El Santo Evangelio según
San Marcos

Porque por gracia sois salvos

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El complot para aprender a Jesús

Marcos 14.1-2

1  Dos días después era la pascua, (Ex. 12.1-27) y la fiesta de los panes sin levadura;  y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño y matarle.

2  Y decían: No durante la fiesta para que no se haga alboroto del pueblo.

El complot para aprender a Jesús

Marcos 14.1-2 Mt. 26.1-5; Lc. 22.1-2; Jn. 11.45-53

Mt. 26.1-5 1  Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras,  dijo a sus discípulos: 2  Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua,  y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado. 3  Entonces los principales sacerdotes,  los escribas,  y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, 4  y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús,  y matarle. 5  Pero decían: No durante la fiesta,  para que no se haga alboroto en el pueblo.

Lc. 22.1-2 1  Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura,  que se llama la pascua. 2  Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle;  porque temían al pueblo.

Jn. 11.45-53 45  Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María,  y vieron lo que hizo Jesús,  creyeron en él. 46  Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho. 47  Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio,  y dijeron:  ¿Qué haremos?  Porque este hombre hace muchas señales. 48  Si le dejamos así,  todos creerán en él;  y vendrán los romanos,  y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación. 49  Entonces Caifás,  uno de ellos,  sumo sacerdote aquel año,  les dijo: Vosotros no sabéis nada; 50  ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo,  y no que toda la nación perezca. 51  Esto no lo dijo por sí mismo,  sino que como era el sumo sacerdote aquel año,  profetizó que Jesús había de morir por la nación; 52  y no solamente por la nación,  sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. 53  Así que,  desde aquel día acordaron matarle.

Marcos 14.1 Ex. 12.1-27 1  Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto,  diciendo: 2  Este mes os será principio de los meses;  para vosotros será éste el primero en los meses del año. 3  Hablad a toda la congregación de Israel,  diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres,  un cordero por familia. 4  Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero,  entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas;  conforme al comer de cada hombre,  haréis la cuenta sobre el cordero. 5  El animal será sin defecto,  macho de un año;  lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. 6  Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes,  y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7  Y tomarán de la sangre,  y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. 8  Y aquella noche comerán la carne asada al fuego,  y panes sin levadura;  con hierbas amargas lo comerán. 9  Ninguna cosa comeréis de él cruda,  ni cocida en agua,  sino asada al fuego;  su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10  Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana;  y lo que quedare hasta la mañana,  lo quemaréis en el fuego. 11  Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos,  vuestro calzado en vuestros pies,  y vuestro bordón en vuestra mano;  y lo comeréis apresuradamente;  es la Pascua de Jehová. 12  Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto,  y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto,  así de los hombres como de las bestias;  y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto.  Yo Jehová. 13  Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis;  y veré la sangre y pasaré de vosotros,  y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. 14  Y este día os será en memoria,  y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones;  por estatuto perpetuo lo celebraréis. 15  Siete días comeréis panes sin levadura;  y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas;  porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo,  será cortado de Israel. 16  El primer día habrá santa convocación,  y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación;  ninguna obra se hará en ellos,  excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. 17  Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura,  porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto;  por tanto,  guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18  En el mes primero comeréis los panes sin levadura,  desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. 19  Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas;  porque cualquiera que comiere leudado,  así extranjero como natural del país,  será cortado de la congregación de Israel. 20  Ninguna cosa leudada comeréis;  en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura. 21  Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel,  y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias,  y sacrificad la pascua. 22  Y tomad un manojo de hisopo,  y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo,  y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo;  y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. 23  Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios;  y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes,  pasará Jehová aquella puerta,  y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. 24  Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25  Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará,  como prometió,  guardaréis este rito. 26  Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27  vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová,  el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto,  cuando hirió a los egipcios,  y libró nuestras casas.  Entonces el pueblo se inclinó y adoró

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Jesús es ungido en Betania

Marcos 14.3-9

3  Pero estando él en Betania,  en casa de Simón el leproso,  y sentado a la mesa,  vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio;  y quebrando el vaso de alabastro,  se lo derramó sobre su cabeza. (Lc. 7.37-38)

4  Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí,  y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?

5  Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios,  y haberse dado a los pobres.  Y murmuraban contra ella.

6  Pero Jesús dijo: Dejadla,  ¿por qué la molestáis?  Buena obra me ha hecho.

Siempre tendréis a los pobres con vosotros, (Dt. 15.11) y cuando queráis les podréis hacer bien;  pero a mí no siempre me tendréis.

Esta ha hecho lo que podía;  porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.

De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio,  en todo el mundo,  también se contará lo que ésta ha hecho,  para memoria de ella.

Jesús es ungido en Betania

Marcos 14.3-9 Mt. 26.6-13; Jn. 12.1-8

Mt. 26.6-13 6  Y estando Jesús en Betania,  en casa de Simón el leproso, 7  vino a él una mujer,  con un vaso de alabastro de perfume de gran precio,  y lo derramó sobre la cabeza de él,  estando sentado a la mesa. 8  Al ver esto,  los discípulos se enojaron,  diciendo:  ¿Para qué este desperdicio? 9  Porque esto podía haberse vendido a gran precio,  y haberse dado a los pobres. 10  Y entendiéndolo Jesús,  les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer?  Pues ha hecho conmigo una buena obra. 11  Porque siempre tendréis pobres con vosotros,  pero a mí no siempre me tendréis. 12  Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo,  lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 13  De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio,  en todo el mundo,  también se contará lo que ésta ha hecho,  para memoria de ella.

Jn. 12.1-8 1  Seis días antes de la pascua,  vino Jesús a Betania,  donde estaba Lázaro,  el que había estado muerto,  y a quien había resucitado de los muertos. 2  Y le hicieron allí una cena;  Marta servía,  y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. 3  Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro,  de mucho precio,  y ungió los pies de Jesús,  y los enjugó con sus cabellos;  y la casa se llenó del olor del perfume. 4  Y dijo uno de sus discípulos,  Judas Iscariote hijo de Simón,  el que le había de entregar: 5  ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios,  y dado a los pobres? 6  Pero dijo esto,  no porque se cuidara de los pobres,  sino porque era ladrón,  y teniendo la bolsa,  sustraía de lo que se echaba en ella. 7  Entonces Jesús dijo: Déjala;  para el día de mi sepultura ha guardado esto. 8  Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros,  más a mí no siempre me tendréis.

Marcos 14.3 Lc. 7.37-38 37  Entonces una mujer de la ciudad,  que era pecadora,  al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo,  trajo un frasco de alabastro con perfume; 38  y estando detrás de él a sus pies,  llorando,  comenzó a regar con lágrimas sus pies,  y los enjugaba con sus cabellos;  y besaba sus pies,  y los ungía con el perfume.

Marcos 14.7 Dt. 15.11 Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra;  por eso yo te mando,  diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano,  al pobre y al menesteroso en tu tierra.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos
14.1-9

Este capítulo comienza esa parte del Evangelio de S. Marcos que describe los sufrimientos y la muerte de nuestro Señor. Hasta aquí hemos visto á nuestro Salvador principalmente como nuestro Profeta y Maestro: ahora tenemos que considerarlo como nuestro Sumo Pontífice. Hasta aquí hemos contemplado sus milagros y hemos meditado sus palabras; ahora vamos á contemplar su sacrificio vicario en la cruz.

Observemos primeramente en estos versículos como puede Dios hacer fracasar los designios de los impíos, y convertirlos en su propia gloria.

Dedujese claramente de las palabras de S. Marcos, y del pasaje paralelo en S. Mateo, que los enemigos de nuestro Señor no tenían la intención de que su muerte fuese un acto público. "Trataban de apoderarse de él con astucia." Decían, "No en el día de la fiesta, no sea que el pueblo se alborote." En una palabra, tal parece que su plan primitivo era no hacer nada hasta que no hubiera pasado la fiesta de la Pascua, y que los concurrentes á ella hubieran vuelto á sus casas.

El poder providencial de Dios trastornó completamente estos planes de su astuta política. La entrega de nuestro Señor tuyo lugar antes de lo que se esperaban los príncipes de los sacerdotes, y la muerte de nuestro Señor aconteció en el día en que Jerusalén estaba más concurrida, y la fiesta de la Pascua en su apogeo. Loa designios de estos malvados se vieron de todos modos frustrados. Creyeron que iban á poner término para siempre al reino espiritual de Cristo; y en realidad estaban ayudando á establecerlo. Creían que iban á envilecerlo y á hacerlo despreciable crucificándolo, y en realidad iban á glorificarlo. Creían que podrían darle muerte privadamente y sin ser observados; y muy al contrario se iban a ver compelidos á crucificarlo en público, á vista de toda la nación judaica. Creyeron que reducirían al silencio á sus discípulos, y harían terminar su enseñanza; y en lugar de eso, les iban a suministrar un texto y un tema que durarían eternamente. Tan fácil le es á Dios hacer que la rabia del hombre lo ensalzo. Salmo 76.10.

Todo esto es muy consolador para los verdaderos cristianos. Viven en un mundo turbulento agitados por la ansiedad de loa acontecimientos públicos. Tranquilícense al pensar que un Dios infinitamente sabio lo ha ordenado todo para bien de sus criaturas; que no tengan la menor duda de que todo lo que sucede en el mundo redundará al fin en gloria de su Padre. Recuerden siempre las palabras del Salmo segundo: "Se juntaron los reyes de la tierra, y consultaron entre si los príncipes contra el Señor, y contra su Ungido." Y continúa de esta manera: " El que habita en los cielos se burlará de ellos; y el Señor los escarnecerá." Así ha sucedido en tiempos pasados; lo mismo será en el porvenir.

Observemos, en segundo lugar, en estos versículos, como algunas veces las buenas obras son menospreciadas y mal interpretadas. Se nos habla de la buena acción de una mujer que derramó un bálsamo sobre la cabeza de nuestro Señor en una casa en Betania. Lo hizo, no hay duda, para manifestar su respeto y honrarlo, y en prueba de su gratitud y amor hacia El; sin embargo, muchos la criticaron. Sus fríos corazones no podían comprender liberalidad tan costosa, y la llamaban "desperdicio." " Se indignaban en su interior" y "murmuraban de ella," Desgraciadamente es muy común esa tendencia de las almas mezquinas que se empeñan en buscar faltas para tener el placer de criticarlas. Sus continuadores y sucesores se encuentran por do quiera en el seno de la iglesia visible de Cristo. Nunca faltan personas que desacreditan lo que llaman "exageraciones" de religión, y que incesantemente recomiendan la "moderación" en el servicio de Cristo. Si un hombre consagra tiempo, dinero y afecciones á la prosecución de objetos mundanos, no lo critican; si se hace siervo del dinero, del placer, de la política, nadie cree que sea una falta; pero si se dedica él, y todo lo que tiene, á Cristo, no se encuentran palabras bastante fuertes para expresar la enormidad de su locura. "Está fuera de sí." "Ha perdido el ceso." "Es un fanático, un entusiasta." "Es demasiado junto, un exagerado." En una palabra, lo consideran como un " desperdicio."

