El Santo Evangelio según
San Lucas

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La levadura de los fariseos

Lucas 12.1-3

1  En esto,  juntándose por millares la multitud,  tanto que unos a otros se atropellaban,  comenzó a decir a sus discípulos,  primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos,  Mt. 16.6; Mr. 8.15 que es la hipocresía.

Porque nada hay encubierto,  que no haya de descubrirse;  ni oculto,  que no haya de saberse. Mt. 4.22; Lc. 8.17

Por tanto,  todo lo que habéis dicho en tinieblas,  a la luz se oirá;  y lo que habéis hablado al oído en los aposentos,  se proclamará en las azoteas.

Lucas 12.1 Mt. 16.6; Mr. 8.15

Mt. 16.6 Y Jesús les dijo:  Mirad,  guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos

Mr. 8.15 Y él les mandó,  diciendo:  Mirad,  guardaos de la levadura de los fariseos,  y de la levadura de Herodes

Lucas 12.2 Mt. 4.22; Lc. 8.17

Mt. 4.22 Y se difundió su fama por toda Siria;  y le trajeron todos los que tenían dolencias,  los afligidos por diversas enfermedades y tormentos,  los endemoniados,  lunáticos y paralíticos;  y los sanó

Lc. 8.17 Porque nada hay oculto,  que no haya de ser manifestado;  ni escondido,  que no haya de ser conocido,  y de salir a luz

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A quién se debe temer

Lucas 12.4-7

Más os digo,  amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo,  y después nada más pueden hacer.

Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida,  tiene poder de echar en el infierno;  sí,  os digo,  a éste temed.

¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos?  Con todo,  ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.

Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.  No temáis,  pues;  más valéis vosotros que muchos pajarillos.

A quién se debe temer

Lucas 12.4-7 Mt. 10.26-31 26  Así que,  no los temáis;  porque nada hay encubierto,  que no haya de ser manifestado;  ni oculto,  que no haya de saberse. 27  Lo que os digo en tinieblas,  decidlo en la luz;  y lo que oís al oído,  proclamadlo desde las azoteas.28  Y no temáis a los que matan el cuerpo,  mas el alma no pueden matar;  temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.29   ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto?  Con todo,  ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.30  Pues aun vuestros cabellos están todos contados.31  Así que,  no temáis;  más valéis vosotros que muchos pajarillos.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 12.1-7

Muy notables son las palabras con que empieza este capítulo. Se nos refiere como "se habían juntado millares de gentes de modo que unos á otros se hollaban." Y ¿qué hizo nuestro Señor? Delante de esa multitud los apercibió contra los falsos maestros y habló de los pecados de la época sin reserva, sin temor y sin parcialidad. Esto sí que era verdadera caridad.   Este fue el modelo que imitasen todos sus discípulos.   Bien habría sido para la iglesia y para el mundo si los ministros de Jesucristo hubieran hablado siempre con tanta claridad y fidelidad como lo hizo su Maestro. Tal vez habrían tenido que someterse así á mayores penalidades; pero sin duda habrían salvado más almas.

Lo primero que llama la atención en estos versículos es la admonición  que Cristo dirige contra la hipocresía. Dice á sus discípulos: guardaos  de la levadura de los Fariseos que es hipocresía." Esta es una admonición cuya importancia no puede exagerarse, fue hecha por nuestro Señor varias veces y para que sirviera de aviso á su iglesia en todos los siglos y en todos los países del mundo; y tiene por objeto recordarnos que los principios de los fariseos están mezclados con los vicios de la naturaleza humana, y que los cristianos deben guardarse de aceptarlos.   El fariseísmo es un sistema que cuadra al hombre no convertido.   Es una levadura que, una vez comunicada al corazón, inficiona todas las creencias y prácticas religiosas del hombre.   ." Guardaos de la levadura de los fariseos," dice nuestro Señor, y sus palabras debieran á menudo sonar en nuestros oídos.

Fijemos esta admonición en la memoria y grabémosla en el corazón. El mal á que se refiere nos rodea por todas partes. El peligro nunca cesa. ¿Á qué conducen el romanismo y el semi-romanismo, y tantos ritos, tantas ceremonias, tanta adoración de los sacramentos, tanto adornar de las iglesias? ¿Qué es todo eso sino la levadura de los fariseos en distintas formas? La raza de los fariseos no ha desaparecido. El fariseísmo todavía existe.

Si no queremos convertirnos en fariseos cultivemos la religión del corazón. Recordemos todos los días que el Dios á quien adoramos descubre lo que está debajo de nuestra exterioridad, y que nos mide por el estado de nuestro corazón. Seamos sinceros y fieles en la práctica de nuestros deberes como cristianos. Aborrezcamos todo doblez, toda afectación y toda esa devoción que se finge en las funciones públicas y que realmente no se siente. Con ella podemos engañar al hombre y adquirir la reputación de ser muy religiosos, pero no podemos engañar á Dios. "No hay nada oculto que no so haya de revelar." Cualquiera que sea nuestro credo religioso no usemos manto ó máscara.

El segundo punto que llama nuestra, atención en estos versículos es la admonición hecha por Jesús respecto del temor al hombre. "No tengáis miedo," dice, "de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hagan." Pero esto no es todo; no solo nos dice á quién no debemos temer, sino á quién debemos temer: "Temed á aquel que después que hubiere muerto, tiene potestad de echar en el infierno: de cierto os digo: A este temed." El modo como Jesús hizo la admonición es muy notable y solemne. Dos veces repito la exhortación: "Temed á aquel....de cierto os digo: Á este temed."

El temor al hombre es uno de los mayores obstáculos que obstruyen el camino del cielo. "¿Qué dirán los hombres de mí?" "¿Qué pensarán?" "¿Qué me harán?" ¡Cuántas veces estas preguntas, al parecer insignificantes, no han decidido la suerte del alma y mantenido á los hombres atados de pies y manos por el pecado y el demonio! Muchos hay que no tendrían miedo de .atacar una fortificación ó de hacer frente á un león, y que no obstante, no se atreven á hacerse el blanco de la irrisión de sus parientes, vecinos y amigos. Ahora bien, si el temor al hombre tiene tanto influjo en nuestros días, ¡cuánto más no tendría en la época en que nuestro Señor habitó sobre la tierra! Si es difícil hoy seguir á Cristo á despecho del ridículo y de la calumnia, ¡cuánto más difícil no debió haber sido cuando sus discípulos estaban expuestos á ser encarcelados, apaleados, azotados y asesinados! Nuestro Señor Jesucristo sabia bien todo esto, qué mucho que gritara: " ¡No temáis!"

Pero ¿cuál es el mejor antídoto contra el temor al hombre? ¿De qué manera hemos de vencer esa fuerte emoción y quebrantar las cadenas con que nos ata? No hay ninguno mejor que el que nos recomienda nuestro Señor. Ese remedio consiste en reemplazar el temor al hombre con una emoción más elevada: el temor á Dios, Debemos dirigir nuestras miradas más allá de los que pueden dañar el cuerpo y contemplar á Aquel que tiene poder sobre el alma. Debemos dirigir nuestras miradas más allá de los que pueden perjudicarnos en la vida presente y fijar los ojos en Aquel que, puede en la otra vida condenarnos a miseria eterna.   Imbuidos, de este gran principio jamás nos conduciremos como cobardes. Viendo  á Aquel que es invisible, el temor más pequeño desaparece ante el más grande. "Yo temo á Dios," dijo el coronel Gardiner " y Por lo tanto no temo á ningún otro ser."   Muy nobles son las palabras que pronunció el obispo mártir Hooper, cuando un católico romano le urgió que se retractase: "La vida es dulce y la muerte es amarga; pero la vida eterna es más dulce, y la muerte más amarga."

Lo último que llama nuestra atención en el pasaje citado es las palabras  que pronunció nuestro Señor para consuelo de los creyentes que eran perseguidos. El hizo presente que Dios vela benignamente  sobre las criaturas más pequeñas: "Ni un pajarillo está olvidado delante de Dios." Y continuó con la aseveración de que todos  gozan del mismo cuidado paternal: " Aun los cabellos de vuestra cabeza todos están contados."   Nada absolutamente puede sucederle á un creyente sin el mandato ó permiso de Dios.

Que Dios gobierna con su sabiduría todo cuanto existe en este mundo, es una verdad de la cual los filósofos griegos y romanos no tenían idea, y que ha sido revelada de una manera especial en la abra de Dios. Á la manera que el telescopio y el microscopio nos revelan que hay orden y plan en todas las obras de Dios, desde el planeta más grande hasta el insecto más pequeño, la Biblia nos enseña que hay una sabiduría, un orden y un propósito que rigen  todos los actos de nuestra vida diaria.   No existe lo que se llama "casualidad," " suerte" ó " acaso " en la peregrinación del cristiano. Todo ha sido ordenado y dispuesto por Dios; y " todas las cosas obran juntamente para bien del cristiano."   Rom. 8:28.

Si profesamos creer en Jesús, procuremos descubrir la mano de Dios en todo lo que nos acontece, y hagamos por sentir que El gobierna todos nuestros pasos. Una fe práctica de esta especie, avivada de día en día, es uno de los grandes secretos de la felicidad y un antídoto contra la murmuración y el descontento. Cuando nos sobrevengan sufrimientos y desgracias, es de nuestro deber creer que todo está bien y ha sido sabiamente dispuesto. Cuando nos veamos atacados de enfermedades, debemos considerar que hay alguna razón para ello. Digamos interiormente: " Dios podría librarme de estas desgracias si lo tuviera á bien; pero, puesto quo no lo hace, esas desgracias son seguramente para mi provecho. Permaneceré quieto y las sobrellevaré con paciencia. 'tengo un concierto perpetuo, ordenado en todas las cosas y seguro.' 2 Sam. 23: 5. Lo que le agrada á Dios me agradará á mí."

NOTAS.   LUCAS 12:1-7.

