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La resurrección Lucas 24.1-12 El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. 2 Y hallaron removida la piedra del sepulcro; 3 y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5 y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, 7 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. (Mt. 16.21; 17.22-23; 20.18-19; Mr. 8.31; 10.33-34; Lc. 9.22;18.31-33) 8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9 y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. 10 Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 11 Más a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. 12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido. |
La resurrección Lucas 24.1-12 Mt. 28.1-10; Mr. 16.1-8; Jn. 20.1-19 Mt. 28.1-10 1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 2 Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. 8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9 he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán. Mr. 16.1-8 1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6 Más él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo. Jn. 20.1-19 1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. 2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. 3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. 6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, 7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. 9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. 10 Y volvieron los discípulos a los suyos. |
Mateo 24.7-7 Mt. 16.21; 17.22-23; 20.18-19; Mr. 8.31; 10.33-34; Lc. 9.22;18.31-33 Mt. 16.21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día; 17.22-23 22 Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, 23 y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera; 20.18-19 18 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; 19 y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará. Mr. 8.31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días; 10.33-34 33 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; 34 y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará. Lc. 9.22 y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día;18.31-33 31 Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. 32 Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. 33 Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 24:1-12. La resurrección de Cristo es una de las piedras fundamentales de la religión cristiana. En cuanto á la importancia de los resultados que de ella han surgido, no hay acontecimiento que la exceda si no es el de la crucifixión. En el capítulo que empieza con los versículos que acabamos de transcribir, se nos llama la atención á la resurrección, y se nos presentan pruebas evidentes de que Jesús no solo murió sino que también resucitó. En los versículos que tenemos á la vista se nos da á conocer que la resurrección de Cristo fue real. En ellos se nos cuenta que el primer día de la semana ciertas mujeres vinieron al sepulcro del Señor para embalsamar el cuerpo; pero que cuando hubieron llegado, hallaron la piedra rodada, y entrando no hallaron al Señor Jesús. Este hecho sencillo da principio á la historia de la resurrección de Cristo. El sábado por la mañana el cuerpo reposaba en el sepulcro, y el domingo por la mañana ya había desaparecido. ¿Quiénes lo habían arrebatado? ¿Quiénes lo habían sacado de allí? No los sacerdotes y los escribas y otros enemigos de Cristo. Si ellos hubieran tenido el cuerpo de Cristo con júbilo se habrían apresurado á mostrarlo para negar la resurrección. ¡No los apóstoles y otros discípulos de nuestro Señor! Ellos estaban muy asustados y muy tristes para atreverse á hacer cosa semejante, y además ningún provecho podía resultarles de ello. Un hecho, y solo uno, explica todas las circunstancias. Ese hecho fue el que anunciaron los ángeles: Cristo había resucitado. Buscarlo en el sepulcro era como buscar entre los muertos á un vivo. La resurrección de Cristo es un acontecimiento cuya autenticidad se apoya en pruebas que ningún incrédulo puede desvanecer. Ha sido confirmada con testimonios de distintas clases y distinta naturaleza. La sencilla y llana relación que hacen los apóstoles no puede ser contradicha. Cuanto más se la examina tanto más se convence el lector que si no se acepta como cierta, no queda medio de explicar el acontecimiento descrito. Si queremos negar la veracidad de dichos escritores, de una vez podríamos negar todos los acontecimientos de la historia. Hay más certeza de la resurrección de Cristo que de la existencia de César. En estos versículos se nos da á conocer, en segundo lugar, cuan fácilmente olvidaban los discípulos algunas de las palabras de nuestro Señor. Se nos dice que los ángeles que aparecieron á las mujeres les recordaron la predicción que había hecho su Maestro en Galilea respecto de su propia muerte, y que entonces ellas trajeron á la memoria sus palabras. Las habían oído pero no habían hecho ningún uso de ellas; y al cabo de mucho tiempo las trajeron otra vez á la memoria. Esta falta de memoria es una especie de enfermedad espiritual de que adolecen gran parte de los creyentes, y, como otros muchos defectos, prueba que la naturaleza humana es mala y ha decaído de su primitivo estado. Aun después de haber sido renovado por el Espíritu Santo, el hombre olvida con facilidad las promesas contenidas en el Evangelio, y á consecuencia de eso se ve frecuentemente en afanes de todo género. Oye muchas cosas que debiera atesorar en la mente, pero al parecer las olvida tan pronto como las oye. Y quizá después, al cabo de muchos días, alguna desgracia se las trae á la memoria, y al instante cae en cuenta que las había oído mucho tiempo antes. Se percibe entonces de que había oído, pero oído en vano. El mejor remedio para la flaqueza de memoria en lo espiritual es amar más vehementemente á Cristo y fijar los afectos en las cosas celestiales. No olvidamos con facilidad lo que amamos, y los objetos que contemplamos continuamente. Siempre recordamos los nombres de nuestros padres ó de nuestros hijos; y en el corazón tenemos siempre grabados los nombres de nuestras esposas ó esposos. Cuanto mayor sea el júbilo con que sirvamos á Cristo tanto mayor será la prontitud con que recordaremos sus preceptos. Bueno será que reflexionemos maduramente sobre las siguientes palabras del apóstol: "Por lo tanto es menester que con más diligencia estemos atentos á las cosas que hemos oído, por que no nos escurramos (ó desviemos de ellas)." Heb. 2:1. En estos versículos percibimos, finalmente, cuan difícil era hacer creer á los primeros discípulos en la resurrección de Cristo. Cuando las mujeres regresaron del sepulcro y contaron á los once discípulos lo que habían oído de boca de los ángeles, á ellos les parecieron sus palabras un desvarío, y no creyeron. Á pesar de que su Maestro les había asegurado con sus propios labios que resucitaría al tercer día; a pesar de que cinco ó seis testigos fidedignos les declararon que el sepulcro estaba vacío y que los ángeles les habían dicho que Él había resucitado; a pesar de que era imposible darse razón del hecho de que la tumba estuviese vacía si no se suponía que había tenido lugar una resurrección milagrosa; a pesar de todo los once apóstoles, en su falta de fe, no podían creer. Acaso algunos se sorprendan de que fueran tan incrédulos. Sin duda que á primera vista parece una insensatez, una sinrazón, una cosa que repugna al sentido común, que no se puede explicar. Mas ¿no seria bueno que dirigiéramos los ojos en torno de nosotros é indagáramos lo que sucede en nuestros días? ¿No percibimos, que después que por diez y ocho siglos se han ido acumulando las pruebas de la resurrección del Señor, existe aun una falta de fe que es verdaderamente deplorable? ¿No vemos millares de cristianos que no parecen creer que Jesús murió, que se levantó otra vez de entre los muertos y ha de venir á juzgar al mundo? Qué mucho que nuestro Señor dijera: "Empero, el Hijo del hombre, cuando viniere, ¿hallará fe en la tierra? Lucas 18; 8. Finalmente, inclinémonos con reverencia ante la sabiduría de Dios, que puede hacer salir el bien de lo que á nosotros nos parece ser el mal. La incredulidad de los apóstoles presenta una de las mejores pruebas indirectas de la resurrección. Si al principio vacilaron tanto en creer en ella, y después quedaron tan íntimamente convencidos de que había tenido lugar que la anunciaron por donde quiera que predicaron, Jesucristo debió en realidad haber resucitado. NOTAS. LUCAS 24:1-12. 1. El primer día de la, semana. Esto es, el domingo. 2. La piedra revuelta. Según lo que dice S. Mateo (Mat. 28:1), esta había sido la primera señal de la resurrección. A vista de los ángeles que quitaron la piedra, las guardias romanas se asustaron mucho al principio y luego huyeron. Después de esto las mujeres vinieron y encontraron el sepulcro vacío. Los dos varones. En este como en otro pasaje (Actos 1:10) "varones" quiere decir Ángeles en figura de hombres. 5. En Galilea. Esta expresión, así como otras muchas de la misma especie, nos da á entender que nuestro Señor pronunció la mayor parte de sus sermonea en Galilea. 10. Y otras. No sabemos quienes fueran esas otras. Probablemente eran las mujeres mencionadas en Lucas 8:2. |
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Texto Bíblico
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Referencias
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En el camino a Emaús Lucas 24.13-35 13 Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17 Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? 18 Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? 19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20 y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. 21 Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. 22 Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; 23 y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. 24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. 25 Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. 28 Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. 29 Más ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. 30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. 32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? 33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, 34 que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. 35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan. |
En el camino a Emaús Lucas 24.13-35 Mr. 16.12-13 12 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. 13 Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 24:13-35. La historia que estos versículos contienen ha sido referida solamente en el Evangelio de S. Lucas. De todas las once apariciones que Cristo efectuó después de su resurrección, ninguna es tan interesante como la de que trata el pasaje de que nos ocupamos. Notemos el estímulo que en estos versículos se presenta á los creyentes para que hablen entre sí acerca de Jesucristo. Se nos dice que dos discípulos iban de camino para Emmaús, y hablaban de la crucifixión de su Maestro. Y después encontramos estas palabras notables: "Y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesús se llegó, é iba con ellos juntamente." La conversación sobre asuntos espirituales es un medio de gracia de la mayor importancia. Así como con el hierro se aguza el hierro, la mente de los creyentes recibe un impulso de la comunicación recíproca de sus pensamientos. Todos los que practican ese canje de ideas reciben bendiciones especiales. Las siguientes palabras de Malaquías fueron escritas para provecho de la iglesia en todos los siglos: "Entonces los que temen á Jehová hablaron cada uno á su compañero. Y Jehová escuchó, y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen á Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán míos, dijo Jehová de los ejércitos, en el día que yo tengo de hacer tesoro.".... Mal. 3:16, 17. ¿Tenemos entrevistas con los demás cristianos para conversar sobre asuntos espirituales? Quizá leemos la Biblia, oramos en secreto y concurrimos á los actos del culto público. Todo esto es bueno, muy bueno; mas si no pasamos de ahí dejamos de hacer uso de un gran privilegio. Debemos "considerarnos los unos á los otros para provocarnos á amor y á buenas obras." Debemos "exhortarnos" y ''edificarnos" mutuamente. Heb. 10:24; 1 Tes. 5:11. ¿O es que no tenemos tiempo para semejantes entrevistas? Meditémoslo bien: pensemos en el tiempo que gastamos en conversaciones frívolas, ociosas, de ningún provecho: ¿O es que no hallamos nada que decir sobre asuntos espirituales, y que sentimos que somos mudos y la lengua nos pesa para hablar acerca de Jesucristo? Si así fuere, algo de