El Santo Evangelio según
San Marcos

Porque por gracia sois salvos

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La resurrección

Marcos 16.1-8

1  Cuando pasó el día de reposo,  María Magdalena,  María la madre de Jacobo,  y Salomé,  compraron especias aromáticas para ir a ungirle.

2  Y muy de mañana,  el primer día de la semana,  vinieron al sepulcro,  ya salido el sol.

3  Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?

4  Pero cuando miraron,  vieron removida la piedra,  que era muy grande.

5  Y cuando entraron en el sepulcro,  vieron a un joven sentado al lado derecho,  cubierto de una larga ropa blanca;  y se espantaron.

6  Más él les dijo: No os asustéis;  buscáis a Jesús Nazareno,  el que fue crucificado;  ha resucitado,  no está aquí;  mirad el lugar en donde le pusieron.

7  Pero id,  decid a sus discípulos,  y a Pedro,  que él va delante de vosotros a Galilea; (Mt. 26.32; Mr. 14.28)  allí le veréis,  como os dijo.

8  Y ellas se fueron huyendo del sepulcro,  porque les había tomado temblor y espanto;  ni decían nada a nadie,  porque tenían miedo.

La resurrección

Marcos 16.1-8 Mt. 28.1-10; Lc. 24.1-12; Jn. 20.1-10

Mt. 28.1-10 1  Pasado el día de reposo,  al amanecer del primer día de la semana,  vinieron María Magdalena y la otra María,  a ver el sepulcro. 2  Y hubo un gran terremoto;  porque un ángel del Señor,  descendiendo del cielo y llegando,  removió la piedra,  y se sentó sobre ella. 3  Su aspecto era como un relámpago,  y su vestido blanco como la nieve. 4  Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5  Mas el ángel,  respondiendo,  dijo a las mujeres: No temáis vosotras;  porque yo sé que buscáis a Jesús,  el que fue crucificado. 6  No está aquí,  pues ha resucitado,  como dijo. Venid,  ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7  E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos,  y he aquí va delante de vosotros a Galilea;  allí le veréis. He aquí,  os lo he dicho. 8  Entonces ellas,  saliendo del sepulcro con temor y gran gozo,  fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9  he aquí,  Jesús les salió al encuentro,  diciendo: ¡Salve!  Y ellas,  acercándose,  abrazaron sus pies,  y le adoraron. 10  Entonces Jesús les dijo: No temáis;  id,  dad las nuevas a mis hermanos,  para que vayan a Galilea,  y allí me verán.

Lc. 24.1-12 1  El primer día de la semana,  muy de mañana,  vinieron al sepulcro,  trayendo las especias aromáticas que habían preparado,  y algunas otras mujeres con ellas. 2  Y hallaron removida la piedra del sepulcro; 3  y entrando,  no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4  Aconteció que estando ellas perplejas por esto,  he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5  y como tuvieron temor,  y bajaron el rostro a tierra,  les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6  No está aquí,  sino que ha resucitado.  Acordaos de lo que os habló,  cuando aún estaba en Galilea, 7  diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores,  y que sea crucificado,  y resucite al tercer día. 8  Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9  y volviendo del sepulcro,  dieron nuevas de todas estas cosas a los once,  y a todos los demás. 10  Eran María Magdalena,  y Juana,  y María madre de Jacobo,  y las demás con ellas,  quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 11  Más a ellos les parecían locura las palabras de ellas,  y no las creían. 12  Pero levantándose Pedro,  corrió al sepulcro;  y cuando miró dentro,  vio los lienzos solos,  y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.

Jn. 20.1-10 1  El primer día de la semana,  María Magdalena fue de mañana,  siendo aún oscuro,  al sepulcro;  y vio quitada la piedra del sepulcro. 2  Entonces corrió,  y fue a Simón Pedro y al otro discípulo,  aquel al que amaba Jesús,  y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor,  y no sabemos dónde le han puesto. 3  Y salieron Pedro y el otro discípulo,  y fueron al sepulcro. 4  Corrían los dos juntos;  pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro,  y llegó primero al sepulcro. 5  Y bajándose a mirar,  vio los lienzos puestos allí,  pero no entró. 6  Luego llegó Simón Pedro tras él,  y entró en el sepulcro,  y vio los lienzos puestos allí, 7  y el sudario,  que había estado sobre la cabeza de Jesús,  no puesto con los lienzos,  sino enrollado en un lugar aparte. 8  Entonces entró también el otro discípulo,  que había venido primero al sepulcro;  y vio,  y creyó. 9  Porque aún no habían entendido la Escritura,  que era necesario que él resucitase de los muertos. 10  Y volvieron los discípulos a los suyos.

Marcos 16.7 Mt. 26.32; Mr. 14.28

Mt. 26.32 Pero después que haya resucitado,  iré delante de vosotros a Galilea.

