El Santo Evangelio según
San Lucas

Porque por gracia sois salvos

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Jesús sana a un hidrópico

Lucas 14.1-6

1  Aconteció un día de reposo,* (Aquí equivale al sábado)  que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante,  que era fariseo,  éstos le acechaban.

2  Y he aquí estaban delante de él un hombre hidrópico.

3  Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos,  diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? *

4  Más ellos callaron.  Y él,  tomándole,  le sanó,  y le despidió.

5  Y dirigiéndose a ellos,  dijo: ¿Quién de vosotros,  si su asno o su buey cae en algún pozo,  no lo sacará inmediatamente,  aunque sea en día de reposo? * (Mt. 12.11)

6  Y no le podían replicar a estas cosas.

Lucas 14.5 Mt. 12.11 El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros,  que tenga una oveja,  y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo,  no le eche mano,  y la levante?

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 14.1-6

Notemos en este pasaje de qué manera nuestro Señor aceptaba la hospitalidad de los que no eran discípulos suyos. Se nos dice que "entró en casa de un príncipe de los fariseos á comer pan." No .tenemos motivo para creer que este fariseo fuera prosélito de Jesús. Es más probable que lo invitara por seguir la costumbre da los hombres de su rango. Vio á un extranjero á quien algunos imputaban como profeta, y lo convidó á comer á su mesa. Pero la invitación fue aceptada, y este es el punto más interesante.

Si deseamos saber cómo se conducía nuestro Señor en la mesa de un fariseo, solo tenemos que leer con atención los primeros veinticuatro versículos de este capítulo. Así veremos que allí, como en cualquiera otro lugar, siempre atendía á los asuntos que le había encomendado su Padre. Veremos que primeramente defiende la observancia del domingo; que en seguida explica á los concurrentes la naturaleza de la verdadera humildad, y al huésped la de la hospitalidad; y que, finalmente, pronuncia esa notable y bien adecuada parábola, la de la gran cena; y todo esto con la mayor calma, prudencia y dignidad. Todas sus palabras eran oportunas, "con gracia, sazonadas con sal." Col. 4:6, La perfección de la conducta de nuestro Señor brilla en esta, así como en otras ocasiones. Nunca olvidó ni por un momento con quiénes y en qué lugar se hallaba.

El ejemplo que Cristo nos presenta en este pasaje merece la atención de todos los cristianos, y en especial de los ministros del Evangelio; pues aclara algunos puntos muy difíciles, tales como las relaciones con los no convertidos, el grado de confianza con que hemos de tratar á estos, y la manera como debemos conducirnos cuando estemos en sociedad con ellos. Nuestro Señor nos dejó un modelo en este capítulo, y á nosotros nos incumbe hacer lo posible por imitarlo.

No debemos vivir completamente, incomunicados con los que no se hayan convertido, aunque fuera posible hacerlo, pues seria cobardía é indolencia. Así nos privaríamos de muchas oportunidades de hacer bien. Pero al tratarnos con ellos debemos proceder con cautela y circunspección, implorando la ayuda divina y haciendo la resolución de promover la gloria de Dios. En una cana donde se rechace el Evangelio deliberadamente no debemos admitir hospitalidad ni hacernos amigos íntimos. Hasta que punto hemos de cultivar relaciones con los no-convertidos, es cosa que cada creyente ha de determinar por sí mismo. Algunos pueden adquirir relaciones más estrechas que otros sin recibir perjuicio ninguno y hasta con provecho de las personas con quienes se traten. "Cada uno tiene su propio don de Dios." 1 Cor. 7:7. Hay dos preguntas, que todo cristiano debiera hacerse con referencia á este asunto: "¿Paso las horas en sociedad en conversaciones frívolas y mundanas? Ó ¿procuro, aunque débilmente, imitar á Jesucristo?" no podemos contestar estas preguntas satisfactoriamente, es mejor que no frecuentemos la sociedad. Más siempre que lo hagamos de la manera con que Cristo se presentó en casa del fariseo, no hay riesgo de que suframos ningún daño.

Notemos en segundo lugar, cómo acechaban á nuestro Señor sus enemigos, cuando fue á comer pan un sábado á casa del fariseo.

Este incidente no es sino un ejemplo de lo mucho que nuestro Señor tuvo que sufrir durante su misión terrena. Los ojos de sus enemigos seguían todos sus pasos; y lo espiaban cuando se detenía, y aguardaban ansiosamente que pronunciara una palabra sobre la cual pudieran basar una acusación. Sin embargo, aguardaron en vano. Nuestro bendito Salvador fue siempre santo, inocente, inmaculado y libre de todo mal. Perfecta en verdad debe haber sido esa vida en la que ni los más encarnizados enemigos pudieron hallar falta ni lunar de ninguna clase.

