El Santo Evangelio según
San Lucas

Porque por gracia sois salvos

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Misión de los setenta

Lucas 10.1-12

1  Después de estas cosas,  designó el Señor también a otros setenta,  a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.

2  Y les decía: La mies a la verdad es mucha,  mas los obreros pocos;  por tanto,  rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. (Mt. 9.37-38)

3  Id;  he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. (Mt. 10.16)

4  No llevéis bolsa,  ni alforja,  ni calzado;  y a nadie saludéis por el camino.

5  En cualquier casa donde entréis,  primeramente decid: Paz sea a esta casa.

6  Y si hubiere allí algún hijo de paz,  vuestra paz reposará sobre él;  y si no,  se volverá a vosotros.

7  Y posad en aquella misma casa,  comiendo y bebiendo lo que os den;  porque el obrero es digno de su salario. (1 Co. 9.14; 1 Ti. 5.18) No os paséis de casa en casa.

8  En cualquier ciudad donde entréis,  y os reciban,  comed lo que os pongan delante;

9  y sanad a los enfermos que en ella haya,  y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.

10  Mas en cualquier ciudad donde entréis,  y no os reciban,  saliendo por sus calles,  decid:

11  Aun el polvo de vuestra ciudad,  que se ha pegado a nuestros pies,  lo sacudimos contra vosotros. (Hch. 13.51) Pero esto sabed,  que el reino de Dios se ha acercado a vosotros. (Mt. 10.7-14; Mr. 6.8-11; Lc. 9.3-5)

12  Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, (Gn. 19.24-28; Mt. 11.24) que para aquella ciudad. (Mt. 10.15)

Lucas 10.2 Mt. 9.37-38 37  Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha,  mas los obreros pocos. 38  Rogad,  pues,  al Señor de la mies,  que envíe obreros a su mies.

Lucas 10.3 Mt. 10.16 He aquí,  yo os envío como a ovejas en medio de lobos;  sed,  pues,  prudentes como serpientes,  y sencillos como palomas.

Lucas 10.7 1 Co. 9.14; 1 Ti. 5.18

1 Co. 9.14 Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio,  que vivan del evangelio.

1 Ti. 5.18 Pues la Escritura dice:  No pondrás bozal al buey que trilla;  y:  Digno es el obrero de su salario.

Lucas 10.10-11 Hch. 13.51 Ellos entonces,  sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies,  llegaron a Iconio.

Lucas 10. 4-11 Mt. 10.7-14; Mr. 6.8-11; Lc. 9.3-5

Mt. 10.7-14 7  Y yendo,  predicad,  diciendo:  El reino de los cielos se ha acercado. 8  Sanad enfermos,  limpiad leprosos,  resucitad muertos,  echad fuera demonios;  de gracia recibisteis,  dad de gracia. 9  No os proveáis de oro,  ni plata,  ni cobre en vuestros cintos; 10  ni de alforja para el camino,  ni de dos túnicas,  ni de calzado,  ni de bordón;  porque el obrero es digno de su alimento. 11  Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis,  informaos quién en ella sea digno,  y posad allí hasta que salgáis. 12  Y al entrar en la casa,  saludadla. 13  Y si la casa fuere digna,  vuestra paz vendrá sobre ella;  mas si no fuere digna,  vuestra paz se volverá a vosotros. 14  Y si alguno no os recibiere,  ni oyere vuestras palabras,  salid de aquella casa o ciudad,  y sacudid el polvo de vuestros pies.

Mr. 6.8-11 8  Y les mandó que no llevasen nada para el camino,  sino solamente bordón;  ni alforja,  ni pan,  ni dinero en el cinto,  9  sino que calzasen sandalias,  y no vistiesen dos túnicas. 10  Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa,  posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar. 11  Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren,  salid de allí,  y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies,  para testimonio a ellos.  De cierto os digo que en el día del juicio,  será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra,  que para aquella ciudad.

Lc. 9.3-5 3  Y les dijo: No toméis nada para el camino,  ni bordón,  ni alforja,  ni pan,  ni dinero;  ni llevéis dos túnicas. 4  Y en cualquier casa donde entréis,  quedad allí,  y de allí salid. 5  Y dondequiera que no os recibieren,  salid de aquella ciudad,  y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.

Lucas 10.12 Gn. 19.24-28; Mt. 11.24

Gn. 19.24-28 24  Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; 25  y destruyó las ciudades,  y toda aquella llanura,  con todos los moradores de aquellas ciudades,  y el fruto de la tierra. 26  Entonces la mujer de Lot miró atrás,  a espaldas de él,  y se volvió estatua de sal. 27  Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová. 28  Y miró hacia Sodoma y Gomorra,  y hacia toda la tierra de aquella llanura miró;  y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno.

Mt. 11.24 Por tanto os digo que en el día del juicio,  será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma,  que para ti.

Lucas 10.12 Mt. 10.15 De cierto os digo que en el día del juicio,  será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra,  que para aquella ciudad.

Texto Bíblico
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Referencias

Ayes sobre las ciudades impenitentes

Lucas 10.13-16

13  ¡Ay de ti,  Corazín!  ¡Ay de ti,  Betsaida!  Que si en Tiro y en Sidón (Is. 23.1-18; Ez. 26.1-28; Jl. 3.4-8; Am. 1.9-10; Zac. 9.2-4)

se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras,  tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza,  se habrían arrepentido.

14  Por tanto,  en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón,  que para vosotras.

15  Y tú,  Capernaúm,  que hasta los cielos eres levantada, (Is. 14.13-15)  hasta el Hades serás abatida.

16  El que a vosotros oye, (Mt. 10.40; Mt. 9.37; Lc. 9.48; Jn. 13.20) a mí me oye;  y el que a vosotros desecha,  a mí me desecha;  y el que me desecha a mí,  desecha al que me envió.

Ayes sobre las ciudades impenitentes

Lucas 10.13-16 Mt. 11.20-24 20  Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros,  porque no se habían arrepentido,  diciendo: 21  Ay de ti,  Corazín!  Ay de ti,  Betsaida!  Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras,  tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. 22  Por tanto os digo que en el día del juicio,  será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón,  que para vosotras. 23  Y tú,  Capernaúm,  que eres levantada hasta el cielo,  hasta el Hades (Nombre griego del lugar de los muertos; HADES según Vines: jades (adh", 86), región de los espíritus de los muertos perdidos; pero incluyendo los de los muertos bienaventurados en los tiempos anteriores a la ascensión de Cristo. Algunos han afirmado que este término significaba etimológicamente lo invisible (de a, privativo, y eido, ver) serás abatida;  porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti,  habría permanecido hasta el día de hoy. 24  Por tanto os digo que en el día del juicio,  será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma,  que para ti.

Lucas 10.13 Is. 23.1-18; Ez. 26.1-28; Jl. 3.4-8; Am. 1.9-10; Zac. 9.2-4

Is. 23.1-18 1  Profecía sobre Tiro.  Aullad,  naves de Tarsis,  porque destruida es Tiro hasta no quedar casa,  ni a donde entrar;  desde la tierra de Quitim les es revelado. 2  Callad,  moradores de la costa,  mercaderes de Sidón,  que pasando el mar te abastecían. 3  Su provisión procedía de las sementeras que crecen con las muchas aguas del Nilo,  de la mies del río.  Fue también emporio de las naciones. 4  Avergüénzate,  Sidón,  porque el mar,  la fortaleza del mar habló,  diciendo: Nunca estuve de parto,  ni di a luz,  ni crié jóvenes,  ni levanté vírgenes. 5  Cuando llegue la noticia a Egipto,  tendrán dolor de las nuevas de Tiro. Pasaos a Tarsis;  aullad,  moradores de la costa. 7   ¿No era ésta vuestra ciudad alegre,  con muchos días de antigüedad?  Sus pies la llevarán a morar lejos. 8   ¿Quién decretó esto sobre Tiro,  la que repartía coronas,  cuyos negociantes eran príncipes,  cuyos mercaderes eran los nobles de la tierra? 9  Jehová de los ejércitos lo decretó,  para envilecer la soberbia de toda gloria,  y para abatir a todos los ilustres de la tierra. 10  Pasa cual río de tu tierra,  oh hija de Tarsis,  porque no tendrás ya más poder. 11  Extendió su mano sobre el mar,  hizo temblar los reinos;  Jehová mandó respecto a Canaán,  que sus fortalezas sean destruidas. 12  Y dijo: No te alegrarás más,  oh oprimida virgen hija de Sidón.  Levántate para pasar a Quitim,  y aun allí no tendrás reposo. 13  Mira la tierra de los caldeos.  Este pueblo no existía;  Asiria la fundó para los moradores del desierto.  Levantaron sus fortalezas,  edificaron sus palacios;  él la convirtió en ruinas. 14  Aullad,  naves de Tarsis,  porque destruida es vuestra fortaleza. 15  Acontecerá en aquel día,  que Tiro será puesta en olvido por setenta años,  como días de un rey.  Después de los setenta años,  cantará Tiro canción como de ramera. 16  Toma arpa,  y rodea la ciudad,  oh ramera olvidada;  haz buena melodía,  reitera la canción,  para que seas recordada. 17  Y acontecerá que al fin de los setenta años visitará Jehová a Tiro;  y volverá a comerciar,  y otra vez fornicará con todos los reinos del mundo sobre la faz de la tierra. 18  Pero sus negocios y ganancias serán consagrados a Jehová;  no se guardarán ni se atesorarán,  porque sus ganancias serán para los que estuvieren delante de Jehová,  para que coman hasta saciarse,  y vistan espléndidamente.

