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Jesús ante Pilato Lucas 23.1-5 1 Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos, llevaron a Jesús a Pilato. 2 Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohibe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey. 3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. 4 Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. 5 Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. |
Jesús ante Pilato Lucas 23.1-5 Mt. 27.1-2; 11-14; Mr. 15.1-5; Jn. 18.28-38 Mt. 27.1-2 1 Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. 2 Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador; 11-14 11 Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 12 Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. 13 Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 14 Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho. Mr. 15.1-5 1 Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. 2 Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. 3 Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. 4 Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. 5 Más Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. Jn. 18.28-38 28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. 29 Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? 30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. 31 Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; 32 para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir. 33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? 34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. 37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. |
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Jesús ante Herodes Lucas 23.6-12 6 Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo. 7 Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén. 8 Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. 9 Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. 10 Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia. 11 Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato. 12 Y se hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 23:1-12. Advirtamos, en primer lugar, cuan falsas fueron las acusaciones que se hicieron contra nuestro Señor. Se nos dice que los judíos lo acusaron de "pervertir la nación, de vedar dar tributo á César, y de alborotar al pueblo." Es bien sabido que en esta acusación no había nada de cierto. El objeto con que la hicieron los judíos fue preocupar el ánimo del emperador romano contra nuestro Señor. La calumnia y los falsos testigos son armas favoritas del demonio. El fue mentiroso desde el principio, y es todavía padre de mentiras. Juan 8:44. Cuando ve que no puede suspender las obras de Dios, se vale del artificio de denigrar el carácter de sus siervos, y de hacer nulo su testimonio. Con esa arma atacó á David: "Se levantaron," dice él, "testigos falsos: lo que no sabía me demandaron." Con esa arma atacó á los profetas. Según un decir, Elías era "alborotador de Israel; y Jeremías no buscaba la paz del pueblo sino el mal." Salmo 25:2; 1 Reyes 18:17; Jer. 38:4. Con esa arma atacó á los apóstoles, diciendo que eran "pestilenciales," y que "trastornaban" el mundo. Actos 24:5; 27: 6. Y con esa arma atacó á Jesús durante su vida pública. El siervo de Cristo no debe sorprenderse si tuviere que apurar el mismo cáliz que apuró su Maestro. Cuando ese Ser inocente, santo, sin mancha, fue atrozmente calumniado, ¿quién podrá escaparse? "Si al mismo padre de familias llamaron Belcebú, ¿cuánto más á los de su casa?" La inocencia perfecta no pone á nadie al abrigo de la mentira, la calumnia y los falsos testimonios. Preciso es sobrellevar esa prueba con paciencia-es parte de la cruz de Cristo. Observemos, también, de qué naturaleza tan extraña y tan complexa son las razones qué á menudo influyen en el ánimo de los hombres grandes que no han sido convertidos. Cuando nuestro Señor fue enviado por Pilato ante Herodes, rey de Galilea, este "se holgó mucho; porque había mucho que le deseaba ver; porque había oído de él muchas cosas; y tenia esperanza de que le vería hacer un milagro." Estas palabras son notables. Herodes era un hombre sensual y mundano: había hecho asesinar á Juan el Bautista y vivía en horrible concubinato con la esposa de su hermano. Es de suponerse, pues, que no deseara ver á Jesús. Mas su conciencia estaba intranquila. Los miles de los santos de Dios á quienes había dado muerte se levantaron, sin duda, ante su vista y turbaron su sosiego. Por otra parte, la fama de los milagros de nuestro Señor había penetrado hasta el recinto mismo de su corte. A sus oídos había llegado la noticia de que había aparecido otro adversario del pecado que era aun más fiel y más osado que Juan Bautista, y que ratificaba sus enseñanzas con prodigios que ni los reyes mismos podían obrar. Semejantes rumores naturalmente lo inquietaban y desasogaban. ¡Qué mucho, pues, que se le hubiera avivado la curiosidad y que deseara ver á Cristo! Hay razones para temer que en todos los siglos de la iglesia ha habido hombres ricos de carácter semejante al de Herodes: hombres sin fe y sin Dios, llenos de egoísmo. Sin embargo, aun semejantes hombres sienten de cuando en cuando alarmada la conciencia, y se sobrecogen de temor. Las palabras de los atletas de la religión, que Dios suscita, llegan á sus oídos ; al punto se despiertan del letargo en que se encontraban ; la conciencia los acusa y la zozobra se apodera de ellos ; a pesar suyo se sienten atraídos por el predicador y alaban sus talentos y aun profesan admirar sus aptitudes. Empero, jamás pasan de ahí: como aconteció con Herodes, la voz de la conciencia les aviva la curiosidad; mas también como sucedió á ese rey, sienten el corazón ligado al mundo con cadenas de hierro. Enojados de un lado á otro por el vendaval de las pasiones, nunca tienen sosiego, y después de sus luchas intermitentes de conciencia, mueren en el pecado. Que la historia de Herodes nos mueva á compadecer á los hombres de distinción y á orar por ellos. Con todo su boato y su esplendor exterior, son á menudo muy infelices. La seda, el terciopelo y la púrpura cubren á menudo corazones en que la paz jamás sienta sus reales. Notemos, en seguida, cuan fácil es para los hombres no convertidos ponerse de acuerdo en aborrecer á Cristo. Cuéntasenos que cuando Herodes hizo conducir otra vez á Cristo ante Pilato, "fueron hechos amigos Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí." No