El Santo Evangelio según
San Lucas

Porque por gracia sois salvos

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Parábola de la oveja perdida

Lucas 15.1-7

1  Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,

2  y los fariseos y los escribas murmuraban,  diciendo: Este a los pecadores recibe,  y con ellos come.(Lc. 5.29-30)

3  Entonces él les refirió esta parábola,  diciendo:

4  ¿Qué hombre de vosotros,  teniendo cien ovejas,  si pierde una de ellas,  no deja las noventa y nueve en el desierto,  y va tras la que se perdió,  hasta encontrarla?

5  Y cuando la encuentra,  la pone sobre sus hombros gozoso;

6  y al llegar a casa,  reúne a sus amigos y vecinos,  diciéndoles: Gozaos conmigo,  porque he encontrado mi oveja que se había perdido.

7  Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente,  que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Parábola de la oveja perdida

Lucas 15.1-7 Mt. 18.10-14 10  Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños;  porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. 11  Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. 12   ¿Qué os parece?  Si un hombre tiene cien ovejas,  y se descarría una de ellas,  ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? 13  Y si acontece que la encuentra,  de cierto os digo que se regocija más por aquélla,  que por las noventa y nueve que no se descarriaron. 14  Así,  no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos,  que se pierda uno de estos pequeños.

Lucas 15.1-2 Lc. 5.29-30 29  Y Leví le hizo gran banquete en su casa;  y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. 30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos,  diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?

Texto Bíblico
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Parábola de la moneda perdida

Lucas 15.8-10

8  ¿O qué mujer que tiene diez dracmas,  si pierde una dracma,  no enciende la lámpara,  y barre la casa,  y busca con diligencia hasta encontrarla?

9  Y cuando la encuentra,  reúne a sus amigas y vecinas,  diciendo: Gozaos conmigo,  porque he encontrado la dracma que había perdido.

10  Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

Comentarios J. C. Ryle

Lucas 15.1-10

El capítulo que empieza con estos versículos es bien conocido de los lectores de la Biblia. Pocas páginas hay en la Santa Palabra que hay producido tan benéficos resultados como estas en el alma del hombre. Cuidemos de que nosotros también las aprovechemos.

Debemos observar primeramente la notable aseveración que respecto de nuestro Señor hicieron sus enemigos cuando se llegaban a Él todos los publicamos y pecadores á oírlo, murmuraban los fariseos y los escribas, diciendo: "Este á los pecadores recibe, y con ellos come." Es bien evidente que estas palabras fueron pronunciadas en tono de sorpresa y desprecio, y no de gozo y admiración. Estos ignorantes guías de los judíos no podían comprender que el proclamador de una religión se asociara con los malos. Y, no obstante, esas palabras produjeron buenos resultados. Fueron lanzadas en tono de reproche, pero Jesús las aceptó como una descripción de su misión, y con motivo de ellas pronunció tres de las parábolas más instructivas que hayan salido de sus labios.

La aseveración que hicieron los escribas y fariseos era rigurosa y literalmente cierta. Nuestro Señor Jesucristo recibe, á la verdad, á los pecadores. Los recibe para perdonarlos, para santificarlos y hacerlos dignos de entrar en los cielos. Esa es su misión especial. Con este fin vino al mundo. Vino á llamar no á los justos, sino á los pecadores al arrepentimiento. Y lo que fue sobro la tierra, lo es ahora que mora á la diestra del Padre, y lo será por toda la eternidad. Es verdaderamente el amigo de los pecadores.

¿Reconocemos nosotros nuestro pecado? ¿Confesamos que somos malos, y perversos, y culpables, y merecedores de la ira de Dios? ¿Nos es doloroso el recuerdo de nuestra vida pasada? ¿Nos ruborizamos cuando traemos á la memoria nuestra conducta de otros días? Entonces nosotros somos cabalmente, quienes deben acudir á Cristo sin tardanza. Cristo nos recibirá con benignidad, nos perdonará espontáneamente y nos dará la gloria eterna. No vayamos á perdernos por no acudir á Él para obtener la salvación.

Debemos observar, además, los símiles notables bajo los cuales nuestro Señor manifiesta cual es la naturaleza de su amor para con los pecadores. Se nos dice que, en respuesta á la observación irrisoria de sus enemigos, pronunció tres parábolas-la parábola de la oveja perdida, la de la dracma y la del hijo pródigo. Tenemos á la vista las dos primeras. Todas tres explican y ejemplifican una misma verdad. Todas tres manifiestan la voluntad que Cristo tiene de salvar á los pecadores.

