El Creyente y
La Ley Moral de Dios

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EL SÉPTIMO MANDAMIENTO

"No cometerás adulterio." (Éxodo 20:14)

Este mandamiento nos enseña a guardar la santidad del matrimonio y de la vida sexual.

Tres realidades fundamentales sobre la sexualidad humana:

 

1.    Nuestra sexualidad, incluyendo nuestra capacidad para el placer sexual, se origina en Dios y no en el diablo. Si no comenzamos cualquier discusión de este mandamiento, con este punto, terminaremos equivocándonos. Nuestra sexualidad tuvo su origen en Dios y no en el diablo. "Y crió Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió." (Génesis 1:27)

La relación matrimonial es de Dios; incluso las relaciones sexuales entre el marido y su esposa son un don de Dios. Por lo tanto, nunca debemos tomar la posición de que el placer sexual es sucio o malo en sí mismo, o que es algo que está prohibido por Dios.

 

2.    El Dios que nos creó con nuestra sexualidad es el único que tiene el derecho de regular sus funciones legítimas y específicas. ¿Por qué digo esto? Por la simple razón de que estamos bombardeados con la idea de que los "expertos" pueden decirnos lo que es correcto e incorrecto, lo que es bueno y lo que no lo es, lo que es sano y lo que no. Los expertos no son Dios. No fue idea de ellos que fuéramos seres sexuales; fue idea de Dios. Y el Dios que nos hizo y nos diseñó sabe como podemos glorificarle más. El toma muy en serio las consecuencias horribles de los pecados sexuales sobre la familia y sobre la sociedad humana, algo que los llamados "expertos" no quieren ni siquiera considerar cuando discuten el tema de la sexualidad.

 

3.    El Dios que creó nuestra sexualidad generalmente tiene el propósito de que sea consumada gozosamente en deliciosa autoentrega dentro de los límites del matrimonio. Pablo presenta esto abundantemente claro en 1 Corintios 7. Comienza diciendo que: "el marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido." (vers.3) Debe haber respeto de las necesidades mutuas. Dentro de los límites del matrimonio debe haber esa autoentrega frecuente que satisface esas necesidades. "Sea bendita tu fuente, y regocíjate con la mujer de tu juventud, amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre." (Prov.5:18-19, Biblia de las Américas) "Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla..." (Hebreos 13:4).

Dijimos también "generalmente", porque algunas veces nuestra sexualidad debe ser sublimada en soltería impuesta sobre nosotros por la providencia divina. Algunas veces debe ser subyugada para fines más elevados. (1 Corintios 7 habla de esto.)

 

Toda una "familia" de pecados:

La Biblia usa la palabra adulterio no solo para hablar de la violación de la relación matrimonial, sino también para hablar de un grupo de pecados relacionados a éste o que son semejantes. El séptimo mandamiento prohíbe no solo el adulterio, sino también la fornicación y el divorcio. Prohíbe todas las cosas que destruyen o disminuyan la unidad del matrimonio.

A fin de cuentas, el adulterio es la manifestación más alta de varios otros pecados. Por lo general incluye la desobediencia de otros mandamientos ya que un pecado conduce a otros. Podemos decir que casi sin excepción, el adulterio incluye los siguientes pecados: La concupiscencia, el robo, la idolatría, la mentira, la deslealtad, la traición, el egoísmo, el engaño, la falta de dominio propio y el quebrantamiento de los votos matrimoniales.

El pecado del adulterio siempre es un pecado que se comete a propósito, en forma deliberada. Es un pecado que se comete después de un proceso de pensamiento y de consideración. Es decir, tanto el adulterio como la fornicación son pecados que no se pueden considerar como accidentales. Es por esta razón que decimos que el adulterio siempre incluye otros pecados específicos que forman parte de la culpa y la contaminación de este acto. La persona que comete este pecado, peca en primer lugar contra Dios; segundo, en contra de su esposa; tercero, en contra de su prójimo; y cuarto, en contra de sí mismo.

Proverbios 6 dice respecto a este asunto: "Mas el que comete adulterio con la mujer, es falto de entendimiento: Corrompe su alma el que tal hace. Plaga y vergüenza hallará; Y su afrenta nunca será raída." (Proverbios 6:32-33) En otras palabras, aquellos que cometen este pecado no entienden la naturaleza ni la gravedad de su pecado y tampoco sus consecuencias. La persona que comete el adulterio o la fornicación es descrita en las Escrituras como un idólatra, un ladrón y un avaro, tal persona se contamina y se destruye a sí misma, porque el adulterio siempre es un pecado destructivo.

