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Jesús ante Pilato Marcos 15.1-5 1 Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. 2 Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. 3 Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. 4 Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. 5 Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. |
Jesús ante Pilato Marcos 15.1-5 Mt. 27.1-2; 11-14; Lc. 23.1-5; Jn. 18.28-38 Mt. 27.1-2 1 Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. 2 Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.; 11-14 11 Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 12 Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. 13 Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 14 Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho. Lc. 23.1-5 1 Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos, llevaron a Jesús a Pilato. 2 Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey. 3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. 4 Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. 5 Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. Jn. 18.28-38 28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. 29 Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? 30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. 31 Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; 32 para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir. 33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? 34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. 37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. |
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Jesús sentenciado a muerte Marcos 15.6-20 6 Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7 Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. 8 Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. 9 Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? 10 Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. 11 Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. 12 Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? 13 Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! 14 Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! 15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. 16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. 17 Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, 18 comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! 19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. 20 Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle. |
Jesús sentenciado a muerte Marcos 15.6-20 Mt. 27.15-31; Lc. 23.13-25; Jn. 18.38-19.16 Mt. 27.15-31 15 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. 16 Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. 17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18 Porque sabía que por envidia le habían entregado. 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. 21 Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22 Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! 23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! 24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. 25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado. 27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; 28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, 29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. Lc. 23.13-25 13 Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, 14 les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. 15 Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre. 16 Le soltaré, pues, después de castigarle. 17 Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. 18 Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás! 19 Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio. 20 Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús; 21 pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! 22 El les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré. 23 Más ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron. 24 Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían; 25 y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos. Jn. 18.38-40 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. 39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? 40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón. 19.16 1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. 2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; 3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! Y le daban de bofetadas. 4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. 5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! 6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. 7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. 8 Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. 9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Más Jesús no le dio respuesta. 10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? 11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. 12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone. 13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata. 14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! 15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. 16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. |
