El Santo Evangelio según
San Lucas

Porque por gracia sois salvos

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Dedicatoria a Teófilo
Lucas 1.1-4

1  Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,

2  tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos,  y fueron ministros de la palabra,

3  me ha parecido también a mí,  después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen,  escribírtelas por orden,  oh excelentísimo Teófilo,

4  para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 1.1-4

El Evangelio de San Lucas contiene muchos incidentes y enseñanzas importantes que no se encuentran en los otros tres Evangelios. Tales son, por ejemplo, la historia de Zacarías é Isabel, la de la anunciación del ángel á la Virgen María, y en breve, todo lo que contienen los dos primeros capítulos. Tales, también,  como la narración de la conversión de Zaqueo, y la del ladrón arrepentido, la jornada á Emmaús, y las famosas parábolas del Fariseo y el Publicano, del Rico y Lázaro, y del Hijo Pródigo. Partes son estas de la Escritura por cuya revelación todo cristiano bien instruido siente especial agradecimiento. De ellas somos deudores al Evangelio de San Lucas.

El corto prólogo que dejamos arriba trascrito es una peculiaridad del Evangelio de San Lucas. Pero examinándolo detenidamente, hallaremos que está lleno de la más útil instrucción.

En primer lugar, San Lucas nos hace un bosquejo breve, pero importante de la naturaleza del Evangelio. El lo llama, "la historia de las cosas que entre nosotros han sido del todo certificadas." Es una narración de hechos referentes á Jesucristo.

El Cristianismo es una religión erigida sobre el cimiento de los hechos. Jamás perdamos esto de vista. Bajo esta forma fue que se presentó en su origen á la contemplación del género humano. Los primeros predicadores no iban de lugar en lugar proclamando un sistema complicado é ingenioso de doctrinas abstrusas, ó de principios profundos. Se ocuparon exclusivamente en referir á los hombres hechos grandes y á la vez sencillos. Iban por todas partes anunciando á un mundo infiel que el Hijo de Dios había bajado á la tierra, y había vivido y muerto por nosotros, y después resucitado. El Evangelio era al principio mucho mas sencillo que lo que hoy se enseña por muchos como tal No era ni mas ni menos que la historia de Cristo.

Aspiremos pues á mayor sencillez en nuestra religión individual. Que Cristo y su Pasión formen el sol de nuestro sistema, y que el deseo más vehemente de nuestras almas sea conocerle mejor cada día y vivir alimentados de la fe en él. Tal fue el Cristianismo de San Pablo. "Para mí el vivir es Cristo." Filip. 1 : 21.

San Lucas bosqueja, en segundo lugar, un hermoso cuadro de la verdadera posición que los apóstoles ocupaban en la primitiva iglesia. Los llama " testigos de vista y ministros de la palabra."

En esta expresión se nota una humildad que bien puede servir de ejemplo. Hay absoluta carencia de ese tono de exaltación humana, que con tanta frecuencia se ha deslizado en la iglesia. San Lucas no da á los apóstoles títulos halagüeños. No excusa en lo más mínimo á los que se refieren á ellos con veneración idólatra, en consideración á su ministerio y á su intimidad con nuestro Señor.

Él los describe como "testigos de vista." Decían á los hombres lo que habían visto con sus ojos y oído con sus oídos. 1 Juan 1.1. Los describe como "ministros de la palabra." Eran siervos de la palabra evangélica. Hombres que reputaban como su mas alta prerrogativa llevar de una parte á otra, en calidad de mensajeros, las buenas nuevas del amor de Dios hacia un mundo pecador, y referir la historia de la cruz.

Habría sido un bien para la iglesia y para el mundo, si los ministros Cristianos nunca hubieran pretendido revestirse de dignidad y honores mas altos de los que los apóstoles exigieron para ellos mismos. Es un hecho lamentable, que hombres que han recibido las órdenes sagradas se hayan ensalzado á sí mismos y hayan elevado su ministerio á una posición para la cual las Escrituras no dan derecho. No es menos lamentable, que el pueblo con su anuencia pasiva á las exigencias injustas del clero haya coadyuvado á que continúe el mal, y contentándose con una religión practicada por medio de agentes ó delegados. Ha habido faltas de ambas partes. Recordemos esto, y pongámonos alerta.

En tercer lugar, San Lucas se refiere á si propia aptitud para la empresa de escribir el Evangelio. Él dice, que "había entendido todas las cosas desde el principio con diligencia."

Inútil seria investigar de donde obtuvo San Lucas los datos que nos ha trasmitido en su Evangelio. No tenemos razón fundada para suponer que presenció los milagros de nuestro Señor, ó lo oyó enseñar. Decir que obtuvo dichos datos de la Virgen María, ó de alguno de los apóstoles, no pasa de ser una mera conjetura. Bástanos saber que San Lucas escribió inspirado por Dios. Por lo que hace á los medios ordinarios de adquirir los informes necesarios no hay duda que él no los despreció. Mas el Espíritu Santo lo guió, no menos que á todos los otros escritores de la Biblia, en la elección y disposición de la materia; de manera que lo que San Lucas escribió no ha de leerse como la " palabra del hombre," sino como la "palabra de Dios." 1 Tes. 2 :13.

Mantengámonos firmes en la doctrina sublime de la inspiración le todos los libros de la Biblia. No concedamos jamás que escritor alguno del Antiguo ó del Nuevo Testamento pudo cometer equivocaciones ó errores cuando escribía, " siendo inspirado por el Espíritu-Santo." 2 Pedro 1:21. Que al leer la Biblia, nuestra firme convicción sea que si no podemos comprender un pasaje, ó conciliarlo con algún otro, esto consiste no en defecto del libro sino en ignorancia nuestra. Al adoptar este principio asentarnos los pies sobre una roca. Al abandonarlo, los asentamos sobre arena movediza, y llenamos nuestras mentes de dudas é incertidumbres interminables.

Finalmente, San Lucas nos dice cual fue el principal objeto que lo movió á escribir su Evangelio. Fue, para que Teófilo "conociera la verdad de las cosas en las cuales había sido enseñado," Este texto no da apoyo á los que tienen fe en las tradiciones verbales, y en los preceptos de la iglesia. San Lucas sabía bien cuan débil oí la memoria humana, y cuan fácilmente una historia cambia su forma original ya por medio de adiciones ya por medio de alteraciones, cuando pasa de boca en boca. Por esta razón ¿qué hace? tiene cuidado de escribir.

Tampoco encuentran apoyo en estas palabras de San Lucas los que se oponen á la difusión de los conocimientos religiosos, y llaman á la ignorancia "madre de la devoción." San Lucas no quiere que su amigo permanezca en duda respecto á materia alguna de su fe. Le dice que quiere que " conozca la verdad de las cosas de las cuales había sido enseñado."

Concluyamos el pasaje manifestándonos agradecidos de haber recibido la Biblia. Bendigamos á Dios todos los días, porque no nos ha dejado á merced de las tradiciones humanas, y porque no estamos obligados á dejarnos extraviar por los errores de nuestros guías espirituales. Tenemos un volumen escrito que "puede hacernos sabios para la salud, por medio de la fe que es en Cristo Jesús." 2 Tim. 3 :15.

Comencemos el Evangelio de San Lucas animados del deseo ardiente de instruirnos más de la verdad cual está en Jesús, y de todo corazón resolvamos hacer cuanto estuviere á nuestro alcance á fin de extender el conocimiento de esta verdad por todo el mundo.

 

Notas.   Lucas 1:1-4.

El Evangelio según San Lucas. Es poco lo que sabemos respecto de la vida de San Lucas. Algunos conjeturan que fui uno de los setenta discípulos que nuestro Señor envió además de los doce apóstoles. Lucas 10:1. Parece no cabe duda que fue médico de profesión y compañero de San Pablo en los viajes de este. Col. 1.14. Algunos- han creído que su profesión se revela en la manera como describe las curas milagrosas hechas por nuestro Señor; y su intimidad con San Pablo, en el modo de expresarse sobre algunas materias, teles como la de la gloria de Dios, y la del amor de Cristo hacia los pecadores. Se cree por lo general que escribió este Evangelio para los gentiles más bien que para, los judíos. Orígenes, Jerónimo, Crisóstomo, Ambrosio y otros, suponen que San Pablo se refiere á Lucas y á su Evangelio, en las palabras, "el hermano cuya alabanza esta en el Evangelio." 2Cor.7.18. Esto sin embargo es muy controvertible.

1. Habiendo muchos tentado: No sabemos quienes fueron estos "muchos." No tenemos razón para decir que escribieron con malas intenciones. Lo que San Lucas quiere decir parece ser simplemente esto: que no escribieron por llamamiento ó inspiración de Dios. Él, seguramente, no se refiere á Mateo ni a Marcos. Ambrosio observa, que "Mateo no tentó poner en orden, ni Marcos, ni Juan, ni Lucas. Ellos, inspirados por el divino Espíritu, llevaron á cabo le que sin esfuerzo comenzaron."

2. En orden. Es menester observar cuidadosamente, que esta expresión no implica que Lucas en la historia de nuestro Señor, siguiera con más escrúpulo que los otros evangelistas el orden cronológico de los acontecimientos principales. Lo que quiere decir es, que reunió en grupos, y clasificó de una manera metódica, los hechos principales que iba a referir. Campbell dice, que la palabra traducida "en orden," "no se refiere necesariamente al tiempo. El sentido propio de ella es, 'distintamente,' 'particularmente,' en contraposición á 'confusamente,' 'generalmente.'"

Teófilo. Nada sabemos de cierto sobre este individuo prudente. Es opinión predominante, que era algún cristiano gentil, de alta posición, y á quien San Lucas, por razones que no conocemos, recibió orden de dirigirse al escribir su Evangelio. La expresión "muy buen," parece indicar que no era persona común. Es la misma expresión que San Pablo usó dirigiéndose á Félix y á Festo. Hech. 24:3; 26 :6.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Anuncio del nacimiento de Jesús

Lucas 1.5-38

5  Hubo en los días de Herodes,  rey de Judea,  un sacerdote llamado Zacarías,  de la clase de Abías; (1 Cro. 24.10)  su mujer era de las hijas de Aarón,  y se llamaba Elisabet.

