El Santo Evangelio según
San Mateo

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Referencias

Jesús enseña sobre el divorcio

Mateo 19.1-12

1  Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras,  se alejó de Galilea,  y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán.

2  Y le siguieron grandes multitudes,  y los sanó allí.

3  Entonces vinieron a él los fariseos,  tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?

4  El,  respondiendo,  les dijo:  ¿No habéis leído que el que los hizo al principio,  varón y hembra los hizo, (Gn.1.27; 5.2)

y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre,  y se unirá a su mujer,  y los dos serán una sola carne?  (Gn.2.4)

Así que no son ya más dos,  sino una sola carne;  por tanto,  lo que Dios juntó,  no lo separe el hombre.

7  Le dijeron: ¿Por qué,  pues,  mandó Moisés dar carta de divorcio,  y repudiarla? (Dt. 24.1-4; Mateo 5.31)

8  El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres;  mas al principio no fue así.

Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer,  salvo por causa de fornicación,  y se casa con otra,  adultera;  y el que se casa con la repudiada,  adultera. (Mt. 5.32; 1Co. 7.10-11)

10  Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer,  no conviene casarse.

11  Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto,  sino aquellos a quienes es dado.

12  Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre,  y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres,  y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto,  que lo reciba.

Jesús enseña sobre el divorcio

Mateo 19.1-12 Mr. 10.1.12; Lc.16.18

Mr. 10.1.12 1  Levantándose de allí,  vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán;  y volvió el pueblo a juntarse a él,  y de nuevo les enseñaba como solía.

2  Y se acercaron los fariseos y le preguntaron,  para tentarle,  si era lícito al marido repudiar a su mujer.

3  El,  respondiendo,  les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?

4  Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio,  y repudiarla.

5  Y respondiendo Jesús,  les dijo:  Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento;

pero al principio de la creación,  varón y hembra los hizo Dios.

Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre,  y se unirá a su mujer,

y los dos serán una sola carne;  así que no son ya más dos,  sino uno.

Por tanto,  lo que Dios juntó,  no lo separe el hombre.

10  En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo,

11  y les dijo:  Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra,  comete adulterio contra ella;

12  y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro,  comete adulterio.  

Lc.16.18 Todo el que repudia a su mujer,  y se casa con otra,  adultera;  y el que se casa con la repudiada del marido,  adultera.

Mateo 19.4 Gn 1.27 Y creó Dios al hombre a su imagen,  a imagen de Dios lo creó;  varón y hembra los creó.; 5.2 Varón y hembra los creó;  y los bendijo,  y llamó el nombre de ellos Adán,  el día en que fueron creados.

Mateo 19.5 Gn.2.4 Por tanto,  dejará el hombre a su padre y a su madre,  y se unirá a su mujer,  y serán una sola carne.

Mateo 19.7 Dt. 24.1-4; Mateo 5.31

Dt. 24.1-4 1  Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella,  si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente,  le escribirá carta de divorcio,  y se la entregará en su mano,  y la despedirá de su casa. 2  Y salida de su casa,  podrá ir y casarse con otro hombre. 3  Pero si la aborreciere este último,  y le escribiere carta de divorcio,  y se la entregare en su mano,  y la despidiere de su casa;  o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, 4  no podrá su primer marido,  que la despidió,  volverla a tomar para que sea su mujer,  después que fue envilecida;  porque es abominación delante de Jehová,  y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

Mt. 5.31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer,  dele carta de divorcio.

Mateo 19.9 Mt. 5.32; 1Co. 7.10-11

Mt. 5.32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer,  a no ser por causa de fornicación,  hace que ella adultere;  y el que se casa con la repudiada,  comete adulterio.

1 Co. 7.10-11 10  Pero a los que están unidos en matrimonio,  mando,  no yo,  sino el Señor:  Que la mujer no se separe del marido; 11  y si se separa,  quédese sin casar,  o reconcíliese con su marido;  y que el marido no abandone a su mujer.

