El Santo Evangelio según
San Lucas

Porque por gracia sois salvos

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La pesca milagrosa

Lucas 5.1-11

1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.

2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.

3 Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. (Mt. 13.1-2; Mr. 3.9-10; 4.1)

4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.

5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; (Jn. 21.3) mas en tu palabra echaré la red.

6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, (Jn. 21.6) y su red se rompía.

7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.

8 Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

9 Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él,

10 y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.

11 Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.

La pesca milagrosa

Lucas 5.1-11 Mt. 4.18-22; Mr. 1.16-20

Mt. 4.18-22 18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.

Mr. 1.16-20 16 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. 18 Y dejando luego sus redes, le siguieron. 19 Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. 20 Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.

Lucas 5.1-3 Mt. 13.1-2; Mr. 3.9-10; 4.1

Mt. 13.1-2 1  Saliendo Jesús del templo,  le dijo uno de sus discípulos: Maestro,  mira qué piedras,  y qué edificios. 2  Jesús,  respondiendo,  le dijo: ¿Ves estos grandes edificios?  No quedará piedra sobre piedra,  que no sea derribada.

Mr. 3.9-10 9 Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen. 10 Porque había sanado a muchos: de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él.; 4.1 1 Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor del el mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar;

Lucas 5.5 Jn. 21.3 Simón Pedro les dijo: Voy a pescar.  Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo.  Fueron,  y entraron en una barca;  y aquella noche no pescaron nada.

Lucas 5.6 Jn. 21.6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca,  y hallaréis.  Entonces la echaron,  y ya no la podían sacar,  por la gran cantidad de peces.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 5.1-11

Tenemos en estos versículos la relación de lo que comúnmente se pesca milagrosa. Es milagro digno de consideración por dos razones. Por una parte, nos enseña el absoluto dominio de nuestro Señor  sobre toda la creación animal: los peces del mar están tan sumisos á su voluntad, como las ranas, y las moscas, y las langostas de las plagas de Egipto. Todos son siervos suyos, y todos obedecen sus mandatos. Por otra parte, hay una semejanza singular entre este milagro hecho al principio de la vida pública de Señor, y otro que según lo que refiere San Juan, (21:1, etc) hizo después de Su resurrección, al fin de su vida pública. En ambos se alude á una pesca milagrosa. En ambos el apóstol S. Pedro  ocupa un lugar prominente en la narración. Y en ambos se oculta, probablemente, una lección espiritual, bajo la superficie de los hechos descritos.

Debemos observar en este pasaje de que manera tan infatigable nuestro Señor  estaba dispuesto á ejecutar toda buena obra. Por segunda lo vemos predicando á un gentío que "se derribaba sobre él para oír la palabra de Dios." ¿Y dónde predicaba?   No en algún edificio consagrado, ó en algún lugar dedicado al culto público, sino al aire libre; no en un pulpito construido para predicar, sino en una barca de pescador.    Las almas estaban ansiando su alimento espiritual. Las incomodidades, por lo tanto, no podían hacerlo cejar. La obra de Dios tenía que continuar.

Los siervos de Dios deben aprender de la conducta de su Maestro en esta ocasión. No hemos de aguardar hasta que toda pequeña dificultad ó todo estorbo desaparezcan, para tomar el arado, ó salir á sembrar la semilla de la palabra. Muchas veces sucede que faltan edificios cómodos para las reuniones de los fieles; ó para establecer una escuela de niños. ¿Qué hemos de hacer entonces? ¿Cruzaremos los brazos, y no haremos nada? ¡No lo permita Dios! Si no podemos hacer todo lo que queremos, hagamos lo que podamos. Trabajemos con los instrumentos que tengamos á la mano. En tanto que nosotros permanecemos en la inacción, las almas están pereciendo. El corazón del perezoso está siempre mirando al seto de espinos, y al león en el camino. Prov. 15:19; 22:13. Donde quiera que estemos y de la manera que estemos, á tiempo ó fuera de tiempo, ya de un modo ó de otro, con la palabra ó con la pluma, procuremos estar siempre trabajando por la causa de Dios No permanezcamos quietos jamás.

Debemos observar en este pasaje, en segundo lugar, que aliciente presenta nuestro Señor á la obediencia que no inquiere. Se nos refiere que después de predicar mandó á Simón "que entrase en alta mar, y que echase sus redes para pescar." La respuesta que recibió manifiesta la índole del buen siervo. "Maestro," dice Simón, "habiendo trabajado toda la noche nada hemos tomado: más en tu palabra echaré la red." ¿Y cuál fue el premio de esta obediencia? Al mismo tiempo se nos dice que "encerraron tan gran multitud de peces, que su red se rompía."

Ni hay para que dudar que estos hechos sencillos contengan una lección práctica para todos los cristianos. Ellos nos enseñan que bendiciones reciben los que obedecen sin vacilar los expresos preceptos de Jesús. La senda del deber puede ser algunas veces áspera y desagradable; y hasta puede suceder que el mundo no comprenda si es acertada la línea de conducta que nos proponemos seguir. Más es menester que no nos muevan ningunas de estas consideraciones. No hemos de consultar á la carne y á la sangre. Antes bien, debemos seguir adelante inmediatamente cuando Jesús dice, "ve," y hacer cualquiera cosa intrépida, resuelta y decidida cuando Jesús dice, "hazlo." Es de nuestro deber proceder según fe y no según las apariencias, y creer que lo que ahora no nos parece justo y razonable, nos lo parecerá más tarde. Portándonos así, hallaremos que después de todo nada perdemos. Procediendo de este modo, tarde ó temprano obtendremos un gran galardón.

En tercer lugar, debemos observar cómo se humilla el hombre y siente su maldad al percibir la presencia de Dios.   Esto se advierte en de Pedro.    Cuando la pesca milagrosa lo convenció que Uno superior al hombre estaba en su barca, se arrodilló ante Jesús diciendo: "Salte de conmigo, oh Señor porque soy hombre pecador"

Al analizar estas palabras de Pedro, es menester, por supuesto, que tengamos presente la época en que fueron pronunciadas. Él era a lo más, solamente un neófito en la gracia, falto de fe, falto de experiencia, y falto de conocimientos. En un período más avanzado de su vida, seguramente habría dicho: "Permanece conmigo."  Pero aún después de todas estas consideraciones, las palabras de expresan exactamente las primeras emociones del hombre colocado en íntima comunión con Dios. La contemplación de la grandeza y santidad divinas le hacen sentir intensamente su pequeñez y su corrupción. Cuál Adán después de la caída, su primer lento es ocultarse. Cual Israel al pié del monte Sinaí, el lenguaje de su corazón es, "no hable Dios con nosotros, por que no muramos " Exod. 20:19.

Bueno es que reconozcamos más y más cada año de nuestra vida la necesidad de un mediador entre Dios y los hombres, pues sin un mediador, nuestras ideas acerca de Dios nunca podrán ser consoladoras; ntes bien cuanto más claramente conozcamos á Dios tanto más intranquilos nos sentiremos. Sobre todo, demos gracias que Jesús ese verdadero Mediador cuyo amparo requieren nuestras almas y por cuya intercesión podemos acercarnos á Dios sin temor. Sin Cristo, Dios es un fuego consumidor. Con Cristo, Él es nuestro Padre reconciliado. Fuera de Cristo el moralista más escrupuloso puede con razón temblar, al dirigir sus miradas al más allá muerte. Con la ayuda de Cristo el jefe de los pecadores puede acercarse á Dios con confianza, y sentir perfecta paz.

Finalmente, debemos observar en este pasaje la gran promesa que Jesús ofreció á Pedro: "No temas," le dice; "desde ahora tomarás hombres."