sabemos cual fuera la causa de esa enemistad; mas cualquiera que fuere, quedó olvidada tan pronto como los dos adversarios tuvieron ante sí una víctima á quien ambos odiaban, despreciaban ó temían. Este episodio presenta un ejemplo de lo que constantemente está teniendo lugar en el mundo. Hombres de las opiniones más divergentes están á menudo unánimes en atacar la verdad. Maestros de las opiniones más opuestas se ponen de acuerdo frecuentemente y forman causa común contra el Evangelio. En la época de que tratamos no era raro ver fariseos y saduceos conspirando juntos para prender á Jesús Nazareno y darle muerte. Y en la época presente suele suceder que romanistas y socinianos, infieles é idólatras, amantes de la molicie y ascetas fanáticos, mentidos progresistas y obstinados recalcitrantes, forman una falange homogénea contra la religión evangélica. Un odio común los liga: el odio de la cruz de Cristo. El verdadero cristiano no debe extrañar que el mundo le tenga ojeriza. Si alguna vez llega á imaginarse que por medio de una concesión puede granjearse la buena voluntad del hombre, tendrá que pasar por un triste desengaño. Más no por esto ha de conturbarse, sino, antes bien, ha de confiar en la aprobación del cielo. Que tenga presente aquellas palabras de su Maestro: "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que es suyo; mas porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por ese os aborrece el mundo." Juan 15:19. NOTAS. LUCAS 23:1-12. 2. Pervierte......veda dar tributo. Esta acusación revela ana falsedad y mala fe sorprendentes. Á nuestro Señor le habían preguntado sus adversarios en otra ocasión, a fin de acarrearle el odio de los judíos, si era lícito dar tributo al César; mas cuando querían hacerlo aparecer culpable ante el tribunal de un gobernador romano, lo acusaron de prohibir dar tributo a dicho emperador. 7. Le remitió á Herodes. El Herodes á quien se refieren estas palabras era Antipas, el mismo príncipe que mandó degollar á Juan Bautista. Su padre fue Heredes el Grande, que mandó dar muerte á los niños de Belén. 11. Le menospreció, y escarneció, etc. Es evidente que Herodes reputaba a nuestro Señor por un necio, un fanático y un hombre despreciable. Le volvió á enviar á Pilato. Es digno de advertir cómo se nos refiere explícitamente que ni el gobernador de Galilea ni el de Judea pudieron hallar crimen alguno contra nuestro Señor. |
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Jesús sentenciado a muerte Lucas 23.13-25 13 Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, 14 les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. 15 Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre. 16 Le soltaré, pues, después de castigarle. 17 Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. 18 Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás! 19 Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio. 20 Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús; 21 pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! 22 El les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré. 23 Más ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron. 24 Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían; 25 y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos. |
Jesús sentenciado a muerte Lucas 23.13-25 Mt. 27.15-26; Mr. 15.6-15; Jn. 18.38-19.16 Mt. 27.15-26 15 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. 16 Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. 17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18 Porque sabía que por envidia le habían entregado. 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. 21 Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22 Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! 23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! 24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. 25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado. Mr. 15.6-15 6 Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7 Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. 8 Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. 9 Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? 10 Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. 11 Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. 12 Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? 13 Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! 14 Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! 15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. Jn. 18.38-19.16 Jn. 18.38 40 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. 39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? 40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón. 19.16 1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. 2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; 3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! Y le daban de bofetadas. 4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. 5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! 6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. 7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. 8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. 9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Más Jesús no le dio respuesta. 10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? 11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. 12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone. 13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata. 14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! 15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. 16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 23:13-25. Notemos, en primer lugar, cuan singular fue la declaración que de la inocencia de nuestro Señor hicieron sus jueces. Según se refiere en el pasaje arriba citado, Pilato dijo á los judíos: "Me habéis presentado este hombre porque pervierte al pueblo; y he aquí, yo preguntando delante de vosotros, no he hallado alguna culpa en este hombre de aquellas de que le acusáis; y ni aun Herodes." El gobernador galileo y el romano eran de la misma opinión. Ambos convenían en absolver á nuestro Señor de los cargos que se le hacían. Y esa declaración era oportuna. Nuestro Señor iba á ser ofrecido como un sacrificio por nuestros pecados: era pues justo y conveniente que los que lo examinasen lo declarasen completamente inocente; era justo y conveniente que los que lo inmolasen confesasen que estaba "sin mancha y sin contaminación." 