El Santo Evangelio según
San Lucas

Porque por gracia sois salvos

Búsqueda personalizada
Página principal

Página Principal
Regresar al listado de El Santo Evangelio según San Lucas
Regresar al listado del Santo Evangelio según San Lucas
Locations of visitors to this page

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Parábola de la viuda y el juez injusto

Lucas 18.1-8

1  También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre,  y no desmayar,

2  diciendo: Había en una ciudad un juez,  que ni temía a Dios,  ni respetaba a hombre.

3  Había también en aquella ciudad una viuda,  la cual venía a él,  diciendo: Hazme justicia de mi adversario.

4  Y él no quiso por algún tiempo;  pero después de esto dijo dentro de sí:  Aunque ni temo a Dios,  ni tengo respeto a hombre,

5  sin embargo,  porque esta viuda me es molesta,  le haré justicia,  no sea que viniendo de continuo,  me agote la paciencia.

6  Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.

7  ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos,  que claman a él día y noche?  ¿Se tardará en responderles?

8  Os digo que pronto les hará justicia.  Pero cuando venga el Hijo del Hombre,  ¿hallará fe en la tierra?

Comentarios de J.C. Ryle

Lucas 18.1-8.

Jesús mismo explicó el objeto de la parábola que tenemos á la vista. "Y les propuso también una parábola, para enseñar que es menester orar siempre, y no desalentarse." Téngase presente que estas palabras están íntimamente relacionadas con la doctrina del segundo advenimiento con la cual terminó el capítulo anterior al de que tratamos. La oración constante durante el período que trascurriría entre sus dos venidas es lo que nuestro Señor recomienda á sus discípulos. Como nosotros vivimos en ese período, este es asunto que nos concierne de una manera especial.

Estos versículos nos enseñan, en primer lugar, cuan importante es perseverar en la oración. Nuestro Señor lo demuestra refiriendo la historia de una viuda desamparada que obtuvo justicia de un magistrado malo á fuerza de importunidad. "Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre," dijo el juez, "todavía porque esta viuda me es molesta le haré justicia; por que no venga siempre y al fin me incomode." Y nuestro Señor mismo hizo la aplicación de la parábola. "Oíd lo que dice el juez injusto. ¿Y Dios no defenderá á sus escogidos que claman á él día y noche, aunque sea longánimo acerca de ellos?" Si con perseverancia se logra tanto de un hombre perverso, ¿cuánto más no obtendrán de un Juez justo los hijos de Dios?

La oración es el alma del verdadero Cristianismo. Con ella es que la religión empieza; con ella es que florece. La oración es una de las primeras pruebas que da el cristiano de haberse convertido. Quien la descuida está en gran peligro de extraviarse del verdadero sendero.

Tengamos, pues, presente que es mucho más fácil dar principio al hábito de orar que perseverar en él. El temor de la muerte, fugaces remordimientos de conciencia, ó un acaloramiento del momento pueden tal vez impulsar al hombre á orar algún tanto. Por lo común tenemos tendencia á cansarnos, y á creer, de acuerdo con las sugestiones de Satanás, que nuestros esfuerzos son vanos. Es en tales momentos que debemos recordar la parábola de que venimos tratando. No olvidemos que nuestro Señor nos dijo de una manera explícita que "es menester orar y no desalentarse."

¿Nos sentimos inclinados á pronunciar apresuradamente nuestras oraciones, ó á acortarlas, ó á descuidarlas de un todo? Si así fuere, estemos seguros de que es una tentación de Satanás. Este adversario pretende minar hasta el mismo baluarte de nuestro espíritu para arrastrarnos á los infiernos. Resistamos semejante tentación: por mucho que tardemos en obtener contestación á nuestras peticiones, no dejemos de orar. Por mucha que sea la abnegación y por grandes que sean los sacrificios que se requieran, sigamos orando, y según el lenguaje bíblico, "oremos siempre," "oremos sin cesar" y "continuemos en la oración." Tes. 5:17; Col 4:2,

Estos versículos nos enseñan, en segundo lugar, que Dios tiene en la tierra un pueblo escogido sobre el cual ejerce una providencia especial. Nuestro Señor dice que "Dios defenderá á sus escogidos que claman á él día y noche." Dicho pueblo es un pueblo que ora. Sin duda hay muchos que oran por costumbre ó porque son hipócritas; más quien no ore no puede pertenecer al número de los escogidos de Dios.

La elección, que es una de las verdades mas profundas de la Biblia, debe despertar en los cristianos sentimientos de pura gratitud. Si Dios no los hubiera escogido y llamado, no se habrían allegado á su trono. Si no los hubiera elegido por su voluntad, prescindiendo de sus méritos, nada habría habido en ellos que los hiciera dignos de ser escogidos. Acaso las personas irreligiosas se burlen de dicha doctrina. Tal vez el falso cristiano se valga de ella para cometer crímenes y "convierta así la gracia de Dios en disolución." Pero el creyente que conoce su propio corazón dará siempre gracias á Dios por haberlo predestinado, y confesará que sin la predestinación no puede haber salvación.

Pero ¿qué señales indicarán al cristiano si ha sido elegido? Las Escrituras dicen cuales son. La predestinación va acompañada de la fe en Jesucristo y la obediencia á su santa voluntad. Rom. 8:29, 30. No fue sino cuando vio la fe activa, la paciente esperanza y las obras de misericordia de los Tesalonicenses que S. Pablo conoció que habían sido elegidos de Dios. Sobre todo hay una distinción que nuestro Señor menciona en el pasaje de que venimos tratando: los escogidos de Dios "claman á él día y noche," es decir, oran.

Estos versículos nos enseñan por último, que la verdadera fe será muy escasa al fin del mundo. Nuestro Señor manifestó esto por medio de la siguiente pregunta solemne: "empero, el Hijo del hombre, cuando viniere, ¿hallará fe en la tierra?"

Esta pregunta demuestra que es una insensatez pensar que todos los hombres son buenos, y que aunque difieran en algunas materias, son puros de corazón y se van derecho al cielo. ¿De qué sirve cerrar los ojos ante lo que sucede en derredor nuestro? ¿En dónde se encuentra la verdadera fe? ¿Cuántas personas de las que conocemos creen en lo que la Biblia contiene? ¿Cuántos hay que den á conocer por su modo de vivir, por su conducta, que creen que Cristo murió por sus pecados, y que hay un juicio, un cielo y un infierno? Estas son preguntas serias y penosas, poro que merecen atención.

¿Tenemos fe? Si la tenemos, démosle por ello gracias á Dios Acaso seamos débiles, frágiles, expuestos al error y al pecado, ¿mas creemos? He aquí una pregunta de la más alta importancia. Si creemos, seremos salvos. Pero el que no cree no verá la vida y morirá en sus pecados.   Juan 3:36; 8:24.

NOTAS.   LUCAS 18:1-8.

1. Orar siempre. Esto no quiere decir que hemos de estar rezando constantemente. Lo que significa es que hemos de orar todos los días y a las horas de costumbre sin falta alguna, y que hemos de estar dispuestos á orar á cualquiera hora y bajo cualesquiera circunstancias.

