El Santo Evangelio según
San Lucas

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Los discípulos recogen espigas en el día de reposo

Lucas 6.1-5

1  Aconteció en un día de reposo, * (Aquí equivale a sábado)  que pasando Jesús por los sembrados,  sus discípulos arrancaban espigas y comían, (Dt. 23.25) restregándolas con las manos.

2  Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo? *

3  Respondiendo Jesús,  les dijo:  ¿Ni aun esto habéis leído,  lo que hizo David cuando tuvo hambre él,  y los que con él estaban;

cómo entró en la casa de Dios,  y tomó los panes de la proposición,  de los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, (Lv. 24.9) y comió,  y dio también a los que estaban con él? (1S.21.1-6)

5  Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.

Los discípulos recogen espigas en el día de reposo

Lucas 6.1-5 Mt. 12.1-8; Mr. 2.23-28

Mt. 12.1-8 1  En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo;  y sus discípulos tuvieron hambre,  y comenzaron a arrancar espigas y a comer. 2  Viéndolo los fariseos,  le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo. 3  Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David,  cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; 4  cómo entró en la casa de Dios,  y comió los panes de la proposición,  que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban,  sino solamente a los sacerdotes? 5   ¿O no habéis leído en la ley,  cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo,  y son sin culpa? 6  Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. 7  Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero,  y no sacrificio,  no condenaríais a los inocentes; 8  porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.

Mr. 2.23-28 23 Aconteció que al pasar el por los sembrados un día de reposo*, (*aquí equivale al sábado) sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas 24 Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo*, lo que no es lícito? 25 Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban; 26 cómo entro en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aún dio a los que con el estaban? 27 También les dijo: El día de reposo* fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo*.28 Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aún del día de reposo*

Lucas 6.1 Dt. 23.25 Cuando entres en la mies de tu prójimo,  podrás arrancar espigas con tu mano;  mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo.

Lucas 6.4 Lv. 24.9 Y será de Aarón y de sus hijos,  los cuales lo comerán en lugar santo;  porque es cosa muy santa para él,  de las ofrendas encendidas a Jehová,  por derecho perpetuo.

Lucas 6.3-4 1S.21.1-6 1  Vino David a Nob,  al sacerdote Ahimelec;  y se sorprendió Ahimelec de su encuentro,  y le dijo: ¿Cómo vienes tú solo,  y nadie contigo? 2  Y respondió David al sacerdote Ahimelec: El rey me encomendó un asunto,  y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío,  y lo que te he encomendado;  y yo les señalé a los criados un cierto lugar. 3  Ahora,  pues,  ¿qué tienes a mano?  Dame cinco panes,  o lo que tengas. 4  El sacerdote respondió a David y dijo: No tengo pan común a la mano,  solamente tengo pan sagrado;  pero lo daré si los criados se han guardado a lo menos de mujeres. 5  Y David respondió al sacerdote,  y le dijo: En verdad las mujeres han estado lejos de nosotros ayer y anteayer;  cuando yo salí,  ya los vasos de los jóvenes eran santos,  aunque el viaje es profano;  ¿cuánto más no serán santos hoy sus vasos? 6  Así el sacerdote le dio el pan sagrado,  porque allí no había otro pan sino los panes de la proposición,  los cuales habían sido quitados de la presencia de Jehová,  para poner panes calientes el día que aquéllos fueron quitados.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 6.1-5

Es de notarse en este pasaje qué importancia tan grande dan los hipócritas á las cosas de poca trascendencia. Se nos refiere que un sábado como nuestro Señor pasase por los sembrados de trigo, sus discípulos, que le seguían, cogían espigas y restregándolas entre las manos, las comían. Al momento los hipócritas Fariseos hallaron que decir, y acusaron á los discípulos de haber cometido un pecado, diciéndoles: "¿Porqué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábado? El hecho sencillo de coger las espigas de trigo no fue, por supuesto, lo que censuraron. Era un acto autorizado por la ley Mosaica Deut. 23:25. La supuesta falta que ellos imputaron á discípulos fue la violación del cuarto mandamiento: habían trabajado en sábado, por el hecho de haber tomado y comido un puñado de alimento.

No estará por demás recordar que el celo exagerado de los fariseos acerca del sábado no se extendía á otros mandamientos igualmente explícitos de la ley de Dios. Parece evidente según otras muchas expresiones de los Evangelios, que estos mismos hombres, aparentaban tal escrupulosidad sobre una cosa tan pequeña, más que indiferentes é inmorales en cuanto á otros puntos de importancia infinitamente mayor. En tanto que forzaban el mandamiento referente al sábado exagerando su verdadera inteligencia, hollaban con desprecio el décimo mandamiento, y eran notorios por su codicia. Lucas 16.14. Más este es precisamente el carácter del hipócrita. Para servirnos del ejemplo que propuso nuestro Señor, en algunas cosas el hipócrita se toma mucho trabajo por colar un mosquito, en tanto que en otras es capaz de tragarse hasta un camello. Mateo 23:24. Es mal síntoma del estado de su alma, cuando el hombre empieza á colocar en primer lugar las cosas secundarias en religión, y las cosas importantes en el segundo; ó las cosas ordenadas por el hombre sobre las cosas ordenadas por Dios. Precavámonos de llegar á tal situación. Algo está viciado en nuestra condición espiritual, si lo único que miramos en otros es su Cristianismo exterior, y si la primera pregunta que hacemos es, si pertenecen á nuestra iglesia, usan nuestro rito externo, y sirven á Dios de la misma manera que nosotros. ¿Se arrepienten del pecado? ¿Creen en Cristo? ¿Están viviendo rectamente? Estos son los puntos principales á los cuales debemos dirigir nuestra atención. En cuanto comencemos á dar la preferencia á otros, nos ponemos en peligro de llegar á ser tan completos Fariseos como los acusa dores de los discípulos.

Notemos además con cuanta espontaneidad abogó nuestro Señor por sus discípulos, y los defendió contra sus acusadores. Se nos dice que respondió á las preguntas malignas de los Fariseos con argumentos tan fuertes que estos callaron, si no se convencieron. No dejó á Sus discípulos que luchasen solos. Vino en su ayuda y habló por ellos.

Tenemos en este hecho un ejemplo consolador de lo que Jesús está haciendo continuamente en beneficio de su pueblo. Leemos en la Biblia que existe un ser llamado "el acusador de nuestros hermanos, el cual los acusa día y noche,"Satanás, el príncipe de este mundo. Ap. 12:10. ¡Cuántos motivos de acusación le damos á causa de nuestra fragilidad! ¡Cuántos cargos puede hacer nos justamente ante Dios! Pero demos gracias á Dios que los creyentes tienen un Abogado para con el Padre, Jesucristo, el justo, que en el cielo está siempre defendiendo la causa de Su pueblo, é intercediendo continuamente por ellos. Fortalezcámonos con esta reflexión animadora. Aquietemos nuestras almas con el recuerdo del gran Protector que tenemos en el cielo. Que nuestra noche y mañana sea constantemente: "Responde por mí, responde por mí, O Señor mi Dios."

Por último debemos notar en estos versículos cómo nuestro Señor pone en claro qué es lo que verdaderamente está prescrito en el cuarto mandamiento. Dice á los Fariseos  hipócritas, que aparentaban tanto escrúpulo en la observancia del sábado, que este día no fue instituido con el objeto de prohibir los trabajos de necesidad.   Les recuerda que el mismo David una vez que estaba sufriendo hambre, tomó y comió los panes de la proposición, de los cuales solamente los sacerdotes podían comer, y que Dios permitió tal cosa porque fue hija de la necesidad; y de ahí arguyó, que Aquel que permitió se infringiesen las reglas de Su templo en caso de necesidad, puede permitir indudablemente que se trabaje en día de sábado, siempre que el trabajo sea realmente necesario. Tanto en este como en otros lugares debemos meditar detenidamente sobre la naturaleza de la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo con respecto á la observancia del sábado. No debemos arrastrar por opinión común de que el sábado es mera institución Judaica, y que fue abolida y anulada por Cristo.    No hay un solo pasaje de los Evangelios que pruebe tal cosa. Todos los en que nuestro Señor se refiere al sábado, habla contra las opiniones erróneas que acerca de su observancia propagaban fariseos, pero no contra el día mismo. Cristo depuró el cuarto mandamiento de las adiciones que le hicieron los hombres, y con los Judíos lo habían profanado; más nunca dijo que su observancia no era obligatoria á los cristianos. El enseñó que el descanso del día sétimo no fue instituido con objeto de prohibir los trabajos de necesidad y de misericordia, más no dijo palabra alguna de la cual pueda inferirse que ese día había de correr la misma suerte que la ley ceremonial.

En nuestros días cualquiera cosa que se asemeje á una observancia estricta del sábado, es rebudiada, en algunas partes, como reliquia de la superstición judaica. Algunas personas nos dicen con descaro que guardar el domingo como consagrado á Dios es propio de los que obedezcan la ley ceremonial, y que declarar vigente el cuarto mandamiento entre los cristianos es volver al cautiverio. Bástenos tener presente, cuando oigamos tales palabras, que las aserciones no son pruebas, y que este modo vago de razonar no tiene apoyo en la palabra de Dios. Estemos seguros de que el cuarto mandamiento nunca ha sido abrogado por Cristo, y que el Evangelio no nos da más derecho para quebrantar el precepto referente al sábado, que para robar y matar. El arquitecto que repara un edificio y lo pone en buen estado no es destructor, sino restaurador. El Salvador que despojó el sábado de las tradiciones judaicas, y que tantas veces aclaró su verdadero sentido, no pudo ser enemigo del cuarto mandamiento. Por el contrario, lo ha engrandecido y ensalzado.

