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| Parábola del sembrados Marcos 4.1-20 1 Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor del el mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; (Lc.5.1-3) y toda la gente estaba en tierra junto al mar. 2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: 3 Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar; 4 y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino y vinieron las aves del cielo y la comieron. 5 Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. 6 Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7 Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. 8 Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. 9 Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga. 10 Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de el con los doce le preguntaron sobre la parábola. 11 Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; 12 para que viendo, vean y no perciban; y oyendo oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados (Is.6.9-10) 13 Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas? 14 El sembrador es el que siembra la palabra. 15 Y éstos son los de junto al camino; en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás y quita la palabra que se sembró en sus corazones. 16 Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; 17 pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. 18 Estos son los que fueron sembrados entre espinos; los que oyeron la palabra, 19 pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 20 Y estos son los que fueron sembrados, en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. |
Parábola del sembrados Marcos 4.1-20 Mt. 13.1-23; Lc.8.4-15 Mt. 13.1-23 1 Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó unto al mar. 2 Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. 3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. 4 Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. 5 Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; 6 pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. 8 Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. 9 El que tiene oídos para oír, oiga. 10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane. 16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. 18 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19 Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. 20 Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. 22 El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno. Lc.8.4-15 4 Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: 5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. 6 Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. 7 Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. 8 Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga 9 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola? 10 Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.11 Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. 12 Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven. 13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. 14 La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. 15 Más la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. |
Marcos 4.1 Lc.5.1-3
1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret,
el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra
de Dios. 2 Y vio dos barcas que estaban cerca
de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban
sus redes. 3 Y entrando en una de aquellas
barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra
un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Marcos 4.12 Is.6.9-10 9 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. 10 Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. |
| Comentarios J.C. Ryle Marcos 4.1-20 Estos versículos contienen la parábola del sembrador. De todas las parábolas que nuestro Señor dijo, ninguna probablemente es tan bien conocida como ésta. No hay ninguna que sea más fácilmente comprendida por todos, en razón de lo gracioso al mismo que de lo familiar de las figuras que contiene. No hay ninguna tampoco que sea de una aplicación tan universal y tan perpetua. Mientras que haya una iglesia de Cristo y una congregación de cristianos, tendrá que emplearse esta parábola. Su lenguaje no exige explicaciones, pues debemos decir usando las palabras de un escritor antiguo, que "lo que demanda es que se aplique, y no que se comente" Veamos ahora que nos enseña. Se nos enseña, en primer lugar, que hay algunos oyentes del Evangelio, cuyos corazones son como los linderos de un campo que dan al camino. Esos son los que oyen sermones, pero no les prestan atención; que van a un templo por pura forma o moda o por el buen parecer, pero que no toman ningún interés en lo que allí se predica. Les parece que es tan solo cuestión de palabras y nombres, y de una charla ininteligible. Como no se trata de dinero, ni de comer o beber, ni de vestidos, ni de diversiones, mientras que están oyendo, se ponen a pensar en otras cosas. Nada les importa que se hable de la Ley o del Evangelio, ni produce en ellos más efecto que el agua cayendo sobre una piedra. Y al fin se van tan ignorantes como cuando entraron. Jay millares de los que se llaman cristianos que se encuentran en esa condición espiritual. Apenas hay una iglesia o capilla en que no se encuentra gran número de ellos. Permiten al diablo que domingo tras domingo arrebate y se lleve la buena semilla que se siembra en la superficie de sus corazones. Pasan las semanas y van viviendo sin fe, sin temor, sin conocimiento y si gracia, sin sentir nada, sin cuidarse de nada, sin tomarse ningún interés en la religión, como si Cristo no hubiera muerto en la cruz. Y en este estado suelos con frecuencia morir, y son enterrados y se pierden también para siempre en el infierno. Es una pintura muy triste, pero muy verdadera. Se nos enseña, en segundo lugar, que hay oyentes del Evangelio cuyos corazones son como los pedregales que se encuentran en un campo. Estos son