Sin duda esta promesa no incluyó á Pedro solamente, sino á todos los apóstoles; y no á todos los apóstoles solamente, sino también á todos los ministros fieles del Evangelio que siguen las huellas de los apóstoles. Tuvo por objeto estimularlos y consolarlos. Por medio de ella Jesús quiere sostenerlos cuando algunas veces se encuentren próximos á desesperarse á causa de su propia debilidad é inutilidad; pues téngase presente que ellos tienen un tesoro en vasijas de barro. 2 Cor. 4:7. Son hombres de pasiones como los demás. Saben que su corazón es frágil y débil, como el de cualquiera de sus oyentes. Muchas veces se llenan de congoja, y hasta piensan en abandonar su carrera y dejar de predicar. Más encuentran consuelo en la promesa que les ha hecho el Jefe de la Iglesia: "No temas: desde ahora tomarás hombres."

Oremos cada día para que todos los ministros del Evangelio sean sucesores verdaderos de Pedro y de sus hermanos, que prediquen gratuitamente el mismo Evangelio que estos predicaron y sigan la misma santa vida que ellos siguieron; pues solo así serán siempre buenos pescadores. Á algunos de ellos Dios da más honor, y á otros menos; pero todos los predicadores verdaderos y fieles del Evangelio, deben esperar que su tarea no será infructuosa. Acaso á menudo prediquen la Palabra con muchas lágrimas, y no vean resultado alguno; más "la palabra de Dios no volverá vacía." Isa. 55:11. El último día veremos que ninguna obra ejecutada por amor de Dios fue vana. Todo pescador fiel verá cumplidas las palabras de su Maestro: "Tú tomarás hombres."

NOTAS. LUCAS 5:1-11.

4. Entra en alta mar. Notemos que esta orden debió de haber puesto á prueba de una manera especial la fe de un pescador. En las aguas profundas de los lagos, no es donde generalmente se hace la pesca.

10. Tomarás hombres. Se ha hecho notar muchas veces y con mucha justicia, que la palabra Griega traducida "tomar" significa literalmente, "tomar vivo." Está empleada solamente en este y en otro lugar, 2 Tim. 2:26, pasaje al cual con frecuencia se da una interpretación errónea, pero que comprendido como se debía está en singular consonancia con las palabras de nuestro Señor en este pasaje. No olvidemos al leer este milagro, que algunas buenas y santas personas en todos los siglos han visto en él un notable tipo y emblema de la historia de la iglesia  de Cristo en el mundo. Han considerado las naves como emblemas de las iglesias; los pescadores, de los ministros; la red, del Evangelio; el mar, del mundo,  la ribera, de la eternidad, y la pesca milagrosa, del éxito que ha de seguirse a todo lo hecho en cumplimiento estricto de la palabra de Cristo.    Puede haber verdad en todo esto. Pero es necesario que usemos el emblema con prudencia y discreción. El hábito de alegorizar y ver significaciones ocultas en el lenguaje sencillo de la Escritura, ha hecho frecuentemente mucho daño.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús sana a un leproso

Lucas 5.12-16

12  Sucedió que estando él en una de las ciudades,  se presentó un hombre lleno de lepra,  el cual,  viendo a Jesús,  se postró con el rostro en tierra y le rogó,  diciendo: Señor,  si quieres,  puedes limpiarme.

13  Entonces,  extendiendo él la mano,  le tocó,  diciendo: Quiero;  sé limpio.  Y al instante la lepra se fue de él.

14  Y él le mandó que no lo dijese a nadie;  sino ve,  le dijo,  muéstrate al sacerdote,  y ofrece por tu purificación,  según mandó Moisés, (Lv. 14.1-32) para testimonio a ellos.

15  Pero su fama se extendía más y más;  y se reunía mucha gente para oírle,  y para que les sanase de sus enfermedades.

16  Más él se apartaba a lugares desiertos,  y oraba.

Jesús sana a un leproso

Lucas 5.12-16 Mt. 8.1-4; Mr. 1.40-45

Mt. 8.1-4 1  Cuando descendió Jesús del monte,  le seguía mucha gente. 2  Y he aquí vino un leproso y se postró ante él,  diciendo: Señor,  si quieres,  puedes limpiarme. 3  Jesús extendió la mano y le tocó,  diciendo: Quiero;  sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. 4  Entonces Jesús le dijo: Mira,  no lo digas a nadie;  sino ve,  muéstrate al sacerdote,  y presenta la ofrenda que ordenó Moisés,  para testimonio a ellos.

Mr. 1.40-45 40 Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, se limpio. 42 Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquel, y quedó limpio. 43 Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, 44 y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó para testimonio a ellos. 45 Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.

Lucas 5.14 Lv. 14.1-32 1  Y habló Jehová a Moisés,  diciendo: 2  Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare:  Será traído al sacerdote, y éste saldrá fuera del campamento y lo examinará;  y si ve que está sana la plaga de la lepra del leproso, 4  el sacerdote mandará luego que se tomen para el que se purifica dos avecillas vivas,  limpias,  y madera de cedro,  grana e hisopo. 5  Y mandará el sacerdote matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes. 6  Después tomará la avecilla viva,  el cedro,  la grana y el hisopo,  y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes; 7  y rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra,  y le declarará limpio;  y soltará la avecilla viva en el campo. Y el que se purifica lavará sus vestidos,  y raerá todo su pelo,  y se lavará con agua,  y será limpio;  y después entrará en el campamento,  y morará fuera de su tienda siete días. 9  Y el séptimo día raerá todo el pelo de su cabeza,  su barba y las cejas de sus ojos y todo su pelo,  y lavará sus vestidos,  y lavará su cuerpo en agua,  y será limpio. 10  El día octavo tomará dos corderos sin defecto,  y una cordera de un año sin tacha,  y tres décimas de efa   de flor de harina para ofrenda amasada con aceite,  y un log de aceite. 11  Y el sacerdote que le purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar,  con aquellas cosas,  a la puerta del tabernáculo de reunión; 12  y tomará el sacerdote un cordero y lo ofrecerá por la culpa,  con el log   de aceite,  y lo mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová. 13  Y degollará el cordero en el lugar donde se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto,  en el lugar del santuario;  porque como la víctima por el pecado,  así también la víctima por la culpa es del sacerdote;  es cosa muy sagrada. 14  Y el sacerdote tomará de la sangre de la víctima por la culpa,  y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica,  sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 15  Asimismo el sacerdote tomará del log   de aceite,  y lo echará sobre la palma de su mano izquierda, 16  y mojará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda,  y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová. 17  Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano,  pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica,  sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho,  encima de la sangre del sacrificio por la culpa. 18  Y lo que quedare del aceite que tiene en su mano,  lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica;  y hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová. 19  Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado,  y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia;  y después degollará el holocausto, 20  y hará subir el sacerdote el holocausto y la ofrenda sobre el altar.  Así hará el sacerdote expiación por él,  y será limpio. 21  Mas si fuere pobre,  y no tuviere para tanto,  entonces tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa,  para reconciliarse,  y una décima de efa   de flor de harina amasada con aceite para ofrenda,  y un log de aceite, 22  y dos tórtolas o dos palominos,  según pueda;  uno será para expiación por el pecado,  y el otro para holocausto. 23  Al octavo día de su purificación traerá estas cosas al sacerdote,  a la puerta del tabernáculo de reunión,  delante de Jehová. 24  Y el sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa,  y el log   de aceite,  y los mecerá el sacerdote como ofrenda mecida delante de Jehová. 25  Luego degollará el cordero de la culpa,  y el sacerdote tomará de la sangre de la culpa,  y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica,  sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 26  Y el sacerdote echará del aceite sobre la palma de su mano izquierda; 27  y con su dedo derecho el sacerdote rociará del aceite que tiene en su mano izquierda,  siete veces delante de Jehová. 28  También el sacerdote pondrá del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica,  sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho,  en el lugar de la sangre de la culpa. 29  Y lo que sobre del aceite que el sacerdote tiene en su mano,  lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica,  para reconciliarlo delante de Jehová. 30  Asimismo ofrecerá una de las tórtolas o uno de los palominos,  según pueda. 31  Uno en sacrificio de expiación por el pecado,  y el otro en holocausto,  además de la ofrenda;  y hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar,  delante de Jehová. 32  Esta es la ley para el que hubiere tenido plaga de lepra,  y no tuviere más para su purificación.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 5.12.16

