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El complot para matar a Jesús Lucas 22.1-6 1 Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua. (Ex. 12.1-27) 2 Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo. 3 Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce; 4 y éste fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría. 5 Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero. 6 Y él se comprometió, y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo. |
El complot para matar a Jesús Lucas 22.1-6 Mt. 26.1-5, 14-16; Mr. 14.1-2, 10.11; Jn. 11.45-53 Mt. 26.1-5 1 Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: 2 Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado. 3 Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, 4 y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. 5 Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo., 14-16 14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, 15 y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. 16 Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle. Mr. 14.1-2 1 Dos días después era la pascua, y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño y matarle. 2 Y decían: No durante la fiesta para que no se haga alboroto del pueblo., 10.11 10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. 11 Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle. Jn. 11.45-53 45 Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. 46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho. 47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. 48 Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación. 49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; 50 ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. 51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; 52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. 53 Así que, desde aquel día acordaron matarle. |
Lucas 22.1 Ex. 12.1-27 1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: 2 Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año. 3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. 4 Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. 5 El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. 6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. 8 Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. 9 Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10 Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. 11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. 12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. 13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. 14 Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis. 15 Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel. 16 El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. 17 Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18 En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. 19 Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel. 20 Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura. 21 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. 22 Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. 23 Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. 24 Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25 Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito. 26 Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27 vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró. |
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Institución de la Cena del Señor Lucas 22.7-23 7 Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. 8 Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos. 9 Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? 10 El les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, 11 y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? 12 Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí. 13 Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. 14 Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. 15 Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! 16 Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. 17 Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; 18 porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. 19 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto (Jer. 31.31-34) en mi sangre, (Ex. 24.6-8) que por vosotros se derrama. 21 Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. 22 A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; (Sal. 41.9) pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! 23 Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto. |
Institución de la Cena del Señor Lucas 22.7-23 Mt. 26.17-29; Mr. 14.12-25; Jn. 13.21-30; 1 Col. 11.23-26 Mt. 26.17-29 17 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? 18 Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mí tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. 19 Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua. 20 Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce. 21 Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. 22 Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? 23 Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. 24 A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, más ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. 25 Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho. 26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; 28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. Mr. 14.12-25 12 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? 13 Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, 14 y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? 15 Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. 16 Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. 17 Y cuando llegó la noche, vino él con los doce. 18 Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. 19 Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo? 20 El, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. 21 A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, más ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. 22 Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. 23 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. 24 Y les dijo: Esto es mi sangre nuevo pacto, que por muchos es derramada. 25 De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios. Jn. 13.21-30 21 Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. 22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. 23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús. 24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. 25 El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? 26 Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. 27 Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto. 28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. 29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres. 30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche. 1 Col. 11.23-26 23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. 26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. |
Lucas 22.20 Jer. 31.31-34 31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Lucas 22.20 Ex. 24.6-8 6 Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció l 7 Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos. 8 Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas. Lucas 22.22 Sal. 41.9 Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 22:1-13. En el capítulo al cual dan principio estos versículos empieza la relación que hace S. Lucas de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Ningunas de las páginas del Evangelio son tan importantes como estas. La muerte de Cristo fue la vida del mundo. Ni hay parte de la historia de nuestro Señor que los evangelistas hayan referido de una manera tan circunstanciada como esta. Solo dos de ellos relatan el nacimiento de Jesús; mas todos cuatro, y en especial Lucas, narran su muerte con minuciosidad. En estos versículos percibimos, en primer lugar, que ni aun los más altos destinos eclesiásticos pueden preservar á los que los desempeñan, de caer en el error y en el pecado. Se nos dice que los príncipes de los sacerdotes y los escribas procuraban matar á Jesús. Los hombres que dieron los primeros pasos para causar la muerte de Jesús, eran maestros de la nación judía. Los siervos que debieron haber dado la bienvenida al Mesías fueron quienes se conspiraron para matarlo. Los-pastores que debieron haberse regocijado cuando apareció el Cordero de Dios, fueron los mayores cómplices de su inmolación. Ellos ocupaban la silla de Moisés y se jactaban de ser guías de los ciegos y luz do los que estaban en tinieblas, Rom. 2:19. Pertenecían á la tribu de Leví y la mayor parte de ellos descendían por línea recta de Aarón. Y sin embargo, crucificaron al Señor de gloria. Con toda su decantada sabiduría eran más ignorantes que los pocos pescadores de Galilea que siguieron á Cristo. Guardémonos de tributar demasiada veneración á los ministros de la religión á causa de su estado. Las herejías más atroces y los abusos más abominables, han sido introducidos en la iglesia por hombres que, en alguna época, recibieron las órdenes sagradas. Es cierto que los que son superiores en dignidad merecen cierto respecto, y que es preciso no prescindir del orden y de la disciplina; pero hay ciertos límites más allá de los cuales no es prudente