Que estas acusaciones no nos perturben, si llegan á nuestros oídos cuando nos empeñamos en servir á Cristo. Sufrámoslas con paciencia, y recordemos que datan desde el principio del Cristianismo. Compadezcamos á los que así acusan á los verdaderos creyentes, pues muestran que no comprenden cuales son nuestras obligaciones respecto á Cristo. El corazón frió hace que la mano sea lenta. Si se llegara á comprender bien lo criminal que es el pecado, y lo grande de la misericordia de Cristo al morir por el hombre pecador, nada se juzgaría demasiado bueno ni demasiado costoso para dárselo á Cristo. El hombre más bien sentiría y diría, " ¿Qué podré dar al Señor por sus beneficios?" Salmo 116.12. Temería desperdiciar tiempo, talentos, dinero, y afecciones en la prosecución de objetos mundanos y no de desperdiciarlos consagrándolos á su Salvador. Temería ser exagerado en todo lo que se refiere á negocios, dinero, política, ó placeres; pero no temería hacer demasiado por Cristo.

Observemos, por último, cuan altamente estima Jesucristo cualquier servicio que se le hace. En ningún otro lugar de los Evangelios encontramos quizás alabanzas tan encomiásticas tributadas á ninguna persona, como las que se tributan á esta mujer. Tres circunstancias se marcan especialmente en estas palabras do nuestro Señor, que harían bien en recordar los que ahora ridiculizan y critican á otros por su religión.

Dice primeramente nuestro Señor, "¿Porqué la molestáis?" Pregunta inquisitiva que seria muy difícil responder á los que persiguen á otros por sus creencias religiosas. ¿Qué causa pueden alegar? ¿Qué razón asignar á su conducta? Ninguna, ninguna absolutamente. Molestan á los otros por envidia tan solo, por malicia, ignorancia ú oposición al Evangelio.

Dice, además, nuestro Señor, "Ha hecho una buena obra." Que grande y maravilloso es ese encomio en los labios del Rey de reyes. Con harta frecuencia se da dinero á la iglesia ó á instituciones caritativas por ostentación ú otros motivos errados. Pero aquel que ama y honra al mismo Cristo, ese es el que realmente "hace buenas obras."

Dice, por último, nuestro Señor, " Hizo lo que pudo." No pudo hacerse uso de una recomendación más enérgica. Millares de personas viven y mueren sin gracia, y se condenan eternamente, que van de continuo repitiendo, " Tratamos de hacer lo que podemos; hacemos cuanto nos es posible." Y al expresarse así, dicen una mentira tan enorme como la de Ananías y de Safira. Es de temerse que muy pocos se encontrarán que son como esta mujer, y que con razón se haya podido decir de ellos, que " hicieron lo que pudieron."

Al concluir con este pasaje tratemos de aplicárnoslo. Consagrémonos con todo lo que poseemos á glorificar á Cristo, como esta santa mujer cuya conducta acabamos de oír en esta narración. Quizás sea nuestra condición en el mundo baja, y nuestros recursos sean escasos; pero, como ella, hagamos lo que podamos.

Finalmente, tengamos en este pasaje un gusto anticipado de las dulzuras que gozaremos en el día del juicio final.   Creamos que ese mismo Jesús que abogó en defensa de su amorosa sierva, cuando fue criticada, abogará un día por todos los que han sido sus siervos en este mundo.   Trabajemos sin descanso, recordando que sus ojos están fijos en nosotros, y quo todo lo que hacemos queda registrado en su libro.  No nos ocupemos de lo que los hombres piensan ó dicen de nosotros respecto á nuestras creencias religiosas que la aprobación de Cristo el día del juicio final será una compensación más que suficiente por todo lo que sufrimos en este mundo, por las lenguas maldicientes.

Texto Bíblico
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Judas ofrece entregar a Jesús

Marcos 14.10-11

10  Entonces Judas Iscariote,  uno de los doce,  fue a los principales sacerdotes para entregárselo.

11  Ellos,  al oírlo,  se alegraron,  y prometieron darle dinero.  Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.

Judas ofrece entregar a Jesús

Marcos 14.10-11 Mt. 26.14-16; Lc. 22.3-6

Mt. 26.14-16 14  Entonces uno de los doce,  que se llamaba Judas Iscariote,  fue a los principales sacerdotes, 15  y les dijo: ¿Qué me queréis dar,  y yo os lo entregaré?  Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. 16  Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.

Lc. 22.3-6 3  Y entró Satanás en Judas,  por sobrenombre Iscariote,  el cual era uno del número de los doce; 4  y éste fue y habló con los principales sacerdotes,  y con los jefes de la guardia,  de cómo se lo entregaría. 5  Ellos se alegraron,  y convinieron en darle dinero. 6  Y él se comprometió,  y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo.

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Institución de la cena del Señor

Marcos 14.12-25

12  El primer día de la fiesta de los panes sin levadura,  cuando sacrificaban el cordero de la pascua,  sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua?

13  Y envió dos de sus discípulos,  y les dijo:  Id a la ciudad,  y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua;  seguidle,

14  y donde entrare,  decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?

15  Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto;  preparad para nosotros allí.

16  Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad,  y hallaron como les había dicho;  y prepararon la pascua.

17  Y cuando llegó la noche,  vino él con los doce.

18  Y cuando se sentaron a la mesa,  mientras comían,  dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros,  que come conmigo,  me va a entregar.

19  Entonces ellos comenzaron a entristecerse,  y a decirle uno por uno: ¿Seré yo?  Y el otro: ¿Seré yo?

20  El,  respondiendo,  les dijo: Es uno de los doce,  el que moja conmigo en el plato.

21  A la verdad el Hijo del Hombre va,  según está escrito de él,  más  ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado!  Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.

22  Y mientras comían,  Jesús tomó pan y bendijo,  y lo partió y les dio,  diciendo: Tomad,  esto es mi cuerpo.

23  Y tomando la copa,  y habiendo dado gracias,  les dio;  y bebieron de ella todos.

24  Y les dijo: Esto es mi sangre (Ex. 24.6-8) del nuevo pacto, (Jer. 31.31-34)  que por muchos es derramada.

25  De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid,  hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.

Institución de la cena del Señor

Marcos 14.12.25 Mt. 26.17-29; Lc. 22.7-23; Jn. 13.21-30; 1 Co. 11.23-26

Mt. 26.17-29 17  El primer día de la fiesta de los panes sin levadura,  vinieron los discípulos a Jesús,  diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? 18  Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre,  y decidle: El Maestro dice: Mí tiempo está cerca;  en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. 19  Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó,  y prepararon la pascua. 20  Cuando llegó la noche,  se sentó a la mesa con los doce. 21  Y mientras comían,  dijo: De cierto os digo,  que uno de vosotros me va a entregar. 22  Y entristecidos en gran manera,  comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo,  Señor? 23  Entonces él respondiendo,  dijo: El que mete la mano conmigo en el plato,  ése me va a entregar. 24  A la verdad el Hijo del Hombre va,  según está escrito de él,  más  ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado!  Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. 25  Entonces respondiendo Judas,  el que le entregaba,  dijo: ¿Soy yo,  Maestro?  Le dijo: Tú lo has dicho. 26  Y mientras comían,  tomó Jesús el pan,  y bendijo,  y lo partió,  y dio a sus discípulos,  y dijo: Tomad,  comed;  esto es mi cuerpo. 27 Y tomando la copa,  y habiendo dado gracias,  les dio,  diciendo: Bebed de ella todos; 28  porque esto es mi sangre del nuevo pacto,  que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 29  Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid,  hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

Lc. 22.7-23 7  Llegó el día de los panes sin levadura,  en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. 8  Y Jesús envió a Pedro y a Juan,  diciendo: Id,  preparadnos la pascua para que la comamos. 9  Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? 10  El les dijo: He aquí,  al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua;  seguidle hasta la casa donde entrare, 11  y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? 12  Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto;  preparad allí. 13  Fueron,  pues,  y hallaron como les había dicho;  y prepararon la pascua. 14  Cuando era la hora,  se sentó a la mesa,  y con él los apóstoles. 15  Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! 16  Porque os digo que no la comeré más,  hasta que se cumpla en el reino de Dios. 17  Y habiendo tomado la copa,  dio gracias,  y dijo: Tomad esto,  y repartidlo entre vosotros; 18  porque os digo que no beberé más del fruto de la vid,  hasta que el reino de Dios venga. 19  Y tomó el pan y dio gracias,  y lo partió y les dio,  diciendo: Esto es mi cuerpo,  que por vosotros es dado;  haced esto en memoria de mí. 20  De igual manera,  después que hubo cenado,  tomó la copa,  diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre,  que por vosotros se derrama. 21  Mas he aquí,  la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. 22  A la verdad el Hijo del Hombre va,  según lo que está determinado;  pero  ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! 23  Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí,  quién de ellos sería el que había de hacer esto.

Jn. 13.21-30 21  Habiendo dicho Jesús esto,  se conmovió en espíritu,  y declaró y dijo: De cierto,  de cierto os digo,  que uno de vosotros me va a entregar. 22  Entonces los discípulos se miraban unos a otros,  dudando de quién hablaba. 23  Y uno de sus discípulos,  al cual Jesús amaba,  estaba recostado al lado de Jesús. 24  A éste,  pues,  hizo señas Simón Pedro,  para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. 25  El entonces,  recostado cerca del pecho de Jesús,  le dijo: Señor,  ¿quién es? 26  Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado,  aquél es.  Y mojando el pan,  lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. 27  Y después del bocado,  Satanás entró en él.  Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer,  hazlo más pronto. 28  Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. 29  Porque algunos pensaban,  puesto que Judas tenía la bolsa,  que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta;  o que diese algo a los pobres. 30  Cuando él,  pues,  hubo tomado el bocado,  luego salió;  y era ya de noche.

1 Co. 11.23-26 23  Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado:  Que el Señor Jesús,  la noche que fue entregado,  tomó pan; 24  y habiendo dado gracias,  lo partió,  y dijo:  Tomad,  comed;  esto es mi cuerpo que por vosotros es partido;  haced esto en memoria de mí. 25  Asimismo tomó también la copa,  después de haber cenado,  diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre;  haced esto todas las veces que la bebiereis,  en memoria de mí. 26  Así,  pues,  todas las veces que comiereis este pan,  y bebiereis esta copa,  la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

Marcos 14.24 Ex. 24.6-8 6  Y Moisés tomó la mitad de la sangre,  y la puso en tazones,  y esparció l 7  Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo,  el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho,  y obedeceremos. 8  Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo,  y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.

Marcos 14.24 Jer. 31.31-34 31  He aquí que vienen días,  dice Jehová,  en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32  No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto;  porque ellos invalidaron mi pacto,  aunque fui yo un marido para ellos,  dice Jehová. 33  Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días,  dice Jehová: Daré mi ley en su mente,  y la escribiré en su corazón;  y yo seré a ellos por Dios,  y ellos me serán por pueblo. 34  Y no enseñará más ninguno a su prójimo,  ni ninguno a su hermano,  diciendo: Conoce a Jehová;  porque todos me conocerán,  desde el más pequeño de ellos hasta el más grande,  dice Jehová;  porque perdonaré la maldad de ellos,  y no me acordaré más de su pecado.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 14.10-16

En estos versículos S. Marcos nos dice como nuestro Señor fue entregado en manos de sus enemigos, habiendo acontecido por la traición de uno de sus doce discípulos: El falso apóstol, Judas Iscariote, lo vendió.

