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Lo que contamina al hombre Marcos 7.1-23 1 Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; 2 los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. 3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4 Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. 5 Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? 6 Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. 7 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. 8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. 9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 11 Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, 12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas. 14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 17 Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18 El les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, 19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. 20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. |
Lo que contamina al hombre Marcos 7.1-23 Mt. 15.1-20 1 Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: 2 ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan. 3 Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? 4 Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 5 Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, 6 ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. 7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: 8 Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. 9 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. 10 Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended: 11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. 12 Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? 13 Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. 14 Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. 15 Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola. 16 Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento? 17 ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? 18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. 20 Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre. |
Mateo 7.6-7 Is. 29.13 Mateo 7.10 Ex.20.12; Dt. 5.16 Ex.20.12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. Dt. 5.16 Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da. Mateo 7.10 Ex. 21.17; Lv. 20.9 Ex. 21.17 Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá. Lv. 20.9 Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él. |
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Comentarios J.C. Ryle Marcos 7.1-13 Este pasaje contiene una pintura humillante de lo que es capaz la naturaleza humana en religión. En uno de esos pasajes de la Escritura que debe ser frecuente y diligentemente estudiado por todos los que desean la prosperidad de la iglesia de Cristo. Lo primero que en estos versículos demanda nuestra atención es la condición baja y degradada en que se hallaba la religión judaica, cuando nuestro Señor estuvo en la tierra. ¿Qué mas deplorable que lo que aquí se nos relata? Vemos a los principales maestros de la nación judía considerando una gran falta, "que los discípulos del Señor comiesen paran sin lavarse las manos" Se nos dice que daban gran importancia al hecho de lavar vasos, copas, vasijas de bronce y mesas. En fin, era considerado el más santo de los hombres el que prestaba atención más rígida a esas prácticas meramente externas y de invención humana. Debe recordarse que la nación, en que este estado de cosas existía, fue la más altamente favorecida en el mundo. Le fue dada la ley en el monte Sinaí, y el culto de Dios, el sacerdocio, los pactos y las promesas. Moisés, Samuel y David y los profetas vivieron y murieron en su seno. Ninguna nación sobre la tierra gozó de tantos privilegios espirituales; ninguna tampoco hizo tan mas uso de ellos, y rechazó más completamente las misericordias de que había sido objeto. Nunca oro más puro se vio mas oscurecido. ¡Qué caer tan profundo de la religión del Deuteronomio y de los Salmos a la religión que consistía en lavar manos y vasos y copas! No se de admirarse que en la época del ministerio terrenal de nuestro Señor encontrase al pueblo como ovejas sin pastor. Las prácticas externas no alimentan las conciencias ni santifican los corazones. Que la historia de la iglesia judaica nos sirva de aviso para no aceptar ligeramente ninguna falsa