El Santo Evangelio según
San Marcos

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Los labradores malvados

Marcos 12.1-12

1  Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña,  (Is. 5.1-2) la cercó de vallado,  cavó un lagar,  edificó una torre,  y la arrendó a unos labradores,  y se fue lejos.

2  Y a su tiempo envió un siervo a los labradores,  para que recibiese de éstos del fruto de la viña.

Mas ellos,  tomándole,  le golpearon,  y le enviaron con las manos vacías.

Volvió a enviarles otro siervo;  pero apedreándole,  le hirieron en la cabeza,  y también le enviaron afrentado.

5  Volvió a enviar otro,  y a éste mataron;  y a otros muchos,  golpeando a unos y matando a otros.

Por último,  teniendo aún un hijo suyo,  amado,  lo envió también a ellos,  diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.

7  Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero;  venid,  matémosle,  y la heredad será nuestra.

Y tomándole,  le mataron,  y le echaron fuera de la viña.

9   ¿Qué,  pues,  hará el señor de la viña?  Vendrá,  y destruirá a los labradores,  y dará su viña a otros.

10  ¿Ni aun esta escritura habéis leído:

 La piedra que desecharon los edificadores

 Ha venido a ser cabeza del ángulo;

11  El Señor ha hecho esto,

 Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? (Sal. 118.22-23)

12  Y procuraban prenderle,  porque entendían que decía contra ellos aquella parábola;  pero temían a la multitud,  y dejándole,  se fueron.

Los labradores malvados

Marcos 12.1-12 Mt. 21.33-46M; Lc. 20.9-19

Mt. 21.33-46 33  Oíd otra parábola: Hubo un hombre,  padre de familia,  el cual plantó una viña,  la cercó de vallado,  cavó en ella un lagar,  edificó una torre,  y la arrendó a unos labradores,  y se fue lejos. 34  Y cuando se acercó el tiempo de los frutos,  envió sus siervos a los labradores,  para que recibiesen sus frutos. 35  Mas los labradores,  tomando a los siervos,  a uno golpearon,  a otro mataron,  y a otro apedrearon. 36  Envió de nuevo otros siervos,  más que los primeros;  e hicieron con ellos de la misma manera. 37  Finalmente les envió su hijo,  diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38  Mas los labradores,  cuando vieron al hijo,  dijeron entre sí: Este es el heredero;  venid,  matémosle,  y apoderémonos de su heredad. 39  Y tomándole,  le echaron fuera de la viña,  y le mataron. 40  Cuando venga,  pues,  el señor de la viña,  ¿qué hará a aquellos labradores? 41  Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia,  y arrendará su viña a otros labradores,  que le paguen el fruto a su tiempo. 42  Jesús les dijo:  ¿Nunca leísteis en las Escrituras: 

 La piedra que desecharon los edificadores, 

 Ha venido a ser cabeza del ángulo.

 El Señor ha hecho esto, 

 Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 43  Por tanto os digo,  que el reino de Dios será quitado de vosotros,  y será dado a gente que produzca los frutos de él. 44  Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado;  y sobre quien ella cayere,  le desmenuzará. 45  Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos,  entendieron que hablaba de ellos. 46  Pero al buscar cómo echarle mano,  temían al pueblo,  porque éste le tenía por profeta.

Lc. 20.9-19 9  Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña,  la arrendó a labradores,  y se ausentó por mucho tiempo. 10  Y a su tiempo envió un siervo a los labradores,  para que le diesen del fruto de la viña;  pero los labradores le golpearon,  y le enviaron con las manos vacías. 11  Volvió a enviar otro siervo;  mas ellos a éste también,  golpeado y afrentado,  le enviaron con las manos vacías. 12  Volvió a enviar un tercer siervo;  mas ellos también a éste echaron fuera,  herido. 13  Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré?  Enviaré a mi hijo amado;  quizás cuando le vean a él,  le tendrán respeto. 14  Mas los labradores,  al verle,  discutían entre sí,  diciendo: Este es el heredero;  venid,  matémosle,  para que la heredad sea nuestra. 15  Y le echaron fuera de la viña,  y le mataron.  ¿Qué,  pues,  les hará el señor de la viña? 16  Vendrá y destruirá a estos labradores,  y dará su viña a otros.  Cuando ellos oyeron esto,  dijeron: ¡Dios nos libre! 17  Pero él,  mirándolos,  dijo:  ¿Qué,  pues,  es lo que está escrito:

 La piedra que desecharon los edificadores  18  Todo el que cayere sobre aquella piedra,  será quebrantado;  más sobre quien ella cayere,  le desmenuzará.

19  Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora,  porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola;  pero temieron al pueblo.

Marcos 12.1 Is. 5.1-2 1Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña.  Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. 2  La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas;  había edificado en medio de ella una torre,  y hecho también en ella un lagar;  y esperaba que diese uvas,  y dio uvas silvestres.

Marcos 12.10-11 Sal. 118.22-23 22  La piedra que desecharon los edificadores

 Ha venido a ser cabeza del ángulo. 23  De parte de Jehová es esto,

 Y es cosa maravillosa a nuestros ojos.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 12.1-12

Los versículos que tenemos delante de nosotros contienen una parábola histórica. La historia de la nación judía, desde la época en que Israel salió de Egipto hasta la destrucción de Jerusalén, se nos presenta aquí como reflejada en un espejo. Bajo la figura de la viña y de los labradores, el Señor nos relata la historia de lo que Dios hizo por su pueblo durante mil y quinientos años. Estudiémosla atentamente, para que podamos aplicárnosla.

Observemos, en primer lugar, la bondad especial de Dios con la iglesia y la nación judía. Les concedió privilegios especiales. Los trató como el hombre hace con un pedazo de terreno que separa y cerca para plantar en él "una viña." Les dio buenas leyes y ordenanzas. Los estableció en una tierra buena, y por ellos lanzó da ella siete naciones. Desatendió naciones más grandes y poderosas para hacerles favor. No se ocupó ni de Egipto, ni de Siria, ni de Grecia, ni de Roma, y difundió sus misericordias como una lluvia de gracias sobre unos pocos millones de habitantes de Palestina. La viña del Señor era la casa de Israel. Ninguna familia bajo la bóveda de los cielos recibió privilegios tan señalados y distinguidos como la de Abrahán.

Y nosotros, los que vivimos en un país cristiano, ¿podemos decir que no hemos recibido de Dios misericordias especiales? No lo podemos decir. ¿Porque nuestro país no es pagano, como la China? ¿Porque nuestra tierra no es idólatra, como el Indostán? Esto lo debemos á un favor especial de Dios. No es por nuestra bondad ni por nuestros méritos, sino por la gracia gratuita de Dios, que nuestro país es lo que es entre las naciones. Seamos agradecidos por esas mercedes, y reconozcamos la mano que nos las envía. No seamos altaneros, sino humildes, no sea que provoquemos á Dios y nos retire sus mercedes.

