El Santo Evangelio según
San Marcos

Porque por gracia sois salvos

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El hombre de la mano seca
Marcos 3.1-6

1 Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.
2 Y le acechaban para ver si en el día de reposo * le sanaría, a fin de poder acusarle.
3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.
4 Y les dijo: ¿es lícito en los días de reposo * hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban.
5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.
6 Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle.
El hombre de la mano seca
Marcos 3.1-6
Mt. 12.9-14; Lc. 6.6-11
Mt. 12.9-14
9 Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. 10 Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? 11 El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? 12 Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo 13 Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. 14 Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.
Lc. 6.6-11 6 Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 7 Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. 8 Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. 9 Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla? 10 Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. 11 Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús.
 
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias
La multitud a la orilla del mar
Marcos 3.7-12

7 Más Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió gran multitud de galilea. Y de Judea,
8 de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él.
9 Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen.
10 Porque había sanado a muchos: de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él. (Mr 4.1; Lc. 5.1-3)
11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.
12 Más él les reprendía mucho para que no le descubriesen.
  Marcos 3.10 Mr 4.1; Lc. 5.1-3
Mr 4.1
Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar.
Lc. 5.1-3 1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. 2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. 3 Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.
Comentarios J.C. Ryle
Marcos 3.1-12

Estos versículos nos vuelven a presentar a nuestro Señor haciendo un milagro. Cura en la sinagoga a un hombre "que tenía una mano seca". Ocupado siempre de los negocios de su Padre, siempre haciendo bien, y haciéndolo a vista de enemigos y de amigos -tal era el curso diario del ministerio terrenal de nuestro Señor. Y "nos dejó un ejemplo para que siguiéramos sus huellas" 1 Pedro 2.21 "¡Benditos sean esos cristianos que se esfuerzan en su debilidad por imitar a su Maestro!"
Veamos en estos versículos, como nuestro Señor Jesús era vigilado por sus enemigos. Leemos, "que lo acechaban, si lo curaban en sábado, y podían entonces acusarlo"
¡Que prueba tan triste tenemos aquí de la maldad de la naturaleza humana! Era en día de sábado que estas cosas acontecían, y en la sinagoga donde los hombres se reunían para oír la palabra y adorar a Dios. Aún en el día del Señor, y en los momentos de tributarle adoración, estos miserables formalistas estaban tramando maldades contra nuestro Señor. Los mismos hombres que pretendían ser tan estrictos y tan santos en cosas de poca importancia, estaban llenos de pensamientos maliciosos y coléricos en medio de la congregación. Prov. 5.14.
El pueblo de Cristo no debe esperar ser tratado mejor que su Maestro. Están siempre espiados por un mundo malévolo y rabioso. Examina su conducta con ojos perspicaces y envidiosos; todos sus pasos son vigilados y seguidos constantemente. Son hombres marcados y nada pueden hacer que el mundo no lo note. Su vestido, sus gestos, el empleo de su tiempo, su conducta en todas las situaciones de la vida, todo en ellos es observado rígida y menudamente. Sus adversarios están esperando su primer tropezón, y tan pronto como incurren en un error, los impíos se regocijan.
Bueno es que los cristianos tengan esto siempre presente. Adonde quiera que vayamos, cualquiera cosa que hagamos, recordemos que estamos "espiados" como nuestro Maestro. Esta idea debe decidirnos a ejercer una santa vigilancia sobre nuestra conducta, para que no habamos nada que permita al enemigo blasfemar. Debería comunicarnos una diligencia exquisita para evitar aun las "apariencias del mal". Sobre todo, debería influir en nosotros para que orásemos mucho, contuviéramos nuestra cólera y nuestras lenguas, y nos manejáramos siempre bien en público. Ese Salvador que estuvo "espiado", sabe simpatizar con su pueblo, y suministrarle la gracia que necesita en sus épocas de necesidad.
Fijémonos, en segundo lugar, nuestra atención en el gran principio que Nuevo Testamento Señor establece respecto a guardar el sábado. Enseñaba que es legítimo "hacer bien" en sábado.