El amor de Cristo se manifiesta en una actividad incansable. Así como el pastor no se sentó con los brazos cruzados á lamentar la pérdida de su oveja y la mujer no se quedó quieta llorando la pérdida de su moneda, nuestro bendito Señor no se contentó con permanecer en su trono apiadándose de los pecadores. Dejó la gloria de que disfrutaba con el Padre, y se humilló para hacerse semejante al hombre. Descendió al mundo á salvar lo que se había perdido, y no descansó hasta que no hubo hecho expiación por nuestros pecados, producido una justificación imperecedera, preparado redención eterna, y abierto la puerta de la vida á todos los que deseen ser salvos.

El amor de Cristo es un amor acompañado de abnegación. El pastor prefirió traer la oveja perdida en sus hombros, más bien que dejarla perder. La mujer encendió una vela y barrió la casa, y busco con diligencia, y no ahorró esfuerzo alguno hasta hallar la moneda. Y, de la misma manera, Cristo llevó el sacrificio hasta el punto de entregarse á sí mismo. "Él sufrió la cruz menospreciando la vergüenza," " El dio su vida por sus amigos." Nadie tiene mayor amor que este. Juan 15:13; Heb. 12:2.

El amor de Cristo es profundo y vehemente. Así como el pastor se regocijó de encontrar la oveja, y la mujer la moneda, así se regocija Jesús de salvar á los pecadores. Acabar la obra que vino á hacer fue su "comida y su bebida" cuando estuvo sobre la tierra; y se sintió angustiado hasta que la consumó. El tiene más voluntad de salvar á los pecadores que estos de ser salvos.

Procuremos entender algo de la naturaleza del amor de Cristo. Es un amor que sobrepuja todo conocimiento. Es indescriptible é insondable. A él, á ese amor es que debemos confiar nuestras almas si queremos paz en esta vida y gloria en la otra. Si confiamos en el amor que tengamos hacia Cristo, estamos edificando en la arena movediza; mas si nos apoyamos en el amor de Cristo hacia nosotros, estamos edificando sobre una roca.

En estos versículos notamos, por último, los estímulos que Cristo presenta á tos que se arrepientan. El versículo 7 contiene estas importantes palabras: "Habrá gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente." Más abajo se encuentra el mismo pensamiento. "Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente." La misma expresión se encuentra dos veces para no dejar duda alguna. La misma idea ha sido repetida para no dar margen á la incredulidad del hombre.

Estos dichos son profundos á la verdad. Nuestro débil entendimiento no alcanza á comprender como el gozo perfecto del cielo pueda ser susceptible de aumento. Pero una cosa es bien clara: que Dios tiene voluntad infinita de recibir á los pecadores. Por malvado que un hombre haya sido, el día que se arrepienta de sus culpas, y se acerque el Padre implorando la protección de Jesucristo, Dios se regocijará de ello. El no siente júbilo en la condenación de los réprobos, pero sí se alegra de un arrepentimiento verdadero.

Que el que tenga temor de arrepentirse, considere bien los versículos de que venimos tratando y haga á un lado toda timidez. No hay nada de parte de Dios que justifique sus temores. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos los perdone, y nos limpie de toda maldad."

Que el que tenga vergüenza de arrepentirse medite sobre estos versículos, y se despoje de todo encogimiento. ¿Qué importa que el mundo se burle y se ría de su arrepentimiento? Mientras que los hombres hacen burlas, los ángeles se están regocijando. El cambio que los hombres llaman insensatez es el que llena el cielo de alegría.

¿Nos hemos arrepentido nosotros? He aquí la cuestión que más nos interesa. ¿De qué nos sirve conocer el amor de Cristo en teoría? "Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hiciereis." Juan 13:17.

NOTAS.    LUCAS 15:1-10.

1. Todos los publícanos y pecadores. "Todos " significa evidentemente en esta lugar "todos" los que estaban en la comarca donde se encontraba nuestro Señor en aquel entonces.

