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Predicación de Juan el Bautista Lucas 3.1-20 1 En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, 2 y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados, 4 como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. 5 Todo valle se rellenará, Y se bajará todo monte y collado; Los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados; 6 Y verá toda carne la salvación de Dios. (Is. 40.3-5) 7 Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! (Mt. 12.34; 23.33) ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; (Jn. 8.33) porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. 9 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. (Mt. 7.19) 10 Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Luk 3:11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. 12 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, (Lc. 7.29) y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13 El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. 14 También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario. 15 Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, 16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 17 Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. 18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaban las buenas nuevas al pueblo. 19 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho, 20 sobre todas ellas, añadió además esta: encerró a Juan en la cárcel. (Mt. 14.3-4; Mr. 6.17-18) |
Predicación de Juan el Bautista Lucas 3.1-20 Mt.3.1-12; Mr. 1.1-8; Jn. 1.19-28 Mt.3.1-12 1 En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.3 Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: par Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas. 4 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre. 5 Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, 6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados. 7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, 9 y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. 10 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.12 Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
Mr. 1.1-8
1
Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2
Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero
delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti; 3 Voz que clama en el desierto: Jn. 1.19-28 19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? 20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo.21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. 22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? 26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.27 Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado. 28 Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando. |
Lucas 3.4-6 Is. 40.3-5 3 Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. 4 Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. 5 Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado. Lucas 3.7 Mt. 12.34 ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.; 23.33 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. Lucas 3.8 Jn. 8.33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Lucas 3.9 Mt. 7.19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Lucas 3.12 Lc. 7.29 Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. Lucas 3.19-20 Mt. 14.3-4; Mr. 6.17-18 Mt. 14.3-4 3 Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; 4 porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. Mr. 6.17-18 17 Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. 18 Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. |
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Comentarios de J. C. Ryle LUCAS 3:1-6. Estos versículos describen de qué manera empezó el Evangelio de Cristo: empezó con la predicación de Juan el Bautista. Los judíos nunca pudieron decir, que cuando vino el Mesías, vino repentina ó inesperadamente, puesto que en su misericordia envió ante sí un precursor, cuyo ministerio despertó la atención de toda nación. Notemos, primeramente, en este pasaje, la corrupción de la época el Evangelio de Cristo fue proclamado en el mundo. Los dos primeros versículos del capítulo mencionan los nombres de algunos que eran príncipes y gobernadores de la tierra cuando comenzó el ministerio de Juan el Bautista. Es una lista ignominiosa, más al mismo tiempo llena de instrucción. Apenas hay en ella un nombre que no sea de funesta celebridad. Tiberio, Poncio Pilatos, Herodes y su hermano, Anás y Caifás, fueron hombres de quienes sabemos poco ó nada que no sea malo. La tierra parecía estar entregada en manos de los impíos. Job 9:24. Cuando tales eran los gobernantes ¿cómo seria el pueblo? Tal era el estado de las cosas cuando el precursor de Cristo fue comisionado para dar principio a su predicación. Tales fueron los tiempos en que se colocaron en la tierra las primeras bases de la iglesia de Cristo. Podemos decir en verdad, que los caminos de Dios no son nuestros caminos. Aprendamos á no desesperar jamás de la causa de Dios, por oscuro y amenazante que parezca su horizonte. Cuando todo parece perdido, Dios puede estar disponiendo una poderosa redención. Precisamente cuando el reino de Satanás parece estar triunfante, la "piedrecita cortada no con manos," puede estar á punto de desmenuzarlo. La hora más tenebrosa de la noche es exactamente la precede al día. Guardémonos de desmayar á causa de la corrupción de la época atravesemos, ó del número y el poder de nuestros adversarios. "El que al viento mira nunca sembrará, y el que mira á las nubes nunca segará." Ecles. 