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La autoridad de Jesús Lucas 20.1-8 1 Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, 2 y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién es el que te ha dado esta autoridad? 3 Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: 4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? 5 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 6 Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta. 7 Y respondieron que no sabían de dónde fuese. 8 Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas. |
La autoridad de Jesús Lucas 20.1-8 Mt. 21.23-27; Mr. 11.27-33 Mt. 21.23-27 23 Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta autoridad? 24 Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. 25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 26 Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. 27 Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas. Mr. 11.27-33 27 Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, 28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas? 29 Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas. 30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme. 31 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 32 ¿Y si decimos, de los hombres...? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta. 33 Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 20:1-8. Notemos, en primer lugar, la naturaleza de la exigencia que los príncipes de los sacerdotes y los escribas tuvieron con nuestro Señor. "Dinos," le preguntaron, " con qué autoridad haces estas cosas; ó quién es el que te ha dado esta autoridad." Es bien fácil percibir qué razones influyeron en el ánimo de esos hombres para tener semejante exigencia: ellos abrigaban odio y envidia contra el Señor; veían que su influjo crecía cada día, en tanto que el poder que ellos habían poseído estaba en decadencia; y se propusieron, por lo tanto, hacer lo posible por impedir el progreso del nuevo Maestro. Con ese fin le disputaron su autoridad. Pudieron haber examinado sus maravillosas obras, y en justicia debieron haber comparado sus doctrinas con los preceptos de la Sagrada Escritura. Pero rehusaron hacer lo uno y lo otro, y prefirieron poner en duda sus credenciales. Todo leal cristiano que procure hacer bien á sus semejantes, está expuesto á recibir el mismo tratamiento que su Maestro. Ni debe sorprenderse al advertir que su conducta disguste á los hipócritas y á los mundanos. Que todos los que son perseguidos del mundo por haber hecho bien se consuelen con el pensamiento de que el cáliz de que beben es el mismo que bebió nuestro Señor. Su Maestro que está en los cielos se conduele de ellos. Que continúen sus obras con paciencia y estén persuadidos de que, si son fieles, tarde ó temprano serán vindicados. Si hubiéramos de aguardar hasta que el mundo aprobara nuestros planes y diera asenso á nuestros esfuerzos, jamás haríamos nada sobre la tierra. Notemos, en segundo lugar, en que términos se refiere nuestro Señor á la conducta de Juan él Bautista. Se nos dice que llamó la atención de los que ponían en duda su autoridad, al testimonio que de él dio Juan. ¿ No deberían ellos tener presente que su precursor le había dado el título de Cordero de Dios, y había dicho que no era digno de desatarle la correa del zapato, y que tenia el aventador en la mano y poseía el Espíritu sin medida ? ¿No deberían recordar que ellos y toda Jerusalén habían ido á presenciar el bautismo de Juan, y habían confesado que este precursor era profeta? Y sin embargo, Juan les había dicho terminantemente que Cristo era el Mesías. Por cierto que si fueran ingenuos no vendrían á poner en duda su autoridad. Si realmente creían que Juan era un profeta enviado de Dios, estaban obligados á creer que Jesús era el Cristo. Existen razones para dudar si los cristianos, por lo general, comprenden en toda su importancia la misión de Juan el Bautista. La brillantez de la historia de nuestro Señor ofusca la de la historia de su precursor. Sin embargo, no se debe olvidar que la predicación y hechos de Juan produjeron un efecto admirable en el ánimo de la nación Judía; que despertaron las esperanzas de Israel de un extremo á otro de Palestina; y sobre todo, que no dejaron disculpa alguna á los judíos para que rechazasen á nuestro Señor cuando viniese, puesto que no podían decir que se les había aparecido de sorpresa. Por poco que sea el aprecio que los hombres hagan de las labores del ministro del Evangelio, hay en el cielo un Ser que todo lo ve y de todo toma cuenta. Aunque no se comprendan sus actos y aunque se les calumnie y se les llene de baldón, Jesucristo registra todo en su libro. Puede ser que en el mundo les sobrevengan chascos y tribulaciones, mas su Salvador jamás los olvida. Notemos, por último, la falsedad de que se hicieron culpables los enemigos de nuestro Señor. En contestación á la pregunta que lea hizo respecto de si el bautismo de Juan era del cielo ó de los hombres, ellos contestaron que no sabían. Esta fue una mentira palpable. Pudieron haber contestado, pero no quisieron. Bien sabían ellos que si decían lo que realmente creían, se condenarían á sí mismos. Si confesaban que Juan era un profeta enviado de Dios, tendrían que aparecer como inconsecuentes en no creer lo que él dijo respecto de Cristo. Es de temerse que falsedades de esta naturaleza son bastante comunes. Millares de personas hay que dicen cualquiera cosa por no confesar que se han equivocado. El número de mentiras que se dicen por hombres que quieren poner en salvo su reputación, es tal vez mayor de lo que pensamos. Bueno será que el verdadero siervo de Cristo recuerde estas cosas, y no dé crédito á todo lo que oye, ni crea que los no convertidos hablan siempre de acuerdo con sus convicciones. Muchos de ellos abrigan mejores sentimientos de los que aparentan tener; y á menudo dicen contra la religión y contra la gente que la profesa cosas que saben no son ciertas. Que el siervo de Cristo siga con paciencia su camino. Los que ahora son sus enemigos confesarán algún día que tenía razón, aunque hoy griten á voz en cuello que no la tiene. NOTAS. LUCAS 20:1-8. 1. En el templo. Según el original esta palabra denota el atrio exterior del templo, en el cual todos los judíos podían penetrar. 5. Por que, pues, no le creísteis. Estas palabras implican lo siguiente: "¿Por qué no creísteis lo que dijo de mí?" 8. Ni yo os digo tampoco. Nuestro Señor obró con justicia en negarse a contestar, porque le dirigieron la palabra con malévolas intenciones. |
