El Santo Evangelio según
San Marcos

Porque por gracia sois salvos

Búsqueda personalizada
Página principal

Página Principal
Regresar al listado del Santo Evangelio según San Marcos
Regresar al listado del Santo Evangelio según San Marcos
Locations of visitors to this page

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús enseña sobre el divorcio Marcos 10.1-12

1  Levantándose de allí,  vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán;  y volvió el pueblo a juntarse a él,  y de nuevo les enseñaba como solía.

2  Y se acercaron los fariseos y le preguntaron,  para tentarle,  si era lícito al marido repudiar a su mujer.

3  El,  respondiendo,  les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?

4  Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio,  y repudiarla. (Dt. 24.1-4 Mt. 5.31)

5  Y respondiendo Jesús,  les dijo:  Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; (Gn 1.27; 5.2)

pero al principio de la creación,  varón y hembra los hizo Dios.

Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre,  y se unirá a su mujer,

y los dos serán una sola carne;  así que no son ya más dos,  sino uno. (Gn. 2.24)

Por tanto,  lo que Dios juntó,  no lo separe el hombre.

10  En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo,

11  y les dijo:  Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra,  comete adulterio contra ella;

12  y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro,  comete adulterio.  (Mt. 5.32; 1 Co. 7.10-11)

Jesús enseña sobre el divorcio Marcos 10.1-12 Mt 19.1-12; Lc. 16.18

Mt 19.1-12 1  Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras,  se alejó de Galilea,  y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. 2  Y le siguieron grandes multitudes,  y los sanó allí. 3  Entonces vinieron a él los fariseos,  tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? 4  El,  respondiendo,  les dijo:  ¿No habéis leído que el que los hizo al principio,  varón y hembra los hizo, 5  y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre,  y se unirá a su mujer,  y los dos serán una sola carne? 6  Así que no son ya más dos,  sino una sola carne;  por tanto,  lo que Dios juntó,  no lo separe el hombre. 7  Le dijeron: ¿Por qué,  pues,  mandó Moisés dar carta de divorcio,  y repudiarla? 8  El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres;  mas al principio no fue así. 9  Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer,  salvo por causa de fornicación,  y se casa con otra,  adultera;  y el que se casa con la repudiada,  adultera. 10  Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer,  no conviene casarse. 11  Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto,  sino aquellos a quienes es dado. 12  Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre,  y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres,  y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto,  que lo reciba.

Lc. 16.18 Todo el que repudia a su mujer,  y se casa con otra,  adultera;  y el que se casa con la repudiada del marido,  adultera.

Marcos 10.4 Dt. 24.1-4; Mt. 5.31
Dt. 24.1-4
1  Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella,  si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente,  le escribirá carta de divorcio,  y se la entregará en su mano,  y la despedirá de su casa. 2  Y salida de su casa,  podrá ir y casarse con otro hombre. 3  Pero si la aborreciere este último,  y le escribiere carta de divorcio,  y se la entregare en su mano,  y la despidiere de su casa;  o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, 4  no podrá su primer marido,  que la despidió,  volverla a tomar para que sea su mujer,  después que fue envilecida;  porque es abominación delante de Jehová,  y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

Mt. 5.31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer,  dele carta de divorcio.

Marcos 10.6 Gn 1.27 Y creó Dios al hombre a su imagen,  a imagen de Dios lo creó;  varón y hembra los creó.; 5.2 Varón y hembra los creó;  y los bendijo,  y llamó el nombre de ellos Adán,  el día en que fueron creados.
Marcos 10.7-8 Gn. 2.24
Por tanto,  dejará el hombre a su padre y a su madre,  y se unirá a su mujer,  y serán una sola carne.

Marcos 10.11-12 Mt. 5.32; 1 Co. 7.10-11

Mt. 5.32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer,  a no ser por causa de fornicación,  hace que ella adultere;  y el que se casa con la repudiada,  comete adulterio.

1 Co. 7.10-11 10  Pero a los que están unidos en matrimonio,  mando,  no yo,  sino el Señor:  Que la mujer no se separe del marido; 11  y si se separa,  quédese sin casar,  o reconcíliese con su marido;  y que el marido no abandone a su mujer.

Comentarios J.C. Ryle

Marcos 10.1-12

E primer versículo de este pasaje muestra la paciencia y perseverancia de nuestro Señor Jesucristo como maestro. Se nos dice que vino "á los términos de la Judea al otro lado del Jordán; y el pueblo volvió á juntársele; y, como de costumbre, le enseñaba."

Á donde quiera que nuestro Señor iba, se ocupaba siempre de los negocios de su Padre, predicando, enseñando, y tratando de hacer bien á las almas. No perdía ninguna oportunidad. En toda la historia de su ministerio terrestre no vemos que ni un día permaneció ocioso. De El puede en verdad decirse que ''sembraba sobre las aguas," y que "por la mañana sembraba la semilla, y por la noche no paraba su mano." Isaías 32.20; Ecles. 11.6.

Y, sin embargo, nuestro Señor conocía los corazones de los hombres. Sabia muy bien que una gran proporción de sus oyentes era empedernida é incrédula. Sabía al hablar que la mayor parte de sus palabras caían al suelo sin que de ellas se cuidasen ni ocupasen, y que la mayor parte de las veces vano era el trabajo que se tomaba por la salud de las almas. Todo esto lo sabia, y, sin embargo, continuaba trabajando.

Debemos ver en este hecho un modelo perpetuo para todos los que tratan de hacer el bien, cualquiera que sea su empleo. No lo borren de su memoria los ministros y los misioneros, los profesores, los maestros de escuelas dominicales, los visitadores domiciliarios y agentes laicales, las cabezas de familia que presiden al culto doméstico, y las nodrizas que tienen niños á su cargo; que todos recuerden el ejemplo que les da Cristo y traten de seguirlo. No hemos de abandonar la enseñanza porque no palpemos el bien que produce; no debemos disminuir nuestros esfuerzos porque no veamos el fruto de nuestro trabajo. Trabajemos con constancia, teniendo siempre presente el gran principio, que nuestro es el deber, y los resultados son de Dios. Preciso es que haya aradores y sembradores así como segadores y otros que amarren las gavillas. El amo honrado paga á sus labradores según es la obra que hacen, y no según las mieses que crecen en sus campos. Nuestro Señor tratará de la misma manera el día final á todos sus servidores. Sabe que no llevan el éxito en sus manos; sabe que no pueden cambiar corazones, y los premiará según haya sido su trabajo, y .no por lo que este haya producido. No es al "siervo bueno y afortunado," sino al "siervo bueno y fiel" á quien dirá: "Entra en el gozo de tu Señor."  Mat. 25.21.

