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Conclusión: Objeciones contra el uso de la ley contestadas En este capítulo trataremos de contestar algunas de las objeciones más comunes en contra del uso de la ley (los diez mandamientos) por parte de los creyentes neo-testamentarios. Esta oposición a la ley es conocida históricamente como el "antinomianismo" (proviene del griego anomia que quiere decir "sin ley"; anti: contra y nomos: ley, que significa "en contra de la ley"). Cuando hacemos la pregunta ¿cuál es la relación del creyente con la ley (los Diez Mandamientos)?, muchos contestan que el creyente no tiene que ver nada con la ley. Todos los hombres son por naturaleza antinomianos; es decir, no quieren y no pueden someterse a la santa ley de Dios. Romanos 8:7 dice que los que están en la carne (es decir, no regenerados y todavía bajo el dominio y el control de la naturaleza corrupta), no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden. 1 Juan 3:4 dice que el pecado es "anomia" que quiere decir "transgresión de la ley", "libertinaje", "vivir sin ley" u "oposición a la ley". El antinomianismo ha tomado muchas formas a lo largo de la historia del cristianismo. Casi siempre se ha manifestado bajo el pretexto de la libertad cristiana o como parte de la teología del dispensacionalismo. Pero en sus distintas formas, el antinomianismo siempre dice lo mismo, es a saber que la gracia de Dios ha anulado o puesto de lado los preceptos morales de la ley. A fin de cuentas, cada forma del antinomianismo está basada en un mal entendimiento de la salvación y del evangelio. Los antinomianos mal entienden el propósito de la salvación y en algunos casos, esto les ha conducido a una negación del evangelio. Cuando preguntamos ¿Cuál es el propósito de la salvación? Debemos contestar diciendo que su propósito no es simplemente que no vayamos al infierno. La salvación no es en realidad salvación a menos que los hombres sean restaurados a su condición original. El hombre fue creado originalmente en la imagen de Dios; el hombre reflejaba el carácter santo y justo de Dios. En la caída, Adán perdió esta imagen, es decir dejó de reflejar la santidad y justicia de Dios. La salvación culminará cuando el hombre sea glorificado y restaurado a su condición original. En Efesios 4 Pablo dice que el nuevo hombre ha sido creado conforme a Dios, en justicia y en santidad de verdad. En Colosenses 3:10 dice que el nuevo hombre está siendo renovado conforme a la imagen de Dios. Estos textos declaran que en la regeneración Dios comienza a restaurar la santidad y la justicia que fue perdida por Adán en la caída. En otras palabras, en el momento de la regeneración o el nacimiento nuevo, Dios crea una disposición nueva y santa en el corazón de los creyentes. Este cambio da lugar a un proceso de santificación por el cual el creyente es hecho cada vez más santo. Entonces, ¿Qué significa esta justicia y santidad que es restaurada en su corazón por la regeneración? Es una conformidad a la santa ley de Dios. Romanos 8:29 dice que cada creyente ha sido predestinado para ser hecho conforme a la imagen de Cristo. Pero, al mirar a Cristo ¿Qué es lo que vemos? Vemos en El la perfección moral que la ley exige, la santidad y la justicia perfectas, el amor perfecto. Entonces, el proceso de santificación que nos conforma poco a poco a la imagen de Cristo también nos está conformando a los preceptos morales de la ley de Dios. Cristo es la personificación de la ley. No es posible conformarnos a la imagen de Cristo sin ser conformados también a la santidad manifiesta en la ley.
Tres textos usados comúnmente para apoyar el antinomianismo:
1.
"Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo
la ley, sino bajo la gracia." (Romanos 6:14) Este texto no quiere
decir que los creyentes ya no tengan ninguna relación con la ley.
Simplemente quiere decir que ya no están bajo la ley como un sistema
de salvación por obras. Quiere decir que no están bajo la ley para
justificación. Esto es obvio por las siguientes razones:
2.
