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Jesús predice la destrucción del templo Marcos 13.1-2 1 Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. 2 Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada. |
Jesús predice la destrucción del templo Marcos 13.1-2 Mt. 24.1-2; Lc.21.5-6 Mt. 24.1-2 1 Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2 Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Lc.21.5-6 5 Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: 6 En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida. |
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Señales antes del fin Marcos 13.3-23 3 Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: 4 Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse? 5 Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe; 6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. 7 Más cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin. 8 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos. 9 Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos. 10 Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. 11 Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. (Mt. 10.17-20; Lc. 12.11-12) 12 Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán. 13 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. (Mt. 10.22) 14 Pero cuando veáis la abominación desoladora (Dn. 9.27; 11.31; 12.11) de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes. 15 El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; 16 y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. (Lc. 17.31) 17 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! 18 Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno; 19 porque aquellos días serán de tribulación (Dn. 12.1; Apo. 7.14) cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá. 20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días. 21 Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis. 22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. 23 Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes. |
Señales antes del fin Marcos 13.3-23 Mt. 24.3-28; Lc. 21.7-24; 17.22-24 Mt. 24.3-28 3 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, Diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 4 Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6 Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. 7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8 Y todo esto será principio de dolores. 9 Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10 Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13 Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. 15 Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17 El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; 18 y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. 19 Más ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! 20 Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; 21 porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; más por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. 23 Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25 Ya os lo he dicho antes. 26 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. 27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. 28 Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas. Lc. 21.7-24 7 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder? 8 El entonces dijo: Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Más no vayáis en pos de ellos. 9 Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente. 10 Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; 11 y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo. 12 Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. 13 Y esto os será ocasión para dar testimonio. 14 Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; 15 porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan. 16 Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros; 17 y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. 18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. 19 Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas. 20 Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. 23 Más ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.; 17.22-24 22 Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. 23 Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis. 24 Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día. |
Marcos 13.9-11 Mt. 10.17-20; Lc. 12.11-12 Mt. 10.17-20 17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; 18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. 19 Más cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. 20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. Lc. 12.11-12 11 Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; 12 porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir. Marcos 13.13 Mt. 10.22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Marcos 13.14 Dn. 9.27; Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. 11.31 Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.; 12.11 Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. Marcos 13.15-16 Lc. 17.31 En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Marcos 13.19 Dn. 12.1; Apo. 7.14 Dn. 12.1 En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Apo. 7.14 Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. |