El que desee servir á Cristo debe resignarse á que lo acechen y lo espíen como á su Maestro. No ha de olvidar nunca que el mundo lo mira y que los malvados observan atentamente todas sus acciones. Especialmente ha de tener esto presente en el trato con los no convertidos. Si entonces cometiere algún desliz de palabra ó hecho, ú obrare de una manera inconsecuente, puede estar bien seguro de que no lo pasarán por alto.

Procuremos vivir todos los días como en presencia de un Dios tanto. Si así viviéremos importa poco cuanto nos espía un mundo malévolo y ruin. Hagamos todo lo posible por tener una conciencia libre de ofensa hacia Dios y hacia el hombre, y por evitar todo lo que pueda dar margen á los enemigos del Señor para que blasfemen. Ni es imposible poner esto en práctica. Mediante la grada de Dios podemos hacerlo. Los enemigos de Daniel se vieron obligados á confesar: "Nunca hallaremos contra este Daniel alguna ocasión, si no la hallamos contra él en la ley de su Dios."' Dan. 9:5.

Notemos, por último, en este pasaje, que nuestro Señor afirma que es lícito hacer obras de misericordia el sábado. Se nos refiere que sanó á un hidrópico en sábado, y que entonces dijo á los doctores de la ley y á los fariseos: " ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en un pozo, y él no le sacará luego en día de sábado?" Este fue un golpe que no pudieron evadir. Escrito está: " Y no le podían replicar á estas cosas."

La limitación que señaló así nuestro Señor á los requisitos del cuarto mandamiento está fundada evidentemente en las Escrituras, la razón natural y el sentido común. El sábado fue hecho para el hombre, para su provecho, no para su daño. No fue la voluntad del Supremo Legislador que se interpretase la ley con relación al sábado, de manera que excluyese las obras de caridad, los actos do bondad, y la satisfacción de las necesidades naturales del hombre. Tales interpretaciones son contraproducentes. Imponen lo que el hombre caído no puede hacer y así desconceptúan todo el mandamiento. Nuestro Señor percibió bien esto, y trabajó durante el período de su misión por elevar esta valiosa parte de la ley de Dios á su verdadera posición.

El principio que nuestro Señor establece respecto á la observancia del sábado necesita rodearse de restricciones. Del derecho de hacer en el domingo obras de necesidad y de misericordia se ha abusado terriblemente en nuestros días. Millares de cristianos parecen haber traspasado todo límite con .respecto á la guarda de este santo día. Parecen haber olvidado que si bien nuestro Señor explicó repetidamente lo que de nosotros exige el cuarto mandamiento, jamás lo borró ó anuló, ni dijo que no era obligatorio para los cristianos.

¿Puede persona alguna decir, que viajar en domingo, salvo en casos muy raros, sea obra de misericordia? ¿Puede alguien afirmar que traficar en ese día, y dar convites, y pasear, y distribuir cartas y periódicos son obras de misericordia? ¿Es que los criados y tenderos, los maquinistas y cocheros, los escribientes y porteros no tienen alma? ¿No necesitan como los demás hombres descanso para el cuerpo y tiempo para atender á las necesidades del alma? Estas son cuestiones serias que deben hacer pensar á mucha gente.

Más, cualquiera que sea la línea de conducta que adopten los demás, santifiquemos nosotros el domingo. Dios hará cargo á las iglesias de la profanación del domingo. Este es un pecado por el cual el clamor asciende al cielo, y de él se pedirá cuenta en el último día. Abstengámonos de cometerlo. Si otros quieren apropiarse el día del Señor para satisfacer deseos y aspiraciones egoístas, no nos hagamos cómplices suyos.

NOTAS.    LUCAS 14:1-6.

1. Entrando en una casa, etc. Los mesones y las posadas para los forasteros no eran tan comunes en los días de nuestro Señor como lo son ahora. El deber de alojar á los transeúntes recaía, por lo tanto, muchas veces sobre la primera Autoridad civil ó eclesiástica de la aldea.

2. Delante de él. Algunos creen que el hidrópico se presentó por su propia voluntad, animado de verdadera fe. Otros creen que fue presentado por los adversarios de nuestro Señor para tentarle.

3. Y respondiendo habló. Nótese que no se refiere que los fariseos y doctores de la ley dijeran cosa alguna, y sin embargo en este versículo y en el 5 se dice que nuestro Señor respondió. Se ve claramente que contestó a lo que estaban pensando.

Texto Bíblico
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Referencias

Los convidados a las bodas

Lucas 14.7-14

7  Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa,  refirió a los convidados una parábola,  diciéndoles:

8  Cuando fueres convidado por alguno a bodas,  no te sientes en el primer lugar,  no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él,

9  y viniendo el que te convidó a ti y a él,  te diga: Da lugar a éste;  y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar.

10  Mas cuando fueres convidado,  ve y siéntate en el último lugar,  para que cuando venga el que te convidó,  te diga: Amigo,  sube más arriba;  entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. (Pro.25,6-7)

11  Porque cualquiera que se enaltece,  será humillado;  y el que se humilla,  será enaltecido. (Mt. 23.12; Lc. 18.14)

12  Dijo también al que le había convidado:  Cuando hagas comida o cena,  no llames a tus amigos,  ni a tus hermanos,  ni a tus parientes,  ni a vecinos ricos;  no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar,  y seas recompensado.

