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Ocasiones de caer Lucas 17.1-4 1 Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! 2 Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. 3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. (Mt. 18.15) 4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale. |
Ocasiones de caer Lucas 17.1-4 Mt. 18.6-7, 21-22; Mr. 9.42 Mt. 18.6-7 6 Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. 7 ¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! , 21-22 21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Mr. 9.42 Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar. |
Lucas 17.3 Mt. 18.15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 17.1-4 Los versículos que quedan citados nos enseñan, primeramente, que el que es ocasión de escándalo ó de tropiezo á sus semejantes, comete un gran pecado. Nuestro Señor Jesucristo dice:"¡Ay de aquel por quien vienen escándalos! Mejor le seria si una piedra de molino de asno le fuera puesta al cuello, y fuese echado en la mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos." ¿Cuándo es que los hombres escandalizan? ¿Cuándo sirven de tropiezo? Sin duda, cuando persiguen á los creyentes, ó cuando procuran impedir á otros que sirvan á Cristo. Mas esto, por desgracia, no es todo: los que hemos profesado la fe cristiana también escandalizamos y servimos de tropiezo. Hacemos esto siempre que por nuestro mal humor, nuestras palabras ociosas ó nuestros hechos pecaminosos, deshonramos la religión que pretendemos venerar; siempre que hacemos esa religión antipática á los ojos del mundo por medio de una conducta que esté en pugna con las creencias que profesamos. Si bien es cierto que el mundo no entiende á veces las doctrinas y los principios de los creyentes, sí tiene un ojo muy perspicaz para notar su conducta. El pecado contra el cual nos previene nuestro Señor fue cometido por David. Cuando él quebrantó el séptimo mandamiento y tomó como esposa la mujer de Urías, el profeta Natán le dijo:"Hiciste blasfemar á los enemigos de Jehová" 2 Sam. 12:14. Fue así mismo el pecado de que S. Pablo acusó á los Judíos cuando dijo:"El nombre de Jehová es blasfemado por causa vuestra entre los gentiles" Rom. 2:24 Y por último, es el pecado del cual el mismo apóstol ha suplicado á los cristianos que se guarden:"Sed sin ofensa á Judíos, á Griegos y á la iglesia de Dios" 1 Cor. 10:32. Preguntémonos á menudo si estamos haciendo bienes ó males en el mundo. No podemos ser verdaderos cristianos y desentendernos del bien de los demás. Muchos de nuestros semejantes espían nuestra conducta, á fin de juzgar de nosotros más bien por lo que ven que por lo que oyen. Y si llegan á percibir que contradecimos con nuestras acciones lo que hemos profesado con los labios, natural y justo es que se escandalicen. Procuremos que nuestra religión resplandezca á los ojos de los hombres, y ornamentemos la doctrina de Cristo con buenos hechos. Huyendo de toda tentación y de los pecados que más nos dominen, esforcémonos cada día por vivir de tal suerte que nuestros semejantes no hallen en nosotros falta alguna. En estos versículos se nos enseña, además, que debemos ser indulgentes con los demás. Nuestro Señor Jesucristo dice:"Si pecare contra ti tu hermano, repréndele, y si se arrepintiere perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti diciendo: Pésame: perdónale" El deber cristiano de perdonar las injurias es uno de los que se recomiendan en el Nuevo Testamento con más ahínco. En la oración dominical ocupa un lugar prominente: lo único que en esa oración profesamos hacer es "perdonar á nuestros deudores" También nos sirve para determinar si hemos sido perdonados. Si uno no puede perdonar á su prójimo las pocas faltas que contra él haya cometido, es bien seguro que no sabe por experiencia propia lo que es el eterno perdón que Cristo otorga á los que creen en El. Mat. 17:35; Ef. 4:32. El cumplimiento de dicho deber nos ayuda así mismo á conocer si El Espíritu Santo mora en nosotros ó no. El Espíritu Santo se manifiesta en el corazón del hombre por medio de los frutos que produce en su vida. El hombre que no ha aprendido á sobrellevar las flaquezas de sus semejantes, y á disimular y tolerar mucho, no " ha nacido del Espíritu." 1 Juan 3:14; Mat. 5:44. La doctrina que nuestro Señor sienta en este pasaje tiene por objeto promover la humildad y la mansedumbre entre los hombres, y demuestra claramente cuan opuestas al espíritu del Evangelio son las prácticas del mundo. ¿Quién hay que ignore que muchos de los que han sido bautizados en la iglesia cristiana se hacen notar por implacables? Millares de personas que comulgan y profesan creer en el Evangelio, se enojan muy pronto por la más pequeña manifestación de lo que ellos llaman conducta ofensiva, y está prontas á querellarse por las cosas más insignificantes. La misma observación es aplicable á todas las personas de ese jaez, á saber que de esa manera se hacen la vida amarga y manifiestan que no son dignas del reino de Dios. La intolerancia y el ánimo irritable son señales