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Comentarios J.C. Ryle El capítulo que ahora comenzamos está lleno de profecías, algunas de las cuales se han cumplido, mientras que otras están aún por cumplirse. Dos grandes acontecimientos forman su tema principal: la destrucción de Jerusalén y el fin consiguiente de la dispensación judaica por una parte, y por otra, la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, y la terminación de las condiciones en que ahora vivimos. La destrucción de Jerusalén aconteció tan solo cuarenta años después de la crucifixión de nuestro Señor. La segunda venida de Cristo está aún por suceder, y quizás vivamos para verla con nuestros ojos. Capítulos como este deben ser muy interesantes para todo verdadero cristiano. Ninguna historia debería llamar tanto nuestra atención como la historia pasada y futura de la iglesia de Cristo Los principios y la caída de los imperios del mundo son relativamente acontecimientos de poca importancia á los ojos de Dios. Babilonia, Grecia, Roma, Francia é Inglaterra, son nada para El en parangón con el cuerpo místico de Cristo. La marcha de los ejércitos y las victorias de los conquistadores son meras fruslerías en comparación de los progresos del Evangelio, y del triunfo definitivo del Príncipe de la Paz. ¡Ojalá que recordemos esto al leer las profecías de las Escrituras! "Bendito el que lee 1" Rev. 1.3. Lo primero que debe atraer nuestra atención en los versículos de que nos estamos ocupando, es la predicción de nuestro Señor respecto al templo de Jerusalén. Los discípulos, con el orgullo natural de los judíos, habían llamado la atención de su Maestro al esplendor arquitectónico del templo. "Mira," le dijeron, " que piedras y que edificios" recibieron del Señor una respuesta muy diferente de la que se esperaban, respuesta que debió entristecerles el corazón, y muy apropiada para despertar en sus espíritus el deseo de indagar. No salió de sus labios ninguna palabra que indicara admiración. No aprobó el plan ni el trabajo del edificio suntuoso que tenia ante sus ojos. Tal parece que se olvidó de la forma y belleza del edificio material, absorbido en la consideración de la maldad de la nación en cuyo seno se alzaba. "¿Ves," replica El," esos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada." Aprendamos de esa frase solemne, que la verdadera gloria de una iglesia no consiste en sus edificios para el culto público, sino en la fe y santidad de sus miembros. Nuestro Señor Jesucristo no podía complacerse en fijar su vista en ese mismo templo que encerraba el santo de los santos, el candelero de oro, y el altar de los holocaustos. Bien podemos suponer, que mucho menos placer puede encontrar en los más espléndidos templos de los que se llamaban cristianos, si Su Palabra y Su Espíritu no se reverencian en ellos. Gran bien nos hará el recordarlo. Somos naturalmente inclinados á juzgar de las cosas por su apariencia, como los niños que aprecian las margaritas más que el trigo. Estamos muy dispuestos a suponer que donde hay un suntuoso templo y un ceremonial pomposo, piedras entalladas y vidrios pintados, buena música y ministros revestidos de trajes resplandecientes, allí debe haber de de seguro verdadera religión; y, sin embargo, posible es que no haya ninguna; quizás todo se reduce á formas, aparato, y excitación de los sentidos. Posible es que no haya nada que satisfaga la con la ciencia y cure el corazón enfermo. Posible es que resulte así que investiguemos que Cristo no es predicado en aquel templo espléndido, y que no se explica allí la Palabra de Dios. Puede suceder que los ministros ignoren completamente el Evangelio, y que los adoradores estén muertos en transgresiones y pecados. Indudable es para nosotros que Dios no puede encontrar ninguna belleza en Semejante edificio; así como no debemos dudar tampoco que el Partenón estaba desnudo de gloria á los ojos de Dios comparado con las cuevas y cavernas en que los primeros cristianos le tributaban culto, que la boardilla más pobre y miserable en que Cristo es predicado hoy, tiene más mérito á Sus ojos que la basílica de S. Pedro en Roma. No vayamos, sin embargo, á incurrir en el absurdo de suponer que es indiferente que clase de edificios dedicamos especialmente al servicio de Dios. No es Papismo fabricar una hermosa iglesia; ni la verdadera religión consiste en tener para el culto un lugar sucio, indigno, sin orden y sin decencia. "Que todas las cosas sean ordenadas y decentes." 1 Cor. 14.40. Pero sea un principio fijo de nuestra religión, que aunque nuestras iglesias sean bellas, consideremos como sus principales ornamentos una doctrina pura y un culto santo; sin estas dos condiciones el edificio eclesiástico más espléndido es radicalmente defectuoso; no hay gloria en él si Dios no está allí. Pero con estas dos condiciones, la más humilde cabaña de ladrillo en que es predicado el Evangelio, es bella y atractiva ; está consagrada por la presencia de Cristo y por la bendición del Espíritu Santo. Lo que debe, en segunde lugar, fijar nuestra atención en estos versículos, es la manera notable con que nuestro Señor comienza la gran profecía de este capítulo. Se nos dice que cuatro de sus discípulos, excitados sin duda por su predicción respecto al templo, se dirigieron á El para pedirle más informes. "Dinos," le dijeron, "¿Cuando serán esas cosas? ¿Y que señal habrá cuando todas estas cosas vayan á cumplirse?" La respuesta que nuestro Señor da á estas preguntas comienza prediciendo que aparecerán falsas doctrinas y que habrá guerras. Si sus discípulos se imaginaban que les prometería triunfos inmediatos y prosperidades temporales en este mundo, pronto se desengañaron. Muy lejos de hacerles concebir la esperanza de una victoria pronta de la verdad, les anuncia que cuenten con ver asomar el error. "Mirad que nadie os engañe. Muchos vendrán en mi nombre, diciendo: Yo soy Cristo." Muy lejos de despertar en ellos la idea del reinado general de la paz y de la tranquilidad, les ordena que se preparen á guerras y trastornos. "Nación se levantará contra nación, y reino contra reino. Habrá terremotos por los lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores serán estos."