Se advierte en este pasaje el poder que tenia nuestro Señor Jesucristo  sobre las enfermedades incurables. "Un hombre lleno de lepra" acude á Él en busca de alivio, y es sanado al punto. Este fue un milagro. De todas las dolencias que pueden afligir á la humanidad, la lepra es la más severa. Afecta á la vez toda la constitución. Va acompañada de úlceras, destrucción de la piel, corrupción de la sangre, y putrefacción de los huesos. Es una muerte en vida, cuyo curso ninguna medicina puede hacer retardar ó contener. Empero, se nos dice de este leproso que sanó en un instante. Con solo haber tocado la mano del Hijo de Dios, la cura se efectuó. ¡Al mero contacto de esa mano omnipotente! "É inmediatamente la lepra desapareció."

Esta maravillosa narración nos presenta un emblema del poder (Cristo para curar nuestras almas. ¿Qué somos todos nosotros á los ojos de Dios sino leprosos espirituales? El pecado es la enfermedad mortal que á todos nos aflige. Ha arruinado nuestro cuerpo. Ha infectado todas nuestras facultades. Corazón, conciencia, mente, la voluntad, todo lo ha atacado el pecado. No tenemos parte ninguna sana, sino herida, y contusiones, y llagas corrompidas desde la planta del pié hasta la cabeza. Isai.1: 6. Tal es el estado en que nacemos. En cierto sentido estamos muertos mucho tiempo antes que nos entierren. Tal vez nuestros cuerpos estén sanos y activos, pero nuestras almas están muertas á causa de nuestras culpas y pecados,

"¿Quién nos librará del cuerpo de esta muerte?" Demos gracias á Dios que Jesucristo puede librarnos. Él es el Mediador divino que puede hacer que lo viejo desaparezca, y todas las cosas se hagan de nuevo. En Él tenemos vida. Él puede lavarnos enteramente de toda la inmundicia del pecado con Su propia sangre ¡Él puede vivificarnos con su propio Espíritu!; Él puede, en fin, limpiar nuestros corazones, iluminar nuestro entendimientos, renovar nuestra voluntad, y darnos salud. Guardemos todo esto en lo más íntimo de nuestros corazones. Hay bálsamo para curar nuestras dolencias. Si nos perdemos, no es porque no sea posible salvarnos. Por corrompidos que sean nuestros corazones, y por depravada que haya sido nuestra vida pasada, podemos cifrar nuestras esperanzas en el Evangelio. No hay lepra espiritual que Cristo no pueda curar.

Este pasaje demuestra, en segundo lugar, la buena voluntad con que Cristo socorría á los necesitados. La súplica del leproso afligido fue muy lastimera: "Señor," dijo, "si quisieres, puedes limpiarme." Nuestro Señor le contestó con palabras llenas de misericordia y de piedad: "Quiero, sé limpio."Esta pequeña palabra, "quiero," merece señalada atención. Es una mina profunda, llena de consuelo y de solaz para todas las almas afligidas y agobiadas de pesar. Pone de manifiesto cuáles son los sentimientos de Cristo hacia los pecadores; y es una prueba de su infinita voluntad de hacer bien á los hijos de los hombres, y de su deseo de ser compasivo con ellos. Tengamos presente constantemente, que si algunos hombres no se salvan, no es porque Jesús no quiera salvarlos. El no desea que ninguno de nosotros perezca, sino, antes bien, que todos vengamos al arrepentimiento. Él quiere que todos los hombres sean salvos, y vengan al conocimiento de la verdad. No se complace en la suerte del que perece. A la manera que la gallina recoge sus polluelos, hubiera querido El a los hijos de Jerusalén, si ellos hubiesen querido tan solo unirse á El.    Él quiso, más ellos no quisieron.   El pecador debe atribuirse su perdición.   Es por su propia voluntad, y no por la de Cristo, que se pierde para siempre.    Solemnes son aquellas palabras  de nuestro Señor, "No queréis venir á mí, para que tengáis vida 2Ped. 3: 9; 1Tim. 2:5; Ezeq. 18:32; Mat. 23:37; Juan 5.40.

Vemos en tercer lugar, con cuanto respeto miraba nuestro Señor Jesucristo  la ley ceremonial de Moisés. Manda al leproso que vaya presentarse al sacerdote para que este, conforme á lo prescrito en el Levítico, lo declare limpio. También le manda que lleve la ofrenda por su curación, "como mandó Moisés." Nuestro Señor en que las ceremonias de la ley Mosaica eran solamente tipos y emblemas de las cosas que estaban por venir, y que en sí mismas no tenían poder inherente. Sabía bien que los últimos días de las instituciones Levíticas se estaban acercando, y que pronto serian siempre abolidas. Pero mientras estaban vigentes, quería que fuesen respetadas. Habían sido establecidas por el mismo Dios; y representaciones proféticas de las verdades del Evangelio; por tanto no debían ser despreciadas.

Esta es una lección que haremos bien en recordar. Tengamos cuidado de no menospreciar la ley ceremonial por que su objeto haya cumplido. Guardémonos de echar á un lado aquellos pasajes de la Biblia que se refieren á ella pensando que tienen importancia alguna para el creyente en el Evangelio. Es verdad que las tinieblas están pasando, y que la verdadera luz ya alumbra. 1 Juan 2:8. Nada tenemos que hacer con altares, sacrificios, o sacerdotes. Los que desean establecer de nuevo estas cosas se parecen á los que encienden una luz á las doce del día. Aunque todo esto es cierto, conviene no olvidemos jamás que la ley ceremonial está aún repleta de instrucción. Comparada con el Evangelio es como el botón comparado con la flor. Bien comprendida arroja brillante luz sobre el Evangelio de Cristo.

Finalmente, en este pasaje vemos cuan diligente era nuestro Señor Jesucristo en la práctica de la oración secreta. Aunque mucha venía á oírlo y á que las curase de sus enfermedades, sin embargo, él siempre destinaba algún rato para este ejercicio de devoción. Santo y sin mancha como era, no permitía que las exigencias del público lo privasen de una comunicación privada y periódica con Dios. Se nos dice que "se apartaba á los desiertos y oraba."

Aquí se nos pone un ejemplo cuya imitación se descuida mucho en nuestros días. Es de temerse que muy pocos de los que profesan ser cristianos, se esfuerzan en imitar á Cristo en este punto. Hay abundancia de sermones, de pláticas, de conversaciones, de protestas de fe, de visitas, de limosnas, de enseñanza en la escuela y de contribuciones para sociedades de benevolencia. Mas ¿hay juntamente con todo esto la debida proporción de oración secreta? ¿Tienen los creyentes suficiente cuidado de estar á solas con Dios frecuentemente? Estas son preguntas que humillan y que examinan el corazón; más será provecho nuestro responderlas.