Hebreos 13 dice que: "A los fornicarios y a los adúlteros, los juzgará Dios" (vers. 4) y 1 Cor.6 dice que: "Los adúlteros no heredarán el reino de Dios" (vers.9).

Este mandamiento prohíbe no solo el adulterio, sino también cualquier clase de impureza sexual (Vea 1 Cor.6:9-11). Más adelante veremos que el adulterio espiritual es el pecado más grave en esta familia de pecados.

 

Un pecado que tiende a esclavizar a las personas:

Hay muy pocas personas que han caído en la inmoralidad y que pueden dejarla. Muy pocos han logrado escapar del poder de este pecado. Proverbios habla de la mujer extraña y dice que su casa está inclinada a la muerte y sus veredas hacia los muertos, y que todos los que a ella entraren, no volverán. (Prov.2:17-19)

El pecado nunca será el siervo, siempre querrá ser el señor. No nos servirá a nosotros sino al contrario, nos convierte en sus esclavos. Hay muy pocas personas que han sido vencidas por este pecado que han logrado escapar de la esclavitud a la cual inevitablemente conduce. En Efesios 5:3 y 5 los fornicarios y adúlteros son descritos como idólatras porque el objeto de sus deseos llega a ser "un ídolo" que exige su sumisión y su obediencia. (Vea también 1 Cor.6:9.) Tales personas, permiten que sus cuerpos y sus afectos sean controlados por pasiones desordenadas y prestan sus miembros para ser esclavos de la inmundicia y la iniquidad. (Vea Rom.6:19.)

No hay duda de que este pecado es un tipo de "vicio" que tiende a apoderarse del hombre. Aún peor, muchos que practican este pecado son finalmente abandonados por Dios, tal como Pablo lo dice en Rom.1:24: "Dios los entregó á inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de suerte que contaminaron sus cuerpos entre sí mismos". Este hecho explica porque tantos hombres y mujeres viven en el adulterio y la inmoralidad. Si están casados no quieren divorciarse sino que prefieren mantener la apariencia externa de su matrimonio y seguir viviendo en pecado y si no están casados, no quieren casarse. En algunos países, la poligamia es algo muy común. Muchas culturas aceptan el adulterio y la fornicación como algo "normal" o por lo menos no tan pecaminoso como lo enseñan las Escrituras.

 

Las causas de este pecado:

La causa principal del adulterio es la concupiscencia o sea los deseos inmundos (desordenados) que no pueden ser controlados. Es muy importante que entendamos la causa verdadera de esta transgresión. Vivimos en un mundo que ha creído el mensaje de la revolución sexual y ha dado la espalda a lo que Dios dice respecto a este asunto.

Este pecado nunca tiene que ver con el amor verdadero sino que siempre tiene su raíz en los deseos carnales y las pasiones desordenadas. Por ejemplo, el hombre que dice que quiere divorciarse de su esposa y casarse con su amante, siempre pondrá como pretexto que está "enamorado" de ella. Pero la realidad es que dicho hombre es un mentiroso que está esclavizado por sus pasiones desordenadas. Su verdadero motivo es el sexo, el placer y su egoísmo, pero esto nada tiene que ver con el amor verdadero. Casi siempre es una persona que se ha engañado a sí misma y está viviendo en un mundo de fantasía. Tales personas confunden el amor caprichoso y la atracción física con el amor verdadero. Entonces, la raíz del problema consiste de confundir el amor verdadero con la concupiscencia. En realidad, los adúlteros no entienden el significado del amor verdadero y no aman realmente. Las dos responsabilidades principales en el matrimonio son el amor y la fidelidad pero a los adúlteros solo les importa satisfacerse a sí mismos.

Frecuentemente, estas personas están dispuestas a quebrantar sus votos, a abandonar a sus hijos y a no cumplir con sus responsabilidades y deberes. Muchos están listos a engañar y perjudicar a otras personas, aún a arruinarse a sí mismos, todo para servir a sus concupiscencias. La persona controlada por este pecado correrá cualquier riesgo, pagará cualquier precio y hará cualquier sacrificio para servir a sus "ídolos", es a saber sus propias concupiscencias.

