El Santo Evangelio según
San Lucas

Porque por gracia sois salvos

Búsqueda personalizada
Página principal

Página Principal
Regresar al listado de El Santo Evangelio según San Lucas
Regresar al listado del Santo Evangelio según San Lucas
Locations of visitors to this page

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Nacimiento de Jesús

Lucas 2.1-7

1 Aconteció en aquellos días,  que se promulgó un edicto de parte de Augusto César,  que todo el mundo fuese empadronado.

2  Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.

3  E iban todos para ser empadronados,  cada uno a su ciudad.

4  Y José subió de Galilea,  de la ciudad de Nazaret,  a Judea,  a la ciudad de David,  que se llama Belén,  por cuanto era de la casa y familia de David;

5  para ser empadronado con María su mujer,  desposada con él,  la cual estaba encinta.

6  Y aconteció que estando ellos allí,  se cumplieron los días de su alumbramiento.

7  Y dio a luz a su hijo primogénito,  y lo envolvió en pañales,  y lo acostó en un pesebre,  porque no había lugar para ellos en el mesón.

Nacimiento de Jesús

Lucas 2.1-7 Mt. 1.18-25 18. El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntase, se halló que había concebido del Espíritu Santo.19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. 20 Y pensando en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS (Esto es: Salvador; «Jesús» (transcripción griega del hebreo YeshuaO, que significa Jehová es ayuda o salvación; (Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, Enciclopedia Beca; ) porque él salvará a su pueblo de sus pecados 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emmanuel 

Que traducido es Dios con nosotros. 24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. 25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 2.1-7

En estos versículos se nos refiere la historia de un nacimiento el nacimiento del Hijo encarnado de Dios, nuestro Señor Jesucristo. El nacimiento de cualquiera niño es siempre un acontecimiento maravilloso, puesto que agrega un ser más al número de almas inmortales Más desde el principio del mundo no hubo nacimiento alguno tan sorprendente como el de Cristo. Este fue en sí mismo un milagro: "Dios fue manifestado en la carne." 1 Tim. 3:16. Los bienes que trajo al mundo son indecibles: abrió al hombre la puerta de la vida eterna.

Al leer estos versículos, observemos primeramente cuando nació Cristo. Fue en los días en que Augusto, el primer emperador Romano, expidió "un edicto para que toda la tierra fuese empadronada."

La sabiduría de Dios se manifiesta en este simple hecho. El cetro estaba alejándose prácticamente de Judá. Gen. 49:10. Los Judíos principiaban á caer bajo un dominio extranjero, y ya tenían que rendirle tributo. Extranjeros comenzaban á gobernarlos. Su autonomía é independencia habían desaparecido. Había llegado el "tiempo oportuno" para que se presentara el Mesías prometido. Augusto empadrona "la tierra," y á la vez nace Cristo.

Era una época señaladamente propicia para introducir el Evangelio del Cristo. Al fin había llegado el día en que todo el mundo civilizado estaba gobernado por un señor. Dan. 2:40. Nada había que al predicador de la nueva fe impidiese ir de ciudad en ciudad, y de país en país. Los príncipes y sacerdotes del mundo pagano habían sido pesados en la balanza y habían sido hallados escasos. Egipto, Asiría, Babilonia, Persia, Grecia y Roma, todos estos reinos habían probado sucesivamente que "el mundo por medio de su sabiduría, no ha conocido á Dios." 1 Cor. 1:21. Sin embargo de sus poderosos conquistadores, y de sus distinguidos poetas, historiadores, arquitectos y filósofos, los reinos del mundo estaban llenos de tenebrosa idolatría. Era en verdad "el tiempo oportuno "para que Dios interpusiese desde el cielo, y enviase á la tierra un poderoso Salvador. Era tiempo de que Cristo naciese. Rom. 5: 6.

Tranquilicemos siempre nuestras almas con la reflexión, que los tiempos están en la mano de Dios.    Salmo 31:16. Él sabe cual es la hora más favorable para socorrer á Su iglesia, y dar nueva luz al mundo. Guardémonos de ceder á una ansiedad excesiva respecto a los acontecimientos que presenciamos, como si supiéramos mejor que el Rey de reyes en qué tiempo necesitamos amparo. "Cesa, Felipe, de pretender gobernar el mundo," era el dicho frecuente de Lutero á un amigo impaciente. Dicho lleno de sabiduría.

Notemos, en segundo lugar, en donde nació Cristo. No fue en Nazaret de Galilea, donde vivía Su madre, la Virgen María. El profeta Miquéas había predicho que el acontecimiento debía verificarse en Belén, Miquéas 5:2, y así sucedió: en Belén nació el Cristo.

La providencia de Aquel que lo gobierna todo se manifiesta en este hecho sencillo. Dios dirige los corazones de los reyes hacia donde Él quiere. El señaló el tiempo en que Augusto había de expedir el edicto de empadronamiento, y dispuso que se ejecutase de tal manera, que María indispensablemente tuviera que estar en Belén cuando "se le cumplieran los días de parir." Al altivo emperador y á su oficial Cirenio, tal vez, no se les ocurrió que eran solamente instrumentos en las manos del Dios de Israel, y que solo estaban coadyuvando á realizar los designios eternos del Rey de reyes. No se imaginaron que estaban ayudando á sentar las bases de un reino, ante el cual los imperios de este mundo se desmoronarían algún día, y la idolatría Romana se desvanecería. Las palabras de Isaías en una ocasión semejante son dignas de recordarse " Aunque él no lo pensará así, ni su corazón lo imaginará de esta manera." Isaías 10: 7.

El creyente debe vivir lleno de consuelo sabiendo que la divina providencia rige el mundo. El cristiano verdadero nunca debe inquietarse mucho por causa de la conducta de los gobernadores de la tierra. Debe percibir con los ojos de la fe una mano que dirige cuanto ellos hacen, para que resulte en alabanza y gloria de Dios. Debe considerar á cada rey ó potentado, ya sea un Augusto, un Cirenio, un Darío, un Ciro, ó un Sennaquerib como un hombre que, con todo su poder, nada puede hacer, sino lo que Dios le permita, y nada que no sea conducente á que se cumpla la voluntad de Dios. Y cuando los príncipes de este mundo " se reúnan en consejo contra el Señor," el creyente debe consolarse con las palabras de Salomón: "Hay" otro  superior á ellos." Eccl. 5:8. Observemos, finalmente, el estado en que Cristo nació. No nació bajo el techo materno, sino en un lugar extraño, en un "mesón." Cuando nació, no lo reclinaron en mullida cuna. Su madre " le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón."

Vemos en esto la bondad y condescendencia de Cristo. Si Él hubiera venido á salvar al género humano revestido de majestad real, y rodeado de los ángeles de su Padre, este habría sido ya hacia nosotros un acto de misericordia inmerecida. Si Él hubiera querido habitar en un palacio, rodeado de poder y autoridad, habríamos tenido bastante razón para asombrarnos. Pero hacerse tan pobre y de tan baja condición como el más pobre y más humilde de los hombres es un amor incomprensible é inescrutable. Nunca olvidemos que por medio de esta humillación Cristo nos ha comprado un título para la gloria eterna. Por medio de una vida de sufrimiento, así como también por su muerte, ha alcanzado redención eterna para nosotros. Por nuestro amor fue pobre toda la vida, desde la hora de su nacimiento hasta la de su crucifixión; y por su pobreza somos ricos nosotros. 2 Cor. 8:9.

Guardémonos de despreciar á los pobres, á causa de su pobreza El Hijo de Dios consagró su estado adoptándolo voluntariamente para sí mismo. Para Dios no hay acepción de personas. El mira á los corazones de los hombres, y no á sus rentas. No nos avergoncemos nunca de la cruz de la pobreza, si Dios quiere que la llevemos á cuestas. Ser impío y codicioso es deshonroso, pero no es deshonra ser pobre. Una habitación miserable, un alimento ordinario, y una cama dura, no son agradables al cuerpo; y, sin embargo tal fue la suerte que el mismo Señor Jesús aceptó voluntariamente desde el día de su entrada en el mundo. La riqueza pierde mayor número de almas que la pobreza. Cuando el amor al dinero empieza á apoderarse de nosotros, pensemos en el pesebre de Belén, y en Aquel que allí fue reclinado. Tales pensamientos pueden librarnos de muchos males.

 

NOTAS. LUCAS 2:1-7

1. Augusto César. Este es aquel Octavio que, después de haber derrotado á Antonio y Cleopatra en Accio, se apoderó del Imperio Romano, y que propiamente hablando, fue el primer César, ó Emperador Romano.

2. Este empadronamiento primero fue hecho, etc. Acerca de este versículo ocurre dificultad bien conocida, que exige de nuestra parte algunas observaciones. Según algunos escritores no inspirados, Cirenio (ó Quirino, como le llaman los autores Latinos) no fue gobernador de la Siria, hasta ocho ó diez años después del nacimiento de Cristo. ¿Cómo puede esto conciliarse con la narración de Lucas? Hanse ofrecido las explicaciones siguientes.

