El Santo Evangelio según
San Marcos

Porque por gracia sois salvos

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Jesús sana a un paralítico
Marcos 2.1-12

1 Entró Jesús otra vez en Capernaúm después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.
2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.
3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro.
4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.
5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones:
7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?
8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?
9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?
10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico):
11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa. Jesús sana a un paralítico
Marcos 2.1-12 Mt. 9.1-8; Lc. 5. 17-26
Mt. 9.1-8
1 Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. 2 Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. 3 Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. 4 Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. 7 Entonces él se levantó y se fue a su casa. 8 Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.
Lc. 5. 17-26 17 Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. 18 Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. 19 Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. 20 Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. 21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? 22 Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? 23 ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 24 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 25 Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. 26 Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.
 
Comentarios J.C. Ryle
Marcos 2.1-12
Este pasaje nos presenta otra vez a nuestro Señor en Capernaúm. Otra vez volvemos a encontrarlo trabajando como de costumbre, predicando la palabra y curando enfermos.
Vemos en estos versículos de que privilegios espirituales tan grandes gozan algunas personas, y de los cuales no hacen, sin embargo, ningún uso.
Es esta una verdad que confirma de una manera notable la historia de Capernaúm. Ninguna ciudad de Palestina parece haber gozado tanto como esta de la presencia de Nuevo Testamento Señor, durante su ministerio terrenal. Fue el lugar en que habitó después que salió de Nazaret. Mt. 4.13. Allí fue donde hizo muchos de sus milagros, y donde pronunció muchos de sus sermones. Pero al parecer, nada de lo que Jesús dijo o hizo, produjo ningún efecto en el corazón de sus habitantes. Acudían a oírlo, según vemos en este pasaje, "hasta que no había lugar en torno de la puerta" se admiraban, se sorprendían, se llenaban de asombro al contemplar sus obras portentosas, pero no se convertían. Vivían bajo los rayos refulgentes del Sol de Justicia en su cenit, y a pesar de eso, sus corazones permanecían endurecidos. Y arrancaban de los labios de nuestro Señor la condenación más terrible que pronunció contra ningún lugar, excepto Jerusalén: "Y tu Capernaúm, que estáis ensalzada hasta el cielo, serás abatida hasta el infierno; porque si en Sodoma se hubiesen hecho los milagros que en ti, subsistiera aún hoy día. Por eso te digo, que el país de Sodoma será castigado con menos rigor que tu en el día del juicio" Mateo 11.23-24
Buenos es que todos nosotros nos fijemos bien en ese hecho de Capernaúm. Estamos muy dispuestos a suponer que tan solo se necesita predicar el Evangelio con fuerza para convertir almas, y que tan pronto como la Buena Nueva es proclamada en un lugar, todo el mundo debe allí creer. Olvidamos el poder extraordinario de la incredulidad, y lo profundo de la enemistad del hombre contra Dios. Olvidamos que los habitantes de Capernaúm escudaron la predicación más intachable, que la vieron confirmada por los milagros más sorprendentes, y sin embargo, permanecieron muertos en sus transgresiones y pecados. Debemos recordar que el mismo Evangelio que es poder de vida para unos, es poder de muerte para otros, y que el mismo fuego que ablanda la cera endurece el barro. Efectivamente, nada endurece más el corazón del hombre, como oír regularmente el Evangelio, y preferir deliberadamente el servicio del pecado y del mundo. Nunca hubo un pueblo tan altamente favorecido como el de Capernaúm, y nunca tampoco se vio un pueblo que pareciera más endurecido. Guardémonos de seguir sus huellas. Debemos repetir con frecuencia la plegaria, "De la dureza de corazón líbranos, buen Señor".