Ez. 26.1-28 1  Aconteció en el undécimo año,  en el día primero del mes,  que vino a mí palabra de Jehová,  diciendo: 2  Hijo de hombre,  por cuanto dijo Tiro contra Jerusalén:  Ea,  bien;  quebrantada está la que era puerta de las naciones;  a mí se volvió;  yo seré llena,  y ella desierta; 3  por tanto,  así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti,  oh Tiro,  y haré subir contra ti muchas naciones,  como el mar hace subir sus olas. 4  Y demolerán los muros de Tiro,  y derribarán sus torres;  y barreré de ella hasta su polvo,  y la dejaré como una peña lisa. 5  Tendedero de redes será en medio del mar,  porque yo he hablado,  dice Jehová el Señor;  y será saqueada por las naciones. 6  Y sus hijas que están en el campo serán muertas a espada;  y sabrán que yo soy Jehová. 7  Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que del norte traigo yo contra Tiro a Nabucodonosor rey de Babilonia,  rey de reyes,  con caballos y carros y jinetes,  y tropas y mucho pueblo. 8  Matará a espada a tus hijas que están en el campo,  y pondrá contra ti torres de sitio,  y levantará contra ti baluarte,  y escudo afirmará contra ti. 9  Y pondrá contra ti arietes,  contra tus muros,  y tus torres destruirá con hachas. 10  Por la multitud de sus caballos te cubrirá el polvo de ellos;  con el estruendo de su caballería y de las ruedas y de los carros,  temblarán tus muros,  cuando entre por tus puertas como por portillos de ciudad destruida. 11  Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles;  a tu pueblo matará a filo de espada,  y tus fuertes columnas caerán a tierra. 12  Y robarán tus riquezas y saquearán tus mercaderías;  arruinarán tus muros,  y tus casas preciosas destruirán;  y pondrán tus piedras y tu madera y tu polvo en medio de las aguas. 13  Y haré cesar el estrépito de tus canciones,  y no se oirá más el son de tus cítaras. 14  Y te pondré como una peña lisa;  tendedero de redes serás,  y nunca más serás edificada;  porque yo Jehová he hablado,  dice Jehová el Señor. 15  Así ha dicho Jehová el Señor a Tiro:   ¿No se estremecerán las costas al estruendo de tu caída,  cuando griten los heridos,  cuando se haga la matanza en medio de ti? 16  Entonces todos los príncipes del mar descenderán de sus tronos,  y se quitarán sus mantos,  y desnudarán sus ropas bordadas;  de espanto se vestirán,  se sentarán sobre la tierra,  y temblarán a cada momento,  y estarán atónitos sobre ti. 17  Y levantarán sobre ti endechas,  y te dirán:   ¿Cómo pereciste tú,  poblada por gente de mar,  ciudad que era alabada,  que era fuerte en el mar,  ella y sus habitantes,  que infundían terror a todos los que la rodeaban? 18  Ahora se estremecerán las islas en el día de tu caída;  sí,  las islas que están en el mar se espantarán a causa de tu fin. 19  Porque así ha dicho Jehová el Señor: Yo te convertiré en ciudad asolada,  como las ciudades que no se habitan;  haré subir sobre ti el abismo,  y las muchas aguas te cubrirán. 20  Y te haré descender con los que descienden al sepulcro,  con los pueblos de otros siglos,  y te pondré en las profundidades de la tierra,  como los desiertos antiguos,  con los que descienden al sepulcro,  para que nunca más seas poblada;  y daré gloria en la tierra de los vivientes. 21  Te convertiré en espanto,  y dejarás de ser;  serás buscada,  y nunca más serás hallada,  dice Jehová el Señor.

Eze 28:1  Vino a mí palabra de Jehová,  diciendo: 2  Hijo de hombre,  di al príncipe de Tiro:  Así ha dicho Jehová el Señor:  Por cuanto se enalteció tu corazón,  y dijiste:  Yo soy un dios,  en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios),  y has puesto tu corazón como corazón de Dios; 3  he aquí que tú eres más sabio que Daniel;  no hay secreto que te sea oculto. 4  Con tu sabiduría y con tu prudencia has acumulado riquezas,  y has adquirido oro y plata en tus tesoros. 5  Con la grandeza de tu sabiduría en tus contrataciones has multiplicado tus riquezas;  y a causa de tus riquezas se ha enaltecido tu corazón. 6  Por tanto,  así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, 7  por tanto,  he aquí yo traigo sobre ti extranjeros,  los fuertes de las naciones,  que desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría,  y mancharán tu esplendor. 8  Al sepulcro te harán descender,  y morirás con la muerte de los que mueren en medio de los mares. 9   ¿Hablarás delante del que te mate,  diciendo: Yo soy Dios?  Tú,  hombre eres,  y no Dios,  en la mano de tu matador. 10  De muerte de incircuncisos morirás por mano de extranjeros;  porque yo he hablado,  dice Jehová el Señor. 11  Vino a mí palabra de Jehová,  diciendo: 12  Hijo de hombre,  levanta endechas sobre el rey de Tiro,  y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección,  lleno de sabiduría,  y acabado de hermosura. 13  En Edén,  en el huerto de Dios estuviste;  de toda piedra preciosa era tu vestidura;  de cornerina,  topacio,  jaspe,  crisólito,  berilo y ónice;  de zafiro,  carbunclo,  esmeralda y oro;  los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. 14  Tú,  querubín grande,  protector,  yo te puse en el santo monte de Dios,  allí estuviste;  en medio de las piedras de fuego te paseabas. 15  Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado,  hasta que se halló en ti maldad. 16  A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad,  y pecaste;  por lo que yo te eché del monte de Dios,  y te arrojé de entre las piedras del fuego,  oh querubín protector. 17  Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura,  corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor;  yo te arrojaré por tierra;  delante de los reyes te pondré para que miren en ti. 18  Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario;  yo,  pues,  saqué fuego de en medio de ti,  el cual te consumió,  y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. 19  Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti;  espanto serás,  y para siempre dejarás de ser. 20  Vino a mí palabra de Jehová,  diciendo: 21  Hijo de hombre,  pon tu rostro hacia Sidón,   y profetiza contra ella, 22  y dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti,  oh Sidón,  y en medio de ti seré glorificado;  y sabrán que yo soy Jehová,  cuando haga en ella juicios,  y en ella me santifique. 23  Enviaré a ella pestilencia y sangre en sus calles,  y caerán muertos en medio de ella,  con espada contra ella por todos lados;  y sabrán que yo soy Jehová. 24  Y nunca más será a la casa de Israel espina desgarradora,  ni aguijón que le dé dolor,  en medio de cuantos la rodean y la menosprecian;  y sabrán que yo soy Jehová. 25  Así ha dicho Jehová el Señor: Cuando recoja a la casa de Israel de los pueblos entre los cuales está esparcida,  entonces me santificaré en ellos ante los ojos de las naciones,  y habitarán en su tierra,  la cual di a mi siervo Jacob. 26  Y habitarán en ella seguros,  y edificarán casas,  y plantarán viñas,  y vivirán confiadamente,  cuando yo haga juicios en todos los que los despojan en sus alrededores;  y sabrán que yo soy Jehová su Dios.

Jl. 3.4-8 4  Y también,   ¿qué tengo yo con vosotras,  Tiro y Sidón,  y todo el territorio de Filistea?   ¿Queréis vengaros de mí?  Y si de mí os vengáis,  bien pronto haré yo recaer la paga sobre vuestra cabeza. 5  Porque habéis llevado mi plata y mi oro,  y mis cosas preciosas y hermosas metisteis en vuestros templos; 6  y vendisteis los hijos de Judá y los hijos de Jerusalén a los hijos de los griegos,  para alejarlos de su tierra. 7  He aquí yo los levantaré del lugar donde los vendisteis,  y volveré vuestra paga sobre vuestra cabeza; 8  y venderé vuestros hijos y vuestras hijas a los hijos de Judá,  y ellos los venderán a los sabeos,  nación lejana;  porque Jehová ha hablado.

Am. 1.9-10 9  Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Tiro,  y por el cuarto,  no revocaré su castigo;  porque entregaron a todo un pueblo cautivo a Edom,  y no se acordaron del pacto de hermanos. 10  Prenderé fuego en el muro de Tiro,  y consumirá sus palacios.

Zac. 9.2-4 2  También Hamat será comprendida en el territorio de éste;  Tiro y Sidón,  aunque sean muy sabias. 3  Bien que Tiro se edificó fortaleza,  y amontonó plata como polvo,  y oro como lodo de las calles, 4  he aquí,  el Señor la empobrecerá,  y herirá en el mar su poderío,  y ella será consumida de fuego.

Lucas 10.15 Is. 14.13-15 13  Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo;  en lo alto,  junto a las estrellas de Dios,  levantaré mi trono,  y en el monte del testimonio me sentaré,  a los lados del norte; 14  sobre las alturas de las nubes subiré,  y seré semejante al Altísimo. 15  Mas tú derribado eres hasta el Seol,  a los lados del abismo.

Lucas 10.16 Mt. 10.40; Mt. 9.37; Lc. 9.48; Jn. 13.20

Mt. 10.40 El que a vosotros recibe, a mi me recibe; y el que me recibe a mi, recibe al que me envió.

Mt. 9.37 El que reciba en mi nombre a un niño como este,  me recibe a mí;  y el que a mí me recibe,  no me recibe a mí sino al que me envió.

Lc. 9.48 y les dijo:  Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre,  a mí me recibe;  y cualquiera que me recibe a mí,  recibe al que me envió;  porque el que es más pequeño entre todos vosotros,  ése es el más grande.

Jn. 13.20 De cierto,  de cierto os digo:  El que recibe al que yo enviare,  me recibe a mí;  y el que me recibe a mí,  recibe al que me envió.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 10.1-7

Estos versículos refieren a un hecho que no se registra en los otros Evangelios. Este hecho es el nombramiento de los setenta discípulos que además de los doce apóstoles habían de ir delante Jesús. No sabemos los nombres de ninguno de estos discípulos. Nada se nos dice sobre su historia después que fueron enviados. Pero las instrucciones que se les dieron son sumamente interesantes, y merecen ser estudiadas detenidamente por todos los ministros y maestros del Evangelio.

El primer punto á que nuestro Señor llamó la atención de los setenta fue la importancia de la oración é intercesión. Esta es la idea cardinal con que nuestro Señor empieza su discurso. Antes de explicar á sus mensajeros el objeto y naturaleza de su misión, les ordena orar: "Bogad al Señor de la mies que envié obreros á su mies."

La oración es una de los mejores y más eficaces medios para promover el adelanto de la causa de Cristo. Y es un medio al alcance de todos los que tienen el "espíritu de adopción." No todos los fieles tienen dinero que dar para las misiones. Muy pocos tienen grandes dotes intelectuales, ó ejercen mucho influjo entro los hombres. Más todos los fieles pueden y deben orar por el buen éxito del Cristianismo. Muchas y sorprendentes son las bendiciones que se han obtenido por medio de la oración, y que la Biblia refiere para nuestra edificación. "La oración eficaz del justo vale mucho." Santiago 5:16.