que penetremos. Necesario es que no dejemos que ciegos nos guíen para precipitarnos en el abismo: necesario es que no dejemos que sacerdotes y escribas ó la moderna nos hagan crucificar á Cristo de nuevo. Es de nuestro deber pesar á todos los ministros en la fiel balanza de la palabra de Dios. Importa poco quien es el que dice algo sobre religión; pero sí importa mucho qué es lo que dice. ¿Está de acuerdo con la Biblia? ¿Es cierto? He aquí las únicas preguntas que nos debemos hacer. Advertimos, en seguida, en estos versículos, á qué bajezas tan inauditas pueden descender los hombres después de hacer las protestas más enérgicas. El segundo paso dado en la trama de la crucifixión de nuestro Señor fue la traición de uno de los doce apóstoles: "Y entró Satanás en Judas, que tenia por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce." Estas palabras contienen algo muy terrible. Ser tentado de Satanás es una desgracia, pero ser dominado y cautivado por él es horrible calamidad. Judas Iscariote debiera servir de escarmiento á la iglesia cristiana. Recuérdese que este hombre fue uno de los doce apóstoles escogidos por nuestro Señor; que siguió á su Maestro durante Su vida pública; que lo oyó predicar y presenció sus milagros; que él mismo predicó; que habló como los otros apóstoles; que no había nada que lo distinguiera de Pedro, Juan y Santiago; que nunca se sospechó que tuviera mal corazón. Y no obstante todo esto, resulta ser al cabo un hipócrita, traiciona á su Maestro,- ayuda á Sus enemigos á entregarlo á la muerte, y muere como "hijo de perdición." Esto es terrible; pero cierto. En estos versículos percibimos, además, cuan enorme es el influjo del amor al dinero. Cuando Judas se presentó ante los príncipes de los sacerdotes para traicionar á su Señor, ellos "concertaron de darle dinero." Esas cuatro palabras revelan el secreto de la caída de ese hombre: amaba el dinero. Sin duda había oído la solemne amonestación de nuestro Señor: "Mirad y guardaos de la avaricia" (Lucas 12:15); mas, ó la había olvidado, ó no se había cuidado de ella. La avaricia fue el escollo que le hizo naufragar: la avaricia fue para él causa de la pérdida de su alma. ¿Qué mucho que S. Pablo llamara el amor del dinero raíz de todos los males? 1 Tim. 6:10. Los anales de la iglesia están llenos de ejemplos bien tristes, que manifiestan que esa pasión es uno de los medios do que se sirve Satanás para hacer delinquir á los que han profesado la religión verdadera Giezi, Ananías y Safira, son nombres que naturalmente vienen á la memoria. Más, de todos los ejemplos ninguno es tan triste como el que tenemos á la vista. Por el vil lucro, un apóstol vendió al Maestro más tierno y amable. Por dinero, Judas Iscariote traicionó á Cristo. Telemos y oremos para no ser víctimas del amor del dinero. El pobre está tan expuesto como el rico: se puede amar el dinero sin tenerlo; y se le puede tener sin amarlo. Contentémonos con lo que tengamos. Heb. 13:5. Es un hecho muy notable que no hay sino una oración en el libro de los Proverbios, y que una de las tres peticiones de esa oración es: " No me des pobreza ni riquezas." En estos versículos percibimos, por último, la relación que tiene la muerte de nuestro Señor Jesucristo con la fiesta de la Pascua. Por cuatro veces se nos hace recordar que la noche que precedió al día de la crucifixión era que se celebraba la gran fiesta de los judíos, en que era necesario matar la pascua. Es bien seguro que Dios señaló la hora de la crucifixión. En su sabiduría y su poder infinitos dispuso que el Cordero de Dios muriera al mismo tiempo que se mataba el cordero pascual. La muerte de Cristo fue el cumplimiento de la pascua. Ese fue el sacrificio real que se había simbolizado por mil quinientos años con el cordero sin mancha. Lo que la muerte del cordero había sido para Israel en Egipto, la muerte de Jesús iba á ser para todos los pecadores de la tierra. No perdamos jamás de vista el hecho de que la muerte de Cristo tuvo el carácter de sacrificio. Rechacemos con indignación la idea moderna de que no fue sino un acto de abnegación inaudita. Sin duda que fue un acto de abnegación, mas fue también algo más elevado, más importante: fue una propiciación ofrecida por los pecados del mundo; fue una expiación hecha por la transgresión del hombre. "Cristo nuestra pascua," dice S. Pablo, "ha sido sacrificado por nosotros." NOTAS. LUCAS 22:1-13. 1. Que se llama la Pascua. Esta expresión demuestra que S. Lucas escribió su Evangelio especialmente para provecho de los gentiles. Una explicación da esta naturaleza habría sido superflua si el Evangelio hubiera sido escrito para los judíos. 7. El día......en el cual era menester matar la pascua. Este pasaje presenta una dificultad que ha creado mucha discusión entre los comentadores. La dificultad es esta. Según parece, nuestro Señor comió la pascua en un día de la semana, y los judíos, sus enemigos, lo comieron en otro. El comió la pascua el jueves por la noche, en tanto que se nos dice en palabras terminantes que esa noche "ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino poder comer la pascua." Juan 18:28. La ley decía expresamente que se matase el cordero el catorce por la tarde y se comiese por la noche. ¿Por qué, pues, nuestro Señor y los príncipes de los sacerdotes y los escribas no comieron la pascua al mismo tiempo? ¿Cómo se explica esto? Sin pretender dar una opinión decisiva sobre el asunto, hacemos las dos observaciones siguientes: 1. Es digno de notarse que en la institución original de la pascua se prescribe claramente que se mate el cordero por la noche, pero no se dice con la misma claridad si la cena ha de seguir inmediatamente. Bien al contrario las palabras de que se hace uso son las siguientes: "Y aquella noche comerán la carne asada." Exod. 12:8. ¿No puede, pues, haber sucedido que, cuando los príncipes de los sacerdotes rehusaron ir al pretorio á la hora temprana que menciona S. Juan, aprovecharon la oportunidad para comer la pascua antes de que amaneciese y cumplir así la letra de la ley? Nuestro Señor, en tal supuesto, celebró la fiesta a prima noche, y sus adversarios al llegar esta á su término. 2. También es probable que, en cuanto á la celebración de la pascua, así como respecto de otras materias, los judíos no eran muy puntuales ni cumplían estrictamente la letra de la ley. Creemos que no hay duda de que nuestro Señor la celebrara en debido tiempo; pero bien pudo suceder que sus enemigos no fueran tan cumplidos como él. 13. Y aparejaron la pascua. Para que los preparativos fueran completos, era necesario que hubiera lo siguiente: el cordero, el vino, las yerbas amargas y el pan sin levadura.
Comentarios de J. C. Ryle Lucas 22:14-23. Estos versículos contienen la relación que hace S. Lucas de la institución de la Cena del Señor. Este es un pasaje que todo cristiano verdadero leerá siempre con vivo interés. ¡Cuan sorprendente no es que una ceremonia que en su origen fue tan sencillamente bella haya sido enmarañada y confundida en un laberinto de invenciones humanas! ¡Qué prueba tan dolorosa de la corrupción humana no es el hecho de que una de las más acaloradas controversias que han sembrado la discordia en la iglesia de Dios, haya versado sobre el sacramento de la eucaristía! ¡Grande á la verdad es el ingenio que tiene el hombre para hacer degenerar los dones de Dios! Notemos, ante todo, que el objeto principal de la Cena del Señor es traer á la memoria de los cristianos la muerte expiatoria de Cristo. Al instituir la Cena, Jesús dijo á sus discípulos que lo que iban á hacer era en memoria de Él. La Cena del Señor no es pues un sacrificio, sino esencial y únicamente un rito conmemorativo. El pan que el comulgante come en la cena del Señor, sirve para traerle á la memoria el cuerpo de Cristo que fue ofrecido en la cruz por sus pecados; y el vino que bebe tiene por objeto traerle á la memoria la sangre de Cristo que fue derramada también por sus culpas. Con los dos elementos se anuncia en emblemas palpables á Cristo, como nuestro sustituto crucificado: ellos son, por decirlo así, un sermón visible que habla á los sentidos de los oyentes y enseña así la verdad fundamental del Evangelio, es á saber: que Cristo al morir en la cruz dio vida espiritual al hombre. Bueno será que no perdamos de vista estas verdades. Cierto es que los que participen dignamente en la Cena del Señor recibirán bendiciones señaladas; pero que haya otro medio excepto la fe por el cual los cristianos puedan comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre, debemos siempre negarlo. El que se cerque á la mesa con fe en Jesucristo puede esperar con confianza que su fe sea aumentada; mas no será así con el que lo haga sin fe: después de la comunión estará lo mismo que antes. Notemos, en seguida, que la observancia de la Cena del Señor es obligatoria para todos los verdaderos cristianos. Los términos que nuestro Señor usó al referirse á este asunto son enérgicos y concluyentes: "Haced esto en memoria de mí." No es pues válida, en manera alguna, la suposición que hacen algunos de que estas palabras no son otra cosa que un precepto dado á los apóstoles y á todos los ministros de la religión para que administrasen la Cena del Señor. Las palabras en cuestión indican claramente que el precepto fue dirigido á todos los discípulos. Muchos hombres pierden de vista esta gran verdad. Hay millares y millares de miembros de la iglesia que jamás concurren á