malo debe existir en nuestro interior. El que tiene un corazón recto delante de Dios por lo general tendrá como expresarse. "De la abundancia del corazón habla la boca." Mat. 12: 34. Aprovechemos la lección que contiene la historia de los dos viandantes que iban á Emmaús. Hablemos acerca de Jesús cuando estemos en la casa, cuando andemos por el camino, y siempre que nos encontremos con algún discípulo con quien podamos conversar. Si creemos que estamos encaminándonos al cielo donde Cristo será el objeto principal de nuestro pensamiento, acostumbrémonos desde acá en la tierra á las prácticas del cielo. Observemos, en segundo lugar, cuan ligero é imperfecto era el conocimiento de algunos de los discípulos de nuestro Señor. Se nos cuenta que los dos discípulos confesaron francamente que la crucifixión de Cristo había frustrado sus esperanzas. "Nosotros esperábamos," dijeron, "que él era el que habían de redimir á Israel." Según parece, lo que ellos esperaban era una especie de redención política de la nación judía por medio de un conquistador. La redención espiritual por medio de una muerte expiatoria era una idea que ellos no comprendían del todo. Una ignorancia corno esta es á primera vista bien sorprendente en verdad. No es extraño que nuestro Señor pronunciara las siguientes palabras de reconvención: "¡O insensatos y tardos de corazón para creer!" Y sin embargo, esa misma ignorancia nos enseña una lección útil, pues nos demuestra que tenemos muy poca razón para admirarnos de la oscuridad espiritual que ofusca la mente de los cristianos indiferentes. Millares y millares de los que nos rodean están tan en completa ignorancia respecto del significado de la pasión de Cristo como los viandantes que iban á Emmaús. Alabado sea Dios por que bajo mucha ignorancia puede ocultarse la gracia divina. Es sin duda muy útil poseer conocimientos claros y exactos, pero no es indispensable para la salvación; y muchos poseen conocimientos sin poseer la gracia divina. Sentir una convicción profunda del pecado, someterse humilde y voluntariamente al plan divino de salvación, estar dispuesto á abandonar toda preocupación que choque con ese plan-he aquí lo que principalmente se debe hacer. Los discípulos practicaron eso, y por lo tanto nuestro Señor siguió con ellos y los guió al conocimiento de la verdad. Observemos, en tercer lugar, al leer estos versículos, cuan llena está el Antiguo Testamento de alusiones á Cristo. Se nos dice quo nuestro Señor, "comenzando desde Moisés y de todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras las cosas tocantes á él." ¿Cómo habremos de explicar estas palabras? ¿De qué modo declaró nuestro Señor las cosas que, acerca de él, contiene el Antiguo Testamento? La contestación es corta y sencilla. Cristo fue la realidad que simbolizaban todos los sacrificios establecidos por la ley de Moisés ; Cristo fue el verdadero Libertador y el verdadero Rey que los jueces y libertadores de Israel no hicieron más que prefigurar ; Cristo fue aquel Profeta más "grande que Moisés, aquel Profeta de que trataban tanto las páginas de las antiguas profecías; Cristo era la verdadera simiente de la mujer que habían de quebrantar la cabeza de la serpiente, la verdadera simiente en la cual habían de ser benditas todas las naciones, el verdadero Siloh ante el cual se congregarían los pueblos, el verdadero Azazel, la verdadera serpiente de bronce, el verdadero Cordero del cual habían sido emblemas todas las ofrendas diarias, el verdadero Sumo Sacerdote representado por todos los descendientes de Aarón. Estas y otras cosas análogas fueron sin duda las que explicó nuestro Señor en el camino de Emmaús. No olvidemos, al leer la Biblia, que Cristo es la figura céntrica de todo el libro. En tanto que lo tengamos ante los ojos no hay riesgo de que nos extraviemos en la adquisición de conocimientos espirituales. Más si lo perdemos de vista, la Biblia nos parecerá oscura y difícil de comprender. La clave de la Biblia es Jesucristo. Observemos, por último, cuánto agrada á Cristo que sus discípulos le dirijan súplicas. Se nos dice que, cuando los discípulos se acercaban á Emmaús, nuestro Señor hizo como que iba más lejos El deseaba ver si estaban cansados de su conversación. Pero no lo estaban, pues lo detuvieron por fuerza, diciendo: "Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y está ya declinando el día. Y entró para quedarse con ellos." Sucesos como este no son raros en las páginas de la Sagrada Escritura. Nuestro Señor tiene á veces á bien poner á prueba nuestro amor, y con este fin reserva sus mercedes hasta tanto que se las pidamos. No es con frecuencia que nos concede dones sin que los hayamos pedido ó solicitado. El se complació en hacer que expresemos nuestros deseos y que pongamos en ejercicio nuestras facultades espirituales, y por lo tanto aguarda hasta que le dirijamos nuestras plegarias. Así lo hizo en Panuel con Jacob. "Déjame," le dijo, "que el alba sube." Entonces Jacob le dijo en respuesta estas palabras bien dignas de encomio: "No te dejaré ir, si no me bendices." La historia de la madre Cananea, la de los dos ciegos de Jericó, la del príncipe de Cafarnaum, y la parábola del juez injusto y del amigo á medía noche enseñan otro tanto. Con esta inteligencia procedamos en nuestros ruegos, si es que acostumbramos orar. Supliquemos mucho y con frecuencia, no sea que dejemos de obtener la bendición del cielo por falta de pedir. No seamos como aquel rey judío que hirió la tierra tres veces y luego cesó. 2 Reyes 13:18. Bien al contrario, recordemos aquellas palabras del Salmista: "Ensancha tu boca, y henchirla he." Salmo 81:10. NOTAS. LUCAS 24: 13-35. 13. Dos de ellos. No se nos dice quiénes fueran estos discípulos, excepto que uno de ellos se llamaba Cleofás. Varias conjeturas se han formado acerca del otro, mas todo lo que con certeza sabemos es que no era uno de los once apóstoles. 16. Para que no le conociesen. Nótese que S. Marcos dice que "apareció en otra forma." Mr. 16:12. Ese hecho explica como fue que no lo conocieron. 21. Hoy es el tercer día. Parece que Cleofás hacia alusión á algo que se habían anunciado que ocurriría en el tercer día. 27. Y comenzando desde Moisés, etc. Muchos comentadores han observado que seria una bendición para la iglesia si se poseyese la exposición que nuestro Señor hizo entonces. Seguramente ha sido por sabías razones que no nos ha sido transmitida. 