1. Comenzó á decir. Obsérvese que el discurso que se halla á continuación do estas, palabras es notable por contener un gran número de expresiones que nuestro Señor usó en otras ocasiones. Parece no haber duda de que nuestro Señor repitió las mismas palabras en diferentes lugares, y promulgó los mismos preceptos distintas veces. Todo maestro é institutor repite las mismas lecciones una y otra vez á fin de grabarlas más firmemente en la mente de sus discípulos.

Guardaos de la levadura de los Fariseos. "Levadura " denota las falsas doctrinas, porque produce sus efectos secreta y silenciosamente; porque es pequeña en cantidad, comparada con toda la masa; y porque, en mezclándola, cambia la naturaleza de la sustancia de que se hace el pan. Lo mismo sucede con las falsas doctrinas. Parecen pequeñas; producen sus efectos en oculto y sin ruido; e insensiblemente inficionan todo el Evangelio.

3. Tinieblas......luz......cámaras......tejados.   Algunos comentadores creen que estas palabras se refieren al diablo. Esto, sin embargo, parece muy improbable. El poder de vida y muerte no está en manos del diablo. La mayor parte creen que se refiere á Dios como á único ser que puede dar muerte y resucitar, postrar y levantar.

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El que me confesare delante de los hombres

Lucas 12.8-12

8  Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres,  también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;

mas el que me negare delante de los hombres,  será negado delante de los ángeles de Dios.

10  A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre,  le será perdonado;  pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo,  no le será perdonado. (Mt. 12.32;Mr.3.29)

11  Cuando os trajeren a las sinagogas,  y ante los magistrados y las autoridades,  no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder,  o qué habréis de decir;

12  porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir. (Mt. 10.19-20; Mr. 13.11; Lc. 21.14-15)

Lucas 12.10 Mt. 12.32; Mr.3.29

Mt. 12.32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre,  le será perdonado;  pero al que hable contra el Espíritu Santo,  no le será perdonado,  ni en este siglo ni en el venidero

Mr.3.29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo,  no tiene jamás perdón,  sino que es reo de juicio eterno

Lucas 12.11-12 Mt. 10.19-20; Mr. 13.11; Lc. 21.14-15

Mt. 10.19-20 19  Más cuando os entreguen,  no os preocupéis por cómo o qué hablaréis;  porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. 20  Porque no sois vosotros los que habláis,  sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

Mr. 13.11 Pero cuando os trajeren para entregaros,  no os preocupéis por lo que habéis de decir,  ni lo penséis,  sino lo que os fuere dado en aquella hora,  eso hablad;  porque no sois vosotros los que habláis,  sino el Espíritu Santo

Lc. 21.14-15 14  Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; 15  porque yo os daré palabra y sabiduría,  la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 12.8-12

Estos versículos  nos enseñan, en primer lugar, que debemos confesar a Cristo sobre la tierra si deseamos que Él nos reconozca como suyos en el último día. No debemos avergonzarnos de que los hombres sepan que creemos en Cristo, que lo amamos, que lo servimos o que aspiramos más a obtener la aprobación de Él que la de ellos.

Siempre ha sido y será deber del cristiano confesar a Cristo. Jamás olvidemos esta verdad. No es deber de los mártires solamente, sino de todo creyente, cualquiera que sea su posición o estado. No es deber que hayamos de practicar solamente en oraciones extraordinarias, sino también en el trato social de cada día. El rico en medio de los ricos, el jornalero en medio de los jornaleros, el joven en medio de los jóvenes, el criado en medio de los criados -todos deben estar prontos, si son verdaderos cristianos, a confesar a su Maestro. No es necesario hacer ruido por medio de la jactancia. Nada más se necesita que aprovechar las oportunidades que se presenten cada día. Pero esto ha de tenerse siempre presente: que si alguno ama al Salvador no debe avergonzarse de que la gente lo sepa.

Sin duda es difícil confesar a Cristo. En ninguna época ha sido fácil y jamás lo será. Ese acto acarreará siempre la irrisión, el ludibrio, el desprecio, la befa, la envidia y la persecución. A los malos les disgusta saber que los demás hombres son mejores que ellos. El mismo mundo que aborreció a Cristo aborrecerá siempre a los verdaderos cristianos. Más bien, sea de nuestro agrado o no, bien sea fácil o difícil, no hay duda sobre cual debe ser nuestra línea de conducta. De todos modos es preciso confesar a nuestro Señor Jesucristo.

En las palabras de que tratamos se expresa de una manera terminante cual es la razón que existe para que hagamos esta franca confesión. Nuestro Señor manifiesta que si nosotros no lo confesamos ante los hombres, Él no nos confesará delante de los ángeles de Dios, en el último día; rehusará reconocernos como suyos; nos desechará como cobardes, infieles y apóstatas; no intercederá por nosotros; no será nuestro abogado; no nos librará de la "ira que ha de venir;" ¡y dejará que, sufriendo las consecuencias de nuestra timidez, comparezcamos ante el tribunal de Dios, sin amparo, sin defensa y sin perdón! ¡Qué perspectiva tan terrible es ésta! ¡Cuánto no depende del mero acto de confesar a Cristo delante de los hombres! Verdaderamente no debiéramos titubear por un momento. Vacilar ante estas dos alternativas es el extremo de la insensatez. Que nosotros neguemos a Cristo o nos avergoncemos del Evangelio, puede granjearnos la estimación de los hombres por algunos años, aunque nunca nos puede proporcionar verdadera tranquilidad; pero que Cristo nos niegue el día del juicio, nos acarreará la condenación por toda una eternidad. Echemos a un lado todo temor, y suceda lo que sucediere, confesemos a Cristo.

Este pasaje nos enseña, en segundo lugar, que hay un pecado que es imperdonable. Nuestro Señor Jesucristo dice al que blasfemare contra el Espíritu Santo que no le será perdonado.

Es preciso, sin duda, interpretar estas palabras con aquellas limitaciones que establece la misma Escritura. Nunca debemos interpretar un pasaje de manera que contradiga otro. Para Dios nada hay imposible. La sangre de Cristo puede borrar todo pecado. Frecuentemente los más grandes pecadores han obtenido perdón. Esto no debe olvidarse. Más, a despecho de todo esto, queda en pie una gran verdad que no debe perderse de vista: existe un pecado que no será perdonado.

El pecado a que nuestro Señor se refiere en este pasaje parece ser el de rechazar de corazón y deliberadamente la verdad divina que la mente ha concebido. En la coexistencia de un entendimiento iluminado y un albedrío viciado. Es precisamente el pecado en que parecen haber caído muchos fariseos, cuando negaron la comunión del Espíritu Santo después del día de Pentecostés y rehusaron creer a los apóstoles. Es un pecado en el que, tal vez, caen hoy día muchos de los que oyen el Evangelio, manifestando decidida y espontáneamente su apego al mundo. Y lo peor de todo es que a este pecado por lo regular se sigue el endurecimiento, el amortiguamiento y la insensibilidad de corazón. No le son perdonados. He ahí el origen de su malestar. Podría ser perdonado, pero no quiere impetrar el perdón. Está empedernido y es insensible al influjo del Evangelio. Tiene cauterizada la conciencia.

Pidamos a Dios que nos libre de un conocimiento frío, especulativo y meramente científico del cristianismo. Es un escollo en el cual muchos naufragan y se pierden por toda una eternidad. Ningún corazón se endurece tanto como el del hombre que percibe la luz, y sin embargo la rechaza. El mismo fuego que derrite la cera, endurece el barro. Hagamos uso de la luz que nos haya sido comunicada. Pongamos en práctica nuestros conocimientos. Que uno sea pagano y se postre ante los ídolos de piedra, es de suyo un pecado; pero que se llame cristiano y sepa el Evangelio teóricamente, y que, sin embargo, se adhiera al pecado y al mundo, es hacerse merecedor del lugar más ínfimo del infierno. Es asemejarse al diablo lo más posible.

En este pasaje se nos enseña, finalmente, que los cristianos no deben estar solícitos en cuanto a lo que hayan de decir cuando tenga que hablar inesperadamente a favor de su santa causa.

Lo que nuestro Señor promete relativamente a este asunto se refiere, sin duda, primariamente, a las arengas públicas como la de Pablo ante Félix y Festo. Millares de personas en iguales circunstancias han visto cumplida dicha promesa. Las vidas de los reformadores y de otros siervos de Dios están llenas de pruebas notables de que el Espíritu Santo suele enseñar a los cristianos en tiempo de necesidad lo que han de decir.

Pero secundariamente (y esto no debe perderse de vista) la promesa tiene referencia a todos los creyentes. Casos ocurren con frecuencia en que, repentina e inesperadamente, el cristiano tiene que hablar a favor de su causa y expresar las razones en que funda sus esperanzas. Acontece esto en el círculo domestico, en la sociedad de parientes y amigos, y aun en el curso regular de nuestros quehaceres diarios. En tales casos las promesas de que hablamos son para el cristiano un apoyo y sostén. Es embarazoso tener que hablar de religión delante de otros, mayormente cuando ocurre alguna controversia. Pero no nos alarmemos, ni afanemos, ni desalentemos. Si traemos a la memoria la promesa de Cristo, no tenemos por que temer.

Pidamos a Dios nos ayude a recordar las promesas contenidas en la Biblia. En ello hallaremos muchísimo consuelo. Hay promesas para casi todas las circunstancias en que nos encontramos y para todos los acontecimientos en que tengamos parte. Entre otras no olvidemos la promesa citada. A menudo tenemos que mezclarnos en sociedad con personas con quienes no congeniamos, y nuestro espíritu se turba. Tememos que tal vez digamos lo que no debiéramos o que dejemos de decir lo que debiéramos. Cuando esto suceda, tengamos presente la promesa, pidamos al Salvador que le dé cumplimiento. El no nos faltará ni abandonará. El nos dará palabras y sabiduría para que hablemos bien. El Espíritu Santo nos enseñará lo que hemos de decir.