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Comentarios J.C. Ryle Estos versículos comienzan el capítulo en que S. Marcos describe la muerte del "Cordero de Dios que borra los pecados del mundo."De la historia Evangélica esta parte debería leerse siempre con especial reverencia. Deberíamos recordar que Cristo fue muerto, no por El, sino por nosotros. Dan. 9:26. Deberíamos tener presente que su muerte es la vida de nuestras almas, y que si su sangre no hubiese sido derramada, hubiéramos perecido miserablemente en nuestros pecados. Marquemos en estos versículos que prueba tan convincente dieron los gobernadores judíos á su nación que los tiempos del Mesías habían llegado. El capítulo principia narrándonos que los príncipes de los sacerdotes ataron á Jesús y "lo entregaron á Pilato,"que era el gobernador romano. ¿Por qué lo hicieron? Porque no tenían ya facultades para condenar á nadie á muerte, y estaban bajo la dominación de los Romanos. Por éste acto y hecho declararon que se había cumplido la profecía de Jacob: que el cetro había sido quitado á Judá, y de su muslo el caudillo, y que el Scilo, el Mesías, que Dios había prometido enviar, debía haber venido. Gen. 49:10. Sin embargo, nada muestra en lo más mínimo que recordasen la profecía; estaban ciegos; no podían, ó no querían ver lo que estaban haciendo. No olvidemos nunca que los malvados realizan muchas veces las predicciones de Dios para su propia ruina, y sin embargo no lo comprenden. En medio de los excesos de su locura, de su necedad, é incredulidad, están á menudo sin saberlo suministrando nuevas pruebas de la verdad de la Biblia. Los desgraciados burladores que hacen escarnio de todo lo que es más respetable en religión, y no pueden hablar del Cristianismo sin ridiculizarlo y burlarse de él, harían bien en recordar que su conducta hace mucho tiempo que fue prevista y predicha : "en los postrimeros días vendrán burladores, que marcharán á merced de sus propias concupiscencias." 2 Pedro 3:3. Marquemos, en segundo lugar, en estos versículos, la mansedumbre y humildad de nuestro Señor Jesucristo. Cuando fue llevado ante el tribunal de Pilato, y "acusado de muchas cosas," nada respondió. Aunque los cargos que se le hacían eran falsos, y no conoció el pecado, aceptó el sufrir la contradicción de los pecadores que estaban contra El, no respondiendo. Heb. 12:3. Aunque inocente, se sometió sin murmurar á las acusaciones infundadas que se le dirigían. ¡Grande es el contraste entre el primer Adán y el segundo! Nuestro primer padre Adán fue criminal, y sin embargo trató de excusarse. El segundo Adán estaba inocente, y á pesar de eso no se defendió. "Como cordero delante del que lo trasquila enmudecerá, y no abrirá su boca." Isaías 53.7. Aprendamos una lección práctica del ejemplo de nuestro Salvador. Aprendamos á sufrir pacientemente, y á no quejarnos, cualesquiera que sean las amarguras que Dios juzgue conveniente enviarnos. Tratemos de guardar nuestros caminos, para no pecar con nuestra lengua, en la hora de la tentación. Salmo 39:1 Guardémonos de dejarnos arrastrar por la irritación y el mal genio, por provocantes ó inmerecidas que nos parezcan las pruebas que atravesamos. Nada en el carácter cristiano glorifica tanto á Dios como el sufrir con paciencia. "Pero si obrando bien sufrís con paciencia, esto es agradable delante de Dios. Que para esto fuisteis llamados, puesto que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus huellas." 1 Ped. 2: 20, 21. Marquemos, en tercer lugar, en estos versículos, la conducta titubeante é incierta de Pílalo. Del pasaje que tenemos á la vista se deduce muy claro que Pilato estaba convencido de la inocencia de nuestro Señor. "Sabia que los príncipes de los sacerdotes lo habían entregado por envidia."Lo vemos luchando aunque débilmente por algún tiempo para obtener la absolución de nuestro Señor, y satisfacer su propia conciencia. Cede al fin á la importunidad de los judíos, y "queriendo contentar al pueblo," entrega á Jesús para que sea crucificado, y para eterna desgracia y perdición de su alma. Un hombre sin principios religiosos colocado en un alto puesto, es uno de los espectáculos más tristes que puede presentar el mundo; es como un gran navío impelido por las olas de un lado á otro por los mares, sin brújula ni gobernalle. Su misma grandeza lo rodea de lazos y tentaciones, pues le da poder para el bien y para el mal; poder, que si no usa rectamente, le suscitará mil dificultades y lo hará seguramente desgraciado. Oremos mucho por los poderosos; necesitan de mucha gracia para mantenerse libres de la influencia del espíritu del mal. Los altos puestos son lugares muy resbaladizos, y no debemos admirarnos que S. Pablo recomiende que se interceda "por los reyes y por todos los que están en autoridad." 