13  Mas cuando hagas banquete,  llama a los pobres,  los mancos,  los cojos y los ciegos;

14  y serás bienaventurado;  porque ellos no te pueden recompensar,  pero te será recompensado en la resurrección de los justos.

Lucas 14.8-10 Pro.25, 6-7 6  No te alabes delante del rey,  Ni estés en el lugar de los grandes; 7  Porque mejor es que se te diga: Sube acá,  Y no que seas humillado delante del príncipe  A quien han mirado tus ojos.

Lucas 14.11 Mt. 23.12; Lc. 18.14

Mt. 23.12 Porque el que se enaltece será humillado,  y el que se humilla será enaltecido

Lc. 18.14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro;  porque cualquiera que se enaltece,  será humillado;  y el que se humilla será enaltecido

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas14.7-14

En estos versículos se nos da a conocer de cuanta importancia es la humildad. Nuestro Señor lo enseña de dos modos: primero aconsejando a los que fuesen convidados a alguna boda que "se sienten en el postrer lugar;" y segundo, apoyando su consejo en ese gran principio que tantas veces se desprendió de sus labios.

"Cualquiera que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado."

La humildad merece bien ser denominada la reina de las virtudes cristianas. Reconocer nuestra culpabilidad y flaqueza, y experimentar la necesidad de un Salvador, es el principio mismo de la religión que salva. Esa virtud ha distinguido á los hombres más rectos y piadosos de todas las edades. Abrahán y Moisés, Job y David, Daniel y Pablo fueron todos hombres señaladamente humildes. Pero, aun más, la práctica de dicha virtud está al alcance de todos los cristianos. No todos tienen dinero que ofrecer; no todos tienen tiempo y oportunidad de trabajar directamente en la causa de Cristo; no todos tienen el don de la palabra, ni talento ó erudición para instruir á los demás hombres; pero todo cristiano está obligado á exornar con la humildad las doctrinas que profesa. Si no puede hacer nada más, puede por lo menos ser humilde.

¿Queremos saber cuál es la fuente de donde dimana la humildad? Dos palabras la indican: el recto conocimiento. El hombre que se conoce á sí mismo, que conoce á Dios, que conoce á Cristo y sabe á que precio lo redimió, no puede jamás ser orgulloso. El se reputará, como Jacob, indigno de la más pequeña misericordia del Altísimo; y se dirá como Job: "Yo soy vil;" y exclamará como Pablo: "Yo soy el primero de los pecadores." Gen. 32:10; Job 40:4; 1 Tim. 1:15. La falta de conocimiento de nosotros mismos, de Dios, y de Cristo es la causa verdadera del orgullo.

Estos versículos tratan, en segundo lugar, del deber de socorrer á los pobres. Nuestro Señor inculca este deber de una manera singular. Le dice al fariseo que lo invitó á su casa, que cuando diere una comida ó una cena no debe llamar á sus amigos, ó parientes, ó vecinos ricos; sino, antes bien, á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos.

Este precepto tiene, sin duda, ciertos límites, pues es evidente que nuestro Señor no se propuso prohibirnos que ejerciéramos la hospitalidad con nuestros parientes y amigos ; y mucho menos excitarnos á que gastásemos en los pobres más dinero del necesario. Explicado así el pasaje, contradiría otros textos claros de la Escritura; por lo tanto, tal interpretación no puede ser correcta. Mas no porque se haya hecho esta advertencia ha de olvidarse que el pasaje en cuestión contiene tiene lección profunda é importante. Tengamos cuidado así mismo de no limitar y modificar él precepto hasta reducirlo á la nada. Las palabras en que está concebido son sencillas y terminantes. Es la voluntad de nuestro Señor Jesucristo que, en proporción con nuestras facultades, socorramos á los que sean más pobres que nosotros. Quiere que sepamos que es un deber sagrado auxiliar a los necesitados.

No perdamos de vista la importancia del precepto citado "No faltarán menesterosos de en medio de la tierra." Un pequeño auxilio prestado á los pobres, oportuna y acertadamente, contribuye en gran manera á su bienestar, mitiga sus dolores, y promueve la concordia entre las diferentes clases sociales. Ese ánimo ruin y calculador que mueve á algunas gentes á oponerse á toda obra de caridad es contrario á los preceptos de Jesucristo. No en balde anuncia nuestro Señor lo que dirá á los malos el día del juicio: "Tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber." Y tampoco fue en balde que S. Pablo escribió á los Gálatas las siguientes palabras: " Solamente querían que nos acordásemos de los pobres; lo cual yo también hacía con solicitud." Mat. 25:42; Gal. 2:10.