Debemos, ante todo, ver en este pasaje, á que extremos puede llegar una persona en falsas profesiones de religión.

Es imposible concebir una prueba más perentoria de esta penosa verdad que la historia de Judas Iscariote. Si hubo alguna vez un hombre que más parecía discípulo verdadero de Cristo, y estar seguro de alcanzar el cielo, ese hombre fue Judas. Fue escogido por el mismo Señor Jesús para el apostolado; gozó del privilegio de acompañar al Mesías, y de ser testigo de sus obras portentosas, durante su, ministerio terrenal. Estuvo asociado con Pedro, Santiago y Juan, y fue enviado á predicar el reino de Dios, y á hacer milagros en nombre de Cristo. Era mirado por todos los once apóstoles como uno de ellos, y tanto se asemejaba en su conducta á sus compañeros los otros discípulos, que no sospecharon que fuera traidor. Y resulta, al fin, que este hombre es un hijo del diablo, se desvía por completo de la fe, ayuda á los enemigos mortales, de nuestro Señor, y deja el mundo con una reputación más mala que la de ningún hombre desde los días de Caín. Jamás se vio tal caída, tal apostasía, fin tan miserable de comienzos que tanto prometían, un eclipse tan total de un alma!

¿Como podremos explicarnos esta conducta de Judas que tanto nos asombra?  No hay más que una explicación. "El amor del dinero" fue la causa de la pérdida de este desgraciado. La misma codicia rastrera que esclavizó el corazón de Balaam, y cubrió de lepra á Gehazí, perdió el alma del Iscariote. No hay otra explicación de su conducta que satisfaga á vista de los hechos que establecen las Escrituras. Su acción fue hija de su codicia infame sin circunstancias ningunas atenuantes. El Espíritu Santo lo -declara "fue un ladrón." Juan 12.6. Y su crimen está siempre presente ante el mundo como un comentario eterno de estas palabras solemnes, "el amor del dinero es la raíz de toda maldad." 1 Tim. 6.10.

Aprendamos en esta historia melancólica de Judas á "revestirnos de humildad" y á no contentarnos con nada que no sea la gracia del Espíritu Santo morando en nuestros corazones. Conocimientos, dones, profesiones, privilegios, ser miembros de una congregación, facultad de predicar, de orar, de enseñar la religión, todo, todo es inútil, si nuestros corazones no están convertidos. Si no nos hemos desnudado del hombre viejo, y revestido del nuevo, todo eso no es mejor que el bronce que resuena, ó el címbalo que retiñe; nada de eso nos librará de la muerte eterna. Recordemos, sobre todo, el consejo de nuestro Señor de "guardarnos de la codicia." Lucas 12.15. Es un pecado que devora como el cáncer, y una vez que la recibimos en nuestros corazones, nos arrastra á la maldad. Oremos por contentarnos con lo que poseemos. .Heb. 13.6. La posesión del oro no es lo más necesario; que las riquezas exponen á grandes peligros las almas de los que las poseen; así es que el verdadero cristiano debe temer más ser rico que pobre.

En segundo lugar, debemos marcar en este pasaje la conexión intencional entre la época de la pascua judaica y la de la muerte de nuestro Señor, No podemos dudar que no fue por casualidad, sino por la disposición providencial de Dios, que nuestro Señor fuera  educado en la semana de la pascua, y el mismo día en que fue muerto el cordero pascual Tuvo por objeto fijar la atención de la nación judía, en El como el verdadero Cordero de Dios, y presentar á sus almas cual era el verdadero objeto y propósito de su  muerte. Sin duda que todos los sacrificios se proponían indicar á los Judíos en el porvenir el gran sacrificio expiatorio que Cristo después ofreció; pero es evidente que ninguno era una figura tan clara, ni un tipo tan apropiado del sacrificio de nuestro Señor, como la muerte del cordero pascual. Era en especial una ordenanza que servia de "pedagogo para guiar á Cristo." Gal. 3.24. No había otro tipo más significativo en toda la serie de ceremonias judaicas, conocida institución original de la pascua.

¿No recordaba la pascua á los Judíos la salvación milagrosa de sus antepasados de la esclavitud de la tierra de Egipto, cuando Dios hizo morir á los primogénitos? Ciertamente que sí; pero fue instituida también para servirles de tipos de una redención y Salvación más importante, de la emancipación de las cadenas del pecado, que debía realizar nuestro Señor Jesucristo.

¿No recordaba la pascua á los Judíos, que por el sacrificio de Un cordero inocente, las familias de sus antepasados se vieron exentas de tener que lamentar la muerte de sus primogénitos? Sin duda que sí, pero también servia para enseñarles una verdad más alta, que la muerte de Cristo en la cruz seria la vida del mundo.

¿No recordaba la pascua á los Judíos que el rociar con sangre los umbrales de las puertas de las casas de sus progenitores, los había salvado de la espada del ángel destructor? Sin duda que sí; pero tenia por objeto enseñarles también una doctrina mucho más importante-que rociar las conciencias de los hombres con la sangre de Cristo las limpia de las manchas del pecado, y las protege de las consecuencias de la ira venidera.

¿No recordaba la pascua á los Judíos que ninguno de sus antepasados hubiera escapado de la venganza del ángel destructor, aquella noche en que mató á los primogénitos, si no hubiera comido del cordero que mataron? Indudablemente que es así; pero con ello se les quiso dar también una lección mucho más profunda- que todos los que quieran aprovecharse del sacrificio expiatorio de Cristo, tienen realmente que alimentarse de El por medio de la le, y recibirlo en sus corazones.

Evoquemos estos recuerdos, y pesemos bien su valor. Entonces es que descubriremos lo apropiado y bello del tiempo que Dios señaló para la muerte en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Aconteció precisamente en los momentos en que el espíritu de todos los israelitas estaba fijo en los recuerdos do su salida de la esclavitud de Egipto, y en los acontecimientos de aquella noche llena de portentos en que se verificó. El cordero muerto y comido por todos los miembros de la familia, el ángel destructor, la seguridad dentro de las puertas marcadas con la sangre esparcida, eran circunstancias que se habían recordado, comentado y considerado en el seno de todas las familias judías, esa misma semana en que nuestro bendito Señor sufrió la muerte. Muy extraño hubiera sido que muerte tan notable como la suya no hubiera hecho pensar á muchos ni hubiera abierto muchos ojos. Hasta que puntó así sucedió no lo sabremos hasta el día del juicio.

Adoptemos como una regla invariable el sistema de estudiar los tipos y las ordenanzas de la Ley Mosaica con atención y con súplicas á Dios, siempre que leamos la Biblia, pues están llenos de Cristo. El altar, el macho cabrio del sacrificio, el holocausto diario, la fiesta de la expiación, son otros tantos postes miliarios que nos dirigen al gran sacrificio que nuestro Señor ofreció en el Calvario. Los que no se cuidan de estudiar las ordenanzas judaicas, por considerarlas oscuras, monótonas y de poco interés, prueban con ello su ignorancia, y pierden grandes ventajas. Los que las examinan considerando á Cristo como la clave de su significación, las encontrarán llenas de la luz evangélica y de verdades consoladoras.

 

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 14.17-25

Estos versículos contienen la relación que hace S. Marcos de la institución de la Cena del Señor. Notemos especialmente lo sencillo de la narración. ¡Que gran bien hubiera sido para la iglesia que los hombres no se hubieran desviado de los datos sencillos que la Escritura nos suministra respecto á este bendito sacramento! Lamentable es que se le haya corrompido con tantas falsas explicaciones y con agregados tan supersticiosos, que, en muchas partes de la cristiandad, se ha perdido completamente su verdadero significado. Dejemos, sin embargo, á un lado por ahora toda controversia, y estudiemos las palabras de S. Marcos para lograr nuestra edificación personal.

Aprendamos en este pasaje de que ahora nos ocupamos, que un examen íntimo de conciencia debe preceder á la recepción de la Cena, del Señor. No podemos dudar que este fue uno de los objetos que se propuso nuestro Señor con aquel solemne apercibimiento, "Uno de vosotros que ahora come conmigo me entregará." Quiso excitar en el alma de sus discípulos uno de esos movimientos dolorosos y compungidos de examen personal que recuerda aquí de una manera tan tierna: "Empezaron á entristecerse, y á preguntarle uno por uno, ¿Soy yo? y otro dijo, ¿Soy yo?" Su propósito fue enseñar á toda la iglesia militante que al acercarnos á la mesa del Señor debemos examinarnos cuidadosamente.

Los beneficios que recabemos de la Cena del Señor dependen enteramente de la disposición y del espíritu con que la recibimos. El pan que en ella comemos, y el vino que bebemos, no tienen ningún poder de beneficiar nuestras almas, como las medicinas nuestros cuerpos, sin la cooperación de nuestros corazones y voluntades. Ninguna bendición pueden comunicarnos en virtud de la consagración de los elementos si no los recibimos recta y dignamente y llenos de fe. Asegurar, como hacen algunos, que la Cena del Señor produce bien á todos los que comulgan, cualquiera sea la condición espiritual en que la reciben, es una invención monstruosa, opuesta al espíritu de las Escrituras, y que ha dado origen á supersticiones groseras é impías.

El catecismo de la iglesia Anglicana describe bien en que condición espiritual debemos hallarnos antes de acercarnos á la mesa del Señor. Debemos examinarnos para ver si nos arrepentimos verdaderamente de nuestros pecados, si nos decidimos á comenzar nueva vida, si tenemos una fe viva en la misericordia de Dios por medio de Cristo, si recordamos agradecidos su muerte-y si estamos en paz con todos los hombres."Si nuestra conciencia puede responder estas preguntas satisfactoriamente, podemos recibir sin temor la Cena del Señor. Dios no exige más de los que van á comulgar, y menos no debe satisfacernos.

Meditemos mucho sobre este punto de la Cena del Señor, porque es fácil pecar por dos extremos. No nos contentemos con alejarnos de la mesa del Señor alegando vagamente que no nos encontramos preparados para ello; porque mientras á ella no nos acerquemos, desobedecemos un mandamiento expreso de Cristo, y vivimos en pecado. Por otra parte, no debemos ir á la mesa del Señor por mera forma, y sin conciencia de lo que hacemos; pues si recibimos el sacramento en ese estado, ningún bien nos resulta de ello, y somos culpables de una gran trasgresión. Terrible cosa es no estar preparados á recibir el sacramento, porque es no estar preparados para morir; pero no menos terrible es recibirlo indignamente, pues es provocar á Dios. La única conducta segura es decididamente ser siervos de Cristo y vivir una vida de fe en El; entonces podremos acercarnos con confianza, y tomar el sacramento para nuestro consuelo.