tomar parte en la Cena. É individuos que se avergonzarían tal vez de que alguno creyese que quebrantaban el decálogo, no se ruborizan de violar un precepto expreso de Jesucristo. Acaso crean que no cometan falta .alguna con abstenerse de comulgar; acaso olviden que si hubieran vivido en tiempo de los apóstoles no se les habría reputado como cristianos. Ahora bien ¿qué hacemos nosotros sobre este particular? He aquí la cuestión que más de cerca nos concierne. ¿Dejamos de concurrir á participar de la Cena del Señor porque creemos que ese acto no es necesario? Si tal es nuestra opinión debemos abandonarla tan pronto como nos sea posible. No hay que burlarse así de un precepto que el Hijo de Dios nos ha dado de una manera tan terminante. ¿O es que no concurrimos porque no nos encontramos en aptitud para comulgar? Si así fuere, es preciso que sepamos que en tal caso no nos encontramos tampoco en aptitud para morir. El que no es digno de comulgar no es digno del cielo, ni está preparado para el día del juicio. Observemos, por último, quiénes fueron los comulgantes cuando la Cena del Señor fue instituida. No todos ellos eran buenos, ni todos ellos eran creyentes. San Lucas nos informa que el traidor, Judas Iscariote, estaba presente, puesto que á las siguientes palabras de nuestro Señor no puede darse ninguna otra interpretación: "He aquí," dice, "la mano del que me entrega está conmigo en la mesa." La lección que de estas palabras se desprende es sumamente importante. Según ellas, no hemos de reputar á todos los comulgantes como verdaderos creyentes y siervos sinceros de Cristo. Los malos estarán junto á los justos aun en la celebración de la Cena. Nadie puede impedirlo. También se nos enseña que es insensatez dejar de asistir á la celebración del sacramento, porque algunos de los comulgantes no sean cristianos sinceros, ó abandonar la iglesia porque algunos de sus miembros sean malos. El trigo y la cizaña siempre crecerán juntos. Nuestro Señor mismo toleró que hubiese un Judas en la primera comunión que ha tenido lugar. ¿Por qué ha de ser el discípulo más rígido que el Maestro? Que examine su propio corazón y deje que otros contesten por sí mismos ante Dios. Finalmente, si no somos comulgantes preguntémonos, al terminar este pasaje, ¿por qué no lo somos? ¿Qué razón podemos dar para desobedecer un precepto tan expreso? ¡Afortunados seriamos si no nos sintiésemos tranquilos hasta que hubiésemos reflexionado sobre estas preguntas! NOTAS. LUCAS 22:14-23 15. Con deseo he deseado. Este es un idiotismo hebreo que significa, "he deseado sobre manera." 16. Hasta que sea cumplido. Esta expresión significa que nuestro Señor no volvería á comer la pascua. Es también un modismo hebreo. 17. Y tomando la copa, etc. Nótese que el acto descrito en este versículo y en el siguiente se verificó durante la celebración de la pascua, y que la narración de la institución de la Cena no empieza sino hasta el versículo 19. 19. Este es mi cuerpo. Es decir, esto representa mi cuerpo, ó esto es emblema de mi cuerpo. Para un judío esas palabras eran necesariamente muy sencillas é inteligibles. No hay palabra en siríaco ó en hebreo que equivalga al verbo "significar" ó "representar." Haced esto. Los católicos romanos se empeñan en hacer ver que estas palabras significan "ofreced este sacrificio," y que deben aplicarse exclusivamente á los sacerdotes que consagran el pan y el vino, y los ofrecen en la misa. Esa idea es, por cierto, bien controvertible. Si tenemos en cuenta el significado natural de las palabras citadas, nos convenceremos de que fueron dirigidas á todos los discípulos. 20. Esta copa es el nuevo testamento. Ó en otras palabras: "Esta copa representa la nueva alianza, que va á ser sellada y ratificada con mi sangre - con esa sangre que va á ser derramada para vuestro bien." Es bien claro que una copa no puede ser literalmente un testamento ó alianza. El romanista que pretenda que cuando nuestro Señor dijo que el pan era su cuerpo, quiso decir que era su cuerpo real y verdadero, tendría dificultad en explicar el versículo de que tratamos. |
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La grandeza en el servicio Lucas 22.24-30 24 Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. (Mt. 18.1; Mr. 9.34; Lc. 9.46) 25 Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; 26 mas no así vosotros, (Mt. 20.25-27; Mr. 10.42-44) sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. (Mt. 23.11; Mr.9.35) 27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. (Jn. 13.12-15) 28 Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. 29 Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, 30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel. (Mt. 19.28) |
Lucas 22.24 Mt. 18.1; Mr. 9.34; Lc. 9.46 Mt. 18.1 En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Mr. 9.34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. Lc. 9.46 Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor Lucas 22.25-26 Mt. 20.25-27; Mr. 10.42-44 Mt. 20.25-27 25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; Mr. 10.42-44 42 Más Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Lucas 22.26 Mt. 23.11; Mr.9.35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. Mt. 23.11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Mr.9.35 Lucas 22.27 Jn. 13.12-15 12 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Lucas 22.30 Mt. 19.28 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 22:24-30. Observemos, primeramente, con cuánta tenacidad el orgullo y el deseo de ocupar puestos sobresalientes se apoderan hasta de los buenos. Se nos dice que hubo una contienda entre los discípulos sobre quién de ellos era ó parecía ser el mayor. Nuestro Señor había desaprobado en otra ocasión una contienda semejante; á más de eso, el sacramento que los discípulos habían recibido y las circunstancias bajo las cuales se habían congregado, aumentaban la gravedad de la falta. Y no obstante, á esa hora, la última que pasarían en sosiego con su Maestro antes de la crucifixión, los miembros de ese rebaño empezaron á disputar sobre ¡quién seria el mayor! Tal es el corazón del hombre: siempre débil, siempre engañoso, siempre inclinado, aun en los momentos más supremos, á tornarse á lo que es malo. El pecado de que venimos tratando es muy antiguo. La ambición, la vanidad, la presunción están profundamente arraigadas en los corazones de los hombres, y muchas veces en aquellos en que menos se les sospecha. Pocos hay, á la verdad, que se regocijen cuando sus semejantes reciben puestos más elevados que los que ellos ocupan. La envidia que hay en el mundo es una prueba concluyente de la prevalecía alarmante del orgullo. Nadie envidiaría á los que ocupan altos puestos si no creyese que sus propios méritos sean mayores que los de estos. Si profesamos servir á Jesucristo, precavámonos de semejante pecado. Los males que ha causado á la iglesia son incalculables. Tengamos presente constantemente la regla dada á los Filipenses "En humildad de espíritu, estimándoos inferiores los unos á loa otros." Juan Bautista nos ha ofrecido un ejemplo que debiéramos imitar, cuando dijo respecto de nuestro Señor: "A el conviene crecer; mas á mí decrecer." Fil. 2:3; Juan 3: 30. Notemos, en segundo lugar, lo que el Señor dijo acerca de la verdadera grandeza cristiana. El manifestó á sus discípulos que lo que el mundo llamaba grandeza era el señorío y la potestad. "Mas vosotros," dijo, "no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que precede, como el que sirve." Y con firmó este principio de una manera enérgica con su propio ejemplo. "Yo soy entre vosotros como el que sirve." Prestar algún servicio en la iglesia de Dios; estar listo para hacer con humildad cualquiera cosa y ayudar en cualquiera obra buena; tener voluntad para cumplir cualquiera deber, por bajo que sea, y llenar cualquier destino, aun el más desagradable, si de este modo se puede promover la felicidad y pureza de los hombres-he aquí lo que constituye la grandeza cristiana. En la falange de Cristo el héroe no es el hombre de alto rango, el que posee títulos, dignidades y carruajes, y sale seguido do un magnífico séquito. Lo es el que se afana por el bien ajeno más que por el suyo propio; el que es bondadoso, afable y atento con todos; el que siempre está pronto á socorrer á los demás, y á alegrarse cuando ellos se alegran, y llorar cuando ellos lloran; el que se esfuerza y se desvela por disminuir el vicio y la desdicha humana, por consolar á los afligidos, por proteger á los desamparados, instruir á los que no saben y auxiliar á los necesitados. He ahí el hombre que es verdaderamente grande á los ojos de Dios. Bien puede el mundo hacer burla de sus esfuerzos, y dudar de la sinceridad de sus motivos; mas mientras el mundo ríe, Dios aprueba. Aspiremos á la grandeza de esta especie si deseamos ser siervos de Cristo. Cuidemos de atender á las necesidades de un mundo pecador. Loado sea Dios que la grandeza que Jesucristo nos ha recomendado está al alcance de todo el mundo. No todos los hombres poseen erudición, talentos o dinero; mas todos pueden prestar su contingente, ya de un modo, ya de otro, para aliviar las necesidades de los demás. Notemos, en tercer lugar, el encomio que nuestro Señor hizo de sus discípulos. El les dijo á estos: " Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones." Hay algo muy notable en estas palabras. No ignoramos las debilidades y flaquezas de que fueron