NOTAS. LUCAS 12.8-12

8. Ante Los ángeles de Dios. Esto es, el día del juicio.

10. Y todo aquel que dice palabra, etc. Estas palabras son profundas y misteriosas. Hay pecados que son imperdonables. La distinción que se hace entre hablar contra el Hijo del hombre y blasfemar contra el Espíritu Santo, es digna de notarse. La explicación es probablemente como sigue: Cometieron el pecado contra el Hijo del hombre los que, no sabiendo que Cristo era el Mesías, cuando Él vino al mundo, no lo recibieron como tal, no creyeron en Él, no le obedecieron; más, antes bien, en su ignorancia, lo rechazaron y lo crucificaron. No hay duda de que muchos de los que así pecaron fueron perdonados, por ejemplo, en el día de Pentecostés, cuando predicó Pedro. Cometieron el pecado contra el Espíritu Santo, aquellos que, después del día de Pentecostés y de la comunicación del espíritu, y la completa proclamación del Evangelio, continuaron en la incredulidad y fueron abandonados a sus propios pensamientos. Véase Hechos. 28.25-28; 1 Tes. 2.15-16

La blasfemia contra el Espíritu Santo, de que se hicieron culpables los que dijeron que nuestro Señor arrojaba los demonios por virtud de Beelzebú, parece ser un pecado de especie algo diversa. No puede saberse con certidumbre si nuestro Señor se refiere a él en este lugar.

La importante cuestión del pecado imperdonable, y si es posible que se cometa en nuestros días, pertenece también a este tema, pero no es el punto principal a que se refiere el pasaje de que tratamos. Que tal pecado existe, no cabe duda. Que los que tienen temor de haber cometido son precisamente los que no lo han cometido parece ser la opinión de los mejores teólogos. Completo endurecimiento, indiferencia e insensibilidad, son sin duda los rasgos distintivos del que ha cometido el pecado imperdonable.

11. No estés solícitos. No es de suponerse que nuestro Señor quisiera decir que sus discípulos habían de descuidar el estudio y la lectura cuando tuvieran oportunidad para dedicarse a esas tareas.

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El rico insensato

Lucas 12.13-21

13  Le dijo uno de la multitud: Maestro,  di a mi hermano que parta conmigo la herencia.

14  Más él le dijo: Hombre,  ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?

15  Y les dijo: Mirad,  y guardaos de toda avaricia;  porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

16  También les refirió una parábola,  diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho.

17  Y él pensaba dentro de sí,  diciendo: ¿Qué haré,  porque no tengo dónde guardar mis frutos?

18  Y dijo:  Esto haré:  derribaré mis graneros,  y los edificaré mayores,  y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;

19  y diré a mi alma: Alma,  muchos bienes tienes guardados para muchos años;  repósate,  come,  bebe,  regocíjate.

20  Pero Dios le dijo: Necio,  esta noche vienen a pedirte tu alma;  y lo que has provisto,  ¿de quién será?

21  Así es el que hace para sí tesoro,  y no es rico para con Dios.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 12.13-21

El pasaje arriba trascrito presenta el ejemplo singular de un hombre que parecía dispuesto a mezclar las cosas de este mundo con la religión. Tal vez tenía una vaga esperanza de que Jesús fuera a establecer un reino en este mundo y a gobernar sobre la tierra y resolviendo hacer pronto una súplica respecto de sus asuntos pecuniarios, rogó a nuestro Señor que interviniese en la distribución de su herencia. Acaso otros oyentes estaban pensando en la vida venidera. El individuo de quien hablamos estaba más afanado por la vida presente.

Cuantos  oyentes del Evangelio no se parecen a ese hombre. Cuantos no están formando planes y proyectos respecto de lo que pertenece al tiempo, aún a vista de las cosas de la eternidad. El corazón del hombre no convertido es siempre el mismo. Ni aún Cristo, cuando predicaba, pudo atraer la atención de todos los que le oían. En nuestros días, pues, el ministro del Evangelio no debe extrañar si observare, en el seno de su congregación, falta de atención y apego al mundo. El siervo no debe esperar que sus sermones sean mejor apreciados que los de su Maestro.

Notemos que admonición tan solemne hace nuestro Señor respecto de la avaricia. "Mirad y guardados de la avaricia." A poco conduciría averiguar cual es el pecado más común en el mundo. Puede asegurarse, sin embargo, que no hay ninguno al cual el corazón sea más propenso que el de la avaricia. Fue uno de los pecados que causaron la caída de algunos ángeles. Estos no estaban contentos con su primitivo estado y codiciaron algo mejor. Fue uno de los pecados que causaron la salida de Adán y Eva del paraíso, y que trajeron la muerte al mundo. Nuestros primeros padres, no estando contentos con lo que Dios les dio en el Edén, codiciaron, y de este modo creyeron. Dicho pecado ha sido, desde la caída, causa fecunda de malestar y desgracia. Guerras, contiendas, discusiones, envidia, celos, odios de todas clases, casi todos tienen su punto de partida en esta fuente.

Que la admonición que pronunció nuestro Señor se grave profundamente en nuestro corazón y produzca frutos en nuestras vidas. Procuremos aprender la lección que Pablo llegó a poseer cuando dijo: "Yo he aprendido a contentarme con lo que tuviere" Fil. 4.11. Pidamos a Dios que nos de confianza completa en el cuidado paternal que Él ejerce en todos nuestros negocios, y en esa su sabiduría que dispone todo para bien de la humanidad. Si tenemos poco, podemos estar seguros de que no sería bueno para nosotros tener más. Si perdemos lo que tenemos, estamos persuadidos de que hay razón para ello. Feliz aquel que está convencido que cualquier cosa que le sucede es lo mejor que le podría acaecer, y dejando de alimentar vanos deseos, se contenta con lo que tiene.

Notemos también con cuanto tino ataca nuestro Señor la mundanalidad. Hace la pintura de un rico mundano cuya mente está totalmente ocupada de las cosas terrenas. Lo describe trazando planes de la manera como había de arreglar sus bienes, como si fuera dueño de su vida y no tuviera que hacer otra cosa que decir: "Haré esto", y al instante quedara hecho. En seguida cambia la escena, y representa a Dios pidiendo el alma de este avaro, y haciéndole esa pregunta solemne: "¿Y lo que has aparejado, cuyo será?" Es que Jesús quiere que sepamos que el que piensa solo en su dinero no es más que un insensato.

Contrista y espanta saber que hombres como el de la parábola no son raros. Millares de personas en todos los siglos han vivido en pugna abierta con los preceptos que Jesús dio en el pasaje de que tratamos. Millares hay que hacen lo mismo hoy día, que están amontonando tesoros en la tierra y que no piensan sino en como han de aumentarlos. Constantemente están agregando algo a sus caudales como si hubieran de gozarlos por toda la eternidad, y como si no hubiera muerte, ni juicio, ni vida futura. Y sin embargo, estos  son los hombres que reciben los epítetos ¡inteligentes y prudentes y sabios! Estos son los hombres que reciben el incienso de la alabanza, encomio y estimación pública. ¡Verdaderamente el Señor lo ve todo bajo diferente punto de vista que el hombre!

Oremos por los ricos. Sus almas se encuentran en mucho peligro. "El cielo" dijo en su lecho de muerte un hombre distinguido, "es un lugar al cual llegan muy pocos reyes y muy pocos ricos." Aun después de convertidos, los ricos tienen que luchar con muchos obstáculos, y con grandes desventajas recorren el camino que conduce a la salvación. El dinero tiende a endurecer la conciencia. Es difícil decir lo que haríamos si fuésemos ricos. "Porque el amor del dinero es raíz de todos los males; el cual codiciando algunos erraron en la fe, y así mismos se traspasaron de muchos dolores" El pobre tiene muchas desventajas; pero las riquezas pierden más almas que la pobreza.

Notemos, además, en estos versículos, cuán importante es ser rico en cosas espirituales. He aquí la verdadera sabiduría. He aquí el mejor modo de antever a las necesidades de la vida futura. Aquel es sabio que no piensa solo en los tesoros de la tierra, sino también en los del cielo.

¿Cuándo puede decirse que un hombre es rico en cosas espirituales? Solo cuando lo es en gracia, en fe, en buenas obras. Sólo cuando ha acudido a Jesús y ha comprado de El "oro afinado en el fuego". Rev. 3.18. Solo cuando tenga una morada eterna en los cielos "no hecha de mano de hombre". Solo cuando su nombre esté inscrito en el libro de la vida, y cuando sea hecho heredero de Dios y coheredero de Cristo. Tal hombre es verdaderamente rico. Su tesoro es incorruptible. Su herencia no se acaba. Ningún mortal puede arrebatársela. La muerte no puede quitársela de las manos. ¡Todo es suyo: vida, muerte, presente, porvenir! Aun más, lo que tiene ahora es nada comparado con lo que tendrá después.

Estas riquezas están al alcance de todos los pecadores que acudieren a Cristo para recibirlas. Ojalá que nosotros no descansemos hasta que las poseamos. Acaso nos cueste algún sacrifico el conseguirlas. Acaso seamos víctimas de la persecución, del ridículo y del desprecio; pero consolémonos con saber que el Juez Universal ha dicho: "Tu eres rico". Apo. 2.9. Solo el verdadero cristiano es verdaderamente rico y sabio.

NOTAS. LUCAS 12.13-21

14. ¿Quién me puso por juez? Esta pregunta equivale a una decidida negación. "Yo no he venido a ser juez en cosas temporales" Es digna de notarse la prudencia que nuestro Señor manifestó en esta conducta. La menor ingerencia en los negocios públicos habría dado origen a que sus enemigos lo acusasen.

15. La vida del hombre. Estas palabras quieren decir: "el bienestar del hombre" su objeto principal, el fin para el cual Dios lo creó y le dio el ser. El hombre no fue creado tan solo para acumular riquezas, sino para glorificar a Dios  en la tierra y gozar de su presencia en el cielo.

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El afán y la ansiedad

Lucas 12.22-31

22  Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida,  qué comeréis;  ni por el cuerpo,  qué vestiréis.