La mayor parte de este pasaje tiene por objeto mostrarnos la dignidad y la importancia del matrimonio. Es sabido que las opiniones dominantes entre los Judíos respecto á este particular, cuando nuestro Señor estuvo en la tierra, eran muy laxas y vulgares en extremo. No reconocían el carácter obligatorio del vínculo matrimonial Permitido era y muy común el divorcio por causas ligeras y aun triviales; y como una consecuencia muy natural, no se comprendían bien cuales eran los deberes de los maridos para con sus esposas, ni recíprocamente los de estas para con aquellos. Para mejorar este estado de cosas, nuestro Señor proclama una serie de principios santos y elevados. Se refiere á la institución original del matrimonio cuando la creación del mundo, como la unión de un hombre y de una mujer. Cita y prohija las palabras solemnes que se usaron en el matrimonio de Adán y Eva, como palabras que tienen una significación perpetua: "el hombre dejará á su padre y á su madre, y se unirá á su mujer; y serán dos en una carne."Y agrega este grave comentario á esas palabras: "Lo que Dios ha unido, que el hombre no separe." Finalmente, en contestación á las preguntas de sus discípulos, declara que el divorcio seguido de otro matrimonio, excepto en caso de infidelidad, es quebrantar el séptimo mandamiento.

Nunca se podrá exagerar la importancia de la cuestión que en este lugar decide nuestro Señor. Mucho debemos agradecerle que haya sido tan explícito y tan completo en la manifestación de su modo de pensar respecto á ella. El matrimonio es el fundamento del sistema social de las naciones; la moralidad pública, y la felicidad privada de las familias están profundamente interesadas en la cuestión de la ley sobre matrimonios. La experiencia de todas las naciones confirma de una manera notable lo sabio de la decisión de nuestro Señor en este pasaje. Es un hecho comprobado, que la poligamia, y el permiso de obtener divorcios por motivos; ligeros, tienen una tendencia directa á engendrar la inmoralidad. En una palabra, cuanto más se acerquen las leyes de un país sobra el matrimonio á la ley de Cristo, resultará que es más elevado el tono moral que reine en él

Todos los que están casados, ó se proponen casarse, deben meditar bien en lo que el Señor Jesucristo nos enseña en este pasaje. De todas las relaciones de la vida ninguna debe mirarse con más reverencia, ninguna contraerse con más cautela que la de marido y mujer. En ninguna otra se puede hallar más felicidad terrena si se contrae con discreción, cordura y temor de Dios; pero en ninguna otra tampoco pueden originarse más desgracias si se emprende ligera, necia y desacertadamente. No hay ningún acto en la vida que tanto beneficio pueda hacer al alma, si las voluntades y las manos se unen "en el Señor;" ninguno la perjudica más, si el capricho, la pasión, ó cualquier otro motivo mundano es la única causa que produce la unión. Salomón fue el más sabio de los hombres, y "sin embargo aun á él lo hicieron pecar las mujeres extranjeras." Neh. 13.26.

Hay desgraciadamente demasiada necesidad de imprimir estas verdades en el corazón de los hombres. Es una verdad muy triste que pocas determinaciones se toman en la vida, con tanta ligereza, tanto capricho y tal olvido de Dios como la de casarse. Pocos son los jóvenes que piensan en invitar á Cristo á sus bodas. Es un hecho melancólico pero cierto que los matrimonios desgraciados son una de las principales causas de las miserias y de las desgracias que tanto abundan en el mundo. Tarde descubren que se han equivocado, y llenan de amargura el resto de sus días. Felices los que al pensar en casarse observan estas tres reglas: la primera, casarse en el Señor y después de pedir en sus oraciones la aprobación y la bendición del. Señor ; la segunda, no esperar demasiado de su cónyuge, recordando que el matrimonio es la unión de dos pecadores, y no la de dos ángeles ; y la tercera, empeñarse primero y antes que todo en santificarse mutuamente. Los que más santamente se casan, son siempre los más felices: "Cristo amó á la iglesia, y se entregó á sí mismo por ella, para santificarla." Ef 5.25, 26.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús bendice a los niños

Marcos 10.13-16

13  Y le presentaban niños para que los tocase;  y los discípulos reprendían a los que los presentaban.

14  Viéndolo Jesús,  se indignó,  y les dijo: Dejad a los niños venir a mí,  y no se lo impidáis;  porque de los tales es el reino de Dios.

15  De cierto os digo,  que el que no reciba el reino de Dios como un niño,  no entrará en él. (Mt. 18.3)

16  Y tomándolos en los brazos,  poniendo las manos sobre ellos,  los bendecía.

Jesús bendice a los niños

Marcos 10.13-15 Mt. 19.13-15; Lc. 18.15-17

Mt. 19.13-15 13  Entonces le fueron presentados unos niños,  para que pusiese las manos sobre ellos,  y orase;  y los discípulos les reprendieron. 14  Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí,  y no se lo impidáis;  porque de los tales es el reino de los cielos. 15  Y habiendo puesto sobre ellos las manos,  se fue de allí.

Lc. 18.15-17 Traían a él los niños para que los tocase;  lo cual viendo los discípulos,  les reprendieron.

Marcos 10.15 Mt. 18.3 y dijo: De cierto os digo,  que si no os volvéis y os hacéis como niños,  no entraréis en el reino de los cielos.

Comentarios J.C. Ryle

Marcos 10.13-16

La escena que nos presentan estos cuatro versículos es interesante en extremo. Vemos que presentan á Cristo unos niños "para que los toque," y á los discípulos reñir á los que los habían traído. Se nos dice que Jesús vio aquello "muy disgustado," y reconvino á sus discípulos con palabras muy notables. Finalmente se nos relata, "que tomándolos en sus brazos, puso sus mano sobre ellos, y los bendijo."

Aprendamos, ante todo, en este pasaje, cuanta atención debe la iglesia de Cristo prestar á las almas de los niños. La Gran Cabeza de la Iglesia tuvo tiempo para ocuparse de ellos, aunque le era tan precioso mientras estuvo en la tierra, y aunque había tantos hombres y tantas mujeres que por todas partes perecían por falta de conocimiento, no creyó que era de poca importancia ocuparse de los niños. En su corazón infinito había lugar también para ellos, y manifestó la buena voluntad que les tenia con sus hechos y con sus acciones; y lo que no es menos, ha dejado consignadas respecto á ellos unas palabras que nunca olvidará su iglesia, "De tales es el reino de Dios."

No vayamos ni por un momento á imaginarnos que se puede con seguridad dejar abandonadas las almas de los niños. El carácter que en ellos se desarrolla y los distingue durante la vida depende muy mucho de lo que han visto y oído durante sus siete años primeros. Nunca son demasiado jóvenes para aprender el mal y el pecado; nunca tampoco lo son para recibir impresiones religiosas. Piensan á su manera, puerilmente, en Dios, y en sus almas y en un mundo venidero, más pronto y con más profundidad que lo que se imaginan muchos. Saben responder con más prontitud de lo que algunos piensan á los llamamientos que se dirigen á sus sentimientos de lo bueno y de lo malo; tienen conciencia. Dios en su misericordia no los ha dejado sin un testigo en sus corazones, aunque sus naturalezas estén corrompidas por la caída. Tienen un alma que vivirá eternamente en el cielo ó en el infierno. Nunca es demasiado pronto para empezar á guiarlos á Cristo.