doctrina. Si empezamos a tolerarla no sabremos donde iremos a parar, ni si al fin no nos hundiremos en una religión degradada. Si nos desviamos de la senda de la verdad un ápice, concluiremos con lavar vasos y copas, como los fariseos y los escribas. Cuando una vez el hombre se aparta de la palabra de Dios, no hay nada, por mezquino, bajo, insignificante e irracional que sea, que no acepte. Hay hoy ramificaciones de la iglesia de Cristo en que las Escrituras nunca se leen, y el Evangelio nunca se predica, en que la única religión que tienen consiste en unas pocas formas insignificantes, y en guardar ayunos y festividades de invención humana; que empezaron bien, como la iglesia judaica, pero como esta se han hundido en la esterilidad más completa y la decadencia más absoluta. Debemos ejercer una vigilancia exquisita respecto a las falsas doctrinas, pues un poco de fermento leuda una gran masa. Defendamos con ardor la fe en su totalidad tal como fue comunicada a los profetas y apóstoles. Absurdas y ridículas como aparecen a primera vista las costumbres y tradiciones de los fariseos, es un hecho que debe humillarnos que los fariseos encuentren siempre imitadores y sucesores. Ese celo en lavar vasos, copas y mesas parecerá casi risible y solo digno de niños; pero no tenemos que ponernos a buscar muy lejos para encontrarlo en torno nuestro. ¿Qué otra cosa es esa gravedad y ese interés con que en el día se disputa sobre casullas, albas, túnicas, asientos, mesas y cosas semejantes? ¿Qué diremos de la atención exagerada que se presenta a ceremonias, ornamentos, gestos y posturas en el culto divino, cuando las Escrituras no dicen una palabra de cosas semejantes? ¿No es esto la renovación de farisaísmo? ¿Qué otra cosa es sino una triste repetición de su alarde de celo exagerado por unos fundados en tradiciones humanas? ¿Qué argumentos pueden usarse en su defensa que los fariseos no hubieran podido emplear con la misma fuerza? Mil ochocientos años han transcurrido ya, y sin embargo, aún vemos entre nosotros esa generación que daba tanta importancia a lavar vasos, copas y mesas. La sucesión de los fariseos se prolonga. Lo que en segundo lugar debe fijar nuestra atención, es la inutilidad del culto a Dios que consiste solo en palabras. Nuestro Señor da toda su fuerza a este precepto apoyándolo en una cita del Antiguo Testamento: "Que bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas. Este pueblo me honra con labios, pero su corazón está lejos de mi." Cuando se trata de religión en el corazón es en donde Dios se fija principalmente. La cabeza inclinada, la rodilla doblada, el rostro grave, la postura rígida, las respuestas en toda regla y el amen en toda forma, todas esas cosas no constituyen el adorador en espíritu. La vista de Dios penetra más lejos y más profundamente. Exige el culto del corazón. "Hijo mío" nos dice a cada uno de nosotros, "dame tu corazón". Recordemos esto cuando estemos en público en la congregación. No debemos contentarnos con llevar a nuestros cuerpos a la iglesia, si dejamos nuestros corazones en casa. Quizás los hombres no descubran ninguna falta en el servicio; posible es que obtengamos la aprobación de nuestro ministro; nuestros vecinos podrán tomarnos por ejemplos de lo que deben ser los cristianos posibles es también que nuestra voz se oiga por encima de todas las otras en el himno y en la plegaria; pero todo eso será peor que nada ante Dios, si nuestros corazones no toman parte. Es solo leña, paja y hojarasca a los ojos de Aquel que penetra los pensamientos, y que lee los secretos más íntimos del corazón humano. Recordemos también esto en nuestras devociones privadas. No debemos quedar satisfechos con repetir buenas palabras, si nuestro corazón y nuestros labios no marchan de consuno. ¿De qué provecho podrá sernos ser fluidos y abundantes en nuestras plegarias si nuestras imaginaciones corren extraviadas muy lejos del lugar en que estamos arrodillados? De nada aprovecha. Dios ve en lo que estamos ocupados, y rechaza nuestra ofrenda. Oraciones sentidas, plegarias que brotan del corazón, son las que se complace en oír, y son las únicas que responde. Quizás nuestras peticiones nos parezcan humildes, balbucientes y débiles; no estarán presentadas con palabras propias, ni lenguaje escogido y serían casi ininteligibles si fuéramos a escribirlas, pero si nacer de un corazón contrito y creyente, Dios las entiende, y en tales