frecuentemente culpables los discípulos. Jesús los había amonestado muchas veces por su ignorancia y falta de f é; y en la época á que nos referimos El sabía bien que dentro de pocas horas lo iban á abandonar. Sin embargo, el misericordioso Salvador se detuvo á tomar en consideración uno de sus buenos rasgos de conducta, y llamó hacia él la atención de toda la iglesia. Los discípulos, á despecho de todas sus faltas, habían sido fieles á su Maestro. Aunque habían incurrido en errores, su lealtad había permanecido firme. Si somos verdaderos creyentes estemos seguros de que Cristo considera más bien nuestras buenas cualidades que nuestras faltas, que se compadece de nosotros por nuestras debilidades, y que no nos juzgará como merezcan nuestros pecados. No podemos amarlo con demasiado ardor. Puede suceder que cometamos muchos errores; que nos falten conocimientos, valor y fe; que caigamos muchas veces en tentación; empero hay una acción laudable que no está jamás fuera de nuestro alcance, es á saber: amar á nuestro Señor Jesucristo de todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. Feliz el que puede decir como Pedro: "Señor, tú sabes que te amo." Notemos, por último, la gloriosa promesa que Cristo hace á sus discípulos. El les dice: "Yo pues ordeno un reino como mi Padre me lo ordenó á mí; para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino; y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel." Estas que fueron las palabras de despedida que nuestro Señor pronunció ante su pequeño rebaño, contienen valiosas promesas. El sabía bien que después de trascurridas algunas horas, la misión que había venido á cumplir sobre la tierra llegaría á su término. Tal vez nosotros no comprendamos de un todo el significado de esas promesas; bástanos saber que nuestro Señor prometió á los once fieles discípulos honor, gloria y recompensas que serian en gran manera superiores á todo lo que ellos habían hecho por Él meditemos sobre esta última y consoladora idea al terminar la consideración de este pasaje. NOTAS LUCAS 22:24-30. 24. Y hubo también sobre ellos una contienda. Nótese que este es el segundo suceso de esa especie que refiere. Lucas. Imposible es hermanar este pasaje con la idea romanista de que S. Pedro era el jefe de los apóstoles. 30. Para que comáis y bebáis en mi mesa. Esta expresión es susceptible de dos interpretaciones, ó ha de tomarse en un sentido llano como alusiva a la cena del Cordero (véase Rev. 19:7-9) a la cual el Señor se refiere en Mat 26:29, ó ha de entenderse en un sentido metafórico, y en tal caso se refiere a esa completa satisfacción de todas las necesidades de la cual gozaran los justos en la gloria. Os asentáis sobre tronos, juzgando, etc. Los comentadores interpretan esta expresión de diversas maneras: 1. Algunos creen que nuestro Señor quiso decir que la doctrina evangélica predicada por los apóstoles seria la regla por la cual se juzgara en el último di a no solo a Israel sino a toda la iglesia 2. Otros creen que la palabra "juzgando" deja comprender que los apóstoles cooperaran con Jesucristo en el último día, lo cual está en armonía con lo que S. Pablo dice a los Corintios "¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?" 1 Cor. 6:2. |
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Jesús anuncia la negación de Pedro Lucas 22.31-34 31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33 El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. 34 Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. |
Jesús anuncia la negación de Pedro Lucas 22.31-34 Mt. 26.31-35; Mr. 14.27-31; Jn. 13.36-38 Mt. 26.31-35 31 Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. 32 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 33 Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. 34 Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35 Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. Mr. 14.27-31 27 Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas. 28 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 29 Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. 30 Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. 31 Más él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. Jn. 13.36-38 36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. 37 Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. 38 Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. |
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Bolsa, alforja y espada Lucas 22.35-38 35 Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, (Mt. 10.9-10; Mr. 6.8-9; Lc. 9.3; 10.4) ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada. 36 Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una. 37 Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; (Is. 53.12) porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. 38 Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta. |
Lucas 22.35 Mt. 10.9-10; Mr. 6.8-9; Lc. 9.3; 10.4 Mt. 10.9-10 9 No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; 10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento. Mr. 6.8-9 8 Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto, 9 sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. Lc. 9.3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas; 10.4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. Lucas 22.37 Is. 53.12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 22:31-38. Estos versículos nos enseñan qué enemigo tan encarnizado de los creyentes es el demonio. El Señor dijo: "Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha pedido para zarandearos como á trigo." Ese enemigo estaba cerca del rebaño de Cristo aunque los apóstoles no lo vieran. Estaba ansiando labrar su eterna ruina aunque ellos no lo sabían. Así como el lobo anhela la sangre del cordero, el demonio desea la destrucción de las almas. La personalidad, la actividad y el poder del demonio son asuetos sobre los cuales los cristianos no meditan tanto como debieran. Satanás fue quien trajo el pecado al mundo tentando á Eva. El es el ser que dice en un pasaje del libro de Job que viene "de rodear la tierra, y de andar por ella." Es á él á quien el Señor llama "príncipe de este mundo,"homicida y mentiroso. A él es á quien Pedro compara á "un león rugiente que busca á alguno para devorarlo." A él es á quien Juan llama "el acusador de los hermanos." Es él quien está siempre causando males en la iglesia do Cristo, arrebatando la buena semilla del corazón de los que oyen la palabra, sembrando cizaña en medio del trigo, sugiriendo falsas doctrinas, y fomentando contiendas. El mundo sirve de lazo al creyente, y la carne le es onerosa; pero ningún enemigo tiene tan peligroso como ese adversario infatigable, mañoso é invisible que se llama Satanás. Si profesamos tener religión alguna, estemos alerta contra las tretas del diablo. No puede mirarse sin recelo al enemigo que venció á David y á Pedro, y tentó al mismo Jesucristo. El es muy astuto, pues ha estudiado el corazón del hombre nada menos que por seis mil años, y puede acercársenos bajo el disfraz de un ángel de luz. Necesario es que velemos y oremos, y que nos pongamos la coraza de la fe. Gracias sean dadas á Dios que nos ha prometido que si le resistimos huirá de nosotros, y que el Señor, cuando venga, lo quebrantará debajo de nuestras plantas. Estos versículos nos enseñan también cual es el gran secreto de la perseverancia en la fe. Nuestro Señor dijo á Pedro: "Yo he rogado por ti que tu fe no falte." Gracias á la intercesión de Cristo fue que Pedro no cayó del todo. La existencia perenne de la gracia en el corazón del creyente es un gran milagro. Sus enemigos son tan poderosos y sus fuerzas son tan pequeñas, el mundo está tan lleno de engaños y su corazón es tan débil que á primera vista parece imposible que llegue al cielo. El pasaje que tenemos á la vista explica á que debe su seguridad: es que á la diestra de Dios hay un Abogado que constantemente intercede por él, que sabe todas sus necesidades y que diariamente obtiene grandes bendiciones para su alma. La esperanza nunca se extingue en su corazón porque Cristo siempre vive para interceder por él. Heb. 7: 25. Para que hallemos consuelo en nuestra religión es preciso que nos formemos ideas claras del poder de intercesión del Hijo. Cristo no solo murió por nosotros, sino que vive perpetuamente para mediar por sus siervos. San Pablo dice: "Cristo es el que murió, antes el que también resucitó, el que también está á la diestra de Dios, el que también demanda por nosotros." Rom. 8: 34. En este pasaje se nos enseña, además, cuál es el deber que incumbe á todos los creyentes que reciben señaladas bendiciones de Cristo. Nuestro Señor dijo á Pedro: "Cuando te conviertas confirma á tus hermanos." Dios posee, entre otros muchos atributos, el de hacer que de en medio del mal se engendre el bien. El puede hacer que las debilidades y flaquezas de algunos miembros de la iglesia redunden en bien de todo el gremio. El puede hacer que la caída de un discípulo sea el medio por el cual éste se ponga en aptitud de sostener y alentar á otros. ¿Hemos caído nosotros alguna vez y hemos sido levantados por la misericordia de Cristo á una altura mayor de la que antes ocupábamos, á una vida nueva? Si así fuere, es de nuestro deber portarnos con bondad y suavidad para con nuestros hermanos. Digámosles que sabemos por nuestra propia experiencia que el pecado produce frutos acerbos; prevengámosles