"Así también vosotros, hermanos míos, estáis muertos á la ley por el
cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, á saber, del que resucitó de
los muertos, á fin de que fructifiquemos á Dios." (Romanos 7:4) Aquí
Pablo dice que los creyentes están muertos a la ley por el sacrificio
de Cristo. Entonces, en virtud de su unión espiritual con Cristo,
están muertos al castigo de la ley, a su condenación, a su maldición y
a su incapacidad. El resultado de esta unión espiritual con Cristo es
que los creyentes llevan fruto para Dios. ¿Cuál es este fruto? La
respuesta la tenemos en Rom.7:6: "Mas ahora estamos libres de la ley,
habiendo muerto á aquella en la cual estábamos detenidos, para que
sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de letra". Hemos sido
librados de la ley como un sistema de salvación por obras y
capacitados para servir a Dios en el poder del Espíritu (en novedad de
vida, en novedad de espíritu). Pero entonces, ¿Qué es a lo que
servimos? El apóstol contesta esta pregunta en el mismo capítulo
diciendo en 7:25, "Así que, yo mismo sirvo con la mente a la ley de
Dios" y en 7:22 dice: "Según el hombre interior, me deleito en la ley
de Dios". En Rom.6:18 dice que los creyentes son hechos "siervos de la
justicia" y les exhorta a presentar sus miembros a "servir a la
justicia". Entonces, resulta obvio que la liberación de la ley como un
pacto de obras no conduce a la anulación completa de la ley.
3.
"Heme hecho á los Judíos como Judío, por ganar á los Judíos; á los
que están sujetos á la ley (aunque yo no sea sujeto á la ley) como
sujeto á la ley, por ganar á los que están sujetos á la ley; a los que
son sin ley, como si yo fuera sin ley, (no estando yo sin ley de Dios,
mas en la ley de Cristo) por ganar á los que estaban sin ley." (1
Corintios 9:20-21) Aquí en el versículo 20 el apóstol dice que no está
sujeto a la ley. Pero, para que nadie piense que el apóstol era un
antinomiano en el versículo 21 añade: "no estando yo sin ley de Dios,
más en la ley de Cristo". Entonces, el apóstol Pablo muy lejos de sostener el punto de vista de los antinomianos, explica la verdadera relación entre el creyente y la ley.
Una nueva relación con la ley: ¿Cuál es entonces esta nueva relación entre el creyente y la ley que la fe establece? Algunos hablan de este asunto como si la respuesta fuera simplemente la ruptura de la relación antigua, la cancelación del pacto antiguo sin sustituir nada. Estas personas ponen mucho énfasis en las palabras "no bajo la ley", "Libres de la ley", "sin la ley" etc. afirmando de este modo que el creyente ya no tiene que ver con la ley en lo absoluto. Hablan de cualquier enseñanza que nos exhorta a obedecer la ley viviendo una vida santa como una enseñanza incorrecta o falsa. Califican como "servidumbre" cualquier reverencia prestada a la ley. Juzgan equivocadamente a los que estudian la ley, los profetas y los salmos. Critican erróneamente a los que beben del espíritu de David y el espíritu del más grande que David, (el unigénito del Padre) que nunca habló de las leyes, de los estatutos y de los mandamientos del Padre como servidumbre. Nuestra antigua relación con la ley hacía que la justificación por la obediencia perfecta a ella, fuese una necesidad. Mientras que las exigencias de la ley estaban en vigor, era indispensable hacerlas para vivir. Nos esforzábamos para obedecer a fin de poder vivir porque éste era el mandato establecido por la ley. Mientras estaba en vigor este sistema legal no había esperanza. Nos resultaba imposible obedecer para vivir y puesto que la ley no nos podía hacer vivir, no nos podía ayudar. Solamente aquello que pudiera invertir este orden nos podría ayudar; es decir, aquello que pudiera primero darnos vida para entonces obedecer. Esto es precisamente lo que el evangelio hace. No pone primero la obediencia y luego la vida, sino que en primer lugar nos da la vida y luego viene la obediencia. Todo esto no indica ninguna debilidad o imperfección en la ley. El apóstol dice en Gálatas 3:21 que si la ley pudiera vivificar entonces nos habría ayudado. Pero la ley y la vida en el caso del pecador no son compatibles. Es la mismísima perfección de la ley que hace que la vida resulte imposible bajo de ella, puesto que su exigencia es una obediencia completa y continua, sin defecto. Pablo dice que "por la ley es el conocimiento del pecado". (Rom.3:20). Y donde hay pecado, la ley pronuncia ¡muerte! y no vida. Entonces mientras que la antigua relación entre nosotros y la ley continuaba, o en las palabras del apóstol, mientras que estábamos "bajo la ley", no había otra cosa más que condenación, una mala conciencia y una horrenda expectación de juicio. Pero con el cambio de esta relación vino el perdón, la libertad y el regocijo. "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición". (Gál.3:13) Entonces ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia. La ley sigue siendo la misma ley, pero ahora ha perdido su poder sobre nosotros. Sigue desafiándonos y exhortándonos a una obediencia perfecta, pero sus amenazas y terrores ya no nos condenan. La ley todavía nos dice "obedezcan", pero ya no nos puede decir, "si desobedecen perecerán". Nuestra nueva relación con la ley es la de Cristo mismo. Es la relación de hombres que han cumplido perfectamente sus exigencias y han sufrido enteramente sus penas, la han magnificado y la han honrado. Nuestra fe en la obediencia de Cristo como nuestro sustituto nos ha unido con El. La relación que tiene la ley con El es la relación que tiene con nosotros los que creemos en su nombre. Los sentimientos de Jesús hacia la ley han de ser los nuestros La ley nos ve a nosotros como le ve a El y nosotros vemos la ley como El la ve. Y ¿no es cierto que El dijo: "El hacer tu voluntad Dios mío me ha agradado; y tu ley está en medio de mi corazón"? (Sal.40:8) Algunos hablan como si el siervo fuera más grande que su Señor o como si el discípulo estuviera por encima del Maestro. Hablan como si el Señor Jesús guardara la ley a fin de que su pueblo la hiciera a un lado, como si El la hubiese cumplido por nosotros para que nosotros no la cumpliésemos; como si El la hubiese guardado para que nosotros no la guardásemos sino alguna otra cosa en su lugar. Pero, ¿qué es esa otra cosa? Ellos no lo pueden decir. La verdad evidente es que tenemos que guardar la ley o quebrantarla. No hay ningún punto intermedio. Si el creyente no tiene ningún deber ante la ley, entonces la puede transgredir a su gusto y continuar pecando para que la gracia abunde. ¿Es correcto decir que los creyentes no están bajo ningún "deber"? Muchos se oponen al uso de la palabra "deber" como si fuera inconsistente con la libertad de la adopción y el perdón. Tal postura es necia y vana. ¿Qué significa "deber"? Es lo que yo debo a Dios; es la conducta que Dios espera de mí. (Es mi "debiera" ante Dios.) Y acaso piensan entonces estos oponentes que puesto que Dios me ha redimido de la maldición de la ley, entonces ¿Ya no le debo nada? ¿Ya no tengo ningún deber ante El? ¿No es cierto que la redención nos ha hecho doblemente deudores? Le debemos a El más que nunca; y le debemos más honor y obediencia a su santa ley que antes. El deber ha sido duplicado y no cancelado por nuestra liberación de la ley. Y aquel que dice que el deber ha terminado porque la liberación ha llegado no sabe nada del deber, ni de la ley, ni de la liberación. El deudor más grande del universo es el hombre redimido, el hombre que puede decir: "Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí". (Gál. 2:20) Que extraño resulta el sentimiento de gratitud de aquellos hombres que suponen que puesto que el amor ha cancelado la pena de la ley y ha quitado su ira, entonces la reverencia y la obediencia a la ley ya no es su deber. ¿En la estimación de ellos acaso sea el terror el único fundamento del deber? ¿Y cuando el terror termina y entra el amor, entonces eso hace que el deber se convierta ahora en servidumbre? Ellos nos quieren decir que hay algo más grande que el deber y que ese es el "privilegio". Es decir, a ellos no les gusta la idea del deber; prefieren hablar solamente de "privilegios". Y yo contesto, ¿El privilegio de qué? ¿De obedecer la ley? Ellos responden que no, que no puede ser eso ya que no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Entonces, ¿Cuál privilegio? ¿El privilegio de imitar a Cristo? Pero ¿Cómo vamos imitar a Cristo cuya vida fue dedicada y entregada al cumplimiento de la ley, sin que nosotros la guardemos? o ¿Acaso nos están diciendo que el privilegio es el de hacer la voluntad de Dios? ¿Y qué es la ley sino la voluntad revelada de Dios? y ¿Acaso el perdón gratuito nos ha liberado del privilegio de conformarnos a la voluntad revelada de Dios? Entonces, ¿Qué quieren decirnos los que se oponen al uso de la palabra "deber" y afirman que solo debemos hablar de privilegios? El privilegio no es algo distinto del deber, ni en contra de ello, más bien es el deber con algo añadido. Es el deber influenciado por motivos más altos, ya no motivado por el terror sino por el amor. En el privilegio todo el deber está ahí pero hay algo añadido en el motivo nuevo y en la relación nueva que exalta y engrandece el deber. Por ejemplo es mi deber obedecer al gobierno, pero mi privilegio obedecer a mis padres. En este último caso, ¿Ya no hay ningún deber porque se trata de un privilegio? o ¿No es cierto que la relación amorosa entre padre e hijo solo intensifica el deber, añadiendo el privilegio y endulzando la obediencia por el amor mutuo? "El amor de Cristo nos constriñe." (2 Cor.5:14) Eso es algo más que el deber y el privilegio.