Vemos en segundo lugar en estos versículos, cuan gran bendición suelen resultar las aflicciones para el alma del hombre.
Se nos dice que un paralítico fue llevado a nuestro Señor en Capernaúm para que lo curase. Inválido e impotente, fue llevado en su cama por cuatro buenos amigos suyos, y colocado en el centro del lugar en donde Jesús estaba predicando. Consiguió el hombre inmediatamente el objeto de sus deseos; el gran Médico del alma y del cuerpo lo vio, y le dio rápido alivio y al fin le restauró salud y fuerza. Le concedió el don mucho más grande del perdón de sus pecados. En una palabra el hombre que aquella mañana había sido sacado de su casa, débil y enfermo de cuerpo y alma, volvió a ella regocijado.
¿Quién puede dudar que hasta el fin de sus días este hombre dio gracias a Dios por haber estado paralítico? Sin esa circunstancia probablemente hubiera vivido y muerto en completa ignorancia y nunca hubiera visto a Cristo. A no ser por esa circunstancia, hubiera estado toda su vida paciendo sus ovejas en los verdes collados de Galilea y nunca hubiera sido llevado a Cristo, y nunca tampoco hubiera oído sus benditas palabras, "tus pecados te son perdonados". La parálisis fue realmente una bendición. ¿No podríamos decir que fue para su alma el comienzo de la vida eterna?
¡Cuántos en todos tiempos pueden asegurar que por ellos ha pasado lo que experimentó este paralítico! Las aflicciones los han enseñado; los pesares han sido en último resultado misericordias, las pérdidas ganancias, y las enfermedades los han conducido al gran Médico de las almas, los ha dirigido a la Biblia, los han apartado del mundo, los han hecho ver su propia necedad y por fin los han enseñado a orar. Millares de personas pueden decir como David, "es un bien par mi verme afligido, para que así pueda aprender tus estatutos" Salmo 119.71
Guardémonos de murmurar cuando nos vemos afligidos; que toda cruz es una necesidad y hay razones muy sabias para toda prueba. Las enfermedades y los pesares son mensajeros bondadosos de Dios, que se propone así llamarnos más cerca de El. Supliquémosle que nos haga comprender la lección que quiera darnos en las aflicciones, no sea que "cerremos nuestros oídos cuando El nos habla".
Vemos, finalmente, en estos versículos, el poder sacerdotal que, para perdonar pecados posee nuestro Señor Jesucristo.
Leemos en ellos que nuestro Señor dijo al paralítico, "Hijo, tus pecados te son perdonados". Su intención tuvo al decir estas palabras. Conocía el corazón de los escribas que lo rodeaban. Quiso probarles que era el Gran Sacerdote verdadero con poder de absolver a los pecadores, aunque entonces rara vez usaba de su prerrogativa; pero les dijo expresamente que tenía el poder de hacerlo. "el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados," dijo: y al decir, "Tus pecados te son perdonados", no hizo más que ejercer una facultad que de derecho le pertenecía.
¡Consideremos cuan grande debe de ser la autoridad de quien tiene poder de perdonar los pecados! Solo Dios puede hacerlo, Ni ángeles, ni hombres, ni iglesias reunidas en concilio, ni ningún ministro de ninguna denominación religiosa pueden aliviar la conciencia del pecador del peso del pecado y establecerlo en paz con Dios. Pueden indicarles la fuente inagotable que lava todos los pecados; pueden anunciarles con autoridad que pecados está Dios dispuesto a perdonarles; pero no pueden absolverlos ni cancelar las transgresiones. Esta es prerrogativa de Dios que ha delegado en su Hijo Jesucristo.
¡Pensemos por un momento que gran bendición es para nosotros que Jesús sea nuestro Gran Sacerdote y que sepamos a donde podemos ir para conseguir la absolución! Necesitamos de un Sacerdote y de un Sacrificio entre nosotros y Dios. La conciencia demanda una expiación por nuestros muchos pecados; la Santidad de Dios la hace indispensable. Sin un Sacerdote que presenta la expiación no puede haber paz para el alma. Jesucristo es ese Sacerdote que necesitamos, poderoso para excusar y perdonar, misericordioso y ansioso de salvar.
Preguntémonos ahora si reconocemos al Señor Jesús como nuestro Gran Sacerdote. ¿Hemos acudido a El? ¿Le hemos pedido la absolución? Si no lo hemos hecho aún estamos sumidos en nuestros pecados. No reposemos hasta que el Espíritu de testimonio a nuestro espíritu que nos hemos sentado a los pies de Jesús y odio su voz que nos dice, "Hijo, tus pecados te son perdonados"
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias
Llamamiento de Leví
Marcos 2.13-17