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Los labradores malvados Lucas 20.9-18 9 Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, (Is. 5.1-2) la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo. 10 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 11 Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a éste también, golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías. 12 Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera, herido. 13 Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto. 14 Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. 15 Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? 16 Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre! 17 Pero él, mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo? (Sal. 118.-22) 18 Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará. |
Los labradores malvados Lucas 20.9-18 Mt. 21.33-34; Mr. 12.1-11 Mt. 21.33-34 33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? 41 Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. 42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. 44 Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. 45 Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. 46 Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta. Mr. 12.1-11 1 Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 2 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. 3 Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 4 Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. 5 Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. 6 Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. 8 Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña. 9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros. 10 ¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo; 11 El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 12 Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron |
Lucas 20.9 Is. 5.1-2 1Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. 2 La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Lucas 20.17 Sal. 118.22 La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 20.9-19 La parábola de la viña, que, queda trascrita, es una de las pocas que se registran en más de un Evangelio. Se encuentra con todos sus detalles en el de S. Mateo, el de S. Marcos y el de S. Lucas. Tal repetición es suficiente para convencernos de su importancia. Sin duda fue pronunciada especialmente para provecho de los judíos á quienes fue dirigida. Más no debe aplicarse á ellos exclusivamente. Contiene lecciones que la iglesia de Cristo debiera recordar en todo tiempo, en todas las edades. La parábola nos da á conocer, en primer lugar, cuan corrompida es la naturaleza humana. El comportamiento de los malos labradores es una viva representación del modo con que el hombre se conduce para con su Dios, es una reseña fiel de la historia de la iglesia judaica. A despecho de privilegios superiores á los de cualquiera otra nación y á vista de las admoniciones más claras y terminantes, los judíos se rebelaron contra el justo poder de Dios, rehusaron darle la gloria que le era debida, desoyeron la voz de sus profetas, y por último, suspendieron de un madero á su Único Hijo. También es una reseña fiel de la historia de las iglesias de los gentiles. Llamados como estos fueron cuando estaban sumergidos en la oscuridad del paganismo, "no han andado como es digno de su vocación." Bien al contrario, han dejado que falsas doctrinas cundan en medio de ellos, y "han crucificado á Cristo de nuevo." Es un hecho lamentable que en dureza, en incredulidad, en superstición, en hipocresía, la iglesia cristiana, generalmente hablando, no va en zaga á la iglesia judaica de la época en que nuestro Señor habitó en el mundo. Ambas han sido descritas con estricta fidelidad en la parábola de los malos labradores, pues ambas han abusado de los privilegios que se les han concedido y despreciado las amonestaciones que se les han hecho. Pidamos al Todopoderoso nos ilumine la mente para que alcancemos á comprender cuan malo es el corazón del hombre. Es de temerse que raras son las personas que tienen una idea, ni aun remota, de la maldad con que nacen; y el conocimiento de esa maldad es de la mayor importancia. Quien no reconoce sus pecados, no puede llegar á comprender cuan grandes son las bendiciones que Cristo ha derramado sobre el mundo. Esta parábola nos demuestra, en seguida, cuan asombrosas son la paciencia y la longanimidad de Dios. La conducta del señor de la viña representa á lo vivo el modo con que Dios obra con el hombre. Primeramente la misericordia de que usó con la iglesia judaica. Profeta tras profeta fue enviado á avisar á Israel del peligro que le amenazaba. Exhortación tras exhortación fue dirigida, á despecho de que se cubría de baldón y de afrenta á los hombres justos que la hacían. Más también representa la manera clemente con que ha obrado con las iglesias gentiles. Ha sobrellevado la conducta de estas por espacio de diez y ocho siglos. Aun á vista do la falsedad de algunas de sus doctrinas, á vista de su superstición y del desprecio