Establece este principio haciendo una pregunta muy notable. Pregunta a los que estaban en torno suyo, si era "legítimo hacer bien o mal en sábados, salvar la vida, o matar" ¿era mejor curar a ese pobre enfermo que tenía en su presencia con una mano seca, o abandonarlo a su destino? ¿Era más pecaminoso restaurar a una persona la salud en sábado, que tramar un asesinato, o alimentar odios contra un inocente, como lo estaban haciendo en aquel mismo momento con El? ¿Eran ellos intachables que deseaban matarlo? No es de admirarse que al ser así interrogados los enemigos de nuestro Señor "guardaran silencio"
Según estas palabras del Señor es muy claro que ningún cristiano debe nunca titubear en hacer en domingo una obra que sea realmente buena y necesaria. Una verdadera obra de misericordia, como asistir a los enfermos o aliviar algún dolor, puede hacerse siempre sin ningún escrúpulo. Ningún acto de esta clase ataca en lo más mínimo la santidad con que el cuarto mandamiento reviste el día de sábado.
Pero debemos tener cuidado que no se abuse del principio que aquí establece nuestro Señor y se le haga servir para malos fines. No nos permitamos la suposición que el permiso de "hacer el bien" implica la idea que cada cual puede hacer lo que le agrade el día del sábado. El permiso de "hacer el bien" no quiso decir nunca que abrieran las puertas a diversiones, festividades mundanas, viajes, paseos y goces sensuales. No tuvo por objeto permitir trenes de ferrocarril en domingo, ni vapores, ni exhibiciones. Estas cosas no hacen bien a nadie, y si mal a muchos; defrauda a los sirvientes del descanso de séptimo día, convierten el domingo para muchos en día de duras tareas. Guardémonos de pervertir el verdadero significado de las palabras de nuestro Señor. Recordemos que clase de bien hizo El en sábado y sancionó con su bendito ejemplo. Preguntémonos se hay la más ligera semejanza entre las obras de nuestro Señor el sábado y esa manera de emplear el sábado por muchos atreviéndose a apelar para ello al ejemplo de nuestro Señor. Fijémonos en el significado claro y genuino de las palabras de nuestro Señor y apoyémonos en ellas. Nos ha dado libertad para "hacer el bien" pero no para fiestas, espectáculos, reuniones mundanas, ni excursiones.
Notemos por último, los sentimientos que la conducta de los enemigos de nuestro Señor desertó en su corazón. Se nos dice que "Indignado fijó sus miradas en todos los que lo rodeaban, condoliéndose de la dureza de sus corazones".
Esta expresión es muy notable digna de una atención especial. Es para recordarnos que nuestro Señor Jesucristo en cuanto hombre, era como nosotros en todo, exceptuando tan solo el pecado. Nuestro Señor conocía por experiencia y experimentaba todos los sentimientos puros que son propios de la constitución del hombre. Leemos que se "maravillaba", que se "regocijaba", que "lloraba", que "amaba" y en este pasaje leemos que "sentía indignación".
Se deduce claramente de estas palabras que hay una "indignación" legítima, justa, y no pecaminosa. Hay una indignación justificable y que en algunos casos es permitido manifestar. Salomón y Pablo enseñan ambos la misma lección. "El viento del norte ahuyenta la lluvia, así un rostro indignado la lengua murmuradora" Prov. 25.23 "Indignaos y no pequéis" Ef. 4.26.
Debe confesarse, sin embargo, que la cuestión es muy difícil. De todos los sentimientos que el corazón del hombre experimenta, ningún se despierta quizás mas pronto que la cólera o la indignación. No hayan ninguno que sea mas difícil de dominar cuando le a excitarse, ni cuyas consecuencias sean más terribles. Todos debemos saber a que extremos arrastra aun a hombres religiosos el mal carácter, la irritabilidad, y la pasión. La historia de la "disputa" de Pablo y Bernabé en Antioquia y la de Moisés cuando provocado, "habló desertadamente con sus labios" son familiares a todos los lectores de la Biblia. El hecho terrible que palabras apasionadas son una infracción del sexto mandamiento, se nos enseña muy claramente en el Sermón de la Montaña; y, sin embargo, vemos aquí que hay una indignación que es legítima.
Concluyamos de meditar sobre este punto orando fervorosamente para que podamos distinguir el espíritu que nos domina cuando la indignación o la cólera se apoderan de nosotros. Estemos seguros que no hay ningún sentimiento en el hombre que debamos vigilar con más cautela. Una ira no pecaminosa es cosa muy rara. La rabia del hombre tiene rara vez por causa la Gloria de Dios. De todas maneras creemos que una indignación justa debe estar mezclada con dolor y pesar por los que la causan, como sucedió en el caso del Señor que aquí se nos refiere. Y de esto es que debemos estar seguros -que es mejor no indignarnos nunca, que sentir indignación y pecar.
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias
Elección de los doce apóstoles
Marcos 3.13-19