13 Después volvió a salir al mar, y toda la gente venía a él, y les enseñaba.
14 Y al pasar, vio a Leví hijo del Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió.
15 Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido.
16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?
17 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad del médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Llamamiento de Leví
Marcos 2.13-17 Mt. 9.9-13; Lc. 5.27-32
Mt. 9.9-13
9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. 10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Porqué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
Lc. 5.27-32 27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. 29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. 30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? 31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
 
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias
La pregunta sobre el ayuno
Marcos 2.18-22

18 Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban: y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?
19 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tengan consigo al esposo; no pueden ayunar.
20 Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.
21 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura.
22 y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; ero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. La pregunta sobre el ayuno
Marcos 2.18-22 Mt.9.14-17, Lc. 5.33-39
Mt.9.14-17
14 Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? 15 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. 16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. 17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.
Lc. 5.33-39 33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben? 34 El les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? 35 Más vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán. 36 Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. 37 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. 38 Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan. 39 Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.
 
Comentarios J.C. Ryle
Marcos 2.13-22

La persona que es llamada Leví, a principio de este pasaje, es la misma que se llama Mateo en el primero de los cuatro Evangelios. No olvidemos esta circunstancia. La historia que tenemos a la vista no es nada menos que la de un apóstol y evangelista.
Aprendamos en estos versículos cual es el poder de Cristo para atraer a los hombres fuera del mundo, y hacer de ellos discípulos.
Leemos que dijo a Levi que "estaba sentado al banco de los tributos, Sígueme;" e inmediatamente "se levantó y los siguió" convirtiese de publicano en apóstol y escritor del primer libro del Nuevo Testamento, que es ahora conocido por todo el mundo.
Verdad es de profunda importancia, que nadie puede salvarse sin una vocación divina. Todos estamos sumidos en pecado y tan apegados al mundo, que nunca nos tornaríamos a Dios y buscaríamos la salvación, si no nos llamase El primeramente por su gracia. Antes que le hablemos, Dios tiene que hablar a nuestros corazones por medio de su Espíritu. Son llamados hijos de Dios "los que son llamados según el propósito de Dios por medio de su Espíritu que opera en debido tiempo" ¡Cuan dulce no es el pensamiento que esta vocación de los pecadores ha sido encomendada a un Salvador tan bondadoso como Cristo!
Cuando el Señor Jesús llama a un pecador para que sea Su siervo, ejerce un acto soberano pero con una misericordia infinita. Escoge muchas veces a los que parecen menos dispuestos a hacer su voluntad y más distantes de su reino. Se los atrae con un poder supremo, rompe las cadenas de antiguos hábitos y costumbres, atraer el hierro, y el viento del Sur ablanda la tierra endurecida por el hielo, de la misma manera el llamamiento de Cristo saca a los pecadores del mundo y derrite los corazones más empedernidos "La voz del Señor es poderosa en sus operaciones" ¡Bienaventurados los que al oírla no endurecen sus corazones!
Cuando leemos este pasaje de la Escritura no debemos desesperar por completo de la salvación de nadie. El que llamó a Leví, vive aún y aun trabaja. La edad de los milagros no ha pasado del todo. Verdad es que el amor del dinero es un móvil poderoso pero mas poderoso aun es el llamamiento de Cristo. No desesperemos ni de los que están sentados "al banco de los tributos" y gozan en abundancia de las cosas buenas de este mundo. La voz que dijo a Leví, "Sígueme", puede aun tocar sus corazones. Posible es todavía que los veamos levantarse, cargar con una cruz y seguir a Cristo. Que la esperanza no nos abandone nunca y oremos continuamente por nuestros hermanos. ¿Quién puede decir lo que Dios va a hacer por alguna de las personas que nos rodean?
Nadie es demasiado malo para que Cristo deje de llamarlo. Oremos por todos.
Aprendamos además en estos versículos, que uno del los principales empleos de Cristo es ser Médico. Los escribas y fariseos encontraron motivo de críticas porque comía y bebía con publicanos y pecadores. Pero "Cuando Jesús los oyó, les dijo, No tienen necesidad de médico los que están sanos, sino los que están enfermos".