28. Y él hizo como que iba más lejos. Muchas observaciones ociosas se han hecho sobre esta expresión. Muchos han tenido la audacia de decir que justifica el disimulo y cierto grado de falsedad en algunas circunstancias. Tales asertos son tan peregrinos y absurdos que no merecen refutación. Tan grande insensatez es imaginarse que ese acto revelase intención alguna de engañar, como lo seria el afirmar que había habido mala fe en la primera pregunta que nuestro Señor hizo a los dos discípulos: "¿Qué pláticas son estas que tratáis entre vosotros?" El sabía todas las cosas y no tenia necesidad de preguntar; pero preguntó para hacer que los discípulos expresasen sus ideas. 30 y 31. Tomando el pan, bendijo, y lo rompió, y les dio...... Entonces fue. Estos dos versículos han dado lugar á gran diversidad de opiniones. 1. Algunos creen que nuestro Señor partía el pan de una manera peculiar que era bien conocida de los discípulos. 2. Otros creen que el pasaje se refiere á la Cena del Señor. El autor de esta obra cree que es casi seguro que nuestro Señor hizo al partir el pan algún ademán particular que era conocido de todos sus discípulos. Que no fue la Cena del Señor parece lo demuestran las siguientes razones. Primera, era imposible que el modo como el Señor partió el pan trajese á la memoria de los discípulos la Cena del Señor, porque ellos no estaban presentes cuando esta se celebró; pues solo los apóstoles concurrieron á ella, y los dos discípulos de quienes tratamos no eran apóstoles. Segunda, no se pronunciaron palabras de consagración, y no hubo vino. Tercera, cuando nuestro Señor instituyó la Cena dijo que no bebería más del fruto de la vid con sus discípulos. 31. Desapareció de los ojos de ellos. Estas palabras y otras semejantes nos dan á entender claramente que el cuerpo de nuestro Señor después de la resurrección, aun que era un cuerpo real de carne y hueso, podía aparecer y desaparecer de un modo que no podemos explicar. 33. Y llamaron á los once congregados. Detengámonos á considerar estas palabras. ¿Estaba Tomas con ellos ó no? Si con ellos estaba, debió de haber salido inmediatamente después que los dos discípulos entraron. Si él no se hallaba presente entonces, ¿cómo se explica que S. Lucas dijera "los once"? Doddridge hace la siguiente explicación : "Así como Pablo llama el cuerpo de apóstoles los doce (1 Cor. 15 :5) aunque Judas que completaba el número había muerto, así también Lucas los llama en este pasaje los once aunque Tomas estaba ausente, según se infiere del contenido del versículo 24 del Cáp. 20 de S. Juan. 34. Que decían: Resucitado ha el Señor verdaderamente. Á primera vista parece que estas palabras no se avienen con la aseveración de S. Marcos de que cuando los dos discípulos participaron á los demás lo que habían visto, no les creyeron. Mas las palabras "no les creyeron" no implican que ninguno de ellos los creyó, sino que varios, ó tal vez la mayor parte, no los creyeron. Así también de las palabras de que tratamos, "resucitado ha el Señor verdaderamente," no hemos de inferir que todos dijeran ó creyeran lo mismo. Ha aparecido á Simón. Solo en dos lugares se menciona esta aparición: en el de que nos ocupamos, y en la Epístola á loa Corintios. 1 Cor. 15:2. Bueno será enumerar aquí las once distintas apariciones que efectuó nuestro Señor después de su resurrección. Apareció: 1. A María Magdalena sola. Marcos 16; Juan 20:14. 2. A las mujeres que regresaban del sepulcro. Mat. 28: 9 y 10. 3. A los dos discípulos que iban á Emmaús. Lucas 24:13. 4. Á Simón Pedro solo. Lucas 24:34. 5. A los apóstoles congregados en Jerusalén, con excepción de Tomas que estaba ausente. Juan 20: 26, 29. 6. A los apóstoles congregados en Jerusalén, por segunda vez, estando presente Tomas. 7. En el mar de Tiberias, cuando siete discípulos estaban pescando. Juan 21:1. 8. A los once discípulos, en la montaña de Galilea. Mat. 28:16. 9. A más de quinientos hermanos á la vez. 1 Cor. 15: 6. 10. A Santiago solamente. 1 Cor. 15: 7.
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Jesús aparece a los discípulos Lucas 24.36-49 36 Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. 37 Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. 38 Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? 39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40 Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. 41 Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42 Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43 Y él lo tomó, y comió delante de ellos. 44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, (Is. 53.1-12) y resucitase de los muertos al tercer día; (Os. 6.2) 47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre (Hch. 1.4) sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. |
Jesús aparece a los discípulos Lucas 24.36-49 Mt. 28.16-20; Mr. 16.14-18; Jn. 20.19-23 Mt. 28.16-20 16 Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Mr. 16.14-18 14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. 15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Hch. 1.8 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Jn. 20.19-23 19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. 20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. 21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. 22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos. |
Lucas 24.46 Is. 53.1-12 1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? 