Comentarios J.C. Ryle Al leer las profecías de la Biblia concernientes a la iglesia Cristo, encontraremos generalmente en ellas el juicio y la misericordia mezclados juntamente. Harás veces son amargas sin ninguna dulzura, ni todo oscuridad sin alguna luz. El Señor conoce nuestra debilidad, y la tendencia que tenemos á desmayar; por eso cuida de mezclar los consuelos á las amenazas, las palabras dulces con las duras, como la hebra y la trama en un tejido. Fácil es descubrir este espíritu en el libro de la Revelación y en toda la profecía que ahora meditamos. Veámoslo en los pocos versículos que hemos acabado de leer. Observemos, en primer lugar, los disturbios que el Señor anuncia á su pueblo entre la época de su primera venida y la de su segunda. No hay duda que desde la caída de Adán herencia de los hombres son las penas; aparecieron al mismo tiempo que las espinas y los abrojos. "El hombre ha nacido para el dolor, como las chispas para volar hacia arriba." Job 5.7. Pero hay dolores y penas especiales á que están sujetos los que creen en Jesucristo, y de esos nuestro Señor los apercibe con mucha claridad. Deben esperar penas y disgustos de parte del mundo; y no esperar protección de los "gobernadores y reyes." Ya verán que su conducta y sus doctrinas no les ganarán favor con los poderosos; al contrario, serán aprisionados, golpeados, y llevados ante los tribunales como malhechores, sin otra razón que la de haberse adherido al Evangelio de Cristo. Deben esperar penas y disgustos de parte de sus mismos parientes. "El hermano entregará á su hermano á la muerte, y el padre a su hijo." Los que son de su carne y de su sangre se olvidarán con frecuencia de su amor á ellos, por odio á su religión. Descubrirán algunas veces que la enemistad del ánimo carnal contra Dios es más fuerte que los vínculos de la familia y de la sangre. Haremos bien en atesorar estas cosas en nuestro corazón, y "calcular el costo" de ser cristianos. No debemos imaginarnos que sea extraño que nuestra religión nos atraiga amarguras. No hay duda que atravesamos tiempos favorables; no tenemos razón en temer muerte ni cárcel por servir á Cristo en ciertos países; pero, con todo eso, necesario es que nos resolvamos á sufrir algunos disgustos, si somos cristianos verdaderos, firmes y decididos. Decidámonos á soportar risas, el ridículo, burlas, murmuraciones, y persecuciones mezquinas, y aun de nuestros parientes más cercanos y queridos tendremos que recibir palabras duras y poco benévolas La "ofensa de la cruz" no ha cesado. "El hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios." 1 Cor. 2.14. Los que han "nacido según la carne " perseguirán á los que han "nacido según el Espíritu." Gal. 4.29. La vida más consecuente en todos sus actos no lo impedirá. Si nos hemos convertido, no debemos sorprendernos al descubrir que somos odiados por causa de Cristo. Observemos, en segundo lugar, que estímulos tan eficaces el Señor Jesús presenta á su pueblo perseguido. Les ofrece tres cordiales deliciosos que conforten sus almas. Dísenos que "el Evangelio debe ser primero predicado á todas las naciones." Debe ser y lo será: á despecho de los hombres y del diablo, la historia de la cruz será contada en todas las regiones de la tierra. Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A pesar de las persecuciones, de las cárceles, y de la muerte, nunca faltará una serie de hombres creyentes que proclamarán la buena nueva de la salud por gracia. Pocos quizás los crean: quizás muchos de sus oyentes continuarán endurecidos en el pecado; pero nada impedirá la predicación del Evangelio. La palabra no será nunca encadenada, aunque los que la prediquen sean cargados de cadenas y ejecutados en un patíbulo. 2 Tim. 2.9. Nuestro Señor nos dice también, que los que sufren persecuciones especiales por causa del Evangelio, recibirán una ayuda especial en la época de su necesidad: el Espíritu Santo los asistirá cuando hagan su defensa. Encontrarán palabras y argumentos que sus adversarios no podrán refutar ni resistir. Así como aconteció con Pedro, Juan, y Pablo cuando fueron llevados ante los concilios judaicos y romanos, así acontecerá con los verdaderos discípulos; y que esta promesa se ha cumplido nos lo prueban abundantemente las historias de Hus, de Lutero, de Latimer y Bidley y Baxter. Cristo ha sido fiel á su palabra. Nuestro Señor nos dice además, que la paciencia y la perseverancia producirán la salvación final. "El que sufre hasta el fin, ese será salvado." Ninguno de los que sufren tribulaciones dejará de recibir recompensa. Todos al fin recogerán rica cosecha, y lo que sembraron con lágrimas, segarán con regocijo. Sus aflicciones ligeras y transitorias, sus penas de un momento, los guiarán á un tesoro de gloria eterna. Acopiemos consuelo en esas promesas que se hacen á todos los verdaderos siervos de Cristo. Aunque ahora se vean perseguidos, burlados, vejados, descubrirán al fin que están con los que triunfan. Aunque algunas veces se vean asediados, perplejos, puestos á prueba, nunca se encontrarán enteramente abandonados. Aunque derribados, no serán destruidos. Guarden compostura y tengan paciencia, que el fin dé todo lo que ven girar en torno suyo, es cierto, fijo y seguro. Los reinos de este mundo se convertirán en los reinos de Dios y de su Cristo. Y cuando los burladores y los impíos, que tantas veces los insultaron, queden avergonzados, los creyentes recibirán una corona de gloria inmarcesible.