2. Había un juez en una ciudad. Son varias las interpretaciones que de esta parábola se dan. Nuestra opinión, como ya hemos indicado, es que el objeto de la parábola fue enseñar qué deben hacer los verdaderos creyentes que vivan en el período que media entre los dos advenimientos.

8. Los defenderá presto. Estas palabras se refieren al segundo advenimiento. A nosotros nos parece que tarda mucho en verificarse, pero para Dios, según la expresión bíblica, mil años son como un día.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Parábola del fariseo y el publicano

Lucas 18.9-14

9  A unos que confiaban en sí mismos como justos,  y menospreciaban a los otros,  dijo también esta parábola:

10  Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo,  y el otro publicano.

11  El fariseo,  puesto en pie,  oraba consigo mismo de esta manera:  Dios,  te doy gracias porque no soy como los otros hombres,  ladrones,  injustos,  adúlteros,  ni aun como este publicano;

12  ayuno dos veces a la semana,  doy diezmos de todo lo que gano.

13  Mas el publicano,  estando lejos,  no quería ni aun alzar los ojos al cielo,  sino que se golpeaba el pecho,  diciendo:  Dios,  sé propicio a mí,  pecador.

14  Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro;  porque cualquiera que se enaltece,  será humillado;  y el que se humilla será enaltecido. (Mt. 23.12; Lc. 14.11)

Lucas 18.14 Mt. 23.12; Lc. 14.11

Mt. 23.12 Porque el que se enaltece será humillado,  y el que se humilla será enaltecido

Lc. 14.11 Porque cualquiera que se enaltece,  será humillado;  y el que se humilla,  será enaltecido.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas  18.9-14.

La parábola que queda trascrita está estrechamente enlazada con la que le precede. La parábola de la viuda nos enseña á perseverar en la oración: la parábola del fariseo y el publicano nos enseña qué especie de oraciones debemos hacer. Con la primera se nos exhorta á orar y no desalentarnos: con la segunda se nos indica cómo hemos de orar. Sobre ambas debe meditar á menudo todo cristiano verdadero.

Notemos, en primer lugar, contra qué pecado es que nos previene el Señor en estos versículos. No es difícil de determinar. San Lucas nos refiere de una manera explícita que Él dijo esta parábola á "unos que confiaban en sí como justos y menospreciaban á los otros." El pecado contra el cual habló nuestro Señor fue, pues, el de la confianza en nuestra propia justicia, ó sea la creencia de que nuestros méritos son suficientes para granjearnos el favor del cielo.

Todos estamos inclinados por naturaleza á creernos justos. Falta es esta de que adolecemos todos los hijos de Adán. Desde el más noble hasta el más humilde, todos nos creemos mejores de lo que en realidad somos. En nuestro interior nos halagamos con la idea de que no somos tan malos como otros, y que hay algo en nosotros que nos hace dignos de las bendiciones de Dios. "Muchos hombres pregonan cada cual el bien que han hecho." Prov. 20:6. Y olvidamos lo que dicen las Escrituras: "Todos ofendemos en muchas cosas." "No hay hombre justo sobre la tierra, que haga bien, y nunca peque." "¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y que se justifique el nacido de mujer?" Sant. 3:2; Ecles. 7:10; Job 15:14.

El mejor remedio que el hombre puede emplear contra este pecado es el conocimiento de sí mismo. Si el Espíritu ilumina nuestro entendimiento y nos hace ver tales como somos, es bien seguro que dejaremos de hacer alarde de nuestra bondad. Si examinamos nuestro corazón y estudiamos la ley de Dios, no volveremos jamás á jactarnos, mas antes bien, exclamaremos como el leproso: "¡Inmundo!, ¡Inmundo!" Lev. 13:45.

Notemos, en seguida, qué oración condenó nuestro Señor. Refiéresenos que el fariseo dijo: "Dios, te hago gracias que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros; ni aun como esta publicano. Ayuno dos veces en la semana: doy diezmos de todo lo que poseo."

Esta oración tiene un defecto, defecto tan patente que hasta un niño podría notarle, es á saber: que no es la expresión de un alma oprimida por el pecado y por el dolor.   No contiene ni confesión, ni petición, ni reconocimiento de culpa alguna, ni deseo de obtener gracia y misericordia.   No es sino la manifestación jactanciosa de méritos imaginarios.    No expresa ni contrición, ni humildad, ni amor hacia el prójimo.   En una palabra, no merece el nombre de oración.

La condición espiritual del fariseo era peligrosa en verdad,

Cuando la parálisis se apodera del cuerpo, este queda en un estado bien triste; cuando el hombre no reconoce sus pecados, está en gran riesgo de perderse. El que quiera evitar tamaña calamidad es preciso que deje de compararse con sus semejantes. Todos somos imperfectos é indignos á los ojos de Dios. "Si quisiéremos contender con él, no le podremos responder á una cosa de mil."

Notemos, en tercer lugar, qué oración alabó Jesús. Esa oración era totalmente distinta de la del fariseo. Se nos dice que el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo; mas hería su pecho, diciendo: "Dios ten misericordia de mí pecador." Nuestro Señor expresó explícitamente su opinión á favor de esta oración. He aquí las palabras que salieron de sus divinos labios: "Os digo que este descendió á su casa justificado más bien que el otro."

La oración del publicano llena cinco requisitos importantes. Primero el de contener una petición: una oración que consiste solo en acción de gracias es radicalmente deficiente-puede sentar bien en los labios de un ángel más no en los de un pecador. Segundo, el de ser individual y directa: el publicano no mencionó á su prójimo, sino á sí mismo. La vaguedad é indeterminación son faltas que afean la religión de muchos hombres. Cuando en lugar de decir "nosotros" y "nuestro" se dice "yo" y "mí" se ha dado un gran paso hacia adelante. Tercero, el de ser humilde: el publicano confesó claramente que era pecador. He aquí el A, B, C, del Cristianismo. No es sino cuando confesamos que somos malos, que podemos llegar á ser buenos. Cuarto, el de implorar misericordia ante todas cosas, y manifestar fe en la gracia de Dios. Gracia y misericordia, he aquí lo que hemos de pedir diariamente. Quinto, y último, el de emanar del corazón. El publicano se sintió profundamente conmovido al elevar sus ruegos: se daba golpes de pecho, lo cual indicaba que estaba agitado por emociones que no podía expresar. Oraciones como esa son las que agradan á Dios. El no menosprecia el corazón contrito y humillado. Meditemos mucho sobre estas cosas.

Notemos, por último, cuánto alaba nuestro Señor la humildad en estos versículos. He aquí sus palabras: "Cualquiera que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado."

El principio que estas palabras expresan se encuentra á cada paso en las Escrituras, y debiera, por tanto, estar profundamente grabado en nuestra memoria. Tres veces distintas y en distintas ocasiones pronunció nuestro Señor las palabras citadas. Quiso que tuviésemos siempre en cuenta que la humildad es una de las primeras virtudes que deben caracterizar al cristiano. Abrahán, Jacob, Moisés, David, Job, Isaías y Daniel la poseyeron en alto grado.