Mr. 14.28 Pero después que haya resucitado,  iré delante de vosotros a Galilea.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 16.1-8

Observemos, en este pasaje, el poder de un amor intenso á Cristo. Tenemos una muestra concluyente en la conducta de María Magdalena, y de la otra María, de que habla aquí S. Marcos. Nos dice que habían "comprado drogas aromáticas "para ungir al Señor, y que "muy de mañana, el primer día de la semana, fueron al sepulcro, ya salido el sol."

Bien podemos comprender que no poco valor se necesitaba para dar ese paso. Visitar la tumba en el crepúsculo confuso de una alborada oriental, pondría á prueba en cualquiera circunstancia á la mayor parte de las mujeres. Pero visitar el sepulcro de uno que había sido ejecutado como un malhechor, y levantarse tan de mañana para tributar honores á quien su nación había despreciado, era en verdad mucha valentía. Sin embargo, estos son los actos que muestran la diferencia que hay entre la fe débil y la fuerte, entre un amor débil hacia Cristo y otro que fue intenso. Estas santas mujeres habían probado lo que es la misericordia y el perdón de nuestro Señor. Sus corazones rebosaban de gratitud hacia El por la luz, la esperanza, el consuelo, y la paz que les había dado. Con gusto querían exponerse á todas las consecuencias al manifestar su efecto á su Salvador. Cuanta verdad en estas palabras del Cantar; "El amor es tan fuerte como la muerte-muchas aguas no pueden apagar el amor, ni torrentes ahogarlo."    Cantar 8: 6, 7.

¿Por qué es que encontramos tan poco de ese amor intenso á Jesús entre los cristianos del día? ¿Cómo es que raras veces vemos santos que arrostren cualquier peligro, y que por amor de Cristo atraviesen fuego y agua? No hay más que una respuesta. La causa de ella es la fe débil que tanto prevalece, y la falta de convicción de lo mucho que debemos á Cristo. El sentir débilmente la enormidad de nuestros pecados nos hará siempre tener en poco el valor de la salvación. El no apreciar en lo que realmente es la deuda que tenemos contraída con Dios trae por consecuencia a valorar muy bajo lo que debemos por nuestra redención. El hombre que reconoce lo mucho que se le ha perdonado es el que ama mucho. "A quien poco se le perdona, ese ama poco " Lucas 7: 47. Observemos, en segundo lugar, en este pasaje, como las dificultades que los cristianos temen, desaparecen algunas veces cuando se les ven de cerca. Estas santas mujeres, al dirigirse al sepulcro de nuestro Señor, estaban llenas de temores respecto á la piedra de la puerta. "Se decían unas á otras, ¿Quién rodará y apartará la piedra de la puerta del sepulcro?" Pero sus temores eran infundados, pues descubrieron que no existía el inconveniente que anticipaban. "Cuando miraron, vieron que la piedra estaba rodada."

¡Que emblema tan vivido tenemos en esta simple narración de lo que muchos cristianos saben por experiencia! Cuantas veces están los creyentes angustiados y abatidos anticipándose males, y, no obstante, cuando llega la necesidad, encuentran removido el obstáculo que temían, y la "piedra rodada y apartada." Una gran parte de las ansiedades que los santos experimentan nace de causas que realmente no existen. Nos ponemos á prever todas las eventualidades que podrán acontecer en nuestro viaje hacia el cielo; evocamos con nuestra imaginación todos los obstáculos y peligros nos abrumamos mentalmente con los cuidados de mañana así come con los de hoy : y muchas, muchas veces, encontramos al fin que nuestras dudas y alarmas eran infundadas, y que lo que más temíamos no ha acontecido jamás. Pidámosle á Dios una fe más práctica; creamos que no seremos abandonados enteramente cuando marchemos por la senda del deber. Avancemos por ella decididos, y descubriremos á menudo que el león que nos cerraba el camino está encadenado, y que lo que nos parecía un vallado de espinos no es más que una sombra.

Observemos, en tercer lugar, en este pasaje, que los amigos de Cristo no tienen porqué temer a los ángeles. Se nos dice que cuando María Magdalena y su compañera vieron á un ángel sentado dentro del sepulcro "se atemorizaron;" pero estas palabras las tranquilizaron inmediatamente: "No temáis; buscáis á Jesús Nazareno, que fue crucificado."

La lección á primera vista podrá parecer de poca importancia, pues en el día ni tenemos visiones de ángeles, ni esperamos tenerlas; pero de seguro que nos será muy útil en una época que está por venir. El día se está acercando en que el Señor Jesús volverá á juzgar el mundo rodeado de todos sus ángeles, y estos reunirán á sus elegidos de los cuatro puntos cardinales. Los ángeles atarán en haces la cizaña para quemarla; y guardarán el trigo de Dios en su granero. Los que los ángeles tomen serán llevados á la gloria, á los honores, y á la inmortalidad, y los que dejen abandonados se cubrirán de vergüenza y desprecio sempiterno.