2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9 Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. Lucas 24.46 Os. 6.2 Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Lucas 24.49 Hch. 1.4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 24:36-43 Observemos en este pasaje las palabras de extraordinaria, bondad con que nuestro Señor se presentó ante sus discípulos después de la resurrección. Se nos dice que de súbito se puso en medio de ellos y les dijo: "Paz á vosotros." Estas palabras son sorprendentes si se considera á quiénes fueron dirigidas. Fueron dirigidas á once discípulos que tres días antes habían abandonado á su Maestro y huido; que habían violado sus promesas; que habían olvidado los votos que habían hecho de morir por la fe; que se habían ido á sus respectivos hogares, y habían dejado que su Maestro muriese solo. Uno de ellos hasta lo había negado tres veces: todos ellos se habían portado como desleales y cobardes. Y sin embargo, ved lo que el Señor hace en vista de semejante conducta. No les dirige ni una palabra de reconvención: ni una sola expresión de desagrado se desprende de sus divinos labios. Con calma y con serenidad se presenta en medio de ellos, y empieza por hablarles de paz. "¡Paz á vosotros!" En estas palabras conmovedoras se deja ver una prueba más de que el amor de Cristo sobrepuja todo entendimiento. Él se complace en perdonar al que le ofende. Él "se deleita en la misericordia." Está más pronto á conceder el perdón que el hombre á recibirlo. Aunque nuestros pecados sean como la grana, está siempre dispuesto á emblanquecerlos como la nieve, á borrarlos, á cargarlos sobre sus hombros, á sepultarlos en las profundidades del mar, á olvidarlos para siempre. Todas estas son frases bíblicas que enseñan la misma verdad. El hombre en su estado natural rehúsa entenderlas. Ni debe esto sorprendernos. Un perdón gratuito, completo é inmerecido no concuerda con el carácter del hombre, pero sí con la naturaleza de Jesucristo. ¿Quién es el pecador, que por grandes que sean sus pecados, deba temer allegarse á semejante Salvador? Jesucristo posee misericordia en abundancia. ¿Quién es el reincidente, que, por mucho que se haya apartado del buen camino, deba temer volver sobre sus pasos? "En Cristo no hay enojo." Isaías 27:4. El tiene voluntad de recobrar y atraer hacia sí aun á los más malos. ¿Quién es el santo que no ha de amar á semejante Salvador, y tributarle santa obediencia? Hay perdón acerca de Él; para que sea temido. Salmo 130: 4. ¿Qué cristiano no ha de perdonar á sus hermanos? Los discípulos de un Salvador cuyas palabras expresaban tanta paz deben ser pacíficos, suaves, blandos de corazón. Col. 3:13. Observemos, además, hasta qué punto cedió nuestro Señor a la falta de valor y de fe de sus discípulos. Refiéresenos que como sus discípulos se espantasen de verlo y no creyesen que era Él, les dijo: "Mirad mis manos y mis pies que yo mismo soy. Palpad y ved." Nuestro Señor pudo con justicia haber mandado á sus discípulos que creyesen en Él. Pudo haberles preguntado: "¿Qué ha venido á ser de vuestra fe? ¿Por qué no creéis en mi resurrección, siendo así que me estáis viendo con vuestros propios ojos?" Mas no lo hizo así. Su condescendencia fue todavía mayor: apeló á los sentidos corporales de los once, y les mando que lo tocasen con sus propias manos, y que se satisficiesen que él era algo tangible y no un espíritu ó un fantasma. Esta circunstancia entraña un gran principio que haremos bien en atesorar en nuestro corazón. Nuestro Señor quiere que empleemos los sentidos en materias religiosas para juzgar de la certeza de un hecho ó la verdad de un aserto. Es cierto que el Cristianismo encierra verdades que están fuera del alcance de la razón humana. Pero en cuanto á lo que es opuesto á la razón, ó contrario á los sentidos, nuestro Señor enseñó que no debemos creerlo. Una doctrina que contradiga los sentidos no dimana de Aquel que mandó á los once que le tocasen las manos y los pies. Recordemos este principio cuando tratemos de la doctrina romanista del cambio del pan y del vino en la Cena del Señor. Tal cambio no tiene lugar. Nuestros propios ojos y nuestro propio paladar nos dicen que el pan es pan y el vino, vino, después de la consagración lo mismo que antes. La doctrina de la transubstanciación es falsa y contraria á la Escritura. Recordemos también este principio cuando tratemos de la doctrina romanista de la regeneración del bautismo. No hay relación íntima entre el bautismo y la regeneración del hombre. Nuestros propios ojos y nuestros propios sentidos nos están diciendo que hay millares de bautizados que no tienen el Espíritu de Dios, que carecen de la gracia divina y que son siervos del demonio y del mundo. Nuestro Señor no nos exige que creamos lo que es contrario á nuestros sentidos. Por lo tanto, la doctrina de que la regeneración sigue invariablemente al bautismo, no merece crédito. La conducta del Señor con sus discípulos nos enseña, por otra parte, una lección de aplicación práctica. Esa lección es que debemos tratar con suavidad á los discípulos débiles, y que los instruyamos en proporción á lo que puedan comprender. Á semejanza de nuestro Señor, debemos ser pacientes y longánimos. No debemos dejar de enseñar á persona alguna, porque no lo comprenda todo de una vez. Ni hemos de desdeñar medios que parezcan pequeños y pueriles, si con ellos podemos persuadir á los hombres á que adopten la verdadera fe. Acaso para ello se necesite de mucha paciencia. Pero el que no puede tratar así á los de tierna edad, á los ignorantes, á los personas iliteratas, no posee el espíritu de Cristo. Bueno sería que los creyentes recordasen con más frecuencia las siguientes palabras de S. Pablo: "Me he hecho para los flacos como flaco, por ganar á los flacos." 1 Cor. 9:22. NOTAS. LUCAS 24:36-43. 36. Jesús se puso en medio de ellos. No se nos dice de qué modo penetró nuestro Señor en el cuarto donde estaban sus discípulos. S. Juan dios que las puertas habían sido cerradas por temor de los judíos. No podemos decir si nuestro Señor pasó por las puertas milagrosamente sin abrirlas, ó si las abrió milagrosamente como lo hizo el ángel cuando sacó á Pedro de la cárcel. 39. Mirad mis manos y mis pies. En nuestro concepto, llamó la atención a las señales de los clavos, y demostró así que era el mismo Salvador que había sido crucificado.
Comentarios de J. C. Ryle Lucas 24:44-49. Advirtamos, primeramente, qué don otorgó nuestro Señor á sus discípulos inmediatamente antes de su partida de este mundo. Se nos dice que "les abrió el entendimiento para que entendiesen las Escrituras." No vayamos á dar una inteligencia errada á estas palabras. No es de suponerse que hasta entonces los discípulos no sabían nada del Antiguo Testamento, y que la Biblia es un libro que una persona de capacidad ordinaria no alcance á comprender. Lo que se nos da á entender es que Jesús reveló á sus discípulos el completo significado de pasajes que hasta entonces habían sido confusos para ellos. Sobre todo, les comunicó cuál era la verdadera interpretación de muchos pasajes profetices que se refieren al Mesías. Todos tenemos necesidad de que se nos ilumine de igual manera. "Mas el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son insensatez; ni las puede conocer, porque son espiritualmente examinadas." 