Aprendamos, en segundo lugar, en estos versículos, que el objeto principal de la cena del Señor es recordarnos que Cristo se sacrificó por nosotros en la cruz. El objeto del pan es evocar el recuerdo del "cuerpo" de Cristo que fue lacerado por nuestras transgresiones, y el del vino recordarnos la "sangre" de Cristo, que fue derramada para lavarnos de todos nuestros pecados. La expiación y propiciación que nuestro Señor hizo con su muerte como Substituto y Fiador nuestro, es lo que más en relieve se presenta en esta institución. La falsa doctrina que algunos propalan, que su muerte fue tan solo la de un santo, que nos dio el ejemplo de como se deba morir, convierte la Cena del Señor en una ceremonia sin significación de ninguna especie, y no puede reconciliarse con las palabras de nuestro Señor al instituir el sacramento.

De gran importancia es que comprendamos claramente este punto; de ello depende que tengamos una idea exacta de la Cena del Señor, y que sepamos que debemos creer y sentir cuando nos acercamos á la santa mesa. Despertará en nosotros el sentimiento de la verdadera humildad espiritual. El pan y el vino nos recordarán cuan grave debía ser, el pecado que solo la muerte de Cristo podía expiar. Desarrollará en nosotros la esperanza respecto á nuestras almas. El pan y el vino nos recordarán que aunque nuestros pecados son enormes, un gran precio se ha pagado por nuestra redención. No menos despertará en nosotros la gratitud. El pan y el vino nos recordarán cuan grande es nuestra deuda á Cristo, y cuan obligados estamos á glorificarlo en nuestras ideas. Sean estos los sentimientos que experimentemos, siempre que participemos de la Cena del Señor.

Aprendemos, finalmente, en estos versículos, cual es la naturaleza de los beneficios espirituales que la Cena del Señor tiene por objeto transmitir, y que personas tienen derecho á esperarlos. Recibimos esta lección de los actos tan significativos que se ejecutan al recibir el sacramento. Nuestro Señor nos manda que "comamos " el pan, y que "bebamos " el vino; pero solo una persona viva puede comer y beber, y el objeto de esas operaciones es robustecer y refrigerar. Las conclusiones, pues, que debemos deducir, son manifiestamente estas, que la Cena del Señor se instituyó para "fortalecer y refrigerar nuestras almas,"y que solo deben participar de ella los que son cristianos vivos y reales. Para los que así son, este sacramento será canal de gracias; los ayudará á descansar en Cristo con más sencillez, y á confiar más enteramente en El. Los símbolos visibles de pan y vino ayudarán, vivificarán, y confirmarán su fe.

Una opinión exacta respecto á estos particulares es muy importante en nuestra época. Debemos guardarnos de la idea que hay otro modo- de comer el cuerpo de Cristo y de beber su sangre, que no sea la fe; ó que el recibir la Cena del Señor puede despertar un interés más grande en el sacrificio de Cristo en la cruz que el que la fe despierta. La fe es el gran medio de comunicación entre el alma y Cristo. La Cena del Señor puede ayudar, vivificar y confirmar la fe, pero nunca suplantarla, ni suplir su ausencia. No nos olvidemos de esta verdad; un error en este particular es una ilusión fatal y engendra muchas supersticiones.

Sea un principio firme de nuestro Cristianismo, que ningún incrédulo debe acercarse á la mesa del Señor, y que el sacramento en nada beneficiará nuestras almas, si no lo recibimos con arrepentimiento y fe. La Cena del Señor no es una institución ordenada para convertir ó justificar, y los que á ella se acerquen inconversos ó no justificados, no saldrán mejores que lo que fueron, sino más bien peores. Es una institución para los creyentes, no para los incrédulos, para los vivos y no para los muertos. Fue ordenada para sostener la vida, no para comunicarla, para robustecer y aumentar la gracia, no para darla; para fomentar el crecimiento de la fe, no para sembrarla ni plantarla. Fijemos estos principios en nuestros corazones y no los olvidemos nunca.

¿Estamos vivos en Dios? Esta es la gran cuestión. Si lo estamos, acerquémonos á la Cena del Señor, y recibámosla llenos de agradecimiento, y no volvamos nunca la espalda á a mesa del Señor, pues si á ella no nos dirigimos, cometemos un grave pecado.

¿Estamos aún muertos en pecados y en mundanalidad? Si lo estamos, no tenemos que ocuparnos de la comunión. Nos encontramos en la vía espaciosa que guía á la perdición. Arrepintámonos, pues que tenemos que nacer de nuevo. Debemos unirnos á Cristo por la fe, y entonces, y solo entonces, estaremos aptos á participar de la comunión.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús anuncia la negación de Pedro

Marcos 14.26-31

26  Cuando hubieron cantado el himno,  salieron al monte de los Olivos.

27  Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche;  porque escrito está: Heriré al pastor,  y las ovejas serán dispersadas. (Zac. 13.7)

28  Pero después que haya resucitado,  iré delante de vosotros a Galilea. (Mt. 28.16)

29  Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen,  yo no.

30  Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú,  hoy,  en esta noche,  antes que el gallo haya cantado dos veces,  me negarás tres veces.

31  Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo,  no te negaré.  También todos decían lo mismo.

Jesús anuncia la negación de Pedro

Marcos 14.26-31 Mt. 26.30-35; Lc. 22.31-34; Jn. 13.36-38

Mt. 26.30-35 30  Y cuando hubieron cantado el himno,  salieron al monte de los Olivos. 31  Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche;  porque escrito está: Heriré al pastor,  y las ovejas del rebaño serán dispersadas. 32  Pero después que haya resucitado,  iré delante de vosotros a Galilea. 33  Respondiendo Pedro,  le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti,  yo nunca me escandalizaré. 34  Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche,  antes que el gallo cante,  me negarás tres veces. 35  Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo,  no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

Lc. 22.31-34 31  Dijo también el Señor:  Simón,  Simón,  he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32  pero yo he rogado por ti,  que tu fe no falte;  y tú,  una vez vuelto,  confirma a tus hermanos. 33  El le dijo: Señor,  dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel,  sino también a la muerte. 34  Y él le dijo: Pedro,  te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

Jn. 13.36-38 36  Le dijo Simón Pedro: Señor,  ¿a dónde vas?  Jesús le respondió: A donde yo voy,  no me puedes seguir ahora;  mas me seguirás después. 37  Le dijo Pedro: Señor,  ¿por qué no te puedo seguir ahora?  Mi vida pondré por ti. 38  Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí?  De cierto,  de cierto te digo: No cantará el gallo,  sin que me hayas negado tres veces.

Marcos 14.27 Zac. 13.7 Levántate,  oh espada,  contra el pastor,  y contra el hombre compañero mío,  dice Jehová de los ejércitos.  Hiere al pastor,  y serán dispersadas las ovejas;  y haré volver mi mano contra los pequeñitos.

Marcos 14.28 Mt. 28.16 Pero los once discípulos se fueron a Galilea,  al monte donde Jesús les había ordenado.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 14.26-31

Vemos en estos versículos que bien previó nuestro Señor la debilidad y flaqueza de sus discípulos. Les dice muy claro lo que iban á hacer. "Todos vosotros os escandalizaréis esta noche por causa de mí." Le anuncia á Pedro en particular el pecado enorme que estaba á punto de cometer: " Esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces."

Sin embargo, esta previsión de nuestro Señor no le impidió escoger á estos doce discípulos para que fuesen sus apóstoles. Les permitió ser sus íntimos amigos y compañeros, sabiendo muy bien lo que un día harían. Les dio el privilegio extraordinario de estar de continuo con El, y de oír su voz, con la convicción anticipada que tenia de su miserable debilidad y de la falta de fe de que darían prueba al fin de Su ministerio terrenal. Esta es una circunstancia muy notable que debemos siempre recordar:

Consolémonos con la idea que el Señor Jesús no lanza lejos de sí á su pueblo creyente por sus caídas é imperfecciones. Sabe lo que son. Los acepta, como el marido escoge una esposa, con todos sus defectos y debilidades, y, una vez que se unen á El por la fe, nunca los arrojará de sí. Es un Sumo Pontífice misericordioso y compasivo. Se gloría en perdonar las transgresiones de su pueblo, y cubrir sus muchos pecados. Sabía lo que eran antes de su conversión, impíos, criminales, impuros; y sin embargo los amaba. Sabe lo que serán después de su conversión, débiles, frágiles, hombres errados; y sin embargo los ama. Se ha propuesto salvarlos á pesar de sus deficiencias, y realizará su propósito.

Aprendamos á juzgar caritativamente de los que profesan ser creyentes. No rebajemos su carácter y digamos que no tienen gracia, porque descubramos en ellos mucha debilidad y corrupción. Recordemos que nuestro Maestro celestial sobrellevó sus flaquezas, y que nosotros debemos hacer lo mismo. La iglesia de Cristo es punto menos que un gran lazareto. Nosotros mismos somos todos más ó menos débiles, y todos necesitamos diariamente de la hábil asistencia del Médico celeste. No habrá curas completas hasta el día de la resurrección.

Vemos, en segundo lugar, en estos versículos, de cuanto consuelo se privan los que profesan ser cristianos por su descuido y falta de atención. Nuestro Señor habló muy claro de su resurrección: "Después que resucite, iré delante de vosotros á Galilea." Sin embargo, tal parece que sus palabras fueron inútiles y que en vano las dijo. Ninguno de sus discípulos paró la atención en ellas, ni las atesoró en su corazón. Cuando fue entregado, lo abandonaron. Cuando fue crucificado, se entregaron casi á la desesperación; y cuando resucitó al tercer día, no querían creer que fuese verdad. Se lo habían oído decir con frecuencia, pero no había hecho ninguna impresión en ellos.

¡Que pintura tan exacta es esta de la naturaleza humanal! ¡Con cuanta frecuencia no vemos hoy repetirse las mismas escenas entre los que se llaman cristianos! ¡Cuantas verdades no leemos todos los años en la Biblia, y, sin embargo, son para nosotros como si no las hubiéramos leído! ¡Cuantos preceptos sabios no oímos desatentos é indiferentes en los sermones, y vivimos como si nunca los hubiéramos leído! Vienen sobre nosotros tiempos de aflicción y de tinieblas, y entonces nos encontramos que estamos desprevenidos y desarmados. En el lecho del dolor, en el duelo, descubrimos una significación en algunos textos y pasajes que antes oímos leer sin que nos afectaran ni interesaran. Nos asaltan algunas ideas en épocas tales, que nos avergonzamos de no haberlas tenido antes. Recordamos entonces haberlas leído, ó haberlas oído, pero que no nos habían causado ninguna impresión. Como el pozo de Agar en el desierto, estaban á nuestro alcance, pero como Agar, no las veíamos. Gen. 21.19.

Oremos á Dios para que nos conceda una percepción pronta de lo que oímos ó leemos de su Palabra. Escudriñémosla en todas sus partes, y no desperdiciemos por nuestra incuria las verdades preciosas que encierra. Al obrar así, estableceremos buenos cimientos para el porvenir, y nos encontraremos armados contra el dolor y la enfermedad.