23  La vida es más que la comida,  y el cuerpo que el vestido.

24  Considerad los cuervos,  que ni siembran,  ni siegan;  que ni tienen despensa,  ni granero,  y Dios los alimenta.  ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?

25  ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo?

26  Pues si no podéis ni aun lo que es menos,  ¿por qué os afanáis por lo demás?

27  Considerad los lirios,  cómo crecen;  no trabajan,  ni hilan;  mas os digo,  que ni aun Salomón con toda su gloria (1 R. 10.4-7; 2 Cro. 9.26) se vistió como uno de ellos

28  Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo,  y mañana es echada al horno,  ¿cuánto más a vosotros,  hombres de poca fe?

29  Vosotros,  pues,  no os preocupéis por lo que habéis de comer,  ni por lo que habéis de beber,  ni estéis en ansiosa inquietud.

30  Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo;  pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.

31  Mas buscad el reino de Dios,  y todas estas cosas os serán añadidas.

El afán y la ansiedad

Lucas 12.22-31 Mt. 6.25-34 25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan. 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos o qué beberemos, o qué vestiremos?  32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Lucas 12.27 1 R. 10.4-7; 2 Cro. 9.26

1 R. 10.4-7 4  Y cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón,  y la casa que había edificado, 5  asimismo la comida de su mesa,  las habitaciones de sus oficiales,  el estado y los vestidos de los que le servían,  sus maestresalas,  y sus holocaustos que ofrecía en la casa de Jehová,  se quedó asombrada. 6  Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; 7  pero yo no lo creía,  hasta que he venido,  y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad;  es mayor tu sabiduría y bien,  que la fama que yo había oído.
2 Cro. 9.26
3  Y viendo la reina de Sabá la sabiduría de Salomón,  y la casa que había edificado, 4  Y las viandas de su mesa,  las habitaciones de sus oficiales,  el estado de sus criados y los vestidos de ellos,  sus maestresalas y sus vestidos,  y la escalinata por donde subía a la casa de Jehová,  se quedó asombrada. 5  Y dijo al rey: Verdad es lo que había oído en mi tierra acerca de tus cosas y de tu sabiduría; 6  Mas yo no creía las palabras de ellos,  hasta que he venido,  y mis ojos han visto: y he aquí que ni aun la mitad de la grandeza de tu sabiduría me había sido dicha;  porque tú superas la fama que yo había oído.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 12.22-31

En estos versículos hay una serie de argumentos notables contra el afán excesivo respecto de las cosas de este mundo. A primera vista pueden parecer a algunas personas demasiado sencillas y hasta insignificantes. Pero cuanto más los examinemos tanto más importantes nos parecerán. Muchas molestias se evitarían los cristianos si los grabasen en la memoria.

Cristo nos manda considerar a los cuervos, que "ni siembran, ni siegan; que ni tienen almacén ni alfolí; y Dios los alimenta". Ahora bien, si el supremo Hacedor provee a las necesidades del alimento todos los días, no debemos temer que deje morir de hambre a los que creen en Él.

Cristo nos manda mirar los lirios: "No labran ni hilan; y os digo que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos". Si Dios da a estas flores cada año nuevas hojas y pétalos, ciertamente no tenemos por que dudas que El pueda y quiera proveer a todos los creyentes de los vestidos que necesiten.

Cristo nos manda, además, tener presente que el cristiano no ha de afanarse tanto como un infiel. Que se afanen las "gentes del mundo por el alimento, el vestido y todas esas cosas. Están sumergidas en la ignorancia y no saben nada de la naturaleza y los atributos de Dios. Pero el que puede decir que Dios es su Padre y que Jesucristo es su Salvador, puede hacerse superior a todo cuidado, a todo afán. La fe clara y firme comunica alegría al corazón.

Cristo nos manda finalmente que pensemos en la sabiduría infinita de Dios. "Nuestro Padre sabe que hemos menester alimento y vestido" Ese solo pensamiento debiera hacernos sentir contentos. El Señor de cielos y tierra conoce todas nuestras necesidades y puede aliviarlas cuando tenga a bien, cuando convenga a nuestras almas.

Que los cuatro argumentos arriba citados se graben en nuestros corazones y produzcan un influjo benéfico en nuestra conducta. Nada es más común que la solicitud y la ansiedad y no hay nada que impida más al cristiano hacer bien a sus semejantes y nada que turbe más su tranquilidad de espíritu. Nada hay, por el contrario, que agrade más a Dios que la alegría en medio del infortunio. Y esa alegría ofrece una prueba de nuestra fe que el mismo incrédulo puede comprender. La fe, y solo la fe puede comunicarnos ese contento. El que puede decir sin temor que "Jehová e su pastor" es el que también puede agregar: "Nada me faltará". Salmo 23.1

En segundo lugar, en estos versículos se señala al cristiano una norma de conducta elevada. Exprésenla las siguientes palabras: Procurad el reino de Dios. No hemos de pensar principalmente en las cosas de este mundo. No hemos de vivir como si solo tuviéramos cuerpo. Hemos de vivir como seres que tienen almas inmortales que salvar, que tienen que morir, que tienen que presentarse ante Dios, que tienen que aguardar el día del juicio, y que ven delante de si una eternidad de gloria o una eternidad de condenación.

¿Cuándo podemos decir que "buscamos el reino de Dios"? Cuando el asunto de que más nos ocupamos, o de que más nos cuidamos, es el de nuestra salvación -de obtener el perdón de nuestros pecados, la renovación del corazón y ese cambio que nos ha de hacer dignos de habitar entre los ángeles. Andamos solícitos acerca del reino de Dios, cuando nuestros pensamientos se dirigen principalmente hacia él, cuando trabajamos en aumentar el número de los siervos del Altísimo, cuando nos esforzamos en defender la causa de Dios y promover la gloria del Eterno.

El reino de Dios es el único que merece nuestra atención solícita. Todos los otros reinos tienen que decaer y desaparecer tarde o temprano. Son como casas construidas de naipes, o como los palacios de arena que los niños erigen a orillas del mar. Todo lo que constituye su grandeza está tan expuesto a derretirse como la nieve en la primavera. El reino de Dios es el único que es imperecedero. Felices los que forman parte de él, los que lo aman, los que se preparan para entrar en él, los que oran y trabajan por su progreso y prosperidad. Sus trabajos no serán en vano. ¡Empeñémonos en lograr que se nos de entrada en ese reino! Demos siempre a nuestros hijos, a nuestros parientes, a nuestros amigos, a nuestros criados, el siguiente consejo: "Buscad el reino de Dios"

En estos versículos, finalmente, se hace una importantísima promesa a los que busquen el reino de Dios. Nuestro Señor Jesucristo dice: "Y todas estas cosas os serán añadidas"

Cuidemos de no dar una inteligencia errada a este pasaje. No tenemos razón para esperar que, por ejemplo, el comerciante cristiano que descuide sus quehaceres, bajo pretexto de trabajar por el reino de Dios, tenga buen éxito en sus negocios. Un sentido tal dado a la promesa citada no puede emanar sino del fanatismo; y tiende a dar pábulo a la ociosidad y a ofrecer motivos para que los enemigos del Evangelio blasfemen.

A quien se ha hecho la promesa de que tratamos es al cristiano que da a los asuntos espirituales la atención y el lugar que les corresponden. El no descuida sus ocupaciones diarias, pero las considera de importancia infinitamente menor que la práctica de los preceptos de Dios. En toda su conducta procura dar a Dios y a las cosas espirituales el primer lugar, y al mundo y a las cosas corporales el segundo. He aquí el hombre a quien Jesús dice: "Todas esas cosas os serán añadidas"

Pero ¿Cómo se cumple dicha promesa? La respuesta es corta y sencilla. Al que busca primero el reino de Dios nunca le faltará aquello de que tenga verdadera necesidad. Acaso no goce de tan buena salud como otras personas; acaso no sea tan rico como ellas, ni tenga una mesa tan abundante; pero siempre tendrá lo suficiente: "A este se dará su pan, y sus aguas serán ciertas" Isa. 33.16. "Todas las cosas obran juntamente para bien de los que a Dios aman" Rom. 8.28. "No quitará el bien a los que andan en integridad" Salmo 84.11 "Mozo fui" dice David, "y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su simiente que busque pan" Salmo 37.25

NOTAS. LUCAS 12.22-31

22. Y dijo a sus discípulos. Nótese Que nuestro Señor se dirige especialmente a sus discípulos.

25. Estatura un codo. Hay razones para creer que la palabra griega traducida "estatura" debiera haber sido vertida por el vocablo "vida" o "edad" según lo ha sido en Juan 9.21 y 23 y en Heb. 11.11. La idea de una persona que esté anhelando añadir a su estatura es algo extraña. El deseo de prolongar la vida es mucho más común y natural. Que la palabra "codo" puede usarse como medida de tiempo, se percibe fácilmente en el siguiente texto que se encuentra en los Salmos: "Como a palmos diste mis días"

27. Los lirios. Hay motivos para creer que el lirio a que aludió nuestro Señor es el Amaryllis Lutea o Narciso de Otoño. Esta flor, según nos cuentan los viajeros, se encuentra en abundancia en las campiñas del oriente, y las reviste de un amarillo semejante al oro, de manera que muy bien pudo habérselos comparado a Salomón en toda su gloria.

28. Hierba. Esta palabra está usada en sentido genérico.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Tesoro en el cielo

Lucas 12.32-34

32  No temáis,  manada pequeña,  porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

33  Vended lo que poseéis,  y dad limosna;  haceos bolsas que no se envejezcan,  tesoro en los cielos que no se agote,  donde ladrón no llega,  ni polilla destruye.

34  Porque donde está vuestro tesoro,  allí estará también vuestro corazón.

Tesoro en el cielo

Lucas 12.32-34 Mt. 6.19-21 19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan:20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

 
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El siervo vigilante

Lucas 12.35-40

35  Estén ceñidos vuestros lomos,  y vuestras lámparas encendidas; (Mt. 25.1-13)

36  y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese  (Mr. 13.34-36) de las bodas,  para que cuando llegue y llame,  le abran en seguida.