Estas verdades deben ser profundamente meditadas por todos los que forman la iglesia de Cristo. Es deber preeminente de toda congregación cristiana ocuparse de la educación religiosa de los niños y proveer medios para ello. Los niños de ambos sexos de todas las familias deben ser enseñados tan pronto como puedan aprender, conducidos al culto público tan pronto como puedan estar en él con respeto, pues debe mirárseles con interés y afecto como la congregación futura que ocupará los lugares que dejemos vacíos con nuestra muerte. Esperemos confiados que Cristo bendiga todos los esfuerzos que hagamos en hacer bien á los niños.

Ninguna iglesia puede considerarse en una condición moralmente saludable que descuida á sus niños y jóvenes, y excusa su pereza alegando "que los jóvenes tienen que ser jóvenes," y que es inútil empeñarse en hacerles bien; tal iglesia muestra claramente que no ha comprendido el espíritu de Cristo. Una congregación que no se compone sino de personas crecidas, cuyos hijos están holgazaneando en casa ó corriendo por campos y por calles, es el espectáculo más deplorable y más poco satisfactorio que se puede contemplar. Los miembros de congregaciones tales podrán estar orgullosos por su número ó por la ortodoxia de sus creencias; estar satisfechos con las repetidas aserciones de la imposibilidad de cambiar el corazón de sus hijos, y que Dios los convertirá el día que así lo juzgue conveniente; pero sepan que tienen aún que aprender que Cristo, los mira como infractores de un deber solemne, y que los cristianos que no emplean todos los medios de que pueden disponer para conducir sus hijos á Cristo están cometiendo un pecado muy grave.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El joven rico

Marcos 10.17-31

17  Al salir él para seguir su camino,  vino uno corriendo,  e hincando la rodilla delante de él,  le preguntó: Maestro bueno,  ¿qué haré para heredar la vida eterna?

18  Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno,  sino sólo uno,  Dios.

19  Los mandamientos sabes: No adulteres. (Ex. 20.14; Dt. 5.18)  No mates. (Ex. 20.13; Dt. 5.17)   No hurtes.   (Ex. 20.15; Dt. 5.19)No digas falso testimonio. (Ex. 20.16, Dt. 5.20)  No defraudes.  Honra a tu padre y a tu madre. (Ex. 20.12; Dt. 5.16)

20  El entonces,  respondiendo,  le dijo: Maestro,  todo esto lo he guardado desde mi juventud.

21  Entonces Jesús,  mirándole,  le amó,  y le dijo:  Una cosa te falta:  anda,  vende todo lo que tienes,  y dalo a los pobres,  y tendrás tesoro en el cielo;  y ven,  sígueme,  tomando tu cruz.

22  Pero él,  afligido por esta palabra,  se fue triste,  porque tenía muchas posesiones.

23  Entonces Jesús,  mirando alrededor,  dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

24  Los discípulos se asombraron de sus palabras;  pero Jesús,  respondiendo,  volvió a decirles: Hijos,  ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios,  a los que confían en las riquezas!

25  Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja,  que entrar un rico en el reino de Dios.

26  Ellos se asombraban aun más,  diciendo entre sí: ¿Quién,  pues,  podrá ser salvo?

27  Entonces Jesús,  mirándolos,  dijo: Para los hombres es imposible,  más para Dios,  no;  porque todas las cosas son posibles para Dios.

28  Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí,  nosotros lo hemos dejado todo,  y te hemos seguido.

29  Respondió Jesús y dijo:  De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa,  o hermanos,  o hermanas,  o padre,  o madre,  o mujer,  o hijos,  o tierras,  por causa de mí y del evangelio,

30  que no reciba cien veces más ahora en este tiempo;  casas,  hermanos,  hermanas,  madres,  hijos,  y tierras,  con persecuciones;  y en el siglo venidero la vida eterna.

31  Pero muchos primeros serán postreros,  y los postreros,  primeros.  

(Mt. 20.16; Lc. 13.30)

El joven rico

Marcos 10.17-31 Mt. 19.16-30; Lc. 18.18-30

Mt. 19.16-30 16  Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno,  ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 17  El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Más si quieres entrar en la vida,  guarda los mandamientos. 18  Le dijo: ¿Cuáles?  Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. 19  Honra a tu padre y a tu madre;  y,  Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 20  El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.  ¿Qué más me falta? 21  Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto,  anda,  vende lo que tienes,  y dalo a los pobres,  y tendrás tesoro en el cielo;  y ven y sígueme. 22  Oyendo el joven esta palabra,  se fue triste,  porque tenía muchas posesiones. 23  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo,  que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24  Otra vez os digo,  que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja,  que entrar un rico en el reino de Dios. 25  Sus discípulos,  oyendo esto,  se asombraron en gran manera,  diciendo: ¿Quién,  pues,  podrá ser salvo? 26  Y mirándolos Jesús,  les dijo: Para los hombres esto es imposible;  mas para Dios todo es posible. 27  Entonces respondiendo Pedro,  le dijo: He aquí,  nosotros lo hemos dejado todo,  y te hemos seguido;  ¿qué,  pues,  tendremos? 28  Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración,  cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria,  vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos,  para juzgar a las doce tribus de Israel. 29  Y cualquiera que haya dejado casas,  o hermanos,  o hermanas,  o padre,  o madre,  o mujer,  o hijos,  o tierras,  por mi nombre,  recibirá cien veces más,  y heredará la vida eterna. 30  Pero muchos primeros serán postreros,  y postreros,  primeros.

Lc. 18.18-30 18  Un hombre principal le preguntó,  diciendo: Maestro bueno,  ¿qué haré para heredar la vida eterna? 19  Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno,  sino sólo Dios. 20  Los mandamientos sabes: No adulterarás;  no matarás;  no hurtarás;  no dirás falso testimonio;  honra a tu padre y a tu madre. 21  El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22  Jesús,  oyendo esto,  le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes,  y dalo a los pobres,  y tendrás tesoro en el cielo;  y ven,  sígueme. 23  Entonces él,  oyendo esto,  se puso muy triste,  porque era muy rico. 24  Al ver Jesús que se había entristecido mucho,  dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25  Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja,  que entrar un rico en el reino de Dios. 26  Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién,  pues,  podrá ser salvo? 27  El les dijo: Lo que es imposible para los hombres,  es posible para Dios. 28  Entonces Pedro dijo: He aquí,  nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. 29  Y él les dijo:  De cierto os digo,  que no hay nadie que haya dejado casa,  o padres,  o hermanos,  o mujer,  o hijos,  por el reino de Dios,  30  que no haya de recibir mucho más en este tiempo,  y en el siglo venidero la vida eterna.

Marcos 10.19 Ex. 20.14; Dt. 5.18

Ex. 20.14 No cometerás adulterio.

Dt. 5.18 No cometerás adulterio.

Marcos 10.19 Ex. 20.13; Dt. 5.17

Ex. 20.13 No matarás.

Dt. 5.17 No matarás.

Marcos 10.19 Ex. 20.15; Dt. 5.19

Ex. 20.15 No hurtarás.

Dt. 5.19 No hurtarás.

Marcos 10.19 Ex. 20.16, Dt. 5.20

Ex. 20.16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Dt. 5.20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.

Marcos 10.19 Ex. 20.12; Dt. 5.15

Ex. 20.12 Honra a tu padre y a tu madre,  para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

Dt. 5.16 Honra a tu padre y a tu madre,  como Jehová tu Dios te ha mandado,  para que sean prolongados tus días,  y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.