Observemos, en segundo lugar, la paciencia y longanimidad de Dios con la nación judía. ¿Qué es su larga historia que registra el Viejo Testamento, sino una larga serie de repetidas provocaciones, y repetidos perdones? Leemos una y otra vez de profetas que le fueron enviados, de apercibimientos que le fueron dirigidos, y todo casi siempre en vano. Un siervo tras otro aparecieron en la viña de Israel, y demandaron sus frutos; y un siervo y otro fueron "despedidos con las manos vacías " por los labradores judíos, y la nación no produjo fruto ninguno para gloria de Dios. "Se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron las palabras de El, y maltrataron á sus profetas." 2 Crón. 36.16. Sin embargo, centenares de años transcurrieron antes que "el furor de Dios se despertase contra su pueblo, cuando ya no había remedio." Nunca hubo un pueblo al que tanta paciencia se mostrara como á Israel.

Y nosotros también, los que vivimos en este país afortunado ¿no tenemos que agradecer á Dios su largo sufrimiento? No hay duda que tememos motivos sobrados para decir que nuestro Señor es paciente. No nos trata cual nuestros pecados merecen, ni nos da el pago según son nuestras iniquidades. Bastantes veces lo hemos provocado á retirar nuestro candelero y á tratarnos como lo hizo con Tiro, Babilonia, y Roma. Sin embargo, aún continúan su longanimidad y su amorosa bondad. No presumamos demasiado de su bondad. Que de sus misericordias salga para nosotros un grito que nos llame á producir frutos, y á esforzarnos en abundar en esa rectitud que solo exalta y eleva á las naciones. Prov. 14.34. Que todas las familias de esta tierra comprendan que son responsables á Dios, y entonces veremos á toda la nación publicando sus alabanzas.

Observemos, en tercer lugar, la dureza y maldad de la humana naturaleza, tal como la muestra la historia del pueblo judío.

Difícil es imaginar una prueba más convincente de esta verdad, que el resumen de la conducta que observó Israel con los mensajeros de Dios, y que nuestro Señor bosqueja en esta parábola. Les envió en vano profeta tras profeta; milagros y milagros tuvieron lugar ante sus ojos sin producir ningún efecto duradero. El mismo Hijo de Dios, manifiesto en la carne, habitó entre ellos y "se apoderaron de El, y le mataron."

No hay verdad que menos se acepte y se crea que "la completa maldad " del corazón humano. Consideremos esta parábola siempre como una de las pruebas permanentes de dicha verdad. Veamos en ella lo que los hombres pueden hacer, en el completo goce de los privilegios que la religión confiere, rodeados de profecías y milagros, y en la presencia del Hijo mismo de Dios. "El espíritu carnal es enemistad contra Dios." Rom. 8.7. Nunca los hombres vieron á Dios cara á cara, sino cuando Jesús se hizo hombre, y vivió en la tierra. Lo vieron santo, inocente, puro, haciendo bien por do quiera que iba ; sin embargo, no quisieron recibirlo, se rebelaron contra El, y al fin le dieron muerte. Borremos de nuestra alma la idea de la bondad innata de nuestros corazones, ó de nuestra rectitud natural. Abandonemos la opinión tan común que un hombre se hace cristiano tan solo con ver y saber lo que es bueno. Grande es el experimento que se hizo con la nación judía. Nosotros también, como Israel, podríamos presenciar milagros, y tener profetas entre nosotros, y, como para Israel, ser todo eso inútil para nosotros. Solo el Espíritu de Dios puede cambiar los corazones. "Necesario nos es nacer otra vez." Juan 3.7.

Observemos, por último, que pueden los hombres sentir el aguijón de la conciencia, y continuar, no obstante, en su impenitencia. Los judíos, á quienes nuestro Señor dirigió la solemne parábola histórica de que nos venimos ocupando, vieron claramente que á olios se aplicaba. Comprendieron que ellos y sus progenitores eran los labradores á quienes se había arrendado la viña, y que debían dar cuentas á Dios de sus productos. Comprendieron que ellos y sus antepasados eran los labradores perversos, que habían rehusado pagar al Señor de la viña lo que se le debía, y que habían " maltratado vergonzosamente" á sus siervos, "golpeando á unos, y matando á otros." Sobre todo bien sabían que estaban tramando el postrer acto que había de coronar sus maldades, y que la parábola describía. Estaban pensando asesinar al Hijo amado, "arrojarlo fuera de la viña." Todo esto lo sabían perfectamente bien. "Sabían que había dicho esa parábola contra ellos."Pero aunque lo sabían, no se arrepintieron; aunque por sus conciencias estaban convictos, continuaban endurecidos en sus pecados.

Que este hecho terrible nos haga ver, que la creencia y la convicción no son suficientes para salvar el alma. Posible es que sepamos que hacemos mal, que no podamos negarlo, y que, no obstante, nos apeguemos con obstinación á nuestros pecados, y perezcamos en el infierno. Mudar el corazón y la voluntad es lo que todos necesitamos. Oremos fervorosamente por conseguirlo, y no descansemos hasta lograrlo, pues sin ese cambio no veremos nunca cristianos ni lograremos ir al cielo. Sin él atravesaremos la existencia, sabiendo, como los judíos, que somos malos, pero, como los judíos, perseverando en nuestra conducta, y muriendo en nuestros pecados.

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La cuestión del tributo

Marcos 12.13-17

13  Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos,  para que le sorprendiesen en alguna palabra.

14  Viniendo ellos,  le dijeron: Maestro,  sabemos que eres hombre veraz,  y que no te cuidas de nadie;  porque no miras la apariencia de los hombres,  sino que con verdad enseñas el camino de Dios.  ¿Es lícito dar tributo a César,  o no?  ¿Daremos,  o no daremos?

15  Más él,  percibiendo la hipocresía de ellos,  les dijo: ¿Por qué me tentáis?  Traedme la moneda para que la vea.

16  Ellos se la trajeron;  y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción?  Ellos le dijeron: De César.

17  Respondiendo Jesús,  les dijo: Dad a César lo que es de César,  y a Dios lo que es de Dios.  Y se maravillaron de él.

La cuestión del tributo

Marcos 12.13-17 Mt. 22.15-22; Lc. 20.20-26

Mt. 22.15-22 15  Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. 16  Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos,  diciendo: Maestro,  sabemos que eres amante de la verdad,  y que enseñas con verdad el camino de Dios,  y que no te cuidas de nadie,  porque no miras la apariencia de los hombres. 17  Dinos,  pues,  qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César,  o no? 18  Pero Jesús,  conociendo la malicia de ellos,  les dijo: ¿Por qué me tentáis,  hipócritas? 19  Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.

Mat 22:20  Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen,  y la inscripción? 21  Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad,  pues,  a César lo que es de César,  y a Dios lo que es de Dios. 22  Oyendo esto,  se maravillaron,  y dejándole,  se fueron.

Lc. 20.20-26 20  Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos,  a fin de sorprenderle en alguna palabra,  para entregarle al poder y autoridad del gobernador. 21  Y le preguntaron,  diciendo: Maestro,  sabemos que dices y enseñas rectamente,  y que no haces acepción de persona,  sino que enseñas el camino de Dios con verdad. 22  ¿Nos es lícito dar tributo a César,  o no? 23  Más él,  comprendiendo la astucia de ellos,  les dijo: ¿Por qué me tentáis? 24  Mostradme la moneda.  ¿De quién tiene la imagen y la inscripción?  Y respondiendo dijeron: De César. 25  Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César,  y a Dios lo que es de Dios. 26  Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo,  sino que maravillados de su respuesta,  callaron.