11:4. Sigamos trabajando seguros de que obtendremos auxilio de arriba cuando más lo necesitemos. A tiempo que un emperador romano, y unos sacerdotes ignorantes, parecían tener todo bajo sus plantas, el Cordero de Dios estaba para salir de Nazaret, y para asentar las bases de su reino. Lo que El ha hecho una vez, puede bien repetirlo. En un instante puede convertir la medía noche de Su iglesia en el resplandor del día. Notemos, en segundo lugar, en este pasaje, la relación que hace S Lucas de la manera como Juan el Bautista fue llamada al ministerio. Se nos dice que "la palabra de Dios fue á Juan, hijo de Zacarías." Recibió, pues, un llamamiento especial de Dios para que principiara á predicar y bautizar. Del cielo descendió á su corazón el mandato divino, y en virtud de ese mandato emprendió su obra maravillosa. Hay algo muy importante en esta relación en referencia á la carrera del ministro del Evangelio. Es esta una carrera que nadie debe adoptar, á menos que reciba llamamiento interno de Dios, así como también llamamiento externo del hombre. Bien que no tenemos derecho para esperar apariciones ó revelaciones particulares del cielo; ni debemos dar lugar á pretensiones fanáticas tocante á los dones especiales del Espíritu: más menester es tener vocación para empezar la carrera sagrada. Menester es que la palabra de Dios "venga á nosotros," tan real y verdaderamente como á Juan el Bautista, para que pensemos en predicar la palabra. Menester es, en resumen, que podamos declarar de buena fe que interiormente sentimos que el Espíritu Santo nos señala esa carrera. El que no puede decir esto cuando se acerca á recibir las órdenes, comete un pecado grave haciéndose mensajero sin ser enviado. Que sea parte de nuestras súplicas diarias, que nuestras iglesias no tengan otros ministros sino los que son llamados por Dios. Un ministro que no ha sido convertido perjudica y sirve de rémora á la iglesia. ¿Cómo puede hablar de verdades que nunca ha discernido claramente? ¿Cómo puede dar testimonio de un Salvador á quién nunca ha visto con los ojos de la fe, y de quien jamás se ha asido con firmeza para bien de su propia alma? El pastor que obtiene la aprobación de Dios, es aquel á quien ha sido comunicada la palabra divina. Adopta la carrera con confianza, porque tiene buenas nuevas que anunciar; habla osadamente, porque ha sido enviado. Finalmente, notemos, en este pasaje, la estrecha relación que existe entre el arrepentimiento verdadero y el perdón. Se nos dice que Juan el Bautista vino, "predicando el bautismo de arrepentimiento para remisión de pecados." El significado de esta expresión es claramente el siguiente: que Juan predicaba la necesidad del bautismo, en señal de arrepentimiento, y que decía á sus oyentes que si no se arrepentían de sus pecados, no se les perdonarían. Tengamos presente que ningún arrepentimiento puede expiar el pecado, solo la sangre de Cristo, y no ninguna otra cosa, puede desaparecer el pecado del alma. Ningún grado de arrepentimiento puede jamás justificarnos á los ojos de Dios. "Somos por justos delante de Dios, solamente por amor de nuestro Jesucristo, por la fe, y no por nuestras propias obras, ó por nuestros méritos."Es de suma importancia comprender esto claramente. La ruina que los hombres atraen á sus propias almas, mala inteligencia de este punto, es mayor de lo que puede irse. Mas á la vez que decimos todo esto, es preciso también recordar que sin arrepentimiento ninguna alma se ha salvado todavía. Tenemos que confesar nuestros pecados; tenemos que lamentarlos, abandonarlos, y aborrecerlos, ó de lo contrario jamás entraremos en el reino de los cielos. No hay nada meritorio en esto. No forma parte alguna del precio de nuestra redención. Nuestra salvación es toda de gracia, desde el principio hasta el fin. Más queda en pié siempre el gran hecho de que las almas regeneradas son siempre almas penitentes, y de que la fe salvadora de Cristo y el verdadero arrepentimiento nunca se hallan separados. Esta es una verdad importante, que jamás debe olvidarse. ¿Nos arrepentimos? Esta, en conclusión, es la cuestión de cerca nos concierne: ¿Hemos sido convencidos de pecado por el Espíritu Santo? ¿Hemos acudido á Jesús para librarnos de la ira que ha de venir? ¿Hemos experimentado conde corazón y odio hacia el pecado? ¿Podemos decir, "Nos arrepentimos," así como también, "Creemos"? Si no, no nos engañaremos con la idea de que nuestros pecados están ya perdonados. Escrito está, "Si no os arrepintiereis, todos pereceréis así." NOTAS. LUCAS 3:1-6. Iturea, Traconite, Abilina Estos eran distritos situados al norte y nordeste de la Palestina. Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás. La Biblia nos enseña que no podía haber estrictamente hablando, dos sumos sacerdotes al mismo tiempo. Esa dignidad, en los mejores días de Israel, era ejercida por una sola persona, y era Vitalicia. Más en la época en que nuestro Señor estuvo en la tierra, parece que existía mucha irregularidad en este respecto, y los romanos, probablemente, depusieren á algunos sumos sacerdotes por motivos de política. El resultado fue que además del que ejercía las funciones de tal había con frecuencia otros aún vivos, que anteriormente las habían ejercido. Anás era suegro de Caifás. Juan 18:13. 5. Todo valle se henchirá. A estas y otras expresiones semejantes de este versículo es menester dar una significación figurada. El sentido de la profecía es evidentemente, que dificultades y obstáculos tan altos como las montañas y tan hondos como los valles que un rey halla á su paso, se allanarán ante el progreso del Evangelio de Cristo. 