Nótese que ningún otro evangelista cita tantos ejemplos de la misericordia de Jesús hacia los pecadores como S. Lucas. Se ha supuesto con sobra de razón, que el fin que este escritor se propuso con dichos ejemplos, fue alentar á los gentiles, á quienes en especial dirigió su evangelio.

Éste a los pecadores recibe.   Es preciso notar con cuidado estas palabras, por que son, por decirlo tai, la clave del capitulo. Si las tenemos presentes constantemente, las tres parábolas que se encuentran á continuación de ellas serán de fácil interpretación. Los fariseos se quejaron de nuestro Señor porque recibía a los pecadores, y Él les contestó, que lo mismo de que ellos se quejaban, era exactamente lo que había venido á hacer sobre la tierra y que de ello no se avergonzaba. Vino á hacer por los pecadores lo que el pastor hizo por la oveja perdida, la mujer por su moneda, y el padre de familia por el hijo pródigo. En cuanto á sus enemigos que tanto murmuraban, ellos eran semejantes al hermano mayor del hijo pródigo.

7. Habrá más gozo. Él uso del futuro en esta expresión ha hecho creer á muchos que nuestro Señor se refirió al día de juicio, cuando las almas de los que fueren salvos serán, con gran gozo, presentadas al Padre. En nuestro concepto lo que nuestro Señor quiso decir fue que cuando un pecador se arrepintiere, cualquiera que sea la época en que esto suceda, su arrepentimiento será motivo de gozo en el cielo, por mucho que los fariseos murmuren sobre la tierra.

Un pecador. Esta expresión demuestra de cuanto valor es una sola alma á los ojos de Dios.

Noventa y nueve justos que no han menester arrepentirse. Esta expresión es muy singular, y sobre su significado se han emitido por los comentadores distintas opiniones. 1. Que los justos son los ángeles que no han pecado. 2. Que son los santos glorificados que no pueden pecar más. 3. Que son los habitantes de otros planetas que no han caído como el hombre. 4. Que son los hombres que, como los fariseos, se creen justos y rectos, y se imaginan que no necesitan del arrepentimiento. La última es la mejor explicación. Véase Lucas 5:.32; 16:15; 18:9; Mat 9:13; Mar. 2:17.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Parábola del hijo pródigo

Lucas 15.11-32

11  También dijo:  Un hombre tenía dos hijos;

12  y el menor de ellos dijo a su padre: Padre,  dame la parte de los bienes que me corresponde;  y les repartió los bienes.

13  No muchos días después,  juntándolo todo el hijo menor,  se fue lejos a una provincia apartada;  y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

14  Y cuando todo lo hubo malgastado,  vino una gran hambre en aquella provincia,  y comenzó a faltarle.

15  Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra,  el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.

16  Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos,  pero nadie le daba.

17  Y volviendo en sí,  dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan,  y yo aquí perezco de hambre!

18  Me levantaré e iré a mi padre,  y le diré: Padre,  he pecado contra el cielo y contra ti.

19  Ya no soy digno de ser llamado tu hijo;  hazme como a uno de tus jornaleros.

20  Y levantándose,  vino a su padre.  Y cuando aún estaba lejos,  lo vio su padre,  y fue movido a misericordia,  y corrió,  y se echó sobre su cuello,  y le besó.

21  Y el hijo le dijo: Padre,  he pecado contra el cielo y contra ti,  y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

22  Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido,  y vestidle;  y poned un anillo en su mano,  y calzado en sus pies.

23  Y traed el becerro gordo y matadlo,  y comamos y hagamos fiesta;

24  porque este mi hijo muerto era,  y ha revivido;  se había perdido,  y es hallado.  Y comenzaron a regocijarse.

25  Y su hijo mayor estaba en el campo;  y cuando vino,  y llegó cerca de la casa,  oyó la música y las danzas;

26  y llamando a uno de los criados,  le preguntó qué era aquello.

27  El le dijo: Tu hermano ha venido;  y tu padre ha hecho matar el becerro gordo,  por haberle recibido bueno y sano.

28  Entonces se enojó,  y no quería entrar.  Salió por tanto su padre,  y le rogaba que entrase.

29  Mas él,  respondiendo,  dijo al padre: He aquí,  tantos años te sirvo,  no habiéndote desobedecido jamás,  y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.