Esforcémonos en vivir de tal manera, que cuando muramos seamos conducidos por los ángeles al seno de Abrahán. Procuremos ser conocidos de los ángeles como personas que buscan á Jesús, que lo aman en este mundo, y que por esa razón son herederos de salvación. Seamos diligentes en asegurarnos de nuestro arrepentimiento, y producir regocijo en la presencia de los ángeles de Dios. Entonces, ya durmamos ya velemos, cuando se deje oír la voz del arcángel, no tendremos razón de amedrentarnos. Resucitaremos del sepulcro, y veremos en los ángeles compañeros y amigos nuestros, en cuya compañía pasaremos la eternidad bendita.

Observemos, por último, en este pasaje, la excesiva bondad de Dios con sus siervos que yerran. El mensaje que les comunica el ángel es una corroboración notable de esta verdad. Se ordena á María Magdalena y á la otra María que digan á los discípulos que "Jesús los precede á Galilea," y que "allí lo verán." Pero el mensaje no es dirigido á los once apóstoles en general; esto solo, después de su deserción reciente cuando abandonaron á su Maestro, hubiera sido un acto lleno de bondad; pero menciona especial mente por su nombre á Simón Pedro que había negado á su Señor tres veces. Pedro que había pecado especialmente, es marcado también de una manera particular. En esa manifestación de su gracia no había excepciones; todos serian perdonados; todos volverían á entrar en su gracia, y Simón Pedro lo mismo que todos los demás.

Bien podemos decir cuando leemos palabras como estas, "que así no es como el hombre se maneja." Nuestras opiniones respecto á religión no son en ningún particular tan mezquinas, tan miserables y tan contraídas como en todo lo que se refiere á la disposición extraordinaria de Dios á perdonar á los pecadores arrepentidos. Lo juzgamos igual á nosotros, olvidando que "se complace en la misericordia." Miqueas 7:18.

No concluyamos de meditar sobre este pasaje sin determinarnos á abrir la puerta de la misericordia de par en par á los pecadores, siempre que hablemos de religión ó que la enseñemos; así como también con la firme resolución de no ser nunca implacables con nuestros prójimos. Si Cristo está tan dispuesto á perdonar, nosotros debemos estar también dispuestos siempre á perdonar á los que nos ofenden.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús aparece a María Magdalena

Marcos 16.9-11

9  Habiendo,  pues,  resucitado Jesús por la mañana,  el primer día de la semana,  apareció primeramente a María Magdalena,  de quien había echado siete demonios.

10  Yendo ella,  lo hizo saber a los que habían estado con él,  que estaban tristes y llorando.

11  Ellos,  cuando oyeron que vivía,  y que había sido visto por ella,  no lo creyeron.

Jesús aparece a María Magdalena

Marcos 16.9-11 Juan 20.11-18 11  Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro;  y mientras lloraba,  se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12  y vio a dos ángeles con vestiduras blancas,  que estaban sentados el uno a la cabecera,  y el otro a los pies,  donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13  Y le dijeron: Mujer,  ¿por qué lloras?  Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor,  y no sé dónde le han puesto. 14  Cuando había dicho esto,  se volvió,  y vio a Jesús que estaba allí;  mas no sabía que era Jesús. 15  Jesús le dijo: Mujer,  ¿por qué lloras?  ¿A quién buscas?  Ella,  pensando que era el hortelano,  le dijo: Señor,  si tú lo has llevado,  dime dónde lo has puesto,  y yo lo llevaré. 16  Jesús le dijo: ¡María!  Volviéndose ella,  le dijo: ¡Raboni!  (Que quiere decir,  Maestro). 17  Jesús le dijo: No me toques,  porque aún no he subido a mi Padre;  mas ve a mis hermanos,  y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre,  a mi Dios y a vuestro Dios. 18  Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor,  y que él le había dicho estas cosas.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús se aparece a dos de los discípulos

Marcos 16.12-13

12  Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino,  yendo al campo.

13  Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros;  y ni aun a ellos creyeron.

Jesús se aparece a dos de los discípulos

Marcos 16.12-13 Lc. 24.13-15 13  Y he aquí,  dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús,  que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14  E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15  Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí,  Jesús mismo se acercó,  y caminaba con ellos.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 16.9-14

Notemos, en estos versículos, las pruebas tan numerosas que tenemos de que nuestro Señor Jesucristo resucitó realmente de entre los muertos.    En este pasaje solo S. Marcos refiere tres ocasiones distintas en que fue visto después de su resurrección. En la primera, dos dice, que nuestro Señor se apareció á un testigo, á María Magdalena, después á dos testigos, á dos discípulos que se dirigían al campo ; y últimamente á once testigos, á los once apóstoles que estaban reunidos. Recordemos, en adición á esto, que se relatan otras apariciones de nuestro Señor por otros escritores del Nuevo Testamento, además de las mencionadas por S. Marcos. Por tanto, no titubeamos en creer, que de todos los eventos de la historia de nuestro Señor, no hay ningún que esté más sólidamente comprobado que el hecho de su resurrección de entre los muertos.