oraciones se deleita. Lo que debe llamar, por último nuestra atención en estos versículos, es la tendencia que tienen las invenciones humanas en religión a suplantar la palabra divina. Vemos que por tres veces hace nuestro Señor este cargo a los fariseos: "Dejando a un lado los mandamientos de Dios, sostenéis las tradiciones de los hombres" "Rechazáis por completo los mandamientos de Dios, para poder guardar vuestras propias tradiciones" "Dejando sin efecto la Palabra de Dios por medio de vuestras tradiciones" El primer paso de los fariseos fue agregar a las Escrituras sus tradiciones, como suplementos muy útiles. El segundo colocarlas a la misma altura de la palabra de Dios, y darles la misma autoridad. El último fue honrarlas más que a las Escrituras y hacer descender a estas de su legítimo puesto. En este estado se encontraban las ocazas cuando Nuevo Testamento Señor estuvo en la tierra. De hecho las tradiciones humanas lo eran todo, y la palabra de Dios nada. Se consideraba como verdadera religión obedecer las tradiciones, pero no se ocupaban de obedecer las Escrituras. Es un hecho lamentable que los cristianos hayan ido tan lejos en este particular siguiendo las huellas de los fariseos. El mismo procedimiento ha tenido lugar repitiéndose una y otra vez, y produciendo las mismas consecuencias. Los cristianos se han visto compelidos a aceptar prácticas religiosas de invención humana, prácticas, al parecer, útiles, y que se proponían un fin bueno, pero que no estaban ordenadas en la palabra de Dios. Estas mismas prácticas poco a poco se han ido imponiendo con más vigor que los propios mandamientos de Dios, y se han defendido con más celo que la autoridad de la palabra divina. No tenemos que ir muy lejos para encontrar ejemplos, pues la historia de la iglesia universal puede suministrárnoslos. Guardémonos de aprender a agregar nada a la palabra de Dios, por considerarlo necesario a la salud; es provocar a Dios que nos condene a una ceguedad absoluta. Es lo mismo que si dijéramos que su Biblia no es perfecta y que sabemos mejor que El lo que el hombre necesita para salvarse. Tan fácil es destruir la autoridad de la palabra de Dios con adiciones, sepultándola bajo los escombros de las invenciones humanas como negando su verdad. Toda la Biblia, y nada más que la Biblia debe ser la regla de nuestra fe; nada debe agregársele ni nada substraérsele. Finalmente, tracemos una línea divisoria bien marcada, entre las cosas que han sido en religión ideadas por los hombres, y las que se ordenan claramente en la palabra de Dios. Lo que Dios manda es indispensable para salvarse; lo que el hombre traza podrá se útil y conveniente para aquel momento dado, pero la salud no depende de su obediencia. Lo que Dios requiere es esencial para la vida eterna; el que intencionalmente lo desobedece destruye su alma
Comentarios J.C. Ryle Marcos 7.14-23 Vemos el comienzo de este pasaje cuan difícilmente comprenden los hombres las cosas espirituales. "Escuchadme" dice nuestro Señor al pueblo, "escuchadme cada un de vosotros, y comprended" "¿Estáis así desprovistos de inteligencia?" Dice a los discípulos, ¿No percibís? La corrupción de la naturaleza humana es una enfermedad universal; no solamente afecta el corazón, la voluntad y la conciencia del hombre, sino su espíritu, su memoria y su inteligencia. La misma persona que es lista y avisada en cosas mundanas, dejará muchas veces de comprender por completo las más simples verdades del cristianismo; no le será posible aceptar los más sencillos razonamientos del Evangelio. No le encontrará sentido a los propios más claros que la doctrina evangélica, que le sonarán como necios o misteriosos. Los escuchará como quien oye hablar una lengua extranjera y comprende alguna que otra palabra, pero no el todo de la conversación. "El mundo no conoce a Dios por medio de la sabiduría" 1 Cor.1.21 Oye, pero no entiende. Debemos pedir diariamente al Espíritu Santo que nos enseñe si queremos hacer progresos en el conocimiento de las cosas divinas. Sin El, muy poco nos hará avanzar, la inteligencia más poderosa y el más fuerte raciocinio. Cuando leemos la Biblia y oímos sermones, todo depende de la manera con que leemos y oímos. Una disposición del espíritu humilde, infantil, ansioso de aprender, es el gran secreto del éxito. Feliz aquel que dice a menudo con David, "Enséñame tus estatutos" Salmo 119.64 ese comprenderá tan bien como