No podemos terminar este pasaje sin reconocer cuánto consuelo ofrece á todos los que se sienten apesarados por sus pecados, é imploran á Dios misericordia por amor de Cristo. ¿Son sus pecados muchos y muy negros? ¿Les parece que sus oraciones son incoherentes, mal expresadas y faltas de fervor? Que recuerden al publicano y cobren ánimo.

NOTAS.   LUCAS 18:9-14.

9. A unos que confiaban de si como justos. Según parece, no fue á los fariseos que nuestro Señor dirigió esta parábola, sino más bien á ciertos discípulos suyos, que querían alabarse mucho porque eran sus discípulos.

10. El uno fariseo y el otro publicano. Estos personajes son tipos de dos clases opuestas. El fariseo representa al hombre moral, decoroso y exteriormente virtuoso. El publicano representa al malvado, al licencioso é irreligioso.

12. Ayuno dos veces en la semana; doy diezmos, etc. Nótese que el fariseo hace alarde de sus obras de súper oración. Ayunaba aun más de lo que Dios mandaba; y daba el diezmo de todo, aun de aquello sobre lo cual Dios no había impuesto diezmos.

Una piedad más mezquina que la de este fariseo es difícil de concebir. Su bondad negativa consistía en no ser tan malo como otros. Su bondad positiva consistía en ayunar y pagar diezmos con excesiva escrupulosidad. Nada se nos dice de la santidad de corazón.

Justificado más bien que el otro. Es preciso no ir á suponer que el fariseo había sido justificado un poco y el publicano había sido justificado mas. Lo que las palabras significan es que el fariseo no fue justificado absolutamente, y que el publicano fue perdonado y absuelto de sus pecados.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús bendice a los niños

Lucas 18.15-17

15  Traían a él los niños para que los tocase;  lo cual viendo los discípulos,  les reprendieron.

16  Mas Jesús,  llamándolos,  dijo: Dejad a los niños venir a mí,  y no se lo impidáis;  porque de los tales es el reino de Dios.

17  De cierto os digo,  que el que no recibe el reino de Dios como un niño,  no entrará en él.

Jesús bendice a los niños

Lucas 18.15-17 Mt. 19.13-15; Mr. 10.13-16

Mt. 19.13-15 13  Entonces le fueron presentados unos niños,  para que pusiese las manos sobre ellos,  y orase;  y los discípulos les reprendieron. 14  Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí,  y no se lo impidáis;  porque de los tales es el reino de los cielos. 15  Y habiendo puesto sobre ellos las manos,  se fue de allí.

Mr. 10.13-16 13  Y le presentaban niños para que los tocase;  y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14  Viéndolo Jesús,  se indignó,  y les dijo: Dejad a los niños venir a mí,  y no se lo impidáis;  porque de los tales es el reino de Dios. 15  De cierto os digo,  que el que no reciba el reino de Dios como un niño,  no entrará en él. 16  Y tomándolos en los brazos,  poniendo las manos sobre ellos,  los bendecía.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 18:15-17.

Observemos primeramente que, por lo común, se ignora de qué manera se ha de tratar á los niños en materias religiosas. Se nos refiere que "traían niños á Jesús para que los tocase, lo cual viéndolo sus discípulos, les reñían." Sin duda ellos creían que, al paso que importunaban á su Maestro, no se lograría nada bueno, pues los niños no podrían recibir beneficio alguno. Mas el Señor los amonestó con las siguientes palabras solemnes: "Dejad los niños venir á mí, y no los impidáis."

Y no es solo á los discípulos que se pueden atribuir errores de esta clase. Muy singulares son las ideas que prevalecen en el seno de las diversas sectas cristianas, en lo que respecta al cuidado de las almas de los niños.

Tanto en el pasaje de que tratamos como en otros muchos, se nos da á entender claramente que Cristo cuida de las almas de los niños tanto como de las de los adultos. Los niños se hallan en capacidad de recibir la gracia divina. Naciendo como nacen en el pecado, no pueden salvarse sin dicha gracia; pero ni la Biblia ni la experiencia enseña cosa alguna de la cual podamos inferir que no pueden recibir el Espíritu Santo, y ser justificados desde su más tierna infancia. La mente del niño no es ajena á las ideas religiosas. La prontitud con que recibe las verdades del Evangelio, es un hecho que conocen bien todos los que han tomado alguna parte en la educación religiosa de la infancia. Por último, los niños pueden salvarse por tierna que sea la edad á que mueran.

Este asunto merece ser objeto de maduras reflexiones. Es difícil de suyo y ha dado margen á gran variedad de opiniones. Pero en todo caso de duda, bueno será que acudamos al pasaje citado.

Notemos, además, la aserción terminante que nuestro Señor hace respecto de los infantes. El dice: "De tales es el reino de Dios."

Cierto es que existen diversas opiniones acerca del significado de estas palabras. Que no quieren decir que los niños nacen libres de todo pecado lo prueban abundantemente otros pasajes de la Escritura. Sirva de ejemplo el siguiente: "Lo que es nacido de la carne, carne es." Juan 3:6. Es probable que dichas palabras entrañen varias lecciones.

1. Todos los hijos de Dios han de procurar vivir cómo los niños que se acercaron á Jesús. Los niños presentan un ejemplo digno de imitación por su fe sencilla y la confianza que tienen en los demás; por su inocencia y desinterés; por su humildad, mansedumbre y candor. Feliz el que puede allegarse á Cristo y á la Biblia á la manera de un niño.

2. Con niños deben engrosarse constantemente las filas de la iglesia de Dios. Formarán una parte considerable de los moradores del cielo. Existen buenas razones para confiar en que se salven. "Cuando el pecado abundó, superabundó la gracia." El número de los que mueren antes de tener uso de razón, es grande sobre manera; y por lo tanto, bien podemos suponer que en el reino de los justos habrá gran número de niños.

No dudemos, pues, de que los niños formarán una fracción importante de la iglesia de Dios, una fracción que el Gran Jefe no quiere que quede en abandono. Señalémosles desde su más temprana edad el sendero de la virtud, y hagamos penetrar en su corazón la semilla de la Palabra Divina, bien seguros de que algún día germinará, crecerá y producirá opimos frutos. Estemos persuadidos de que ellos piensan, sienten y reflexionan más de lo que á primera vista parece ; y que el Espíritu Santo obra con tanta eficacia en ellos como en la gente de edad más avanzada. Más, ante todo, intercedamos por ellos con Jesús, y pidámosle que los acoja bajo su protección y amparo.

NOTAS.   LUCAS 18:16-17.

15. Para que les tocase. Estas palabras hacen alusión á la costumbre judaica de colocar las manos sobre los niños para bendecirlos. De ello vemos un ejemplo en la bendición que pronunció Jacob sobre los dos hijos de José.

16. De tales es el reino de Dios. Si se toma en consideración el versículo que se halla á continuación de estas palabras, así como también la parábola que la precede, se percibirá que el objeto principal que el Señor se propuso fue enseñar cuan dignos de imitación son las personas de carácter humilde como los niños.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El joven rico

Lucas 18.18-30

18  Un hombre principal le preguntó,  diciendo: Maestro bueno,  ¿qué haré para heredar la vida eterna?

19  Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno,  sino sólo Dios.