¿Está anulada la ley? Los que quieren ver un solo lado de este asunto pueden decir lo que quieran, pero la verdad de Dios es que somos librados de la ley a fin de que la guardemos. Recibimos el veredicto "Ninguna condenación hay" a fin de que "la justicia de la ley sea cumplida en nosotros". (Rom.8:4) Somos librados de la naturaleza carnal, la cual es "enemistad contra Dios y que no puede sujetarse a la ley de Dios", a fin de que seamos obedientes a la ley (Rom.8:7), a fin de que nos "deleitemos en la ley de Dios según el hombre interior" (Rom.7:22), para que con "la mente sirvamos a la ley de Dios" (Rom.7:25), para que seamos "hacedores de la ley". (Stg.4:11) Los opositores de esta verdad pueden hablar de la obediencia a la ley como servidumbre, o de la ley misma como abolida para los creyentes, pero aquí hemos citado las palabras del Espíritu Santo. La ley moral de Dios es todavía la ley de Dios, la misma ley la cual David amó y en la cual el Hijo de David se deleitó. Les haría bien a tales opositores si fueran a aprender con mansedumbre y amor qué significa deleitarse, servir y hacer la ley de Dios. Luego, "¿Por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, antes establecemos la ley." (Rom.3:31) Es decir, la fe establece la ley con una base más firme que nunca. La ley que es santa, justa y buena queda establecida dos veces. Ahora la ley está a favor nuestro y no en contra, ahora su actitud hacia nosotros es la de amistad y amor. Ahora nosotros hemos llegado a ser "siervos de justicia" (Rom.6:18), los que "presentan sus miembros para servir a la justicia". (Rom.6:19) No somos librados de todo servicio sino que hemos sido librados de un tipo de servicio introducidos a otro, "para que sirvamos en novedad de espíritu no en vejez de letra" (Rom.7:6) como el "liberto del Señor" (1 Cor.7:22) y sin embargo, como siervos de Cristo. Así pues, la obligación, el deber, el servicio y la obediencia todavía permanecen para el creyente aunque ya no están relacionadas con la servidumbre y el terror, sino con la libertad, el gozo y el amor. La actitud de la ley hacia nosotros ha sido alterada y la naturaleza y espíritu de nuestro servicio también cambiado. Pero el servicio mismo permanece y la ley la cual regula ese servicio es confirmada, no anulada.
¿Es cierto que el "amor" ha reemplazado a la "ley"? Algunos nos dirán que no se oponen al servicio sino más bien al servicio regulado por la ley. Pero nos tienen que decir, ¿Qué es lo que regula el servicio si no es la ley? Nos responden que es el amor. Eso es una tontería. El amor no es una regla sino un motivo. El amor no me dice que debo hacer, sino me dice como hacerlo. El amor me constriñe a hacer la voluntad del Amado, pero para saber cual es su voluntad, tengo que buscarlo en otro lugar. La ley de nuestro Dios es la voluntad del Amado. Si la ley como expresión de su voluntad fuese quitada, el amor estaría ciego. No sabría qué hacer. El amor podría decir, "Amo a mi Señor, amo su servicio y quiero hacer su voluntad pero no sé las reglas de su casa que me enseñen como servirle". El amor sin una ley para guiar sus impulsos fomentaría el culto de la inventiva humana, el desorden y la confusión. Además fomentaría el orgullo, la justicia propia y aún pondría la iluminación personal en lugar de la ley de Dios. El amor va a la ley para aprender la voluntad divina y se deleita en la ley como expresión de dicha voluntad.