Esta es una gran misericordia. La resurrección de Cristo es una de las piedras angulares del Cristianismo. Fue el sello de la gran obra que vino á realizar en la tierra. Fue la prueba capital, de que el rescate que pagó por los pecadores, fue aceptado, que se consumó la expiación del pecado, que había sido aplastada la cabeza de quien tenía el poder de muerte, y que se ganó la victoria. Bueno es fijarse en la frecuencia con que los apóstoles se refieren a la resurrección de Cristo.   S. Pablo dice, "fue entregado por nuestras ofensas, y resucitado para nuestra justificación."    Rom. 4:25. S. Pedro dice, "Nos ha vuelto á engendrar en esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos."    1 Ped. 1.3. Debemos dar gracias á Dios por que el hecho de la resurrección ha quedado tan claramente comprobado.   Los Judíos, los gentiles, loa sacerdotes, las guardias romanas, las mujeres que fueron al sepulcro, todos estos son testigos cuyos testimonios no pueden ser refutados. Cristo no solamente murió por nosotros, también resucitó; negarlo seria mostrar más credulidad que el creerlo. Para negarlo seria preciso dar crédito á improbabilidades ridículas y monstruosas; para creerlo no hay más que apelar á hechos innegables.

Notemos, en segundo lugar, en estos versículos, la especial bondad que nuestro Señor Jesucristo muestra á María Magdalena. Se nos dice, que, "cuando resucitó muy de mañana el primer día de la semana, se apareció primero á María Magdalena, de la que había lanzado siete demonios." A ella antes que á todos los otros hijos de Adán, se le concedió el privilegio de ser la primera que contemplase, al Salvador resucitado. María, la madre de nuestro Señor, aún vivía: Juan, el discípulo amado, aún estaba en la tierra; sin embargo, ambos fueron pospuestos y María Magdalena fue la preferida. Una mujer que había estado poseída por siete diablos, fue la primera á quien Jesús se mostró vivo, cuando salió victorioso del sepulcro. El hecho es muy notable, y encierra una gran lección.

No hay por que dudar ni un momento, que al aparecérsele primero á María Magdalena, nuestro Señor se propuso mostrarnos lo que aprecia el amor y la fidelidad. La última al pié de la cruz y la primera en el sepulcro, la última en confesar á su Maestro cuando estaba vivo, y la primera en honrarlo cuando muerto, á esta discípula afectuosa y ardiente se le concedió ser la primera que lo viera, cuando se ganó la victoria. Se quiso que este hecho fuese para la iglesia un recuerdo perpetuo, que los que honran a Cristo serán honrados por El, y que los que hacen mucho por El encontrarán que El también hará mucho por ellos en la tierra. Ojalá nunca lo olvidemos; ojalá siempre recordemos que los que todo lo abandonan por amor de Cristo, lo encontrarán todo "centuplicado ahora en la época presente."

No hay por que dudar tampoco, que la aparición de nuestro Señor " primero á Magdalena " tuvo por objeto confortar á todos los que se han convertido y son creyentes arrepentidos, después de haberse dejado arrastrar á todos los excesos del pecado; tuvo por objeto mostrarnos que por grande que haya sido nuestra caída, somos enaltecidos á gozar de paz perfecta con Dios, si nos arrepentimos, y creemos en el Evangelio. Que aunque antes lejos, podemos acercarnos: que aunque antes enemigos, ahora somos hijos amados; que todas las cosas antiguas han pasado, y todas las cosas son ahora nuevas. 1 Cor. 5:17. La sangre de Cristo nos purifica completamente á los ojos de Dios. Quizás hayamos empezado como S. Agustín, y Juan Newton, y sido cabecillas de iniquidad; pero una vez que nos acercamos á Cristo, no debemos dudar que todo queda perdonado. Acerquémonos con valor y que nuestro acceso á El sea confiado. Nuestros pecados y nuestras iniquidades, como los de María Magdalena, no son ya recordados.

Notemos, por último, en estos versículos, cuan débil es algunas veces la fe de los mejores cristianos. Tres veces en este mismo pasaje vemos á S. Marcos relatar la incredulidad de los once apóstoles

Una de ellas, cuando María Magdalena les dijo que nuestro Señor había resucitado, y "no la creyeron;" la otra, cuando nuestro Señor se apareció á dos de ellos, que iban de camino, leemos que el resto de los discípulos "tampoco los creyó;" y finalmente, cuando nuestro Señor  mismo se les apareció estando ellos sentados á la mesa, se nos dice, "que los reconvino por su incredulidad y dureza de corazón." Quizás nunca se ha visto un ejemplo más notable de la poca disposición del hombre á creer lo que está en oposición con sus primeras preocupaciones. Nunca se ha tenido una prueba más convincente de cuan fácil le es al hombre olvidar las lecciones más claras y sencillas. Nuestro Señor había repetido muchas veces á los once discípulos que El resucitaría; y, sin embargo, cuando llegó el momento, todo lo habían olvidado, y eran incrédulos.