¿Por qué es que se trabaja con tanto empeño en asuntos religiosos, y sin embargo hay tan pocas verdaderas conversiones? ¿Porqué hay tantos sermones, y tan pocas almas se salvan; tanto trajín, y tan poco efecto; tanto correr de aquí para allá, y no obstante tan pocas personas que sigan á Cristo? ¿Por qué es todo esto? La respuesta es corta y sencilla. No se hace bastante oración secreta. La causa de Cristo no necesita menos trabajo, pero sí necesita que los trabajadores oren más. Examinémonos todos, y enmendemos nuestro modo de obrar. Los mejores trabajadores en la viña del Señor son los que como su Maestro se arrodillan mucho tiempo y con frecuencia.

NOTAS. LUCAS 5:12-16.

12. Un hombre cubierto de lepra. La enfermedad de la lepra, aunque comparativamente desconocida en Inglaterra, se ve todavía cu algunas partes del mundo. Se dice que hay una isla pequeña, cerca del cabo de Buena Esperanza, que está destinada por el Gobierno Colonial para los leprosos. Se hace mención de ella en las "Memorias de M'Cheyne," pagina 200

13. Quiero. Mr. Burgon observa que esta "expresión pertenece a Dios, y á Dios solamente; es la expresión de Aquel cuyo omnipotente poder es la causa de todas las cosas. Cuando sus siervos obraron milagros, muy diferentes fueron las frases que usaron. José dice: 'Sin mí Dios responda paz á Faraón.'" Gen. 41.16.

La mención frecuente de las oraciones de nuestro Señor es una peculiaridad del Evangelio de S. Lucas. Wordsworth observa: " Un ejemplo semejante ve en la relación del bautismo de nuestro Señor, y la de la transfiguración Lucas 3: 31, y 9:28, 29. Los Gentiles, para quienes se escribió especialmente el Evangelio de S. Lucas necesitaban ser instruidos en el deber y en los beneficios de la oración. De consiguiente, esta materia ocupa en él un lugar prominente. Es por excelencia el Evangelio de la oración." Véase Lucas 6:12: 9.18; 11 :1; 18:1; 22:41, 46.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús sana a un paralítico

Lucas 5.17-26

17  Aconteció un día,  que él estaba enseñando,  y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley,  los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea,  y de Judea y Jerusalén;  y el poder del Señor estaba con él para sanar.

18  Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico,  procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él.

19  Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud,  subieron encima de la casa,  y por el tejado le bajaron con el lecho,  poniéndole en medio,  delante de Jesús.

20  Al ver él la fe de ellos,  le dijo: Hombre,  tus pecados te son perdonados.

21  Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar,  diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias?  ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?

22  Jesús entonces,  conociendo los pensamientos de ellos,  respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones?

23  ¿Qué es más fácil,  decir: Tus pecados te son perdonados,  o decir: Levántate y anda?

24  Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados  (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate,  toma tu lecho,  y vete a tu casa.

25  Al instante,  levantándose en presencia de ellos,  y tomando el lecho en que estaba acostado,  se fue a su casa,  glorificando a Dios.

26  Y todos,  sobrecogidos de asombro,  glorificaban a Dios;  y llenos de temor,  decían: Hoy hemos visto maravillas.

Jesús sana a un paralítico

Lucas 5.17-26 Mt. 9.1-8; Mr. 2.1-12

Mt. 9.1-8  1  Entonces,  entrando Jesús en la barca,  pasó al otro lado y vino a su ciudad. 2  Y sucedió que le trajeron un paralítico,  tendido sobre una cama;  y al ver Jesús la fe de ellos,  dijo al paralítico: Ten ánimo,  hijo;  tus pecados te son perdonados. 3  Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. 4  Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos,  dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 5  Porque,  ¿qué es más fácil,  decir: Los pecados te son perdonados,  o decir: Levántate y anda? 6  Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados  (dice entonces al paralítico): Levántate,  toma tu cama,  y vete a tu casa. 7  Entonces él se levantó y se fue a su casa. 8  Y la gente,  al verlo,  se maravilló y glorificó a Dios,  que había dado tal potestad a los hombres.

Mr. 2.1-12 1 Entró Jesús otra vez en Capernaúm después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. 2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. 4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones:
7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? 8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): 11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 5.17-26

Tres milagros en uno llaman nuestra atención en estos versículos. Vemos á nuestro Señor á la vez perdonando pecados, leyendo los pensamientos de los hombres, y sanando á un paralítico. Aquel que pudo hacer cosas tales, y hacerlas con tal facilidad, autoridad perfección, debió ser realmente el verdadero Dios. Ningún hombre poseyó jamás poder semejante.

Notemos en primer lugar qué incomodidades se toman los hombres para lograr lo que pretenden, cuando de veras lo desean. Los amigos del paralítico deseaban traerlo á Jesús para que pudiera ser curado. Al principio no pudieron lograr su intento por causa del gentío que rodeaba á Jesús. ¿Qué hicieron entonces? Subieron al terrado, y haciendo una abertura en el techo, le descolgaron con su camilla por entre el tejado, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. De este modo los amigos del paciente consiguieron llamar la atención de nuestro Señor hacia él, y la curación se efectuó. Con incomodidades, trabajo y perseverancia, sus amigos salieron bien de la empresa.

Cuánto se consigue por medio de incomodidades y trabajos es cosa que vemos á cualquier lado que tornemos la vista. En cada profesión, en cada carrera, en cada oficio, vemos que el trabajo es el gran secreto del buen éxito. No es por la suerte ó por casualidad que los hombres prosperan, sino porque trabajan con ahínco. Los banqueros y comerciantes no adquieren grandes fortunas sin incomodidad y consagración. Los abogados y médicos no consiguen clientela sin aplicación y estudio. Este es un principio que los hijos de este mundo entienden bien. Una de sus máximas favoritas es, "El que algo quiere, algo le cuesta."

Y estemos persuadidos que el trabajo y la aplicación son exactamente tan esenciales al bienestar y prosperidad de nuestras almas, como lo son al de nuestros cuerpos. En todos nuestros esfuerzos para acercarnos á Dios, para allegarnos á Cristo, debemos tener una resolución tan firme como la que desplegaron los amigos del paralítico. Debemos evitar que dificultad alguna nos detenga ó que algún obstáculo nos impida hacer algo que sea realmente para nuestro bien espiritual. Es preciso, especialmente, que tengamos esto presente relativamente al deber de leer la Biblia con regularidad, oír el Evangelio, guardar el domingo, y orar en secreto. En todos estos puntos es preciso nos precavamos de la indolencia y del ánimo de los que inventan disculpas. La necesidad es madre de la industria. Si no podemos conservar estos hábitos de un modo, busquemos otro. Pero es preciso fijar en nuestras mentes, que de una manera ú otra tenemos que cumplir nuestro deber. La salud de nuestras almas está en peligro. Sean cuales fueren las dificultades, es preciso abrirnos paso por en medio de ellas. Si los hijos de este mundo se afanan tanto por una corona corruptible, ¿cuanto más debemos afanarnos nosotros por una que es incorruptible?