 

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 12.13-17

Observemos al comenzar este pasaje, como hombres de opiniones religiosas diferentes pueden unirse para hacerle la oposición á Cristo. Leemos, que los "fariseos y herodianos" se unieron  para pescar á nuestro Señor alguna palabra," y embarazarlo con una cuestión difícil. Los fariseos eran supersticiosos y formalistas, que no se cuidaban sino de las ceremonias externas de la religión. Los herodianos eran hombres mundanos, que despreciaban toda religión, y se ocupaban más de agradar á los hombres que á Dios. Sin embargo, cuando se presentó entre ellos un maestro que atacaba las pasiones dominantes de unos y otros, y no perdonaba ni al formalista ni al mundano, los vemos haciendo causa común, y uniéndose en un esfuerzo combinado para cerrarle los labios.

Así ha acontecido desde el principio del mundo, y podemos ver que lo mismo se repite hoy día. Los formalistas y los mundanos simpatizan muy poco, no aceptan sus principios respectivos, y se desprecian mutuamente. Pero hay algo que á ambos desagrada más, y es el Evangelio puro de Cristo. De aquí es que siempre que se presenta una oportunidad de hacerle la oposición al Evangelio, veremos siempre al mundano y al formalista hacer una liga para obrar de acuerdo. De ellos no debemos esperar misericordia; ninguna mostrarán. No debemos contar con sus divisiones, pues compaginarán siempre una alianza para resistir á Cristo.

Observemos, además, en este pasaje, la sutileza exquisita de la cuestión propuesta á nuestro Señor. Sus enemigos le preguntaron: " ¿Es legítimo pagar tributo á César, el emperador romano, ó no? ¿Le daremos, ó no?" Cuestión era esta, que á primera vista parecía imposible contestar sin peligro. Si nuestro Señor hubiera contestado, "Dad," los fariseos lo hubieron acusado ante los sacerdotes de que El consideraba la nación judía subyugada á Roma. Si nuestro Señor hubiera replicado, "No deis," los herodianos lo hubieran acusado ante Pilatos, como un sedicioso que predicaba rebelión contra el gobierno romano. El lazo habla estado bien tendido. Seguramente que en ello vemos la mano astuta y hábil de uno que es más poderoso que el hombre; allí estaba el diablo, la antigua serpiente.

Haríamos bien en recordar que de todas las cuestiones que han dejado perplejos á los cristianos, ninguna ha resultado ser tan intrincada y embarazosa, como lo que los fariseos y herodianos propusieron en este caso. Qué es lo que se debe dar á César, y qué á Dios; cuales son los limitas de los derechos de la iglesia, y en donde comienzan los derechos del estado ; que pretensiones civiles y cuales espirituales son legítimas ; todos estos son problemas profundos y enredados que ha sido difícil para los cristianos desatar, y casi imposible resolver. Oremos á Dios por vernos libres de ellos. Nunca sufre más la causa de Cristo como cuando el diablo logra arrastrar las iglesias á pleitos y cuestiones con el poder civil. En tales luchas se pierde un tiempo precioso, se emplean mal las fuerzas, los ministros se distraen de la obra que es propia de ellos, sufren las almas, y una victoria que la iglesia gane resulta ser poco menos que una derrota. "Señor, danos paz en nuestros días," es una plegaria de mucha significación, y que debería siempre encontrarse en los labios de los cristianos.

Observemos, en último lugar, la sabiduría maravillosa que mostró nuestro Señor en su respuesta á sus enemigos. Sus lisonjas no lo engañaron: "conocía su hipocresía." Sus ojos que todo lo veían descubrieron, que tenia en su presencia "vasijas de barro cubiertas do escorias de plata," Prov. 26.23; así es que no lo engañaron, como á muchos de Su pueblo, con su lenguaje pomposo y sus discursos elocuentes.

Hizo que lo que acostumbraban manejar diariamente sus enemigos le suministrara una respuesta á sus astutas cuestiones. Leí dijo que "Le llevaran un denario," moneda que tenían el hábito de usar. Pregúntales "de quien era la imagen y la inscripción " que se encontraban grabadas en aquel denario; y se vieron obligados á contestar "de César." Ellos mismos estaban usando una moneda romana, que había sido acuñada y puesta en circulación por el gobierno romano. Confesaban así ellos mismos que estaban bajo el poder de los romanos, pues, de otra manera, la moneda romana no hubiera tenido curso entre ellos. Inmediatamente nuestro Señor los reduce al silencio con esas memorables palabras: "Dad al César lo que es del César, y á Dios lo que es de Dios." Les ordena pagar tributo al gobierno romano de las cosas temporales, pues al usar su moneda se confesaban obligados á hacerlo; pero, al mismo tiempo, les manda prestar obediencia á Dios en todo lo que fuera espiritual, y que no fueran á suponer que los deberes que debemos llenar con un soberano terrenal y un soberano celeste son incompatibles. En una palabra, ordena al orgulloso fariseo no rehusar lo que debe á César, y al herodiano mundano no rehusar lo que debe á Dios.

Que esta decisión magistral nos enseñe este gran principio, que el verdadero Cristianismo no tiene que intervenir nunca con la obediencia que se debe tributar á los poderes civiles. Tan lejos está que así sea, que la verdadera religión de Cristo debe formar súbditos pacíficos, leales, y fieles, que consideren á los poderes existentes como "ordenados por Dios," y someterse á sus reglamentos y ordenanzas mientras la ley está vigente, aunque no los aprueben del todo. Si la ley de la tierra y la ley de Dios estuvieren en oposición, no hay duda que su conducta es obvia: deben obedecer á Dios antes que á los hombres; como los tres mancebos, aunque sirvan á un rey pagano, no deben prosternarse ante un ídolo. Como Daniel, aunque se sometan á un gobierno tiránico, no deben suspender sus oraciones para hacerse agradables á los que mandan.

Pidamos á menudo en nuestras oraciones provisión más abundante de ese espíritu de sabiduría que mora tan profusamente en nuestro bendito Señor. Muchos son los males que á la iglesia de Cristo se le han originado á consecuencia de las ideas torcidas respecto á las posiciones relativas que ocupan el gobierno de Dios y el civil. Muchos son los rompimientos y muchas las divisiones que se han ocasionado por no haberse formado una idea exacta de sus derechos respectivos. Feliz el que recuerda la decisión de nuestro Señor en este pasaje, la entiende bien, y la aplica apropiadamente a las circunstancias de la época en que vive.

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La pregunta sobre la resurrección

Marcos 12.18-27

18  Entonces vinieron a él los saduceos,  que dicen que no hay resurrección, (Hch. 23.8) y le preguntaron,  diciendo:

19  Maestro,  Moisés nos escribió (Dt. 25.5) que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa,  pero no dejare hijos,  que su hermano se case con ella,  y levante descendencia a su hermano.

20  Hubo siete hermanos;  el primero tomó esposa,  y murió sin dejar descendencia.

21  Y el segundo se casó con ella,  y murió,  y tampoco dejó descendencia;  y el tercero,  de la misma manera.

22  Y así los siete,  y no dejaron descendencia;  y después de todos murió también la mujer.

23  En la resurrección,  pues,  cuando resuciten,  ¿de cuál de ellos será ella mujer,  ya que los siete la tuvieron por mujer?