Veamos que poca razón tienen los ministros de sorprenderse, que lo que predican en sus sermones pase desapercibido. Beber del mismo cáliz que su Maestro.   Aun El dijo muchas cosas de que nadie se ocupó cuando por primera vez las dijo; y, sin embargo, Sabemos que " ningún hombre habló como ese hombre."   "El discípulo no es más grande que su Maestro, ni el siervo que su Señor." Tengamos paciencia; que verdades de que al parecer nadie se cuida al principio, producen fruto tras luengos días.

"Vemos, finalmente, en estos versículos, cuanta confianza en ellos mismos suele neciamente abrigarse en el corazón de los que se llaman cristianos. El apóstol no creía posible que llegase á negar alguna vez á su Señor. "Aunque tuviera que morir contigo," dice, "no te negaría de ninguna manera." No era él solo quien tan confiado se mostraba; los otros discípulos tenían la misma opinión. "También todos decían lo mismo."

Sin embargo, ¿en que vino á parar toda esa jactanciosa confianza? Doce horas no transcurrieron sin que todos los discípulos huyesen abandonando á nuestro Señor. Todas sus ruidosas protestas quedaron olvidadas. Apenas apareció el peligro que todas sus promesas de fidelidad se desvanecieron. ¡Que poco sabemos como obraremos en una situación dada, hasta no encontrarnos en ella! ¡Cuanto no alteran las circunstancias nuestras opiniones y nuestros sentimientos 1

Aprendamos á pedir á Dios humildad. "El orgullo va al encuentro de la destrucción, y un espíritu altanero provoca la caída." Prov. 16.19. Hay más maldad en nuestro corazón de la que creemos. No podemos nunca decir hasta que abismos descenderemos, si nos vemos tentados. No hay pecado que el santo más grande no sea capaz de cometer, si Dios no lo sostiene con Su gracia, y si él no vela y ora. Ocultas yacen en nuestros corazones las simientes de todas las maldades; y tan solo requieren una estación favorable para brotar y adquirir una vitalidad dañina. "Que el que piensa estar firme, mire no caiga." 1 Cor. 10.12. "El que confía en su corazón es un necio." Prov. 28.26. Que nuestra plegaria diaria sea esta: "Sostenme y estaré seguro."

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús ora en Getsemaní

Marcos 14.32-42

32  Vinieron,  pues,  a un lugar que se llama Getsemaní,  y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí,  entre tanto que yo oro.

33  Y tomó consigo a Pedro,  a Jacobo y a Juan,  y comenzó a entristecerse y a angustiarse.

34  Y les dijo: Mi alma está muy triste,  hasta la muerte;  quedaos aquí y velad.

35  Yéndose un poco adelante,  se postró en tierra,  y oró que si fuese posible,  pasase de él aquella hora.

36  Y decía: Abba,  Padre,  todas las cosas son posibles para ti;  aparta de mí esta copa;  mas no lo que yo quiero,  sino lo que tú.

37  Vino luego y los halló durmiendo;  y dijo a Pedro: Simón,  ¿duermes?  ¿No has podido velar una hora?

38  Velad y orad,  para que no entréis en tentación;  el espíritu a la verdad está dispuesto,  pero la carne es débil.

39  Otra vez fue y oró,  diciendo las mismas palabras.

40  Al volver,  otra vez los halló durmiendo,  porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño;  y no sabían qué responderle.

41  Vino la tercera vez,  y les dijo: Dormid ya,  y descansad.  Basta,  la hora ha venido;  he aquí,  el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores.

42  Levantaos,  vamos;  he aquí,  se acerca el que me entrega.

Jesús ora en Getsemaní

Marcos 14.32-42 Mt. 26.36-46; Lc. 22.39-46

Mt. 26.36-46 36  Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní,  y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí,  entre tanto que voy allí y oro. 37  Y tomando a Pedro,  y a los dos hijos de Zebedeo,  comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. 38  Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste,  hasta la muerte;  quedaos aquí,  y velad conmigo. 39  Yendo un poco adelante,  se postró sobre su rostro,  orando y diciendo: Padre mío,  si es posible,  pase de mí esta copa;  pero no sea como yo quiero,  sino como tú. 40  Vino luego a sus discípulos,  y los halló durmiendo,  y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? 41  Velad y orad,  para que no entréis en tentación;  el espíritu a la verdad está dispuesto,  pero la carne es débil. 42  Otra vez fue,  y oró por segunda vez,  diciendo: Padre mío,  si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba,  hágase tu voluntad. 43  Vino otra vez y los halló durmiendo,  porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. 44  Y dejándolos,  se fue de nuevo,  y oró por tercera vez,  diciendo las mismas palabras. 45  Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya,  y descansad. He aquí ha llegado la hora,  y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46  Levantaos,  vamos;  ved,  se acerca el que me entrega.

Lc. 22.39-46 39  Y saliendo,  se fue,  como solía,  al monte de los Olivos;  y sus discípulos también le siguieron. 40  Cuando llegó a aquel lugar,  les dijo: Orad que no entréis en tentación. 41  Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra;  y puesto de rodillas oró, 42  diciendo: Padre,  si quieres,  pasa de mí esta copa;  pero no se haga mi voluntad,  sino la tuya. 43  Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. 44  Y estando en agonía,  oraba más intensamente;  y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. 45  Cuando se levantó de la oración,  y vino a sus discípulos,  los halló durmiendo a causa de la tristeza; 46  y les dijo: ¿Por qué dormís?  Levantaos,  y orad para que no entréis en tentación.

 

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 14.32-42

La historia de la agonía de nuestro Señor en el jardín, de Getsemaní es uno de los pasajes profundos y misteriosos de las Escrituras. Contiene cosas que los más sabios teólogos no pueden explicar satisfactoriamente. Sin embargo se descubren en ella verdades obvias y sencillas que son de la mayor importancia.

Observemos, en primer lugar, cuan agudamente sintió el Señor la carga de los pecados del mundo. Está escrita que " comenzó á atemorizarse, y á angustiarse en gran manera; y les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte," y que "se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora."

Una sola es la explicación razonable que puede darse de esas expresiones. No las arrancó de los labios de nuestro Señor el miedo á los sufrimientos físicos de la muerte; fue la convicción de la humana maldad, cuyo peso empezó en aquel momento á agobiarlo de una manera especial; fue la conciencia del peso indecible de nuestros pecados, que entonces comenzó á oprimirlo. Fue "hecho maldición en lugar nuestro." Se cargó con nuestros dolores y se echó sobre sus hombros nuestros pesares para cumplir la promesa que lo trajo a la tierra. Iba "á ser pecado por nosotros cuando El no conoció el pecado." Su santa naturaleza sentía de una manera exquisita la carga asquerosa que se había echado encima. Estas eran las razones de su angustia extraordinaria.

Debemos ver en la agonía de nuestro Señor en Getsemaní la horrible criminalidad del pecado. Punto es este en que las apreciaciones de los que se llaman cristianos se quedan muy lejos de lo que debieran. La manera ligera é indiferente con que se habla de pecados tales como jurar, violar el día del Señor, mentir, y otros semejantes, es una prueba muy triste de la pobre condición en que se encuentran los sentimientos morales de los hombres. Que el recuerdo de Getsemaní produzca en nosotros un afecto santificante. Hagan otros lo que les plazca, pero no nos permitamos nosotros hablar del pecado en tono de chanza.

Notemos, en segundo lugar, el ejemplo que el Señor nos da de la importancia de la oración en época de angustia. En la hora de sus agonías lo vemos emplear este gran remedio. Dos veces se nos. dice que cuando sentía su alma muy triste, "oraba."

Nunca hallaremos una prescripción mejor para el paciente que la aflicción abruma. A Dios debemos dirigirnos ante todo en nuestras angustias. La primera queja debe ser en forma de plegaria. Posible es que no recibamos una respuesta inmediata; que no se nos conceda de momento el alivio que necesitamos; que el dolor que nos pone á prueba no se remueva ni desaparezca; pero el acto tan solo de desahogar nuestro corazón, y abrir nuestro pecho ante el trono de la gracia, nos hará un gran bien. Muy sabio y muy profundo es el consejo de Santiago: " ¿Está alguien afligido? Que ore." Sant. 6:13.

Notemos, en tercer lugar, el ejemplo tan notable que el Señor nos da del sometimiento de la voluntad á la voluntad de Dios. Aunque su humana naturaleza sentía profundamente la presión de los crímenes del mundo, ora, sin embargo, y, pide que "si fuera posible" pasase de El aquella hora. "Aparta de mí este cáliz: empero no lo que yo quiero, sino lo que tú."

No podemos imaginar un grado de perfección más alto que el que aquí se nos presenta. Aceptar pacientemente lo que Dios nos envía, no agradarnos sino lo que á Dios agrada, no desear otra cosa que lo que Dios aprueba, preferir el dolor, si á Dios le place enviarlo, al placer, si Dios no cree conveniente concederlo, someterse sufrido á lo que Dios ordena, y no conocer otra voluntad sino la Suya, este es el grado más elevado á que podemos aspirar, y la conducta de nuestro Señor en Getsemaní es el modelo más perfecto de esa elevación moral.

Luchemos y trabajemos por tener "la idea que Cristo tenia" respecto á este particular. Procuremos adquirir el poder de mortificar nuestra voluntad independiente, y pidámoslo así diariamente en nuestras oraciones. Seremos felices si así lo hacemos; que nada produce en el mundo más disgustos que dar rienda suelta á nuestros deseos. Pedir esa facultad en nuestras oraciones es la prueba mejor de tener gracia. Ciencia, dones, convicciones, sentimientos y deseos, son evidencias inciertas, que suelen á menudo hallarse en personas no convertidas. Pero el aumento progresivo de esa disposición á someter nuestras voluntades á la voluntad de Dios, es un signo muy saludable; muestra que estamos verdaderamente "creciendo en gracia, y en el conocimiento de Jesucristo."

Notemos, finalmente, en estos versículos, cuanta debilidad puede encontrarse aun en los mejores cristianos. Tenemos una comprobación lamentable de este aserto en la conducta de Pedro, de Santiago y de Juan. Se durmieron cuando debían haber estado velando y orando; se durmieron aunque nuestro Señor los invitó á que velasen con El; se durmieron aunque poco tiempo antes se les habla apercibido del peligro que se acercaba, y de que su fe iba a flaquear; se durmieron, aunque acababan de salir de la mesa del Señor, en que habían tenido lugar escenas tan tiernas y tan solemnes. Nunca se habían tenido antes pruebas más convincentes de que los mejores de los hombres no son más que hombres, y que, mientras que los santos viven en la tierra, están sujetos á muchas flaquezas.

Estas cosas se han escrito para nuestra enseñanza; en nuestra mano está que no se hayan escrito en vano. Estemos siempre en guardia contra una disposición indolente, perezosa, inerte en religión, que nos es muy natural á todos, especialmente en todo le que so refiere á oraciones privadas. Cuando sintamos que ese espíritu se va apoderando de nosotros, recordemos á Pedro, á Santiago, á Juan en el jardín, y tengamos cuidado.