¿Por qué es que tanta gente se afana tan poco por la religión? ¿Cómo es que nunca tienen tiempo para orar, leer la Biblia y oír el Evangelio?   ¿Cuál es el secreto de su continua serie de disculpas para descuidar los medios de gracia?   ¿Cómo es que los mismos hombres que están llenos de celo en lo tocante á dinero, negocios, placeres ó política, no se inquietan acerca de sus almas?   La respuesta á estas preguntas es breve y á la vez sencilla.   Estos hombres no piensan seriamente en la salvación; no sienten la enfermedad espiritual; no experimentan interiormente la necesidad del Médico Espiritual; no saben que sus almas están en peligro de perecer eternamente; y juzgan que no hay para que inquietarse acerca de la religión.   En tal ignorancia millares viven y mueren. ¡Felices son, en verdad, los que han descubierto su peligro, y estiman todas cosas por perdidas, si pueden ganar á Cristo, y ser hallados con Él!

Notemos en segundo lugar cuan grande es la bondad y compasión Señor Jesucristo.    Dos veces en este pasaje se nos dice habló cariñosamente al pobre paciente que trajeron delante de El. La primera vez le dirigió estas admirables y consoladoras "Hombre, tus pecados te son perdonados."   Después añadió otras palabras, que en punto á consuelo solo ceden el primer á la precedente concesión de perdón.    "Levántate," dice, tu cama, y vete á tu casa."   Primero le anuncia la salud del alma después la del cuerpo, y lo llena de júbilo, No perdamos jamás de vista este rasgo del carácter de nuestro Señor. La bondad de Cristo para con sus elegidos jamás cambia ni decae. Es un manantial perenne de agua vivificante.   Comenzó toda desde la eternidad, antes que el hombre fuese creado.    Los escogió, llamó, y vivificó cuando estaban muertos en sus culpas y pecados.    Los llevó hacia Dios, y cambió su naturaleza, y renovó sus afectos y deseos, puso un nuevo cántico en sus labios.    Ha sobrellevado todas sus faltas y todos sus extravíos.    Nunca los dejará separarse  de Dios.    El amor y la misericordia de Cristo: he aquí su única defensa cuando el río de la muerte, y entre en la patria celestial. Procuremos conocer este amor por experiencia interna, y démosle mayor estimación. Que cada día nos sintamos más dispuestos á vivir, no para nosotros mismos, sino para Aquel que murió y resucitó por nosotros.

Notemos en conclusión cuan plenamente nuestro Señor Jesucristo podía penetrar los pensamientos de los hombres.    Leemos que cuando los Escribas y los Fariseos comenzaron á discurrir secretamente entre sí,  é imputaron en privado á nuestro Señor el pecado de blasfemia, El conoció sus pensamientos é intenciones, y los avergonzó en público.    Escrito está: "El conoció sus pensamientos." Deberíamos meditar diariamente sobre la gran verdad de que no podemos tener nada secreto para Jesús.   Á Él se refieren las palabras de S. Pablo, "todas las cosas están desnudas y abiertas á los ojos de aquel, á quien tenemos que dar cuenta."   Heb. 4.13.    A El se refieren también las palabras solemnes del Salmo 139-salmo que todo Cristiano debe estudiar frecuentemente.  No hay una sola palabra en nuestros labios, ni un solo deseo en nuestro corazones, que no sea conocido de Jesús.    Salmo 139:4.

¡Cuánto examen de conciencia no debe despertar en nuestro interior  esta gran  verdad!     ¡Cristo  nos  está  viendo  siempre! ¡Cristo nos conoce!    ¡Cristo lee y observa diariamente nuestras acciones, palabras, y pensamientos!    El recuerdo de esto debiera alarmar á los malvados, y alejarlos de sus pecados.    Su maldad no puede estar oculta, y algún día será descubierta, á menos que se arrepientan.     Esto deberá también  atemorizar á los hipócritas. Ellos pueden engañar al hombre, más no pueden engañar á Cristo. Esto deberá dar vida y animación á todos los sinceros creyentes; si tuvieran siempre presente que su compasivo Maestro los está mirando, y si procedieran en todo como si estuvieran ante Su vista; y sabiendo que aunque mofados y denigrados por el mundo, son recta y justamente juzgados por la sabiduría infinita de su Salvador.   Ellos pueden decir: Señor, tú sabes todas las cosas, tú sabes que te amo.   Juan 21:17.

Notas Lucas 5.17-26

17. Para sanarlos. No debemos de suponer que esto quiere decir "sanar a los fariseos" Mr. Burgon observa: " ¿Sanar á quién? ¿Á los Fariseos y a los doctores de la ley? Claramente que no. La verdad es, que toda la escena se presentó á los ojos del .Evangelista, mientras escribía; así fue que usó el pronombre 'los,' refiriéndose á los muchos enfermos que en esta ocasión habían traído a nuestro Señor, y estaban esperando la oportunidad de que los curase."

19. Y por el tejado le bajaron.   Para comprender esto, es menester que recordar de qué construcción son las casas en los países en que predicó nuestro Señor. Se acostumbraba y aún se acostumbra boy día construirlas con el techo plano y con un patio pequeño en medio del edificio.    Una escalera conduce al techo por la parte exterior; así es que se puede ascender sin entrar en la casa. Al rededor del patio hay una cubierta que se extiende de las paredes de la casa hacia el centro.    Esta cubierta es algunas veces de lona ó lienzo, otras de un techo liviano.    Sirve para que la gente se siente al aire libre en el patio, y al mismo tiempo esté protegida de la lluvia ó del sol."

En el caso de que nos ocupamos, aparece que nuestro Señor estaba predicando y enseñando en el patio de la casa, al abrigo del techado de uno de los lados. Los amigos del paralítico no pudiendo abrirse camino al patio por causa del gentío, subieron por la escalera exterior del edificio, y así llegaron hasta el techo plano de la casa. Entonces abrieron la porción del techo que daba sobre el sitio donde nuestro Señor estaba predicando, y con sogas ataron la camilla en que yacía el paciente  y la bajaron al patio.

26. Maravillas. La palabra así traducida se usa solo en este lugar en el Nuevo Testamento. Significa literalmente "paradoja," ó cosa contraria al testimonio de los demás hombres, y de los sentidos.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Llamamiento de Levi

Lucas 5.27-32

27 Después de estas cosas salió,  y vio a un publicano llamado Leví,  sentado al banco de los tributos públicos,  y le dijo: Sígueme.

28  Y dejándolo todo,  se levantó y le siguió.

29  Y Leví le hizo gran banquete en su casa;  y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos.

30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos,  diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?

31  Respondiendo Jesús,  les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico,  sino los enfermos. 

32  No he venido a llamar a justos,  sino a pecadores al arrepentimiento.

Llamamiento de Levi

Lucas 5.27-32 Mt. 9.9-13; Mr. 2.13-17

Mt. 9.9-13 9  Pasando Jesús de allí,  vio a un hombre llamado Mateo,  que estaba sentado al banco de los tributos públicos,  y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. 10  Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa,  he aquí que muchos publicanos y pecadores,  que habían venido,  se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11  Cuando vieron esto los fariseos,  dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12  Al oír esto Jesús,  les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico,  sino los enfermos. : 13  Id,  pues,  y aprended lo que significa: Misericordia quiero,  y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos,  sino a pecadores,  al arrepentimiento.

Mr. 2.13-17 13 Después volvió a salir al mar, y toda la gente venía a él, y les enseñaba. 14 Y al pasar, vio a Leví hijo del Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió. 15 Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. 16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? 17 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad del médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

Lucas 5.30 Lc. 15.1-2 1  Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2  y los fariseos y los escribas murmuraban,  diciendo: Este a los pecadores recibe,  y con ellos come.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 5.27-32

Estos versículos deben en sumo grado ser interesantes para todo el que sepa cuanto vale el alma inmortal, y desee la salvación, En ellos se describe la conversión de uno de los primeros discípulos de Cristo. Todos nosotros por naturaleza hemos nacido también en pecado, y tenemos necesidad de convertirnos. Veamos si sabemos algo de este gran cambio. Comparemos nuestra propia experiencia con la del hombre arriba mencionado, pues tal comparación nos será provechosa.