1 Tim. 2:1. No envidiemos á los que gozan de altos destinos y grandezas; están expuestos á muchas tentaciones que les son peculiares. Muy difícil le será a un rico entrar en el reino de Dios. "¿Y tú buscas para ti cosas grandes? no las busques." Jere. 45:5. Notemos, en cuarto lugar, en estos versículos, el crimen nefando de los Judíos en la muerte de Cristo, En el último momento loa príncipes de los sacerdotes tuvieron una oportunidad para arrepentirse si hubieran querido aprovecharse de ella. Se les ofreció elegir á quien querían que se pusiese en libertad, si á Jesús ó á Barrabas; pero fría y deliberadamente persistieron en su plan sanguinario, y prefirieron que se diese libertad á un asesino y que se ejecutase al Príncipe de la Vida. Ya no tenían el poder de ejecutar en Jesús la sentencia de muerte; pero asumieron públicamente la responsabilidad de esa muerte. "¿Qué queréis que haga con él?" les preguntó Pilato. "Crucifícalo, crucifícalo" fue su terrible respuesta. Los agentes de la muerte de nuestro Señor fueron indudablemente Gentiles, pero la culpa recae principalmente sobre los judíos. Nos admiramos de la maldad de los judíos en todo lo que se refiere á esta parte de la historia de nuestro Señor, y en verdad que es con mucha razón. Rechazar á Cristo y preferir á Barrabas es un hecho asombroso, tal parece que es llegar al límite extremo de la ceguedad, de la locura, del delirio; pero cuidemos de no seguir involuntariamente su ejemplo. Obremos con cuidado no sea que al fin encontremos que hemos escogido á Barrabas y rechazado á Cristo. He ahí que ante nosotros se hallan el servicio del pecado y el servicio de Dios; la amistad del mundo está apelando de continuo á nuestras simpatías. ¿Escogemos bien? ¿Nos unimos al Amigo que nos conviene? Estas son cuestiones muy importantes. Feliz aquel que pueda dar á ellas una respuesta satisfactoria. Marquemos, finalmente, en estos versículos, que tipo tan marcado del plan Evangélico de la salvación nos presenta la soltura de Barrabas. El criminal es puesto en libertad y el inocente llevado á la muerte; el gran pecador es soltado, y el santo queda cargado de prisiones; Barrabas es perdonado y Cristo crucificado. Tenemos en este hecho tan notable un emblema vivido de la manera con que Dios perdona y justifica al impío; lo hace porque Cristo ha sufrido en su lugar, el justo por el injusto. Merecen ser castigados, pero un poderoso Sustituto ha sufrido por ellos. Merecen la muerte eterna, pero un glorioso Fiador ha muerto por ellos. Todos estamos por naturaleza en la condición de Barrabas; somos criminales, impíos, merecedores de condenación: pero "cuando estábamos sin esperanza " Cristo el inocente murió por loa impíos. Y ahora Dios por causa de Cristo puede ser justo, y al mismo tiempo "justificador de aquel que cree en Jesús." Bendigamos á Dios por habernos ofrecido tan gloriosa salvación. Debemos alegar siempre, no que merecemos el perdón, sino que Cristo ha muerto por nosotros. Cuidemos ya que tenemos tan gran salvación de hacer realmente uso de ella en bien de nuestras simas. No descansemos hasta que no podamos decir con fe, " Cristo es mío. Merezco el infierno; pero Cristo ha muerto por mí, y al creer en él tengo la esperanza del cielo." |
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Crucifixión y muerte de Jesús Marcos 15.21-41 21 Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, (Ro. 16.13) que venía del campo, a que le llevase la cruz. 22 Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera. 23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. 24 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos (Sal. 22.18) para ver qué se llevaría cada uno. 25 Era la hora tercera cuando le crucificaron. 26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. 27 Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. 28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos. (Is. 53.12) 29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza (Sal. 27.7; 109.25) y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, (Mr. 14.58; Jn. 2.19) 30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. 31 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban. 33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? Que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Sal. 22.1) 35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. 36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, (Sal. 69.21) diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. 37 Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. 38 Entonces el velo (Ex. 26.31-33) del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. 40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; (Lc. 8.2-3) y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. |