La concupiscencia siempre es una fuerza destructiva. 1 Pedro 2:11 nos habla de los deseos carnales que batallan contra el alma. La concupiscencia de la carne puede reducir al hombre al nivel de un animal de tal suerte que se comporte como una "bestia" sin razón. Así, las facultades más altas del alma son contaminadas y la persona pierde su capacidad de pensar y razonar en forma lógica.

 

Los pensamientos prohibidos:

Siempre debemos tomar en cuenta lo siguiente que este mandamiento prohíbe no solo el adulterio físico sino también el adulterio mental. El adulterio comienza en el corazón y en la mente. Por lo tanto Cristo exige que nos abstengamos aún de los deseos y los pensamientos que conducen al acto físico. "Oísteis que fue dicho: No adulterarás: Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón." (Mateo 5:27-28) Aquí, no sólo el acto físico es condenado sino también el deseo, los pensamientos impuros, la codicia misma y toda mirada innecesaria. Por lo tanto, este mandamiento prohíbe cualquier cosa que nos conduzca a pensar en el adulterio.

Debemos alejarnos de todas las cosas que despierten la concupiscencia y las pasiones. Vivimos en un mundo que pone delante de nuestros ojos muchas cosas que están diseñadas para atraernos y seducirnos en sentido sensual. Por ejemplo, frecuentemente la televisión, las revistas, el cine, los comerciales televisivos, la moda y aún la música popular sirven para comunicar el mensaje de la revolución sexual. En la mayoría de los países, la población es bombardeada y atacada en forma constante con este mensaje.

Job nos dice que hizo un pacto con sus ojos para no mirar tales cosas. (Vea Job 31:1.) La explicación que Cristo da de este mandamiento prohíbe todos los distintos tipos de fantasías sexuales y obviamente incluye la pornografía. Ya ha de resultar evidente que todas estas cosas son formas modernas para cometer el adulterio mental. La segunda carta de Pedro habla de aquellos que tienen "los ojos llenos de adulterio" y "el corazón ejercitado (habituado) a la codicia" (2 Pe.2:14). Sin lugar a dudas, nuestro mundo moderno está lleno de adúlteros y adúlteras.

No estamos diciendo que no exista diferencia alguna entre el adulterio físico y el adulterio mental. Dios condenará en el infierno tanto por el adulterio físico como por el adulterio mental. Sin embargo, el adulterio físico es el pecado mayor. Primero, el adulterio físico rompe el pacto del matrimonio mientras que el adulterio mental no necesariamente lo hace. Segundo, el adulterio físico puede ser la base legal para el divorcio, mientras que el adulterio mental no lo es. Tercero, el adulterio físico contamina el cuerpo mientras que su contraparte contamina la mente. El adulterio físico puede resultar en hijos ilegítimos y aún conducir al aborto pero el mental no.

Al señalar estas diferencias no estamos tratando de minimizar el adulterio mental. Dios exige la pureza interior y nos dice que guardemos nuestros corazones, como lo señala Prov.4:23. El diablo sabe que el adulterio mental frecuentemente conduce al adulterio físico. Muchas personas se engañan a sí mismas tal como los fariseos en los tiempos de Cristo, fijándose solamente en la letra de la ley y olvidándose de su espíritu. El Señor dejó bien claro que en el día del juicio muchos serán condenados por sus deseos pecaminosos aunque nunca hayan cometido el adulterio físico.

En 2 Timoteo 2:22 Pablo dice que debemos "huir de la pasiones juveniles". Cristo también dijo: "Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno." (Mateo 5:29) Con lo anterior Cristo está exigiendo un rompimiento radical con todas las cosas que nuestros ojos ven y que pudieran conducirnos a caer en el adulterio.

 

El juicio divino contra los adúlteros:

Primero, el juicio divino se manifiesta en las consecuencias que el adulterio trae en este mundo. En 1 Corintios 6 el apóstol dice que la persona que cae en la impureza sexual peca contra su propio cuerpo. Esto significa que hay un juicio experimentado por la persona en su cuerpo físico. Las leyes de la naturaleza misma exigen la fidelidad matrimonial y cuando son quebrantadas producen resultados físicos en el cuerpo humano. Entonces, no debe sorprendernos el hecho de que las enfermedades sexuales estén multiplicándose. Tampoco debe sorprendernos el hecho de que muchas de ellas no sean curables.