Marcos 10.31 Mt. 20.16; Lc. 13.30

Mt. 20.16 Así,  los primeros serán postreros,  y los postreros,  primeros;  porque muchos son llamados,  mas pocos escogidos.

Lc. 13.30 Y he aquí hay postreros que serán primeros,  y primeros que serán postreros.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Nuevamente Jesús anuncia su muerte

Marcos 10.32-34

32  Iban por el camino subiendo a Jerusalén;  y Jesús iba delante,  y ellos se asombraron,  y le seguían con miedo.  Entonces volviendo a tomar a los doce aparte,  les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer:

33  He aquí subimos a Jerusalén,  y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas,  y le condenarán a muerte,  y le entregarán a los gentiles;

34  y le escarnecerán,  le azotarán,  y escupirán en él,  y le matarán;  mas al tercer día resucitará.

Nuevamente Jesús anuncia su muerte

Marcos 10.32-34 Mt. 20.17-19; Lc. 18.31-34

Mt. 20.17-19 17  Subiendo Jesús a Jerusalén,  tomó a sus doce discípulos aparte en el camino,  y les dijo: 18  He aquí subimos a Jerusalén,  y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas,  y le condenarán a muerte; 19  y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan,  le azoten,  y le crucifiquen;  mas al tercer día resucitará.

Lc. 18.31-34 31  Tomando Jesús a los doce,  les dijo: He aquí subimos a Jerusalén,  y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. 32  Pues será entregado a los gentiles,  y será escarnecido,  y afrentado,  y escupido. 33  Y después que le hayan azotado,  le matarán;  mas al tercer día resucitará. 34  Pero ellos nada comprendieron de estas cosas,  y esta palabra les era encubierta,  y no entendían lo que se les decía.

Comentarios J.C. Ryle

Marcos 10.17-27

La historia que acabamos de leer se relata nada menos que tres veces en el Nuevo Testamento. Mateo, Marcos y Lucas fueron todos inspirados por el mismo Espíritu al escribirla para nuestra enseñanza. No debe dudarse que hay un propósito muy sabio en la triple repetición de los mismos hechos y de hechos tan sencillos. El objeto es indicarnos que las enseñanzas que se desprenden del pasaje merecen una atención particular de la iglesia de Cristo.

Aprendamos, ante todo, en este pasaje, la ignorancia que tiene el hombre de sí mismo.

Se nos habla de uno que ''vino corriendo" á donde estaba nuestro Señor, y que "se arrodilló ante El y le dirigió" la solemne cuestión, "¿Qué haré para heredar la vida eterna?" Á primera vista había mucho en el hombre que prometía bien. Se ocupaba de cuestiones espirituales, cuando la mayor parte de los que lo rodeaban estaban descuidados é indiferentes. Mostraba disposición á reverenciar á nuestro Señor arrodillándose ante El, mientras que los escribas y los fariseos lo despreciaban. Sin embargo, este hombre ignoraba Completamente el estado de su corazón. Oye á nuestro Señor recitar los mandamientos que fijan nuestros deberes respecto al prójimo, é inmediatamente declara, "Todos esos los ha observado desde mi juventud." La naturaleza íntima de la lev moral, su aplicación á nuestros pensamientos, á nuestras palabras y acciones son puntos de que está completamente ignorante.

Es, por desgracia, muy común la ceguedad espiritual de que aquí se da muestra. Millares de los que se llaman cristianos en el día no tienen la más remota idea de su pecabilidad y de sus culpas ante los ojos de Dios. Se lisonjean de no haber hecho nada malo. No han asesinado, ni robado, ni cometido adulterio, ni han sido testigos falsos; por tanto, no pueden correr mucho peligro de dejar de ir al cielo."Olvidan la santidad del Dios con quien tienen que tratar; olvidan las repetidas veces que violan su ley de pensamiento o intención, aunque su conducta externa sea muy arreglada. Nunca estudian algunas partes de la Escritura, por ejemplo, el capítulo quinto de S. Mateo, ó si lo hacen es como si tuvieran un velo tupido sobre sus corazones, y no se los aplican. El resultado es que marchan envueltos en su propia rectitud. Como la iglesia de Laodicea están "ricos y abundan en bienes, y de nada necesitan." Rev. 3:17. Viven satisfechos de sí mismos, y así con frecuencia mueren.

Guardémonos de ese estado del alma. Mientras creemos que podemos guardar la ley de Dios, Cristo de nada nos aprovecha. Pidamos á Dios el donde conocernos. Pidamos al Espíritu Santo que nos convenza de pecado, que nos muestre nuestros corazones, a santidad de Dios, la necesidad en que estamos de Cristo. Feliz el que ha aprendido por experiencia el significado de estas palabras de Pablo, "Así que yo sin la ley vivía en un tiempo; mas venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí." Rom. 7: 9 Marchan unidas la ignorancia de la Ley y la del Evangelio. Aquel cuyos ojos se han abierto realmente á la espiritualidad de los mandamientos, no descansará hasta no encontrar á Cristo.

Aprendamos, además, en esta pasaje, el amor de Cristo á los pecadores.

Es esta una verdad que pone en relieve la expresión que usa S. Marcos, cuando en su narración de la historia del hombre dice, que "Jesús, fijando en él la vista, lo amó." Ese amor, sin duda, era piedad y compasión. Nuestro Señor observó compadecido la extraña mezcla de fervor é ignorancia que tenia en su presencia. Vio lleno de piedad aquella alma luchando en toda la debilidad y miseria que la caída produce, vio aquella conciencia inquieta con la convicción de necesitar ayuda, vio aquella inteligencia rodeada de tinieblas y ciega sin ver los primeros rudimentos de la religión espiritual. Así como contemplamos un noble edificio en ruinas, destechado, cuarteadas sus paredes, é inútil, mostrando aún muchas señales de la habilidad con que fue ideado y fabricado, así nos imaginamos que Jesús con tierna solicitud contemplaba el alma de este hombre.

No debemos olvidar que Jesús ama y compadece las almas de los impíos; indudable es que siente un amor especial hacia los que oyen su voz y lo siguen; son las ovejas que el Padre le ha dado. Y las vigila con especial cuidado. Son su Esposa, enlazados á El por un pacto eterno, y les son caros como partes de El mismo. El corazón de Jesús es un corazón muy grande: en él abundan la piedad, la compasión, y un tierno interés por los que están hundidos en el pecado y esclavizados al mundo. Aquel que lloró por la incrédula Jerusalén es siempre el mismo; aún desea recoger en su seno al ignorante y al que se cree justo, al infiel y al impenitente, con tal que deseen ser recogidos. Mat. 23.37. Podemos decir con confianza al pecador más empedernido que Cristo lo ama. Hay salvación preparada para el peor de los hombres, si quiere dirigirse á Cristo. Si los hombres permanecen perdidos, no es porque Jesús no los ame, ni esté dispuesto á salvarlos. Palabras solemnes que El ha pronunciado nos revelan ese misterio: "Los hombres aman la oscuridad más que la luz." "No queréis; venir á mí para que tengáis vida." Juan 3:19; 5: 40.