Veamos, sin embargo, en las dudas de estos buenos hombres la mano omnipotente de un Dios infinitamente sabio. Si al fin se convencieron los que tan incrédulos estaban al principio, muy fuertes debieron ser las pruebas que tuvieron de la resurrección de Cristo. Gloria es de Dios hacer nacer el bien del mal, y las mismas dudas de los once apóstoles son en el día la confirmación de nuestra fe.

De la incredulidad de los apóstoles aprendamos una lección práctica muy útil para nosotros. Dejemos de sorprendernos cuando sintamos surgir dudas en nuestro corazón. Dejémonos de esperar fe perfecta en otros creyentes. Estamos aún en el cuerpo; somos hombres con pasiones iguales á las de los apóstoles, y no debemos considerar extraordinario que en la práctica tropecemos como ellos, y que nuestra fe, como la de ellos, flaquee algunas veces. Resistamos virilmente los ataques de la incredulidad; velemos, oremos, y luchemos por emanciparnos de su poder. Pero no deduzcamos que no poseamos gracia, porque á veces dudas nos asaltan, ni suponer que no podemos formar cuerpo con los apóstoles, porque en ocasiones seamos incrédulos.

No dejemos de preguntarnos, al concluir las meditaciones sobre este pasaje, si hemos resucitado con Cristo, y si nos hemos hecho espiritualmente participantes de su resurrección. Después de todo esto es lo único necesario. Conocer los hechos del Cristianismo con la inteligencia, y ser hábiles en defenderlos con la palabra, no salvará nuestras almas. Debemos entregarnos á Dios como personas vivas que han resucitado de entre los muertos. Rom. 6:13. Debemos resucitar de la muerte del pecado y marchar en novedad de vida. Esto, y esto solo, es el Cristianismo que salva.

Texto Bíblico
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Referencias

Jesús comisiona a los apóstoles

Marcos 16.14-18

14  Finalmente se apareció a los once mismos,  estando ellos sentados a la mesa,  y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón,  porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.

15  Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Hch. 1.8

16  El que creyere y fuere bautizado,  será salvo;  mas el que no creyere,  será condenado.

17  Y estas señales seguirán a los que creen:  En mi nombre echarán fuera demonios;  hablarán nuevas lenguas;

18  tomarán en las manos serpientes,  y si bebieren cosa mortífera,  no les hará daño;  sobre los enfermos pondrán sus manos,  y sanarán.

Jesús comisiona a los apóstoles

Marcos 16.14-18 Mt. 28.16-20; Lc. 24.36-49; Jn. 20.19-23

Mt. 28.16-20 16  Pero los once discípulos se fueron a Galilea,  al monte donde Jesús les había ordenado. 17  Y cuando le vieron,  le adoraron;  pero algunos dudaban. 18  Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19  Por tanto,  id,  y haced discípulos a todas las naciones,  bautizándolos en el nombre del Padre,  y del Hijo,  y del Espíritu Santo; 20  enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;  y he aquí yo estoy con vosotros todos los días,  hasta el fin del mundo.  Amén.

Lc. 24.36-49 36  Mientras ellos aún hablaban de estas cosas,  Jesús se puso en medio de ellos,  y les dijo: Paz a vosotros. 37  Entonces,  espantados y atemorizados,  pensaban que veían espíritu. 38  Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados,  y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? 39  Mirad mis manos y mis pies,  que yo mismo soy;  palpad,  y ved;  porque un espíritu no tiene carne ni huesos,  como veis que yo tengo. 40  Y diciendo esto,  les mostró las manos y los pies. 41  Y como todavía ellos,  de gozo,  no lo creían,  y estaban maravillados,  les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42  Entonces le dieron parte de un pez asado,  y un panal de miel. 43  Y él lo tomó,  y comió delante de ellos. 44  Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé,  estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés,  en los profetas y en los salmos. 45  Entonces les abrió el entendimiento,  para que comprendiesen las Escrituras; 46  y les dijo: Así está escrito,  y así fue necesario que el Cristo padeciese,  y resucitase de los muertos al tercer día; 47  y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones,  comenzando desde Jerusalén. 48  Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49  He aquí,  yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros;  pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén,  hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

Jn. 20.19-23 19  Cuando llegó la noche de aquel mismo día,  el primero de la semana,  estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos,  vino Jesús,  y puesto en medio,  les dijo:  Paz a vosotros. 20  Y cuando les hubo dicho esto,  les mostró las manos y el costado.  Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. 21  Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros.  Como me envió el Padre,  así también yo os envío. 22  Y habiendo dicho esto,  sopló,  y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. 23  A quienes remitiereis los pecados,  les son remitidos;  y a quienes se los retuviereis,  les son retenidos.