El adúltero no solo experimenta efectos en su persona sino que también pone en peligro a otras personas. Peca contra la persona con quien comete su pecado y le sujeta al mismo juicio. Si nacen hijos, ellos son condenados a una vida de sufrimiento y vergüenza. Las consecuencias en la familia, en su trabajo y con sus amistades pueden llegar a ser desastrosas. Si el adulterio trae como resultado un divorcio, las consecuencias emocionales y psicológicas en la familia son permanentes. Aún más, cada adúltero queda condenado por su propia conciencia. Su propia conciencia le dice que es culpable y que no puede justificarse ni excusarse. Volvemos a repetir que el adulterio siempre es intencional, es decir después de haberlo pensado y planeado. ¡Cuán grande es la culpa del adúltero!

Segundo, tampoco debemos olvidarnos del hecho de que el adulterio condena al infierno. Todos aquellos que no se arrepienten de este pecado irán al infierno. También debemos guardar en mente lo siguiente: El adúltero comete un pecado que no tenía que cometer. Peca voluntariamente al no tener necesidad alguna de hacerlo. Entonces, este hecho agrava su pecado y aumenta su culpa.

 

Siete remedios en contra de la impureza sexual:

¿Qué debemos hacer para cumplir con el séptimo mandamiento? ¿Cómo podemos guardarnos de la impureza sexual? Enseguida mencionaremos algunos remedios eficaces para ello:

1.    Debemos tener la convicción de que somos responsables de desarrollar el amor verdadero en nuestro matrimonio o no podremos mantener la pureza sexual. Para los casados, el lado positivo de este mandamiento es que amemos a nuestra pareja, y seamos fieles a ella. No es el hecho de tener una pareja lo que nos hace ser fieles, sino el amor verdadero por ella. Entonces, cada marido y cada esposa deben hacer todo lo posible para desarrollar el amor verdadero en su matrimonio. Este punto incluye los siguientes elementos:

a.    La unidad matrimonial.

b.    La sumisión de la mujer y el liderazgo espiritual del hombre.

c.     Un entendimiento de la importancia de la relación de una sola carne que Dios nos mandó.

d.    La obediencia a la enseñanza apostólica en 1Cor.7:2-5 es decir, procurar la satisfacción de los deseos físicos de nuestra pareja.

e.    No permitir que el sexo en el matrimonio se convierta en un asunto de chantajes, manipulaciones, recompensas y castigos, etc.

Todo esto significa que la pareja tiene que aprender la diferencia entre el amor verdadero y el amor falso. La mayoría de las parejas confunden el amor caprichoso, el amor romántico o la atracción física con el amor verdadero. Estas tres cosas mencionadas son los conceptos mundanos del amor y que no corresponden al amor enseñado en las Escrituras. Vea por ejemplo la descripción del amor verdadero en 1 Cor.13:4-8. El amor verdadero es algo que aprendemos de Dios y está basado en el amor divino, no simplemente en algo sentimental o emocional. Este amor que es un reflejo del amor de Dios; normalmente viene después y no antes de la boda.

2.    Debemos tener la convicción de que Dios nos da no solo el mandamiento, sino también la capacidad para mortificar los deseos sexuales impuros. La mortificación del pecado es uno de los elementos esenciales en el proceso de la santificación. Colosenses 3:5 dice: "Mortificad (amortiguad), pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, malicia, mala concupiscencia, y avaricia, que es idolatría." Efesios 5:3 dice, "Pero fornicación y toda inmundicia, ó avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene á santos." 1 Tesalonicenses 4:3-5 dice, "Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; Que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; No con afecto de concupiscencia, como los Gentiles que no conocen á Dios." El Nuevo Testamento enseña que unas de las marcas de la regeneración es la capacidad de mortificar el pecado. Aquellos que dicen ser creyentes pero siguen esclavizados por la carne en realidad no son personas regeneradas sino personas engañadas. (Vea  1 Jn.3:9.) El apóstol Pablo dice: "Así que, hermanos, deudores somos, no á la carne, para que vivamos conforme á la carne: Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios." (Romanos 8:12-14) Cada persona regenerada es guiada por el Espíritu Santo a hacer morir las obras de la carne. La mortificación es un proceso y una lucha continua que seguirá durante toda esta vida. Aunque los creyentes pueden caer en cualquier pecado (incluso el adulterio), no pueden vivir en la práctica de ningún pecado porque su nueva naturaleza y el poder de la gracia de Dios en sus vidas no lo permitirá. Todo el argumento de Pablo en Romanos 6 afirma que los creyentes han sido librados del reino y el dominio del pecado y ahora son esclavos de la justicia. El poder de la gracia es más fuerte que el poder del pecado y es en sí mismo la garantía de que los creyentes tendrán el poder disponible para mortificar todo pecado. (Vea Rom.6:14 y 5:21.)