37  Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor,  cuando venga,  halle velando;  de cierto os digo que se ceñirá,  y hará que se sienten a la mesa,  y vendrá a servirles.

38  Y aunque venga a la segunda vigilia,  y aunque venga a la tercera vigilia,  si los hallare así,  bienaventurados son aquellos siervos.

39  Pero sabed esto,  que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir,  velaría ciertamente,  y no dejaría minar su casa.

40  Vosotros,  pues,  también,  estad preparados,  porque a la hora que no penséis,  el Hijo del Hombre vendrá. (Mt. 24.43-44)

Lucas 12.35 Mt. 25.1-13 1  Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas,  salieron a recibir al esposo. 2  Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. 3  Las insensatas,  tomando sus lámparas,  no tomaron consigo aceite; 4  mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas,  juntamente con sus lámparas. 5  Y tardándose el esposo,  cabecearon todas y se durmieron. 6  Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo;  salid a recibirle! 7  Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron,  y arreglaron sus lámparas. 8  Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite;  porque nuestras lámparas se apagan. 9  Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras,  id más bien a los que venden,  y comprad para vosotras mismas. 10  Pero mientras ellas iban a comprar,  vino el esposo;  y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas;  y se cerró la puerta. 11  Después vinieron también las otras vírgenes,  diciendo: ¡Señor,  señor,  ábrenos! 12  Mas él,  respondiendo,  dijo: De cierto os digo,  que no os conozco. 13  Velad,  pues,  porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.

Lucas 12.36 Mr. 13.34-36 34  Es como el hombre que yéndose lejos,  dejó su casa,  y dio autoridad a sus siervos,  y a cada uno su obra,  y al portero mandó que velase. 35  Velad,  pues,  porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa;  si al anochecer,  o a la medianoche,  o al canto del gallo,  o a la mañana; 36  para que cuando venga de repente,  no os halle durmiendo.

Lucas 12.39-40 Mt. 24.43-44 43  Pero sabed esto,  que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir,  velaría,  y no dejaría minar su casa. 44  Por tanto,  también vosotros estad preparados;  porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 12.32-40

Notemos que palabras tan consoladoras para todo verdadero creyente contiene este pasaje. Nuestro Señor Jesucristo conocía bien los corazones de sus discípulos. El sabía cuna propensos eran a atemorizarse por todo -por lo limitado de su número comparado con la muchedumbre de sus enemigos; por los obstáculos que les presentaban a su paso; por su falta de fuerza y de habilidad. Jesús calmó todos esos temores con estas sencillas pero importantes palabras "No temáis, oh manada pequeña, porque al Padre ha placido daros el reino"

Los creyentes han sido siempre "manada pequeña" El nombre de los que han profesado ser siervos de Dios ha sido algunas veces muy grande; y hoy día hay muchos  que han recibido las aguas del bautismo; pero el nombre de los verdaderos cristianos es muy pequeño. Y no debemos sorprendernos de esto. Así tendrá que ser hasta que venga el reino del Señor. "Porque la puerta es estrecha, y angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que lo hallan". Mt. 7.14

Los creyentes tienen ante sí la perspectiva de un reino glorioso. Acá en la tierra se les hace escarnio, se les befa, se les persigue, y a semejanza de su Maestro, se ven despreciados y desechados por los hombres. Pero "lo que en este mundo se padece no es digno de compararse con la Gloria venidera, que en vosotros ha de ser manifestada" "Cuando se manifestare Cristo, que es nuestra vida. entonces vosotros también seréis manifestados con él en Gloria" Rom. 8.18; Col. 3.4

El Padre Eterno ama con ternura a todos los creyentes, y quieren que ellos entren en su reino. Regocíjense de qu4e sean coherederos de su Hijo amado "en quien está bien complacido" Considéralos como hijos suyos redimidos por Jesucristo. No ve mancha ninguna en ellos. Aún ahora, cuando los contempla desde el cielo y ve todas sus flaquezas, está bien complacido; y después, cuando se presenten ante su trono, los recibirá con gran júbilo.

¿Somos miembros del pequeño rebaño de Cristo? Si así fuere, no tenemos por qué temer. Grandes e importantes promesas nos han sido hechas. 2 Pe. 1.4. El Padre y Jesús están con nosotros, y ellos son más poderosos que los que están contra nosotros. El mundo, el demonio y la carne son enemigos poderosos; pero si Cristo nos protege, no tenemos motivo para atemorizarnos.

Notemos además la admirable exhortación que Cristo nos hace a fin de que busquemos tesores en el cielo. "Vended lo que poseéis" dice él, "y dad limosna. Haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falte." Más esto no es todo: El establece un principio poderoso que apela a lo más íntimo de nuestro ser: "Donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón."

Estas palabras han sido usadas, sin duda, en estilo algo figurativo. Sin embargo, su significado es claro e inequívoco. Tenemos que vender todo, es decir, abandonarlo todo, privarnos de todo lo que sirva de obstáculo a la salvación de nuestras almas. Tenemos que dar, es decir, ser caritativos y bondadosos con todos, y estar más dispuestos a gastar lo que tengamos para aliviar a otros que para satisfacer nuestros placeres. Tenemos que hacernos tesoros en el cielo, es decir, debemos obrar de tal manera que nuestros nombres puedan ser inscritos en el libro de la vida; tenemos que buscar la vida eterna; tenemos que hacer obras que puedan sufrir el examen que tendrá lugar el día del juicio final. He aquí en que consiste la verdadera sabiduría, la verdadera prudencia. El que lo olvida todo por amor de Cristo, promueve verdaderamente su propio bienestar. Por algunos años tendrá que llevar la cruz, pero en la vida venidera obtendrá la salud eterna. La prenda que obtiene es l más rica que el entendimiento del hombre puede imaginar. Lleva consigo su caudal más allá de la tumba. En la vida presente es rico en gracia, y en la futura lo será en Gloria. Y lo que es más, jamás será despojado de nada de lo que ha obtenido por la fé en Jesucristo. Es "la buena parte que no le será arrebatada".

¿Deseamos saber si somos verdaderos cristianos? Averigüemos si tenemos tesoros en los cielos o si todo lo que poseemos de bueno se encuentra acá en la tierra. ¿Queremos saber en que consiste nuestro tesoro? Preguntémonos que es lo que más amamos. Esta es la piedra de toque de nuestras creencias, de nuestro modo de ser religioso. Poco importa lo que digamos; por importa lo que protestemos creer; poco importa que sermones son lo que nos gustan ni a que iglesia concurrimos ¿qué amamos? ¿En qué concentramos nuestros afectos? He aquí la pregunta importante. "Donde está nuestro tesoro allí también estará nuestro corazón"

Observemos por último que relación tan instructiva contienen estos versículos de la manera como ha de conducirse el cristiano. Nuestro Señor nos dice que debemos ser "como hombres que esperan a su Señor" Debemos vivir como siervos que esperan el regreso de su amo, cumpliendo los deberes que nos toquen en suerte, y evitando todo lo que no quisiéramos que Cristo nos viera hacer si se apareciera entre nosotros.

La regla de conducta que nuestro Señor nos dio con estas palabras es de un carácter muy elevado -tan elevado, en verdad, que muchos cristianos se arredran ante ella y se sienten desalentados. Y, sin embargo, nada de lo que prescribe debiera atemorizar al creyente. El deber de estar listo para la venida de Cristo no requiere nada que sea imposible o difícil de hacer. No implica que hemos de ser tan perfectos como los ángeles; ni tampoco que uno haya de abandonar a su familia y vivir en la soledad. Todo lo que se requiere es una vida de fe, arrepentimiento y pureza. El que tiene fe en Jesucristo estará siempre listo, y según la expresión bíblica, tendrá sus "lomos ceñidos" y su "luz estará encendida". Acaso, como Daniel, tenga a su cuidado todo un reino, o como algunos en los tiempos de S. Pablo, sea siervo en la casa de un Nerón. Nada de esto es del caso. Si tiene las miradas fijas en Jesús, es siervo que puede abrirle luego. No es a la verdad exigir mucho del cristiano cuando se le exhorta a que sea siervo de esta clase. Y no fue sin objeto alguno que nuestro Señor dijo: "A la hora que no pensáis vendrá el Hijo del hombre"

¿Vivimos nosotros como si estuviéramos listos para la segunda venida del Hijo del hombre? Bueno sería que nos hiciéramos esta pregunta con más frecuencia. Así nos libraríamos tal vez de muchos deslices, de muchas reincidencias. El verdadero cristiano no solo debe creer en Cristo y amarlo, sino que debe anhelar su venida. De mucha enmienda necesita el que no puede decir de todo corazón: "¡Ven Señor!"

Notas. LUCAS 12.32-40

33. Vended lo que poseéis. Si no se circunscribe esta expresión a los apóstoles, sino se aplica a todos los discípulos, es preciso interpretarla con aquellas limitaciones que la misma Biblia establece. Nada hay en los Hechos en las epístolas que pruebe que en la iglesia primitiva se exigiera a los discípulos vender todo cuanto tenía, tan pronto como se convertían. Por el contrario, las palabras que S. Pedro dirigió a Ananías manifiestan que se dejaba a voluntad de los creyentes vender sus bienes o retenerlos. S. Pablo llega hasta el punto de decir: "Si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, ha negado la fe y es peor que infiel"

Además, debe tenerse presente que el lenguaje empleado en el versículo en cuestión es figurativo, y tiene por objeto enseñar la generosidad, el desinterés y el cuidado del alma.

35. Estén ceñidos vuestros lomos. Esta es una figura tomada del modo de vestir que prevalecía en los días que nuestro Señor estuvo sobre la tierra, y que aún en la actualidad es bien común en el oriente. Los hombres usaban por lo general vestidos largos y anchos; y cuando tenían que trabajar o hacer algo que necesitase el empleo de fuerza física, se ceñían los lomos.