6  Ambos eran justos delante de Dios,  y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor.

7  Pero no tenían hijo,  porque Elisabet era estéril,  y ambos eran ya de edad avanzada.

8  Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase,

9  conforme a la costumbre del sacerdocio,  le tocó en suerte ofrecer el incienso,  entrando en el santuario del Señor.

10  Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.

11  Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.

12  Y se turbó Zacarías al verle,  y le sobrecogió temor.

13  Pero el ángel le dijo: Zacarías,  no temas;  porque tu oración ha sido oída,  y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo,  y llamarás su nombre Juan.

14  Y tendrás gozo y alegría,  y muchos se regocijarán de su nacimiento;

15  porque será grande delante de Dios.  No beberá vino ni sidra, (Num 6.3) y será lleno del Espíritu Santo,  aun desde el vientre de su madre.

16  Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.

17  E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías,  para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, (Mal. 4.5-6) y de los rebeldes a la prudencia de los justos,  para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

18  Dijo Zacarías al ángel:  ¿En qué conoceré esto?  Porque yo soy viejo,  y mi mujer es de edad avanzada.

19  Respondiendo el ángel,  le dijo: Yo soy Gabriel,  (Dn 8.16; Dn 9.21) que estoy delante de Dios;  y he sido enviado a hablarte,  y darte estas buenas nuevas.

20  Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar,  hasta el día en que esto se haga,  por cuanto no creíste mis palabras,  las cuales se cumplirán a su tiempo.

21  Y el pueblo estaba esperando a Zacarías,  y se extrañaba de que él se demorase en el santuario.

22  Pero cuando salió,  no les podía hablar;  y comprendieron que había visto visión en el santuario.  El les hablaba por señas,  y permaneció mudo.

23  Y cumplidos los días de su ministerio,  se fue a su casa.

24  Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet,  y se recluyó en casa por cinco meses,  diciendo:

25  Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres.

26  Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea,  llamada Nazaret,

27  a una virgen desposada con un varón que se llamaba José,  de la casa de David;  y el nombre de la virgen era María. (Mt. 1.18)

28  Y entrando el ángel en donde ella estaba,  dijo:  ¡Salve,  muy favorecida!  El Señor es contigo;  bendita tú entre las mujeres.

29  Mas ella,  cuando le vio,  se turbó por sus palabras,  y pensaba qué salutación sería esta.

30  Entonces el ángel le dijo:  María,  no temas,  porque has hallado gracia delante de Dios.

31  Y ahora,  concebirás en tu vientre,  y darás a luz un hijo,  y llamarás su nombre JESÚS. (Mt. 1.21)

32  Este será grande,  y será llamado Hijo del Altísimo;  y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

33  y reinará sobre la casa de Jacob para siempre,  y su reino no tendrá fin. (Is. 9.7)

34  Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto?  Pues no conozco varón.

35  Respondiendo el ángel,  le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti,  y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra;  por lo cual también el Santo Ser que nacerá,  será llamado Hijo de Dios.

36  Y he aquí tu parienta Elisabet,  ella también ha concebido hijo en su vejez;  y este es el sexto mes para ella,  la que llamaban estéril;

37  porque nada hay imposible para Dios. (Gn. 18.14)

38  Entonces María dijo:  He aquí la sierva del Señor;  hágase conmigo conforme a tu palabra.  Y el ángel se fue de su presencia

Lucas 1.5 1 1 Cro. 24.10 la séptima a Cos,  la octava a Abías,

Lucas 1.15 Num 6.3 se abstendrá de vino y de sidra;  no beberá vinagre de vino,  ni vinagre de sidra,  ni beberá ningún licor de uvas,  ni tampoco comerá uvas frescas ni secas.

Lucas 1.17 Mal. 4.5-6 5  He aquí,  yo os envío el profeta Elías,  antes que venga el día de Jehová,  grande y terrible. 6  El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos,  y el corazón de los hijos hacia los padres,  no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.

Lucas 1.19 Dn 8.16; Dn 9.21

Dn 8.16 Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai,  que gritó y dijo: Gabriel,  enseña a éste la visión.

Dn 9.21 aún estaba hablando en oración,  cuando el varón Gabriel,  a quien había visto en la visión al principio,  volando con presteza,  vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.

Lucas 1.27 Mt. 1.18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José,  antes que se juntasen,  se halló que había concebido del Espíritu Santo.

Lucas 1.31 Mt. 1.21 Y dará a luz un hijo,  y llamarás su nombre JESÚS,  porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Lucas 1.32-33 Is. 9.7 Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite,  sobre el trono de David y sobre su reino,  disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.  El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

Lucas 1.37 Gn. 18.14 ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?  Al tiempo señalado volveré a ti,  y según el tiempo de la vida,  Sara tendrá un hijo.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 1.5-12

El primer acontecimiento que se registra en el Evangelio de San Lucas, es la aparición repentina de un ángel á un sacerdote Judío, llamado Zacarías. El ángel le anuncia que ha de nacerle un hijo, mediante una intervención milagrosa, y que este ha de ser el precursor del Mesías prometido. La palabra de Dios había predicho claramente, que cuando el Mesías viniese, alguno iría delante de él para preparar el camino. Malaquías 3:1. La sabiduría de Dios dispuso que, llegado el tiempo, este precursor naciera de la familia de un sacerdote.

En el presente período del mundo no podemos formar sino una idea muy limitada de la importancia inmensa de la predicción del ángel Para el judío piadoso, debió haber sido una nueva de gran gozo. Fue la primera comunicación que Dios hizo á Israel desde los días de Malaquías. Con ella rompió un silencio de cuatrocientos años, y anunció al Israelita creyente, que las "semanas" proféticas de Daniel iban al fin á cumplirse. Dan. 9.25. La promesa mas importante que Dios jamás haya hecho iba á llevarse á cabo, y estaba para aparecer la "simiente" en la cual todas las naciones de la tierra serian benditas. Gen. 22.18. Es menester ponernos mentalmente en la posición de Zacarías, para dar á estos versículos su debido valor.

Nótese, por una parte, en este pasaje, el tributo de encomio que se da al carácter de Zacarías é Isabel. Se nos refiere que "ambos eran justos delante de Dios, andando en todos los mandamientos y estatutos del Señor sin reprensión."

Importa poco si interpretamos esta "rectitud" como la que se imputa á todos los creyentes para su justificación, ó como la que se opera interiormente en los creyentes por obra del Espíritu Santo para su santificación. Los dos géneros de rectitud nunca están separados. No hay ningunos justificados que no sean santificados, y no hay ningunos santificados que no sean justificados. Nos es suficiente saber que Zacarías é Isabel poseían la gracia divina en un tiempo en que era muy rara, y que cumplían escrupulosamente con todos los ritos gravosos de la ley ceremonial, cuando pocos Israelitas hacían caso de ellos, excepto en lo tocante á la forma.

El punto principal que á todos nos concierne, es el ejemplo que estos dos esposos presentan al cristiano. Esforcémonos en servir fielmente á Dios, y en vivir, como ellos, en completo acuerdo con la luz que hayamos recibido. No olvidemos esas sencillas palabras de la Escritura: " El que practica la justicia es justo."Felices son aquellas familias Cristianas de las cuales se puede decir que tanto el esposo como la esposa son justos, y que procuran mantener su conciencia libre de ofensa hacia Dios y hacia los hombres. Hech. 24:16.

Notemos, por otra parte, en este pasaje, la dura prueba que plugo á Dios sufriesen Zacarías é Isabel. Se nos dice que "no tenían hijos." Difícilmente podrá comprender el cristiano de nuestros tiempos toda la fuerza de estas palabras. Para un judío de aquella época indicaban una aflicción muy gravosa. Vivir sin hijos era uno de los pesares más amargos. 1 Sam. 1.10.

La gracia de Dios no exime á ninguno de aflicción. "Justos" como eran este santo sacerdote y su esposa, no estaban libres de pesares. Acordémonos de esto, si servimos á Cristo: no consideremos la tribulación como algo extraordinario ó anormal Convenzámonos más bien que la mano de la sabiduría perfecta nos distribuye lo que nos conviene, y que cuando Dios nos castiga, es para que "participemos de su santidad." Heb. 12.10. Si las aflicciones nos acercan más á Cristo, y aumentan nuestra afición hacia la Biblia y la oración, son favores positivos que el cielo nos concede. Tal vez ahora no pensemos así; pero así pensaremos cuando despertemos en el otro mundo.

Notemos, también, en este pasaje, el medio por el cual Dios anunció el nacimiento próximo de Juan el Bautista. Se nos refiere que "un ángel del Señor se apareció á Zacarías."

El ministerio de los ángeles es, sin duda, un asunto profunda. En ninguna parte de la Biblia hallamos que se haga tanta mención de ellos, como á principios del período del ministerio terrenal de nuestro Señor. Jamás se refieren tantas apariciones de úngeles, como cerca del tiempo de la encarnación de nuestro Señor y de su entrada en el mundo. El designio de esta circunstancia es suficientemente claro. Fue para enseñar á la iglesia que el Mesías no era ángel, pero sí el Señor de los ángeles, como también de los hombres. Fueron ángeles los que anunciaron Su venida; ángeles los que proclamaron Su nacimiento; y ángeles también los que se regocijaron cuando apareció. Y con estos hechos demostraron claramente que el que venia á morir por los pecadores no era uno de ellos, sino uno muy superior á ellos, el Rey de los reyes y el Señor de los señores.

Hay algo con respecto á los ángeles que de ninguna manera debemos olvidar. Ellos toman vivo interés en la misión de Cristo, y en la salvación que Cristo ha traído al mundo. Ellos cantaron alabanzas cuando el Hijo de Dios bajó á establecer, por medio de Su propia sangre, paz entre Dios y los hombres. Regocíjanse cuando se arrepienten los pecadores y se hacen hijos de nuestro Padre celestial; y deléitanse en servir á los herederos de la salvación eterna. Esforcémonos en ser como ellos, mientras estemos en la tierra-en ser de su mismo espíritu, y participar de sus goces. Así nos prepararemos para el cielo, pues escrito está, que los que allí entraren serán "como los ángeles." Marcos 12.25.