La voluntad de Dios y la ley Aquellos que dicen que los creyentes ya no tienen nada que ver con la ley y que la ley debe ser rechazada como si fuera un enemigo debieran decir también que los creyentes tampoco tienen nada que ver con la voluntad de Dios. Porque la ley divina y la voluntad divina son esencialmente lo mismo. Es "la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mat.7:21), la que debemos hacer y por la obediencia amorosa "experimentar cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta" (Rom.12:2). "El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." (1 Jn.2:17) "Para no vivir el tiempo que nos resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios." (1 Pe.4:2) "Os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad." (Heb.13:21) "Por lo cual también nosotros... no cesamos de orar por vosotros y que seáis llenos del conocimiento de su voluntad." (Col.1:9) Para comprobar la unidad entre la voluntad divina y la ley divina, solo basta citar las palabras de Aquel que vino para cumplir la ley: "He aquí que vengo, Oh Dios para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí." (Heb.10:7) "El hacer tu voluntad Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón." (Sal.40:7-8) ¿Si la ley no es su voluntad, entonces cuál es? ¿Si la voluntad no se encuentra manifestada en la ley, entonces en dónde está manifestada? La Escritura es la revelación de la mente divina, pero la ley es la manifestación de la voluntad divina. Por ejemplo, cuando un padre enseña a su hijo vemos que se dirige a su mente; pero cuando le da mandamientos, órdenes y reglas, se dirige a su voluntad. Por ejemplo, cuando el parlamento publica los informes de sus procedimientos es simplemente una expresión de su mente; pero cuando aprueba leyes o actos, está haciendo una declaración de su voluntad. Llamo la atención a esto, el verdadero significado de ley porque es el elemento esencial para la resolución de la cuestión que está en duda. La cuestión no tiene que ver con la ley sino con su voluntad. La teología que niega lo primero, es decir la ley, termina negando lo segundo, a saber su voluntad. La conformidad a la voluntad de Dios puede llevarse a cabo solo por la conformidad a su ley, puesto que solo sabemos su voluntad por medio de su ley. No veo como una voluntad torcida puede ser enderezada a menos que entre en contacto con "la voluntad perfecta de Dios". Tampoco veo como esa voluntad puede ejercitar una influencia sobre la nuestra a menos que sea por medio de la ley revelada. Una voluntad tiene que influir sobre la otra, la divina sobre la humana. Esto solo puede suceder por medio de la revelación divina que manifiesta la voluntad divina, a menos que fuéramos a decir que algún poder milagroso actuara en esto aparte de la voluntad de Dios. Aquel que afirma que así pudiera ser afirmará también que es posible recibir la paz, aparte del evangelio de la paz. La volición divina incorporada en una fuerza o el poder que llamamos gravedad rige cada movimiento de los planetas que adolecen de conciencia. Esta misma voluntad divina incorporada en una ley inteligente es la que regula los movimientos de nuestra voluntad consciente, enderezándola y manteniéndola derecha sin hacerle violencia y sin menoscabo de su verdadera libertad.
Cristo la personificación de la ley: Si alguien fuera a argumentar que la voluntad divina y la ley están ahora incorporadas en Cristo y que es a El como modelo que debemos mirar, entonces yo pregunto, ¿Qué es lo que vemos en Cristo? Vemos al que cumple la ley. Cristo es la personificación y la perfección de lo que significa cumplir la ley. Dios nos ha dado dos cosas en estos "postreros tiempos", la ley y el modelo viviente de ella. Pero, ¿Fue dado el modelo viviente con el propósito de superar o anular la ley? o mas bien ¿No fue para ilustrarla y fortalecerla? Vemos ahora la ley no simplemente en el libro de estatutos sino en la persona del Rey mismo. Pero, ¿Acaso está anulado el libro de los estatutos y los estatutos invalidados? ¿Fueron las exposiciones que Cristo dio de la ley moral en el sermón del monte destinadas a superar o derogar la ley misma? o mas bien ¿No tenían el propósito de mostrar el alcance y la pureza de la ley? Cuando Cristo había terminado su exposición de la ley ¿acaso les dijo: "Ustedes ya no tienen nada que ver con esta ley, puesto que ya ha sido abrogada para todos los que creen en mi nombre"? Al contrario ¿no hizo una comparación entre el hombre sabio y cada uno de los que oyen y hacen las palabras de su sermón? ¿No dijo también: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: No he venido para abrogar sino para cumplir...de manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: Mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos"? (Mat.5:17-19) Uno pensaría que esto sería suficiente para definir la controversia. El Señor estaba hablando de la ley moral y sus mandamientos, pequeños y grandes. Estaba hablando de su eterna vigencia sobre todos los que son herederos del reino de los cielos.