Vuestras luces encendidas. Para comprender todo el significado de esta expresión, es bueno leer la parábola de las diez vírgenes. Los matrimonios tenían, muchas veces, lugar por la noche, y era deber de los criados salir con antorchas encendidas a encontrar a los novios y a los convidados.

37. El se ceñirá. Esta es ciertamente una de las promesas más maravillosas que se hacen a los creyentes en el Nuevo Testamento. La expresión que es figurada, quiere decir, sin duda que no hay honor que nuestro Señor no conceda gozosamente a aquellos que estuvieren prontos a encontrarle el día de su segunda venida.

38. Segunda vela. tercer vela. Estas expresiones son figurativas. La noche se dividía en cuatro velas. La segunda vela era de las nueve a las doce, y la tercera de las doce a las tres. Lo que el versículo enseña es la incertidumbre de la venida del Señor y el deber de estar listos para el día en que ese acontecimiento tenga lugar.

40. El Hijo del hombre vendrá. Nótese que este versículo se refiere al segundo advenimiento de nuestro Señor.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El siervo infiel

Lucas 12.41-48

41  Entonces Pedro le dijo: Señor,  ¿dices esta parábola a nosotros,  o también a todos?

42  Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa,  para que a tiempo les dé su ración?

43  Bienaventurado aquel siervo al cual,  cuando su señor venga,  le halle haciendo así.

44  En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.

45  Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir;  y comenzare a golpear a los criados y a las criadas,  y a comer y beber y embriagarse,

46  vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera,  y a la hora que no sabe,  y le castigará duramente,  y le pondrá con los infieles.

47  Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor,  no se preparó,  ni hizo conforme a su voluntad,  recibirá muchos azotes.

48  Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes,  será azotado poco;  porque a todo aquel a quien se haya dado mucho,  mucho se le demandará;  y al que mucho se le haya confiado,  más se le pedirá.

El siervo infiel

Lucas 12.41-48 Mt. 24.45-51 45   ¿Quién es,  pues,  el siervo fiel y prudente,  al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? 46  Bienaventurado aquel siervo al cual,  cuando su señor venga,  le halle haciendo así. 47  De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. 48  Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón:  Mi señor tarda en venir; 49  y comenzare a golpear a sus consiervos,  y aun a comer y a beber con los borrachos, 50  vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera,  y a la hora que no sabe, 51  y lo castigará duramente,  y pondrá su parte con los hipócritas;  allí será el lloro y el crujir de dientes.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 12.41-48

Estos versículos nos enseñan cuan importante es que nuestro cristianismo sea activo. Nuestro Señor se refiere a su segunda venida, y compara a sus discípulos  con unos criados que aguardan el regreso de su amo y a quienes se les había ordenado lo que habían de hacer durante la ausencia de éste. "Bienaventurado," dice, "aquel siervo que, cuando el señor viniere, fuere encontrado haciendo su obra"

Esta admonición se refiere, sin duda, primariamente a los ministros del Evangelio. Estos, como guardianes de los misterios de Dios, están obligados de una manera especial a ser activos, o, para usar la palabra del texto, "estar haciendo" cuando Cristo venga la segunda vez. Pero las palabras citadas son susceptibles de una aplicación más lata, sobre la cual todos los cristianos harían bien en meditar: nos enseñan  que es menester que la religión de todos nosotros sea activa, práctica y fecunda en bienes.

Y esto es precisamente lo que falta en la iglesia cristiana. Se habla mucho de intenciones, y esperanzas, y deseos, y sentimientos, y protestas. Sería mejor que se pudiera decir más respecto a hechos. No es al siervo que encontrare deseando y protestando, sino al que encontrare "haciendo" que Jesús llama "bienaventurado".

Por desgracia, muchos se excusan de transmitir esta admonición a otros, y muchos rehúsan recibirla. Se nos dice con mucha gravedad que eso de "hechos" y de "obras" tiene olor a ley mosaica e impone un yugo servil a los cristianos. Observaciones como éstas no deben hacernos cejar. Los que las hacen manifiestan ignorancia o perversidad. Las palabras de que tratamos no se refieren a la justificación sino a la santificación, no a la fe, sino a la santidad de vida. La cuestión no es ¿Qué deberá hacer el hombre para ser salvo? Sino ¿Qué deberá hacer un hombre que está ya salvo? La doctrina de la Escritura es clara y explícita en este punto. Un hombre que ha sido salvo debe sobresalir en buenas obras. Tit. 3.8. El deseo del verdadero cristiano debe ser que lo encuentren "haciendo bien"

Si deseamos la salvación, hagamos resolución firme de ser, con Cristo: "El pasó haciendo bienes" Hechos 10.38. Así nos asemejaremos a los apóstoles: ellos eran hombres de hechos más bien que de palabras. Así glorificaremos a Dios: "En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto" Juan 15.8. Así seremos útiles al mundo: "Así pues alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" Mat. 5.16

Nos enseñan, además, estos versículos, cuan grande es el peligro que corren lo que descuidan los deberes de su profesión. De los tales nuestro Señor dice que "los apartará y pondrá su suerte con los infieles" Sin duda estas palabras han de aplicarse especialmente a los ministros y maestros del Evangelio. Sin embargo, no demos lisonjearnos con la idea de que los incluya tan solo a ellos. Probablemente van también dirigidas a todos los que ocupan puestos de gran responsabilidad. Es un hecho muy singular que nuestro Señor no contestara a Pedro cuando este le dijo. "¿Dices esta parábola por nosotros, o también por todos?" Quienquiera que desempeñe un destino de responsabilidad y descuida el cumplimiento de sus deberes, haría bien en meditar sobre este pasaje hasta enterarse de lo que enseña.

Las palabras que nuestro Señor usa cuando habló de los siervos perezosos e infieles son notablemente severas.  En pocos pasajes del Evangelio se encuentran expresiones tan fuertes como en este. Muy engañados están los que creen que el Evangelio no contiene sino palabras suaves. El compasivo Salvador, que ejerce su infinita misericordia con el penitente y el creyente, no deja de pronunciar el juicio de Dios contra los que desprecian sus preceptos. Desengañémonos; hay un infierno para el que continúe en su maldad, así como hay un cielo para el que cree en Jesucristo. Existe lo que se llama "la ira del Cordero."

Esforcémonos por vivir de tal manera que, a cualquier hora que nuestro Señor vega, estemos prontos para recibirlo. Velemos sobre nuestras almas con celo devoto, y pongámonos en guardia contra cualquier síntoma que indique no estamos prontos para la llegada de nuestro Señor. Ante todas cosas, evitemos tota tendencia a viciar la pureza de nuestro sistema religioso, a tener ojeriza a los que sean más espirituales que nosotros, y a ajustar nuestra conducta a las prácticas de las personas irreligiosas. Tan pronto como advirtamos tal tendencia, podemos estar seguros de que nuestras almas están en gran peligro. El que, a pesar de haber hecho profesión de fe, hostiliza a los verdaderos creyentes y haya placer en la sociedad de los incrédulos, ha entrado de lleno en el camino de la perdición.

Estos versículos nos enseñan, por último, que cuanto mayor sean los conocimientos religiosos que un hombre posea, tanto mayor será su culpabilidad si no se convierte. "El siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho" "A cualquiera que fue dado mucho, mucho se le volverá a demandar; y al que encomendaron mucho, más le será pedido".

Estas palabras tienen una aplicación casi universal: se dirigen a muchas clases de individuos. Deben despertar las conciencias de todos los habitantes de países cristianos, pues ellos serán juzgados con más severidad que los paganos que jamás han visto la Biblia. Todos los protestantes que tienen el privilegio de leer las Escrituras deben sentir que a ellos se refieren esas palabras. Su responsabilidad es más grande que la de los romanistas a quienes los clérigos privan de la palabra de Dios. No olvidemos jamás esta verdad: que nosotros seremos juzgados en el último día según las ventajas y los privilegios de que hayamos gozado.

¿Qué uso hacemos nosotros de nuestros conocimientos religiosos? ¿Empleamos dichos conocimientos de una manera sabia y prudente, y de tal modo que sean fecundos en bienes para nuestros semejantes? ¿O nos contentamos simplemente con decir que sabemos tal y cual cosa, y nos lisonjeamos en secreto con que el conocimiento de la voluntad de Dios nos hace mores que otros, en tanto que desacatamos esa misma voluntad? Guardémonos de hacernos ilusiones. Día llegará en que esos de que no hemos hecho uso, contribuirán a nuestra propia condenación. Muchos caerán en cuenta entonces que tendrán que ocupar un lugar inferior al de los paganos más ignorantes o idólatras.

NOTAS. LÚCAS 12.41-48

42. Y dijo el Señor. Nótese que el Señor no contestó categóricamente a la pregunta que le hizo Pedro. El escritor Major, observa que parece que el Señor quiso decir lo siguiente: "Los preceptos que he dado son para todos, pero mayormente para vosotros, a quienes en calidad de mayordomos se ha confiado mucho, y de quienes, por consiguiente, se exigirá mucho.

Todo el pasaje hasta el versículo 48 es parabólico y figurado. Ciñéndonos a lo que pueda deducirse del contexto, debemos tener cuidado de no violentar o torcer el significado de ninguna expresión.

44. El lo pondrá sobre todos sus bienes. Compárese esta expresión con otras semejantes en la parábola de los talentos y en la de las libras.

48. Más el que no entendió e hizo porque ser azotado. Pocas palabras hay en la Biblia que sean tan desfavorables como estas a los paganos que mueren en la ignorancia. En vano haremos por ocultarnos la solemne verdad de que ningún grado de ignorancia hace al hombre completamente inocente y justificable a los ojos de Dios. Nuestra misma ignorancia es parte de nuestro pecado.

Y al que encomendaron mucho, et. Con estas palabras nuestro Señor sienta un gran principio como conclusión adecuada de la parábola que había pronunciado.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús causa de división

Lucas 12.49-53

49  Fuego vine a echar en la tierra;  ¿y qué quiero,  si ya se ha encendido?

50  De un bautismo tengo que ser bautizado; (Mr. 10.38)  y  ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!

51  ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra?  Os digo: No,  sino disensión.