Defendamos el domingo, como el paladión de la religión de nuestra patria. Defendámoslo contra los asaltos de los ignorantes y los engañados que quisieran de buena gana convertir el día de Dios en día de negocios y de placeres. Principalmente, procuremos todos guardar el día sagrado. Nuestra prosperidad espiritual depende mucho, Dios mediante, de la manera como empleemos los domingos.

NOTAS.    LUCAS 6:1-5.

1. El segundo sábado después del primero. El sentido de esta expresión ha confundido completamente á todos los comentadores. Con excepción de este versículo no se usa en ninguna parte de las Escrituras. Todas las explicaciones que se dan no pasan de ser más que conjeturas. Cornelio á Lapide hace un compendio de ellas lo cual si no prueba otra cosa alguna sí prueba claramente, que no hay tal cosa como "acuerdo unánime de los Padres" en la interpretación de la Escritura. Menciona, entre otras cosas, que Jerónimo preguntó una vez á Gregorio Naziauceno qué sábado fue ese, y le respondió que se lo diría en la iglesia cuando era imposible que lo contradijese.

Algunos creen que este sábado segundo-primo (pues así se traduciría la expresión Griega más correctamente) era el sábado de Pentecostés. Suponen que los Judíos tenían en el año tres sábados principales-el primero en la fiesta de la Pascua, el segundo en la fiesta de Pentecostés, y el tercero en la fiesta de los Tabernáculos. Y consideran que el sábado mencionado en este versículo es el "segundo gran sábado," ó el sábado de Pentecostés.

Otros creen que este sábado segundo-primo fue el primer sábado después del segundo día del pan sin levadura en la semana de Pascua de los Judíos. Este segundo día de la semana de pascua, era el día en que el primer manojo de la cebada en sazón era elevado por el sacerdote ante el Señor, para consagrar la mies. Levit. 23:10-12. El sábado de que aquí se habla seria entonces el primer sábado después de haberse cortado el primer manojo de la mies.

3. lo que hizo David. Aquí, lo mismo que en otros lugares del Evangelio, no dejemos de observar que nuestro Señor cita los sucesos que se registran en Escrituras del Antiguo Testamento, como hechos históricos bien comprobados y reconocidos.

Cuando tuvo hambre.   Esta es una expresión que hemos de tener en cuenta  consideremos pasajes parecidos á aquel de que nos ocupamos, en los cuales nuestro  Señor enseña cuál es la verdadera naturaleza de la observancia del sábado. En el caso que tenemos á la vista la obra fue de necesidad: los discípulos tenían hambre. Esto, y solo esto pudo justificar que se desviasen de la ley divina.

Atendiendo pues al espíritu y no á la letra de la ley es que debemos considerar la cuestión á menudo discutida, qué puede y qué no puede hacerse en el domingo, esto es, en el sábado de los cristianos. Cuando el domingo se hace .deliberadamente día de negocios seculares, cuya ejecución en ese día no es de absoluta necesidad, y podía muy bien haber tenido lugar antes del domingo, se infringe evidentemente el cuarto mandamiento. Ni aquí ni en ninguna otra parte autoriza nuestro Señor ese uso del domingo. Los obras que Él sanciona son las obras de necesidad y misericordia, no las que tienen por objeto ganar, arreglar negocios, y proporcionar placeres y diversiones. El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.   Ya ha sido considerado por extenso el sentido de esta expresión en una de las notas al Evangelio de S. Marcos. En este lugar basta agregar que la expresión "el Hijo del hombre" significa, como donde quiera que ocurre en el Nuevo Testamento, el Señor Jesucristo. Las palabras  "Señor del sábado," no implican que nuestro Señor, en virtud de Su autoridad divina, iba á alterar, abrogar ó permitir que se despreciase el cuarto mandamiento. Dan á entender, como ya queda dicho, que Jesús es "El Señor del sábado" para librarlo de las tradiciones Judaicas.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El hombre de la mano seca

Lucas 6.6-11

6  Aconteció también en otro día de reposo,  que él entró en la sinagoga y enseñaba;  y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha.

7  Y le acechaban los escribas y los fariseos,  para ver si en el día de reposo lo sanaría,  a fin de hallar de qué acusarle.

8  Mas él conocía los pensamientos de ellos;  y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate,  y ponte en medio.  Y él,  levantándose,  se puso en pie.

9  Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien,  o hacer mal?  ¿Salvar la vida,  o quitarla?

10  Y mirándolos a todos alrededor,  dijo al hombre: Extiende tu mano.  Y él lo hizo así,  y su mano fue restaurada.

11  Y ellos se llenaron de furor,  y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús

El hombre de la mano seca

Lucas 6.6-11 Mt. 12.9-14; Mr. 3.1-5

Mt. 12.9-14 9  Pasando de allí,  vino a la sinagoga de ellos. 10  Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano;  y preguntaron a Jesús,  para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? 11  El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros,  que tenga una oveja,  y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo,  no le eche mano,  y la levante? 12  Pues  ¿cuánto más vale un hombre que una oveja?  Por consiguiente,  es lícito hacer el bien en los días de reposo 13  Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió,  y le fue restaurada sana como la otra. 14  Y salidos los fariseos,  tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.

Mr. 3.1-5 1 Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. 2 Y le acechaban para ver si en el día de reposo * (Aquí equivale al sábado) le sanaría, a fin de poder acusarle. 3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. 4 Y les dijo: ¿es lícito en los días de reposo * hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban. 5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 6.1-11

Estos versículos contienen otro ejemplo del modo como trató Señor la cuestión del sábado.   Otra vez lo vemos en pugna con las vanas tradiciones de los Fariseos, en lo tocante á la observancia del cuarto mandamiento.

En estos versículos se nos enseña que es lícito hacer obras de misericordia en día sagrado. En ellos se nos dice que, en presencia de los Escribas y Fariseos nuestro Señor curó en sábado á un hombre que tenia la mano seca. Sabia que estos enemigos de todo lo justo estaban en acecho para ver lo que él haría, con objeto de "hallar de qué acusarlo." Más él sostiene con firmeza el derecho de hacer tales obras de misericordia, aun en el día del cual se dijo: " No harás ninguna clase de obra;" y los retó abiertamente á que probasen que tal obra era contraria á la ley. "Preguntaros he una cosa," dice Él: "¿es lícito en sábado hacer bien ó hacer mal?" Á esta pregunta sus adversarios no pudieron dar respuesta alguna.

El principio aquí establecido es de vasta aplicación. El cuarto mandamiento no fue instituido para que se le diese una interpretación que redundase en daño del cuerpo humano. Se tuvo el propósito de adaptarlo á aquel estado de cosas que surgió de la caída. No se tuvo en mira prohibir el consolar al afligido, ó cuidar á los enfermos: nos es permitido en ese día ir en carruaje para dar consuelo al moribundo; podemos dejar de asistir al culto público, si tenemos que ir á buscar á un médico, ó prestar nuestros servicios en el cuarto de un enfermo; podemos visitar al huérfano y á la viuda en sus épocas de angustia, y podemos, en fin, predicar, enseñar, é instruir al ignorante. Estas son obras de misericordia Podemos hacerlas, y sin embargo guardar el domingo sagrado Con esto no violamos la ley de Dios.

Una cosa hay, sin embargo, que es preciso tengamos bien presente: estemos alerta para no abusar de la libertad que Cristo nos ha dado. De caer en este extremo corremos riesgo en nuestros días. Hay poco riesgo de incurrir en el error de los Fariseos, y de guardar el sábado con mayor escrupulosidad de la ordenada por Dios.

Lo que hay que temer es la inclinación general de menospreciar el sábado, y privarle de aquel respeto que debe recibir. Cuidemos de cómo nos conducimos en este asunto. Guardémonos de convertir el día de Dios en día de hacer visitas, dar convites, viajar y divertirnos. Estas no son obras de necesidad ni de misericordia, diga lo que dijere un mundo incrédulo y obstinado. La persona que pasa los domingos de este modo comete un pecado grave, y que no está preparado para el descanso eterno en el

Se nos enseña así mismo este pasaje cuan perfecto es el conocimiento que nuestro  Señor Jesucristo tiene de los pensamientos de los hombres. Se percibe  esto en lo que de El se dice cuando los escribas y fariseos estaban acechándolo: "El sabia sus pensamientos." expresiones como esta forman una de las muchas pruebas de la de nuestro Señor. Solamente Dios puede leer los corazones. El que pudo así discernir las intenciones y maquinaciones de otros, debió haber sido algo más que un hombre. Sin duda que Él fue hombre en todo, lo mismo que nosotros, si se exceptúa solamente el pecado. Podemos conceder esto espontáneamente á los Socinianos, que niegan la divinidad de Cristo. Los textos que citan para probar la naturaleza humana de nuestro Señor, son textos en los que nosotros creemos y que sostenemos tan plenamente como lo hacen ellos; más existen otros textos claros en la Escritura que prueban que nuestro Señor era Dios á la par que hombre.    Uno de estos textos es el pasaje que tenemos á la vista. Él enseña que "era Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos." 9:5.

Que el pensamiento de que nuestro Señor sabe todo cuanto pensamos influya en hacernos humildes. ¡Cuántas ideas mundanas, y cuantos pensamientos vanos cruzan por nuestras mentes cada hora, y que la vista del hombre no alcanza á penetrar jamás! ¿Cuáles son nuestros  pensamientos en este momento?   ¿Cuáles han sido este mismo día, mientras que hemos estado leyendo ó escuchando este pasaje de la Escritura?   ¿Podríamos someterlos á la inspección pública?   ¿Nos agradaría que otros supieran lo que pasa en nuestro interior?   Estas son preguntas serias, y merecen respuestas bien serias.   Pero séanlo ó no á nuestro modo de ver, es un cierto que Jesucristo está leyendo continuamente nuestros corazones. Debemos, en verdad, humillarnos ante Él y exclamar diariamente, "¿Quién puede decir cuántas veces ofende?"   "Purifícame de mis faltas ocultas." "¡Señor, ten misericordia de mí, que soy un pecador!"