seguras de que no ha habido arrepentimiento. ¿Qué dice la Escritura sobre este asunto? "Porque mientras que hay entre vosotros celos, y contiendas, y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres?" Pocos pasajes hay que deban hacer que el cristiano se sienta más humillado y que advierta con tanta presteza la necesidad de la sangre expiatoria de Cristo, como los versículos de que hemos estado tratando, ¡Cuántas veces no hemos sido para otros ocasión de escándalo! ¡Cuan á menudo no hemos abrigado sentimientos de rencor, de odio, ó de venganza! No debiera ser así. Cuanto más practiquemos preceptos como los que contiene este pasaje, tanto más atractiva haremos nuestra religión, y tanto mayor serán nuestra calma y serenidad espirituales. NOTAS. LUCAS 17:1-4. 1. Dijo después á los discípulos. Nótese que nuestro Señor se dirigió otra vez a sus discípulos. No es fácil descubrir que relación tenga este capitulo con el fin del que le precede. Sin embargo, según parece, los dos capítulos forman un solo discurso, sin pausa ó interrupción de ninguna especie. Tal vez nuestro Señor estaba pensando en la piedra de tropiezo, que hombres como el rico de la parábola ponen en la vida de los creyentes débiles, y se propuso advertir á sus discípulos que no se desalentasen cuando fuesen tratados de la misma manera. Ó también puede ser que nuestro Señor aludió de nuevo al precepto que había dado relativamente á la "fidelidad en lo poco,"en la parábola del mayordomo malo, y que quiso advertir a sus discípulos que no diesen motivo para que sus adversarios blasfemasen. Mas estas suposiciones son quizás superfinas. Un gran Maestro, como nuestro Señor, puede á su arbitrio cambiar de asunto. 2. Estos pequeñitos. Es decir, los creyentes, que son los hijos de Dios, y son objeto de su tierna vigilancia como los infantes de una familia. 3. Repréndele. Esta expresión enseña que el creyente ha de ser franco y sincero en su conducta para con los que le ofenden. Decir de un amigo cuando esté ausente lo que quisiéramos callar en su presencia, no es digno del verdadero siervo del Señor. Y si se arrepintiera Esta expresión es bastante singular. Es bien seguro que en ella no se quiere dar á entender que no hemos de perdonar á nuestros semejantes antes, á menos que se arrepientan. De este modo se daría pábulo al rencor. Lo que si se da á entender es que, Cuando el que ofende no se arrepiente ó manifiesta pesar por lo que ha hecho, no puede haber completa reconciliación entre él y la parte agraviada. 4. Siete veces al día. No hay duda que siete en este y otros pasajes denota un número indefinido. Equivale á la frase adverbial "muy á menudo." Véase Mal 7:2; 12:45; 18:22; Lucas 11:26. |
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Auméntanos la fe Lucas 17.5-10 5 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. 6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería. 7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? 8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? 9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. 10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 17.5-10 Notemos la importante suplica que hicieron los apóstoles. Ellos dijeron á nuestro Señor: " Auméntanos la fe." Ignoramos que emociones secretas dieron origen á dicha súplica. Acaso al oír los sagrados preceptos que se desprendían de los labios del Redentor los apóstoles sintieron que su corazón desmayaba. Acaso se preguntaron á sí mismos: "¿Quién es idóneo para estas cosas? ¿Quién puede aceptar tan elevadas doctrinas? ¿Quién puede seguir una norma de conducta tan pura?" Estas sin embargo son meras conjeturas; mas, sea de ello lo que fuere, no puede negarse que la súplica que hicieron fue de alta trascendencia. La fe es el cimiento sobre el cual descansa la verdadera religión, la religión que salva. "Menester es que el que á Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" Heb. 11: 6. Es el lazo por el cual el alma se une á Cristo, y obtiene la salvación. Es, en fin, una fuente de consuelo y de felicidad para el cristiano. En proporción á nuestra fe será nuestra paz, nuestra esperanza, nuestra firmeza, nuestro valor y nuestra piedad. Los apóstoles obraron, pues, discretamente cuando la pidieron. La fe es una virtud que se posee en diferentes grados. No llega á todo su vigor ni á toda su perfección tan luego como El Espíritu Santo la inocula en el corazón humano. Hay fe "pequeña" y fe "grande." Hay fe "débil" y fe "vigorosa." De ambas trata la Escritura; ambas existen en la iglesia cristiana. ¿Tenemos fe? Esta es, en suma, la pregunta que este tema debiera sugerirnos. La fe que salva no consiste meramente en repetir el credo y decir: "Creo en Dios Padre, y en Dios Hijo, y en Dios Espíritu Santo." Muchos hombres hay que hacen uso de estas palabras diariamente, y que, sin embargo, no poseen la verdadera fe. Las palabras de S. Pablo son muy solemnes: "No todos tienen fe." 2 Tes. 3:2. La verdadera fe no nace con el hombre, sino desciende de lo alto; porque es el don de Dios. Si tenemos fe, pidamos á Dios que nos conceda