El Santo Evangelio según
San Lucas

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Jesús y la oración

Lucas 11.1-13

1  Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar,  y cuando terminó,  uno de sus discípulos le dijo: Señor,  enséñanos a orar,  como también Juan enseñó a sus discípulos.

2  Y les dijo: Cuando oréis,  decid: Padre nuestro que estás en los cielos,  santificado sea tu nombre.  Venga tu reino.  Hágase tu voluntad,  como en el cielo,  así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día,  dánoslo hoy.

Y perdónanos nuestros pecados,  porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.  Y no nos metas en tentación,  mas líbranos del mal.

5  Les dijo también:  ¿Quién de vosotros que tenga un amigo,  va a él a medianoche y le dice:  Amigo,  préstame tres panes,

porque un amigo mío ha venido a mí de viaje,  y no tengo qué ponerle delante;

y aquél,  respondiendo desde adentro,  le dice: No me molestes;  la puerta ya está cerrada,  y mis niños están conmigo en cama;  no puedo levantarme,  y dártelos

Os digo,  que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo,  sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite.

Y yo os digo: Pedid,  y se os dará;  buscad,  y hallaréis;  llamad,  y se os abrirá.

10  Porque todo aquel que pide,  recibe;  y el que busca,  halla;  y al que llama,  se le abrirá.

11  ¿Qué padre de vosotros,  si su hijo le pide pan,  le dará una piedra?  ¿O si pescado,  en lugar de pescado,  le dará una serpiente?

12  ¿O si le pide un huevo,  le dará un escorpión?

13  Pues si vosotros,  siendo malos,  sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,  ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?

Jesús y la oración

Lucas 11.1-13 Mt. 6.9-15 9  Vosotros,  pues,  oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos,  santificado sea tu nombre. 10  Venga tu reino. Hágase tu voluntad,  como en el cielo,  así también en la tierra. 11  El pan nuestro de cada día,  dánoslo hoy. 12  Y perdónanos nuestras deudas,  como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13  Y no nos metas en tentación,  mas líbranos del mal;  porque tuyo es el reino,  y el poder,  y la gloria,  por todos los siglos. Amén. 14  Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas,  os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15  mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas,  tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas; 7.7-11 7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad y se os abrirá. 8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11 Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 11.1-4

Estos versículos contienen la oración llamada generalmente "Oración dominical." Hay quizá pocos pasajes en la Escritura que sean mejor conocidos que este. Aun el romanista más ignorante puede decirnos que hay una oración que se llama el "Pater Noster;" y cualquier niño de Inglaterra, por pocos alcances que tenga, sabe qué es el Padre Nuestro.

Podemos percibir la importancia de dicha oración por el simple hecho de que nuestro Señor Jesucristo la pronunció dos veces y con alteraciones muy leves. El que nunca pronunció una sola palabra sin tener buenas razones para ello, consideró conveniente enseñar esta oración en dos ocasiones distintas. Dos veces escribió Dios los diez mandamientos en tablas de piedra (Deut. 9:10; 10 4) j y dos veces pronunció Jesús la Oración dominical.

Las circunstancias en que repitió el Señor por segunda vez el Padre Nuestro, fueron muy interesantes. Uno de los discípulos le dijo: "Enséñanos á orar." La oración pronunciada en concesión de esa súplica es la que tenemos á la vista. No sabemos cual fue el discípulo á quien se refiere el pasaje; pero lo que hizo estará impreso en la memoria de los creyentes, de generación en generación, hasta el fin del mundo. Felices los que experimenten emociones semejantes á las suyas, y exclamen á menudo: " Señor, enséñanos á orar."

La sustancia de la Oración dominical es una mina de tesoros espirituales. Explanarla completamente, en una obra como la presente, es imposible. De una oración sobre la cual se han escrito libros enteros no puede tratarse adecuadamente en unas pocas páginas. Por ahora bástenos notar sus divisiones cardinales, así como también las ideas principales que nos sugiera para la meditación privada.

La primera parte de la Oración dominical se refiere al Dios á quien adoramos, En ella se nos enseña á acercarnos á El como á nuestro Padre que está en el cielo: Padre, sin duda, en el sentido de "Creador," pero también en el de "Padre" reconciliado, mediante la intercesión de Jesucristo; Padre cuya morada está en los cielos y á quien ningún templo sobre la tierra puede encerrar dentro de sus paredes. Hacemos, pues, mención de tres cosas importantes: el nombre, el reino y la voluntad de nuestro Padre.

Se nos enseña también á pedir que el nombre del Señor sea santificado: "Santificado sea tu nombre." Al hacer uso de estas palabras no queremos decir que el nombre del Señor sea susceptible de diversos grados de santidad, ó que nuestras oraciones puedan hacerlo más santo de lo que es. Lo que hacemos es expresar sinceramente nuestros deseos de que la naturaleza, las perfecciones y atributos de Dios sean mejor conocidos, venerados y glorificados por todas sus criaturas racionales. En efecto, esta es la misma petición que nuestro Señor Jesucristo dirigió en otra ocasión: "Padre, glorifica tu nombre."   Juan 12:28.

En seguida se nos enseña á orar que venga el reino de Dios: " Venga tu reino." Al pronunciar estas palabras expresamos nuestro deseo de que el poder que Satanás ha usurpado sea pronto aniquilado; de que toda la humanidad reconozca á Dios como á su rey legítimo; y de que todos los reinos de este mundo vengan á estar de hecho, como ya lo están en virtud de la promesa, bajo el poder de Dios y de su Cristo, formando un solo reino. La organización de este reino ha sido prometida desde la caída de Adán. Toda la creación la aguarda con gemidos. La última oración de la Biblia se refiere á ella. Casi puede decirse que el canon de la Escritura termina con las palabras: "Ven, Señor Jesús." Rev. 11:15; Gen. 8:15; Rom. 7: 22; Rev. 22:20.

Se nos enseña en tercer lugar á pedir que se haga la voluntad divina: "Sea hecha tu voluntad como en el cielo así también en la tierra." Al decir estas palabras expresamos el deseo vehemente de que el número de los convertidos y de los que obedezcan á Dios se aumente rápidamente; de que sus enemigos, que aborrecen sus leyes, sean disminuidos y abatidos; y de que llegue pronto el tiempo en que todos los hombres rindan obediencia voluntaria á Dios, sobre la tierra, como los ángeles lo hacen en el cielo.

Tal es la primera parte de la oración del Señor. Su maravillosa riqueza y su profundidad no pueden exagerarse. Bienaventurados, en verdad, son los cristianos que han llegado á conocer que el nombre del Señor merece más honor que el de cualquiera potentado de la tierra; que el reino de Dios es el único reino que permanecerá para siempre; y que su ley es la única norma á quo deben ajustarse todas las demás leyes. Una nación será tanto más feliz cuanto mejor comprendidas y más firmemente creídas sean estas verdades en ella. El día en que todos las reconozcan se "verá un cielo en la tierra." La segunda parte de la oración dominical se refiere a nuestras necesidades diarias. En ella se nos enseña á hacer mención de dos cosas que necesitamos todos los días: la una espiritual la otra temporal; la una es pan, la otra es el perdón de los pecados.

Se nos enseña á pedir pan así: " El pan nuestro de cada día dánoslo hoy."En la palabra "pan" se incluye, sin duda, todo lo que el cuerpo necesita ; y en todas las palabras citadas reconocemos que dependemos de Dios para obtener sustento, vida y todo lo necesario ; y le pedimos que nos acoja bajo su protección y nos suministre todo lo que hemos menester en este mundo. Es, en forma distinta, aquella oración de Salomón: " Mantenme del pan que he menester." Prov. 30:8.

Se nos enseña en seguida á pedir perdón: "Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben." Con estas palabras confesamos que somos criaturas caídas, culpables y depravadas; y que pecamos mucho cada día. No nos disculpamos, ni alegamos nada en nuestro favor: lo que hacemos simplemente es implorar la libre y plena misericordia de nuestro Padre en Cristo Jesús, y agregar la única protesta que contiene la Oración dominical. Protestamos que perdonamos á todos los que nos deben.

Esa combinación de sencillez y de riqueza de la segunda parte de la Oración dominical, no podrá jamás ser ensalzada de una manera adecuada. ¡En cuan corto tiempo se pueden pronunciar las palabras, y, sin embargo, cuánto expresan! Pan diario y misericordia diaria son las cosas principales que necesitan los mortales. Aquel que las posea es rico. El que no se avergüence de orar por ellas todos los días, es sabio. El hijo de Dios está, sin duda, plenamente justificado ante Dios, y todas las cosas redundan en su provecho. Pero esa es la vitalidad de la verdadera fe, acudir cada día para que se provea á todas nuestras necesidades. Cierto es que se nos han hecho promesas, mas nuestro Padre quiere que sus hijos se las recordemos. Aunque lavados, necesitamos lavarnos los pies cada día. Juan 12:10.

La tercera parte de la Oración dominical se refiere á nuestros peligros diarios. En ella se nos enseña á que hagamos mención da las cosas que debemos temer todos los días y á las cuales estaremos siempre expuestos en este mundo: la una es la " tentación," la otra es el "mal."

Contra la tentación debemos orar así: "No nos metas en tentación."Con esto no queremos decir que Dios  sea autor del mal que tiente al hombre á pecar. Lo que hacemos es suplicar á Aquel que dirige todas las cosas en el cielo y en la tierra y cuya voluntad nada puede acontecer, que de tal manera gobierne nuestras vidas, que no seamos tentados más fuertemente de lo que podamos resistir. Confesamos también cuan débiles somos y cuan prontos estamos á caer en el pecado; suplicamos á nuestro  Padre que no nos someta á pruebas ó que nos señale el curso que debamos seguir para salir victoriosos; pedimos, en fin, que se nos guarde de la senda del mal y de acarrear deshonra á nuestra religión y perdición á nuestras almas.

Contra el mal, finalmente, oramos con esas palabras: "Líbranos de mal." Con la palabra "mal" denotamos todo lo que pueda dañarnos (ya sea en el cuerpo, ya en el alma), y especialmente los ataques del autor del mal, el diablo. Confesamos que, desde la caída, "todo el mundo está puesto en el maligno," 1 Juan 5:19; que el mal está en nosotros, cerca de nosotros, al rededor de nosotros, en todas partes; y que no tenemos poder para librarnos de él. Acudimos al " Fuerte por fuerza;" nos ponemos bajo su protección; y, en una palabra, pedimos lo que nuestro Señor Jesucristo pidió por nosotros cuando dijo: "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del malo." Juan 18:15.

Tal es la última parte de la Oración dominical. En importancia no es nada inferior á las otras dos partes de que ya hemos tratado. Coloca al hombre exactamente en la posición que debe ocupar; y pone en sus labios palabras de humildad. El peor estado en que podemos encontrarnos es aquel en que no vemos ni sentimos nuestro peligro espiritual.

Ahora bien, que la Oración dominical nos sirva para descubrir en qué estado nos encontramos con respecto al Creador. Las palabras que contiene se han desprendido de nuestros labios quizá millares de veces. Pero ¿hemos sentido lo que hemos dicho? ¿Deseamos verdaderamente que sus peticiones sean concedidas? ¿Es Dios realmente nuestro Padre? ¿Hemos "nacido otra vez" y hechos sus hijos por medio de la fe en Jesucristo? ¿Honramos su nombre y obedecemos su voluntad? ¿Deseamos sinceramente que venga el reino de Dios? ¿Sentimos diariamente la necesidad de obtener bendiciones temporales y el perdón del pecado? ¿Tomemos caer en tentación? ¿Tememos el mal sobre todas las cosas? Estas son preguntas serias y merecen seria consideración.