Marcos 16.15 Hch. 1.8 pero recibiréis poder,  cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo,  y me seréis testigos en Jerusalén,  en toda Judea,  en Samaria,  y hasta lo último de la tierra.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 16.
15-18

Debemos notar, primeramente, en estos versículos, la comisión que al separarse de ellos dio nuestro Señor á sus apóstoles. Se dirige ellos por la última vez; les indica la obra que deben hacer hasta su segunda venida con palabras de una significación extensa y profunda: "Id por todo el mundo, y predicad el Evangelio á toda criatura."

El Señor Jesús quiso hacernos saber que todo el mundo necesita el Evangelio. En todas las regiones del globo el hombre es lo mismo, es pecador, corrompido, y está separado de Dios. Civilizado ó inculto, en China, ó en África, es por naturaleza lo mismo en todas partes, pues está desprovisto de conocimiento, de santidad, de fe y de amor. Do quiera que veamos á un hijo de Adán, cualquiera que sea su color, vemos un ser cuyo corazón es perverso, y que necesita de la sangre de Cristo, de la renovación del Espíritu Santo, y de reconciliación con Dios.

El Señor Jesús quiso hacernos saber que la salvación del Evangelio ha sido ofrecida gratuitamente á todo el género humano. Las alegres nuevas de que "Dios tanto amó el mundo, que dio á su Hijo Unigénito," y que "Cristo ha muerto por los impíos" han de proclamarse libremente "á todas las criaturas." No tenemos derecho de hacer ninguna excepción al anunciar esa promesa; no tenemos ningún fundamento legítimo en poner límites á lo que se ofrece a los elegidos. Nos quedamos cortos y muy distantes de la plenitud de las palabras de Cristo, y disminuimos la extensión de sus promesas, si titubeamos en decirle á cualquiera, que "Dios está lleno de amor hacia él, y que Cristo quiere salvarlo." "Y el que quiere, tome del agua de la vida gratuitamente." Rev. 22:17.

Veamos en estas palabras de Cristo el argumento más fuerte que se puede presentar en favor de las misiones, tanto domésticas como extranjeras. Recordemos estas palabras para ser incansables en nuestros esfuerzos para hacer bien á las almas del género humano entero. Si no podemos ir á los paganos de China y del Indostan, tratemos de iluminar las tinieblas que encontremos á nuestro alcance, á nuestras propias puertas. Trabajemos de continuo, sin que nos alteren las burlas ni los sarcasmos de los que desaprueban las misiones, y las tratan con desprecio. Compadezcamos á esas personas; prueban así su ignorancia, tanto de la Escritura como de la voluntad de Cristo. No saben lo que dicen ni porque lo afirman.

Debemos notar, en segundo lugar, en estos versículos, las condiciones que nuestro Señor nos dice deben imponerse á todos los que oyen la predicación del Evangelio. "El que cree y es bautizado se salvará: pero el que no cree se condenará." Cada una de las palabras de esa frase es de gran importancia; cada una de esas expresiones debe ser cuidadosamente pesada.

En ella se nos enseña la importancia del bautismo. "El que cree y es bautizado se salvará." Es indudable que hay millares de personas que no reciben el más ligero beneficio de su bautismo; millares que han sido lavados con las aguas sacramentales, pero que nunca lo fueron con la sangre de Cristo; pero de ahí no se deduce que el bautismo debe ser mirado con desprecio ni omitido. El agua bautismal no confiere por sí sola ninguna gracia; debemos buscar más allá del elemento externo á Aquel que ordenó que se usara, pero la confesión pública de Cristo que implica el uso de esa agua, es un acto sacramental, que ha ordenado nuestro Maestro; y cuando se usa rectamente de la institución, podemos creer confiadamente que le pone el sello de su bendición.

Se nos enseña además en este pasaje, la absoluta necesidad que hay para salvarse de la fe en Cristo; esto es lo que se necesita. "El que no cree en mí," es el hombre que se perderá por la eternidad; podrá estar bautizado y ser miembro de la iglesia visible podrá participar de la comunión acercándose á la mesa del Señor quizás crea intelectualmente en los dogmas principales del credo pero nada de eso le aprovecha si le falta la fe en Cristo que salva ¿Tenemos esa fe?   Esta es la gran cuestión que nos interesa á todos. Si no tenemos la conciencia de nuestras infracciones, y al sentir nuestra maldad no acudimos á Cristo por la fe, y con ella no nos abrigamos, descubriremos al fin que hubiera sido mejor para nosotros no haber nacido.