20  Los mandamientos sabes: No adulterarás; (Ex. 20.14; Dt. 5.18)  no matarás; (Ex. 20.13; Dt. 5.17)  no hurtarás; (Ex. 20.15; Dt. 5.19) no dirás falso testimonio; (Ex. 20.16; Dt. 5.20)  honra a tu padre y a tu madre. (Ex. 20.12; Dt.5.16)

21  El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.

22  Jesús,  oyendo esto,  le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes,  y dalo a los pobres,  y tendrás tesoro en el cielo;  y ven,  sígueme.

23  Entonces él,  oyendo esto,  se puso muy triste,  porque era muy rico.

24  Al ver Jesús que se había entristecido mucho,  dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

25  Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja,  que entrar un rico en el reino de Dios.

26  Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién,  pues,  podrá ser salvo?

27  El les dijo: Lo que es imposible para los hombres,  es posible para Dios.

28  Entonces Pedro dijo: He aquí,  nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido.

29  Y él les dijo:  De cierto os digo,  que no hay nadie que haya dejado casa,  o padres,  o hermanos,  o mujer,  o hijos,  por el reino de Dios,

30  que no haya de recibir mucho más en este tiempo,  y en el siglo venidero la vida eterna.

El joven rico

Lucas 18.18-30 Mt. 19.16-30; Mr. 10.17-31

Mt. 19.16-30 16  Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno,  ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 17  El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Más si quieres entrar en la vida,  guarda los mandamientos. 18  Le dijo: ¿Cuáles?  Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio.

19  Honra a tu padre y a tu madre; y,  Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 20  El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.  ¿Qué más me falta? 21  Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto,  anda,  vende lo que tienes,  y dalo a los pobres,  y tendrás tesoro en el cielo;  y ven y sígueme. 22  Oyendo el joven esta palabra,  se fue triste,  porque tenía muchas posesiones. 23  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo,  que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24  Otra vez os digo,  que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja,  que entrar un rico en el reino de Dios. 25  Sus discípulos,  oyendo esto,  se asombraron en gran manera,  diciendo: ¿Quién,  pues,  podrá ser salvo? 26  Y mirándolos Jesús,  les dijo: Para los hombres esto es imposible;  mas para Dios todo es posible. 27  Entonces respondiendo Pedro,  le dijo: He aquí,  nosotros lo hemos dejado todo,  y te hemos seguido;  ¿qué,  pues,  tendremos? 28  Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración,  cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos,  para juzgar a las doce tribus de Israel. 29  Y cualquiera que haya dejado casas,  o hermanos,  o hermanas,  o padre,  o madre,  o mujer,  o hijos,  o tierras,  por mi nombre,  recibirá cien veces más,  y heredará la vida eterna. 30  Pero muchos primeros serán postreros,  y postreros,  primeros.

Mr. 10.17-31 17  Al salir él para seguir su camino,  vino uno corriendo,  e hincando la rodilla delante de él,  le preguntó: Maestro bueno,  ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18  Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno,  sino sólo uno,  Dios. 19  Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes.  Honra a tu padre y a tu madre. 20  El entonces,  respondiendo,  le dijo: Maestro,  todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21  Entonces Jesús,  mirándole,  le amó,  y le dijo:  Una cosa te falta:  anda,  vende todo lo que tienes,  y dalo a los pobres,  y tendrás tesoro en el cielo;  y ven,  sígueme,  tomando tu cruz. 22  Pero él,  afligido por esta palabra,  se fue triste,  porque tenía muchas posesiones. 23  Entonces Jesús,  mirando alrededor,  dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24  Los discípulos se asombraron de sus palabras;  pero Jesús,  respondiendo,  volvió a decirles: Hijos,  ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios,  a los que confían en las riquezas! 25  Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja,  que entrar un rico en el reino de Dios. 26  Ellos se asombraban aun más,  diciendo entre sí: ¿Quién,  pues,  podrá ser salvo? 27  Entonces Jesús,  mirándolos,  dijo: Para los hombres es imposible,  más para Dios,  no;  porque todas las cosas son posibles para Dios. 28  Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí,  nosotros lo hemos dejado todo,  y te hemos seguido. 29  Respondió Jesús y dijo:  De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa,  o hermanos,  o hermanas,  o padre,  o madre,  o mujer,  o hijos,  o tierras,  por causa de mí y del evangelio, 30  que no reciba cien veces más ahora en este tiempo;  casas,  hermanos,  hermanas,  madres,  hijos,  y tierras,  con persecuciones;  y en el siglo venidero la vida eterna. 31  Pero muchos primeros serán postreros,  y los postreros,  primeros

Lucas 18.20 Ex. 20.14; Dt. 5.18

Ex. 20.14 No cometerás adulterio.

Dt. 5.18 No cometerás adulterio.

Lucas 18.20 Ex. 20.13; Dt. 5.17

Ex. 20.13 No matarás.

Dt. 5.17 No matarás.

Lucas 18.20 Ex. 20.15; Dt. 5.19

Ex. 20.15 No hurtarás.

Dt. 5.19 No hurtarás.

Lucas 18.20 Ex. 20.16; Dt. 5.20

Ex. 20.16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio

Dt. 5.20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.

Lucas 18.20 Ex. 20.12; Dt.5.16

Ex. 20.12 Honra a tu padre y a tu madre,  para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

Dt.5.16 Honra a tu padre y a tu madre,  como Jehová tu Dios te ha mandado,  para que sean prolongados tus días,  y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 18:18-27.

Tres veces se narra en los evangelios la incidencia que acabamos de transcribir. Mateo, Marcos y Lucas fueron inspirados por el Espíritu Santo para referirla. Este es un hecho que merece especial atención, pues demuestra la importancia del suceso. Cuando Dios quiso enseñar á Pedro cual era su deber para con los gentiles, le presentó una visión que se repitió tres veces. Actos 10:16.

Estos versículos nos dan á conocer, en primer lugar, hasta qué punto arrastra la ignorancia á algunos hombres. Se nos dice que un príncipe preguntó á nuestro Señor: "¿Qué haré para poseer la vida eterna?" Jesús conocía á fondo el corazón de su interlocutor, y le dio la respuesta más adecuada para sacar á luz sus verdaderos sentimientos. Le trajo á la memoria los diez mandamientos, y le enumeró los principales preceptos de la segunda tabla de la ley. Al punto se dejó ver la ceguedad espiritual del príncipe. "Todas estas cosas," dijo él, " he guardado desde mi juventud." Una respuesta que revele más ignorancia es imposible concebir. El que la dio tenia, evidentemente, conocimiento muy escaso de sí mismo, de Dios y de la ley.