30  Pero cuando vino este tu hijo,  que ha consumido tus bienes con rameras,  has hecho matar para él el becerro gordo.

31  El entonces le dijo: Hijo,  tú siempre estás conmigo,  y todas mis cosas son tuyas.

32  Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos,  porque este tu hermano era muerto,  y ha revivido;  se había perdido,  y es hallado.

Comentarios J. C. Ryle

Lucas 15.11-24

La parábola que tenemos á la vista se conoce generalmente bajo el título de "Parábola del Hijo Pródigo." Puede llamarse en verdad, un gran cuadro espiritual. Á diferencia de la mayor parte de las parábolas de nuestro Señor, no nos enseña una sola, sino muchas verdades.

La primera figura que se nos presenta en esto cuadro es la de un hombre que sigue las inclinaciones naturales de su corazón. Es un hijo menor que queriendo prematuramente hacerse independiente, parte de la casa de un padre cariñoso, y "desperdicia su hacienda viviendo perdidamente."

Y ese hijo menor representa bien la naturaleza humana. Todos nosotros somos por naturaleza orgullosos y voluntariosos. No sentimos placer alguno en tener comunión con Dios; mas, bien al contrario, nos separamos de El y nos vamos lejos. Gastamos nuestros días, nuestra fuerza, nuestras facultades, nuestros afectos, en cosas que no son ni pueden ser de provecho alguno. El avaro lo hace de un modo, y el libertino lo hace de otro. Solo en un punto todos estamos de acuerdo: que como ovejas "nos perdemos, y cada cual se aparta por su camino." Isa. 3:6. En la conducta primera del hijo menor se dejan ver las inclinaciones que el corazón tiene por naturaleza.

El que no sabe nada de estas cosas tiene todavía mucho que aprender, y necesita que la luz penetre en su entendimiento oscurecido. La ignorancia más perniciosa es la del que no se conoce á sí mismo. Feliz el que ha salido del mundo de las tinieblas y sabe quien es. De muchos puede decirse en verdad: " No saben ni entienden: andan en tinieblas." Salmo 82:5.

La segunda figura es la de un hombre que aprende por experiencia que el camino del pecador es escabroso. Nuestro Señor presenta á nuestros ojos el mismo joven gastando su haber hasta que queda reducido á la miseria y al hambre de tal manera que tiene que ocuparse en apacentar cerdos, y desea henchirse de las algarrobas que estos animales comían.

Estas palabras pintan la situación de muchos individuos. El pecado domina con cetro de hierro; y de esto caen en cuenta, para su pesar los que se hacen esclavos suyos. Los que no se convierten no pueden ser jamás verdaderamente felices. Bajo la apariencia de alegría, albergan una zozobra interior que los atormenta en extremo. Millares de hombres de esa clase hay que tienen herido el corazón, que se sienten aburridos de sus propios actos, y completamente desdichados. Muchos hay que dicen: "¿Quién nos mostrará el bien?" "No hay paz, dijo mi Dios; para con los impíos." Los sufrimientos secretos del hombre que no ha sido regenerado son grandes sobre manera. En su pecho siente un vacío, por más que se esfuerce en ocultarlo. "El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción." "¿Qué fruto teníais entonces de aquellas cosas, de las cuales ahora os avergonzáis?" Gal. 6:8; Rom. 6:21.

La tercera figura representa al hombre apercibiéndose por vez primera de su corrupción natural, y resolviendo arrepentirse. Nuestro Señor dice que el joven volviendo en sí exclamo: " ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré é iré á mi padre, y le diré: Padre, pecado he."

Estas palabras expresan los pensamientos de gran número de individuos. Muchos han raciocinado así todos los días; y nosotros debemos dar gracias á Dios cuando percibimos que nos vienen á la mente tales pensamientos. Pensar no es arrepentirse pero puede ser el principio de este acto. Convicción no es conversión, pero es el primer paso que conduce á ella. La causa de la muerte eterna de gran número de hombres es que jamás piensan.

Pero es preciso, sin embargo, hacer una advertencia: hemos de tener mucho cuidado de no contentarnos con pensar solamente. Los buenos pensamientos son muy saludables; pero ellos no constituyen la religión que salva. Si el hijo pródigo no hubiera hecho nada, más que pensar, tal vez habría permanecido alejado de en casa hasta el día de su muerte.