oye. Vemos, en segundo lugar, por este pasaje, que el corazón es la fuente principal de la corrupción y de la impureza a los ojos de Dios. La pureza moral no depende de lavarse o de no lavarse, de tocar ciertas cosas o de no tocarlas, de comer algo o de no comerlo, como enseñaban los escribas y los fariseos. "No hay nada fuera del hombre que entrando en el pueda contaminarlo, sino lo que sale del hombre, eso es lo que mancha al hombre. Hay en estas palabras una verdad profunda que con frecuencia pasa desapercibida. Rara vez tomamos en cuenta como se debe nuestra pecabilidad original y nuestra inclinación natural al mal. Se atribuye, en general, la maldad del hombre a los malos ejemplos, a las malas compañías a tentaciones especiales o a los lazos que tiende el diablo. Parece olvidarse que cada hombre lleva consigo un manantial de maldades. No necesitamos que las malas compañías nos enseñen, ni que el diablo nos tiente, para sumirnos en el pecado. Llevamos en nuestro interior la simiente de todos los pecados. Debemos recordar esto en la disciplina y educación de los niños; no olvidemos en nuestro manejo de ellos, que en sus corazones existen las semillas de la maldad. No es bastante tener a los muchachos en casa y alejarlos de toda tentación externa, pues llevan en sus pechos un corazón dispuesto a pecar y mientras ese corazón no se muda, no están seguros, hagamos lo que queramos. Cuando los niños cometen una falta, es práctica común atribuir toda la culpa a las malas compañías; pero hacerlo así es ignorancia, ceguedad y tontería. No hay duda que las malas compañías es un gran mal que debe evitarse lo más que sea posible. Pero ningún mal compañero enseña a un muchacho ni la mitad de los pecados que le sugiere su propio corazón, si no está renovado por el Espíritu. Dentro llevamos el principio de toda maldad. Si los padres fueran tan diligentes en orar por la conversión de sus hijos como lo son en guardarlos de malas compañías, sus hijos saldrían mejores de lo que son. Vemos, por último, en este pasaje, que catálogo tan negro de males encierra el corazón humano. "Del corazón del hombre" dice nuestro Señor, "proceden malos pensamientos, adulterios, fornicaciones, asesinatos, robos, codicia, envidia, blasfemia, orgullo, necedad; todas estas cosas malas salen de dentro". Comprendamos bien, al leer estas palabras, que nuestro Señor está hablando del corazón humano en general. No se refiere tan solo al libertino conocido, ni al criminal que está en una cárcel; habla del género humano. Todos nosotros, nobles o pecheros, ricos o pobres, amos o siervos, viejos o jóvenes, sabios o ignorantes, todos, por naturaleza, tenemos el corazón que Jesús describe en este pasaje. Las simientes de todos lo males que aquí menciona, yacen escondidas en Nuevo Testamento interior. Quizás permanezcan inertes toda nuestra vida, quizás el miedo de las consecuencias, la restricciones de la opinión pública, el temor de la publicidad, el deseo de parecer respetables y sobre todo, la gracia omnipotente de Dios, las ahoguen y las contengan en su desarrollo. Pero todo hombre lleva en si la raíz de todos los pecados. ¡Cuán humildes no deberíamos ser al leer estos versículos" "Todos somos inmundos" a los ojos de Dios. Isaías 64.6 Descubre en cada uno males sin cuento, que el mundo nunca ve, porque El lee en nuestros corazones. De todos loes pecados a que estamos sujetos de seguro que el más impropio es el de creernos justos en virtud de un poder que no sea personal. ¡Cuan agradecidos no debemos estar por el Evangelio, cuando leemos estos versículo" El Evangelio encierra una provisión completa para todas las necesidades de nuestras pobres y corrompidas naturalezas. La sangre de Cristo puede "limpiarnos de todo pecado". El Espíritu Santo puede transformar nuestros corazones pecadores y mantenerlos limpios, después de transformados. El hombre que no se gloría en el Evangelio, sabe muy poco de la letra que abriga en su interior. ¡Qué vigilantes deberíamos estar, cuando recordamos estos versículos! ¡Qué guardia tan cuidadosa no deberíamos hacer para refrenar nuestra imaginación, nuestra lengua, y nuestra conducta diaria! A la cabeza de la negra lista del contenido de nuestros corazones, se encuentran "los malos pensamientos". No lo olvidemos nunca. Los pensamientos son los progenitores de las palabras y de los hechos. Pidamos diariamente en nuestras oraciones gracia para mantener en orden nuestros pensamientos y clamemos de todo corazón y con gran fervor, "no nos dejes caer en tentación" |