Y ¿es este, por ventura, un suceso aislado, único en su clase? ¿Hemos de suponer que no existen hoy personas que se parezcan á ese príncipe? Mucho nos tememos que hay millares de hombres en las congregaciones cristianas que no tienen ni la idea más remota de la naturaleza espiritual de la ley de Dios, y que, por consiguiente, no reconocen su propia culpabilidad. Es que ignoran que Dios exige pureza de corazón, y que podemos quebrantar los mandamientos de pensamiento, aunque en nuestras acciones externas nos conformemos á ellos. Salmo 51: 6; Mat. 5:21-28. Despojarnos de semejante error es uno de los actos indispensables para nuestra salvación. Es preciso que el Espíritu Santo ilumine nuestro entendimiento; y que aprendamos á conocernos á nosotros mismos. Ninguno de los que hayan recibido la luz del Divino Espíritu dirá jamás que ha guardado todos los mandamientos desde su juventud. Bien al contrario, exclamará como Pablo: "La ley es espiritual; mas yo soy carnal." "Yo sé que en mí no mora cosa buena." Rom. 7:14 y 18.

Estos versículos nos enseñan, en segundo lugar, cuan perjudicial al alma es un pecado dominante. Los deseos del príncipe eran buenos y lícitos. Lo que el quería era vida eterna. Á primera vista parece que no había por qué no enseñarle el sendero de la salvación y contarlo luego en el número de los discípulos. Más, por desgracia, había algo que él amaba más que la vida eterna: ese algo era el dinero. Cuando Cristo lo invitó á que abandonase todo lo que poseía sobre la tierra, y á que buscase un tesoro en el cielo, no tuvo fe suficiente para obedecer. El amor al dinero era su pecado dominante.

Tropiezos de esta naturaleza son harto comunes en la iglesia cristiana. Pocos son los ministros del Evangelio que no conozcan algunas personas que se hallan en el mismo caso que el mencionado príncipe. Muchos hay que están prontos á abandonarlo todo por amor de Cristo, salvo algún pecado predilecto, y á causa de ese pecado se pierden por toda una eternidad. Cuando Juan Bautista habló en presencia de Herodes, este le oyó con gusto, y puso en práctica muchos de los preceptos que recibió; pero hubo algo que rehusó hacer: no quiso separarse de Herodías. Eso le costó á Herodes el alma.

Necesario es que nos consagremos á Dios sin reserva alguna si queremos que nos bendiga. Preciso es que nos sintamos día a día puestos á abandonar cualquiera cosa, por querida que nos sea, si obstruye el camino que ha de conducirnos á la salvación. Debemos estar prontos á cortarnos la mano derecha y á sacarnos un ojo, si fuere necesario; á hacer, en suma, cualquier sacrificio y romper cualquier ídolo. Se trata de la vida, sí, de la vida eterna, una sola abertura es suficiente para echar á pique un navío de grandes dimensiones; y un pecado dominante, asido con obstinación, es suficiente para hacer cerrar á un alma las puertas del cielo. El amor al dinero, anidado secretamente en el corazón, es suficiente para precipitar en el infierno á un hombre que, en otros particulares, haya seguido una conducta intachable.

Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, cuan difícil es que un rico se salve. Nuestro Señor nos enseña esto por medio de la solemne observación que hizo aludiendo al príncipe: "Cuan dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas -Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja que un rico entrar en el reino de Dios."

De esta verdad se encuentran ejemplos á cada paso. Pero ya se hallan juntas la gracia divina y las riquezas. "No muchos poderosos, no muchos nobles son llamados." 1 Cor. 1:26. Por una parte las riquezas inclinan al que las posee al orgullo, la obstinación, la molicie y el amor al mundo. Por otra, rara vez se habla a los ricos con debida franqueza, mas, antes bien, se les agasaja y adula. "Los que aman al rico son muchos." Prov. 14:20. Pocas personas se atreven á decirle la verdad sin rodeos ni arribajes. Se le encomian en demasía buenas cualidades; y se le doran, atenúan y disimulan sus malas cualidades. De donde resulta que, en tanto que su corazón está repleto de las cosas de este mundo, tiene los ojos de tal manera anublados que no puede percibir sus propias faltas.

Guardémonos de envidiar á los ricos y de codiciar sus riquezas. No sabemos qué nos sucedería si nuestros deseos fuesen cumplidos. El dinero, que es objeto de tantos desvelos; el dinero, que es el ídolo de tanta gente; el dinero decimos presenta una valla insalvable entre millares de personas y el cielo "Los que quieren ser ricos caen en tentación y en lazo." Feliz el que puede decir de todo corazón en sus oraciones: "No me des pobreza ni riquezas" Feliz el que está contento de lo presente. 1 Tim. 6:9; Prov. 30:8; Heb. 13:5.

Estos versículos nos enseñan, por último, cuan poderosa es la gracia de Dios. Se advierte esta verdad en las palabras que nuestro Señor dirigió á los que oyeron su observación relativamente á los ricos. Le preguntaron: "¿Y quién podrá ser salvo?" La respuesta de nuestro Señor es bien satisfactoria: "Lo que es imposible acerca de (ó para con) los hombres, posible es acerca de (ó para con) Dios." Mediante la gracia divina el hombre puede servir á Dios en cualesquiera circunstancias.

La palabra de Dios contiene muchos ejemplos que aclaran esta doctrina. Abrahán, David, Ezequías, Josafat, Josías y Daniel fueron todos hombres ricos. Sin embargo, todos ellos sirvieron á Dios y obtuvieron la salvación. La gracia divina les fue suficiente, y lograron vencer todas las tentaciones que los acechaban. Su Señor todavía vive, y lo que por ellos hizo, puede hacerlo por otros. El puede en cualquier tiempo poner á los hombres acaudalados en capacidad de seguir á Cristo.

No vayamos, pues, á suponer que nuestras circunstancias puedan impedirnos obtener la salvación. Nada importa en dónde vivamos siempre que nuestra ocupación sea honrada. Nada importa á cuanto monte nuestra renta, ó sí estamos llenos de riquezas ú oprimidos de miseria. Es de la gracia divina, y no de nuestra posición, que depende nuestra salvación-. El dinero no puede impedir nuestra entrada en el cielo si de corazón amamos y obedecemos á Dios. Con la ayuda de Cristo obtendremos la victoria. "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Fil. 4:13.

NOTAS.    LUCAS 18:18-27.

18. Y le preguntó un príncipe. No debe perderse de vista que esta narración, y los versículos que la preceden, están necesariamente enlazados en lo que respecta al sentido. Parece que tiene por objeto demostrarnos que el hombre puede perder la gloría si no tiene por las riquezas una indiferencia infantil.

19. ¿Por qué me dices bueno? Whitby hace la siguiente paráfrasis de este versículo: "Por qué me atribuyes un título que no se da ni aun á vuestros reverendos rabinos, y del cual un ser meramente humano no es digno. ¿Crees tú que hay en mí algo más que humano, ó que el Padre mora en mi ser? Preciso es que creas esto si te parece que el título de bueno me conviene, siendo así que solo Dios es bueno."

22. Todo lo que tienes véndelo, y dalo á los pobres. No es de suponerse que nuestro Señor quisiese que todos los cristianos hicieran lo que le mandó hacer al fariseo. Las palabras que Pedro dirigió á Ananías no dan lugar á semejante suposición. La razón natural nos enseña, que si todos obraran así, se daría pábulo á la holgazanería, y todo el mundo se arruinaría. "Si alguno no quiere trabajar," dice a Pablo, "tampoco coma." 2 Tes. 3:10.