Algunos dicen que el nombre de Cirenio se introdujo en el texto por equivocación, y que en lugar de este nombre debemos leer Quintillo ó Saturnino, pues estos fueron los dos gobernadores anteriores á Cirenio. Pero no es nada satisfactorio tener que alterar los textos para hacer frente á las dificultades, y en el caso que tenemos á la vista no hay apoyo para hacer la alteración.

Otros dicen que la explicación ha de hallarse en la palabra traducida "fue hecho" y que la versión ha de ser se "llevó á efecto." Entonces el sentido seria, "este empadronamiento aunque ordenado ahora, solo se llevó á efecto por primera vez cuando Cirenio fue gobernador."

Otros dicen que la palabra, "primero," debería haberse traducido, "anterior a "o" "antes de." Entonces el sentido seria, "este empadronamiento fue antes del hecho bajo el gobierno de Cirenio." Para tal traducción hay la autoridad I Juan 1:15 y 30. La palabra "primero " en estos versículos es equivalente a "antes que."

Otros dicen que hubo dos empadronamientos, y que en ambos Cirenio tomó parte por razón de su destino, aunque no exactamente con el mismo carácter en ambas ocasiones y que S. Lucas sabedor de esto, insertó expresamente la palabra "primero," para indicar á cual de los dos empadronamientos se refería. A favor de esta opinión, es bueno recordar que es muchísimo más probable que S. Lucas refiriese con exactitud los pormenores de un hecho, que no los historiadores no inspirados, y que no tenemos razón para suponer, que cuando el no esté de acuerdo ron ellos, el error sea suyo. Además, es un hecho notable, que Justino Mártir, que vivió en el segundo siglo, afirma claramente tres veces, que Cristo nació bajo el gobierno de Cirenio. Wordsworth dice que "las investigaciones de Zumpt han aumentado la probabilidad, de que Quirino, que fue gobernador de Cilicia, fue también gobernador de la Siria al tiempo de la natividad."

3. E iban todos para ser empadronados. Siendo este empadronamiento el cumplimiento del Cap.49:10 del Génesis, Watson observa que "nada prueba más patentemente que el cetro estaba separándose de Judá, y que el gobierno de Herodes era más bien de nombre que real. Julián el Apóstata se opuso al título de Cristo, fundándose en que Él, en virtud de este mismo empadronamiento había nacido súbdito de César, ignorando que este hecho ponía de manifiesto la antigua profecía de Jacob, que su nacimiento y la separación del cetro de Judá había de coincidir."

7. Su hijo primogénito. Las palabras así traducidas son más enfáticas en el idioma Griego. Se traducirían más literalmente, "Su hijo, el nacido primero."

Le envolvió en pañales. En esta expresión se han apoyado los padres de la iglesia, y la mayor parte de los escritores romanistas, para creer que el nacimiento de nuestro Señor se verificó sin fatiga ni dolores. Tal idea es una conjetura que á nada conduce. Nada se dice en las palabras citadas que cualquiera madre en las circunstancias de María, y en el clima del Oriente, no pudiera haber hecho sin auxilio de otra persona. No hay necesidad de imaginar é inventar sucesos milagrosos en la encarnación de nuestro Señor, además de los que se hallan plenamente revelados.

Un pesebre. Es bien dudoso si es correcta la opinión general de que nuestro Señor fue reclinado en la gamella en que daban de comer al ganado. No existe prueba concluyente de que la expresión quiera decir más sino que "lo acostaron en el establo, porque no había cuarto desocupado en la casa." Algunos piensan que este pesebre era una de esas esterillas de cerda de que se sirven en esos países para dar de comer á los caballos. Hay razones poderosas para creer que todo el suceso se verificó en un subterráneo como los que aun hoy día se ven en Judea.

No había lugar para ellos en el mesón. Debe notarse atentamente un hecho que generalmente se ha pasado por alto. En la providencia de Dios el nacimiento de Cristo acaeció con toda la publicidad que un nacimiento pudiera verificarse. Tuvo lugar en un mesón, y en un mesón lleno de extranjeros de todos partes. Así no habría lugar para engaño alguno. El suceso fui notorio á muchos testigos, y nunca pudo negarse. El Hijo de Dios se encarnó realmente, y literal y realmente nació de una mujer como cualquiera de nosotros. Si el nacimiento hubiera tenido lugar secretamente en Nazaret, ó en alguna casa privada do Belén, al cabo de treinta años se hubiera negado probablemente todo el suceso.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Los ángeles y los pastores

Lucas 2.8-20

8  Había pastores en la misma región,  que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.

9  Y he aquí,  se les presentó un ángel del Señor,  y la gloria del Señor los rodeó de resplandor;  y tuvieron gran temor.

10  Pero el ángel les dijo:  No temáis;  porque he aquí os doy nuevas de gran gozo,  que será para todo el pueblo:

11  que os ha nacido hoy,  en la ciudad de David,  un Salvador,  que es CRISTO el Señor.

12  Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales,  acostado en un pesebre.

13  Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales,  que alababan a Dios,  y decían:

14  ¡Gloria a Dios en las alturas,

 Y en la tierra paz,  buena voluntad para con los hombres!

15  Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo,  los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos,  pues,  hasta Belén,  y veamos esto que ha sucedido,  y que el Señor nos ha manifestado.

16  Vinieron,  pues,  apresuradamente,  y hallaron a María y a José,  y al niño acostado en el pesebre.

17  Y al verlo,  dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.

18  Y todos los que oyeron,  se maravillaron de lo que los pastores les decían.

19  Pero María guardaba todas estas cosas,  meditándolas en su corazón.

20  Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto,  como se les había dicho.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 2.8-20

Leemos en estos versículos de que modo el nacimiento de Jesús fue anunciado por primera vez á los hijos de los hombres. El nacimiento del hijo de un rey es, generalmente, ocasión de festines y regocijos públicos. El anuncio del nacimiento del Príncipe de la paz hizo sigilosamente, á medianoche, y sin nada de mundana pompa ni ostentación.

Notemos á quienes se dieron por primera vez las nuevas de que Cristo había nacido. A unos "pastores que velaban (cerca de Belén,) y daban las velas de la noche sobre su ganado." A unos pastores no á unos sacerdotes ó gobernadores; á unos pastores, no á Escribas ó Fariseos, un ángel se apareció, proclamando, "os ha nacido hoy Salvador, que es el Señor el Cristo"

Cuando leemos estas palabras debemos recordar las siguientes de Santiago" ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, que sean ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido á los que le aman?" Sant. 2:5. La carencia de dinero no excluye á nadie de privilegios espirituales. Á menudo las cosas del reino de Dios  han ocultado á los grandes y á los nobles, y revelándose á los pobres. El trabajo de mano no pone obstáculo alguno entre El y el hombre. Moisés estaba apacentando ganado, Gideon estaba trillando trigo, Elíseo estaba arando, cuando respectivamente tuvieron el alto honor de que el Eterno mismo los llamara y les revelara de un modo directo. Rechacemos la sugestión de Satanás de que la religión no es para el hombre de trabajo. Los débiles del mundo son muchas veces llamados antes que los poderosos. Los postreros primeros á menudo serán y los primeros postreros.

Examinemos en segundo lugar el lenguaje de que hace uso el ángel para anunciar á los pastores el nacimiento de Cristo. Les dice: "Os doy nuevas de gran gozo, que será á todo el pueblo."

No tenemos por qué sorprendernos de estas palabras. La oscuridad que había cubierto la tierra por cuatro mil años iba á desaparecer, y estaba para abrirse á todo el género humano el camino del perdón y de la paz con Dios. La cabeza de Satanás iba á ser quebrantada. Iba á anunciarse libertad á los cautivos, y á darse vista á los ciegos; y pronto había de proclamarse la gran verdad de que Dios puede ser justo y al mismo tiempo y por amor de Cristo, justificador del impío. Ya no tendría por más tiempo que contentarse el creyente con columbrar la redención al través de tipos y símbolos, pues iba á verla ante si en toda su majestad. El conocimiento de Dios no seria por más tiempo propiedad exclusiva de los Judíos más iba á extenderse á todo el mundo gentil. Los días del paganismo estaban contados. La primera piedra del reino de Dios seria pronto colocada. Si esto no era "Nuevas de gran gozo" nunca hubo nuevas que mereciesen este nombre.

Notemos, en tercer lugar, quienes fueron los primeros que alabaron á Dios, cuando Cristo nació. Fueron ángeles y no hombres, ángeles que nunca habían pecado, y no tenían necesidad de Salvador ángeles que no había caído, y por tanto, no necesitaban redentor, ni sangre expiatoria. El primer himno en loor de "Dios manifiesto en la carne," fue cantado por una multitud de ejércitos celestiales."