Procuremos que la Oración dominical nos sirva siempre de modelo al dirigirnos á Dios. Que ella nos sugiera lo que hemos do demandar y contra qué cosas pedir amparo; que nos enseñe el lugar y la importancia que hemos de asignar á cada tema en nuestras oraciones. Cuanto más analicemos la Oración dominical y cuánto más meditemos en ella, tanto más instructiva nos parecerá.

NOTAS.    LUCAS 11:1-4.

1. Estando el orando. He aquí otro ejemplo que demuestra cuánta era la atención que daba nuestro Señor á la oración privada.

2. Cuando orareis, decid, etc. Nótese bien que nuestro Señor pronunció el Padre Nuestro dos reces y en ocasiones distintas. Esto explica ciertos cambios en la forma.

Padre Nuestro. Tanto Crisóstomo como Agustín observan que este modo de dirigirse á Dios es peculiar al Nuevo Testamento, y que los justos del Antiguo Testamento jamás lo usaron. Esto, sin duda, es cierto: pero es preciso no perder de vista algunas circunstancias. No vayamos á suponer que los justos del Antiguo Testamento carecían de la iluminación del Espíritu Santo. Cierto es que había muchas cosas que no entendían, y por consiguiente no podían sentir en la presencia de Dios el mismo valor que un cristiano; pero decir que Dios no era, en sentido alguno, el padre de los creyentes del Antiguo Testamento, es una exageración.

Tu nombre. Para comprender de un todo el significado de esta expresión debemos notar los numerosos pasajes en que se usa en los salmos. Sirvan de ejemplo los siguientes. "Esperaré tu nombre." Salmo 52:9. "Ciertamente los justos alabarán tu nombre." Salmo 115:13. "Á tu nombre da gloria." Salmo 115:1. En todos estos casos y en otros muchos "nombre " denota la naturaleza y los atributos de Dios.

3. El pan nuestro de cada día dánosle hoy. Algunos creen que estas palabras debieran traducirse: "Nuestro pan sobre-substancial," ó sea, de la comunión. Pero la eucaristía no es pan para cada día. El verdadero sentido, sin duda, es el que ya queda citado: el pan que es suficiente para nuestra subsistencia diaria.

4. De mal Las palabras así traducidas podrían haber sido vertidas con igual exactitud del malo, es decir, del diablo.

Antes da pasar á otro asunto no podemos menos de observar que los que creen en el "acuerdo unánime de los Padres de la iglesia, en lo que respecta á la interpretación de las Escrituras, harían bien en notar cuan diversos sentidos los Padres dan á las diferentes partes de la Oración dominical.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 11.5-13

En estos versículos nuestro Señor Jesucristo nos adoctrina en la oración. Tema es este al cual conviene que se nos llame mucho la atención. La oración se encuentra en la base misma de las prácticas cristianas. Es parte de los deberes diarios de nuestra vida religiosa. Razón tenemos, por lo tanto, para dar gracias á Dios que sobre ningún asunto habló nuestro Señor Jesucristo tanto y tantas veces como sobre la oración.

Estos versículos nos enseñan primeramente, por medio de la parábola llamada generalmente del Amigo á medianoche, cuan importante es perseverar en la oración. En ella se nos hace presente cuánto puede lograr un hombre de otro á fuerza de importunidad. Aunque egoístas é indolentes por naturaleza, podemos, sin embargo ser estimulados á ponernos en actividad por medio de súplicas repetidas. El hombre que no quería dar tres panes á media noche en obsequio de la amistad, los dio al fin para evitar que se le molestara con más súplicas. La aplicación que puede hacerse de la parábola es clara y sencilla: si la importunidad puede tanto entre los hombres, cuántas mercedes no deberá de acarrearnos cuando la empleemos en nuestras oraciones.

Bueno será que recordemos la lección que en este lugar se nos inculca. Es más fácil dar principio al hábito de orar, que perseverar en él. Muchos que profesan ser cristianos han sido enseñados á orar en su juventud, y cuando entran en años abandonan la práctica. Millares hay que se acostumbran á orar por corto tiempo, después que han recibido un favor, ó, acaso, una visitación del cielo; y luego, poco á poco, su fervor se entibia, hasta que, por ultimo, dejan de orar completamente. Se desliza secretamente en la mente de los hombres la idea de que es inútil orar. No perciben que de ello resulta ningún beneficio palpable, y al fin se persuaden de que les irá igualmente bien sin orar. La indolencia y la incredulidad se apoderan de sus ánimos, y al cabo " disminuyen la oración delante del Señor."   Job 15:4.

Resistámonos á aceptar esa idea, en cuanto la sintamos asomar en nuestra alma. Resolvámonos á que, mediante la gracia de Dios, continuaremos orando, por deficientes y débiles que nos parezcan nuestras oraciones. No es sin objeto que la Biblia nos manda con tanta frecuencia "velar y orar," y "orar sin cesar," y "continuar en la oración," y "orar siempre y no desmayar," y "ser constantes en la oración." Todas estas expresiones tienen el mismo significado: todas ellas nos aperciben de un peligro y nos prescriben un deber. Cuándo y de qué manera se han de contestar nuestras oraciones es asunto que debemos dejar á Dios; pero no tenemos por qué dudar que toda petición que hagamos sea contestada. Expongamos ante Dios nuestras necesidades y nuestros deseos, de día en día, de semana en semana, de mes en mes. Acaso la contestación no venga pronto como les sucedió á Ana y á Zacarías, 1 Sam. 1: 27; Lucas 1:13; pero aunque tarde, oremos sin cesar. Cuando sea llegada la hora la obtendremos sin tardanza.

También se nos enseña en estos versículos cuan amplias y halagüeñas son las promesas que Jesús hace a los que oraren. Las palabras notables que las expresan nos son bien conocidas: "Pedid, y se os dará; buscad y hallareis; tocad y os será abierto." La solemne aseveración que sigue á estas palabras parece dar mayor certidumbre á lo ya prometido: "Porque todo aquel que pide recibe; y el que busca, halla; y al que toca es abierto." El argumento penetrante con que termina el pasaje no deja excusa alguna a los infieles ó incrédulos: " Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que le pidieren de él?"

Hay pocas promesas en la Biblia tan amplias é ilimitadas como la que contiene este admirable pasaje. La última especialmente merece notarse. La iluminación del Espíritu Santo es sin duda el mayor don que Dios puede conceder al hombre. Si tenemos ese don, lo tenemos todo: vida, luz, esperanza y gloria. Si poseemos don, poseemos también el amor ilimitado de Dios Padre, la fe expiatoria de Dios Hijo, y plena comunión con todas las es personas de la santísima Trinidad. Si poseemos este don, tenemos también gracia y paz en la vida presente, y gloria y honra en el mundo venidero. Y, sin embargo,  ¡Jesús lo ofrece como un galardón que puede obtenerse por medio de la oración! Vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren á él."

Pocos pasajes hay en la Biblia que tan completamente como este dejen sin excusa al impenitente. Este dice que es débil y se halla desamparado; pero ¿pide que le den fuerza? Dice que es "malo y depravado;" pero ¿ruega que Dios lo haga bueno? Dice "que por sí mismo no puede hacer nada"; pero ¿toca á la puerta de la misericordia y suplica se le dé la gracia del Espíritu Santo? Preguntas son estas á las cuales es de temerse que muchos no pueden contestar afirmativamente; pues son lo que son, porque no quieren arrepentirse y convertirse. Nada obtienen, porque nada piden. No vienen á Cristo para conseguir la vida eterna; y, por lo tanto, permanecen "muertos en sus culpas y pecados."

Preguntémonos si sabemos qué es orar de veras. ¿Oramos algunas veces? ¿Oramos en nombre de Jesús y como pecadores menesterosos? ¿Sabemos qué es " pedir," y "buscar," y " tocar á la puerta" y luchar por medio de la oración como hombres que saben que en ello les va la vida y que han menester una respuesta? ¿O es que nos contentamos con repetir ciertas fórmulas y palabras, en tanto que nuestra mente divaga y nuestro corazón se encuentra frió? ¿Hemos aprendido, á la verdad, algo muy importante cuando sabemos que repetir oraciones ó "rezar" no es orar?

Si oramos, propongámonos firmemente no abandonar esa práctica, no acortar jamás nuestras oraciones. La oración es el instrumento que muestra el estado en que se encuentra el hombre para con Dios. Tan luego como empecemos á descuidar nuestras oraciones privadas podemos estar seguros de que adolecemos de algún mal moral. Cuando tal cosa sucede podemos saber que hay escollos á proa, que estamos en peligro inminente de un naufragio.

NOTAS.    LUCAS 11:5-13.

12. Un huevo.   Los escorpiones grandes, cuando se enroscan, parecen huevos

13. Siendo malos.   Esta expresión demuestra la maldad natural del hombre.

No podemos pasar á otro asunto sin observar, que no estamos de acuerdo con los Padres y otros comentadores que han tenido á bien dar un significado alegórico á muchas expresiones del presente pasaje. Á nosotros nos parecen peligrosas, imaginarias, faltas de cordura; y, por lo tanto, las tenemos como adiciones arbitrarias á la Sagrada Escritura.

La promesa general que se encuentra al fin del pasaje es una de esas cláusulas latas y significativas, por medio de las cuales Dios extiende la mano á los impenitentes, y les señala la vía de la salvación.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Una casa dividida contra si misma

Lucas 11.14-23

14  Estaba Jesús echando fuera un demonio,  que era mudo;  y aconteció que salido el demonio,  el mudo habló;  y la gente se maravilló.

15  Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú,  príncipe de los demonios,  echa fuera los demonios. (Mt.9.34; 10.25)

16  Otros,  para tentarle,  le pedían señal del cielo. (Mt. 12.38; 16.1; Mr. 8.11)

17  Más él,  conociendo los pensamientos de ellos,  les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo,  es asolado;  y una casa dividida contra sí misma,  cae.

18  Y si también Satanás está dividido contra sí mismo,  ¿cómo permanecerá su reino?  Ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios.

19  Pues si yo echo fuera los demonios por Beelzebú,  ¿vuestros hijos por quién los echan?  Por tanto,  ellos serán vuestros jueces.

20  Más si por el dedo de Dios echó yo fuera los demonios,  ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.

21  Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio,  en paz está lo que posee.

22  Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence,  le quita todas sus armas en que confiaba,  y reparte el botín.

23  El que no es conmigo, (Mr. 9.40)  contra mí es;  y el que conmigo no recoge,  desparrama.

Una casa dividida contra si misma

Lucas 11.14-23 Mt. 12.22-30; Mr. 3.20-27

Mt. 12.22-30 22  Entonces fue traído a él un endemoniado,  ciego y mudo;  y le sanó,  de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. 23  Y toda la gente estaba atónita,  y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? 24  Mas los fariseos,  al oírlo,  decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú,  príncipe de los demonios. 25  Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos,  les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo,  es asolado,  y toda ciudad o casa dividida contra sí misma,  no permanecerá. 26  Y si Satanás echa fuera a Satanás,  contra sí mismo está dividido;  ¿cómo,  pues,  permanecerá su reino? 27  Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú,  ¿por quién los echan vuestros hijos?  Por tanto,  ellos serán vuestros jueces. 28  Pero si yo por el Espíritu de Dios echó fuera los demonios,  ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29  Porque  ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte,  y saquear sus bienes,  si primero no le ata?  Y entonces podrá saquear su casa. 30  El que no es conmigo,  contra mí es;  y el que conmigo no recoge,  desparrama.

Mr. 3.20-27 20 y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. 21 Cuando lo oyeron los suyos vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí. 22 Pero los escribas que habían venido a Jerusalén decían que tenía a Belcebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios  23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra si mismo, tal reino no puede permanecer. 25 Y si una casa está dividida contra si misma, tal casa no puede permanecer. 26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. 27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.

Lucas 11.15 Mt.9.34 Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.; 10.25 Bástale al discípulo ser como su maestro,  y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzeb,  ¿cuánto más a los de su casa?

