su
discurso de despedida de la iglesia en Éfeso: "Por tanto, yo os
protesto el día de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos:
Porque no he rehuido de anunciaros todo el consejo de Dios". La frase
"limpio de la sangre de todos" se refiere figurativamente a la culpa
de los ministros que no anuncian todo el consejo de Dios, a todos los
ministros y todas las iglesias que no enseñan la verdad del evangelio
de la gracia de Dios en Cristo. Todos ellos son culpables de la sangre
de sus seguidores. Son responsables en parte por el homicidio
espiritual de sus feligreses. Esto es exactamente lo que dijo Cristo
cuando acusó a los maestros judíos de lo mismo en Luc.11:52: "¡Ay de
vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la
ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban
impedisteis."
2.
En segundo lugar, el homicidio espiritual es cometido por aquellos
que tienen conocimiento de la verdad pero no lo comunican a los demás,
es decir los creyentes verdaderos que no dan testimonio de la verdad.
En Ezequiel 33:7-9, Dios dijo al profeta: "Tú pues, hijo del hombre,
yo te he puesto por atalaya á la casa de Israel, y oirás la palabra de
mi boca, y los apercibirás de mi parte. Diciendo yo al impío: Impío,
de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su
camino, el impío morirá por su pecado, mas su sangre yo la demandaré
de tu mano. Y si tú avisares al impío de su camino para que de él se
aparte, y él no se apartare de su camino, por su pecado morirá él, y
tú libraste tu vida." Nuestra responsabilidad es la de dar testimonio
y de amonestar al impío o sea, de predicar el evangelio a los hombres.
En 1 Cor.9:16 el apóstol Pablo dijo: "¡Ay de mí si no anunciare el
evangelio!" Es importante señalar que estos textos no dicen que seamos
responsables de salvar a nadie, sino solo dicen que somos responsables
de dar testimonio. Los resultados de nuestro testimonio están en las
manos de Dios quien es soberano en la salvación de los hombres.
El suicidio espiritual: La tercera forma para cometer el homicidio espiritual es suicidándose espiritualmente. El suicidio espiritual es cometido por las personas que rehúsan obedecer el mensaje del evangelio. Hay un sin número de formas para suicidarse espiritualmente, un sin número de formas para perder su alma. Al mismo tiempo hay una sola manera para salvarse, es decir arrepintiéndose y creyendo en la persona y la obra de Cristo. Hay un sin número de caminos que conducen al infierno, pero uno solo que conduce a la vida eterna. El suicidio espiritual es cometido por todos aquellos que mueren sin arrepentirse y sin creer en Cristo. Todos los que no buscan la salvación de sus almas se suicidan espiritualmente. En todos los casos, la causa de su suicidio espiritual es el amor del pecado. Todos aquellos que se suicidan espiritualmente prefieren vivir sin Dios y morir sin El. En las palabras del Señor Jesucristo, "aman más las tinieblas que la luz, porque sus obras son malas". (Vea Jn.3:18-20.) Lo que es aún más triste es que muchas personas cometen el suicidio espiritual bajo el sonido y la advertencia del evangelio de salvación. Estas personas asisten al templo y escuchan la predicación del evangelio y sin embargo, rehúsan obedecerlo y mueren como los demás, como víctimas del suicidio espiritual. Muchas de estas personas se contentan con el mero hecho de ser oidores y así se engañan a sí mismos. Su condenación será mayor porque su culpa es más grande. Se puede decir que se suicidan con los ojos abiertos y en el día del juicio la grandeza de su insensatez será manifiesta a todos. |
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)
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