aquellos en quienes la predicación no produce un efecto profundo, persistente y duradero, sino tan solo impresiones fugitivas. Tienen mucho placer en oír sermones en que la verdad se proclama; pueden hablar con regocijo y entusiasmo aparentes de la dulzura del Evangelio, y de la felicidad que al escucharlo experimentan; conmuévanse hasta derramar lágrimas al oír las exhortaciones de los predicadores y hablan con fervor de sus conflictos, de sus esperanzas, de sus luchas, de sus deseos y de sus temores; pero desgraciadamente no hay firmeza en su religión. "No hay raíces en ellos, así que no duran", en sus corazones no se descubre la influencia del Espíritu Santo. Sus impresiones son como las calabazas de Jonás que en una noche nacieron y en la misma perecieron; se desvanecen tan pronto como se presentan. Apenas "las aflicciones y las persecuciones asoman por causa de la palabra", se ausentan y desmayan. Su bondad viene a ser en último resultado como "la nube de la mañana, o el rocío del alba". Oseas. 6.4. Su religión no tiene más vida en sí que la flor cortada; no tiene raíces, y pronto se marchita. Hay muchos en todas las congregaciones de los que oyen predicar el Evangelio, que se encuentran precisamente en esa condición espiritual. No son oyentes descuidados y desatentos como muchos que ven en torno suyo, y se ven por lo tanto tentados a juzgar bien de su propia condición. Se complacen en la predicación que escucha, y se lisonjean por ello con la idea de que la gracia ha penetrado en sus corazones; y, sin embargo, están del todo engañados. Las cosas viejas no han desaparecido; no hay huellas de verdadera conversión en su ser íntimo. A pesar de todos sus sentimientos, sus afectos, sus alegrías, sus esperanzas y deseos, se encuentran realmente en el ancho camino de la perdición. Se nos enseña, en tercer lugar, que hay oyentes del Evangelio, cuyos corazones son como las espinas que cubren un campo. Estos son los que acuden a oír predicar la verdad de Cristo, y la obedecen hasta cierto punto. Su inteligencia la acepta, su juicio la aprueba, su conciencia se despierta bajo su influencia, la aman, confiesan que es justa, buena y digna de ser aceptada; aún se abstienen de muchas cosas que el Evangelio condena, y contraen algunos hábitos que recomienda, pero llegan hasta allí, y allí se detienen. No pueden pasar de cierto punto en su religión, como si estuviesen firmemente atados con cadenas; y el gran secreto que explica su condición es el mundo. "Los cuidados del mundo, y las decepciones de las riquezas, y las concupiscencias de otras cosas" impiden que la Palabra produzca efecto cumplido en sus almas. Aunque todo aparentemente promete y luce favorable en cuanto se refiere a su condición espiritual, permanecen inertes. Nunca se elevan al tipo acabado del cristianismo del Nuevo Testamento; ningún fruto en ellos llega a la perfección. Pocos ministros fieles de Cristo se encuentran que no puedan referir casos semejantes, y son, en verdad, los que causan más compasión. Van hasta cierto punto y de allí no pasan, ven algo pero no lo ven todo, aprueban hasta cierto grado y, sin embargo, no dan su corazón a Cristo; tal condición es deplorable. Y la única opinión que podemos formar de semejantes personas es, que sin un cambio decidido nunca podrán entran en el reino del cielo. Cristo quiere poseer nuestros corazones. "Si un hombre es amigo del mundo, es enemigo de Dios" Santiago 4.4 Se nos enseña, por último que hay oyentes del Evangelio, cuyos corazones son como la buena tierra que se encuentra en un campo. Estos son los que reciben realmente en lo íntimo de sus corazones la verdad de Cristo, la creen implícitamente y la obedecen minuciosamente. En estos aparecerán los frutos de la verdad en los resultados uniformes, claros e inconcusos que revelan los sentimientos del corazón y que se pintan en los actos todos de la vida. Cristo será entonces verdaderamente amado, se confiará en El, será seguido, amado y obedecido. La santidad se mostrará en sus conversaciones, en su humildad, paciencia, dulzura y caridad. Habrá algo en ellos que pueda verse, porque las obra el Espíritu Santo no pueden ocultarse. En donde quiera que el Evangelio sea predicado fielmente, se encontrarán siempre personas cuyas almas se encuentren en esa condición. Diferirán mucho en los grados de su progreso espiritual, pues algunos producirán frutos como treinta, otros como sesenta y algunos como ciento; pero la calidad de esos frutos será la misma, pues provienen de la semilla que cayó en buen terreno. Habrá en ellos arrepentimiento visible, fe visible en Cristo y santidad de vida visible. Sin esto no hay religión que salve. Y ahora preguntémonos ¿Qué somos? ¿En qué clase de oyentes deberemos clasificarnos? No olvidemos nunca que hay tres maneras de oír la predicación sin provecho y solo una de oírla con ventaja. No olvidemos nunca que solo uno es el signo infalible de haber sido oyente de corazón, y ese signo es dar frutos. Ser estéril es encontrarse en el camino del infierno. |
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Texto Bíblico
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Referencias
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| Nada oculto que no hay
de ser manifestado Marcos 4.21-25 21 También les dijo: ¿Acaso se trae la luz par ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? (Mt. 5.15; Lc. 11.33) 22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no hay de salir a luz (Mt. 10.26; Lc. 12.2) 23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 24 Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, (Mt. 7.2; Lc. 6.38) y aun se os añadirá a vosotros lo que oís. 25 Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene; aun lo que tiene se le quitará. (Mt.13.12; Mt.25.29; Lc. 19.26) |
Nada oculto que no hay
de ser manifestado Marcos 4.21-25 Lc.8.16-18 16 Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz. 17 Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz. 18 Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará. |
Marcos 4.21 Mt.