Finalmente, notemos brevemente en este pasaje, él efecto que la aparición de un ángel produjo en la mente de Zacarías. Se nos refiere que "se turbó, y cayó temor " sobre él.

Lo que en este caso experimentó ese hombre justo, está de acuerdo exactamente con lo que experimentaron otros santos en circunstancias análogas. Moisés al ver la zarza ardiendo, y Daniel en el río de Hiddekel-las mujeres en el sepulcro, y Juan en la isla de Pátmos-todos sintieron temores semejantes al de Zacarías. Lo mismo que él, al contemplar visiones del otro mundo, temblaron y se sobrecogieron de temor.

¿Cómo explicarnos la causa de este temor? Á esta pregunta solo hay una respuesta. El temor proviene del convencimiento interior que tenemos de nuestra debilidad, culpabilidad y corrupción. La contemplación de un ser celestial nos hace recordar forzosamente nuestra falta de perfección y nuestra natural ineptitud para contemplar á Dios. Si los ángeles son tan grandiosos é imponentes, ¿cómo deberá de ser el Señor de los ángeles?

Rindamos gracias á Dios porque tenemos un poderoso Mediador entre Dios y el hombre, al hombre Cristo Jesús. Creyendo en El, podemos sin temor acercarnos á Dios y aguardar la venida del juicio final. Cuando los ángeles poderosos salgan á congregar á los elegidos de Dios, estos no tendrán por qué atemorizarse. Los ángeles son sus consiervos y compañeros. Ap. 22.9.

Temblemos al pensar en el terror que se apoderará de los malvados en el último día. Si hasta los justos se turban al ver de súbito espíritus que les son propicios, ¿qué harán los impíos cuando los ángeles se presenten á recogerlos como cizaña para el fuego? los temores de los justos son infundados, y duran poco tiempo. Los temores de los réprobos, una vez excitados, resultarán ser bien fundados, y durarán eternamente.

 

Notas.    Lucas 1:5-12.

5. Clase de Abía. Los hijos de Aarón á quienes competía el servicio del templo estaban divididos en veinte y cuatro clases. La clase de Abijah, ó Abía, era en su origen la octava. 1 Crón. 24:10. El obispo Hall observa: " Los períodos sucesivos del ministerio legal continuaban en una línea no interrumpida. Aun en una iglesia perdida y miserable, puede haber sucesión personal. ¡Cuán poco mejores fueron los Judíos por esto, después que hubieron perdido el Urim y el Thummim, la sinceridad de doctrina y de costumbres!. Esto les quedaba aun al tiempo en que crucificaron á Cristo. La sucesión de la verdad y de la santidad es la que forma una iglesia y la justifica."

Hijas de Aarón. Watson observa: ''Sin embargo ella era prima de María, que era de la tribu de Judá. Esto indica el matrimonio de alguno de sus predecesores en otra tribu. Los sacerdotes podían casarse en cualesquiera de las otras tribus de Israel; y la ley que restringía á las herederas á casarse en sus propias tribus, no era extensiva á las otras hijas, ni absolutamente á la tribu de Leví, que no tenia parte en la tierra."

11. Apareció un ángel El obispo Hall observa, que "la presencia de los ángeles nada tiene de nuevo, sino su aparición. Ellos están continuamente con nosotros, mas se dejan ver rara vez, para que, cuando esto ocurra, respetemos con reverencia sus mensajes."

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 1.13-17

Estos versículos contienen las palabras del ángel que se apareció á Zacarías. Son palabras llenas de profunda instrucción espiritual

Este texto nos enseña, en primero lugar, que el hecho de que la respuesta á una súplica se haya diferido por mucho tiempo no implica necesariamente que esta haya sido desatendida. Zacarías, sin duda, había rogado con frecuencia á Dios que le concediese hijos, y, según todas las apariencias, había rogado en vano. Estando ya en edad avanzada, es probable que hubiera cesado por mucho tiempo de ofrecer esa súplica ante el trono de Dios, y abandonado de un todo la esperanza de ser padre. Empero, las primeras palabras del ángel demuestran claramente que las pasadas súplicas de Zacarías no habían sido olvidadas: "Tu oración ha sido oída: y tu mujer Isabel te parirá un hijo."

Haremos bien en tener presente este hecho, siempre que nos prosternemos á orar. Debemos guardarnos de inferir con impaciencia que nuestras peticiones serán desatendidas, y especialmente cuando intercedamos por otros. Nosotros no tenemos derecho de prescribir cuan pronto ó de qué manera hayamos de obtener lo que pedimos. El que sabe cual es el tiempo mas propicio para el nacimiento de un hombre, sabe también cual es el tiempo mas propicio para su renacimiento espiritual. Bien al contrario continuemos suplicando, "vigilemos y oremos," "oremos siempre y no desmayemos." "La tardanza del efecto," dice un teólogo, "no debe desalentar nuestra fe. Puede suceder que Dios haya concedido la merced mucho tiempo antes que seamos sabedores de ello."

Nos enseña, en segundo lugar, que ningunos hijos causan tanto y tan verdadero gozo, como los que tienen la gracia de Dios. Fue de un niño que estaba para ser lleno del Espíritu Santo que el ángel habló cuando dijo: "Tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento."

La gracia es la dote que principalmente debemos desear para nuestros hijos. Es para ellos mil veces mejor que belleza, riquezas, honores, rango, ó un noble parentesco. En tanto que ellos no posean la gracia, no sabemos cual pueda ser su proceder en el porvenir. Acaso nos harán tediosa la vida, acaso serán causa de que nuestras canas desciendan con dolor á la sepultura. Cuando se convierten, y no hasta entonces, es que estamos seguros de casi sea la conducta en este mundo, y cual su suerte en el venidero. "El hijo sabio alegra á su padre." Prov. 10.1. Sea lo que fuere que solicitemos para nuestros hijos, procuremos ante todo que sean partícipes en la alianza y que su nombre se encuentre en el libro de la vida.

Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, cual es la naturaleza de la verdadera grandeza. El ángel la explica, diciendo á Zacarías que su hijo " será grande delante del Señor."

El criterio para juzgar la grandeza que es general entre los hombres es completamente falso y engañoso. Los príncipes y potentados, los conquistadores y jefes de ejércitos, los estadistas y filósofos, los artistas y autores, estos son los hombres que el mundo llama " grandes." Los ángeles de Dios no reconocen tal grandeza. Ellos consideran grandes, á los que hacen grandes obras por amor de Dios. Consideran pequeños, á los que sirven poco á Dios; y aprecian á los hombres según la posición que probablemente ocuparán el último día.

No creamos vergonzoso tomar á los ángeles de Dios por modelos en esta materia. Solicitemos para nosotros mismos y para nuestros hijos esa verdadera grandeza que será admitida y reconocida como tal en el otro mundo. Es una grandeza que está al alcance de todos-tanto del pobre como del rico-tanto del siervo como del amo. No depende del poder ó del patrocinio, del dinero ó de los amigos. Es un don gratuito de Dios para todos los que lo solicitan mediante la intercesión de nuestro Señor Jesucristo. Es la herencia de todos los que oyen la voz de Cristo y lo siguen- de todos los que luchan por Cristo, y trabajan en su causa. Si en este mundo reciben poco honor, grande será su recompensa en el Último día.

También nos enseña el pasaje de que tratamos, que los niños nunca son demasiado tiernos para recibir la gracia de Dios. El ángel informa á Zacarías que su hijo "estaría lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre."

No hay error mayor que suponer que los infantes, por causa  de su tierna edad, son incapaces de recibir el influjo del Espíritu Santo.   El modo como el Espíritu obra en el corazón de un niñito es indudablemente misterioso é incomprensible. Mas así también lo son todas sus manifestaciones en medio de los hijos de los hombres. Guardémonos de limitar la bondad y el poder de Dios. Él es un Dios misericordioso. Para El nada es imposible.

Acordémonos de esto especialmente en cuanto tiene relación á la educación de los niños. Debemos tratarlos siempre como responsables á Dios. No supongamos ni por un momento que son demasiado tiernos para tener alguna religión. Preciso es, por supuesto, que seamos razonables en nuestras esperanzas. No debemos buscar en ellos evidencias de gracia que no podamos con razón esperar de personas de su edad y aptitudes. Pero nunca debemos olvidar, que el corazón que no es demasiado tierno para pecar, tampoco es demasiado tierno para recibir la gracia de Dios.

En estos versículos se nos enseña, por último, cual es el carácter del ministro de Dios que se coloca á la altura de sus deberes y trabaja con buen éxito. El cuadro se nos presenta á la vista de un modo notable en la descripción admirable que de Juan el Bautista hace el ángel " El convertirá los corazones," los tornará de la ignorancia al conocimiento, de la indiferencia á la meditación profunda, del pecado á Dios. El "irá delante del Señor;" en nada se deleitará tanto como en ser el mensajero y el heraldo de Jesucristo-"aparejará un pueblo al Señor," se esforzará en congregar de todas las partes del mundo á los creyentes, que estarán así listos para ir al encuentro del Señor el día de Su venida.

Pidamos al cielo noche y día nos concedan tales ministros. Ellos son las columnas verdaderas de la iglesia-la verdadera sal de la tierra-la luz verdadera del mundo. Feliz la iglesia, y feliz la nación, que cuenta gran número de ministros de esta clase. Sin tales hombres, la erudición, los títulos, los talentos, y los magníficos edificios, no conservarán activa ninguna iglesia. Ningunas almas se salvarán-no se hará bien alguno-Cristo no será glorificado, sino por hombres llenos del Espíritu Santo.

 

Notas.   Lucas 1:13-17.