Enséñanos, en fin, esta parte del Evangelio de qué naturaleza es el primer acto de fe, de un alma que se convierte.    Esto se advierte en la relación de la curación mencionada. Nuestro Señor dijo al hombre cuya mano estaba seca, "Extiende tu mano." El mandato parece, á primera vista, irracional, porque á juzgar por las apariencias, era imposible que el hombre obedeciese. Más este no se paró en dudas ó disputas: al instante hizo el esfuerzo de extender la mano, y, al hacerlo fue curado. Él tuvo bastante fe para creer que Aquel que le mandó extender la mano, no se burlaba de él, y debía, por tanto, ser obedecido. Fue precisamente por este acto de obediencia que obtuvo la gracia que deseaba; y recobró el uso de la mano.

Y aquí se encuentra la mejor respuesta á las dudas, vacilaciones y preguntas que inquietan muchas conciencias relativamente á la importante cuestión de venir a Cristo. "¿Cómo podemos creer?" preguntan algunos: " ¿Cómo podemos venir á Cristo? ¿Cómo podemos asirnos de la esperanza que se nos ha puesto delante?" Lo mejor que se puede hacer con los que hagan tales preguntas es aconsejarles que imiten al que tenia la mano seca. Que no se inquieten con discusiones, sino que obren; que no se molesten con cuestiones metafísicas, sino que se arrojen, tales como son, en brazos de Jesucristo. Obrando así todo les será fácil. Como, ó de que manera, tal vez no podamos explicarlo. Pero podemos asegurar con confianza, que verán que á medida que se acerquen más á Dios, Dios se acercará más á ellos; pero que si por su propio gusto permanecen quietos, no deben tener esperanza de salvarse.

NOTAS    LUCAS 6:6-11.

8. Ponte en medio. He aquí un ejemplo patente de la publicidad de los milagros de nuestro Señor. Con unas palabras cura una enfermedad en presencia de un concurso de personas opuestas á Él, á la luz del sol y no súbitamente ó con precipitación; más de tal modo que la atención de toda la reunión se concentré necesariamente en la acción ejecutada.

Estas circunstancias deben notarse con cuidado. En esto consiste la gran diferencia entre los milagros de Cristo y Sus Apóstoles, y los pretendidos milagros de Mahoma, ó los supuestos de la iglesia de Roma.

10. Extiende tu mano. "Los mandamientos de Dios son concesiones. Cuando Él nos manda: «Arrepentíos,' ó 'Creed,' es solo para arrancar de nuestros labios la confesión de nuestra impotencia para cumplir Sus preceptos. Hecha esta confesión, nos pone en aptitud de hacer lo que prescribe. El reconocimiento que el hombre hace de su debilidad es el único tronco en que Dios injerta la gracia de Su auxilio."

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Elección de los doce apóstoles

Lucas 6.12-16

12  En aquellos días él fue al monte a orar,  y pasó la noche orando a Dios.

13  Y cuando era de día,  llamó a sus discípulos,  y escogió a doce de ellos,  a los cuales también llamó apóstoles:

14  a Simón,  a quien también llamó Pedro,  a Andrés su hermano,  Jacobo y Juan,  Felipe y Bartolomé,

15  Mateo,  Tomás,  Jacobo hijo de Alfeo,  Simón llamado Zelote,

16  Judas hermano de Jacobo,  y Judas Iscariote,  que llegó a ser el traidor.

Elección de los doce apóstoles

Lucas 6.12-16 Mt. 10.1-4; Mr. 3.13-19

Mt. 10.1-4 1  Entonces llamando a sus doce discípulos,  les dio autoridad sobre los espíritus inmundos,  para que los echasen fuera,  y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. 2  Los nombres de los doce apóstoles son estos:  primero Simón,  llamado Pedro,  y Andrés su hermano;  Jacobo hijo de Zebedeo,  y Juan su hermano; 3  Felipe,  Bartolomé,  Tomás,  Mateo el publicano,  Jacobo hijo de Alfeo,  Lebeo,  por sobrenombre Tadeo, 4  Simón el cananista,  y Judas Iscariote,  el que también le entregó.

Mr. 3.13-19 13 Después subió al monte, y llamó a si a los que el quiso; y vinieron a él. 14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, 15 y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios: 16 a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro; 17 a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno; 18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista, 19 y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa.

 
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Referencias

Jesús atiende a una multitud

Lucas 6.17-19

17  Y descendió con ellos,  y se detuvo en un lugar llano,  en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea,  de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón,  que había venido para oírle,  y para ser sanados de sus enfermedades;

18  y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados.

19  Y toda la gente procuraba tocarle,  porque poder salía de él y sanaba a todos.

Jesús atiende a una multitud

Lucas 6.17-19 Mt. 4.23-25 23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los sanó.25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 6.12-19

Estos versículos refieren la elección de los doce apóstoles.   Esta elección dio principio al ministerio ó clero cristiano. Fue la primera ordenación, y fue una ordenación celebrada por la Gran Cabeza de la iglesia. Después del día en que acaecieron los acontecimientos aquí apuntados, ha habido millares de ordenaciones: mies de obispos, presbíteros, y diáconos han recibido las órdenes sagradas, y á menudo con mucha más pompa y magnificencia que la que se describen en los versículos citados. Más nunca ha habido otra ordenación tan solemne como esta. Nunca se han ordenado ministros que hayan hecho tanto por la iglesia y por el mundo como estos doce apóstoles.

Observemos, en primer lugar, en estos versículos, que cuando nuestro  Señor ordenó sus primeros ministros, lo hizo después de haber orado largo tiempo: "Fue á orar en un monte, y pasó la noche orando á Dios.    Y como fue de día, llamó á Sus discípulos, y escogió doce de ellos, los cuales también llamó apóstoles."Es bien seguro que la mención que se hizo de la oración de nuestro Señor tiene su profunda significación. Se hizo con el objeto de que sirviese de lección perpetua á la iglesia de Cristo. Se tuvo ánimo de enseñarnos la gran importancia de interceder y ofrecer oraciones en favor de los ministros, y particularmente al tiempo de ordenarse éstos. Aquellos á quienes se confía la responsable misión de ordenar deben rogar por que "ligeramente no impongan las manos á nadie." Los que se presentan para recibir las órdenes deben orar á fin de que no vayan á hacerse cargo de una obra para la cual sean ineptos, y á fin de que no vayan á emprender una carrera para la cual no tengan vocación. Los miembros seglares de la iglesia deben también orar por que no reciban las órdenes sino los que hayan sido movidos interiormente por el Espíritu Santo. ¡Felices aquellas ordenaciones, en las cuales todos los interesados á semejanza de Cristo se juntan con ánimo deprecatorio!

¿Deseamos contribuir, en el mundo, al adelanto de la religión pura y perfecta? En tal caso no olvidemos jamás orar por los ministros, y especialmente por los jóvenes que estén al ordenarse. El progreso del Evangelio, mediante la bendición de Dios, dependerá en mucho del carácter y conducta de los que profesen predicarlo. No es de esperarse que un ministro no convertido haga bien alguno á las almas. Imposible es que enseñe con buen éxito lo que el mismo no experimenta interiormente. Oremos cada día por que la iglesia se deshaga de tales ministros. Los ministros convertidos son don especial de Dios; al hombre no es dado crearlos. Si deseamos tener buenos ministros, es menester que sigamos el ejemplo de nuestro Señor y los pidamos á Dios. Sus tareas son arduas; su responsabilidad enorme; su fortaleza escasa. Cuidemos de fortalecerlos, y sostenerlos con nuestras oraciones. En este, y en muchísimos otros casos las palabras de Santiago son con frecuencia de dolorosa aplicación: " No tenéis lo que deseáis, porque no pedís." Stg. 4:2. No pedimos á Dios que provea jóvenes convertidos para que ocupen nuestros púlpitos, y acaso castiga nuestro descuido con falta de buenos ministros.

Observemos en segundo lugar cuan poco se nos informa de la posesión y ocupación secular de los primeros ministros de la iglesia cristiana. Sabemos que cuatro de ellos eran pescadores. Que uno, á lo menos, era publicano. Que la mayor parte, probablemente, eran galileos. Ninguno de ellos, según lo que leemos en el Nuevo Testamento, era grande, ó noble. Ninguno era Fariseo, ó escriba, ó Sacerdote, ó Príncipe, ó Anciano. Todos eran, al parecer, "sin letras é ignorantes." Hch. 4:13.

Hay algo sumamente instructivo en el hecho de que nos ocupamos. Nos enseña que el reino de nuestro Señor Jesucristo existió una absoluta independencia de ayuda alguna de este mundo.   Su iglesia no fue erigida con ejércitos, ni por medio de la fuerza, sino con Espíritu del Dios vivo.   Zacar. 4:6. Esto nos suministra una prueba incontestable del origen divino del Cristianismo.    Una religión que transformó el mundo, siendo como fueron pobres los primeros que la predicaron, necesariamente debió haber descendido del cielo. Si los apóstoles hubieran tenido dinero que dar á sus oyentes, ó llevado consigo ejércitos que los intimidasen, los infieles podrían con razón negar que hubiera algo de maravilloso en el buen éxito. Más la pobreza de los discípulos de nuestro Señor por destruye por su base cualesquiera argumentos en que el infiel apoyarse. Con la doctrina más ingrata al corazón mundano; sin poseer nada para sobornar ó para compeler á la obediencia un puñado de humildes galileos conmovieron el mundo, y cambiaron la faz del imperio Romano. Este resultado asombroso puede atribuirse solamente á una causa: el Evangelio de Cristo, que proclamaron esos hombres, era la verdad divina.