Nuestro Señor recetó de acuerdo con la enfermedad, que era un afecto extraviado y casi idolátrico por las riquezas. Solo había un remedio: vender todo y distribuirlo. Á semejanza de S. Pablo y de los que lo acompañaban en el buque, debía arrojar al mar toda la carga, si quería salvar su vida.

26. Más fácil cosa es entrar un camello, etc. Algunos comentadores se han es forzado en probar que la palabra que traducimos "camello" debiera traducirse cable. No hay necesidad de hacer ese cambio. Es muy probable que las palabras que nuestro Señor pronunció se habían hecho proverbiales. El camello era el más grande de los animales domésticos de la Judea, y en ese país "pasar un camello por el ojo de una aguja " expresaba algo de imposible ó muy difícil ejecución.

Earmer hace la siguiente explicación: "En el Oriente las puertas son extremadamente bajas (algunas veces no pasan de tres ó cuatro pies de altura) á fin de impedir que el Árabe rapaz penetre en el patio interior. Sin embargo, enseñan a los camellos aunque con dificultad, á que pasen por dichas puertos. Esta práctica sin duda dio origen al proverbio citado."

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Nuevamente Jesús anuncia su muerte

Lucas 18.31-34

31  Tomando Jesús a los doce,  les dijo: He aquí subimos a Jerusalén,  y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre.

32  Pues será entregado a los gentiles,  y será escarnecido,  y afrentado,  y escupido.

33  Y después que le hayan azotado,  le matarán;  mas al tercer día resucitará.

34  Pero ellos nada comprendieron de estas cosas,  y esta palabra les era encubierta,  y no entendían lo que se les decía

Nuevamente Jesús anuncia su muerte

Lucas 18.31-34 Mt. 20.17-19; Mr. 10.32-34

Mt. 20.17-19 17  Subiendo Jesús a Jerusalén,  tomó a sus doce discípulos aparte en el camino,  y les dijo: 18  He aquí subimos a Jerusalén,  y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas,  y le condenarán a muerte; 19  y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan,  le azoten,  y le crucifiquen;  mas al tercer día resucitará.

Mr. 10.32-34 32  Iban por el camino subiendo a Jerusalén;  y Jesús iba delante,  y ellos se asombraron,  y le seguían con miedo.  Entonces volviendo a tomar a los doce aparte,  les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: 33  He aquí subimos a Jerusalén,  y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas,  y le condenarán a muerte,  y le entregarán a los gentiles; 34  y le escarnecerán,  le azotarán,  y escupirán en él,  y le matarán;  mas al tercer día resucitará.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 18:28-34.

Notemos primeramente, en estos versículos, que promesa tan halagüeña y tan satisfactoria hace nuestro Señor á todos los creyentes que hacen sacrificios por amor suyo. "Nadie hay," dice, " que haya dejado casa, ó padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho mas en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna."

Esta promesa es bien particular. No se refiere al galardón que en el otro mundo obtendrá el creyente, á la corona inmarcesible de gloria. Se refiere á la vida presente.

La expresión "mucho más" no debe entenderse en sentido literal; significa que los beneficios que el creyente obtendrá del Señor Jesucristo, serán más que equivalentes á todo lo que haya abandonado. Sentirá tanta paz, tanta esperanza, tanto gozo, tanto consuelo, tanto sosiego en la comunión con el Padre y con el Hijo, que lo que haya perdido quedará más que compensado con lo que gane. En una palabra, nuestro Señor Jesucristo será para el más precioso que sus bienes, sus parientes ó sus amigos. La historia comprueba que, en todos tiempos, los justos han visto cumplida esta promesa. Centenares de hombres podrían decir en todos los siglos de la iglesia si sus pérdidas no fueron más que compensadas con la gracia de Cristo. "Han gozado de paz, confiando en Jesús." Isa. 26:3. Han podido gloriarse en las tribulaciones y hallar contentamiento en las flaquezas, en las afrentas, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por amor de Cristo. Rom. 5:3; 2 Cor. 12:10. Y en las épocas más calamitosas han podido alegrarse con gozo inefable y lleno de gloria; y han tenido por honra el padecer afrentas por el nombre de Jesús. Los amigos muchas veces resultan desleales; los ofrecimientos dé los reyes no siempre son cumplidos; y las riquezas desaparecen como el humo, mas Cristo jamás deja burladas nuestras esperanzas.

Acojamos esta verdad con entusiasmo. No nos desalentemos ante los obstáculos que obstruyan nuestro paso. Lo que los creyentes necesitamos es fe práctica y constante en las palabras de Cristo. La fuente de agua viva está siempre á nuestro alcance, durante nuestra peregrinación en el desierto de este mundo; y sin embargo, por falta de fe, muchas veces sucede que no la vemos y que nos desmayamos en el camino. Gen. 21:19.

Notemos, en seguida, la predicción clara y terminante que nuestro Señor hizo respecto de su muerte. Dijo á los discípulos cómo seria entregado á los gentiles, y escarnecido, é injuriado y escupido.

La frecuencia con que nuestro Señor predijo su muerte es una prueba bastante concluyente de la importancia de dicho acontecimiento. Bien sabía que ese era el objeto principal de su venida al mundo; que iba á dar Su vida en rescate de muchos; que iba á ofrecer Su alma en propiciación de nuestros pecados, y á sobrellevar en un madero el peso de nuestras culpas. Procuremos formarnos una  idea adecuada de un hecho de tan gran trascendencia Que siempre que pensemos en Jesús meditemos en su crucifixión. La base de toda verdad relativa á Jesucristo es esta: que siendo aún pecadores, El murió por nosotros.

Cristo manifestó su amor hacia los pecadores en su sincero y firme propósito de morir por ellos. Desde sus más tiernos años sabía que iba á ser crucificado. En cuanto á lo que ocurrió durante su pasión, lo había previsto todo, hasta los más minuciosos detalles. El había apurado el acíbar de una angustiosa expectativa. Y sin embargo jamás se desvió ni un paso de la senda que se había trazado. Estaba angustiado hasta que todo fuera cumplido. Luc. 12:50. Nosotros no alcanzamos á conocer tan grande amor: es indecible, inescrutable. En Él podemos confiar sin temor, pues si Jesús nos amó de tal manera, antes de que le hubiésemos entregado el corazón, es bien seguro que después que hayamos creído, no dejará de amarnos.

La serenidad que conservó nuestro Señor Jesucristo, á vista de su muerte, debiera servir de ejemplo á toda la cristiandad Á semejanza suya bebamos sin murmurar el amargo cáliz que nuestro Padre celestial nos presente, y digamos: "No se haga mi voluntad, mas la tuya." Quien confíe en nuestro Señor Jesucristo no tiene por qué temer al sepulcro. "El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la ley; mas á Dios gracias, que nos dio la victoria por nuestro Señor Jesucristo." 1 Cor. 15:57 y 58.

Notemos, finalmente, cuán difícil era para los apóstoles entender todo lo relativo á la muerte de Cristo. Cuando nuestro Señor predijo sus padecimientos, "ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta; y no entendían lo que se decía."