Se nos enseña también en este lugar lo cierto que es la condenación de Dios para los que mueren incrédulos. "El que no cree será condenado." ¡Que palabras tan terribles! Que idea tan espantosa que hayan salido de los labios de Aquel que ha dicho. "Mis palabras no pasarán." Que los hombres no se dejen engañar con vanas palabras. Hay un infierno eterno para todos los que persisten en su maldad, y parten de este mundo sin tener fe en Cristo. Cuanto más grande es el perdón que se nos ofrece en el Evangelio, mayor será la culpa de los que se obstinan en no creer. "¡Oh, si tuvieran los hombres sabiduría é inteligencia, y previesen Las postrimerías!" Deut. 32:29. El que murió en la cruz nos ha apercibido asegurándonos que hay un infierno, y que los incrédulos serán condenados. Cuidemos de que su prevención no sea vana para nosotros.

Debemos fijar nuestra atención, por último, al leer estos versículos, en las bondadosas promesas de una ayuda especial que nuestro Señor hace á sus apóstoles en las últimas palabras que les dirige al separarse de ellos. El sabía muy bien que enormes eran las dificultades de la obra que acababa de encomendarles. Sabia que combates tan terribles tendrían que dar al paganismo, al mundo y al demonio; los anima, por lo tanto, anunciándoles que los milagros los ayudarían á llevar á cabo su misión. "Señales seguirán á los que creyeren: en mi nombre lanzarán demonios: hablarán nuevas lenguas: alzarán serpientes: y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán las manos, y los curarán. El cumplimiento de la mayor parte de estas promesas se encuentra en loa tatos de los Apóstoles.

No hay duda que ha pasado la edad de los milagros; no se quiso que continuaran, transcurrida que fuera la época del primer establecimiento de la iglesia. Cuando las plantas requieren riego diario y atención asidua es cuando se acaban de sembrar. Al estudiar las relaciones de Dios con su iglesia la analogía nos veda esperar que los milagros continúen siempre. De hecho, los milagros dejarían de serlo, si aconteciesen de una manera regular y sin intermisión. Bueno es tener presente esta explicación, pues nos ahorra muchas incertidumbres.

Pero aunque la edad de los milagros físicos ha pasado, podemos consolarnos con la idea de que á la iglesia de Cristo nunca le faltará la ayuda especial de Cristo en sus épocas de necesidad.   La gran Cabeza de la iglesia que está en el cielo no abandonará jamás á sus miembros creyentes.   Fijos tiene los ojos de continuo en ellos; les prestará siempre su socorro á tiempo, y vendrá á ampararlos el día en que lo necesiten.  "Cuando el enemigo venga como una avenida de aguas, el Espíritu del Señor levantará una bandera contra él."   Isaías 59:19.

Finalmente, no olvidemos nunca, que la iglesia creyente de Cristo en este mundo es por sí misma un milagro permanente. La conversión y perseverancia en la gracia de cada uno de sus miembros, es un signo y una maravilla, tan grandes como la resurrección de Lázaro.   La nueva vida en cada uno de los santos es un portento tan grande como lanzar un demonio del cuerpo, curar á un enfermo, ó hablar nuevas lenguas.   Demos gracias á Dios por esta merced y cobremos ánimo.    La edad de los milagros espirituales aún no ha pasado.   Felices los que por experiencia propia lo han aprendido, y pueden decir, " Yo estaba muerto, pero estoy otra vez vivo: estaba ciego, pero veo."

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

La ascensión

Marcos 16.19-20

19  Y el Señor,  después que les habló,  fue recibido arriba en el cielo,  (Hch. 1.9-11) y se sentó a la diestra de Dios.

20  Y ellos,  saliendo,  predicaron en todas partes,  ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían.  Amén.

La ascensión

Marcos 16.19-20 Lc. 24.50-53 50  Y los sacó fuera hasta Betania,  y alzando sus manos,  los bendijo. 51  Y aconteció que bendiciéndolos,  se separó de ellos,  y fue llevado arriba al cielo. 52  Ellos,  después de haberle adorado,  volvieron a Jerusalén con gran gozo; 53  y estaban siempre en el templo,  alabando y bendiciendo a Dios.  Amén.

Marcos 16.19 Hch. 1.9-11 9  Y habiendo dicho estas cosas,  viéndolo ellos,  fue alzado,  y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10  Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo,  entre tanto que él se iba,  he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11  los cuales también les dijeron: Varones galileos,  ¿por qué estáis mirando al cielo?  Este mismo Jesús,  que ha sido tomado de vosotros al cielo,  así vendrá como le habéis visto ir al cielo.

Comentarios J.C. Ryle
Marcos 16.19-20

Estas palabras forman la conclusión del Evangelio de S. Marcos.   Corto como es el pasaje, es una terminación muy propia del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo. Nos dice como fue nuestro Señor cuando dejó este mundo, y ascendió al cielo; al mismo tiempo que nos refiere lo que sus discípulos experimentaron después que su Maestro los dejó, y lo que todos los verdaderos cristianos pueden esperar hasta que vuelva á aparecer.