Se nos demuestra en este pasaje la eficacia del llamamiento de Cristo, Dice que nuestro Señor llamó á un publicano llamado Leví para que fuese discípulo suyo. Leví pertenecía á una clase que era entre los judíos proverbial, por su maldad. Con todo, aun á él le dice nuestro Señor, "Sígueme." Se nos dice además, que tal fue el poderoso influjo que ejercieron las palabras de nuestro Señor sobre el corazón de Leví, que á pesar de "estar sentado al banco de los tributos," cuando recibió la invitación, al instante todo lo dejó, se levantó, siguió á Cristo, y se hizo Su discípulo.

Después de leer esto, no debemos desesperar nunca de la salvación de persona alguna, mientras esté vivo. Jamás digamos que alguno es demasiado perverso, ó insensible, ó mundano, para llegar á ser cristiano. Ningún pecado es demasiado malo para ser perdonado. Ningún corazón es demasiado duro ó demasiado aferrado al mundo para ser convertido. El que llamó á Leví vive todavía, y no ha cambiado desde entonces. Para Cristo nada es imposible.

¿Y nosotros? ¿Seguimos á Cristo dejándolo todo? Esta, en conclusión, es la pregunta más importante. ¿Estamos aguardando lo que no ha de venir, ó dejamos para más tarde nuestro arrepentimiento, porque nos imaginamos que la cruz es demasiado pesada, y que nunca podemos servir á Cristo? Desechemos de una vez y para siempre tales pensamientos. Confiemos en que Cristo puede con Su Espíritu darnos valor para renunciarlo todo, y separarnos del mundo. Tomemos nuestra cruz á cuestas, y sigamos adelante sin temor

Se nos enseña, en segundo lugar en este pasaje, que la conversión es causa de gozo para el verdadero creyente. Leemos que Leví después de su conversión, dio un "gran banquete en su casa." Por el placer se hace el convite. Ecles. 10:19. Leví consideró su cambio espiritual como un motivo de regocijo, y quiso que otros se regocijasen con el.

Hay razón para suponer que la conversión de Leví causara pesar á sus irreverentes amigos. Le veían renunciar una profesión lucrativa, ¡por seguir á un nuevo maestro de Nazaret!  Su conducta, según ellos era un rasgo lastimoso de locura, y un motivo de duelo mas bien que de gozo. Es que ellos, sin duda, consideraban solo sus perdidas temporales y no sus ganancias espirituales. Existen entre nosotros muchas personas semejantes á ellos. Hay, en todo tiempo, millares de individuos que al saber que algún pariente se ha convertido, consideran tal acontecimiento como una desgracia. En lugar de alegrarse, mueven la cabeza en señal de compasión.

Esto no obstante, estemos seguros de que Leví hizo bien en regocijarse, y si nosotros nos convertimos, regocijémonos también. Nada puede acontecer al hombre que deba causarle tanto gozo, conversión. Es un acontecimiento mucho más importante que casarse, ó llegar á la mayoría de edad, ó recibir una gran fortuna. ¡Es el nacer de un alma inmortal!    ¡Rescatar del infierno á un pecador!; ¡pasar de la muerte á la vida!    Es recibir el título de rey y sacerdote para siempre jamás; y con él todo lo que uno necesita, ¡tanto en esta vida como en la eternidad!     ¡Es ser adoptado en la más noble y más rica de todas las familias,¡En la familia de Dios! En esta materia no hagamos caso de la opinión del mundano, la gente habla mal de cosas que no comprende.    Como Leví, consideremos cada nueva conversión como motivo de gran regocijo. Nunca debiéramos sentir tanto gozo, tanto júbilo, como cuando nuestros  hijos, ó nuestros hermanos, ó nuestros amigos se arrepienten y vienen á Cristo.    Las palabras del padre del pródigo deben presentes: "Más hacer banquete y holgamos era menester porque  este tu hermano muerto era, y revivió : y se había perdido y  es hallado."   Lucas 15: 32.

Se nos enseña, además, que las almas convertidas desean promover la conversión de otras.    Se nos dice que cuando Leví se convirtió, y dio con este motivo un banquete, convidó gran número de publicanos que de él participasen. Es muy probable que estos fueran  sus antiguos amigos y compañeros.    El conocía bien las necesidades de sus almas, pues él se había asociado con ellos; y deseaba hiciesen conocimiento con aquel Salvador que había sido tan misericordioso para con él. Habiendo hallado misericordia, quería que otros también la hallasen. Habiendo sido librado benignamente del cautiverio del pecado, deseaba que otros también obtuvieran libertad.

El tierno afecto de Leví debe caracterizar siempre al verdadero cristiano. Puede afirmarse con toda seguridad, que no lo es el que no se cuida de la salvación de su prójimo. El corazón que reciba realmente el influjo del Espíritu Santo, rebosa siempre de amor, caridad y compasión. El alma destinada para el cielo desea encarecidamente la salud eterna de las demás. El hombre convertido no desea ir al cielo solo.

¿Qué pensamos sobre este asunto? ¿Nos animan sentimientos semejantes á los que animaron á Leví después de su conversión? ¿Nos esforzamos, valiéndonos de todos los medios, á fin de quo nuestros amigos y parientes conozcan á Cristo? ¿Decimos á otros, como Moisés dijo á Hobab, "Ven con nosotros, y te haremos bien"? Num. 10:29. ¿Decimos como la mujer de Samaría, "Venid á ver á un hombre, que me ha dicho todo cuanto yo he hecho"? ¿Gritamos á nuestros hermanos como Andrés gritó á Simeón, "Hemos hallado al Cristo"? Estas son preguntas muy serias. Nos suministran la prueba más severa para conocer la condición verdadera de nuestras almas. No nos excusemos de aplicarla. No hay bastante espíritu de propaganda entre los cristianos. No debemos contentarnos con salvarnos a nosotros. Debemos también tratar de hacer bien á los demás. No todos pueden ir á predicar á los paganos, más todo creyente debe trabajar por la conversión de sus semejantes. Habiendo recibido la gracia divina no debemos guardar silencio.

Este pasaje nos presenta por último uno de los principales objetos de la venida, de Cristo. Háyase expreso en las bien conocidas palabras: "No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores al arrepentimiento."

Esta es la gran lección del Evangelio, que ya en una forma ya en otra, se enseña constantemente en el Nuevo Testamento. Más nunca ha sido impresa en nuestra mente de una manera indeleble. Tal es nuestra natural ignorancia y presunción en materias religiosas, que frecuentemente la estamos olvidando. Necesitamos se nos recuerde a porfía, que Jesús no vino con el exclusivo carácter de maestro, sino también como Salvador á los que estaban perdidos totalmente; y que solamente pueden recibir mercedes de Él los que de todo corazón que son pecadores sin esperanza y llenos miseria y de penalidades.

Apliquemos esta verdad importante si hasta ahora no la habíamos aplicado. ¿Estamos convencidos de nuestra propia maldad y corrupción?  ¿Sentimos que no merecemos otra cosa que ira y condenación?   Entonces comprenderemos que somos las personas por cuya salvación vino Jesús al mundo.   Si nos conceptuamos justos, Cristo  no tiene nada que decirnos; pero si nos tenemos por pecadores Cristo nos llama al arrepentimiento.    Que el llamamiento no en vano.