5.15; Lc. 11.33 Mt. 5.15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Lc. 11.33 Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz. Marcos 4.22 Mt. 10.26; Lc. 12.2 Mt. 10.26 Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. Lc. 12.2 Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Marcos 4.24 Mt. 7.2; Lc. 6.38 Mt. 7.2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. Lc. 6.38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. Marcos 4.25 Mt.13.12; Mt.25.29; Lc. 19.26 Mt.13.12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Mt.25.29 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Lc. 19.26 Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. |
| Comentarios J.C. Ryle Marcos 4.21-25 Parece que el objeto de estos versículos era grabar profundamente en el espíritu de los que la oyeron la parábola del sembrador. Son notables por la sucesión de frases cortas, sentenciosas y proverbiales que contienen. Sentencias de esa clase son muy apropiadas para fijar la atención de un oyente ignorante; pues se fijan en la memoria por la impresión que han producido, y se recuerdan aún después de haberse olvidado, el asunto principal del sermón. Aprendemos, en estos versículos, no solamente que debemos adquirir conocimientos, sino comunicárselos a los demás. No se enciende la vela para esconderla y ocultarla, sino para ponerla en un candelero y usarla. No se le ha dado al hombre la ilustración en religión para que se la guarde para sí solo, sino para beneficio de todos. Debemos empeñarnos en esparcir y difundir nuestros conocimientos, y manifestar a los demás los preciosos tesoros que hemos encontrado, para decidirlos a que ellos también los busquen. Debemos comunicarles las buenas nuevas que hemos recibido, y procurar hacérselas creer y apreciar en su verdadero valor. Todos tendremos que dar cuenta un día del uso que hemos hecho de nuestros conocimientos. Los Libros de Dios mostrarán el día del juicio lo que hemos hecho. Si hemos sepultado nuestro talento en la tierra, si nos hemos contentado con practicar un cristianismo perezoso, inserte, si no nos cuidamos de la suerte de los demás, con tal que nosotros vayamos al cielo, oiremos al fin terribles revelaciones: "No hay nada oculto que no se manifieste" Propio es de cristianos atesorar estos principios en sus corazones. Ya es más que tiempo que la antigua tradición se refute y se rechace, respecto a que solo el clero era el que debía enseñar y esparcir los conocimientos religiosos. Deber es de todos los miembros de la iglesia de Cristo difundir la luz, sean ministros o seglares y de ello se les tomará cuenta. Así como los vecinos en tiempo de epidemia deben comunicarse los específicos que hayan descubierto para curarla: del mismo los cristianos deben comunicarse la medicina que han encontrado para sus almas, si ven que otros la ignorar y que van a morir por no tenerla ¿Qué dice el apóstol Pedro? "Cada uno según sea el don que ha recibido, adminístreselo a los demás" 1 Pedro 4.10 Aprendemos, en segundo lugar, en estos versículos, lo importante que es oír y meditar bien lo que oímos. Es este un punto a que nuestro Señor da evidentemente mucha importancia. Ya lo hemos visto presentado en la parábola del sembrador, y aquí lo vemos esforzado en dos frases muy notables: "El que tenga oídos para oír, oiga", "Considerad lo que oís" Oír la verdad es abrir la principal avenida por donde la gracia es conducida al alma humana. "La fe viene oyendo" Romanos 10.17. Uno de los primeros pasos hacia la conversión es recibir como don del Espíritu un oído que sepa oír. Rara vez se arrepienten los hombres y sienten fe en Cristo sin "haber oído". La regla general es la que s. Pablo recuerda a los Efesios: "Vosotros también confiasteis, así que oísteis la palabra de verdad" Evangelio.1.13 Tengamos esto siempre presente cuando oigamos desacreditar la predicación como canal de gracia. No faltan personas que tratan de derribarla del lugar eminente que la Biblia le asigna. Hay muchos que proclaman que es de mucha más importancia para las almas oír leer la liturgia, y recibir la cena del Señor, que oír comentar la palabra divina. Guardémonos de semejantes ideas; sea para nosotros un principio inconcuso que "oír la palabra" es uno de los medios principales de gracia que Dios nos ha concedido. Apreciemos en el valor real que tienen todos los otros medios y todas las otras ordenanzas; pero no olvidemos nunca estas palabras de Pablo, "no despreciéis las profecías" así como tampoco su encargo a Timoteo cuando estaba próximo a morir, "Predica la palabra" 1 Tesalonicenses 5.20; Timoteo 4.2 Aprendamos, por último, en estos versículos, lo importante que es el uso diligente de los privilegios religiosos. ¿Qué dice nuestro Señor? "A vosotros los que oís más os será dado. Al que tiene, a ese se le dará; y al que no tiene, le será quitado aún lo mismo que tiene" Este es un principio que la Escritura presenta siempre en relieve. No hay duda que todo lo que los creyentes tienen lo han recibido por gracia; su arrepentimiento, su fe y su santidad, son dones de Dios. Pero el grado de gracia que el creyente obtiene, se nos presenta íntimamente