El consejo que con tanta solemnidad dirige nuestro Señor  á sus discípulos debería estar resonando siempre en nuestros oídos, "Velad, y orad, no sea que caigáis en tentación. El espíritu está en verdad pronto, pero la carne es débil." Este es el lema que debería adoptar el cristiano desde el momento de su conversión hasta la hora de la muerte.

¿Somos verdaderos cristianos? ¿Deseamos mantener nuestras almas despiertas? No olvidemos que tenemos una doble naturaleza interna; un "espíritu" pronto y una "carne" débil, una naturaleza carnal inclinada al mal, y una naturaleza espiritual inclinada al bien. Estas dos son contrarias. Gal. 5:17. El pecado y el diablo encontrarán siempre cómplices en nuestros corazones; y si no crucificamos y dominamos la carne, ella nos gobernará á menudo y nos cubrirá de vergüenza.

¿Somos verdaderos cristianos y queremos mantener nuestras almas despiertas? Pues no olvidemos nunca "velar y orar." Velemos como soldados, que estamos en país enemigo, y tenemos que estar siempre en guardia. Tenemos que combatir diariamente y diariamente guerrear. El reposo del cristiano es aún futuro. Oremos, pues, sin cesar, de una manera regular, habitual y cuidadosa, y en períodos marcados. Debemos orar y vigilar, y vigilar lo mismo que orar. Velar sin orar es presunción y confianza necia. Orar sin velar es fanatismo y entusiasmo. Aquel que conoce su debilidad, y conociéndola vela y ora, ese es el que será sostenido y  no se le permitirá caer.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Arresto de Jesús

Marcos 14.43-50

43  Luego,  hablando él aún,  vino Judas,  que era uno de los doce,  y con él mucha gente con espadas y palos,  de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos.

44  Y el que le entregaba les había dado señal,  diciendo: Al que yo besare,  ése es;  prendedle,  y llevadle con seguridad.

45  Y cuando vino,  se acercó luego a él,  y le dijo: Maestro,  Maestro.  Y le besó.

46  Entonces ellos le echaron mano,  y le prendieron.

47  Pero uno de los que estaban allí,  sacando la espada,  hirió al siervo del sumo sacerdote,  cortándole la oreja.

48  Y respondiendo Jesús,  les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme?

49  Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, (Lc. 19.47; 21.37)  y no me prendisteis;  pero es así,  para que se cumplan las Escrituras.

50  Entonces todos los discípulos,  dejándole,  huyeron.

Arresto de Jesús

Marcos 14.43-50 Mt. 26.47-56; Lc. 22.47-53; Jn. 18.2-11

Mt. 26.47-56 47  Mientras todavía hablaba,  vino Judas,  uno de los doce,  y con él mucha gente con espadas y palos,  de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48  Y el que le entregaba les había dado señal,  diciendo: Al que yo besare,  ése es;  prendedle. 49  Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve,  Maestro!  Y le besó. 50  Y Jesús le dijo: Amigo,  ¿a qué vienes?  Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús,  y le prendieron. 51  Pero uno de los que estaban con Jesús,  extendiendo la mano,  sacó su espada,  e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote,  le quitó la oreja. 52  Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar;  porque todos los que tomen espada,  a espada perecerán. 53  ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre,  y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? 54  ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras,  de que es necesario que así se haga? 55  En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme?  Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo,  y no me prendisteis. 56  Más todo esto sucede,  para que se cumplan las Escrituras de los profetas.  Entonces todos los discípulos,  dejándole,  huyeron.
Lc. 22.47-53
47  Mientras él aún hablaba,  se presentó una turba;  y el que se llamaba Judas,  uno de los doce,  iba al frente de ellos;  y se acercó hasta Jesús para besarle. 48  Entonces Jesús le dijo: Judas,  ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? 49  Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer,  le dijeron: Señor,  ¿heriremos a espada? 50  Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote,  y le cortó la oreja derecha. 51  Entonces respondiendo Jesús,  dijo: Basta ya;  dejad.  Y tocando su oreja,  le sanó. Y Jesús dijo a los principales sacerdotes,  a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos,  que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? 53  Habiendo estado con vosotros cada día en el templo,  no extendisteis las manos contra mí;  mas esta es vuestra hora,  y la potestad de las tinieblas.
Jn. 18.2-11
2  Y también Judas,  el que le entregaba,  conocía aquel lugar,  porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. 3  Judas,  pues,  tomando una compañía de soldados,  y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos,  fue allí con linternas y antorchas,  y con armas. 4  Pero Jesús,  sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir,  se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? 5  Le respondieron: A Jesús nazareno.  Jesús les dijo: Yo soy.  Y estaba también con ellos Judas,  el que le entregaba. 6  Cuando les dijo: Yo soy,  retrocedieron,  y cayeron a tierra. 7  Volvió,  pues,  a preguntarles: ¿A quién buscáis?  Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno. 8  Respondió Jesús:  Os he dicho que yo soy;  pues si me buscáis a mí,  dejad ir a éstos; 9  para que se cumpliese aquello que había dicho:  De los que me diste,  no perdí ninguno. 10  Entonces Simón Pedro,  que tenía una espada,  la desenvainó,  e hirió al siervo del sumo sacerdote,  y le cortó la oreja derecha.  Y el siervo se llamaba Malco. 11  Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina;  la copa que el Padre me ha dado,  ¿no la he de beber?

Marcos 14.49 Lc. 19.47 Y enseñaba cada día en el templo;  pero los principales sacerdotes,  los escribas y los principales del pueblo procuraban matarle.; 21.37 Y enseñaba de día en el templo;  y de noche,  saliendo,  se estaba en el monte que se llama de los Olivos.

Texto Bíblico
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Referencias

El joven que huyó

Mateo 14.51-52

51 Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron;

52 mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.

   

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 14.43-52

Notemos en estos versículos que poco comprendieron los enemigos de nuestro Señor la naturaleza de su reino. Leemos que Judas fue á prenderlo "con una gran multitud armada de palos y espadas." Evidentemente esperaban que nuestro Señor seria defendido de una manera vigorosa por sus discípulos, y que no podrían hacerlo prisionero sin combatir. Los príncipes de los sacerdotes y los escribas continuaban obstinadamente apegados á la idea de que el reino de nuestro Señor era un reino terrenal, y suponían por lo tanto que trataría de sostenerlo con medios mundanos. Tenían aún que aprender la solemne lección contenida en las palabras de nuestro Señor á Pilatos, "Mi reino no es de este mundo: ahora pues mi reino no es de aquí." Juan 18:36.

Haremos bien en recordarlo cuando intentemos extender el reino de la verdadera religión. No debe propagarse por medio de la violencia ni con las armas de la carne. "Las armas de nuestra guerra no son carnales." 2 Cor. 10:4. "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos." Zacarías 4:6. La causa de la verdad no demanda fuerza para sostenerse. Las falsas religiones, como el Mahometismo, se han extendido á menudo por medio de la espada; y el falso Cristianismo, como el da la iglesia romanista, ha sido impuesto á los pueblos valiéndose de persecuciones sanguinarias. Pero el verdadero Evangelio de Cristo no requiere semejantes ayudas; se apoya en el poder del Espíritu Santo; crece y se desarrolla por la influencia que el Espíritu Santo ejerce en los corazones y en las conciencias. La señal mas clara de que una causa religiosa es mala es la disposición á apelar á la fuerza ó al brazo seglar.

Notemos, en segundo lugar, en estos versículos, como todos los detalles de la, pasión de nuestro Señor acontecieron de la manera que los anunciaba la palabra de Dios. Las palabras que dirigió á los que lo prendieron, lo muestran evidentemente: "es preciso que se cumplan las Escrituras."

No hubo accidentes en los acontecimientos que marcaron el término del ministerio terrenal de nuestro Señor, ni fueron productos del acaso. Las huellas que fue dejando desde Getsemaní al Calvario estaban marcadas centenares de años antes. El Salmo veinte y dos, y el capítulo cincuenta y tres de Isaías, se cumplieron al pie de la letra. La rabia de sus enemigos, el alejamiento de su propia nación, el hecho de ser tratado como un malhechor, de ser condenado por la asamblea de los malvados, todo se sabía de antemano, y todo había sido previsto. Todo lo que aconteció fue tan solo la realización del gran designio de Dios de preparar una expiación por los pecados del mundo. Los hombres armados que Judas condujo para apoderarse de Jesús, fueron como Nabucodonosor y Se-Naquerib, instrumentos inconscientes para que tuvieran efecto los propósitos divinos.

Sea motivo de tranquilidad para nuestras almas saber que todo lo que nos rodea ha sido ordenado y arreglado por la sabiduría omnipotente de Dios. El curso de los sucesos de este mundo podrá ser á menudo contrario á nuestros deseos; la condición de la iglesia será á veces muy distinta de la que deseamos; la maldad de los mundanos, y las inconsecuencias de los creyentes afligirán con frecuencia nuestras almas; pero hay una mano sobre nosotros, que mueve esta máquina del universo, y que hace que todas las cosas trabajen de consuno en gloria suya. Las Escrituras se han sido cumpliendo año tras año; ni una jota ni una tilde dejará de cumplirse. Los reyes podrán coligarse, y los príncipes de las naciones pronunciarse contra el Cristo, Salmo 2:2, pero en el día de la resurrección se probará, que aun en los períodos más tenebrosos, todo sucedía según la voluntad de Dios.

Notemos, por último, en estos versículos, como puede flaquear la fe de los verdaderos creyentes. Se nos dice que cuando Judas y su partida se apoderaron de nuestro Señor, y permitió tranquilamente que lo prendiesen, los once discípulos "todos lo abandonaron." Quizás hasta aquel momento los había sostenido la esperanza de que el Señor haría un milagro, y se libraría de sus enemigos, pero cuando vieron que no hacia ningún milagro, el valor los abandonó, olvidaron todas sus anteriores protestas; el viento se llevó todas las promesas que habían hecho de morir con su Maestro antes que dejarlo, y el terror del peligro presente ahogó todos sus sentimientos. "Todos lo abandonaron y huyeron."

Hay algo muy instructivo en este incidente; merece que todos los que profesan ser cristianos lo estudien con la mayor atención. ¡Feliz el que estudia la conducta de los discípulos de nuestro Señor, y recoge de ella alguna enseñanza!

Que la huida de los once discípulos nos enseñe á no confiar demasiado en nuestras fuerzas, y que el temor es un lazo. Nunca sabemos que haremos, si somos tentados, ó hasta que extremos nos llevará la flaqueza de nuestra fe. Revistámonos de humildad.

Aprendamos á ser caritativos cuando juzguemos á otros cristianos. No esperemos demasiado de ellos, ó los clasifiquemos por deficientes en gracia, si los vemos sucumbir á una falta. No olvidemos que aun los apóstoles escogidos por nuestro Señor lo abandonaron en la época de su necesidad; y que, sin embargo, el arrepentimiento  volvió á levantarlos, y fueron los pilares de la iglesia de Cristo.