Aprendamos, finalmente, en este pasaje, el gran peligro del amor del dinero. Es una lección que se nos inculca dos veces. Una vez se desprende de la conducta del hombre cuya historia se nos relata aquí. Con todo el deseo que manifestaba de conseguir la vida eterna, amaba más su dinero que su alma. "Partió afligido." Y por segunda vez se proclama en las solemnes palabras que nuestro Señor dirigió á sus discípulos, " Que difícil es que los que tienen riquezas entren en el reino de Dios." "Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios." El día final tan solo probará de una manera completa '.a verdad de estas palabras.

Pongámonos en guardia contra el amor del oro; es un lazo para el pobre lo mismo que para el rico. Lo que pierde el alma, no es tanto poseer riquezas como confiar en ellas. Pidamos á Dios el sentirnos satisfechos con lo que poseemos. La sabiduría más elevada es pensar con S. Pablo, cuando dice, "He aprendido á estar contento con el estado en que me encuentro, cualquiera que este sea." Filip. 4:11.

 

Comentarios J.C. Ryle

Marcos 10.28-34

Lo primero que debe fijar nuestra atención en estos versículos es la gloriosa promesa que en ellos se contiene. El Señor  Jesús dice á sus discípulos, "En verdad os digo, que no hay hombre que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por amor mío y del Evangelio, que no reciba centuplicado, ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, é hijos, y heredades, con persecuciones, y en el mundo venidero la vida eterna."

Hay pocas promesas más extensas que esta en la Palabra de Dios. De cierto que no hay ninguna que dé más ánimo para aceptar la vida actual. Contemplen esta promesa todos los tímidos y flojos de corazón en el servicio de Cristo. Estudien bien esta promesa, y beban en ella su consuelo todos los que están sufriendo trabajos y tribulaciones por causa de Cristo.

A todos los que se sacrifican por el Evangelio, Jesús promete resarcirles sus sacrificios " centuplicados, ahora en este tiempo."No solamente tendrán perdón y gloria en el mundo venidero, sino que aquí, en la tierra, tendrán esperanzas, y alegrías, y consuelos suficientes á compensar las pérdidas que hayan sufrido. Encontrarán en la comunión de los santos, nuevos amigos, nuevos parientes, nuevos compañeros, más amantes, fieles y valiosos que los que tuvieron antes de su conversión. El verse recibidos en la familia de Dios será abundante recompensa por la exclusión en que se encuentren de la sociedad de este mundo. Esto podrá resonar en muchos oídos como algo increíble y sorprendente; pero muchos saben por experiencia que es verdad.

Á todos los que se sacrifican por el Evangelio, Jesús promete "vida eterna en el mundo venidero." Tan pronto como abandonen su tabernáculo terreno, comenzarán una existencia gloriosa, y el día de la resurrección gozarán de honores y alegrías tales quo exceden la comprensión humana. Sus ligeras aflicciones de unos pocos años terminarán en recompensas eternas. Sus combates y pesares mientras han estado en el cuerpo, se cambiarán en un reposo perfecto y en una corona triunfal. Vivirán en un mundo en que no hay muerte, ni pecado, ni diablo, ni cuidados, ni lloros, ni separaciones, pues todas las cosas antiguas habrán pasado. Dios lo ha dicho, y se verá que todo es verdad.

En donde está el santo que se atreva á decir, oyendo estas gloriosa» promesas, que no hay estímulos para servir á Cristo? ¿En donde está el hombre ó la mujer que en la carrera del cristiano siente que sus manos empiezan á caer y sus rodillas á Saquear? Que mediten este pasaje y cobren nuevo valor. El tiempo es corto; el fin es seguro; podrán sentirse pesados durante una noche, pero el gozo viene con la mañana. Confiemos pacientemente en el Señor

Lo que, en segundo lugar, reclama nuestra atención en estos versículos, es el solemne apercibimiento que contienen. El Señor Jesús veía la presunción secreta de sus discípulos, y quiso cortar el vuelo á sus altos pensamientos con algunas palabras oportunas. "Muchos que son primeros serán últimos, y los últimos primeros."

¡Que verdad no encierran estas palabras aun aplicadas á los doce apóstoles! Entre los que oían á nuestro Señor se encontraba un hombre que por algún tiempo pareció ser uno de los más preeminentes de los doce. Tenía á su cuidado el tesoro y guardaba lo que en él se ponía; y, sin embargo, ese hombre cayó y tuvo un fin desastroso. Se llamaba Judas Iscariote. Por el contrarío, entre los oyentes de nuestro Señor no se encontraba aquel día uno que en época posterior hizo más por Cristo que todos los doce. Cuando nuestro Señor hablaba así era aún un joven fariseo, que se educaba á los pies de Gamaliel, y que por nada sentía tanto celo como por la ley. Y, sin embargo, ese joven al fin fue convertido á la fe de Cristo, no se quedó atrás de los principales de los apóstoles, y trabajó más que todos. Su nombre era Saulo. Con razón dijo nuestro Señor, "los primeros serán últimos, y los últimos primeros."

¡Que verdaderas son esas palabras, cuando las aplicamos á la historia de las iglesias cristianas! Hubo un tiempo que el Asia Menor, la Grecia, y el África Septentrional estaban llenas de cristianos, mientras que la Inglaterra y la América eran países paganos. Mil y seiscientos años han producido un gran cambio. Las iglesias de África y de Asia se han hundido en una ruina completa, al mismo tiempo que las iglesias de Inglaterra y de América están trabajando en extender por el mundo el Evangelio. Con razón pujo decir nuestro Señor que "los primeros serán los últimos, y los últimos primeros."

¡Cuan verdaderas parecen estas palabras á los creyentes, cuando registran bus pasadas vidas y recuerdan todo lo que han visto desde el día de su conversión! Cuantos empezaron á servir á Cristo en la misma época que ellos y al parecer marcharon bien por algún tiempo. ¿Pero en donde se encuentran ahora? El mundo ha cautivado á uno; falsas doctrinas han extraviado á otro; un matrimonio malo La echado á perder á un tercero; y pocos son los creyentes que no puedan recordar muchos casos parecidos. Pocos son los que al fin no descubren que " los últimos son a menudo los primeros, y los primeros últimos.'

Aprendamos á pedir en nuestras oraciones humildad al leer textos como este. No es bastante comenzar bien; debemos perseverar, y adelantar, y continuar en nuestra buena conducta. No nos contentemos con las primeras flores de algunas pocas convicciones religiosas, de alegrías, pesares, esperanzas y temores. Preciso es que produzcamos los buenos frutos de hábitos sentados, y arrepentimiento, fe y santidad. Feliz el que calcula el costo, y se decide, después de haber empezado á marchar por la senda estrecha, á nunca separarse de ella apoyándose en la gracia de Dios.

 

Finalmente, fijemos nuestra atención al leer este pasaje en la presciencia de nuestro Señor respecte a sus propios sufrimientos y á su muerte. Habla tranquila y deliberadamente á sus discípulos de su pasión que tendría lugar en Jerusalén. Va describiendo una tras otra todas las principales circunstancias que acompañarían su muerte. Nada reserva, nada oculta.