más. Cuando un hombre está satisfecho con la vida que lleva, y no anhela "crecer en gracia" da malas nuestras de su condición espiritual. Boguemos á Dios que nos aumente la fe. Observemos, además, qué golpe tan terrible da nuestro Señor á los que confían en sus propios méritos para la salvación. Dice á sus apóstoles: " Cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos." Todos por naturaleza somos orgullosos, y confiamos demasiado en la bondad de nuestros actos. Esta es una enfermedad que se manifiesta de distintas maneras. La mayor parte de los hombres la pueden percibir en los demás; pero pocos hay que confiesen tenerla. Raro es encontrar á un hombre que, por malo que sea, no se lisonjee de que hay alguno peor que él. Raro también es encontrar un hombre piadoso, que no tenga á veces la tentación de sentirse satisfecho de su piedad. Hay una clase de orgullo que se cubre con el manto de la humildad. No hay corazón en que no se albergue algo de la índole del fariseo. El que desee salvarse tiene que confesar que de suyo no tiene merecimiento ó virtud alguna; tiene que abandonar su propia justicia, y confiar en la de otro ser más puro que él: nuestro Señor Jesucristo. Cuando hayamos sido perdonados, debemos vivir siempre con la convicción de que somos siervos inútiles. Por muy bien que nos conduzcamos, no hacemos más que cumplir con nuestro deber, y nada tenemos de que jactarnos. Y además, no es por virtud nuestra que lo cumplimos, sino por medio de la gracia que Dios nos concede. Dios no tiene obligación alguna para con el hombre. Nosotros no tenemos derecho para exigir nada de Él, ni podemos alegar á nuestro favor merecimientos algunos. Dado nos ha sido todo lo que poseemos. Todo lo que somos se lo debemos á la gracia de Dios. ¿Cuál es la verdadera causa de la confianza que tenemos en nuestros méritos? ¿Cómo es que una criatura tan débil, miserable y pecadora como el hombre puede llegar á imaginarse que merece cosa alguna de las manos de Dios? Todo proviene de la ignorancia. Es que no alcanzamos á conocer lo que somos, ni quién es Dios, ni qué cosa es la ley divina. Tan luego como la luz de la gracia penetra en el corazón del hombre la confianza que este tiene en sí mismo cesa. Acaso queden algunos restos de orgullo que se manifiesten de cuando en cuando; más desaparecen de un todo cuando el Espíritu Santo ilumina al hombre y le hace ver quién es él y quien es Dios. El verdadero cristiano no confía jamás en su propia bondad; mas, como S. Pablo, exclama: "Yo soy el primero de los pecadores." "Lejos esté de mí el gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo." 1 Tim. 1:15; Gal 6 :14 NOTAS. LUCAS 17:6-10. 6. Como un grano de mostaza. Con esta expresión se denota algo muy pequeño, de tamaño diminuto. Diríais á este sicómoro: Desarráigate, etc. Según parece los judíos hacían uso de esta expresión cuando querían dar á entender que iban á acometer grandes empresas y á vencer dificultades insuperables. Las siguientes palabras de San Pablo son de una naturaleza semejante: "Si tuviese toda la fe, de manera que pudiese trasladar ó remover las montanas." 1 Cor. 13:2. Major observa: "Cuando los judíos querían encomiar á alguno de sus doctores decían que podía desarraigar las montañas." |
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Diez leprosos son limpiados Lucas 17.11-19 11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. 12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. (Lv. 14.1-32) Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado. |
Lucas 17.14 Lv. 14.1-32 1 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote, 3 y éste saldrá fuera del campamento y lo examinará; y si ve que está sana la plaga de la lepra del leproso, 4 el sacerdote mandará luego que se tomen para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo. 5 Y mandará el sacerdote matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes. 6 Después tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes; 7 y rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra, y le declarará limpio; y soltará la avecilla viva en el campo. 8 Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio; y después entrará en el campamento, y morará fuera de su tienda siete días. 9 Y el séptimo día raerá todo el pelo de su cabeza, su barba y las cejas de sus ojos y todo su pelo, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en agua, y será limpio. 10 El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. 11 Y el sacerdote que le purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión; 12 y tomará el sacerdote un cordero y lo ofrecerá por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová. 13 Y degollará el cordero en el lugar donde se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario; porque como la víctima por el pecado, así también la víctima por la culpa es del sacerdote; es cosa muy sagrada. 