6. Verá toda carne, etc. Esta es una profecía que aun no se ha cumplido del todo. Ha de recibir su completo cumplimiento cuando el reino de Cristo sea establecido en su segunda venida, y cuando todos lo reconozcan, desde los más pequeños hasta los más grandes. Este es un ejemplo entre otros muchos de que los profetas del Antiguo Testamento hablaron con frecuencia de ambos advenimientos al mismo tiempo y predijeron los triunfos completos del segundo junto con los triunfos parciales del primero. Comentarios de J. C. Ryle LUCAS 3:7-14 Estos versículos nos presentan un episodio de la carrera de Juan el Bautista. Es una parte de la Escritura que debe tener siempre interés particular para el cristiano. De los afectos inmensos que Juan produjo entre los judíos, aunque solo por corto tiempo, hay pruebas evidentes en los Evangelios. La aserción notable que en favor de Juan hizo nuestro Señor, de ser "el mayor profeta nacido de mujer," es bien conocida de todos los lectores de la Biblia ¿Cuál pues era el carácter de la misión de Juan? Esta es la pregunta á que responde prácticamente el capítulo que tenemos á la vista. Debemos notar en primer lugar la santa osadía con que Juan la palabra á las gentes que vinieron á recibir el bautismo. Les habla como " á una generación de víboras." El nota la falsedad y la hipocresía de las protestas que hace el gentío que lo rodea, y emplea un lenguaje descriptivo de su conducta. La popularidad trastorna la cabeza. No se le da cuidado de que algunos se ofendan al oír sus palabras. La enfermedad espiritual de los que lo rodean era larga y difícil de curar, y el sabia que tales enfermedades exigen remedios fuertes. Bueno seria que la iglesia de Cristo tuviese en nuestros días más ministros francos en el hablar como Juan el Bautista. La repugnancia natural á usar un lenguaje fuerte; el temor excesivo de causar ofensa; la oposición constante á hablar sin rodeos ni ambages, son desgraciadamente demasiado comunes en el pulpito moderno, debe usarse lenguaje áspero ó satírico, pero no es bueno á los no convertidos, absteniéndose de mencionar sus vicios o aplicando epítetos suaves á pecados detestables. Hay dos textos que los predicadores Cristianos olvidan con mucha frecuencia. Uno dice: "¡Ay de vosotros! cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros." El otro es: " Si aún agradara á los hombres no seria siervo de Cristo." Lucas 6:26 ; Gal. 1:10. Debemos notar, en segundo lugar, cuan francamente habla Juan sobre el infierno y el peligro. Habla del "hacha" de los juicios de Dios, y de los árboles infructíferos que serán arrojados "al fuego." Todo lo que diga relación al infierno repugna siempre á la naturaleza humana. El ministro que presente ese tema tiene que pasar por violento, duro de corazón y de pocos alcances. Los gustas de oír " halagos," y de que se les hable de paz, y no de peligro. Isai. 30:10. Más el tema es tan importante que no debemos dejar de mencionarlo, si deseamos trabajar en bien de las almas Nuestro Señor Jesucristo lo trató con frecuencia en Sus enseñanzas públicas. Este compasivo Salvador, que hablaba tan benignamente del camino que conduce al cielo, empleó también lenguaje muy claro respecto al camino del infierno. Guardémonos de querer saber más de lo que está escrito, y de ser más benignos que la misma Escritura. Grabemos profundamente en nuestros corazones el lenguaje de Juan el Bautista. No nos avergoncemos nunca de manifestar abiertamente nuestra firme creencia de que hay una "ira que vendrá" para el impenitente, y que así como es posible que el hombre se salve, es también posible que se pierda. Guardar silencio en esta materia es cometer traición contra las almas de los hombres; puesto que así se les da á estos márgenes para que continúen en la maldad y para que den cabida en su mente al antiguo engaño del diablo: "No pereceréis." Es, en verdad, nuestro mejor amigo el ministro del Evangelio que ingenuamente nos habla del peligro, y nos aconseja, á semejanza de Juan el Bautista, que "huyamos de la ira que vendrá." El hombre nunca huye mientras no ve que hay causa real de temor. Una religión en que no se haga mención del infierno, no es la religión de Juan el Bautista, ni la de nuestro Señor Jesús y sus apóstoles. Debemos notar, en tercer lugar, como Juan hace ver la inutilidad del arrepentimiento que no está acompañado de buenos frutos. El decía á las gentes que venían á ser bautizadas: " Haced, pues frutos dignos de arrepentimiento;"y: "Todo árbol que no produce buen fruto es talado." Esta es una verdad que debe ocupar siempre un lugar prominente en nuestras creencias. Nunca puede repetirse demasiado, que en materias religiosas las pláticas y las protestas son de ningún valor si no van acompañadas de las buenas acciones. Es en vano decir con nuestros labios que nos arrepentimos, si al mismo tiempo no mostramos el arrepentimiento en nuestra manera de vivir. Decir que sentimos pesar de nuestros pecados es mera hipocresía, á menos que en realidad demos pruebas del pesar, abandonándolos. Los hechos son el índice verdadero del arrepentimiento. No nos digáis meramente lo que alguno dice en materia de religión. Decidnos más bien lo que hace. "La palabra de los labios," dice Salomón, "solamente empobrece." Prov. 14: 23. Hemos de notar, en cuarto lugar, cómo ataca Juan la idea común de que el parentesco con personas religiosas puede salvar nuestras almas. "No empecéis á