Marquemos esto bien. No hubo nada de involuntario ni imprevisto en la muerte de nuestro Señor. Fue resultado de su propia elección libre, determinada y deliberada. Desde el principio de su ministerio terrenal, vio siempre ante sí la cruz, y se dirigió á ella mártir voluntario. Sabia que su muerte era la reparación necesaria que debía hacerse para reconciliar al hombre con Dios. El había pactado que su sangre seria el precio de esa reparación y á ello se había obligado. Cuando llegó el tiempo señalado, como fiador fiel, cumplió su palabra, y murió por nuestros pecados en el Calvario.

Bendigamos á Dios por el Evangelio que nos presenta tal Salvador, tan fiel á las condiciones del pacto, tan dispuesto á sufrir, que con tan buena voluntad se sometiese por nosotros á ser tenido por pecador y por maldito. No dudemos que Aquel que cumplió su promesa de sufrir, cumplirá también la de salvar á iodos los que á El se acerquen. No lo aceptemos regocijados tan solo como nuestro Redentor y Abogado, si no que también pongamos con el mismo regocijo a su servicio nuestras personas y todo lo que poseemos. En verdad que si Cristo murió con tanto gusto por nosotros poco es exigir de los cristianos que vivan por El.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Petición de Santiago y de Juan

Marcos 10.35-45

35  Entonces Jacobo y Juan,  hijos de Zebedeo,  se le acercaron,  diciendo: Maestro,  querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.

36  El les dijo: ¿Qué queréis que os haga?

37  Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha,  y el otro a tu izquierda.

38  Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís.  ¿Podéis beber del vaso que yo bebo,  o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?

39  Ellos dijeron: Podemos.  Jesús les dijo:  A la verdad,  del vaso que yo bebo,  beberéis,  y con el bautismo con que yo soy bautizado,  seréis bautizados; (Lc. 12.50)

40  pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda,  no es mío darlo,  sino a aquellos para quienes está preparado.

41  Cuando lo oyeron los diez,  comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan.

42  Más Jesús,  llamándolos,  les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas,  y sus grandes ejercen sobre ellas potestad.

43  Pero no será así entre vosotros, (Lc. 22.25-26)  sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,

44  y el que de vosotros quiera ser el primero,  será siervo de todos.

(Mt. 23.11; Mr. 9.35; Lc. 22.26)

45  Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido,  sino para servir,  y para dar su vida en rescate por muchos.

Petición de Santiago y de Juan

Marcos 10.35-45 Mateo 20.20-28 20  Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos,  postrándose ante él y pidiéndole algo. 21  El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos,  el uno a tu derecha,  y el otro a tu izquierda. 22  Entonces Jesús respondiendo,  dijo: No sabéis lo que pedís.  ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber,  y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. 23  El les dijo: A la verdad,  de mi vaso beberéis,  y con el bautismo con que yo soy bautizado,  seréis bautizados;  pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda,  no es mío darlo,  sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. 24  Cuando los diez oyeron esto,  se enojaron contra los dos hermanos. 25  Entonces Jesús,  llamándolos,  dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas,  y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26  Mas entre vosotros no será así,  sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27  y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28  como el Hijo del Hombre no vino para ser servido,  sino para servir,  y para dar su vida en rescate por muchos.

Marcos 10.38 Lc. 12.50 De un bautismo tengo que ser bautizado;  y  ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!

Marcos 42-43 Lc. 22.25-26  25  Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas,  y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; 26  mas no así vosotros,  sino sea el mayor entre vosotros como el más joven,  y el que dirige,  como el que sirve.

Marcos 10.43-44 Mt. 23.11; Mr. 9.35; Lc. 22.26

Mt. 23.11 El que es el mayor de vosotros,  sea vuestro siervo.

Mr. 9.35 Entonces él se sentó y llamó a los doce,  y les dijo: Si alguno quiere ser el primero,  será el postrero de todos,  y el servidor de todos.

Lc. 22.26 mas no así vosotros,  sino sea el mayor entre vosotros como el más joven,  y el que dirige,  como el que sirve.

Comentarios J.C. Ryle

Marcos 10.35-45

Marquemos en este pasaje la ignorancia de los discípulos de nuestro Señor. Vemos á Santiago y á Juan pretendiendo los primeros puestos en el reino de la gloria, y al mismo tiempo declarar muy confiados que se encuentran capaces de beber del cáliz de su Maestro y de ser bautizados con el bautismo de su Maestro. A pesar de todas las amonestaciones tan claras de nuestro Señor se apegan obstinadamente á la creencia de que el reino de Cristo sobre la tierra iba á aparecer inmediatamente. A pesar de sus tropiezos en el servicio de Cristo, no tienen la menor duda de que podrán sufrir todo lo que sobre ellos caiga. Con toda su fe y su gracia, con todo su amor á Jesús, ni conocen sus corazones, ni la aspereza del camino en que marchan. Aun sueñan con coronas temporales y con recompensas terrestres, y no saben que clase de hombres son.

Pocos son los verdaderos cristianos que no se parecen á Santiago y á Juan, cuando empiezan á servir á Cristo. Tenemos demasiada propensión á esperar de nuestra religión más goces inmediatos de los que el Evangelio nos autoriza á aguardar. Estamos muy dispuestos á olvidar la cruz y las tribulaciones y á pensar solo en coronas. Nos formamos una idea falsa de nuestra paciencia y de nuestro sufrimiento, y no sabemos juzgar con exactitud la fuerza real que tenemos para resistir tentaciones y pruebas. Y el resultado es que con frecuencia compramos muy caro la sabiduría, con amarga experiencia, con muchos desengaños, y con no pocas caídas.

Que el caso que meditamos nos enseñe lo importante que es juzgar de nuestra religión con calma y una razón sólida. Derecho tenemos, como Santiago y Juan, de desear los dones más excelentes, y comunicar á Cristo todos nuestros deseos. Con justicia debernos creer como ellos que Jesús es Rey de reyes, y que reinará Un día sobre la tierra; pero no olvidemos, como ellos, que todo cristiano debe cargar con su cruz, y "que tenemos que entrar en el reino de Dios al través de muchas tribulaciones." Hechos 14.22. No confiemos demasiado, como ellos, en nuestras fuerzas, ni nos jactemos de poder hacer todo lo que Cristo nos exija. Guardémonos de esa jactancia al entrar en la senda de la vida cristiana, que, esta conducta nos salvará de muchos tropiezos humillantes.

Marquemos, en segundo lugar, en este pasaje, la alabanza quo nuestro Señor hace de la humildad, y de la consagración al bien del prójimo. Parece que los diez se disgustaron mucho con Santiago y Juan con motivo de la petición que hicieron á su Maestro. Su ambición y deseo de preeminencia se volvieron á exaltar con la idea de que alguno pudiera colocarse por encima de ellos. Nuestro Señor comprendió bien cuales eran sus sentimientos, y, como médico hábil, procedió inmediatamente á propinarles una medicina apropiada. Les dice que basaban sus ideas de grandeza en un cimiento falso; les repite con énfasis renovado la lección que ya les había dado en el capítulo precedente : "Cualquiera de vosotros que sea más grande, será el servidor de todos." Y apoya toda su demostración en el argumento concluyente de su propio ejemplo. "Aun el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir."