enlazado con su propia diligencia en el uso de los medios, y su fidelidad en vivir en completa conformidad con la luz y el conocimiento que posee. La palabra de Dios reprocha siempre la indolencia y la pereza, y presenta al contrario el afán y la fatiga por oír, leer y orar recibiendo una recompensa. "El alma de los laboriosos ser engrosada" Prov. 13.4. "El alma floja tendrá hambre" Prov. 19.15 El principal secreto del progreso espiritual es prestar atención a este principio. Se hallará siempre que fue diligente el hombre que crece visiblemente en gracia, conocimiento, fuerza y utilidad. No dejará una piedra sin mover para conseguir el bienestar de su alma. Es diligente en leer su Biblia, diligente en sus devociones privadas, diligente en oír sermones, y diligente en asistir a la mesa del Señor. Recoge lo que siembra; pues así como los músculos del cuerpo se robustecen con un ejercicio regular, así las gracias del alma se aumentan en proporción a la diligencia con que se usan. ¿Deseamos crecer en gracia? ¿Deseamos tener fe más firme, esperanzas más brillantes y conocimiento más claro? Indudable es que lo deseamos, si somos verdaderos cristianos. Aprovechemos pues, la luz que nos ilumina, y las oportunidades que se nos presentan. No olvidemos las palabras de nuestro Señor en este pasaje. "Con la medida con que medimos" nuestras almas, "seremos también medidos". Cuanto más hagamos por nuestras almas, más veremos que Dios hace por ellas. |
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Texto Bíblico
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Textos
Paralelos
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Referencias
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| Parábola del crecimiento de
la semilla Marcos 4.26-29 26 Decía además: así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 27 Y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa como. 28 Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29 y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado. |
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| Comentarios J.C. Ryle Marcos 4.26-29 Corta es la parábola contenida en estos versículos, y se refiere solamente en el Evangelio de S. Marcos; pero debe interesar profundamente a todos los que tienen motivos para creer que son verdaderos cristianos. Presenta ante nuestra vista la historia de la gracia en el alma humana, y nos invita a examinar la experiencia que tenemos de las cosas divinas. Hay algunas expresiones en la parábola en que no debemos fijarnos demasiado, tales como el "dormir y el levantarse" del labrador, y la "noche y el día". En esta, como en otras muchas parábolas de nuestro Señor, debemos cuidarnos de tener presente el plan y principal objeto de toda la historia, y no hacer mucho hincapié en puntos de menos importancia. La principal enseñanza que recibimos en la presente historia es la estrecha semejanza que existe entre algunas operaciones muy conocidas de la cultura del trigo, y la obra de la gracia en los corazones. Fijemos nuestra atención en este particular. Se nos enseña, primeramente, que como para que crezca el grano, para la obra de la gracia, se necesita un sembrador. Sabemos que la tierra no produce por sí sola granos; es madre de yerbas, pero no de trigo. Tiene que ararla la mano del hombre, y esparcir la semilla, pues si así no fuera, nunca se recogerían cosechas. De la misma manera, el corazón del hombre no se vuelve por si solo a Dios, ni se arrepiente, ni cree, ni obedece. Está enteramente muerto para Dios, y es incapaz de darse vida espiritual. El Hijo del hombre tiene que romperlo por medio de su Espíritu, y darle una nueva naturaleza; tiene que esparcir en el la buena semilla de la palabra valiéndose de las manos de sus ministros laboriosos. Fijémonos bien en esta verdad. La gracia es una plata exótica en el corazón del hombre, es un principio nuevo que viene del exterior, enviado del cielo y plantado en su alma. Abandonado a si propio, ningún hombre buscaría a Dios; pero al comunicar la gracia Dios se vale ordinariamente de ciertos medios; así es que si se desprecia la intervención de los maestros y predicadores, es obrar como si se esperara ver nacer trigo donde no se ha regado semilla ninguna. Se nos enseña, en segundo lugar, que en el crecer del trigo, como en la obra de la gracia, hay mucho que es superior a la comprensión del hombre y fuera de su potestad. El labrador más inteligente no puede explicar lo que pasa en un grano de trigo, así que lo siembra. Sabe que si no lo pone en la tierra, y lo cubre con ella, no debe esperar espigas cuando llegue la época de la cosecha; pero no está en su mano hacer que todos los granos produzcan de la misma manera, ni puede darse cuenta porque unos germinan y otros mueren. Le es imposible marcar el momento preciso en que la vida empezará a manifestarse, ni que cosa es esa vida. Son cuestiones que no debe tocar; siembra su semilla y deja a Dios que la haga brotar. "Dios da el aumento" 1 Cor. 3.7 De la misma manera la obra de la gracia en el corazón es completamente misteriosa e impenetrable. No podemos explicarnos porque la Palabra produce