de su palabra; les ha concedido épocas de sosiego; les ha enviado ministros é impávidos reformadores; y las ha dejado seguir su marcha sin interrupción. Bien haríamos en sentirnos más agradecidos hacia Dios por su misericordia. Es innegable que no tenemos una idea adecuada de los favores que debemos al Creador, del número de exhortaciones llenas de demencia que el Señor de la viña envía á nuestras almas. La misericordia es el atributo predilecto de Dios: "El es amador de misericordia." Miqueas 7:18. En el último día contemplaremos con asombro y admiración una larga serie de actos de bondad que en esta vida habían pasado desapercibidos Entonces comprenderemos que el Señor nos había hablado y nosotros no habíamos oído, y nos había hecho exhortaciones y no nos habíamos apercibido de ellas. Pocos textos nos vendrán á la mente ese día con tanta claridad como las siguientes palabras de S. Pedro: "El Señor es paciente para con nosotros, no deseando que ninguno perezca." 2 Pedro 3:9. Esta parábola nos enseña, finalmente, cuan severos son los juicios de Dios para con los pecadores obstinados. El castigo infligido á los malos labradores simboliza la pena que Dios impondrá á los que continúen en su maldad. Si tenemos presente en que época fue pronunciada esta parábola nos convenceremos de que era en parte una profecía de la ruina que estaba á punto de caer sobre la iglesia y la nación de los judíos. El Señor iba á arrojar de la viña que poseía en Israel á los arrendatarios desleales. La ciudad de Jerusalén iba á ser destruida; el templo iba á ser incendiado; y los judíos iban á ser esparcidos por toda la tierra. Mas también es de temerse que sea, por otra parte, una predicción de lo que ha de acaecer á las iglesias gentiles en los postreros tiempos. El juicio de Dios descenderá sobre los cristianos incrédulos de la misma manera que descendió sobre los judíos incrédulos. La solemne predicción que S. Pablo hizo á los Romanos no se ha cumplido todavía: "Si no permanecieres en su bondad tú también serás cortado." Rom. 11:22. No nos lisonjeemos con la idea de que Dios no puede airarse. Cierto es que su misericordia y su compasión no tienen término, pero también está escrito que: "Dios es fuego consumidor." Heb. 12 .29. Día vendrá en que su paciencia llegará á su fin, y en que descenderá á juzgar toda la tierra. ¡Dichosos los que se hallen en el arca en el día de la ira de Dios! ¿Sabemos todo esto, y somos consecuentes en nuestra conducta? Se nos refiere que los príncipes de los sacerdotes y los escribas entendieron que contra ellos había dicho la parábola; mas eran tan orgullosos que no se arrepintieron, y estaban tan endurecidos que no pudieron abandonar sus pecados. Cuidemos de no hacer lo mismo. NOTAS. LUCAS 20:9-19. 10. Y comenzó á decir al pueblo esta parábola. Nótese que nuestro Señor dirigió la palabra á todos los circunstantes, y no únicamente á los sacerdotes y á los ancianos. La parábola es en si misma una admirable combinación del símil, de la historia y de la profecía. Cirilo la llama: "La historia del pueblo de Israel en compendio." Una viña. En la profecía de Isaías se encuentra esta expresión en un sentido figurado: "Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos la casa de Israel es." Isa. 5:7. En el pasaje de que venimos tratando parece significar la tierra de Judea juntamente con las prerrogativas de que gozaba la nación judía. Labradores. Los labradores simbolizan al pueblo judío y á sus príncipes y sacerdotes. 10, 11, 12. Un siervo. Los siervos significan en estos tres versículos los profetas y otros á quienes Dios envió para llamar í los judíos al arrepentimiento. 13. Mi hijo amado. No cabe dar á estas palabras más que una sola interpretación. Jesús hizo alusión á sí mismo y al tratamiento indigno que iba a recibir de los judíos. 16. Vendrá y destruirá á estos labradores. En este versículo la parábola toma un estilo profético. Nuestro Señor predijo la destrucción de Jerusalén, el esparcimiento de los judíos, y el llamamiento de los gentiles. 17. La piedra. Es decir Cristo. Aunque desechado de los que se llamaban edificadores de la iglesia judaica, El vendría á ser, según se había profetizado, la cabeza de la esquina. Véase Salmo 118:22. |
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La cuestión del tributo Lucas 20.19-26 19 Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo. 20 Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador. 21 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. 22 ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? 23 Más él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? 24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. 25 Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 26 Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron. |
La cuestión del tributo Lucas 20.19-26 Mt. 21.45-46; 22.15-22; Mr. 12.12-17 Mt. 21.45-46 45 Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. 46 Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.; 22.15-22 15 Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. 16 Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. 17 Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? 18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.20 Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? 21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 22 Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron. Mr. 12.12-17 12 Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron 13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. 14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? 15 Más él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. 16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. 