Lucas 11.16 Mt. 12.38; 16.1; Mr. 8.11

Mt. 12.38 Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos,  diciendo:  Maestro,  deseamos ver de ti señal.; 16.1 Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle,  y le pidieron que les mostrase señal del cielo

Mr. 8.11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él,  pidiéndole señal del cielo,  para tentarle

Lucas 11.23 Mr. 9.40 Porque el que no es contra nosotros,  por nosotros es

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 11.14-20

La conexión que existe entre estos versículos y los que les preceden es notable á la vez que instructiva. En los anteriores versículos nuestro Señor Jesucristo había estado demostrando la eficacia y la importancia de la oración. En los versículos que tenemos á la vista, se nos dice como libró á un hombre de un espíritu mudo. Sin duda el objeto del milagro fue aclarar los preceptos que Jesús había estado dando. El mismo Salvador que nos estimula á orar es el que aniquila el poder que Satanás tiene sobre nuestros miembros y nos vuelve el uso del habla.

Notemos primeramente de cuántas maneras manifiesta Satanás los deseos que tiene de perder al hombre. Se nos dice que un hombre tenía un espíritu mudo. Algunas veces el Evangelio menciona "demonios inmundos." Otros, "demonios furiosos é iracundos." Muchas son las artimañas de Satanás. Es insensato suponer que siempre obre de la misma manera. Solo una cosa puede percibirse que sea común á todas sus acciones: que se complace en perjudicar y causar daño.

Hay algo muy instructivo en el incidente de que venimos hablando. ¿Hemos de suponer que, porque la posesión corporal de los espíritus satánicos no sea tan manifiesta ahora como lo fue en otros tiempos, el grande adversario no sea ahora tan activo como entonces en causar males? ¿Hemos de suponer que no exista hoy que se parezca á un espíritu mudo? Si tal cosa hemos de suponer, mejor es que procedamos con cautela. ¿Qué diremos de los que nunca se dirigen á Dios, que nunca abren los labios en la oración y la alabanza, que nunca emplean el órgano que es la "gloria" del hombre en servicio de su Creador? ¿Qué diremos de aquellos que á todos pueden hablar excepto á Dios? ¿Qué, sino que Satanás los ha despojado del uso del habla? ¿Qué, sino que están poseídos de un espíritu mudo? Si se nos permite la paradoja, el hombre que no ora está muerto en vida. Sus miembros  están en rebelión contra el Dios que los hizo. Los " demonios inmundos" no han dejado este planeta todavía.

Velemos y oremos para que nunca quedemos abandonados al influjo de un espíritu mudo. Loado sea Dios que todavía vive el mismo Jesús que podía hacer oír á los sordos y hablar á los mudos. Acudamos á él por socorro y pongámonos bajo su protección. No basta evitar la relajación que escandaliza y los pecados que de todos son conocidos. Ni basta que nos conduzcamos como gentes morales, decorosas y honradas. Todo esto no es otra cosa que bondad negativa. ¿Hay algo de positivo en nuestra religión? ¿Presentamos nuestros miembros á Dios como instrumentos de justicia? Teniendo ojos ¿vemos el reino de Dios? Teniendo oídos ¿oímos la voz de Cristo? Teniendo labios, ¿los usamos en loor de Dios? Estas son preguntas de un carácter muy serio. El número de personas que son sordas y mudas ante Dios es mayor de lo que generalmente se cree.

Notemos, en segundo lugar, cuan grande influjo ejerce la preocupación en el corazón de los hombres no convertidos. Cuando nuestro Señor arrojó al espíritu mudo hubo quienes dijeran: " Por Beelzebú príncipe de los demonios, echa fuera los demonios." Ellos no podían negar el milagro, pero sí rehusaron conceder que fuea obra del poder divino. Lo que tenían á la vista era claro é innegable. Se propusieron, pues, desacreditar al que había hecho el milagro y mancillar su reputación diciendo que estaba en liga con el demonio.

La preocupación es un vicio peligroso, y, por desgracia, no es raro. Nunca faltan hombres que se empeñan en no ver nada bueno en los siervos de Jesús, y en creer todo lo malo que se diga de ellos. Tales hombres parecen no acatar lo que les enseña oí sentido común; y rehúsan aceptar las pruebas que se les presentan ó los argumentos que se les hacen. ¡Parecen resueltos á creer, quo todo lo que un cristiano hace es malo y lo que dice falso! ¡Si hago bien alguna vez, debe de ser con fines inmorales! ¡Si habla la verdad, debe de ser con miras siniestras! ¡Si hace alguna obra de misericordia, debe ser por interés! ¡Si lanza los demonios, es por virtud de Belcebú! Hombres preocupados de esa manera se encuentran en toda congregación; y ¡cuánto no hacen sufrir á loa ministros del Evangelio!

Procuremos ser siempre justos, imparciales y francos al juzgar á los hombres y las religiones. Estemos prontos á abandonar antiguas opiniones, por queridas que nos sean, tan luego como alguno nos señale un " camino más excelente." Un corazón bueno y recto es un gran tesoro. El ánimo preocupado es, permítasenos la expresión, la ictericia del alma. Afecta la vista intelectual del hombre y le hace ver todo como al través de un prisma. ¡Líbrenos Dios de ánimo semejante!

Notemos, finalmente, cuan desastrosas son las disensiones religiosas. Esta es una verdad que nuestro Señor nos enseña, en la contestación que dio á sus enemigos. El les manifestó cuan necia era esta acusación de que lanzaba los demonios por virtud de Belcebú, Citó el dicho de que una casa dividida contra sí misma tiene que caer; dedujo que era absurdo decir que Satanás arrojase á Satanás, que el diablo lanzara á sus mismos agentes; y enseñó así á los cristianos una lección que han tardado lastimosamente en aprender en todas las épocas de la iglesia. Esa lección es, el pecado y la insensatez que en sí envuelven esas divisiones innecesarias.

Mientras que existan doctrinas falsas á que se adhieran los es, habrá sectas ó partidos religiosos. Pues ¿qué comunión a de haber entre la luz y las tinieblas? ¿Cómo pueden dos individuos seguir el mismo camino á menos que estén de acuerdo? ¿Qué unidad puede haber en donde no existe la del espíritu? Disentir y separarnos de los que abracen doctrinas anti-bíblicas y falsas es un deber y no un pecado.

Pero hay disidencias de otra especie que sí son de lamentarse, son, por ejemplo, las que tienen lugar entre hombres que convienen en los puntos cardinales; disidencias en materias que no son necesarias para la salvación; disidencias acerca de ritos y ceremonias y disciplina eclesiástica, cosas sobre las cuales la Escritura, dice poco ó nada.    Disidencias de esta clase han de ser evitadas por todos los verdaderos cristianos. Su existencia es la prueba del triste del estado caído del hombre, y de la corrupción de su entendimiento y voluntad. Ellas son causa de escándalos y de malestar en la iglesia. "Todo reino dividido contra sí mismo es asolado."

¿Qué correctivos pueden usarse para contenerlas? La humildad, la condescendencia y un conocimiento extenso de la Sagrada Escritura. Debemos aprender á distinguir en religión las cosas esenciales de las que no lo son: las necesarias para la salvación de las que son innecesarias; las muy importantes de las que lo son menos. Respecto á las primeras debemos ser firmes como un roble: " Más si nosotros ó un ángel del cielo os anunciase otro Evangelio del que habéis recibido, sea maldito." Gal. 1:8. Respecto de las otras, debemos ser flexibles y blandos como el sauce: "Me he hecho todo para todos, para que de todo punto salve á algunos." 1 Cor. 9:22. Para hacer distinciones tan difíciles se necesita no poca sabiduría; mas esta puede obtenerse por medio de la oración " Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela á Dios." Santiago 1:5. Cuando los cristianos dan pábulo á disensiones inútiles, se muestran más insensatos que el mismo Satanás.

NOTAS. LUCAS 11:14-20.

14. El cual era mudo. Es preciso comparar esta expresión con las palabras 'el mudo habló," que se encuentran en el mismo versículo.   Era el diablo el que estaba mudo. Quien habló fue el hombre. Seria mejor traducir: "El hombre mudo habló."

15 Beelzebú. Se dice que este nombre significa "Señor de las moscas." Por qué razón se dio al príncipe de los demonios un nombre tan extraño, es cosa que no sabemos. En 2 Reyes 1:3 se le llama Dios de Ekron.

17.  Todo reino dividido... asolado. Bien pueden referirse estas palabras á las disensiones intestinas que prevalecieron entre los judíos; hasta el mismo día en que Tito tomó á Jerusalén. Bajo este punto de vista, dichas palabras contenían una profecía solemne. Es bien sabido que las discordias de los judíos fueron una de las causas del buen éxito del ejército romano.

19. ¿Vuestros hijos por quién los echan fuera? Los comentadores no están de acuerdo respecto de cuáles eran las personas á quienes el Señor se refiere en estas palabras. Algunos creen que se refiere á los doce apóstoles, y los llama hijos de los Judíos. Otros creen que se refiere á otros judíos que pretendían tener el poder de arrojar demonios aunque no eran discípulos de Jesús. Que había tales personas parece probable según lo que se nos refiere en los Actos 19:3.

Por tanto ellos serán vuestros jueces. Lo que esta expresión significa es: "Ellos rechazarán como injusta y absurda vuestra suposición de que yo arrojo los demonios por virtud de Belcebú."

20. El reino de Dios ha llegado á vosotros. El argumento de nuestro Señor es en otras palabras, como sigue: "Si estos milagros que yo obro son hechos realmente con el dedo de Dios, y prueban que yo he sido enviado por Dios, entonces, ya que lo queráis ó no, el gran día ha llegado evidentemente. El reino de Dios ha venido á vosotros cuando menos lo pensabais, y estos milagros son señal de la verificación de ese acontecimiento." Este argumento encerró á los adversarios de nuestro Señor en un dilema: ó tenían que negar que nuestro Señor echase fuera los demonios, lo cual no podían hacer; ó bien tenían que admitir que sus mismos hijos arrojaban los demonios por virtud de Belcebú, lo cual no querían hacer.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El espíritu inmundo que vuelve

Lucas 11.24-26

24 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre,  anda por lugares secos,  buscando reposo;  y no hallándolo,  dice: Volveré a mi casa de donde salí.

25  Y cuando llega,  la halla barrida y adornada.

26  Entonces va,  y toma otros siete espíritus peores que él;  y entrados,  moran allí;  y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.

El espíritu inmundo que vuelve

Lucas 11.24-26 Mt. 12.43-45 43  Cuando el espíritu inmundo sale del hombre,  anda por lugares secos,  buscando reposo,  y no lo halla. 44  Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí;  y cuando llega,  la halla desocupada,  barrida y adornada. 45  Entonces va,  y toma consigo otros siete espíritus peores que él,  y entrados,  moran allí;  y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 11.21-26

El asunto á que se refieren estas palabras de Cristo es misterioso á la vez que importante: son concernientes á Satanás y los medios de que usa para llevar á cabo sus designios.  Nuestro Señor explica la naturaleza del poder de Satanás y de sus operaciones. Sus palabras merecen marcada atención de los que deseen emprender con buen éxito la campaña del cristiano. Después de sus partidarios y aliados, el soldado ha de conocer bien á sus adversarios. Menester es que no ignoremos los ardides de Satanás.

Observemos en estos versículos qué cuadro tan espantoso del poder de Satanás presenta el Señor. Hay cuatro puntos en la descripción .que da que son señaladamente instructivos. Cristo se refiere á Satanás como "á un hombre fuerte." Satanás  ha demostrado bien su fuerza por medio de los triunfos que ha obtenido sobre el hombre. El que tentó á Adán y Eva para que rebelasen, y trajo el pecado al mundo; el que hizo cautiva á la mayor parte del género humano, y la privó del cielo; ese malvado es en verdad un adversario poderoso. El que se llama " Príncipe de este mundo " no es enemigo de despreciarse.  El demonio es muy fuerte.