en una congregación efecto sobre una persona y no sobre otra., no podemos explicarnos porque en algunos casos se encuentran personas que con todas las ventajas imaginables, y a despecho de exhortaciones, rechazan la palabra y continúan muertas en sus transgresiones y pecados; y porque en otros casos, en medio de dificultades de toda clase y sin ningún estímulo, hay algunas que nacen de nuevo a la fe, y se hacen decididamente cristianos. No podemos definir el modo con el que el Espíritu de Dios comunica vida a su alma, y el procedimiento exacto para que un creyente reciba nueva naturaleza. Todas estas son cosas que están escondidas para nosotros; vemos ciertos efectos y resultados, pero eso es todo. "El viento sopla a donde quiere, y oyes su sonido, pero no puedes ver ni de donde viene, ni a donde va, así como el que nace del Espíritu" Juan 3.10 Fijémonos también en esta verdad, porque es muy profunda e instructiva. No hay duda que es humillante para los que son ministros y maestros; pues que la habilidad más consumada, la elocuencia más poderosa, y la actividad más diligente no pueden asegurar el éxito. Pero es una verdad que suministra al mismo tiempo un antídoto admirable contra el exceso de ansiedad y el desaliento. Nuestra tarea principal debe ser sembrar la semilla; hecho eso, esperemos el resultado con fe y con paciencia. "Podemos dormir, y levantarnos de día y de noche" y dejar el cuidado de nuestra obra al Señor. El solo puede coronarla de éxito cuando lo juzgue conveniente. Se nos enseña, en tercer lugar, que como en el crecimiento del grano, en la obra de la gracia, la vida se vá manifestando gradualmente. Hay un proverbio muy verdadero que dice que "la naturaleza no hace nada a saltos". La espiga de trigo no aparece inmediatamente después que la semilla brota. La planta recorre diversos períodos antes de llegar a la perfección "primero la hoja, después la espiga, y entonces el grano formado en la espiga" Pero en todos estos diferentes estados, una cosa es cierta, que aun en su mayor debilidad es una planta viva. De la misma manera, la obra de la gracia se va desarrollando en el corazón por grados. Los hijos de Dios no nacen perfectos en fe, esperanza, conocimiento ni experiencia. Por lo general sus propios son "un día de pequeñeces". Ven en parte su propia pecabilidad, la plenitud y perfección de Cristo, y la belleza de la santidad. Pero, no obstante todo eso, el hijo más débil de la familia de Dios es hijo verdadero de Dios; con todas sus debilidades e imperfecciones está lleno de vida. La semilla de la gracia ha hecho en su corazón aunque aún no tenga más que hojas. Ha "resucitado de entre los muertos;" y el sabio dice que "un perro vivo es mejor que un león muerto" Eclesiastés 9.4 Marquemos también esta verdad porque está llena de consuelo. No despreciemos la gracia por débil que sea, ni nos imaginemos que las personas no están convertidas si no tienen una fe tan robusta como la d s. Pablo. Recordemos que la gracia debe tener su principio como todas las cosas. La encina más altiva (Nota: alterosa en la traducción original) fue en un tiempo una bellota, como el hombre más fuerte fue un débil infante. Es mil veces mejor tener gracia en agraz que no ninguna gracia. Se nos enseña, por último, que como en el crecimiento del trigo, así en la obra de la gracia, no hay cosecha hasta que la semilla no está madura. Ningún labrador piensa en cortar su trigo mientras esté verde; espera que el sol, la lluvia, el calor y el frío hagan el trabajo que les está señalado, y que las espigas doradas se dobleguen. Entonces, y no antes, es que aplica la hoz y guarda el trigo en el granero. Dios procede de la misma manera en la obra de la gracia; no saca a los miembros de su pueblo de este mundo hasta que no están listos y maduros; no se los lleva nunca hasta que no concluye su obra; no mueren nunca en un momento inoportuno, por misteriosa que algunas veces su muerte nos parezca. Josías y Santiago hermano de Juan, fueron segados cuando eran más útiles; el rey de Inglaterra, Eduardo 6, no llegó a la virilidad; pero el día de la resurrección sabremos que esas muertes fueron necesarias. Sus muertes, como sus nacimientos, tuvieron lugar en tiempo oportuno, pues el Gran Labrador no corta su trigo hasta que no está maduro. Concluyamos las meditaciones sobre esta parábola grabando esta verdad en nuestras almas, para que podamos consolarnos de la muerte de los creyentes. Estamos ciertos que no hay acaso, ni equivocación, respecto a la muerte de ninguno de los hijos de Dios. Todos ellos son "la sementera de Dios" y Dios sabe bien cuando están en sazón para la siega. |
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| Parábola de la semilla de
mostaza Marcos 4.30-32 30 Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? 31 Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; 32 pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra |
Parábola de la semilla de
mostaza Marcos 4.30-32 Mt. 13.31-32; Lc. 13.18-19 Mt. 13.31-32 31 Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; 32 el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. Lc. 13.18-19 18 Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? 19 Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. |