En estos versículos se nos enseña, por último, cuan importante es que meditemos en la resurrección de los muertos.  Esto se infiere claramente de las palabras que nuestro Señor pronunció sobre el tema de la caridad para con los pobres. Al fariseo que lo estaba obsequiando le dijo: " Ellos (los pobres) no te pueden pagar; mas te será pagado en la resurrección de los justos."

Después de la muerte viene la resurrección. A la vida presente no se limita nuestra existencia. El mundo visible que contemplamos en torno nuestro no es el único que hemos de habitar. No todo ha terminado cuando el hombre exhala el último suspiro, y su cadáver es llevado al sepulcro. Alguno día sonará la trompeta y los muertos resucitarán revestidos de incorruptibilidad. Todos los que estén en el sepulcro oirán la voz de Cristo, y se levantarán: los que han hecho bien á la resurrección de la vida, y los que han hecho mal á la resurrección de la condenación eterna. He aquí una de las verdades fundamentales de la religión cristiana. Recibámosla con entusiasmo y no la despreciemos.

Procuremos manifestar con nuestra conducta diaria que sí creemos en la resurrección y en la vida futura, y que deseamos estar listos para el otro mundo. Si así nos conducimos, podemos aguardar la muerte con calma, pues sabemos que habremos de obtener un galardón de gran precio allende el sepulcro; y sobrellevaremos con paciencia todo lo que tengamos que sufrir en este mundo. Las desgracias, las pérdidas, los chascos, la ingratitud no podrán afectarnos mucho; puesto que no esperaremos recibir recompensa alguna en este mundo; sino aguardaremos que el Juez de toda la tierra "haga derecho." Gen. 18:25.

Pero ¿cómo podremos meditar en la resurrección, y aguardar la vida futura sin alarmarnos? Solo por medio de la fe en Jesucristo. Si creemos en El no tendremos nada que temer. Nuestros pecados no nos serán imputados. Los requisitos de la ley de Dios quedarán cumplidos. El día del juicio permaneceremos firmes, y nadie nos acusará. Rom. 8:33. Los mundanos, como Félix, pueden temblar con razón cuando piensan en la resurrección; mas los creyentes, como Pablo, se regocijan.

NOTAS.    LUCAS 14.7-14

7. Los primeros asientos. El asiento que los romanos consideraban como más honroso era el del medio del lecho del centro.

10. Ve, y asiéntale en el postrer lugar. Las siguientes palabras de Paley merecen leerse: "Algunos de los pasajes del Evangelio que versan sobre la humildad, especialmente el consejo dado á los que fuesen á un banquete, parecen extender los preceptos de nuestro Señor á asuntos de urbanidad, en lo cual ciertamente no hay inconsecuencia alguna, y no es tan inferior á la dignidad del Salvador como pudiera creerse; porque las malas maneras indican mala moral."

14. Te será pagado. Esta expresión es digna de notarse; pues confirma la doctrina de que las recompensas estarán de acuerdo con las buenas obras, aunque no por razón de ellas.

La resurrección de los justos. Esta expresión es notable. Es probable que nuestro Señor se refiera á la resurrección de que trata el capitulo 20 de la Revelación. No puede darse al pasaje otra inteligencia que la siguiente: que hay una resurrección en que solo los justos participarán, uno resurrección que será privilegio especial de los justos, y que precederá á la de los malos.

Texto Bíblico
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Parábola de la gran cena

Lucas 14.15-24

15  Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa,  le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.

16  Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena,  y convidó a muchos.

17  Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid,  que ya todo está preparado.

18  Y todos a una comenzaron a excusarse.  El primero dijo: He comprado una hacienda,  y necesito ir a verla;  te ruego que me excuses.

19  Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes,  y voy a probarlos;  te ruego que me excuses.

20  Y otro dijo: Acabo de casarme,  y por tanto no puedo ir.

21  Vuelto el siervo,  hizo saber estas cosas a su señor.  Entonces enojado el padre de familia,  dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad,  y trae acá a los pobres,  los mancos,  los cojos y los ciegos.

22  Y dijo el siervo: Señor,  se ha hecho como mandaste,  y aún hay lugar.

23  Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados,  y fuérzalos a entrar,  para que se llene mi casa.

24  Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados,  gustará mi cena.

Comentarios de J.C. Ryle

Juan 14.15-24

Los versículos arriba trascritos contienen una da las parábolas instructivas que se encuentran en el Evangelio. A olla dio lugar la siguiente observación que hizo un hambre que estaba sentado con js la masa, en casa de un fariseo: "Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos." No se nos dice que objeti tenían esas-palabras Tal vez el que las pronunció era de aquella clase de personas que desean ir al cielo y gustan de oír hablar sobre asuntos religiosos, pero nunca dan un poso más adelante. Nuestro Señor aprovechó la oportunidad para recordarle a él y á todos los que estaban presentes, que hay muchos que han invitados á entrar en el reino de los cielos; pero que sin embargo nunca llegan allí porque desatienden la invitación.