24  Entonces respondiendo Jesús,  les dijo: ¿No erráis por esto,  porque ignoráis las Escrituras,  y el poder de Dios?

25  Porque cuando resuciten de los muertos,  ni se casarán ni se darán en casamiento,  sino serán como los ángeles que están en los cielos.

26  Pero respecto a que los muertos resucitan,  ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza,  diciendo: Yo soy el Dios de Abraham,  el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? (Ex. 3.6)

27  Dios no es Dios de muertos,  sino Dios de vivos;  así que vosotros mucho erráis.

La pregunta sobre la resurrección

Marcos 12.18-27 Mt. 22.23-33; Lc. 20.27-40.

Mt. 22.23-33 23  Aquel día vinieron a él los saduceos,  que dicen que no hay resurrección,  y le preguntaron, 24  diciendo: Maestro,  Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos,  su hermano se casará con su mujer,  y levantará descendencia a su hermano. 25  Hubo,  pues,  entre nosotros siete hermanos;  el primero se casó,  y murió;  y no teniendo descendencia,  dejó su mujer a su hermano. 26  De la misma manera también el segundo,  y el tercero,  hasta el séptimo. 27  Y después de todos murió también la mujer. 28  En la resurrección,  pues,  ¿de cuál de los siete será ella mujer,  ya que todos la tuvieron? 29  Entonces respondiendo Jesús,  les dijo: Erráis,  ignorando las Escrituras y el poder de Dios. 30  Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento,  sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. 31  Pero respecto a la resurrección de los muertos,  ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios,  cuando dijo: 32  Yo soy el Dios de Abraham,  el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?  Dios no es Dios de muertos,  sino de vivos. 33  Oyendo esto la gente,  se admiraba de su doctrina.

Lc. 20.27-40 27  Llegando entonces algunos de los saduceos,  los cuales niegan haber resurrección,  le preguntaron, 28  diciendo: Maestro,  Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer,  y no dejare hijos,  que su hermano se case con ella,  y levante descendencia a su hermano. 29  Hubo,  pues,  siete hermanos;  y el primero tomó esposa,  y murió sin hijos. 30  Y la tomó el segundo,  el cual también murió sin hijos. 31  La tomó el tercero,  y así todos los siete,  y murieron sin dejar descendencia. 32  Finalmente murió también la mujer. 33  En la resurrección,  pues,  ¿de cuál de ellos será mujer,  ya que los siete la tuvieron por mujer? 34  Entonces respondiendo Jesús,  les dijo: Los hijos de este siglo se casan,  y se dan en casamiento; 35  más los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos,  ni se casan,  ni se dan en casamiento. 36  Porque no pueden ya más morir,  pues son iguales a los ángeles,  y son hijos de Dios,  al ser hijos de la resurrección. 37  Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar,  aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza,  cuando llama al Señor,  Dios de Abraham,  Dios de Isaac y Dios de Jacob. 38  Porque Dios no es Dios de muertos,  sino de vivos,  pues para él todos viven. 39  Respondiéndole algunos de los escribas,  dijeron: Maestro,  bien has dicho. 40  Y no osaron preguntarle nada más.

Marcos 18 Hch. 23.8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección,  ni ángel,  ni espíritu;  pero los fariseos afirman estas cosas.

Marcos 19 Dt. 25.5 Cuando hermanos habitaren juntos,  y muriere alguno de ellos,  y no tuviere hijo,  la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño;  su cuñado se llegará a ella,  y la tomará por su mujer,  y hará con ella parentesco.

Marcos 12.26 Ex. 3.6 Y dijo:  Yo soy el Dios de tu padre,  Dios de Abraham,  Dios de Isaac,  y Dios de Jacob.  Entonces Moisés cubrió su rostro,  porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 12.18-27

Estos versículos relatan una conversación entre nuestro Señor Jesucristo y los saduceos. Sabemos que la religión de estos era punto menos que infidelidad; decían "que no había resurrección." Ellos, como los fariseos, se imaginaron que enredarían á nuestro Señor con cuestiones difíciles y lo dejarían perplejo. La iglesia de Cristo no debe esperar que la traten mojar que á su Maestro. El formalismo por un lado, y la infidelidad por otro, son enemigos contra cuyos ataques debemos siempre estar bien preparados.

Aprendemos en este pasaje cuanta falta de rectitud se descubre á menudo en los argumentos de los incrédulos.

Prueba evidente de ello es la cuestión propuesta por los saduceos. Le cuentan de una mujer que se casó con siete hermanos sucesivamente, que no tuvo hijos, y que sobrevivió á sus siete maridos; y le preguntan de cual de esos siete seria " mujer en la resurrección."Bien puede sospecharse que el caso no era real sino supuesto, pues á primera vista se descubren razones muy fuertes para tenerlo por improbable. Pero lo que los saduceos querían era suscitarle dificultades, y, si fuera posible, reducir á nuestro Señor al silencio. No tenían el valor necesario para negar francamente la doctrina de la resurrección, y se reducían tan solo á insinuar sus consecuencias posibles.

Tres cosas tenemos que recordar si por nuestra desgracia nos vemos alguna vez obligados á argüir con incrédulos. Tratarán primero de apurarnos con las dificultades y los puntos más abstrusos de la religión, y especialmente con todo lo que se refiere al mundo venidero. Evitemos ese modo de argumentar en cuanto nos sea dable, porque es dejar el campo abierto para combatir en un carrizal. Procuremos que nuestra discusión gire sobre los hechos claros y evidentes del Cristianismo. Recordemos, en segundo lugar, que debemos ponernos en guardia contra la falta de candor, de rectitud y de franqueza en los argumentos que usen. Parecerá que el expresarse de esta manera es duro y poco caritativo, pero la experiencia prueba que es necesario hacerlo así. Millares de personas que profesaban ser incrédulos han confesado en sus últimos días que nunca habían estudiado la Biblia que negaban, y que aunque versados en las obras de los incrédulos y escépticos, nunca se habían detenido á examinar los fundamentos del Cristianismo. Sobre todo recordemos que los incrédulos tienen conciencia; apelemos siempre á ella con confianza. Los mismos que más claman contra la religión y con más desdén la tratan, tienen á menudo la convicción de estar errados en el mismo momento en que están hablando. Los argumentos de que se han burlado y que han ridiculizado, resultarán muchas veces haber sido vanos.

Aprendemos, en segundo lugar, en este pasaje, que el origen de muchos errores religiosos puede encontrarse en la ignorancia de la Biblia. Las primeras palabras de nuestro Señor en su contestación á los saduceos lo dicen con toda claridad. Así se expresa: " ¿No es que erráis, porque no conocéis las Escrituras?"