14 Y el sacerdote tomará de la sangre de la víctima por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 15 Asimismo el sacerdote tomará del log de aceite, y lo echará sobre la palma de su mano izquierda, 16 y mojará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová. 17 Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa. 18 Y lo que quedare del aceite que tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica; y hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová. 19 Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia; y después degollará el holocausto, 20 y hará subir el sacerdote el holocausto y la ofrenda sobre el altar. Así hará el sacerdote expiación por él, y será limpio. 21 Mas si fuere pobre, y no tuviere para tanto, entonces tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa, para reconciliarse, y una décima de efa de flor de harina amasada con aceite para ofrenda, y un log de aceite, 22 y dos tórtolas o dos palominos, según pueda; uno será para expiación por el pecado, y el otro para holocausto. 23 Al octavo día de su purificación traerá estas cosas al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová. 24 Y el sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa, y el log de aceite, y los mecerá el sacerdote como ofrenda mecida delante de Jehová. 25 Luego degollará el cordero de la culpa, y el sacerdote tomará de la sangre de la culpa, y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 26 Y el sacerdote echará del aceite sobre la palma de su mano izquierda; 27 y con su dedo derecho el sacerdote rociará del aceite que tiene en su mano izquierda, siete veces delante de Jehová. 28 También el sacerdote pondrá del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la sangre de la culpa. 29 Y lo que sobre del aceite que el sacerdote tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica, para reconciliarlo delante de Jehová. 30 Asimismo ofrecerá una de las tórtolas o uno de los palominos, según pueda. 31 Uno en sacrificio de expiación por el pecado, y el otro en holocausto, además de la ofrenda; y hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar, delante de Jehová. 32 Esta es la ley para el que hubiere tenido plaga de lepra, y no tuviere más para su purificación. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 17:11-19. Notemos, en primer lugar, con cuánta, vehemencia puede el hombre pedir socorro cuando lo necesita. Se nos refiere que "entrando el Señor en una aldea, le vinieron al encuentro diez hombres leprosos." Es difícil imaginarse situación más lastimosa que la de los que sufren de la lepra: se ven arrojados de la sociedad y privados de comunicación con sus semejantes. Los hombres descritos en el pasaje que tenemos á la vista parecen haber sentido todo el peso de su doloroso estado. "Se pararon de lejos;" mas no permanecieron así sin hacer nada, pues alzaron la voz diciendo: Jesús, maestro, ten misericordia de nosotros." La conducta de los leprosos es muy instructiva, porque ilustra uno de los puntos más importantes de la práctica del Cristianismo: el de la oración. ¿Porqué hay tantas personas que jamás oran? ¿Porqué hay tantas personas que se contentan con repetir ciertas palabras, pero jamás oran de corazón? ¿Por qué es que hombres y mujeres que se hallan sumergidos en el pecado y que tienen almas inmortales, no saben hacer una plegaria real y fervorosa? La respuesta á estas preguntas es corta y sencilla : es que la mayor parte de los hombres cierran los ojos ante sus culpas y pecados, y no sienten su malestar espiritual, ni se aperciben que están al perderse, que se hallan al borde de la miseria eterna. Cuando el hombre descubre cuáles son las dolencias de su alma, pronto aprende á orar. A semejanza del leproso, encuentra palabras con qué expresar su necesidad. Clama por ayuda. ¿Por qué es, tornamos á preguntar, que muchos creyentes verdaderos oran sin fervor? La contestación que puede darse á esta pregunta es también sencilla: es que la conciencia de su propia maldad no es en ellos tan profunda como debiera ser. No tienen una convicción firme de que son débiles y desvalidos, y por eso no imploran con fervor gracia y misericordia. Procuremos, pues, conocer á fondo nuestras propias necesidades. Si los fieles pudieran contemplar su alma como los desdichados leprosos contemplaban su cuerpo, seguro es que orarían muchísimo mejor. Notemos, en seguida, que, por lo general, cuando somos obedientes obtenemos auxilio. Se nos dice que cuando los leprosos pidieron la protección de nuestro Señor, lo único que Él les dijo en réplica fue: "Id, mostraos á los sacerdotes." El no los tocó ni mandó á la enfermedad que los dejara en el acto, ni les recetó ningún remedio ó lavatorio; y sin embargo, á las palabras que se desprendieron de sus labios se siguió la curación. Los enfermos obtuvieron alivio tan pronto como hubieron obedecido su mandato. "Y aconteció, que yendo ellos fueron limpios." Este suceso nos enseña una lección importante: nos demuestra que siempre haremos bien en obedecer, como tiernos niños, los preceptos de Cristo. No nos es dado permanecer en la inacción, ni vacilar una vez que percibamos que los mandamientos de Dios son claros é inequívocos. Si los leprosos hubieran sido indolentes es bien seguro que