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La fe de la mujer sirofenicia Marcos 7.24-30 24 Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. 25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. 26 La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27 Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28 Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29 Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30 Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama. |
La fe de la mujer sirofenicia Marcos 7.24-30 Mt. 15.21-28 21 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. 23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. 24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! 26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora. |
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Comentarios J.C. Ryle Marcos 7.24-30 Nada sabemos de la mujer que aquí se menciona, excepto los hechos que se refieren. Su nombre, su historia anterior, la causa que la movió a dirigirse a Nuevo Testamento Señor, siendo gentil y viviendo en las fronteras de Tiro y Sidón, son misterios ocultos para nosotros. Pero los hechos que de ella se narran están llenos de preciosas enseñanzas. Estudiémoslas para aprender. En primer lugar, este pasaje tiene por objeto estimularnos a orar por otros. No hay duda, que debió estar profundamente afligida la mujer que, personaje principal de esta historia, se dirigió a nuestro Señor. Veía a una hija amada poseída de un espíritu inmundo, y en una condición tal, que así como la enseñanza no podía penetrar en su espíritu, ninguna medicina podía sanar su cuerpo, condición apenas menos mala que la muerte misma. Oye hablar de Jesús, y le suplica, "que lance el demonio del cuerpote su hija" Le dirige esa plegaria a favor de una persona que no podía orar, y no cesa hasta que no le concede su petición. Obtiene por medio de la oración una cura que no podía obtenerse por ningún medio humano, y la hija queda curada por la plegaria de la madre. La hija no podía decir una palabra, pero la madre habla por ella al Señor, y no lo hizo en vano. Desahuciada y desesperada como al parecer era su condición, tenía una madre que sabía orar y cuando se tiene tal madre hay siempre esperanza. La verdad que aquí se nos enseña es de gran importancia. Pocos deberes son recomendados con más fuerza en los ejemplos que nos presenta la Escritura, como el deber de las plegarias intercesoras. Hay un largo catálogo de ejemplos en las Escrituras, que muestran las bendiciones que podemos conferir a otras personas orando por ellas. El hijo del noble en Capernaúm, el siervo del centurión, la hija de Jairo, son todos casos muy notables. Por admirable que nos parezca, no hay duda que Dios se complace en hacer grandes cosas a favor de almas, por las que amigos y parientes se deciden a orar. "La oración eficaz del justo puede mucho". Santiago 5.16 Los padres son los que están especialmente obligados a recordar el caso de esta mujer. No pueden dar un nuevo corazón a sus hijos; pueden, si, darles educación cristiana y mostrarles la senda de la vida. No pueden darles voluntad para escoger el servicio de Cristo, ni disposición para amar a Dios, pero pueden hacer una cosa, y es orar por ellos. Pueden orar por la conversión de hijos libertinos, que se empeñan en dar rienda a sus pasiones y se hunden desatentadamente en el pecado. Pueden orar por la conversión de hijas mundanas, que concentran sus afectos en las cosas de la tierra y aman el placer más que a Dios. Esas plegarias son oídas en el cielo y hacen descender de el mis bendiciones. Nunca, nunca nos olvidemos que rara vez se pierden por completo los hijos por quienes se han hecho muchas oraciones. Oremos por nuestros hijos; aún cuando no nos permitan hablarles de religión, no pueden impedirnos que nos dirijamos a Dios a favor suyo. En segundo lugar, este pasaje tiene por objeto enseñarnos a perseverar en nuestras oraciones a favor de otras personas. La mujer, cuya historia leemos, al parecer no obtuvo nada primero con haberse dirigido a nuestro Señor; al contrario, la respuesta de nuestro Señor fue para desanimarla. Sin embargo, no abandonó desesperanzada su demanda; continuó orando sin flaquear; apoyó su súplica con argumentos ingeniosos; no se dio por vencida al ver que