La cuarta figura representa al hombre tornándose hacia Dios con fe y arrepentimiento verdaderos. Nuestro Señor dice cómo el joven, saliendo del país distante y volviéndose á la casa de su padre, puso en práctica sus buenas intenciones y confesó sus pecados sin rodeos algunos.

He ahí un vivo bosquejo del arrepentimiento y de la conversión verdadera. Aquel en cuyo corazón ha empezado realmente la operación del Espíritu Santo, no queda satisfecho con pensar y resolver; mas se aparta, se separa, se divorcia del pecado; deja de hacer lo malo; procura hacer lo bueno; se torna á Dios con plegarias humildes; confiesa sus iniquidades; no alega disculpas por los pecados que ha cometido; y dice como David: " Conozco mis rebeliones." Y como el publicano: " Dios, ten misericordia de mí, pecador." Salmo 51:3; Lucas 18:13.

Guardémonos de todo arrepentimiento que no sea de esta naturaleza. Los hechos son el alma del arrepentimiento que salva. Emociones, y lágrimas, y remordimientos, y deseos, y resoluciones, todo esto es inútil á menos que vaya acompañado de hechos y de un cambio de vida. Son, á la verdad peor que inútiles, puesto que insensiblemente cauterizan la conciencia y endurecen el corazón.

La quinta figura representa al hombre penitente en el acto de ser recibido, perdonado, y aceptado misericordiosamente como hijo de Dios. La descripción de nuestro Señor es muy patética. Hela aquí: "Y como aún estuviese lejos le vio su padre, y fue movido á misericordia; y corriendo á él, se derribó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, pecado he contra el cielo, y contra ti: ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned anillo en su mano, y zapatos en sus pies; y traed el becerro grueso y matadle; y comamos y hagamos banquete; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido: se había perdido, y es hallado. Y comenzaron á hacer banquete."

Tal vez jamás fueron escritas palabras más conmovedoras que estas. Comentarlas parece innecesario. Es como dorar el oro refinado y pintar el lirio. Nos manifiestan el infinito amor de Cristo hacia los pecadores; y nos enseñan cuan grande es la voluntad que tiene de recibir á todos los que vienen á Él, y cuan completo y amplio es el perdón que concede. "En este es justificado todo el que creyere." "Él es grande en misericordia." Act. 13: 39; Salmo 86:5.

Tengamos presente constantemente que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo es infinita. No olvidemos que "Él recibe á los pecadores." A Él deben estos acudir para obtener la vida eterna. En Él y en su misericordia es que confía el cristiano que se ha arrepentido y que tiene verdadera fe. "La vida que ahora vivo en la carne," dice S. Pablo, "la vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó á sí mismo por mí." Gal. 2:20.

NOTAS.   LUCAS 15:11-24.

11. Un hombre tenía dos hijos. De todas las parábolas que se encuentran en el Nuevo Testamento, esta es quizás la más extensa é instructiva. Es también la más notable de las tres que contiene el capítulo citado.

Por lo general se cree que el padre de que trata la parábola es un tipo de Dios Padre; y que los hijos representan á los judíos y gentiles respectivamente. El autor es de la misma opinión en lo que respecta al padre. Por lo que toca á los hijos solo observará que esa no fue la idea primordial que nuestro Señor  se propuso dar. El hijo menor es un tipo de los pecadores no convertidos, y su regreso á la casa de su padre un emblema del arrepentimiento. La recepción cariñosa que el padre dio á su hijo representa la bondad y el amor de Cristo hacia todos los pecadores que vienen á Él, y el pleno y gratuito perdón que les concede. El hijo mayor es un tipo de los que confían en sus propios méritos, y se adhieren tenazmente á ciertos principios y prácticas, como, por ejemplo, los fariseos, que murmuraban de nuestro Señor porque recibía á los pecadores.

12.  Que me pertenece.   Véase Deut. 21:15 y 19.

15. Para que apacentase los puercos. Recuérdese que nuestro Señor estaba hablando á una reunión de judíos. Para ellos los cerdos eran, según la ley de Moisés, animales inmundos.

16. Nadie (se las) daba. No quiere decir, como nuestra versión da á entender, que nadie le daba algarrobas. Lo que quiere decir es que nadie le daba nada, porque nadie hacía caso de él.

17. Volviendo en sí. Esta expresión ha dado origen al dicho de que el hombre debe volver en Sí antes de que vuelva á Dios.