Cristo se refiere á Satanás como á un "hombre fuerte y armado." Satanás está bien provisto de armas defensivas. No se deja vencer en pequeñas contiendas y ante débiles esfuerzos. El que quisiere batirlo tiene que emplear toda su fuerza. "Esta generación no sale sino por medio de la oración y del ayuno." Más Satanás está asimismo bien provisto de armas ofensivas. Nunca le faltan los medios de causar perjuicio al hombre. El tiene asechanzas é instrumentos de diferentes clases; y sabe exactamente cual es el mejor modo de atacar la gente de cada edad, rango, clase y nación. El diablo está bien armado.

Cristo habla del corazón del hombre considerándolo como el "palacio de Satanás." El corazón no convertido es la morada predilecta del demonio, y todas sus funciones y facultades son siempre de éste y cumplen su voluntad. Siéntase en el trono que Dios debiera ocupar y domina el interior del hombre. El diablo es el espíritu que obra en los "hijos de la desobediencia." Efes. 2:2.

Cristo dice de Satanás que "en paz está lo que posee." En tanto que el hombre está "muerto en sus culpas y pecados" mi corazón está tranquilo respecto de los asuntos espirituales. El porvenir no lo arredra; el bienestar de su alma no lo inquieta: no tiene temor de ir al infierno. Esta paz es falsa, sin duda. Es un sueño que no puede durar mucho tiempo, y del cual habrá algún día un terrible despertar. Pero que tal paz existe es un hecho innegable. Una insensibilidad torpe, inconsiderada y fría acerca do la eternidad, es uno de los peores síntomas que se presentan cuando el diablo domina el alma de un hombre.

Evitemos la frivolidad cuando pensemos en Satanás. La práctica común de hablar en chanza de Satanás es un mal muy grave. El prisionero que se chancea con el verdugo y hace burla del patíbulo debe de estar muy empedernido. El corazón del que habla livianamente del infierno y del demonio, debe de encontrarse en un estado lamentable.

Loado sea Dios que hay un Ser que es más poderoso aun que Satanás: Jesús, el Hijo de Dios. Poderoso como es el diablo, fue vencido por Jesús en la cruz. Fuerte como es, Cristo puede arrebatar los cautivos de sus manos y quebrantar las cadenas que los aprisionen. No descansemos hasta que sepamos por experiencia propia lo que es esa libertad, y hasta que hayamos sido emancipados por el Hijo de Dios.

Observemos, además, en estos versículos, de qué manera tan convincente enseña nuestro Señor que la neutralidad es imposible. El dice: "El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no coge, derrama."

Todos los que hacen una profesión decidida de religión debieran tener presente este principio. Por lo general á todos nos gusta un Cristianismo cómodo. Nos desagradan las disputas y las disensiones; nos gusta estar de paz con todos; los extremos nos arredran; no queremos ser demasiado escrupulosos; tememos ir demasiado lejos. Todas estas ideas son muy peligrosas para el alma. Si dejamos que dominen nuestro ánimo pueden causarnos un daño considerable. Nada hay que ofenda tanto á Jesucristo como la tibieza en materias religiosas. El que es completamente indiferente é ignorante, aunque culpable, se hace digno de compasión; pero el que conoce la verdad y no obstante duda y vacila, comete uno de los más graves pecados.

Propongámonos firmemente que, de servir á Cristo, lo haremos de todo corazón. Hagamos á un lado la reserva, los partidos medios, la diversión de los afectos y toda la intención de conciliar en religión á Dios con las riquezas. Resolvamos que, mediante la ayuda de Dios, nos consagraremos al servicio de Cristo y estaremos á su lado, dejando que el mundo diga y haga lo que quiera. Al principio nos será difícil; pero, con el tiempo, obtendremos la recompensa. Sin tomar una resolución firme no hay felicidad posible en religión. Cuanto más decididamente sigamos a Jesús, tanto menores serán los tropiezos que encontremos. Sin, una resolución firme en materias religiosas no podemos ser útiles á nuestros semejantes. El que es cristiano á medias no atrae á nadie por la bondad de su conducta, ni se granjea la estimación del  mundo.

Notemos, finalmente, cuan arriesgado es contentarse con cualquiera cambio religioso que no alcance á ser una conversión completa. Esta es una verdad que nuestro Señor nos enseña haciéndonos la pintura de un hombre de quien un espíritu inmundo había sido echado; pero en cuyo corazón no había penetrado el Espíritu Santo. El dice que el espíritu buscó descanso, pero no lo pudo hallar; y agrega también como se propuso volver al corazón que había habitado; cómo llevó á efecto su designio; cómo encontró el corazón destituido de todo bien y como casa barrida y adornada; y cómo entró otra vez, con siete espíritus peores que él y fijó allí su habitación; y termina toda la descripción con estas palabras: " Y son las postrimerías de tal hombre peores que las primeras."

No podemos menos de percibir, al leer estas terribles palabras, que Jesús estaba hablando de cosas que nosotros no comprendemos sino muy débilmente. Es que en esos momentos levantaba una punta del velo que cubre el mundo invisible. Sus palabras, sin duda, daban á conocer el estado en que se encontraban las cosas en la nación judaica en aquel entonces. Pero también dan á conocer algo que nos concierne á nosotros, es á saber el peligro en que se encuentran nuestras propias almas. En ellas se nos previene de una manera solemne que no nos satisfagamos con la reforma religiosa que no va acompañada de la conversión del corazón.

Solo en ser verdaderos y sinceros cristianos puede encontrarse completa seguridad. Abandonar nuestros pecados escandalosos, de nada sirve si la gracia no reina en nuestros corazones. Dejar de obrar mal es poca cosa si al mismo tiempo no aprendemos a hacer el bien No es suficiente que la casa haya sido barrida y blanqueada: es necesario que otro habitante la ocupe para que el antiguo no vuelva á presentarse. No basta que la vida exterior se adorne con las colgaduras de las formas religiosas: es necesario que en el interior se experimente el influjo de una religión vital. No basta que es eche fuera al demonio: preciso es que el Espíritu Santo tome su lugar. Cristo ha de morar en nuestros corazones por medio de la fe. No solo debemos estar moralizados, sino también espiritualizados. No solo debemos reformarnos: preciso es que experimentemos aquel renacimiento de que hablan las Escrituras.

Meditemos bien sobre estas verdades. Es de temerse que muchos que se llaman cristianos se están engañando á sí mismo. No son lo que antes eran, y por lo tanto se imaginan que son lo que debieran ser. No profanan el domingo ni cometen otros pecados escandalosos, y por esto se imaginan que son cristianos. No perciben que no han hecho otra cosa que cambiar un mal por otro. Están poseídos de un espíritu farisaico decente en apariencia, en vez de un espíritu inmundo, violento y audaz. Pero ese morador es siempre el diablo, y sus "postrimerías serán peores que sus primeras." ¡Plegué al cielo librarnos de cambio semejante! Que nuestras creencias religiosas, cualesquiera que fueren, sean decididas. No seamos como casas barridas y adornadas donde no mora el Espíritu. No seamos como sepulcros blanqueados. Que nuestra oración diaria sea: "Examíname, Oh Dios y ve si hay en mí camino de perversidad; y guíame en el camino del mundo." Salmo 139:24

NOTAS.   LUCAS 11: 21-26.

21 Un hombre fuerte. La expresión griega seria traducida más literalmente "el fuerte"   La palabra hombre no se halla en el original.

22 otro más fuerte que él. Se refiere á nuestro Señor, que venció á Satanás. Reparte despojos. Tal vez nuestro Señor no quiso que diéramos un sentido literal a estas palabras, sino que las aceptásemos como expresiones de la aplicación que El hace de las facultades del hombre cuando convierte su alma es apodera de las dotes intelectuales y de los afectos sobre los cuales el diablo estado reinando, y los usa para su propia gloria.

Al que no es conmigo, contra mi es.   Los comentadores explican esta expresión de distintos modos.   Algunos creen que deba circunscribirse tan solo al asunto que nuestro Señor está tratando, es decir, la completa separación de lo que existe entre su reino y el de Satanás, y opinan que nuestro Señor se empeña en mostrar lo absurdo de la idea que El arrojase los demonios por virtud de Beelzebú y que su argumento es como sigue: "No puede haber alianza entre mí y Satanás; porque él no es conmigo, y por lo tanto es contra mí; El no recoge con, y por lo tanto derrama."Otros creen que dicha expresión tiene una explicación más lata, y que se refiere á todos los que vacilan, y dudan, y se disculpan, de los cuales, sin duda, había muchos entre los oyentes de nuestro Señor; dicen que Jesús estaba haciendo ver el gran peligro en que se hallaban muchos de los Judíos que lo estaban oyendo, pues habiendo sido despertados de su indiferencia, por Juan el Bautista, debieran haber recibido bien al Salvador; mas no lo hicieron así, y fingiendo estar atormentados de dudas, permanecieron neutrales  é indecisos. Esta última interpretación es, en nuestro concepto, la mejor, creemos que la corrobora el pasaje que sigue á las palabras citadas.

A primera vista parece difícil conciliar las palabras de nuestro Señor contenidas en este versículo con las que, sobre el mismo asunto, se encuentran en otros lugares. Refiriéndose á un hombre que había estado lanzando demonios en su nombre, dijo: "No se lo vedéis, porque el que no es contra nosotros por nosotros es."

Mas examinando bien estas expresiones, su conciliación no es difícil. Téngase presente que ellas fueron dirigidas á dos clases distintas de personas. En el primer caso nuestro Señor se refirió á un hombre que realmente estaba trabajando por su causa, y la de la humanidad entera, y en contra del demonio, aunque quizá no de la manera más discreta. De él dijo: "El que no es contra nosotros por nosotros es." El trabaja contra el mismo enemigo que nosotros atacamos, y por lo tanto, pertenece á nuestro bando. En el segundo caso, que es el que tenemos á la vista, nuestro Señor se refirió á los que rehusaron unírsele y hacerse sus discípulos; á los que se mantenían lejos de él y estaban temerosos ó se avergonzaban de servirle. De ellos dijo: "El que no es conmigo contra mi es," es decir, no profesa ser amigo nuestro, y por lo tanto, se hace de hecho uno de nuestros adversarios.

24. Anda por lugares secos. La expresión "lugares secos" es de difícil interpretación. La traducción literal de las palabras griegas seria: "lugares sin agua"   Según unos, significa lugares no habitados ó desiertos. Según otros significa los gentiles, sobre quienes Satanás ejerció su poder antes de que les fuera predicado el Evangelio, y los paganos a quienes Satanás domina en nuestros días

25. Barrida y adornada. Esta expresión debe tomarse como figurativa.

26. Peores que él. Esto parece indicar que aun entre los demonios hay diversos grados de maldad. De la misma manera hay diversos grados de gloria en el cielo, de gracia en la tierra y de castigos en el infierno.

Y son las postrimerías peores que las primeras. La tendencia de un reincidente (es decir, de uno que ha profesado la religión, y después se vuelve al mundo á ser peor de lo que era antes de su supuesta conversión, es un hecho penoso, pero notorio. Tener un conocimiento claro del Evangelio, y al mismo tiempo elegir el pecado y el mundo, parece engendrar el más pernicioso endurecimiento moral

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Los que en verdad son bienaventurados

Lucas 11.27-28

27  Mientras él decía estas cosas,  una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo,  y los senos que mamaste.

28  Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios,  y la guardan.

 
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

La generación perversa demanda señal

Lucas 11.29-32

29  Y apiñándose las multitudes,  comenzó a decir: Esta generación es mala;  demanda señal,  pero señal (Mt. 16.4; Mr. 8.12) no le será dada,  sino la señal de Jonás.