17 Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 20:20-26. Notemos, en primer lugar, cuan grande fue la hipocresía con que se allegaron al Señor algunos de sus adversarios. Se nos dice que los príncipes de los sacerdotes y los escribas enviaron espías que habían de simularse justos. También se nos refiere que estos procuraron engañarlo por medio de la adulación, diciéndole: "Sabemos que dices y enseñas bien; y que no tienes respeto á la persona de nadie, antes enseñas el camino de Dios con verdad." Estas palabras tenían un sonido halagüeño. Algún circunstante poco avisado habría dicho al oírlas: "Estos hombres buscan la verdad con toda sinceridad." Mas todo eso era falso y fingido: era que los lobos se estaban poniendo pieles de oveja con el vano empeño de engañar al pastor. El verdadero siervo de Cristo está siempre expuesto á los lazos que le tiendan personas de la clase arriba indicada. Nunca faltarán hombres que por razones siniestras profesen con los labios amar á Cristo, en tanto que interiormente lo nieguen. Nunca faltarán hombres que, con palabras lisonjeras, procuren engañar á los crédulos. El que no quiera sufrir engaños y desengaños en este mundo depravado ha de procurar no olvidar estas verdades. Es preciso que no nos confiemos inmediatamente de todo el que pretenda ser nuestro cofrade, y que no nos imaginemos que todos los que hablan como buenos lo son. Tal advertencia puede parecer á primera vista mezquina y poco caritativa; mas, cuanto más tiempo vivamos, tanto más necesaria nos parecerá. La experiencia habrá de enseñarnos tarde ó temprano que no todo lo que relumbra es oro, y que no todos los que protestan á viva voz ser cristianos lo son. En la conducta, y no en las palabras, es en lo que se deja conocer mejor el carácter de un hombre. Notemos, en segundo lugar, cuan grande fue la sabiduría que reveló nuestro Señor en la contestación que dio á sus adversarios. Se nos dice que le propusieron para su resolución una cuestión muy difícil y artificiosa. Hela aquí: " ¿Nos es lícito dar tributo á César ó no?" Tal cuestión estaba dispuesta de manera que confundiese a todo el que intentase contestarla. Si nuestro Señor hubiese replicado que no era lícito dar tributo á César, es bien seguro que lo habrían acusado ante Pilatos como rebelde contra el régimen romano. Si, por otra parte, hubiera respondido que era lícito dar tributo á César, lo habrían denunciado ante el pueblo como conculcador de los fueros y prerrogativas de la nación judía. Á primera vista parece imposible que se pudiese dar una contestación que dejase burladas tan malévolas intenciones. Pero Jesús, el Verbo Eterno, dio una respuesta que redujo al silencio á sus adversarios. Mandó que le mostrasen una moneda; y en seguida les preguntó de quien era la imagen y la inscripción que en ella se veían. Le contestaron: "De César." Al instante nuestro Señor dedujo de ahí una contestación que llenó de asombro hasta á sus mismos adversarios: " Dad á César," les dijo, "lo que es de César; y lo que de Dios á Dios." Sí, habían de dar á César lo que era de César. Con sus propios labios habían confesado que César tenía cierta autoridad temporal sobre ellos. El dinero que dicho emperador había hecho acuñar era entre ellos legítimo medio de cambio. Es muy probable que no tuvieran inconveniente alguno en recibir dinero romano en calidad de regalo ó en pago de cantidades que se les adeudasen. No podían por lo tanto afirmar que todo pago que se hiciese á César era ilícito. Según lo que ellos mismos habían confesado, ejercía autoridad sobre su nación; por lo tanto, debían obedecerle en todo lo temporal. Si no rechazaban el dinero de César, tampoco debían rehusarle el tributo que le era debido. También habían de dar á Dios lo que es de Dios. El Eterno les había impuesto deberes que podían haber cumplido si hubieran querido. La veneración, el amor, la obediencia, la fe, el temor, la oración, el culto espiritual, eran deberes que podían haber practicado diariamente, y en los que el gobierno romano no se habría ingerido. Obligados estaban pues á rendir tributo á Dios en lo espiritual, así como á César en lo temporal. No había necesariamente incompatibilidad alguna entre las dos obligaciones. Los principios que entrañan las palabras de nuestro Señor que quedan citadas, son sumamente importantes. Bueno habría sido por lo que respecta á la paz del mundo que se les hubiera examinado con más detención y aplicado con mayor acierto. Los esfuerzos que en algunos países ha hecho el poder civil para dominar las conciencias de los hombres, y las tentativas que en otros ha hecho la iglesia á fin de intervenir en la marcha del poder civil, han engendrado, por lo común, luchas, guerras, rebeliones y toda clase de disturbios sociales. Muchos y muy graves son los males que la escrupulosidad exagerada de los unos y las exigencias injustas de los otros han acarreado á la causa de la verdadera religión. ¡Dichosos los que tienen opiniones sanas en cuanto de tan alta trascendencia! Distinguir acertadamente entre lo que es de César y lo que es de Dios, y dar á cada cual con regularidad y buena voluntad el tributo que le es debido, son deberes de que no puede desentenderse el que quiera vivir en paz y tranquilidad. NOTAS. LUCAS 20:20-26. 22. ¿Nos es licito dar tributo á César, ó no? Es preciso no olvidar que había una fracción bastante numerosa del pueblo Judío que no llevaba el yugo romano de muy buen grado, y que estaba dispuesta á cubrir de baldón al judío que confesase que la nación era del todo tributaria al emperador romano. 