Comentarios J.C. Ryle Se nos enseña en estos versículos lo legítimo que es usar de medios que conduzcan á nuestra seguridad personal. El lenguaje de nuestro Señor Jesucristo sobre el particular es claro ó inequívoco "Que los que están en Judea huyan á las montañas, y el que está sobre la casa no baje á la casa, que el que está en el campo no vuelva; orad por que vuestra huida no sea en el invierno." Ni una palabra se dice que nos haga suponer que huir del peligro, en ciertas circunstancias, sea indigno de un cristiano. Hay muchas opiniones respecto al tiempo de la profecía que se hace en el pasaje que nos ocupa; pero la enseñanza es muy clara respecto á lo legítimo que es dar pasos para evitar los peligros. La lección, además de ser utilísima, puede tener una extensa aplicación. Un cristiano, por que lo es, no ha de descuidar el uso de ciertos medios que le proporcionan las cosas terrenales, como tampoco los de las cosas que pertenecen á la vida futura. El creyente no debe suponer que Dios cuidará de él, y proveerá á sus necesidades, si no hace uso de los medios y del sentido común que Dios le ha dado, así como á los demás hombres. Fuera de toda duda es que puede esperar la ayuda del Padre que está en los cielos, en toda época necesitada; pero debe esperarla haciendo un uso diligente de medios legítimos. Pretender que se confía en Dios, cuando nos entregamos á la pereza y nada hacemos, no es otra cosa que ser entusiastas y fanáticos, y produce el menosprecio de la religión. La palabra de Dios contiene sobre este particular varios ejemplos instructivos que haríamos bien en recordar. Es uno muy notable la conducta de Jacob cuando fue á encontrarse con su hermano Esaú. Alza primero una plegaria muy ferviente al cielo y después envía á su hermano un presente muy escogido. Gen. 32.9-13. La conducta de Ezequías, cuando Sennaquerib se dirigió contra Jerusalén, es otro caso. "Con nosotros," dice al pueblo, "está el Señor nuestro Dios, para dar nuestras batallas." Pero, sin embargo, refuerza los muros de la ciudad, y fabrica dardos y escudos. 2 Crón. 32.5. La conducta de S. Pablo es otro de los casos. Con frecuencia leemos que huyó de un lugar á otro para salvar su vida. Vemos que una vez lo descolgaron en un cesto por las murallas de Damasco. Otra le oímos decir á los soldados cuando estaban á bordo del buque alejandrino cargado de trigo, "Si los marineros no permanecen en la nave, vosotros no podréis salvaros." Actos 27.31. Sabemos cuales fueron la fe y la confianza del gran apóstol; sabemos cual fue su valor y cuanto descansaba en su Maestro, y, sin embargo, vemos que nunca despreció hacer uso de los medios que tenia á su alcance. No nos avergoncemos de obrar como él. Tengamos siempre presente una cosa; no confiemos solo en los medios cuando los empleamos; esperemos sobre todo la bendición de Dios. Gran pecado es mandar por el médico como Asa y no buscar al Señor. Empleemos diligentemente todos los medios de que podamos disponer, y dejemos el resultado en manos del Señor; tal conducta es el fin que debe proponerse todo creyente verdadero. Nos enseñan además estos versículos dos grandes privilegios de los elegidos de Dios. Dos veces en este pasaje usa nuestro Señor unas expresiones muy notables refiriéndose á ellos. Dice hablando de la gran tribulación: " Si el Señor no hubiese acortado aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos, que él escogió, acortó aquellos días." Dice también hablando de los falsos Cristos y de los falsos profetas que "darán señales y harán prodigios para engañar, si posible fuere, á los escogidos." No hay duda que la elección es un dogma profundo y misterioso; es incuestionable que con frecuencia se le ha pervertido y se ha abusado miserablemente de él; pero el mal uso que se haga de ciertas verdades no debe impedir usarlas. La elección cuando se aplica rectamente, y se emplean ciertas precauciones, es una doctrina "llena de un consuelo dulce é indecible. Antes de concluir con este punto, veamos cuales deben ser esas precauciones. Ante todo, no debemos olvidar que la elección de Dios no anula la responsabilidad del hombre ni la obligación que tiene de dar cuenta de su alma. La misma Biblia que habla de la elección, se dirige siempre al hombre como á un agente libre, y á él apela para que se arrepienta, crea, busque, ore, se