13 Después subió al monte, y llamó a si a los que el quiso; y vinieron a él.
14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,
15 y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios:
16 a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro;
17 a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno;
18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista,
19 y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa. Elección de los doce apóstoles
Marcos 3.13-19 Mt. 10.1-4; Lc. 6.12-16
Mt. 10.1-4
1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, 4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.
Lc. 6.12-16 12 En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: 14 a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, 15 Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, 16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.
 
Comentarios J.C. Ryle
Marcos 3.13-21

El principio de este pasaje nos habla del nombramiento de los doce apóstoles. Es este uno de los acontecimientos del ministerio terrenal de nuestro Señor que debiera leerse siempre con profundo interés. ¡Qué cúmulo de beneficios han conferido al mundo estos pocos hombres! Los nombres de unos pocos pescadores judíos son conocidos y amados por millones de personas en todo el globo, mientras que se han perdido y olvidado los de muchos reyes y hombres acaudalados. Los que hacen bien a las almas, son los que se conservan "en perpetuo recuerdo." Salmo 112.6
Notemos en estos versículos cuantos de los doce que aquí se nombran, habían sido llamados a ser discípulos, antes de ser escogidos para apóstoles.
De este número hay, al menos, seis, cuyo primer llamamiento para seguir a Cristo se refiere con especialidad. Esos seis son Padre y Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Mateo. En una palabra, no hay duda que once de los apóstoles de nuestro Señor se convirtieron antes de ser escogidos para el apostolado.
Lo mismo debía acontecer con todos los ministros del Evangelio. Deberían ser hombres que hubieran recibido ya el llamamiento del Espíritu, antes de ser dedicados a la gran obra de enseñar a otros, debería seguirse con ellos la misma regla que con los apóstoles -"primero convertidos, después ordenados"
Nunca se podrá encarecer demasiado lo importante de esta regla para los intereses de la verdadera religión. No serán nunca demasiado estrictos y minuciosos los ministros de la iglesia en las indagaciones que hagan respecto al carácter espiritual de los candidatos para ordenes. Un ministro no convertido es completamente incapaz de ejercer su misión. ¿Cómo podrá hablar con experiencia de la gracia que nunca ha sentido? ¿Cómo recomendará a su congregación ese Salvador que el mismo no conoce sino de m? ¿Cómo presentará a las almas la necesidad urgente de la conversión y del nuevo nacimiento, que el no ha experimentado? ¡Qué miserablemente se equivocan los padres que persuaden a sus hijos para que se dediquen al ministerio, tan solo para obtener una buena congrua, o escoger una profesión respetable! ¿Qué otra cosa es eso sino persuadirlos a que digan lo que no es verdad, y a que tomen el nombre del Señor en vano? Los ministros no convertidos, los ministros mundanos son los que mas daño hacen a la causa del cristianismo. Son apoyo de los infieles, alegría del diablo y ofensa a Dios.
Aprendemos a conocer, en segundo lugar, la naturaleza del oficio para que fueron escogidos los apóstoles. Habían de "estar con Cristo". Habían de ser "enviados a predicar." Poseerían "poder de curar enfermedades," y "lanzar demonios."
Fijemos nuestra atención en estos cuatro puntos, pues contienen mucha instrucción. Los doce apóstoles de nuestro Señor eran, sin duda alguna, una clase distinta de hombres. Cuando murieron, no tuvieron sucesores, así que estricta y literalmente no se puede decir que hay sucesión apostólica. A nadie puede llamarse realmente "sucesor de los apóstoles", si no hace milagros, como ellos, y como ellos es infalible en su enseñanza. Pero, a pesar de esto, no debemos olvidar que en muchas cosas los apóstoles fueron elegidos para servir de modelos y de ejemplos a todos los ministros del Evangelio. Teniendo esta circunstancia presente podemos deducir lecciones muy útiles de este pasaje en referencia a los deberes de un fiel ministro.