Nadie necesita ser sexualmente impuro por la razón de que tenga impulsos sexuales. El camino a la pureza no es negar la realidad de esos impulsos sino encontrar la gracia en Jesucristo para encausarlos por los canales ordenados por el Dios vivo.

3.    Debemos tener la convicción de que un estilo de vida de impureza sexual nos excluirá del cielo. "¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios." (1 Corintios 6:9-10) Cualquiera cuyo estilo de vida este marcado por la impureza sexual está excluido del cielo. Si te entregas a un patrón de impureza y continúas impenitente en este estado, esto te llevará directamente al infierno. Necesitamos cargar nuestras conciencias con esta verdad día tras día. Nunca quites esta convicción de tu conciencia hasta que llegues al cielo.

4.    Debemos tener la convicción de que nuestro cuerpo, incluyendo nuestras capacidades sexuales, existen para el servicio del Señor. "...Mas el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo." (1 Corintios 6:13) Algunas personas dicen: "Tengo estómago, me da hambre; Dios hizo los alimentos para satisfacer esta necesidad; por ello las viandas son para el vientre y el vientre para las viandas. Así también tengo un cuerpo, el cual tiene apetitos y capacidades sexuales; por tanto tengo que satisfacer esos apetitos del modo que yo escoja, ¿No es así?" "No," dice Pablo. Ese paralelismo es incorrecto. El cuerpo no se hizo para la impureza sexual sino para el servicio de Dios y el Señor es para el cuerpo.
¿Ven lo contrario que es esto a los pensamientos del mundo? El mundo dice: "Ese cuerpo es mío; es mi propio terreno de juego y es asunto mío el como lo use". Esa es la filosofía del mundo pero no es cierta. Dios hizo el cuerpo; es su dueño por creación y como dice al final del pasaje, le pertenece a Dios por redención.

5.    Debemos tener la convicción de que nuestra unión con Cristo incluye nuestro cuerpo y que no es cancelada ni suspendida en una experiencia sexual ilícita. "¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré pues los miembros de Cristo, y los haré miembros de una ramera? Lejos sea." (1 Corintios 6:15). ¡Tal pensamiento es detestable! Cuando un creyente tiene una experiencia sexual ilícita, su unión con Cristo incluyendo su cuerpo no es cancelada ni suspendida. Ese es el horror de la impureza sexual. Cuando un creyente cae en este tipo de pecado, una de las marcas de su caída es que el quitó deliberadamente en su mente la realidad de este pensamiento. Alimenta tu alma de la realidad de tu unión con Jesucristo. Es solo cuando te olvidas de esa realidad que eres vulnerable a los pecados de la impureza sexual.

6.    Debemos tener la convicción de que no existe la actividad sexual casual y sin compromiso. "¿O no sabéis que el que se junta con una ramera, es hecho con ella un cuerpo? porque serán, dice, los dos en una carne. Empero el que se junta con el Señor, un espíritu es." (1 Corintios 6:16-17) La idea del sexo recreativo, casual y sin compromiso no es algo que comenzó ahora; es una reversión del concepto greco-romano que regía en los días de Pablo. Pero la enseñanza del apóstol aquí enfatiza que tal cosa no existe. Si pasas quince minutos con las prostitutas del templo, vienes a ser un solo cuerpo con ella; se efectúa una atadura misteriosa con esa intimidad sexual. Si vamos a ser guardados de la presión que nos rodea en el área de la inmoralidad sexual, debemos tener la convicción de que no hay tal cosa como actividades sexuales recreativas, casuales y sin compromiso. Tal cosa es imposible.