El ministro del Evangelio para ser verdadero sucesor de los apóstoles, debe, consagrarse á la oración, tanto como á la predicación de la palabra. Actos 6:4. Debe hacer uso no solamente de "la espada del Espíritu," sino de la oración constante, "con todo ruego y súplica." Efes. 7:17, 18. Este es el medio de que pueden servirse para ser benditos en sus sagradas tareas. Este, sobretodo, es el medio de conseguir quienes cooperen en la causa de Cristo. Los colegios pueden educar á muchos; los obispos pueden ordenarlos; y sus bienhechores pueden darles la subsistencia. Pero solo Dios puede proveer obreros que quieran trabajar en bien de las almas. Oremos diariamente por más obreros de esta clase.

El segundo punto al cual nuestro Señor llama la atención de los setenta discípulos es la naturaleza peligrosa de la obra que iban á emprender. El no les oculta los peligros ni las tribulaciones que les esperaban. No los envía con engañosas promesas, ni les predice cosas halagüeñas, ni les anuncia un éxito brillante. Les dice claramente lo que debían esperar. "He aquí," dice, "Yo os envió como á corderos en medio de lobos."

Estas palabras, sin duda, se referían especialmente al transcurso de la vida de aquellos á quienes se dirigieron. Vérnoslas cumplidas en las muchas persecuciones descritas en los Actos de los Apóstoles. Pero no se nos oculta que esas palabras describen un estado de cosas que puede verse en nuestros días. Mientras exista la iglesia, los fieles deben esperar encontrarse como "corderos en medio de lobos;" tienen que resolverse á ser aborrecidos, y perseguidos, y maltratados por los que no tienen verdadera religión. Ni deben solicitar favor alguno de las gentes no convertidas, porque no lo obtendrán, Lutero solía decir con mucha fuerza y no poca razón que "Caín mataría á Abel, si pudiera, hasta el fin del mundo." "No os maravilléis, hermanos míos," dice Juan, "si el mundo os aborrece." "Todos los que quieren vivir píamente en Cristo padecerán persecución."   1 Juan 3:13; 2 Tim. 3:12.

El tercer punto que nuestro Señor recomienda á los setenta discípulos es, la consagración completa a la obra que iban a emprender. Habían de abstenerse hasta de la apariencia de la codicia, ó del amor al dinero, ó el lujo: " No llevéis bolsa, ni alforja, ni zapatos." Y habían de conducirse como hombres que no tenían tiempo que perder en vanos cumplimientos, ó en las cortesías de estilo: "Á  nadie saludéis en el camino."

Estas palabras tan notables deben interpretarse indudablemente con alguna limitación. Llegó el tiempo en que nuestro Señor mismo tuvo que decir á sus discípulos: "Mas ahora el que tiene bolsa tómela y también su alforja." Lucas 22:36. El apóstol Pablo no ocultaba que tenia la costumbre de saludar. El apóstol Pedro nos manda expresamente "ser corteses." 1 Pedro 3:8. Mas sin embargo, después de hacer todas las limitaciones, hay una importante lección en estas palabras de nuestro Señor, que no debe pasarse por alto. Los ministros y maestros del Evangelio deben guardarse de dejar que el mundo absorba todo su tiempo y toda su atención, y que les impida el progreso de su obra espiritual; el deseo del dinero, y la atención excesiva á lo que se llama "la etiqueta," son lazos tendidos en el camino de los obreros de Cristo y en los que pueden caer si no están alerta.

Consideremos estas cosas. Tienen interés especial para los ministros, pero conciernen más ó menos á todos los cristianos. Esforcémonos en hacer ver á los hombres del mundo, que no podemos perder tiempo en vivir á su modo. Hagámosles ver que juzgamos la vida demasiado valiosa para malgastarla en continuos festines, en visitas, y en cosas semejantes, como si no hubiese muerte, ó juicio, ó vida futura. Por de contado que hemos de ser corteses. Más no hagamos de la etiqueta un ídolo delante del cual todo deba prosternarse. Digamos abiertamente que nos estamos dirigiendo á un país situado más allá del sepulcro y que no tenemos tiempo para todas esas comidas, y bebidas, y todo ese trajín de trajes, y de civilidad, y de cumplimientos, en que tantos intentan en vano encontrar la felicidad. Digamos como Nehemías: "Yo hago una grande obra y no puedo venir." Neh. 6:3.

La cuarta recomendación que hizo nuestro Señor á los setenta es en cuanto al ánimo contento y apacible que debían manifestar. En donde quiera que se detuviesen cuando estuvieran viajando, habían de evitar el parecer volubles, veleidosos, ó difíciles de agradar en cuanto al alimento y posada. Habían de "comer y beber" de lo que les dieran. No habían de "ir de casa en casa."

Instrucciones como estas van, sin duda, dirigidas primaria y especialmente á los ministros del Evangelio. Ellos son los que, sobre todos los demás hombres, deben tener cuidado en su manera de vivir de evitar el ánimo mundano. La sencillez en el alimento y en el manejo doméstico, y la conformidad con cualquier cosa, siempre que pueda conservarse ilesa la salud, deben ser los distintivos del "hombre de Dios." Una vez que el predicador haya adquirido la reputación de gustar extraordinariamente de comer y beber, y de las comodidades mundanas, pierde en gran parte su influjo clerical. El sermón acerca de las "cosas invisibles " producirá poco efecto cuando la vida del que lo pronuncia recomienda las "cosas visibles."

Pero no debemos circunscribir estos preceptos de nuestro Señor a los ministros solamente. Ellos deben apelar á las conciencias de codos los fieles, y á todos los llamados por el Espíritu Santo, y que se hacen siervos de Dios. Deben recordarnos la necesidad de la sencillez, y del despego á la vanidad mundana en nuestra conducta diaria. Preciso es que nos guardemos de ocuparnos mucho acerca de nuestro alimento, y de nuestros muebles, y de nuestras casas, y da todas las cosas que contribuyen al bienestar del cuerpo. Preciso es que nos esforcemos en vivir como hombres que piensan preferentemente en el alma inmortal. Al pasar por el mundo debemos hacerlo como peregrinos que todavía no han llegado á su patria y no se cuidan de que clase de hospedaje se les dé por el camino. ¡Felices los que se consideran como peregrinos y extranjeros en esta vida, y cuyos mejores bienes son los venideros!

NOTAS.   LUCAS 10:1-7.

1. Otros setenta. Nada sabemos de la historia de estos discípulos posterior a su nombramiento. No se los menciona en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. La mayor parte de los comentadores hacen observaciones sobre la elección de setenta y asignan razones para ella. Grocio dice, que fueron escogidos según el número del Sanhedrin Judío, y así eran setenta y dos, seis de cada tribu de Israel. El número setenta era el de las almas de Israel, Gen. 46:27, y el de los ancianos nombrados por Moisés, Núm. 11:16, 25, y el de las palmeras en Elin.

4. Ni zapatos. Hallamos en S. Marcos 6: 9, que cuando los apóstoles estaban para partir, nuestro Señor les mandó que "se calzasen con sandalias." Debe, pues, tenerse presente que las sandalias y los zapatos de los judíos eran enteramente distintos. La sandalia cubría solamente la planta del pié, y se ataba al rededor de este y del tobillo con correas. El zapato al contrario era un calzado mas lujoso, y cubría todo el pié. En el pasaje citado, la prohibición se refiere solamente al uso de zapatos, y no al de las sandalias.

Y a nadie saludéis en el camino. Esta expresión ha dado lugar a muchas interpretaciones. Una cosa es evidente: nuestro Señor no tuvo ánimo de que Sus discípulos desatendiesen la cortesía de estilo. En el versículo que sigue prescribió el uso de un saludo cortés al entrar en cualquiera casa.

Muchos opinan que nuestro Señor se refirió á los largos saludos que prevalecen en los países orientales, y deseaba que sus discípulos no perdiesen el tiempo en ellos. Barnes dice: "Si dos Árabes de igual clase se encuentran, se dan la mano derecha, y habiéndosela estrechado, alzan ambas manos como para besarlas. En seguida cada uno retira la mano, y la besa en lugar de besar la da su amigo, y después la coloca sobre su frente. Entonces continúan el saludo, besándose mutuamente la barba; dan gracias á Dios por haberles permitido verse una vez más; y ruegan el uno por el otro al Todopoderoso. Algunas veces repiten hasta diez ocasiones esta ceremonia de asirse las manos y de besarse.

La explicación de Eutimio parece la más natural. Opina, que nuestro Señor quiso decir que los discípulos debían consagrarse de un todo á la obra que habían emprendido, y no perder la oportunidad de predicar, por atender á cosas que no eran de extrema necesidad.

7 El obrero digno es de su salario. Esta expresión es proverbial. Es muy notable por ser la única expresión de los Evangelios que se cita en las Epístolas. S. Pablo la usa escribiendo á Timoteo, en conexión con la expresión, la "Escritura dice." Tim. 5:18. Esto ha hecho á muchos inferir con mucha probabilidad, que el Evangelio de S. Lucas había sido concluido, y se le consideraba como parte de la Sagrada Escritura en la época que S. Pablo escribió á Timoteo

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 10.8-16

Estos versículos comprenden la segunda parte de los preceptos  dados por nuestro Señor Jesucristo á los setenta discípulos. Estos, lo mismo que los de la primera parte, tienen especial referencia á los ministros y á los maestros del Evangelio; pero contienen verdades que merecen seria atención de parte de todos los miembros de la iglesia de Cristo.

El primer punto que debemos notar es la sencillez de las nuevas que nuestro Señor mandó que proclamasen sus primeros mensajeros. Estas fueron: "Se ha allegado á vosotros el reino de Dios."

Necesario es considerar estas palabras como la sustancia de todo lo que los discípulos habían de decir. Difícilmente puede suponerse que no dijeran nada más que esta sola frase. Las palabras sin duda tenían mucha más significación para el judío que las oía en aquel entonces, del que producen al presente en nuestra mente. Al erudito israelita, sonarían como el anuncio de que la época del Mesías había llegado, que el Salvador prometido desde tan remotos tiempos, estaba para ser revelado; que el "Deseado de todas las naciones " iba á aparecer. Ag. 2:7. De esto no cabe duda. Tal anuncio hecho inesperadamente por setenta hombres que estaban convencidos indudablemente de la verdad de lo que decían y que viajaban por en medio de un país densamente poblado no dejaría de llamar la atención y de despertar la curiosidad, sin embargo de todo esto el anuncio es extraordinario y singularmente sencillo.