Un ministro fiel debe, como los apóstoles, mantenerse en íntima comunión con Cristo. Debe estar mucho "con El" Debe frecuentar la compañía "del Hijo," y morar en El. Debe separarse del mundo, y sentarse diariamente, como María, a los pies de Jesús para oír su palabra. Debe estudiarlo, copiarlo, asimilarse su Espíritu, seguir sus huellas. Debería empeñarse en adquirir la facultad de decir, cuando sube al púlpito, "lo que hemos visto y oído, eso mismo os declaramos" 1Juan 1.3
El ministro fiel debe ser predicador como los apóstoles. Este debe ser su principal trabajo y en el concentrar sus pensamientos. Debe considerar la predicación como muy por encima de la administración de los sacramentos. 1 Cor. 1.17. Un ministro que no predica no sirve de mucho a la iglesia de Cristo; es un faro sin lámpara, un trompetero silencioso, un vigilante dormido y un fuego pintado.
Un ministro fiel debe oponerse como los apóstoles a todas las obras del diablo. Aunque no llamado en el día a lanzar los espíritus malos del cuerpo, debe de estar siempre dispuesto a resistirse a los planes del diablo, y a denunciar los lazos que le tiende al alma. Debe manifestar las consecuencias que producen el gusto por las carreras de caballos, los teatros, los bailes, el juego, la borrachera, la profanación del día del Señor, y todos los placeres sensuales. Cada época tiene sus tentaciones especiales, pues muchas son las tratas de Satanás; pero cualquiera que sea el camino que haya escogido el diablo para urdir sus engaños, allí debe estar dispuesto y preparado el ministro a oponérsele y a hacerle resistencia.
¡Cuán grande es la responsabilidad de los ministros! ¡Cuán trabajosa su obra, si cumplen con su deber! ¡Cuánto necesitan de las plegarias de todos los que oran para robustecer y sostener sus manos! No es de admirarse que S. Pablo diga con tanta frecuencia a las iglesias, "Orad por nosotros"
Notemos por útil, cuan mal comprendieron sus enemigos el celo de nuestro Señor Jesucristo. Se nos dice que "Salieron a detenerlo, porque decían que estaba fuera de sí.
No hay nada en este hecho que deba sorprendernos. El profeta que fue a ungir a Jehú fue llamado "loco". 2 Reyes 9.11. Festo dijo a Pablo que estaba "loco". Pocas cosas muestran de una manera más clara la corrupción de la naturaleza humana, que la incapacidad del hombre para comprender el celo religioso. El entusiasmo por ganar dinero, por adquirir ciencia, el ardor en la guerra, en el comercio, en los negocios, el mundo lo comprende. Pero el celo por la religión es tachado a menudo de locura, de fanatismo y tomado como un signo de debilidad intelectual. Si una persona pierde la salud a fuerza de estudio o de su aplicación excesiva a los negocios, nadie lo critica, y se dice: "Es un hombre muy diligente". Pero si se agota y gasta predicando, o emplea todo su tiempo en hacer bien a las almas, al momento se oye el clamor de los que gritan. "Es demasiado entusiasta y rígido". El mundo no ha cambiado, pues las "cosas del Espíritu" son siempre "insensatez para el hombre natural" 1 Cor. 2.14
Que no se debilite nuestra fe si tenemos que beber el mismo cáliz que bebió nuestro bendito Señor. Por duro que sea para la carne y para la sangre vernos mal juzgados por nuestros amigos y parientes, debemos recordar que no es nada nuevo. Recordemos las palabras de Jesús: "El que ama a su padre y a su madre más que a mi no es digno de mi". Jesús sabe la amargura de nuestras pruebas; Jesús siente por nosotros y nos dará su ayuda.
Suframos pacientemente la injusticia y la sinrazón de los inconversos, como lo hizo nuestro Señor. Compadezcamos su ceguedad y su falta de conocimiento y no los amemos ni un ápice menos por eso. Sobre todo pidámosle a Dios que se digne muda sus corazones. ¿Quién puede asegurar que las mismas personas que ahora se empeñan en desviarnos de Cristo, no serán un día nuevas criaturas, que verán las cosas diferentemente y seguirán a Cristo.?
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias
La blasfemia contra el Espíritu Santo
Marcos 3.20-30