que no hay que hacer burla de las tentaciones; pongámoslos alertas contra el orgullo y la presunción; y hagámosles ver que Cristo se compadece de los que han caído. Estos versículos nos enseñan, por último, que el siervo de Cristo ha de emplear, en el eficaz servicio de su Maestro todos los medios que atan justos. Se nos refiere que nuestro Señor dijo á sus discípulos: "El que tiene bolsa, tómela; y también su alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y cómprela." Estas palabras deben tomarse en sentido proverbial. Se refieren al período incluido entre el primero y el segundo advenimiento de nuestro Señor. En tanto que el Señor venga, los creyentes tienen que hacer un uso acertado de todas las facultades que Dios les ha concedido. Menester es que se dejen de esperar que se obren milagros para ahorrarles trabajo; ó que si no trabajen les caerá maná del cielo; ó que si no luchan ni se afanan, Dios allanará todas sus dificultades y vencerá á todos sus enemigos. Bueno es que recuerden que la mano diligente es la que enriquece. Prov. 10:4. Trabajemos por la causa de Cristo como si creyésemos que todo depende de nuestros esfuerzos; mas no olvidemos, por otra parte que sin la bendición de Dios nada podremos hacer. Conduzcámonos como Jacob cuando se vio con su hermano Esaú. El empleó para conciliar á éste todos los medios lícitos que tenia á su alcance; mas, después que hubo hecho todo lo que pudo, pasó la noche orando. NOTAS. LUCAS 22:31-38. 32. Yo he rogado por ti. Wordsworth se expresa en estos términos: "Los teólogos romanistas dicen que la oración y el precepto de nuestro Señor incluyen á los obispos de Roma, como sucesores de S. Pedro, y que, al dirigirse á S. Pedro, nuestro Señor se dirigió á ellos también. ¿Completarán dichos señores el paralelismo diciendo que los obispos de Roma tienen necesidad especial de que se ore por ellos porque niegan á Cristo? Que no acepten una parte y rechacen la otra Guando te conviertas. Hay sobre el significado de esta expresión gran diversidad de conceptos. La interpretación más satisfactoria es la de los que creen que la conversión á que se refiere este versículo significa tan solo la restauración moral después de caer en el pecado. 36. El que no tiene espada......cómprela. Lo que nuestro Señor quiso decir, probablemente fue que ya se estaba acercando el tiempo en que todos los medios humanos, de los cuales la bolsa, la alforja y la espada eran emblemas, tendrían que ser puestos en juego por los apóstoles. 38. Dos espadas hay aquí......Basta. La opinión general de todos los comentadores sobre este versículo es que los discípulos no entendieron lo que el Señor les quiso decir, y que El, apercibiéndose de su torpeza, desechó el asunto de que habían estado tratando. Los discípulos dieron un sentido literal a lo que Él dijo solo en sentido figurado. Maldonato y Cornelio a Lapide, escritores romanistas, dicen que las dos espadas mencionadas en este versículo representan el poder temporal y el espiritual de la iglesia de Roma. Seria superfluo decir que el versículo citado no presenta apoyo ninguno para tal doctrina. Aun Stella, escritor español y romanista, se ruboriza que se haya dado semejante interpretación, y dice que es rebuscada y no se aviene con el significado de las palabras. |
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Jesús ora en Getsemaní Lucas 22.39-46 39 Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. 40 Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. 41 Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43 Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. 44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. 45 Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; 46 y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación. |
Jesús ora en Getsemaní Lucas 22.39-46 Mt. 26.36-46; Mr. 14.32-42 Mt. 26.36-46 36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. 37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. 38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. 39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. 40 Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? 41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 42 Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 43 Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. 44 Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. 45 Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46 Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega. Mr. 14.32-42 32 Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. 33 Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. 34 Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. 35 Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. 36 Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú. 37 Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? 38 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 39 Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras. 40 Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle. 41 Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. 42 Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 22:39-46. Los versículos arriba citados contienen la narración que hace S. Lucas de las agonías de nuestro Señor en el jardín. Pasaje es este que debiéramos leer con señalada reverencia. El episodio que en él se refiere es una de " las profundidades de Dios." Al leerlo nos vienen á la memoria aquellas palabras del Éxodo: "Quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar donde tú estas, tierra santa es." Exod. 3: 6. En este pasaje se nos presenta primeramente un ejemplo de lo que los creyentes deben hacer cuando se encuentran en trabajos. El Jefe mismo de la iglesia presenta el modelo que ha de imitarse. Se nos dice que habiendo venido al monte de las Olivas, la víspera de ser crucificado, "puesto de rodillas, oró." Es un hecho bien digno de notarse que tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo se da un mismo remedio para los que estén agobiados de trabajos. ¿Qué dice el libro de los Salmos? "Llámame en el día de la angustia; librarte he." Salmo 50:15. ¿Qué dice el apóstol Santiago? "¿Está alguno entre vosotros afligido? haga oración." Santiago 5:18. La oración fue el remedio de que usó Jacob cuando estaba temiendo la saña de Esaú; la oración fue el remedio de que usó Job cuando sus bienes y sus hijos le fueron arrebatados; la oración fue el remedio que Ezequías empleó cuando recibió la amenazante carta de Senaquerib; y finalmente, la oración fue el remedio que el mismo Hijo de Dios empleó cuando se hizo hombre. En la hora de su misteriosa agonía oró. Si queremos consuelo en la aflicción procuremos emplear ese remedio. Que el primer amigo á quien acudamos sea Dios; que la primera súplica que llagamos sea dirigida al trono de la gracia. Ningún pesar debe estorbárnoslo; ninguna desgracia debe enmudecernos. Si más no podemos decir, exclamemos á lo menos: "Violencia padezco, confórtame." Isa. 38:14. En estos versículos percibimos, en segundo lugar, qué especie de oraciones debe el creyente hacer á Dios en tiempo de angustia. En este caso también nuestro Señor presenta un modelo á su pueblo. Se nos refiere que dijo: "Padre, si quieres, pasa esta copa de mí; empero no se haga mi voluntad, mas la tuya." Y tengamos presente que el que así se expresó reunía en una sola persona dos naturalezas distintas: una divina y otra humana. Cuando pidió que no se hiciera su voluntad, se refirió á su voluntad como hombre. Las palabras que, en el caso á que aludimos, usó nuestro Señor, nos dan á conocer con exactitud el giro que han de tomar las oraciones del creyente cuando esté atribulado. Á semejanza de Jesús, debe sin reserva expresar á su Padre celestial sus deseos y sus necesidades; pero también como El, en todo lo que haga, debe someterse completamente á la voluntad de su Padre celestial. Necesario es que recuerde que puede haber sabías, aunque ocultas, razones para que sea afligido. La resignación es una de las más bellas virtudes que enaltecen el carácter del cristiano. El hijo de Dios debe practicarla en todo tiempo si desea ser como Jesús; pero jamás es tan necesaria como en las horas de duelo, y nunca es tan bella como cuando el creyente, postrado de rodillas, implora á Dios le conceda alivio en su dolor. Aquel ha dado grandes pasos hacia adelante en el camino de la religión que puede decir antes de apurar el cáliz de la amargura: "No se haga mi voluntad, mas la tuya." Estos versículos nos presentan, en tercer lugar, una prueba de la gravedad extraordinaria del pecado. Se percibe esto en las agonías de Cristo, en el sudor de sangre, en todos sus misteriosos sufrimientos de cuerpo y alma que se nos describen en el pasaje citado. Acaso el que lea la Biblia superficialmente no comprenda esto; sin embargo, no por eso es menos cierto. ¿Cómo se explican las agonías profundas que nuestro Señor experimentó en el jardín? ¿Como esa angustia y esos sufrimientos intensos? ¿Cómo, sino que fueron causados por los pecados que iba á expiar, por los pecados de un mundo infiel? Sí, fue el enorme peso de la maldad del género humano lo que hizo al Hijo de Dios sudar gotas de sangre, y fue eso lo que le hizo dar gemidos y derramar lágrimas. La causa de la agonía de Cristo fue, pues, el pecado del hombre. Heb. 5: 7. ¿Queremos percibir tal como es en sí la gravedad de nuestras culpas? ¿Queremos odiar el pecado implacablemente? ¿Queremos formarnos una ligera idea de las penas eternas? ¿Queremos saber hasta que punto Cristo puede compadecerse de los que se encuentren en angustias? Traigamos á la memoria la sublime escena de Getsemaní. Estos versículos nos presentan, por último, un ejemplo que demuestra cuan débiles son los hombres, aun los más justos. Se nos dice que mientras el Señor estaba en su agonía, sus discípulos dormían. A pesar de que Jesús les había mandado expresamente que orasen y los había prevenido contra la tentación, la carne venció al espíritu. Pasajes como estos son sumamente instructivos, y nos persuaden á ser humildes. Cuando aun los apóstoles se condujeron de esta manera, el cristiano debe estar alerta, no sea que de repente caiga en tentación. También nos hacen conformar con la muerte, y desear la glorificación del cuerpo, pues solo será cuando eso suceda que podremos servir á' Dios día y noche sin sentir cansancio. NOTAS. LUCAS 22:39-46. 