Crucifixión y muerte de Jesús Marcos 15.21-41 Mt. 27.32-56; Lc. 23.26-49; Jn. 19.17-30 Mt. 27.32-56 32 Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. 33 Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, 34 le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. 35 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 36 Y sentados le guardaban allí. 37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. 38 Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. 39 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, 40 y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: 42 A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. 43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. 44 Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él. 45 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. 48 Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 49 Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 51 Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52 y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 54 El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios. 55 Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, 56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Lc. 23.26-49 26 Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. 27 Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. 28 Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. 29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. 30 Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. 31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? 32 Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. 33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. 35 Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. 36 Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, 37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. 39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. 42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. 44 Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. 46 Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. 47 Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48 Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. 49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas. Jn. 19.17-30 17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. 21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. 22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. 23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. 24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados. 25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. 29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. 30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. |
Marcos 21 Ro. 16.13 Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y mía. Marcos 15.24 Sal. 22.18 Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Marcos 15.28 Is. 53.12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. Marcos 15.29 Sal. 27.7; Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; Ten misericordia de mí, y respóndeme. 109.25 Yo he sido para ellos objeto de oprobio; Me miraban, y burlándose meneaban su cabeza. Marcos 15.29 Mr. 14.58; Jn. 2.19 Mr. 14.58 Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano. Jn. 2.19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Marcos 15.34 Sal. 22.1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Marcos 15.36 Sal. 69.21 Me pusieron además hiel por comida, Y en mi sed me dieron a beber vinagre. Marcos 15.38 Ex. 26.31-33 31 También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines; 32 y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata. 33 Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo. Marcos 15.40-41 Lc. 8.2-3 2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, 3 Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes. |
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Comentarios J.C. Ryle El pasaje que acabamos ahora de leer nos muestra el amor infinito de Cristo á los pecadores. Los sufrimientos que en él se describen llenarían nuestras almas de una mezcla de horror y de compasión, si se los hubieran hecho sufrir á quien hubiera sido solamente hombre como nosotros. Pero cuando reflexionamos que el paciente era el Hijo eterno de Dios, la admiración y el estupor nos sobrecogen. Y si continuamos reflexionando que esos tormentos fueron sufridos voluntariamente con el objeto de librar á los pecadores, como nosotros lo somos, del infierno, podremos comprender mejor la frase de S. Pablo cuando dice que "el amor de Cristo excede á nuestra inteligencia," Efes. 3:19; y que "Dios encarece su amor á nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." Rom. 5:8. Encontraremos útil examinar separadamente los diferentes períodos de la pasión de nuestro Señor. Sigámoslo paso á paso desde el momento de su condenación por Pilato hasta su última hora en la cruz. Hay una profunda significación en las circunstancias más pequeñas y al parecer más indiferentes de sus amarguras. Todas fueron emblemas animados de verdades espirituales; y no olvidemos al meditar en esta historia maravillosa, que nosotros y nuestros pecados fuimos la causa de todos esos sufrimientos. "Cristo padeció por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos á Dios." 1 Ped. 3:18. Estamos leyendo la historia de la muerte de nuestro Fiador y Sustituto. Primeramente vemos á Jesús entregado en manos de los soldados romanos, como un criminal condenado al último suplicio. Aquel ante quien el mundo se presentará un día para ser juzgado, permitió ser sentenciado injustamente, y ser entregado en manos de los perversos. ¿Y porqué fue así? Para que nosotros, hijos de los hombres, pobres y pecadores, pudiéramos librarnos del abismo de la perdición, y del tormento de las cadenas del infierno. Para que pudiéramos quedar absueltos de todos los cargos el día del juicio, y presentarnos inmaculados y rebosando de alegría ante Dios Padre. Vemos después á Jesús insultado y blanco de la befa de los soldados romanos. Por burla "lo vistieron de púrpura," y lo coronaron con "una corona de espinas " para hacer irrisión de su reino. "Le golpearon la cabeza con una caña, y lo escupieron" como un ser despreciable, y no mejor que "la escoria del mundo." 