La parábola nos enseña en primer lugar, que Dios  .ha provisto abundantes los medios por los el hombre puede ser salvo. Esto es lo que significan las siguientes palabras: "Un hombre hizo una gran cena, y llamó a muchos. He aquí el Evangelio.

E Evangelio contiene todo lo que los pecadores han menester para ser salvos. Por naturaleza todos nos hallamos desamparados y prontos á perecer; mas el Eterno concede para la salvación de nuestras almas la paz con Él y el perdón de los pecados; la justificación y la santificación; la gracia en esta vida y la gloria en la otra. No hay nada que un corazón culpable ó una conciencia alarmada pueda desear, que Cristo no pueda otorgar. Cristo, en una palabra, es la figura que descuella en la gran cena. "Yo soy el pan de la vida," dice El, "el que á mí viene nunca tendrá hambre; y el que en mí cree no tendrá sed jamás." "Mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida." "El que come mi carne y bebe mi sangre en mí mora, y yo en él." Juan 6:35, 55, 56.

En esta parábola se nos enseña, en segundo lugar, que las invitaciones y los ofrecimientos contenidos en el Evangelio son muy latos y comprensivos. El señor honrado que dio la cena envió á sus siervos á decir á los convidados: " Venid, que ya todo está aparejado."

De parte de Dios nada falta para la salvación del hombre. El Padre está pronto á recibir á los que, por medio de Cristo, se alleguen á El. El Hijo está pronto á limpiar de sus pecados á los que acudan á Él. El Espíritu Santo está pronto á descender sobre todos los que imploren su auxilio. Si el hombre quiere obtener la vida eterna Dios tiene una voluntad sin límites de que se salve.

Con Jesucristo como Mediador, los pecadores pueden acercarse á Dios sin temor. La palabra "venid " se dirige á todos sin excepción. ¿Estamos agobiados y cargados? "Venid á mí," dice Jesús, "que yo os haré descansar." Mat. 11:28. ¿Tenemos sed? "Si alguno tiene sed," dice el Señor, " venga á mí y beba." Juan 7:37. ¿Estamos necesitados y sufriendo de hambre? "Venid," dice el mismo Salvador, " comprad sin dinero y sin precio, vino y leche." Ninguno podrá decir que no se le alentó para que solicitara la vida eterna. Las siguientes palabras de nuestro Señor acallarían sus quejas: "Al que á mí viene no le echo fuera." Juan 6:37.

Se nos enseña, en tercer lugar, en esta parábola, que muchos de los que reciben las invitaciones que el Evangelio contiene rehúsan aceptarlas. Cuando el siervo anunció que todo estaba preparado, comenzaron todos á una á excusarse. Uno tenia una frívola disculpa y otro, otra. Solo en una cosa estaban acordes: en que no querían venir.     la parábola se nos presenta un vivido bosquejo de la manera como es recibido el Evangelio donde quiera que se le proclama. Millares de pecadores hacen todos los días lo mismo que queda descrito en la parábola. Se les exhorta á que acudan á Cristo, y rehúsan hacerlo. No es por ignorancia de las doctrinas evangélicas que tantas almas se pierden: es por amor al mundo y por la falta de voluntad de hacer uso de los conocimientos que se poseen. No es de hombres notoriamente corrompidos que el infierno está lleno, sino de los que dan atención excesiva á asuntos que en sí mismos son lícitos. No es el odio franco al Evangelio lo que hemos de temer, sino el espíritu de esos hombres que por todo se disculpan, que todo lo difieren y retardan, y que están prontos á aducir cualquiera razón para no servir á Cristo siempre que se les exhorte á ello. La infidelidad y la falta de moral causan la ruina de millares de almas; pero las disculpas comedidas y corteses causan mayores pérdidas. Ninguna disculpa puede justificar al hombre que rehusé los llamamientos de Dios y no acuda á Cristo.

En esta parábola se nos enseña, por último, que Dios quiere la salvación de las almas, y ha ordenado que se empleen todos los medios posibles para persuadir á los hombres á que acepten el Evangelio. Se nos dice que, cuando los que fueron invitados primero á la cena rehusaron aceptar la invitación, el padre de familias dijo á su criado: "Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos." Y cuando el siervo hubo hecho esto, y todavía había espacio, el señor le dijo: " Ve por los caminos, y por los vallados, y fuérzalos á entrar para que se llene mi casa."

No puede haber mucha controversia respecto del significado de estas palabras. Nos justifican al afirmar de la manera más explícita que Dios tiene grande amor y compasión para con el pecador. Su clemencia es inagotable. Si algunos no quieren recibir la verdad, hace que se invite á otros en su lugar. Su piedad para con los infieles no es fingida ó imaginaria.