Es de dudarse si el modo moderno de enseñar el Cristianismo como regla general, suficientemente sencillo. Es un hecho innegable que los razonamientos profundos y los argumentos complicados no son, generalmente hablando, los medios de que Dios se ve para convertir las almas. Exposiciones sencillas hechas con valor y con dignidad, y de tal manera que los que las hacen sientan crean lo que dicen, parecen producir mayor efecto en el corazón y en la conciencia del oyente. Padres y maestros de la juventud, ministros y misioneros, lectores de la Escritura y visitadores de distrito, todos haríais bien en acordaros de esto. No debemos afanarnos, como lo hacemos á menudo por defender, probar, demostrar, y discutir las doctrinas del Evangelio. Tal vez ni uno en cada ciento ha sido convertido de este modo. Lo que necesitamos son  declaraciones más sencillas, claras, solemnes y fervorosas, de las verdades sencillas del Evangelio.  Tales declaraciones, sin duda, aducirán fruto á su tiempo. Son saetas dirigidas por Dios que penetran con frecuencia en corazones que no hubieran sido conmovidos por el sermón más elocuente.

El segundo punto que debemos observar en estos versículos es la gran perversidad de los que desechan los ofrecimientos hechos en el Evangelio. Nuestro Señor afirmó "que para Sodoma había más remisión el día del juicio,"que para los que no reciben la predicación de sus discípulos. Y prosiguió diciendo, que el pecado de Corazin y de Betsaida, ciudades de Galilea, donde había predicado y hecho milagros, pero donde las gentes á pesar de esto no se habían arrepentido, era mayor que el pecado de Tiro y Sidón.

Aseveraciones como estas son solemnes. Ellas ponen en claro algunas verdades, que el hombre está muy pronto á olvidar. Ellas nos enseñan que todos serán juzgados según la luz espiritual de que hayan gozado, y que de aquellos que han poseído más prerrogativas religiosas, más será exigido. Muéstranos también cuan grande es la obstinación é incredulidad del corazón humano: fue posible que algunos oyeran á Cristo predicar, y presenciasen sus milagros, y sin embargo no se convirtiesen. Nos enseñan también que el hombre es responsable por el estado de su alma. Los quo rechazan el Evangelio, y permanecen impenitentes é incrédulos, no son simplemente objetos de piedad y compasión, sino también, con sumo grado, reos y culpables á los ojos de Dios. Dios los llamó, pero ellos no respondieron. Dios les habló, pero ellos no quisieron hacer caso. La condenación del infiel será estrictamente justa Su sangre caerá sobre su cabeza. El Juez Universal obrará con justicia.

Meditemos estas verdades y guardémonos de la incredulidad. No solo el pecado descubierto y la maldad notoria pierden las almas. Si solo permanecemos quietos sin hacer nada, cuando se nos urge con ahínco para que aceptemos el Evangelio, nos hallaremos un día en el abismo. No es necesario precipitarnos en los excesos de la licencia. No es necesario que nos opongamos á la verdadera religión. Basta solamente que permanezcamos fríos, descuidados, indiferentes, inmobles, é impasibles, para que seamos arrojados al infierno. Esto fue lo que causó la ruina de Corazin y de Betsaida. Y esto puede también causar la ruina de millares mientras el mundo exista. Ningún pecado hace menos ruido, pero ninguno pierde el alma con tanta certeza como la incredulidad.

Lo último que debemos percibir en estos versículos es él honor que el Señor confiere a sus fieles ministros. Se nota esto en las palabras con que concluyó los preceptos dirigidos á los setenta discípulos. Les dijo: "El que á vosotros oye, á mí oye, y el que á vosotros desecha á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió."

El lenguaje que aquí usa nuestro Señor es muy notable, y lo es más si tenemos presente que fue dirigido á los setenta discípulos, y no á los doce apóstoles. La enseñanza que con tales palabras se propuso inculcar es clara é inequívoca. Los ministros han de ser considerados como mensajeros y embajadores enviados por Cristo á un mundo corrompido. En tanto que ellos cumplan fielmente con sus deberes, son acreedores al honor y respeto de los fieles por amor á su Maestro. Los que los desechan, desechan mayormente por ese acto á su Maestro. Los que no aceptan la salvación que proclaman, ofenden, más que á ellos, á su Rey. Cuando el rey de Ammon, agravió á los embajadores de David, se recibió el insulto como si hubiera sido irrogado al mismo David.  2 Sam.11:19.

Acordémonos de estas cosas para que podemos formar una idea justa de la posición del ministro del Evangelio. En esta materia se cometen muchos errores. Unos respetan al ministro con reverencia que raya en idolatría y superstición. Otros le miran con torpe desprecio. Ambos extremos deben evitarse. Ellos previenen de qué se olvida la enseñanza sencilla de la Escritura. E ministro que no cumple fielmente con sus deberes ó no predica exactitud el Evangelio de Cristo, no tiene derecho á esperar que el pueblo lo respete. Pero las palabras del que declara los designios de Dios, y no calla nada que sea provechoso, no pueden menospreciarse sin gran pecado. Ese ministro está llenando la misión que le encomendó su Rey. Es un heraldo. Es un embajador, lleva en la mano la bandera blanca y trae proposiciones de paz. A tal ministro son estrictamente aplicables las palabras de nuestro Señor. Puede que sea hollado del rico, odiado del malo, injuriado del que ama los placeres, atacado del codicioso; mas puede consolarse diariamente con las palabras de su Maestro: "El que á vosotros desecha á mí desecha." El día del juicio se probará que no en vano se pronunciaron estas palabras.

NOTAS.    LUCAS 10:8-16.

12. Tendrá más remisión. Nótese en este versículo que hay grados de culpa y castigo en el infierno, como hay grados de gracia y gloria en el cielo.

Nótese también, que nuestro Señor habla de Sodoma como de una ciudad real, que existió en tiempos antiguos; y de la historia de la perversidad de sus habitantes, como de una historia real y verdadera. No hay fundamento en este pasaje para la teoría de que las partes históricas del Antiguo Testamento son solo ficciones alegóricas, designadas para enseñar una doctrina moral, ó para trasmitir una lección espiritual.

Nótese además, que tanto en este versículo como en los tres siguientes, se implica evidentemente la gran verdad de que el hombre es responsable por su creencia, y que no creer el Evangelio es un pecado que lleva al infierno de una manera tan inevitable como la violación de los diez mandamientos. No hay duda, que ninguno puede venir á Cristo si no lo trae el Padre. Pero también no es menos cierto que Dios considera al hombre como un ser responsable, y que el no venir á Cristo será parte de su culpabilidad y contribuirá á su condenación el último día.

13. Corazín-Betsaida. Obsérvese que estas poblaciones se hallaban el distrito en que nuestro Señor obró Sus milagros más notables; y donde se supone que vivieron á lo menos cinco de los apóstoles, Pedro, Andrés, Felipe, Santiago y Juan.

Tiro y Sidón. Estas dos ciudades eran puertos comerciales de consideración, y célebres por sus riquezas, lujo é idolatría. Ezequiel profetizó contra ellas Ezeq. 38. Están ahora en ruinas.

15. Hasta los infiernos serás abajada. Es digno de observar, que Capernaúm, la ciudad á la cual se refiere esta expresión, ha desaparecido tan completamente que el sitio en que estaba situada es materia de disputa.

"Cielo" é "infierno" se usan en este lugar en un sentido alegórico para significar la elevación suprema y la degradación más ínfima. Véase Isa. 14:13.

16. El que á vosotros oye á mí oye. No hay probablemente en el Nuevo Testamento ningunas palabras más fuertes que estas relativamente á la dignidad del ministro fiel, y á la culpa en que incurren los que rehúsan escuchar su predicación. Debemos tener presente que estas palabras no fueron dirigidas á los doce apóstoles, sino á los setenta discípulos.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Regreso de los setenta

Lucas 10.17-20

17  Volvieron los setenta con gozo,  diciendo: Señor,  aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.

18  Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.

19  He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, (Sal. 91.13) y sobre toda fuerza del enemigo,  y nada os dañará.

20  Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan,  sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Lucas 10.19 Sal. 91.13 Sobre el león y el áspid pisarás;  Hollarás al cachorro del león y al dragón.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 10.17-20

Este pasaje enseña cuan dispuestos están los hombres á envanecerse con el éxito. Escrito está, que los setenta volvieron de su misión con gozo, diciendo: "Señor, aun los demonios se nos sujetan por tu nombre." Había mucho de vanidad en ese gozo. Había evidentemente mucho de jactancia en esa relación de hazañas. Todo el tenor del pasaje nos lo da á entender. La expresión notable quo usó nuestro Señor tocante á la caída de Satanás del cielo, fue dicha probablemente con el fin de que sirviese de cautela. El penetró el corazón de los soldados jóvenes y faltos de experiencia que tenia delante; El vio cuánto se gloriaban de la primera victoria; reprimió su presunción indebida, y los previno contra el orgullo.

Esta es una lección que deben examinar y tener presente todos los que trabajen en la causa de Cristo. Todos los que trabajan fielmente en el campo del Evangelio desean buen éxito. El ministro en el interior y el misionero en el exterior, el visitador de distrito y el misionero de la ciudad, el repartidor de tratados y el maestro de escuela dominical, todos anhelan igualmente tener buen suceso. Todos desean ver el poder de Satanás echado por tierra y las almas se conviertan á Dios. Y de esto no hay que sorprenderse. El desearlo es bueno y justo. Sin embargo, es preciso no olvidar jamás, que el momento del triunfo es el del peligro para el alma del cristiano. Los mismos que se humillan cuando todo te apariencia de serles contrario, muchas veces se envanecen excesivamente en el día de la prosperidad. Pocos son como Sansón, que pueden matar un león sin contarlo á nadie. Jueces 14:6. Con razón, pues, S. Pablo dice del obispo, que no debe ser "neófito, porque hinchándose de orgullo caiga en la condenación del diablo." 1 Tim. 3:6. La mayor parte de los obreros de Cristo obtienen probablemente el éxito que les es provechoso. Oremos mucho para que tengamos humildad, y especialmente en Nuestros días de paz y de prosperidad. Cuando todo lo que nos rodea sea parece prosperar, y todos nuestros planes salen bien-cuando las tribulaciones y enfermedades de la familia no nos afligen, y nuestros negocios presentan un aspecto halagüeño-cuando nuestros sufrimientos diarios son ligeros, y todo el horizonte se presenta sin nubes, entonces, ¡entonces es cuando nuestras almas están en peligro! Entonces es cuando es necesario que examinemos con más cuidado nuestros propios corazones. Entonces es cuando el demonio introduce en nuestros pechos semillas de mal que nos asombrarán algún día con la lozanía de las plantas que produzcan. Hay pocos cristianos que puedan llevar una copa rebosada con mano firme. Hay pocos que hagan progresos espirituales en los días que gozan de prosperidad no interrumpida. Estamos inclinados á creer que nuestra propia sabiduría ha alcanzado la victoria. Lo que este pasaje enseña no debe olvidarse jamás. En medio de nuestros triunfos exclamemos fervorosamente: "Señor, revístenos de humildad."