1 Pedro 1:19. Dios que todo lo gobierna, dispuso de tal manera las circunstancias del juicio de Jesús, que, aunque los jueces eran enemigos suyos, no pudieron probarle la comisión de crimen alguno. Cada día debiéramos dar gracias á Dios de que nuestro Sustituto fue perfecto en todos respectos, y que nuestro Rescate fue completo y sin tacha. ¿Qué hombre hay que alcance á contar sus pecados? Todos los días de nuestra vida dejamos de hacer lo que debiéramos hacer y hacemos lo que no debiéramos hacer. Mas debe consolarnos el saber que Cristo el Justo ha ocupado nuestro lugar á fin de pagar la deuda que gravita sobre los hombros de todos nosotros, y de cumplir la ley que todos hemos quebrantado. "El da justicia á todo aquel que cree." Rom. 10: 4. Por Él y en Él se considera á los creyentes como si hubiesen cumplido la ley. Por amor de Cristo Dios puede decir respecto del creyente: "No hallo en él falta alguna." Notemos, además, de qué manera tan completa los judíos tomaron sobre si la responsabilidad de dar muerte á nuestro Señor. Se nos refiere que "queriendo Pilato soltar á Jesús, los judíos daban voces diciendo: '¡Crucifícale, Crucifícale!'" Y también, que "instaban a grandes voces pidiendo que fuese crucificado." Este hecho de la historia de la pasión merece especial atención, pues comprueba que los apóstoles hablaron con rigurosa exactitud, en épocas posteriores siempre que aludieron á la muerte de su Maestro. "Matasteis Al Autor de la vida." dijo Pedro á los judíos en Jerusalén. "Vosotros le matasteis colgándole en un madero." Actos 3:15; 5: 30. Los judíos mataron así al Señor Jesús como á sus mismos profetas," dijo S. Pablo á los Tesalonicenses. Dios no olvidó la terrible responsabilidad que asumieron los judíos. La sangre inocente que entonces derramaron ha estado clamando contra ellos en su calidad de nación por el espacio de diez y ocho siglos. Diseminados por toda la tierra; errantes en todas las naciones; sin patria, sin gobierno propio, los judíos demuestran hasta el día de hoy que sus palabras han tenido un cumplimiento terrible. La sangre de su Mesías ha recaído sobre ellos y sobre sus hijos. Ellos son un ejemplo viviente que nos da á conocer las desgracias que sobrevienen á los que rechazan á nuestro Señor. Maravilloso es, en verdad, que se reserve misericordia para los hijos de Israel á pesar de sus pecados y de su incredulidad I La nación que hirió al Redentor y le dio la muerte, algún día tornará hacia El los ojos con fe y será restituida á la gracia de Dios. Advirtamos, por último, en este pasaje cuan singulares fueron las circunstancias bajo las cuales Barrabas fue puesto en libertad. Se nos dice que Pilato "soltó á aquel que habían sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían (los judíos) pedido mas entregó á Jesús á la voluntad de ellos." Tenia en su poder dos prisioneros y debía poner en libertad á uno de ellos. El uno había pecado contra Dios y contra los hombres y se habían manchado de negros crímenes: el otro era el santo, inocente é inmaculado Hijo de Dios, en quien no habían falta alguna. ¡Y sin embargo, Pilato condena al prisionero inocente y absuelve al culpable! Da órdenes para que suelten á Barrabas y entrega á Jesús para que sea crucificado. Este hecho es muy instructivo, pues manifiesta hasta que punto llegó la malevolencia de los judíos para con nuestro Señor. Como dice S. Pedro: "Al Santo y al Justo negaron, y pidieron que se les diese un homicida." Actos 3:14. También manifiesta cuan profunda fue la humillación á que se sometió nuestro Señor á fin de obtener nuestra redención. ¡Sí, se sometió á pesar menos en la balanza de la justicia que un asesino, y permitió que se le tuviese por más criminal que el mayor de los pecadores! Pero ese hecho tiene un significado más profundo que no hemos de dejar desapercibido: es un emblema ó símbolo del canje que se verifica entre Cristo y el pecador cuando este es justificado delante de Dios. "Cristo fue hecho pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él." 2 Cor. 5: 21. Cristo siendo inocente ha sido tenido por culpable delante de Dios, para que los que son culpables sean considerados como inocentes y absueltos de toda condenación. NOTAS. LUCAS 23:13-25. 15. Ninguna cosa digna de muerte se le ha hecho. "Ha hecho" en vez de "Me ha hecho" expresaría mejor el sentido del original. 16. Castigado. Esta palabra quiere decir "castigado con azotes." 20. Queriendo soltar á Jesús. El deseo que Pilato tenía de absolver á nuestro Señor y ponerlo en libertad, juntamente con su grande anhelo de agradar á loa judíos y de granjearse la alabanza de los hombres, presenta un ejemplo notable de la esclavitud á que pueden verse reducidos los hombres grandes que carecen de principios. 21. Crucifícale. La crucifixión era no solo la muerte más dolorosa sino también la más ignominiosa á que persona alguna pudiera ser condenada. 22. La tercera vez. Es digno de notarse que Pilato repitió por tres veces la declaración de que nuestro Señor era inocente. |
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Crucifixión y muerte de Jesús Lucas 23.26-49 26 Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. 27 Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. 28 Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. 29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. 30 Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. (Os. 10.8; Apo.6.16) 31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? 32 Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. 33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. (Sal. 22.18) 35 Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. 36 Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, 37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. 39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. 42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. 44 Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 45 Y el sol se oscureció, y el velo (Ex. 26.31-33) del templo se rasgó por la mitad. 46 Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. (Sal. 31.5) Y habiendo dicho esto, expiró. 47 Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48 Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. 49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres (Lc. 8.2-3) que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas. |