Notemos este hecho: está lleno de lecciones espirituales. Nos demuestra que los ángeles son siervos muy fieles. Todo cuanto hace su Señor celestial les agrada é interesa. Nos enseña cuan clara es su inteligencia. Saben cuanta miseria ha traído el pecado al mundo. Conocen la bienaventuranza del cielo, y saben que hay una puerta que á ella ofrece entrada. Estos versículos nos enseñan principalmente cuan intensos son el amor y la compasión que sienten los ángeles hacia el hombre caído. Les causa regocijo la de que muchas almas van á ser salvas, de que muchos hombres van á ser librados del fuego.

Esforcémonos en ser más semejantes á los ángeles. Nuestra ignorancia y adormecimiento espirituales se dejan ver de una manera más dolorosa en nuestra ineptitud para participar del gozo que, en este caso, vemos que ellos expresan. Si esperamos vivir por siempre ellos en el cielo, debemos participar algún tanto de sus emociones mientras estemos en la tierra. Procuremos tener una noción más íntima de la maldad y miseria del pecado, y así nos sentiremos animados de mayor gratitud por la redención.

Notemos, en cuarto lugar, el himno de alabanza que el ejército celestial cantó á oídos de los pastores. Decían: "Gloria á Dios en las alturas y en la tierra paz, y á los hombres buena voluntad."

Estas célebres palabras se interpretan de varias maneras. El hombre es por naturaleza tan torpe en asuntos espirituales, que parece no es capaz de comprender el lenguaje celestial. Sin embargo, puede sacarse de estas palabras un sentido que no solo está exento de toda objeción, sino que también está de acuerdo con la mejor teología.

¡Gloria á Dios en las alturas!" así comienza el cántico. Ahora aparece la gloria de Dios en su más alto grado con el advenimiento de su hijo Jesucristo. Por medio de su vida y muerte en la cruz enaltecerá los atributos de Dios, su justicia, su santidad, su misericordia y su sabiduría como jamás habían sido enaltecidos. La creación ensalzó á Dios, pero no tanto como la redención.

"¡Y en la tierra paz!" continúa el cántico. Ahora viene á la tierra paz de Dios que sobrepuja todo entendimiento la paz perfecta entre un Dios santo y el hombre pecador que Cristo había de comprar con su propia sangre; aquella paz que se ofrece sin restricción á todo el género humano; aquella paz que, una vez que halla sido acogida en el corazón humano hace que los individuos y los pueblos vivan en concordia; aquella paz, en fin, que ha de extenderse por todo el mundo.

"¡Y a los hombres buena voluntad!" concluye el cántico. Ha llegado el tiempo en que la bondad y buena voluntad de Dios hacia el pecador va a revelarse plenamente. En la creación se manifestó su poder; en el diluvio su justicia. Más faltaba que su misericordia se revelara plenamente en la venida y en la expiación de Jesucristo. Tal fue el tenor del cántico de los ángeles. Felices los que pueden comprender su sentido, y con sus corazones dar asentimiento á sus palabras. El que espera vivir en el cielo, debiera tener algún conocimiento práctico del lenguaje de sus habitantes.

Observemos, antes que dejemos este pasaje, la pronta obediencia que dieron los pastores al anuncio celestial. No dudan, ni preguntan, ni vacilan. Extraordinaria é improbable como la nueva debía parecerles, obran al punto en virtud de ella: van apresuradamente á Belén; hallan todo exactamente como se les había dicho; y su fe sencilla recibe así una rica recompensa. Tuvieron la gran distinción de ser los primeros seres humanos, después de María y José, que vieran con ojos creyentes al Mesías recién nacido. Se volvieron pronto, "glorificando y alabando á Dios" por lo que habían visto.

¡Quiera Dios que nuestro espíritu sea semejante al de ellos! Que siempre creamos implícitamente, que obremos con prontitud, y que no aguardemos á nada, cuando nos está bien marcada la senda del deber. Si así lo hiciéremos obtendremos una recompensa como la de los pastores. La jornada que principia con fe, termina generalmente con alabanza.

NOTAS, LUCAS 2:8-20.

8. Pastores en la misma tierra, que velaban, etc. Del contexto de estas palabras se ha argüido que nuestro Señor no pudo haber nacido en el día de Navidad, porque no era costumbre entre los judíos tener los rebaños en los campos durante el invierno. Puede dudarse si el argumento es del todo concluyente. Sea como se fuere, Jacob se quejó de "la helada por la noche," cuando guardaba el rebaño de Laban, en el país cercano á Padan Aram. Gen. 31.40. Sea de esto lo que fuere, es un hecho innegable que se ignora el mes ó el día mismo de la natividad de nuestro Señor. Se han hecho varias conjeturas en la materia, y cada mes del año ha tenido sus defensores; más no hay nada seguro sobre el asunto. Si nos hubiera convenido saber el día, Dios nos lo habría dicho.

10. Todo el pueblo. Puede disputarse si con esta expresión no quiso incluirse especialmente á los Judíos.

14. Buena voluntad. Aquí la expresión y la significación son las mismas que hallamos en la carta á los santos de Efeso 1:5,9. El sentido es "el buen querer y la buena voluntad " de Dios para con el hombre, que se revelan en su Hijo Jesús Es lo mismo que ''la bondad y el amor de Dios " en Tito 3:4, y que "el amor de Dios " en Juan 3:16.

16. Y vinieron aprisa. Hay un patético comentario sobre la conducta de los pastores en una carta del obispo Hooper á ciertos prisioneros piadosos y fieles, que fueron capturados mientras oraban en una casa en Bow Churchyard. Les dice. "Leed el capítulo segundo de S. Lucas, y allí veréis como los pastores, que guardaban su ganado toda la noche, tan luego como oyeron decir que Cristo había nacido en Belén, se dieron prisa á irle á ver. No razonaron ni deliberaron entre si, quien ahuyentaría el lobo del ganado durante su ausencia, sino obraron como mandó, y confiaron su ganado á aquel cuya voluntad obedecían. Hagamos así nosotros, ahora que se nos llama; encomendemos todos nuestros bienes al .que nos ha llamado. Él cuidará de que todo vaya bien. Él ayudará al marido, y consolará á la esposa; Él dirigirá á los criados; cuidará la casa; y conservará las fincas para que no se deterioren. Encomendad por lo tanto todos vuestros cuidados al Señor."

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Presentación de Jesús en el templo

Lucas 2.21-38.

21  Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, (Lv. 12.3) le pusieron por nombre JESÚS,  el cual le había sido puesto por el ángel (Lc. 1,31) antes que fuese concebido.

22  Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos,  conforme a la ley de Moisés,  le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor

23  (como está escrito en la ley del Señor:  Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), (Ex. 13.2,12)

24  y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas,  o dos palominos. (Lv. 12.6-8)

25  Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón,  y este hombre,  justo y piadoso,  esperaba la consolación de Israel;  y el Espíritu Santo estaba sobre él.

26  Y le había sido revelado por el Espíritu Santo,  que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.

27  Y movido por el Espíritu,  vino al templo.  Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo,  para hacer por él conforme al rito de la ley,

28  él le tomó en sus brazos,  y bendijo a Dios,  diciendo:

29  Ahora,  Señor,  despides a tu siervo en paz,

 Conforme a tu palabra;

30  Porque han visto mis ojos tu salvación,

31  La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;

32  Luz para revelación a los gentiles, (Is. 42.6; 49.6)

 Y gloria de tu pueblo Israel.

33  Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él.

34  Y los bendijo Simeón,  y dijo a su madre María:  He aquí,  éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel,  y para señal que será contradicha

35  (y una espada traspasará tu misma alma),  para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.

36  Estaba también allí Ana,  profetisa,  hija de Fanuel,  de la tribu de Aser,  de edad muy avanzada,  pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad,

37  y era viuda hacía ochenta y cuatro años;  y no se apartaba del templo,  sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.

38  Esta,  presentándose en la misma hora,  daba gracias a Dios,  y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.

 

Lucas 2.21 Lv. 12.3 Y al octavo día se circuncidará al niño.

Lucas 2.21 Lc. 1,31 Y ahora,  concebirás en tu vientre,  y darás a luz un hijo,  y llamarás su nombre JESÚS.

Lucas 2.23 Ex. 13.2 Conságrame todo primogénito.  Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel,  así de los hombres como de los animales,  mío es., 12 dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz,  y asimismo todo primer nacido de tus animales;  los machos serán de Jehová.

Lucas 2.22-24 Lv. 12.6-8 6  Cuando los días de su purificación fueren cumplidos,  por hijo o por hija,  traerá un cordero de un año para holocausto,  y un palomino o una tórtola para expiación,  a la puerta del tabernáculo de reunión,  al sacerdote; 7  y él los ofrecerá delante de Jehová,  y hará expiación por ella,  y será limpia del flujo de su sangre.  Esta es la ley para la que diere a luz hijo o hija. 8  Y si no tiene lo suficiente para un cordero,  tomará entonces dos tórtolas o dos palominos,  uno para holocausto y otro para expiación;  y el sacerdote hará expiación por ella,  y será limpia.