Que todo el que desee agradar á Cristo, esté en, guardia contra ese sentimiento de apreciación exagerada de si mismo, y pida á Dios en sus oraciones que lo cure de él; es un sentimiento que está arraigado profundamente en nuestros corazones. Muchos abandonaron el mundo, cargaron á cuestas con su cruz, profesaron prescindir de su propia justicia, y creer en Cristo, y se irritan y se afligen, cuando un hermano es más honrado que ellos. Esto no debe ser. Meditemos siempre en estas palabras de S. Pablo: "Nada hagáis por contienda ni por vanagloria; antes con humildad de espíritu, estimándoos inferiores los unos á los otros." Filip. 2.3. iBienaventurado el hombre que puede sinceramente regocijarse cuando otros son exaltados, aunque él mismo se vea olvidado y postergado!

Sobre todo, que los que desean seguir las huellas de Cristo, se empeñen en ser útiles á los demás. Propónganse hacer bien en sus días y en su generación. Vasto es el campo siempre para la beneficencia; lo que se necesita es voluntad é inclinación. No olvidemos nunca que la verdadera, grandeza no consiste en ser almirante, general, hombre de estado, ó artista. Estriba en sacrificarnos, en consagrar cuerpo y alma y espíritu á la obra bendita de hacer á nuestros prójimos más y más felices. Los que se ejercitan, usando los medios que la Escritura nos suministra, en aliviar los pesares y aumentar los goces de los que los rodean, los Howards, los Wilberforces, los Martyns, los Judsons de las naciones, esos son los verdaderamente grandes á los ojos de Dios. Mientras viven son objetos de burlas, de desprecios, del ridículo y muchas veces de las persecuciones. Pero en el cielo está el recuerdo de sus hechos, allí está escrito su nombre, y su alabanza es eterna. Recordemos esto, y mientras tengamos tiempo, hagamos bien á los hombres, y seamos siervos de todos por amor de Cristo. Esforcémonos por dejar el mundo mejor, más santo y más feliz que cuando nacimos. Una vida consumida de esa manera es verdaderamente imitar á Cristo, y lleva en sí su recompensa.

Notemos, por último, en este pasaje, el lenguaje que usa nuestro Señor al hablar de su propia muerte. Dice, "El Hijo del hombre vino á dar su vida en rescate por muchos."

Esta es una de esas expresiones que debían guardar como un tesoro en sus almas todos los verdaderos cristianos. Es uno de los textos que prueban de una manera incontrovertible el carácter expiatorio de la muerte de Cristo. Su muerte no fue una muerte común, como la de un mártir, ú otros santos. Fue el pago público que hizo un Representante. Omnipotente de lo que debía el hombre pecador al Dios santo. Era el rescate que un Fiador divino ofrecía para procurar la libertad de pecadores, atados y ligados por la cadena de sus pecados. Con esa muerte Jesús dio satisfacción plena y completa por las transgresiones sin cuento del hombre. En la cruz cargó nuestros pecados sobre su cuerpo. El Señor se cubrió con todas nuestras iniquidades, y cuando murió, murió por todos. Cuando sufrió, sufrió en nuestro lugar; cuando colgaba de la cruz, colgaba de ella como Sustituto nuestro, y su sangre que allí corrió, fue el precio de nuestras almas.

Que todos los que en Cristo confían se consuelen al pensar que se apoyan en sólido cimiento. Verdad es que somos pecadores, pero Cristo cargó sobre si nuestros pecados. Verdad es que somos deudores pobres y desvalidos, pero Cristo ha pagado nuestras deudas. Verdad es que merecemos vernos encerrados para siempre en la prisión del infierno; pero, gracias á Dios, Cristo ha pagado por completo nuestro rescate. La puerta está abierta de par en par, y los prisioneros pueden salir libres. Que todos por los. sentimientos de nuestro corazón tengamos la convicción de poseer ese privilegio, y marchemos en la bendita libertad de los hijos de Dios.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El ciego de Bartimeo recibe la vista

Marcos 10.46-52

46  Entonces vinieron a Jericó;  y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud,  Bartimeo el ciego,  hijo de Timeo,  estaba sentado junto al camino mendigando.

47  Y oyendo que era Jesús Nazareno,  comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús,  Hijo de David,  ten misericordia de mí!

48  Y muchos le reprendían para que callase,  pero él clamaba mucho más:  ¡Hijo de David,  ten misericordia de mí!

49  Entonces Jesús,  deteniéndose,  mandó llamarle;  y llamaron al ciego,  diciéndole: Ten confianza;  levántate,  te llama.

50  El entonces,  arrojando su capa,  se levantó y vino a Jesús.

51  Respondiendo Jesús,  le dijo: ¿Qué quieres que te haga?  Y el ciego le dijo: Maestro,  que recobre la vista.

52  Y Jesús le dijo: Vete,  tu fe te ha salvado.  Y en seguida recobró la vista,  y seguía a Jesús en el camino.

El ciego de Bartimeo recibe la vista

Marcos 10.46-52 Mt. 20.29-34; Lc. 18.35-43

Mt. 20.29-34  29  Al salir ellos de Jericó,  le seguía una gran multitud. 30  Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino,  cuando oyeron que Jesús pasaba,  clamaron,  diciendo:  ¡Señor,  Hijo de David,  ten misericordia de nosotros! 31  Y la gente les reprendió para que callasen;  pero ellos clamaban más,  diciendo:  ¡Señor,  Hijo de David,  ten misericordia de nosotros! 32  Y deteniéndose Jesús,  los llamó,  y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 33  Ellos le dijeron: Señor,  que sean abiertos nuestros ojos. 34  Entonces Jesús,  compadecido,  les tocó los ojos,  y en seguida recibieron la vista;  y le siguieron.

Lc. 18.35-43 35  Aconteció que acercándose Jesús a Jericó,  un ciego estaba sentado junto al camino mendigando; 36  y al oír a la multitud que pasaba,  preguntó qué era aquello. 37  Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno. 38  Entonces dio voces,  diciendo: ¡Jesús,  Hijo de David,  ten misericordia de mí! 39  Y los que iban delante le reprendían para que callase;  pero él clamaba mucho más:  ¡Hijo de David,  ten misericordia de mí! 40  Jesús entonces,  deteniéndose,  mandó traerle a su presencia;  y cuando llegó,  le preguntó, 41  diciendo: ¿Qué quieres que te haga?  Y él dijo: Señor,  que reciba la vista. 42  Jesús le dijo: Recíbela,  tu fe te ha salvado. 43  Y luego vio,  y le seguía,  glorificando a Dios;  y todo el pueblo,  cuando vio aquello,  dio alabanza a Dios.

Comentarios J.C. Ryle

Marcos 10.35-45

Leemos en estos versículos el relato de uno de los milagros de nuestro Señor. Vemos en él, según vamos leyendo, un vivido emblema, de las cosas espirituales. No estudiamos una historia que, como las hazañas de César y de Alejandro, no nos conduzca personalmente. Tenemos ante nosotros un cuadro en que debe interesarse mucho el alma de todo cristiano.