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

Jesús bendice a los niños

Mateo 19.13-15

13  Entonces le fueron presentados unos niños,  para que pusiese las manos sobre ellos,  y orase;  y los discípulos les reprendieron.

14  Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí,  y no se lo impidáis;  porque de los tales es el reino de los cielos.

15  Y habiendo puesto sobre ellos las manos,  se fue de allí.

Jesús bendice a los niños

Mateo 19.13-15 Mr. 10.13-16; Lc. 18.15-17

Mr. 10.13-16 13  Y le presentaban niños para que los tocase;  y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14  Viéndolo Jesús,  se indignó,  y les dijo: Dejad a los niños venir a mí,  y no se lo impidáis;  porque de los tales es el reino de Dios. 15  De cierto os digo,  que el que no reciba el reino de Dios como un niño,  no entrará en él.16  Y tomándolos en los brazos,  poniendo las manos sobre ellos,  los bendecía.

Lc. 18.15-17 Traían a él los niños para que los tocase;  lo cual viendo los discípulos,  les reprendieron.

 

Comentarios de

J.C. Ryle

Mateo 19.1-15

Dos son los asuntos de que trata este pasaje: la relación mutua de los cónyuges es el uno, el estado espiritual de los niños es el otro.

Imposible seria exagerar la importancia de estos dos asuntos. Con ellos están íntimamente vinculados el bienestar de las naciones y la dicha de la sociedad. Una nación no es otra cosa que una colectividad de familias; y el buen orden que debe reinar en la familia depende de la veneración que se tenga por el lazo del matrimonio y de la acertada educación de los niños.

Relativamente al matrimonio nuestro Señor enseñó, que la unión de los cónyuges no debe ser jamás disuelta, salvo el caso en que ocurra la más poderosa de las causas, es á saber, la infidelidad.

En los días en que nuestro Señor estuvo en la tierra los judíos permitían el divorcio por los motivos más frívolos y baladíes. Esa práctica, aunque tolerada por Moisés para prevenir mayores males, tales como la violencia y el homicidio, había degenerado en enormes abusos, y había dado ocasión, sin duda, á muchas inmoralidades. Mal. 2:14, 16. La observación que los discípulos hicieron á nuestro Señor demuestra hasta donde había llegado el envilecimiento de la conciencia pública, acerca de dicho asunto. "Si así es," dijeron, "la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse." ¡Qué lenguaje tan extraño en boca de unos apóstoles!

Nuestro Señor estableció para guía de sus discípulos una norma muy distinta. Primeramente apoyó su precepto en la institución originaria del matrimonio, y citó un pasaje del Génesis, en el cual se describe la creación del hombre y la unión de Adán y Eva, como prueba de lo elevado de la relación de los cónyuges. Luego para dar más fuerza á la cita añade de su parte estas palabras: "Lo que Dios juntó no lo separe el hombre." Y, por último, culpa como violadores del sétimo mandamiento á los que contraigan matrimonio después de haberse divorciado por causas de poca monta.

Toca, pues, á los cristianos mirar con profundo respecto el estado del matrimonio. Ese estado fue instituido en el paraíso cuando el hombre gozaba de su prístina inocencia, y ha sido elegido por el Espíritu divino como símbolo de la unión mística que existe entre Cristo y la iglesia. Solo la muerte debiera terminarlo. Ninguno debe adoptarlo de una manera irreflexiva, precipitada ó temeraria; sino con madurez, cordura y discreción. Los matrimonios contraídos sin la reflexión debida son no solo una causa fértil de desgracias, sino también de pecados.

Con respecto á los niños nuestro Señor aleccionó á sus discípulos de palabra y con hechos, por medio de preceptos y por medio del ejemplo. Los niños que le presentaron para que les pusiese las manos y orase eran evidentemente pequeñuelos infantes, demasiado tiernos para entender sus preceptos; más no para recibir los beneficios resultantes de la oración. Según parece, los discípulos creyeron que no eran dignos de que el Señor se apercibiese de ellos. Mas El, en contestación, pronunció estas solemnes palabras: "Dejad á los niños, y no les impidáis de venir á mí; porque de los tales es el reino de los cielos."