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Texto Bíblico
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Textos
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Referencias
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| El uso que Jesús
hace de las parábolas Marcos 4.33-34 33 Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. 34 Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo |
El uso que Jesús
hace de las parábolas Marcos 4.33-34 Mt.13.34-35 34 Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba; 35 para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo. |
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| Comentarios J.C. Ryle Marcos 4.30-34 La parábola de la semilla de mostaza es una de esas que participan del carácter de la historia y de profecía. Parece que tiene por objeto ilustrar la historia de la iglesia visible de Cristo sobre la tierra, desde el tiempo de la primera venida hasta el día del juicio. La semilla plantada en la tierra, en la parábola precedente, nos mostraba la obra la obra de la gracia en un corazón. La semilla de mostaza nos muestra el progreso del cristianismo en el mundo. Aprendamos en primer lugar, que, como la semilla de mostaza, la iglesia visible de Cristo había de ser pequeña y débil en sus comienzos. Una semilla de mostaza era entre los judíos una expresión proverbial para indicar todo lo que creían muy pequeño e insignificante. Nuestro Señor la llama "la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra". Encontramos dos veces en el Evangelio que nuestro Señor emplea esta figura como una comparación para pintar una fe débil. Mat. 17.20; Lucas 17.6. Era, sin duda una idea muy familiar a aquellos a quienes nos dirigimos. Sería dificultoso encontrar un emblema que represente con más fidelidad la historia de la iglesia visible de Cristo que el grano de mostaza. Debilidad e insignificancia aparentes fueron sin ninguna duda los distintivos característicos de sus comienzos. ¿Cómo vino al mundo su Cabeza y su Rey? Vino como un niño débil en un pesebre en Belén, sin riquezas, sin ejércitos, sin séquito y sin poder. ¿Quiénes fueron los hombres que se agruparon en torno suyo, y que eligió por apóstoles? Hombres pobres e ignorantes: pescadores, publicanos o empleados en ocupaciones semejantes, los menos adecuados, al parecer, para conmover al mundo. ¡Cuál fue el último acto público del ministerio terrenal de la gran Cabeza de la iglesia? Fue crucificado, como un malhechor, entre dos ladrones, después de haber sido abandonado por casi todos sus discípulos, vendido por uno y negado por otro. ¿Cuál fue la doctrina que los primeros edificadores de la iglesia salieron a predicar al género humano de la cámara alta de Jerusalén? Doctrina que fue para los judíos escándalo y locura para los griegos. Proclamaron que la gran Cabeza de su nueva religión había sido ejecutado en una cruz; y a pesar de esa circunstancia, a consecuencia de su misma muerte, ofrecían vida al mundo. En todo esto el Espíritu del hombre no puede percibir sino debilidad y postración. No hay duda que el emblema de la semilla de mostaza se realizó y se cumplió a letra. A los ojos de los hombres el principio de la iglesia visible fue despreciable, insignificante, impotente y pequeño. Aprendemos, en segundo lugar, que, como la semilla de mostaza, la iglesia visible una vez plantada, tenía que crecer y tomar un gran incremento. "La semilla de mostaza", dice nuestro Señor, "después que se siembra, crece y llega a ser más grande que todas las platas". Estas palabras pueden parecer extrañas a los que no están acostumbrados a ver tal desarrollo en los climas fríos del septentrión; pero no sorprenden a los que han vivido en países orientales. Viajeros bien informados e inteligentes aseguran que ese desarrollo es posible y probable. No pudo escogerse una figura más apropiada para representar con una imagen el crecimiento y el desarrollo de la iglesia visible de Cristo en la tierra. Empezó a crecer el día de Pentecostés y con tal reexpides que nada puede explicarlo sino la intervención directa de Dios. Se aumentó de una manera maravillosa, cuando se convirtieron de un golpe tres mil almas, y cinco mil más pocos días después. Se aumentó milagrosamente cuando se formaron congregaciones en Antioquia, Efeso, Filipos, Corinto y Roma, y el cristianismo quedó firmemente establecido. Se aumentó de una manera maravillosa, cuando la religión tan despreciada se extendió al fin por la mayor parte de la Europa, del Asia Menor y del África Septentrional, y a despecho de las persecuciones más crueles y de la oposición más tenaz, suplantó la idolatría pagana y se convirtió en la creencia pública del imperio romano. Tal desarrollo debió parecer a muchos portentoso. Pero no fue sino lo que nuestro Señor predijo en la parábola que comentamos. "El reino de Dios es como una semilla de mostaza" La iglesia de Cristo no se ha detenido aún en su crecimiento, a pesar de la triste apostasía de algunos de sus ramos, y de la deplorable debilidad de otros; aun sigue