También nos enseñan estos versículos que él don y la virtud de hacer milagros son muy inferiores á la gracia. Escrito está que nuestro Señor dijo á los setenta discípulos: " Empero no os regocijéis de esto, de que los espíritus se os sujeten, mas antes regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos." Fue sin duda un honor y un privilegio el poder lanzar demonios. Los discípulos tenían razón de estar agradecidos. Pero era privilegio mucho más alto haber, sido convertidos y perdonados, y tener sus nombres escritos en el registro de las almas regeneradas.

La diferencia que este pasaje indica entre la gracia y otros dones es de suma importancia, aunque á menudo y dolorosamente se la pierde de vista en nuestros días. Dones como el vigor intelectual, vasta memoria, elocuencia admirable, habilidad en argumentar y fuerza de raciocinio, son frecuentemente cualidades demasiadamente apreciadas por los que las poseen, y demasiadamente admiradas por los que no las poseen. Esto no debería ser así. Loa hombres no tienen presente que dones sin la gracia divina no salvan ningún alma, y que Satanás también los posee. La gracia, al contrario, es un patrimonio perdurable, y por humilde y despreciable que sea el que la posee, entrará felizmente en la gloria. El que posee dones sin gracia está muerto en el pecado, por brillantes que esos dones sean. Pero el que tiene gracia sin dones vive para Dios, no obstante lo indocto é ignorante que parezca á los hombres. "Mejor es perro vivo que león muerto." Ecles. 9:4.

Que la religión que nos propongamos adoptar sea una religión que tenga la gracia por cualidad principal. No nos contentemos con tener capacidad para hablar con elocuencia, ó para predicar eficazmente, ó razonar con habilidad, ó argüir con destreza, ó expresar nuestros sentimientos con facilidad y elegancia. No nos satisfagamos con comprender todo el sistema de la doctrina cristiana, y con poder repetir textos y máximas sagradas. Todas estas cosas son convenientes dentro de sus límites. No deben menospreciarse, pues tienen su utilidad, mas no son la gracia de Dios; y no nos librarán del infierno. No estemos tranquilos hasta que sintamos en nuestra aliña el testimonio del Espíritu, que "hemos sido lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios." 1 Cor. 6:11. Procuremos saber si "nuestros nombres han sido escritos en los cielos," y si estamos realmente unidos á Cristo, y si Cristo mora en nosotros. Esforcémonos en ser "epístolas de Cristo, conocidas y leídas de todos los hombres," y en demostrar con nuestra mansedumbre, caridad, fe y acuñación espiritual, que somos hijos de Dios. Esta es la verdadera religión. Estas son las señales verdaderas del Cristianismo que salva.

Sin estas señales uno puede tener exuberancia de dones, y no ser otra cosa que un remedo de Judas Iscariote, el apóstol pérfido, é ir al fin al infierno. Con tales señales, uno puede ser como Lázaro, pobre y despreciado en la tierra, y no tener absolutamente dones algunos; pero su nombre está escrito en los cielos, y Cristo lo reconocerá el día del juicio como perteneciente á su pueblo.

NOTAS.    LUCAS 10:17-20.

17. Volvieron los setenta. No sabemos cuanto tiempo duró la misión de los setenta. Puede conjeturarse que fue de corta duración.

18. Yo veía á Satanás, como un rayo que caía. Los comentadores dan dos sentidos distintos á estas palabras notables.

Algunas opinan que nuestro Señor habló del efecto producido en el reino de Satanás por la predicación de los setenta discípulos: "Yo estaba viendo en espíritu, ó en mi mente, como decaía el poder de Satanás, y perdía rápidamente su dominio sobre los hombres á consecuencia de vuestra predicación." Esta es la opinión de muchos comentadores modernos, mas no parece satisfactoria. El lenguaje fuerte que usa nuestro Señor no se explica bien con tal interpretación.

Otros opinan que nuestro Señor se refirió á lo que había presenciado cuando Satanás y sus ángeles cayeron del cielo, y fueron arrojados al infierno, porque no se mantuvieron en su prístino estado. "Hubo un tiempo en que vi á Satanás que era grande y poderoso caer súbitamente de su elevada posición y convertirse en un espíritu malo." Esta última interpretación es la que nos parece más satisfactoria de las dos, y á la que se adhieren Cipriano, Ambrosio, Crisóstomo, Jerónimo, Gregorio, Beda, Teofilacto, Bernardo, Erasmo, Doddridge, Gilí y Alford.

La aplicación de las palabras de nuestro Señor bajo este supuesto se explica de distintos modos.

Teofilncto, Heinsius y Gilí consideran que lo que quiso nuestro Señor decir fue: "No os admiréis que los demonios se os sometan, porque yo estaba viendo caer á su príncipe, y no es de extrañar que sus siervos caigan ahora delante de vosotros."

Cipriano, Jerónimo, Gregorio, Beda, Erasmo y Pellican consideran, que la intención de nuestro Señor fue prevenir á sus discípulos contra la vanagloria. "No os gloriéis de que los demonios se os sometan. Acordaos que Satanás cayó por el orgullo según Yo mismo lo vi."

Creemos que esta última interpretación es la verdadera, y que está corroborada con la advertencia que S. Pablo hizo á Timoteo, cuando le mandó no hacer obispo á un recién-convertido, por temor " de que hinchado de orgullo, caiga en la condenación del diablo." 1 Tim. 3:6.

19 Potestad de hoyar sobre las serpientes, etc.   Puede dudarse si estas palabras  han de interpretarse figurativa ó literalmente. En favor del sentido literal puede aducirse la promesa de nuestro Señor en Marcos 16:18, y el hecho de que una víbora le mordió la mano á S. Pablo y no le hizo daño alguno.  Hech. 28: 5.   En favor del sentido figurado puede aducirse el hecho de que a Satanás se le llama la "antigua serpiente," que sus agentes participan de su naturaleza, y que hay una promesa en el Génesis 3:15, que dice que "la simiente de la mujer herirá la cabeza de la serpiente."    Véase también el Salmo 41:14.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús se regocija

Lucas 10.21-24

21  En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu,  y dijo: Yo te alabo,  oh Padre,  Señor del cielo y de la tierra,  porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos,  y las has revelado a los niños.  Sí,  Padre,  porque así te agradó.

22  Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; (Jn. 3.35) y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre;  ni quién es el Padre,  sino el Hijo, (Jn. 10.15)  y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

23  Y volviéndose a los discípulos,  les dijo aparte:  Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis;

24  porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis,  y no lo vieron;  y oír lo que oís,  y no lo oyeron.

Jesús se regocija

Lucas 10.21-24 Mt. 11.25-27 25  En aquel tiempo,  respondiendo Jesús,  dijo: Te alabo,  Padre,  Señor del cielo y de la tierra,  porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos,  y las revelaste a los niños. 26  Sí,  Padre,  porque así te agradó. 27  Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre;  y nadie conoce al Hijo,  sino el Padre,  ni al Padre conoce alguno,  sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.; 13.16-17 16  Pero bienaventurados vuestros ojos,  porque ven;  y vuestros oídos,  porque oyen.17  Porque de cierto os digo,  que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis,  y no lo vieron;  y oír lo que oís,  y no lo oyeron.

Lucas 10.22 Jn. 3.35  El Padre ama al Hijo,  y todas las cosas ha entregado en su mano

Lucas 10.22 Jn. 10.15 así como el Padre me conoce,  y yo conozco al Padre;  y pongo mi vida por las ovejas

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 10.21-24

Hay en estos versículos cinco puntos interesantes que son dignos de la atención de todos los cristianos que deseen instruirse bien en su religión. Examinemos por orden cada uno de ellos.

Debemos notar, en primer lugar, la única ocasión que se menciona en que se alegrara nuestro Señor Jesucristo, "En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu." Tres veces se nos dice en los Evangelios que llorara nuestro Señor: una sola vez que se alegrara.

Y ¿cuál fue la causa del gozo de nuestro Señor? Fue la conversión de las almas. Fue la acogida del Evangelio por los débiles y humildes entre los judíos, cuando "los sabios y prudentes" lo rechazaban por do quiera. Nuestro bendito Salvador vio, sin duda, mucho en el mundo que lo entristecía. Vio la ceguedad é incredulidad obstinada de la inmensa mayoría de aquellos entre quienes predicaba. Mas cuando vio á unos pocos hombres y á unas pocas mujeres pobres acoger las alegres nuevas de la salvación, se consoló algún tanto su corazón. Vio y se alegró.

Que noten todos los cristianos la conducta de nuestro Señor en esta materia y sigan su ejemplo. Ellos hallan poco en el mundo que los alegre. Ven á su derredor una inmensa muchedumbre que va por el camino espacioso que conduce á la destrucción, descuidada, obstinada é incrédula. Ven unos pocos aquí y allá, y solamente unos pocos, que creen con la fe que salva. Pero que se regocijen en esto. Que den gracias á Dios que algunos han sido convertidos, y que algunos creen. Nosotros no nos formamos una idea  de la perversidad del hombre. No reflexionamos que la conciencia de un alma es un milagro-milagro tan pasmoso como la resurrección de Lázaro de entre los muertos. Aprendamos del ejemplo de nuestro bendito Señor á ser más agradecidos.   No todo horizonte está cubierto de nubarrones, hay partes despejadas que nosotros podemos ver.  Aunque solo se salven unos pocos, tenemos motivo para alegrarnos. Es solo por medio de la gracia gratuita, y la misericordia inmerecida que esos pocos se salvan. Debemos notar, en segundo lugar, la soberanía de Dios manifestada en la salvación de los pecadores. Nuestro Señor dice á Su Padre: escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños." El sentido de estas palabras es claro y sencillo: hay algunos para quienes la salvación está " escondida; otros á quienes ha sido "revelada."

La verdad establecida en este versículo es profunda y misteriosa. "Es más alta que los cielos, ¿qué haremos? Es más profunda que el infierno, ¿cómo la conoceremos?" Por qué algunos los que nos rodean se convierten y otros permanecen muertos pecados, es cosa que no podemos explicar. Por qué Inglaterra es un país cristiano y la China se halla sumergida en la idolatría, es un problema que no podemos resolver. Lo único quo sabemos es el hecho tal como existe. Y correspóndenos solo reconocer que las palabras de nuestro Señor Jesucristo presentan la única respuesta que la criatura debe dar: " Así Padre, porque así te agradó."