rehusaba acceder; impetró unas pocas "migajas" de misericordia, antes que no recibir nada; y su santa importunidad tuvo al fin buen éxito, pues oyó estas palabras placenteras: "Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija". Es un punto de gran momento la perseverancia en la oración. Tenemos demasiada propensión a refriarnos y ser indiferentes, y a imaginarnos que es inútil acercarnos a Dios; dejamos muy pronto caer nuestras manos cansadas y nuestras rodillas se debilitan. Satanás está trabajando de continuo en hacernos cesar en nuestras oraciones, y suministrarnos razones para ello. Si esto es cierto en referencia a toda plegaria en general, lo es aún más respecto a las plegarias intercesoras. Son siempre más escasas y pobres de lo que debieran ser; se hacen por un corto período, y luego se suspenden, porque no recibimos una respuesta inmediata, porque vemos que las personas por quienes oramos continúan en sus pecados y de ahí sacamos la consecuencia, que es inútil orar por ellas, y suspendemos nuestra intercesión. Para armarnos con argumentos que nos animen a perseverar nuestras plegarias intercesoras, meditemos con frecuencia en la historia de esta mujer. Recordemos que oró y no flaqueó a pesar de los motivos tan grandes que tuvo para desalentarse, y fijémonos en la circunstancia que al fin se fue a su casa regocijada, resolviéndonos, con el favor de Dios, a seguir su ejemplo. ¿Sabemos orar por nosotros? Esta es la primera cuestión y la más importante que debemos dirigirnos. El hombre que nunca habla a Dios de su propia alma, mal puede orar por otros; está sin Dios, sin Cristo, y sin esperanza y tiene que aprender los primeros rudimentos de la religión; que despierte y clame a Dios. Pero si oramos por nosotros, ocupémonos también de orar por otros. Guardémonos de ser egoístas en nuestras oraciones; que no sean raciones que se refieran tan solo a nuestros intereses personales, y en las que no dejemos lugar para otras almas. Mencionemos continuamente ante Dios a todos los que amemos; oremos por todos, por los más malos, por los más endurecidos, por los más incrédulos. Oremos por ellos un año y otro, a pesar de su continuada incredulidad. Quizás el tiempo de la misericordia de Dios sea remoto; quizás no veamos respuesta a nuestra intercesión; puede que la respuesta se dilate diez, quince o veinte años; quizás no venga hasta que no hayamos cambiado las oraciones en himnos de alabanza y estemos muy lejos de este mundo, pero mientras vivamos, oremos por los demás. El más grande favor que podemos hacer a una persona, es hablar de ella a Nuevo Testamento Señor Jesucristo. Veremos el día del juicio que uno de los vínculos más fuertes para enlazar algunas almas a Dios han sido las plegarias intercesoras de los amigos. |
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Jesús sana a un sordomudo Marcos 7.31-37 31 Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis. 32 Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. 33 Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34 y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. 35 Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien. 36 Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar. |
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Comentarios J.C. Ryle Marcos 7.31-37 Lo primero que en estos versículos debe fijar nuestra atención es el milagro extraordinario que aquí se relata. Leemos que le llevaron á nuestro Señor "á uno que estaba sordo y que tenia un impedimento para hablar," y le suplicaron "que le impusiese las manos." Les concedió al punto lo que pedían y queda curado. Una palabra y un toque dan instantáneamente á aquel hombre oído y palabra. "Y luego fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien." Si nos fijamos tan solo en la manifestación del poder divino de nuestro Señor, no comprendemos sino la mitad de la enseñanza que encierra este pasaje; no hay duda que hay algo más que eso en este ejemplo. Profundicemos más allá de la superficie y descubriremos en este pasaje preciosas verdades espirituales. Debemos ver en este milagro el poder del Señor para curar á los que están sordos espiritualmente; puede dar al pecador más endurecido oído que pueda oír; puede hacer que sea su deleite escuchar ese mismo Evangelio que antes ridiculizó y despreció.
Debemos ver también en él
el poder del Señor para curar á los que están mudos espiritualmente.