Pasajes como estos se leen con cierta mezcla de lástima y de sorpresa. Nos admiramos de la ignorancia y ceguedad de estos hombres. Nos maravillamos que á vista de anuncios tan explícitos y de tipos tan claros como los de la ley de Moisés, viesen la gloria de Jesús, pero no sus sufrimientos; su corona, pero no su cruz.

Pero ¿no es un hecho que la muerte expiatoria de Cristo ha sido siempre motivo de ofensa para la orgullosa naturaleza humana? ¿Se ignora acaso que, aun el día de hoy, después de que Cristo ha resucitado de entre los muertos y ascendido á la gloria, la historia de la cruz es para muchos una insensatez, y que se rechaza por gran número de personas la doctrina de la sustitución de Cristo? En vez de sorprendernos de que estos discípulos no comprendieron la predicción que acerca de su muerte hizo nuestro Señor, haríamos bien en dirigir los ojos en torno nuestro. Pena sentiríamos al ver que millares de hombres, que se llaman cristianos, no saben que significa la muerte de Cristo.

Estemos alerta, pues atravesamos una época en que abundan por todas partes falsas doctrinas respecto de la muerte del Redentor. Recordemos que Cristo crucificado es realmente el cimiento sobre el cual estriban todas nuestras esperanzas, y que su muerte expiatoria ha dado vida á nuestras almas. No pretendamos agregar cosa alguna al sacrificio del Calvario, como lo hacen los católicos romanos. Su valor era infinito. Nada puede aumentarlo. Digamos como S. Pablo: " Lejos esté de mí el gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo." Gal. 6:14.

NOTAS.    LUCAS 18:28-34.

28. Nosotros hemos dejado todas las cosas. Á menudo se arguye que Pedro y sus compañeros no habían tenido que abandonar casi nada por amor de Cristo; unos botes y unas redes componían todos sus bienes. Preciso es tener presente, sin embargo, que, de cierto modo, para el pobre lo poco que posee le es tan querido como lo es para el rico su palacio y su caudal. Al dejarlo todo por Cristo, hace el mayor sacrificio de que es capaz.

30. Mucho más en este tiempo. Creemos que esta promesa debe entenderse en sentido místico. Es cierto que los que se convierten al Cristianismo encuentran á menudo amigos que reemplazan de un todo á los que tengan que perder; pero esto no acontece en todos los casos. Es muchas veces la voluntad de Dios que algunos hombres pierdan bienes temporales cuando se convierten. La comunión con Jesús, y esa paz interior, esa tranquilidad de conciencia, esa serenidad de espíritu que acompañan dicha comunión, y que el mundo no puede dar ni arrebatar-he aquí el premio que debe esperar el cristiano en este mundo.

34. Mas nada de estas cosas entendían. La ignorancia de los discípulos acerca de la pasión y muerte do nuestro Señor parece, á primera vista, harto singular. Preciso es que recordemos, no obstante, que desde su más tierna infancia se les había enseñado que el Mesías vendría rodeado de gloria y majestad, y no que sería víctima de crueldades acerbas y de afrentas inauditas.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El ciego de Jericó recibe la vista

Lucas 18.35-43

35  Aconteció que acercándose Jesús a Jericó,  un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;

36  y al oír a la multitud que pasaba,  preguntó qué era aquello.

37  Y le dijeron que pasaba Jesús Nazareno.

38  Entonces dio voces,  diciendo: ¡Jesús,  Hijo de David,  ten misericordia de mí!

39  Y los que iban delante le reprendían para que callase;  pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David,  ten misericordia de mí!

40  Jesús entonces,  deteniéndose,  mandó traerle a su presencia;  y cuando llegó,  le preguntó,

41  diciendo: ¿Qué quieres que te haga?  Y él dijo: Señor,  que reciba la vista.

42  Jesús le dijo: Recíbela,  tu fe te ha salvado.

43  Y luego vio,  y le seguía,  glorificando a Dios;  y todo el pueblo,  cuando vio aquello,  dio alabanza a Dios.

El ciego de Jericó recibe la vista

Lucas 18.35-43 Mt. 20.29-34; Mr. 10.46-52

Mt. 20.29-34 29  Al salir ellos de Jericó,  le seguía una gran multitud.  30  Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino,  cuando oyeron que Jesús pasaba,  clamaron,  diciendo: ¡Señor,  Hijo de David,  ten misericordia de nosotros!  31  Y la gente les reprendió para que callasen;  pero ellos clamaban más,  diciendo: ¡Señor,  Hijo de David,  ten misericordia de nosotros! 32  Y deteniéndose Jesús,  los llamó,  y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 33  Ellos le dijeron: Señor,  que sean abiertos nuestros ojos. 34  Entonces Jesús,  compadecido,  les tocó los ojos,  y en seguida recibieron la vista;  y le siguieron.

Mr. 10.46-52 46  Entonces vinieron a Jericó;  y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud,  Bartimeo el ciego,  hijo de Timeo,  estaba sentado junto al camino mendigando. 47  Y oyendo que era Jesús Nazareno,  comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús,  Hijo de David,  ten misericordia de mí! 48  Y muchos le reprendían para que callase,  pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David,  ten misericordia de mí! 49  Entonces Jesús,  deteniéndose,  mandó llamarle;  y llamaron al ciego,  diciéndole: Ten confianza;  levántate,  te llama. 50  El entonces,  arrojando su capa,  se levantó y vino a Jesús. 51  Respondiendo Jesús,  le dijo: ¿Qué quieres que te haga?  Y el ciego le dijo: Maestro,  que recobre la vista. 52  Y Jesús le dijo: Vete,  tu fe te ha salvado.  Y en seguida recobró la vista,  y seguía a Jesús en el camino.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 18:35-43.

El milagro referido en estos versículos es sobre manera instructivo: fue uno de los muchos hechos maravillosos que demostraron al mundo que Jesús había sido enviado por el Padre. Pero lo que es todavía, más, en él se revelan ciertas verdades espirituales que merecen atenta consideración.

Percibimos en este pasaje, en primer lugar, cuan importante es emplear diligentemente perseguir la consecución de un objeto con los medios que se hayan puesto á nuestro alcance. Se nos habla de cierto ciego que estaba sentado junto al camino mendigando. En vez de permanecer en su casa en la inacción, habla buscado el paraje donde su desdicha llamase más la atención pública; y la narración que tenemos á la vista demuestra que obró discretamente. Estando cerca del camino oyó decir qué Jesús pasaba, é inmediatamente imploró su misericordia en alta voz. No perdamos de vista esta verdad: que si ese desgraciado no se hubiera sentado entonces junto al camino, habría tal vez permanecido ciego hasta la hora de su muerte.