24 La imagen y la inscripción. Lightfoot, escritor ingles, observa que los judíos conservan todavía la tradición de que el hecho de tolerar el título de un príncipe en su moneda como se indicaba que reconocían su sujeción á él. 25. A. César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios. Lo que hace difícil la aplicación de este principio es que los hombres no están de acuerdo sobre qué es lo que pertenece á César y qué es lo que pertenece a Dios; ó en donde terminan los derechos del César y en donde empiezan los de Dios. Preciso es que se tracen los límites de una manera bien clara. La demarcación de esos límites ha sido en todos tiempos fértil causa de luchas, disoluciones y contiendas. Para mayor claridad tomaremos un ejemplo de la historia. Por una parte, el gobierno inglés, durante el reinado de los Estuardos, dio a los derechos del César una latitud verdaderamente espantosa. Hombres inocentes eran perseguidos, porque no adoraban á Dios de una manera determinada. Por otra parte, la iglesia romanista, en los tiempos modernos, está constantemente ingiriéndose en el poder civil de los países donde ha sentado sus reales, y pidiendo para sus miembros privilegios é inmunidades que amenazan la existencia misma del gobierno. En este caso hay un pedimento injusto á favor de lo que es de Dios. Siempre que gocemos libertad para adorar y servir á Dios de acuerdo con lo que nos dicte la conciencia, podemos sin escrúpulo someternos á las exigencias del Estado, aunque en nuestro concepto, no todas ellas sean justas. Todo el que reflexione detenidamente sobre el particular tendrá que convenir en que todo gobierno implica una obligación mutua, y que cada uno de los asociados tiene que resignarse á ceder algo en ciertos puntos en obsequio del bien publico. El sentido común nos enseña que si cada súbdito ó ciudadano ha de ser eximido del pago de una contribución que no le cuadre, el gobierno tendrá que verse en bancarrota. |
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La pregunta sobre la resurrección Lucas 20.27-40 27 Llegando entonces algunos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, (Hch. 23.8) le preguntaron, 28 diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. (Dt. 25.5) 29 Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos. 30 Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos. 31 La tomó el tercero, y así todos los siete, y murieron sin dejar descendencia. 32 Finalmente murió también la mujer. 33 En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer? 34 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento; 35 mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. 36 Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. 37 Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. (Ex. 3.6) 38 Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. 39 Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho. 40 Y no osaron preguntarle nada más. |
La pregunta sobre la resurrección Lucas 20.27-40 Mt. 22.23-33; Mr. 12.18-27 Mt. 22.23-33 23 Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, 24 diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. 25 Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. 26 De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. 27 Y después de todos murió también la mujer. 28 En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron? 29 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. 30 Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. 31 Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: 32 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. 33 Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina. Mr. 12.18-27 18 Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: 19 Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 20 Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. 21 Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera. 22 Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer. 23 En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer? 24 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? 25 Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos. 26 Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? 27 Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis. |
Lucas 20.27 Hch. 23.8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. Lucas 20.28 Dt. 25.5 Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco. Lucas 20.37 Ex. 3.6 Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 20:27-40. Por estos versículos percibimos citan antigua es la incredulidad. Se nos dice que se llegaron á nuestro Señor unos saduceos que negaban la resurrección. Aun en la iglesia judaica, la iglesia de Abrahán, de Isaac y de Jacob, la iglesia de Moisés y de Samuel, de David y de los profetas-aun en esa iglesia, decimos, había escépticos descubiertos y descarados. Si una infidelidad como esta existía en medio del pueblo peculiar de Dios, cuál no debe de haber sido el estado del paganismo. Jamás debemos sorprendernos cuando veamos que, en medio de la iglesia, infieles, deístas, herejes, y libres pensadores se levanten y rodeen de discípulos. Esta es solo una de las muchas pruebas de que el hombre es un ser caído y corrompido. Desde el día en que el diablo dijo á Eva que no moriría, la incredulidad se ha estado manifestando en distintas formas. Nada tienen de nuevo las teorías modernas de los infieles. Todas ellas son como hongos crecen espontáneamente en el terreno cálido de la naturaleza humana. No debe á la verdad asombrarnos que haya tantos que duden de las verdades de la Biblia. Debe antes asombrarnos que en un mundo perverso la secta de los saduceos sea tan pequeña. Consolémonos con la idea de que, á la larga, la verdad ha de prevalecer. Puede suceder que sus defensores sean humildes y que sus argumentos sean muy débiles; mas hay algo intrínseco en la causa misma que le da la victoria. Las grandes evidencias del Cristianismo permanecen como las pirámides, sólidas é inmóviles Las puertas del infierno no prevalecerán contra la verdad de Cristo. Mat 16:18. Estos versículos nos dan á entender, en segundo lugar, que las suposiciones han sido siempre armas favoritas de los escépticos. Se nos cuenta que los saduceos presentaron á nuestro