Pero, sobre todo, las palabras citadas justifican á todo predicador y á todo maestro del Evangelio en el empleo de todos los medios que estén á su alcance, á fin de conmover á los pecadores y persuadirlos á que se arrepientan de sus pecados. Si no quieren presentarse delante de nosotros en público, preciso es que los visitemos privadamente. Si no concurren á la iglesia á oír los sermones, es preciso predicarles de casa en casa. Y no debemos tener embarazo en usar de medios que pudieran parecer poco suaves; pues es necesario que instemos á tiempo y fuera de tiempo. 1 Tim. 4:2. Á muchos de los no convertidos es preciso que los tratemos como si estuvieran aletargados ó en estado de demencia, que no se aperciben de las circunstancias en que se encuentran. Es preciso llamarles la atención al Evangelio repetidas veces. Ni hemos de ahorrar palabras ni esfuerzos. Debemos tratarlos como si fueran á cometer suicidio, y decirles: Ni podemos, ni queremos dejaros que continuéis por la senda en que habéis entrado. Los hombres irreligiosos tal vez no nos comprendan, tal vez hagan burla de todo celo y fervor religioso y lo apelliden fanatismo. Pero el hombre piadoso, animado como está del deseo de anunciar el Evangelio, no se cuidará de lo que diga el mundo, y traerá á la memoria las palabras de la parábola.

Examinemos nuestras  conciencias al terminar esta parábola. Las verdades que contiene deben tener elocuencia para nosotros. La exhortación ha sido hecha á nosotros de la misma manera que á los judíos. Á nosotros nos dice el Señor constantemente: "Venid a la cena," y " Venid hacia mí."

NOTAS.   LUCAS 14:15-24.

16. Un hombre hizo una grande cena. Esta parábola es muy semejante á la que se encuentra en el capítulo 22 de S. Mateo. Sin embargo, es bien evidente que estas dos parábolas fueron pronunciadas en dos ocasiones diferentes.

El objeto primario de la parábola fue, sin duda, hacer ver la maldad é incredulidad de los judíos, y el consiguiente llamamiento de los gentiles en su lugar; mas también puede aplicarse á la historia de la proclamación del Evangelio en todos los siglos.

19. Ya lodo está aparejado. Esta expresión denota el perfeccionamiento de la obra de la redención, el cual fue anunciado á judíos y á gentiles, después de la resurrección de Jesucristo. Entonces, y solo entonces, fue que se pudo decir: "Todo está aparejado."

20. Me he casado; y por tanto no puedo venir. Los escritores católicos romanos suelen aducir estas palabras como un argumento en favor del celibato. Arguyendo da una manera análoga podríamos probar que comprar bueyes ó tierras es más pecaminoso que guardar el dinero sin hacer uso de él. Ya hemos explicado el verdadero significado de esta parte de la parábola.

21. Los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos. Estas palabras se refieren primariamente á los gentiles, que eran pobres, cojos, mancos, etc., en comparación con los judíos; y secundariamente, á todos los pecadores á quienes se anuncian el Evangelio, y que reconozcan sus pecados y su pobreza espiritual.

22. Aun hay lugar. Esta expresión parece demostrar que hay más voluntad de parte de Dios para salvar á los pecadores, que de parte de estos para ser salvos; y que hay más gracia divina que comunicar que corazones para recibirla. Bengel observa que tanto la naturaleza como la gracia aborrecen el vacío.

Fuérzalos á entrar. Es preciso interpretar con algún cuidado estas palabras. Ellos no autorizan ninguna, compulsión ó fuerza, en el sentido genuino de estas palabras, al presentar el Evangelio; ni tampoco autorizan la intolerancia y la persecución á causa de opiniones religiosas.

El Obispo Pearcedioe: "Fuérzalos por medio de argumentos, no por medio de la violencia. La naturaleza de la parábola demuestra esto a las claras, pues la invitación fue para una fiesta."

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Lo que cuesta seguir a Cristo

Lucas 14.25-33

25  Grandes multitudes iban con él;  y volviéndose,  les dijo:

26  Si alguno viene a mí,  y no aborrece a su padre,  y madre,  y mujer,  e hijos,  y hermanos,  y hermanas,  y aun también su propia vida,  no puede ser mi discípulo. Mt. 10.37

27  Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí,  no puede ser mi discípulo. Mt. 10.38; 16.24; Mr.8.34; Lc. 9.23

28  Porque  ¿quién de vosotros,  queriendo edificar una torre,  no se sienta primero y calcula los gastos,  a ver si tiene lo que necesita para acabarla?

29  No sea que después que haya puesto el cimiento,  y no pueda acabarla,  todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él,

30  diciendo: Este hombre comenzó a edificar,  y no pudo acabar.

31  ¿O qué rey,  al marchar a la guerra contra otro rey,  no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?