extendiéndose y desarrollándose por el mundo. Nuevos ramos han brotado de continuo en América, en la India, en Australia, en África, en China, en las Islas del mar del Sur, durante estos últimos cincuenta años. No han duda que se ven muchos males, que la corrupción y las falsas profesiones abundan; pero, lo cierto es que el paganismo se va debilitando, gastándose y desvaneciéndose. A pesar de las predicciones de Paine y de Voltaire, a despecho de enemigos extraños y de traidores que abriga en su seno, la iglesia visible progresa, la semilla de mostaza sigue creciendo. Y podemos estar seguros que la profecía aún no se ha realizado en toda su extensión. Aún no ha llegado el día, en que la gran Cabeza de la iglesia asumirá el poder, y reinará, y pondrá a todos sus enemigos bajo sus pies. La tierra tendrá aún que llenarse con el conocimiento de Dios, como las aguas cubren el fondo del mar. Isaías 2.2 Satanás será atado; los paganos formarán parte de la heredad de nuestro Señor, y los últimos confines de la tierra serán posesión suya. Y entonces esta parábola tendrá su completa realización. La semilla pequeña se convertirá en "un gran árbol" y llenará toda la tierra" Daniel 3.35 Al suspender nuestras meditaciones sobre esta parábola hagámoslo con la firme resolución de no despreciar ningún movimiento ni ningún instrumento de la iglesia de Cristo, por débil y pequeño que sea en sus comienzos. Acordémonos del pesebre de Belén y aprendamos a ser sabios. El nombre del que en el nació, niño desvalido, es conocido ahora por todo el mundo. La pequeña semilla que fue plantada el día en que Jesús nación, se ha convertido en un gran árbol, y nosotros mismos nos estamos solazando bajo su sombra. Sea uno de los principios fijos de nuestra religión "no despreciar nunca el día de los humildes comienzos "Zac. 4.10. Un niño puede ser el principio de una escuela floreciente, una conversión el comienzo de una iglesia poderosa, una palabra la iniciativa de una gran empresa cristiana, una semilla la seguridad de una rica cosecha de almas salvadas. |
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Texto Bíblico
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Textos
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Referencias
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| Jesús calma la
tempestad Marcos 4.35-41 35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y l e dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41 Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aún el viento y el mar le obedecen? |
Jesús calma la
tempestad Marcos 4.35-41 Mt. 8.23-37; Lc. 8.22-25 Mt. 8.23-37 23 Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. 24 Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. 25 Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! 26 El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. 27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? Lc. 8.22-25 22 Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: al otro lado del lago. Y partieron. 23 Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. 24 Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. 25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen? |
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| Comentarios J.C. Ryle Marcos 4.35-41 En estos versículos se nos describe una borrasca en el mar de Galilea, cuando Nuestro Señor y sus discípulos lo iban cruzando, y el milagro que hizo el Señor calmando en un momento la borrasca. Pocos milagros de los que nos refieren los Evangelios debieron producir en el espíritu de los apóstoles más impresión que este. Cuatro de ellos, al menos, eran pescadores. Pedro, Andrés, Santiago y Juan, conocían probablemente desde su juventud el mar de Galilea y sus tormentas. Pocos acontecimientos de los que tuvieron lugar en las diversas excursiones de nuestro Señor contienen una instrucción más abundosa que el que se nos relata en este pasaje. Aprendemos, en primer lugar, que los servidores de Cristo no están exentos de tormentas durante su servicio. Ved a los doce discípulos en la senda del deber, siguiendo con gran obediencia a Jesús por do quiera que iba; diariamente lo asisten en su ministerio y escuchan su palabra, diariamente dan testimonio al mundo, y proclaman que a pesar de los escribas y fariseos piensan, ellos, creían en Jesús, lo amaban, y no se avergonzaban de darlo todo por El; y, sin embargo, ved a esos mismos hombres angustiados, juguetes de la tempestad, y en peligro de ahogarse. Fijémonos bien en esta lección. Si somos verdaderos cristianos no debemos esperar que nuestro viaje al cielo sea muy tranquilo y suave. No debe sorprendernos tener que sufrir como los demás hombres, enfermedades, pérdidas, aflicciones y desengaños. Dios nos ha prometido perdón gratuito y completo, gracia durante el viaje y Gloria al fin; pero no que no tendremos aflicciones. Nos ama demasiado para hacernos semejante promesa. Por medio de las tribulaciones nos enseña muchas lecciones preciosas que sin ellas nunca aprenderíamos. Con las tribulaciones nos muestra nuestra nulidad y nuestros vacíos, nos atrae al trono de la gracia, purifica nuestros