decir,"dice á los Judíos, "tenemos por padre á Abraham; porque os digo que puede Dios aun de estas piedras levantar hijos á Abraham." La tenacidad con que el hombre se ha aferrado de esta idea, en todas partes del mundo, es una prueba de nuestro estado caído y corrompido. Se han hallado millares, en todas las épocas que ha atravesado la iglesia, que han creído que sus relaciones con personas religiosas los hace aceptables a los ojos de Dios. Millares han vivido y muerto en el error de que por estar ligados á gentes santas por los vínculos del parentesco, ó aun por ser miembros de la misma iglesia, podían confiar en ser salvos. Tengamos como principio inconcuso, que la religión que salva es asunto de cada individuo: asunto entre el alma y Cristo. De nada nos servirá en el último día haber pertenecido á la iglesia de Calvino, Cranmer, Knox, Owen, Wesley, ó Whitefield. ¿Tuvimos la fe de estos hombres justos? ¿Creemos nosotros como ellos creyeron, y nos esforzamos por vivir como ellos vivieron, y en seguir á Cristo como ellos Lo siguieron? Estos son los únicos de que dependerá nuestra salvación. A ninguno salvará haber tenido en las venas sangre de Abraham, si no poseyó la fe de Abraham, y no hizo las obras de Abraham. Debemos notar, finalmente, en este pasaje, la prueba á qué sometió Juan la sinceridad de la conciencia de las diferentes clases de gentes dieron á su bautismo. Ordenó á cada uno que hizo protesta arrepentimiento que comenzase por deshacerse de sus pecados dominantes. Los egoístas debían mostrarse mutuamente caritativos. Los publícanos no debían "demandar más de lo debido". Los soldados no debían "maltratar á nadie," y tenían que contentarse con sus salarios. No quiso dar á entender que, procediendo de este modo expiarían sus pecados, y harían paz con Dios, sino que así sabrían si su arrepentimiento era sincero. Concluyamos la consideración de este pasaje con la convicción profunda de que este es el mejor modo de proceder con las almas, y especialmente con las almas de los que están comenzando á hacerse de fe; y sobre todo, aprendamos cuál es el medio seguro de probar nuestros propios corazones. Es menester no contentarnos con vociferar contra pecados á que por naturaleza no estamos inclinados, en tanto que permanecemos indiferentes respecto de pecados de otra clase. Descubramos en qué consiste nuestra corrupción; hallemos cuales son nuestros pecados dominantes y dirijamos contra ellos nuestros mayores esfuerzos. Hagámosles guerra sin tregua. Que el rico abandone los pecados del rico, y el pobre los pecados del pobre. Que renuncie el joven los pecados de la juventud, y el anciano los pecados de la ancianidad. Este es el primer paso para probar que obramos con sinceridad, cuando principiamos á pensar seriamente acerca de nuestras almas. ¿No engañamos? ¿Somos sinceros? En tal caso empecemos por examinar nuestros corazones. NOTAS. LUCAS 3:7-14. 8. Por padre tenemos á Abrahán. Stella, comentador Español del Evangelio de S. Lucas, escribió un párrafo sobre esta expresión que es digno de notarse: "Hay muchos monjes que imitan á estos Judíos, diciendo, tenemos por padre á Benito, Agustín, Jerónimo, Francisco, ó Domingo, exactamente como aquellos decían, tenemos por padre á Abrahán. Refieren á otros las acciones maravillosas de los fundadores de su orden, y exaltan sus alabanzas con grandes encomios. Dicen, nuestra orden tiene tantos justos, cuyos nombres están escritos en el catálogo de los santos, tantos Papas, tantos Cardenales, tantos Obispos, tantos Maestros. Se regocijan y se jactan de sus hechos mientras que ellos mismos han degenerado de las excelencias reales de los fundadores, á causa de su propia iniquidad y del relajamiento de sus costumbres. A todos estos podemos decirles merecidamente lo que Cristo dijo á los judíos: 'Si sois hijos de Abrahán, haced las obras de Abrahán."' Dios puede de estas piedras, etc. El significado de estas palabras es simplemente el siguiente: No penséis que Dios no tendrá una nación que entone Sus alabanzas, si os extirpa y no os salva. Aun si os abandonase podría levantar para Si de estas piedras una familia de verdaderos creyentes. El llamamiento da los Gentiles era lo que esto indicaba evidentemente. Comentarios de J. C. Ryle LUCAS 3.15-20 Aprendemos en estos versículos, en primer lugar, que uno de los dos de las tareas del buen ministro es hacer que los hombres se dediquen más á la meditación. Leemos acerca de los oyentes de Juan el Bautista, que "estaban esperando y pensando todos de Juan en sus corazones si él fuese el Cristo." La causa de la religión verdadera habrá dado un gran paso hacia adelante en la parroquia, congregación ó familia, si los miembros de estas empiezan tan solo á pensar. La indiferencia en las materias espirituales es uno de los distintivos del impenitente. No puede decirse de este muchas veces que le agrade ó le desagrade el Evangelio; más no le da lugar en sus pensamientos: nunca examina. Debemos siempre dar gracias á Dios cuando vemos que la reflexión empieza á ocupar la mente de algún impenitente. La investigación es el camino real que conduce á la conversión. La verdad de Cristo nada tiene que temer del examen concienzudo. El que esto escribe patrocina la investigación y desea ocupe el lugar que merece. El sabe bien que ella basta para satisfacer todas las exigencias del corazón y de la conciencia del hombre, y que los que no reconocen esto, no la entienden. Pensar, sin duda, no es tener fe o arrepentimiento. Más siempre es un síntoma favorable cuando los oyentes del Evangelio empiezan á "pensar en sus corazones" debemos bendecir á Dios y llenarnos de esperanza. Se nos enseña en segundo lugar, en estos versículos, que el ministro fiel ensalza siempre á Cristo. Leemos que cuando Juan percibió el estado mental en que se hallaban sus oyentes, les habló de la venida de un Maestro mucho más poderoso que él. Rehusó el que el pueblo estaba inclinado á tributarle, y los encaminó á que tenia el "aventador en su mano," el Cordero de Dios, al Mesías. Esta debe ser siempre la conducta del verdadero "hombre de Dios." El no puede jamás permitir que se le de, por ningún motivo, el honor que corresponde á su divino Maestro. Está dispuesto á decir como S. Pablo: "No me predico á mí mismo, sino á Jesucristo el Señor, y yo siervo vuestro por amor de Jesús." 