Crucifixión y muerte de Jesús Lucas 23.26-49 Mt. 27.32-56; Mr. 15.21-41; Jn. 19.17-30 Mt. 27.32-56 32 Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. 33 Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, 34 le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. 35 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 36 Y sentados le guardaban allí. 37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. 38 Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. 39 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, 40 y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: 42 A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. 43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. 44 Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él. 45 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. 48 Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 49 Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 51 Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52 y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 54 El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios. 55 Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, 56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Mr. 15.21-41 21 Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. 22 Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera. 23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. 24 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. 25 Era la hora tercera cuando le crucificaron. 26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. 27 Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. 28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos. 29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! Tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, 30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. 31 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban. 33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? Que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. 36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. 37 Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. 38 Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. 40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. Jn. 19.17-30 17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. 21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. 22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. 23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. 24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados. 25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. 29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. 30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. |
Lucas 23.30 Os. 10.8; Apo.6.16 Os. 10.8 Y los lugares altos de Avén serán destruidos, el pecado de Israel; crecerá sobre sus altares espino y cardo. Y dirán a los montes: Cubridnos; y a los collados: Caed sobre nosotros. Apo.6.16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero Lucas 23.34 Sal. 22.18 Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Lucas 23.45 Ex. 26.31-33 31 También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines; 32 y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata. 33 Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo. Lucas 23.46 Sal. 31.5 En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad. Lucas 23.49 Lc. 8.2-3 2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, 3 Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 23:26-38. Notemos, en primer lugar, la admonición profética que pronunció nuestro Señor. Según se refiere en el pasaje que queda trascrito, El dijo á las mujeres que le seguían cuando marchaba hacia el Calvario: "Hijas de Jerusalén, no me lloréis á mí; mas lloraos á vosotras mismas, y á vuestros hijos. Porque, he aquí, que vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no parieron, y los pechos que no criaron." Á los oídos de los mujeres de Judá estas palabras debieron de haber llegado con un sonido lúgubre. Para ellas era hasta deshonroso no tener hijos; por lo tanto, la idea de que llegara día en que la esterilidad fuera una bendición, debía de parecerles extraña y terrible. Y sin embargo, en el transcurso de cincuenta años, esa predicción fue cumplida literalmente. Á consecuencia del sitio que el ejército romano, bajo las órdenes de Tito, puso á Jerusalén, los habitantes de la ciudad sufrieron horriblemente de hambre y de peste. Se cuenta que hubo mujeres que á falta de otro alimento, se comieron á sus propios hijos. Sobre nadie descendió con tanta severidad el juicio enviado á la nación judía como sobre las esposas, las madres y los niños pequeños. No vayamos á suponer que Jesucristo no ofrece al hombre más que misericordia, amor y perdón. Sin duda que Él es sobre manera misericordioso. La Escritura dice: "El es amador de la misericordia." Más no hay que olvidar que es justo además de misericordioso. En el Evangelio ha sido revelada la ira para los que permanecen en la maldad. La misma nube que alumbraba á Israel era oscura para los Egipcios: el mismo Salvador que invita á los agobiados y afligidos á que vengan á Él, declara explícitamente que á menos que el hombre se arrepienta perecerá, y que el que no cree será condenado. Lucas 13:3; Marcos 16:16. En mundo incrédulo verá, como vio Jerusalén, que Dios tiene en su poder el juicio, así como también la misericordia. Notemos, en seguida, las tiernas palabras de intercesión que pronunció nuestro Señor. Cuéntasenos que, cuando lo hubieron crucificado sus primeras palabras fueron: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." Ni aun sus propios padecimientos corporales pudieron hacerle olvidar á los demás. La primera de las siete palabras que dijo en la cruz fue una plegaria por el alma de sus verdugos. Ya había dado á conocer sus funciones proféticas por medio de una notable predicción. Iba más tarde á dar á conocer sus funciones como rey abriendo las puertas del paraíso á un ladrón arrepentido. Y en el momento de que tratamos desempeñó sus funciones sacerdotales intercediendo por los que lo crucificaron. "Padre," dijo, "perdónalos." No percibiremos todos los frutos de esta plegaria hasta e día en que se abran los libros y se revelen los secretos de todos los corazones. ¿Quién puede decir cuántas de las conversiones que tuvieron lugar en Jerusalén, durante los seis meses que se siguieron á la crucifixión, fueron en contestación á ella? Quizá esa plegaria fue una de las causas que produjeron el arrepentimiento del