13. Su nombre Juan. La palabra Juan significa, "la gracia, el don, ó la misericordia del Señor." Oruden.

16. No beberá vino ni bebidas fuertes. Según esto, parece que Juan el Bautista era Nazareo, ó separado para el Señor por voto especial. Véase Num. 6.3

17. El espíritu y el poder de Elías. Theophylact, con mucha razón observa sobre esta expresión, que "como Elías es el precursor de la segunda venida de Cristo, así también Juan es el precursor de la primera." Nótese cuidadosamente que Gabriel no dice, que Juan será el mismo Elías, sino que irá revestido "con el espíritu y el poder de Elías."

Para convertir los corazones de los padres á los hijos. Esta es una expresión difícil de entender, y al parecer poner perplejos á los comentadores. La explicación más aceptable es: que quiere decir, "los padres con, ó juntamente con los hijos," esto es, de todas edades, y toda clase de gentes-padres é hijos juntamente.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 1.18-25

En este pasaje percibimos el poder que la incredulidad ejerce sobre un justo. Recto y santo como era Zacarías, el anuncio del ángel le parece increíble. No cree haya posibilidad de que un anciano como él, tenga hijos. "¿En que conoceré esto?" dice, " porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días."

Un judío de la erudición de Zacarías no debió haber suscitado semejante cuestión. Él, sin duda, se había instruido bien en las Escrituras del Antiguo Testamento. Debió pues haberse acordado de los nacimientos maravillosos de Isaac, y Sansón, y de Samuel, en los tiempos antiguos. Debió haber tenido presente que Dios puede repetir lo que una vez ha hecho y que para El nada hay imposible. Mas olvidando todo esto no pensó sino en los argumentos que le sugirió su propia inteligencia. Así acontece a menudo en materias religiosas, que donde empieza la razón, termina la fe.

La falta que cometió Zacarías nos enseña una lección provechosa. A esta misma falta el pueblo de Dios ha estado lastimosamente expuesto en todas las edades. Las historias de Abrahán, Isaac, Moisés, Ezequías y Josafat, nos enseñan que sin el verdadero creyente puede algunas veces ser víctima de la incredulidad. Fue uno de los primeros pecados que hallaron cabida en el corazón del hombre el día de su caída, cuando Eva creyó al diablo más bien que á Dios. Es uno de los pecados que se arraigan mas hondamente en el corazón del justo, y de cuyo poder no puede este librarse sino hasta el fin de su vida terrenal. Boguemos diariamente, "Señor, aumenta mi fe," y no dudemos que se cumpla lo que Dios haya prometido.

Además, en estos versículos, se nos dice de qué clase de privilegios y de galardones gozan los ángeles de Dios. Traen mensajes á la iglesia verdadera y gozan de la presencia inmediata del Todopoderoso. El mensajero celestial que se apareció á Zacarías, le reprende diciéndole quien era: "Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios, y soy enviado á hablarte."

El nombre "Gabriel," sin duda, llenó á Zacarías de humillación y abatimiento de sí mismo. El debió recordar que el mismo Gabriel fue, quien 490 años antes había traído á Daniel la profecía de las setenta semanas, y predíjole como había de ser inmolado el Mesías. Dan. 9 :26. Él, sin duda, contrastó la incredulidad lastimosa que le aquejaba cuando estaba sirviendo pacíficamente en el templo de Dios, con la fe que animaba al santo Daniel cuando permanecía cautivo en Babilonia, y en la época en que el templo le Jerusalén estaba en ruinas. Zacarías aprendió ese día una lección que no olvidó jamás.

La relación que Gabriel da de su ministerio, debería excitar en nosotros el deseo de hacer un severo examen de conciencia. Ese espíritu poderoso, mucho más grande que nosotros en poder é inteligencia, reputa como su más alto honor el "asistir delante de Dios" y hacer Su voluntad. Dirijamos á este minino punto nuestras miras y aspiraciones. Procuremos vivir de tal manera, que podamos algún día presentarnos sin temor ante el trono celestial, á servir día y noche en el templo del Altísimo. El camino que conduce á este elevado y santo lugar se abre ante nuestros paso Cristo lo ha consagrado con la ofrenda voluntaria de su propio cuerpo, y de su propia sangre. Hagamos lo posible para marchar por ese camino durante el corto tiempo de la vida presente, para que así podamos ocupar eternamente el puesto que nos corresponda con los ángeles de Dios. Dan. 12.13.

Este pasaje demuestra, finalmente, cuan malo, en extremo, es á ¡os ojos de Dios el pecado de la incredulidad. Las dudas y preguntas de Zacarías atrajeron sobre él un castigo severo. "Serás mudo," dice el ángel, " y no podrás hablar, por cuanto no creíste á mis palabras."Este castigo era el que requería la ofensa cometida. La lengua que no se prestó á pronunciar el lenguaje de sincera alabanza, enmudeció de repente. Este castigo fue de larga duración. Por nueve meses, á lo menos, Zacarías estuvo condenado al silencio, y tuvo que recordar diariamente que su incredulidad había ofendido á Dios.

Parece que pocos pecados desagradan tanto á Dios, como el pecado de la incredulidad. Ningunos, ciertamente, han hecho recaer sobre el hombre juicios tan severos. Es una negación explícita del poder de Dios dudar si El es capaz de hacer algo que se propone ejecutar. Es injuriar á Dios el dudar si tiene intención de llevar á efecto algo que claramente ha prometido hacer. Los cristianos que han hecho profesión de su fe nunca deberían olvidar los cuarenta años que Israel anduvo errante en el desierto. Las palabras de San Pablo son muy solemnes: "No pudieron entrar á causa de la incredulidad." Heb. 3.19.

Velemos y oremos todos los días para no cometer este pecado que arruina el alma. Cejar ante la incredulidad es arrebatar á los creyentes la paz interior-debilitarles los brazos para el día de la lucha-es atraer negras nubes sobre el horizonte de sus esperanzas-y arrojarles sobre los hombros cargas gravosas. En proporción á la intensidad de nuestra fe será nuestro gozo en la redención del género humano-nuestra paciencia en el día de la prueba- nuestra victoria sobre el mundo. La incredulidad, en resumen, es la causa verdadera de mil enfermedades espirituales, y si la dejamos anidarse en nuestros corazones, carcomerá como un cáncer. "Si no creyereis, cierto no permanecer oís." Isai. 8.8. En todo lo que toca al perdón de nuestros pecados, y á la aceptación de nuestros corazones-á los deberes y á las pruebas de nuestra vida diaria-establezcamos como máxima invariable en nuestra religión la siguiente: poner fe implícita en todas y en cada una de las palabras de Dios, y desechar la incredulidad.

 

Notas, Lucas 1:18-25.

18 En que conoceré esto I Notemos que hay mucha diferencia entre la pregunta de Zacarías, y la que hace María en el versículo 32. La pregunta de Zacarías pone en duda todo lo que anunció el ángel. La pregunta de María no pone en duda el suceso, sino se contrae á la manera como había de cumplirse.

19. Gabriel. La palabra Gabriel quiere decir, "Dios es mi fortaleza," ú "Hombre de Dios," ó "virtud de Dios." Este es el único ejemplo en que el nombre de un ángel ocurra claramente en la Biblia.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 1.26-33

Estos versículos contienen el anuncio del acontecimiento más maravilloso que jamás haya acaecido en este mundo-la encarnación y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Este es un pasaje que siempre debemos leer con admiración mezclada con sentimiento de amor y alabanza.

Debemos notar, en primer lugar, el modo humilde como se presentó el Salvador del género humano cuando vino á vivir entre nosotros. El ángel que anunció Su venida, fue enviado á un lugar oscuro de Galilea, llamado Nazaret. La mujer que tuvo el alto honor de ser la madre de nuestro Señor, ocupaba, evidentemente, una posición humilde.   Tanto en su situación como en su morada, había carencia absoluta de lo que el mundo llama "grandeza."

Sin vacilación alguna tenemos que reconocer, que en todo este Arreglo se ve una providencia sabia. La divina Providencia que todo lo dispone en el cielo y en la tierra, pudo con la misma facilidad haber designado á Jerusalén para que fuese el lugar de la residencia de María, como á Nazaret, ó pudo haber elegido á la hija de Algún escriba rico para que fuese la madre de nuestro Señor, de la misma manera que eligió á una mujer pobre. Mas bueno fue que así no sucediese. La primera venida del Mesías había de ser llena de humillación. Y esta humillación había de empezar aun desde la hora en que lo concibió María.

Guardémonos de despreciar á los pobres, y de avergonzarnos da la pobreza si Dios nos la envía á nosotros mismos.   El rango que Jesús escogió voluntariamente debe mirarse siempre con reverencia sagrada. A la tendencia que es hoy tan común de inclinarse ante los ricos, y de hacer un ídolo del dinero, debe ofrecerse resistencia y eficaz oposición.   El ejemplo de nuestro Señor ofrece respuesta suficiente á mil máximas viles repetidas por los hombres

En la alabanza de la riqueza.  "Se hizo pobre siendo rico, para que vosotros por su pobreza fueseis ricos." 2 Cor. 8.9.

Admiremos la condescendencia asombrosa del Hijo de Dios.    El .Heredero de todo lo que existe no solo tomó sobre sí nuestra naturaleza, sino que la tomó en la forma mas humillante que pudiera iberia asumido.  Habría sido condescendencia venir á gobernar la tierra como rey. Fue un milagro de misericordia superior á nuestra comprensión venir á la tierra como pobre, á ser despreciado, y padecer, y morir.    Que Su amor nos constriña á vivir no para nosotros mismos, sino para Él. Que su ejemplo traiga cada día nuestra monte el precepto de la Escritura: " No altivos, sino acomodándoos á los humildes."    Rom. 11.16.

Debemos notar en segundo lugar, el alto privilegio de la Virgen María.  El lenguaje que el ángel Gabriel usa cuando se dirige á ella es digno de consideración.   El la llama "altamente favorecida." El le dice, que "el Señor está con ella."    La dice, "Bendita eres entre las mujeres."