39. Se fue según su costumbre. En uno de los pasajes anteriores se ha dicho que Cristo acostumbraba ir por la noche al monte de las Olivas. Para la fiesta de la pascua multitud de judíos concurrían á Jerusalén de todas partes del mundo, y sin duda era imposible que todos encontrasen albergue intramuros de la ciudad. Probablemente muchos de ellos pasaban la noche en las aldeas vecinas ó en los jardines cercanos al poblado. Teniendo presente esta circunstancia es fácil comprender el versículo de que tratamos. Había en el monte de las Olivas cierto paraje al cual solía concurrir nuestro Señor, y era bien conocido de los discípulos, y por consiguiente de Judas Iscariote. 40. Orad para que no entréis en tentación. Obsérvese con cuidado que una cosa es ser tentado, y otra caer en tentación. Lo primero no nos es dado evitar, pero si podemos resistirlo para que no nos acontezca lo segundo y nos hagamos culpables. Ser tentado es una prueba bien dura; mas caer en tentación es un pecado. 43. Y le apareció un ángel. Según parece, el objeto de este versículo es presentar una prueba más de que nuestro Señor era verdadero hombre. Como hombre fue por corto tiempo, "un poco menor que los ángeles." Heb. 5: 9. Corno hombre condescendió á ser confortado por un ángel. 44. Su sudor como gotas grandes de sangre. Los mejores comentadores dicen, que puede probarse médicamente que esa mezcla de sudor y sangre tiene lugar a veces, cuando el individuo experimenta al mismo tiempo padecimientos corporales y angustia mental. La observación ha corroborado esta aserción. Es digno de notarse que, de los cuatro evangelistas, S. Lucas es el único que menciona la circunstancia que queda apuntada, y S. Lucas era médico. |
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Texto Bíblico
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Arresto de Jesús Lucas 22.47-53 47 Mientras él aún hablaba, se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle. 48 Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? 49 Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada? 50 Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. 51 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó. 52 Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? 53 Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, (Lc. 19.47; 21.37) no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. |
Arresto de Jesús Lucas 22.47-53 Mt. 26.47-56; Mr. 14.43-50; Jn. 18.2-11 Mt. 26.47-56 47 Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. 49 Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. 50 Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. 51 Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. 52 Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. 53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? 54 ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? 55 En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56 Más todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. Mr. 14.43-50 43 Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos. 44 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad. 45 Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó. 46 Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron. 47 Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja. 48 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? 49 Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras. 50 Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. Jn. 18.2-11 2 Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. 3 Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. 4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? 5 Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. 6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. 7 Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno. 8 Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a estos; 9 para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno. 10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber? |
Lucas 22.53 Lc. 19.47 Y enseñaba cada día en el templo; pero los principales sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo procuraban matarle.; 21.37 Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 22:47-53. Advirtamos, en primer lugar, que hechos los más atroces suelen cometerse bajo el disfraz de amor hacia Cristo. Cuando el traidor Judas guió á los adversarios de nuestro Señor para que lo aprehendiesen, lo traicionó con "un beso." Fingió afecto y veneración en el instante mismo en que iba á entregar á su Maestro en manos de sus enemigos más encarnizados. Desgraciadamente, Judas ha tenido muchos imitadores. Las páginas de la historia registran crímenes horribles cometidos bajo el manto de la religión. Muy á menudo se ha invocado el nombre de Dios para justificar persecuciones, actos de traición y delitos de todo género. Jezabel, estando para dar muerte á Naboth, ordenó que se proclamase un ayuno, y que testigos falsos lo acusasen de haber blasfemado contra Dios y contra el rey. El Conde de Montfort, hallándose á la cabeza de una cruzada contra los albigenses, mandó que estos fuesen asesinados y saqueados en nombre y obsequio de la iglesia de Cristo. La inquisición española, que martirizaba á los herejes y los despojaba de sus bienes, justificaba esos hechos de barbarie con protestas de celo por la verdad divina. Tal conducta es odiosa á los ojos del Eterno. Obrar en perjuicio de la causa de la religión bajo cualesquiera circunstancias es un gran pecado, más hacerlo en tanto que fingimos buenas intenciones, es uno de los crímenes más negros. Estos versículos nos dejan comprender, además, que pelear por Jesucristo por unos momentos es mucho mas hacedero que someterse á pasar trabajos y á ser aprisionado por amor suyo. Cuéntasenos que cuando los enemigos de nuestro Señor se acercaron á él, uno de los discípulos "hirió al criado del sumo sacerdote, y le quitó la oreja derecha." Y sin embargo, el celo de ese discípulo fue solo pasajero. Bien pronto le faltó el valor: el temor á los hombres se apoderó de él, y cuando nuestro Señor fue aprendido y conducido á la ciudad, ninguno de sus adeptos lo acompañaba. El discípulo que poco antes había desenvainado la espada con tanto entusiasmo, abandonó á su Maestro y huyó. La lección que tenemos á la vista es sumamente instructiva. Sufrir resignadamente por amor de Cristo es mucho más difícil que trabajar activamente en su causa. Los cruzados serán siempre más numerosos que los mártires. El que trabaja en la causa de Cristo puede ser impulsado por incentivos ilícitos; mas el que sufre rara vez es animado por otro móvil que la gracia de Dios. Cuando Pedro desnudó la espada é hirió al soldado, no hizo tanto por la causa de su divino Maestro como cuando, habiendo sido llevado cautivo ante el concilio, dijo con calma: "No podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído." Actos 4: 20. Finalmente, estos versículos nos hacen comprender que el tiempo durante el cual se permite que triunfe el mal ha sido fijado y limitado por Dios. Nuestro Señor dijo á sus enemigos: "Esta es vuestra hora y la potestad de las tinieblas." La soberanía que Dios ejerce sobre todo lo que se hace en la tierra es absoluta y perfecta. Los malos tienen las manos atadas hasta tanto que les permite obrar: nada pueden hacer sin su permiso. Mas esto no es todo: no pueden mover las manos, ni por un instante, después que Dios les mande permanecer quietos. Los judíos no pudieron matar á nuestro Señor sino cuando hubo llegado la hora; y tampoco pudieron impedir su vivificación cuando fue declarado Hijo de Dios, con poder, por la resurrección de los muertos. Rom. 1-4. Y según nos lo refiere la historia, así ha sucedido con los creyentes en todos los siglos. Han sido cruelmente oprimidos y perseguidos; pero Dios no ha permitido que el poder de sus enemigos prevaleciese por siempre. El triunfo de estos jamás ha sido completo: han tenido su hora; pero nada más. Después de la persecución de Esteban tuvo lugar la conversión de S. Pablo; después del martirio de Juan Huss, se verificó la reforma en Alemania; después de la persecución dirigida por María se estableció el protestantismo en Inglaterra. A la noche más larga sucede siempre el día; al invierno más riguroso sigue la primavera; y después de las más prolongadas borrascas, el cielo se despeja y ostenta su bello azul. Consolémonos, pues, con las palabras de nuestro Señor en lo que dicen relación á nuestro porvenir y al de la iglesia. La hora de prueba, por penosa que sea, tendrá su término. Aun en medio de las mayores angustias podemos decir: "La noche ya pasa, y el día va llegando." Rom. 13:12. NOTAS. LUCAS 22:47-53 60. Y uno de ellos hirió al criado. Según el Evangelio de S. Juan el nombre del criado era Malco, y el discípulo que lo hirió fue Pedro. 51. Dejad hasta aquí. Los comentadores no están de acuerdo sobre cual sea el significado de estas palabras. Las siguientes son las interpretaciones más notables. 1. Que nuestro Señor dirigió dichas palabras á sus enemigos en alusión á sus discípulos. "Toleradlos. Dejadlos ir en paz." 2. Que las dirigió á sus discípulos con el objeto do pacificarlos y disuadirlos de que pelearan. "Dejadlos que me prendan. No intentéis resistir. Dejad que se cumpla así la voluntad de Dios." 3. Que las dirigió á sus enemigos, mas con alusión á Malco. "Dejadme sanar á este herido. Antes de atarme permitidme que ejecute un acto de benevolencia, que repare el mal hecho inconsideradamente por uno de mis discípulos.' El primero y el segundo de estos conceptos están en armonía con la narración hecha por los otros evangelistas; mas el último concuerda mejor con el sentido del griego. |