1 Cor. 2:14. El orgullo, la preocupación y el amor del mundo entenebrecen nuestro entendimiento, y arrojan un velo sobre muchas páginas de la Sagrada Escritura. No es sino cuando recibimos auxilio de lo alto que podemos entender con perfección. El que desee leer la Biblia con provecho, debe, ante todo, suplicarle al Señor que le ilumine el entendimiento por medio del Espíritu Santo. Los comentarios de origen humano son útiles hasta cierto punto. Las explicaciones de hombres piadosos y eruditos no deben recibirse con desprecio. Pero no hay comentario que pueda compararse con lo que Cristo mismo enseña. Los de corazón humilde y los que hacen oraciones fervientes, perciben muchas cosas en la Biblia, que los orgullosos y jactanciosos no alcanzan á discernir. Notemos, en segundo lugar, de qué manera tan notable aludió nuestro Señor á su propia muerte. No dijo que hubiese sido una desgracia, ó un acontecimiento que debiera deplorarse, sino una necesidad. He aquí sus palabras: "Así fue menester que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer día." La muerte de Cristo era necesaria para que obtuviéramos la salvación. Su carne y su sangre ofrecidas en la cruz como sacrificio frieron la vida del mundo. Juan 6: 51. Según lo que nos es dado á nosotros penetrar, sin esa muerte la ley de Dios habría quedado sin cumplirse, el pecado no habría sido perdonado, el hombre no habría sido nunca justificado ante Dios, y Dios no habría ejercido misericordia con el hombre. La crucifixión resolvió un problema complicadísimo, desató un nudo muy enmarañado. Fue por ella que Dios se hizo al mismo tiempo "justo y justificador de los pecadores." Es por ella que el hombre puede allegarse á Dios sin temor, abrigando la esperanza de que aunque es culpable no será desechado. Jesucristo, habiendo sufrido como Sustituto nuestro, el Justo por los injustos, ha abierto el camino que conduce al trono del Eterno. Aunque tenemos que reconocer que, como criaturas caídas, somos culpables y merecedores de la muerte eterna, sin embargo, podemos osadamente decir que Jesús murió por nosotros, y que por amor suyo, pedimos se nos conceda vida y absolución. Gloriémonos siempre en la cruz de Cristo. Considerémosla como la fuente de todas nuestras esperanzas y la base de nuestra paz. Los ignorantes y los incrédulos tal vez no alcanzan á percibir en los sufrimientos de Calvario otra cosa que el cruel martirio de un inocente. La fe penetra más allá, y percibe que con la muerte de Jesús se pagó á Dios una enorme deuda y se obtuvo completa salvación para los que creen. Observemos, en tercer lugar, cuáles fueron las grandes verdades que Jesús mandó a sus discípulos que predicasen después que él partiera de este mundo. Dijo que "el arrepentimiento y la remisión de los pecados habían de ser anunciados en su nombre á todas las naciones." Es, pues, al arrepentimiento y á la remisión de los pecados que se debe primeramente llamar la atención de todos los hombres que habiten sobre la faz de la tierra. A todos se les debe decir que el arrepentimiento es indispensable: todos son por naturaleza extremadamente malos, y sin el arrepentimiento y la conversión no pueden entrar en el reino de Dios. Á todos se les debe recordar, con no menos empeño, que el arrepentimiento y la remisión de los pecados están ligados de una manera inseparable. No porque el arrepentimiento pueda hacernos dignos del perdón: pues este es un don gratuito que Dios otorga á todo el que cree en Jesucristo; sino porque el que permanece impenitente no puede ser perdonado. Es menester que el que desee ser verdadero cristiano sepa por experiencia propia lo que es el arrepentimiento y la remisión le los pecados. Estas son las dos doctrinas cardinales de la religión que salva. Pertenecer á una iglesia, oír predicar el Evangelio, y participar de los sacramentos son sin duda grandes privilegios mas ¿nos hemos convertido? ¿Hemos sido justificados? Si no podemos contestar afirmativamente, somos réprobos ante Dios. Dichoso el cristiano que jamás pierde de vista estas dos doctrinas. Aquel hombre es más recto y piadoso que tiene una convicción muy íntima de culpabilidad y de haber sido aceptado por medio de Jesucristo. Notemos, en cuarto lugar, cual era el lugar en que los discípulos habían de empezar a predicar. Habían de empezar en Jerusalén. Este es un hecho instructivo y bien digno de atención. Por él se deja ver que á ningún se le niega la salvación, por malvado que sea; y que no hay enfermedad de gravedad tan grande que no pueda ser curada por medio del Evangelio. Jerusalén era la ciudad más impía del mundo cuando nuestro Señor ascendió á los cielos. Esa ciudad había apedreado á los profetas y dado muerte á los que Dios había enviado para que la llamaran al arrepentimiento; esa ciudad estaba llena de orgullo, incredulidad, hipocresía y obstinación; esa ciudad acababa de coronar la serie de sus crímenes crucificando al Señor de la gloria. ¡Y sin embargo, Jerusalén era el lugar en que primero se habían de proclamar el arrepentimiento y el perdón! El precepto de Cristo fue perentorio: "Comenzad en Jerusalén." Estas admirables palabras revelan cuan profunda y cuan extensa es la compasión del Salvador. No hay que perder las esperanzas de la salvación de persona alguna, por corrompida que sea. Señalemos la puerta del arrepentimiento aun á los más grandes pecadores. Exhortemos aun á los hombres más impíos á que se arrepientan y crean para que reciban la vida eterna. Observemos, por último, cuáles son las funciones peculiares que se han mandado a los creyentes y especialmente á los ministros, desempeñar en este mundo. Nuestro Señor las definió en pocas y expresivas palabras. El dijo: "Vosotros sois testigos." Si somos verdaderos discípulos de Jesucristo, es preciso que demos un testimonio constante en presencia de un mundo malvado, es preciso que atestigüemos la verdad del Evangelio, la misericordia de nuestro Maestro, la felicidad de que gozan los que se consagran á su servicio, la excelencia de las reglas que ha prescrito para nuestra guía; y también la maldad de lo que el mundo enseña. Ese testimonio nos acarreará tal vez el disgusto de los hombres. El mundo nos aborrecerá como aborreció á nuestro Maestro, porque "damos testimonio de él, que sus obras son malas." Acaso suceda que pocos sean los que crean ese testimonio, y que á muchos les parezca insultante en extremo; mas, en nuestra calidad do testigos, tenemos que darlo, ya sea que nos crean ó no. ¿Cuál es nuestra conducta sobre este particular? ¿Qué especie de testimonio es el que damos? ¿Qué pruebas presentamos de que somos discípulos del Redentor que fue crucificado, y que como Él, no "somos del mundo?" Juan 18: 7. ¿Qué indicaciones damos de que pertenecemos á Aquel que dijo: "Yo he venido al inunde para dar testimonio á la verdad?" Juan 18: 37. Feliz el que pueda contestar estas preguntas satisfactoriamente. NOTAS. LUCAS 24:44-49. 