jamás habrían sido curados. Preciso es, pues, que leamos las Escrituras con constancia, que procuremos orar con fervor, y que hagamos uso de los medios de gracia. Todos estos son deberes que Cristo nos impone, y, si amamos nuestra propia vida, debemos cumplirlos sin hacer preguntas capciosas. "El que quisiere hacer Su voluntad conocerá de la doctrina si es de Dios." Notemos, por último, cuan rara es la gratitud. De todos los diez leprosos á quien Cristo curó, solo uno volvió á darle gracias. Las palabras que pronunció entonces son muy solemnes: "¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve donde están?" Esta lección es sumamente instructiva y debe hacernos sentir humillados y contritos. Nuestra conducta es muy semejante á la de los diez leprosos. Estamos más dispuestos á implorar que á alabar, y á pedir á Dios nos conceda lo que no tenemos, que á darle gracias por lo que tenemos. El desagradecimiento universal de los cristianos es un hecho que debiera causar rubor, puesto que demuestra bien la falta de humildad. Roguemos á Dios nos conceda gratitud. Esta es una virtud en que se deleita. Es la virtud que ha caracterizado á los hombres más rectos en todos los siglos de la iglesia. Es una virtud que forma la atmósfera del cielo: los ángeles y los santos están siempre loando á Dios. Es, por último, una virtud que produce felicidad en la tierra. Si no queremos sentir ansiedad por nada debemos exponer á Dios nuestras necesidades, no solo con la oración y el ruego, sino con hacimiento de gracias. Fil. 4:6. Mas, ante todo, pidamos al Altísimo nos dé una conciencia más profunda de nuestra culpabilidad y desmerecimiento. De ahí es que emana la gratitud: el hombre que cada día reconoce de cuánto es deudor á la gracia divina, alaba y bendice á Dios constantemente. La gratitud es una planta que solo florece cuando tiene por raíz la humildad. NOTAS. LUCAS 17:11-19. 11. Pasaba por medio de Samaría y de Galilea. Es difícil entender estas palabras, pues el camino por el cual se iba generalmente del norte de Palestina a Jerusalén pasaba primeramente por Galilea y luego por Samaría. La mejor explicación es esta: que nuestro Señor viajó por la frontera, entre Samaría y Galilea, hacia el río Jordán, y luego siguió el curso de dicho río hasta Jericó. 11. Diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos. Es preciso tener en cuenta que, de acuerdo con la ley de Moisés, los leprosos eran arrojados de la sociedad. En el Levítico se encuentran estas palabras: "Habitará solo, su morada será fuera del real." Lev. 13:46. Id, mostraos á los sacerdotes. Para los que hayan leído con atención los capítulos trece y catorce del Levítico estas palabras serán suficientemente claras. Véase también Deut. 24:8. Los católicos romanos aseguran que este versículo enseña que nuestro Señor Jesucristo quiso que hubiera un sacerdocio cristiano; mas no hay fundamento alguno para semejante aserto. En tanto que la ley ceremonial estuvo vigente, y el sacerdocio Levítico existió, era preciso cumplir con los requisitos de aquella. Todavía el velo no había sido rasgado; el verdadero sacrificio no había sido ofrecido; la dispensación del Antiguo Testamento no había sido abolida. Con el hecho de mandar á los leprosos que se mostrasen á los sacerdotes, nuestro Señor dio á entender simplemente que acataba la ley ceremonial en tanto que estuviese en vigor. |
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La venida del Reino Lucas 17.20-37 20 Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, 21 ni dirán: Helo aquí, o helo allí; (Mr. 13.21-22) porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. 22 Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. 23 Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis. 24 Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día. 25 Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación. 26 Como fue en los días de Noé, (Gn. 6.5-8) así también será en los días del Hijo del Hombre. 27 Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. (Gn. 7.6-24) 28 Asimismo como sucedió en los días de Lot; (Gn. 18.20-19-25) comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; 29 mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. 30 Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. 31 En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. (Mt. 24.17-18; Mr. 13.15-16) 32 Acordaos de la mujer de Lot. (Gn. 19.26) 33 Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará. (Mt. 10.39; 16.25; Mr. 8.35; Lc. 9.24; Jn. 12.25) 34 Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. 35 Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. 36 Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. 37 Y respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? El les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas. |