El Señor Jesús no vino al mundo tan solo, como algunos suponen, para ser legislador, rey, maestro y servir de ejemplo. Si este hubiera sido el único objeto de su venida, poco consuelo hubiera recabado de ella el hombre. Sistemas dietéticos y reglas higiénicas son cosas muy buenas para los convalecientes, pero no son apropiados para los atacados de enfermedades mortales. Un maestro y un modelo podrán ser suficientes para un ser que aun no ha pecado, como Adán en el jardín de Edén. Pero pecadores caídos como nosotros necesitamos ser curados antes que puedan aprovecharnos las reglas y los consejos.
¿Pero que conocimiento tenemos nosotros de este empleo especial de Cristo? ¿Hemos sentido nuestra dolencia espiritual y acudido a El por el remedio? No estamos bien puestos ante los ojos de Dios hasta que no lo hagamos. No conocemos ni remotamente lo que es religión, si nos imaginamos que la convicción del pecado debe mantenernos separados de Cristo. Reconocer nuestros pecados, y sentir nuestras dolencias, es el comienzo del verdadero cristianismo. Admitir nuestra corrupción y aborrecer nuestras transgresiones es el síntoma de la salud espiritual. ¡Felices, en verdad, los que han descubierto la enfermedad de sus almas! Sepan pues que Cristo es el Médico especial que su condición demanda, y acudan a el sin tardanza.
Aprendamos, finalmente, en estos versículos que en religión es peor que inútil tratar de mezclar cosas que difieren esencialmente. "Nadie", dice a los fariseos, "cose un remedio de paño nueva un vestido viejo" "Nadie pone vino nuevo en odres viejos".
Es muy claro que estas palabras fueron dichas a manera de parábola, y refiriéndose especialmente a la cuestión que los fariseos acababan de suscitar: "¿Porqué los discípulos de Juan ayunan y no tus discípulos?" Es evidente que la respuesta de nuestro Señor significa que el ayuno para sus discípulos era inoportuno e inútil. Su pequeño rebaño era aun muy nuevo en gracia, y débil en fe, ciencia y experiencia. Preciso era conducirlo dulcemente, y no recargarlo en ese primer período de obligaciones que no eran capaces de soportar. El ayuno, además podría se apropiado en los discípulos de aquel que era solamente amigo del Esposo, que vivía en el desierto, que predicaba el bautismo de arrepentimiento, que estaba vestido de pelos de camello y comía langostas y miel silvestre. Pero el ayunar no era igualmente necesario para los discípulos de Aquel que era el Esposo, que había traído buenas nuevas a los pecadores y vivía como los demás hombres. En una palabra, exigir a sus discípulos que ayunases entonces, hubiera sido poner "vino bueno en odres viejos". Hubiera sido empeñarse en mezclar y amalgamar cosas esencialmente diferentes.
De gran importancia es el principio que se establece en estas cortas parábolas. Es una especie de proverbio que admite una extensa aplicación. Su olvido ha causado con frecuencia mucho daño en la iglesia. Los daños que ha producido al tratar de coser un remiendo nuevo a un vestido viejo y porreen vino nuevo en odres viejos, no han sido ni pocos ni pequeños.
¿Qué le aconteció a la iglesia de Galacia? Recordemos la epístola d Pablo. En esa iglesia había personas que querían reconciliar el judaísmo con el cristianismo y deseaban circuncidar a su mismo tiempo que bautizar. Procuraban mantener vigente la ley de las ceremonias y de las ordenanzas, y hacerla funcionar conjuntamente con el Evangelio de Cristo. De hecho hubieran querido poner el "vino nuevo en odres viejos". Y al manejarse así erraban grandemente.
¿Qué aconteció con los primitivos cristianos después de la muerte de los apóstoles? Lo encontramos consignado en las páginas de la historia de la iglesia. Algunos trataron de hacer el Evangelio mas aceptable mezclándolo con la filosofía platónica. Otros se esforzaron en recomendárselo a los paganos adoptando formas, procesiones y vestiduras del culto de los falsos dioses. En una palabra, "cocían el remiendo nuevo en el vestido viejo". Y al hacerlo esparcían a larga distancia las semillas de un gran mal, allanaban y preparaban el camino para el advenimiento de la apostasía romana.
¿Qué acontece al presente con muchos que profesan ser cristianos? dirijamos la vista en torno nuestro y veamos. Hay millares de personas que se empeñan en servir a Cristo al mismo tiempo que al mundo, usar el nombre de cristiano y llevar la vida a los impíos -frecuentar la sociedad de los esclavos del placer y del pecado, y ser, no obstante, sectarios de Jesús crucificado. En una palabra, se esfuerzan en beber el "vino nuevo", sin desechar los "odres viejos". Descubrirán un día que han intentado hacer lo imposible.
Al concluir de meditar sobre este pasaje hagámoslo con la determinación de descender a lo más íntimo de nuestra conciencia. ¿Hemos leído alguna vez lo que dicen las Escrituras? "Ningún hombre puede servir a dos señores" "Vosotros no podéis servir a Dios y a las riquezas" Coloquemos al lado de estos textos la palabras finales de nuestro Señor en este pasaje: "El vino nuevo debe ponerse en odres nuevos"
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias
Los discípulos recogen espigas en el día de reposo
Marcos 2.23-28