esfuerzo, y trabaje. En nuestros actos debemos seguir aquella Divina Voluntad, que encontramos expresamente declarada en la Palabra de Dios. Además, no olvidemos nunca que lo que principalmente tenemos que hacer, es arrepentimos y creer en el Evangelio. No tenemos derecho alguno en creernos consolados por la elección de Dios, si no damos pruebas evidentes de arrepentimiento y de fe. No debemos permanecer inmóviles, afligiéndonos con angustiosas investigaciones para descubrir si somos ó no de los elegidos, cuando Dios nos manda muy claro á arrepentimos y á creer. Act. 17.30; Juan 3.23. No hagamos mal; aprendamos á hacer el bien; apartémonos del pecado; apoyémonos en Cristo ; acerquémonos á Dios por medio de la oración ; y cuando así obremos, pronto sabremos y sentiremos si somos elegidos de Dios. Diremos, usando las palabras de un. Teólogo antiguo, que debemos principiar en la escuela primaria del arrepentimiento y de la fe, antes de ir á la universidad de la elección. Cuando Pablo recordaba la fe, la esperanza, y la caridad de los Tesalonicenses era que les decía,"Sé vuestra elección en Cristo." 1 Tesal. 1.4. |
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La venida del Hijo del Hombre Marcos 13.24-37 24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, 25 y las estrellas caerán del cielo, (Is. 13.10; Ez. 32.7; Jl. 2.31;Apo. 6.12-13) y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. 26 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes (Dn. 7.13; Apo. 1.7) con gran poder y gloria. 27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 29 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 30 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. (Mt. 24.36) 33 Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. 34 Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. (Lc. 12.36-38) 35 Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; 36 para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. 37 Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad. |
La venida del Hijo del Hombre Marcos 13.24-37 Mt. 24.29-35; 42-44; Lc. 21.25-36 Mt. 24.29-35 29 E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. 32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.; 42-44 42 Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. 43 Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. 44 Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. Lc. 21.25-36 25 Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; 26 desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. 27 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. 28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. 29 También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. 30 Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. 31 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. 32 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 34 Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. 35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. 36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre. |
Marcos 13.24-35 Is. 13.10; Ez. 32.7; Jl. 2.31; Apo. 6.12-13 Is. 13.10 Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Ez. 32.7 Y cuando te haya extinguido, cubriré los cielos, y haré entenebrecer sus estrellas; el sol cubriré con nublado, y la luna no hará resplandecer su luz. Jl. 2.31 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Apo. 6.12-13 12 Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; 13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Marcos 13.26 Dn. 7.13; Apo. 1.7 Dn. 7.13 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Apo. 1.7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Marcos 13.32 Mt. 24.36 Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. Marcos 13.34 Lc. 12.36-38 36 y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. 37 Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. 38 Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. |