ladrón. Quizás conmovió al centurión que declaró que Jesús era hombre justo, y á los que volvieron dándose golpes de pecho Quizá los tres mil que se convirtieron el día de Pentecostés y que tal vez habían tomado parte activa en la conspiración urdida contra nuestro Señor, debieron su conversión á esta misma oración. El último día se sabrá: no hay nada secreto que no haya de ser revelado entonces. Lo que sí sabemos con seguridad al presente es que el Padre oye siempre al Hijo. No hay duda, pues, de que la oración fuese oída. En esa súplica se percibe una prueba más del infinito amor que Cristo tiene á los pecadores. Por malvados que estos sean, siempre se apiada de ellos. Él lloró por la desleal Jerusalén; Él oyó la suplica del ladrón moribundo; Él se detuvo debajo del árbol para llamar al publicano Zaqueo; Él descendió del cielo para ablandar el coraron de Saulo, el perseguidor, y aun en la cruz oró por sus asesinos. Un amor semejante sobrepuja todo entendimiento. Ni aun los más viles pecadores deben abstenerse de acudir á Él por temor de no ser recibidos. Finalmente, esta intercesión nos presenta un ejemplo notable de los sentimientos que deben animar á todos los discípulos de Jesucristo Á semejanza de Él, volvamos bien por mal, bendiciones por maldiciones. Á semejanza de Él oremos por los que nos persiguen y calumnian. Acaso á nuestro orgullo repugne semejante idea; acaso el mundo califique nuestra conducta de baja y de mezquina; mas no por eso nos avergoncemos de imitar á nuestro divino Maestro. El hombre que ora por sus enemigos manifiesta que posee el espíritu de Jesucristo, y por lo tanto, será galardonado. NOTAS. LUCAS 23:26-38. 26. Tomaron á un Simón, etc. Según parece, nuestro Señor llevó la cruz hasta que se le agotaron las fuerzas, y después los soldados hicieron á Simón que cargase con ella. 27. Grande multitud de pueblo y de mujeres. No poseemos datos algunos que nos indiquen que clase de individuos formaron ese concurso. Algunos comentadores creen que se componía de discípulos y adeptos de Jesús; mas la mayor parte están de acuerdo en conceptuar que se componía de gentes que se habían conmovido al ver sufrir á un inocente, pero que no sentían pesar por sus pecados y no tenían fe en el Salvador. Un autor distinguido hace la siguiente observación: "No se nos refiere que mujer alguna hablara contra nuestro Señor durante su vida, ó que tomara parte en darle muerte. Por el contrario, una mujer lo ungió para su entierro; unas mujeres fueron las últimas personas que se retiraron de su sepulcro y las primeras que lo saludaron cuando resucitó; unas mujeres atendieron á sus necesidades: unas mujeres lloraron y se lamentaron por Él; una mujer pagana intercedió á favor de su vida con su esposo Pilato; y, sobre todo, una mujer lo dio á luz." 29. Vendrán días. Estos "días" significan el período de las últimas guerras entre judíos y romanos, y en particular el sitio de Jerusalén. 31. Árbol verde......el seco. La opinión que más prevalece entre los mejores comentadores es que esta es una especie de antítesis en que nuestro Señor se puso en contraste á sí mismo con la nación judía. El significado de sus palabras puede, pues, amplificarse del modo siguiente: "Si los Romanos cometen tantas crueldades conmigo, que soy árbol verde, ¿qué no harán algún día con vuestra nación que es como tronco seco y estéril?" 33. Al lugar que se llama Calvario. No se sabe á punto fijo por qué razón se denominaba así dicho lugar. Sobre esta materia se han hecho muchas conjeturas. Jerónimo y otros creían que era el lugar donde se ejecutaba á los criminales, y donde, por consiguiente, había calaveras y huesos humanos. Otros son de opinión que el Calvario era un paraje árido y pedregoso, parecido en su forma á una calavera. Nótese que cuando nuestro Señor fue crucificado el Calvario estaba extramuros de la ciudad. El lugar que al presente se supone ser el Calvario esta situado dentro de los muros. Mas, sea de esto lo que fuere, la opinión de que era un monte ó collado no tiene apoyo en las Escrituras. 34. No soben lo que hacen. El principio que estas palabras entrañan merece especial atención, y necesita ser modificado por medio de dos observaciones preliminares. Por una parte, importa, que no vayamos á imaginarnos que la ignorancia no sea culpable, y que los ignorantes merecen recibir perdón por sus pecados. De este modo la ignorancia vendría á ser una prenda de gran precio. Por otra parte, no se puede negar que la Escritura enseña que los pecados que se cometen por ignorancia son menos graves á los ojos de Dios que los que se cometen con pleno conocimiento. En nuestro concepto, lo que nuestro Señor quiso decir con las palabras citadas fue que los que lo crucificaron no comprendían cuan grande era la maldad que estaban cometiendo. Sabían que estaban crucificando á un hombre á quien reputaban como impostor, mas no sabían que ese hombre era el Mesías prometido, el Hijo de Dios. 38. Un titulo......con letras griegas, latinas y hebraicas. Cualquiera que haya leído la Biblia con cuidado habrá notado que los evangelistas no trasmiten en las mismas palabras la inscripción colocada en la parte superior de la cruz de nuestro Señor. Cada uno difiere en algo de los otros tres. Es preciso recordar que dicha inscripción estaba escrita en tres idiomas distintos; y también tomar en consideración que tal vez no era exactamente igual en todos ellos. Ahora bien, pudo haber sucedido que Mateo reprodujera la inscripción hebraica; Marcos la latina; Lucas la griega, y que Juan, que escribió muchos años después, reprodujera en sustancia lo que todas tres contenían.