52  Porque de aquí en adelante,  cinco en una familia estarán divididos,  tres contra dos,  y dos contra tres.

53  Estará dividido el padre contra el hijo,  y el hijo contra el padre;  la madre contra la hija,  y la hija contra la madre;  la suegra contra su nuera,  y la nuera contra su suegra.  (Mi. 7.6)

Jesús causa de división

Lucas 12.49-53 Mt. 10.34-36 34  No penséis que he venido para traer paz a la tierra;  no he venido para traer paz,  sino espada. 35  Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre,  a la hija contra su madre,  y a la nuera contra su suegra; 36  y los enemigos del hombre serán los de su casa.

Lucas 12.50 Mr. 10.38  Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís.  ¿Podéis beber del vaso que yo bebo,  o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?

Lucas 12.53 Mi. 7.6 Porque el hijo deshonra al padre,  la hija se levanta contra la madre,  la nuera contra su suegra,  y los enemigos del hombre son los de su casa

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 12.49-53

El pasaje que precede es notablemente importante y significativo. Contiene verdades que todo cristiano haría bien en notar y procurar entender: y explica asunto relacionados con la iglesia y con el mundo que a primera vista son difíciles de comprender.

Notemos en primer lugar, en estos versículos, cuan determinado estaba Cristo llevar a cabo la obra que había venido a emprender. El dijo. "De bautismo me es necesario ser bautizado" es decir, de bautismo de sufrimientos, de heridas, de agonía, de sangre y de muerte. ¡Y sin embargo, nada de esto lo desalentaba! Y añadió: de los males que le esperaban no lo desanimó ni por un momento. De toda voluntad se había sometido a sufrirlo todo por obtener la redención de los suyos. El celo por su santa causa comunicaba fuego y entusiasmo a su alma. Promover la Gloria de su Padre, abrir la puerta de la vida a un mundo sin esperanza, proveer una fuente donde se hubiese de lavar todo pecado, eran constantemente las ideas que más le ocupaban la mente. El no se sintió tranquilo hasta no acabar esta grande obra.

Tengamos siempre presente que Cristo se sometió a todos sus sufrimientos, espontánea, deliberada y voluntariamente. No se sometió a ellos mansamente porque no pudo evitarlos. Si tuvo una vida humilde por espacio de treinta y tres años, fue solamente porque así le plugó. Si sufrió una muerte de martirio, fue por su voluntad. Tanto en vida como en muerte estuvo llevando a cabo el eterno decreto según el cual Dios había de ser glorificado, y los pecadores habían de obtener la salvación. Y lo cumplió de todo corazón, aunque los padecimientos del cuerpo fueron terribles. El cifraba su gozo en hacer la voluntad del Padre; pero se angustiaba hasta que fuera cumplida.

No tenemos por que dudar de que Cristo tenga ahora la misma voluntad en el cielo como cuando estaba en la tierra. Ahora piensa tanto en la salvación de los pecadores como cuando murió por ellos. Jesús es inmutable. Es el mismo ayer, hoy para siempre. Tiene una voluntad, un deseo infinito de recibir, perdonar y justificar las almas y de librarlas del infierno. Procuremos poseernos bien de la grandeza de esa voluntad; creamos en ella sin vacilar y acojámonos a Cristo sin temor. Es un hecho cierto (ojalá que los hombres lo creyesen) que Cristo tiene más voluntad de salvarnos que nosotros de ser salvos. Que el celo de nuestro Señor y Maestro sirva de ejemplo a todo su pueblo, que el recuerdo de la buena voluntad con que murió por nosotros, esté siempre en nuestra memoria y nos haga vivir para Él y no para nosotros. Tal pensamiento, a la verdad, debiera despertar nuestro frió corazón y sacándonos de la indiferencia, debiera excitar en nosotros el deseo de aprovechar el tiempo y hacer algo para Gloria suya. Un Salvador lleno de celo debiera tener discípulos animados del mismo espíritu.

Aprendamos, además, en este pasaje, cuán vano es esperar que la predicación del Evangelio produzca paz y armonía universales. Los discípulos como la mayor parte de los judíos, estaban esperando probablemente que el reinado del Mesías empezase inmediatamente. Ellos creían que ya se había acercado la hora en que el lobo había de morar con el cordero, y en que los hombres ho harían mal ni dañaría. Isa. 10.9. Nuestro Señor sabía que pensamientos los preocupaban y puso fin a sus mal fundadas esperanzas por medio de estas notabilísimas palabras: "¿Pensáis que he venido a la tierra a dar paz? No, os digo, más disensión."

A primera vista estas palabras parecen muy extrañas. No es fácil hacerlas armonizar como el cántico de los ángeles, según el cual "paz en la tierra" sería uno de los resultados del Evangelio de Cristo. Lucas 2.14. Sin embargo, por extrañas. Que parezcan, dichas palabras han sido comprobadas con hechos. La paz os, sin duda, una consecuencia natural de la proclamación del Evangelio, en donde quiera que este es recibido. Pero en donde quiera que haya personas que, sin embargo de oír el Evangelio, se muestren endurecidas, impenitentes y resueltas a continuar en el pecado, el mismo mensaje de paz parece producir disensiones. Los que tienen un ánimo carnal aborrecen a los que tienen un ánimo espiritual. Los que tienen el propósito de servir al mundo abrigan siempre odio para con los que se dedican al servicio de Cristo. Por mucho que lamentemos este estado de cosas no podemos remediarlo. La gracia divina y la naturaleza corrompida del hombre no so más susceptibles de amalgamarse que el agua y el aceite. Mientras que los hombres disientan en los principios fundamentales de la religión, no podrá existir verdadera concordia entre ellos. En tanto que unos se conviertan y otros permanezcan impenitentes, no podrá haber verdadera paz.

Guardémonos de abrigar en religión esperanzas que no puedan fundarse en las enseñanzas de la Biblia. Si esperamos que el pueblo esté unánime, antes de que se convierta, nuestras esperanzas serán a menudo burladas. Millares de personas de buenas intenciones demandan a gritos que haya más unidad entre los cristianos. Para obtener este fin no ahorran esfuerzos ni sacrificios, y hasta están prontos a dejar a un lado las doctrinas más ortodoxas, si de ese modo puede conseguir paz. Los que de tal manera obran harían bien en recordar que no hay cosa por la cual no estemos expuestos a pagar un precio exorbitante, y que la paz es inútil si la compramos a costa de la verdad. Seguro es que han olvidado las palabras de Jesucristo: "No he venido a traer paz sino disensión."

No nos dejemos engañar con los argumentos de los que tachan el Evangelio de haber sido causa de muchas luchas y contiendas. Tales hombres dan bien a conocer que no saben lo que dicen. La falta no consiste en el Evangelio, sino en la depravación del corazón humano; no en el remedio que Dios ha provisto, sino en la naturaleza viciada de los hijos de Adán, que, a semejanza de un niño voluntarioso, rehúsan tomar el medicamento que se les ha ofrecido para que recuperen la salud. Es preciso repetirlo, tanto que unos se arrepientan y crean y otros no, tendrá que haber disensiones. Maravillarse de esto es insensatez. La existencia misma de estas disensiones es prueba de la presencia de Cristo y de la verdad del cristianismo.

Demos gracias a Dios porque llegará un día en que cesarán todas las discordias y la humanidad estará unánime. Ese será el día en que Jesús, Príncipe de la Paz, venga otra vez en persona y ponga a todos sus enemigos bajo sus plantas. Cuando Satanás se encadenado, y los malos sean separados de los justos y arrojados al lugar de perdición, entonces, y solo entonces, habrá perfecta paz. Esperemos, velemos y oremos por que llegue ese día. Las sombras de la noche están a desaparecer; ya columbramos los rayos del nuevo día; nuestras disensiones están al terminarse; la paz que recibamos continuará por toda la eternidad.

NOTAS: LUCAS 12.49-53

49. Fuego vine a mete a la tierra. Los comentadores difieren mucho respecto de la interpretación que deba darse a la primera de estas palabras. Nosotros nos adherimos a la opinión que denota las persecuciones, los padecimientos y las luchas que habían de seguirse a la predicación del Evangelio. En las Sagradas Escrituras se hace a menudo mención del fuego como emblema de padecimientos y aflicciones. (Véase Sal. 66.12 e Isa. 43.2) Además, es digno de notarse que "meter" (o enviar) fuego es una figura bastante usada en el Antiguo Testamento para denotar el envío de padecimientos y trabajos (Véase Lam. 1.13; Ezeq. 39.6; Hos. 8.14; Amos 2.2,5)

¿Y que quiero si ya está encendido? "Que el fuego se encienda a cualquier hora: yo estoy satisfecho, porque es que muchos beneficios han de resultar del incendio"

50. De bautismo. Es claro que este bautismo no es de agua, ni del Espíritu Santo, sino de sufrimientos.

52. Cinco en una casa divididos. Es precios no tomar esta expresión en un sentido rigurosamente literal. En algunas casas el número de personas no llega a cinco, en otras, pasa de esa cifra. En algunas familias padre e hijo son del mismo parecer en asuntos religiosos. Lo que las palabras citadas dan a entender es claramente que el Evangelio causará disensiones entre las familias y que aun las personas más queridas vienen a quedar alejadas entre si a causa de que unas se convierten y otras no.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

¿Cómo no reconocéis este tiempo?

Lucas 12.54-56

54  Decía también a la multitud: Cuando veis la nube que sale del poniente,  luego decís: Agua viene;  y así sucede.

55  Y cuando sopla el viento del sur,  decís: Hará calor;  y lo hace.

56  ¡Hipócritas!  Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra;  ¿y cómo no distinguís este tiempo?

¿Cómo no reconocéis este tiempo?