44. Ley de Moisés......los profetas......los Salmos. Téngase presente que en estas tres partes era que los judíos dividían el Antiguo Testamento. 45. Les abrió el entendimiento, etc. Estas palabras nos dan á entender que las preocupaciones y las tradiciones habían tenido cerrado el entendimiento de los discípulos, y que nuestro Señor se los abrió para que penetrase en él la luz de la verdad. Cornelio á Lapide ha hecho vanos esfuerzos por probar con este versículo que á los legos no les conviene leer la Biblia, pues no pueden entenderla si la iglesia no les explica su significado, y que el conocimiento del Sagrado Libro fue encomendado en especial á los apóstoles. En contestación puede decirse que no existe la menor prueba de que únicamente á los apóstoles fuera abierto el entendimiento en la ocasión de que tratamos. Por el contrario, del contexto se colige claramente que los que estaban allí congregados eran los apóstoles y "los que estaban con ellos." Además, el hecho de que nuestro Señor abriera el entendimiento á todos, es un prueba concluyente de que todos, ya sean apóstoles ó no, necesitan ser iluminados de lo alto. 46. Resucitase el tercer día. Acaso alguno pregunte: "¿En qué parte del Antiguo Testamento se dice que Cristo había de resucitar al tercer día?" El escritor Pearce observa que en ninguna, si se exceptúan Oseas 6:2, y Juan 1:17. Creemos que este versículo solo significa que estaba escrito, y era por lo tanto necesario, que Cristo muriese y resucitase. Según esta interpretación no creemos que haya necesidad de señalar predicción alguna en el Antiguo Testamento con referencia al tercer día. 49. Yo enviaré el prometido de mi Padre. Ese prometido era el Espíritu Santa a quien el Padre había anunciado en las profecías del Antiguo Testamento, y que descendió el día de Pentecostés. Véase Isa. 45:3: Joel 2:28; Jerem. 31: 33; Ezeq. 36:27. |
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Texto Bíblico
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Textos
Paralelos
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Referencias
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La ascensión Lucas 24.50-53 50 Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. 51 Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Hch. 1.9-11 52 Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; 53 y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén. |
La ascensión Lucas 24.50-53 Mr. 16.19-20 19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, (Hch. 1.9-11) y se sentó a la diestra de Dios. 20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén. |
Lucas 24.50-51 Hch. 1.9-11 9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11 los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 24:50-53. Con estos versículos termina la historia que escribió S. Lucas de la vida de nuestro Señor. La conclusión es en armonía con un Evangelio, que por los pasajes conmovedores que contiene y por la manera con que pone en relieve la gracia de Cristo, ocupa el primer lugar entre los cuatro libros que contienen los dichos y hechos de Jesús. Notemos, en primer lugar, de que modo tan significativo se separó nuestro Señor de sus discípulos. Se nos dice: "Alzando sus manos los bendijo. Y aconteció, que bendiciéndoles, se fue de ellos, y era llevado arriba al cielo." En una palabra, se separó de ellos en el acto de bendecidlos. Esta circunstancia sirvió, sin duda, para traer á la memoria de los discípulos cuál era la misión que Jesús habían venido á desempeñar en este mundo, y que haría por los creyentes después qua ascendiese á lo alto. El había venido al mundo para bendecir y no para maldecir, y bendiciendo se fue del mundo. Había venido lleno de amor, no de enojo, y lleno de amor dejó la tierra. Había descendido, no como el juez que condena, sino como un Amigo tierno y compasivo, y como Amigo de la humanidad regresó al trono del Padre. Había sido para su pequeño rebaño, en tanto que con él moraba, un Salvador clemente y benigno; y después de su separación continuaría siendo el mismo Salvador. Confiemos en todo tiempo en el corazón de Jesús si es que profesamos la verdadera religión. No hay corazón más .tierno, más amoroso, más paciente, más compasivo, más misericordioso. Decir que la Virgen María es más compasiva que Cristo es una prueba de crasa ignorancia. Acudir á los santos para obtener consuelo, cuando no hay nada que nos impida acudir á Cristo, es cometer una insensatez y un sacrilegio, y conceder á otros la gloria que solo el Redentor merece. Notemos, en seguida, a qué lugar se fue nuestro Señor cuando partió de este mundo. Se nos refiere que fue "llevado al cielo." A nosotros no nos es dado comprender de un todo el significado de esas palabras. Acerca del lugar en que se encuentra el cuerpo glorificado de Cristo fácil seria hacer preguntas quo el teólogo más erudito no podría contestar. Mas ¿á qué fin gastar el tiempo en cuestiones poco edificantes, ó "meternos en cosas que nunca vimos"? Col. 2:18. Bástenos saber que nuestro Señor Jesucristo ha ido al trono de Dios en nombre de todos los que creen en Él, en calidad de Precursor y de Sumo Sacerdote. Como Precursor, Jesús ha ascendido al cielo á preparar moradas para todos sus discípulos. La verdadera Cabeza de la iglesia ha tomado posesión de una herencia gloriosa en nombre de su cuerpo místico (los creyentes) y la conserva hasta el día en que ese cuerpo llegue á la perfección. Como Sumo Sacerdote, Jesús ha ascendido al cielo para interceder por todos los que crean en Él. Allí, en el santo de los santos, presenta los méritos de su sacrificio, y obtiene diariamente gracia y misericordia á favor de los creyentes. El gran secreto de la perseverancia de estos es la convicción que tienen de que Cristo medía por ellos en el cielo. Tienen un Abogado ante el Padre, y por lo tanto jamás se desalientan. Heb. 9: 24; 1 Juan 2:1. Notemos, por