Finalmente, no concluyamos las meditaciones de este pasaje sin la profunda convicción de lo capaz que es el Señor de simpatizar con los que en El creen. De todas las pruebas la más grande es vernos burlados en nuestro amor. Es un cáliz muy amargo pero que todos los verdaderos cristianos tienen que beber con frecuencia. Los ministros les fallan, los parientes y los amigos; una cisterna tras otra resultan rajadas y que no pueden contener agua ninguna. Pero consuélense con la idea de que hay un Amigo firme, Jesús, que se conmueve sintiendo sus flaquezas, y que ha gustado sus dolores. Jesús sabe lo que es tener amigos y discípulos que flaquean en la hora de la necesidad. Sin embargo, lo sufrió pacientemente, y los amó á pesar de todo. Nunca se cansa de perdonar. Hagamos lo mismo; que ese sea nuestro empeño. De todas maneras, Jesús nunca nos faltará. Está escrito que " compasiones no faltan." Lam. 3.22

Texto Bíblico
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Referencias

Jesús ante el conciclio

Marcos 14.53-65

53  Trajeron,  pues,  a Jesús al sumo sacerdote;  y se reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas.

54  Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote;  y estaba sentado con los alguaciles,  calentándose al fuego.

55  Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús,  para entregarle a la muerte;  pero no lo hallaban.

56  Porque muchos decían falso testimonio contra él,  mas sus testimonios no concordaban.

57  Entonces levantándose unos,  dieron falso testimonio contra él,  diciendo:

58  Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano,  y en tres días edificaré otro hecho sin mano.

59  Pero ni aun así (Jn. 2.19)concordaban en el testimonio.

60  Entonces el sumo sacerdote,  levantándose en medio,  preguntó a Jesús,  diciendo: ¿No respondes nada?  ¿Qué testifican éstos contra ti?

61  Mas él callaba,  y nada respondía.  El sumo sacerdote le volvió a preguntar,  y le dijo: ¿Eres tú el Cristo,  el Hijo del Bendito?

62  Y Jesús le dijo: Yo soy;  y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios,  y viniendo en las nubes del cielo. (Dn. 7.13)

63  Entonces el sumo sacerdote,  rasgando su vestidura,  dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?

64  Habéis oído la blasfemia;  ¿qué os parece?  Y todos ellos le condenaron,  declarándole ser digno de muerte. (Lv. 24.16)

65  Y algunos comenzaron a escupirle,  y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos,  y a decirle: Profetiza.  Y los alguaciles le daban de bofetadas.

Jesús ante el conciclio

Marcos 14.53-65 Mt. 26.57-68; Lc. 22.54-55; 63-71; Jn. 18.12-14; 19-24

Mt. 26.57-68 57  Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás,  adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58  Más Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote;  y entrando,  se sentó con los alguaciles,  para ver el fin. 59  Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio,  buscaban falso testimonio contra Jesús,  para entregarle a la muerte, 60  y no lo hallaron,  aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, 61  que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios,  y en tres días reedificarlo. 62  Y levantándose el sumo sacerdote,  le dijo: ¿No respondes nada?  ¿Qué testifican éstos contra ti? 63  Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente,  que nos digas si eres tú el Cristo,  el Hijo de Dios. 64  Jesús le dijo: Tú lo has dicho;  y además os digo,  que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios,  y viniendo en las nubes del cielo. 65  Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras,  diciendo: ¡Ha blasfemado!  ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?  He aquí,  ahora mismo habéis oído su blasfemia. 66  ¿Qué os parece?  Y respondiendo ellos,  dijeron: ¡Es reo de muerte! 67  Entonces le escupieron en el rostro,  y le dieron de puñetazos,  y otros le abofeteaban, 68  diciendo: Profetízanos,  Cristo,  quién es el que te golpeó.

Lc. 22.54-55 54  Y prendiéndole,  le llevaron,  y le condujeron a casa del sumo sacerdote.  Y Pedro le seguía de lejos. 55  Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio,  se sentaron alrededor;  y Pedro se sentó también entre ellos.; 63-71 63  Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban; 64  y vendándole los ojos,  le golpeaban el rostro,  y le preguntaban,  diciendo: Profetiza,  ¿quién es el que te golpeó? 65  Y decían otras muchas cosas injuriándole. 66  Cuando era de día,  se juntaron los ancianos del pueblo,  los principales sacerdotes y los escribas,  y le trajeron al concilio,  diciendo: 67  ¿Eres tú el Cristo?  Dínoslo.  Y les dijo:  Si os lo dijere,  no creeréis; 68  y también si os preguntare,  no me responderéis,  ni me soltaréis. 69  Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios. 70  Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios?  Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy. 71  Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos?  Porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.

Jn. 18.12-14 12  Entonces la compañía de soldados,  el tribuno y los alguaciles de los judíos,  prendieron a Jesús y le ataron, 13  y le llevaron primeramente a Anás;  porque era suegro de Caifás,  que era sumo sacerdote aquel año. 14  Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos,  de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.; 19-24 19  Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. 20  Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo;  siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo,  donde se reúnen todos los judíos,  y nada he hablado en oculto.  21  ¿Por qué me preguntas a mí?  Pregunta a los que han oído,  qué les haya yo hablado;  he aquí,  ellos saben lo que yo he dicho.  22  Cuando Jesús hubo dicho esto,  uno de los alguaciles,  que estaba allí,  le dio una bofetada,  diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? 23  Jesús le respondió: Si he hablado mal,  testifica en qué está el mal;  y si bien,  ¿por qué me golpeas?  24  Anás entonces le envió atado a Caifás,  el sumo sacerdote.

Marcos 14.58 Jn. 2.19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo,  y en tres días lo levantaré.

Marcos 14.62 Dn. 7.13 Miraba yo en la visión de la noche,  y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre,  que vino hasta el Anciano de días,  y le hicieron acercarse delante de él.

Marcos 14.64 Lv. 24.16 Y el que blasfemare el nombre de Jehová,  ha de ser muerto;  toda la congregación lo apedreará;  así el extranjero como el natural,  si blasfemare el Nombre,  que muera.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 14.53-65

Salomón nos dice en el libro del Eclesiastés, que había visto un gran mal bajo el sol, "el necio colocado en altas dignidades, y el rico sentado en lugar bajo." Ecles. 10.6.

No podemos imaginar una aplicación más completa de estas palabras que los hechos que nos relata el pasaje que tenemos á la vista. Vemos al Hijo de Dios, "en quien están encerrados todos los tesoros de sabiduría y ciencia," acusado como malhechor, "ante los príncipes de los sacerdotes, los ancianos, y los escribas."Vemos á los hombres principales de la nación judía coligándose para matar á su Mesías, y juzgando al que un día vendrá en gloria á juzgarlos á ellos y al género humano entero. Todo esto nos parece maravilloso, pero es verdadero.

Observemos en estos versículos cuan desalentadoramente  los cristianos van á veces al encuentro de las tentaciones. Se nos dice que cuando se llevaron preso á nuestro Señor, "Pedro lo siguió de lejos y aun hasta el palacio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados, y se calentó al fuego. ¡Que imprudente fue esa conducta! Habiendo ya huido y abandonado á su Maestro, debió recordar su debilidad, y no exponerse de nuevo al peligro. Fue un acto arrebatado y presuntuoso, pues puso su fe á nuevas pruebas, para las cuales no estaba preparado. Se mezcló con malas compañías, de las cuales no era posible que recabara bien, sino daño. Abrió el camino á su trasgresión última y más grande, negar tres veces repetidas á su Maestro.

Pero la experiencia nos suministra un principio que nunca debe olvidarse, y es que cuando un creyente empieza á tropezar y pierde su fe primera, rara vez se detiene en su primer mal paso. Raro es que dé tan solo un tropezón y que cometa solo una falta. Tal parece que su inteligencia se ciega; que se desprende del sentido común y de la discreción, y que como un peñasco que rueda montaña abajo, cuanto más va pecando, más rápida y mas decidida es su carrera. Como David, podrá empezar por la pereza, y acabar por todos los crímenes posibles. Como Pedro, podía empezar por la cobardía, seguir después exponiéndose neciamente á las tentaciones y al fin acabar por negar á Cristo.

Si tenemos alguna idea de lo que es la verdadera religión que salva, guardémonos de comenzar con tergiversaciones; es como dejar salida al agua, que primero es una gota y después un torrente. Una vez desviados de la senda de la santidad, no se puede decir hasta donde llegaremos. Así que comenzamos á incurrir en inconsecuencias por ligeras que sean, el día menos pensado nos encontraremos cometiendo toda clase de maldades. Mantengámonos siempre lejos del borde del abismo del mal. No juguemos con candela; no nos imaginemos nunca que somos demasiado exigentes, estrictos y exactos en nuestra conducta. De las peticiones en la oración dominical ninguna es más importante que la última   "No nos dejes caer en tentación."

Observemos, en segundo lugar, en estos versículos, cuanto tuvo que sufrir nuestro Señor Jesucristo por los mentirosos, cuando fue entregado ante los príncipes de los sacerdotes. Se nos dice que "dieron falsos testimonios contra El, pero sus testimonios no concertaban."

Fácilmente podemos concebir que este período de la pasión de nuestro bendito Salvador no fue el menos terrible. Ser prendido injustamente como un malhechor, y juzgado como un criminal, siendo inocente, es una aflicción severa; pero oír á los calumniadores inventar falsas acusaciones contra nosotros y calumnias, oír la virulencia maligna de lenguas escandalosas desatarse para ultrajar y manchar nuestra reputación, y tener la conciencia que todo es falso, es cargar, en verdad, con una cruz muy pesada. Salomón dice que " las palabras de un enredador son como heridas." Prov. 18.8. "Libra mi alma," dice David, "de labios mentirosos y de una lengua engañosa." Salmo 120:2. Y esto era tan solo una parte del cáliz que Jesús bebió por amor á nosotros. ¡Grande fue, en verdad, el precio con que nuestras almas fueron redimidas!

Que los verdaderos cristianos no se sorprendan si en este mundo se ven murmurados y sus actos mal interpretados. No deben esperar ser mejor tratados que su Señor. Esperen, al contrario, ese tratamiento como cosa muy natural, y vean en él algo de esa cruz que todos tienen que echarse á cuestas así que se convierten. Las mentiras y las falsas acusaciones son las armas más favoritas de Satanás. Cuando no puede alejar á los hombres del servicio de Cristo, se esfuerza en mortificarlos y en hacer desagradable ese servicio. Sufrámoslo pacientemente y no lo tengamos por extraño. Tengamos siempre en la memoria estas palabras del Señor Jesús: "¡Ay de vosotros, si todos los hombres hablan en bien de vosotros!" Lucas 6:26. "Bienaventurados seréis, cuando los hombres por mi causa os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren falsamente toda suerte de mal contra vosotros." Mat. 5:11.

Observemos, últimamente, en estos versículos, que testimonio tan claro dio nuestro Señor de su carácter Mesiánico, y de su segunda venida en gloria. El sumo sacerdote le dirige esta solemne cuestión, " ¿Eres tu él Cristo, el Hijo del Bendito?" y recibe al momento esta respuesta tan enfática, " Lo soy; y veréis al Hijo de Hombre sentado á la diestra del poder de Dios y que viene en las nubes del cielo."