Es un hecho bien sabido, que la iglesia Católica Romana tributa á María un honor apenas inferior al que tributa á su bendito Hijo 'La iglesia Católica Romana ha declarado con toda solemnidad, que María "fue concebida sin pecado." Y sus miembros la exaltan como objeto de adoración, y le oran como á mediadora entre Dios y el hombre, no menos poderosa que el mismo Cristo. Téngase presente, que para nada de esto hay la mas ligera autoridad en la Escritura. No la hay en los versículos que tenemos á la vista, ni en ninguna otra parte de la palabra de Dios. Mas á la vez que decimos esto, es menester concedamos con sinceridad, que ninguna mujer recibió jamás tan alto honor como la madre de nuestro Señor. Es evidente que de los millones innumerables que forman la raza humana solo una mujer se necesitaría para que Dios "se manifestase en la carne," y la Virgen María tuvo el gran privilegio de ser la elegida. Con el pecado de una mujer, el mal y la muerte hicieron su entrada en el mundo. Con el alumbramiento de una mujer, aparecieron la vida y la inmortalidad. No es de extrañar que solo á esta mujer se dijese que era "altamente favorecida" y "bendita."

Relativamente á esta materia, hay un punto que los Cristianos jamás deben olvidar. Hay ciertas relaciones que nos ligan á Cristo de las cuales podemos gozar todos nosotros-relaciones mucho mas íntimas que las de consaguinidad-relaciones de que gozan todos los que se arrepienten y creen : "Cualquiera que hiciere la voluntad de Dios,"dice Jesús," ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre." "Bienaventurado el vientre que te llevó, y los pechos que te alimentaron,"fue el dicho de una mujer. ¿Más cuál fue la réplica?  "Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan." Marcos 3.35; Lucas 11,27.

Debemos notar, finalmente, en estos versículos la descripción gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, que hace el ángel á María. Cada parte de la descripción tiene una significación profunda y merece atención detenida.

Jesús "será grande," dice Gabriel. De su grandeza ya sabemos algo: nos ha traído una gran salvación. El ha demostrado que es un Profeta más grande que Moisés. Él es el gran Sumo Sacerdote Y su grandeza será aun mayor cuando sea reconocido como Rey

Jesús "será llamado Hijo del Altísimo," dice Gabriel Lo era Antes que viniese al mundo, igual en todo al Padre. Era desde toda la eternidad el Hijo de Dios. Pero era preciso que la iglesia lo reconociese como tal. El Mesías había de ser reconocido y adorado nada menos que como el mismo Dios.

"Le dará el Señor Dios  el trono de David su padre,"  dice Gabriel, "y reinará en la casa de Jacob eternamente.    El cumplimiento literal de esta parte de la promesa está aun por verificarse. Falta aun que Israel se reúna.    Los Judíos aun han de recibir posesión de su patria, y después contemplar como á su Rey y su Dios á Aquel á quien una vez traspasaron. Aunque el cumplimiento de esta profecía tarde, esperémoslo confiadamente, pues "sin duda vendrá y no tardará." Heb. 2.3.

Por último, Gabriel dice que el reinado de Jesús no tendrá fin. Ante su glorioso reinado los imperios de este mundo caerán y desaparecerán. Como Nínive, Babilonia, Egipto, Tiro y Cartago, algún día serán destruidos, y los santos del Altísimo tomarán posesión del reino. Delante de Jesús se doblará un día toda rodilla, y todos los labios confesarán que Él es el Señor. Su reino solamente será eterno, y Su dominio no terminará. Dan. 7.14, 27.

Todo fiel cristiano debiera meditar con frecuencia en esta gloriosa y consoladora promesa. El no tiene porque avergonzarse de su Señor: pobre y despreciado puede estar muchas veces por amor al Evangelio, pero puede vivir seguro de que se ha afiliado en el bando que al fin obtendrá la victoria. Los reinos de este mundo aun llegarán á ser reinos de Cristo; porque "aun un poquito de tiempo y el que ha de venir vendrá, y no tardará." Heb. 10.37. Esperemos con paciencia la llegada de este bendito día, y velemos y oremos. Ahora es el tiempo de llevar la cruz, y de acompañar á Cristo en sus sufrimientos. Ya se acerca el día en que Cristo ha de tomar posesión de su reino, y entonces todos los que le han servido fielmente cambiarán la cruz por la corona.

 

Notas.   Lucas 1:26-33.

27. Una virgen desposada. No dejemos de notar el sabio designio por el cual le dispuso que la madre de nuestro Señor, aunque virgen, fuese virgen "desposada." Así su reputación quedaría al amparo de temerarios juicios, y así tendría un protector en el día de la necesidad.

28. Altamente favorecida. La traducción Romanista de esta palabra, "llena de gracia," no expresa el sentido con tanta fidelidad como nuestra traducción (la de Valera), y además hay riesgo de que se tuerza su sentido de una manera vergonzosa. De ninguna manera implica esta expresión que María tenia gracia para conferirla á otros. El sentido mas genuino es el de "una muy favorecida "-una que se ha hecho objeto de mucho favor, mas no una que puede dispensar mucho favor. La plegaria que los romanistas dirigen á la Virgen, y que principia, " Ave María  es la más triste subversión de la Sagrada Escritura. El obispo Hall dice: "El ángel saluda á la virgen; no le ruega. La saluda como á santa; no le suplica como á diosa. Saludarla nosotros como él lo hizo seria necia vanidad, porque ni nosotros somos como él, ni ella es lo que fue. Si un espíritu la saludó cuando en la tierra era ella carne y sangre, no nos toca á nosotros que somos carne y sangre saludarla ahora que es espíritu glorioso en el cielo. Dirigirnos nosotros á ella con la salutación del ángel, seria menospreciar á la virgen, al ángel, y la salutación.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 1.34-38

Notemos en estos versículos la manera reverente y discreta en que el ángel Gabriel habla del gran misterio de la encarnación. En la réplica á la interrogación de la Virgen, " ¿Cómo será esto?" él emplea estas palabras notables: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra."

Bueno será que sigamos el ejemplo del ángel siempre que meditemos sobre este hecho profundo. Considerémoslo siempre con reverencia religiosa, y abstengámonos de esas investigaciones impropias é inútiles, á que desgraciadamente muchos se han entregado. Nos basta saber que "la Palabra fue hecha carne," y que cuando el Hijo de Dios vino al mundo, un "cuerpo real estaba preparado para Él," de suerte que El "participó de nuestra carne y sangre," y fue "hecho de mujer." Juan 1.14 ; Heb. 10.5 ; Gal4.4. En este punto es preciso detenernos. La manera como todo esto se efectuó se nos ha ocultado sabiamente. Si intentamos investigar más allá de este límite, " oscureceremos el "consejo con palabras sin sabiduría," y nos precipitaremos en donde los ángeles temen poner las plantas. En una religión que realmente ha descendido del cielo, preciso es que haya misterios. Uno de los misterios del Cristianismo es la encarnación.

Notemos, en segundo lugar, la preeminencia dada al Espíritu Santo en el gran misterio de la encarnación. Vemos que está escrito, "El Espíritu Santo vendrá sobre ti."

Un lector versado en la Biblia no dejará de recordar, probablemente, que el honor que en este pasaje se tributa al Espíritu está en perfecta armonía con lo que sobre el mismo asunto enseña la Escritura en otros lugares. En la grande obra dé la redención del hombre se hace á cada paso mención especial de la obra del Espíritu Santo. ¿Murió Jesús para hacer expiación por nuestros pecados? Escrito está, que "por el Espíritu eterno se ofreció á sí mismo sin mancha á Dios." Heb. 9.14. ¿Resucitó para nuestra justificación? Escrito está, que "fue vivificado por el Espíritu." 1 Pedro 3.18. ¿Dispensa consuelo á Sus discípulos durante el tiempo que está transcurriendo entre su primera y segunda venida? Escrito está que el Consolador que él prometió enviar es "el Espíritu de verdad." Juan 14.17.

Tengamos cuidado de dar al Espíritu Santo, en nuestra religión como individuos, el mismo lugar que vemos ocupa en la palabra de Dios. Acordémonos que todo lo que los creyentes poseen, todo lo que son, y todo lo que disfrutan bajo el influjo del Evangelio, lo deben á la luz interna que emana del Espíritu Santo. La operación de cada una de las tres Personas de la Trinidad en toda alma que se salva es absoluta é igualmente necesaria. La elección de Dios el Padre, la sangre de Dios el Hijo, y la santificación de Dios el Espíritu Santo, jamás deben estar separadas en la religión cristiana.

Notemos, en tercer lugar, el gran principio que sienta el ángel Gabriel para imponer silencio á toda objeción que se refiera á la encarnación: "Ninguna cosa es imposible para Dios."

La admisión sincera de esta gran verdad es de inmensa importancia en lo que respecta á nuestra paz interior. Cuestiones y dudas tienen por fuerza que surgir en la mente del hombre sobra muchos puntos de nuestra religión. Son resultado natural del estado decaído del alma. Nuestra fe, por buena que sea es muy débil. Nuestros conocimientos por profundos que nos parezcan son deficientes. Y pocos remedios hay mas eficaces para la mente que duda, está inquieta y cavila, que el ya mencionado-una convicción completa de la omnipotencia de Dios. Para Aquel que día ser al mundo y lo formó de la nada, todo es posible. Nada es demasiado difícil para el Señor. Todo pecado por negro que sea será perdonado. La sangre de Cristo limpia de todo pecado. No hay corazón por duro y perverso que sea que no pueda sentir arrepentimiento. El corazón de piedra puede tornarse en corazón de carne Para el creyente no hay obra tan difícil que no pueda ejecutarla. Todo lo podemos si estamos fortalecidos por Cristo. No hay tribulación que no podamos sobrellevar. La gracia de Dios nos basta. No hay promesa demasiado grande que deje de cumplirse. Las palabras de Cristo "jamás pasarán," todo lo que ha prometido puede cumplirlo. No hay dificultad, por grande que sea, que el creyente no pueda vencer. "Cuando Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?" "Los montes se abajarán." Máximas son estas que debemos siempre traer á la memoria. El remedio que ofrece el ángel es inapreciable. No se encuentra nunca la fe mas tranquila y serena sino cuando descansa en la convicción de la omnipotencia divina.