30  Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, (Jon. 3.4) también lo será el Hijo del Hombre a esta generación. 

31 La reina del Sur se levantará en el juicio con los hombres de esta generación,  y los condenará;  porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, (1 R. 10.1-10; 2 Cro. 9.1-12) y he aquí más que Salomón en este lugar.

32  Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación,  y la condenarán;  porque a la predicación de Jonás se arrepintieron, (Jon. 3.5)   y he aquí más que Jonás en este lugar.

La generación perversa demanda señal

Lucas 11.29-32 Mt. 12.38-42 38  Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos,  diciendo: Maestro,  deseamos ver de ti señal.

39  El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal;  pero señal no le será dada,  sino la señal del profeta Jonás.

40  Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

41  Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación,  y la condenarán;  porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar.

42  La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación,  y la condenará;  porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar.

Lucas 11.29 Mt. 16.4; Mr. 8.12

Mt. 16.4 La generación mala y adúltera demanda señal;  pero señal no le será dada,  sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos,  se fue.

Mr. 8.12 Y gimiendo en su espíritu,  dijo: ¿Por qué pide señal esta generación?  De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.

Lucas 11.30 Jon. 3.4 Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad,  camino de un día,  y predicaba diciendo:  De aquí a cuarenta días Nínive será destruida

Lucas 11.31 1 R. 10.1-10; 2 Cro. 9.1-12

1 R. 10.1-10 1  Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová,  vino a probarle con preguntas difíciles. 2  Y vino a Jerusalén con un séquito muy grande,  con camellos cargados de especias,  y oro en gran abundancia,  y piedras preciosas;  y cuando vino a Salomón,  le expuso todo lo que en su corazón tenía. 3  Y Salomón le contestó todas sus preguntas,  y nada hubo que el rey no le contestase. 4  Y cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón,  y la casa que había edificado, 5  asimismo la comida de su mesa,  las habitaciones de sus oficiales,  el estado y los vestidos de los que le servían,  sus maestresalas,  y sus holocaustos que ofrecía en la casa de Jehová,  se quedó asombrada. 6  Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; 7  pero yo no lo creía,  hasta que he venido,  y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad;  es mayor tu sabiduría y bien,  que la fama que yo había oído. 8  Bienaventurados tus hombres,  dichosos estos tus siervos,  que están continuamente delante de ti,  y oyen tu sabiduría. 9  Jehová tu Dios sea bendito,  que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel;  porque Jehová ha amado siempre a Israel,  te ha puesto por rey,  para que hagas derecho y justicia. 10  Y dio ella al rey ciento veinte talentos de oro,  y mucha especiería,  y piedras preciosas;  nunca vino tan gran cantidad de especias,  como la reina de Sabá dio al rey Salomón.

2 Cro.9.1-12 1  Oyendo la reina de Sabá la fama de Salomón,  vino a Jerusalén  con un séquito muy grande,  con camellos cargados de especias aromáticas,  oro en abundancia,  y piedras preciosas,  para probar a Salomón con preguntas difíciles.  Y luego que vino a Salomón,  habló con él todo lo que en su corazón tenía. 2  Pero Salomón le respondió a todas sus preguntas:  y nada hubo que Salomón no le contestase. 3  Y viendo la reina de Sabá la sabiduría de Salomón,  y la casa que había edificado, 4  Y las viandas de su mesa,  las habitaciones de sus oficiales,  el estado de sus criados y los vestidos de ellos,  sus maestresalas y sus vestidos,  y la escalinata por donde subía a la casa de Jehová,  se quedó asombrada. 5  Y dijo al rey: Verdad es lo que había oído en mi tierra acerca de tus cosas y de tu sabiduría; 6  Mas yo no creía las palabras de ellos,  hasta que he venido,  y mis ojos han visto: y he aquí que ni aun la mitad de la grandeza de tu sabiduría me había sido dicha;  porque tú superas la fama que yo había oído. 7  Bienaventurados tus hombres,  y dichosos estos siervos tuyos,  que están siempre delante de ti,  y oyen tu sabiduría. 8  Bendito sea Jehová tu Dios,  el cual se ha agradado de ti para ponerte sobre su trono como rey para Jehová tu Dios: por cuanto tu Dios amó a Israel para afirmarlo perpetuamente,  por eso te ha puesto por rey sobre ellos,  para que hagas juicio y justicia. 9  Y dio al rey ciento veinte talentos de oro,  y gran cantidad de especias aromáticas,  y piedras preciosas: nunca hubo tales especias aromáticas  como los que dio la reina de Sabá al rey Salomón. 10  También los siervos de Hiram y los siervos de Salomón,  que habían traído el oro de Ofir,  trajeron madera de sándalo,  y piedras preciosas. 11  Y  de la madera de sándalo el rey hizo gradas en la casa de Jehová,  y en las casas reales,  y arpas y salterios para los cantores: nunca en tierra de Judá se había visto madera semejante. 12  Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso y le pidió,  más de lo que ella había traído al rey.  Después ella se volvió y se fue a su tierra con sus siervos.

Lucas 11.32 Jon. 3.5 Y los hombres de Nínive creyeron a Dios,  y proclamaron ayuno,  y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 11.27-32

En este pasaje se hace mención de una mujer de cuyo nombre é historia no sabemos nada. Se nos dice que, cuando nuestro Señor habló, "una mujer de la multitud, levantando la voz le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo y los pechos que mamaste." Al punto nuestro Señor, tomando por base esas palabras, enseña una importante lección. En su sabiduría perfecta sabía valerse de cualquiera incidente para inculcar alguna lección provechosa.

Debemos observar al leer estos versículos cuan grandes son los privilegios de los que oyen y guardan la palabra de Dios. Cristo los estima tanto como si fueran sus parientes más cercanos. Es mayor bien creer en el Señor que lo hubiera sido pertenecer á su familia.

Es mayor honra para la Virgen María que Cristo morara en su corazón por medio de la fe, que haber sido su madre y haberlo recostado en su seno. Nosotros no aceptamos de muy buen grado verdades como estas. Nos figuramos que haber visto á Cristo, haberlo oído, haber vivido cerca de él, y haber sido pariente suyo, habría tenido un efecto poderoso en nuestras almas. Por naturaleza estamos inclinados á darle mucha importancia á la religión de la vista, del oído y del tacto. Nos gusta mucho más una religión material, tangible, que podamos percibir por los sentidos, que la religión de la fe; y necesitamos que se nos recuerde que ver no siempre es creer. Millares de hombres hubo que vieron á Cristo cuando habitó sobre la tierra, y que sin embargo permanecieron asidos de sus pecados. Aun sus hermanos "no creyeron en él" al principio Juan 7:5. Un conocimiento de Cristo meramente carnal no salva a nadie. Las siguientes palabras de Pablo son muy instructivas: "Y si aun á Cristo conocimos según la carne, ahora empero ya no lo conocemos más." 2 Cor. 5:16.

Las palabras ya citadas de nuestro Señor Jesucristo nos enseñan que los privilegios más elevados á que pueda aspirar el alma están cerca de nosotros y á nuestro alcance, con la sola condición de creer. No hay para que abrigar el vano deseo de haber vivido cerca de Capernaúm, ó junto á la casa de José en Nazaret. Ni hay para que pensar que habríamos sentido un amor más profundo y una devoción más completa, si en efecto hubiéremos estrechado su mano ú oído su voz; ó si hubiéramos sido contados en el número de sus parientes. Nada de esto nos habría sido de tanto provecho entonces como una fe sencilla puede sernos ahora. ¿Oímos la voz de Cristo y lo seguimos? Lo aceptamos como á nuestro único Salvador y á nuestro único Protector y, abandonando toda otra esperanza, nos acogemos á El. Si esto fuere así, nada nos faltará. Ni necesitamos de un privilegio más alto, ni podemos obtenerlo hasta que Cristo venga al mundo por segunda vez. Ninguno puede ser más querido para Cristo que el creyente. También es de notarse en estos versículos cuan grande era la incredulidad de los Judíos en la época en que nuestro Señor vivió sobre la tierra. Se nos dice que aunque se agolpaban á oír predicar á nuestro Señor, todavía decían que aguardaban una señal; Parece que querían mayores pruebas para poder creer, y nuestro Señor dijo que la reina de Sabá y los ninivitas harían ruborizar á los Judíos en el último día. La reina de Sabá tenia una fe tan grande que viajó una gran distancia para oír los sabios discursos de Salomón. Y sin embargo, Salomón con toda su sabiduría era un rey imperfecto y falible. Los ninivitas tenían tal fe que creyeron el mensaje que Jonás les trajo por mandato de Dios, y se arrepintieron. Y, con todo, Jonás era un profeta débil y voluble. Los judíos que fueron contemporáneos de nuestro Señor, gozaban do mayor luz intelectual y de enseñanzas más claras de las que podían comunicar Salomón ó Jonás. Ellos tenían en su seno al Rey do reyes, á un profeta mayor que Moisés. Y con todo ni se arrepintieron ni creyeron.

No debemos sorprendernos si vemos que abunda la incredulidad, tanto en la iglesia como fuera de ella. Lejos de maravillarnos de que haya habido hombres como Paine, Hobbes, Rousseau y Voltaire, debemos admirarnos de que su número haya sido tan reducido. Lejos de maravillarnos de que la mayor parte de los cristianos que han hecho profesión de fe no se conmuevan ni enternezcan cuando oyen predicar el Evangelio, debemos maravillarnos de que haya algunos que crean algo, ¿Por qué hemos de extrañar que esa antigua enfermedad que empezó con Adán y Eva inficione á todos sus hijos? ¿Qué razón tenemos para querer ver más fe hoy que en los días de Jesús? Tanta incredulidad y endurecimiento como presenciamos todos los días pueden causarnos pena y dolor, pero no deben sorprendernos.

Rindamos gracias á Dios si hemos recibido el don de la fe. Es un gran consuelo y un gran bien creer en toda la Biblia. Nosotros no nos formamos ni una idea aproximada de la corrupción de la naturaleza humana.   Nosotros no percibimos toda la gravedad del mal que aflige á los hijos de Adán, ni sabemos cuan pocos son los que se salvan.   ¿Tenemos fe, aunque sea débil y pequeña?   Demos gracias á Dios por ese bien.   ¿Quiénes somos nosotros para que Dios nos haya favorecido así?   Velemos para no caer en la incredulidad. Aun después de que el árbol haya sido cortado, machas veces queda dentro de nosotros la raíz. Guardemos la fe con santo celo.   Es el escudo del alma. Es la virtud que Satanás se empeña más en destruir. Acojámosla con ardor.   ¡Bienaventurados los que creen!

Notemos por último, que nuestro Señor Jesucristo reafirma la verdad de la resurrección y de la vida venidera. Menciona á la reina austro, cuya morada y cuyo nombre nos son desconocidos, y dice que se levantará en juicio.   Menciona también á los Ninivitas, pueblo que ha desaparecido, y dice asimismo de ellos: "Se levantarán en juicio."

Hay algo sobre manera solemne é instructivo en estas palabras. Nos recuerdan que este mundo no lo comprende todo; y que la presente no es la vida que debe preferentemente ocupar nuestros pensamientos.   Los reyes de la antigüedad resucitarán algún día y tendrán que presentarse ante el tribunal de Dios. Las muchedumbres inmensas que en otros tiempos se agolparon á los palacios de Nínive, han de salir de sus sepulcros á dar cuenta de sus obras. A nosotros  nos parece que han desaparecido para siempre.   Llenos de admiración leemos descripciones de sus salones vacíos, y hablado ellos como si hubieran perecido del todo. Sus habitaciones se encuentran desiertas; sus cadáveres se han convertido en polvo; mas, para Dios, todos ellos viven todavía.   La reina del Austro y los Ninivitas resucitarán algún día.    Todavía podremos vernos cara á cara.