1 Cor, 2:13. ¿Y porqué fue así? Para que nosotros, aunque viles, pudiéramos recibir gloria, honor y vida eterna por nuestra fe en la expiación de Cristo; para que pudiéramos ser recibidos triunfantes en el reino de Dios el día final, y recibir una corona inmarcesible de gloria. Vemos en seguida á Jesús despojado de sus vestidos y crucificado desnudo ante sus enemigos. Los soldados que lo condujeron al patíbulo "se dividieron sus vestidos, echando suertes." ¿Y porqué fue así? Para que nosotros, que no tenemos justicia propia, nos revistamos de la perfecta que Cristo nos ha conseguido, y no nos encontremos desnudos ante Dios el día del juicio final. Para que nosotros que estamos todos manchados por el pecado, podamos tener un traje de boda, con el que nos sentemos al lado de los ángeles, y no nos avergoncemos. Vemos después á Jesús sufriendo la muerte más ignominiosa y humillante de todas, la muerte de cruz; pues era el castigo reservado á los peores malhechores, y el hombre á quien se le imponía, era considerado maldito. Está escrito, "Maldito todo aquel que es colgado en el madero." Gal. 3:13. ¿Y porqué fue así? Para que nosotros, nacidos en pecado, é hijos de ira, fuésemos considerados benditos por causa de Cristo. Para remover la maldición que todos merecemos por el pecado, haciéndola recaer sobre Cristo. "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición." Gal. 3:13. En quinto lugar vemos á Jesús declarado transgresor y pecador. "Con él crucifican á dos ladrones."El que no cometió pecado, y en quien no hay culpa, " fue contado con los transgresores." ¿Y porqué fue así? Para que nosotros, miserables transgresores que somos por naturaleza y por voluntad, seamos declarados inocentes por medio de Cristo ; para que nosotros que no merecemos sino castigos, seamos juzgados dignos de salvarnos del juicio de Dios, y seamos absueltos ante el género humano congregado. Vemos, por último, á Jesús insultado y burlado en los momentos dé espirar, acusado de impostor, é incapaz de salvarse a si mismo. ¿Y porqué fue así? Para que nosotros en nuestros últimos momentos tengamos el gran consuelo de la fe en Cristo. Todo esto sucedió para que gocemos de una seguridad perfecta, para que supiéramos en quien hemos creído, y atravesemos el valle de las sombras de la muerte sin experimentar temor alguno. Dejemos este pasaje con la profunda convicción de la enorme deuda que todos los creyentes debemos á Cristo. Todo lo que poseen, y son, y esperan, tiene su origen y fundamento en los actos y en la muerte del Hijo de Dios. Por su condenación serán ellos absueltos, por sus sufrimientos tienen paz, por su vergüenza gloria, y por su muerte vida. Sus pecados á El le fueron imputados, y la justicia de El á ellos se les imputa. No es de maravillarse que S. Pablo diga, "Gracias á Dios por su inenarrable don." 2 Cor. 9:15. Finalmente al concluir las meditaciones-sobre este pasaje grabemos en nuestras almas la profunda convicción del amor indecible de Cristo. Recordemos que somos pecadores, malos, corrompidos y miserables, y que Jesús nuestro Señor es el Hijo eterno de Dios, el Creador de todas las cosas; y recordemos entonces también que Jesús por amor á nosotros sufrió voluntariamente la más penosa, la más terrible y la más afrentosa de las muertes. Seguramente que el recuerdo de ese amor nos obligará diariamente á vivir no para nosotros mismos, sino para Cristo ; nos debería dar voluntad y disposición para presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo á Aquel que vivió y murió por nosotros. 2 Cor. 5:4 y Rom. 12:1. Que la cruz de Cristo esté de continuo ante nuestros ojos; bien comprendida, ningún otro símbolo del Cristianismo puede tener sobre nuestras almas una influencia más santificante ni más consoladora.