Tenemos aquí, en primer lugar, un ejemplo de una fe profunda. Se nos dice que al salir Jesús de Jericó, un hombre ciego llamado. Bartimeo "estaba sentado á la orilla del camino mendigando cuando oyó que era Jesús Nazareno, empezó á clamar, y á decir. "Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí."

Bartimeo era ciego de cuerpo, pero no de alma: tenía abiertos los ojos de la inteligencia. Veía cosas que Annas y Caifas, y otros sabios escribas y fariseos, nunca vieron ni remotamente. Vio que Jesús el Nazareno, apodo despreciativo que se le daba á nuestro Señor, que Jesús, que había vivido durante treinta años en una aldea oscura de la Galilea, que ese mismo Jesús era el Hijo de David, el Mesías que los profetas hacia tanto tiempo habían anunciado. No había presenciado ninguno de los milagros extraordinarios de nuestro Señor, no había tenido oportunidad da ver los muertos resucitar con una palabra, y los leprosos quedar curados con el contacto de su mano. Pero había oído la narración de los hechos portentosos de nuestro Señor, y había creído con oídos. Estaba satisfecho tan solo por oídas, que Aquel de quien tales, portentos se narraban debía ser el Salvador prometido, y debía ser capaz de curarlo. Y así es que cuando nuestro Señor se le acercó, exclamó, "Jesús, hijo de David, ten piedad de mí."

Pidamos á Dios fe semejante á esa y esforcémonos en obtenerla. Á. nosotros no nos es concedido tampoco ver á Jesús con los ojos del cuerpo; pero hemos oído hablar de su poder, de su gracia, y de su deseo de salvar, en el Evangelio tenemos promesas inmensas de sus propios labios, consignadas por escrito para nuestro estímulo; tengamos confianza implícita en esas promesas, y sin dudar entreguemos nuestras almas á Cristo. No temamos dar crédito absoluto á sus palabras llenas de gracia, y creer que cumplirá lo que ha prometido hacer por los pecadores. ¿Cual es el principio de la fe salvadora, sino aventurar el alma en manos de Cristo? ¿Cual es la vida de la fe que salva, sino apoyarse de continuo en la palabra de un Salvador invisible? ¿Cual es el primer paso del cristiano, sino gritar, como Bartimeo, "Jesús, ten misericordia de mí"? ¿Cual es la conducta diaria de todo cristiano, sino conservar el mismo espíritu de fe? "En el cual creyendo, aunque al presente no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y lleno de gloria." 1 Pedro 1.8.

Tenemos, en segundo lugar, en estos versículos, un ejemplo de determinación y perseverancia en medio de dificultades. Se nos dice que cuando Bartimeo empezó á gritar, "Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí," encentró poco apoyo en los que estaban cerca de él al contrario, "muchos le ordenaban que guardara silencio." Pero no era hombre de callarse. Si los demás no sabían lo desgraciado que es ser ciego, él lo sabía. Si los demás no creían que merecía la pena tomarse tanto afán, él pensaba de otra manera. No se ocupó de los reproches de los que estaban en torno suyo, ni hizo caso del ridículo que su importunidad probablemente le acarrearía. "Gritó cada vez más," y con sus clamores obtuvo su deseo, y recobró la vista.

Que todos los que desean salvarse marquen bien la conducta de Bartimeo, y sigan diligentemente sus huellas. Como él, no debemos cuidarnos de lo que los demás dicen y piensan do nosotros, cuando buscamos la cura de nuestras almas. No faltarán nunca personas que nos digan que es "muy temprano," ó "muy tarde;" que vamos " muy aprisa," ó " muy lejos;" quo no necesitamos ni orar tanto, ni leer tan de continuo la Biblia, ni manifestar tanta ansiedad por salvarnos. Como Bartimeo debemos por lo mismo exclamar más alto, "Jesús, ten misericordia de mí."

¿Por qué razón son los hombres tan tibios en buscar á Jesús? ¿Por qué tan pronto se desvían del camino que nos acerca á Dios, ó se detienen en él desalentados? Sencilla y corta es la respuesta: no están bien convencidos de sus pecados, de la enfermedad de sus almas, de la lepra de sus corazones. Cuando el hombre llega á tener la convicción de sus culpas, tales como son, no puede descansar hasta no obtener paz y perdón en Cristo. Entonces, como Bartimeo, contempla lo deplorable de la condición en que se encuentra y persevera, coma Bartimeo, y al fin queda curado.

Finalmente tenemos en estos versículos un ejemplo de la influencia apremiante que debe tener sobre nuestras almas la gratitud hacia Cristo. Bartimeo no volvió á su casa así que recobró la vista; no quiso dejar á Aquel de quien había recibido tan señalada merced. Consagró las nuevas facilidades que su cura le daba, al servicio del Hijo de David que lo había curado. Su historia concluye con esta tierna manifestación: " Siguió á Jesús en su camino."

Veamos en estas sencillas palabras el vivido emblema de los efectos que la gracia de Cristo debería producir en todo el que la experimenta. Debería convertirlo en un sectario de Cristo, é introducirlo con firmeza y estabilidad en la senda de la santidad. Gratuitamente perdonado, debería entregarse voluntaria y absolutamente al servicio de Cristo. Comprado por un precio tan valioso como lo es la sangre de Cristo, debería consagrarse de corazón al que lo redimió. Si la gracia se siente realmente, debería hacer exclamar al que la experimenta, " ¿Qué daré al Señor en cambio de todos sus beneficios?" Así aconteció con el apóstol Pablo cuando dice, "el amor de Cristo nos apremia." 2 Cor. 5.14. Así también debería acontecer hoy á todos los verdaderos cristianos. La persona que se jacta de interesarse por Cristo, y no sigue á Cristo en su vida, se engaña á sí mismo miserablemente, y destruye su alma. "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales," y solo ellos, "son hijos de Dios." Rom. 8.14.

¿Hemos abierto nuestros ojos para contemplar el Espíritu de Dios? ¿Hemos sido ya enseñados á ver bajo su verdadera luz el pecado, á Cristo, la santidad, y el cielo? ¿Podemos decir, "Una cosa sé, que antes estaba ciego, y ahora veo?" Si así es, sabremos por experiencia propia lo que hemos estado leyendo; si no, aun marchamos por la senda ancha que guía á la destrucción, y tenemos que aprenderlo todo.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
e-Sword
Versión 7.6.1
Copyright 200-2005
Rick Meyers
All Right reserved worldwide
E-Sword is given freely to all
To learn more visit:
www.e-sword.net/support.html
e-sword is a registered trademark of Rick

Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Marcos
J.C. C Ryle
Libros CLIE
Galvani, 115, Terrassa (Barcelona)

 

Ministerio 100% bíblico
Hacemos traducciones cristianas del Inglés - Español - Inglés
Consulta nuestro índice de libros que podemos traducir para tí.
Tenemos obras cristianas desde el siglo XV en formato electrónico.

"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

Este sitio está siendo desarrollado por:
Martha Iñiguez Moreno
Por favor, haga llegar cualquier comentario sobre el mismo a:

lady59cat@yahoo.com.mx


Ladycat