Tengamos esto presente cuando pensemos en hacer algo por la causa de Cristo, y guardémonos de buscar apoyo en brazos humanos. Velemos contra la inclinación oculta, que á todos nos es natural, de considerar el dinero, ó el saber, ó la protección ó el sostén de los grandes de la tierra, como los medios necesarios para llevar nuestros planes. Si queremos hacer bien á las almas, no debemos dirigirnos primero á los potentados de este mundo: debemos comenzar por donde la iglesia de Cristo comenzó, buscando predicadores llenos del Espíritu Santo.

Finalmente, observemos en estos versículos que uno de aquellos que nuestro Señor eligió para apóstoles, resultó falso y traidor, ese fue Judas Iscariote.

No podemos dudar por un momento, que al elegir á Judas Iscariote nuestro Señor sabia bien lo que hacia. Quien podía leer los corazones, sabía con toda certeza desde el principio que, no obstante sus protestas de piedad, Judas era un malvado, y que algún día lo entregaría alevosamente.    Entonces ¿por qué lo eligió apóstol?   Es esta una pregunta que á muchos ha confundido.   Sin embargo, puede dársele una respuesta satisfactoria.    Cómo todo lo que hacia, nuestro Señor eligió con prudencia, deliberación, y sabiduría. En esta elección hay lecciones de alta importancia para toda la iglesia de Cristo.

La elección de Judas fue hecha con el designio de enseñar á los ministros da culto á ser humildes. Estos no han de suponer que la ordenación comunica necesariamente la gracia divina, ó que una vez que estén ordenados no pueden errar. Al contrario, han de acordarse, que uno que fue ordenado por el mismo Cristo fue un in hipócrita. Esté pues alerta el ministro que cree hallarse firme, no sea que caiga.

Además, la elección de Judas fue hecha con el designio de enseñar á los feligreses á no hacer ídolos á los ministros. Es de su deber estimarlos y amarlos en alto grado, por causa de su misión, mas no deben reverenciarlos como si fuesen infalibles, ni honrarlos de una manera contraria á la Escritura. Es menester no olviden quo los ministros tanto pueden ser sucesores de Judas Iscariote, como de Pedro y Pablo. El nombre de Judas debe servirnos de admonición perpetua para no tener confianza del hombre. "No glorío nadie en los hombres." 1 Cor. 3:21.

Finalmente, la elección que nuestro Señor hizo de Judas fue con el objeto de enseñar á toda la iglesia, que en el actual estado de cosas no debía esperar ver una comunidad de fe pura y perfecta. El trigo y la cizaña-el pescado bueno y el malo-se encontrarán siempre mezclados, hasta la segunda venida del Señor. Es inútil querer hallar perfección en las iglesias visibles. Nunca la encontraremos. Aun entre los apóstoles hubo un Judas. Convertidos y no convertidos se hallarán siempre mezclados en todas las congregaciones.

NOTAS.   LUCAS 6. 12-19.

12. Orando á Dios. La peculiaridad de las palabras Griegas en este pasaje, ha dado margen para que muchos piensen que debieran traducirse: "Él continuó toda la noche 'en una casa de oración,' un local destinado exclusivamente para orar á Dios." Que los judíos tenían tales casas de oración es innegable. Pero que de tal casa se halla en este versículo, es muy dudoso. De los treinta y siete lugares en que se habla la palabra Griega en el Nuevo Testamento, hay solamente uno en que pueda interpretarse "un lugar de oración," Hechos 16:13, y aun allí es un punto disputable. Parece no haber necesidad de cambiar el sentido dado por nuestros traductores.

Y escogió... doce...apóstoles.   "El número doce se halla prefigurado en Antiguo Testamento  con muchos ejemplos: los doce hijos de Jacob; los doce príncipes di los hijos le Israel; las doce fuentes de Elim; las doce piedras del pectoral de Aarón; los doce panes de la proposición; los doce espías enviados por Moisés; las doce piedras con las cuales se hizo el altar; las doce piedras sacadas del Jordán; y los doce bueyes que sostenían el baño de bronce. En el Nuevo Testamento, el número doce figura en las doce estrellas de la corona de la mujer del Apocalipsis, y los doce cimientos, y las doce puertas de la Jerusalén celestial todo lo cual fue visto por Juan."-Rabanus Maurus.

Es interesante observar que entre los doce apóstoles hay tres pares de hermanos Pedro y Andrés, Santiago y Juan, y Judas y Santiago el hijo de Alfeo.

14. Bartolomé. Muchos opinan que Bartolomé es el Natanael de quien se hace mención en el capítulo primero de Juan. Más parece no haber fundamento para esta conjetura, á menos que se considere como tal el hecho de que hallamos siempre a Bartolomé mencionado en estrecha conexión con Felipe, quien dijo a Natanael que viniera á ver á Cristo.

15. Santiago, hijo de Alfeo. Este parece ser aquel Santiago á quien S. Pablo el "hermano del Señor."   Gal. 1:19.    El hecho de que aquí se le llama l de Alfeo," basta para probar que la palabra "hermano" en el Nuevo Testamento no ha de tomarse siempre en su sentido genuino, y que también puede tomarse en el sentido de "primo."   El Alfeo aquí mencionado debió de ser otro distinto del que se menciona como padre de Mateo, ó Mateo debió de haber sido hermano de Santiago y de Judas. S. Marcos dice que Mateo ó Leví era hijo de este Santiago el que tomó la palabra en el concilio, Hech. 15:19, y parece que le consideraba como presidente ó jefe de los apóstoles en Jerusalén. Es también el autor de la epístola que lleva su nombre.    Es notable que, semejante a Mateo y á Simón el Cananeo, no se refiere que jamás dijera cosa alguna, ó que se presentara de alguna manera durante la vida de nuestro Señor. Pero, después de la ascensión de nuestro Señor, ninguno parece haber ocupado en la iglesia una posición tan prominente como él.

Judas, el hermano de Santiago. Este apóstol es notable por haber tenido tres Hombres, Judas, Lebeo, y Tadeo. Fue quien escribió la epístola que lleva su nombre.

Iscariote. Algunos piensan que era natural de Iscariote, ciudad pequeña en Judá ó Carioth, ciudad de Efraim.   Nada se sabe de cierto acerca de este particular.

Se nota entre otras de las muchas razones que tuvo nuestro Señor para elegir un traidor como apóstol, la de que de esa elección resultó una prueba indirecta poderosa de la pureza, inocencia y perfección de la vida y misión de nuestro Señor. Cuando fue acusado ante el Sumo Sacerdote y ante Poncio Pilato, si contra Él hubiera podido probarse alguna cosa mala, Judas Iscariote, el traidor, era precisamente el testigo que la hubiese probado.

17, Se paró en un lugar llano.   Esta expresión debe notarse.   Demuestra que el discurso que sigue es diferente del llamado " Sermón en el Monte"

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Bienaventuranzas y ayes

Lucas 6.20-26

20  Y alzando los ojos hacia sus discípulos,  decía: Bienaventurados vosotros los pobres,  porque vuestro es el reino de Dios.

21  Bienaventurados los que ahora tenéis hambre,  porque seréis saciados.  Bienaventurados los que ahora lloráis,  porque reiréis.

22  Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan,  y cuando os aparten de sí,  y os vituperen,  y desechen vuestro nombre como malo,  por causa del Hijo del Hombre. (1P. 4.14)

23  Gozaos en aquel día,  y alegraos,  porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos;  porque así hacían sus padres con los profetas. (2 Cro. 36.16; Hch. 7.52)

24  Mas  ¡ay de vosotros,  ricos!  Porque ya tenéis vuestro consuelo.

25  ¡Ay de vosotros,  los que ahora estáis saciados!  Porque tendréis hambre.  ¡Ay de vosotros,  los que ahora reís!  Porque lamentaréis y lloraréis.

26  ¡Ay de vosotros,  cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!  Porque así hacían sus padres con los falsos profetas.

Bienaventuranzas y ayes

Lucas 6.20-26 Mt. 5.1-12

1 Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. 2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: 3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos 4  Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación 5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra en heredad. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo  12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas

Lucas 6.20 1P. 4.14 Si sois vituperados por el nombre de Cristo,  sois bienaventurados,  porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros.  Ciertamente,  de parte de ellos,  él es blasfemado,  pero por vosotros es glorificado.

Lucas. 6.23 2 Cro. 36.16; Hch. 7.52

2 Cro. 36.16 Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios,  y menospreciaban sus palabras,  burlándose de sus profetas,  hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo,  y no hubo ya remedio.

Hch. 7.52  ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo. Y ahora habéis venido a ser sus traidores y asesinos.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 6.20-26

EL discurso de nuestro Señor, que principia en estos versículos, se parece en muchos respectos á Su bien conocido Sermón del Monte. La semejanza, en realidad, es tan obvia que muchos han dicho que S. Lucas y S. Mateo relatan un solo y el mismo discurso, y que S. Lucas nos da en forma abreviada lo que S. Mateo nos refiere extensamente. Parece que no hay bastante fundamento para esta aserción. Las ocasiones en que se pronunciaron los dos discursos fueron enteramente diferentes. La repetición de nuestro Señor de la misma gran lección en dos ocasiones diferentes, usando casi de las mismas palabras, nada tiene de extraordinario. No es justo suponer que nunca diera algunas de sus importantes enseñanzas más de una vez. En el caso de que tratamos la repetición es de mucha trascendencia. Nos indica claramente la alta importancia de las lecciones que contienen los dos discursos.

En primer lugar, veamos en estos versículos á quiénes es que EL Señor llama bienaventurados. La lista es notable y digna de atención. Particulariza á los que son "pobres," á los que tienen "hambre," á los que "lloran," y á los que son "aborrecidos" de los hombres. Estas son las personas á quienes el Gran Jefe de la Iglesia les dice: " ¡Bienaventurados vosotros!"