Notemos, en último lugar, la sumisión humilde y espontánea de la Virgen María á la voluntad de Dios. Dice al ángel: " He aquí la sierva del Señor; hágase en mí conforme á tu palabra."

Hay en esta respuesta mucho que es digno de encomio y que quizá no podemos percibir á primera vista. Un momento de reflexión nos convencerá que ser la madre de nuestro Señor de este modo extraño y misterioso no era cuestión de poca importancia. En época lejana llegó á ser un alto honor, sin duda, mas entonces puso en peligro la reputación de María y sometió su fe á una prueba no pequeña. Pero la santa Virgen no vaciló y se sometió voluntariamente al peligro y á la prueba. No hizo más preguntas ni más objeciones: aceptó el honor conferido con todos pospeligros é inconvenientes anexos.    "He aquí," dice, " la sierva del Señor."

En la práctica diaria del Cristianismo procuremos revestirnos del mismo espíritu de fe que animó á la Virgen María. Tengamos voluntad de ir á cualquiera parte, de hacer y ser cualquiera cosa; cual fuere la incomodidad actual, siempre que la voluntad de Dios nos sea bien conocida y que la senda del deber nos esté claramente trazada.

 

Notas.    Lucas 1:34-38.

I  Y, he aquí Isabel tu parienta. Debemos observar cuan benignamente el ángel ofrece apoyo á la fe de María, haciéndola sabedora de un hecho que pueda contribuir a que acepte su mensaje. Así es como siempre obra Dios. El conoce nuestra debilidad. Cuando nuestro Señor pidió algo que comer, comió un poco de pescado asado y de un panal de miel, para satisfacer á sus discípulos de la realidad material de la resurrección de su cuerpo.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

María visita a Elizabet

Lucas 1.39-56

39  En aquellos días,  levantándose María,  fue de prisa a la montaña,  a una ciudad de Judá;

40  y entró en casa de Zacarías,  y saludó a Elizabet.

41  Y aconteció que cuando oyó Elizabet la salutación de María,  la criatura saltó en su vientre;  y Elizabet fue llena del Espíritu Santo,

42  y exclamó a gran voz,  y dijo: Bendita tú entre las mujeres,  y bendito el fruto de tu vientre.

43  ¿Por qué se me concede esto a mí,  que la madre de mi Señor venga a mí?

44  Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos,  la criatura saltó de alegría en mi vientre.

45  Y bienaventurada la que creyó,  porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.

46  Entonces María dijo: (1 S.2.1-10)

 Engrandece mi alma al Señor;

47  Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.

48  Porque ha mirado la bajeza de su sierva;

 Pues he aquí,  desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

49  Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre,

50  Y su misericordia es de generación en generación

 A los que le temen.

51  Hizo proezas con su brazo;

 Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.

52  Quitó de los tronos a los poderosos,

 Y exaltó a los humildes.

53  A los hambrientos colmó de bienes,

 Y a los ricos envió vacíos.

54  Socorrió a Israel su siervo,

 Acordándose de la misericordia

55  De la cual habló a nuestros padres,

 Para con Abraham  (Gn 17.7) y su descendencia para siempre.

56  Y se quedó María con ella como tres meses;  después se volvió a su casa.

 

Lucas 1.46-55 1 S. 2.1-10 1  Y Ana oró y dijo:

 Mi corazón se regocija en Jehová,

 Mi poder se exalta en Jehová;

 Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos,

 Por cuanto me alegré en tu salvación. 2  No hay santo como Jehová;

 Porque no hay ninguno fuera de ti,

 Y no hay refugio como el Dios nuestro. 3  No multipliquéis palabras de grandeza y altanería;

 Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;

 Porque el Dios de todo saber es Jehová,

 Y a él toca el pesar las acciones. 4  Los arcos de los fuertes fueron quebrados,

 Y los débiles se ciñeron de poder. 5  Los saciados se alquilaron por pan,

 Y los hambrientos dejaron de tener hambre;

 Hasta la estéril ha dado a luz siete,

 Y la que tenía muchos hijos languidece. 6  Jehová mata,  y él da vida;

 El hace descender al Seol,  y hace subir. 7  Jehová empobrece,  y él enriquece;

 Abate,  y enaltece. 8  El levanta del polvo al pobre,

 Y del muladar exalta al menesteroso,

 Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor.

 Porque de Jehová son las columnas de la tierra,

 Y él afirmó sobre ellas el mundo. 9  El guarda los pies de sus santos,

 Mas los impíos perecen en tinieblas;

 Porque nadie será fuerte por su propia fuerza. 10  Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios,

 Y sobre ellos tronará desde los cielos;

 Jehová juzgará los confines de la tierra,

 Dará poder a su Rey,

 Y exaltará el poderío de su Ungido.

Lucas 1.55 Gn 17.7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti,  y tu descendencia después de ti en sus generaciones,  por pacto perpetuo,  para ser tu Dios,  y el de tu descendencia después de ti.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Nacimiento de Juan el Bautista

Lucas 1. 57-66

57  Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento,  dio a luz un hijo.

58  Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia,  se regocijaron con ella.

59  Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; (Lv. 12.3)  y le llamaban con el nombre de su padre,  Zacarías;

60  pero respondiendo su madre,  dijo: No;  se llamará Juan.

61  Le dijeron: ¿Por qué?  No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre.

62  Entonces preguntaron por señas a su padre,  cómo le quería llamar.

63  Y pidiendo una tablilla,  escribió,  diciendo: Juan es su nombre.  Y todos se maravillaron.

64  Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua,  y habló bendiciendo a Dios.

65  Y se llenaron de temor todos sus vecinos;  y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas.

66  Y todos los que las oían las guardaban en su corazón,  diciendo: ¿Quién,  pues,  será este niño?  Y la mano del Señor estaba con él.

Lucas 59 Lv. 12.3 Y al octavo día se circuncidará al niño.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 1.39-45

Debemos observar en este pasaje los beneficios que resultan del trato fraterno entre los creyentes. Leemos que la Virgen María hizo una visita á su prima Isabel. Se nos refiere de una manera notable como en esta entrevista estas dos mujeres se llenaron de júbilo, y se sintieron inspiradas de pensamientos sublimes. Sin esta visita, Isabel nunca hubiera podido estar tan llena del Espíritu Santo, como aquí se nos dice que estuvo; y María nunca hubiera podido pronunciar ese cántico de alabanza que es conocido en toda la iglesia  de Cristo. Las palabras de un teólogo de otros tiempos son interesantes y ciertas: "La felicidad comunicada se duplica. El pesar se aumenta si lo ocultamos: el gozo, si lo expresamos."

Siempre debemos mirar la comunicación con los otros creyentes como medio eminente de gracia. En nuestra larga jornada por el camino estrecho que conduce á la vida eterna es agradable detenernos de cuando en cuando para comunicar nuestros sentimientos á nuestros compañeros de viaje. Nos alivia á nosotros y los alivia á ellos, y así resulta en provecho mutuo. Es el contento mas aproximado que podemos tener en la tierra de los goces del cielo. "Hierro con hierro se aguza, y el hombre aguza el rostro de su amigo." Necesario es que tengamos esto presente. Este asunto no recibe la atención que merece, y á consecuencia de esto sufren las almas de los creyentes. Hay muchos que temen á Dios y piensan en Su nombre, empero olvidan á menudo hablarse unos á otros. Malaquías 3.16. Procuremos ante todo ponernos en comunicación con Dios. Después de esto solicitemos la sociedad de los que aman á Dios. Si hiciéramos esto con más frecuencia y fuésemos más cautelosos en la elección de nuestros amigos, sentiríamos más á menudo el influjo del Espíritu Santo.

Debemos observar en este pasaje el conocimiento claro y espiritual que se revela en el lenguaje de Isabel. La expresión de que hace uso con respecto á la Virgen María, manifiesta quo había recibido luz de lo alto. Ella la llama "la madre de mi Señor."

Nuestros oídos están tan acostumbrados á las palabras "Mi Señor," que no notamos todo lo que ellas encierran. En el tiempo en que se profirieron tenían mayor significación de lo que ahora pudiera creerse: eran nada menos que la declaración precisa de que el niño que había de nacer de la Virgen María era el Mesías que había sido prometido desde remotos tiempos, el "Señor" de quien David en espíritu había profetizado, el Ungido de Dios. Considerada bajo este aspecto, la expresión es un ejemplo maravilloso de fe; es una confesión digna de colocarse al lado de la de Pedro, cuando dijo á Jesús: "Tú eres el Cristo."

Acordémonos de la significación profunda de las palabras, "el Señor," y guardémonos de usarlas ligera y ociosamente. Consideremos que, de derecho, á nadie son aplicables sino á Aquel que fue crucificado en el Calvario por nuestros pecados. Que el recuerdo de este hecho haga que revistamos dichas palabras de reverencia y que tengamos cuidado de que modo las pronunciamos. Hay dos textos que tienen relación con esta expresión, y que deberíamos recordar con frecuencia. El primero es: "Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espirito Santo." Es el otro: "Y que toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para la gloria del el Padre. 1 Cor. 12.3 ; Filip. 2.11.

Finalmente, debemos observar en estos versículos la alta alabanza que Isabel tributa á la fe.    "Y bienaventurada," dice, "la que creyó"

No es en manera alguna extraño que esta santa mujer  ensalzara así la fe.    Sin duda que conocía bien las Escrituras del Antiguo Testamento, y sabia qué prodigios había obrado la fe. ¿Qué es la historia de los hijos de Dios en todos los siglos, sino la biografía de hombres y mujeres que se distinguieron por su fe? ¿Qué es la historia sencilla de todos desde los tiempos de Abel hasta nuestros días, sino la relación de los hechos de pecadores redimidos que creyeron, y por ello fueron benditos?  Con fe aceptaron promesas; con fe vivieron; con fe guiaron su conducta; con fe llevaron las injurias.    Con fe esperaron un Salvador invisible Todas las promesas que aun estaban por cumplirse; con fe lucharon con el mundo, la carne y el demonio; con la fe vencieron y fueron salvos al cielo.    De esta clase de santas personas fue la Virgen María.    No hay que extrañar que Isabel dijese: "Bienaventurada la que creyó."