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Comentarios J.C. Ryle Está enteramente por cumplirse aún esta parte de la profecía de nuestro Señor en el monte de los Olivos. Los eventos que en ella se describen aún tienen que acontecer; posible es que en nuestra época sucedan. Debemos leer este pasaje, por tanto, con especial interés. Observemos, en primer lugar, que solemne majestad rodeará á nuestro Señor en su segunda venida á este mundo. El lenguaje que usa en referencia al sol á la luna y á las estrellas despierta la idea de una convulsión general del universo al fin de la presente dispensación. Nos recuerda las palabras del apóstol Pedro, "los cielos desaparecerán con grande estruendo, y los elementos ardiendo quedarán deshechos." 2 Ped. 3.10. En esos momentos, en medio de un terror y de una confusión que excederá todo lo que hasta ahora han producido los terremotos ó los huracanes, los hombres " verán al Hijo del hombre descendiendo sobre nubes con gran poder y gloria." La segunda venida de Cristo no será en nada semejante á la primera. Vino la primera vez lleno de debilidad, como niño tierno nacido de una pobre mujer en el pesebre de Belén, sin honores v apenas conocido. Vendrá la segunda vez revestido de dignidad real, rodeado de los ejércitos celestiales, para ser reconocido, aceptado, y temido por todas las tribus de la tierra. Vino la primera vez á sufrir, á cargarse con nuestros pecados, á ser juzgado maldito, á ser despreciado, rechazado, condenado injustamente y ejecutado. Vendrá la segunda vez á reinar, á poner á todos sus enemigos bajo sus plantas, á entrar en el goce de su reino, á juzgar á todos los hombres, y á vivir eternamente. ¡Que diferencia tan inmensa! ¡Que contraste tan marcado! ¡Cuanto no debe admirar la comparación entre la segunda venida y la primera¡ ¡Cuan solemnes pensamientos no deben evocar en nuestras almas estas meditaciones! ¡Cuanto no deben consolar á los amigos de Cristo! Su Rey vendrá á la tierra; cosecharán lo que han sembrado; recibirán ricas mercedes por todo lo que han sufrido por causa de Cristo, y trocarán su cruz por una corona. ¡Que confundidos no quedarán los enemigos de Cristo! Ese mismo Jesús de Nazaret, á quien por tanto tiempo despreciaron y rechazaron, tendrá al fin la preeminencia. Ese mismo Cristo, en cuyo Evangelio se han negado á creer, aparecerá como su Juez, e inermes, sin esperanzas, y sin palabras, tendrán que presentarse ante la barra de su tribunal. Atesoremos estas cosas en nuestro corazón y aprendamos á ser sabios. Observemos, además, que lo primero que acontecerá después de la segunda venida de nuestro Señor, será la reunión de sus escogidos. "Enviará á sus ángeles, y juntará á sus escogidos de los cuatro vientos." Cuando la tierra sea juzgada, se cuidará de la seguridad de pueblo del Señor. Nada hará hasta que no los coloque donde no puedan recibir daño ninguno. El diluvio no comenzó hasta que Noe no estuvo seguro en el arca; no llovió fuego sobre Sodoma hasta que Lot no estuvo abrigado dentro de las murallas de Zoar. Dios no desatará su furor contra los incrédulos hasta que los creyentes no estén escondidos y seguros. Los verdaderos cristianos pueden esperar sin temor la segunda venida de Cristo. Por terribles que sean las cosas que acontezcan en la tierra, su Maestro cuidará de que ningún daño les acontezca. Bien pueden sobrellevar pacientes las despedidas y las separaciones de tiempo presente; que ya llegará la época en que regocijados se reúnan con todos sus hermanos en la fe de todas las edades, de todos los idiomas y países. Los que se reúnan ese día, no se volverán á separar. Esa gran reunión está aún por verificarse. 2 Tesal. 2.1. Observemos en seguida cuan importante es observar las señales de nuestros tiempos. Nuestro Señor encarga á sus discípulos "que aprendan de la higuera una parábola." Así como los renuevos anuncian que el verano se aproxima, del mismo modo los acontecimientos que tienen lugar en el mundo deberían enseñarnos cuando la venida del Señor "está cercana, á nuestras puertas." Es deber de los cristianos verdaderos observar cuidadosamente los eventos públicos de su época; y siendo un deber hacerlo, es un pecado descuidarlo. Nuestro Señor reconviene á los judíos porque "no disciernen los signos de los tiempos." Mat. 16.3. No veían que el cetro había salido de las manos de Judá, y que estaban acabando de transcurrir las semanas de Daniel. Cuidémonos de no incurrir en el mismo error; abramos bien los ojos, y contemplemos el mundo que nos rodea. Veamos como el poder de los turcos va expirando, y como se aumentan las misiones y se extinguen. Veamos como el Papismo revive, y como aparecen