¿Estamos libres de la ley moral de Dios? Si alguien fuera a alegar que no estamos "libres" de la voluntad de Dios en términos generales sino solo de la ley moral, es decir de los diez mandamientos, contesto que los diez mandamientos son un resumen de la voluntad de Dios para la vida del hombre y que cada parte de la Biblia está en armonía con esta ley moral. Los que quieren alegar que estamos libres de los diez mandamientos deberían alegar que estamos libres de cualquier estatuto bíblico y de la obligación de someternos a cualquier verdad de la Biblia. No podemos cortar la ley moral de la Biblia y ponerla a un lado mientras que el resto de ella permanece vigente. Si la objeción es que el uso de la palabra "ley", o "mandamiento" implica servidumbre, contesto que la obediencia a la ley es la verdadera libertad; la obediencia perfecta al mandamiento perfecto es la libertad perfecta. Siempre cuando a uno no le gusta la obligación de guardar la ley es evidente que no le gusta algo de la rigidez de esa ley. Esto a su vez indica la ignorancia del evangelio, es decir cierta ignorancia de la redención de la maldición de la ley o ignorancia de la justicia que nos es imputada cuando creemos en Cristo. Estoy persuadido de lo siguiente: cuando hay una resistencia a la aplicación de la ley moral como nuestra regla de vida, hay resistencia a la perfecta conformidad a la voluntad de Dios. Aún mas, hay incredulidad respecto al evangelio y la falta de una conciencia del perdón perfecto el cual la creencia en el evangelio nos trae. En donde hay una conciencia plena de perdón, no debe existir temor de la ley ni resistencia a la aplicación más amplia de sus estatutos. En el antinomianismo, sea práctico o teológico, siempre hay algún error, en cuanto a la ley y en cuanto al evangelio. Últimamente, ¿por qué levantar una objeción en contra del uso de las palabras: ley, mandamiento y obediencia? ¿No habla el apóstol de "la ley del espíritu de vida" (Rom.8:2). ¿No dice Juan: "Este es su mandamiento, que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo"? (1 Jn.3:23) ¿No dice que "el mandamiento nuevo" es solo una repetición del "mandamiento antiguo que habéis oído desde el principio" (1 Jn.2:7). ¿Y no habla también de "la obediencia para justicia" (Rom.6:16) y también de "la obediencia de la fe"? (Rom.1:5)
Los Diez Mandamientos en el Nuevo Testamento: ¿Cuando el apóstol está exhortando a los creyentes en Romanos 12 a 13 no utiliza preceptos de la ley? ¿No están basadas sus exhortaciones en los diez mandamientos? "Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás y si hay algún otro mandamiento en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor." (Rom.13:9-10) Los diez mandamientos están presentados aquí como nuestra guía y regla, la guía y la regla que el amor nos capacita a seguir. El apóstol no dice, "El amor nos exenta de la ley" o "El amor es la abrogación de la ley", sino dice, "El amor es el cumplimiento de la ley". El amor no toma el lugar de la ley. No nos libra de la obediencia a ella sino que nos capacita para obedecer. El amor no hace que el robo o la codicia o cualquier otra transgresión de la ley sean pecados menos graves en un creyente (esto parece ser el significado que algunos quieren dar a este texto). El amor penetra y nos constriñe de tal manera que actuemos hacia nuestro prójimo en todas las cosas grandes y pequeñas como la ley nos enseña. Y esto lo hacemos no con reserva o movidos por el temor, sino con gozo. Sí, Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley pero no de la ley misma porque eso sería redimirnos de la regla y guía divinas. Eso sería redimirnos de aquello que es "santo, justo y bueno". ( Rom 7:12) En las otras epístolas encontramos semejantes referencias a los diez mandamientos como la base de una vida santa y justa. Al hablar de la relación familiar, el apóstol introduce la ley moral como la base de la obediencia: "Hijos obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra." (Ef.6:1-3) Pablo escribe aquí a los que están "en el Señor", los cuales son gentiles y no judíos y les exige obediencia y honor basado en el quinto mandamiento. Seguramente si fuera posible dejar este asunto a los impulsos del amor cristiano sin ninguna referencia a la ley, Pablo lo habría hecho en este caso de relación familiar entre creyentes. ¿Fue entonces el apóstol un legalista cuando refirió a los efesios a la ley como una regla de justicia? ¿No sabía que ya no estaban bajo la ley sino bajo la gracia? También en la epístola de Santiago encontramos referencias semejantes de la ley moral como una regla de vida para los creyentes. Es evidente que Santiago está hablando de los diez mandamientos porque cita dos de ellos (2:11) como ejemplo de la ley acerca de