20 y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan.
21 Cuando lo oyeron los suyos vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí.
22 Pero los escribas que habían venido a Jerusalén decían que tenía a Belcebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios (Mt.9.34; Mt. 10.25)
23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?
24 Si un reino está dividido contra si mismo, tal reino no puede permanecer.
25 Y si una casa está dividida contra si misma, tal casa no puede permanecer.
26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.
27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.
28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean;
29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, (Lc.12.10) sino que es reo de juicio eterno.
20 Porque ellos habían dicho. Tiene espíritu inmundo.
La blasfemia contra el Espíritu Santo
Marcos 3.20-30
Mt. 12.22-32; Lc. 11.14-23
Mt. 12.22-32
22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. 23 Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? 24 Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. 25 Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. 26 Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? 27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echó fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. 30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. 31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.
Lc. 11.14-23 14 Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló. 15 Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. 16 Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo. 17 Más él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. 18 Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios. 19 Pues si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 20 Más si por el dedo de Dios echó yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros. 21 Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. 22 Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín. 23 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
Marcos 3.22 Mt.9.34; Mt. 10.25
Mt.9.34
Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
Mt. 10.25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzeb, ¿cuánto más a los de su casa?
Marcos 3.29 Lc.12.10 A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
Comentarios J.C. Ryle
Marcos 3.22-30