La venida del Reino Lucas 17.20-37 Mt. 24.23-28 23 Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25 Ya os lo he dicho antes. 26 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. 27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. 28 Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.; 36.41 36 Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. 37 Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. 38 Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39 y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. 40 Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. 41 Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. |
Lucas 17.20-21 Mr. 13.21-22 21 Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis. 22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. Lucas 17.26 Gn. 6.5-8 5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. 6 Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. 7 Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. 8 Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová. Lucas 17.27 Gn. 7.6-24 6 Era Noé de seiscientos años cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra. 7 Y por causa de las aguas del diluvio entró Noé al arca, y con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos. 8 De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las aves, y de todo lo que se arrastra sobre la tierra, 9 de dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y hembra, como mandó Dios a Noé. 10 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. 11 El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, 12 y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. 13 En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca; 14 ellos, y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie. 15 Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida. 16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta. 17 Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra. 18 Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas. 19 Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. 20 Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes. 21 Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. 22 Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. 23 Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca. 24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días. Lucas 17.28-29 Gn. 18.20-19-25 20 Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, 21 descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré. 22 Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún delante de Jehová. 23 Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? 24 Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él? 25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? 26 Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos. 27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza. 28 Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco. 29 Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor a los cuarenta. 30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta. 31 Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte. 32 Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez. 33 Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar. 1 Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo, 2 y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos esta noche. 3 Más él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, y coció panes sin levadura, y comieron. 4 Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo. 5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos. 6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, 7 y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad. 8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado. 9 Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino este extraño para habitar entre nosotros, ¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta. 10 Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron la puerta. 11 Y a los hombrs que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta. 12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; 13 porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo. 14 Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Más pareció a sus yernos como que se burlaba. 15 Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. 16 Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad. 17 Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. 18 Pero Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos. 19 He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera. 20 He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida. 21 Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado. 22 Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que hayas llegado allí. Por eso fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar. 23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar. 24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; 25 y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. Lucas 17.31 Mt. 24.17-18; Mr. 13.15-16 Mt. 24.17-18 17 El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; 18 y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mr. 13.15-16 15 El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; 16 