23 Aconteció que al pasar el por los sembrados un día de reposo*, (aquí equivale al sábado) sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas (Dt. 23.25)
24 Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo*, lo que no es lícito?
25 Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban;
26 cómo entro en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, (Lv. 24.9) y aún dio a los que con el estaban? (1 S. 21.1-6)
27 También les dijo: El día de reposo* fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo*.
28 Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aún del día de reposo*

Los discípulos recogen espigas en el día de reposo
Marcos 2.23-28
Mt. 12.1-8; Lc. 6.1-5
Mt. 12.1-8
1 En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer. 2 Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo. 3 Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; 4 cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes? 5 ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? 6 Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. 7 Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; 8 porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.
Lc. 6.1-5 1 Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. 2 Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo? 3 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; 4 cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? 5 Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.

Marcos 2.23 Dt. 23.25 Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo.
Marcos 2.26 Lv. 24.9 Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en lugar santo; porque es cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas a Jehová, por derecho perpetuo.
1 S. 21.1-6 1 Vino David a Nob, al sacerdote Ahimelec; y se sorprendió Ahimelec de su encuentro, y le dijo: ¿Cómo vienes tú solo, y nadie contigo? 2 Y respondió David al sacerdote Ahimelec: El rey me encomendó un asunto, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío, y lo que te he encomendado; y yo les señalé a los criados un cierto lugar. 3 Ahora, pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que tengas. 4 El sacerdote respondió a David y dijo: No tengo pan común a la mano, solamente tengo pan sagrado; pero lo daré si los criados se han guardado a lo menos de mujeres. 5 Y David respondió al sacerdote, y le dijo: En verdad las mujeres han estado lejos de nosotros ayer y anteayer; cuando yo salí, ya los vasos de los jóvenes eran santos, aunque el viaje es profano; ¿cuánto más no serán santos hoy sus vasos? 6 Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había otro pan sino los panes de la proposición, los cuales habían sido quitados de la presencia de Jehová, para poner panes calientes el día que aquéllos fueron quitados.
Comentarios J.C. Ryle
Marcos 2.23-28