¿Tenemos algún conocimiento de esta preciosa fe? Esta, en ilusión, es la cuestión que nos concierne. ¿Tenemos conocimiento de la fe de los elegidos de Dios, de la fe que es obra de Dios? Tito1.2; Col. 2.12. No busquemos descanso hasta que la hayamos poseído, y una vez que la poseamos no cesemos de rogar que vaya en aumento cada día. Mejor es mil veces ser rico en fe que en oro. El oro no tendrá valor alguno en el mundo invisible á donde todos nos encaminamos. La fe será allí reconocida en la compañía de Dios el Padre, y de los santos ángeles. Cuando aparezca el trono blanco y se abran los libros, cuando los muertos sean llamados del sepulcro á oír su sentencia final, el valor de la fe será al fin plenamente conocido. Los hombres aprenderán entonces, si antes no lo hubieren aprendido, cuan verdaderas son las palabras, " Felices los que creyeron."

 

Notas   Lucas 1:39-43.

39. Una ciudad de Judá. Muchos creen que esta Ciudad fue Hebrón, y examinando el capitulo 21.2-11 de Josué vemos que es muy probable. Es el lugar donde Abraham, el padre de los fieles, vivió macho tiempo, y donde murió Sara. Gen. 13.18 y 23.2. Pocos lugares en Palestina han sido honrados en tan alto grado.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 1.46-56

Estos versículos contienen el famoso himno de alabanza que la Virgen María pronunció animada de la esperanza de llegar á ser "la madre de nuestro Señor." Después de la Oración Dominical, tal vez, pocos pasajes de la Escritura son mejor conocidos que este.

 

Observemos, en primer lugar, el conocimiento completo de la Escritura que se deja ver en este himno. Al leerle nos vienen á la memoria expresiones del libro de los Salmos, y nos acordamos sobre todo del cántico de Ana, en el libro de Samuel. 1 Sam. 2.2, etc. Es evidente que la Virgen tenía en la memoria muchos pasajes de la Escritura. Sin duda había aprendido mucho de lo que contiene el Antiguo Testamento, ya porque lo había oído leer, ó porque lo había leído ella misma. Y así fue, que cuando por la exuberancia de su corazón abrió la boca, dio expresión á sus sentimientos en  lenguaje bíblico.    Movida del Espíritu Santo, prorrumpió en alabanzas, y escogió el lenguaje que el Espirito Santo había ya usado y consagrado.

Cada año de nuestra vida hagamos todo lo que esté de nuestra parte por instruirnos más y más en las Escrituras.    Estudiémoslas, escudriñémoslas, profundicémoslas, meditemos en su contenido, que moren en nosotros en su riqueza.   Empeñémonos en adquirir conocimiento de aquellas partes de la Biblia que, como el libro de los Salmos, se refieren á la vida y costumbres de los santos y los tiempos antiguos.   Las hallaremos muy útiles al acercarnos Dios en la oración, pues ella nos suministrará el lenguaje mas adecuado tanto para expresar nuestras necesidades como para dar gracias. Sin duda que tal conocimiento de la Biblia nunca puede hacerse sin un estudio diario constante.   Mas el tiempo que se dedique á este estudio nunca será mal empleado.    Con el tiempo dará frutos.

Observemos, en segundo lugar, en este himno de alabanza, la profunda humildad de la Virgen María. Elegida por Dios para el alto honor de ser madre del Mesías, habla de su propia "bajeza," y reconoce la necesidad de un "Salvador." No deja escapar una sola palabra que indique que se considerase como sin pecado, ó  "inmaculada."   Por el contrario, usa el lenguaje de aquellos á quienes la gracia de Dios ha hecho sentir sus propios pecados; y fue lejos de tener poder para salvar á otros, sus almas necesitan  Un Salvador.    Podemos sin riesgo asegurar, que nadie se apresuraría de mejor grado que la misma Virgen María, á reprobar el honor que la iglesia de Roma le tributa.

Imitemos esta santa humildad de la madre de nuestro Señor, Aunque tengamos que rehusar perentoriamente hacerle súplicas, ó mirarla como mediadora. Como ella, seamos humildes á nuestros propios ojos, y huyamos de la vanagloria. La humildad es la virtud más excelente que puede adornar el carácter del cristiano. El dicho de un. Teólogo de otros tiempos que "uno tiene exactamente tanta religión cuanta es su humildad" es muy cierto. Es de todas las virtudes la que mas enaltece la naturaleza humana, y sobre todo está al alcance de todos los convertidos. No todos son ricos, no todos son doctos; no todos han sido dotados por Dios de talentos sobresalientes; no todos son predicadores; mas todos los hijos de Dios pueden estar revestidos de humildad.

Observemos, en tercer lugar, la viva gratitud de la Virgen María. Sobresale especialmente al principio del himno. Su "alma engrandece al Señor Su "espíritu se ha alegrado en Dios." "Todas las generaciones la llamarán bienaventurada." "Grandes cosas ha hecho con ella." Difícil es comprender todos los sentimientos que naturalmente debieron animar á una santa de Judá, al verse en la posición de María; mas debemos tratar de traer á la memoria la expresión de ellos cuando leamos sus palabras de alabanza.

También haremos bien en este asunto en seguir las huellas de María, acostumbrándonos á ser agradecidos. Este ha sido en todos tiempos el distintivo de los hijos más notables de Dios. David en el Antiguo Testamento, y S. Pablo en el Nuevo, se distinguieron por su gratitud. Rara vez leemos sus obras sin hallarlas llenas de gracias y alabanzas dirigidas á Dios. Levantémonos todas las mañanas con la convicción profunda de que somos deudores, y de que cada día recibimos mas mercedes de las que merecemos. Dirijamos los ojos cada semana en torno nuestro, y veamos si no tenemos demasiado porque estar agradecidos á Dios. Si nuestros corazones son puros, nunca tendremos dificultad en erigir un Ebenezer. Bueno seria que nuestras oraciones y súplicas estuviesen siempre acompañadas de acciones de gracias. 1 Sam. 7.12 ; Filip. 4.6.

Observemos, en cuarto lugar, el conocimiento experimental que la Virgen María poseía del modo como Dios había obrado con su pueblo. Se refirió á Dios como á Aquel cuya " misericordia es sobre los que le temen," como Uno que " esparce á los soberbios, que quita á los poderosos de sus tronos, y envía á los ricos vacíos," como á Aquel que "levanta á los humildes," é hinche de bienes á los hambrientos. Indudablemente dijo esto recordando la historia del Antiguo Testamento; recordando cómo el Dios de Israel abatió á Faraón, á los Cananeos, á los Filisteos, á Senaquerib, Haman y Baltasar; cómo elevó á José, Moisés, Samuel, David, Ester y Daniel, y jamás permitió que sus escogidos fuesen completamente destruidos. Y en todo lo que hizo Dios con ella misma-en conferir tal honor á una pobre mujer de Nazaret-en nacer que naciera el Mesías en terreno tan estéril como era en esa época el pueblo Judío ella descubría la mano de Dios obrando de acuerdo con la alianza había hecho con Israel.   El cristiano verdadero debe dedicarse al estudio de la historia de la Biblia, examinando la vida de personaje en particular.   Examinemos frecuentemente "las huellas del rebaño."    Cant. 1.8.    Este estudio nos hará más manifiesto como es que Dios obra con Su pueblo.    Él es inmutable, por consiguiente es probable que obre con él en lo venidero como obró  en otros tiempos.    Tal estudio nos enseñará qué deberemos esperar, moderará las esperanzas infundadas, y nos animará cuando estuviéramos abatidos.   Feliz la persona cuya mente está bien, de ese conocimiento.

Observemos en conclusión la confianza firme que tenia la Virgen en las promesas de la Biblia.   Acaba su himno de alabanza declarando que Dios, " ha socorrido á Israel su siervo, acordándose de su misericordia, á Abrahán y á su simiente para siempre," y que ha obrado " como habló á nuestros padres."   Estas palabras demuestran claramente que ella se acordaba de la promesa hecha á Abrahán: " En ti serán benditas todas las naciones de la tierra ;" ,y que, estando cercano el nacimiento de su Hijo, veía que esta promesa estaba para cumplirse.

Aprendamos del ejemplo de esta santa mujer á asirnos con firmeza de las promesas de la Biblia, pues esto es de la mayor importancia para conservar nuestra paz interior.    Las promesas, en realidad, son el maná que hemos de comer, y el agua que hemos de beber diariamente, en nuestra peregrinación por el desierto de este mundo.    No vemos aun todas las cosas sometidas á nuestro dominio estamos contemplando aun á Cristo, ni el cielo, ni el libro de vida, ni las mansiones preparadas para nosotros. Andamos por la, fe, y esta fe se apoya en las promesas.    Mas este apoyo no es débil, puede resistir todo el peso que sobre él pongamos.   Veremos algún día, lo mismo que la Virgen María, que Dios cumple palabra, y que á su debido tiempo ejecutará infaliblemente lo que ha dicho.

 

Notas, Lucas 1.46-66.

47. MI Salvador. No dejemos de notar las expresiones de la Virgen María sobre la necesidad de salvación. Difícil seria hallar una respuesta más terminante a la doctrina de los romanistas respecto á la Virgen, y especialmente á la doctrina de la inmaculada concepción, que el lenguaje de la misma virgen en este himno.