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Pedro niega a Jesús Lucas 22.54-62 54 Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos. 55 Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos. 56 Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También éste estaba con él. 57 Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco. 58 Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy. 59 Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo. 60 Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó. 61 Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 62 Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente. |
Pedro niega a Jesús Lucas 22.54-62 Mt. 26.57-58, 69-75; Mr. 14.53-54, 66-72; Jn. 18.12-18, 25-27 Mt. 26.57-58 57 Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58 Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin, 69-75 69 Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. 70 Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. 71 Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. 72 Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. 73 Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. 74 Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. 75 Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. Mr. 14.53-54 53 Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas. 54 Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles, calentándose al fuego., 66-72 66 Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote;:67 y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno. 68 Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo. 69 Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos. 70 Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos. 71 Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis. 72 Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba. Jn. 18.12-18 12 Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, 13 y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. 14 Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo. 15 Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote; 16 mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro. 17 Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy. 18 Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose, 25-27 25 Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No lo soy. 26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él? 27 Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 22:54-62. Los versículos arriba trascritos describen la caída de Pedro. Pasaje es este que hiere profundamente el corazón del hombre; pero que al mismo tiempo es para el verdadero cristiano sumamente instructivo. La caída de Pedro ha servido de escarmiento á la iglesia, y tal vez ha evitado la perdición de millares de almas. Por otra parte, este pasaje suministra una prueba bastante convincente de que la Biblia ha sido inspirada, y de que el Cristianismo ha emanado de Dios. Si la religión cristiana hubiera sido una mera invención de hombres no inspirados, sus primeros historiadores no nos hubieran referido que uno de los apóstoles había negado tres veces á su Maestro. La historia de la caída de Pedro nos enseña, en primer lugar, que el descenso que termina en el pecado es á veces muy gradual. Los evangelistas han marcado con cuidado los varios pasos que Pedro dio hacia el abismo en el que se precipitó. El primero fue la confianza inconsiderada en sus propios méritos. ¡El había dicho que aunque todos los demás hombres negaran á Jesucristo, él nunca lo haría; y que estaba pronto á seguir á su Maestro hasta la prisión y la muerte misma! El segundo paso consistió en que dejó de hacer sus oraciones. Cuando su Maestro le dijo que orase no fuese que cayera en tentación, se dejó vencer del cansancio y se durmió. El tercer paso fue su vacilación. Cuando la cohorte vino á aprehender á Cristo, el peleó primero, luego huyó, después regresó y mas tarde siguió á su Maestro de lejos. El cuarto consistió en asociarse con mala compañía. Habiendo ido á la casa del sumo sacerdote se sentó con los criados junto al fuego, é hizo esfuerzos por ocultar á estos su religión, y vio y oyó cosas malas. El quinto y último paso fue el resultado natural de los otros cuatro. Cuando se le acusó de ser discípulo de Jesús se sobrecogió de terror, y se sumergió en el error mucho más que antes, negando á su Maestro tres veces. Guardémonos de cualquiera cosa, por pequeña que sea, que pueda resultar en un desliz. No sabemos á donde vendremos á parar, si dejamos el camino real señalado por Dios. El cristiano que, en disculpa de algún vicio ó mal hábito á que es adicto, dice que dicho vicio ó hábito es insignificante, se halla en peligro inminente, pues está sembrando en su pecho semillas que brotarán algún día y producirán acerbos frutos. La historia de la caída de Pedro nos enseña, en segundo lugar, hasta qué punto puede llegar el desliz de un cristiano. Para percibir esto con claridad es preciso hacer un examen detenido de las circunstancias en que Pedro cayó. Había gozado de grandes privilegios espirituales: había acabado de recibir la cena del Señor; había acabado de oír ese admirable discurso que se registra en los capítulos 14, 15 y 16 de S. Juan; había sido avisado del peligro que lo amenazaba; había protestado enérgicamente que estaba listo para cualquier cosa que le sucediese; y sin embargo de todo esto negó á su Maestro, y varias veces, aunque mediaron intervalos en que pudo reflexionar. Aun los hombres más buenos y más piadosos son débiles y están expuestos á errar. Cuando leemos acerca de la caída de Noé, de Lot, y de Pedro, solo leemos lo que nos pudiera acontecer á nosotros mismos. No seamos presuntuosos. No nos formemos ideas demasiado elevadas de nuestra fuerza de carácter; antes bien que nuestra oración sea que "nos humillemos para andar con Dios." La historia de la caída de Pedro nos enseña, en tercer lugar, que la misericordia de Jesucristo es infinita. Un hecho que solo se registra en el Evangelio de S. Lucas nos lo enseña de una manera la más completa. Cuéntasenos que, cuando Pedro negó á Cristo por tercera vez, y el gallo cantó, "vuelto el Señor, miró á Pedro." Esas palabras son muy conmovedoras. Rodeado de crueles enemigos que lo escarnecían, esperando como esperaba ser víctima de ultrajes sin cuento, de una sentencia injusta y de una muerte dolorosa, el misericordioso Jesús pensó en su pobre y extraviado discípulo. Esa mirada tuvo una significación profunda: fue un sermón que Pedro no pudo olvidar jamás. El amor de Jesucristo hacia su pueblo es inagotable. No puede comparársele con el amor del hombre ó de la mujer. Excede á cualquiera otro amor como el brillante resplandor del sol á la pálida luz de un cirio. Ningún mortal, por mucho que se haya sumergido en el pecado, debe perder las esperanzas, si está pronto á arrepentirse y á acudir á Cristo. Si Jesús tuvo un corazón tan misericordioso cuando se hallaba en el pretorio, no hay razón alguna para temer que no tenga el mismo corazón ahora que se halla á la diestra de Dios Padre. La historia de la caída de Pedro nos enseña, en tercer lugar, cuánto pesar causa el pecado á los creyentes tan luego como descubren su error. Cuando Pedro se acordó de las palabras de nuestro Señor y percibió cuan mal había obrado, "salió y lloró amargamente." Por experiencia aprendió cuan ciertas son aquellas palabras de Jeremías: "Cuan malo y amargo es dejar á tu Jehová, tu Dios." Jer. 2:13. Y aquellas de Salomón: "De sus caminos será harto el apartado de razón." Prov. 14:14. Y á semejanza de Job pudo haber dicho: "Yo me condeno á mí mismo y me arrepiento en polvo y ceniza." Un pesar de esta naturaleza acompaña siempre el verdadero arrepentimiento. En esto consiste la diferencia que existe entre el "arrepentimiento que salva" y el vano remordimiento. Este hace al hombre desgraciado como sucedió con Judas Iscariote; mas eso es todo: no lo encamina hacia Dios. El arrepentimiento ablanda el corazón, despierta la conciencia, y mueve al hombre á allegarse al trono de su Padre celestial. Cuando el que no se ha convertido de todo corazón cae, no se vuelve á levantar; mas, cuando el creyente peca, siempre concluye por sentirse contrito y humillado y por hacer enmienda de vida. Aleccionados por lo acontecido á Pedro, velemos y oremos para que no caigamos en tentación. Más, si por desgracia caemos, estemos seguros de que hay esperanza para nosotros como la había para él. No olvidemos, sin embargo, que en tal caso es necesario que nos arrepintamos como él se arrepintió, pues de otra manera no obtendremos la salvación. NOTAS. LUCAS 22:54-62. 65. Habiendo encendido fuego. Debe recordarse que aunque el clima de Palestina es por lo general muy caluroso, durante Las noches que preceden a la pascua hace, según nos cuentan los viajeros, mucho frío. Es Galileo. De aquí se colige que Pedro había estado conversando con las demás personas que estaban sentadas junto al fuego. |