Lucas 2.32 Is. 42.6 Yo Jehová te he llamado en justicia,  y te sostendré por la mano;  te guardaré y te pondré por pacto al pueblo,  por luz de las naciones; 49.6 dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob,  y para que restaures el remanente de Israel;  también te di por luz de las naciones,  para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 2.21-24

EL primer punto que llama nuestra atención en este pasaje es la obediencia que nuestro Señor, como párvulo, rindió á la ley judaica. Leemos que fue circuncidado al octavo día. Este es el primer hecho que se nos refiere en su historia.

No hay para que perder tiempo en indagar, como lo han hecho algunos, por qué nuestro Señor se sometió á la circuncisión; no implica en lo más mínimo un reconocimiento de que había en su corazón alguna tendencia á la corrupción. No fue confesión de inclinación al mal, ni de la necesidad de la gracia para refrenar las acciones del cuerpo. Todo esto debe tenerse muy presente.

Bástenos recordar que la circuncisión de nuestro Señor fue un testimonio público dado á Israel, de que, según la carne, Él era judío, nacido de una Judía, y "bajo la ley." Galat. 4:4 Sin ese rito no habría cumplido con los requisitos de la ley. Sin ese rito no habría podido ser reconocido como hijo de David, y de la simiente de Abraham. Acordémonos, además de esto, que la circuncisión era absolutamente necesaria para que nuestro Señor pudiera enseñar como maestro en Israel. Sin ella no habría podido ocupar asiento en ninguna asamblea judía, ni tenido derecho á tomar parte en ningún otro rito judío. Sin ella habría sido mirado por todos los judíos, nada menos, que como un incircunciso gentil, y un apóstata de la fe de sus padres.

Que el cumplimiento que nuestro Señor dio á un rito para él innecesario sea para nosotros una lección durante toda nuestra vida. Aunque por ello tengamos que sufrir, no aumentemos, por nuestra parte, las violaciones del Evangelio, ni estorbemos los progresos de la causa de Dios. Las palabras de S. Pablo merecen frecuente reflexión: "Por lo cual siendo libre para con todos, me he hecho siervo de todos, por ganar á más. Me he hecho para los Judíos como Judío, por ganar á los Judíos ; para los que están sujetos á la ley, como sujeto á la ley, por ganar á los que están sujetos á la ley. Me he hecho todo para todos, para que de todo punto salve á algunos." 1 Cor. 9:19-22. El que escribió estas palabras siguió muy estrictamente las huellas de su Maestro.

El segundo punto que reclama nuestra atención en este pasaje es el nombre que le dieron á nuestro Señor, por expreso mandato de Dios. "Llamaron su nombre Jesús, el cual fue así llamado por el ángel antes que él fuese concebido en el vientre."

La palabra Jesús significa simplemente "Salvador." Es lo mismo que "Josué" en el Antiguo Testamento. La elección de este nombre es muy notable é instructiva. El Hijo de Dios bajó del cielo á ser no solamente el Salvador, sino también el Rey, el Legislador, el Profeta, el Sacerdote y el Juez del hombre caído. Hubiera podido elegir cualquiera de estos últimos títulos, pues todos ellos le pertenecían; más El los desdeña todos, y elige un dictado que en sí encierra misericordia, gracia, auxilio y libertad para un mundo perdido. Es principalmente como libertador y Redentor que El desea ser conocido.

Preguntémonos á menudo qué sienten nuestros corazones hacia el Hijo de Dios. ¿Es Él nuestro Jesús, nuestro Salvador? He aquí el problema de nuestra salvación. No nos contentemos con conocer á Cristo como á Aquel que obró asombrosos milagros, y, habló como jamás ha hablado hombre alguno; ó como al Ser que Verdadero Dios, y un día ha de juzgar al mundo. Procuremos conocerlo experimentalmente, como al que nos ha libertado de la culpabilidad y el poder del pecado, y como al que nos ha redimido del cautiverio de Satanás. Así podremos decir: "Este es mi amigo Yo estaba muerto, y El me ha vuelto á la vida: Yo estaba prisionero y El me ha libertado." ¡Caro es, en verdad, el nombre de Jesús para todos los verdaderos creyentes! Es "como ungüento derramado" Cant. 1:3. Restituye la paz á las conciencias intranquilas; anima á los abatidos; mitiga los dolores del enfermo; socorre y consuela en la hora de la muerte. Torre fuerte es el nombre del Señor; á él correrá el justo y será levantado. Prov.18:10.

El último punto que llama nuestra atención en este pasaje es la condición pobre y humilde de la madre de nuestro Señor. Este es un hecho que á primera vista tal vez no se presenta con suficiente claridad según el tenor de estos versículos; más se comprenderá fácilmente si se consulta el capítulo duodécimo del Levítico. En este hallaremos, que la ofrenda que presentó María era la que se había prescrito especialmente á la clase pobre: "Si ella no pudiere traer un cordero, entonces traerá dos tórtolas, ó dos palominos." En resumen, su ofrenda fue una declaración pública de que era pobre Lev. 12:8.

Evidentemente la pobreza fue la herencia de nuestro Señor sobre la tierra, desde Su niñez. Fue criado y cuidado como cualquiera otro niño, por una mujer pobre. Pasó los primeros treinta años de Su vida bajo el techo de un hombre pobre. No tenemos por que dudar que su alimento fuese el del pobre, y que como pobre se vistiese, y que tomase parte en las labores y en las aflicciones del pobre. Tal condescendencia es verdaderamente maravillosa. Tal ejemplo de humildad supera á la comprensión humana.

Sobre hechos como estos debieran meditar la gente pobre. Así acallarían muchos sus murmuraciones y quejas, y se conformarían con su dura suerte. El mero hecho de que Jesús naciera de una mujer pobre, y de que pasara toda su vida entre gente pobre, debe imponer silencio al argumento común de que "la religión no es para el pobre." Sobre todo, debe consolar á todo creyente pobre cuando se acerque al trono de la gracia por medio de la oración. Que recuerde en todas sus oraciones que su poderoso Mediador que reside ahora en el cielo estuvo acostumbrado á la pobreza, y conoce por experiencia propia el corazón del pobre. ¡Seria un bien para el mundo si la clase trabajadora pudiera comprender que Cristo es el amigo verdadero del pobre!

NOTAS. LUCAS 2:21-24.

21. La, circuncisión del niño. El obispo Hall observa: "El que vino a ser pecado por nosotros, quiso en nuestras personas ser impuro legalmente, para que cumpliendo la ley pudiera borrar nuestra impureza. Aunque él estaba exento de la condición ordinaria de nuestro nacimiento, con todo, no quiso eximirse de aquellos ritos ordinarios, instituidos para simbolizar la fragilidad y las faltas que aquejan á la humanidad. Él quiso cumplir una ley para abrogarla; otra, para satisfacerla. Él, que era superior á la ley, quiso venir á ponerse bajo la ley, para libertarnos de la ley"

El nombre que le había puesto el ángel antes que fuese concebido. Poole observa en sus anotaciones: "Leemos de cuatro personas en el Antiguo Testamento, á quienes Dios puso nombres antes que naciesen: Isaac, Gen. 17:19; Josías, 1Reyes 13:2; Ismael, Gen. 15:11; Ciro, Isaías 44:28; y en el Nuevo Testamento leemos de dos: Juan el Bautista, y Jesucristo. Estos casos nos dan á conocer la certeza que tiene Dios de los acontecimientos futuros; porque aunque los padres de Ismael, Isaac, y Juan el Bautista pusieron estos nombres en obediencia al mandato divino, y trascurrió poco tiempo entre el acto de dar los nombres y los nacimientos, no puede decirse que sucediera otro tanto en cuanto a Josías y Ciro.

24. Dos palominos. Lightfoot dice, que esta ofrenda se llamaba en el idioma Hebreo: "La ofrenda del pobre, que si el rico ofrecía, no cumplía con su obligación."

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 2.25-35

Estos versículos nos refieren la historia de un hombre cuyo nombre no se encuentra en ninguna otra parte del Nuevo Testamento, "el justo y piadoso" Simeón. Nada sabemos de su vida pues del nacimiento antes o después de Cristo. Se nos dice solamente, que inspirado por el Espíritu, vino al templo, cuando María llevó a él al niño Jesús, y que tomando á este en sus brazos, bendijo a Dios con palabras que hoy son bien conocidas en todo el mundo.

Vemos en el caso de Simeón que Dios tiene gente creyente aun en los peores lugares, y en las épocas más tenebrosas. La religión había decaído en Israel cuando Cristo nació. La fe de Abraham corrompida con la doctrina de los Fariseos y Saduceos. El oro brillante se encontraba en un estado de deplorable opacidad. Pero aún entonces hallamos en medio de Jerusalén un hombre "justo y piadoso," uno "sobre quien era el Espíritu Santo."