Recordemos de continuo estas palabras de nuestro Señor   Los Judíos no pudieron decir después que esas palabras fueron pronunciadas, que no se les dijo claramente que Jesús de Nazaret era el Cristo de Dios. Ante el concilio de los sacerdotes y ancianos declaró, "Yo soy el Cristo." Los judíos no pudieron decir después que era una persona tan humilde y tan pobre que no en digno de crédito. Los apercibió muy claro de que su gloria y su grandeza eran futuras; las defería y posponía hasta su segunda venida. Lo verían después revestido de poder real y de magostad, "sentado á la diestra del poder de Dios," descender sobre las nubes del cielo, como Juez, Conquistador, y Rey. Si Israel fue Incrédulo, no fue por no haberle dicho que debía creer.

Dejemos este pasaje con la firme convicción de la realidad y certeza de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo afirmar poderosamente que vendrá otra vez á juzgar el mundo. Que esta sea una de las verdades cardinales de nuestro Cristianismo personal. Vivimos recordando diariamente que nuestro Salvador volverá un día á este mundo; que el Cristo en quien oreemos no es solamente el Cristo que murió por nosotros y resucitó, Cristo que vive é intercede por nosotros, sino el Cristo que volverá un día glorioso á reunir y premiar á su pueblo, y á castigar á todos sus enemigos.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Pedro niega a Jesús

Marcos 14.66-72

66  Estando Pedro abajo,  en el patio,  vino una de las criadas del sumo sacerdote;

67  y cuando vio a Pedro que se calentaba,  mirándole,  dijo: Tú también estabas con Jesús el Nazareno.

68  Más él negó,  diciendo: No le conozco,  ni sé lo que dices.  Y salió a la entrada;  y cantó el gallo.

69  Y la criada,  viéndole otra vez,  comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos.

70  Pero él negó otra vez.  Y poco después,  los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos;  porque eres galileo,  y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.

71  Entonces él comenzó a maldecir,  y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis.

72  Y el gallo cantó la segunda vez.  Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces,  me negarás tres veces.  Y pensando en esto,  lloraba.

Pedro niega a Jesús

Marcos 14.66-72 Mt. 26.69-75; Lc. 22.55-62; Jn. 18.15-18;25-27

Mt. 26.69-75 69  Pedro estaba sentado fuera en el patio;  y se le acercó una criada,  diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. 70  Mas él negó delante de todos,  diciendo: No sé lo que dices. 71  Saliendo él a la puerta,  le vio otra,  y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el Nazareno. 72  Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. 73  Un poco después,  acercándose los que por allí estaban,  dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos,  porque aun tu manera de hablar te descubre. 74  Entonces él comenzó a maldecir,  y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. 75  Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús,  que le había dicho: Antes que cante el gallo,  me negarás tres veces.  Y saliendo fuera,  lloró amargamente.

Lc. 22.55-62 55  Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio,  se sentaron alrededor;  y Pedro se sentó también entre ellos. 56  Pero una criada,  al verle sentado al fuego,  se fijó en él,  y dijo: También éste estaba con él. 57  Pero él lo negó,  diciendo: Mujer,  no lo conozco. 58  Un poco después,  viéndole otro,  dijo: Tú también eres de ellos.  Y Pedro dijo: Hombre,  no lo soy. 59  Como una hora después,  otro afirmaba,  diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él,  porque es galileo. 60  Y Pedro dijo: Hombre,  no sé lo que dices.  Y en seguida,  mientras él todavía hablaba,  el gallo cantó. 61  Entonces,  vuelto el Señor,  miró a Pedro;  y Pedro se acordó de la palabra del Señor,  que le había dicho: Antes que el gallo cante,  me negarás tres veces. 62  Y Pedro,  saliendo fuera,  lloró amargamente.

Jn. 18.15-18 15  Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo.  Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote,  y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote; 16  mas Pedro estaba fuera,  a la puerta.  Salió,  pues,  el discípulo que era conocido del sumo sacerdote,  y habló a la portera,  e hizo entrar a Pedro. 17  Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre?  Dijo él: No lo soy. 18  Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego;  porque hacía frío,  y se calentaban;  y también con ellos estaba Pedro en pie,  calentándose.;25-27 25  Estaba,  pues,  Pedro en pie,  calentándose.  Y le dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos?  El negó,  y dijo: No lo soy. 26  Uno de los siervos del sumo sacerdote,  pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja,  le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él? 27  Negó Pedro otra vez;  y en seguida cantó el gallo.

 

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 14.66-72

Un naufragio es un espectáculo melancólico, aun cuando no se pierda ninguna vida. Es triste pensar en la destrucción de propiedad y en la pérdida de las esperanzas que son sus consecuencias. Penoso es contemplar los sufrimientos y las fatigas á que tienen exponerse las tripulaciones de los buques en su lucha para evitar ahogarse. Pero ningún naufragio es ni con mucho tan melancólico como las tergiversaciones y caídas de un verdadero cristiano. Mucho pierde con la caída aunque sea de nuevo alzado por fe misericordia de Dios y librado finalmente del infierno. Los versículos que acabamos de leer han evocado ante nuestra mente ese espectáculo. Cuéntasenos en ellos esa historia tan dolorosa y tan instructiva, como Pedro negó á su Señor.

Aprendemos, en primer lugar, en esos versículos, cuan completa y vergonzosamente puede un gran santo caer. Sabemos que Simón Pedro era un apóstol eminente de Jesucristo. Después de la noble confesión que había hecho de Su carácter Mesiánico, recibió de los labios de nuestro Señor una recomendación especial: "Bendito eres, Simón Barjona :" "Yo te daré las llaves del reino de los cielos." Había gozado de privilegios especiales, y había sido el recipiente de mercedes especiales. Sin embargo, vemos á ese mismo Simón Pedro dominado tan completamente por el miedo que llegó á negar á su Señor. ¡Declara que no conoce al que había acompañado y con quien había vivido por tres años! ¡Declara que no conoce á Aquel que había curado á su suegra, que lo había llevado al monte de la transfiguración, y que lo había salvado de ahogarse en el mar de Galilea! ¡Y no niega á su Maestro una vez solamente, sino que lo hace tres veces! ¡Y no lo niega simplemente, sino que "maldice y jura"! ¡Y sobre todo lo hace a pesar de apercibimientos terminantes, y de sus clamorosas protestas, que antes de hacer cosa semejante, preferiría morir!

Estas cosas se han escrito para mostrar á la iglesia de Cristo lo que es la humana naturaleza aun en el mejor de los hombres. Tienen por objeto enseñarnos, que aun después de la conversión y de la renovación del Espíritu Santo, los creyentes están asediados de flaquezas y expuestos siempre á caer. Han sido relatadas para hacernos comprender la inmensa importancia de una vigilancia diaria de la oración y de la humildad mientras permanezcamos en el cuerpo. "Que el que piensa estar firme, tenga cuidado no sea que caiga."

Recordemos cuidadosamente que el caso de Simón Pedro no es único en su género. La palabra de Dios contiene otros muchos ejemplos de las debilidades de verdaderos creyentes y que haríamos bien en meditar. Las historias de Noé, Abrahán, David y Ezequías, nos suministrarán pruebas lamentables, de que "la infección del pecado continua aun en los regenerados " y que ningún hombre es bastante fuerte para considerarse exento de todo peligro de caer. No lo olvidemos; y marchemos humildemente por los senderos de Dios. "Feliz el hombre que siempre teme." Prov. 28:14.

Aprendamos, en segundo lugar, en estos versículos, como una pequeña tentación puede ser la causa de la caída grave de un santo. El principio de las pruebas de Pedro fue tan solo la simple observación de una criada del sumo sacerdote: "Tú también estabas con Jesús de Nazaret." No hay nada que pruebe que al decir eso tuviera ningún intento hostil. Por lo que podemos juzgar, la criada no se propuso otra cosa sino manifestar que se acordaba de que Pedro era un compañero habitual de nuestro Señor. Pero esta simple observación fue bastante para echar por tierra la fe de un apóstol eminente, y hacerlo que principiara á negar á su Maestro, y ¡El principal, el más preeminente de los discípulos escogidos por nuestro Señor es vencido, no por las amenazas de hombres armados, sino por el dicho de una débil mujer!

Hay algo de muy instructivo en este hecho. Debe enseñarnos que ninguna tentación es demasiado pequeña é indiferente para vencernos, si no velamos y oramos pidiendo sostén y ayuda. Si Dios está por nosotros podemos remover montañas y triunfar de una horda de enemigos. "Todo lo puedo," dice Pablo, "en Cristo que me fortalece." Filip. 4.13. Si Dios nos retira su gracia, y nos abandona á nosotros mismos, quedamos como una ciudad sin puertas y sin murallas, presa fácil del primer enemigo que se presente, por débil y despreciable que sea.

Guardémonos de mirar con ligereza las tentaciones porque .nos parezcan insignificantes y pequeñas. Nada de lo que se refiere á nuestras almas es pequeño. Un poco de levadura hace fermentar toda la masa. Una pequeña centella enciende un gran fuego, y una vía de agua por pequeña que sea puede hacer zozobrar un gran bajel. Una provocación insignificante puede desarrollar en nuestros corazones una gran corrupción, y terminar por turbar profundamente nuestras almas.

Aprendamos, finalmente, en estos versículos, que las tergiversaciones producen á los santos grandes pesares. La conclusión del pasaje afecta mucho. "Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho, Antes que el gallo cante me negarás tres veces." ¿Quién puede pretender describir los sentimientos que debieron agitar el alma del apóstol? ¿Quién puede concebir su vergüenza, su confusión, las reconvenciones qué se dirigió, y los amargos remordimientos que atormentaron su alma? ¡Haber caído tan criminalmente! ¡Haber reincidido en la caída! Todos estos debieron ser para él agudos pensamientos; debieron entrar en su alma como una punta acerada. ¡Que significación tan profunda y tan solemne en esa simple expresión que á él se refiere-"cuando pensó en ello, lloró!"

Pedro experimentó tan solo lo que sienten todos los siervos de Dios que ceden á las tentaciones. Lot y Sansón, David y Josafat en la historia bíblica; Cranmer y Jewell en los anales de nuestra iglesia Anglicana, todos han dejado pruebas evidentes, como Pedro, de que "el apóstata quedará harto de sus propios caminos." Prov. 14.14. Como Pedro erraron gravemente; y como Pedro se arrepintieron de corazón: pero como Pedro encontraron que habían recogido una cosecha muy amarga en este mundo. Como Pedro fueron graciosamente perdonados; pero como Pedro derramaron muchas lágrimas.

Al dejar este pasaje tengamos la firme convicción que el pecado conduce con toda seguridad al pesar, y que el camino de la santidad es siempre el camino de la mayor felicidad. El Señor Jesús ha decretado en su misericordia que nunca pueda ser provechoso á sus siervos marchar descuidados y ceder á las tentaciones. Si le volvemos la espalda estemos seguros que de ello nos doleremos Aunque nos perdone, nos hará sentir la locura de nuestros pasos Los que sigan al Señor más decididamente, esos lo seguirán con más reposo. "Se multiplicarán los pesares de los que corren tras dioses ájenos." Salmo 16.4.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Marcos
J.C. C Ryle
Libros CLIE
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