afectos, nos va separando del mundo y llevándonos para el cielo. Todos diremos el día de la resurrección, "Fue un bien para mi verme afligido" Daremos gracias a Dios por las borrascas que hayamos corrido. Aprendemos, en segundo lugar, que nuestro Señor Jesucristo fue hombre real y verdadero. Se nos dice en estos versículos que cuando la tormenta comenzó y las olas batían el bajel, estaba en la popa "dormido." Tenía un cuerpo exactamente como el nuestro, que sentía hambre, sed, dolor, cansancio y que necesitaba reposo. No es de admirarse que su cuerpo en aquellos momentos demandase descanso, pues había estado todo el día muy diligente ocupándose de los negocios de su Padre. Había estado predicando al aire libre a grandes multitudes, no es de extrañar que "cuando llegó la tarde" y concluyó su tarea, se quedase "dormido". Fijémonos también nuestra atención en esta enseñanza. El Salvador, en quien se nos manda confiar, es realmente hombre y Dios. Conoce las pruebas del hombre porque las ha experimentado, y puede comprendernos cuando a El clamamos por ayuda desde este mundo de angustias. Es el Salvador que para su consuelo necesitan, día y noche, seres de constituciones exhaustas y cabezas ardientes que viven en un mundo de congojas. "No tenemos un gran sacerdote que no pueda conmoverse con el sentimiento de nuestras debilidades". Heb. 4.15. Aprendemos, en tercer lugar, que nuestro Señor Jesucristo es, como Dios, omnipotente. Lo vemos en estos versículos haciendo lo que es milagroso: habla a los vientos y lo obedecen; se dirige a las olas y se someten a sus órdenes; cambia una tormenta furiosa en calma con unas pocas palabras: "Calla, enmudece". Estas palabras eran las de Aquel que crió al principio todas las cosas. Los elementos conocías la voz de su Señor, y, como siervos obedientes, luego se aquietaron. Marquemos también esta lección y guardémosla como un tesoro en nuestras almas. Nada es imposible para nuestro Señor Jesucristo; no hay borrasca de pasiones, por fuertes que sean, que no dome; ni genio, por violento y áspero que sea, que no cambie. No hay conciencia, por turbada que se encuentre, que no apacigüe y calme. Ningún hombre debe jamás desesperar, pues bástele domeñar su orgullo, y acercarse humillado a Cristo confesando sus pecados. Cristo puede hacer milagros en su corazón. Ningún hombre debe perder la esperanza de llegar al término de su viaje, si una vez confió su alma a la guarda de Cristo; El lo librará de todos los peligros y le hará vencer a todos sus enemigos. ¿Qué importa que nuestros parientes se nos opongan, que nuestros vecinos se burlen de nosotros o nos deprecien, que nuestra posición sea dura, y nuestras tentaciones grandes? Todo eso es nada, si Cristo está de nuestra parte, y estamos con El en la nave. Más grande es El que está por nosotros, que todos los que están contra nosotros. Finalmente, aprendemos en este pasaje que nuestro Señor Jesucristo es excesivamente sufrido y compasivo con su pueblo. Vemos a los discípulos en esta ocasión manifestando una gran falta de fe, y dominados por lo más infundados temores. Se olvidaron de los milagros de su Maestro y del interés que por ellos se había tomado en tiempos pasados; no veían otra cosa que el peligro del momento. Despertaron apresuradamente a Nuevo Testamento Señor, y exclamaron, "¿No te importa que perezcamos?" Vemos a nuestro Señor tratarlos dulce y tiernamente: no los reprocha con amargura; no los amenaza con despedirlos a causa de su incredulidad; tan solo les dirige esta tierna pregunta, ¿Por qué teméis? ¿Cómo es que no tenéis fe? Recordemos bien esta lección. El Señor Jesús es muy compasivo y tierno en su misericordia. "Como un Padre compadece a sus hijos, así el Señor compadece a los que le temen" Salmo 103.13. No trata a los creyentes según sus pecados, ni los premia según sus iniquidades; ve su debilidad; comprende sus flaquezas; ve las deficiencias todas de su fe, de su esperanza, de su amor y de su valor, y sin embargo, no los lanza lejos de sí; los soporta; los ama hasta el fin; los levanta cuando caen; los dirige por el buen camino cuando yerran. Su paciencia, como su amor, es una paciencia incomprensible. Cuando ve que el corazón es recto, se complace en perdonar muchas faltas. Al concluir estos versículos llevamos en nosotros el consolador recuerdo, que Jesús no ha cambiado. Tiene aún el mismo corazón que cuando cruzó el mar de Galilea y aplacó la tormenta. Sentado en el cielo, a la diestra de Dios, Jesús simpatiza aún con su pueblo, y es aún sufrido, compasivo y omnipotente. Seamos más caritativos y sufridos con nuestros hermanos en la fe. Podrán errar en muchas cosas, pero si decimos de veras que nos dirigimos a Cristo y creemos en El, debemos consolarnos. La cuestión que nuestra conciencia debe contestar no es esta: "¿Somos los ángeles? ¿Somos perfectos como cuando estemos en el cielo?! Esta es la cuestión: "¿Nos acercamos real y verdadramente a Cristo? ¿Nos arrepentimos verdaderamente y tenemos fe?" |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblicaLos Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:
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