32  Y si no puede,  cuando el otro está todavía lejos,  le envía una embajada y le pide condiciones de paz.

33  Así,  pues,  cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee,  no puede ser mi discípulo.

Lucas 14.26 Mt. 10.37 El que ama a padre o madre más que a mí,  no es digno de mí;  el que ama a hijo o hija más que a mí,  no es digno de mí

Lucas 14.27 Mt. 10.38; 16.24; Mr.8.34; Lc. 9.23

Mt. 10.38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí,  no es digno de mí; 16.24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos:  Si alguno quiere venir en pos de mí,  niéguese a sí mismo,  y tome su cruz,  y sígame

Mr.8.34 Y llamando a la gente y a sus discípulos,  les dijo:  Si alguno quiere venir en pos de mí,  niéguese a sí mismo,  y tome su cruz,  y sígame

Lc. 9.23 Y decía a todos:  Si alguno quiere venir en pos de mí,  niéguese a sí mismo,  tome su cruz cada día,  y sígame

Texto Bíblico

Textos Paralelos

Referencias

Cuando la sal pierde su sabor

Lucas 14.34-35

34  Buena es la sal;  mas si la sal se hiciere insípida,  ¿con qué se sazonará?

35  Ni para la tierra ni para el muladar es útil;  la arrojan fuera.  El que tiene oídos para oír,  oiga.

Cuando la sal pierde su sabor

Lucas 14.34-35 Mt. 5.13; Mr. 9.50

Mt. 5.13 Vosotros sois la sal de la tierra;  pero si la sal se desvaneciere,  ¿con qué será salada?  No sirve más para nada,  sino para ser echada fuera y hollada por los hombres

Mr. 9.50 Buena es la sal;  mas si la sal se hace insípida,  ¿con qué la sazonaréis?  Tened sal en vosotros mismos;  y tened paz los unos con los otros

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 14.25-35

Este pasaje nos enseña, en primer lugar, que los verdaderos cristianos deben estar prontos a abandonarlo todo, si fuere necesario por amor de Cristo. Las palabras que expresan esta gran verdad son muy notables. Nuestro Señor dice: "Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo."

Es preciso, sin duda, interpretar estas palabras con algunas limitaciones. Como ya lo dejamos dicho en otro lugar, nunca debemos explicar un texto de la Escritura de manera que contradiga otro. Nuestro Señor no quiso decirnos que es deber del cristiano aborrecer á sus padres y parientes. Esto estaría en contradicción con el quinto mandamiento. Lo que quiso decir fue, que los que deseen seguirlo deben amarlo con un amor más profundo del que abrigan hacia sus parientes más cercanos y queridos, y hacia ellos mismos; y que si sus deberes para con Dios y sus deberes para con los hombres fueren incompatibles en un caso dado, estos deben ceder el lugar á los primeros.  Debemos preferir ofender á los que amamos más sobre la tierra á desagradar al que murió por nosotros en la cruz. La obligación que así nos impone nuestro Señor es severa y pone á prueba nuestra lealtad.   Sin embargo, es necesaria, y ha sido dictada por la sabiduría. La experiencia ha demostrado, tanto en la iglesia y en las misiones establecidas en el extranjero, como en el hogar doméstico, que muchas veces los mayores enemigos del alma de un hombre son los de su misma familia. Suele suceder que el mayor obstáculo en la vida del pecador que empieza á sentir arrepentimiento, es la oposición de sus parientes y amigos. Los padres irreligiosos no pueden, sufrir que sus hijos empiecen á pensar seriamente en las cosas eternas. Las madres irreligiosas se disgustan que sus hijas no quieran participar en los deleites del mundo.   Las opiniones difieren y están encontradas tan pronto como la gracia divina desciende sobre un miembro de alguna familia, y entonces es cuando el verdadero cristiano ha de recordar el espíritu de las palabras de nuestro Señor.

Muy difícil es, ciertamente, cumplir nuestro deber en tales casos. Es muy penoso tener que disentir de aquellos á quienes amamos, especialmente en asuntos espirituales; mas, si es preciso que así suceda, debemos tener presente que la firmeza y la decisión muchas veces son actos de verdadera bondad. El que ama sinceramente á sus parientes nunca hará mal por agradarlos. Y sobre todo, la firmeza acompañada de la amabilidad y de la lealtad, trae consigo su propio galardón. Millares de cristianos darán gracias á Dios en el último día porque tuvieron parientes que prefirieren desagradarlos á ellos más bien que á Cristo, pues tal conducta acaso fue lo que los hizo pensar en las cosas eternas y lo que contribuyó eficazmente á la salvación de sus almas.

Este pasaje nos enseña también, que se debe aconsejar á los que estén pensando seguir a Cristo, que tomen en cuenta los sufrimientos y sacrificios que tal acto pueda acarrearles. Aunque esas palabras fueron dirigidas especialmente á la multitud que seguía á Jesús, sin pensar en lo que hacia, tienen también referencia á otras gentes y á otros siglos de la iglesia.