Lo exacto del principio que aquí se establece, está probado por hechos que han acontecido en todas las épocas de la iglesia. La reforma en los días de Josías estaba íntimamente enlazada con el descubrimiento que se hizo entonces del libro de la ley. Las falsas doctrinas de los judíos en los tiempos de nuestro Señor eran resultado del abandono en que se encontraban las Escrituras. Las edades más tenebrosas del Cristianismo se vieron cuando la Biblia se retiró de manos del pueblo, y las causas que produjeron la reforma protestante fueron principalmente la traducción y la circulación de la Biblia. Las iglesias más florecientes hoy día son las que honran la Biblia, y las naciones en que brilla la moral más pura son aquellas en que mejor se conoce la Biblia. Las parroquias en que hay más verdadera religión son aquellas en que más se estudia la Biblia, y las familias más santas son aquellas que más leen la Biblia. Estos son hechos que nadie puede negar

Grabemos profundamente esto en nuestro corazón, para que se vean sus frutos en nuestras vidas. No permanezcamos ignorando la Biblia, no sea que incurramos en errores mortales; antes al contrario leámosla con atención, y sea la regla de nuestra fe y el modelo de nuestra vida. Trabajemos por extender la Biblia en el mundo entero, pues cuanto más conocido sea ese libro, mejor será el mundo. No nos descuidemos por ningún motivo en enseñar á nuestros hijos á estimar la Biblia, que la mejor herencia que podemos dejarles es el conocimiento de las Escrituras.

Aprendamos, por último, en este pasaje, cuan diferente será la condición de todas las cosas después de la resurrección de la condición en que ahora vivimos. Nuestro Señor nos dice, que "cuando resuciten de los muertos, ni se casarán, ni se darán en matrimonio; sino que serán como los ángeles que están en el cielo."

Seria necio negar que haya muchas dificultades enlazadas con la doctrina de la vida futura; y así tiene que ser. El mundo más allá de la tumba no ha sido contemplado por ningún mortal y es por lo tanto desconocido. Es un misterio para nosotros las condiciones de la existencia allí, y cuanto más se nos hablara de ella, probablemente menos la comprenderíamos. Bástenos saber que los cuerpos de los santos resucitarán, y que aunque glorificados serán semejantes á los cuerpos que tuvieron en la tierra, tan semejantes, que los que antes los conocieron, los reconocerán entonces. Pero aunque resuciten con un cuerpo real y verdadero, los santos resucitados estarán exentos de todo lo que ahora se tiene como una prueba de debilidad y flaqueza; en la existencia futura del cristiano no habrá nada que se parezca al paraíso grosero y sensual de Mahoma. Hambre y sed no se sentirán, ni habrá necesidad de alimentarse Cansancio y agotamiento no se verán allí, no habrá necesidad de sueño. No habiendo ya muerte, inútiles serán los nacimientos para reponer los que perecen. Como gozarán en toda su plenitud de la presencia de Dios y de su Cristo, los hombres y las mujeres no necesitarán casarse por ayudarse mutuamente. Capaces de servir á Dios sin cansarse, de atenderlo sin distraerse, haciendo su voluntad de una manera perfecta, y viendo continuamente su rostro, revestidos de un cuerpo glorioso, serán "como los ángeles que están en el cielo."

¡Que consuelo tan grande para el verdadero cristiano! En el cuerpo que ahora tiene, á menudo " gime por estar sobrecargado," 2 Cor. 5.4, y por la convicción en que está de su debilidad é imperfección. Muchos cuidados lo ponen á prueba en este mundo- qué comerá, qué beberá, con qué se vestirá, como manejará sus negocios, en donde vivirá, que sociedad frecuentará. En el mundo venidero todo será cambiado; nada faltará para que su felicidad sea completa.

Debemos tan solo tener siempre presente una idea; esforcémonos en resucitar "para la resurrección de vida," y no "para la resurrección de condenación." Juan 5.29. Para el creyente en Jesucristo, la resurrección será la más grande de las bendiciones ; para el mundano, para el impío, para el profano, la resurrección será una miseria y una maldición. No descansemos hasta que nosotros moremos en Cristo y Cristo en nosotros, y entonces sí que podemos esperar regocijados la vida venidera.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El gran mandamiento

Marcos 12.28-34

28  Acercándose uno de los escribas,  que los había oído disputar,  y sabía que les había respondido bien,  le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

29  Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye,  Israel;  el Señor nuestro Dios,  el Señor uno es.

30  Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.  Este es el principal mandamiento.

31  Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  No hay otro mandamiento mayor que éstos.

32  Entonces el escriba le dijo:  Bien,  Maestro,  verdad has dicho,  que uno es Dios,  y no hay otro fuera de él;

33  y el amarle con todo el corazón,  con todo el entendimiento,  con toda el alma,  y con todas las fuerzas,  y amar al prójimo como a uno mismo,  es más que todos los holocaustos y sacrificios.

34  Jesús entonces,  viendo que había respondido sabiamente,  le dijo: No estás lejos del reino de Dios.  Y ya ninguno osaba preguntarle. (Lc. 10.25-28)

El gran mandamiento

Marcos 12.28-34 Mt. 22.34-40 34  Entonces los fariseos,  oyendo que había hecho callar a los saduceos,  se juntaron a una. 35  Y uno de ellos,  intérprete de la ley,  preguntó por tentarle,  diciendo: 36  Maestro,  ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37  Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con toda tu mente. 38  Este es el primero y grande mandamiento. 39  Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40  De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Marcos 12.28-34 Lc. 10.25-28 25  Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo,  para probarle: Maestro,  ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26  El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley?  ¿Cómo lees? 27  Aquél,  respondiendo,  dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con todas tus fuerzas,  y con toda tu mente;  y a tu prójimo como a ti mismo. 28  Y le dijo: Bien has respondido;  haz esto,  y vivirás.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 12.28-34

Estos versículos contienen una conversación entre nuestro Señor Jesucristo y " uno de los escribas." Por tercera vez en un mismo día vemos á nuestro Señor puesto á prueba con una cuestión difícil. Habiendo reducido al silencio á los fariseos y saduceos, le piden que decida un punto en que había mucha divergencia de opiniones entre los judíos: " ¿Cuál es entre los mandamientos el primero de todos?" Razón tenemos de agradecer á Dios que tantas cuestiones difíciles fuesen propuestas á nuestro Señor ; pues sin esa circunstancia quizás nunca se hubieran dicho las palabras llenas de alta sabiduría que sus tres respuestas contienen. En este caso, y en otros muchos, vemos como Dios hace salir el bien del mal. Puede hacer que los asaltos más maliciosos de sus enemigos produzcan el bien de su iglesia, y redunden en Su alabanza. Puede hacer que la enemistad de los fariseos y saduceos se convierta en instrucción de Su pueblo. Que poco se imaginaban los tres que en este capítulo vemos preguntarle el gran beneficio que sus arteras cuestiones iban á conferir á toda la Cristiandad. "Del comedor sale la carne." Jueces 14.16.

Observemos, en estos versículos, que elevada es la regla que Jesucristo propone de los deberes respecto á Dios y á los hombres.

La cuestión que le propuso el escriba era muy alta. ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? La respuesta que recibió fue muy distinta de la que probablemente se esperaba. De todas maneras, se equivocó completamente si creyó que nuestro Señor iba á recomendarle la práctica de algunas formas externas o ceremonias. Oyó estas palabras solemnes: " Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas; este es el primer mandamiento. Y el segundo es semejante á este, amarás á tu prójimo como á ti mismo."