51. Su brazo. Una observación de Whitby es digna de consideración. El gran poder de Dios se simboliza con el dedo-el mayor poder con la mano-el máximo con el brazo.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Profecía de Zacarías

Lucas 1.67-80

67  Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo,  y profetizó,  diciendo:

68  Bendito el Señor Dios de Israel,

 Que ha visitado y redimido a su pueblo,

69  Y nos levantó un poderoso Salvador

 En la casa de David su siervo,

70  Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio;

71  Salvación de nuestros enemigos,  y de la mano de todos los que nos aborrecieron;

72  Para hacer misericordia con nuestros padres,

 Y acordarse de su santo pacto;

73  Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre,

 Que nos había de conceder

74  Que,  librados de nuestros enemigos,

 Sin temor le serviríamos

75  En santidad y en justicia delante de él,  todos nuestros días.

76  Y tú,  niño,  profeta del Altísimo serás llamado;

 Porque irás delante de la presencia del Señor,  para preparar sus caminos; (Mal. 3.1)

77  Para dar conocimiento de salvación a su pueblo,

 Para perdón de sus pecados,

78  Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

 Con que nos visitó desde lo alto la aurora,

79   Para dar luz a los que habitan en tinieblas (Is. 9.2) y en sombra de muerte;

 Para encaminar nuestros pies por camino de paz.

80  Y el niño crecía,  y se fortalecía en espíritu;  y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

Lucas 1.76 Mal. 3.1 He aquí,  yo envío mi mensajero,  el cual preparará el camino delante de mí;  y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis,  y el ángel del pacto,  a quien deseáis vosotros.  He aquí viene,  ha dicho Jehová de los ejércitos.

Lucas 1.79 Is. 9.2  El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz;  los que moraban en tierra de sombra de muerte,  luz resplandeció sobre ellos.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 1.46-56

Otro himno de alabanza llama nuestra atención en estos versículos. Hemos leído la acción de gracias de María, la madre de nuestro Señor. Leamos ahora la acción de gracias de Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Hemos oído qué alabanzas salieron de los labios de la Virgen de Judá, con motivo de la primera venida de Cristo. Oigamos ahora que alabanza pronunció con el mismo motivo un sacerdote anciano.

Debemos notar en primer lugar la profunda gratitud del corazón de un judío creyente al columbrar la aparición del Mesías. La primera palabra que sale de la boca de Zacarías, tan pronto como le vuelve el habla, es de alabanza. Principia con la misma expresión con que S. Pablo principia algunas de sus epístolas: " Bendito el Señor."

En nuestros días con dificultad podemos comprender la intensidad de los sentimientos de ese hombre virtuoso. Debemos colocarnos en su lugar mentalmente, imaginarnos ver el cumplimiento de la promesa más antigua del Antiguo Testamento-la promesa de un Salvador, y que contemplamos verificarse delante de nosotros el cumplimiento de esta promesa. Debemos procurar comprender cuan oscura é imperfecta era la idea que los hombres tenían del Evangelio antes de la venida de Cristo, y cuando los símbolos y los tipos no habían aun desaparecido. De esta manera tal vez podemos formarnos alguna idea de lo que sintió Zacarías cuando exclamó: "Bendito el Señor."

Hay razón para, temer que los cristianos, por lo general, no sabemos estimar en su debido valor el inmenso privilegio de vivir bajo la luz del Evangelio. Quizá olvidamos que los estatutos del sistema Judaico eran apenas el crepúsculo del día que iba á amanecer. No cerremos los ojos ante los favores que se nos han concedido. Sigamos el ejemplo de Zacarías y seamos más agradecidos

Debemos notar, en segundo lugar, en este himno de alabanza, cuanta importancia da Zacarías al cumplimiento de las promesas de Dice que Dios " visitó é hizo redención á su pueblo "-habla de ello al estilo de los profetas como cosa ya ejecutada; porque su verificación es segura.    Continúa proclamando por medio de quien se ha de llevar á cabo esta redención-por medio de "un cuerno de salvación "-un Salvador poderoso de la casa de David.    Y después añade, que todo está hecho " como El habló por boca de sus santos  profetas-para cumplir la  misericordia prometida-acordándose de su santo concierto-del juramento que juró á Abraham nuestro Padre.

Es claro que las almas de los creyentes del Antiguo Testamento, se alimentaban mucho de las promesas de Dios.    Estaban obligados á "caminar" por la fe mucho más que nosotros.    Nada sabían de los grandes hechos que nosotros conocemos, concernientes á la vida, muerte y resurrección de Cristo.    Divisaban la redención en el porvenir como cosa esperada, no vista-y el único apoyo de su esperanza era la palabra de Dios.    Su fe bien puede ruborizarnos, muy lejos de tener en menos á los creyentes del Antiguo Testamento, como algunos se inclinan á hacerlo, debemos admirarnos de que fueran lo que fueron.

Aprendamos á confiar en las promesas y á asirnos de ellas como lo hizo Zacarías.    No dudemos que toda promesa de Dios hecha á su pueblo con referencia á los acontecimientos futuros, se cumplirán con tanta segundad, como toda palabra ya cumplida en los sucesos pasados. La promesa hace infalible el cumplimiento. El mundo, la carne y el demonio, jamás prevalecerán contra ninguno de los creyentes. Su absolución en el último día está asegurada con promesa. No serán condenados, antes bien se les presentará inmaculados ante el trono del Padre. Su gloria final está también asegurada con promesa. Es tan seguro que su Salvador vendrá la segunda vez á congregar á Sus santos y darles la corona de rectitud, como lo es que vino la primera. Fiémonos firmemente de estas promesas. Jamás resultarán ser falsas. Dios nunca olvida su palabra. Él no es hombre para mentir. En cada promesa hay un sello que nunca vio Zacarías: el de la sangre de Cristo que nos garantiza que lo que Dios ha prometido se cumplirá.

En tercer lugar, debemos notar en este himno qué ideas tan claras tenia Zacarías respecto del reino de Cristo. Él habla de "salvación de manos de los enemigos," como si pensase en un reino temporal, y en un libertador temporal que pusiese término al dominio gentil. Más no se detiene en este punto. Afirma que el del Mesías es un reino en que su pueblo ha de "servirle sin temor, en santidad y justicia delante de Él." Este reino, aseguró él, estaba próximo. Los profetas habían predicho hacia mucho tiempo que se establecería algún día. En el nacimiento de su hijo Juan el Bautista, y el advenimiento cercano de Cristo, Zacarías veía con certeza la proximidad del reino.

Con la predicación del Evangelio se fundaron las bases de este reino del Mesías. Desde entonces el Señor Jesús ha estado incesantemente reuniendo súbditos de un mundo depravado. El complemento total del reino es un acontecimiento aún por venir. Los santos del Altísimo tendrán algún día dominio absoluto. El reino del Evangelio aún ha de extenderse por toda la tierra. Mas ya sea en su estado completo ó no, los súbditos del reino son siempre del mismo carácter: "Sirven á Dios sin temor;" sirven á Dios "con santidad y justicia."

Hagamos cuanto esté á nuestro alcance para pertenecer al número de los súbditos de este reino. Pequeño como parece ahora, un día vendrá á ser grande y glorioso. Los hombres que han servido á Dios con "santidad y justicia" verán algún día que todo les será sometido. Bajo sus plantas serán puestos todos los enemigos, y reinarán para siempre en ese cielo y en esa tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

Finalmente, debemos notar cuan claras eran las ideas que respecto de las doctrinas de la religión tenia Zacarías. Concluye su himno de alabanza dirigiéndose á su hijo recién nacido, Juan Bautista. Predice que el niño "irá delante de la faz" del Mesías, y "dando ciencia de salvación,"de una salvación que El (el Mesías) está al introducir-salvación que es toda de gracia y misericordia-y que trae consigo, "perdón de los pecados," "luz," y "paz."

Concluyamos el capítulo examinando lo que sabemos de estos tres bienes. ¿Sabemos algo del perdón? ¿Hemos tornado de las tinieblas á la luz? ¿Hemos gustado el gozo de la paz con Dios? Estas, en fin, son las realidades del Cristianismo. Estas son las cosas, sin las cuales la unión con la iglesia y los sacramentos no pueden salvar una sola alma. No estemos tranquilos hasta que por experiencia propia nos sean conocidas. La misericordia y la gracia las han preparado. La misericordia y la gracia las concederán á todos los que las imploren en nombre de Cristo. No estemos tranquilos hasta que el Espíritu Santo testifique á nuestro espíritu que nuestros pecados han sido perdonados-que hemos posado de las tinieblas á la luz, y que actualmente caminamos en el camino estrecho, en el camino de la paz.

 

Notas.    Lucas 1:67-80.

69.  Un cuerno de salvación,   Enrique Venn dice: "El cuerno sirve al animal de arma para defensa y venganza, y al mismo tiempo constituye su adorno y aumenta su belleza. Se usa, por tanto, en el estilo profético, para denotar el poder de los imperios más fuertes. En el mismo sentido lo debemos entenderlo aquí. Bajo esta figura se representa el extraordinario poder del Redentor, y su uso continuo en favor de Su iglesia."

70. El habló por la boca de sus santos profetas.   Observemos que se dice expresamente, "Dios habló" por medio de los profetas.    Cuando leemos sus palabras, loemos las palabras de Dios.

71. 74. Nuestros enemigos.    Tenemos que inferir de lo que digan otros pasajes quienes sean estos "enemigos."   Es muy improbable que la expresión deba tomarse totalmente en sentido espiritual, y que Zacarías solo quiere decir que Cristo libra a su pueblo creyente del mundo, de la carne y del demonio.    Es mucho mas probable que Zacarías, hablando como lo hizo, inspirado por el Espíritu Santo, predice los sucesos futuros de todas las edades, é incluye tanto la primera como la segunda venida de Cristo.    Bajo este punto de vista, la palabra '' enemigos " incluye no solamente los enemigos espirituales, de los cuales Jesús libra al presente Su pueblo, sino también, en un sentido literal, los enemigos de que Él libertará en su segundo advenimiento á su iglesia, y á las tribus dispersas de Israel

78. -El oriente. Esta palabra debe significar el mismo Cristo. Malaquías le llama, "el Sol de justicia," y Pedro, "el lucero de la mañana," y la Revelación, "La estrella resplandeciente de la mañana." Mal. 4:2: 2 Pedro 1:19; Apocalipsis 22.16. Todas son expresiones figurativas, que enseñan la misma gran verdad, que "Cristo es la Luz del mundo." Juan 8:12 

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

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