Es preciso tengamos buen cuidado de no dar una inteligencia errada á las palabras de nuestro Señor. No debemos suponer por tanto que por el mero hecho de estar uno pobre, hambriento pesaroso y aborrecido de los hombres tenga derecho á. esperar bendición de Cristo. La pobreza de que aquí se habla es la pobreza acompañada de la piedad. La necesidad es una necesidad vinculada en la fiel adhesión á Jesús. Las aflicciones son las aflicciones del Evangelio. La persecución es la persecución por amor al Hijo del Hombre. Semejante necesidad, pobreza y aflicción y persecución, fueron la consecuencia de la fe en Cristo, en los primeros siglos del Cristianismo. Millares tuvieron que renunciar a  cuanto poseían en este mundo por causa de su religión. Fue a ellos que Jesús tuvo especialmente presentes en este pasaje. El socorrerlos, así como á todos los que sufren por amor del Evangelio, con particulares consuelos.

En segundo lugar, veamos en estos versículos a quiénes es que nuestro Señor dirige las palabras solemnes, "¡Ay de vosotros!"   En seguida notamos expresiones que á primera vista parecen muy extraordinarias. "¡Ay de vosotros los ricos!" "¡Ay de vosotros los que estáis hartos!" "¡Ay de vosotros los que ahora reís!" "¡Ay de vosotros cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros" Exclamaciones más fuertes y severas que estas no pueden encontrarse en el Nuevo Testamento.

Sin embargo, aquí, no menos que en los versículos precedentes, debemos tener cuidado de no entender mal lo que nuestro Señor se propuso enseñar. No hemos de suponer que la posesión de riquezas y un carácter alegre, y la alabanza de los hombres son necesariamente pruebas de que los que tales ventajas gozan no son discípulos de Cristo. Abrahán y Job eran ricos. David y S. Pablo tuvieron sus temporadas de regocijo. Timoteo tuvo en su favor el buen testimonio de los que estaban fuera de la iglesia. Sabemos todos estos fueron siervos verdaderos de Dios. Todos ellos fueron felices en esta vida, y recibirán la bendición del Señor el día de su segunda venida.

1 ¿Quiénes son las personas á quienes nuestro Señor dice: " Ay de vosotros"?   Son las que rehúsan adquirir tesoros en el cielo, porque aman más los bienes de este mundo, y no renunciarían su dinero por amor de Cristo si fuese necesario. Son los que prefieren los goces y la decantada felicidad de este mundo, al gozo y á la paz del que cree, y no arriesgan la paz del que cree, y no arriesgan perdida de lo uno con objeto de ganar lo otro. Son los que estiman más la alabanza del hombre que la de Dios, y que rechazan á Cristo por no separarse del mundo. Esta es la clase de gentes que nuestro Señor tuyo á la mira cuando profirió las palabras solemnes: "Ay, ay de vosotros." Él sabia bien que había millares de esas personas entre los Judíos; millares que, no obstante Sus milagros y sermones, amarían el mundo más que á El. Sabia asimismo que en su iglesia había de haber en todos tiempos millares da hombres parecidos á los Judíos-millares que, aunque convencidos de la verdad del Evangelio, nunca renunciarían cosa alguna por amor de éste. Á todos estos les dirige la terrible admonición: " ¡Ay, ay de vosotros!"

Una lección muy importante se desprende de estos versículos. ¡Ojalá la depositemos todos en el corazón, y crezcamos en sabiduría! Esta lección es el antagonismo que siempre encontramos entro los pensamientos de Cristo y la opinión general del género humano. Las situaciones de la vida que el mundo estima como apetecibles, son las mismas contra las cuales el Señor pronuncia los "ayes." La pobreza, y el hambre, y la aflicción, y la persecución: he aquí lo que el hombre se empeña en evitar. Las riquezas, y la saciedad, y la diversión, y la popularidad: he aquí los bienes por cuya adquisición los hombres están esforzándose constantemente. Después que hayamos hecho todo lo posible por atenuar las palabras de nuestro Señor, quedan todavía en pié dos aserciones que contradicen abiertamente las enseñanzas universales del hombre. El estado de vida que nuestro Señor bendice, es despreciado del mundo. Las gentes á quienes el Señor dice, "Ay de vosotros," son precisamente las mismas que el mundo admira, elogia, é imita. Este es un hecho lamentable que debe inducirnos á hacer un escrupuloso examen de corazón.

Antes de terminar el estudio de este pasaje preguntémonos qué pensamos de las declaraciones maravillosas que contiene. ¿Podemos dar nuestro asenso á lo que dice nuestro Señor? ¿Estamos unánimes con El? ¿Creemos realmente que la pobreza y la persecución sufridas por amor de Cristo, son bendiciones positivas? ¿Creemos de veras que las riquezas y los goces mundanos, y la popularidad entre los hombres, cuando se solicitan con más anhelo que le la salvación, ó se prefieren en lo más mínimo á la alabanza a Dios, son una maldición positiva? ¿Creemos de veras que el favor de Cristo, aun acompañado de aflicciones y del escarnio del mundo, es de mayor valor que el dinero, y la alegría, y la fama sin Cristo? Estas son preguntas solemnes, y merecen la más seria respuesta. El pasaje que tenemos á la vista es la piedra de toque donde se prueba la sinceridad de nuestras creencias religiosas. Las verdades que contiene son verdades que ningún hombre no convertido puede amar y acoger. Felices los que por experiencia las conocen y las aprueban, y pueden decir "amen " á todas las enseñanzas de nuestro Señor. Sea cual fuere la opinión de los hombres en este respecto, aquellos á quienes Jesús bendice son benditos, y aquellos a quienes no bendice serán arrojados fuera por toda la eternidad.

NOTAS.    LUCAS 6:20-26.

20. Y alzando El los ojos. Es un punto muy controvertido si el discurso con que principia este versículo es el mismo que se encuentra en S. Mateo, (cap. 5, y llamado comúnmente el "Sermón en el Monte." El mayor número de los comentadores consideran como punto indisputable que no son dos discursos sino uno solo. Después de considerar detenidamente la cuestión, no podemos asentir a esta opinión. Creemos que los dos discursos son distintos; que fueron dos en diferentes días.

Bienaventurados los pobres. La pobreza de que se hace mención, así como el hambre, el llanto, el ser aborrecidos, y todo el pasaje deben entenderse en sentido literal, teniendo presente eso sí: que es á la pobreza y á la aflicción por causa del Evangelio á que se refiere nuestro Señor. Las expresiones "rico " y "harto," etcétera en la parte siguiente del pasaje, deben también entenderse en el sentido  literal. Parece injusto dar á una parte una interpretación del todo mística y á la otra una interpretación literal.

Las promesas, por supuesto, lo mismo que las comunicaciones, son susceptibles de una interpretación más alta. "Vosotros seréis hartos," y "vosotros reinaréis" son promesas que jamás se cumplen á los escogidos de Dios en este mundo. De la misma manera, "tendréis hambre," y "lamentaréis y lloraréis," son palabras de amargura, por lo general, no experimentarán los malvados hasta el estado venidero.

22. Os apartaren de si.   La palabra Griega traducida de esta manera, según Suicer  aplica especialmente á la excomunión eclesiástica.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El amor hacia los enemigos, y la regla de oro

Lucas 6.27-36

27 Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen;

28 bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.

29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues.

30 A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.

31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.

33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.

34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.

35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.

36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

El amor hacia los enemigos, y la regla de oro

Lucas 6.27-36 Mt. 5.38-48 38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente  39 Pero yo os digo; No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.  42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se los rehúses. 43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, (Lv 19.18) y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.; 7.12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 6.27-38

LA enseñanza de nuestro Señor Jesucristo se circunscribe en estos versículos á un tema muy importante. Este tema es la caridad y el amor cristianos: la caridad, que es la virtud distintiva y sublime del Evangelio-la caridad, que es el vínculo de la perfectibilidad-la caridad, sin la cual el hombre es nada á los ojos de Dios-la caridad aquí explicada con plenitud y recomendada con rigor. Habría sido un bien para la iglesia de Cristo, si los preceptos de ese divino Maestro escritos en este pasaje hubiesen sido más cuidadosamente estudiados, y más diligentemente observados.

En primer lugar nuestro Señor explica cual es la naturaleza y latitud de la caridad cristiana. ¿Preguntan los discípulos á quiénes han de amar? Él les manda "amar á sus enemigos, hacer bien á los que los aborrecen, bendecir á los que los maldicen, y orar por los que los calumnian."El amor de los discípulos había de ser como amor para con loa pecadores-sin egoísmo, desinteresado, sin que en él influya la esperanza de recompensa. ¿Hasta dónde ha ejercerse este amor? tornan á preguntar los discípulos. Hasta sacrificio y la abnegación. "Al que te hiriere en una mejilla, dale también la otra." "Al que te quitare la capa no le impidas llevar el sayo también." Tenían que renunciar mucho, y que sufrir pucho, á fin de mostrar su bondad, y de evitar contienda. Tenían que ceder hasta sus mismos derechos, y someterse á sufrir injurias, antes que excitar pasiones violentas y ocasionar querellas. En esto habían de ser semejantes á su Maestro, pacientes, mansos, y humildes de corazón.

En segundo lugar, nuestro Señor sienta un principio general, llamado "regla de oro,"para el arreglo de los casos dudosos.    Sabia bien que siempre habrían de ocurrir casos en que no encontraríamos la línea del deber para con nuestros prójimos claramente marcados, sabia cuanto el interés propio y los sentimientos personales ofuscarían algunas veces nuestras nociones de lo justo y de lo injusto; y nos dio por tanto un precepto de sabiduría infinita, un precepto que aun loa infieles se han visto compelidos á admirar para que sirviese de guía en casos semejantes. "Y como queréis que os hagan los hombres, hacedles también vosotros así." Tratar a los otros como ellos nos tratan, y volver mal por mal, es la norma de los paganos. Conducirnos con los demás como quisiéramos que ellos se condujeran con nosotros, cualquiera que sea su comportamiento-he aquí la meta á la cual debe dirigirse el cristiano si desea seguir las huellas de su bendito Salvador. Si Él se condujera con el mundo como el mundo se condujo con Él, todos debiéramos ser condenados al infierno por toda la eternidad.