Fijémonos, en estos versículos, en el lugar á que nuestro Señor se dirigió así que concluyó su obra en la tierra, y el lugar en que al presente se encuentra. Se nos dice "que fue recibido arriba en el cielo, y que se sentó á la diestra de Dios." Volvió á la gloria en que se encontraba con el Padre antes de que viniera al mundo. Recibió, como nuestro victorioso Mediador y Redentor, el puesto más elevado en dignidad y poder que podemos concebir en el cielo. Allí está sentado, no perezoso, sino continuando la misma obra bendecida por que murió en la cruz. Allí vive, intercediendo de continuo por todos los que se dirigen á Dios por su mediación, capaz así de salvarlos perpetuamente. Heb. 7 25.

Esta, certidumbre es un gran consuelo para todos los verdaderos cristianos. Viven en un mundo malo y corrompido; cuidados y disgustos sin cuento los abruman, y sus debilidades y miserias los tienen abatidos. Viven en un mundo en que la muerte impera; sienten que sus cuerpos van debilitándose y aniquilándose gradualmente; tienen ante sí la horrible seguridad de verse pronto lanzados á un mundo desconocido. ¿Quién, pues, los consolará? Tienen que apoyarse en la idea de un Salvador que los protege desde el cielo, que nunca se distrae, que nunca duerme, y que está siempre dispuesto á socorrerlos. Deben recordar que aunque ellos duermen, Jesús está velando, que aunque ellos desmayan, Jesús nunca se cansa, que aunque ellos son débiles, Jesús es omnipotente, y que aunque ellos se mueren, Jesús vive eternamente. ¡Que bendito es este pensamiento! Nuestro Salvador, aunque invisible, es un ser que vive en la actualidad. Nos dirigimos en nuestro viaje á una morada á que nuestro mejor Amigo ha ido de antemano para prepararnos una habitación. Juan 14:2. El Precursor ha entrado ya en ella y todo lo tiene preparado; por tanto no hay por que admirarse que S. Pablo exclame, "¿Quién es el que condena? Es Cristo que murió; pero que resucitó también, y que está sentado á la diestra de Dios ó intercede igualmente por nosotros." Rom. 8:34

Observemos, además, en estos versículos, las señales que nuestro  Señor Jesucristo confiere á todos los que trabajan fielmente por El. Se nos dice que cuando los discípulos partieron y empezaron á predicar, el Señor "trabajaba con ellos," y " confirmaba la palabra con las señales que la acompañaban."

Sabemos bien por los Actos de los Apóstoles, y por la historia de la iglesia, la manera con que se comprobaron y realizaron estas palabras. Sabemos que prisiones y aflicciones, persecuciones y oposición, fueron las primicias que cosecharon los labradores en la mies de Cristo. Pero también sabemos, que á despecho de Satanás, no en vano se predicó la palabra de verdad. De cuando en cuando se recogieron algunos creyentes que se apartaban del mundo.    Congregaciones de santos se fundaron en diversas ciudades, y en diferentes países. La pequeña simiente del Cristianismo creció gradualmente y se hizo un gran árbol. Cristo mismo trabajó con sus obreros, y á pesar de los obstáculos, su obra se extendió. La buena semilla no se perdió por completo; tarde ó temprano hubo "signos que la acompañaron."

No dudemos que estas cosas se escribieron para estímulo nuestro. Tengamos la convicción que nadie trabajará fielmente por Cristo para encontrar su obra improductiva. Continuémosla pacientemente en la posición en que nos encontremos. Prediquemos, enseñemos, hablemos, escribamos, apercibamos, demos nuestro testimonio, y estemos seguros de que no es vana nuestra labor. Quizás muramos sin ver el resultado de nuestros esfuerzos; pero el Señor Jesús presta siempre su cooperación á los que trabajan por El, y hay "signos que los acompañan" aunque no les sea dado descubrirlos. "Estemos, pues, firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor." 1 Cor. 15:58.    Quizás marchemos por una senda espinosa, regando la semilla con muchas lágrimas; pero si sembramos la preciosa simiente de Cristo, "volveremos regocijados, trayendo nuestras gavillas."    Salmo 126:6.

Y ahora al cerrar las páginas del Evangelio de S. Marcos descendamos al interior de nuestra conciencia y examinémosla. No quedemos satisfechos con haber oído con nuestros oídos, lo que en él se ha escrito respecto á Jesucristo para enseñanza nuestra. Preguntémonos si sabemos lo que es "morar Cristo en nuestros corazones por la fe. ¿"El Espíritu " testifica á nuestro espíritu que Cristo es nuestro y que nosotros le pertenecemos? ¿Podemos decir realmente que estamos " viviendo la vida de la fe en el Hijo de Dios," y que por experiencia hemos encontrado que Cristo es "precioso" á nuestras almas? Estas son cuestiones muy solemnes y demandan que se les considere gravemente. ¡Ojalá no descansemos hasta que podamos contestarlas satisfactoriamente! "El que tiene al Hijo tiene vida, y el que no tiene al Hijo de Dios no tiene vida." 1 Juan 5:12.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Marcos
J.C. C Ryle
Libros CLIE
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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