¡Que impresión produce la manera con que el Señor pinta el entendimiento con que debemos mirar á Dios y á nuestro prójimo No solamente debemos obedecer al uno, y abstenernos de dañar a! otro; en ambos casos debemos dar algo más; tenemos que dar amor, el más fuerte de todos los afectos, y el más comprensivo. Esta regla lo incluye todo; hace innecesarios los detalles. Nada puede faltar intencionalmente donde hay amor.

¡Qué expresivo es también nuestro Señor cuando nos describe la medida con que debemos amar á Dios y á nuestro prójimo! Debemos amar á Dios más que á nosotros mismos, y con todo el poder de las facultades más íntimas de nuestro ser; nunca podremos amarlo bastante ni demasiado bien. Debemos amar á nuestros prójimos como á nosotros mismos y hacerles bajo todos respectos lo que quisiéramos que nos hiciesen á nosotros. Clara y obvia es la profunda sabiduría de la distinción que establece. Podríamos fácilmente errar en nuestros afectos hacia los demás, ya por tenerlos exageradamente en mucho ó en poco; por eso la regla es amarlos como á nosotros mismos, ni más ni menos. No podemos errar por exceso en nuestro amor á Dios. Es digno de todo lo que seamos capaces de tributarle, así es que debemos amarlo con todo nuestro corazón.

Tengamos continuamente presentes estas dos reglas tan ensalzadas, y usémoslas diariamente durante el viaje de la vida. Considerémoslas como un compendio de lo que debemos practicar tanto en lo que concierne á nuestras relaciones con Dios, como con los hombres. Juzguemos por ellas todas las dificultades que puedan asaltar nuestra conciencia, respecto á lo que es bueno y á lo que es malo. Feliz el hombre que se empeñe en amoldar su vida siguiendo siempre estas reglas.

Esta breve exposición nos enseña cual es el verdadero tipo de deber, y en que gran necesidad estamos todos por naturaleza de la expiación y mediación de nuestro Señor Jesucristo. ¿En donde están los hombres que puedan asegurar con verdad, que han amado de una manera perfecta á Dios y al hombre? ¿Donde hallar en la tierra una persona que no se confiese "criminal" al ser juzgado por esa ley? No es de admirarse que la Escritura diga: " No hay nadie justo, no, ni uno solo." "Por las obras de la ley ninguna carne se justificará." Rom. 3.10, 20. Una ignorancia grosera de las exigencias de la ley de Dios es tan solo lo que nos hace no darte el alto valor que tiene el Evangelio. Aquel que tiene la percepción más clara de la ley moral, será siempre el que tenga el juicio más elevado del valor de la sangre expiatoria del Cristo.

Observemos, además, en estos versículos, cuan adelantado puede un hombre estar en religión, y no ser, a pesar de eso, verdadero discípulo de Cristo.

El escriba, en el pasaje que comentamos, era evidentemente un hombre de más saber que la mayor parte de los de su clase. Veía cosas que muchos escribas y fariseos nunca vieron; prueba evidente son sus mismas palabras. "Hay un Dios; y no hay otro más que El; y amarlo de todo corazón, y con todo el entendimiento, y con toda el alma, y con todas nuestras fuerzas, y amar al prójimo como á sí mismo, vale más que holocaustos y sacrificios." Estas palabras son muy notables, y tanto más si recordamos quien las dijo y en que época vivía; no nos maravilla, pues, leer después lo que nuestro Señor le dijo, "Tú no estás lejos del reino de Dios."

Pero no debemos cerrar los ojos al hecho, que en ningún lugar se nos dice que este hombre se hiciera discípulo de nuestro Señor; sobre este particular hay silencio profundo. Los pasajes paralelos en S. Mateo no arrojan ninguna luz sobre este caso, y nada nos dicen de él las otras partes del Nuevo Testamento. Tenemos que deducir la desagradable conclusión, que, como el joven rico no pudo decidirse á abandonarlo todo y seguir á Cristo; ó que, como algunos de los príncipes que se mencionan en otro lugar, " amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios." Juan 12.43. Por fin, aunque "no lejos del reino de Dios " probablemente nunca entró en él, y fuera de él murió.

Desgraciadamente, casos como el del escriba son harto comunes. Centenares de personas hay, que como él, ven mucho y .saben mucho de las verdades religiosas, y viven, sin embargo, y mueren indecisos. Pocas cosas hay que pasen tan desapercibidas como la altura á que pueden llegar muchas personas en sus progresos religiosos, y no obstante no convertirse nunca, ni nunca salvarse. Fijémonos bien en el caso de este hombre, y tengamos cuidado.

Guardémonos de fundar nuestra esperanza de salvación en conocimientos meramente intelectuales. Vivimos en una época en que se corre un gran peligro de hacerlo así. Al recibir educación los niños aprenden de la religión muchas cosas que sus padres ignoraban completamente. Pero la educación no hace solo á un hombre cristiano á los ojos de Dios. No debemos solamente conocer las principales doctrinas del Evangelio con nuestra inteligencia, sino recibirlas en nuestros corazones, y ser guiado por ellas en nuestras vidas. No descansemos hasta no haber entrado en el reino de Dios, hasta no habernos arrepentido de corazón, hasta que creamos fuertemente, hasta que no seamos nuevas criaturas en Cristo Jesús. Si nos quedamos satisfechos con "no estar lejos del reino" nos encontraremos al fin excluidos de él para siempre.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

¿De quién es hijo el Cristo?

Marcos 12.35-37

35  Enseñando Jesús en el templo,  decía: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?

36  Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo:

 Dijo el Señor a mi Señor:

 Siéntate a mi diestra,

 Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. (Sal. 110.19)

37  David mismo le llama Señor;  ¿cómo,  pues,  es su hijo?  Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana.

¿De quién es hijo el Cristo?

Marcos 12.35-37 Mt. 22.41-46; Lc. 20.41-44

Mt. 22.41-46  41  Y estando juntos los fariseos,  Jesús les preguntó, 42  diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo?  ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43  El les dijo:  ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor,  diciendo: 44  Dijo el Señor a mi Señor: 

 Siéntate a mi derecha, 

 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 45  Pues si David le llama Señor,  ¿cómo es su hijo? 46  Y nadie le podía responder palabra;  ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

Lc. 20.41-44 41  Entonces él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? 42  Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos:

 Dijo el Señor a mi Señor:

 Siéntate a mi diestra, 43  Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 44  David,  pues,  le llama Señor;  ¿cómo entonces es su hijo?

Marcos 12.36 Sal. 110.1 Jehová dijo a mi Señor:  Siéntate a mi diestra,  Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús acusa a los escribas

Marcos 12.38-40

38  Y les decía en su doctrina:  Guardaos de los escribas,  que gustan de andar con largas ropas,  y aman las salutaciones en las plazas,

39  y las primeras sillas en las sinagogas,  y los primeros asientos en las cenas;

40  que devoran las casas de las viudas,  y por pretexto hacen largas oraciones.  Estos recibirán mayor condenación.