Es un pensamiento consolador que Dios tiene siempre alguno que de testimonio de El. Pequeña como puede ser algunas veces Su iglesia creyente, las puertas del infierno jamás prevalecerán contra ella. La iglesia verdadera puede ser arrollada al desierto, y forzada a vivir como un rebaño pequeño y disperso, pero jamás perece. Hubo un Lot en Sodoma, y un Obadía en la familia de Achab, un Daniel en Babilonia, y un Jeremías en la corte de Zedequías; y en los últimos días de la iglesia Judía, cuando la copa de su iniquidad casi colmado, hubo aun en Jerusalén, piadosos, como Simeón.

Los cristianos verdaderos, en cada siglo, deben recordar esto y consolarse Es una verdad que están prontos á olvidar; y en consecuencia, se rinden al descaecimiento de ánimo. "Yo solo he quedado," decía Elías, "y procuran quitarme la vida." Más ¿qué le dijo Dios por respuesta? "Y yo haré que queden en Israel siete mil." Abriguemos más esperanza. Confiemos en que la gracia puede vivir y prosperar, aun en medio de las más desfavorables circunstancias. Hay en el mundo más Simeones de los que suponemos.

Vemos en el cántico de Simeón como el creyente puede vivir completamente exento del temor de la muerte. Ahora despides, "Señor," dice el anciano Simeón, "á tu siervo en paz." Habla como si la sepultura hubiera perdido para él sus terrores, y el mundo sus encantos. Desea que librándolo de las miserias de la peregrinación de la vida, que se le conceda ir á la patria celestial. Desea estar "separado del cuerpo y habitar con el Señor." Expresase como quien sabe á donde va cuando muere, y no se cuida cuan pronto llegue el día. Sabe que el cambio redundará en su provecho, y desea que pronto se verifique.

¿Qué puede hacer que el hombre mortal se exprese de esta manera? ¿Qué puede ponernos á salvo de ese " temor de la muerte " en el cual tantos viven en cautiverio? ¿Qué puede librarnos del aguijón de la muerte? Hay una sola respuesta á estas preguntas: Únicamente una fe firme puede hacerlo. La fe con que nos acogemos con firmeza á un Salvador que no podemos ver; la fe que se apoya en las promesas de un Dios invisible; la fe, y la fe únicamente, puede hacer capaz al hombre de mirar ante sí la muerte, y exclamar: "Yo muero en paz." No basta estar dispuesto á someterse á cualquiera cosa con objeto de cambiar cuando uno está cansado del dolor y de las enfermedades. No basta estar indiferente al mundo, cuando ya no tenemos fuerza para mezclarnos en los negocios, ó para gozar de los placeres que nos brinda. Es menester que sintamos algo más que esto, si deseamos morir en paz verdadera. Es menester que tengamos fe como la del anciano Simeón, es decir, aquella fe que es el don de Dios. Puede suceder que sin esa fe muramos tranquilamente, y parezca que "no hay ataduras para nuestra muerte." Salmo 73:4. Pero muriendo sin esa fe, nunca nos hallaremos en la morada que deseamos, cuando nos despertemos en el otro mundo.

Vemos además de esto, en el cántico de Simeón, qué conocimiento tan claro alcanzaron algunos judíos creyentes de la obra y ministerio de Cristo, aun antes que se predicase el Evangelio. Hallamos a ese buen anciano hablando de Jesús como "la salud que Dios ha aparejado"; como "una luz para ser revelada á los gentiles, y la gloria de su pueblo Israel." Bueno habría sido para los eruditos Escribas y Fariseos del tiempo de Simeón, que se hubiesen sentado en su presencia, y escuchado su doctrina.

Cristo fue en verdad "una luz para ser revelada á los Gentiles." Sin Él ellos estaban sumidos en la superstición y las tinieblas más horribles, ignorando el camino de la vida, y adorando las obras de sus propias manos. Sus filósofos más sabios vivían en completa ignorancia de las cosas espirituales. "Que diciéndose ser sabios se Insensatos." Rom.1:22. El Evangelio de Cristo fue para Grecia y Roma, y todo el mundo pagano, como el salir del sol. La  luz que en materias religiosas hizo penetrar en las mentes de los hombres, fue tan grande como el cambio de la noche en día

Cristo fue verdaderamente "la gloria de Israel." La descendencia de Abraham, las alianzas, las promesas, la ley de Moisés, el servicio del templo de institución divina, todas estas fueron para los israelitas grandes prerrogativas. Más nada fueron comparadas con el grande hecho, que de Israel nació el Salvador del mundo. Había de ser el más alto honor de la nación Judía, que la madre de Cristo fuera una mujer de su raza, y que la sangre de Aquel "que nació de la posteridad de David, según la carne, había de ofrecer la expiación por el pecado del género humano." Romanos 1:3

Más no olvidemos que las palabras del anciano Simeón aún obtendrán más completo cumplimiento. La "luz" que vio por la fe, cuando sostenía al niño Jesús en sus brazos, todavía ha de resplandecer con brillantez tal que sea vista de todas las naciones de mundo gentil La gloria de aquel Jesús á quien Israel crucificó, será algún día revelada tan claramente á los Judíos dispersos, que, mirando a Aquel que ellos crucificaron, se arrepentirán y se convertirán. Vendrá el día en que el velo será levantado del corazón de Israel, y todos "se gloriarán en Jehová." Isaí. 45:25. Esperemos confiados ese día; roguemos que llegue pronto. Si Dios es la luz y la gloria de nuestras almas, ese día no puede venir demasiado pronto.

Contiene, finalmente, este pasaje un anuncio admirable de los resultados que habían de surgir cuando Jesucristo y Su Evangelio aparecieron en el mundo. Cada palabra del anciano Simeón, sobre punto, merece meditación especial. El todo forma una profecía que se está cumpliendo diariamente.

Cristo había de ser "blanco de contradicción." Había de ser el blanco de todos los fieros dardos del malvado. Había de ser "despreciado y rechazado de los hombres." Él y su pueblo habían de ser una " ciudad edificada sobre un collado," asaltada de todos, y odiada de toda clase de enemigos. Y así resultó: hombres que jamás han estado acordes en ninguna otra materia, lo han estado en odiar á Cristo. Desde el principio millares han sido perseguidores é incrédulos.

Cristo había de ser la causa "de la caída de muchos en Israel." Había de ser "la piedra de tropiezo y la roca de ofensa" á muchos orgullosos y presuntuosos Judíos, que lo rechazarían y morirían en sus pecados. Y así sucedió: para gran número de ellos Cristo crucificado fue ocasión de tropiezo, y Su Evangelio "olor de muerte." 1 Cor. 1:23; 2 Cor. 2:16.

Cristo había de ser la causa del " levantamiento de muchos en Israel." Había de resultar ser el Salvador de muchos que al principio lo rechazaron, lo ultrajaron y lo cubrieron de blasfemias, pero que después se arrepintieron y creyeron. Y así también sucedió: cuando los millares que lo crucificaron se arrepintieron, y Saulo que persiguió á sus discípulos se convirtió, hubo algo como un levantamiento.

Cristo había de ser la causa de que "fueran manifestados los pensamientos de muchos corazones." Su Evangelio había de descubrir los caracteres verdaderos de muchas gentes: la falta de amor hacia Dios en unos, los anhelos espirituales de otros. Y así resultó: el libro de los Hechos de los Apóstoles, en casi cada capítulo, revela que en esto, como en todos los otros puntos de su profecía, el anciano Simeón dijo la verdad.

Y ahora bien ¿qué opiniones tenemos respecto de Cristo? Esta es la pregunta que debe ocupar nuestras mentes. ¿Qué reflexiones despierta en nuestras mentes? Este es el examen que debe ocuparnos seriamente. ¿Estamos por Él, ó contra Él? ¿Lo amamos, o lo menospreciamos? Nos es tropiezo su doctrina, ó hallamos que es "causa de levantamiento." No estemos jamás tranquilos en tanto que no hayamos respondido satisfactoriamente estas preguntas.

NOTAS. LUCAS 2:25-35.

25 Un hombre llamado Simeón. Algunos autores opinan que este Simeón era hombre notable en Jerusalén, hijo de Hillel, y padre de Gamaliel.

La consolación de Israel. Este era el nombre que los Judíos daban al Mesías. Lightfoot dice: "Todo la nación esperaba la consolación de Israel; por cuanto nada había más común entre ellos, que jurar por el deseo que tenían de verla."

El Espíritu Santo era sobre él. No olvidemos notar que esto sucedió antes de la muerte y ascensión de Cristo y de la comunicación del Espíritu el día de Pentecostés. No debemos olvidar jamás que los justos del Antiguo Testamento fueron instruidos por el Espíritu Santo, tan real y verdaderamente como los creyentes después que el Evangelio fue instituido, aunque no en el mismo grado.