Es preciso no olvidar que es solo á costa de algunos sacrificios que se puede ser cristiano verdadero. Ser cristiano solo en el nombre y concurrir á la iglesia es fácil y no requiere sacrificios ningunos ; pero para obedecer á Cristo, para seguirlo, para creer en él, para confesarlo, se necesita de mucha abnegación. No podemos hacerlo sino al precio de nuestros pecados, de la confianza en nuestros propios méritos, de nuestra comodidad y de nuestros goces mundanos. Todo esto hemos de abandonarlo y tenemos que aprestarnos para lidiar contra un enemigo formidable y seguido de una numerosa falange. Tenemos que edificar una torre en una época de revueltas. Nuestro Señor Jesucristo quiere que comprendamos bien esto, y que "contemos los gastos."

Ahora bien ¿por qué se expresó así nuestro Señor? ¿Fue por ventura que quiso desanimar al pueblo para que no se afiliara en sus huestes? ¿O se propuso hacer parecer la puerta de la vida más angosta de lo que es? No es difícil contestar estas preguntas. Nuestro Señor hizo las advertencias citadas con el objeto de impedir que le siguiesen irreflexivamente, por motivos frívolos, ó en un acaloramiento del momento que se entibiara á la hora de la tentación. "Sabia que nada es tan perjudicial á la causa de la religión como las reincidencias, y que nada las causa tanto como hacer prosélitos que ignoran las consecuencias que su profesión de fe pueda acarrearles. No quiso engrosar sus filas con soldados que saqueasen á la hora de la prueba. He aquí porqué mandó á los que pensaban hacerse sus discípulos que "contaran los gastos."

Seria un bien para la iglesia y para el mundo si los ministros del Evangelio tuvieran presente lo que nuestro Señor hizo en el caso arriba referido. A menudo, muy á menudo sucede que los guías espirituales dejan que sus feligreses se hagan ilusiones, y que crean que están convertidos cuando en realidad no lo están. Las emociones se apellidan fe, y las convicciones gracia. Esto no debiera suceder. Alentemos, en hora buena, á todo el que empiece á sentir en el alma los primeros rayos de fe, mas nunca exhortemos á nadie á seguir adelante sin hacerle presente la responsabilidad y las penalidades que trae consigo la religión cristiana. Digámosles que nos sigan, más tengamos cuidado de agregar: " Contad los gastos."

Este pasaje nos enseña, finalmente, cuan triste es la condición de los reincidentes y de los apóstatas. Esta lección está íntimamente relacionada con la que le precede. La necesidad de contar los gastos se ve confirmada con el cuadro de las consecuencias que acarrea la falta de cumplimiento de ese deber. El hombre que ha hecho profesión de fe, y que después falta á sus promesas, es como la sal que ha perdido su sabor, y que, por consiguiente es inútil. "Ni para la tierra, ni aun para el muladar es buena: fuera echan." Y, no obstante, esa sal es adecuado emblema del reincidente. Qué mucho que nuestro Señor dijera: " Quien tiene oídos para oír oiga."

La verdad que nuestro Señor  presenta así es muy triste; pero es bueno que sea bien conocida, porque es muy útil. Ninguno se encuentra en una situación tan peligrosa como el que, habiendo conocido la verdad y profesado amarla, quebranta sus votos y vuelva al mundo. No se le puede decir nada que ya no sepa. No se le puede mostrar una doctrina que ya no haya oído. No ha pecado por ignorancia: á sabiendas se ha, separado de Cristo. Ha pecado contra un Dios que le es conocido, y por consiguiente, su estado es casi irremediable. Para Dios todas las cosas son posibles, y sin embargo escrito está:" Porque es imposible que los que una vez recibieron la luz. y han caído en apostasía, sean renovados de nuevo por el arrepentimiento."

Meditemos bien estos puntos. No temamos empezar á servir á Cristo  mas hagámoslo con seriedad y deliberación, y considerando bien el paso que vamos á dar. Y cuando hayamos empezado, imploremos á Dios nos dé gracia para perseverar y no dar un paso hacia atrás.

NOTAS.   LUCAS 14:25-35.

26. Si alguno viene á mí y no aborrece. Comparando este pasaje con el versículo 37 del capítulo 10 de S. Mateo y con el versículo 24 del capítulo 6 del mismo Evangelio, se ve que aborrecer en esta expresión quiere decir amar menos. Asimismo la expresión que se encuentra en Rom. 9:13, "A Jacob amé, mas á Esaú aborrecí", quiere decir que el amor hacia Esaú era menor que hacia Jacob. Que esta no es un interpretación arbitraria del verbo aborrecer, sino que, antes bien, está de acuerdo con el modismo hebraico, lo comprueban las palabras que se encuentran en Gen. 29: 30, 31. Véase también Deut. 21:15-17.

34. Si la sal perdiere su sabor. La siguiente cita de Maundrell merece leerse. Describiendo el valle de sal que había visto en sus viajes, dice: " De un lado hay un precipicio donde la sal se ha sacado constantemente. Rompí un pedazo y noté quo la parte expuesta á la lluvia, al sol y al aire, aunque conservaba partículas de sal, había perdido su sabor, en tanto que la parte interior adherida á la roca lo conservaba."

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

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Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Lucas
J.C. C Ryle
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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