Quienquiera que desee obtener la salvación hará bien en traer á la memoria la conducta de este ciego, y emplear con empeño y constancia todos los medios de gracia. Bien hará en sentarse junto al camino, es decir, donde quiera que se lea la palabra y se predique el Evangelio y se congregue el pueblo de Dios. Esperar qué la gracia divina penetre en nuestros corazones, aunque todos los domingos permanezcamos en nuestras habitaciones sin hacer nada, y sin ir á los lugares en que se celebra el culto, es presunción y no fe, cierto es que Dios ha dicho: "Tendré misericordia del que tendré misericordia." Más también es cierto que, por lo regular, Dios se apiada de los que emplean los medios ordinarios que ha establecido. Es cierto que algunas veces los que no buscan á Cristo le hallan; pero también es cierto que los que lo buscan de veras siempre le hallan. El que profana el domingo, descuida la lectura de la Biblia y rehúsa orar, está por tales actos desdeñando la misericordia y labrando la perdición de su alma. De tales personas no puede decirse con verdad, que se sientan junto al camino.

En este pasaje podemos ver, también, un ejemplo que pone en claro nuestro deber acerca de la oración. Se nos refiere que cuando el ciego supo que Jesús pasaba dio voces diciendo: " Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí." También se nos refiere que cuando algunos lo reñían para que callase, él clamaba mucho más. Sintiendo como sentía el peso de su aflicción, no le faltaron palabras con que expresar sus deseos, y la censura de personas para quienes los sufrimientos de un ciego eran desconocidos, no fueron parte á hacerlo callar. Clamaba porque sufría, y su perseverancia fue premiada: ese mismo día recibió la vista.

Ahora bien, lo que el ciego hizo para obtener alivio de sus padecimientos corporales, es lo que nosotros debemos hacer para lograr la paz de nuestras almas. Nuestra necesidad es mucho más apremiante. El dominio del pecado es una desgracia más grande que la falta de la vista. Los labios que pueden expresar las necesidades del cuerpo pueden sin duda expresar las del alma. Empecemos á orar si jamás hemos orado. Oremos con más sinceridad y fervor si desde tiempo atrás hemos orado. Jesús, hijo de David, no está lejos de nosotros y puede todavía oír nuestra voz. Imploremos su misericordia y no dejemos que nada acalle nuestro clamor.

Este pasaje nos presenta, además, un ejemplo consolador de la bondad y compasión de Cristo. Se nos dice que cuando el ciego continuaba su ruego, nuestro Señor se detuvo y mandó que se lo trajesen. El iba á Jerusalén á morir; asuntos de grande importancia le ocupaban la mente; y, no obstante, se dignó detenerse para dirigir palabras de ternura á un desdichado. Le preguntó lo que quería, y él contestó ansiosamente: "Señor, que vea." Jesús le dijo al punto: "Ve, tu fe te ha hecho salvo." Acaso esa fe era pequeña y estaba mezclada con muchos errores; pero había impelido al hombre á dirigirse á Jesús y á seguir gritando á despecho de las amonestaciones que se le hacían. Y, como acudió con fe, nuestro Señor no lo rechazó.

Pasajes como este se encuentran en el Evangelio para consuelo de todos los que se sienten apesarados por sus pecados. Acaso tales personas reconozcan al acercarse á Jesús que son muy culpables. Más ¿vienen á Cristo de todo corazón, cargados de sus pecados? ¿Piensan de veras en dejar de confiar en vanos remedios para encomendar sus almas en manos de Jesús? Si así fuere, no tienen por qué temer. Jesús ha dicho: "Al que á mí viene no le echo fuera."

Finalmente, en este pasaje se nos enseña por medio de un ejemplo, cómo debe comportarse el que ha recibido bendiciones de manos de Cristo. Cuando el ciego recibió la vista siguió á Jesús glorificando á Dios. Se sentía profundamente agradecido, y se propuso dar á conocer su gratitud haciéndose discípulo de nuestro Señor. Bien que los fariseos pensasen mal de nuestro Señor y los Saduceos hiciesen irrisión de su doctrina: nada de esto pudo detenerlo. Por experiencia sabía quien era Jesús, y podía decir con verdad: " Habiendo yo sido ciego, ahora veo."

El amor acompañado de gratitud es la fuente de donde mana la obediencia del cristiano. Para que un hombre tome la cruz, y confiese á Jesús ante el mundo y se consagre á su servicio, es necesario que reconozca que á él le debe el perdón, la paz y la esperanza de que goza.

Antes de dar fin á este pasaje escudriñemos nuestros corazones. Si deseamos saber si somos cristianos examinemos nuestra vida, ¿Cuáles son nuestras aspiraciones y nuestros propósitos? El hombre que realmente ha consagrado su corazón á Jesús se conoce por la tendencia dominante de su vida.

NOTAS.    LUCAS 18:35-43.

35. Acercándose él, etc. Este milagro fue descrito por los tres primeros evangelistas, pero con algunas variaciones. Según Mateo hubo dos ciegos; según Lucas, uno solo. Mateo y Marcos dicen que el milagro tuvo lugar cuando nuestro Señor estaba saliendo de Jericó. Lucas dice que acaeció cuando se estaba acercando a ese lugar.

La discrepancia en cuanto al número de los ciegos no presenta dificultad. No hay duda de que fueron dos; pero Marcos y Lucas solo hacen referencia al que era mejor conocido en Jericó, y cuyo nombre, según el primero de dichos apóstoles, era Bartimeo.

La otra discrepancia es más difícil de explicar. No es fácil decir por qué Mateo y Marcos dijeron que el milagro se verificó cuando nuestro Señor estaba saliendo de Jericó, y Lucas que tuvo lugar cuando se acercaba á dicho lugar. Muchas y muy distintas son las opiniones que los comentadores han expresado sobre este particular. He aquí algunas de ellas:

1. Algunos creen que los dos ciegos fueron curados separadamente: uno cuando nuestro Señor entraba en Jericó, y el otro al salir de esa ciudad; y que Lucas refiere la curación del primero y Mateo la del segundo.

2. Otros creen que las palabras de S. Lucas ("acercándose él") solo significan en el original: "En tanto que él estaba á inmediaciones de."

3. Opinan otros que los ciegos empezaron a dar voces á nuestro Señor desde que empezó a acercarse á Jericó, pero que no fueron curados sino cuando salía de la ciudad.

Confesamos francamente que ninguna de estas opiniones nos parece completamente satisfactoria: pero damos la preferencia a la última. Creemos, sin embargo, que todo lector confesara que bien puede suceder que dos personas, que narran un acontecimiento, difieran algún tanto en sus pormenores, sin desviarse de la verdad y sin tener intención alguna de engañar. Una que otra divergencia en detalles de poca consideración es prueba de que los escritores fueron testigos presenciales del acontecimiento de que se trate.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
e-Sword
Versión 7.6.1
Copyright 200-2005
Rick Meyers
All Right reserved worldwide
E-Sword is given freely to all
To learn more visit:
www.e-sword.net/support.html
e-sword is a registered trademark of Rick

Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Lucas
J.C. C Ryle
Libros CLIE
Galvani, 115, Terrassa (Barcelona)

 

Ministerio 100% bíblico
Hacemos traducciones cristianas del Inglés - Español - Inglés
Consulta nuestro índice de libros que podemos traducir para tí.
Tenemos obras cristianas desde el siglo XV en formato electrónico.

"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

Este sitio está siendo desarrollado por:
Martha Iñiguez Moreno
Por favor, haga llegar cualquier comentario sobre el mismo a:

lady59cat@yahoo.com.mx


Ladycat