Comentarios de J. C. Ryel LUCAS 23:39-43 Los versículos que acabamos de transcribir merecen ser impresos con letras de oro. Muchos hombres, sin duda, darán gracias á Dios por toda la eternidad de que la Biblia contiene la historia del ladrón penitente. Dicha historia nos da á conocer, primeramente, la relación que existe entre la salvación de los pecadores y la soberana voluntad de Dios. Se nos refiere que dos malhechores fueron crucificados con nuestro Señor-uno á su diestra y el otro á su siniestra. Ambos se hallaban á la misma distancia de Cristo; ambos vieron todo lo que sucedió durante las seis horas que estuvo pendiente de la cruz; ambos estaban agonizando y sufriendo dolores agudos; ambos eran grandes pecadores y necesitaban del perdón. Y sin embargo, el uno murió en sus pecados-tan impenitente, incrédulo é indiferente como había vivido; y el otro se arrepintió, creyó, imploró misericordia de Jesús y fue salvo. Un hecho como este debiera hacernos humildes. No nos es dado explicarlo. Solo podemos decir: "Así, Padre, porque así agradó á tus ojos." Mat. 11:26. ¿Cómo es que en las mismas circunstancias exactamente un hombre se convierte y otro no; por qué es que de dos que oyen el mismo sermón uno permanece indiferente y otro va á su hogar á orar y á implorar el auxilio de Jesucristo; por qué razón el Evangelio es anunciado á uno y no á otro? todas estas son preguntas que no podemos contestar. Solo sabemos que son hechos ciertos y que en vano pretenderemos negarlos. Nuestro deber es claro y sencillo, á saber: hacer uso con ahínco de los medios que Dios ha puesto á nuestro alcance para bien de nuestras almas. No hay necesidad de que nadie se pierda: la Biblia no contiene decreto condenatorio contra ningún individuo, y las oportunidades de salvación que el Evangelio ofrece son amplias y universales. Por otra parte, la soberanía de Dios no anula la responsabilidad del individuo. Uno de los ladrones obtuvo la salvación para que ninguno pierda la esperanza, y otro se perdió para que ninguno se haga ilusiones. Esta historia nos enseña, además, cual es el carácter invariable del verdadero arrepentimiento. Por lo común se pasa por alto este hecho de la historia del ladrón penitente. Muchos hay que no consideran sino la circunstancia de que se salvó á la hora de la muerte; y no examinan las claras é inequívocas pruebas de arrepentimiento que dio antes de exhalar el último suspiro. Esas pruebas merecen señalada atención. La primera fue la indignación que manifestó por la mala conducta de su compañero para con el Señor: "¡Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación!" La segunda fue el reconocimiento de sus propios pecados: "Nosotros á la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos." La tercera consistió en una declaración explícita de la inocencia de Jesucristo: "Este ningún mal hizo." La cuarta fue la fe en que Jesucristo tenía poder y voluntad para salvarlo: tornando hacia Él los ojos lo llamó "Señor," y expresó su creencia de que Él tenía un reino. La quinta consistió en hacer oración: clamó á Jesús cuando estaba en la cruz y le suplicó que aun en aquellos momentos se apiadase de su alma. La sexta y última fue la humildad: pidió á Jesús que se apiadase de él. No pidió ninguna grandeza: le bastaba que Cristo se acordara de él. Guardémonos del arrepentimiento que no vaya acompañado de pruebas inequívocas. Millares de hombres hay que mueren en el engaño. Se imagina que han de salvarse necesariamente, porque el ladrón se salvó á la hora de la muerte; y se olvidan que para ello es preciso que se arrepientan como él se arrepintió. Cuanto más corto sea el tiempo que uno tenga disponible, con tanto mayor cuidado ha de aprovecharlo. Cuanto más cerca se halle el hombre al sepulcro cuando empiece á pensar seriamente en la salvación de su alma tanto más claras han de ser las pruebas que dé de su conversión. Puede decirse que, por regla general, los arrepentimientos que se verifican en el lecho de muerte son poco satisfactorios. Esta historia nos enseña, además, cuan grandes son el poder y la voluntad que Cristo tiene de salvar á los pecadores. Escrito está que puede salvar perpetuamente. Heb. 7: 25. Si escudriñamos la Biblia, desde el Génesis hasta la Revelación, no encontraremos una prueba más evidente del poder y la misericordia de Cristo que la salvación del ladrón penitente. ¿Queremos que se nos presenten pruebas de que la salvación se obtiene por la fe y no por las obras? El caso de que tratamos es una. El ladrón estaba clavado en la cruz de pies y manos, y no podía hacer nada absolutamente en pro de su alma. Sin embargo, por la gracia infinita de Cristo fue salvo. ¿Queremos se nos den pruebas de que los sacramentos no son de necesidad absoluta para la salvación, y que cuando no puedan administrarse, los pecadores obtienen sin ellos el perdón de sus culpas? El ladrón penitente no fue bautizado jamás, no pertenecía á ninguna iglesia visible, y nunca participó de la cena del Señor, mas se arrepintió y creyó, y por lo tanto fue salvo. Esta historia nos enseña, por último, cuan cerca del descanso y de la gloria se halla el creyente agonizante. Nuestro Señor dijo al malhechor en contestación á su súplica: "Hoy estarás conmigo en el paraíso." La palabra "hoy" contiene un volumen entero de teología, pues nos hace saber que tan luego como el creyente muera, su alma pasa á gozar de felicidad. En ese momento no se efectúa su completa redención. Su dicha perfecta no empieza sino el día de la resurrección; mas no hay ni demoras misteriosas, ni intervalos de expectativa, ni purgatorio alguno entre su muerte y el estado de la bienaventuranza. Tan pronto como expire se halla con Cristo. Filip. 1:23. Tengamos esto presente cuando nuestros parientes ó amigos mueran con fe en el Señor. No debemos lamentarlos como si hubieran perecido para siempre. En tanto que nosotros estamos de duelo, ellos están llenos de júbilo. Mientras nos cubrimos de luto y derramamos lágrimas en sus funerales, ellos están gozando de felicidad en la presencia del Señor. Ante todo, si somos verdaderos cristianos, tengamos esto presente cuando pensemos en nuestra propia muerte. Serio trance es morir; mas si morimos en el Señor, no debemos dudar de que nuestra muerte sea una gran ganancia. NOTAS. LUCAS 23:39-43. 39. Uno de los malhechores......le injuriaba. Naturalmente al lector se le ocurrirá preguntar como se hace armonizar la relación que sobre los ladrones hace Lucas con la que hacen Mateo y Marcos. Estos dicen que ambos ladrones zaherían á Cristo: Lucas dice que uno. 1. Algunos creen que solo uno de los ladrones injurió al Señor, y que Mateo y Marcos hicieron uso del plural de un modo indefinido, de la misma manera que suele usarse el día de hoy. 2. Otros creen que ambos ladrones le injuriaron al principio, pero que uno da ellos se arrepintió, cesó de injuriar y empezó á orar. 40. Respondiendo el otro le riñó. No se nos dice quién fuera este malhechor, ni que le moviera la conciencia y lo hiciera arrepentirse. En cuanto á su patria es probable que lo fuera la Judea. En cuanto á la causa de su conversión, lo más probable es que fuera la gracia soberana y espontánea de Cristo. 43. Paraíso. La palabra así traducida, que se encuentra solo en otros dos pasajes del Nuevo Testamento (2 Cor. 12:4; Rev. 2:7) denota el estado de los almas de los fieles entre la muerte y la resurrección.