2 Cor. 4:5. Dar loor á Jesucristo por haber muerto y resucitado por el impío; hacer conocer su amor para con los pecadores y su poder para salvarlos, he aquí el objeto principal del ministro del Evangelio. "Á El conviene crecer más á mí decrecer" es el principio que debe guiarlo en todos sus sermones. No importa que su nombre sea arrojado al olvido con tal que Cristo crucificado sea ensalzado. ¿Deseamos saber si algún ministro es puro en la fe, y merece nuestra confianza como guía espiritual? Solo tenemos que hacer esta sencilla pregunta: ¿Qué dice de Cristo? ¿Deseamos saber si nosotros mismos estamos recibiendo provecho de los sermones que oímos? Preguntémonos si su efecto es engrandecer á Cristo en nuestra estimación. El ministro que predica en edificación nuestra nos hará pensar más y más en Jesús. Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, que hay una diferencia esencial entre él Señor Jesús y aun los mejores y más justos de Sus ministros. Percibírnosla en las palabras solemnes de Juan el Bautista: "Yo, á la verdad, os bautizo con agua: Él os bautizará con el Espíritu Santo." Un hombre que ha sido ordenado, puede administrar los ritos externos del Cristianismo, con la esperanza de que Dios bendecirá benignamente aquellas formas que Él mismo ha ordenado; más ese hombre no puede leer los corazones. Puede predicar lealmente el Evangelio á los oídos exteriores, pero no puede hacer que el corazón lo acepte. Puede aplicar al cuerpo el agua del bautismo, más no puede purificar el interior. Puede poner en los labios el pan y el vino de la cena del Señor, más no puede hacer á nadie digno según la fe de comer el cuerpo, y de beber la sangre de Cristo. Puede llegar hasta cierto punto, pero no más allá. Ninguna ordenación, por sagrada que se considere, puede dar á nadie la facultad de cambiar el corazón. Solamente Cristo, gran Cabeza de la Iglesia, puede hacer esto por medio del Espíritu Santo; y el no ha delegado su poder á ningún hombre. ¡Quiera Dios que nunca nos sintamos tranquilos hasta tanto hayamos experimentado el poder de la gracia de Cristo! Bien que hayamos sido bautizados con agua; ¿lo hemos sido también con el Espíritu Santo? Bien que nuestros nombres aparezcan en el registro de bautismo; ¿aparecen también en el libro de la vida? Bien que seamos miembros de la iglesia visible; ¿lo somos también de aquel cuerpo místico, del cual solo Cristo es la cabeza? Todas estas son mercedes que solo Cristo otorga, y por las cuales, preciso es que todos los que quisieren salvarse acudan en persona a El. El hombre no puede concederlas. Son tesoros depositados en manos de Cristo: es preciso que de Él las solicitemos con fe y oración. Aprendamos, en cuarto lugar, en estos versículos, el cambio que Cristo hará en Su iglesia visible, cuando aparezca la segunda vez. Según las palabras figuradas de su precursor, "él limpiará su era, y, trigo en su alfolí; y quemará la paja en fuego que nunca se apagará." La iglesia visible es al presente en cuerpo heterogéneo. Creyentes y no creyentes, justos é injustos, convertidos é impenitentes, todos están mezclados en cada congregación; y muchas veces se sientan juntos. El hombre no tiene la facultad de distinguirlos, las falsas protestas son á menudo tan semejantes á las verdaderas, y la fe es a menudo tan débil, que la distinción es en muchos casos imposible. El trigo y la paja continuarán juntos hasta que el Señor venga. Más en el último día habrá una separación solemne. El infalible rey de reyes separará el trigo de la paja, y la separación será eterna. Los justos serán congregados en un lugar de gloria y felicidad. Los impíos serán condenados á la deshonra y al oprobio sempiternos. En el gran día de la separación, cada uno irá al lugar que le corresponde. ¡Pluguiese á Dios que dirigiésemos nuestras miradas hacia ese día, y nos juzgásemos á nosotros mismos para no ser juzgados por el Señor! Hagamos cuanto esté á nuestro alcance para que nuestra vocación y elección sean seguras, y para saber si somos el " trigo " de Dios. Estos versículos nos enseñan, finalmente, que muchas veces los siervos de Dios no reciben su recompensa en este mundo. San Lucas concluye la reseña de los servicios de Juan el Bautista con su prisión por orden de Herodes. Otros pasajes del Nuevo Testamento nos dicen como terminó esa prisión: Juan fue decapitado. Todos los verdaderos siervos de Dios deben contentarse con la esperanza de la recompensa. El mejor galardón les está reservado para la otra vida. Es menester no extrañen si reciben mal trato de los hombres. El mundo que persiguió á Cristo, nunca vacilará en perseguir á los cristianos. "No os maravilléis si el mundo os aborrece." 