El Creyente y
La Ley Moral de Dios

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EL OCTAVO MANDAMIENTO

"No hurtarás." (Éxodo 20:15)

"El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad." (Efesios 4:28)

El significado de este mandamiento:

Este precepto significa en primer lugar que dejemos de robar. Segundo que trabajemos y en tercer lugar que demos de nosotros mismos y de nuestros recursos para ayudar a otros.

En forma muy clara este mandamiento significa que no debemos tomar en forma injusta lo que pertenece a otros. Podemos recibir lo que otros nos ofrecen voluntariamente como un regalo (como una ayuda en tiempos de necesidad), pero no podemos quitarles sus posesiones, ni tampoco a fuerzas o por engaño, lo que no nos pertenece. La base del octavo mandamiento es el derecho de propiedad. La palabra "propiedad" viene del latín y significa lo que es particular a uno, lo que pertenece a uno.

Aunque hay muchas formas para robar, la raíz de este pecado es la codicia y la injusticia. El décimo mandamiento (no codiciarás) es la base del octavo (no robarás). Casi siempre el robo es motivado por la codicia y el apóstol Pablo dice que el amor al dinero es la raíz de todos los males. (1 Tim.6:10. Además de la codicia, la injusticia es otra de las causas de este pecado, es decir el deseo de obtener cosas sin trabajar por ellas y sin pagar su precio (sin el derecho de poseerlas). El ladrón quiere recibir pero no quiere dar, ni trabajar; quiere todo "gratis".

 

Ladrones en todas partes:

Vivimos en un mundo lleno de ladrones. El fraude y el engaño son quizás las formas más comunes de robar. Pero, actualmente existen casi un sin número de formas para robar, para quitar de otras personas sus pertenencias, su dinero y sus derechos.

Desde la caída Satanás ha sido un ladrón, es decir ha robado de Dios y de los hombres, tomando para sí los derechos y las pertenencias de Dios. Satanás quiere poseer todo lo que Dios tiene: quiere mandar, quiere gobernar y controlar a los hombres. Satanás quiere ser Dios, el dueño del mundo. El espíritu de Satanás ha contagiado a los hombres convirtiéndoles en ladrones que imitan a su padre espiritual. Los robos que los hombres cometen son motivados por su egoísmo, su orgullo, su codicia, su avaricia, su envidia y su injusticia. Los hombres caídos inventan o buscan nuevas formas para robar, para quitar de los demás lo que no merecen ni han ganado.  

No todos los ladrones se encuentran en la calle con una pistola en sus manos robando en forma abierta. Hay ladrones en el mercado, en el gobierno, en las empresas, en los bancos, en la bolsa de valores, en la compañía de luz, de teléfonos, en los talleres automotrices, etc.; hay ladrones por todas partes y aún en las iglesias.

 

Las formas del robo:

"Ni comimos el pan de ninguno de balde; antes, obrando con trabajo y fatiga de noche y de día, por no ser gravosos á ninguno de vosotros." (2 Tesalonicenses 3:8) "Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear." (2 Tesalonicenses 3:10-11) La mayoría de las formas de robar son métodos para recibir lo que no nos corresponde, como el apóstol lo dice "sin trabajar", "de balde" o "gratis". Habla de formas para recibir lo que no hemos ganado en forma honesta. Enseguida daremos una lista parcial de las distintas formas de robar:

1.    Hay muchos empleados de empresas o del gobierno que son ladrones. Roban el tiempo de labores, roban las herramientas de trabajo, la materia prima y los productos terminados, en gastos de administración y viáticos. En muchas compañías, la mayor parte de sus utilidades se pierden porque los empleados las roban.

2.    Hay ladrones en el gobierno que cometen fraudes y desvío de fondos, mala administración de presupuestos y robo del dinero que pertenece a la nación. Muchos países podrían eliminar su deuda externa y aún su necesidad de endeudarse si tan solo pudieran acabar con el robo cometido por los funcionarios públicos y burócratas.

3.    También hay ladrones en el gobierno y en las empresas privadas que reciben un sueldo pero no trabajan. Y muchos otros que usan su puesto en el gobierno o en las empresas para robar, para beneficiarse a sí mismos, para extorsionar, para pedir "mordidas", etcétera.

4.    Hay ladrones que se aprovechan de la ley, es decir muchos abogados y autoridades manipulan la ley o su conocimiento de la ley para engañar a la gente y robar.

5.    Hay ladrones que roban al vender su producto a los clientes. Deuteronomio 25:13-15 dice: "No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica... Pesas cumplidas y justas tendrás".