En tercer lugar, nuestro Señor hace presente á sus discípulos la necesidad de tener una norma mejor de conducta para con sus prójimos que la de los hijos de este mundo. Les recuerda que amar á los que los aman, y hacer bien á los que les hacen bien, y prestar á aquellos de quienes esperan recibir, no es obrar nada mejor que los "pecadores," que ignoran el Evangelio. Preciso es que el cristiano sea diferente á ellos.  Sus obras de beneficencia y sus sentimientos de amor deben ser como los de su Maestro-voluntarios y gratuitos. Es menester que haga que los hombres vean que el amor que profesa á su prójimo emana de principios más elevados que el de los irreligiosos, y que su caridad no se limita á aquellos de quienes se espera obtener algo en retorno. Cualquiera es capaz de ejercer filantropía y caridad, si con ellas puede ganar alguna cosa; mas con esa caridad jamás debe satisfacerse el cristiano. El que se contente con ella debe acordarse que sus actos no son ni un ápice más elevados que los de un romano ó griego idólatra de los tiempos antiguos.

En cuarto lugar, nuestro Señor enseña á Sus discípulos que al cumplir con el deber para con sus prójimos, deben no perder de vista el ejemplo de Dios. Si se llaman "hijos del Altísimo," deben considerar que su Padre es "benigno aun con los ingratos y los malos," y deben aprender de Él á ser misericordiosos, como Él es misericordioso. No puede calcularse el número de las misericordias de Dios para con el hombre que éste no reconoce. Cada año concede beneficios á millones que no rinden homenaje á la mano que los derrama. Sin embargo, estos beneficios continúan todos los años.   "La época, de la siembra y de la siega, el estío y el invierno, no cesan nunca jamás." Su misericordia dura para siempre. Su benignidad es incansable. Su compasión no disminuye. Así deben ser todos los que profesan llamarse Sus hijos. La falta de reconocimiento y la ingratitud no deben ser motivo retiren la mano para que obras de amor y de misericordia. Á semejanza de su Padre celestial deben ser infatigables en hacer bien.

Por último, nuestro Señor asegura á Sus discípulos que la práctica de esa caridad elevada que les recomienda traerá consigo su propia recompensa. "No juzguéis," dice, "y no seréis juzgados: no condonéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados: dad y se os dará."Y concluye con esta comprensiva aserción: "Con la misma medida que midiereis, se os volverá á medir." Estas palabras tomadas en su sentido general parecen enseñar que nadie perderá al cabo cosa alguna, practicando obras de caridad desinteresada, y de tierno amor. A veces podrá parecerle que nada gana con su conducta; que por todo fruto no cosecha sino burlas, desprecios y agravios. Su beneficencia quizás dé margen para que algunos intenten engañarle; y acontezca que se abuse de su paciencia e indulgencia Más al fin resultará que ha ganado-á menudo, y muy en esta vida; y de seguro, bien seguro en la vida perdurable.

Tal es doctrina de nuestro Señor Jesucristo acerca de la caridad. Pocos de sus discursos penetran tan profundamente en el corazón, como el que ahora estamos considerando. Pocos pasajes hacen sentirse al hombre tan humillado como el que contienen estos once versículos.

¡Qué rara es en el mando y aun en el gremio de la iglesia una caridad como la que enseñó nuestro Señor! ¡Cuán común es el carácter colérico y arrebatado!, ¡Cuán común ese sentimiento exagerado que se llama honor, y la inclinación á reñir por la menor cosa! ¡Qué rara vez vemos hombres y mujeres que aman á sus enemigos, y hacen bien sin esperar recompensa alguna, que bendicen a los que los maldicen, y son benéficos con los ingratos y depravados! En verdad, nos vienen aquí á la memoria las palabras Señor: "Angosto es el camino que lleva á la vida, y pocos son los que lo hallan."   Mateo 7:14.

¡Cuán feliz seria el mundo si los preceptos de Cristo fuesen escrupulosamente obedecidos! La causa principal de la mitad de los que afligen al género humano, son el egoísmo, las contiendas, la malignidad y la falta de caridad. No hay mayor error que suponer que el Cristianismo verdadero sirve de rémora á la felicidad del hombre. No es la excesiva religión, sino la carencia de ella, que hace á la gente melancólica, infeliz, y desgraciada. Allí el Redentor es bien conocido y obedecido, se encontrará mucha alegría y paz verdaderas.

¿Queremos experimentar algo de esta bendita virtud, la caridad? Procuremos unirnos á Cristo por la fe, y ser iluminados y .santificados por su Espíritu. No cogemos uvas de los espinos, ni higos de los cardos. No podemos tener flores sin raíces, ni fruto sin árboles. No podemos obtener el fruto del Espíritu, sin la unión con Cristo, y sin una regeneración interior. Los que no son engendrados de nuevo, nunca pueden amar de la manera que Cristo prescribe.

Notas Lucas 6.27-38

29. 39. Al que te hiere, etc. Es preciso tomar en cuenta otras enseñanzas de la escritura al interpretar estos versículos, no hemos de explicarlos de manera que  contradigan otros pasajes de la palabra de Dios. No son otra cosa que una expresión de grandes principios en forma de proverbios. Si hubiésemos de ceñirnos rigurosamente en su interpretación al sentido literal, daríamos pábulo al hurto, á la violencia, y al asesinato. El mundo quedaría a merced de los malvados

Por una parte, nuestro Señor no se propuso prohibir la represión del crimen, ni declarar ilegales los servicios de los magistrados y de la policía. Ni tampoco tuvo intención de llamar ilícita toda guerra, ni prohibir el castigo de los malhechores, y de los perturbadores de la paz y del orden social. En otro lugar dice: ' El que no tiene espada venda su capa y cómprela." Lucas 22:36. Y S. Pablo, hablando del magistrado dice que "no lleva sin causa la espada," y que "es el ministro de Dios, vengador para ejecutar su ira al que hace lo malo." Romanos 13.4. Además, de varios centuriones se hace mención en los Evangelios y en los Hechos; más jamás se censura como ilícita su ocupación como soldados.

Por otra parte, es evidente que nuestro Señor condena toda venganza, pelea innecesaria, litigios y pleitos; prohíbe todo hecho como el duelo, ó combate entre individuos, para el arreglo de mutuos agravios; y prescribe la indulgencia, la paciencia y el perdón de las injurias y de los insultos. Quiere que concedamos mucho, nos sometamos al juicio de otros, y perdonemos mucho, antes de dar motivo á contiendas; quiere que suframos incomodidades y pérdidas, y aun que sacrifiquemos parte de nuestros justos derechos, más bien que tener ningún litigio. Es la misma doctrina que S. Pablo recomienda en otras palabras: "Si se puede hacer, en cuanto es en vosotros, tened paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados; antes, más bien, dad lugar á la ira; porque escrito está: "Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor." "No seas vencido de le malo; antes vence con bien el mal." Rom. 12:18-21.

Pocas cosas manifiestan de una manera más triste cuan poco ha penetrado el Cristianismo aun en los que han protestado su fe, que el total descuido de los preceptos de nuestro Señor en estos versículos: descuido que prevalece por todas partes. Es imposible concebir cosa alguna más contraria á la doctrina de Cristo que los duelos, y con desafíos á combate singular, que sabemos tienen lugar tan á menudo en algunos países, y entre algunas clases distinguidas de la sociedad. Pagar golpe con golpe, violencia con violencia, cólera con cólera y abuso con abuso, es la conducta de un perro, ó de un salvaje, pero no la de un cristiano.

32. Aun los pecadores.   Hombres que no reconocen religión alguna.

33. Los pecadores hacen lo mismo. Quesnel observa sobre este versículo: "El hombre debe temblar de temor, si fuera de la exterioridad religiosa nada halla en su vida, sino lo que puede hallarse en un turco ó en un idólatra."

37, 38. No juzguéis, y no seréis juzgados, etc. Es un punto disputado, si las promesas expresadas en estos versículos han de entenderse en sentido temporal ó espiritual. Tomando en consideración la relación estrecha que existe entre los dos versículos, nos parece muy probable que las recompensas que promete nuestro Señor son primaria y principalmente recompensas que han de recibirse de este mundo.

No podemos concluir estas notas sin protestar contra la opinión que va aumentándose con rapidez, que podemos tener los frutos del Espíritu sin la doctrina de la existencia de Espíritu. Nada es más común en nuestros días que tener la caridad, la beneficencia, el sacrificio, la consideración á los demás, encomiados por escritores populares que no ocultan su desprecie por todas las doctrinas cardinales del Evangelio.   Estemos persuadidos de que el amor verdadero, genuino abnegado, jamás brotará de ninguna otra raíz que la fe en la expiación de Cristo, y un corazón renovado por el Espíritu Santo. Jamás conseguiremos que los hombres se amen unos á otros, a menos que los enseñemos como S. Pablo, "Proceded en el amor, así como Cristo nos amó" Enseñar el amor bajo cualquier otro principio, es por regla general, trabajar inútilmente.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El juzgar a los demás

Lucas 6.37-42

37  No juzguéis,  y no seréis juzgados;  no condenéis,  y no seréis condenados;  perdonad,  y seréis perdonados.

38  Dad,  y se os dará;  medida buena,  apretada,  remecida y rebosando darán en vuestro regazo;  porque con la misma medida con que medís,  os volverán a medir.