21. De ser llamado tu hijo. Nótese que el hijo prodigo no acaba la frase que había pensado dirigir á su padre. La omisión, probablemente, tiene por objeto darnos una idea de la presteza con que lo recibió el padre, puesto que le interrumpió para dirigirle palabras de cariño.

22. El Padre dijo.   Nótese que el padre no dice nada á su hijo sobre su maldad y libertinaje; que no lo vitupera ni reprende por su conducta pasada; que no lo amonesta respecto de lo que deba hacer al presentarse; que no le da consejos enfadosos para el porvenir. La emoción que prevalece en su alma es el júbilo de que su hijo haya regresado al hogar. Este hecho es muy digno de atención.

Anillo. El anillo era en esos tiempos y en ese país un signo de honor, de confianza y de superioridad. Véase Gen. 41:42; Éxodo 3:10; Santiago 2:2.

24. Muerto era y ha revivido. Nótense bien estas palabras. Ellas expresan cual es el estado del pecador, antes y después del arrepentimiento. Primero estaba muerto, después revivió.

 

Comentarios de J.C. Ryle

Lucas 15.25-32

Estos versículos contienen la conclusión de la parábola del hijo pródigo. No son tan bien conocidos como los que les preceden pero fueron pronunciados por los mismos labios que describieron el regreso del hijo menor á la casa de su padre. Como todo lo que salió de esos labios, son profundamente instructivos.

Este pasaje nos enseña, en primer lugar, cuan implacables y desapiadados son los sentimientos que abrigan para con los pecadores los que se creen justos.

Nuestro Señor nos enseña esto con el breve bosquejo que hace de la conducta del hermano mayor. Este se enojó al saber que se estaban regocijando por la vuelta de su hermano; se quejó de qua su padre tratase al pródigo con tanto cariño, y no lo tratara á él como merecía; y no pudo tomar parte en el común regocijo, mas se entregó á pensamientos de envidia y de malevolencia.   El cuadro es triste, pero instructivo.

Bajo cierto punto de vista el hijo mayor es un tipo de los judíos de aquella época. La idea do que los gentiles (que era el hermano menor) participaran de-sus privilegios, les disgustaba muchísimo. Ellos hubieran querido excluirlos de la gracia de Dios, y tercamente rehusaron creer que iban á ser, como ellos, coherederos de Jesucristo. En todo esto se portaron como el hermano mayor.

Bajo otro punto de vista el hermano mayor representa fielmente á los escribas y fariseos de aquellos tiempos. Censuraban á nuestro Señor porque recibía á los pecadores y comía con ellos, y murmuraban porque abría la puerta de la salvación á los publícanos y á las rameras. Más contentos hubieran estado si nuestro Señor hubiese limitado á ellos y á los de su secta sus enseñanzas y sus bendiciones, y no hubiera hecho nada por los ignorantes y los pecadores. Nuestro Señor comprendió bien el estado de su ánimo, y lo pintó con vivos colores bajo la figura del "hermano mayor."

Bajo un tercer punto de vista no menos interesante que los otros dos el hermano mayor es un tipo exacto de una clase numerosa de individuos que forma en nuestros días parte de la iglesia cristiana. En todas partes hay millares de hombres que no quieren que se proclame el Evangelio sin limitaciones ni restricciones de ninguna clase. Se quejan de que los ministros ensanchan el sendero demasiado y de que la doctrina de la gracia tiende á fomentar el libertinaje. Siempre que veamos personas de esa clase recordemos el pasaje de que venimos tratando. Sus palabras son semejantes á las del "hermano mayor."

Cuidemos de que este mal no nos inficione el corazón. En parte debe atribuirse á la ignorancia. Hombres hay que no perciben su maldad y desmerecimiento, y concluyen por imaginarse que son mucho mejores que los demás y que ninguno es digno de compararse con ellos. En parte puede atribuirse también á falta de caridad. Algunos hombres no abrigan sentimientos nobles para con sus semejantes, y por consiguiente no pueden regocijarse de que estos se salven. Pero debe atribuirse, más á que ninguna, otra cosa, á la falta de inteligencia, de parte de algunos hombres, de la naturaleza del perdón de que trata el Evangelio. El que sepa que todos obtenemos la salvación solamente por gracia; y que aun los más buenos no tienen nada de que gloriarse, pues todo nos ha sido dado de lo alto, no se expresará como el hermano mayor.