Continuemos aplicando esta verdad importante si ya la habíamos aplicado.    ¿Conocemos, por experiencia, que nuestros corazones son frágiles y engañosos?   ¿Sentimos que, " queriendo hacer el mal habita con nosotros"?   Romanos 7:21.    Todo esto puede ser cierto, más no debe obstar para que confiemos en Cristo, el vino al mundo á salvar á los pecadores," y si nos reputamos por tales tenemos el privilegio de acudir á Él, y de confiar en Él hasta de nuestra vida.    Más hay algo que no debemos olvidar jamás; Cristo vino á llamarnos al arrepentimiento, y no á sancionar nuestra continuación en el pecado.

NOTAS.   LUCAS 5 :27-32

27. Un publicano llamado Leví.   La persona así denominada en este pasaje es la misma que se menciona bajo el nombre de Mateo en el Evangelio de S. Mateo, y Leví en el de S. Marcos.

Es casi superfluo observar, que publicano significa colector de las contribuciones públicas.

28. Y dejadas todas cosas, levantándose, etc. Es menester tengamos cuidado de no suponer que Leví desatendió su deber para con el gobierno, y causó pérdidas a los que le dieron el destino con este acto repentino. Es sumamente probable que, como otros muchos colectores de contribuciones, rematara por año el derecho de cobrar en el local donde nuestro Señor lo encontró, y pagó anticipadamente.    En tal caso, si él tuvo á bien dejar su puesto, lo hizo enteramente en perjuicio suyo, sin que el gobierno fuese defraudado en nada.   Watson dice: "Si Leví hubiera estado al servicio del gobierno y recibiendo sueldo para cobrar los derechos, como nuestros empleados de aduana, debió haber permanecido en destino hasta que le hubieran nombrado sucesor.    Más habiendo rematado por tiempo  determinado los peajes y contribuciones, podía a discreción suya renunciar al derecho de cobrarlos."

32.  Llamar......al arrepentimiento.   Nótese bien en este versículo, y en otros de la misma naturaleza, que el llamamiento que nuestro Señor hace á los pecadores no es un llamamiento para que sean meramente Sus discípulos, sino también un llamamiento "al arrepentimiento."

Stella, comentador Español, dice sobre este versículo: "Importa que no vayamos á colegir de estas palabras, que Cristo halló algunos que eran justos; pues lo que dijo S. Pablo es cierto: 'todos han pecado.' Cristo llamó justos á los Escribas y Fariseos, no porque lo fuesen realmente, sino solo por su apariencia y por la opinión que el público tenia de ellos."

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

La pregunta sobre el ayuno

Lucas 5.33-39

33  Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones,  y asimismo los de los fariseos,  pero los tuyos comen y beben?

34  El les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen,  entre tanto que el esposo está con ellos?

35  Más vendrán días cuando el esposo les será quitado;  entonces,  en aquellos días ayunarán.

36  Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo;  pues si lo hace,  no solamente rompe el nuevo,  sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo.

37  Y nadie echa vino nuevo en odres viejos;  de otra manera,  el vino nuevo romperá los odres y se derramará,  y los odres se perderán.

38  Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar;  y lo uno y lo otro se conservan.

39  Y ninguno que beba del añejo,  quiere luego el nuevo;  porque dice: El añejo es mejor.

La pregunta sobre el ayuno

Lucas 5.33-39 Mt. 9.14-17; Mr. 2.18-22

Mt. 9.14-17 14  Entonces vinieron a él los discípulos de Juan,  diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces,  y tus discípulos no ayunan? 15  Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos?  Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado,  y entonces ayunarán. 16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo;  porque tal remiendo tira del vestido,  y se hace peor la rotura. 17  Ni echan vino nuevo en odres viejos;  de otra manera los odres se rompen,  y el vino se derrama,  y los odres se pierden;  pero echan el vino nuevo en odres nuevos,  y lo uno y lo otro se conservan juntamente.

Mr. 2.18-22 18 Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban: y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan? 19 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tengan consigo al esposo; no pueden ayunar. 20 Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán. 21 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. 22 y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; ero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 5.33-39

Hemos de observar en estos versículos, que los hombres pueden diferir en puntos secundarios de religión, y no obstante estar acordes en lo principal. Sirva si no de prueba la diferencia que se dice había entre los discípulos de Juan el Bautista y los de Cristo. El caso que presentaron á nuestro Señor fue: " ¿Porqué los discípulos do Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos; más tus discípulos comen y beben?"

No podemos creer que había diferencia alguna esencial entre las doctrinas que profesaban estas dos clases de discípulos. La doctrina de Juan el Bautista era sin duda clara y explícita en todos los puntos necesarios para la salvación. No es probable que el hombre que pudo decir de Jesús, "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo," enseñara á sus prosélitos cosa alguna contraría el Evangelio. A su doctrina le faltaba, preciso es confesar, la perfección de la de su divino Maestro; más es absurdo suponer, que aquella contradecía á esta. Sin embargo, había ciertas prácticas sobre las cuales los discípulos de Juan diferían de los de Cristo, como sin duda lo estaban, tocante á la necesidad del arrepentimiento, de la fe, y de la santidad, diferían en lo concerniente, al ayuno, la comida, la bebida, y el culto externo. Aunados en espíritu, esperanza y aspiraciones, sobre las materias más importantes de la religión interna, no estaban enteramente unánimes en cuanto a lo externo.

Y esta diversidad de pareceres existirá entre los cristianos hasta el fin los siglos. Nos es sensible, porque un mundo ignorante y preocupado se sirve de ella para censurar nuestra religión. Más la habrá siempre, y es una de las muchas pruebas de nuestro estado degradado. En lo tocante al gobierno de la iglesia, en lo tocante a las fiestas y ayunos, á los días de los santos, y á las ceremonias de culto público, los cristianos nunca han estado enteramente unánimes,  ni aun en el tiempo de los apóstoles. Sobre todos estos puntos, los cristianos más piadosos é ilustrados han formado opiniones diferentes. Argumentos y discursos, exhortaciones, persecuciones todo ha sido incapaz de producir la concordia.

No obstante, alabemos á Dios porque hay muchos puntos sobre es están del todo acordes los verdaderos siervos de Dios. En lo que toca al pecado, á la salvación, al arrepentimiento, á la fe y a la santidad, existe una grande armonía entre los creyentes de cada secta, nación, pueblo é idioma. Como entidades individuales debemos particular atención á estos puntos cardinales. Ellos son, al cabo las cosas principales en que pensaremos á la hora de la muerte, y en el día del juicio. Sobre otras materias, forzoso es resignarnos á no estar acordes. Poco importará en el último día lo que hemos creído tocante al ayuno, á las comidas, bebidas, y á las ceremonias, ¿Nos arrepentimos é hicimos frutos dignos de arrepentimiento? ¿Contemplamos al Cordero de Dios con fe, y le recibimos como á nuestro Salvador? Todos los que sean hallados al corriente en estos puntos, cualquiera que haya sido su iglesia, serán salvos; y todos los que hayan estado errados sobre estos puntos, serán  condenados para siempre. , En segundo lugar, debemos notar en estos versículos el nombre que nuestro Señor Jesucristo se da á Sí Mismo.    Dos veces se llama a Sí Mismo "el Esposo."