Señor un caso de difícil solución: el de una mujer que se había casado sucesivamente con siete hermanos. Ellos aparentaron desear saber de cual de esos hermanos seria esposa en el día de la resurrección. La intención de la pregunta es bien clara. Era que querían dar á conocer su desprecio por la vida venidera. No es de suponerse que el caso pudiera haber ocurrido fácilmente. Parece mucho más probable que lo hubieran inventado con la expresa intención de crear dificultades para basar sus argumentos. Si nos pusiéramos en contacto con personas de ideas escépticas tendremos que luchar con razonamientos de esta especie. Una complicación imaginaria respecto de la vida venidera es muchas veces el baluarte del incrédulo. ¡No puede entender esto ó aquello! ¡No puede conciliarlo con este ó aquel principio! ¡Es repugnante y absurdo! ¡Es contrario al sentido común! Tales son sus palabras. Razonamientos de esta especie no deben hacernos abandonar nuestras creencias ni por un momento. Por una parte, nada tenemos que ver con casos supuestos ó imaginarios; y por otra, nada adelantamos con cavilar sobre los problemas que se nos presenten respecto de la otra vida. Mucho de lo que acontece más allá del sepulcro nos es ininteligible. Entre tanto, es de nuestro deber esperar con paciencia. Lo que no sabemos ahora lo sabremos en la otra vida. Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, algo acerca del verdadero estado de los justos en el mundo venidero. Nuestro Señor dijo á los saduceos: " Los que fueron tenidos por dignos de aquel siglo, y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento: porque no pueden ya más morir; porque son iguales á los ángeles" Esta descripción pone en claro dos cosas con respecto á los justos glorificados. La primera es, que su felicidad no consistirá en goces físicos, sino en goces espirituales. Ni se casan ni se dan en casamiento. El cuerpo entonces será muy distinto de lo que cu ahora, y no servirá de impedimento para el desarrollo de la parto espiritual del hombre. La segunda es, que su felicidad será eterna. "No pueden ya más morir." No habrá más dolores, ni enfermedades, ni padecimientos de ninguna clase. La maldición será revocada. La muerte misma morirá. El cielo es asunto sobre el cual debiéramos meditar con frecuencia. Casi nada hay en la religión que demuestre más á las claras cuan grande es la insensatez de los no convertidos y el peligro que los amenaza. ¡Un cielo donde todo fuese espiritual no seria cielo para un alma que no ha abandonado sus pecados! Y, por otra parte, pocos asuntos que brinden tanto consuelo y júbilo al cristiano. Esa santidad y esa espiritualidad que procura practicar en esta vida formarán, por decirlo así, la atmósfera de su morada eterna. Allí no lo inquietarán los cuidados de la familia, ni lo oprimirá el temor de la muerte. Que siga, pues, su peregrinación y lleve su cruz con paciencia: el cielo le recompensará todo. Estos versículos nos enseñan, por último, que la creencia en la resurrección data desde la más remota antigüedad. Nuestro Señor demostró que Moisés había abrigado dicha creencia. "Que los muertos hayan de resucitar, Moisés aun lo enseñó junto al zarzal." Que hay una resurrección y una vida venidera ha sido la creencia universal del pueblo de Dios desde el principio del mundo. Abel, y Enoc, y Noé, y Abrahán, y todos los patriarcas tuvieron siempre fijas las miradas en una herencia mejor de la que poseían acá abajo. "Esperaban ciudad con firmes fundamentos." "Anhelaban la mejor patria, es á saber, la celestial." Heb. 11:10 y 16. Adhirámonos con tenacidad á esta gran verdad. Ella nos alentará cuando estemos agobiados de trabajos, y nos consolará á la hora de la muerte. En el primer caso recordaremos que, aunque la suerte nos sea adversa, hay una vida en la cual no sobrevienen desgracias al hombre; en el segundo, que aunque los gusanos destruyan el cuerpo, en la carne veremos á Dios. Job 19:26. No permaneceremos en el sepulcro para siempre. El Señor no es Dios de los muertos sino de los vivos. NOTAS. LUCAS 20:27-40. 37. Uno de los caduceos. Lo único que sabemos de una manera positiva acerca la los saduceos, en que negaban que hubiese resurrección, ó ángel, ó espíritu. Actos 23:8. 28. Su hermano tomó la mujer. Era solo cuando el primer marido moría sin dejar hijos, que tal matrimonio recibía la sanción de la ley. 34 Los hijos de este siglo se casan. En estas palabras no se puede apoyar la creencia que tienen los romanistas que el estado del celibato es más sagrado que el del matrimonio. La distinción que nuestro Señor hizo no mengua en nada la santidad de este estado. Solo quiere decir que la situación que tanto los hombres como las mujeres ocuparan en el mundo venidero será del todo distinta á la que ocupan al presente. "Los hijos de este siglo" es expresión que, en el caso de que tratamos, no se aplica a los incrédulos, sino á todos los que viven acá en la tierra. 86. Iguales á los ángeles. Es preciso no deducir de estas palabras que los santos en la gloria sean en un todo como los ángeles. Serán como ellos en cuanto á que estarán libres de la muerte y de toda enfermedad, y en cuanto á que, por la naturaleza misma de su ser, no necesitarán casarse. 37. Y que los muertos hayan de resucitar, Moisés aun lo enseñó junto al zarzal Esta cita ha dado origen á reñidas controversias. A primera vista no parece probar la certeza de la resurrección sino la de la vida venidera. Es evidente, sin embargo, que el argumento que nuestro Señor empleó redujo al silencio completamente á los saduceos, y obtuvo la aprobación de los escribas. Ahora bien, si los saduceos no hubieran creído que el argumento era convincente, no se habrían sometido de tan buen grado. |
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Textos