Comentarios de J. C. Ryle Lucas 23:44-49. Notamos primeramente cuáles fueron los signos milagrosos que anunciaron la muerte de nuestro Señor. Se nos dice que hubo tinieblas sobre toda la tierra por el espacio de tres horas; y que el sol se oscureció y el velo del templo se rompió por medio. Propio y justo era que se llamase la atención de Jerusalén de una manera especial á tiempo que se estaba ofreciendo el gran sacrificio propiciatorio y el Hijo de Dios estaba agonizando. Muchos prodigios y señales acaecieron en presencia de todo Israel cuando se dio la ley en el Sinaí; y de la misma manera hubo prodigios y señales cuando se derramó en el Calvario la sangre expiatoria de Cristo. Una de estas señales, la oscuridad, fue para provecho del mundo incrédulo, puesto que haría meditar á los hombres. La otra, el acto de romperse el velo que pendía entre el santo y el santo de los santos, fue para provecho de los miembros de la iglesia y de los ministros del templo, puesto que era un milagro que debió de llenarlos de pavor religioso. Señales como esas forman parte del plan que la divina Providencia ha establecido para gobernar la humanidad. Dios sabe que la torpeza y la incredulidad son defectos anexos á los hombres, y por lo tanto, cuando quiere hacer una nueva revelación, se digna despertarnos de la indiferencia, por medio de obras milagrosas. De este modo, de grado ó por fuerza, tenemos que oír su voz. Notemos, en segundo lugar, cuan notables fueron las palabras que nuestro Señor pronunció al expirar. Refiéresenos que, clamando en alta voz, dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." Estas palabras entrañan un pensamiento profundísimo, un pensamiento que nosotros no alcanzamos á sondear. La muerte de nuestro Señor tuvo algo de misterioso que la diferenció de la del hombre. El tenía dos naturalezas: una divina y otra humana. Su naturaleza divina no podía morir. El mismo había dicho: "Yo pongo mi vida para volverla á tomar. Nadie la quita de mí, mas yo la pongo de mí mismo; porque tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla á tomar." Juan 10:17 y 18. Cristo no murió, como nosotros morimos, porque estuviera obligado á ello y no pudiera evitarlo, sino de su propia y libre voluntad. Esto no obstante, en cierto sentido las palabras de nuestro Señor son aplicables á todos los verdaderos cristianos; pues indican de que manera deben estos someterse á la muerte. Á semejanza de nuestro Maestro, debemos aguardarla sin temor, considerándola como un enemigo vencido á quien la muerte de Cristo ha dejado inerme; como un adversario que después que ha atacado el cuerpo se encuentra impotente. Así lo hizo Esteban. "Señor Jesús," dijo él, "recibe mi espíritu." Así lo hizo Pablo cuando se hallaba en la ancianidad y próximo al fin de su existencia. "Yo sé," dijo, "á quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día" Actos 7:59; 2 Tim. 1:12. Felices, á la verdad, aquellos cuya vida termina así. Notemos, por ultimo, cómo en la conducta del centurión y de la demás gente que vio morir á Jesús se dejó ver la fuerza irresistible de la conciencia. Se nos dice que el centurión dio gloria á Dios, y dijo: "Verdaderamente este hombre era justo." Asimismo se nos dice que la muchedumbre que había presenciado la solemne escena volvía dándose golpes de pecho. No sabemos con exactitud cuál fuera la naturaleza de las emociones que ellos experimentaron, ni del fruto que esas emociones produjeron más tarde. Más sí sabemos, por lo menos, esto: que el oficial romano se sintió íntimamente convencido de que había presidido á la perpetración de una injusticia y dirigido la crucifixión de un inocente. Por lo que hace á los espectadores, su dolor profundo era hijo de la persuasión de que habían apoyado y aprobado un hecho atroz. Tanto los judíos como los gentiles se alejaron del Calvario llenos de remordimiento, sintiendo el corazón oprimido y turbada la mente. ¡Grande, á la verdad, es el poder de la conciencia! ¡Irresistible es el influjo que puede ejercer en el corazón del hombre! Llena de temor á los monarcas en sus tronos; y puede hacer temblar y estremecer á las muchedumbres ante un puñado de defensores de la verdad. Sujeta á errar como siempre está, é incapaz como es de convertir al hombre, es la más importante función del espíritu humano. No debemos, pues, sorprendernos que S. Pablo dijera: "Por manifestación de la verdad encomendándonos nosotros mismos á la conciencia de todo hombre." 2 Cor. 4:2. Quienquiera que desee gozar de tranquilidad interior ha de guardarse de obrar en pugna abierta con su conciencia, y ante todo, ha de orar diariamente para que el Espíritu Santo derrame sobra ella su luz y que la sangre de Cristo la purifique. Las siguientes palabras de S. Juan son muy expresivas: "Si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios." 1 Juan 3:21. Bien habrá quien puede decir: "Y por esto yo procuro tener siempre conciencia sin ofensa acerca de Dios y acerca de los hombres." Actos 24: 16. NOTAS. LUCAS 23:44-49. 44. Como la hora de sexta. Según la usanza de los judíos, el día empezaba á lo que nosotros llamamos la oración. Nuestro Señor fue crucificado á la hora da tercia que corresponde á las nueve de la mañana; y las tinieblas empezaron á la hora de sexta, esto es, á las doce del día. Sobre toda la tierra. Es decir, la tierra de Palestina. 45. El velo del templo se rompió por medio. Este milagro debe de haber sido tan portentoso y terrible para los sacerdotes que servían en el templo, como la oscuridad fue para los demás habitantes de Palestina. Eso significaba que la muerte de Cristo habían abierto la entrada al Santísimo, que el sistema judaico había llegado á su fin, y que se iba á revelar a la humanidad la religión del Evangelio. 49. Y las mujeres. Según parece, no eran las mismas á quienes se dirigió nuestro Señor cuando tenía la cruz á cuestas. Las mencionadas en este versículo venían de Galilea, en tanto que las otras eran hijas de Jerusalén. |
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Texto Bíblico
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Textos
Paralelos
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Referencias
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Jesús es sepultado Lucas 23.50-56 50 Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. 51 Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, 52 fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53 Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. 54 Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo. * (Aquí equivale a sábado) 55 Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. 56 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo,* conforme al mandamiento. (Ex. 20.10; Dt. 5.14) |
Jesús es sepultado Lucas 23.50-56 Mt. 27.57-61; Mr. 15.42-47; Jn. 19.38-42 Mt. 27.57-61 57 Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. 58 Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. 59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, 60 y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. 61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. Mr. 15.42-47 42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, 43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, 46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían. Jn. 19.38-42 38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. 40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. 42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús. |