La palabra "Esposo," lo mismo que cada epíteto aplicado a nuestro Señor en la Biblia, tiene gran significación. Es un epíteto que consuela y anima de una manera especial á todos los verdaderos cristianos. Manifiesta el amor tierno é intenso que Jesús tiene hacia todos los pecadores que creen en Él: frágiles, indignos, y llenos de faltas como son en sí mismos, siente por ellos el afecto tierno que el esposo siente por su esposa. Manifiesta la unión íntima y estrecha que existe entre Jesús y los creyentes: es mucho más estrecha que la unión entre el rey y el súbdito, entre el amo y el criado, entre el maestro y el discípulo, entre el pastor y el cordero. Es la más estrecha de todas las uniones; la unión del marido y la mujer-de cuya unión está escrito, "lo que Dios ha juntado, no lo separe el hombre." Sobre todo, ese epíteto expresa el favor de que goza todo creyente y que consiste en la participación de todo lo que Jesús posee. Así como el marido da á la mujer su nombre, la hace partícipe de su propiedad y dignidad, y toma á su cargo el arreglo de todas sus deudas y compromisos, así hace Cristo con todos los verdaderos creyentes. Él toma sobre sí todas sus culpas; adóptalos como parte de Sí Mismo, diciendo que el que los ofende, á Él ofende; les da, aun en este mundo, bienes tales cuales la mente del hombre no alcanza á comprender; y les promete que en el otro mundo los sentará en su trono, y desde entonces jamás serán alejados de Su presencia.

Si tenemos algún conocimiento de la religión verdadera, tranquilicemos á menudo nuestras almas con el recuerdo de que Jesús es "el esposo." Acordémonos diariamente que los más débiles del pueblo de Cristo son cuidados con un amor tierno que excede todo conocimiento, y que quienquiera que los ofendiere ofende á Cristo, Puede acontecer que en este mundo estemos pobres y seamos despreciados y ridiculizados á causa de nuestra religión ; más si tenemos fe no seremos despreciables á los ojos de Cristo. El Esposo de nuestra alma defenderá nuestra causa ante todo el mundo.

Finalmente debemos de observar en estos versículos con cuanta suavidad y ternura Cristo quisiera que Su pueblo se portara con los cristianos recién convertidos é inexpertos. Él nos enseña esta lección en dos parábolas tomadas de los asuntos comunes de la vida. Demuestra la locura del que "pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo," ó la de echar "vino nuevo en cueros viejos." Del mismo modo quisiera que nosotros comprendiésemos que hay falta de armonía entre un sistema nuevo y un sistema antiguo. En vano se puede esperar que los que han sido criados é instruidos bajo el uno se acostumbren pronto al otro. Por el contrario, es menester conducirlos gradualmente, é irles enseñando en proporción á su capacidad.

Importa  que no perdamos de vista que es en el corazón donde tiene principio la conversión de cada creyente, y que no tengamos derecho para negar que alguno posea la gracia divina solo porque esta no se  ha presentado de una vez en todo su vigor.   No pretendamos que niño ejecute la obra de un adulto, aunque algún día pueda hacerlo, si viviere el tiempo suficiente.   No debemos pretender que el recién convertido despliegue la misma fe, el mismo amor y el mismo conocimiento que el soldado veterano de la Cruz.    Poco á poco podrá llegar á ser fuerte campeón de la verdad; más al principio es menester no apurarlo. Hay gran necesidad de usar de discreción en el modo de conducirse con la juventud en lo tocante á la religión; y en el modo de dirigirse á los neófitos.   Bondad, paciencia y dulzura, son de la mayor importancia en tales casos.   No debemos aventurarnos á introducir el vino nuevo con demasiada precipitación porque puede derramarse. Debemos tomarlos de la mano, y guiarlos paso á paso. Debemos guardarnos de asustarlos, o apurarlos para que adelanten rápidamente.    Si solo se han adherido los principios esenciales del Evangelio, no los clasifiquemos de impíos á causa de otras materias de menos importancia. Es que seamos indulgentes en vista de sus debilidades y flaquezas y que no busquemos cabellos canos en cabezas jóvenes, ó experiencia madura en los que están en la infancia.   Hay sabiduría profunda en el dicho de Jacob: " Y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas."   Gen. 33 :13

NOTAS.   LUCAS 5:33-39.

Tus discípulos comen y beben. No vaya a suponerse según el tenor de esta expresión, que á los discípulos de nuestro Señor se les imputaba que descuidaban el deber de hacer oración. Un lector poco atento puede figurarse que así era. Más según la respuesta de nuestro Señor, es claro que ese no fue el cargo que se les hizo. El cargo verdadero fue, que los discípulos de nuestro Señor no ayunaban.

34. Los que están de bodas...esposo.   Notase una belleza peculiar en el uso que de estas figuras hace nuestro Señor hablando de sí mismo y de su pueblo, especialmente si recordamos que el mismo Juan Bautista las había empleado hablando de Jesús á sus discípulos.   Juan 3:29.   Si algunos de ellos estaban entre los que dirigieron la pregunta al Señor, su modo de responder les recordaría las lecciones de su maestro.

35. Entonces ayunarán.   Esta expresión ha hecho suponer á muchos que desde el tiempo en que nuestro Señor Jesucristo dejó el mundo todos los cristianos están obligados á abstenerse de carne y de ciertas bebidas en épocas determinadas.

Creemos no hay fundamento para conclusión de carácter tan general. Que los fieles practicaron la abstinencia y el ayuno de cuando en cuando, después de la ascensión de nuestro Señor, es claro y evidente. Que todos los que juzgan que la práctica es útil y provechosa á sus almas, hacen bien en ayunar, siempre que sea sin ostentación, es también claro; más la carencia de precepto alguno explícito, en los Actos, en las Epístolas (particularmente en las dirigidas á Timoteo y á Tito) que ordene la observancia de los ayunos en la iglesia de Cristo, prueba que es asunto que debe tratarse con cautela, y sobre el cual cada uno tiene que juzgar por sí mismo.

Las palabras á que nos referimos parecen tener significación más importante que la mera abstinencia del alimento. Parecen predecir que el período entro la primera y segunda venida de nuestro Señor a ser de duelo y de humillación puro para todos los verdaderos creyentes. Ellas describen el estado del alma en que todos los cristianos verdaderos deben vivir hasta que vuelva nuestro Señor. La presente es una época en que debemos ejercer abnegación diariamente y á cada hora. La época de plenitud y de satisfacción no puede llegar hasta que otra vez veamos al Esposo entre nosotros.

36. Les dijo también esta parábola.   La parábola del remiendo nuevo al vestido viejo y la del vino nuevo en odres viejos no dejan de presentar alguna dificultad para su interpretación.  Es curioso observar la variedad de explicaciones que de los comentadores.

Somos del parecer que tanto en las dos parábolas de que nos ocupamos, como en otras muchas de nuestro Señor, debemos tener cuidado de no forzar demasiado algunas expresiones particulares, y de no querer encontrar una significación espiritual en cada parte de la parábola.

La verdad general que nuestro Señor desea imprimir en el ánimo de sus oyentes es que hay una incongruencia innegable entre las cosas viejas y las nuevas, que no es justo esperar que las personas habituadas á un sistema, adopten inmediatamente otro que se les proponga. Si insistimos en ir más allá de este punto, y queremos dar otra inteligencia al "remiendo," á la "rotura," ó á otra cosa por el estilo, oreemos que solo se oscurecerá el sentido y ningún fruto tomaremos de nuestro trabajo. A lo menos, todos los que lo han intentado han tenido, a nuestro ver, mal éxito.

El viejo es mejor.   Parece muy probable que en este último versículo nuestro Señor se refiere especialmente á los discípulos de Juan el Bautista. Habían bebido el vino añejo de las lecciones de Juan, y difícilmente podía esperarse que inmediatamente se adhirieran al "vino nuevo " del reino de nuestro Señor.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Volumen Segundo, Lucas
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Libros CLIE
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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