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¿De quién es hijo el Cristo? Lucas 20.41-44 Entonces él les dijo: 41 ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? 42 Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 43 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. (Sal. 110.1) 44 David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo? |
¿De quién es hijo el Cristo? Lucas 20.41-44 Mt. 22.41-46; Mr. 12.35-37 Mt. 22.41-46 41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, 42 diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43 El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más Mr. 12.35-37 35 Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? 36 Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. 37 David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo? Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana. |
Lucas 20.42-43 Sal. 110.1 Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. |
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Jesús acusa a los escribas Lucas 20.45-47 45 Y oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos: 46 Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; 47 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación. |
Jesús acusa a los escribas Lucas 20.45-47 Mt. 23.1-36; Mr. 12.38-40; Lc. 11.37-54 Mt. 23.1-36 1 Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: 2 En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. 3 Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; más no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. 4 Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. 5 Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6 y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, 7 y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. 8 Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. 9 Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. 10 Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. 11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. 12 Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. 13 Más ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. 14 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación. 15 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. 16 ¡Ay de vosotros, guías ciegos! Que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor. 17 ¡Insensatos y ciegos! Porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? 18 También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor. 19 ¡Necios y ciegos! Porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? 20 Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; 21 y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita; 22 y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él. 23 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. 24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello! 25 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. 26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. 27 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. 28 Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. 29 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, 30 y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. 31 Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. 32 ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! 33 ¡Serpientes, generación de víboras!¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? 34 Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; 35 para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. 36 De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. Mr. 12.38-40 38 Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, 39 y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; 40 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación. Lc. 11.37-54 37 Luego que hubo hablado, le rogó un fariseo que comiese con él; y entrando Jesús en la casa, se sentó a la mesa. 38 El fariseo, cuando lo vio, se extrañó de que no se hubiese lavado antes de comer. 39 Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. 40 Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro? 41 Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio. 42 Mas ¡ay de vosotros, fariseos! Que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello. 43 ¡Ay de vosotros, fariseos! Que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas. 44 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben. 45 Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le dijo: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros. 46 Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! Porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis. 47 ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres! 48 De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros. 49 Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán, 50 para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, 51 desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación. 52 ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! Porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis. 53 Diciéndoles él estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas; 54 acechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 20.41-47 Observemos en este pasaje cuan notable es la atestación que él libro de los Salmos contiene acerca de la divinidad de Jesucristo. Se nos refiere que nuestro Señor, después de contestar con calma los argumentos de sus enemigos, dirigió á estos una pregunta á su turno, suplicándoles que explicaran una expresión contenida en el salmo ciento diez, según la cual David, aludiendo al Mesías, lo llama su Señor. Los escribas no acertaron á dar respuesta alguna. Era que no podían percibir la gran verdad de que el Mesías había de ser Dios á la vez que hombre, y que, si como hombre seria hijo de David, como Dios seria Señor de él. Su ignorancia de las