Sabemos todos cuan penoso es que nuestra conducta sea mal juzgada e interpretada, cuando obramos bien. Nuestro Señor Jesucristo, durante su ministerio terreno, tuvo continuamente que someterse a esa prueba, y es una comprobación de ello el pasaje que comentamos. Los "escribas que habían venido a Jerusalén" vieron los milagros que hacía, y no podían negar su realidad. ¿Qué hicieron entonces? ¡Acusaron a nuestro bendito Salvador de estar en liga con el diablo y unido a él! Decían."Tiene a Belcebú, y por el príncipe de los demonios lanza los demonios"
Hay en la respuesta que dio nuestro Señor a esa maligna acusación expresiones en que debemos fijar nuestra atención. Veamos que lecciones encierran para nuestro bien.
Esta es la enseñanza que más se destaca en relieve en la primera parte de la réplica de nuestro Señor dio a los escribas. Prueba que es un absurdo suponer que Satanás "lanzará a Satanás" y contribuyera así a destruir en su propio poder. Apela el hecho notorio, que aun sus enemigos tienen que aceptar, que no puede haber fuerza donde existe división. "Si un reino está dividido contra si mismo, ese reino no puede subsistir."
Esta es una verdad a que no se presta la consideración que demanda. En ningún otro particular ha producido tanto daño el abuso del derecho de juicio individual. Las divisiones de la iglesia son una gran causa de la debilidad de la iglesia visible. Absorben la energía, el tiempo y el poder que pudieran empleare en cosas mejores, y suministran a los incrédulos un argumento contra la verdad del cristianismo. Trabajan a favor del diablo y por eso Satanás es el principal promotor de las divisiones religiosas. Si no puede destruir el cristianismo, se esfuerza en hacer que los cristianos disputen entre ellos, y arma a los unos contra los otros. Nadie mejor que el diablo sobe, que "dividir es conquistar".
Hagamos la resolución, en cuanto de nosotros dependa, de evitar toda diferencia, disensiones y disputas en religión; contemplémoslas con horror y aborrecimiento como plagas de las iglesias. Seamos celosos, y nunca lo seremos demasiado, de las verdades y de los dogmas salvadores; pero es muy fácil equivocarse y tomar una escrupulosidad mórbida por delicadeza de conciencia, y un celo en defender fruslerías por celo en pro de la verdad. Es justificable la separación de una iglesia tan solo cuando esta se separa del Evangelio. Estemos siempre dispuestos a hacer muchas concesiones y muchos sacrificios en bien de la unidad y de la paz.
Debemos notar, en segundo lugar, la gloriosa declaración que en estos versículos hace nuestro Señor respecto al perdón de los pecados. Dice que "todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y cualesquiera blasfemias con que blasfemaren"
Estas palabras pasan desapercibidas para muchas personas o son oídas con indiferencia sin descubrir en ellas ninguna belleza especial; pero el hombre que tiene la convicción de sus pecados y que siente profundamente la necesidad de perdón, esas palabras son dulces y preciosas. "Todos los pecados serán perdonados". Los pecados de la juventud y de la ancianidad, los de pensamiento, de obra, de lengua y de imaginación, los pecados de los perseguidores como Saulo, los de los idólatras como Manasés, los de los enemigos declarados de Cristo, como fueron los judíos que lo crucificaron, los pecados de los que abandonan a Cristo y de El se separan, como Padre, todos, todos pueden ser perdonados. La sangre de Cristo puede lavarlos todos; la justicia de Cristo puede cubrirlos todos, y ocultarlos a los ojos de Dios.
La doctrina que aquí se establece es la corona y la gloria del Evangelio. Lo primero que propone al hombre es libre perdón, absolución entera, remisión completa, sin dinero y sin precio. "Por este hombre se os anuncia la remisión de los pecados: y en El es justificado todo aquel que creyere" Hechos 13.38-39.
Aceptemos esta doctrina sin dilación si antes no lo hemos hecho; tanto nos interesa a nosotros como a los demás. Nosotros también si hoy nos acercamos a Cristo, podemos ser perdonados., "Aunque nuestros pecados hayan sido como escarlata, quedarán blancos como la nieve" Isaías 1.18
Adhirámonos firmemente a esta doctrina si es que ya la hemos aceptado. Quizás nos sintamos algunas veces desfallecidos, indignos y abrumados; pero si verdaderamente nos hemos acercado a Cristo, nuestros pecados quedarán perdonados. Dios los apartará de su vista, los borrará del libro de los recuerdos, los hundirá en el fondo del océano. Creamos y no tengamos miedo.
Debemos notar, por último que es posible que el alma de un hombre quede perdida para siempre en el infierno. Las palabras de nuestro Señor son muy claras y muy preciosas. Habla de uno que "nunca recibe perdón, sino que está en peligro de condenación eterna"
No hay duda que esta es una verdad terrible; pero es una verdad y no podemos cerrar los ojos a ella. La encontramos proclamada una y otra vez en las sagradas Escrituras. Para presentarla de una manera clara y no dar lugar a equivocaciones se multiplican en la Biblia figuras e imágenes de toda clase, y se emplea toda clase de lenguaje. En una palabra, si no hay lo que se llama "condenación eterna" podemos arrojar la Biblia a un lado y decir que sus palabras nada significan.
Gran necesidad hay en todos nuestros tiempos de presentar constantemente ante los ojos de los hombres esta verdad terrible. Se han presentado maestros que atacan abiertamente la doctrina de la eternidad de las penas, o hacen esfuerzos en explicarla de manera que de hecho la refutan. Los oídos de los hombres han sido agradablemente lisonjeados con argumentos plausibles acerca del "amor de Dios" y de lo imposible que es que un Dios amoroso permita un infierno eterno. Se dice que la eternidad de las penas es tan solo una "cuestión especulativa" respecto a la cual se puede creer lo que a cada cual le placa. En medio de este diluvio de falsas doctrinas abracemos con firmeza la verdad antigua. No nos avergoncemos de creer que hay un Dios eterno, un cielo eterno y un infierno eterno. Recordemos que el pecado es un mal infinito, que exige una expiación de valor infinito para librar al creyente de sus consecuencias y que arrastra consigo una pérdida infinita al incrédulo que rechaza el remedio que para el proveyó. Después de todo, apoyémonos en las aseveraciones claras de la Escrituras, como es la que tenemos ahora ante nuestros ojos. Un texto claro vale por mil argumentos abstrusos.
Finalmente, si es verdad que haya una "condenación eterna" seamos muy diligentes para evitar nosotros incurrir en ella. No nos detengamos, escapemos para salvar la vida. Gen. 18.16-17. Refugiémonos en la esperanza que nos abre el Evangelio, y no descansemos hasta que sepamos y sintamos que nos hallamos seguros. Y no nos avergoncemos nunca, de buscar esa seguridad; avergoncémonos, si, del pecado, de la mundanalidad y del amor del placer: pero no de los esfuerzos que hagamos en libertarnos de un infierno perdurable.
Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias
La madre y los hermanos de Jesús
Marcos 3.31-35

31 Vinieron después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle.
32 Y la gente que estaba sentada alrededor del él le dijo: tu madre y tus hermanos estás afuera, y te buscan.
33 El les respondió: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?
34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor del él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.
35 Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.
La madre y los hermanos de Jesús
Marcos 3.31-35
Mt. 12.46-50; Lc. 8.19-21
Mt. 12.46-50
46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. 47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. 48 Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.
Lc. 8.19-21 19 Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. 20 Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. 21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.
 