Sin embargo, no olvidemos jamás que la soberanía de Dios no destruye la responsabilidad del hombre. El mismo Dios que hace todas las cosas según la deliberación de su voluntad, nos habla como á criaturas responsables; como á seres cuya sangre caerá sobre sus cabezas si se condenan. No podemos comprender bien su modo de obrar. Solo vemos en parte y comprendemos en parte.

Tranquilicémonos con la convicción de que el día del juicio lo pondrá en claro, y que el Juez Universal no dejará de hacer justicia. Entre tanto, recordemos que los ofrecimientos de Dios tocante á la salvación, son gratuitos, amplios, claros, é ilimitados, y que "en nuestras acciones ha de obedecerse aquella voluntad Dios que tenemos declarada expresamente en las Sagradas Escrituras." (Artículo 17 de la Iglesia de Inglaterra)Si la verdad ha sido ocultada á unos y revelada á otros, estemos seguros de que hay razón para ello.

Debemos notar, en tercer lugar, el carácter de aquellos á los que se oculta la verdad, y él de aquellos á quienes se revela. Nuestro Señor  dijo: "Tú escondiste estas cosas á los sabios y entendidos y las has revelado á los pequeños."

Es menester que no deduzcamos de estas palabras una doctrina errada. No vayamos á inferir que algunas personas en la tierra son naturalmente más merecedoras que otras de la gracia y salvación de Dios. Todas son igualmente pecadoras, y no merecen otra cosa que ira y condenación. Las palabras en cuestión son simplemente la enunciación de un hecho. La sabiduría de este mundo frecuentemente torna orgullosos á los hombres y aumenta su natural enemistad al Evangelio de Cristo. El que no se gloría de su saber, ó tiene decantada moral en que apoyarse, halla regularmente muy pocas dificultades que vencer para venir al conocimiento de la verdad. Los publícanos y pecadores son muchas veces los primeros que entran en el reino de Dios, en tanto que los Escribas v Fariseos se quedan afuera.

Guardémonos de creernos rectos del prescindiendo del auxilio divino. Nada nos ofusca tanto la vista espiritual para percibir la belleza del Evangelio como la idea presuntuosa é ilusoria, que no somos tan ignorantes ni tan malos como otros, y que hemos adquirido un carácter intachable. Feliz el que ha aprendido á reputarse como, "cuitado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo." Rev. 3:17. Conocer que somos malos, es el primer paso para volvernos realmente buenos. Reconocer que somos ignorantes es el principio de toda la sabiduría que salva. Debemos notar, en cuarto lugar, la majestad y dignidad de nuestro Señor Jesucristo. Se nos refiere que dijo: "Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie sabe quien sea el Hijo, sino el Padre; ni quien sea el Padre sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo le quisiere revelar."

Estas son las palabras de uno que era "verdadero Dios de verdadero Dios," y no mero hombre. No se nos dice de ningún patriarca, profeta, ó apóstol, ó santo, de siglo alguno, que hubiera usado palabras semejantes á estas. Descubren á nuestros ojos asombrados algo de la majestad de la naturaleza y persona de Señor. Dánoslo á conocer como Jefe sobre todas las cosas Rey de reyes: "Todas las cosas me son entregadas de mi Padre. Dánoslo á conocer como distinto del Padre, y no obstante enteramente uno con Él y conociéndolo de una manera que  "Nadie sabe quien sea el Hijo, sino el Padre; ni quien es el Padre sino el Hijo." Dánoslo también á conocer como al Poderoso Ser que ha revelado el Padre á los hijos de los hombres, como al Dios que perdona la iniquidad y ama á los pecadores por amor á su Hijo: " Nadie conoce quien sea el Padre sino el Hijo, y, á quien el Hijo le quisiere revelar."

Encomendemos sin temor nuestras almas á nuestro Señor Jesucristo. Él es "poderoso para salvar." Aunque nuestros pecados muchos y muy graves, Cristo puede llevarlos todos. Difícil es la obra de la salvación, Cristo puede efectuarla. Si Cristo no fuera Dios así como también hombre, podríamos ciertamente desesperar. Pero con tal Salvador podemos empezar nuestra vida cristiana sin temor, y continuar llenos de esperanza, y aguardar la muerte y el juicio sin temor. "Nuestro socorro está puesto sobre valiente." Salmo 89:19. Cristo el Señor de todo, el Dios bendito por siempre, no faltará á ninguno que en Él confíe.

Observemos, finalmente, cuales son los privilegios de que gozan los que oyen el Evangelio de Cristo. Nuestro Señor dijo á Sus discípulos: "Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron." Probablemente no será sino hasta el día del juicio que los cristianos comprenderán toda la significación de estas palabras. Acaso no tenemos sino una idea muy vaga de las inmensas ventajas gozadas por los creyentes que han vivido desde que Cristo vino al mundo, comparadas con las de los creyentes que murieron antes de que Cristo naciera. La distancia que media entre el conocimiento de un justo del Antiguo Testamento y un creyente del tiempo de los apóstoles es mucho mayor de lo que creemos. Es la diferencia que existe entre el crepúsculo y el mediodía, entre el invierno y el verano, entre el entendimiento de un niño y el de un hombre de edad madura. No hay duda que los santos del Antiguo Testamento esperaban con fe la venida de un Salvador, y creían en la resurrección y en la vida futura. Pero la venida y muerte de Cristo hizo inteligibles infinitos pasajes de la Escritura que antes eran ininteligibles, y aclaró puntos dudosos que nunca habían sido explicados. En resumen, " todavía no estaba patente el camino para el lugar Santísimo, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese aún en pié." Heb. 9:8. El cristiano más humilde comprende cosas que David é Isaías nunca pudieron explicar.

Terminemos este pasaje con un sentimiento profundo de nuestro reconocimiento á Dios, y de nuestra gran responsabilidad por habérsenos concedido la luz del Evangelio. Tratemos de hacer buen uso de nuestros privilegios. Poseyendo como poseemos un Evangelio completo, cuidemos de no mirarlo con indiferencia. Las siguientes palabras son muy importantes: "Á cualquiera que fuere dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él." Lucas 12:48.

NOTAS.    LUCAS 10:21-24.

21. Sabios y entendidos. Estos eran los Escribas y Fariseos, y los Sacerdotes y Ancianos de los Judíos que eran "sabios á sus ojos, y entendidos en su propia opinión," y rehusaron recibir el Evangelio de Cristo.

Pequeños, Estos eran los pescadores, los publícanos, y otros Judíos indoctos, que se hicieron discípulos de nuestro Señor, y Le siguieron, cuando la mayoría de la nación rehusó creer.

22. Todas las cosas me son entregadas, etc. Nótense las siguientes palabras de Whitby sobre este versículo: "Todas las cosas, esto es toda autoridad, tanto en el cielo como en la tierra, Mat. 28:18, para juzgar, Juan 5:27, y autoridad sobre toda carne, para dar la vida eterna, Juan 18:2. Ahora bien, esto incluye la autoridad para resucitar los muertos, y sentenciarlos según sus obras y pensamientos secretos; y por tanto una autoridad y sabiduría que son claramente divinas."

Reyes. Se refiere seguramente á reyes tales como David, Salomón, Ezequias, Josafat y Josías.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El buen samaritano

Lucas 10.25-37

25  Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo,  para probarle: (Mt. 22.35-40; Mr. 12.28-34) Maestro,  ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?

26  El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley?  ¿Cómo lees?

27  Aquél,  respondiendo,  dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con todas tus fuerzas,  y con toda tu mente; (Dt. 6.5) y a tu prójimo como a ti mismo. (Lv. 19.18)

28  Y le dijo: Bien has respondido;  haz esto,  y vivirás. (Lv. 18.5)

29  Pero él,  queriendo justificarse a sí mismo,  dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

30  Respondiendo Jesús,  dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó,  y cayó en manos de ladrones,  los cuales le despojaron;  e hiriéndole,  se fueron,  dejándole medio muerto.

31  Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino,  y viéndole,  pasó de largo.

32  Asimismo un levita,  llegando cerca de aquel lugar,  y viéndole,  pasó de largo.

33  Pero un samaritano,  que iba de camino,  vino cerca de él,  y viéndole,  fue movido a misericordia;

34  y acercándose,  vendó sus heridas,  echándoles aceite y vino;  y poniéndole en su cabalgadura,  lo llevó al mesón,  y cuidó de él.

35  Otro día al partir,  sacó dos denarios,  y los dio al mesonero,  y le dijo: Cuídamele;  y todo lo que gastes de más,  yo te lo pagaré cuando regrese.

36  ¿Quién,  pues,  de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

37  El dijo: El que usó de misericordia con él.  Entonces Jesús le dijo: Ve,  y haz tú lo mismo.

Lucas 10.25-28 Mt. 22.35-40; Mr. 12.28-34

Mt. 22.35-40. 35  Y uno de ellos,  intérprete de la ley,  preguntó por tentarle,  diciendo: 36  Maestro,  ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37  Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con toda tu mente. 38  Este es el primero y grande mandamiento. 39  Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40  De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Mr. 12.28-34 28  Acercándose uno de los escribas,  que los había oído disputar,  y sabía que les había respondido bien,  le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29  Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye,  Israel;  el Señor nuestro Dios,  el Señor uno es. 30  Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.  Este es el principal mandamiento. 31  Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  No hay otro mandamiento mayor que éstos. 32  Entonces el escriba le dijo:  Bien,  Maestro,  verdad has dicho,  que uno es Dios,  y no hay otro fuera de él; 33  y el amarle con todo el corazón,  con todo el entendimiento,  con toda el alma,  y con todas las fuerzas,  y amar al prójimo como a uno mismo,  es más que todos los holocaustos y sacrificios. 34  Jesús entonces,  viendo que había respondido sabiamente,  le dijo: No estás lejos del reino de Dios.  Y ya ninguno osaba preguntarle.

Lucas 10.27 Dt. 6.5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón,  y de toda tu alma,  y con todas tus fuerzas.

Lucas 10.27 Lv. 19.18 No te vengarás,  ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo,  sino amarás a tu prójimo como a ti mismo.  Yo Jehová.