1 Juan 3:13. Consolémonos con la idea de que el gran Maestro nos tiene atesoradas en el cielo mayores cosas de las que nosotros podemos imaginar. De la sangre que Sus santos han derramado á causa de Su nombre se tomará cuenta en aquel gran día; y las lágrimas derramadas abundantemente á consecuencia de la crueldad de los malvados, serán enjugadas. Y cuando Juan el Bautista y todos los que han sufrido por la verdad sean al fin congregados, verán que es cierto que el cielo indemniza por todo. NOTAS, LUCAS 3:15-20. 16. Yo, á la verdad, os bautizo con agua. Conviene observar que el contraste que Juan el Bautista hace en estas palabras, no es, como pretenden los escritores católicos romanos, entre el bautismo de él, y el bautismo cristiano, sino entre el poder que él tenia cual mero hombre para administrar un rito externo, y el poder de Cristo, hijo de Dios, para cambiar el corazón. Guardémonos de tener en poco el bautismo de Juan. Ninguna prueba tenemos que los apóstoles recibieran jamás otro bautismo que el de Juan. Decir que el bautismo de los ministros de Cristo comunica gracia "ex opere operato," y que el bautismo de Juan no la comunica, es hacer una aserción que no tiene apoyo ni en las Escrituras ni en la experiencia. La diferencia entre el bautismo de Juan y el bautismo de Cristo, no es "esencial" sino "accidental," esto os, no: consiste en su esencia sino en sus accidentes ó circunstancias. Bautizará con fuego. La significación de esta expresión es dudosa, y nunca se ha aclarado completamente. Algunos la restringen exclusivamente á la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, en el que "unas lenguas como de fuego " posaron sobre cada una de las personas presentes. Hech. 2.3. Otros la restringen á la operación del Espíritu Santo que purifica y ennoblece el corazón á la manera que el fuego purifica el oro. Ambas interpretaciones pueden probablemente aplicarse á la frase. 19. Pero Herodes, etc. La referencia que en esta parte de su Evangelio hace S. Lucas al aprisionamiento de Juan antes de que el acontecimiento tuviese lugar es un ejemplo del plan de S. Lucas de "escribir por orden." Lucas 1:3. Está tratando de la carrera de Juan el Bautista, y por esto aprovecha la oportunidad para referir, antes de tratar de otro asunto, como terminó esa carrera. |
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Texto Bíblico
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El bautismo de Jesús Lucas 3.21-22 21 Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, 22 y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. (Is. 52.1; Mt. 12-18; 17.5; Mr. 9.7; Lc. 9.35) |
El bautismo de Jesús Lucas 3.21-22 Mt. 3.13-17; Mr. 1.9-11 Mt. 3.13-17 13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. 14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. 16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. 17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
Mr. 1.9-11
9
aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue
bautizado por Juan en el Jordán.
10
Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu
como paloma que descendía sobre él. |
Lucas 3.22 Is. 52.1; Mt. 12-18; 17.5; Mr. 9.7; Lc. 9.35 Is. 42.1 1 He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.
Mt. 12.18
18
He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mt 17.5 5 Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Mr.9.7 7 Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. Lc.9.35 35 Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. |
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Genealogía de Jesús Lucas. 3.23-38 23 Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía, de José, hijo de Elí, 24 hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José, 25 hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahum, hijo de Esli, hijo de Nagai, 26 hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de José, hijo de Judá, 27 hijo de Joana, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri, 28 hijo de Melqui, hijo de Adi, hijo de Cosam, hijo de Elmodam, hijo de Er, 29 hijo de Josué, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat, 30 hijo de Leví, hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim, 31 hijo de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán, 32 hijo de David, hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salmón, hijo de Naasón, 33 hijo de Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá, 34 hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor, 35 hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala, 36 hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, 37 hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de Cainán, 38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios. |
Genealogía de Jesús Lucas. 3.23-38 Mt. 1.1-7 1 Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. 2 Abraham engendró a a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. 3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. 4 Aram engendró a Aminadaba, Aminadaba a Naasón, y Naasón a Salmón. 5 Salmón engendró de Rahaba a Booz, Booz engendró a de Rut a Obed, y Obed a Isaí. 6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. 7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías y Abías a Asa. 8 Asa engendró a Josafat, Josafat a Joroam, y Joroam a Uzías. 9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Exequias. 10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. 12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel 13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor 14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud 15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; 16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. 17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce, desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia |
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Comentarios de J. C. Ryle Lucas 3:21-38. En el pasaje que tenemos á la vista, el valor que el Señor Jesús dio al bautismo, y que el Salvador del mundo vino entre otros que acudieron á Juan el Bautista, y fue "bautizado por él." rito con el cual cumplió el Hijo de Dios, y que más tarde prescribió para toda su iglesia, merece la veneración de los cristianos en todos los siglos. No puede ser un rito de poca importancia, puesto que Cristo mismo se hizo bautizar. Es casi innecesario decir cuantos errores de todo género abundan sobre esta materia. Algunos hacen del bautismo un ídolo, y le exaltan á un lugar superior al que le asigna la Biblia. Otros lo degradan y menosprecian, y casi parecen olvidar que fue ordenado por el mismo Cristo. Unos limitan tanto su uso que no bautizan á ninguno, á menos que sea adulto y dé prueba satisfactoria de su conversión. Otros atribuyen al agua del bautismo tan mágico poder que quisieran que los misioneros fueran á los países paganos y bautizasen á todo el mundo, jóvenes y viejos indistintamente, y creen que por ignorantes que sean los Gentiles el bautismo debe comunicarles alguna virtud. Tal vez, sobre ningún otro asunto do religión, hay tanta necesidad de que los Cristianos oren á Dios que los ilumine para que puedan decidir con acierto. Bástenos sostener con firmeza el principio general de que el bautismo fue misericordiosamente instituido por nuestro Señor para consuelo de su iglesia, y para que sirviese de "medio de gracia," y que si fuere recta y dignamente administrado, podemos esperar con confianza el favor del cielo. Más no olvidemos nunca que la gracia de Dios no está circunscrita á ningún sacramento, y que, por otra parte, bien podemos ser bautizados con agua, sin ser bautizados con el Espíritu Santo. Percibimos, en segundo lugar, en este pasaje, la íntima relación que existe entre la administración del bautismo y la oración. Se nos refiere especialmente por S. Lucas, que cuando nuestro Señor fue bautizado estaba también orando. Este hecho contiene sin duda una gran lección, que la iglesia de Cristo ha considerado con demasiada indiferencia. Nos enseña que para que el bautismo obtenga la bendición de Dios es necesario que vaya acompañado de la oración. La aspersión del agua no es suficiente, ni basta que se invoque el nombre de la Santísima Trinidad: la forma del sacramento no comunica por sí sola ninguna gracia. Es indispensable que haya algo más que esto: es indispensable que se eleve "la oración de la fe." Puede asegurarse que no tenemos derecho para esperar que sobre un bautismo sin oración recaiga la bendición de Dios. En tercer lugar, estos versículos contienen una prueba notable de la doctrina de la Trinidad. Según sus palabras, las tres personas de la Divinidad cooperan y obran simultáneamente. Dios el Hijo empieza la obra sublime de su ministerio terrenal recibiendo e bautismo. Dios el Padre lo acredita solemnemente como el Mediador con una voz del cielo. Dios el Espíritu Santo baja "en forma corporal como paloma" sobre nuestro Señor, declarando con esta que él es Aquel á quien "el Padre no da el Espíritu por medida." Juan 3: 34. Hay algo muy instructivo y sumamente consolador en esta revelación de la bendita Trinidad, en la época mencionada. Esto manifiesta cuan eficaz y grandioso es el plan de nuestra redención, Es la obra en común de Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios Espíritu Santo. Todas las tres personas de la Divinidad están igualmente interesadas en librar nuestras almas del infierno. Esto entonces debe consolarnos cuando estamos acongojados y abatidos. Este pensamiento debe alentarnos é infundirnos valor, cuando estamos cansados del conflicto con el mundo, la carne, y el demonio. Los enemigos de nuestras almas son poderosos, pero sus protectores son aun más poderosos. Todo el poder de Jehová trino y uno está de nuestra parte. Estos versículos nos presentan, en cuarto lugar, la maravillosa proclamación de la misión de nuestro Señor como Mediador entre Dios y el hombre. Se oyó en su bautismo una voz del cielo, que dijo "Tu eres mi Hijo amado, en ti es mi placer." Solo uno puede decir esto, Dios el Padre. Estas palabras solemnes encierran, sin duda, muchos misterios o, á lo menos, es bastante claro: la declaración divina que Señor Jesucristo es el Redentor que desde el principio determinó enviar al mundo, y que con Su encarnación, sacrificio y sustitución por el hombre, Dios el Padre está satisfecho y bien complacido; pues ha cumplido plenamente su santa ley. Por mediación de El, está dispuesto á recibir en su gracia al pobre hombre pecador, y no acordarse más de sus pecados. Que se tranquilicen con estas palabras las almas de los verdaderos cristianos, y se consuelen con ellas cada día. Nuestras faltas y nuestros pecados son muchos y muy grandes. En nosotros no hay nada de bueno. Pero si creemos en Jesús, el Padre no hallará en nosotros culpa que no pueda perdonar del todo. El nos considera como " miembros "de Su querido Hijo, y por amor de Él está muy complacido. Estos versículos nos enseñan, en último lugar, que criatura tan frágil y perecedera es el hombre. Leemos al fin del capítulo una larga lista de nombres, que contiene la genealogía de la familia en que nació nuestro Señor, trazada hasta Adán. ¡Cuan poco sabemos de la mayor parte de las setenta y cinco