y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. Lucas 17.32 Gn. 19.26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal. Lucas 17.33 Mt. 10.39; 16.25; Mr. 8.35; Lc. 9.24; Jn. 12.25 Mt. 10.39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará; 16.25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Mr. 8.35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Lc. 9.24 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Jn. 12.25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 17.20-25. En este pasaje se nos enseña que el reino de Dios es enteramente distinto de los reinos de este mundo. Nuestro Señor dijo á los fariseos que el reino de Dios no vendría manifiesto. Quiso decir con estas palabras que su llegada no seria anunciada con signos exteriores de dignidad. Los que esperasen contemplar algo de esa especie verían sus esperanzas burladas, pues mientras estuviesen vanamente en acecho del reino que su imaginación se había creado, el reino verdadero estaría en medio de ellos, sin que lo apercibiesen. "He aquí," dijo, " el reino de Dios está dentro de vosotros." Con las palabras que encierra el versículo ya citado nuestro Señor describió con toda exactitud el principio de su reino espiritual. Empezó este en un pesebre de Belén, sin que de ello tuviesen conocimiento los grandes, los ricos ó los sabios. Apareció repentinamente en el templo de Jerusalén, y nadie sino Simeón y Ana reconocieron á su Rey. Y treinta años después solo fue recibido por unos pocos pescadores y publícanos de Galilea. El Rey vino á los suyos, y los suyos no lo recibieron. Entretanto, los judíos estaban esperando el reino; pero no fijaban la vista en la dirección debida, y querían ver signos que no se les habían anunciado. El reino de Dios estaba en medio de ellos, y sin embargo no lo veían. El reino efectivo que Cristo ha de establecer algún día, será muy semejante á su reino espiritual. No lo acompañarán los signos y las manifestaciones exteriores que muchos tienen esperanza de ver; no será precedido, como se cree, de un período de paz y pureza universales; ni tampoco será anunciado á la Iglesia de una manera tan clara que todos se puedan prepara para su advenimiento Vendrá de súbito y la mayor parte de los hombres lo contemplarán con sorpresa. Los Simeones y las Anas serán tan escasos en ese día como en la otra venida de Cristo. Se nos enseña, en segundo lugar, que el segundo advenimiento será un acontecimiento muy repentino. Nuestro Señor lo describió por medio de una figura muy notable. Dijo así: "Como el relámpago, relampagueando desde una parte que está debajo del cielo, resplandece hasta la otra que está debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día." Del día y la hora en que dicho acontecimiento tendrá lugar, no sabemos nada. Más sí sabemos esto: que para la iglesia y para el mundo su venida será repentina, instantánea, sin previo aviso. Las Escrituras nos lo enseñan así en varios lugares. "El Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensáis." "El día del Señor como ladrón en la noche así vendrá." Mat. 24:44; 1 Tes. 5:2. Bien solemne es por cierto la idea de que el segundo advenimiento de Cristo será repentino. Ante ella debiéramos sentirnos impulsados á hacer esfuerzos por preparar nuestra conciencia. El deseo más ardiente de nuestro corazón debiera ser estar siempre listos para recibir á nuestro Señor, y no hace nada de que tuviésemos que avergonzarnos si apareciese repentinamente. "Bienaventurado," dice el apóstol S. Juan, "el que vela y guarda sus vestiduras." Es este pasaje se nos enseña, en tercer lugar, que en las Escrituras se nos revelan dos advenimientos de Cristo en persona. Jesús vino la primera vez como débil y humilde, á padecer y morir; la segunda vez se presentará en poder y gloria para poner á sus enemigos bajo sus plantas. En la primera venida cargó con nuestros pecados y fue crucificado; en la segunda aparecerá sin pecado para salvar á su pueblo. De ambos advenimientos habla nuestro Señor expresamente en los versículos citados. Al primero se refiere cuando dice que es necesario que "padezca mucho y sea reprobado." Hace alusión al segundo cuando dice que el Hijo del hombre es como el relámpago que resplandece desde la una parte del cielo hasta la otra. NOTAS. LUCAS 17:20-25. 20. No será manifiesto. No estará por demás hacer una advertencia relativamente á esta expresión. Nuestro Señor no quiso decir que no habría absolutamente signos ningunos de la venida de ese reino. En otro lugar reprende a los judíos por no discernir los "signos de los tiempos." Lo que quiso decir fui que signos como los que esperaban los judíos no los habría. 21. M reino de Dios dentro de vosotros está. Hay dos modos de interpretar esta expresión. Algunos creen que la palabra " dentro " quiere decir en el corazón y en la conciencia. Opinan otros que la palabra "dentro" significa "en medio de," y que nuestro Señor quiso decir: "El reino ha empezado en medio de vuestra nación; y mis discípulos son sus primeros súbditos." Nosotros nos adherimos decididamente á esta última opinión.