Lucas 23.56 Ex. 20.10; Dt. 5.14 Ex. 20.10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas Dt. 5.14 mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 23: 50-56. En estos versículos se nos da á entender que Jesús tenia algunos discípulos poco conocidos del público. Se nos refiere que habían cierto hombre que se llamaba José, que no habían estado de acuerdo con los que condenaron á nuestro Señor, y que esperaba también el reino de Dios. Ese hombre se presentó sin temor ante Pilato, después de la crucifixión, para pedirle el cuerpo de Jesús; y obtenida que fue su petición, quitó el cuerpo de la cruz y lo puso en un sepulcro. Con excepción de lo contenido en el pasaje de que tratamos nada sabemos de José. En ninguna parte de los Actos ó de las Epístolas se hace mención de él; ni figuró tampoco durante los tres años que nuestro Señor proclamó públicamente su doctrina. No se puede explicar por qué razón no se habían afiliado con los otros discípulos; mas sí puede decirse en alabanza suya que en la hora extrema dio á conocer abiertamente que era uno de los prosélitos de Jesús. Cuando los mismos apóstoles abandonaron á su Maestro, José expresó sin temor su afecto y veneración hacia El. Otros lo habían reconocido en tanto que estaba vivo y hacia milagros. Solo José lo reconoció después de muerto. La historia de José de Arimatea es bien instructiva y consoladora por cuanto demuestra que Jesucristo tiene discípulos acerca de los cuales la iglesia poco ó nada sabe, discípulos que tal vez no hacen tantas protestas como otros, pero á quienes nadie excede en amor y afecto; y por cuanto manifiesta, ante todo, que en el curso de los acontecimientos, pueden aparecer creyentes de donde menos se esperan, y que la causa de Cristo puede tener sostenedores que por el presente nos sean desconocidos. Es á ellos que David llama "los escondidos," y Salomón compara al "lirio entre las espinas." Estos versículos nos enseñan también que la muerte de Cristo fue real y verdadera. Este es un hecho sobre el cual la narración no deja duda ninguna. Es imposible que los que quitaron el cuerpo de la cruz y lo pusieron en una sábana, se hubieran engañado. Por sus propias manos y sus propios ojos debieron haberse cerciorado que no era á un vivo sino á un difunto á quien habían colocado en el sepulcro de José. Este hecho es mucho más importante de lo que por lo general suponen los lectores superficiales. Si Jesucristo no hubiera muerto realmente, el Evangelio nos ofrecería poco consuelo. Solo su muerte podía pagar la deuda del hombre para con Dios. Su encarnación, sus sermones, sus parábolas, sus milagros, su completa obediencia á la ley no habrían servido de nada si no hubiera muerto. El castigo con que se amenazó al primer Adán fue la muerte eterna. Si el segundo Adán, esto es Cristo, no hubiese muerto en nuestro lugar además de habernos enseñado la verdad, el castigo original habría recaído con todo su rigor sobre Adán y todos sus descendientes. Demos para siempre gracias á Dios de que la muerte de Cristo es un hecho indisputable. El centurión que estuvo cerca de la cruz, los creyentes que desclavaron el cuerpo y lo colocaron en el sepulcro, las mujeres que estuvieron presentes, los sacerdotes que sellaron el sepulcro, los soldados que lo guardaron, todos, todos fueron testigos de que Jesús estaba verdaderamente muerto. El gran sacrificio fue verdaderamente ofrecido; el cordero fue verdaderamente inmolado; nuestro sustituto sufrió la pena consiguiente al pecado. Los pecadores que creen en Jesús no tienen, pues, motivos para temer, mas sí para esperar. De por sí son culpables, pero Cristo ha muerto por los pecadores. Estos versículos nos dan á conocer, por último, de qué manera acataban los discípulos de Jesús el cuarto mandamiento. Cuéntasenos que las mujeres que habían preparado aromas y bálsamos "reposaron el sábado, conforme al mandamiento." Esta pequeña circunstancia es un argumento fuerte, aunque indirecto, contra los que dicen que Cristo abolió el cuarto mandamiento. Ni en este pasaje, ni en ningún otro se encuentra expresión alguna en la cual pueda apoyarse semejante aserción. Nuestro Señor atacó con frecuencia las tradiciones humanas que respecto de la observancia del sábado estaban en boga entre los judíos; y procuró eliminar de ese santo día toda opinión supersticiosa ó contraria á la Biblia, y hacer ver que con las obras de necesidad y de misericordia no se quebranta el cuarto mandamiento. Mas nunca enseñó que no se debía guardar el sábado, y según el pasaje que tenemos á la vista, sus discípulos eran tan escrupulosos como cualquiera en cuanto á santificar ese día; lo cual prueba que Él no les había enseñado que el cuarto mandamiento no fuese obligatorio para con los cristianos. No, el sábado no fue creado solo para los hebreos: se designó desde el principio para bien de toda la humanidad, y los cristianos deben guardarlo de la misma manera que los judíos. La observancia de este día tiene benéficos resultados en el cuerpo y en el alma, en la nación que lo acata y la iglesia que lo venera. No hay sino unos pocos pasos de la negación de la santidad del domingo á la negación de Dios. El hombre que quiera convertir el domingo en día de negocios y diversiones es enemigo declarado del bienestar de sus semejantes. El hombre que suponga que los creyentes son tan espirituales que no necesitan distinguir un día de la semana de los demás días, conoce bien poco el corazón humano, ó las necesidades que acarrea el hecho de vivir en un mundo malo y corruptor. NOTAS. LUCAS 23:50-56. 60. José, el cual era senador. Estas palabras significan, probablemente, que José pertenecía al gran consejo ó Sanedrín de la nación judía. 53. Un sepulcro que era, labrado en la roca. Esos sepulcros eran especie de grutas abiertas horizontalmente en la roca. Los cuadros de la resurrección dan, por lo común, una idea incorrecta del sepulcro de Jesús. 64. La preparación. El día en que nuestro Señor fue crucificado fue el anterior al sábado de Pascua, el cual era de señalada solemnidad. El sábado esclarecía. Esta expresión es notable y necesita de explicación. El sábado de los judíos empezaba al anochecer del viernes. ¿Porqué pues dice S. Lucas que esclarecía? Varias son las explicaciones que de dichas palabras se hacen. Quizá la más satisfactoria es la de Alford, á saber: que S. Lucas para denotar el principio de un día legal usó una palabra que expresa el principio de un día natural. Nada de extraño debe tener esto para el lector si considera que aun en nuestros días se usan locuciones que, científicamente hablando, no son conectas, tales como "la salida y la puesta del sol." |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
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de La Biblia Devocional de Estudio
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)
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