personas cuyos nombres se hallan aquí registrados. Todas ellas tuvieron sus gozos y pesares, sus esperanzas y temores, sus cuidados y tribulaciones, sus proyectos y planes, como cualquiera de nosotros mismos; más todas han desaparecido de la tierra, é se han ido al lugar que les corresponde. Y así será de nosotros: Todos vamos también desapareciendo. Alabemos eternamente á Dios, por que en un mundo perecedero podemos dirigirnos á un Salvador viviente. "Yo soy," dice Jesús, " el que vivo, y he sido muerto, y he aquí, vivo por siglos de siglos." "Yo soy la resurrección y la vida." Rev. 1:18; Juan 11:25. Que sea nuestro cuidado principal unirnos á Cristo. Unidos al Señor Jesús por la fe resucitaremos para gozar vida eterna. La segunda muerte no tendrá dominio sobre nosotros. "Porque yo vivo,"dice Cristo, "también vosotros viviréis." Juan 14:19. NOTAS. LUCAS 3:21-38. 23. Treinta años de edad. Téngase presente que esta era la edad, en la cual se permitía á los Levitas empezar á servir en el tabernáculo. Num. 4:3. José que fui hijo de Helí, etc. Todo atento lector de la Biblia sabe bien que ocurre una gran dificultad tocante á la genealogía de nuestro Señor. La dificultad consiste en el completo desacuerdo entre aquella parte de la genealogía comprendida entre David y José, según la refiere S. Lucas, y la misma parte registrada por S. Mateo. Entre Abrahán y David convienen las dos genealogías. Entre David y José difieren casi de un todo. ¿Cómo puede conciliarse esta diferencia? Esta es una cuestión sobre la cual hombres sabios han escrito volúmenes, y no han logrado convencerse mutuamente. Haremos sobre esta cuestión unas pocas observaciones. Hay tres teorías ó explicaciones. La primera, pero la menos probable, es esta. Las personas mencionadas en la genealogía desde David á José tenían todos dos nombres. Mateo les da uno de estos nombres, Lucas les da el otro. Más ambos se refieren á las mismas personas, y ambos dan la genealogía de José. Esta explanación satisfará á raras personas. La diferencia entre el número de nombres que da Lucas, comparado con el que da Mateo, produce por sí misma una objeción insuperable. Parece que es inútil tratar más por extenso de esta solución de la cuestión. La segunda, y algo más satisfactoria explicación de la dificultad es la siguiente, La madre de José, esposo de María, se casó dos veces. De uno de los maridos, José fue hijo carnal ó de nacimiento; del otro fue hijo adoptivo. Las dos genealogías en los dos Evangelios, son las genealogías de estos dos maridos. Cada Evangelista termina la genealogía con José, más Lucas presenta los ascendientes de Helí, y Mateo los de Jacob. Esta explicación es la que agradó más a los padres de la primitiva iglesia, y se atribuye generalmente á Julio Africano. Sin embargo de su antigüedad, está expuesta á varias y serias objeciones. Es difícil comprender por qué habría de repetir Lucas la genealogía de José, en un Evangelio escrito especialmente para los Gentiles convertidos, y por qué ambos evangelistas habrían de pasar por alto la genealogía de la madre de nuestro Señor. La tercera solución de la dificultad y la más satisfactoria consiste en considerar la genealogía dle Lucas como la de María, y no de José. Helí fue el padre de María, y por tanto, suegro de José por su matrimonio. No se dice que Helí "engendrara" á José; y que el texto Griego no da á entender precisamente que José "fuese su hijo," se colige claramente de las expresiones usadas tocante á María y á Judas en otros dos Jugares del Nuevo Testamento. Marcos 24:1, y Hechos 1:15. De consiguiente, es la familia de María, y no la de José, la que describe S. Lucas; y la familia de José, y no la de María la descrita por S. Mateo. Ocurren, sin duda, algunas dificultades en el procedimiento para obtener esta solución; más parece haber mayores dificultades en las otras. 36. El hijo de Cainan. Hay una dificultad seria tocante á este nombre. Y es que no se menciona en la genealogía desde Noé hasta Abrahán, según la registra la versión Hebrea del Gen. 11:12, aunque se encuentra en la versión Griega de la Septuaginta. Se presenta á la vez la cuestión: ¿Por qué S. Lucas pone aquí ese nombre? ¿Cómo hemos de conciliar la relación de Moisés con la de S. Lucas Las soluciones de esta dificultad son varias, y un convenio que dé fin á la disputa probablemente no se hará jamás. Solo esto es seguro, que ni Moisés ni S. Lucas pudieron haber cometido un error, porque ambos estaban inspirados. Algunos piensan que S. Lucas no tuvo otro ánimo que copiar al pié de la letra la genealogía que estaba admitida generalmente, y se eximió del cargo de autorizar errores de ella, empleando la expresión del principio, "como se suponía." Según los que opinan así esta expresión es aplicable á toda la genealogía. Otros piensan que el nombre fue omitido en el texto Hebreo del Génesis, por equivocación de algún amanuense. Otros, que S. Lucas insertó adrede el nombre en la genealogía, por agradar á los que solo conocían la versión de la Septuaginta. Otros piensan que el nombre se deslizó en el Evangelio de S. Lucas por error de algún amanuense, que no sabia nada de hebreo, y solo conocía el Antiguo Testamento por la versión de la Septuaginta, y que S. Lucas en el original no insertó el nombre de Cainan. La última solución es la más satisfactoria. |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
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de La Liga bíblicaLos Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:
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