Que esa realidad que se llama la resurrección esté siempre fija en nuestra mente. Que la vida futura ocupe constantemente nuestro pensamiento. No vayamos á creer que todo acaba cuando el hombre exhala el último suspiro, y el sepulcro recibe el cadáver.

Acaso gentes extrañas habiten nuestras casas y gocen de nuestro dinero. Tal vez nuestros  mismos nombres sean arrojados al olvido. Sin embargo, no todo ha acabado., dentro de corto tiempo todos viviremos de nuevo: "Y la tierra echará los muertos" Isa. 26.19. Ni es de sorprenderse que muchos a semejanza de Felix, tiemblen cuando piensen en estas cosas. Pero los que viven por la fe en el Hijo de Dios, como S. Pablo, deben levantar la cerviz llenos de gozo.

NOTAS LUCAS 11.27-32

20. Jonás fue señal. La semejanza entre Jonás y nuestro Señor ha sido explicada de varias maneras. Tal vez el punto  principal consiste en el hecho de que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena y salió al tercer  día, todo lo cual probablemente fue tipo de los tres días que nuestro Señor estuvo en el sepulcro y también de su resurrección.

31. Uno mayor que Salomón. Nótese que tanto en este versículo, como ni del siguiente, la palabra griega traducida "uno mayor" quiere decir literalmente "una cosa mayor." Es probable que esa cosa sea "la señal."

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

La lámpara del cuerpo

Lucas 11.33-36

33  Nadie pone en oculto la luz encendida,  ni debajo del almud,  sino en el candelero, (Mt. 5.15; Mr. 4.21; Lc. 8.16) para que los que entran vean la luz.

34  La lámpara del cuerpo es el ojo;  cuando tu ojo es bueno,  también todo tu cuerpo está lleno de luz;  pero cuando tu ojo es maligno,  también tu cuerpo está en tinieblas.

35  Mira pues,  no suceda que la luz que en ti hay,  sea tinieblas.

 36  Así que,  si todo tu cuerpo está lleno de luz,  no teniendo parte alguna de tinieblas,  será todo luminoso,  como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.

La lámpara del cuerpo

Lucas 11.33-36 Mateo 6.22-23 22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

Lucas 11.33 Mt. 5.15; Mr. 4.21; Lc. 8.16

Mt. 5.15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

Mr. 4.21 También les dijo: ¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud,  o debajo de la cama?  ¿No es para ponerla en el candelero?;

Lc. 8.16 Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija,  ni la pone debajo de la cama,  sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 11.33-36

Estas palabras de nuestro Señor nos enseñan cuan importante no es hacer buen uso de nuestros conocimientos y privilegios religiosos. Se nos recuerda que es lo que los hombres hacen cuando encienden una vela;  que no la ponen en oculto ni debajo do un almud, sino sobre un candelero para que sea útil y alumbre. Cuando el hombre tiene delante de sí el Evangelio es como si Dios le hubiera presentado una vela encendida. No basta que lo oiga, y lo apruebe, y lo admire, y acepte las verdades que contiene: ha de recibirlo en el corazón y practicarlo en su conducta diaria. En tanto que no haga esto su alma no recibirá más provecho que la de un pagano de África que jamás haya oído el Evangelio. Tiene delante de sí una vela encendida, pero no hace buen uso de ella. Tal conducta es muy culpable. El haber descuidado la luz que Dios ofrece será una acusación grave en el último día.

Pero aun el que profesa apreciar la luz en su verdadero valor debe tener cuidado de no ser egoísta al usarla. Es su deber procurar que esa luz refleje hacia todos los que lo rodeen, y que otros lleguen al conocimiento de la verdad que él ha hallado tan benéfica. Su luz ha de resplandecer de tal modo en medio de los hombres que ellos vean á quién se la entregado y á quién sirve, y sean así inducidos á seguir su ejemplo y á hacerse discípulos del Señor.

Esa luz ha de ser para él como cosa prestada y por la cual es responsable. Ha de colocarla de tal manera que todos puedan verla, alumbrar y creer.

Guardémonos de menospreciar la luz que poseemos.   El pecado que muchos cometen sobre este particular es mucho mayor ellos de lo que ellos suponen. Hay muchos hombres que se lisonjean que sus almas no se encuentran en muy mal estado porque no cometen actos escandalosos ó bajos de inmoralidad, y son decentes y decorosos en su conducta. Mas ¿menosprecian el Evangelio? ¿Van a la iglesia tranquilamente año tras año, y no toman resolución alguna respecto al servicio de Cristo?   Si así fuere, necesario es que sepan que su maldad es muy grande á los ojos de Dios. Poseer la luz, y no "caminar en la luz" es de suyo un gran pecado, Es desdeñar y tratar con indiferencia al Rey de reyes.

Evitemos ser egoístas en materias religiosas aun después que haber aprendido á apreciar la luz, es decir, la verdad en su intrínseco valor. Esforcémonos por que nuestros semejantes vean que hemos encontrado la "perla de gran precio" y queremos que ellos en la encuentren. Hay razón para abrigar sospechas respecto a las convicciones religiosas de un hombre cuándo este se muestra satisfecho de ir solo al cielo. El verdadero cristiano tiene siempre un corazón noble. Si es padre, anhela la salvación de sus hijos. Si es amo de casa, desea que sus criados se conviertan. Si es dueño de tierras, quiere que sus arrendatarios entren con él en el reino de Dios. ¡He aquí la verdadera religión! El cristiano que se contenta guardar para sí todo lo que sabe, todo lo que siente, todo lo cree, se encuentra en un estado espiritual muy débil y peligroso.

Estos versículos nos enseñan, en segundó lugar, cuánto vale un corazón sencillo y consagrado del todo al deber. Para ejemplificar esta lección nuestro Señor se sirve de las funciones del ojo en el cuerpo  humano; y nos trae á la memoria que cuando el ojo es "sencillo" ó está completamente sano, la acción del cuerpo recibe un influjo benéfico; y que, por el contrario, cuando el ojo es "malo," ó está viciado, afecta de una manera desagradable el bienestar y la actividad del hombre. En un país oriental, como la Palestina donde las enfermedades de los ojos son desgraciadamente muy comunes, el ejemplo tenia de suyo fuerza, especial.

Pero ¿en qué caso puede decirse que el corazón de un hombre sea sencillo en asuntos religiosos? ¿En qué se distingue el corazón sencillo? La cuestión es de inmensa importancia. Bueno sería para la iglesia y para el mundo si los corazones sencillos abundaran más.

Es corazón sencillo el que no solo ha experimentado el arrepentimiento y la conversión y ha sido renovado, sino que está ordinariamente y de la manera más poderosa y completa bajo el influjo del Espíritu Santo. El que posee tal corazón aborrece la indecisión, la duda y la tibieza en todo lo relativo á la religión. Contempla un gran espectáculo: Cristo muriendo por amor á los pecadores. Anímalo una grande aspiración: glorificar á Dios y hacer su voluntad. Le sostiene un gran deseo: agradar á Dios y obtener su aprobación.   En comparación con ese espectáculo, esa aspiración, ese deseo, el hombre de corazón sencillo no conoce nada quo valga la pena de nombrarse.    La alabanza y los beneficios de los hombres no valen nada para él.    El reproche y la desaprobación pública son para él trivialidades ligeras como el viento. "Una cosa deseo-una cosa hago-por una cosa vivo:" he aquí las palabras del hombre de corazón sencillo.     Salmo 27:4;  Lucas 10:42; Filip. 3:13. Tales fueron Abrahán y Moisés, David y Pablo, Lutero y Latimer.    Todos ellos tuvieron sus debilidades y flaquezas, y sin duda cometieron algunos errores, mas todos ellos tuvieron este rasgo distintivo: que eran hombres completamente consagrados á su causa.   En otras palabras, tenían corazones sencillos, y eran incuestionablemente siervos de Dios.

Las bendiciones que resultan de un corazón sencillo son casi incalculables. El que lo posee puede hacer muchísimo bien á la humanidad. Es como un faro en medio de un mundo tenebroso. Refleja luz sobre centenares de personas á quienes no conoce. Todo su cuerpo es resplandeciente. En cada acto suyo puede percibirse el influjo de su maestro. Su piedad se manifiesta en toda su conducta. Su familia, sus criados, sus parientes, sus vecinas, sus amigos, sus enemigos, todos conocen sus inclinaciones, y todos tienen que confesar, de grado ó por fuerza, que su religión es Dios.

Se hace sentir,   y lo que es todavía mejor, el hombre, sencillo recibe un premio de no pequeño precio en las emociones internas de su alma. Se alimenta de algo que el mundo no conoce. Experimenta en creer un gozo y una tranquilidad que cristianos poco fervorosos jamás sienten. Tiene la faz vuelta hacia el sol y por esto su corazón jamás se entibia.

Oremos y trabajemos por que nuestro ojo sea sencillo y nuestro corazón ardiente.   Si profesamos ser religiosos, seámoslo del todo, cristianos, seámoslo de una manera decidida.   De esto depende nuestra paz interior así como también los buenos frutos de nuestras  vidas.   Nuestro ojo ha de ser sencillo si queremos que nto cuerpo sea resplandeciente.

NOTAS   LUCAS 11:33-36

33. Nadie pone en oculto una candela encendida. No puede citarse un ejemplo mas notable del error de poner la luz debajo de un almud, que lo que la iglesia romanista hace con la Biblia.

35. Mira que la luz, etc. El significado de este versículo parece ser como sigue: Cuidad, no sea que esa facultad vuestra que debiera ser el ojo del alma, se deslustre y embote tanto con el pecado, la indolencia y la incredulidad, que venga  a ser tan inútil como si no existiera. Cuidad, no sea que endureciendo vuestro corazón ante la luz del Evangelio, os volváis indiferentes y seáis abandonados a un ánimo perverso.

36. Asi que siendo todo tu cuerpo resplandeciente.   A primera vista parece que este versículo  contiene tan solo la aserción de una de esas verdades tan evidentes que a nadie se ocultan. Como si no dijera, sino: "Si tu cuerpo es resplandeciente, es resplandeciente."   Esto sin embargo, no es todo lo que las palabras de nuestro  Señor significan.  En nuestro concepto este es su significado: Si el ojo tu alma fuere completamente sano y si tu corazón completamente recto á los ojos de Dios, de manera que todas tus pensamientos, palabras y acciones reciben su influjo, entonces tu carácter resplandecerá, como una luz que alumbra en medio de la oscuridad.   No solo tendrás luz suficiente para ti, sino que la reflejarás  hacia otros.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús acusa a fariseos y a intérpretes de la ley

Lucas 11.37-54

37  Luego que hubo hablado,  le rogó un fariseo que comiese con él;  y entrando Jesús en la casa,  se sentó a la mesa.

38  El fariseo,  cuando lo vio,  se extrañó de que no se hubiese lavado antes de comer.

39  Pero el Señor le dijo: Ahora bien,  vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato,  pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad.

40  Necios,  ¿el que hizo lo de fuera,  no hizo también lo de adentro?

41  Pero dad limosna de lo que tenéis,  y entonces todo os será limpio.

42  Mas  ¡ay de vosotros,  fariseos!  Que diezmáis la menta,  y la ruda,  y toda hortaliza, (Lv. 27.30) y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios.  Esto os era necesario hacer,  sin dejar aquello.

43  ¡Ay de vosotros,  fariseos!  Que amáis las primeras sillas en las sinagogas,  y las salutaciones en las plazas.

44  ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Que sois como sepulcros que no se ven,  y los hombres que andan encima no lo saben.

45  Respondiendo uno de los intérpretes de la ley,  le dijo: Maestro,  cuando dices esto,  también nos afrentas a nosotros.

46  Y él dijo: ¡Ay de vosotros también,  intérpretes de la ley!  Porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar,  pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis.