herejías nuevas y mas sutiles. Notemos cuan rápidamente se extiende el espíritu de rebelión y de desprecio á la autoridad legítima ¿No son estos hechos como los renuevos de la higuera? Nos muestran que el mundo se va gastando, y necesita una nueva dinastía que sea mejor que la actual; necesita tener á su legítimo soberano, á Jesús. Observemos, finalmente, en estos versículos, cuan cuidadosamente nuestro Señor afirma que sus predicciones se realizarán. Habla como si previese la incredulidad y el escepticismo de estos tiempos. Nos apercibe de una manera muy enfática que nos guardemos de incurrir en ellos: " El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" No nos permitamos nunca suponer que una profecía es improbable ó de difícil cumplimiento tan solo porque esté en contradicción con la experiencia del pasado. No digamos ¿en donde está la posibilidad de que Cristo vuelva á venir? ¿Que probabilidad hay de que el mundo sea quemado? "En tales particulares nada significan para nosotros " lo probable ó lo improbable."La única cuestión es esta, "¿Qué está escrito en la Palabra de Dios?" No deberían olvidarse nunca las palabras de S. Pedro: "Vendrán en los últimos días burladores, arrastrados por sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿En donde está la promesa de su advenimiento?" 2 Ped. 3.3-4. Haríamos bien en preguntarnos que hubiéramos pensado si hubiéramos vivido hace dos mil años. ¿Hubiéramos creído más probable que el Hijo de Dios se hubiera presentado en la tierra como un pobre, y hubiera muerto, ó que hubiera venido como un Rey, y hubiera reinado? ¿No hubiéramos asegurado inmediatamente, que si venia, vendría para reinar y no para morir? Sin embargo, sabemos que vino como "varón de dolores " y que murió en la cruz. No dudemos, pues, que vendrá por segunda vez en gloria y majestad, y que como Rey eternamente reinará. Concluyamos este pasaje con la profunda convicción de la verdad de todos los detalles de las predicciones que encierra. Creamos que todas sus palabras quedarán definitivamente cumplidas. Esforcémonos, sobre todo, en vivir como convencidos íntimamente de su verdad, como siervos buenos siempre dispuestos á recibir á su Señor; y entonces estaremos seguros, sea cual fuere el tiempo ó la manera de su cumplimiento.
Comentarios J.C. Ryle Estos versículos terminan la narración de S. Marcos de la profecía de nuestro Señor en el monte de los Olivos; deberían ser para nosotros como una aplicación directa de la profecía á nuestras conciencias. Aprendemos en estos versículos que intencionalmente se ha ocultado á la iglesia de nuestro Señor Jesucristo la época exacta de su segunda venida. El acontecimiento es cierto; pero el día preciso y la hora no nos han sido revelados. "De aquel día, y de la hora, nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo." Hay gran sabiduría y mucha misericordia en ese silencio. Por mil razones debemos dar gracias á Dios por que nos lo ha ocultado. Esa incertidumbre respecto á la época de la vuelta del Señor tiene por objeto mantener á los creyentes en una actitud de constante esperar, y salvarlos del desaliento. ¡Que terrible prospecto la iglesia primitiva hubiera tenido ante sus ojos, si le hubiese contado que Cristo no volvería á la tierra por lo menos en mil quinientos años! Aun hombres como Atanasio, Crisóstomo, y Agustín hubieran sentido sus corazones oprimidos, si hubieran sabido por cuantos siglos de tinieblas tendría que pasar el mundo, antes que su Maestro volviese á tomar posesión de su reino. Por otra parte; ¡que estímulos tan poderosos no han tenido los verdaderos cristianos, para marchar cerca de Dios! En todas épocas han estado inciertos si su Señor no se aparecería de repente á tomar cuentas á sus siervos. Esta misma incertidumbre ha sido una de las razones que los han obligado á vivir siempre listos para salir á Su encuentro Preciso es no pasar por alto una precaución que debe tenerse en este particular. La incertidumbre respecto al tiempo de la segunda venida de nuestro Señor no debe impedirnos prestar toda nuestra atención á las profecías de la Escritura que aún no se han realizado. Esta es una gran ilusión, pero en ella incurren desgraciadamente muchos cristianos. Hay que establecer una distinción muy marcada entre las aserciones dogmáticas y positivas respecto á fechas, y la