¡Qué cuadro tan interesante é instructivo el que este pasaje nos presenta! Es bien sabido cuan delicados en todos sentidos son los niños. De todas las criaturas que en el mundo nacen, ninguna necesita de tantos cuidados. Y ¿quién fue El que atendió tanto á los niños que le presentaron y El que, en medio de la ardua tarea de instruir y hacer bienes á los adultos, condescendió en poner sus manos sobre ellos y bendecirlos?    Fue el Hijo eterno de Dios, el Sumo Sacerdote, el Rey de reyes.

Nuestro Señor, pues, cuida con ternura de las almas de los niños. Aunque sean pequeñitos no son indignos de sus atenciones. Su infinito amor alcanza al niño en la cuna así como al rey en su trono. El sabe que cada uno encierra dentro de su cuerpecito un principio inmortal, imperecedero, que sobrevivirá á las pirámides de Egipto y verá al sol y la luna apagar su resplandor en el postrer día. Apoyados en un pasaje como éste podemos abrigar la esperanza bien fundada de que todos los que mueran en la infancia se salven. "De los tales es el reino de los cielos."

Texto Bíblico
Textos Paralelos
Referencias

El joven rico

Mateo 19.16-30

16  Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno,  ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

17  El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Más si quieres entrar en la vida,  guarda los mandamientos.

18  Le dijo: ¿Cuáles?  Y Jesús dijo: No matarás. (Ex. 20.13; Dt. 5.17) No adulterarás. (Ex. 20.14; Dt. 5.18) No hurtarás. (Ex. 20.15; Dt. 5.19) No dirás falso testimonio. (Ex. 20.16; Dt. 5.20)

19  Honra a tu padre y a tu madre; (Ex. 20.12; Dt. 5.16) y,  Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Lv. 19.18)

20  El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.  ¿Qué más me falta?

21  Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto,  anda,  vende lo que tienes,  y dalo a los pobres,  y tendrás tesoro en el cielo;  y ven y sígueme.

22  Oyendo el joven esta palabra,  se fue triste,  porque tenía muchas posesiones.

23  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo,  que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.

24  Otra vez os digo,  que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja,  que entrar un rico en el reino de Dios.

25  Sus discípulos,  oyendo esto,  se asombraron en gran manera,  diciendo: ¿Quién,  pues,  podrá ser salvo?

26  Y mirándolos Jesús,  les dijo: Para los hombres esto es imposible;  mas para Dios todo es posible.

27  Entonces respondiendo Pedro,  le dijo: He aquí,  nosotros lo hemos dejado todo,  y te hemos seguido;  ¿qué,  pues,  tendremos?

28  Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración,  cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, (Mt. 25.31) vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos,  para juzgar a las doce tribus de Israel. (Lc. 22.30)

29  Y cualquiera que haya dejado casas,  o hermanos,  o hermanas,  o padre,  o madre,  o mujer,  o hijos,  o tierras,  por mi nombre,  recibirá cien veces más,  y heredará la vida eterna.