Comentarios J.C. Ryle Tenemos en, estos versículos descrita la muerte de Jesucristo, nuestro Señor. Toda muerte es un acontecimiento solemne; nada en toda la carrera de un hombre es tan importante como su fin; pero nunca hubo una muerte de tanto momento y tan solemne como la que ahora contemplamos. En el instante en que nuestro Señor exhaló su último suspiro, se consumó la obra de la expiación por los pecados de todo un mundo; quedó pagado finalmente el rescate de los pecadores, y el reino del cielo abierto á todos los creyentes. Todas las esperanzas que los mortales abrigan respecto á sus almas, tienen su origen en esa agonía en la cruz. Observemos, en estos versículos, los signos visibles y las maravillas que acompañan la muerte de nuestro Señor. S. Marcos menciona dos en particular, que deben fijar nuestra atención. Una es el haberse oscurecido el sol durante tres horas, y otro haberse rasgado el velo que separaba el santo de los santos del resto del templo; ambos fueron unos acontecimientos milagrosos, ambos tienen, no hay duda, una profunda significación y tuvieron por objeto atraer la atención de la vasta muchedumbre que estaba reunida en Jerusalén. Las tinieblas debieron admirar aun á los Gentiles aturdidos y ligeros como Pilato y á los soldados romanos; el hecho de rasgarse el velo asombraría aun á Annas y á Caifás y á sus incrédulos compañeros. En pocas casas no se dijo en Jerusalén aquella noche, "hemos visto y oído hoy cosas muy extrañas." ¿Qué enseñó aquella oscuridad milagrosa? la maldad suma de la nación judaica. Estaban realmente crucificando á su Mesías, y matando á su Rey: El sol ocultó el rostro ante aquel espectáculo. Enseñó la gravedad profunda del pecado á los ojos de Dios. El mismo Hijo de Dios tuvo que quedarse sin la luz brillante del día, cuando se hizo pecado por nosotros y cargó con nuestras transgresiones. ¿Que significación tuvo rasgarse el velo? Proclamaba la abolición y terminación de toda la ley judaica de ceremonias. Proclamó que la entrada al santo de los santos estaba por la muerte de Cristo abierto á todo el género humano. Heb. 9:8. Proclamaba que los Gentiles así como los judíos podrían ahora acercarse á Dios con confianza, por medio de Jesús, el único Sumo Pontífice y que quedaban destruidas todas las barreras entre el hombre y Dios. ¡No olvidemos nunca la lección práctica que recibimos al rasgarse el velo! Ese olvido cubriría nuestras almas con las densas tinieblas que están reservadas para los incrédulos obstinados. Judas 13. Las tinieblas que rodearon á nuestro Fiador bendito cuando estaba en la cruz duraron tan solo tres horas. La densa oscuridad, que como cadena atará á todos los que rechazan su expiación y mueren en el pecado, será eterna. Observemos, en segundo lugar, en estos versículos, cuan real y verdaderamente fue nuestro Señor Jesucristo hecho maldición por nosotros, y se cargó con nuestros pecados. Lo vemos comprobado evidentemente en esas palabras maravillosas que pronunció en la hora nona, "Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?" Seria inútil pretender sondear el significado profundo que encierran estas palabras; implican un cúmulo de sufrimientos mentales que nos es imposible concebir. Las agonías de algunos da los siervos de Dios más privilegiados han sido algunos veces excesivas, bajo la impresión en que se encontraban de que Dios les había retirado su favor. Supongamos cual fue la agonía del santo Hijo de Dios, cuando todos los pecados del mundo fueron acumulados sobre su cabeza, cuando comprendió que era considerado criminal, aunque sin pecado, cuando sintió que el Padre apartaba de El su rostro. La agonía de aquel instante debió haber sido algo de incomprensible para nosotros; es algo de encumbrado, que no podemos alcanzar á comprender. Solo podemos creerlo; pero no explicarlo ni descubrirlo de una manera perfecta. Una cosa es, sin embargo, muy clara; la imposibilidad de encontrar ninguna explicación á esas palabras, si no aceptamos la doctrina de la expiación de Cristo y de su sustitución por los pecados. Suponer, como muchos se han atrevido á hacerlo, suponer que Jesús no era más que un hombre, ó que su muerte fue tan solo un gran ejemplo de abnegación, hace completamente ininteligible esa exclamación suya al morir. Lo hace aparecer menos sufrido y tranquilo en su hora suprema que muchos mártires, y aun algunos filósofos paganos. Nuestra explicación es la única satisfactoria, la que acepta la gran doctrina bíblica del sacrificio vicario de Cristo y su sustitución por nosotros en la cruz. Lanzó ese grito en sus últimos momentos, agobiado con el peso de los pecados del mundo que sobre El gravitaban, y que á El se imputaban. Observemos, por último, en estos versículos, que es posible verse abandonado por Dios durante algún tiempo, y ser, no obstante, amado por Él. No hay por qué dudarlo, cuando leemos las palabras que Jesús moribundo pronunció en la cruz. Le oímos decir á su Padre, " ¿Por qué me has abandonado?" y sin embargo lo invoca diciéndole, "Dios mío." Sabemos también que nuestro Señor fue abandonado tan solo por corto tiempo, y que aun en esa condición era el Hijo amado en quien el Padre "se complacía," tanto cuando sufría como cuando obraba, Hay en estos hechos una profunda instrucción experimental que merece ser tomada en cuenta por todos los cristianos verdaderos. No hay duda que bajo un punto de vista el sentimiento que experimentó nuestro Señor de encontrarse "abandonado" le era muy peculiar, puesto que El sufría por nuestros pecados y no por los suyos; pero aun haciendo esta concesión, aún queda en pié el gran hecho que Jesús por cierto espacio de tiempo se vio "abandonado del Padre" y a pesar de todo eso era el "Hijo amado " del Padre. Como le aconteció á la Gran Cabeza de la iglesia, así con ciertas modificaciones puede acontecer á los que son miembros de El. Ellos también, aunque