32 Luz a los Gentiles gloria de Israel. Ford cita las observaciones del Dr. Richard Clarke sobre este versículo:"Algunos escritores distinguidos observan que el cantor de este cántico coloca al Gentil antes del Judío, porque el segundo llamamiento, la conversión de los Judíos á Cristo, no acaecerá hasta que la plenitud de los Gentiles tenga lugar."

34 Simeón los bendijo. Á causa de esta expresión muchos han supuesto que Simeón era por lo menos uno de los príncipes de los sacerdotes, si no el sumo sacerdote. Nada hay que justifique esta suposición. Como inspirado especialmente por el  Espíritu Santo para profetizar, Simeón no hizo nada más al bendecirlos lo que hubiera hecho cualquier profeta, fuese sacerdote ó no.

35 Traspasara espada. La más sencilla explicación de estas palabras es que Simeón predice que María había de sufrir un pesar, tan cortante y penetrante al corazón como la herida de una espada. Esto se cumplió particularmente cuando ella estaba de pié junto á la cruz, y allí vio á su hijo moribundo. ¿Fue acaso que Señor quiso recordarle esta profecía, cuando en esa hora solemne la recomendó Su discípulo Juan diciéndole: "He aquí á tu madre," para que ella tuviera un amigo en la hora de necesidad?

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El regreso a Nazaret

Lucas. 2.39-40

39  Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor,  volvieron a Galilea,  a su ciudad de Nazaret. (Mt. 2.23)

40  Y el niño crecía y se fortalecía,  y se llenaba de sabiduría;  y la gracia de Dios era sobre él.

Lucas 2.39 Mt. 2.23 y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret,  para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas,  que habría de ser llamado Nazareno.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 2.36-40

Los versículos que acabamos de leer nos introducen á una sierva de Dios, cuyo nombre no se menciona en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. La historia de Ana, lo mismo que la de Simeón, ha sido referida solamente por S. Lucas. La sabiduría de Dios ordenó que una mujer, así como también un hombre, diera testimonio de que el Mesías había nacido. Por boca de dos testigos se hizo constar que la profecía de Malaquías se había cumplido, y que el mensajero de la alianza había venido repentinamente al templo. Malaq. 3:1.

Observemos, en estos versículos, cual era el carácter de la mujer piadosa antes de la predicación del Evangelio de Cristo. Los hechos referidos con relación á Ana son pocos y sencillos; más contienen verdades muy instructivas.

Ana era mujer de carácter intachable. Después de haber estado casada solamente siete años, había pasado ochenta y cuatro como viuda. El desamparo, las pruebas y las tentaciones de tal estado fueron probablemente muy grandes; más Ana con ayuda de la gracia divina lo venció todo, y correspondiendo á la descripción que hace S. Pablo, "fue de verdad viuda." 1 Tim. 5.3.

Ana amaba la casa de Dios. "No se separaba del templo." Lo consideraba como el lugar en donde Dios moraba de una manera particular, y hacia el cual á todo Judío piadoso en países extranjeros, le era grato, como á Daniel, dirigir sus plegarias. "Más cerca de Dios, más cerca de Dios," era el deseo de su corazón, y sentía que nunca estaba tan cerca como dentro de los muros que contenían el arca, el altar, y el santo de los santos. Ella podía entrar repitiendo las palabras de David: "Codicia y aun ardientemente desea mi alma los atrios de Jehová." Salmo 84.2.

Ana era mujer de grande abnegación. "Servia á Dios en ayunos y oraciones de noche y de día." Crucificaba continuamente la carne, y la mantenía en sujeción por medio de una abstinencia voluntaria.

Estando bien persuadida de que tal práctica era útil á su alma, no se ahorraba incomodidades á fin de continuarla.

Ana oraba mucho. "Servia á Dios en oraciones de noche y de día." Estaba continuamente hablando con Él, como con su mejor amigo, sobre las cosas que concernían á su paz espiritual. Jamás se cansaba de suplicarle en favor de otros, y principalmente, para que se cumpliesen sus promesas respecto del Mesías.

Ana tenía relaciones con otras personas piadosas. Así tan luego como hubo visto á Jesús "habló sobre Él" á otros que ella conocía en  Jerusalén, y con quienes, sin duda, tenía amistad. Existía un vínculo de unión entre ella y todos los que abrigaban la misma esperanza: eran siervos de un mismo Señor, y viajeros a la misma tierra de promisión.

Y Ana recibió, antes de que dejara este mundo, una rica recompensa por su consagración en el servicio de Dios. Se le concedió ver a Aquel que había sido prometido desde remotos tiempos, y por cuya venida había orado tan constantemente. Su fe, al fin, se cambió en visión real y su esperanza en realidad. El gozo de esta mujer santa debió de haber sido, en verdad, "inefable y lleno de gloria." 1 Pedro 1:8.

Convendría á todas las Cristianas estudiar detenidamente el carácter de Ana para así adquirir sabiduría. Todo, sin duda, ha cambiado mucho: los deberes sociales de la mujer Cristiana de hoy son muy diferentes de los de una Judía creyente de Jerusalén en aquel entonces; y no todas han sido colocadas por Dios en la condición de viudas; pero aún, después de conceder todo esto, queda mucho en la historia de Ana digno de imitarse. Cuando leemos la relación de su firmeza, santidad, abnegación y de sus ruegos continuos, no podemos menos de desear que muchas hijas de la iglesia Cristiana procurasen ser como ella.

Observemos, en segundo lugar, en estos versículos, la descripción que, hace de los justos de Jerusalén en la época en que Jesús nació. Eran gentes "que esperaban la redención."

Siempre hallaremos que la fe es el distintivo universal de los escogidos de Dios. Estos hombres y estas mujeres de quienes se hace mención en estos versículos residiendo como residían en una ciudad malvada, vivían por la fe, y no se dejaron arrastrar por el torrente de vanidad mundana, de hipocresía y presunción que los rodeaba. Ni tomaban parte en la expectativa de un Mesías puramente terrenal, á la cual se habían abandonado la mayor parte de los Judíos; más vivían en la fe de los patriarcas y profetas: creían que el Redentor venidero introduciría en el mundo santidad y justicia, y que su principal victoria sería sobre el pecado y el diablo; y aguardaban con paciencia á ese Redentor, y deseaban ardientemente esa victoria.

Esta buena gente nos enseña una lección. Si ellos, con tan pocos auxilios y con tantas causas de desaliento, vivieron con tanta fe, cuánto más debemos nosotros vivir de la misma manera, siendo así que tenemos una Biblia y un Evangelio completos. Procuremos, como ellos, vivir con fe y fijar los ojos en el porvenir. La segunda venida de Cristo está aún por verificarse. La completa "redención" del pecado, de Satanás y de la maldición, aún está por realizarse. Manifestemos claramente por medio de nuestra vida y de nuestra conducta que esperamos y anhelamos la segunda venida. Estemos ciertos que el tipo más glorioso del Cristianismo aun hoy día, consiste en "esperar la redención" y amar la venida del Señor. Rom. 8:23; 2 Tim. 4:8.

Observemos, por último, en estos versículos cuan evidente es la prueba que tenemos de que el Señor fue real y verdaderamente hombre, lo mismo que Dios. Leemos, que cuando María y José volvieron á su ciudad de Nazaret, "el niño crecía y se hacia fuerte en espíritu."

La naturaleza de Jesús encierra, sin duda, profundos misterios. Cómo la misma Persona pudo ser á un tiempo perfecto Dios y perfecto hombre, es cosa necesariamente superior á nuestra comprensión. De qué manera y en qué grado se revelase en Sus primeros años esa inteligencia divina que indudablemente poseía, no lo podemos explicar. Es para nosotros asunto muy elevado. No nos es dado comprenderlo. Una cosa, á lo menos, es perfectamente clara, y haremos bien en asirnos firmemente de ella: nuestro Señor participó de cuanto es propio de la naturaleza humaba, exceptuando solamente el pecado. Como hombre nació niño; como hombre creció de la infancia á la adolescencia; y como hombre cada año adquiría mayor fuerza corporal é intelectual, desde la infancia hasta la edad viril. De todas las condiciones inocentes del hombre, como primera debilidad, su crecimiento, su no interrumpido hacia la edad madura, Él participo en el sentido más alto. Es menester que nos satisfagamos con este conocimiento. Indagar más es inútil, y saber esto bien es de mucha importancia. La falta de convicciones firmes sobre este punto ha llevado a muchos á extravagantes herejías.