30  Pero muchos primeros serán postreros,  y postreros,  primeros.  (Mt. 20.16; Lc. 13.30)

El joven rico

Mateo 19.16-30 Mr.10.17-31; Lc. 18.18-30

Mr.10.17-31 17  Al salir él para seguir su camino,  vino uno corriendo,  e hincando la rodilla delante de él,  le preguntó: Maestro bueno,  ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18  Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno,  sino sólo uno,  Dios. 19  Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes.  Honra a tu padre y a tu madre. 20  El entonces,  respondiendo,  le dijo: Maestro,  todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21  Entonces Jesús,  mirándole,  le amó,  y le dijo:  Una cosa te falta:  anda,  vende todo lo que tienes,  y dalo a los pobres,  y tendrás tesoro en el cielo;  y ven,  sígueme,  tomando tu cruz. 22  Pero él,  afligido por esta palabra,  se fue triste,  porque tenía muchas posesiones. 23  Entonces Jesús,  mirando alrededor,  dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24  Los discípulos se asombraron de sus palabras;  pero Jesús,  respondiendo,  volvió a decirles: Hijos,  ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios,  a los que confían en las riquezas! 25  Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja,  que entrar un rico en el reino de Dios. 26  Ellos se asombraban aun más,  diciendo entre sí: ¿Quién,  pues,  podrá ser salvo? 27  Entonces Jesús,  mirándolos,  dijo: Para los hombres es imposible,  más para Dios,  no;  porque todas las cosas son posibles para Dios. 28  Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí,  nosotros lo hemos dejado todo,  y te hemos seguido. 29  Respondió Jesús y dijo:  De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa,  o hermanos,  o hermanas,  o padre,  o madre,  o mujer,  o hijos,  o tierras,  por causa de mí y del evangelio, 30  que no reciba cien veces más ahora en este tiempo;  casas,  hermanos,  hermanas,  madres,  hijos,  y tierras,  con persecuciones;  y en el siglo venidero la vida eterna. 31  Pero muchos primeros serán postreros,  y los postreros,  primeros

Lc. 18.18-30 18  Un hombre principal le preguntó,  diciendo: Maestro bueno,  ¿qué haré para heredar la vida eterna? 19  Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno,  sino sólo Dios. 20  Los mandamientos sabes: No adulterarás;  no matarás;  no hurtarás;  no dirás falso testimonio;  honra a tu padre y a tu madre. 21  El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22  Jesús,  oyendo esto,  le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes,  y dalo a los pobres,  y tendrás tesoro en el cielo;  y ven,  sígueme. 23  Entonces él,  oyendo esto,  se puso muy triste,  porque era muy rico. 24  Al ver Jesús que se había entristecido mucho,  dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25  Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja,  que entrar un rico en el reino de Dios. 26  Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién,  pues,  podrá ser salvo? 27  El les dijo: Lo que es imposible para los hombres,  es posible para Dios. 28  Entonces Pedro dijo: He aquí,  nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. 29  Y él les dijo:  De cierto os digo,  que no hay nadie que haya dejado casa,  o padres,  o hermanos,  o mujer,  o hijos,  por el reino de Dios, 30  que no haya de recibir mucho más en este tiempo,  y en el siglo venidero la vida eterna.

Mateo 19.18 Ex. 20.13; Dt. 5.17

Ex. 20.13 No matarás.

Dt. 5.17 No matarás.

Mateo 19.18 Ex. 20.14; Dt. 5.18

Ex. 20.14 No cometerás adulterio.

Dt. 5.18 No cometerás adulterio.

Mateo 19.18 Ex. 20.15; Dt. 5.19

Ex. 20.15 No hurtarás.

Dt. 5.19 No hurtarás.

Mateo 19.18 Ex. 20.16; Dt. 5.20

Ex. 20.16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Dt. 5.20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.

Mateo 19.19 Ex. 20.12; Dt. 5.16

Ex. 20.16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Dt. 5.20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.

Mateo 19.19 Lv. 19.18 No te vengarás,  ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo,  sino amarás a tu prójimo como a ti mismo.  Yo Jehová.

Mateo 19.28 Mt. 25.31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria,  y todos los santos ángeles con él,  entonces se sentará en su trono de gloria,

Mateo 19.28 Lc. 22.30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino,  y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

Mateo 19.30 Mt. 20.16; Lc. 13.30

Mt. 20.16 Así,  los primeros serán postreros,  y los postreros,  primeros;  porque muchos son llamados,  mas pocos escogidos.