39  Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?  ¿No caerán ambos en el hoyo? (Mt. 15.14)

40  El discípulo no es superior a su maestro; (Mt. 10.24-25; Jn. 13.16; 15.20) mas todo el que fuere perfeccionado,  será como su maestro.

41  ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano,  y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

42  ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano,  déjame sacar la paja que está en tu ojo,  no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo?  Hipócrita,  saca primero la viga de tu propio ojo,  y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.

El juzgar a los demás

Lucas 6.37-42 Mt. 5.1-12

1 Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. 2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: 3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos 4  Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación 5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra en heredad. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo  12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas

Lucas 6.39 Mt. 15.14 Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.

Lucas 6.40 Mt. 10.24-25; Jn. 13.16; 15.20

Mt. 10.24-25  24  El discípulo no es más que su maestro,  ni el siervo más que su señor.  25  Bástale al discípulo ser como su maestro,  y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzeb,  ¿cuánto más a los de su casa?

Jn. 13.16 De cierto,  de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor,  ni el enviado es mayor que el que le envió.; 15.20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor.  Si a mí me han perseguido,  también a vosotros os perseguirán;  si han guardado mi palabra,  también guardarán la vuestra.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Por sus frutos los conoceréis

Lucas 6.43-45

43  No es buen árbol el que da malos frutos,  ni árbol malo el que da buen fruto.

44  Porque cada árbol se conoce por su fruto; (Mt. 12.33) pues no se cosechan higos de los espinos,  ni de las zarzas se vendimian uvas.

45  El hombre bueno,  del buen tesoro de su corazón saca lo bueno;  y el hombre malo,  del mal tesoro de su corazón saca lo malo;  porque de la abundancia del corazón habla la boca. (Mt. 12.34)

Por sus frutos los conoceréis

Lucas 6.43-45 Mt. 7.15-20 15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20 Así que, por sus frutos los conoceréis.

Lucas 6.44 Mt. 12.33 O haced el árbol bueno,  y su fruto bueno,  o haced el árbol malo,  y su fruto malo;  porque por el fruto se conoce el árbol.

Lucas 6.45 Mt. 12.34 ¡Generación de víboras!  ¿Cómo podéis hablar lo bueno,  siendo malos?  Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 6.39-45

Aprendemos, en primer lugar, en estos versículos, cuan grande es el peligro de escuchar á los falsos maestros en religión. Nuestro Señor compara á tales maestros y á sus oyentes con el ciego que guía a otro ciego; y hace esta justísima pregunta: " ¿No caerán ambos en el foso?"  El continúa corroborando la importancia de su advertencia y afirma que "el discípulo no es más que su maestro." Si alguno oye la enseñanza heterodoxa, no podemos esperar que á parar en otra cosa sino en tener una fe heterodoxa. La materia que nuestro Señor nos presenta en estos versículos merece más atención de la que generalmente se le da.   El cúmulo de males que la enseñanza de doctrinas heterodoxas ha acarreado a la iglesia en todos tiempos es incalculable.    La pérdida de almas  que ha ocasionado espanta al que la contempla. Un maestro que ignora al camino del cielo, no es probable que guíe á sus oyentes al cielo. El que oye á tal maestro corre el riesgo terrible de perderse eternamente. Si un ciego guía á otro ciego, es forzoso que ambos caigan en el hoyo

Si queremos escaparnos del peligro contra el cual nos apercibe nuestro Señor, bueno será que tengamos cuidado de comparar la doctrina que oímos con la de las Santas Escrituras. No debemos creer las cosas meramente porque las digan los ministros; pues no es indudable, que los ministros no puedan equivocarse. Traigamos á la memoria las palabras de nuestro Señor en otra ocasión; "Guardaos de los falsos profetas," Mat. 7:15; y dar los consejos de S. Pablo y de S. Juan: " Examinadlo todo." "No creáis á todo espíritu, sino probad si son de Dios." 1 Tes. 5: 21; 1 Juan 4:1. Con la Biblia en la mano, y con la promesa de la guía del Espíritu Santo á todos los que la soliciten, no tendremos excusa si nuestras almas se descarrían del único sendero salvador. La ceguedad de los ministros no sirve para excusar la ignorancia del pueblo. El hombre que por indolencia, o superstición, ó fingida humildad, acepta ciegamente todo lo que el ministro enseñe, por heterodoxo que sea, correrá al fin la suerte de su guía espiritual. Si el pueblo pone su confianza en guías ciegos, no debe sorprenderse si se le conduce al hoyo.

Aprendemos también en estos versículos que los que reprueban los pecados de los demás deben esforzarse en llevar una vida irreprensible. Nuestro Señor nos enseña esta lección con ejemplo muy práctico. El hace ver la injusticia del que nota una "arista," ó cosa apenas perceptible, en el ojo del prójimo, en tanto que él mismo tiene una "viga " ó algún cuerpo grande y formidable en su ojo.

Más es preciso recibir esta lección con aquellas limitaciones ó modificaciones que señala la misma Escritura; si ninguno hubiera de enseñar ó predicar á los demás hasta tanto que no tuviera falta alguna, no podría haber enseñanza ó predicación en el mundo. El que yerra nunca sería corregido, ni el malo reprobado. Al dar tal inteligencia á esas palabras de nuestro Señor las pondríamos en oposición con las de otros pasajes claros de la Escritura.

Parece que el objeto principal que nuestro Señor se propuso fue imprimir en el ánimo de los ministros y maestros la importancia de que sus hechos estén en armonía con sus principios.    El pasaje es una solemne amonestación para que no contradigamos  con nuestra vida lo que decimos con nuestros labios. El predicador jamás se granjeará la atención y el respeto de los cristianos si no practica lo que predica. La ordenación, los grados universitarios, los títulos pomposos, y las protestas ruidosas de pureza de doctrina, jamás ayudarán á los ministros del culto á predicar de una manera edificante, si sus oyentes los ven entregados á hábitos inmorales.

Pero sobre este punto pudieran decirse otras cosas de aplicación general. Esta es una lección que muchas otras personas, además de los ministros, deben aprovechar. Toda cabeza de familia, todos los amos de casa, todos los padres, todos los maestros de escuelas, todos los ayos, todos los institutores-deben acordarse con frecuencia de la "arista " y de la "viga." Todos ellos deben ver en las palabras de nuestro Señor la lección importante de que nada influye tanto en los demás como el guardar consecuencia. Plegué á Dios que nadie olvide esta lección.

Aprendemos finalmente en estos versículos que hay solo una prueba satisfactoria de la religiosidad del hombre. Esta prueba es su conducta.

Las palabras de nuestro Señor sobre este punto son claras é inequívocas. Hace uso del símil del árbol, y establece el principio general, "Cada árbol por su fruto es conocido." Pero nuestro Señor no se detiene ahí. Sigue adelante para enseñar que la conducta de un hombre es el índice del estado de su corazón. "De la abundancia del corazón habla la boca." Estos dos dichos son sumamente importantes. Ambos deben atesorarse con las máximas principales de nuestro Cristianismo.

Que sea pues un principio fijo de nuestra religión, que cuando una persona no produce fruto alguno del Espíritu, no tiene el Espíritu en su corazón. Rechacemos como error nefando la idea común de que todos los que han sido bautizados han experimentado el renacimiento, y que todos los miembros de la iglesia poseen el Espíritu Santo. Una pregunta sencilla debe servirnos de regla. ¿Qué fruto produce ese hombre? ¿Se arrepiente? ¿Cree de corazón en Jesús? ¿Vive una vida recta? ¿Vence al mundo? Resultados semejantes á estos son los que la Escritura llama "frutos." Cuando hay carencia de estos "frutos," es una blasfemia decir que uno tiene el Espíritu de Dios en su corazón.

Que sea también principio fijo que cuando la conducta de alguno es, en general, irreligiosa, de ahí debe inferirse que carece de la gracia divina y no se ha convertido. No nos dejemos llevar de la opinión común, que nadie puede saber cosa alguna acerca del estado del corazón de otro, y que aunque algunos estén viviendo inicuamente tienen en el fondo buen corazón. Estas opiniones están diametralmente opuestas á la enseñanza de nuestro Señor. ¿Es el carácter de la conversación de aquel hombre, carnal, mundano, irreligioso, impío, ó profano? Deduzcamos de ahí que así es también su corazón. Cuando la lengua, generalmente hablando, es mala, es absurdo, no menos que contrario á la Escritura, decir que su corazón es puro.

Concluyamos este pasaje haciendo un examen minucioso do nuestra propia vida y apliquémoslo para determinar el estado de nuestro corazón para con Dios. ¿Qué frutos está produciendo nuestra vida? ¿Son ó no frutos del Espíritu? ¿Qué testimonio dan nuestras palabras con respecto al estado de nuestros corazones? ¿Conversamos como hombres cuyos corazones son "justos en la presencia de Dios"? No hay modo de evadir la doctrina sentada por nuestro Señor en este pasaje. La conducta es la piedra de toque del carácter. Las palabras son el índice del estado del corazón.

NOTAS. LUCAS 6:39-45.

39. ¿Puede el ciego guiar al ciego? Nótese que esta es la segunda vez que nuestro Señor usa esta expresión. Véase Mat. 15:44.