Comentarios de J. C. Ryle Lucas 17.26-37. El tema de que tratan los versículos que quedan citados es muy solemne: es el segundo advenimiento del Hijo de Dios. Nuestro Señor describió con sus propios labios ese notable acontecimiento, y todos los sucesos que con él tienen relación. Debemos observar, en primer lugar, cuan aterrador es el cuadro que bosqueja el Señor del estado en que se encontrará la iglesia á Su segunda venida. Se nos dice que como fue en los días de Noé y de Lot, así será en los días en que se revele el Hijo del hombre. No queda duda alguna sobre el significado de esas palabras. Se nos dice con toda claridad que los hombres se ocupaban entonces solo de comer, casarse, comprar, vender, plantar, edificar. Más en los días de Noé vino al cabo el diluvio y ahogó á todos, salvo á los que estaban en el arca; en los días de Lot descendió fuego del cielo con excepción de Lot, su esposa, y sus hijas. Y nuestro Señor dijo que sucesos como esos tendrían también lugar cuando El apareciese otra vez, esto es, al fin, del mundo. "Cuando dirán: Paz y seguridad; entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente." 1 Tes. 5:3. Las palabras en que el pasaje está concebido nos enseñan que el mundo estará lleno de maldad y de corrupción el día en que Cristo aparezca. Los incrédulos y los no convertidos serán muy numerosos: los creyentes y los piadosos muy escasos. Debemos observar, en segundo lugar, de qué manera tan solemne nos exhorta nuestro Señor á que nos guardemos de la falla de fe religiosa. Nos dice: "Acordaos de la mujer de Lot." La mujer de Lot tenía toda la apariencia de ser religiosa. Era esposa de un hombre justo; gracias á su enlace, podía contar a Abrahán entre sus mayores; y cuando su esposo huyó de Sodoma, en obediencia al mandato de Dios, ella lo acompañó. Más, a pesar de todo esto, era muy distinta de su marido: aunque huyó con él, su corazón se inclinaba aún hacia Sodoma, y de su propia voluntad desobedeció la admonición del ángel. Por lo tanto fue convertida en un pilar de sal, y pereció en sus pecados. Acordaos de ella. "Acordaos," dice nuestro Señor,' 'de la mujer de Lot." Lo que sucedió á la mujer de Lot ha sido consignado en la Biblia para que sirva de escarmiento y prevención á los cristianos que hayan hecho profesión de fe. Es de temerse que en el segundo advenimiento haya muchos que se parezcan á ella. En nuestros días hay gran número de personas que practican la religión hasta cierto punto; que imitan lo que sus amigos hacen exteriormente; que hablan con comedimiento y veneración, y cumplen con todos los ritos externos; pero que están lejos de agradar á Dios, porque todavía aman al mundo. Empero, muy luego, en el día de la prueba el mundo descubrirá su hipocresía. La mujer de Lot no fue única en su clase. Observemos, por último, cuan terrible será la separación que tendrá lugar en el segundo advenimiento. Nuestro Señor la describe con las siguientes palabras tan notables: "En aquella noche estarán dos en una cama: el uno será tomado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada y la otra será dejada." El significado de estas palabras es bien claro. El día del segundo advenimiento será cuando los buenos y los malos, los convertidos y los no convertidos quedarán al fin separados. La iglesia visible no será por más tiempo una corporación mixta; el trigo y la cizaña ya no crecerán juntos; y los buenos peces serán colocados aparte de los malos. Vendrán los ángeles y congregarán á los buenos para que reciban su galardón, y dejarán atrás á los malos para que sean castigados. "¿Os habéis convertido ó no?" será lo que preguntarán á cada uno. Ni importará que dos ó más personas hayan trabajado ó vivido juntas por muchos días. Cada una de ellas será juzgada de acuerdo con sus prácticas y principios religiosos. Los miembros de cada familia que hayan amado á Cristo serán llevados al cielo; y los que hayan amado al mundo serán arrojados en el infierno. Meditemos bien sobre estos particulares. Medítelos bien el que ame á sus parientes y amigos. Si aquellos á quienes ama son verdaderos siervos de Jesús, debe asociarse frecuentemente con ellos y participar de su suerte, no sea que bien pronto tengan que separarse para siempre. Si aquellos á quienes ama se hallan todavía sumergidos en sus culpas y pecados, es de su deber orar y hacer todo lo posible por que se conviertan, no sea que tenga luego que alejarse de ellos por toda una eternidad. Es solo en este mundo que podemos hacer algo por el bien espiritual de nuestros semejantes, y el fin de nuestra vida no está lejano. Toda separación es sensible, más las que ahora tienen lugar no pueden compararse con las que se verificarán en el segundo advenimiento. NOTAS. LUCAS 17:26-37. 31. El que estuviere en el tejado. Nuestro Señor quiso enseñar á sus discípulos que la época en que acaeciese el segundo advenimiento no seria de holganza y sosiego, sino más bien de prueba en lo tocante á la religión, y de separación de la iglesia visible. Tan solo los de ojo sencillo, corazón puro y espíritu elevado saldrán ilesos del fuego de ese día. 37. Donde estuviere el cuerpo allá se juntarán también las águilas. Estas palabras son oscuras y han puesto perplejos á muchos comentadores Algunos creen que por las águilas debe entenderse el ejército romano, cuyo emblema militar era el águila; y por el "cuerpo" Jerusalén y la nación judaica Alford cree que las "águilas" simbolizan á los ángeles de venganza, y el "cuerpo " al mundo entero. |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
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de La Liga bíblicaLos Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:
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