Jesús acusa a los escribas

Marcos 12.38-40 Mt. 23.1-36; Lc. 11.37-54; Lc. 20.45-47

Mt. 23.1-36 1  Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos,  diciendo: 2  En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.3  Así que,  todo lo que os digan que guardéis,  guardadlo y hacedlo;  mas no hagáis conforme a sus obras,  porque dicen,  y no hacen. 4  Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar,  y las ponen sobre los hombros de los hombres;  pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. 5  Antes,  hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias,  y extienden los flecos de sus mantos; 6  y aman los primeros asientos en las cenas,  y las primeras sillas en las sinagogas, 7  y las salutaciones en las plazas,  y que los hombres los llamen: Rabí,  Rabí. 8  Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí;  porque uno es vuestro Maestro,  el Cristo,  y todos vosotros sois hermanos. 9  Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra;  porque uno es vuestro Padre,  el que está en los cielos. 10  Ni seáis llamados maestros;  porque uno es vuestro Maestro,  el Cristo. 11  El que es el mayor de vosotros,  sea vuestro siervo. 12  Porque el que se enaltece será humillado,  y el que se humilla será enaltecido. 13  Más  ¡ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres;  pues ni entráis vosotros,  ni dejáis entrar a los que están entrando. 14   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque devoráis las casas de las viudas,  y como pretexto hacéis largas oraciones;  por esto recibiréis mayor condenación. 15   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito,  y una vez hecho,  le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. 16   ¡Ay de vosotros,  guías ciegos!  Que decís: Si alguno jura por el templo,  no es nada;  pero si alguno jura por el oro del templo,  es deudor. 17   ¡Insensatos y ciegos!  Porque  ¿cuál es mayor,  el oro,  o el templo que santifica al oro? 18  También decís: Si alguno jura por el altar,  no es nada;  pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él,  es deudor. 19   ¡Necios y ciegos!  Porque  ¿cuál es mayor,  la ofrenda,  o el altar que santifica la ofrenda? 20  Pues el que jura por el altar,  jura por él,  y por todo lo que está sobre él; 21  y el que jura por el templo,  jura por él,  y por el que lo habita; 22  y el que jura por el cielo,  jura por el trono de Dios,  y por aquel que está sentado en él. 23   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino,  y dejáis lo más importante de la ley: la justicia,  la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer,  sin dejar de hacer aquello. 24   ¡Guías ciegos,  que coláis el mosquito,  y tragáis el camello! 25   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato,  pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. 26   ¡Fariseo ciego!  Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato,  para que también lo de fuera sea limpio. 27   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados,  que por fuera,  a la verdad,  se muestran hermosos,  más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. 28  Así también vosotros por fuera,  a la verdad,  os mostráis justos a los hombres,  pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. 29   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque edificáis los sepulcros de los profetas,  y adornáis los monumentos de los justos, 30  y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres,  no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. 31  Así que dais testimonio contra vosotros mismos,  de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. 32   ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! 33   ¡Serpientes,  generación de víboras!  ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? 34  Por tanto,  he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas;  y de ellos,  a unos mataréis y crucificaréis,  y a otros azotaréis en vuestras sinagogas,  y perseguiréis de ciudad en ciudad; 35  para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra,  desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías,  a quien matasteis entre el templo y el altar. 36  De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.

Lc. 11.37-54 37  Luego que hubo hablado,  le rogó un fariseo que comiese con él;  y entrando Jesús en la casa,  se sentó a la mesa. 38  El fariseo,  cuando lo vio,  se extrañó de que no se hubiese lavado antes de comer. 39  Pero el Señor le dijo: Ahora bien,  vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato,  pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. 40  Necios,  ¿el que hizo lo de fuera,  no hizo también lo de adentro? 41  Pero dad limosna de lo que tenéis,  y entonces todo os será limpio. 42  Mas  ¡ay de vosotros,  fariseos!  Que diezmáis la menta,  y la ruda,  y toda hortaliza,  y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios.  Esto os era necesario hacer,  sin dejar aquello. 43  ¡Ay de vosotros,  fariseos!  Que amáis las primeras sillas en las sinagogas,  y las salutaciones en las plazas. 44  ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Que sois como sepulcros que no se ven,  y los hombres que andan encima no lo saben. 45  Respondiendo uno de los intérpretes de la ley,  le dijo: Maestro,  cuando dices esto,  también nos afrentas a nosotros. 46  Y él dijo: ¡Ay de vosotros también,  intérpretes de la ley!  Porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar,  pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis. 47  ¡Ay de vosotros,  que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres! 48  De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres;  porque a la verdad ellos los mataron,  y vosotros edificáis sus sepulcros. 49  Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles;  y de ellos,  a unos matarán y a otros perseguirán, 50  para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, 51  desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías,  que murió entre el altar y el templo;  sí,  os digo que será demandada de esta generación. 52  ¡Ay de vosotros,  intérpretes de la ley!  Porque habéis quitado la llave de la ciencia;  vosotros mismos no entrasteis,  y a los que entraban se lo impedisteis. 53  Diciéndoles él estas cosas,  los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera,  y a provocarle a que hablase de muchas cosas; 54  acechándole,  y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle.

Lc. 20.45-47 45  Y oyéndole todo el pueblo,  dijo a sus discípulos: 46  Guardaos de los escribas,  que gustan de andar con ropas largas,  y aman las salutaciones en las plazas,  y las primeras sillas en las sinagogas,  y los primeros asientos en las cenas; 47  que devoran las casas de las viudas,  y por pretexto hacen largas oraciones;  éstos recibirán mayor condenación.

 
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

La ofrenda de la viuda

Marcos 12.41-44

41  Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda,  miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca;  y muchos ricos echaban mucho.

42  Y vino una viuda pobre,  y echó dos blancas,  o sea un cuadrante.

43  Entonces llamando a sus discípulos,  les dijo:  De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca;

44  porque todos han echado de lo que les sobra;  pero ésta,  de su pobreza echó todo lo que tenía,  todo su sustento.

La ofrenda de la viuda

Marcos 12.41-44 Lc. 21.1-4 1  Levantando los ojos,  vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. 2  Vio también a una viuda muy pobre,  que echaba allí dos blancas. 3  Y dijo: En verdad os digo,  que esta viuda pobre echó más que todos. 4  Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra;  más ésta,  de su pobreza echó todo el sustento que tenía.

 

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 12.35-44

Hemos visto, en la primera parte de este capítulo, como los enemigos de nuestro Señor procuraron "pescarlo en sus palabras." Hemos visto como los fariseos, los saduceos, y los escribas le propusieron sucesivamente cuestiones difíciles, cuestiones que, no podemos menos de decirlo, eran más apropiadas para producir disputas y no edificación. El pasaje de que ahora nos ocupamos principia con una cuestión de un carácter muy diferente. Es nuestro Señor quien la propone. Dirige preguntas á sus enemigos sobre Cristo y la significación de las Sagradas Escrituras. Tales preguntas son siempre provechosas. Que gran bien seria para la iglesia que las discusiones teológicas giraran menos sobre fruslerías, y se ocupasen más de materias de peso, y de los puntos necesarios para nuestra salvación.

Aprendamos, en primer lugar, en estos versículos, cuanto se habla de Cristo en las Escrituras del Viejo Testamento. Nuestro Señor desea hacer pública la ignorancia de los maestros judíos respecto á la verdadera naturaleza del Mesías; y lo consigue citando un pasaje del libro de los Salmos, y probando que los escribas no lo entendían bien. Y al hacerlo nos muestra que Cristo era el tema, sobre el cual David fue inspirado por el Espíritu Santo para que escribiera.