Lucas 10.28 Lv. 18.5 Por tanto,  guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas,  los cuales haciendo el hombre,  vivirá en ellos.  Yo Jehová.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 10.25-28

En este pasaje debemos considerar con detención la solemne pregunta que se le hizo á nuestro Señor Jesucristo. Cierto doctor le preguntó: "¿Haciendo qué poseeré la vida eterna?" El móvil de este hombre fue evidentemente innoble. Hizo esta pregunta solo para "tentar " á nuestra Señor, é incitarle á que dijese algo de que sus enemigos pudieran asirse para acusarlo. Empero la cuestión que propuso fue sin duda de importancia suprema. Con preferencia á cualquiera otra, merece la atención de toda de criatura racional. Todos somos pecadores-pecadores mortales, y pecadores que hemos de ser juzgados después de la muerte. "¿Cómo serán perdonados nuestros pecados? ¿Cómo compareceremos ante Dios? ¿Cómo escaparemos de la condenación eterna? ¿Adonde huiremos de la ira que ha de venir? ¿Qué debemos hacer para salvarnos?" Preguntas son estas que personas de todos los rangos deben hacerse sin sentirse tranquilas hasta que hayan encontrado una respuesta favorable. Más, por desgracia, pocos se cuidan de considerar tales preguntas. Hay millares que están indagando constantemente: "¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? ¿Cómo ganaremos dinero? ¿Cómo podremos vivir felices? ¿Cómo podremos prosperar en el mundo?" Pocos, muy pocos son los que dedican algunos momentos para pensar en la salvación de sus almas. Tal asunto los disgusta, los incomoda y por tanto lo echan á un lado. Justas y verdaderas son aquellas palabras de nuestro Señor: "Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y los que van por él son muchos." Mateo 7:13.

No vacilemos en hacernos la pregunta que dirigió á nuestro Señor el doctor de la ley. Antes bien, examinémosla con madurez y meditémosla hasta que se convierta en el objeto principal de nuestro pensamiento. No descansemos hasta que el Espíritu Santo no nos manifieste que estamos verdaderamente arrepentidos de nuestros pecados, que tenemos fe viva en la misericordia de Dios por mediación de Cristo, y que realmente estamos caminando en la senda de Dios. Así seremos herederos de la vida eterna. Así entraremos en el reino preparado para los hijos de Dios.

Observemos en segundo lugar en este pasaje el alto aprecio que nuestro Señor Jesucristo hace de la Biblia. El recomendó al doctor que consultase las Escrituras como única regla de fe y práctica. No le dijo en contestación á su pregunta: "¿Qué dice la iglesia judaica tocante á la vida eterna? ¿Qué creen los Escribas, y los Fariseos, y los sacerdotes? ¿Qué enseñan sobre esa materia las tradiciones de los ancianos?" Se valió de un medio mucho más sencillo, y más directo. El dijo al doctor de la ley: "¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?"

Que el principio contenido en estas palabras sea uno de los artículos fundamentales de nuestra religión. Que la Biblia, toda la Biblia, y únicamente la Biblia sea la regla de nuestra fe y práctica. Adoptando este principio entraremos en un camino seguro. Puede ser que á veces nos parezca estrecho, que nuestra fe tenga que pasar por duras pruebas, mas Dios no nos dejará incurrir en errores graves. Si abandonamos dicho principio es como si penetráramos en un desierto sin sendas. No podemos responder de lo que haremos ó creeremos. Echemos aquí el ancla. Tengamos esto siempre presente. He aquí el puerto seguro. No importa nada quien sea el que diga algo en materia de religión, un padre de la iglesia, un obispo moderno, ó un teólogo erudito. ¿Se encuentra eso en la Biblia? ¿Puede probarse con la Biblia? Si no, no hay que creerlo. Nada importa cuan bello y lúcido parezca tal ó cual sermón ó tal ó cual libro religioso. ¿Es en manera alguna contraríe á la Escritura? Si lo es, debe desecharse con desprecio. ¿Qué dice la Escritura? Esta es la única regla y medida de la verdad religiosa. "A la ley, y al testimonio," dice Isaías; "si no dijeren conforme á esto, es porque no les ha amanecido." Isaías 8:20.

En conclusión, debemos notar en este pasaje cuan claro era el conocimiento del deber hacia Dios y el hombre, que poseían los judíos en los dios de nuestro Señor.   El doctor de la ley en contestación á la pregunta de nuestro Señor, dijo: "Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento, y á tu prójimo como á ti mismo." Y bien dicho fue esto. Una descripción más clara del deber práctico cotidiano no podría hacerse en nuestros días por el cristiano más instruido.

Las palabras del doctor de la ley son muy instructivas bajo dos puntos de vista. Aclaran mucho dos materias respecto á las cuales abundan muchos errores. Por una parte nos muestran cuan grandes eran los conocimientos religiosos de que gozaban los Judíos; en posesión del Antiguo Testamento, comparados con los del mundo pagano. Una nación que tenía principios tales como los de que venimos hablando, tenía una grandísima ventaja sobre Grecia y Roma. Por otra parte las palabras del doctor nos manifiestan que  una persona puede poseer muchos conocimientos en tanto que su corazón está lleno de maldad. En el presente caso se nos describe á un hombre que hablaba de amar á Dios con toda su alma, de amar á su prójimo como á sí mismo, y al mismo tiempo estaba "tentando" á Cristo, y tratando de causarle daño, y deseando justificarse á sí mismo, y pretendiendo probar que era caritativo. Guardémonos siempre de esta clase de religión. Los conocimientos cuando van acompañados de la dureza de corazón son peligrosos al alma. "Si sabéis estas cosas," dice Jesús, "bienaventurados sois si las hiciereis."

Al terminar este pasaje aceptemos y atesoremos el elevado modelo de deber que contiene, y examinemos nuestros corazones y nuestras conciencias. ¿Amamos á Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, y todas nuestras fuerzas, y todo nuestro entendimiento? ¿Amamos á nuestro prójimo como á nosotros mismos? ¿Donde está la persona que podría decir con perfecta veracidad: "Sí"? ¿Donde el hombre que no tenga que guardar silencio al oír estas preguntas? ¡Todos somos en verdad culpables en esta materia! El más santo de los hombres está lejos de ser perfecto. Pasajes como este deben enseñarnos la necesidad que tenemos de la sangre y justicia de Cristo. Á Él hemos de acudir si queremos comparecer sin temor ante el tribunal de Dios. De El debemos impetrar gracia para que el amor hacia Dios y hacia el hombre llegue á ser el principio regulador de nuestras vidas. A Él debemos permanecer unidos para que no olvidemos nuestros principios, y para que mostremos al mundo que esos son nuestros principios.

NOTAS.   LUCAS 10:25-28.

25. Un doctor de la ley se levantó. Los "doctores" de que se habla en los Evangelios eran hombres que se dedicaban al estudio de la ley de Dios.

Haciendo qué cosa. Obsérvese que preguntas como este se hicieron á nuestro Señor tres veces. Una vez la hizo el príncipe rico de quien se hace mención en los tres primeros Evangelios. Otra vez fue hecha cerca del término de la vida de nuestro Señor, por un hombre que dijo: "¿Cuál es el gran mandamiento?" El tercer caso es el que tenemos á la vista y que solo S. Lucas refiere.

26. ¿Cómo lees? Examínese con atención la cita siguiente de Quesnel, escritor católico romano: "El mismo Jesucristo nos recomienda la lectura de la ley de Dios, aunque Él era la verdad misma, y podía dar á las almas instrucción en las materias sagradas. En vano buscamos otras luces y otros caminos fuera do los que allí hallamos. Fue el Espíritu de Dios quien dictó la ley y la hizo la regla de nuestra vida: si no estudiamos, ó si preferimos á ella las opiniones del hombre, cometemos un gran pecado. Las primeras preguntas que se harán al cristiano en el tribunal de Dios serán parecidas á estas: ' ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué habéis leído en el Evangelio, y qué uso habéis hecho de él?' ¿Qué respuesta podrán dar aquellos que ni siquiera lo han leído, aunque han tenido suficiente inteligencia y oportunidad para hacerlo?"

27. Amarás al Señor Dios tuyo, etc. Este parece haber sido un formulario o especie de confesión de fe con el cual los judíos estaban bien familiarizados.

Doddridge dice: "Este pasaje de la Escritura aún se lee por toda la congregación de una sinagoga judaica, tanto en la oración matutina como en la vespertina, y se llama el Shamah, nombre tomado de la primera palabra. Pero es notable que ellos excluyen la cláusula: 'Amarás á tu prójimo como á ti mismo.'"

28. Haz esto, y vivirás. Estas palabras deben significar precisamente que ni alguno vive toda su vida real y verdaderamente con arreglo á la norma descrita en el formulario citado por el doctor, seria justificado por su modo de vivir. Pero que jamás hombre alguno vivió ó pudo vivir así, y que por consiguiente todos necesitan de la justicia de Cristo, es claro según el tenor todo del Evangelio. Hacia esta verdad quiso nuestro Señor guiar gradualmente la conciencia del doctor de la ley.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús visita a Marta y a María

Lucas 10.38-42

38  Aconteció que yendo de camino,  entró en una aldea;  y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.

39  Esta tenía una hermana que se llamaba María, (Jn. 11.1) la cual,  sentándose a los pies de Jesús,  oía su palabra.

40  Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres,  y acercándose,  dijo: Señor,  ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?  Dile,  pues,  que me ayude.

41  Respondiendo Jesús,  le dijo: Marta,  Marta,  afanada y turbada estás con muchas cosas.

42  Pero sólo una cosa es necesaria;  y María ha escogido la buena parte,  la cual no le será quitada.

Lucas 10.38-39 Jn. 11.1 Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro,  de Betania,  la aldea de María y de Marta su hermana.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 10.38-42

EL pequeño episodio que contienen estos versículos ha sido trasmitido solamente en el Evangelio de S. Lucas. Durante todos los siglos y todas las edades, la historia de Marta y María ofrecerá á la iglesia lecciones importantes. El pasaje arriba trascrito, en conexión con el capítulo undécimo del Evangelio de S. Juan, nos da bien á conocer el carácter y las costumbres de la familia que Jesús amaba.

Observemos, por una parte, cuan diferentes pueden ser los caracteres é índoles de los cristianos verdaderos. Las dos hermanas á quienes se refiere el pasaje, eran discípulas fíeles. Ambas habían creído, ambas habían sido convertidas; ambas habían reverenciado á Cristo en un tiempo en que pocos le tributaban honor; amaban á Jesús, y eran amadas por El. Empero eran las dos de genio muy distinto. Marta era activa, inquieta é impulsiva sus emociones eran intensas y hablaba francamente todo lo que sentía. María era sosegada, tranquila y contemplativa, sentía profundamente, mas decía menos de lo que sentía. Marta se alegró de ver á Jesús, cuando vino á su casa, y se ocupó en preparar recibimiento agradable. María, también, se alegró de verlo, su primer pensamiento fue sentarse á sus pies y escuchar sus abras. La gracia reinaba en los corazones de las dos, pero cada una manifestaba el efecto de la gracia en ocasiones diferentes, y de diversos modos.