Lc. 13.30 Y he aquí hay postreros que serán primeros,  y

Comentarios de

J.C. Ryle

Mateo 19.16-22

En estos versículos se nos relata una conversación que tuvo lugar entre nuestro Señor y un joven que ocurrió á El para hacerle preguntas acerca de la vida eterna.

Ese episodio nos enseña primeramente, que puede suceder que una persona tenga deseos de obtener la salvación y sin embargo no la obtenga. El joven acudió de motu proprio á Cristo en un día en que abundaba la incredulidad, y esto no para que le curase de alguna enfermedad, ó para pedir socorro para algún hijo, sino para hacer indagaciones acerca de su propia alma. Dio principio á la entrevista con estas palabras: "Maestro bueno, ¿qué bien haré para obtener la vida eterna?" Y sin embargo, más tarde ese mismo joven se "fue triste;" y nada se nos dice que demuestra que se hubiera convertido

Es menester tener presente que la gracia que salva no consiste solo en abrigar buenos sentimientos. Un hombre puede haber percibido la verdad mentalmente; puede haber experimentado remordimientos de conciencia; puede haber sentido dentro de su pecho emociones religiosas (como por ejemplo recelo acerca de su alma) en grado tal que hasta haya derramado lágrimas de dolor; y, á pesar de todo, puede acontecer que permanezca sin convertirse. La obra del Espíritu Santo abarca algo más que esto.

Aun más, las buenas emociones no solo no forman por sí solas la gracia que salva, sino son realmente funestas en sus resultados si, contentándonos con ellas, no obramos á la par que sentimos. El obispo Butler observó que las impresiones que pasivamente se reciben, pierden su fuerza gradualmente; en tanto que las acciones cambian el modo de ser del hombre.

También nos enseña el episodio cíe que nos ocupamos que las personas no convertidas son á menudo extremadamente ignorantes en cuanto á asuntos espirituales. Nuestro Señor llamó la atención de su interlocutor á la eterna ley que señale la distinción entre el bien y el mal, la ley moral. Habiéndolo oído preguntar con tanta osadía qué haría, lo sometió á prueba dándole un precepto que le serviría para acertar cuál era el verdadero estado de su corazón. "Si quieres entrar en la vida," le dijo, " guarda los mandamientos," y luego le repitió la segunda tabla de la ley. Al punto el joven replicó: "Todo esto he guardado desde mi mocedad: ¿qué más me falta?" Ignoraba tanto la espiritualidad de los estatutos de Dios, que jamás dudó de haberlos cumplido perfectamente. No parecía apercibirse de que los mandamientos tienen referencia á los pensamientos y palabras, así como á los hechos, y que si Dios hubiera entrado en juicio con él no " le habría podido responder á una cosa de mil." Job 9: 3.

De lo acontecido al mancebo que acudió á Jesús se infiere que un ídolo entronizado en el corazón puede perder para siempre al alma. Nuestro Señor, que sabia lo que pasa en el interior del hombre, mostró al fin á su interlocutor cuál era su pecado dominante. La misma voz que dijo á la mujer de Samaría que fuera á llamar á su marido, dijo al mancebo: "Anda, vende lo que tienes y dalo á los pobres." Al punto se reveló en que consistía la debilidad de su carácter: resultó que á pesar de todos sus deseos de obtener la vida eterna había algo que amaba más que su alma, y ese algo era su dinero. No salió bien de la prueba. La historia termina con estas sombrías palabras: "Se fue triste, porque tenia muchas posesiones."

Examinémonos á nosotros mismos al terminar este pasaje. Veamos hasta dónde puede aplicarse á nuestras almas. ¿Somos sinceros en los deseos que manifestamos de ser verdaderos cristianos? ¿Hemos renunciado á todos nuestros ídolos? ¿No hay algún pecado secreto que asimos con tenacidad y rehusamos abandonarlo? ¿No hay cosa ó persona alguna que amamos en secreto más que á Cristo? Si muchos oyentes del Evangelio sufren dudas y zozobras es por causa de su idolatría espiritual. Con razón dijo San Juan: " Guardaos de los ídolos." 1Juan 5: 21.