Estos versículos nos presentan una escena muy notable del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo. Vemos a nuestro bendito Maestro y a sus discípulos atravesar "unos campos de trigo en día de sábado;" y se nos dice que sus discípulos "andando empezaron a arrancar espigas". Inmediatamente oímos a los fariseos que los acusan a nuestro Señor como si hubieran cometido una gran ofensa. "¿Porqué hacen estos en sábado lo que no es lícito?" la respuesta que recibieron está repleta de profunda sabiduría; deberíamos estudiarla bien todos los que deseamos comprender en que consiste la verdadera observancia del día del Señor.
Vemos en estos versículos que importancia tan exagerada da a fruslerías los que son formalistas en religión.
Los fariseos fueron los más grandes formalistas que han existido en el mundo. Parece que se ocuparon exclusivamente de lo externo, de la concha, de la corteza, del ceremonial de la religión. Agregaban a estos actos externos otros que fundaban en tradiciones que les eran peculiares. Su santidad consistía en lavatorios, ayunos, trajes especiales y en un culto caprichoso, al mismo tiempo que no se ocupaban del arrepentimiento, de la fe y de la pureza.
Probable es que los fariseos no hubieran criticado a los discípulos si hubieran infringido la ley moral. Hubiéranles disimulado la codicia, el perjurio, las extorsiones o los excesos, porque eran pecados a que eran ellos mismo muy inclinados. Pero apenas los vieron violar sus tradiciones humanas respecto al modo recto de guardar el sábado, levantaron el grito y los acusaron.
Vigilemos y oremos no sea que incurramos en el error de los fariseos. Véanse siempre cristianos que siguen sus huellas. Hay muchos en el día que dan más importancia a las ceremonias externas de la religión que a sus doctrinas. Se afanan más en observar las festividades de los santos y en volverse hacia el oriente cuando rezan el credo, e inclinar la cabeza al mentar l nombre de Jesús, que en pensar en el arrepentimiento, en la fe, y en separarse del mundo. Estemos en guardia siempre contra ese espíritu, que no nos puede consolar, satisfacer ni salvar.
Deberíamos aceptar como un principio inconcuso, que cuando una persona empieza a considerar ritos humanos y ceremonias como cosas de suprema importancia, y las pone por encima de la predicación del Evangelio, que su alma se encuentra en muy mala condición. Es un síntoma de dolencia espiritual; y suele ser con frecuencia el recurso a que apela una conciencia inquieta. Estos son en general los primeros pasos en la dirección de la apostasía del protestantismo al romanismo. No debemos, por tanto, admirarnos que s. Pablo dijera a los Gálatas: "Guardáis días y meses, y épocas y años. Me temo que en vano os he consagrado mis trabajos". Gal. 4.10,11
Vemos, en segundo lugar, en estos versículos, lo que vale conocer las santas Escrituras.
Nuestro Señor replica a la acusación de los fariseos refiriéndose a las santas Escrituras. Recuerda a sus enemigos la conducta de David, cuando "tuvo necesidad y estuvo hambriento." "¿No habéis leído lo que hizo David?" no podían negar que no era posible que el escritor del libro de los Salmos, y "el hombre según Dios," diera mas el ejemplo. Sabían que efectivamente no había violado los mandamientos de Dios "excepto el hecho de Urías jeteo" 1 Reyes 15.5. Sin embargo, ¿qué había hecho David? Había ido a la casa del Señor y comido "de los panes de la propiciación de que no es permitido comer sino a los sacerdotes". Con ese acto había probado que hay algunas exigencias de las leyes ceremoniales que pueden relajarse en caso de necesidad. Nuestro Señor cita a sus adversarios este ejemplo de la Escrituras; y nada pudieron replicarle. La espada del Espíritu fue un arma a que no pudieron resistir; quedaron reducidos al silencio y avergonzados.