7.    Debemos tener la convicción de que la impureza sexual es una forma única de autodestrucción. "Huid la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca." (1 Corintios 6:18) Pablo dice aquí que entre los pecados que destruyen el cuerpo, el de la impureza sexual es único. Las mismas capacidades dadas por Dios vienen a ser nuestros asesinos y destructores. Salomón advirtió a su hijo de uno de los resultados de acercarse a una ramera: su cuerpo quedaría consumido. (Prov.5:11) No se puede hablar de las "víctimas" del sida, la gonorrea, la sífilis, sino de los justos recipientes del juicio de Dios. Amigo, aunque no seas cristiano, es de tu interés personal evitar la impureza sexual. Y si tú, hijo de Dios, quieres al igual que Pablo, que Cristo sea magnificado en tu cuerpo, debes orar para ser librado de la impureza sexual.

 

El adulterio espiritual:

La Biblia usa la palabra adulterio para hablar de todos los pecados que son manifestaciones de la deslealtad o la infidelidad, los pecados que constituyen una traición de cualquiera de nuestras relaciones fundamentales en la vida. El séptimo mandamiento exige que seamos fieles a nuestra relación matrimonial, a nuestras amistades, a nuestra iglesia y a nuestra relación con el Señor. En otras palabras, el adulterio espiritual sucede cuando no somos fieles en cualquier relación en que estamos comprometidos.

La relación principal que tenemos que proteger y mantener es nuestra relación con el Señor. Cuando un creyente comienza a  ser infiel a Dios, tarde o temprano será infiel en todas sus otras relaciones básicas de la vida. "Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios." (Santiago 4:4) Aquí nos dice Santiago que la raíz del adulterio es en primer lugar el adulterio espiritual.

Cometemos el adulterio espiritual cuando permitimos que otras cosas tengan más importancia que nuestra relación con el Señor. La forma más común en que muchos creyentes cometen este pecado es que lo que Santiago señaló: la mundanalidad, la amistad del mundo, la codicia y la búsqueda de las cosas que el mundo persigue. El creyente que cae bajo la atracción e influencia del mundo, dejando que sus vanidades, sus placeres y sus costumbres tengan una influencia poderosa y dominante sobre él, es culpable del adulterio espiritual. Hay muchos que cometen el adulterio espiritual en sus mentes porque siempre están soñando con las cosas del mundo. Estos "creyentes" no dan al Señor el primer lugar en sus vidas. Su infidelidad espiritual se manifestará tarde o temprano en la familia, en la iglesia y en cada aspecto de sus vidas. Muchas de estas personas terminan en un desastre porque se convierten en apóstatas. Se vuelven al mundo y abandonan al Señor, convirtiéndose finalmente en sus enemigos. Esto nos recuerda de lo que vimos en nuestro estudio del primer mandamiento, que en la Biblia Dios habla de sí mismo como "casado" con su pueblo y nos dice que tiene celo por mantener la pureza y la fidelidad que existe entre El y ellos. A menudo se refiere a Dios como "el esposo" o "el marido" y a los creyentes como su esposa. A través del Antiguo Testamento encontramos la figura de Dios como el esposo y a Israel como su esposa. Israel es caracterizado como su "esposa adúltera", es decir culpable del adulterio espiritual por haberse contaminado con los ídolos de los pueblos paganos. El amor celoso de Dios exigía de los israelitas una lealtad y una fidelidad absolutas, es decir un amor puro, un amor de entrega total al Señor.

En el Nuevo Testamento encontramos el uso de la misma figura para ilustrar la responsabilidad de los creyentes ante su Señor. Pablo dice en 2 Cor.11:2 "Pues que os celo con celo de Dios; porque os he desposado á un marido, para presentaros como una virgen pura á Cristo". Y también en relación con el peligro de los ídolos les advierte en 1 Cor.10:22, "¿O provocaremos á celo al Señor? ¿Somos más fuertes que él?"

Entonces, cualquier compromiso o contaminación con los ídolos de este mundo, sea en sentido religioso, material o sensual provoca a celos al Señor. El no permitirá que ningún rival ocupe nuestros afectos, ni tampoco que seamos contaminados por ningún ídolo. Entonces, el lado positivo de este mandamiento es que seamos fieles al Señor y fieles en cada relación en que El nos haya colocado.

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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