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Jesús escarnecido y azotado Lucas 22.63-65 63 Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban; 64 y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? 65 Y decían otras muchas cosas injuriándole. |
Jesús escarnecido y azotado Lucas 22.63-65 Mt. 26.67-68; Mr. 14.65 Mt. 26.67-68 67 Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, 68 diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó. Mr. 14.65 Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le daban de bofetadas. |
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Jesús ante el concilio Lucas 22.66-71 63 Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban; 64 y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? 65 Y decían otras muchas cosas injuriándole. 66 Cuando era de día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al concilio, diciendo: 67 ¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; 68 y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis. 69 Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios. 70 Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy. 71 Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? Porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca. |
Jesús ante el concilio Lucas 22.66-71 Mt. 26.59-66; Mr. 14.55-64; Jn. 18.19-24 Mt. 26.59-66 59 Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, 60 y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, 61 que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. 62 Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 63 Más Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 64 Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. 65 Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. 66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! Mr. 14.55-64 55 Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban. 56 Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban. 57 Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: 58 Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano. 59 Pero ni aun así concordaban en el testimonio. 60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 61 Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? 62 Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. 63 Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? 64 Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte. Jn. 18.19-24 19 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. 20 Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. 21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho. 22 Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? 23 Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? 24 Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 22:63-71. Notemos, en primer lugar, en estos versículos, qué tratamiento tan ignominioso recibió nuestro Señor de manos de sus enemigos. Se nos refiere que los hombres que lo custodiaban "se burlaron de El," "le cubrieron los ojos" y "le hirieron el rostro." No se contentaron con reducir á prisión á un hombre inocente y caritativo. Hicieron más: á la tropelía añadieron el baldón. Una conducta como esta pone de manifiesto que la naturaleza humana adolece de una corrupción extrema. Los excesos de barbarie á que llegan algunas veces los hombres no convertidos y la cruel satisfacción con que hollan bajo sus plantas lo más santo y más puro, justifican aquella aguda expresión de un teólogo, á saber: que el hombre que no posee la gracia de Dios es mitad fiera y mitad demonio. No ama á Dios ni á persona alguna que lleve impresa en su corazón la imagen de Dios. "El ánimo carnal es enemistad contra Dios." No podemos formarnos ni la más remota idea de lo que vendría á ser del mundo si Dios no pusiese un dique al mal. No es exageración decir que si los hombres no convertidos pudieran hacer lo que quisieran, el mundo se encontraría muy luego en un infierno. La resignación imperturbable de nuestro Señor á los insultos que quedan descritos, manifiesta cuan profundo era su amor hacia los pecadores. Si hubiera querido, en un instante habría podido poner fin á la insolencia de sus enemigos. El que con una palabra podía expeler los espíritus inmundos, pudo haber convocado legiones de ángeles y aniquilado á sus adversarios. Pero El había resuelto llevar á cabo la obra que vino á ejecutar sobre la tierra. Se había propuesto libar el amargo cáliz del sufrimiento expiatorio, á fin de salvar á los pecadores, y "habiéndole sido propuesto gozo, menospreció la vergüenza," y apuró el cáliz hasta las heces. Heb. 12:2. La paciencia que nuestro Señor manifestó en tales circunstancias debiera enseñarnos una lección muy provechosa; nos debiera enseñar á abstenernos de murmurar y de airarnos cuando el mundo nos ultraje. ¿Qué son las afrentas por las que tenemos que pasar á veces, comparadas con las que se irrogaron á nuestro Señor? Y sin embargo, "maldiciéndole no tornaba á maldecir; y cuando padecía no amenazaba." Hagamos lo mismo. Notemos, en segundo lugar, que profecía tan notable pronunció nuestro Señor acerca de la gloria que se le esperaba. Dijo así á sus enemigos: "Desde ahora el hijo del hombre se asentará á la diestra del poder de Dios." ¿Se quejaban de su humilde presencia y deseaban ver un Mesías rodeado de gloria? En gloria lo verían algún día. Se imaginaban que era débil, inerme y despreciable, porque no poseía entonces signos ningunos de majestad. Algún día lo verían ocupando en el cielo el lugar más excelso. Que la futura gloria de Cristo forme, pues, parte de nuestro credo, de la misma manera que en pasión y crucifixión. No olvidemos que el mismo Jesús que fue escarnecido y menospreciado es el que posee ahora poder omnímodo en el cielo y en la tierra, y vendrá algún día con todos sus ángeles revestido de la gloria de Su Padre. Feliz el cristiano que tiene siempre ante su mente la palabra "después." Al presente los creyentes deben contentarse con tomar parte en los sufrimientos de su Maestro. "Después" participarán de su gloria. Notemos, por ultimo, en estos versículos, qué revelación tan explícita y completa hace nuestro Señor de su divinidad y de su carácter como Mesías. Cuando sus enemigos le preguntaron si era el Hijo de Dios, El repuso: "Vosotros lo decís que yo soy." Esta expresión significa en otras palabras: Vosotros decís la verdad. Soy, como decís, Hijo de Dios. Esa revelación dejó á los judíos sin excusas para disculpar su incredulidad. Y los Israelitas de hoy no puedan alegar que Jesús dejara á sus antepasados á oscuras acerca del objeto de Su misión, y que los mantuviera en dudas y cavilaciones. Según se nos refiere en el pasaje de que tratamos, nuestro Señor les dijo claramente quién era, y en palabras que son más significativas para un judío que para nosotros. Y sin embargo, los hijos de Judá, lejos de conmoverse al oír dicha revelación, se sumergieron más hondamente en el pecado. Con esa declaratoria nuestro Señor quiso dar un ejemplo á todo el pueblo creyente. Á semejanza de él hemos de hablar sin temor cuando las circunstancias así lo exijan. No hay necesidad de que hagamos tocar la trompeta delante de nosotros y de que vayamos á las plazas á proclamar nuestra religión. Es bien seguro que, en el curso ordinario de la vida civil, se nos presentarán oportunidades para que demos á conocer "de quienes somos y á quienes vamos," como Pablo á bordo del buque. En tales ocasiones si poseemos el espíritu de Cristo, no tengamos miedo de enseñar nuestra divisa. "Cualquiera," dijo Jesús, "que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo delante de mi Padre." Mat. 10:32 NOTAS. LUCAS 23:63-71. 86. Y como fui de día. Sobre esta parte de la historia que relata S. Lucas, es preciso hacer una explicación. Según la relación que hacen Mateo y Marcos, tan luego como nuestro Señor fue preso, lo condujeron ante Caifás, el sumo sacerdote, y allí fue examinado. Y, de acuerdo con dichos evangelistas, la negación de Pedro tuvo lugar después de ese examen. ¿Cómo se explica, entonces, el hecho de que S. Lucas se refiera a la negación de Pedro como si hubiera tenido lugar antes de que nuestro Señor fuese examinado ante el tribunal del sumo sacerdote? Scott da la explicación más satisfactoria. Dice que cuando el consejo condenó a Jesús por primera vez, los miembros se separaron, mas con la inteligencia de que volverían a reunirse por la mañana; y que las palabras de S. Lucas ("y como fue de día") se refieren á la segunda sesión del consejo. 69. Desde ahora el Hijo del hombre. Esta es evidentemente una alusión a la célebre profecía de Daniel. Véase Dan. 7:9-14. |
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)
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