último, en este pasaje, qué sentimientos experimentaron los discípulos de nuestro Señor cuando Él se separó de ellos y fue llevado al cielo. Se nos dice que volvieron á Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo á Dios. ¿Á qué pueden atribuirse estos sentimientos de júbilo? ¿Á qué puede atribuirse el hecho singular de que estos discípulos débiles como eran y dejados como hablan sido en medio de un mundo que los aborrecía, no desmayaron sino que estaban llenos de júbilo ? La contestación es corta y sencilla: esos discípulos se regocijaron porque entonces fue que, por primera vez, entendieron con claridad todo lo concerniente á su Maestro. El velo que les cubría los ojos fue levantado: disipadas fueron las tinieblas: el significado de la humillación de Cristo; el de su agonía, de su pasión y muerte; el significado del hecho de que fuera Mesías y sin embargo se ofreciera, de que fuera el Hijo de Dios y sin embargo fuera crucificado-todo, todo les fue descubierto y explicado. Todo lo vieron, todo lo entendieron; ya no tenían dudas ni encontraban piedras de tropiezo. Al fin vinieron á poseer claros conocimientos, y por eso sentían gran gozo. Á menudo acontece que los creyentes sienten poco júbilo solo por falta de conocimientos. Sin duda que una fe débil y una conducta desarreglada tienden á turbar la paz del espíritu; mas es de sospecharse que la inquietud de muchos creyentes proviene que las nociones que tienen del Evangelio son muy confusas. Al terminar el examen del Evangelio de S. Lucas hagamos firme resolución de procurar aumentar cada año los conocimientos que poseamos en asuntos espirituales. Escudriñemos las Escrituras más á fondo, y pidamos á Dios con más fervor que bendiga el estudio que de ellas hagamos. Muchos creyentes hay que solo hacen una lectura superficial de la Biblia y jamás penetran hasta las profundidades en que se encuentran ocultos sus tesoros. Instruyámonos más en la Palabra. Leamos la Biblia con mayor constancia. Si así lo hiciéremos es seguro que experimentaremos más gozo y paz con motivo de nuestra fe, y que nos sentiremos más dispuestos á bendecir y alabar á Dios continuamente. NOTAS. LUCAS 24:60-63. 50. Dios sacó fuera hasta Bátanla. Hay algo conmovedor en el hecho de que la ascensión de nuestro Señor tuviera lugar en Betania, que era la aldea en que habitaban María, Marta y Lázaro. 52. Después de haberlo adorado. Este fue el primer acto de adoración propiamente dicha que los discípulos rindieron á nuestro Señor. 53. Testaban siempre en el templo. Con estas palabras no se quiere decir necesariamente que los discípulos no estuvieran nunca en otros lugares, sino que acostumbraban concurrir diariamente a los oficios que se celebraban en el templo, y reunirse en el atrio de ese edificio, especialmente á la hora de hacer oración. Véase Actos 3:1; 10:2. Recuérdese que el templo era el lugar donde se reunían los judíos devotos, y que en sus espaciosos atrios se podían congregar personas de distintas creencias sin cansarse mutua incomodidad. Véase Actos 6:42. Es obsequio de algunos de nuestros lectores, terminaremos la exposición de este Evangelio con la siguiente lista de las principales circunstancias, que han sido referidas por S. Lucas y no por los otros evangelistas. Son cincuenta y ocho. 1. La visión de Zacarías y la concepción de Isabel 1.5-25 2. La salutación de la Virgen María 1.26-38 3. La visita de María á Isabel 1.39-56 4. El nacimiento de Juan Bautista, y el himno de Zacarías 1.57-58 5. El decreto de César Augusto 2.1-3 6. El nacimiento de Cristo en Belén 2. 4-7 7. La aparición de los ángeles á los pastores 2.8-20 8. La circuncisión de Cristo 2.21- 9. La presentación de Cristo en el templo 2.22-24 10. La historia de Ana y Simeón 2.25-38 11. Cristo en medio de los doctores 2.41-52 11. Fecha del principio de la misión de Juan 3.1-2 13. Éxito de la misión de Juan 3.10-15 14. Genealogía de María 3.23-38 15. Cristo predica en Nazaret y es rechazado 4.15-30 16. Detalles del llamamiento de Simón, Santiago y Juan 5.1-10 17. Discurso de Jesucristo en la llanura 6.17-49 18. Resurrección del hijo de la viuda de Nain 7.11-17 19. La mujer en casa de Pedro 7.36-50 20. Las mujeres que sirvieron á Jesús 8.1-3 21. Santiago y Juan desean que descienda fuego del cielo 9.51-56 22. Misión de los setenta discípulos 10.1-16 23. Regreso de los setenta discípulos 10.17-24 24. Parábola del buen Samaritano 10.25-37 25 Cristo en casa de Marta y María 10.38-42 26. Parábola del amigo á medía noche 11.5-8 27. Cristo come en casa de un fariseo 11.37-54 28. Discurso pronunciado ante una multitud innumerable 12.1-53 29. Asesinato de los galileos 13.1-5 30. Parábola de la higuera estéril 13.6-9 31. La mujer que habían estado enferma durante diez y ocho años 13.10-20 32. Pregunta acerca del número de los que se salvan 13.22-30 33. Contestación á lo que los fariseos dijeron con respecto a las malas Intenciones de Herodes 13.31-33 34. Curación del hidrópico 14.1-6 35. Parábola del postrer lugar 14.7-14 36. Parábola de la gran cena 14.15-24 37. Dificultades que tienen que arrostrar los que sirven á Cristo 14.25-35 38. Parábola de la oveja perdida y de la moneda 15.1-10 39. Parábola del hijo pródigo 15.11-22 40. Parábola del mayordomo injusto 16.1-8 41. Parábola del rico y Lázaro 16.19-31 42. Instrucciones dadas á los discípulos 17.1-10 43. Curación de diez leprosos 17.12-15 44. Pregunta y respuesta acerca da la venida del reino de Dios 17.20-37 45. Parábola déla viuda importuna 18.1-8 46. Parábola del fariseo y publícame 18.9-14 47. Llamamiento de Zaqueo 19.2-10 48. Parábola de las minas 19.11-28 49. Cristo llora por Jerusalén 19.41-44 50. Advertencia hecha á Pedro en particular 22.31-32 51. Ordenes acerca de la compra de espadas 22.35-38 52. Aparición de un ángel y sudor de sangre en el jardín 22.43-44 53. Pilato hace conducir á Cristo ante Herodes 23.6-16 54. Unas mujeres lamentan los sufrimientos de Cristo 23.27-32 55. El ladrón penitente 23.39-43 56. La aparición de Cristo á los dos discípulos que iban á Emmaús 24.13-35 57. Circunstancias bajo las cuales Cristo aparece ante los once 24.37-49 58. Cristo asciende á los cielos en el acto de bendecir 24.50-53 |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblicaLos Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:
La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)
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