escogidos y amados por el Padre, pueden algunas veces sentir que su rostro se ha desviado de ellos. Ellos, también, ya á consecuencia de enfermedades corporales, ó por angustias especiales, ó por su indiferencia y descuido en su conducta, ó porque es la voluntad de Dios atraérselos de esa manera, podrán verse obligados á exclamar, " Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?" Deber es de los creyentes que sienten que están "abandonados " aprender del ejemplo de nuestro Señor á no ceder á la desesperación. Cierto es que no deben estar contentos en la condición en que se encuentran y que obligación suya es examinar sus córatenos y tratar de descubrir si no hay algo escondido en ellos que hace que sus consuelos sean mezquinos, Job 15:11; pero que no se decidan en su amargura contra ellos mismos, y concluyan precipitadamente que están alejados para siempre, ó que se engañan á si mismos, y que están destituidos de toda gracia. Continúen esperando en el Señor, y digan con Job, "Aunque me mate, confiaré, no obstante, en él." Job 13:15. Recuerden las palabras de Isaías y de David, " ¿Quién hay entre vosotros que teme al Señor, que camina entre sombras, y no tiene luz? Que confié en el nombre del Señor, y se apoye en su Dios." Isaías 1:10. "¿Porqué estás abatida, ó alma mía, y porqué estás inquieta dentro de mí ? Espera en Dios, pues yo lo alabaré. Salmo 42:11. |
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Texto Bíblico
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Textos
Paralelos
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Referencias
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Jesús es sepultado Marcos 15.42-47 42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, 43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, 46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían. |
Jesús es sepultado Marcos 15.42-47 Mt. 27.57-61; Lc. 23.50-56; Jn. 19.38-42 Mt. 27.57-61 57 Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. 58 Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. 59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, 60 y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. 61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. Lc. 23.50-56 50 Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. 51 Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, 52 fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53 Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. 54 Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo. 55 Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. 56 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento. Jn. 19.38-42 38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. 40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. 42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús. |
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Comentarios J.C. Ryle La muerte de nuestro Señor Jesucristo es el acontecimiento más importante del Cristianismo; en ella estriban las esperanzas de todos los pecadores redimidos, tanto en el tiempo como en la eternidad. No debemos, por tanto, sorprendernos al ver el empeño con que se establece cuidadosamente la realidad de su muerte de una manera indudable. En los versículos que acabamos ahora de leer se nos presentan tres clases diferentes de testigos del acontecimiento. El centurión romano que estaba cerca de la cruz, las mujeres que siguieron á nuestro Señor desde Galilea hasta Jerusalén, y los discípulos que lo enterraron, fueron todos testigos que Jesús murió realmente. Sus testimonios contestes están por encima de toda sospecha. No pudieron engañarse; lo que vieron no fue desmayo, ni trance, ni insensibilidad pasajera. Vieron á ese mismo Jesús que fue crucificado, entregar su espíritu, y obedecer hasta morir. Fijemos esta circunstancia en nuestras almas: nuestro Salvador murió real y verdaderamente. Notemos ante todo en este pasaje, que mención Lan honrosa se hace aquí de las mujeres. Se nos dice especialmente, que cuando nuestro Señor exhaló el último suspiro "había unas mujeres que lo estaban mirando de lejos;" y se conservan los nombres de algunas de ellas. Se nos dice también que eran las mismas que habían seguido á nuestro Señor por Galilea y lo habían servido, y que allí había además "otras muchas mujeres que vinieron con el á Jerusalén." Muy poco podíamos esperar que se nos relatasen estas circunstancias y pues debíamos suponer, que cuando todos los discípulos habían abandonado á nuestro Señor y huido, el sexo más débil y más tímido no se hubiera atrevido á presentarse como amigo da El. Esto prueba lo que la gracia puede hacer. Dios escoge algunas veces las cosas débiles de este mundo, para confundir á los poderosos, y los postreros suelen ser los primeros, y los primeros los postreros. La fe de las mujeres se mantiene firme y erguida algunas veces, cuando la de los hombres desfallece y se postra. Pero es interesante descubrir en el Nuevo Testamento con cuanta frecuencia la gracia de Dios ha sido glorificada -en las mujeres, y cuantos beneficios plugo á Dios conferir por su medio á la iglesia, y al