Una lección práctica y consoladora nos presenta desde luego esta verdad, que nunca debe pasarse por alto. Nuestro Señor puede compadecerse del hombre en cualquier periodo de su existencia desde la cuna hasta la sepultura, puesto que conoce por experiencia la índole y las inclinaciones del párvulo, del niño y del joven Ha pasado por la misma edad; ha ocupado su lugar; y conoce sus corazones. No olvidemos esto, cuando hablemos con los jóvenes acerca de la salvación de sus almas. Digámosles sin vacilar que hay un Ser en el cielo á la mano derecha del Padre que puede ser Amigo de ellos. Aquel que murió en la cruz fue una vez niño, y siente tanto interés por los niños, como por la gente de mayor edad.

NOTAS. LUCAS 2:36-40.

36 Profetiza Esta es una palabra notable, y solo ocurre otra vez en el Nuevo Testamento, en la Rev. 2:20. Si ha de tomarse en su sentido más alto, los años que el don de profecía que había sido negado cerca de cuatrocientos años desde los días de Malaquías, había sido concedido otra vez a Israel cuando Cristo nació. Pero como la palabra "profeta" no implica necesariamente, en el Nuevo Testamento, el poder de predecir los acontecimientos futuros, puede que otro tanto suceda respecto de la palabra "profetiza."

Tribu de Aser. Esto es notable, si recordamos que Aser fue una de las diez tribus llevadas cautivas y que nunca regresaron. Preciso es corregir que algunos restos dispersos de ellos se incorporaron de alguna manera con las tribus de Judá y Benjamín, y que con ellas regresaron de Babilonia después de la cautividad.

Habla de El á todos, etc. Es digno de notarse, que la presentación de nuestro Señor en el templo parece haber sido el primer cumplimiento de la profecía de Malaquías 3:1. "El Señor vendrá a su templo." Esta fue, en verdad una venida sin fausto. Los únicos testigos, al parecer, fueron un anciano y una anciana; y el séquito una mujer pobre, y su esposo igualmente pobre, y la forma en que el Señor apareció fue la de ¡un niñito en brazos! ¡Quién hubiera esperado esto! ¡Cuántas profecías pueden estarse cumpliendo a nuestro rededor ahora mismo! Los caminos de Dios no son, en verdad, como nuestros caminos.

39. Se volvieron á Galilea, á Nazaret. San Lucas omite dos incidentales importantes que corresponden en este lugar, y que forman parte de la historia de nuestro Señor; no necesariamente porque los ignorase, sino simplemente porque no recibió inspiración para referirlos. Estos incidentes son la visita de los sabios del Oriente, y la huida á Egipto. José y María, según parece regresaron a Belén después de la presentación en el templo, aunque es muy posible que hubieran ido á Nazaret por unos pocos días. En Belén fueron visitados por los sabios del Oriente. Con los presentes que estos les hicieron, se hallaron provistos de los medios para viajar, y huyeron á Egipto para escapar de la ira de Herodes. De Egipto, después de la muerte de Herodes, volvieron á Nazaret.

Se han expresado, sin duda, otras opiniones sobre este punto intrincado. La que dejamos apuntada parece ser la más razonable, y la que evita mayores dificultades.

Si María y José hubieran permanecido en Belén hasta la visita de los sabios, y después de la visita hubiesen ido á Jerusalén, se habrían arrojado así al peligro deliberadamente, puesto que iban al lugar donde estaba Herodes. Si la presentación en el templo no se efectuó sino hasta después que tuvo lugar la visita de loa sabios, y que hubieron recibido sus presentes, no parece probable que la ofrenda de María hubiera sido solamente un par de pichones.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El niño Jesús en el templo

Lucas 2.41-52

41  Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; (Ex. 12.1-27; Dt. 16.1-8)

42  y cuando tuvo doce años,  subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.

43  Al regresar ellos,  acabada la fiesta,  se quedó el niño Jesús en Jerusalén,  sin que lo supiesen José y su madre.

44  Y pensando que estaba entre la compañía,  anduvieron camino de un día;  y le buscaban entre los parientes y los conocidos;

45  pero como no le hallaron,  volvieron a Jerusalén buscándole.

46  Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo,  sentado en medio de los doctores de la ley,  oyéndoles y preguntándoles.

47  Y todos los que le oían,  se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.

48  Cuando le vieron,  se sorprendieron;  y le dijo su madre: Hijo,  ¿por qué nos has hecho así?  He aquí,  tu padre y yo te hemos buscado con angustia.

49  Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais?  ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?

50  Más ellos no entendieron las palabras que les habló.

51  Y descendió con ellos,  y volvió a Nazaret,  y estaba sujeto a ellos.  Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.

52  Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura,  y en gracia para con Dios y los hombres. (Is. 40.3-5)

Lucas 2.41 Ex. 12.1-27; Dt. 16.1-8

Ex. 12.1-27 1  Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto,  diciendo: 2  Este mes os será principio de los meses;  para vosotros será éste el primero en los meses del año. 3  Hablad a toda la congregación de Israel,  diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres,  un cordero por familia. 4  Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero,  entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas;  conforme al comer de cada hombre,  haréis la cuenta sobre el cordero. 5  El animal será sin defecto,  macho de un año;  lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. 6  Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes,  y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7  Y tomarán de la sangre,  y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. 8  Y aquella noche comerán la carne asada al fuego,  y panes sin levadura;  con hierbas amargas lo comerán. 9  Ninguna cosa comeréis de él cruda,  ni cocida en agua,  sino asada al fuego;  su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10  Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana;  y lo que quedare hasta la mañana,  lo quemaréis en el fuego. 11  Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos,  vuestro calzado en vuestros pies,  y vuestro bordón en vuestra mano;  y lo comeréis apresuradamente;  es la Pascua de Jehová. 12  Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto,  y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto,  así de los hombres como de las bestias;  y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto.  Yo Jehová. 13  Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis;  y veré la sangre y pasaré de vosotros,  y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. 14  Y este día os será en memoria,  y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones;  por estatuto perpetuo lo celebraréis. 15  Siete días comeréis panes sin levadura;  y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas;  porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo,  será cortado de Israel. 16  El primer día habrá santa convocación,  y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación;  ninguna obra se hará en ellos,  excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. 17  Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura,  porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto;  por tanto,  guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18  En el mes primero comeréis los panes sin levadura,  desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. 19  Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas;  porque cualquiera que comiere leudado,  así extranjero como natural del país,  será cortado de la congregación de Israel. 20  Ninguna cosa leudada comeréis;  en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura. 21  Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel,  y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias,  y sacrificad la pascua. 22  Y tomad un manojo de hisopo,  y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo,  y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo;  y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. 23  Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios;  y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes,  pasará Jehová aquella puerta,  y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. 24  Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25  Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará,  como prometió,  guardaréis este rito. 26  Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27  vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová,  el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto,  cuando hirió a los egipcios,  y libró nuestras casas.  Entonces el pueblo se inclinó y adoró.

Dt. 16.1-8 1  Guardarás el mes de Abib,  y harás pascua  a Jehová tu Dios;  porque en el mes de Abib te sacó Jehová tu Dios de Egipto,  de noche. 2  Y sacrificarás la pascua a Jehová tu Dios,  de las ovejas y de las vacas,  en el lugar que Jehová escogiere para que habite allí su nombre. 3  No comerás con ella pan con levadura;  siete días comerás con ella pan sin levadura,  pan de aflicción,  porque aprisa saliste de tierra de Egipto;  para que todos los días de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto. 4  Y no se verá levadura contigo en todo tu territorio por siete días;  y de la carne que matares en la tarde del primer día,  no quedará hasta la mañana. 5  No podrás sacrificar la pascua en cualquiera de las ciudades que Jehová tu Dios te da; 6  sino en el lugar que Jehová tu Dios escogiere para que habite allí su nombre,  sacrificarás la pascua por la tarde a la puesta del sol,  a la hora que saliste de Egipto. 7  Y la asarás y comerás en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido;  y por la mañana regresarás y volverás a tu habitación. 8  Seis días comerás pan sin levadura,  y el séptimo día será fiesta solemne a Jehová tu Dios;  no trabajarás en él.

Lucas 2.52 Is. 40.3-5 3  Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová;  enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. 4  Todo valle sea alzado,  y bájese todo monte y collado;  y lo torcido se enderece,  y lo áspero se allane. 5  Y se manifestará la gloria de Jehová,  y toda carne juntamente la verá;  porque la boca de Jehová ha hablado.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 2.41-52

Estos versículos deben ser siempre muy interesantes para todo lector de la Biblia. Ellos contienen el único hecho que sabemos relativamente á los primeros treinta años de la vida de nuestro Señor Jesucristo, después de su infancia. ¡Cuántas cosas no quisiera saber el cristiano sobre los acontecimientos de esos treinta años, y la historia diaria de la casa de Nazaret! Más no tenemos razón para dudar que sea por sabios motivos que la Escritura no dice nada sobre este punto. Si nos hubiera convenido saber más, se nos habría revelado.