Sabemos, por las propias palabras de nuestro Señor en otro lugar, que las Escrituras del Viejo Testamento " dan testimonio de Cristo."Juan 5.39. El objeto de ellas fue enseñar á los hombres respecto á Cristo, por medio de tipos, de figuras y profecías, hasta que El mismo apareciera en la tierra. Deberíamos tener esto presente al leer el Antiguo Testamento, pero más aun al leer los Salmos. No hay duda que encontramos á Cristo por do quiera en la Ley y en los Profetas, pero en ninguna parte se le encuentra tanto como en el libro de los Salmos. Lo que experimentó y sufrió en su primera venida al mundo, su gloria futura y su segunda venida, son los principales temas de muchos pasajes de esa parte maravillosa de la palabra divina. Es un dicho muy verdadero que al leer los Salmos deberíamos esperar encontrarnos á Cristo tanto como á David.

Guardémonos de rebajar el mérito del Viejo Testamento ni de menospreciarlo. Considerado en el lugar que le corresponde, el Antiguo Testamento es tan valioso como el Nuevo. Probable es que hay en esa parte de la Biblia muchos pasajes muy ricos que aun no han sido explorados por completo. Hay en él pensamientos muy profundos respecto á Jesús, sobre los cuales muchos pasan como sobre minas de oro escondidas, sin saber los tesoros que huellan bajo sus plantas. Reverenciemos toda la Biblia, que toda ella es inspirada, y toda ella es provechosa. Una parte da luz y la otra, y ninguna puede descuidarse sin perjuicio y daño de nuestras almas. Un jactancioso desprecio de las Escrituras del Antiguo Testamento ha resultado siempre ser el primer paso en el camino de la incredulidad.

Aprendamos, en segundo lugar, en estos versículos, que odioso el pecado de la hipocresía en concepto de Cristo. Es una lección que nos da nuestro Señor al apercibirnos contra los escribas. Divulga algunas de sus prácticas mas notorias, la ostentación de sus trajes, su amor de los honores y de las alabanzas de los hombres con preferencia á la aprobación de Dios, su amor del dinero disfrazado bajo la capa de interés por las viudas, sus prolongadas devociones en público para hacer creer á los hombres que eran piadosos en grado eminente. Y termina esa solemne manifestación con estas palabras, "estos sufrirán mayor condenación."

De todos los pecados que el hombre puede cometer, ninguno parece más grave que las protestas falsas y la hipocresía; de todos modos, ninguno ha arrancado de los labios de nuestro Señor un lenguaje más duro, ni tan severas acusaciones. Muy malo es verse arrastrar cautivo de un pecado conocido, y ser esclavo de concupiscencias y placeres diversos; pero es peor aun hacer alarde de tener una religión, cuando en realidad se es esclavo del mundo. No incurramos en pecado tan abominable. Sea nuestra religión cual fuere, no nos cubramos con ningún manto. Seamos francos, honrados, verídicos en nuestro Cristianismo; que no podemos engañar á un Dios que todo lo ve. Quizás conseguiremos engañar á los hombres de corta vista y de pocos alcances, con nuestra conversación y nuestras protestas, con frases llenas de gazmoñería, y con nuestra devoción afectada: pero de Dios nadie se burla. Descubre y discierne los pensamientos é intentos del corazón. Tendremos el día del juicio cuando menos lo pensemos. La "alegría del hipócrita dura un momento." Job 20.5. Su fin será la vergüenza y el desprecio eterno.

No debemos, sin embargo, olvidar nunca una circunstancia al hacer estas reflexiones sobre la hipocresía. No nos lisonjeemos con la idea, de que algunos no necesitan hacer ninguna profesión de religión, porque muchos la hacen falsa; es una ilusión muy general y de que debemos guardarnos cuidadosamente. Porque algunos desconceptúen el Cristianismo haciendo profesión de lo que realmente no creen ni sienten, no debe decirse que nos lancemos al otro extremo, y que la expongamos al mismo menosprecie callándola cobardemente, y escondiendo nuestra religión de la vista de todos. Seamos especialmente cuidadosos en exornar nuestra doctrina con nuestras vidas. Probemos nuestra sinceridad siendo consecuentes en nuestra conducta. Probemos al mundo que si hay monedas falsas, también las hay buenas, y que la iglesia visible encierra en su seno cristianos que pueden hacer una buena confesión de fe, así como también escribas y fariseos. Confesemos á nuestro Maestro con modestia y humildad, pero con firmeza y decisión, y mostremos al mundo, que si algunos hombres son hipócritas, hay otros que son honrados y verídicos.

Aprendamos, por último, en estos versículos, cuan agradable es á Cristo el sacrificio que se hace al dar con liberalidad. Esta lección nos la da de una manera muy efectiva el Señor al recomendar la acción de una pobre viuda. Se nos dice que "miraba como el pueblo echaba" las contribuciones voluntarias que hacia para el servicio de Dios en el arca de la ofrenda."Vio" á muchos que eran ricos echar mucho."Al fin vio á esa pobre viuda echar todo lo que tenia para su sustento diario. Y entonces le oímos pronunciar estas solemnes palabras: "Esta pobre mujer ha echado más que todos:" más en concepto de Aquel que no considera tan solo la suma que se da, sino los recursos del donante; no solamente la cantidad con que se contribuye, sino los motivos y el corazón del contribuyente.

De las palabras de nuestro Salvador estas son las que más se pasan por alto. Hay millares de personas que recuerdan todos sus discursos doctrinales, y olvidan, sin embargo, este pequeño incidente de su ministerio terrestre. Pruebas de ello tenemos en las mezquinas y pobres contribuciones que se hace anualmente á la iglesia de Cristo y que han de aplicarse al bien del mundo. Pruebas tenemos de ello en las miserables y cortas entradas de todas las sociedades misioneras, en proporción de la riqueza de las iglesias. Pruebas de ello tenemos en las largas listas anuales de suscritores complacidos que se inscriben con cinco pesos, cuando podrían dar miles. La parcimonia de los que hacen profesión de  cristianos, en todo lo que se refiere á Dios y á la religión, es uno de los pecados más escandalosos de la época, y uno de los peores signos de los tiempos. Los donantes á la causa de Cristo forman una pequeña fracción de la iglesia visible. Probablemente uno de cada veinte bautizados sabe lo que es ser "rico para con Dios." Lucas 12.21. La mayoría gasta pesos cuando de ellos se trata, y no da ni un centavo á Cristo.

Lamentemos este estado de cosas, y reguemos á Dios que lo enmiende. Supliquémosle que abra los ojos de los hombres, que despierte sus corazones, y que suscite en ellos un espíritu de liberalidad. Sobre todo, hagamos cada uno de nosotros nuestro deber, y demos liberal y alegremente para toda empresa cristiana mientras podamos; que no podremos dar cuando nos muramos. Demos recordando que Cristo tiene sus ojos fijos en nosotros. Aun ve exactamente lo que cada cual da, y sabe exactamente cuanto se reserva. Sobre todo, demos como los discípulos de un Salvador crucificado, que se dio á Sí mismo por nosotros en la cruz... Libremente hemos recibido, libremente demos.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Volumen Segundo, Marcos
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Libros CLIE
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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