47  ¡Ay de vosotros,  que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres!

48  De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres;  porque a la verdad ellos los mataron,  y vosotros edificáis sus sepulcros.

49  Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles;  y de ellos,  a unos matarán y a otros perseguirán,

50  para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo,

51  desde la sangre de Abel (Gn. 4.8) hasta la sangre de Zacarías, (2 Cro. 24.20-21)  que murió entre el altar y el templo;  sí,  os digo que será demandada de esta generación.

52  ¡Ay de vosotros,  intérpretes de la ley!  Porque habéis quitado la llave de la ciencia;  vosotros mismos no entrasteis,  y a los que entraban se lo impedisteis.

53  Diciéndoles él estas cosas,  los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera,  y a provocarle a que hablase de muchas cosas;

54  acechándole,  y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle.

Jesús acusa a fariseos y a intérpretes de la ley

Lucas 11.37-54 Mt. 23.1-36; Mr. 12.38-40; Lc. 20.45-47

Mt. 23.1-36 1  Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos,  diciendo: 2  En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. 3  Así que,  todo lo que os digan que guardéis,  guardadlo y hacedlo;  más no hagáis conforme a sus obras,  porque dicen,  y no hacen.  4  Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar,  y las ponen sobre los hombros de los hombres;  pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. 5  Antes,  hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres.  Pues ensanchan sus filacterias,) y extienden los flecos de sus mantos; 6  y aman los primeros asientos en las cenas,  y las primeras sillas en las sinagogas, 7  y las salutaciones en las plazas,  y que los hombres los llamen: Rabí,  Rabí. 8  Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí;  porque uno es vuestro Maestro,  el Cristo,  y todos vosotros sois hermanos. 9  Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra;  porque uno es vuestro Padre,  el que está en los cielos. 10  Ni seáis llamados maestros;  porque uno es vuestro Maestro,  el Cristo. 11  El que es el mayor de vosotros,  sea vuestro siervo 12  Porque el que se enaltece será humillado,  y el que se humilla será enaltecido. 13  Más  ¡ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres;  pues ni entráis vosotros,  ni dejáis entrar a los que están entrando. 14   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque devoráis las casas de las viudas,  y como pretexto hacéis largas oraciones;  por esto recibiréis mayor condenación. 15   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito,  y una vez hecho,  le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. 16   ¡Ay de vosotros,  guías ciegos!  Que decís: Si alguno jura por el templo,  no es nada;  pero si alguno jura por el oro del templo,  es deudor. 17   ¡Insensatos y ciegos!  Porque  ¿cuál es mayor,  el oro,  o el templo que santifica al oro? 18  También decís: Si alguno jura por el altar,  no es nada;  pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él,  es deudor.19   ¡Necios y ciegos!  Porque  ¿cuál es mayor,  la ofrenda,  o el altar que santifica la ofrenda? 20  Pues el que jura por el altar,  jura por él,  y por todo lo que está sobre él; 21  y el que jura por el templo,  jura por él,  y por el que lo habita; 22  y el que jura por el cielo,  jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él. 23   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino y dejáis lo más importante de la ley: la justicia,  la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer,  sin dejar de hacer aquello. 24   ¡Guías ciegos,  que coláis el mosquito,  y tragáis el camello! 25   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato,  pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. 26   ¡Fariseo ciego!  Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato,  para que también lo de fuera sea limpio. 27   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera,  a la verdad,  se muestran hermosos,  más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. 28  Así también vosotros por fuera,  a la verdad,  os mostráis justos a los hombres,  pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. 29   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque edificáis los sepulcros de los profetas,  y adornáis los monumentos de los justos, 30  y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres,  no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. 31  Así que dais testimonio contra vosotros mismos,  de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.

32   ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! 33   ¡Serpientes,  generación de víboras!)  ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? 34  Por tanto,  he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas;  y de ellos,  a unos mataréis y crucificaréis,  y a otros azotaréis en vuestras sinagogas,  y perseguiréis de ciudad en ciudad; 35  para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra,  desde la sangre de Abel  el justo hasta la sangre de Zacarías  hijo de Berequías,  a quien matasteis entre el templo y el altar. 36  De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.

Mr. 12.38-40 38  Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas,  que gustan de andar con largas ropas,  y aman las salutaciones en las plazas, 39  y las primeras sillas en las sinagogas,  y los primeros asientos en las cenas; 40  que devoran las casas de las viudas,  y por pretexto hacen largas oraciones.  Estos recibirán mayor condenación.

Lc. 20.45-47 45  Y oyéndole todo el pueblo,  dijo a sus discípulos: 46  Guardaos de los escribas,  que gustan de andar con ropas largas,  y aman las salutaciones en las plazas,  y las primeras sillas en las sinagogas,  y los primeros asientos en las cenas; 47  que devoran las casas de las viudas,  y por pretexto hacen largas oraciones;  éstos recibirán mayor condenación.

Lucas 11.42 Lv. 27.30 Y el diezmo de la tierra,  así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles,  de Jehová es;  es cosa dedicada a Jehová.

Lucas 11.51 Gn. 4.8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo.  Y aconteció que estando ellos en el campo,  Caín se levantó contra su hermano Abel,  y lo mató.

Lucas 11.51 2 Cro. 24.20-21 20  Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías,  hijo del sacerdote Joiada;  y puesto en pie,  donde estaba más alto que el pueblo,  les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová?  No os vendrá bien por ello;  porque por haber dejado a Jehová,  el también os abandonará. 21  Pero ellos hicieron conspiración contra él,  y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo,  en el patio de la casa de Jehová.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 11.37-44

Notemos en este pasaje que nuestro Señor Jesucristo estaba pronto, cuando era necesario, a mezclarse en la sociedad de los no convertidos. Se nos refiere que le rogó un fariseo que comiese con él., Dicho hombre no pertenecía al número de sus discípulos; y sin embargo "Jesús entró y su sentó á la mesa."

La conducta que nuestro Señor observó en esta y otras ocasiones ha sido descrita para que sirva de ejemplo á todos los cristianos. Cristo es nuestro modelo, así como también nuestra propiciación. Hay circunstancias en que el siervo de Cristo tiene que hallarse en contacto con los irreligiosos y los hijos de este mundo. Ocasiones hay en que tal vez sea un deber relacionarse con ellos en el trato social, aceptar sus invitaciones y sentarse con ellos á la mesa.  Nada, por supuesto, debe inducir al cristiano á tomar parte en los pecados que cometan en sus diversiones frívolas. Más no debe ser descortés: no debe separarse completamente de la sociedad de los no convertidos, y tornarse así en un ermitaño ó asceta. Ha de tener presente que tanto en la sala de recibo, como en el pulpito, puede hacerse bien á nuestros semejantes.

Es preciso, no obstante, que no perdamos de vista una circunstancia cuando imitemos á nuestro Señor en este particular: cuidemos de que al mezclarnos en la sociedad de los no convertidos, estemos animados del mismo espíritu que animó á Jesús. Recordemos con cuanta libertad hablaba Él de las cosas divinas. Recordemos la fidelidad con que denunciaba el pecado.   No exceptuaba ni las faltas de los que le daban hospitalidad, si ocurría algo que la llamasen la atención hacia ellas.   Entremos en sociedad animados de buenas intenciones, seguros de que nuestras creencias religiosas no sufrirán menoscabo ninguno.   Si sentimos interiormente algún temor en imitar á Cristo en el círculo social, mejor es que no salgamos nuestras casas.

Notemos en segundo lugar, que la necedad es inseparable de la hipocresía. El fariseo á cuya mesa se sirvió la comida, se maravilló que Nuestro Señor no se hubiese lavado antes de comer. El creyó, como  uno muchos de sus cofrades, que había algo de profanación en no lavarse, y que tal omisión indicaba impureza moral.   Nuestro Señor, por su parte, le hizo saber que era insensatez dar tanta importancia al aseo del cuerpo, cuando se pasaba por alto la purificación del corazón; y le recordó que Dios contempla más nuestro interior, los secretos del alma, que nuestro cuerpo; y le hizo esta pregunta: "¿El que hizo lo de fuera no hizo también lo de dentro? El mismo Dios que hizo nuestros cuerpos perecederos fue nos dio corazón y alma.

No perdamos jamás de vista el hecho de que el estado de nuestros corazones es el asunto que preferentemente exige nuestro examen si queremos inquirir lo que somos en materias religiosas. Baños, ayunos, genuflexiones, posturas determinadas, flagelaciones de la carne, todo esto es completamente vano si el corazón es malo. La devoción externa, la cara seria, la cerviz inclinada hacia abajo, y oraciones en voz alta son abominables á los ojos de Dios, en tanto que nuestros corazones no hayan sido limpiados de su maldad y renovados por el Espirito Santo. No olvidemos esta admonición. La idea, de que el hombre puede ser verdaderamente devoto antes de convertirse, es un gran engaño del diablo contra el cual debemos estar alerta. Hay dos pasajes muy significativos que versan sobre este asunto. Uno es: "Del corazón mana la vida"   Prov. 4:23.   El otro dice: "El hombre ve lo que está delante de sus ojos, mas Jehová ve el corazón." Hay una pregunta siempre debiéramos hacernos al acercarnos á Dios: " ¿Qué ama nuestro corazón?"

Notemos, en tercer lugar, en este pasaje, cuan grosera es la inconsecuencia que a menudo manifiestan los hipócritas. Nuestro Señor dijo a los fariseos: " Vosotros diezmáis la menta y la ruda, y toda hortaliza; mas el juicio y el amor de Dios pasáis de largo." Ellos llevaban hasta el exceso el celo por pagar los diezmos para el servicio del templo, y sin embargo descuidaban los más claros deberes para con Dios y para con su prójimo. Eran escrupulosos en demasía respecto á todas las pequeñeces de la ley ceremonial; y, con todo, hacían á un lado los más sencillos principios de justicia para con el hombre y de amor para con Dios. Respecto de ciertos deberes tenían sumo cuidado de hacer aun más de lo necesario; respecto de otros no querían hacer nada absolutamente. En lo secundario eran celosos y fanáticos; mas en lo primordial no aventajaban á los paganos.

Tal conducta, por desgracia no puede atribuirse, solo á los fariseos. No han faltado hombres que, habiendo profesado el Cristianismo, hayan exaltado las cosas secundarias sobre las primarias, y que en su celo por la práctica de aquellas hayan descuidado estas completamente. Millares de personas hay el día de hoy que se afanan por concurrir diariamente á los servicios divinos, por guardar la cuaresma, por comulgar con frecuencia, por volverse hacia el Levante al entrar en la iglesia, y por que se celebren oraciones pomposas y se hagan rogativas públicas-pero eso es todo. Poco ó nada saben de la práctica de deberes como la humildad, la caridad, la mansedumbre, la espiritualidad; la lectura de la Biblia, la devoción privada y el desprecio de los goces mundanos. Toman parte con ardor en todo pasatiempo. Se encuentran en toda diversión mundana: en las carreras, en la ópera, en el teatro y en el baile. En su vida diaria no manifiestan que los mueva el mismo ánimo que movía á Jesús. ¿Qué es esto sino seguir las huellas de los fariseos? Bien dice el sabio: "Nada hay nuevo debajo del sol." Ecl. 1:9. La generación de los que diezmaban la yerbabuena, pero pasaban por alto el juicio y el amor de Dios, no ha pasado todavía.

Vigilemos y roguemos para que Dios nos ayude á dar á cada deber religioso la atención que le corresponde. Guardémonos de darles á las cosas secundarias un lugar que no merecen, y de pasar por alto las cosas primarias. Por mucha importancia que demos al culto extenso del Cristianismo, no olvidemos la fe y las buenas obras. Cualquiera enseñanza que nos haga desdeñar estas, tiene en sí algo que es radicalmente deficiente.