la cual habla. Les exhorta a los hermanos a que miren atentamente en la perfecta ley (1:25); que la cumplan (2:8); que la guarden (2:10); y que sean hacedores de ella (4:11). Y esta ley Santiago la llama "la ley de la libertad" (2:12), "la perfecta ley, la de la libertad" (1:25), así acordándonos de la experiencia del salmista quien dijo: "andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos." (Sal.119:45) La ley es "servidumbre" solo para aquellos que no han sido perdonados. Toda obediencia verdadera es libertad y toda libertad verdadera consiste en la obediencia a la ley. Aún más Santiago califica la ley como "la ley real" (Stg.2:8), "la perfecta ley" (1:25), y pronuncia al hombre como "bienaventurado el que no es un oidor olvidadizo sino hacedor de la obra" (1:25). ¿Se habrá olvidado el apóstol que no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? Contestan algunos que Santiago estaba escribiendo a los judíos. Sí, claro que sí, pero a judíos creyentes igual como Pablo cuando escribió a los hebreos y también cuando escribió a los romanos (Rom.2:17-29). Entonces ¿Nos quieren decir que hay un evangelio para los judíos y otro para los gentiles; que los creyentes judíos están todavía bajo la ley y no bajo la gracia? ¿Entonces no creen que en Cristo Jesús todos los creyentes de toda nacionalidad son uno? (Ef.2:14-22, 1 Cor.12:12-13, Gál.3:28). ¿Es la ley moral de Dios un tipo de esclavitud? Si esta objeción contra el uso de la ley por los creyentes tuviera alguna validez, entonces tendría que aplicarse a todo lo que viniera en la forma de un mandamiento. Frecuentemente las razones usadas en contra de la ley moral están basadas en su carácter de mandato. Muchos admiten que la ley en si misma es buena, que las violaciones de ella son pecadas (por ejemplo cuando uno miente o roba). Pero, objetan cuando la ley les dice "haz esto" y "no hagas aquello". Dicen que este tipo de lenguaje no es adecuado para un hombre redimido. Si la ley hubiera dicho simplemente que el robar es malo, entonces habría estado bien. Pero cuando viene en la forma de un mandato "No hurtarás", entonces ya no es apropiado para uno que no está bajo la ley sino bajo la gracia. Entonces uno tiene que tapar sus oídos contra el mandato como si fuera un intruso o un tirano. Es importante notar que la palabra que el apóstol utiliza para hablar de su relación con la ley no es la palabra usada para hablar del servicio de un sacerdote, sino la palabra que se refiere al servicio de un esclavo. "Para que sirvamos ("douleuo" (douleuvw), es decir, como un esclavo) en novedad de espíritu." (Rom.7:6) "Así que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios." (Rom.7:25) "Presentéis vuestros miembros a servir a la justicia." (Rom.6:19) El resumen de la ley es, "Amarás al Señor tu Dios de todo corazón y amarás a tu prójimo como a tí mismo". ¿No está obligado el creyente a amar? ¿Si fuera a amar, esto le sería servidumbre o sería inconsistente con el espíritu de adopción? ¿Hay libertad para el creyente a amar o no amar según le plazca? ¿Si el creyente no ama, está pecando? o ¿Puesto que ya no está bajo la ley sino bajo la gracia, entonces la falta de amor deja de ser pecado para él? ¿Es la obediencia un asunto opcional o es una obligación? Si alguien contesta que es una obligación que amemos a Dios pero no porque la ley nos mande a hacerlo, parece semejante al espíritu de un hijo rebelde quien dice a sus padres: "Yo haré tal o cual cosa porque quiero y no porque ustedes me lo mandan". De los ángeles, El mismo nos dice que su felicidad más alta consiste de que: "Obedecen la voz de su precepto." (Sal.103:20) Lo mismo dice de aquellos cuyas transgresiones han sido alejadas, tanto como el oriente del occidente, dice que "se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra." (Sal.103:12,18) Pero si la teoría de la ruptura total de los creyentes con la ley es cierta, entonces los ángeles han de estar en servidumbre. Y también todos los hombres a los cuales el Señor ha imputado justicia sin obras (Rom.4:6). La ley es servidumbre a los no perdonados. ¿Pero, lo será para los perdonados? ¿La aman o la odian los perdonados? ¿Los perdonados, la temen o se deleitan en ella? ¿Los perdonados, la guardan o la desobedecen? ¿La quitan de su pensamiento y conciencia o hallan en ella su meditación en todo tiempo? Y a pesar de esto, todavía hay hombres que hablan de la ley como si fuera abrogada para los creyentes, hombres que miran con suspicacia a los que hacen caso de la ley, considerándolos como mal enseñados y mal informados. Y si fueran verdaderos creyentes, los toman como creyentes del último rango, los más pequeños en el reino de los cielos. Y todo esto es supuestamente el resultado de haber creído el evangelio.