6.    Hay ladrones que cobran un precio excesivo que no corresponde al valor real del producto. Hay ladrones que venden productos defectuosos o de mala calidad.

7.    Hay ladrones que cobran una tasa de interés excesivamente alta.

8.    Hay ladrones que piden dinero prestado y no lo pagan y tampoco tenían intención alguna de hacerlo. El Salmo 37:21 dice: "El impío toma prestado y no paga".

9.    Hay ladrones que no pagan sus impuestos al gobierno.

10.  Hay ladrones que viven a expensas de otras personas como parásitos, personas flojas e irresponsables que no quieren trabajar, sino que prefieren aprovecharse de sus amigos, de su familia, de sus parientes y aún del gobierno o instituciones de beneficencia.

11.  Hay muchas personas que roban de Dios. El profeta Malaquías preguntaba: "¿Robará el hombre á Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los diezmos y las primicias. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado" (Malaquías 3:8-9).

 

El lado positivo de mandamiento:

"El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad." (Efesios 4:28) Según el apóstol Pablo, el lado positivo de este mandamiento es que debemos dar de nosotros mismos para beneficiar a otros. El dar es lo opuesto de robar. Pablo dijo: "En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar á los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir." (Hechos 20:35)

Aunque existen muchas formas ocultas para robar, a fin de cuentas, un robo sucede cada vez que retenemos lo que estamos obligados a dar. En sentido positivo este mandamiento exige que demos a los demás motivados por el amor. El ladrón siempre es una persona egoísta que piensa solo en sí mismo, una persona que siempre recibe pero que no da. Al ladrón no le importa el daño que hace a otros. El ladrón no quiere ser la víctima de un fraude, no quiere que otras personas le engañen, pero no le importa si él hace lo mismo a expensas de los demás. Debemos preguntarnos si nuestra vida está caracterizada por el dar o solo por el recibir.

 

El robo espiritual:

Ahora examinaremos algunas de las formas más comunes en que los creyentes son tentados a "robar". Como veremos en el caso de los creyentes, este pecado consiste casi siempre de un tipo de robo espiritual. Los creyentes cometen este pecado reteniendo algo que están obligados a dar.

Según 1 de Corintios 12 cada asamblea local está compuesta de miembros específicos. Cada miembro ha sido colocado en el cuerpo por Dios con ciertas tareas y responsabilidades que debe cumplir. (Vea 1Cor.12:14-27.) El apóstol enseña en ese pasaje que todos los miembros de la iglesia dependen los unos de los otros, para llevar a cabo los propósitos de Dios. Cada asamblea local tiene cierta cantidad de trabajo, de evangelismo, de servicio, etc. para el Señor. Para cumplir con esta tarea, cada miembro tiene cierto papel que debe desarrollar, por ejemplo: la responsabilidad de orar, de dar de su tiempo y de sus recursos, de ayudar, de participar en el evangelismo, de sobrellevar las cargas los unos de los otros, etcétera.

Lo que ocurre frecuentemente en la iglesia es que sólo unos cuantos miembros cumplen con sus responsabilidades mientras que los demás no hacen nada. El resultado de esto es semejante a lo que sucede en el trabajo cuando hay una o varias personas que son flojas que hacen muy poco o que trabajan a medias. Los demás trabajadores tienen que hacer su parte, tienen que trabajar el doble, sacrificando su propio tiempo y energía para suplir lo que los otros no hacen. El resultado es que la eficiencia y la productividad de la empresa se ve disminuida simplemente porque algunos empleados no quieren trabajar. En realidad las personas que no trabajan están robando el tiempo, los recursos y la energía de los demás. Esto es precisamente lo que sucede en muchas iglesias.

En muchos casos, la mayoría de los miembros de una iglesia son "ladrones espirituales". El apóstol dice en Gálatas 6:2-3, "Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, á sí mismo se engaña". Aquí tenemos precisamente el punto. En cada iglesia hay necesidades, hay problemas, hay peticiones especiales por las cuales debemos orar. Siempre hay personas que necesitan ayuda, el compañerismo cristiano, la amistad cristiana y el apoyo espiritual de sus hermanos. El problema es que hay muchas personas que están dispuestas a recibir pero que no quieren dar de sí mismas. Muchos que son miembros de una iglesia reciben todos lo beneficios, todas las bendiciones y todos los privilegios espirituales que pertenecen a los miembros, pero no dan nada a cambio. Son ladrones espirituales porque retienen lo que están obligados a dar.

 Suponiendo que yo sea alguno de estos creyentes, entonces otras personas oran por mí, se preocupan por mí, yo recibo la bondad, el amor, el compañerismo de estas personas, etc., pero no les devuelvo nada. ¡Recibo pero no doy! Entonces soy un ladrón espiritual.