Escrituras fue así descubierta ante el pueblo. Después de haberse gloriado de ser maestros de los demás y depositarios de las llaves del saber, resultaron ser incapaces de explicar el contenido de sus propias Escrituras. Fácilmente se puede imaginar cuánto debió mortificar á los adversarios de nuestro Señor esa derrota. Nada hay para el hombre que le hiera tanto el orgullo como que se le haga ver que ignora aquello mismo que pretende saber. Por lo común no se tiene una idea adecuada del número y de la profundidad de las verdades contenidas en el salterio. Es un error grande suponer que este no es sino una especie de libro de registro en el cual se han descrito los sentimientos y la vida práctica de David, y se han apuntado sus alabanzas y plegarias. Las líneas fueron por lo general trazadas por la mano de David, pero la materia de esas composiciones poéticas era á menudo algo más profundo que la historia del hijo de José. El libro de los Salmos trata de Cristo, en su pasión, en su humillación, en las agonías de la muerte, en su resurrección, en su segundo advenimiento, en fin, como Rey de todo el mundo. Leamos siempre los salmos con reverencia y digámonos siempre que los leamos: "Este libro trata de un Ser superior á David." Lo mismo puede decirse de toda la Biblia. El caudal inagotable de sabiduría que en ella se contiene es la mejor prueba de su inspiración. Cuánto más la leamos más verdades descubrimos en ella. Con otros libros sucede que nuestra admiración disminuye á medida que repetimos su lectura. Solo la Biblia parece más profunda, más abundante en preceptos instructivos cuanto más la leemos. Ni tenemos necesidad de esforzarnos en descubrir significados místicos ó alegóricos: las verdades que á cada paso se presentarán á nuestros ojos son claras y sencillas. Todo esto no puede atribuirse á otra cosa sino al hecho de que la Biblia es la palabra de Dios, y no ha sido inventada por el hombre. Notemos, en segundo lugar, cuan odiosa es la hipocresía á los ojos de Cristo. Se nos refiere que dijo á sus discípulos en presencia de todo el pueblo : "Guardaos de los escribas que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casas de las viudas, simulando larga oración." Hay algo muy notable y franco en esta admonición. Fue una denuncia pública, preciso es tener presente, de hombres que ocupaban la silla de Moisés y eran los maestros del pueblo judío. Esto nos enseña de una manera inequívoca, que hay épocas en que los pecados de los que ocupan altas posiciones son de tal naturaleza que estamos en el deber de alzar la voz contra ellos. Para Cristo no hay quizá pecado tan grave como el de la hipocresía. Ciertamente ninguno otro hizo desprender de sus labios tantas y tan enérgicas protestas durante los tres años que se presentó en público. El siempre rebosaba de misericordia y de compasión para con los pecadores; mas cuando vio que la religión de los escribas y los fariseos no era sino una especie de manto con que se cubrían, que su santidad era meramente externa, y que su corazón estaba lleno de maldad y cuando vio eso, se llenó de indignación. En un solo capítulo (Mat. 23) se encuentra repetida por ocho veces esta expresión suya: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!" Notemos, por último, que según nos lo enseña este pasaje, habrá en el infierno diferentes grados de sufrimientos y dolores. Las palabras de nuestro Señor sobre este particular son claras y terminan-lea; pues dijo relativamente á los que viven y mueren en la hipocresía: "Estos recibirán mayor condenación." El tema que sugieren estas palabras es triste en verdad. Que el castigo impuesto en la otra vida es real y eterno, es una de aquellas verdades de la religión revelada en que no podemos meditar sin experimentar un pavor indescriptible. Pero es bueno que estemos bien enterados de lo que enseña la Biblia acerca de la vida venidera. Ese sagrado libro nos enseña que habrá diferentes grados de gloria en el cielo; y con no menos claridad nos da á entender que habrá diferentes grados de sufrimiento en el infierno. Más después de haber entendido todo esto ocurre preguntar: ¿quiénes serán los condenados? He aquí la cuestión que más de cerca nos concierne. Todos los que no se allegan á Cristo; todos los que no aman á Dios ni obedecen el Evangelio; todos los que rehúsen arrepentirse y continúan en su maldad; todos estos serán condenados. Dios no desea su ruina; mas si no quieren oír su voz, fuerza es que mueran en sus pecados. Más ¿cuáles de ellos recibirán mayor castigo? No serán los paganos que jamás oyen la verdad; ni tampoco aquellos desdichados que, aunque viven en naciones cristianas, jamás tienen quien los instruya en materias religiosas. Serán los que, poseyendo abundantes conocimientos, no hacen uso de ellos; serán los que profesan grande santidad y religiosidad, pero en realidad continúan en sus pecados; en una palabra, serán los hipócritas. Espanto da el decirlo; pero es cierto. NOTAS. LUCAS 20:41-47 41. Y él les dijo, etc. No debe pasarse por alto que este versículo está enlazado con los dos que le preceden. Parece bien claro que Jesús se dirigió á los escribas. Estos habían aprobado la contestación que Él dio á los saduceos; más ¿entendían ellos, por su parte, las Escrituras? Nuestro Señor les demostró que no las entendían. 44. Cómo, pues, es su hijo. Esta es una pregunta concerniente á la persona del Mesías, que solo podía contestarse por medio de la admisión de que era Dios así como también hombre, y hombre así como también Dios. 46. Quieren andar con ropas largas. Esta expresión puede referirse ó bien á los vestidos extravagantemente largos de que se envanecían los escribas, ó bien á los flecos que estos ponían á dichos vestidos con arreglo a la ley (Num. 15:38), y que eran de una anchura extraordinaria. |
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