Este pasaje nos enseña, en segundo lugar, que la conversión de un alma debe ser motivo de júbilo para todos los que la presencien. Nuestro Señor pone en boca del padre del pródigo estas palabras; " Hacer banquete y holgamos era menester; porque este tu hermano muerto era, y revivió: se había perdido, y es hallado."

La lección que estas palabras encierran fue dirigida primariamente á los escribas y fariseos. Si en su corazón hubiera estos dado albergue á sentimientos verdaderamente religiosos, no hubieran murmurado contra Jesús porque recibía á los pecadores; pues habrían recordado que los publicanos y pecadores más malos eran sus hermanos, y que si diferían en algo de estos, la diferencia provenía de la gracia. Se habrían alegrado de ver esas pobres y descarriadas ovejas volviendo al redil. Más, desgraciadamente, tales sentimientos les eran completamente, ajenos. Cobijados con la confianza en sus propios merecimientos, murmuraban y censuraban en vez de dar gracias á Dios.

Bien haríamos todos en aprovechar esta lección. Nada debiera causarnos tanto júbilo como la conversión de las almas. Ese acontecimiento llena de gozo á los seres celestiales, y debe regocijar a los hombres acá en la tierra. ¿Qué importa que los que se hayan convertido sean personas degradadas? ¡Qué importa que hayan servido á Satanás por muchos años, y hayan gastado su hacienda viviendo perdidamente! Nada, nada. ¿Les ha penetrado  la gracia el corazón? ¿Son penitentes sinceros? ¿Han regresado a la casa de su padre? ¿Son criaturas nuevas en Cristo Jesús? ¿Son muertos que han resucitado, y personas perdidas que han sido halladas? He aquí las únicas preguntas que tenemos derecho de hacer. Si las respuestas son satisfactorias debemos regocijarnos. Demos gracias á Dios cuando un hombre más haya sido salvo, y exclamemos: "Este es mi hermano que muerto era y revivió: se había perdido y es hallado."

¿Qué pensamos nosotros sobre este particular? Esta es al cabo la cuestión que nos toca más de cerca. El hombre que toma gran interés en la política, ó en las recreaciones, ó en los negocios, pero no se cuida de la conversión de las almas, no es cristiano verdadero. Está "muerto" y es necesario que "reviva;" está "perdido" y es necesario que lo "hallen."

NOTAS.   LUCAS 15:25 32.

26. La sinfonía y las danzas. No existe la menor prueba de que el baile á que luce alusión el versículo citado, hubiese tenido lugar por la noche ó que la concurrencia se compusiese de hombres y mujeres. Por lo que hace á la música, no tenemos conocimiento de que cristiano alguno se oponga a ella. Al baile, tal como se práctica hoy día, hay muchos buenos cristianos qua se oponen, y con razón.

Le rogaba. Esta expresión presenta una prueba más de la bondad del padre. Él pudo haber regañado á su hijo; sin embargo, lo que hizo fue rogarle.

Nunca he traspasado tu mandamiento. Nótese cuidadosamente esta expresión. El hijo mayor manifestó que estaba animado del mismo espíritu que el fariseo de otra parábola, cuando dijo: "Yo no soy como otros hombres; ni como este publicano."

30. Este tu hijo. Nótese qué índole tan mala revela el hijo mayor en estas palabras. Está hablando de su propio hermano, y lo llama "este tu hijo." Tales términos expresan desprecio como "este publicano" en Lucas 18:11.

32. Mas hacerme banquete y holgarme era menester. Este versículo concluye el argumento empezado en el capítulo anterior, y da un resumen de la disputa que tuvo lugar entre nuestro Señor y los fariseos. El hijo mayor, por mucho que dijera, no podía negar estos dos hechos: que su hermano, que poco antes estaba muerto, había revivido; y que se había perdido y había sido hallado. Ante semejantes consideraciones toda envidia debía desaparecer. Era menester hacer banquete, y holgarse."

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Textos Paralelos
Referencias
 

 

Texto Bíblico

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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Lucas
J.C. C Ryle
Libros CLIE
Galvani, 115, Terrassa (Barcelona)

 

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Martha Iñiguez Moreno
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