La conducta de nuestro Señor en esta ocasión debe servir de guía a su pueblo. Las principales razones para nuestra fe y para nuestras prácticas deberían ser, "así está escrito en la Biblia". "¿Qué dice la Esch?" Procuremos tener siempre de nuestro lado la palabra de Dios en todas las cuestiones que se debaten. Procuremos presentar un fundamente bíblico a nuestra conducta en todos los puntos dudosos y mostremos a nuestros opositores que la Biblia es nuestra regla. Nos convenceremos que un texto claro es el argumento más poderoso que podemos emplear. Debemos esperar que en un mundo como este nuestras opiniones han de ser atacadas, si servimos a Cristo, y estemos seguros que nada callará más pronto a nuestros adversarios como una cita de la Escritura.
Recordemos, sin embargo, que si queremos usar la Biblia como lo hizo nuestro Señor, debemos conocerla bien. Debemos leerla atentamente, con humildad, perseverancia y súplicas; de otra manera sus textos no vendrán a nuestra ayuda cuando tengamos necesidad de ellos. Para usar con buen resultado la espada del Espíritu, debemos familiarizarnos con ella y empuñarla a menudo. El conocimiento de la Biblia no lo adquirimos por intuición. Tenemos que estudiar, meditar y escudriñar el libro, que orar sobre el, y no dejarlo tranquilo en su anaquel, ni hojearlo descuidadamente de cuando en cuando. Solo los que estudian la Biblia podrán manejarla bien como un arma el día del combate.
Vemos, por último en estos versículos, cual es el verdadero principio por que deben decidirse todas las cuestiones que se refieren a la observancia del sábado o día del Señor. "El sábado," dice el Señor, 2fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado"
Estas palabras son un tesoro de sabiduría. Merecen que se les consagre profunda atención, y tanto más cuanto que no se encuentran referidas sino en el Evangelio de Marcos. Veamos lo que contienen.
"El sábado fue hecho para el hombre". Dios lo hizo para Adán en el paraíso, y lo renueva para Israel en el monte Sinaí. Fue hecho para todo el género humano, no para los Judíos solamente, sino para toda la familia de Adán. Fue hecho para beneficio y consuelo del hombre; para bien de su cuerpo, de su espíritu y de su alma. Le fue dado como un don y una bendición, no como una carga. Esta fue su institución original.
Pero "el hombre no fue hecho para el "sábado" Nunca fue la intención que la observancia del día del Señor pudiera irrogar daño a su salud, ni intervenir con sus necesidades más urgentes. El mandamiento primitivo de "santificar el día sábado" no se proclamó para que fuera interpretado de manera que dañase a su cuerpo, ni que impidiese que se ejercieran actos de misericordia con sus prójimos. Ese fue el punto que olvidaron los fariseos, o que oscurecieron con sus tradiciones.
No hay en todo esto nada que venga a legitimar la aserción aventurada de algunos qué suponen que nuestro Señor ha revocado el cuarto mandamiento. Al contrario, habla explícitamente del sábado como de un privilegio y de un don, y no hace más que fijar los límites a que deben extenderse las reglas de su observancia. Enseña que pueden hacerse el día del sábado obras de necesidad y de misericordia; pero no dice una palabra que pueda justificar la opinión de los que se imaginan que los cristianos no deben "recordar el día para santificarlo"
Seamos muy celosos en guardar el día del sábado. No se crea que en la época presente se corra mucho riesgo de que el día se guarde con demasiado rigor; más lo hay de que sea profanado y olvidado por completo. Empeñémonos ardorosamente para que se preserve entre nosotros en toda su integridad. Podemos estar seguros que la prosperidad nacional y nuestros medros personales en la gracia están íntimamente enlazados con la santificación del día del Señor.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Volumen Segundo, Marcos
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