indagación humilde que en nuestras plegarias hacemos de esas cosas buenas que están aún por venir. Las palabras de nuestro Señor en este pasaje deben hacernos cautelosos contra todo dogmatismo respecto á épocas y estaciones; pero en relación al provecho que en general se recaba del estudio de las profecías, no tenemos autoridad más explícita que las palabras del apóstol Pedro: "Hacéis bien en estar atentos á la profecía," 2 Ped. 1.19; y las de Juan en la Revelación: " Bienaventurado el que lee." Apo. 1.3. Aprendemos, en segundo lugar, en estos versículos, cuales son los deberes prácticos de los verdaderos creyentes en la expectativa de la segunda venida de Jesucristo. Nuestro Señor menciona tres cosas á que debe atender su pueblo. Les dice muy claro que volverá un día, con gran gloria y majestad; pero al mismo tiempo agrega que la hora precisa y la fecha de su venida no son conocidas. ¿Qué tiene, pues, que hacer su pueblo? ¿Con que disposición de espíritu debe vivir? Tienen que vigilar, que orar, y trabajar. Tenemos que velar, y estar siempre en guardia. Debemos mantener nuestras almas vigilantes, despiertas y animadas, preparadas siempre á recibir á su Señor. Tenemos que librarnos del letargo espiritual, del embotamiento, del sopor. Las compañías, el empleo del tiempo, la sociedad que puedan inducirnos á olvidar á Cristo y su segunda venida, deben marcarse, notarse, y evitarse. "Así pues no durmamos como los demás; antes velemos, y seamos sobrios." 1 Tesal. 5.6. Debemos orar. Adquiramos el hábito de mantener con regularidad íntima comunión y relaciones con Dios. No permitamos que haya lejanía entre nosotros y nuestro Padre que está en los cielos, sino hablémosle diariamente, para que estemos siempre dispuestos á mirarlo cara á cara. Además, debemos orar especial mente respecto á la segunda venida del Señor, para que seamos "hallados en paz, sin mancha ni faltas," para que nuestros corazones no se vean nunca "sobrecargados" con los afanes de esta vida, y ese día nos coja desprevenidos. 2 Pedro 3.14, y Lucas 21.34. Finalmente, debemos trabajar. Probemos que todos somos siervos de un gran Señor, que á cada hombre le ha señalado su tarea, y espera que sea hecha. Esforcémonos en glorificar á Dios cada uno en la esfera de nuestra actividad y de nuestra influencia. Todos tenemos siempre algo que hacer. Tratemos cada uno de nosotros, de brillar como una luz, de ser la sal de nuestra época y testigos fieles de nuestro Señor, honrándolo concienzuda y consecuentemente con nuestra conducta diaria. Nuestro gran deseo debe ser que ese día no nos encuentre perezosos y dormidos, sino trabajando y haciendo algo. Tales son los preceptos que nuestro Señor quiere que obedezcamos. Deberían excitar á todos los verdaderos cristianos á hacer un examen minucioso de sus corazones y de sus conciencias, ¿Esperamos la vuelta del Salvador? ¿Podemos decir con sinceridad, Ven, Señor Jesús? ¿Vivimos como si realmente creyéramos que Cristo volverá? Estas preguntas demandan una seria consideración. ¡Ojalá les consagremos la atención que merecen! ¿Nos exige nuestro Señor que descuidemos los deberes de la vida por esperar su vuelta? Nada de eso. No ordena al labrador que abandone sus tierras, ni al mecánico su trabajo, ni al mercader sus negocios, ni al abogado sus clientes. Todo lo que pide es que los que se han bautizado en su fe vivan como esta se los demanda: que vivan arrepentidos, que vivan creyendo, que vivan como quienes saben que "sin santidad ningún hombre puede ver al Señor." Viviendo así, estamos listos á encontrarnos con nuestro Señor; pero si así no lo hacemos, no estaremos preparados ni para la muerte, ni para el juicio, ni para la eternidad. Vivir de esa manera es ser verdaderamente feliz, porque es estar en realidad dispuesto á todo lo que pueda acontecer. No nos mostremos satisfechos con un Cristianismo práctico de un tipo inferior á este. Las ultimas palabras de la profecía son muy solemnes : "Lo que os digo á vosotros, se lo digo á todos, ¡Velad!" |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
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de La Biblia Devocional de Estudio
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de La Liga bíblicaLos Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:
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