Lucas 12.54-56 Mt. 16.1-4; Mr. 8.11-13

Mt. 16.1-4 1  Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle,  y le pidieron que les mostrase señal del cielo. 2  Mas él respondiendo,  les dijo: Cuando anochece,  decís: Buen tiempo;  porque el cielo tiene arreboles. 3  Y por la mañana: Hoy habrá tempestad;  porque tiene arreboles el cielo nublado.  ¡Hipócritas!  Que sabéis distinguir el aspecto del cielo,  ¡mas las señales de los tiempos no podéis! 4  La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada,  sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos,  se fue.

Mr. 8.11-13 11  Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él,  pidiéndole señal del cielo,  para tentarle. 12  Y gimiendo en su espíritu,  dijo: ¿Por qué pide señal esta generación?  De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. 13  Y dejándolos,  volvió a entrar en la barca,  y se fue a la otra ribera.

 
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Arréglate con tu adversario

Lucas 12.57-59

57 ¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?

58 Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.

59 Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca.

Arréglate con tu adversario

Lucas 12.57-59 Mt. 5.25-26 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario t entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echada en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 12.54-59

Lo primero en este pasaje nos enseña es que debemos estar alerta para notar "las señales de los tiempos," o sean aquellos indicios que necesariamente preceden a algún acontecimiento. Los judíos coetáneos de nuestro Señor descuidaron este deber; y cerraron los ojos ante sucesos de la más grande existencia. Parece como si no hubieran querido ver que en presencia de ellos se estaban cumpliendo las profecías que tenían relación con la venida del Mesías, y que el Mesías mismo estaba ya en medio de ellos. "El cetro había sido quitado de Judá, y el legislador de entre sus pies." Gen. 49.10. Las setenta semanas de Daniel se habían cumplido. Las obras de Juan Bautista habían llamado la atención de todo el país. Los milagros de Cristo eran asombrosos, patente y conocidos de todo el mundo. Más, no obstante, los judíos era moralmente ciegos. Todavía negaban con obstinación que Jesús fuera el Cristo: por eso nuestro Señor les preguntó: "¿Y este tiempo como no lo examináis?

Es deber de los siervos d Dios, en todos los siglos, observar los acontecimientos que tengan lugar en sus días y compararlos con las profecías no cumplidas. Ningún encomio merece el que ignora la historia contemporánea. El cristiano que puede ver el dedo de Dios en la historia, y que no cree que todos los reinos cambiarán gradualmente de manera que al fin todo quede bajo el poder de Cristo, es tan ciego como los judíos.

¿No existen hoy día ningunos de los indicios de que venimos hablando? En pocas palabras se puede contestar esta pregunta. La historia de los últimos setenta años está repleta de acontecimientos que llaman la atención del cristiano y que deberán ponerlo alerta e inducirlo a examinar su corazón escrupulosamente. La iniciación y la marcha próspera de las misiones protestantes; el interés universal que se siente por la salvación de los judíos; la decadencia del poder musulmán; el sacudimiento que la revolución francesa dio a los reinos de Europa; la extraordinaria difusión de la ciencia y de la educación; la maravillosa resurrección del romanismo; el progreso no interrumpido de artificiosas doctrinas infieles -todos estos son hechos que no pueden negarse y que debieran tener mucha significación para todo verdadero cristiano. Bien pueden, a la verdad, ser considerados como grandes augurios de nuestra época.

Tengamos presentes las palabras que dijo nuestro Señor, y no cometamos el error de que adolecieron los judíos. No seamos sordos, ciegos e indiferentes a todo lo que el Señor está obrando, tanto en la iglesia  como fuera de ella. Los sucesos que acabamos de citar no carecen de significación. No han acaecido por casualidad o accidentalmente, sino de acuerdo con los designios de Dios. Preciso es que los consideremos como signos que indican la necesidad de que estemos alerta y nos preparemos para el día del Señor. ¡Ojalá que no permanezcamos en la indiferencia! ¿Ojalá que no nos adormezcamos, sino que velemos y aguardemos la hora! Solemnes son las siguientes palabras tomadas del libro de la Revelación: "Que si no velares vendré a ti como ladrón; y no sabrás a que hora vendré por ti."

En seguida nos enseña el pasaje citado cuan importante es procurar reconciliarnos con Dios en tiempo oportuno, antes de que se haga demasiado tarde. Nuestro Señor aclara este precepto por medio de una parábola o símil. Compara al pecador con un hombre que va al magistrado con su adversario; y traza la línea de conducta que debe seguir el que se encuentre en circunstancias análogas. Como el hombre de la parábola nosotros compareceremos ante un Juez; pues todos tenemos un adversario: la santa ley de Dios nos es adversa y sus requisitos tienen que ser cumplidos. Como él debemos empeñarnos en hacer algún arreglo antes de presentarnos ante el magistrado: debemos pedir perdón antes de morir. Como él, si perdemos la oportunidad, la decisión nos será contraria, y seremos arrojados en las prisiones del infierno. Tal es, en nuestro concepto, el significado de la parábola en cuestión. Es una vívida pintura del empeño que el hombre debe tomarse en lo que respecta a su reconciliación con Dios.

La paz tonel supremo Hacedor es el primer  factor y el más esencial en la religión. Nosotros nacemos en pecado y somos hijos de la ira. "El ánimo casual es enemistad contra Dios" Es imposible que en nuestro estado  natural agrademos a Dios. El más vehemente deseo de todo el que profese ser religiosos, es de obtener reconciliación. En tanto que no obtenga este bien no puede hacer nada. No poseeremos ningún bien espiritual hasta que no tengamos paz con Dios. La ley nos pronuncia culpables. La sentencia será dada en contra nuestra. Sin la reconciliación, el término de nuestra peregrinación será el infierno.

La paz con Dios es el principal bien que el Evangelio de Cristo ofrece al alma: la más grande prerrogativa que concede al hombre gratuitamente. Hay un Ser que puede librarnos del adversario. "El fin de la ley es Cristo para dar justicia a todo aquel que cree." Cristo nos ha librado de la condenación de la ley, habiéndose cargado de nuestros pecados. Cristo ha borrado la acusación que existía contra nosotros y la ha inscrito en la cruz en que murió. "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por nuestro Señor Jesucristo. "Ninguna condenación hay para los que creen en Cristo Jesús." Los requisitos del decálogo han sido obedecidos por Jesús. Dios puede ser justo, y sin embargo obrar como justificador de los que creen en el Hijo. Se ha verificado una expiación completa. El Juez puede decir: "Ponedlos en libertad: he hallado redención." Job. 30.24

No descansemos mientras no estemos íntimamente convencidos de haber sido reconciliados con Dios. No nos contentemos con ir a la iglesia, concurrir a todos los ejercicios del culto, y ser reputados como cristianos, en tanto que no sepamos si nuestros pecados han sido perdonados y nuestras almas justificadas. Preguntémonos si formamos una unidad con Cristo, y si Cristo está en nosotros; y si nuestras culpas han sido perdonadas y nuestros pecados borrados. Entonces, y solo entonces podremos disfrutar de sosiego y aguardar sin temor el juicio final. Ya se acerca el día en que nuestra suerte ha de ser decidida por toda la eternidad. Nos toca hacer todos los esfuerzos que estén a nuestro alcance para que, cuando es día llegue, estemos en puerto seguro. Los que fueren hallados fuera de la comunión de Cristo serán arrojados en una prisión de donde no habrá salida.

Notas. Lucas 12.54-59

54. Y decía también el pueblo. Obsérvese que la parte final del discurso de nuestro Señor, contenido en el capítulo 12, fue dirigida al pueblo especialmente y no a los discípulos como lo fue la primera parte.

Cuando veis la nube que sale del poniente. agua viene. Es menester tener presente que el Mar Mediterráneo limita el territorio judío por el oeste. Es de ese lado que generalmente aparece la lluvia en aquella comarca. La pequeña nube que subió del mar y que el criado de Elías vio desde el Monte Carmelo pudo citarse como un ejemplo que justifica la alusión hecha por nuestro Señor 1.Rey. 18.44

55. Cuando sopla el austro, decís: Habrá calor. Téngase presente que el yermo de SINAB y los ardientes desiertos de Arabia demoran al sur de la Judea.

57. ¿Más por qué aún de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo? Debemos tener cuidado de no traducir este Cristo de manera que contradiga otros pasajes de la Sagrada Escritura. Nuestro Señor no quiso dar a entender que los judíos, por si mismos, y sin el auxilio del Espíritu Santo, podían entender las cuestiones espirituales o alcanzar a percibir en que consiste el reino de Dios. Lo que se propuso dar a comprender fue: "Porque no formáis por vosotros mismos, observando lo que está sucediendo delante de vosotros, un recto juicio sobre el derecho que yo tengo para ser reconocido como el Mesías, y sobre la razón que me asista en las discusiones que he tenido con vuestros maestros, los escribas y fariseos.

58. Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, etc. Es digno de notarse que el contenido de este versículo y el que le sigue se encuentra en el Sermón del Monte en una conexión enteramente distinta. No queda duda de que el Señor usó del mismo ejemplo en dos ocasiones diversas, para aclarar materias enteramente diferentes. En el Sermón en el Monte sirve para poner en claro el deber de perdonar las injurias: en el pasaje que tenemos a la vista parece que nuestro Señor se propuso explicar el deber sagrado de solicitar la reconciliación con Dios. La vida es el camino; la sentencia del magistrado representa el juicio final; la prisión simboliza el infierno. Esta, en nuestro concepto, es la única explicación satisfactoria del pasaje.

59. Te digo que no saldrás de allá hasta que hayas pagado hasta el postrer cornado. El significado de esta expresión es: "Jamás saldrás." Poole observa: "Una prueba de que los romanistas andan angustiados a caza de argumentos para probar la existencia del purgatorio, es que citan este texto como si se tratase de una prisión de la cual hay salida." Respecto del uso de la palabra "hasta," véase Salmo 72.7 y mateo 1.25

Stella dice: "Los malvados serán aprisionados en el infierno hasta que paguen el último maravedí; y como nunca lo pagarán, irremediablemente tendrán que permanecer ahí por toda la eternidad."

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Lucas
J.C. C Ryle
Libros CLIE
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