Puede enseñar al más empedernido de los transgresores á clamar á Dios. Puede
hacer en Cuando Jesús difunde su Espíritu, nada es imposible. No debemos desesperar nunca de nadie, ni considerar nuestros corazones demasiado perversos para que puedan cambiarse. Vive todavía Aquel que curó al sordo y al mudo. Casos que la filosofía moral declara incurables, no lo son si los pacientes son llevados á Cristo. Lo que en segundo lugar debe fijar en estos versículos nuestra atención, es la manera especial con que nuestro Señor tuvo por bien hacer el milagro que aquí se relata. Se nos dice que cuando el sordomudo fue llevado á Jesús, "lo separó de la multitud, le metió los dedos en las orejas, y escupiendo tocó su lengua; y mirando al cielo gimió," y entonces, y solo entonces se oyeron las palabras de mando, "Ephphatha; es decir, Sé abierto." No hay duda que hay mucho de misterioso en estos actos; no sabemos porque los ejercitó. Tan fácil hubiera sido para el Señor restaurar con solo su palabra la salud al enfermo como haciendo lo que hizo. No se nos dicen las razones que tuvo para adoptar ese procedimiento; solo sabemos que el resultado fue el mismo que en otras ocasiones, el hombre quedó curado. Pero algo podemos aprender de la conducta de nuestro Señor en esta circunstancia; que Cristo no se ceñía al empleo de unos medios especiales tan solo para realizar sus obras entre los hombres. Algunas veces consideraba conveniente trabajar de un modo, y otras de otra manera; sus enemigos nunca pudieron decir, que no podía conseguir ningún resultado sino empleando ciertos medios que eran siempre los mismos. Vemos que lo mismo acontece todavía en la iglesia de Cristo. Tenemos pruebas repetidas que el Señor no se sujeta á usar exclusivamente los mismos medios para transmitir su gracia á las almas. Es su placer influir algunas veces por medio de la Palabra predicada en público, otras por medio de la Palabra leída en privado. Despierta algunas veces á los dormidos por medio de las enfermedades y aflicciones, otras por las reconvenciones y los consejos de los amigos. Emplea á veces medios de gracia para desviar á los hombres de la senda del pecado, y á veces atrae su atención con algún hecho providencial, sin usar ningún medio de gracia. No quiere que ninguno de estos se exalte y convierta en una especie de ídolo con menosprecio de los demás, pues es su voluntad que ninguno se desprecie como inútil, ni se considere como desprovisto de todo valor. Todos son buenos y valiosos, y pueden emplearse alternadamente para lograr el mismo gran fin, que es la conversión de las almas. Todos están en la mano del que "no da cuenta de sus actos," y sabe mejor cual debe usar para curar en cada caso especial. Lo que demanda, por último, nuestra atención en estos versículos, es el notable testimonio que dieron los que vieron el milagro qué aquí se relata. Dijeron hablando de nuestro Señor, "Ha hecho todas las cosas bien." Es más que probable que los que pronunciaron esas palabras estaban muy lejos de comprender todo su significado aplicadas á Cristo. Como Caifas, "no hablaban por sí mismos." Juan 11:61. Pero la verdad que expresaban es un tesoro de consuelo profundo é indecible, y deben recordarla diariamente todos los verdaderos cristianos. Recordémosla al repasar en nuestra memoria los días pasados de nuestra existencia desde el momento de nuestra conversión. "Nuestro Señor ha hecho todas las cosas bien." Al sacarnos primero de las tinieblas á la luz, al humillarnos y mostrarnos nuestra debilidad, nuestras culpas y nuestra locura, al despojarnos de nuestros ídolos, y escoger por nosotros nuestra condición, al colocarnos en el puesto en que estamos, y al darnos lo que poseemos, ¡Que bien lo ha hecho todo! ¡Que gran misericordia que no hayamos realizado nuestros deseos! Recordémosla cuando fijemos nuestra vista en los días del porvenir. No sabemos si serán brillantes ú oscuros, muchos ó escasos; pero sabemos que están en mano de Aquel "que hace todas las cosas bien." No se equivocará cuando se trate de nosotros. Quitará y dará, afligirá y consolará, moverá y fijará, con perfecta sabiduría, en el tiempo preciso y de la manera apropiada. El gran Pastor de las ovejas no se equivoca; guía á todos los corderos de su rebaño por el camino recto á la ciudad en que habita. No comprenderemos toda la belleza de estas palabras hasta el día de la resurrección final. Al recordar entonces nuestras vidas veremos la explicación de todos sus eventos desde el principio hasta el fin. Recordaremos todos los caminos por que fuimos conducidos, y confesaremos que todo fue "bien hecho." La explicación, las causas, y las razones de todo lo que ahora nos deja perplejos, aparecerán claras y sencillas como el sol al mediodía. Nos admiraremos de nuestra ceguedad pasada, y nos asombraremos de haber podido dudar del amor de nuestro Señor. "Porque ahora vemos al través de un espejo oscuramente, más entonces cara á cara. Ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido." 1 Cor. 13:12. |
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El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:
Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblicaLos Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:
La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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"Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2 Timoteo 2:1; 4:3-4)
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