Primeramente notemos que este pasaje enseña una lección á todos los casados. Tenérnosla á la vista en la conducta de José y María en él descrita. Se nos dice que "iban todos los años á Jerusalén en la fiesta de la Pascua." Honraban con regularidad los establecidos por Dios, y los honraban de consuno. La distancia de Nazaret á Jerusalén era grande. El viaje, para gente pobre sin ningunos medios de trasporte, era, sin duda, molesto y fatigoso. Dejar la casa y el país por diez ó quince días no era factible con poco gasto. Más Dios había dado un precepto á Israel, y José y María lo obedecían estrictamente. Dios había establecido el estatuto para su bien espiritual, y ellos lo observaban con puntualidad; y todo cuanto hacían concerniente á la Pascua, lo hacían de común acuerdo: cuando subían á la fiesta, subían siempre juntos.

Así deben conducirse los cónyuges cristianos. Deben ayudarse mutuamente en los asuntos espirituales, y mutuamente alentarse á perseverar en el servicio de Dios. Bien que el matrimonio no es sacramento como erróneamente lo asevera la iglesia Romana. Más el matrimonio es el estado que ejerce mayor influjo en el alma de los que lo adoptan: contribuye á elevarlos ó á degradarlos; aproximarlos más al cielo ó los acerca más al infierno. Nuestra conducta depende mucho de la de las personas con quienes nos asociamos. Nuestros caracteres se amoldan insensiblemente á los de las personas con quienes vivimos. De ninguno es esto tan como de  los casados. El marido y la mujer obran de continuo en mutuo provecho ó en mutuo perjuicio de sus almas.

Que mediten bien sobre estas cosas todos los que están casados o piensan casarse. Que acaten el ejemplo de José y María, y resuelvan imitarlos. Que oren juntos, lean la Biblia juntos, vayan juntos á la casa de Dios, y juntos conversen sobre materias espirituales. Sobre todo que se abstengan de poner obstáculos delante de sí, y de desalentarse en el camino que cada uno siga en asuntos religiosos. Felices los maridos que digan á sus mujeres lo que Elcana dijo á Ana: "Haz lo que bien te pareciere." Felices las mujeres que digan á sus maridos lo que Lia y Raquel dijeron á Jacob: "Haz pues todo lo que Dios te ha dicho." 1 Sam. 1.23; Gen. 21.16.

Observemos en segundo lugar, que este pasaje presenta un ejemplo para imitación de los jóvenes. Es este la conducta de nuestro Señor Jesucristo, cuando quedó solo en Jerusalén, á la edad de doce años. Por espacio de cuatro días estuvo lejos de María y de José. Durante tres días "le buscaron con dolor," ignorando lo que le habría sobrevenido. ¿Quién puede concebir la ansiedad de tal madre por la pérdida de tal hijo? ¿Y dónde lo encontraron al fin? No gastando ociosamente el tiempo, ó haciendo daño, como hacen muchos muchachos de doce años; no en compañía vana é inútil: "Lo hallaron en el templo de Dios; sentado en medio " de los doctores de Judea, "oyéndoles" lo que tenían que decir, y haciéndoles preguntas sobre cosas que deseaba se le explicasen.

Así deben conducirse los niños de las familias cristianas. Deben ser juiciosos y hacerse acreedores á la confianza de sus padres, tanto en la ausencia de estos como en su presencia. Deben buscar la compañía de los sabios y prudentes, y valerse de todas las oportunidades que se les presenten para adquirir conocimientos espirituales, antes de que los cuidados de la vida los abrumen, y en tanto que sus memorias están frescas y vigorosas.

Que mediten bien estas cosas los niños cristianos, é imiten el ejemplo que les presentó Jesús, cuando tenia solo doce años. Que tengan presente, que si tienen suficiente edad para obrar mal, también la tienen para obrar bien; y que si pueden leer novelas, también pueden orar y leer sus Biblias. Que tengan presente, que, aunque sean niños, son responsables para con Dios, y que escrito está, "Y oyó Dios la voz del muchacho." Gen. 21.17. ¡Felices, en verdad, aquellas familias en las cuales los niños "buscan á Dios desde sus primeros años," y no hacen derramar lágrimas á sus padres! ¡Felices los que puedan decir respecto de sus niños, cuando separados de ellos: "Yo confió en que mis hijos no pecarán intencionalmente."!

Observemos, por último, que este pasaje presenta un ejemplo para imitación de todos los cristianos verdaderos. En él leemos las palabras solemnes que nuestro Señor dirigió á su madre María, cuando esta le dijo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho así?" ¿"No sabíais?," fue la respuesta, ¿"que en los negocios que son de mi padre, conviene estar?" No hay duda que en esta respuesta iba implícita una suave censura. Jesús quiso recordar á su madre, que Él no era una persona ordinaria, y que había venido al mundo á ejecutar una obra nada común. Quiso así dar á entender á su madre que se estaba olvidando insensiblemente que Él había venido al mundo de una manera extraordinaria, y que no podía esperar que Él siempre viviese tranquilamente en Nazaret. Fue una admonición solemne de que, como Dios, tenia un Padre en el cielo, y que la obra de este Padre celestial exigía primeramente su atención.

Estas palabras debieran penetrar profundamente en los corazones de todos los cristianos. Así tendrían estos un signo al cual dirigir los ojos en las horas de extravío, una piedra de toque con la cual podrían examinar su conducta cada día de su vida.

Estas palabras debieran animarnos en nuestro desaliento, y contenernos cuando nos sintamos inclinados á volver al mundo. ¿Nos ocupamos de los asuntos de nuestro Padre? ¿Estamos siguiendo las huellas de Jesucristo?" Tales preguntas parecerán muchas veces humillantes, y nos harán avergonzar á nuestros propios ojos; más ellas son eminentemente provechosas para nuestras almas. Nunca se encuentra una iglesia en tan próspero estado cuando sus miembros tienen miras elevadas, y se esfuerzan ser en todo semejantes á Cristo.

NOTAS. LUCAS 2:41-62.

42. Doce años de edad. Parece que los judíos consideraban esta como la edad en que naturalmente termina la niñez.

44. Compañía. La palabra así traducida se usa solamente en este pasaje, y significa especialmente, reunión de personas en un viaje por tierra.

Pensando anduvieron camino de un día. Beda explica esto en un pasaje citado por Cordeiro. Dice, que al ir a las fiestas de los judíos, y al regresar de ellas se acostumbraba que los hombres y las mujeres fuesen separados. Por esto José pudo "pensar" sin inquietud que Jesús estaba con María, y esta "pensar " que Él estaba con José.

46. Después de tres días. El obispo Hall observa: "¿Dónde estuviste tú, Oh bendito Jesús, durante estos tres días? ¿Dónde te albergaste, ó quién tuvo cuidado de ti, mientras que estuviste solo en Jerusalén? Si te plugo experimentar las dificultades del forastero, ó suministrar milagrosamente á tus propias necesidades, yo no pretendo determinarlo, puesto que no lo revelaste. Solo sé esto; que tuviste el designio de enseñar a tus padres por medio de este acto que podías vivir sin ellos, y que no por temor de la indigencia, sino á causa de tu condescendencia y por vía de favor quisiste depender de ellos."

Sentado en medio de los doctores, etc. La expresión común "Cristo disputando con los doctores," no tiene apoyo ninguno en este pasaje, y da una idea impropia é incorrecta, que debe desaprobarse por los cristianos. No hay absolutamente en la relación que tenemos á la vista la menor indicación de disputa.

52. Crecía en sabiduría y en estatura. Un párrafo de las Anotaciones de Poole sobre este particular es digno de leerse:"Si algunos preguntaren como Aquel, que era la sabiduría eterna del Padre, quien es un solo Dios, crecía en sabiduría, es preciso que sepan que todo lo que se dice en la Escritura de Cristo, no se dice con respecto á toda su personalidad, sino con respecto á una, ó á la otra naturaleza en Él unidas. Él crecía en sabiduría, como crecía en edad ó estatura, esto es, en cuanto a su naturaleza humana, no en cuanto á su naturaleza divina. á medida que Dios le concedía más gracia y mayores bendiciones El se granjeaba la buena voluntad de los impíos y del pueblo de Galilea."

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
e-Sword
Versión 7.6.1
Copyright 200-2005
Rick Meyers
All Right reserved worldwide
E-Sword is given freely to all
To learn more visit:
www.e-sword.net/support.html
e-sword is a registered trademark of Rick

Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Lucas
J.C. C Ryle
Libros CLIE
Galvani, 115, Terrassa (Barcelona)

 

Ministerio 100% bíblico
Hacemos traducciones cristianas del Inglés - Español - Inglés
Consulta nuestro índice de libros que podemos traducir para tí.
Tenemos obras cristianas desde el siglo XV en formato electrónico.

"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

Este sitio está siendo desarrollado por:
Martha Iñiguez Moreno
Por favor, haga llegar cualquier comentario sobre el mismo a:

lady59cat@yahoo.com.mx


Ladycat