Notemos, finalmente, qué falsedad y simulación caracterizan hipócritas. Nuestro Señor comparó á los fariseos con "sepulturas no parecen y los hombres que andan encima no lo saben." y jactanciosos maestros de los Judíos estaban llenos de corrupción é impureza interiormente y en un grado que sus engañados oyentes no sabían.

El cuadro que se nos presenta á la vista causa cierto dolor y  disgusto. Sin embargo, que representa los hechos tales como son, lo prueba la conducta de los hipócritas en todos los siglos de iglesia. ¿Qué diremos de las vidas de los frailes y las monjas que fueron descubiertas en la época de la reforma?   Millares de los que se llamaban santos estaban sumergidos en toda clase de .corrupción. ¿Qué diremos de las vidas de ciertos jefes de sectas y herejías que han profesado un sistema de doctrinas señaladamente puras?   No pocas veces ha acontecido que los mismos que proclamando libertad á los demás, han resultado ser siervos de la corrupción. La anatomía de la naturaleza humana es un estudio harto desagradable. Constantemente se han hallado juntas la hipocresía y la inmoralidad de conducta.

Terminemos la consideración de este pasaje haciendo la firme resolución de velar y orar contra la hipocresía. Cualesquiera que sean nuestras convicciones como cristianos, seamos ingenuos, sinceros y fervorosos.   Huyamos de todo fingimiento, afectación y doblez en las cosas divinas, sabiendo que todo eso es aborrecible á los ojos de Cristo. Acaso seamos débiles, frágiles y flacos, y no alcancemos á cumplir nuestros deseos y aspiraciones; pero, de todos modos, si profesamos creer en Jesucristo, seamos sinceros.

 

NOTAS.   LUCAS 11:37-44.

37. OH Fariseo. No sabemos quien fuera ese fariseo. Parece no haber duda de que no era del número de los discípulos. No obstante, Jesús aceptó su invitación y comió con él. De aquí algunos creyentes coligen que es justo y recomendable mantener relaciones con gente no convertida. Respecto de si es lícito o no, no hay duda. En cuanto á ser recomendable y bueno, coda uno debe juzgar por si mismo

40. ¿El que hizo lo de fuera no hizo también lo de dentro? Parece que lo que nuestro Señor quiere decir en este versículo es, que es absurdo é injusto suponer que se pueda agradar á Dios con una limpieza externa y ceremonial, cuando se descuida la pureza interior y la limpieza de corazón. El que Hizo todas las cosas hizo lo interno lo mismo que lo externo del hombre y exige que el corazón sea purificado de todo mal.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 11.45-54

EL pasaje que tenemos á la vista ofrece un ejemplo de la fidelidad con que nuestro Señor trabajaba en bien de las almas de los hombres. Lo vemos intrépida y duramente reprender por sus pecados á los Judíos que explicaban la ley de Dios. Esa caridad mal entendida que apellida malévolo al que dice á otro que está equivocado, no fue recomendada por nuestro Señor. Llama cada cosa por su nombre y sabía que enfermedades graves necesitan remedios heroicos. El quiso darnos á entender que nuestro mejor amigo no es el hombre que siempre está diciendo palabras cariñosas y dando asenso á todo lo que decimos, sino el que nos dice la verdad con mayor claridad.

Las palabras de nuestro Señor arriba trascritas nos enseñan, en primer lugar, cuan grande es el pecado de pretender enseñar á otros lo que nosotros mismos no practicamos. El dijo á los doctores de la ley: "Vosotros cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis la carga. "Ellos exigían que otros se sometiesen á cansadas ceremonias religiosas descuidaban. Tenían el descaro de imponer á las conciencias de los hombres yugos que ellos mismos se eximían de palabra, tenían una regla de conducta para sus creyentes y otra distinta para sí.

La severa amonestación que pronunció nuestro Señor tiene aplicación especial á determinadas clases de las personas que forman el gremio de la iglesia. Va dirigida á todos los que tengan á a su cargo la instrucción de la juventud; á todos los amos de casa; a todos los padres y las madres de familia, y sobre todo, á todos los clérigos y ministros del Evangelio. Que todos ellos noten bien las palabras de Jesús.   Que se guarden de decir á otros que se empeñan en adoptar una línea de conducta que ellos mismos no siguen. Tal de proceder es, á lo menos, una inconsecuencia, No hay duda que en este mundo no podemos llegar á ser perfectos. Si nadie hubiera de prescribir reglas, ó enseñar, ó predicar en tanto que tuviese falta alguna, todo el edificio de la sociedad se  tornaría confusión y ruinas. Pero sí tenemos derecho de exigir que haya alguna armonía ó correspondencia entre las palabras del individuo y sus obras; entre sus doctrinas y sus hechos; entre su predicación y sus acciones.

Enséñanos, asimismo, este pasaje, cuánto más fácil es venerar a los que han muerto que a los que viven. Jesús dijo á los doctores de la ley: " Vosotros edificáis los sepulcros de los profetas, y aron vuestros padres."   Pretendían honrar la memoria de los profetas al mismo tiempo que hacían lo que los profetas habían reprobado. Desacataban abiertamente sus consejos y su enseñaza, y sin embargo, pretendían venerar sus sepulcros. No han faltado más tarde quienes imiten esta práctica en el espíritu si no en la letra. En todos los siglos de la historia de la millares de hombres malos han intentado engañarse á sí mismos y engañar á otros, haciendo ruidosas protestas de respeto  hacia los justos después de su fallecimiento. De este modo han procurado tranquilizar al mundo y a su conciencia y alucinar al mundo. Sus  esfuerzos se han dirigido á hacer que los demás digan para sí: "Si estos hombros reverencian tanto la memoria de los buenos, sin duda deben ser de su mismo modo de pensar. "Se han olvidado que aun un niño sabe que los muertos no pueden hablar, y que venerar á un hombre cuando no puede amonestarnos, ni darnos a conocer por medio de su conducta cuan lejos estamos de parecernos á él, es ciertamente cosa muy fácil.

¿Queremos saber cuáles son realmente las convicciones religiosas de un hombre? Preguntémosle que opina de los verdaderos cristianos que viven todavía. ¿Los ama, es adicto á ellos y los venera como hombres buenos? ¿O les huye, los aborrece, y los considera como fanáticos, exaltados, santurrones y demasiado escrupulosos? Las contestaciones que se den á esta pregunta son buena prueba del verdadero carácter de un hombre. Cuando un hombre no puede ver nada bueno en los cristianos que viven, pero sí mucho en los que han muerto, es señal de que su alma so encuentra en muy mal estado. Nuestro Señor Jesucristo expresó ya su reprobación de tal conducta. El hombre que la sigue es un hipócrita ante los ojos de Dios.

También nos hace saber nuestro Señor en este pasaje que indefectiblemente llegará el día en que los perseguidores tendrán que dar cuenta de su conducta. Dice que la sangre de los profetas será demandada.

Hay algo singularmente solemne en estas palabras. El número de los que, en todos los siglos, han sido muertos por la fe, es muy grande. Millares de hombres y mujeres han preferido dar su vida á negar á su Salvador, y han derramado su sangre en aras de la verdad. Á la hora de su muerte no parecía haber quienes los socorriesen. A semejanza de Zacarías, y Santiago, y Esteban, y Juan Bautista, é Ignacio, y Huss, y Hooper, y Latimer, murieron sin resistirse. Pronto fueron enterrados y olvidados, y sus enemigos creyeron haber obtenido un completo triunfo; pero Dios no se ha olvidado de su muerte ni de la sangre que derramaron. Las persecuciones de Herodes, Nerón, Diocleciano, María la sanguinaria, y Carlos XI no han sido relegadas al olvido. Algún día habrá un gran juicio, y entonces el mundo verá que "preciosa es á los ojos de Jehová la muerte de sus santos." Salmo 116:15.

Pensemos con frecuencia en el día del juicio. Muchas cosas acontecen en el mundo que ponen á prueba nuestra fe. Los repetidos triunfos de los perversos nos llenan de confusión. Los descalabros de los buenos presentan un problema de difícil solución.

Pero alguna vez llegará el día en que todo se aclare.   En el gran trono blanco y en los libros de Dios todo ocupará el lugar que le corresponde. Los intricados designios de la Providencia serán revelados. Cada lágrima que los malos hayan hecho verter á los justos será tomada en cuenta. Cada gota de sangre cristiana que haya sido derramada, será al fin demandada.

Por último, nuestro Señor nos enseña en el pasaje citado cuan grabe falta es estorbar que otros adquieran conocimientos en materias religiosas. El dijo a los doctores de la ley: " Os alzasteis con la llave de la ciencia: vosotros no entrasteis, y á los que entraban impedisteis."   El pecado á que se refieren estas palabras es demasiado común. Lo cometen muchas más clases de personas de lo que generalmente se cree.  Lo comete el sacerdote romanista que prohíbe al pobre leer la Biblia.    Lo cometen algunos clérigos protestantes que previenen á sus oyentes contra "las ideas exaltadas" y hacen burla de la conversión.    Lo comete el hombre irreligioso y calavera á quien le disgusta que su esposa piense en cosas serias. Lo comete la madre irreverente que no puede sufrir que su hija piense en las cosas espirituales y se deje de teatros y de bailes, Todas  estas  personas,  advertida  ó   inadvertidamente  se  hacen acreedoras al " ¡Ay!" que con tanta solemnidad pronunció nuestro j Señor. Están impidiendo que otros entren en el cielo! Oremos á Dios que nos libre de este pecado.    Cualesquiera que sean nuestras creencias religiosas, guardémonos de desanimar á; otros cuando empiecen á pensar seriamente en la salvación de sus almas.   Nunca sirvamos de rémora á nadie en sus prácticas religiosas, y especialmente en la lectura dé la Biblia, la asistencia á la iglesia y la oración privada. Bien al contrario, animémoslos, alentémoslos, ayudémosles, y demos gracias á Dios si son mejores que nosotros.   "Libértame de homicidios, oh Dios," fue una de las oraciones de David.    Es de temerse que, en el último día, muchos tendrán que dar cuenta de la sangre de sus parientes; porque habiéndolos visto prontos á entrar en el reino del cielo, se lo estorbaron.

NOTAS.   LUCAS 11:45-54.

45. Uno de los doctores de la ley. Estos, entre los judíos, eran hombres que se dedicaban al estadio de la ley de Dios.

47. Edificáis los sepulcros de los profetas. Chemnitius observa que, parecida a la conducta de los doctores a que se alude en este versículo es la de la iglesia católica romana. No hay personas que tomen más interés que los sacerdotes católicos en tributar veneración á las tumbas y á las reliquias de los santos y de los mártires, y en edificar costosas iglesias consagradas á su memoria. Y sin embargo, ni creen en las doctrinas de estos santos ni imitan sus vidas.

48. Cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres. La conducta de los maestros de la Judea era una prueba evidente que estaban más de acuerdo con los que habían muerto á los profetas; que con los profetas mismos. La conducta de un hombre es el mejor índice de sus opiniones.

49. La sabiduría de Dios también dijo. Hay diversas opiniones sobre el significado de estas palabras. Alford cree que refieren á la descripción de la muerte de Zacarías, 2 Cron. 24:18-22, y que nuestro Señor da un sumario y paráfrasis de lo contenido en ese pasaje. La opinión más general es que nuestro Señor habla de sí mismo bajo el nombre de "sabiduría," y que comparado este pasaje con Mat. 23: 34, quiere decir: "Yo, la eterna sabiduría de Dios, he dicho."

50. De esta generación.   Parece probable que en este versículo y el que le sigue, la palabra generación significa nación ó pueblo, como en Mat. 24:34.

51 Zacarías.   Véase 2 Cron. 24:10.

64. Debiéramos recordar las palabras de Santiago: "Si alguno no ofende de palabra, este es varón perfecto."

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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