 

Las causas del robo espiritual:

Este tipo de comportamiento casi siempre es una característica de la inmadurez espiritual. El bebe o el infante recibe toda la atención de su mamá, todos los beneficios y los cuidados de la familia y no devuelve casi nada.

1.    La soberbia.
En muchos casos este pecado es el resultado de lo que el apóstol dice en Gálatas 6:3, "Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, á sí mismo se engaña". Hay algunos creyentes que tienen una opinión muy alta de sí mismos. Creen que merecen la atención de los demás y que son personas tan "especiales", que su falta de cooperación es justificable. Realmente creen tener motivos para justificar su robo espiritual.

2.    El egoísmo.
También este pecado tiene su raíz en el egoísmo y en la falta de amor. El ladrón en la calle cree que tiene el derecho de robar porque se preocupa sólo por sí mismo. El ladrón en la calle no toma en cuenta a otras personas, entonces no le interesa el daño que pudiera hacerles. Esta misma actitud egoísta se manifiesta en muchos creyentes. La persona que es un ladrón espiritual se ofende y se queja cuando los demás no le dan toda la atención que quiere.

3.    La falta de amor.
También hay algunas personas que dan de sí mismas pero solo a condición de que les sea devuelto. Es decir, dan solo para obtener lo que quieren como si la iglesia fuera un tipo de negocio. La Biblia enseña que el amor verdadero nos conduce a dar de nosotros mismos sin que tengamos que esperar que algo nos sea devuelto. En 1Cor.13:5 nos dice que el amor "no busca lo suyo". El amor verdadero os conduce a interesarnos en los otros creyentes, en sus problemas y en sus luchas. Nos conduce a preocuparnos por ellos, a orar por ellos y ayudarlos en sentido práctico. La "ley de Cristo" que Pablo menciona en Gálatas 6:2 dice: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo", se refiere a la responsabilidad de amarnos los unos a los otros."

4.    Prioridades equivocadas.
También hay algunos creyentes que no tienen tiempo para cumplir con sus responsabilidades hacia los demás. Dicen que no tienen tiempo, pero la realidad es que han robado del Señor y de los miembros de la iglesia todo su tiempo libre. Lo roban para malgastarlo en ellos mismos. Ningún creyente tiene el derecho de vivir como quiera puesto que todos los creyentes han sido comprados por Cristo y ya no se pertenecen a sí mismos. Romanos 14:7-8 dice: "Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí, que si vivimos para el Señor vivimos..." Esto significa que ni nuestro tiempo, ni nuestros recursos, ni ninguna otra cosa que tengamos nos pertenece a nosotros mismos. Todo lo que tenemos y todo lo que somos es un don de Dios, incluso nuestra vida, nuestra salud, nuestra familia, nuestras posesiones materiales y nuestro dinero. Todo lo que tenemos nos ha sido "prestado" por el soberano del universo y a El rendiremos cuentas de todo.

5.    El mal uso de los talentos.
No debemos caer en el error de pensar que alguna cosa es nuestra. Los mundanos piensan así y creen que son los dueños de todo lo que poseen incluso dueños de sí mismos. La verdad es que los inconversos son todos ladrones. Se comportan como si fueran dueños de sí mismos, y como si sus posesiones materiales realmente les pertenecieran a ellos. Los inconversos roban sus vidas, sus dones, sus capacidades, su tiempo, su salud y su energía; todas estas cosas son robadas de Dios y malgastadas en ellos mismos. La parábola de los talentos en Mat.25:14-19 enseña que Dios ha concedido a cada uno cierta cantidad de talentos y que tendremos que rendirle cuentas por el uso que hagamos de ellos. Ningún hombre es "dueño" en sentido permanente de ninguna de las cosas que posee, ni siquiera de su propia alma. (Vea la parábola del rico insensato en Luc.14:15-20).

6.    La falta de gratitud.
Hay algunos que dicen ser creyentes que no devuelven a Dios una porción de las bendiciones que han recibido de su mano. Ya hemos señalado de Malaquías que esto constituye un tipo de robo espiritual. Su causa descansa en la falta de gratitud, en un corazón no agradecido por lo dones y bondades de Dios. "En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar á los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir." (Hechos 20:35).

 

A fin de cuentas, este mandamiento significa lo que Cristo dijo: en cada área de nuestras vidas debemos esforzarnos para que seamos caracterizados por el dar, es decir por el amor verdadero. Este mandamiento alcanza a nuestros tratos con otras personas, a nuestra familia, a nuestro matrimonio y especialmente a nuestro trato con la iglesia. Dejemos de robar y comencemos a dar.

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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