En Resumen: Damos por hecho que la ley obra ira (Rom.4:15). Y no obstante, al hombre creyente las amenazas legales de condenación ya no le traen ningún terror. Y también damos por hecho que en el asunto del perdón y la justificación, la ley no significa nada para el creyente puesto que ya fue cumplida en su lugar por Cristo el sustituto. La ley ya no tiene el poder para destruir su paz, atormentar su conciencia o traerlo nuevamente a servidumbre puesto que la ley solo lo puede tocar en estos sentidos por medio de la persona de su sustituto. La justicia en la cual el creyente tiene aceptación ante Dios es la justicia "sin las obras de la ley" (es decir, la justicia perfecta de Cristo o sea su vida perfecta y su muerte, imputadas a la cuenta de creyente). Entonces el pecado que todavía mora en el creyente no le da ningún derecho a la ley para llevar a cabo sus amenazas y sus castigos. Damos por hecho que el creyente está firme solamente por la gracia de Dios. Se regocija en la esperanza de la gloria de Dios con una seguridad tan firme que puede decir: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? y ¿Quién es el que condenará?" (Rom.8:33-34) Todo esto lo afirmamos en la forma más fuerte posible, pero preguntamos ¿qué hay en esto para alejarnos de la ley y para hacernos exentos de la obediencia a ella? ¿No son realizadas todas estas cosas a favor del creyente para colocarlo en una posición en la cual pueda amar y guardar la bendita ley, misma que fue guardada por Jesús? ¿No debería el creyente clamar y desear como los redimidos de los tiempos antiguos, "Ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos"? (Sal.119:5) "No me dejes desviarme de tus mandamientos." (Sal.119:10) "Me he gozado en el camino de tus testimonios más que en toda riqueza." (Sal.119:14) "Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo." (Sal.119:20) "Hazme entender el camino de tus mandamientos." (Sal.119:27) "Por el camino de tus mandamientos correré cuando ensanches mi corazón." (Sal.119:32) Tanto el Salmo 19 como el Salmo 119 deben resultar muy incómodos para los que creen que el creyente no tiene nada que ver con la ley. ¿Dirán algunos que estos salmos "legalistas" fueron solamente para los creyentes del antiguo pacto? Es importante notar que las objeciones comunes a la observancia del domingo siempre dan a entender que el día es una maldición no una bendición, esclavitud y no servidumbre. De la misma manera las objeciones comunes en contra de la ley dan a entender que es mala y no buena, que es enemiga y no amiga. Para terminar, digan lo que quieran los hombres, la obediencia a la ley es libertad, es armonía y no discordia. El objeto de la ley es el de guardar todo en su lugar apropiado, moviéndose en su curso correcto. Y esto a fin de que la libertad de un hombre no interfiera con la de su prójimo y así cada uno tendrá la cantidad más grande de libertad que las criaturas son capaces de tener sin dañarse a sí mismos o a los demás. La ley no interfiere con a libertad verdadera sino solo con aquella que es falsa.
Recomendamos la lectura de los siguientes textos: Sal. 19:7-11 Prov. 3:1; 7:1-4 Jer. 31:33-34 1 Mat. 7:12 2 Jn.3:22 Jn. 6 Rom. 7:22, 8:4, 13:8-10 Efesios 6:1-3 Stg. 2:8 |
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)
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Martha Iñiguez Moreno
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