Comentarios de

J.C. Ryle

Mateo 19.23-30

La primera idea que en este pasaje se nos sugiere es, que Las riquezas suelen ser peligrosas para las almas de los que las poseen.

Sí, las riquezas que todos desean adquirir son á menudo en extremo perjudiciales al hombre, ocasionándole fuertes tentaciones y absorbiéndole todos sus pensamientos y afectos. Cierto es que puede hacerse buen uso de ellas, mas por cada uno que las emplea bien hay mil que las emplean mal y que perjudican con ellas tanto á los demás como á sí mismos. Que el hombre del mundo convierta al dinero en ídolo, y crea que el que lo tuviere en mayor cantidad es más feliz; empero, el cristiano que dice que tiene tesoros en el cielo, debe abstenerse firmemente de tomar parte con los incrédulos en el culto que le rindan. El mejor hombre á los ojos de Dios no es el que tiene más oro, sino el que posee mayor suma de la gracia divina.

El segundo pensamiento que en este pasaje se nos sugiere es, que la gracia de Dios obra en el alma humana con un poder sin límites. Los discípulos se asombraron cuando oyeron lo que nuestro Señor dijo acerca de los ricos. Sus palabras eran tan diametralmente opuestas á las ideas que ellos tenían de las ventajas de las riquezas, que no pudieron menos que exclamar con sorpresa: "¿Quién pues podrá ser salvo?" Nuestro Señor les contestó: " Acerca de (ó para) los hombres imposible es esto; mas acerca de (ó para) Dios todo es posible."

El Espíritu Santo tiene el poder de inclinar aun al más rico á que busque tesoros en el cielo; y de persuadir aun á los reyes de la tierra á que depongan sus coronas ante las plantas del Crucificado. De esto la Biblia presenta numerosos ejemplos. Abrahán era muy rico, y sin embargo fue padre de los fieles. Moisés pudo haber sido en Egipto príncipe ó rey, mas abandonó su brillante porvenir por amor del Rey invisible. Job era el hombre más acaudalado del Oriente, y sin embargo fue el siervo escogido de Dios. David, Josafat, Josías y Ezequías fueron todos monarcas ricos, mas tuvieron en mayor estima el favor de Dios que toda su grandeza terrenal.

Lo último que en este pasaje se nos enseña es, que el Evangelio ofrece grandes estímulos á los que lo abandonan todo por amor de Jesucristo. Pedro preguntó á nuestro Señor qué recompensa se le daría á él y sus compañeros, puesto que lo habían abandonado todo por amor suyo. En respuesta nuestro Señor le dijo que los que renunciasen á todo por El recibirían ciento por uno y heredarían la vida eterna.

Podemos tener seguridad de que ningún hombre perderá nada por seguir á Cristo. El creyente tiene que sufrir cuando empieza decididamente la vida del cristiano; y muchas veces, acaso, siente sumergirse en hondo abatimiento cuando le sobrevienen azares por causa de su religión. Mas, menester es que sepa que, á la larga, saldrá ganando. Jesucristo puede darnos amigos que nos compensen por los que perdamos, y repararnos albergue en corazones más fervorosos y hogares más hospitalarios que los que al principio nos rechacen. Aun más, El puede concedernos paz de conciencia, gozo interno, esperanzas halagüeñas y plácidas, que excedan grandemente en valor á toda dicha terrena que hayamos depuesto para hacernos sus discípulos.

El Texto Bíblico esta siendo transcrito por:

Martha Iñiguez Moreno
de La Biblia Devocional de Estudio
Reina Valera Revisión 1960
de La Liga bíblica

Los Textos Paralelos y las Referencias están tomados de:

La Santa Biblia
Reina-Valera (1960)
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Los comentarios son tomados del libro:

Los Evangelios Explicados
Volumen Segundo, Mateo
J.C. C Ryle
Libros CLIE
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