Comentarios J.C. Ryle
Marcos 3.31-35

En los versículos que preceden inmediatamente a este pasaje, vemos a nuestro bendito Salvador acusado por los escribas de estar en liga con el diablo. Dijeron: "tiene a Belcebú, y por el príncipe de los demonios lanza los demonios".
En los que ahora hemos leído, encontramos que este cargo absurdo que le hacen los escribas no fue todo lo que Jesús tuvo que sufrir entonces. Se nos dice que "sus hermanos y su madre llegaron, y quedándose fuera, enviaron a llamarlo. No podían comprender aún la belleza ni la utilidad de la vida que nuestro Señor llevaba. Aunque, sin duda, lo amaban mucho, hubieran querido persuadirlo a que cesase en su obra y "se conservase". No sabían lo que estaban haciendo. ¡Qué poco habían meditado en las palabras de nuestro Señor y cuna lejos estaban de comprenderlas, cuando dijo, "¿No queréis que me ocupe de los negocios de mi Padre? Lucas.2.49
Es muy interesante contemplar la perseverancia firme y tranquila de nuestro Señor a pesar de tantos motivos de desaliento. Nada lo alteraba; ni las calumniosas sugestiones de sus enemigos, ni las bien intencionadas observaciones de sus ignorantes amigos, eran parte a desviarlo del camino que se había trazado. Firme como una roca marchaba con los ojos fijos en la cruz y en la corona. Bien conocía la obra que había venido a realizar a este mundo. Se fijaba en recibir el bautismo con que tenía que ser bautizado. Lucas. 12.50
Todos los verdaderos siervos de Cristo deben de obrar de esa manera. Que nada los desvíe de la senda estrecha en que caminan, ni los detenga, ni los haga mirar hacia atrás. Que no se cuiden de las malévolas insinuaciones de sus enemigos, ni cedan a las súplicas bien intencionadas pero erróneas de sus parientes y amigos inconversos. Contestarles deben con las palabras de Nehemías "Estoy ocupado de una gran obra, y no puedo ir" Neh.6.3: Deben decir "Me he cargado con la cruz, y no puedo lanzarla lejos de mi"
Aprendemos una gran lección en estos versículos: a quienes debemos considerar como parientes de Jesucristo. Lo son aquellos que son sus discípulos y "hacen la voluntad de Dios". El gran jefe de la iglesia dice de ellos, "esos son mi hermano, y mi hermana y mi madre."
¡Cuánto no encierra esa expresión! ¡Qué tesoro tan rico en consuelo no abre a los verdaderos creyentes! ¿Quién puede concebir la profundidad del amor de nuestro Señor a María la madre que lo llevó en su seno, y que lo alimentó en su regazo? ¿Quién puede imaginarse la intensidad de su amor a sus hermanos según la carne, con quienes había pasado los años dulces y tranquilos de su infancia? Imposible que ningún corazón haya encerrado los manantiales de amor que brotaban del corazón de Cristo; y sin embargo, dice que "los que hacen la voluntad de Dios", esos "son sus hermanos, sus hermanas y su madre"
Que en esas palabras beban su consuelo todos los cristianos verdaderos; sepan que hay Uno al menos que los conoce, que los ama, que se cuida de ellos, y que los mira como miembros de su familia. ¿Qué importa que sean pobres en este mundo? No tienen que avergonzarse de ello, cuando recuerden que son hermanos del Hijo de Dios. ¿Qué importa que sean perseguidos y maltratados en sus propias casas con motivo de su religión? Pueden recordar las palabras de David, y aplicarlas a su situación especial, "Cuando mi padre y madre me abandonaron, entonces el Señor me recogió" Salmo 27.10
Finalmente, que todos los que persiguen y ridiculizan a otros con motivo de su religión, vean el apercibimiento que encierran estas palabras, y se arrepientan. ¿A quien persiguen y ridiculizan? A los parientes de Jesús, Hijo de Dios; a la familia del Rey de reyes y del Señor de señores. No hay duda que obrarán como prudentes si guardan silencio y consideran bien lo que están haciendo. Esos que persiguen tienen un Amigo poderoso: "Su redentor es poderoso; abogará por ellos" Prov. 23.11

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Volumen Segundo, Marcos
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)

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