Útil nos será recordar esta lección: No debemos esperar que dos los creyentes sean exactamente iguales entre sí; ni debemos por sentado que otros no poseen la gracia divina, á causa de que sus hechos ó sus sentimientos no convengan en un todo con los nuestros. Cada una de las ovejas del rebaño de Cristo tiene dualidades que le son peculiares. Los árboles del jardín del Señor no son todos exactamente iguales. Todos los verdaderos siervos de Dios convienen en las cosas principales de la religión; todos son guiados por un mismo Espíritu; todos conocen sus pecados, y confían en Cristo; todos se arrepienten, creen, y son piadosos. Más, en materias de poca monta, muchas veces, difieren grandemente. No los despreciéis por este motivo. Habrá Martas y Marías hasta que el Señor venga por segunda vez.

Observemos por otra parte qué tentación tan peligrosa para nuestras almas pueden ser los cuidados de este mundo, si los dejamos que ocupen demasiado nuestra atención. Es claro según el tenor del pasaje que tenemos á la vista, que Marta se dejó extraviar en su deseo de preparar para el Señor un recibimiento adecuado. Su celo excesivo por las cosas perecederas hizo que olvidase por un tiempo las cosas eternas. "Marta empero se distraía en muchos servicios." Bien luego, sin embargo, le remordió la conciencia cuando se halló sola preparando la mesa, y vio á su hermana sentada á los pies de Jesús, y escuchando Su palabra. Bajo el peso de una conciencia inquieta su genio perdió su equilibrio, y prorrumpió en abierta queja: "Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile, pues, que me ayude." Al decir esto, la buena mujer olvidó en mala hora quién era, y á quien hablando. Recibió una reprensión solemne, y tuvo que aprender; una lección que probablemente le causó impresión duradera: "¡He aquí cuan gran montón de leña enciende un poco de fuego"! ¡El principio de todo esto fue un exceso de ansiedad tocante á inocentes quehaceres de este mundo!

La falta de Marta debe servir de admonición perpetua a los cristianos. Si deseamos progresar en la gracia, y gozar de dones espirituales debemos ser cautos respecto de los cuidados de este mundo. Á menos que vigilemos y oremos constantemente, destruirán insensiblemente nuestra espiritualidad, y acarrearán ruina de nuestras almas.  No es solo el pecado declarado ó las contravenciones notorias de los mandamientos de Dios, lo que arrastra á los hombres á la perdición eterna.  Es con mucha más frecuencia la atención excesiva á cosas en sí mismas lícitas, y el estar "solícitos respecto de muchos servicios" de la casa. ¡Parece tan justo cuidar de lo que es nuestro!    ¡Parece tan propio atender á los deberes de nuestra posición! Es justamente en esto que consiste el peligro. Nuestras familias, nuestros negocios, nuestras ocupaciones diarias, nuestro trato en la sociedad, todo, todo, pueden servirnos de tentación, y separarnos de Dios. Podemos descender al abismo de en medio de las cosas lícitas. Estemos alerta en esta materia. Observemos atentamente y con celo nuestras emociones y nuestros pensamientos, por temor de que caigamos repentinamente en pecado. Si amamos la vida eterna debemos sentir despego á los bienes de este mundo, y guardarnos de permitir que cosa alguna ocupe el primer lugar en nuestros corazones, salvo Dios. Escribamos mentalmente "veneno" sobre todos los bienes perecederos.    Usados con moderación son bendiciones del cielo, por los cuales debemos estar agradecidos. Permitirles ocupar nuestra mente de tal manera que tratemos con desprecio las cosas santas, es convertirlos en un mal positivo. Las ganancias y los placeres se compran muy caros, si para obtenerlos, arrojamos de nuestros pensamientos la eternidad, descuidamos la lectura de la Biblia, dejamos de oír el Evangelio, y acortamos nuestras oraciones. Un poco de polvo arrojado en el fuego que enciende nuestros corazones puede apagarlo.

Observemos, por otra parte, que reprensión tan solemne dio el á Marta.  Cuál sabio médico El conoció la enfermedad que le estaba consumiendo, y al instante le aplicó el remedio amoroso, expuso la falta en que había incurrido su hija extraviada, y no omitió la corrección que requería. " Marta, dijo El, " cuidadosa estás y turbada respecto de muchas cosas; empero una cosa es necesaria." ¡Justas son las amonestaciones de un amigo! ¡Esas cortas palabras fueron en verdad preciosas! Contienen en compendio un volumen de teología práctica.

"Una cosa es necesaria."    ¡Cuan ciertas son estas palabras! Y cuanto más tiempo vivamos sobre la tierra, tanto más ciertas nos parecerán. Cuanto más nos acerquemos á la sepultura, tanto más las aprobaremos. Salud,  dinero, posesiones, rango, honores, y prosperidad, todas estas cosas son buenas bajo ciertas condiciones; no pueden llamarse necesarias. Sin ellas millares de personas son felices en este mundo, y alcanzan la gloria en el mundo venidero. Las "muchas cosas " por las cuales todos se agitan continuamente, no son realmente necesarias. La gracia de Dios que trae salvación es la única cosa necesaria.

Que estén siempre fijas en nuestra mente estas palabras. Que nos sirvan de freno cuando estemos á punto de murmurar á causa las tribulaciones de este mundo. Que nos sirvan de consuelo cuando estemos tentados á negar á nuestro Maestro por temor de la persecución. Que nos sirvan de admonición cuando empecemos a tener en mucho las cosas de este mundo. Que nos impulsen hacia adelante cuando estemos dispuestos á mirar atrás, como la mujer de Lot. Sí, que en todas estas ocasiones resuenen en nuestros oídos como un clarín las palabras de nuestro Señor, y nos inspiren buenos pensamientos. "Una cosa es necesaria." Si Cristo es nuestro, todo lo tenemos, y con abundancia.

Finalmente debemos observar de qué  manera aprobó nuestro Señor la elección de María. Dijo: " María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada." Estas palabras encierran una significación profunda. Ellas fueron proferidas no solo en obsequio de María, sino también en obsequio de todos los que creen en todas partes del mundo. Se tuvo con ellas el designio de alentar á todos los cristianos verdaderos para que se dediquen al servicio de Dios con todo su corazón; para que sigan en todo al Señor, y caminen en las sendas de Dios ; para que hagan del bien del alma su asunto principal y piensen comparativamente poco en las cosas de este mundo. La herencia del cristiano verdadero es la gracia de Dios. Esta es la "buena parte" que ha escogido, y la sola que merece realmente el nombre de "buena." Es la sola cosa buena que es satisfactoria, real y perdurable. Es buena en tiempo de enfermedad y en tiempo de salud-buena en la juventud y en la vejez -buena en la adversidad y en la prosperidad-buena en vida, y buena en muerte-buena temporalmente y buena en la eternidad. Ninguna circunstancia, ninguna posición puede imaginarse en la cual no convenga al hombre tener la gracia de Dios. Y esta herencia jamás le será arrebatada al cristiano verdadero,

De todo el género humano, él es el único que jamás será despojado de lo que le pertenece. Los reyes tienen que dejar algún día sus palacios. Los ricos tienen que dejar algún día su dinero y posesiones. Solo las conservan hasta que mueren. Pero el justo más pobre de la tierra tiene un tesoro del que no será privado jamás. La gracia de Dios y el favor de Cristo son riquezas que ningún hombre puede quitarle. Cuando muera irán con él á la sepultura; y estarán con él en la mañana de la resurrección, y serán suyas por toda la eternidad.

¿Qué sabemos nosotros de esta "buena parte" que escogió María? ¿La hemos escogido para nosotros? ¿Podemos decir con verdad que es nuestra? No estemos tranquilos hasta que podamos decirlo. "Escojamos la vida," mientras que Cristo nos la ofrece "sin dinero y sin precio." Solicitemos tesoros en el cielo, no sea que despertemos y hallemos que somos pobres para siempre jamás.

NOTAS.    LUCAS 10:38-42.

38. Y aconteció que yendo, etc. No se sabe bien á qué periodo do la vida terrenal de nuestro Señor corresponde el incidente referido en estos versículos ni cual sea la conexión que tenga con el pasaje precedente. Stier conjetura que el objeto es suministrar una precaución útil contra la idea de que la caridad activa que obra, como la del buen samaritano, es el único modo de servir á Cristo, que estar sentado, quieto y escuchando, es justamente tan útil á su tiempo como socorrer á los menesterosos.  Bajo cualquiera punto de vista una cosa es cierta: la Marta y la Maria de quienes se habla en este lugar son las mismas que se mencionan en el capitulo once de Juan,

42. La buena parte. Esta es una expresión general, y ha de interpretarse con referencia a la conducta de María cuando su hermana intervino. La primera había escogido el bien del alma: solicitaba más gracia; se esforzaba en estar más cerca y en más estrecha comunión con Dios y su Cristo; esta era la parte que prefería toda otra cosa, y ante la cual quería por algún tiempo posponer todo cuidado terrenal.

Al terminar este pasaje debemos tener cuidado de no caer en el error de tener en poco la religión de Marta, ó hablar, como algunos lo hacen á veces, como si esa excelente mujer no tuviera absolutamente gracia divina. Este es error grave. En el día de la tribulación la gracia de Marta brilló con claridad y fulgor. Tal vez no hay confesión alguna en los cuatro Evangelios, en lo tocante á la misión de nuestro Señor, que pueda compararse con la que Marta hizo, y que se refiere en el capítulo once de S. Juan.

A los escritores católicos romanos les agrada muchísimo citar este pasaje en la vida monástica ó conventual; e insinúan que los monjes y las monjas son semejantes á María, y á Marta las gentes dedicadas á las ocupaciones seglares. Desgraciadamente para ellos la comparación es completamente inadecuada. Si todos los monjes y monjas se hubieran "sentado á los pies de Cristo y escuchado sus palabras," habría habido alguna razón en lo que dichos escritores dicen. Se ha experimentado, sin embargo, que los conventos y monasterios son en donde es menos probable hallar sucesores de Maria.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

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