mundo. Vemos en el Antiguo Testamento que la trasgresión de la mujer fue la causa productora del pecado y do la muerte. Vemos en el Nuevo nacer á Jesús de una mujer y con ese nacimiento milagroso producirse la vida y la inmortalidad, tu el Antiguo Testamento á la mujer servir con frecuencia al hombre de obstáculo y de tropiezo. Las mujeres de antes del diluvio, y las historias de Sara, Rebeca, Raquel, Dalila, Bet-sabé, y Jezabel, son tristes ejemplos de esta verdad. Vemos generalmente en el Nuevo Testamento que las mujeres se mencionan sirviendo de ayuda y de sostén á la causa de la verdadera religión. Isabel, María, Marta, Dórcas, Lidia, y las mujeres que S. Pablo nombra en su epístola á los Romanos, son otros tantos comprobantes. El contraste es muy marcado, y es innecesario decir que sin duda es intencional. Es una de las muchas pruebas de que la gracia abunda más bajo el Evangelio que bajo la ley. Parece que el objeto es enseñarnos que las mujeres ocupan un lugar importante en la iglesia de Cristo, lugar que debe asignárseles, y que ellas deben ocupar. Hay en ella una gran obra que las mujeres pueden realizar en gloria de Dios sin ser maestros públicos. ¡Feliz la congregación en que las mujeres lo saben, y obran en conformidad con ese conocimiento. Notemos además en este pasaje, que Jesús tiene amigos de quienes muy poco se sabe. Prueba convincente de ello es la aparición de ese José de Arimatea, que aquí se menciona por la primera vez. No conocemos la historia anterior de este hombre; no sabemos como aprendió á amar á Cristo, y á experimentar el deseo de tributarle honor; ni nada tampoco sabernos de su historia ulterior así que nuestro Señor dejó este mundo. Todo lo que sabemos es la interesante narración de los hechos que estamos considerando. Se nos dice que "había esperado el reino de Dios," y que en la época en que los discípulos del Señor lo habían abandonado "se dirigió valerosamente á Pilato, y le pidió con instancia el cuerpo de Jesús," y lo enterró respetuosamente en su propio sepulcro. Otros habían honrado y confesado á nuestro Señor cuando lo veían haciendo milagros, pero José lo honró y se confesó discípulo suyo, cuando lo vio convertido en cadáver frió y ensangrentado. Otros habían manifestado su amor á Cristo cuando hablaba y vivía, pero José cuando estaba silencioso y muerto. Consolémonos con la idea de que hay verdaderos cristianos en este mundo, de quienes nada sabemos, en lugares en que no esperábamos encontrarlos. No hay duda que los fieles son siempre pocos; pero de ahí no debemos deducir precipitadamente que no haya gracia en una familia ó en una parroquia, porque nuestros ojos no la ven. Conocemos en parte y en parte solamente vemos, fuera del círculo en que la suerte nos ha destinado á movernos. El Señor tiene á muchos "escondidos" en la iglesia, que, á menos que las circunstancias no los descubran no serán conocidos hasta el último día. No deben olvidarse las palabras que dirigió Dios á Elías, "Sin embargo me he reservado siete mil en Israel." 1 Reyes 19:18. Notemos, por último, en este pasaje, que honor ha conferido nuestro Señor Jesucristo al sepulcro permitiendo que El fuese colocado en uno. Leemos que fue "colocado en un sepulcro labrado de la roca, y que una piedra fue rodada contra la entrada." Este es un hecho que debiéramos recordar siempre en un mundo en que se ha de morir. Decretado está que los hombres mueran un día. Todos nos vamos dirigiendo al mismo lugar, y á su vista nos contraemos horrorizados. El ataúd y el funeral, los gusanos y la corrupción, son todos objetos dolorosos; nos hielan, nos entristecen y nos llenan el espíritu de tristeza. No es de la carne y de la sangre el contemplar estos objetos sin experimentar sentimientos muy solemnes. Una cosa debe consolar, no obstante, á los creyentes, y es la idea que el sepulcro es "el lugar en donde el Señor fue colocado una vez." Tan cierto como El se levantó victorioso del sepulcro, todos los que en El creen resucitarán gloriosamente el día en que El aparezca en su segunda venida. Al recordar esto pueden contemplar tranquilos "la habitación que está aparejada para todos los vivientes." Pueden recordar que el mismo Jesús se encontró en ella por nuestro bien y le arrancó á la muerte su aguijón. Pueden decirse á sí mismos, "el aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley: pero gracias á Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo." 1 Cor. 15:56,57. Lo importante para nosotros y lo que más nos interesa, es estar seguros de que nos encontramos espiritualmente enterrados con Cristo, mientras vivimos. Debemos unirnos á El por la fe y conformarnos á imagen, suya. Con El debemos morir para el pecado, y ser sepultados juntamente con El en la muerte por el bautismo. Rom. 6:4. Con El debemos resucitar y ser reanimados por su Espíritu. Si no comprendemos estas cosas, la muerte de Cristo y su entierro jamás se aprovecharán. |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
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de La Liga bíblicaLos Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:
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