40, El discípulo no es sobre su maestro. Por lo general se considera este versículo  como descriptivo de la suerte que, en este mundo, cae en lote á todos los creyentes, y como concordando con estas palabras: " Si me han perseguido á mí, también os perseguirán á vosotros." "Si han guardado mi palabra también guardarán la vuestra." Se cree que la perfección se obtiene por medio de lo sufrimientos. Pero el que esto escribe no puede interpretar el versículo en este sentido, por mucho que esté de acuerdo con los sanos principios de la teología. Para entender bien el versículo debe leerse en relación con el que le precede. En el versículo 39, nuestro Señor, bajo una parábola, había estado previniendo á sus oyentes contra  los falsas maestros.   Había estado comparando á estos guías ciegos, y enseñando que á un ciego guía á otro ciego, " ambos caen en el hoyo."   Después de proferir estas palabras parece haber previsto que á ellas se objetarían que de que nuestros maestros se desvíen no se sigue que también nos desviemos nosotros; y parece decirnos, "guardaos de este error."  Los discípulos no deben esperar entender las cosas mejor que sus maestros. El alumno llegará á ser tan perfecto como su profesor, pero no más. El primero copiará sin duda los errores del segundo, y reproducirá sus faltas.   Si os cuadra seguir á guías ciegos no os Diréis si nunca lograreis aventajarlos, y si fuereis partícipes en su perdición final.

41. La arista......la viga.  Toda esta expresión es claramente un proverbio citado con el objeto de contrastar figurativamente las faltas leves y las graves.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Los dos cimientos

Lucas 6.46-49

46  ¿Por qué me llamáis,  Señor,  Señor,  y no hacéis lo que yo digo?

47  Todo aquel que viene a mí,  y oye mis palabras y las hace,  os indicaré a quién es semejante.

48  Semejante es al hombre que al edificar una casa,  cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca;  y cuando vino una inundación,  el río dio con ímpetu contra aquella casa,  pero no la pudo mover,  porque estaba fundada sobre la roca.

49  Más el que oyó y no hizo,  semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra,  sin fundamento;  contra la cual el río dio con ímpetu,  y luego cayó,  y fue grande la ruina de aquella casa.

Los dos cimientos

Lucas 6.46-49 Mt. 7.24-27 24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

 

Comentarios de J. C. Ryle

Lucas 6.46-49

Se ha dicho con mucha verdad, que ningún sermón debiera concluir sin hacer alguna aplicación dirigida á las conciencias de los que lo oyen.

El pasaje que tenemos á la vista ofrece un ejemplo de esta regla, y confirma su exactitud. Es la conclusión solemne y penetrante, del discurso más solemne.

Observemos en estos versículos cuan antiguo y común es el pecado de no practicar y cumplir lo que se dice y se promete. Escrito está que nuestro Señor dijo: " ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?"   El mismo Hijo de Dios fue seguido de muchos que pretendían tributarle honor llamándolo, Señor, y que sin embargo no cumplían Sus mandamientos. El mal que nuestro Señor denuncia en estos versículos ha afligido en todos tiempos la iglesia de Dios.    Había existido seiscientos años antes del nacimiento de nuestro Señor, en el tiempo de Ezequiel: "Y vendrán á ti," dice este profeta, " como venida de pueblo, y asentarse han delante de ti mi pueblo; y oirán tus palabras, y no las harán, antes hacen escarnios con sus bocas y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia." Ezeq. 33:31. Existió también en la primitiva iglesia de Cristo en los días de Santiago. "Más sed hacedores de la palabra," dice, "y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos." Santiago 1:22. Es un mal que nunca ha cesado de prevalecer en toda la Cristiandad. Es una plaga destructora de las almas, que está arrastrando continuamente por el camino ancho de la perdición multitud de oyentes del Evangelio. El pecado que no se pone máscara para ocultar su fealdad, y la incredulidad declarada abiertamente arruinan sin duda a millares; más el pecado de que venimos hablando arruina á millares de millares.

Persuadámonos que ningún pecado indica tanta imbecilidad e insensatez. El sentido común basta para enseñarnos que el nombre y la forma del Cristianismo de nada nos aprovechan, en tanto que nuestros corazones permanezcan aferrados al pecado, y en tanto que llevemos una vida anticristiana. Debe sentarse como principio fijo en nuestra religión, que la obediencia es la única prueba perfecta de la fe que salva, y que las protestas de los labios son peor que inútiles, si no van acompañadas con la santificación de la vida. El hombre en cuyo corazón mora de veras el Espíritu Santo, jamás se contentará con estarse quieto, y sin hacer nada que demuestre su amor hacia Cristo.

Notemos en segundo lugar, en estos versículos, cuan á lo vivo nos pinta nuestro Señor la religión del hombre que no solamente oye la palabra de Cristo, sino que también cumple su voluntad. Lo compara á uno que, "edificando una casa, cavó, y ahondó, y puso el fundamento sobre roca."

Su religión puede costar mucho á ese hombre. Como la casa edificada sobre la roca, puede acarrearle penas, trabajos y abnegación; pues tiene que desechar el orgullo y la presunción, mortificar la carne rebelde, revestirse del amor y humildad de Cristo, cargar la cruz diariamente, y dar por perdidas todas las cosas por amor de Cristo-todo esto es en verdad difícil. Pero á semejanza de la casa edificada sobre la roca, tal religión se sostendrá firme. El torrente de las aflicciones puede dar contra ella impetuosamente, y las avenidas de las persecuciones pueden agolparse al rededor de sus paredes, más no caerá jamás. El Cristianismo en que los hechos están en armonía con las buenas palabras es un edificio sólido, inmóvil.

Observemos, finalmente, en estos versículos, que cuadro tan melancólico bosqueja nuestro Señor del hombre que oye las palabras de Cristo, pero no las observa. Lo compara á uno que edificó su casa sobre tierra sin fundamento.

Un hombre semejante puede parecer al principio muy religioso. Tal vez un ojo inexperto no descubra diferencia alguna entre su religión y la del cristiano verdadero. Ambos asisten acaso al culto en la misma iglesia; observan las mismas reglas, profesan la misma fe. La apariencia exterior de la casa edificada en la roca, y la de la casa sin ningún fundamento sólido, pueden ser casi lo mismo. Pero los padecimientos y las aflicciones son pruebas que el que profesa meramente una religión exterior no puede resistir.  Cuando la tormenta y la tempestad dan contra la casa que no tiene fundamento, las paredes que se levantaban tan orgullosas en días serenos y bonancibles, caen al suelo inevitablemente. El Cristianismo que consiste solamente en oír las lecciones de la religión, y no en practicarlas, es un edificio que tiene que derrumbarse. ¡Grande, en verdad, será la ruina!   No hay pérdida igual á la pérdida de un alma.

Este es un pasaje de la Escritura que debe despertar en nuestras mentes pensamientos muy solemnes. Los cuadros que presenta son de cosas que están pasando diariamente á nuestro rededor.  Por todos lados veremos á millares de personas construyendo, para la eternidad edificios fundados sobre una conformidad externa a las doctrinas del Cristianismo; esforzándose en amparar sus almas bajo vanos refugios; y contentándose con una mera apariencia de santidad. ¡Pocos son en verdad los que edifican sobre la roca, y grande es el ridículo y la persecución que tienen que sufrir! Muchos los que edifican sobre arena, y enormes son los chascos y reveses que experimentan como único fruto de su trabajo. Ciertamente, si jamás hubiera habido prueba de que el hombre es un ser caído é ignorante de las materias espirituales, la tendríamos en el hecho que muchos de los que reciben el bautismo en cada generación, persisten en fabricar sobre tierra deleznable.

¿Sobre qué cimiento estamos edificando nosotros? Esta es, al cabo, la pregunta que nos concierne. ¿Estamos edificando sobre la roca, ó sobre la arena? Gústanos oír el Evangelio; aceptamos todas sus doctrinas cardinales; y convenimos en todo lo que dice de Cristo y del Espíritu Santo, de la justificación y santificación, del arrepentimiento y de la fe, de la conversión y santidad, de la Biblia y de la oración; pero ¿qué estamos haciendo? ¿Cuáles son la historia diaria y práctica de nuestra vida, en público y en privado, en el seno de la familia y en contacto con el mundo? ¿Puede decirse que nosotros no solamente oímos las palabras de Cristo, sino que también las cumplimos?

La hora se acerca, y pronto llegará, en que se nos hagan preguntas como estas, y nosotros tendremos que contestarlas, ya nos gusten ó no. Á la hora de la angustia y del desamparo, de la enfermedad y de la muerte, se revelará si estamos sobre la roca, ó sobre la arena. Acordémonos de esto con tiempo; no nos chanceemos con nuestras almas. Procuremos creer y vivir, oír la voz de Cristo, y seguirle de tal manera que cuando sobrevengan las avenidas, y los torrentes den contra nosotros, nuestro edificio permanezca inmóvil.

NOTAS.    LUCAS 6:46-49.

48. Semejante es a un hombre. Al interpretar y explicar esta parábola debemos procurar no perder de vista su propio objeto é intención.

El objeto de la parábola no es enseñar la doctrina de la justificación, sino la necedad de las protestas de fe cristiana cuando no van acompañadas de la práctica cristiana, y la ruina inevitable á que tales protestas deben conducir si se persiste en ellas. Que Cristo es la roca verdadera sobre la cual debemos fundar nuestras esperanzas, y que no hay otra roca en que podamos mantenernos firmes, se nos enseña abundantemente en otros lugares. Pero no es esta la lección que contiene el pasaje que tenemos á la vista. Tiene por objeto precavernos contra el Antinomianismo. No lo olvidemos.

La costumbre de ajustar la Escritura á nuestras creencias y de darle un sentido que no corresponde á la intención de sus inspirados autores es práctica peligrosa. Produce indirectamente un efecto perjudicial en nuestra mente, y tiende á confundir a los ignorantes é indoctos.

49. Él que oye y no cumple. Las palabras sencillas de Juan Bunyan, cuando describe á Locuacidad en "El Viador," son una admirable explicación de este versículo.

"El alma de la religión es la parte práctica. La religión pura y sin mácula, delante de Dios y Padre, es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.'  Sant. 1:27. Locuacidad ignora tal cosa. Piensa que oyendo y hablando vendrá á ser un buen cristiano, y así se engaña á sí mismo."

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Lucas
J.C. C Ryle
Libros CLIE
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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